Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: Monica Szpilman
Beta: Melina Aragón
Outtake: Chelsea
Sonreí cuando vi el auto en la acera mientras estacionaba. Los padres de Chelsea le habían comprado su Altima usado cuando cumplió dieciséis y aparecía muy seguido después de la escuela para pasar tiempo con Bella y los niños. Tomé mi bolso del gimnasio y la grabación del juego para ir a la casa.
Estaba sorprendido de no escuchar los chillidos y las risas usuales que acompañaban una visita de Chelsea, pero igualmente me dirigí a la cocina. Allí normalmente estaba la familia cuando llegaba a casa. Un rápido vistazo me mostró que estaba equivocado, aunque Rainbow se levantó desde su lugar junto a la chimenea y vino corriendo.
—Hola, Rainbow. —Me incliné para tomarla—. ¿Dónde están todos?
Su respuesta fue un maullido y un golpe de cola, lo cual no fue de mucha ayuda.
—¿Chica Reed? —llamé, subiendo las escaleras.
—Estamos en la habitación de Dani —llamó mi esposa.
De acuerdo entonces. Me dirigí allí, deteniéndome en el marco de la puerta cuando escuché sorbidos de nariz. Mierda. Alguien estaba llorando. ¿Quién y por qué? ¿Dani había tenido un mal día en la escuela?
—¿Qué sucede? —pregunté, entrando a la habitación para encontrar a mi esposa e hija acurrucadas con Chelsea, y la cabeza de esta descansando en el hombro de Chica Reed.
Mierda. Mi primer pensamiento y miedo era que ella estuviese enferma como su hermano menor. No sabía por qué fue mi primer pensamiento, pero una parte de mí siempre se preocupaba de que ella también se enfermara. Algo de gemelos.
—¿Qué pasa? ¿Qué puedo hacer? —pregunté, cargando a Rainbow hasta la cama.
Saltó de mis brazos y se acercó a Chelsea, se subió a su regazo y se acurrucó. Rainbow sabía cómo consolar a la gente cuando estaban disgustados. Era mucho mejor que yo, déjenme decirles.
—Chelsea acaba de tener un mal día en la escuela. —Chica Reed me tendió una mano y yo la tomé, colapsando en la cama a su lado y jalando a las tres chicas a mis brazos.
—¿Qué pasó? —Un mal día no implicaba llorar todas tus reservas, al menos no en mi mundo.
—¿Por qué los muchachos mienten? —preguntó Chelsea, con sus ojos azules tristes, nadando en lágrimas mientras me miraba.
Maldita sea. Chicos. ¿Por qué tenía que estar saliendo? Había estado tan emocionada hace unos meses cuando había ido a su primera cita. Ella y Chica Reed habían pasado horas escogiendo atuendos y hablando sobre el cabello, maquillaje y mierda. Me había llevado a Dani lejos antes de que pudiera tener cualquier idea en su cabecita sobre chicos y citas. Sí, solo tenía cinco años en ese momento, pero aun así. Al carajo con eso.
—¿Qué chico ha mentido sobre qué? —¿Se había metido en los pantalones de ella? Iba a tener que matarlo si ese fuera el caso. Chelsea era casi mi hija.
Chica Reed pasó sus dedos por mi cabello, sin duda tratando de mantenerme tranquilo.
—Este muchacho con el que salió Chelsea le está diciendo a todo el mundo que las cosas fueron mucho más lejos de lo que lo hicieron.
Puto de mierda. ¿Quién era este pequeño gilipollas? Él y yo necesitábamos tener una discusión.
—Trevor Snowden —escupió Chelsea, su voz temblorosa por el llanto, pero yo estaba contento de ver que había cierta ira allí también—. Él dijo que yo... que nosotros...
Levanté una mano porque no necesitaba escuchar esos detalles. Lo capté. Generalmente solo había una cosa sobre la que los chicos mentían a esa edad cuando se trataba de las muchachas. Yo nunca tuve que mentir, por supuesto, pero conocí varios que sí.
—¿Intentó forzarte a hacer algo? —Necesitaba saber esto para mi propia cordura y porque necesitaba saber cuánto dolor tenía que infligirle cuando nos conociéramos. Si me salía con la mía, sería muy pronto.
—¡No! Apenas nos dimos un beso de buenas noches. No entiendo por qué diría esas cosas sobre mí.
Suspiré cuando tres pares de ojos femeninos expectantes se volvieron hacia mí. Esto era lo mierdoso de ser el único hombre de la casa... bueno, menos Ethan, pero difícilmente podía explicar la psique masculina cuando se trataba del sexo. ¿Dónde estaba Jasper cuando lo necesitaba? Su trasero de consejero debería tener esta discusión.
—¿Por qué no vas a buscar a tu hermano, princesa? —Dani no necesitaba escuchar esta discusión.
—Está durmiendo —me dijo, sentándose y aferrándose a su osito de peluche—. Quiero quedarme aquí y hacer que Chelsea se sienta mejor.
Le sonreí, porque ella era tan linda y dulce. Adoraba a Chelsea como una hermana mayor.
Suspiré y pasé mi mano por mi cabello, mirando a mi esposa y sus labios se movieron. Sí, a ella le encantaba verme retorcerme.
—Estoy seguro de que Bella te ha dicho que los chicos ven ciertas cosas de manera diferente que las chicas.
Chica Reed sonrió.
—Ella dijo que los chicos piensan con su...
Levanté la mano de nuevo porque no necesitaba oír que ciertas palabras salieran de los labios de Chelsea. Ella no era mi hija, pero estaba lo suficientemente cerca.
—Eh, sí, lo hacen, pero también se jactan. Se jactan cuando tienen cosas para presumir, como ser un atleta increíble...
Sonreí con la risita de Chica Reed. Chelsea incluso rodó sus ojos y me dedicó una media sonrisa.
—Y se jactan cuando no lo hacen. Todo es una especie de competencia entre los chicos. Por lo tanto, si un tipo se acu... eh, con una chica, entonces los demás piensan que tienen que hacerlo. Y si no lo hacen, a veces mentirán y dirán que lo hicieron.
—¡Pero eso es horrible! ¡De verdad me gustaba! Pensé que íbamos a salir de nuevo y tal vez algún día llegaríamos a ese punto, pero no después de la primera cita.
Cristo. Ni siquiera me gustó escuchar consideraba hacerlo algún día. Eso estaba simplemente mal.
—Por supuesto que no después de la primera cita. —O la número veintiuno—. Cualquier hombre que mienta sobre eso no vale tu tiempo. Él no te merece.
Chelsea resopló.
—Por supuesto que nunca volveré a hablar con él. ¡Pero le contó a todo el mundo! Y ahora todos estos chicos que nunca me han hablado me piden una cita porque creen que soy fácil.
Por supuesto que sí. Jodido infierno. ¿A qué adolescente no le gustaba una chica fácil?
—Tienes que estar por encima de eso —le dijo Chica Reed, frotando su espalda—. Tienes que mantener la cabeza en alto y tratar de reírte de los rumores. Sabes que no es cierto, y cualquiera que realmente te conozca, sabe que no lo es. En este momento parecerá el fin del mundo, pero te lo prometo, los rumores morirán y todos seguirán adelante.
Esa era una buena manera de hacerlo. Sin embargo, no de la manera que yo prefería.
—O podrías golpearlo en la nariz.
Chica Reed rio y sacudió la cabeza.
—Adorable consejo, Campeón.
Me gustaba.
—Podría hacerlo por ti.
Chelsea realmente se rio.
—Me encantaría ver eso. Probablemente perdería sus mie... cosas en el instante que te vea.
Fue una idea. Una buena en lo que a mí respectaba. No, no iba a golpear a un chico de dieciséis años, aunque fuera divertido, pero podría asustarlo de la mierda.
—Edward no golpeará a nadie. —Chica Reed me sonrió—. Pero su corazón está en el lugar correcto. ¿Por qué no te quedas y cenas con nosotros? Llama a tus padres y pregunta si puedes quedarte para una pijamada conmigo y Danie. Dejaremos que Edward y Ethan tengan tiempo de hombres.
Eso sonaba bien para mí. Prefería la testosterona a las lágrimas.
—Bueno. —Chelsea se limpió su lindo rostro—. Lamento haber venido a llorarles.
—Oye, eres familia. Puedes venir a vernos en cualquier momento —le dije.
Se inclinó hacia delante y me dio un abrazo.
—Gracias, Edward. Me das la esperanza de que hay buenos chicos en el mundo.
Sonreí, acariciando su suave cabello.
—Y confía en mí cuando te digo que encontrarás uno, porque me aseguraré de ello. No pasarán cretinos
Ella soltó una risa acuosa.
—De acuerdo, bien.
—Confía en mí. Puede detectarlos. —Chica Reed me sonrió burlonamente, ambos sabiendo que se refería al tipo que yo solía ser—. Vamos a llamar a tu mamá.
Le tendí una mano a Dani.
—Vamos a despertar a tu hermano para poder tener un aliado en este mar de estrógeno.
—¿Qué es el estrógeno? —preguntó mientras la sacaba de la habitación para darle a Chelsea y a Chica Reed un poco más de tiempo de conversación sin oídos sensibles.
—Es una cosa de chicas —le dije.
—¿Qué es fácil?
—No tú, cariño, nunca jamás. —La levanté y le di un sonoro beso—. No más conversación de chicas grandes. Vamos a ver algunas caricaturas.
Me estremecí al pensar en tener esta misma conversación con ella en otros diez años. Sería demasiado pronto para mí para hacerle frente. Ahora mismo, ya se me hacía difícil dejar a Chelsea con Chica Reed. Dejar que muera, mi trasero. Ese chico iba a decirle a todo el mundo que era un maldito mentiroso. Yo iba a encargarme de eso.
Xoxoxoxoxo
—¿El chico dijo qué? —preguntó Sammy, sus ojos oscuros estrechándose y disparando fuego.
—Le dijo a sus amigos que lo hizo con Chelsea y ahora toda la escuela sabe. Los chicos le están pidiendo citas, queriendo ser los siguientes en la línea. —Solo pensar en ello me molestaba y solté de un golpe la pesa que había estado sosteniendo.
—¿Qué diablos? No vamos a dejar que eso suceda, ¿verdad? —preguntó.
Y eso, justo allí, era la razón por la que Sammy era mi mejor amigo del equipo.
—Mierda, no, claro que no. Iré a la hora del almuerzo para hablar con él.
—Corrección. Iremos a hablar con él. —Tensó la quijada—. Tengo hijas, maldita sea. ¿Es esto lo que tengo que esperar cuando lleguen a la adolescencia?
—Dímelo a mí. Dani es mayor que las dos. Sufriré primero. —Que Dios me ayude—. Chica Reed dice que no puedo golpearlo.
—El pequeño perdedor probablemente nos demandaría si lo hiciéramos —murmuró Sammy, pateando una de las toallas que colgaba del banco—. Cabrón.
—Solo porque no podemos tocarlo, no significa que no podemos asustarlo hasta la mierda. Lo más importante es asegurarse de que el tarado acepte que es un maldito mentiroso.
—Es una cita. —Sammy sonrió—. No puedo decir que haya estado tan emocionado de ir a la escuela en alguna ocasión.
Bufé.
—Sé lo que quieres decir. —Mis visitas a la escuela en estos días eran mucho mejores que cuando era niño, eso era seguro. Estaba ansioso por esta más que la mayoría.
Xoxoxoxox
—¿Chels sabe que iremos? —preguntó Sammy mientras nos dirigíamos a la escuela.
—Creo que lo asume —dije riendo por la manera en que ella me había abrazado cuando se fue esta mañana. Tenía una mirada en sus ojos y una sonrisa de complicidad en su rostro cuando me dijo que me vería pronto. Chica Reed definitivamente lo sabía, solo me decía que no hiciera nada que fuera a mostrarse en los periódicos y la red.
Me registré en la oficina. Ya les había informado que pasaría por allí con el almuerzo. Ya estaban acostumbrados a ello. Visitaba a Chelsea al menos una vez al mes. Una sonrisa para la secretaria y la directora hizo que nos despidieran con alabanzas y sonrojos. Esa mierda nunca era aburrida.
Atravesamos las puertas de la cafetería y mis ojos rápidamente encontraron a Chelsea. Estaba en una mesa con unos cuantos amigos íntimos, con la mirada baja y los hombros encorvados. Eso no debería pasar nunca.
Los jadeos y las exclamaciones habituales acompañaron nuestra aparición mientras nos dirigíamos hacia Chelsea.
—Hey, Chels, ¿qué pasó con esa cara? ¿No tienes un abrazo para tu receptor favorito? —preguntó Sammy, en voz alta, en caso de que hubiera unas pocas personas que aún no se hubieran fijado en nosotros.
Chelsea alzó la vista y una sonrisa iluminó su bello rostro. Se apartó de su silla y corrió hacia los expectantes brazos de Sammy.
—Lo siento... ¿Antonio Brown, está aquí?
—¡Yo te daré a tu Antonio Brown, niña! —La hizo girar antes de colocarla delante de mí—. Toma. No va a fingir que no eres su favorito.
—Porque él lo es. —Chelsea se acurrucó en mis brazos—. Hola, Edward.
—Hola, nena. ¿Cómo están las cosas hoy?
Ella se encogió de hombros y vi esa tristeza en su rostro.
—Lo mismo, supongo.
—Bueno, no toleraremos eso. —Le sonreí a Sammy, asintiendo con la cabeza.
—¿Dónde está Trevor Snowden? —gritó—. ¡Estoy buscando a Trevor Snowden! Es el gran ganador de un premio especial.
—¡Ahí está! —gritó un chico, señalando con provecho al muchacho que ahora estaba encorvado de la misma manera que había estado Chelsea.
—Gracias, mi amigo. —Sammy le sonrió—. ¡Trevor! Ven aquí por un minuto.
Con todos los ojos fijos en el chico, no tenía más remedio que apartarse de su silla y caminar hacia donde estábamos. Mantuve mi brazo alrededor de Chelsea, apoyándola mientras ella se tensaba ante su cercanía.
—Hay muchos testigos si me golpeas —murmuró una vez que se puso frente a nosotros.
—¿Golpearlo? —pregunté, mirando a Sammy, quien se las arregló para parecer sorprendido y consternado—. ¿Por qué lo golpearíamos? ¿Qué podrías haber hecho tú, un simple niño, para hacernos golpearte?
Miró a Chelsea y luego se encogió de hombros.
—No lo sé.
—Oh, creo que lo sabes. —Le sonreí con la misma sonrisa que yo dedicaba en el campo justo antes de lanzar un touchdown ganador de juegos.
—No hice nada.
—¡Exactamente! ¡No hizo nada, Sammy! ¡Lo admite! Entonces, ¿por qué todos en esta cafetería piensan que hiciste algo?
Se encogió de hombros y su cabello color castaño cayó encima de su ojo. Daban ganas de sacar unas tijeras y cortar esa mierda. Maldigo mis promesas.
—No puedo evitar lo que dice la gente.
—¿No? Bueno, aunque no fueras tú quien iniciara el rumor, podrías ser el que lo terminara, si fueras al menos un poco hombre.
Me volví hacia Sammy.
—Estoy bastante seguro de que no hay nada más patético que un hombre que tiene que mentir sobre su vida sexual, como si eso es lo que lo hace un hombre.
—De acuerdo. ¿Sabes lo que hace a un hombre? Es levantarse y hacer lo correcto, hacerse responsable de sus errores, defender la reputación de una chica que no hizo más que tener el mal gusto de salir con un tarado.
Sammy miró a Chelsea.
—De verdad, chica, tenemos que trabajar en esto. No estoy seguro de lo que has visto en este tipo. Me recuerda a este idiota con quien crecí, que también mentía acerca de su experiencia con las mujeres. Estoy muy seguro de que sigue virgen. Porque incluso si sus amigos pensaron que era genial a causa de sus mentiras, las chicas vieron a través de él. Y realmente, ¿a quién debe querer impresionar un adolescente? Desde luego no a los chicos, a menos que batees para ese lado. En cuyo caso, más poder para ti.
—¡No bateo para allá! ¿Qué están tratando de hacer? —preguntó en voz baja.
Sonreí.
—Nosotros no estamos tratando de hacer nada. Solo tratamos de aclarar un rumor. No podemos evitar si lo que decimos aquí es retorcido por tus amigos, al igual que lo que dijiste o no dijiste sobre tu cita con Chelsea.
—En serio, no podemos controlar lo que dice la gente. —Sammy tenía una sonrisa brillante en su rostro—. Solo podemos controlar lo que hacemos al respecto —añadió, suavemente, de modo que solo nosotros pudimos oír—. ¿Qué debemos hacer al respecto, Trevor?
—Puedo pensar en muchas, muchas cosas. Pasé la mayor parte de la noche anotando ideas. Verás, tengo una hija, Sammy tiene dos. Es bueno estar preparados para situaciones que puedan surgir. Chelsea es un extraño tipo de híbrido hermana/hija, por lo que puedes imaginar que soy insanamente protector con ella. Y cuando oigo que un pequeño perdedor está esparciendo mentiras sobre ella, me enojo. Y luego me pongo creativo. Las cosas interesantes suceden cuando soy creativo, ¿no crees, Sammy?
Trevor tenía los ojos muy abiertos y estaba un poco pálido. Me hizo sentir muy genial.
—Oh, sí, te he visto creativo. Lo que le hiciste a Colin sigue siendo algo de leyenda. Años más tarde, sigue siendo molestado por ello.
Sonreí, aunque no había hecho ni una mierda. Sin embargo, Chica Reed tenía una maldita mente malvada, y lo usaría contra este chico en un instante.
—Por lo tanto, ¿debería seguir siendo creativo, Trevor? ¿O te gustaría aclarar las cosas aquí y ahora mismo, con todos observando? Porque me gusta tener todos los ojos sobre mí, sabes. Es algo de quarterback. ¿Te gusta ser el centro de atención?
Sacudió la cabeza.
—Bueno, aguántalo. Solo por esta vez. Antes que yo. —Mantuve la agradable sonrisa en mi rostro todo el tiempo.
Parecía petrificado.
—No dormí con Chelsea. ¡Mentí! —gritó.
—¿Por qué harías eso?
—Porque todos dijeron que era un perdedor si no lo había hecho. Jay durmió con Jessica, y David con Mary, y yo era el último de mis amigos.
—¿Qué? —gritó una chica.
Miré a Chelsea, que sonrió y dijo:
—Jessica.
La niña se acercó a un tipo y se ensañó con él.
—Parece que no puedes ser el único mentiroso del grupo, Trev —replicó Sammy, sonriendo mientras la muchacha golpeaba al muchacho en la cabeza.
—Supongo que eso solo demuestra que muchas de las cosas que escuchas en los pasillos no son ciertas. —Miré alrededor de la cafetería, viendo todos los ojos que podía—. Tal vez deberías detenerte y pensar antes de decir cosas sobre la gente, porque la próxima mentira podría ser sobre ti. Por lo tanto, Trevor, gracias por aclarar esa pequeña cuestión. Confío en que no tendremos que regresar para cualquier otra situación.
Sacudió la cabeza rápidamente.
—No.
—Bueno, porque no voy a desechar esa lista. Solo le añadiré cosas periódicamente cuando la inspiración llegue... Y si piensas aunque sea un poco mal de Chelsea, me veré obligado a consultarla. ¿Bueno?
—De acuerdo. Lo siento, Chelsea.
Ella simplemente asintió y el chico se alejó corriendo.
—¡Ahora que ha terminado el negocio, comamos! —dijo Sammy, sonriendo.
—Oh, una cosa más. —Miré alrededor de la cafetería—. ¿Alguno de los que le pidieron una cita a Chelsea se basaron en esa mentira? No merecen ni un minuto de su tiempo. Tampoco la molesten. Mi lista es extensa y abarca todo.
—¡Edward! —siseó Chelsea—. Ahora nadie me va a invitar a salir.
Le sonreí.
—Ese es el punto, niña. —Pero el ceño fruncido en su rostro me hizo continuar—. Cualquier tipo que te trate con respeto está bien por mí, Chels. Solo tienes que elegir mejor la próxima vez.
—Lo haré. —Me abrazó—. Gracias por ayudarme, Edward.
—En cualquier momento, nena. En cualquier momento.
