Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: Monica Szpilman
Beta: Yanina Barboza
Outtake: Ethan
—Tienes que ir a hablar con tu hijo —siseó Chica Reed mientras yo entraba a la cocina. Una rápida mirada hacia el patio me mostró que AJ estaba lanzando la pelota con uno de sus amigos. Pronto comenzaría Pee Wee. Yo no podía esperar. Ethan no estaba a la vista.
—¿Cúal?
—Ethan.
Había algo en su tono que me hizo mirarla con cautela.
—¿Por qué?
Ella suspiró y negó con la cabeza.
—Como que, más o menos, entré a su cuarto mientras él estaba... ¡ya sabes!
Oh, tenía una muy buena idea, pero reprimí una carcajada y mantuve mi rostro inexpresivo.
—¿Qué? ¿Practicando música?
Él estaba practicando música, nada del otro mundo. Tocando la flauta. Deslizando el trombón. ¿Sintonizando la tuba? Hmm... había todo un mundo de nuevos eufemismos esperando a ser dichos. El chico tenía trece años. Sabía muy bien lo que había estado haciendo como para que su madre estuviera sin palabras.
Ella golpeó mi brazo.
—Sabes lo que estaba haciendo. Y si te haces el tonto, estarás haciendo lo mismo que él en el futuro próximo. ¿Entendido?
De repente, no fue tan gracioso. Envolví mis brazos alrededor de ella y besé su cuello.
—Lo siento, cariño. Nunca te he visto incapaz de hablar de nada, mucho menos de sexo.
Ella se apoyó contra mí.
—No lo soy, a menos que se trate de eso. Y no es que me avergüence. Entiendo que es algo natural y que está creciendo y todo eso. Temo que lo haga. No puede ser bueno para él que su madre haya entrado cuando… —Se detuvo—. No ha salido de su habitación desde entonces, y no quiero que se sienta incómodo. ¿Podrías ir a hablar con él?
—No lo sé. Saldrá eventualmente, ¿verdad? —No tenía idea de qué decir. ¿Qué había dicho mi papá? Debería llamarlo.
—¡Oh, no, no, Cullen! Hicimos un trato. ¿Recuerdas? Yo me encargo de Dani, tú tomas a los chicos. Estuviste de acuerdo con eso después de que me preguntó cómo se hacían los bebés y escapaste y me dejaste sola para lidiar con eso.
Tuve que reírme de ese recuerdo. Dani tenía alrededor de seis años en ese momento. Habíamos podido evitar la discusión cuando Chica Reed estaba embarazada de Ethan, porque Dani era demasiado joven. Pero con la fiebre de bebés entre los compañeros del equipo y la familia, ella lo sacó a colación en una parrillada. Yo hui al otro extremo del patio mientras Chica Reed le hablaba algo de mierda sobre el amor y cosas así. Pateó mi trasero después de que todos se fueron, y acordamos que yo tomaría cosas de chicos y ella tomaría cosas de chicas, y los dos estuvimos más felices por ello. Al menos yo lo estaba, hasta ahora.
—Lo sé, cariño. Solo estoy bromeando. Le haré saber que es normal y todo lo bueno. —Dios ayúdame.
—De acuerdo. Gracias. Solo asegúrate de que sepa que no lo estoy juzgando, ni que estoy molesta o algo por el estilo. No quiero que se sienta raro a mi alrededor.
Besé su nariz.
—Cariño, puede que sea extraño por un día o dos, pero él es tu niño. Pronto volverá a la normalidad.
—Eso espero. —Ella se enterró en mí por unos momentos más—. Voy a comenzar la cena. Por favor haz que venga y se una a nosotros.
Reprimí un comentario acerca de venirse y la besé de nuevo.
—Estoy en ello, Chica Reed. Todos tus chicos estarán presentes, lo prometo.
—Gracias, Campeón.
Subí las escaleras, preguntándome qué demonios iba a decir. Rainbow trotó conmigo, así que la tomé en brazos.
—Ayúdame, Rainbow. Si parece hosco o molesto, tú lo ablandas.
Ablandar… mierda. Realmente necesitaba dejar de pensar como un niño de doce años. ¿O tal vez tenía que seguir pensando de esa manera, ya que él era uno? Podríamos reírnos y mirar revistas pornográficas. Cristo. Estaba perdiendo la maldita cabeza. Los niños causaron esa mierda, déjenme decirles.
Llamé a la puerta de Ethan, sin querer repetir el trauma de Chica Reed.
—¿Qué? —gritó, sin molestarse en abrir la puerta. Eso era raro en él. Dani hacía esa mierda todo el tiempo, pero no Ethan. Fabuloso.
—Es tu padre. ¿Puedo entrar?
Pasaron varios segundos antes de responder.
—Supongo.
—Aquí vamos —le susurré a Rainbow mientras abría la puerta.
Ella saltó de mis brazos y aterrizó en la cama de Ethan, dándole algunos cabezazos. Él extendió la mano para acariciar su pelaje, así que al menos no la estaba apartando. No era como si alguien pudiera apartar a Rainbow por mucho tiempo. Ella no lo permitiría.
Eché un vistazo a su cama, pero imaginé que sabía lo que él había estado haciendo allí, así que saqué la silla de su escritorio y me senté en ella.
—Hola, amigo. ¿Cómo estás?
Él me miró antes de regresar la mirada a Rainbow.
—¿Realmente viniste a preguntar cómo estoy? —demandó.
El niño era inteligente. Demasiado inteligente. Está bien. Yo también.
—Bueno, no. Pero pensé que nos guiaría a la discusión de la masturbación. Si prefieres que vaya directo al punto, podemos hacer eso.
—¡Por Dios, papá! —Él sacudió su hombro, al estilo Cullen, y me miró.
Le sonreí. Se parecía mucho a su madre cuando estaba enojado, esos ojos marrones de mal genio. Afortunadamente, no tenía el mismo efecto en mí que la ira de su madre, aunque eso también podría poner en marcha la conversación, aunque de una manera más torpe.
—Bueno, ya sabes por qué estoy aquí. Sé por qué estoy aquí. Así que podemos fingir que estoy aquí por otros motivos, o podemos ir directo a eso. Depende totalmente de ti. Estaría encantado de analizar mi plan de juego para los Cowboys este fin de semana, si estás interesado.
Él rodó los ojos.
—Sabes que no.
No. Él no. Tenía que admitir que, aunque nunca me había arrepentido de sus talentos musicales, me había decepcionado un poco que los deportes no le interesaran. Su cuarto con decoración de fútbol se había transformado en una sala de música cuando tenía cuatro años. Estaba increíblemente orgulloso de él, pero al principio me dolió un poco. Sin embargo, había superado eso. Cada uno de mis hijos era particular, y los amaba por eso.
—Bueno, entonces. ¿Qué te gustaría discutir? ¿La Quinta Sinfonía de Beethoven? ¿Algo de Bach, tal vez?
Él soltó una carcajada.
—No sabes nada sobre Beethoven o Bach.
Le sonreí.
—No es verdad. Sé que ambos son buenos para hacer que me duerma. —Le di un golpecito en el hombro—. A menos que tú los interpretes.
—Buena salvada, papá.
—Así de bueno soy, Ethan.
Me recosté, viendo como él continuaba acariciando a Rainbow. Tenía un sentido extraño para quien más la necesitaba. Normalmente ella estaría plantada sobre mí, pero ella podía notar que Ethan estaba raro y fue a él en su lugar. El mejor animal de todos los tiempos.
—Mira, no me voy a poner con basura técnica y clínica. Solo quería asegurarme de que no estuvieses avergonzado por lo que sucedió. Es normal. Si tienes alguna pregunta de tipo médico, podemos llamar al abuelo.
Él hizo una mueca.
—No tengo ninguna pregunta, papá. No es como si fuera la primera... —se interrumpió y negó con la cabeza—. Solo apesta que mamá sepa.
Pobre niño. Eso apestaría. Me había ahorrado la visita obligada de los padres, probablemente gracias a que Emmett era mayor. Estaba seguro de que él había traumatizado a uno o a mis dos padres una vez, o diez veces.
—Sé que apesta, pero tu madre no te juzga por eso. —Mira, Chica Reed, aclarando eso desde el principio—. Ella sabe que tienes necesidades. Todos lo hacemos. Incluso ella.
—¡Ew! ¡Asqueroso, papá! ¡No quiero pensar en mamá de esa manera! ¡Dios!
Bueno. Lo entiendo. Mi error. Aunque la idea de Bella tocándose era extremadamente caliente. Iba a tratar de convencerla de que montara un espectáculo para mí esta noche después de que los niños se fueran a la cama.
—Solo digo. Es una cosa normal y natural. Eres casi un adolescente, y las hormonas están alborotadas, y tu cuerpo está haciendo cosas. Lo entiendo. También ella. Y ninguno de los dos quiere que te sientas mal por eso. Es totalmente normal.
—¿Lo es? —preguntó en voz baja.
Mierda. Tenía que adaptarlo a su edad. No quería joderlo. ¿Dónde estaba Jasper? Debería llamarlo para manejar esto.
—Lo es. Estás cambiando por dentro, y estás empezando a notar a las chicas. —Extendí la mano e incliné su cabeza para poder mirarlo a los ojos—. Lo estás haciendo, ¿cierto?
Él tragó saliva y asintió.
—La amiga de Dani, Lisa, estuvo por acá en la tarde.
Ah, Lisa. La porrista. Quizás el niño era como su padre. Casi le pregunté si estaba usando su uniforme, pero lo pensé mejor. Eso podría hacerme sonar como un pervertido o un viejo verde, y no era nada de eso. Solo recordé el efecto que esos uniformes solían tener en mí en esos días.
—Entonces, ¿chicas mayores, no? Tengo que decirlo, estoy bastante orgulloso de ello.
Él se encogió de hombros.
—Ella es realmente bonita. Y llevaba su uniforme y... —suspiró—. Papá, ¿es normal que tuviese que correr a mi habitación justo después de que la vi?
Oh, chico.
—Sí, hijo, lo es. Mira, te contaré un secreto no tan secreto.
Él se encontró con mis ojos.
—¿Qué?
—Los hombres son criaturas visuales. No cuesta mucho excitarnos, especialmente cuando somos más jóvenes. Una chica guapa con una falda corta lo hará con suficiente facilidad.
—Entonces, ¿no soy un bicho raro o algo así?
—Por supuesto que no. No puedo decirte la cantidad de veces que me masturbé pensando en las porristas cuando tenía tu edad. Y como sabes, yo estaba alrededor de las porristas mucho tiempo.
Él rio.
—Supongo que sí. Todavía lo estás, si vamos al caso. Algunas de los Gigantes son muy, muy ard… bonitas
Me reí.
—Puedes decir ardiente, hijo. Lo entiendo. Y tomaré tu palabra. No lo he notado.
Él me estudió por un minuto, y me encontré con su mirada de frente.
—¿Realmente no lo has hecho?
—No. Solo tengo ojos para tu madre. Algún día, te conformarás con la chica adecuada, porrista o no, y las demás no causarán nada en ti.
—Entonces, no estaré constantemente... —Hizo un gesto hacia su regazo.
Me reí.
—Oh, no. Lo harás, pero solo por una chica. Y si tienes suerte, ella te ayudará, así no tendrás túnel carpiano. Eso sería malo para un músico.
—Así que todavía te pones...
—¿Duro? Por supuesto que sí. —Todo el tiempo, muchas gracias—. Tengo treinta y cinco, no ochenta y cinco. —Aunque más me vale ponerme duro a esa edad. Si no, solo dispárenme y terminen mi miseria
—¿Pero no solo por una mirada o lo que sea? ¿Aprendes cómo controlarla?
Ah, lo tengo.
—Sí y no. Puede haber momentos en que una mirada a tu madre…
—¡Papá! —Él levantó sus manos, lo que hizo que Rainbow gruñera y volviera a mi lado.
La levanté, y ella se acurrucó en mi pecho.
—Bueno, acabo de decirte que ella es la única que lo hace para mí. Lo que estoy tratando de decir es que seguirás siendo estimulado visualmente, pero llegarás al punto en el que tienes más control. No tendrás que desahogarte de inmediato. Aprenderás cómo calmarte sin tocarte, si no quieres.
—Entonces, ¿debería pensar en cosas que no son emocionantes, para no hacerlo?
Sonreí.
—Exactamente. Acabo de visualizar a mi formación… o a Roseanne Barr.
—¿Quién? —preguntó, haciéndome reír.
—No importa. Lo resolverás, pero hasta que lo hagas, solo quiero que sepas que no tienes nada de qué avergonzarte. Cada chico de tu edad comienza a tener esos sentimientos. Y no desaparecen, gracias a Dios. Se vuelven más manejables.
—Bueno. —Guardó silencio por unos momentos—. ¿Papá?
—¿Sí?
—¿Cuándo conseguiste por primera vez a una chica para que te… ayudara?
Definitivamente era mi chico. No podría estar más orgulloso.
—Me llevó unos años más, amigo. Pero una vez que lo hice, no hubo forma de mirar hacia atrás.
—¿Cómo conseguiste que ella lo hiciera?
Bueno, demonios. No estaba seguro de cómo responder eso, considerando que mi primera masturbación provino de una mujer mayor. No quería esa mierda para él.
—Lleva tiempo lograr eso, Ethan. Tienes que hablar con ella, conocerla, lo que le gusta, lo que no, besarla cuando te dé el visto bueno. Una vez que todo vaya bien, entonces puedes trabajar en tocar y explorar y esas cosas. Demonios, eres un genio musical. Escríbele una canción. Si las canciones de tu madre pueden ablandarme, imagina lo que pueden hacer por una chica de tu edad. —Serían plastilina en las manos del niño.
—Entonces, Lisa...
—Probablemente no, al menos no por unos años. —Tenía que cortar eso de raíz. Porque si Lisa era lo suficientemente mayor para tocar, entonces Dani lo sería, y como ella nunca sería lo suficientemente mayor, eso no debía discutirse—. Y perseguir a las amigas de tu hermana mayor, aunque es ambicioso, probablemente no sea una buena idea. Te patearía el trasero, y tu madre podría ayudarla.
Él rio.
—Probablemente. Pero ella es realmente bonita.
—Habrá muchas chicas bonitas en tu camino, Eth. Un día tendrás suerte y ella gustará de ti también. Mientras tanto, tienes tu mano.
Él soltó otra risa.
—Papá, tengo la sensación de que mamá no quería que nuestra charla fuera así cuando te envió a hablar conmigo.
Le sonreí.
—Probablemente no, pero una vez más, tu madre me conoce mejor que nadie. Sabe que soy brutalmente honesto. Lo digo como es. Y te digo que tu madre te quiere. Quiere que todo esté bien. Igual que hasta esta mañana. ¿Crees que puedes darle eso?
—Lo intentaré. Odio saber que ella sabe lo que estaba haciendo.
—Bueno, puedo calmarte y decirte que justo anoche ella estaba... —Me detuve ante la mirada de horror en su rostro—. Solo bromeo, chico.
—Muy malo.
—Ese es el Cullen en mí. El tuyo se activará un día, y ten cuidado. —Me levanté y le revolví el pelo—. Vamos. La cena debería estar lista pronto. Entra y dale un abrazo a tu mamá.
—Está bien. Bajaré en unos minutos.
—Bueno. —Rainbow y yo nos dirigimos a la puerta. Me detuve antes de abrirlo—. Ah, ¿y, Ethan?
—¿Sí, papá?
—No olvides lavarte las manos.
Él se echó a reír y me arrojó un calcetín hecho una bola, con suerte no el calcetín que estaba usando, no, no soportaría pensar en eso. Todavía estaba riendo mientras caminaba por el pasillo. En general, pensé que lo hice bastante bien. ¿Cierto?
