Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: Monica Szpilman

Beta:


Outtake: AJ

—Pase largo —gritó Sammy, corriendo lo más rápido que podía.

Me reí, esquivando a Colin y a su hijo, Christopher, antes de dejar volar la pelota. Sammy pasó fácilmente por encima de Jasper en la cobertura y voló a la zona final, o bueno, la versión improvisada. Estábamos en un picnic familiar en el parque, una última gran aventura antes de que comenzara la escuela y la temporada de fútbol y las cosas estuvieran demasiado caóticas.

—Estás perdiendo el ritmo, hombre —le dije a Jasper cuando finalmente volvió. Sammy lo había rebasado y se había unido a mí unos minutos antes.

—A algunos de nosotros no nos pagan millones para mantenernos en forma. —Él palmeó su vientre todavía plano—. Ahora soy parte de la clase obrera. No me ejercito.

Yo sonreí.

—El entrenador te patearía el culo si él viera esa mierda flácida.

—No, ahora es viejo. No podría atraparme, aunque lo intentara.

Sacudí la cabeza.

—Sal de nuevo y pruébalo. Sacaré tu atleta interno.

Jasper sonrió.

—Lo siento, mi cerdo interno quiere salir y comer algo más de la impresionante ensalada de patata de mi esposa. Tú quédate y ejercítate. Te serviría.

Tiré la pelota hacia su trasero, haciéndolo saltar.

Cogió la pelota.

—Ahora la tomaré como rehén. Tienes que comer al menos dos hamburguesas antes de que puedas jugar de nuevo.

—Estoy bastante seguro de que eso es lo opuesto a las buenas prácticas de salud. ¿No has aprendido nada sobre dejar que la comida se estabilice antes de volver a estar activo?

Se rio y tiró la pelota, atrapándola mientras caminaba hacia atrás.

—Seguro, he oído hablar de eso, pero solo se aplica a nosotros, los mortales. Los atletas profesionales deben estar listos para ir en todo momento, incluso con el estómago lleno.

Rodé mis ojos, pero troté tras él. La comida sonaba bien. Y mi equipo me había abandonado de todos modos. Sammy ya tenía un perro caliente en su gran boca y los platos de comida delante de Colin y Christopher me hicieron preocuparme de que no quedara nada.

—¿Me guardaron algo? Caraj… Caracoles —corregí, recordando que el público tenía oídos jóvenes.

—Te he guardado algo, papi.

Le sonreí a mi chica.

—Gracias, Dani. Por eso eres mi hija favorita en el mundo.

Ella se echó a reír cuando le di un beso sonoro en la mejilla.

—Soy tu única hija, papá.

—Pero sigues siendo mi favorita. ¿Qué tal está la comida?

Ella levantó un tenedor lleno de ensalada de macarrones hacia mí y yo lo comí. Fue increíble.

—Realmente bueno.

—Tienes razón, Dani. ¿Te estás divirtiendo?

—Sí. Algunos de nosotros vamos al patio cuando terminemos.

Miré el patio de recreo. Había bastantes niños allí.

—De acuerdo, pero quédate donde te podamos ver. Y lleva a Christopher. —Christopher podía no ser el hijo biológico de Colin, pero seguro que la cuidaba. El chico era grande. En algunos años también podría estar en la línea ofensiva…

Dani puso los ojos en blanco.

—Bien, papá.

Cristo, la chica tenía doce años pero ya tenía esas reacciones adolescentes por todo. Que Dios me ayude cuando las hormonas la ataquen. ¿O lo habían hecho ya? Mierda. No quería saberlo. Ese era el dominio de Chica Reed.

—Bueno. —Le revolví el cabello porque sabía que la volvía loca.

Por supuesto, ella gritó y empezó a palmear mi mano. Era demasiado niña a veces. Pero, afortunadamente, solo a veces. Podía derribar a los niños cuando quisiera.

—Cuando termines con eso, vuelve al equipo. Necesito tu velocidad. Puedes quemar a Jasper en la pelota larga.

Dani se encogió de hombros, pero no antes de ver la pequeña sonrisa en su rostro.

—Bueno.

Me dirigí hacia la parrilla, deteniéndome para ver lo que Ethan estaba haciendo. Él y Julian tenían sus cabezas enterradas sobre su tableta. Me pregunté brevemente si estaban mirando chicas, pero me eché a reír cuando vi que era una aplicación de música. Podrías sacar a mi hijo afuera, pero no podías alejarlo de su música. Estaba seguro de que lo oía mientras dormía.

—¿Pasándolo bien, muchachos?

—Sí, papá —respondió distraídamente.

—Claro, tío Edward. —Julian me sonrió. Era la imagen esculpida de su padre. Esperaba que no lo imitara después de la escuela. Sin embargo, no tendría que preocuparme por ello. Ethan había planeado ir a Julliard desde que tenía seis años y se enteró sobre la escuela. Julian no tenía ni un hueso musical en su cuerpo, pero le gustaba estar con mi hijo.

—Las chicas y Christopher van a jugar en el patio de recreo dentro de poco, por si quieren unirse a ellos.

Ethan solo gruñó y jugueteó con el programa. Pensé que mantendría su nariz atascada en su música. Chica Reed dijo que mientras no fuera antisocial, lo que no era, entonces debíamos entregarnos a sus intereses. Lo entendía, aunque desearía que saliera a jugar y practicar deportes con nosotros.

—Bueno, voy a comer. ¿Quieres algo?

—No, gracias.

Empecé a alejarme, pero Ethan me llamó.

—Papá.

—¿Sí? —pregunté, volviéndome.

—Fue un pase muy bueno el que lanzaste al tío Sammy.

Sonreí. Podía parecer que estaba en su propio mundo, pero por lo general sabía lo que estaba pasando.

—Gracias, amigo, si quieres unirte más tarde, puedes.

Él rio.

—Tal vez.

Ambos sabíamos que el atletismo no estaba en su tabla de talentos. Pero todavía podía divertirse si se soltaba con nosotros.

—Solo piénsalo.

—Bueno. —Sus ojos ya estaban de vuelta en su iPad.

Me reí y me dirigí hacia la parrilla, sirviéndome una hamburguesa y un perro caliente, junto con la ensalada de patatas y macarrones. Jasper tenía razón en una cosa, Pequeña hizo una increíble ensalada de patata. Fui al banco de picnic, donde Chica Reed estaba sentada con Emily, Kim, Sarah, Pequeña y los chicos.

Mi esposa me sonrió mientras me sentaba a su lado.

—Que bien luces, Campeón.

—¡Figura de mitad de temporada! —dijo Sammy con una sonrisa.

—Gracias hombre.

—Oh, estaba hablando de mí. Podrías ejercitarte un poco.

Sopesé el lanzarle un cubo de papa, pero con niños y perros esparcidos alrededor, probablemente no era una buena idea. Una pelea completa de comida sería divertida, pero mi esposa rompería mi culo.

—Luces increíble para mí —murmuró.

¿Oh, sí? Diablos, sí. La mirada en los ojos de Chica Reed me hizo notar que tendría mucha suerte más tarde. Increíble. Estaría seguro de llevar a todos los niños para que se durmieran rápidamente.

—Como tú, Chica Reed. —Le di un beso sonoro, riendo cuando sentí una pequeña mano tirando de mi camisa.

—¡No hay besos, papi!

Me aparté de mi esposa, sonriendo a mi hijo más pequeño pegado a su regazo. Era mi exacta copia, hasta el cabello loco.

—A papá le gustan los besos, AJ. Ahora es tu turno para uno.

—¡No! —gritó, pero ya lo tenía en mis brazos. Él se movió y se rio mientras levantaba su camisa y soplaba fuertes besos en su vientre.

—Muchos besos, solo para ti, hombrecito.

Lo dejé caer en mi regazo, sosteniéndolo mientras devoraba mi hamburguesa.

—¿Que has estado haciendo?

—Jugando con Fifi.

Me reí por su apodo para la hija de Jasper, Fiona. Pequeña gruñó y Jasper murmuró algo acerca de que su hija no era un perro, pero demonios, eso es lo que conseguían por nombrarla Fiona. Tienes que pensar en esa mierda cuando nombras a tu hijo. Había dado una buena pelea con Chica Reed para ambos chicos, queriendo que se llamaran Joseph Montana Cullen, a pesar de sus objeciones sobre ellos teniendo que vivir a la altura de tal nombre. Habíamos hecho un compromiso y le pusimos a Adam el segundo nombre de Joseph, que en secreto extendía a Adam Joseph Montana Cullen en mi mente. Nadie tenía que saberlo.

—Bueno, eso es divertido. ¿Lo pasaron bien? —Le di una rodaja de naranja para masticar.

—Sí, pero quiero jugar contigo.

—¿Sí? Bueno, pequeño, te dejaremos jugar. ¿Qué posición?

Me lanzó una mirada por encima del hombro.

—El quarterback, papá.

Juro que podía oír un "duh" implícito en su tono.

—¿Tomando mi trabajo ya, AJ? No soy tan viejo.

—Sí, papá viejo.

—De la boca de los bebés —dijo Sammy, riendo cuando le disparé un furtivo dedo medio después de asegurarse de que los niños no verían.

—Tú eres mayor que yo, hombre, y los receptores tienden a retirarse mucho antes que los quarterbacks.

Sammy me lanzó un guiño.

—Eso no es lo que AJ dice. Está listo para ocupar tu lugar, ¿cierto?

—¡Cierto!

Me reí entre dientes y puse a AJ en pie.

—Esto tengo que ver. Ve a buscar la pelota, pequeño.

Corrió para conseguir el pequeño balón de Nerf que habíamos comprado anoche. La cosa no había salido de su lado desde que lo compramos. Incluso se acostó con ella en su cama.

—¿Crees que puedes llevarlo? —preguntó Chica Reed, sus ojos brillaban—. Nació en un domingo de fútbol. Después de todo, es su destino.

Me reí de la memoria. AJ fue el único de mis hijos nacidos durante la temporada y por supuesto que había tenido que venir un domingo. Al menos habíamos estado en casa. Había estado listo para salir en el medio tiempo una vez se llegó a la conclusión de que Chica Reed estaba de parto, pero me había ordenado a través de mensaje de texto que me quedara y ganara. Ella había afirmado que tenía mucho tiempo. Sí, tanto por eso. Había llegado al hospital literalmente cinco minutos antes de que AJ lo hubiera hecho.

—Bueno, tiene un poco de condimento para hacer antes de que tome mi trabajo. Solo tiene tres.

—Pero él es un avanzado tres, y tiene genes Cullen, debería estar listo para ir dentro de unos años —bromeó Brady.

—También tengo los genes de Cullen, tontito. —Tener hijos significaba tener que censurarme demasiado a menudo alrededor de mis compañeros de equipo de mierda. Era lo único que no me gustaba de la paternidad. Bueno, eso y los pañales llenos de popo. Pero he terminado con eso por ahora, afortunadamente.

—Sí, pero los tuyos están viejos y cansados. Los de él son frescos y nuevos. Hace la diferencia.

—¿Y tú, Jasper? ¿Ya nadie piensa que todavía puedo hacerlo? Solo tengo treinta y tres años, justo en mi mejor momento.

—Creo que todavía lo tienes. —Chica Reed plantó un beso en mi mejilla—. Y lo tendrás más tarde también.

Ella agregó un mordisco a mi oreja que hizo que mis ojos se cruzaran. Santa mierda, la mujer era potente.

—Demonios, sí lo haré —susurré antes de darle un beso mucho más caliente de lo que normalmente haría en el medio del parque con ojos alrededor.

—Están listos para hacer al siguiente quarterback Cullen —anunció Pequeña, haciendo reír a todos.

Sonreí mientras Chica Reed sacudía la cabeza. Estábamos pensando en intentar de nuevo pronto, ahora que AJ estaba fuera de los pañales y todo eso. Yo quería al menos uno más. Los niños eran una maravilla, la mayoría del tiempo.

—Papi, es hora de jugar, ¡no hay besos!

—Esa es la forma favorita de jugar de tu papá —dijo Colin, recibiendo una bofetada de su esposa—. ¿Qué? Es cierto.

Definitivamente lo era, pero por desgraciadamente tenía que esperar para anotar en ese juego.

—Muy bien, hombrecito, muéstrame lo que tienes. —Tiré mi plato en la basura y tomé su mano, llevándolo a un espacio un poco más abierto donde esperaba que no hubiera ningún espectador inocente.

Puse sus dedos pequeños en la parte superior de la pelota, sobre las protuberancias que aguantaban los cordones.

—Pon los dedos de esta manera, coloca tu brazo hacia atrás y empújalo hacia adelante, dejando que tus dedos ayuden a guiarlo, ¿de acuerdo? —Puse mi mano sobre la suya, le ayudé a retirar la pelota y la soltamos. Se rio y aplaudió cuando pasó unos dos metros.

—¡Bueno! ¿Piensas que puedes lanzárselo a papá, de la misma forma?

—¡Sí!

Sonreí a lo jodidamente lindo que era, rebotando en sus pies pequeños por la emoción.

—Está bien, papá va a estar aquí. —Me agaché a unos tres pies de distancia de él, calculando que el balón viajaría un poco menos sin que yo lo ayudara a lanzarlo—. ¿Crees que puedes conseguirlo?

—Sí, papi.

Miré, sonriendo enormemente mientras ponía sus dedos sobre los cordones como le había mostrado. Su pequeño rostro estaba completamente serio mientras se aseguraba de que lo tenía bien. Incluso se mordió el labio como su madre.

—Tú lo tienes, amigo, ahora tira de tu brazo y lánzalo aquí. —Mantuve las manos en alto, listo para atrapar de cualquier manera que necesitara para asegurarme de que completara su primer pase.

AJ ladeó su brazo, bastante perfecto a mi parecer, y entró en el tiro, que ni siquiera le había mostrado aún, antes de dejar volar la pelota. Y definitivamente lo hizo. Estaba casi por encima de mi cabeza antes de llegar y logré engancharla antes de que pasara por delante de mí. Si no la hubiese atrapado, habría pasado por lo menos cinco metros, tal vez más.

—Santa mierda —se me escapó antes de que pudiera detenerme. Pero no estaba completamente solo. Las exclamaciones que venían de la mesa de picnic eran un eco de la mía.

Chica Reed estaba saltando arriba y abajo, y yo estaba emocionado de ver que tenía su teléfono en la mano. Teníamos un vídeo de ello, y no podía esperar para enviar esa mierda a todos, especialmente a Emmett, a mi papá y a Charlie. Cagarían ladrillos.

—¿Viste eso? —pregunté, recogiendo a mi hijo y poniéndolo sobre mis hombros—. Eres el campeón, AJ.

—¡Gané! ¡Gané! —gritó, rebotando de arriba abajo.

Lo sostuve de las piernas mientras lo llevaba de vuelta a la mesa.

—¿Viste a mamá? ¡La tiré!

—¡Lo hiciste tan bien, bebé! Eres un gran quarterback, igual que papá.

—¡Como papi! —Me dio unas palmaditas en la cabeza y me hizo reír.

—Como papá, hombrecito. Tienes un cañón como brazo.

—¿Armán de cañón? ¿Iron Man?

Me reí. Iron Man era su Avenger favorito.

—Más o menos, hombrecito, solo que tu arma es un balón de fútbol. —Me volví hacia mi esposa—. Grabaste eso, ¿verdad?

—Grabado y ya se lo envié en un mensaje de texto a la familia. Emmett va a morir.

Claro que sí. Me agaché para que AJ pudiera deslizarse por mi espalda.

—¡Lo hiciste genial, AJ! ¿Quieres lanzar un poco más?

—¡Sí! ¡A todos! ¡Quiero un equipo!

—Te conseguiremos un equipo, amigo. ¿Quieres que tu hermana juegue?

Sacudió la cabeza.

—Le tiro a Sammy como a ti.

Sammy saltó con una sonrisa.

—Soy un profesional en la captura de pases Cullen. Veamos ese brazo tuyo, AJ. Aunque sé suave conmigo. Necesito estas manos para la temporada. Los pases débiles de tu padre no me dañarán, pero tú tal vez.

AJ rio entre dientes.

—¡No te lastimo! Pero atrápala.

Todos rieron mientras Sammy fingía mirar asustado.

—¡Tanta presión ! No me hagas daño si fallo, prometo hacerlo mejor la próxima vez.

AJ se echó a reír de nuevo y levantó el brazo hacia atrás, dejando que la pelota volara. Sammy la sacó del aire y corrió, gritando:

—¡Touchdown!

—¡Tu primer touchdown, bebé! —Chica Reed aplaudió, su teléfono grabando ese momento para la posteridad también.

—¡Touchdown como papá! —gritó antes de hacer un pequeño sacudón con el trasero.

Me reí mientras lo recogía.

—Los quarterbacks no hacen bailes de touchdown, amigo, pero lo permitiré porque eres lindo.

—Yo baile, papá.

—De acuerdo, puedes bailar, amigo.

Lo dejé caer mientras Sammy llamaba a los niños que querían jugar y empezaron a hacer equipos. AJ era el mariscal de campo de uno y Dani quería ser el otro.

Pasé el brazo alrededor de Chica Reed, sonriendo cuando Ethan vino a jugar con su hermanito.

—Seré tu receptor, AJ.

—¡De acuerdo! Te lanzaré a ti, Ethan.

—La próxima generación de atletas Cullen —dijo Chica Reed con una sonrisa—. Son tan lindos.

—Será mejor que tu teléfono esté listo, nena. Les haré un pase rápido. Necesitan aprender a evadir el bombardeo rápidamente.

Ella se echó a reír, sacudiendo la cabeza.

—Solo ahorra algo de energía para mí más tarde.

—Cuenta con eso. —La besé, listo para dirigirme para unirme a los equipos, cuando me detuvo con una carcajada.

—Emmett dice que está enviando una oferta de beca por quince años a partir de ahora.

Me reí con ella, pero sería tonto si no estuviera emocionado por la idea de otro quarterback Cullen en FSU en una década y media. El tiempo diría si tenía el impulso y el deseo. Dios sabía que tendría talento: era un Cullen. Ladeó ese brazo dorado suyo y dejó volar la pelota, riendo de júbilo cuando su hermano la atrapó.

Vi a mis dos chicos celebrar mientras Dani corría y envolvía sus brazos alrededor de ellos. Eran mi legado y, en el campo o fuera, iban a sobresalir, y yo iba a estar allí para celebrar con ellos.

Corrí y los taclee a los tres, rodando de modo que cayeran sobre mí en vez de al revés.

—¡Los tengo!

—No, papá, nosotros te tenemos —me corrigió Dani, sentándose en mi pecho y levantando sus brazos en triunfo. AJ y Ethan subieron e hicieron lo mismo.

—Lo hacen, chicos. Todos.