Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: Flor Carrizo y Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Outtake final
Era oficialmente el peor día de mi vida. Había estado temiendo este día por dieciocho años y no era mucho mejor de lo que me había imaginado todo ese tiempo. En realidad era incluso peor. No podía hacerlo.
Me giré para informarle a Chica Reed que no podía, pero una mirada a su sonrisa agridulce, combinada con su mirada triste y me estaba arrepintiendo de mi comentario.
—Entonces, creo que tienes todo lo que podrías necesitar, ¿no? —preguntó Chica Reed, mirando alrededor de la habitación de mierda. Lo siento, pero no tenía todo lo que ella necesitaba.
No nos tenía a nosotros, para empezar, y ella nos necesitaba por sobre todo. Además, la cama era jodidamente pequeña y llena de bultos, y las personas que había visto merodeando en los pasillos no eran de confiar. Nop. No podía hacerlo.
—Creo que…
—No empieces, papá. —Dani levantó su dedo hacia mí—. Lo prometiste.
—Solo creo que sería mejor si le dieras un vistazo al apartamento que encontré. —Era nuevo, tenía seguridad, afuera del campus y alejado de las fraternidades y esas mierdas. Era perfecto.
—Papá, los de primer año tienen que vivir en los dormitorios, sabes eso.
Yo no sabía nada. Dani era un jodido legado en esta universidad. Si ella quería vivir en un apartamento en la ciudad, ella debería ser capaz de hacerlo. ¿Por qué mierda estábamos aquí si no podíamos usar nuestro apellido como una ventaja?
—Seguro puedo hablar con el decano y…
—Edward —dijo Chica Reed, deslizando sus brazos alrededor de mi cintura—. Lo prometiste. Nos lo prometiste a ambas. —Y ella arqueó una ceja hacia mí, haciendo que me arrepintiera de mis palabras. Ambos sabíamos que no podía.
Dani se escabulló para poner algunas de sus mierdas en el baño ridículo que compartiría con otras siete chicas. Inaceptable. ¿Cómo alguien vive de esa forma?
—¿Esto siempre fue esta mierda? —demandé. Habían pasado veinte años desde que fui a la universidad aquí. Pensaría que ellos podrían haber invertido algo de dinero en nuevos dormitorios. Quiero decir, ¿para qué sirven los cheques de los ex alumnos si no es para asegurar la comodidad de mi hija?
—Estos son los dormitorios más nuevos que tienen, Campeón. —Chica Reed sacudió la cabeza—. Ella no estará atrapada en Salley Hall como yo lo hice. Pagamos por lo mejor que tienen.
No, lo mejor que tenían era afuera del campus, en el edificio con portero. O, incluso mejor, vivir con Emmett y Rubia o mis padres en sus casas. O en la casa que estaba tratando de que Chica Reed me dejara comprar. Ella tenía muchas opciones mejores que esta mierda.
—Si esto es lo mejor que tienen, necesitamos enviarles cheques más grandes y exigir que los gasten en nuevos dormitorios y mantenimiento —murmuré, haciéndola reír.
—Así es como viven los de primer año, Edward.
—No es como yo viví —señalé. ¿Estaba tan mal que quisiera que mi hija tuviera lo que yo había tenido?
—Y tu hija no vivirá en los dormitorios de los jugadores de fútbol, lo que creo que encontrarías más perturbador que su habitación aquí.
Habitaciónmi trasero. Aunque el pensamiento de Dani viviendo en los dormitorios de los jugadores de fútbol hizo que me callara, por ahora. Joder, eso me dio más mierda por la que preocuparme. Saqué mi teléfono y le mandé un mensaje a Emmett.
Asegúrate jodidamente bien de que mi hija nunca ponga un pie en los dormitorios de los jugadores de fútbol. Diles a los pervertidos de tu equipo que ella está fuera de los límites, y corre la voz de que si ven un chico hablando con ella, tienen permiso de patear su trasero.
Chica Reed suspiró cuando leyó mi mensaje, sacándome mi teléfono y haciéndome gestos para que agarrara a nuestra hija que ella estaba sosteniendo.
—Aquí, la hija que todavía es una bebé, ¿por qué no la tienes?
Acurruqué a Alex en mis brazos. Era tan hermosa como su hermana, con los mismos ojos verdes pero el cabello oscuro. Parecía que tendría el precioso cabello de Chica Reed cuando creciera.
—Tú nunca crecerás y dejarás a papi, ¿no, ángel?
—Papi —susurró, descansando su cabeza contra mi hombro. Pobrecita, estaba cansada. Había tenido un par de días extraños, volando con nosotros y su hermana que se estaba mudando a los dormitorios. Ella no tenía mucha idea de lo que estaba pasando, pero habíamos tenido que traerla. No confiaba en que Ethan se quedara con ella, incluso aunque era un buen hermano mayor a sus dieciséis.
—Eso es, ángel. Tú te quedarás con papi. Siempre.
Miré a Dani reírse con una de sus nuevas compañeras de cuarto. Ellas rápidamente ya eran amigas, emocionadas como el infierno por empezar su aventura universitaria lejos de sus padres, que no habían hecho nada más que amarlas y protegerlas. Esto apestaba, mucho.
Chica Reed enderezó el edredón granate que habían elegido. Juraba que la jodida cama era más pequeña que la cuna de Alex, pero estaba un poco agradecido por eso. No había forma de que algún chico entrara en esa cama con ella. Ellos tendrían que ir a su… Joder. Ese era otro pensamiento que no necesitaba tener.
Chica Reed me devolvió mi teléfono. Leí el mensaje que ella envió, ordenándole a Emmett que ignorara al idiota del padre sobreprotector. Grosero. Aunque él ya lo sabía. Las gemelas tenían dieciséis y captaban la atención de cada chico en su escuela y alrededores. Em estaba perdiendo su cabello. Era fantástico.
—Ella está lista —dijo Chica Reed, acercándose para acariciar el cabello suave de Alex. Ella estaba durmiendo en mi hombro, encajaba perfectamente justo como Dani lo había hecho una vez. ¿Por qué mierda mis hijos tenían que crecer?
—Todavía hay tiempo para mandarla a la universidad de Nueva York. —Estaba tan cerca. Podría llegar a ella rápidamente en caso de una emergencia.
Mi esposa sonrió y movió su mano hacia mi mejilla.
—Sé que te está matando. Es la cosa más difícil que tenemos que hacer como padres, dejarlos ir. Ella está aquí porque quiere ser como tú, Campeón. Ella quiere ser la próxima gran atleta Cullen de la Universidad de Florida. Sabes que quieres esto para ella.
Bueno, por supuesto que sí. Mi niña obtuvo una beca atlética en nuestra alma mater. No la tomamos, para que otro chico que la necesitara más pudiera usarla, pero ella se ganó esa mierda. Era maravilloso. Y era un honor que ella quisiera ir a la misma universidad que nosotros y hacer que el nombre Cullen significara algo aquí otra vez. Solo que estaba tan jodidamente lejos.
—Tal vez deba retirarme este año.
Chica Reed se rio.
—Esa es otra cosa para la que no estás preparado, Campeón. Acordamos que veríamos cómo te sientes después de esta temporada. E incluso si te retiras ahora, ¿estás diciendo que desarraigaríamos a los chicos para mudarnos aquí?
Sí. No. Maldita sea. Ellos tenían vidas y amigos a los que no querrían renunciar. Equipos y maestros, chicas, juegos y conciertos; la vida era ajetreada y buena. No podría pedirles que nos mudáramos solo para que pudiera aferrarme a Dani un poco más. Sabía eso. Solo que apestaba.
—Bien. Pero no sé por qué no podemos comprar esa casa, solo para cuando vengamos de visita y esas mierdas. No quiero quedarme con Emmett o mis padres.
Ella se rio.
—Hablaremos sobre eso. Más tarde. Por ahora, dile adiós a tu hija. Tenemos que dejar que lo haga.
No. De ninguna manera.
—Pensé que primero podríamos dar un paseo por el centro estudiantil, comprarle algunas cosas y tal vez almorzar.
—Pensaste que pasearías por el campus con ella, mostrándole a todos quién es su padre y alejándolos con la mirada.
Demonios, mi mujer me conocía muy bien.
—No entiendo por qué las personas no deberían saber quién es su papá. Ella tiene nuestro apellido después de todo.
—Y será ella quien les diga que su papá es Edward Cullen, si ella quiere. Tiene que hacerse un nombre por sí misma. Sin ti.
Joder.
—Demonios, Bella.
—Lo sé. —Ella se acercó a mí, descansando su cabeza en el hombro en el que no estaba Alex—. Ella siempre nos tendrá. Y tu hermano y tus padres están a menos de quince minutos de ella. Tiene apoyo aquí, Campeón.
Sí, mis padres habían decidido regresar repentinamente a Florida varios meses antes, en lugar de quedarse con nosotros para la que podría ser mi temporada final en el fútbol. Estaba honestamente emocionado por eso. Tendría que comprarles un buen regalo, porque sabía que ellos querían estar cerca de Dani.
—Nos iremos, cariño —la llamó Chica Reed.
Dani dejó de hablar con su amiga, finalmente recordando que sus padres estaban aquí y que nos iríamos y no nos vería por meses. Está bien, planeaba pasar por aquí cuando jugara en Atlanta el mes siguiente. Y en mi semana libre. Y ella iría a casa para Acción de Gracias y Navidad. Pero incluso así, semanas separado de ellas sería mucho tiempo.
Nuestra hija se acercó a nosotros, empujando su largo cabello hacia atrás y quitándoselo de la cara. Joder. Realmente quería dar ese paseo con ella y que nos vieran, porque los chicos estarían sobre ella en el minuto en que me fuera.
—Gracias por todo, mamá. —Ella envolvió sus brazos alrededor de Chica Reed. Ellas dos juntas siempre me hacían sonreír. Dani era mucho más alta que su madre, pero eran muy parecidas, más como hermanas que como madre e hija.
—Me llamarás al menos una vez por semana —ordenó Chica Reed limpiándose algunas lágrimas mientras se alejaba. Al menos yo no era el único que sentía que iba a llorar.
Dani se rio.
—Más que eso, mamá. Sabes que lo haré.
—Eso espero —murmuró.
Dani se inclinó y besó la mejilla de su hermana que dormía.
—Sé una buena niña, Alex. Mantén a papá a raya.
Chica Reed se rio mientras sacaba un Kleenex de su bolso.
—Dios sabe que necesito toda la ayuda que se puede para eso.
—¡Oye! No soy tan malo.
—Si pudieras nos meterías a ambas en una burbuja y nos encerrarías en esa torre que mamá no te dejó construir —me recordó Dani, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura y apoyándose en mí justo como hacía Chica Reed.
La empujé contra mí con mi brazo libre y la sostuve tan fuerte como pude.
—Solo las quiero conmigo, sanas y salvas.
—Lo estaré, papá. Te llamaré tanto que no te darás cuenta que no estoy ahí.
Bien. Dejé escapar algo mitad risa mitad sonido de queja.
—Lo notaré, niña.
—Lo sé. Te extrañaré. Pero haré que te sientas orgulloso de mí.
Joder. Tomé una respiración profunda y la sostuve más cerca.
—Estoy tan orgulloso de ti, bebé. No podría estar más orgulloso. Patearás traseros en el vóley y harás que todos se olviden del otro Cullen que solía jugar aquí.
Ella se rio, sonriendo hacia mí a través de sus ojos llenos de lágrimas.
—Creo que tu jersey colgado en el estadio se asegurará de que ese no sea el caso, pero me aseguraré de que ellos no se olviden de ninguno de nosotros.
—Esa es mi niña.
Ella se acurrucó incluso más contra mí.
—Siempre, papi.
Besé la parte superior de su cabeza y ella besó mi mejilla.
—Gracias por todo, papi. Estoy lista.
—Sé que lo estás. Yo no lo estoy, pero tú sí. Patea algunos traseros aquí, niña.
—Lo haré.
Ella abrazó a su mamá y a mí otra vez. Chica Reed tomó mi mano y me jaló hacia la puerta.
—Llama si necesitas algo. Tienes la tarjeta de crédito en caso de emergencias, lo que no incluye tener ninguna cerveza en ese mini-refrigerador.
Dani se rio de mí.
—Lo sé, papá. No compraré ninguna cerveza. —Ella le sonrió a su mamá—. Además los chicos harán eso por mí.
Chica Reed la abrazó otra vez.
—Eso está bien, bebé. Haz que los chicos compren el alcohol.
—¡Y no tomes nada de él! —ordené.
—Seguro, papá. Justo como tú no lo hiciste.
Maldito infierno.
—Yo no bebía durante la temporada. —Demasiado.
Me encontré con la misma mirada incrédula de parte de mis dos chicas.
—¿Qué? La preparación física es importante.
—Estoy en forma, papi.
No quería pensar en eso.
—Solo sé buena.
—Lo seré. Te amo. Diles a Ethan y a AJ que los llamaré pronto.
Obtuve otro beso y otro abrazo y después Chica Reed me sacó por la puerta. No sabía cómo logré mantener mi mierda junta hasta que acomodamos a Alex en su asiento del auto. Una mirada al rostro triste de mi esposa y colapsé, sosteniéndola mientras lloraba y, sí, dejando escapar una o dos lágrimas. Dejar ir a mi hija, incluso para que empezara su vida, fue demasiado para mí.
—Ella lo hará bien —dijo Chica Reed eventualmente—. Criamos a una chica inteligente, fuerte, autosuficiente. Ella se divertirá y será increíble en la cancha.
—Lo sé. Solo desearía que no tuviese que estar tan lejos.
—Es solo algunas horas en avión. La veremos mucho.
—No lo suficiente. —Nunca será suficiente para mí.
—Lo sé. —Chica Reed me soltó y limpió sus lágrimas—. Vamos, Campeón. Tenemos un avión que tomar y chicos con los que volver. Nuestra casa está lejos de estar vacía, por suerte.
Y estaba agradecido por eso. No sabía qué haría en dieciséis años, cuando Alex estuviese lista para empezar la universidad. No quería ni pensar en eso. Todavía teníamos una casa llena, solo un poquito menos llena de lo que me gustaría.
—Vamos a casa.
Casa. Sí, teníamos que ir a casa, incluso si una gran parte de ella ya no estaba. Mi Dani estaría muy bien aquí, pero yo no estaría tan bien sin ella. Ya la extrañaba. Que los chicos crecieran apestaba.
Encendí el auto, mirando a mi hija menor durmiendo en su asiento para el auto.
—Nunca crezcas, ángel.
Salí de nuestro lugar en el estacionamiento, mis ojos en Alex y en el edificio donde dejamos a Dani.
—Tal vez deberíamos tener otro bebé.
Eso me hizo ganarme un golpe en el brazo.
—No empieces con el síndrome del nido vacío, Cullen. No podemos reemplazar a Dani con otro bebé.
—No estoy tratando de hacer eso, exactamente. Solo…
—Lo sé —dijo ella, entrelazando sus dedos con los míos—. Pero incluso si tenemos otro, ese también crecerá y nos dejará. No podemos aferrarnos a ellos para siempre.
Pero quería hacerlo.
—Esto apesta.
—Lo hace. Pero me tienes, Campeón. Estás atrapado conmigo para siempre.
Llevé su mano a mis labios y la besé.
—Estoy agradecido por eso cada día.
—Este lugar nos unió. También traerá buenas cosas para nuestra hija.
Eso esperaba también. Dani se merecía lo que nosotros teníamos. Tal vez cuando ella estuviera en último año podría encontrar a su Chica Reed. O en la escuela de postgrado. Sí, eso sería mejor. Ella tenía mucho tiempo.
XoxoxoxoxoX
POV Dani
—¿Necesitas ayuda con eso?
Puse los ojos en blanco cuando fui interrumpida por vigésima vez desde que había llegado al gimnasio hacía una hora. Era ridículo. Siempre había escuchado que Strozier Library era el lugar para conocer miembros del sexo opuesto, pero claramente no era el único. En un día normal, probablemente estaría bastante emocionada por la atención, pero no cuando estaba aquí sudando y tratando de ponerme en forma. Estaba tan cansada de esto.
—¿Parece que necesito ayuda? —pregunté, levantando una ceja en una imitación de la mejor mirada de perra de mamá.
—Parece que podrías usar una mano. Yo tengo dos, esperando por ti. —Las levantó, como si la vista de ellas me haría querer atacarlo en el medio del gimnasio.
Me reí.
—¿Esa línea realmente te funciona? —Tenía que admitirlo, él era un poco lindo en la forma típica de chico de fraternidad. Cabello rubio, ojos azules, gorra hacia atrás obligatoria, pantalones cortos de básquetbol, musculosa. Si él hubiera esperado para hacer un movimiento en mí después de que hubiera terminado mis repeticiones, podría haberle dado una oportunidad.
—La mayoría del tiempo. —Me lanzó una cegadora sonrisa blanca—. Soy Jim.
—Y yo estoy haciendo ejercicio. Intenta tu línea en esa chica de allá. Ella parece que podría necesitar un poco de ayuda. —La chica estaba luchando para descubrir cómo cambiar el peso para algunos levantamientos de piernas. Y por el aspecto de su atuendo, ella no estaba aquí para entrenar, a menos que estuviéramos hablando de desnudos. ¿Quién demonios podía hacer ejercicio con pantalones cortos que se subían en su trasero y con sus pechos colgando de su sostén deportivo?
—Tu pérdida, nena. Pero gracias por el consejo. —Y se había ido a hablar con la señorita atuendo inapropiado.
Y ahora estaba feliz de no haberme molestado en darle mi nombre. No iba a ser alguna chica que él olvidara al día siguiente. Papá me había dado muchos consejos a lo largo de los años, y pensaba que ese era el mejor que me había dicho. Había esperado para entregarme a David, mi novio por la mayor parte de mi último año. Lo había amado. Tal vez no el amor de para siempre que mamá y papá tenían, pero lo había amado y había valido la pena la espera. Puede que no estuviera enamorada del siguiente chico con el que durmiera, pero tendría que ser más que el próximo cuerpo dispuesto en el gimnasio. No gracias.
Terminé mi entrenamiento con aproximadamente cinco interrupciones más, y había tenido suficiente para cuando finalicé. Necesitaba mantenerme en forma para vóley, y ser interrumpida cada pocos minutos por chicos de fraternidad cachondos no iba a impedirlo.
Tío Emmett, ¿sería posible que usara el gimnasio de fútbol? Puedo ir muy temprano así no molestaría en el tiempo de los jugadores.
Me duché, y mi teléfono tenía un mensaje esperando cuando terminé.
¿Qué tiene de malo el gimnasio de estudiantes?
No tenía nada de malo, si estaba buscando conseguir una enfermedad de transmisión sexual en lugar de algunos abdominales.
Soy avanzada cada pocos minutos, lo que hace que entrenar sea un poco difícil. ¿Por favor, tío Em? Saldré antes de que los chicos lleguen ahí.
Agarré mi mochila del gimnasio y me dirigí de regreso al dormitorio. Mi compañera de cuarto, Bree, me iba a encontrar ahí para cenar después que terminara con sus clases.
Ja, ja, ja. Tu padre está teniendo un ataque en este momento. Va a tener un aneurisma, lo juro.
Sacudí la cabeza. Claro que el tío Emmett le dijo. Mi teléfono comenzó a sonar inmediatamente.
—Hola, papi.
—¿Qué es eso de ti siendo avanzada en el gimnasio? Voy a llamar a quien sea que esté a cargo y pedir su política sobre acoso sexual.
Mi padre era tan confiable como el sol. Lo puse en altavoz cuando entré a mi habitación.
—Nadie me estaba acosando, papá. Hay una diferencia entre ser avanzada y ser acosada. Si fuera acosada, les patearía el trasero yo misma.
Soltó un largo suspiro.
—Creo que debería contratarte un guardaespaldas.
Y eso también era predecible. Solo había estado aquí dos semanas, y papá ya había intentado contratarme un guardaespaldas barra cargador de libros tres veces.
—No necesito un guardaespaldas, papá. Solo necesito un lugar para entrenar en paz. Es por eso que le pregunté al tío Em si podía usar las instalaciones de fútbol. Iré temprano, así puedo ejercitarme sola.
Muchas gracias, tío Em. Papá está tratando de contratarme un guardaespaldas porque un chico me habló. ¿Puedo usar tu gimnasio o no?
—¿Sola? No lo creo. Emmett te puede encontrar ahí en la mañana, asegurarse de que estés a salvo.
No había esperado nada menos. Y tío Em iba a trabajar temprano de todas formas, para estudiar el video del partido. Eso debería estar bien.
Estoy en mi oficina a las cinco. Pasa por ahí, y te dejaré entrar.
—Acaba de decir que estaría ahí y me dejaría entrar. No tienes nada de qué preocuparte, papi. —Sí, añadí el papi porque sabía que lo haría hacer mi voluntad. Había aprendido un montón a lo largo de los años.
—Como el infierno que no. Entonces, ¿qué has estado haciendo? ¿Cómo van las clases?
Me reí y acomodé en mi cama, contándole sobre mis clases y los amigos que había hecho. Había ido a dos fiestas, y habían sido divertidas, pero emborracharme no era realmente lo mío. Aun así, tenía que tener un poco de diversión con mi preocupón papá.
—Me tengo que preparar para esta fiesta de fraternidad a la que vamos a ir esta noche. Te llamaré en unos días. —Esperé por esto.
—¿Fiesta de fraternidad? ¿Una noche de martes? ¿No deberías estar estudiando? Tienes que levantarte temprano para ejercitarte, ¿verdad?
Su voz se estaba volviendo progresivamente más alta. Eso me mató de risa.
—Oh, probablemente no iré a dormir, papá. Dejaré de beber a las dos, me pondré sobria, iré al gimnasio, y después volveré a casa y dormiré. Las clases no son tan importantes.
Hubo una larga pausa antes de que se riera.
—Me tuviste hasta que dijiste que te saltarías las clases. Fui un estudiante atleta, nena. Sé que perderse clases equivale a perderse juegos, lo que ninguno de los dos puede soportar.
Eso era verdad. Me parecía mucho a él cuando se trataba de mi ética de trabajo. Quería ser la mejor. Si tenía que perderme algunas fiestas así podía estar lista para la práctica, entonces que así fuera. Iría de fiesta después que terminara la temporada.
—Me pillaste, papá. Voy a ir a cenar con Bree, después regresaré a terminar un trabajo y a dormir. Tengo que encontrar al tío Emmett muy temprano.
—Eso está mejor, bebé —suspiró—. Tengo que regresar a la práctica. Sé buena.
—Lo seré, papi. Te quiero.
—También te quiero. Te extraño.
Sentí mis ojos picar por las lágrimas. Me encantaba la universidad, realmente lo hacía. Pero extrañaba a mi familia.
—También te extraño.
—Mejor lo haces. Estaré ahí en un par de semanas.
Me reí.
—No puedo esperar. —Era verdad. No podía esperar para verlo.
—Yo tampoco. Hablamos pronto, niña.
—Adiós, papá.
XoxoxoxoxoX
Esto me gustaba más. El equipamiento era aún más moderno que el que estaba en el gimnasio de estudiantes. No que eso fuera algo sorprendente. El equipo de fútbol tenía todo. Pero ahora, también yo lo hacía, gracias al tío Emmett.
Hice sentadillas antes de moverme a hacer algunas dominadas. Regresé a las piernas, haciendo ejercicios con mancuernas, y después regresé a los brazos, haciendo fuerza en banco. Hice un poco de trabajo en los deltoides y después agarré una cuerda de saltar. Siempre terminaba mis entrenamientos de esta forma, saltando la cuerda por al menos diez minutos. Después saltaría las escaleras cuando regresara al dormitorio, trabajando en mi vertical y balance.
Llevaba cinco minutos de saltar, la música resonando a través de mis auriculares, cuando sentí algo detrás de mí. Me giré, saltando la cuerda todo el tiempo, y tropecé cuando mis ojos se posaron en la persona en el gimnasio conmigo. Santa mierda
Tanner Hunt, quarterback titular de los Florida State Seminoles. Era un junior, y nos tenía invictos tres partidos en la temporada. Él tenía todo un brazo. Papá pensaba que podía ganar un Heisman, y papá debería saberlo.
Él también era caliente. Como, épicamente, súper caliente.
Estaba apoyado en la pared, su cabello castaño claro caía sobre sus ojos azules brillantes. Usaba una musculosa negra y pantalones cortos de FSU rojos, y su cuerpo bronceado y en forma era simplemente magnífico. Lo había admirado más de una vez cuando papá ponía los juegos. Él era aún mejor en persona.
Él estaba diciendo algo, pero por supuesto yo no podía escucharlo. Apagué la música y me saqué los auriculares de las orejas.
—Lo siento, ¿qué?
Él sonrió.
—Dije que esta es una primera vez.
Bueno, sí. Él probablemente no encontraba muchas mujeres en este gimnasio.
—Uh sí, bueno yo necesitaba...
—Tengo que decir, bastantes chicas se han salido de su camino para conocerme, pero tú te saliste por completo, ¿verdad?
¿Qué? ¿Pensaba que estaba aquí porque lo quería a él?
—¿Crees que estoy aquí por ti?
Su sonrisa se pronunció aún más. ¿Lo había encontrado atractivo hacía un minuto? Claramente mi vista estaba dañada.
—¿Por qué más estarías aquí? —Dobló sus... sí, mierda, todavía sexy brazos—. Tengo que admitirlo, conseguiste mi atención. —Sus ojos se movieron por mi cuerpo, y sentí un pequeño tirón en mi vientre.
Mierda, ¿qué estaba mal conmigo? Sí, era caliente, pero también era un idiota vanidoso. No iba a dejar que me afectara.
—Que suerte la mía. Que mal que no estaba buscando eso.
Sonrió, apartándose de la pared y caminando hacia mí.
—Vamos, nena. Puedes admitirlo. No diré que irrumpiste aquí para conocerme. Como dije, estoy halagado.
Seguro que lo estaba. Él pensaba que yo era alguna botinera desesperada que acechaba el gimnasio por él. Como si tuviera que rebajarme a perseguir a algún deportista. Aun así, podía jugar un poco con él. No de la forma que él quería. No de la forma que una pequeña parte de mí quería hacerlo. Él no valía la pena.
—¿Lo estás? —pregunté en voz baja, estirando la mano para pasar mis dedos por su antebrazo. Los músculos se apretaron un poco bajo mi toque, y sentí ese tirón y me olvidé de lo que estaba haciendo, hasta que vi la mirada triunfante en su cara.
—Claro. Incluso estaría dispuesto a ayudarte a escabullirte sin que te atrapen, siempre y cuando me dejes llevarte a algún lugar privado, donde podamos llegar a conocernos un poco mejor.
Contuve una risa. Ambos sabíamos que si él me tenía a solas, la última cosa que querría hacer era aprender sobre mí, a menos que fuera cómo me veía desnuda.
—Eso suena muy tentador, pero tengo una pregunta.
—Dispara, nena. —Movió sus dedos sobre mi mano en su brazo. Me estremecí un poco ante su toque, pero iba a ignorar eso por ahora.
—¿Quién eres? Quiero decir, ¿se supone que lo sepa? Porque vine aquí a hacer ejercicio.
Su cara cayó cómicamente, y dio un paso hacia atrás, mirándome fijamente.
—Sabes quién soy.
—No. De verdad no lo sé. —Mantuve mi cara perfectamente seria. El descaro de este tipo, pensando que todas las chicas en el campus sabían quién era y lo querían. Quería decir, lo hacía, pero seguro como el infierno que no le iba a decir eso.
—Soy Tanner. Tanner Hunt.
Me mordí el labio y le di un pequeño encogimiento de hombros.
—El quarterback.
—Oh. ¿Juegas al fútbol? —Me hice sonar como una cabeza hueca, incluso enrosqué mi cabello alrededor de mi dedo—. Eso es genial, supongo.
Sus magníficos ojos se entrecerraron en mi dirección.
—¿Supones? Cariño, no pretendas que no estás impresionada. Soy el mejor quarterback que esta escuela haya visto.
Como el infierno que lo era. Bufé ante eso.
—Estoy bastante segura que eso no es cierto.
—Bueno, lo es. Ninguno de los otros es capaz de igualar mi desempeño.
Ahora estaba furiosa.
—Ward, Weinke, Winston, y Cullen todos ganaron Heismans para esta escuela. Cullen ganó dos. ¿Tú has ganado alguno?
—Si sabes quiénes son ellos, ¿cómo no sabes quién soy? —demandó.
Ups. Había dejado que mi temperamento sacara lo mejor de mí.
—Me aseguro de saber quiénes son los verdaderos ganadores. Aprenderé tu nombre cuando y si te unes a ellos, aunque dudo que puedas. —Él no podía acercarse a ser tan bueno como era mi papá.
—Como si supieras algo de fútbol.
Me quería reír de eso. Había sido criada en el fútbol. Probablemente sabía cómo examinar un video mejor que él.
—Sé lo suficiente para saber que arriesgaste a tu receptor, por eso tiraste ese pick six en el segundo cuarto la semana pasada.
Su mirada podría haber derretido un iceberg.
—¿Quién eres?
Me encogí de hombros.
—Nadie importante.
Se rio.
—Eso es correcto. Recuérdalo. Yo soy el más importante en este campus. Tú no eres nadie.
¡Ugh! Era exasperante.
—Tienes que saber que yo soy...
—¡Hunt! ¿Qué demonios estás haciendo aquí tan temprano? Aléjate de mi sobrina.
Ambos nos giramos, y de alguna forma habíamos estado parados tan cerca que mi cabello rozó su hombro. No me había dado cuenta que estábamos tan cerca el uno del otro.
—¿Su sobrina? —preguntó, mirándome de nuevo.
—Sí, mi sobrina. La más nueva y más increíble miembro del equipo de vóley. Y tendré que patearte el trasero si no te alejas de ella. Mi hermano me encargó la tarea de asegurarme que ningún imbécil ponga sus manos en ella, ya que él está en Jersey jugando al fútbol y no puede estar aquí, y voy a cumplir mi promesa. Desde ahora en adelante, no vas a poner un pie en este lugar hasta después de las siete. ¿Lo entendiste?
—¿Tu papá es Edward Cullen? —preguntó, su mandíbula abriéndose cuando se dio cuenta con quién había estado hablando.
—Sí. Y tú solo puedes esperar algún día ser una décima parte de lo buen jugador que él es.
Tomé mi iPod y agarré mi mochila del gimnasio.
—Gracias, tío Em. Aprecié el silencio.
Él miró entre Tanner y yo.
—Él no te molestó, ¿verdad?
Me reí.
—Oh, no. Él llegó justo cuando estaba terminando. Apenas lo noté. —Miré en la dirección de Tanner con una sonrisa—. Él no es nadie importante.
El tío Emmett miró entre nosotros antes de encogerse de hombros.
—Está bien. Voy a regresar a mi oficina. ¿Te vas a casa?
—Sí. Saldré en un segundo. Gracias por prestarme el gimnasio, tío Em.
—Cualquier cosa que necesites, monita. —Me despeinó el cabello y después miró a Tanner—. Ve a entrenar, Hunt.
—Claro, entrenador.
El tío Emmett se fue, y yo comencé a seguirlo pero me detuve cuando sentí una mano en mi brazo. Traté de ignorar el hormigueo que todavía sentía ante su toque. Él era un imbécil. Yo no estaba atraída por él, no importaba lo guapo que fuera.
—Edward Cullen es tu papá —dijo de nuevo.
—Sí —le sonreí—. Así que tu supuesta destreza futbolística no me impresiona. Mi papá es el mejor.
Se pasó una mano por el cabello.
—No quise insultarlo o lo que sea. Solo estaba...
Levanté una ceja.
—Sé lo que estabas haciendo. No te preocupes. Me tengo que ir. —Tenía una clase en una hora.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó mientras me alejaba.
Le lancé una sonrisa sobre mi hombro.
—Si es lo suficientemente importante para ti saberlo, lo averiguarás.
Se estremeció un poco ante mi uso de la palabra importante, justo como había esperado que hiciera.
—Lo haré.
—Entonces te veré después, tal vez.
Y me fui sin otra palabra. Podía sentir sus ojos en mí mientras me alejaba, y eso me dio un poco de emoción. Tan pronto como salí del gimnasio, apreté el marcado rápido en mi teléfono.
—Hola.
—Mamá. Tengo que contarte de este idiota que acabo de conocer. ¡Él tiene un ego del tamaño de Texas, lo juro!
Su cálida risa llenó la línea.
—Suena familiar. Cuéntame sobre él.
Así que lo hice. Sus risas y exclamaciones me hicieron sonreír mientras le contaba sobre su ego, lo sexy que era y todo.
—No podía decidir si quería golpearlo o si quería besarlo.
Ella se rio de nuevo.
—He estado ahí, cariño. Él suena igual a tu padre hace veinte años.
De ninguna manera.
—Papi no puede haber sido tan idiota.
—Oh sí, podía. Has escuchado parte de la historia, pero ahora eres lo suficientemente grande para escuchar la versión sin editar. Déjame contarte de cuando nos conocimos...
Y ahora sí llegamos al final...
Esperamos que les haya gustado y que estén felices de poder terminar de leer esta historia.
Gracias a la autora por permitir la traducción de esta historia y a FungysCullen13 por pensar en nosotras para terminar el trabajo que ella comenzó.
Gracias a las traductoras y las betas que hicieron el trabajo para que pudiéramos traerles el final de esta historia.
¡Gracias a todas por leer!
¡Esperamos que nos sigan en nuestras otras historias!
