NA: Para este capítulo es necesario leer primero mi parte y luego la de Mad.

Gracias a toda la gente que ha apoyado esta colaboración de corazón, y gracias a Mad por ser tan genial en el proceso. This is going to be darkkkkk!


Capítulo 1: Una muerte anunciada.


Había pasado poco más de un año y medio desde que trató de convencer a Andrómeda de que diera a ese niño en adopción. Ahora lo habían dejado a su cargo mientras los demás iban en busca de provisiones. Harry había intentado negarse en rotundo, pero no le dejaron otra alternativa al salir por la puerta y dejar al niño con él.

Teniendo que conformarse con la situación, aprovechó la ocasión para esparcir todas sus notas secretas sobre la mesa de la cocina. Todavía no se había resignado a creer que estaba muerta, y tampoco pensaba que fuera a hacerlo en algún momento. Iba a encontrarla como fuera, aunque tuviera que pasar una eternidad hasta dar con ella. No le importaba en absoluto, lo único que quería era volver a estrecharla con fuerza entre sus brazos.

El recuerdo de la chica hizo que Harry sintiera de repente la urgente necesidad de un té. Necesitaba la reconfortante sensación de algo caliente bajando por su garganta, y aunque podría haberlo preparado con un simple movimiento de varita, hacer cosas con sus propias manos le ayudaba a pensar con claridad. El niño lo siguió mientras se movía por la cocina, como hacía siempre que él estaba cerca.

Decidió ignorarlo, tomando su taza favorita y poniendo a hervir algo de agua. ¿Dónde estaría? ¿Habría pasado por alto algún detalle y por eso no lograba encontrarla?

Las mismas preguntas de siempre se agolparon de nuevo en su cabeza al mismo tiempo que la tetera silbaba y él vertía su humeante contenido en la taza en la que previamente había puesto un sobrecito de té verde. Su mirada y la del niño se cruzaron un momento mientras le daba un pequeño sorbo a su bebida. Aquellos grandes ojos verdes bajo sus pestañas infinitas lo observaban con curiosidad mientras inflaba sus pringosos mofletes de aire. Harry hizo una mueca de desaprobación. Hermione se había empeñado en darle una piruleta al crío, sí, pero luego no se había molestado en limpiarle la cara cuando terminó. El chico resopló, dejando su taza caliente en la encimera y cogiendo un trapo que había por ahí encima para humedecerlo con agua del fregadero. Acto seguido se arrodilló frente al niño y limpió su cara, provocando que el aire de sus mofletes saliera con sonoridad al presionar sobre ellos.

Harry se irguió, arrojó el trapo donde estaba y volvió a tomar su taza mientras caminaba hasta la mesa. El niño siguió sus pasos, naturalmente, pero él ya había empezado a repasar cada nota con atención. Había rastreado buena parte de Londres y todavía no había encontrado ni una pista de su paradero, así que trató de poner todo su esmero en pensar cuál sería su próximo movimiento.

Le estaba dando el último sorbo a su té cuando una palabra rompió el silencio de la habitación, y con ella la profunda concentración en la que se había sumido.

—¡Haddy!

Harry se volteó hacia el niño con los ojos muy abiertos. ¿Había sido producto de su imaginación o el pequeño había dicho su primera palabra? Este se había metido el puño en la boca, pero pronto lo volvió a sacar para señalarlo con dedos llenos de saliva y repetir:

»¡Haddy!

El chico se arrodilló de nuevo frente a él, esta vez para apartarle un mechón de pelo de la cara.

—¿He sido tu primera palabra, Ronnie? —no recordaba haber pronunciado aquel nombre en voz alta en todo ese tiempo, pero sí había estado de acuerdo en llamarlo así cuando se hizo una votación entre los miembros de la Orden. La ejecución de los Weasley todavía era reciente entonces, así que no fue una sorpresa que llamarlo así en homenaje a Ron tuviera la completa unanimidad de los votos.

Harry contuvo un suspiro en el pecho. Todavía tenía pesadillas con esa macabra escena que había visto con sus propios ojos, y lo peor era que siempre tenía presente que él podía ser el siguiente. El modus operandi de los mortífagos se había vuelto mucho más sangriento. No tenían piedad con nadie y arrasaban todo por donde pasaban… tal vez por eso se había mostrado reticente a tener relación con el niño, porque sabía que en cualquier momento podrían capturarlo y acabar con él de la forma más espantosa posible. Sin embargo, Ronnie parecía haber creado un lazo bastante fuerte con él a pesar de sus constantes intentos por mantenerse distante. Él todavía podía no ser consciente, pero Harry estaba convencido de que terminaría sufriendo si un día lo viera salir por la puerta para no volver nunca.

Estaba a punto de decidirse a darle un beso en la coronilla cuando empezó a escuchar barullo fuera de la cocina. Cogió su varita rápidamente e hizo los movimientos oportunos para volver a apilar sus notas y guardarlas dentro de su mochila. Una alterada Hermione entró en la cocina justo después, empujando la puerta con tanta fuerza que provocó que impactara en la pared con un ruido sordo.

—Harry —dijo con urgencia, su respiración entrecortada debido al sofoco.

—¿Qué ocurre?

—Nos ha llegado la noticia de que van a lapidar a los padres de alguien contrario al régimen —logró balbucear—. Tengo que ir, Harry tengo que ir.

Andrómeda entró en la cocina en ese momento, tomando al niño y cargándolo de manera protectora contra su pecho.

—Matan a gente todos los días —dijo él, apoyándose en la mesa y cruzándose de brazos.

—Estoy convencida de que se trata de alguien cercano a alguno de los miembros más jóvenes de la Orden —intervino la mujer—. Ya sabes que pocas son las veces en las que me falla la intuición.

Harry se percató de la mirada llena de angustia que le dedicó Andrómeda a Hermione cuando esta no miraba. Su evidente preocupación e inquietud fueron suficientes para convencer al chico de que era importante que asistieran a ese evento… fuera como fuera, porque le veía una pequeña pega al plan.

—¿Cómo haremos para que no nos descubran? Ya sabes que agotamos las reservas de poción multijugos y todavía no disponemos de recursos suficientes para elaborar más.

Su amiga, que no había parado de ir de un lado a otro de la cocina con nerviosismo, por fin paró quieta para mirarlo con intensidad.

—En ningún momento te he pedido que vengas.

—Pero…

—Iré sola —espetó, interrumpiéndolo.

—De eso nada.

Hermione estuvo a punto de protestar, pero Andrómeda habló primero.

—Creo que será conveniente que Harry te acompañe, no sabes lo que te puedes encontrar una vez allí.

Hermione sopesó las palabras de la mujer durante unos segundos y, finalmente, ambos se miraron con un atisbo de esa complicidad que solían compartir años atrás, en Hogwarts. La chica se acercó, tomando su mano con entereza, y de repente ambos estuvieron en Hogsmeade. A juzgar por lo concurrida que estaba la zona, no se habían aparecido muy lejos de la plaza donde se llevaría a cabo el crimen.

Harry y Hermione se unieron a la multitud y ajustaron las capuchas de sus capas para asegurarse de que nadie podía ver sus rostros. Se estaban jugando el pellejo a cada segundo, así que ninguno bajó la guardia ni un instante mientras esperaban a que el macabro acontecimiento comenzara. La gente había empezado a agolparse a su alrededor con la llegada de los sentenciados junto a sus verdugos. Hermione se asomó un poco para ver entre la gente, pudiendo apreciar hasta el temblor de aquellas dos personas al encontrarse de espectadora en las primeras filas. El hombre y la mujer, ambos con dos sacos de tela en la cabeza y anudados fuertemente al cuello, habían sido obligados a clavar las rodillas en el frío suelo de la plaza.

—¿Los reconoces? —preguntó Harry en voz baja.

—No estoy segura —respondió ella con un hilo de voz.

El leve murmullo de la multitud terminó de aplacarse por completo cuando uno de los hombres de negro levantó la voz, impetuoso y enérgico.

—¡Sean bienvenidos a un nuevo sacrificio por el bien del régimen instaurado por el Señor Tenebroso! —exclamó, haciéndose oír hasta en las últimas filas—. Esta vez tenemos un par de jugosas presas gracias al excelente rastreo de un grupo de fieles a Lord Voldemort, ¡los padres de una de las personas más importantes dentro del bando terrorista contrario al régimen!

Una ola de burlas y abucheos pronto se hizo dueña del lugar. Harry y Hermione miraron a su alrededor, asegurándose de que nadie había descubierto quiénes eran y de que todavía seguían estando a salvo. Los gritos eran tan salvajes y perversos que los chicos no pudieron evitar preguntarse en qué momento los corazones de toda esa gente se habían llenado de tanto odio. ¿Estaban fingiendo para evitar ser los próximos o realmente sentían esa aversión por los que se atrevían a desafiar a Voldemort?

—¡Quemadlos! —se escuchó entre la multitud.

El mortífago que había hablado antes volvió a alzar la voz para amortiguar los gritos.

—No estaría mal, amigo mío… Pero a esta gente le tenemos preparado algo mucho mejor.

Harry pudo ver cómo con un simple movimiento de varita hizo aparecer tres cubos llenos de piedras caliza. El hombre tomó la que más sobresalía del montón y la tiró al aire un par de veces para comprobar su peso. Acto seguido, y sin previo aviso, la lanzó con todas sus fuerzas contra el estómago de la mujer que estaba de rodillas. Aquello fue tan inesperado que el escalofriante grito de la mujer sorprendió a la mayoría de los espectadores.

»Quedáis condenados a muerte por ayudar a vuestra hija terrorista a conspirar contra Lord Voldemort —sentenció, la mujer todavía doblada sobre sí misma debido al impacto de la piedra.

Los otros mortífagos rodearon a la pareja e imitaron a su compañero. Pronto, todos estuvieron apedreando a aquellas personas desde todas las direcciones posibles. Harry sintió un nudo en el estómago al presenciar la escena. Se estaban asegurando de no lanzarlas a lugares críticos para alargar el sufrimiento de los condenados, que habían empezado a echar sangre a borbotones por la boca. La gente había empezado a gritar de nuevo, tanto que ya apenas se escuchaban los lamentos del matrimonio. Y contra todo pronóstico, Hermione no pudo apartar la mirada de la lenta y angustiosa ejecución, ni siquiera cuando el mortífago a cargo dio la orden para terminar de rematarlos.

Con los golpes que habían empezado a recibir en la cabeza, los sacos que mantenían anónimas a aquellas personas empezaron a mancharse de sangre. Era una sangre oscura, casi negra. Las pedradas se alargaron unos segundos más, hasta que el matrimonio cayó inerte contra el duro suelo de la plaza. El mortífago jefe rió escandalosamente, animando a otros a acompañarlo en su regocijo total y absoluto ante tal barbarie.

Movió la varita y los hizo alzarse en el aire. Quedaron suspendidos boca abajo, como si una fuerza invisible los estuviera agarrando por los pies, uno al lado del otro. La sangre goteaba lentamente con la gravedad.

»¿Queréis descubrir de quién se tratan? —preguntó a voz en grito, provocando una lluvia de gritos entre los presentes. Otro movimiento de varita y la cuerda que mantenía los sacos atados a sus cuellos se deshizo, resbalando estos por sus cabezas y cayendo al suelo—. ¡Aquí tenéis a los padres de la famosa Hermione Granger, el cerebro de la organización terrorista contra nuestro Lord!

Un pedazo del cráneo del hombre asesinado se desprendió de su sitio y cayó al suelo, dejando al descubierto parte de sus sesos. Ambos estaban amoratados, sus rostros hinchados debido a la paliza y chorreando sangre por doquier. Unas expresiones completamente horrorizadas se habían quedado grabadas a fuego en sus caras, siguiendo ahí incluso después de muertos.

Después todo pasó muy rápido. Harry miró a su amiga con espanto, quien con manos temblorosas había empezado a desenfundar su varita. Sus ojos anegados en lágrimas, su boca entreabierta debido a la rabia. Alguien del público reparó en ella, señalándola y gritando un "¡traidora!" que provocó que la mayoría de los presentes se giraran para mirarla.

Hermione podría haber causado una masacre de proporciones bíblicas, masacre que se los habría llevado a ellos por delante de no ser porque Harry agarró su brazo con fuerza y los hizo desaparecer de inmediato. Pudo escuchar el romper en llanto de la chica antes incluso de volver a poner los pies en el suelo.

A Hermione le fallaron las fuerzas cuando llegaron a la Orden, doblándosele las rodillas e impactando contra el suelo. Un grito desgarrador salió de lo más profundo de su ser y heló el ambiente de repente. Harry se había quedado inmóvil ante su dolor, incapaz de reaccionar de otra manera.

Otro prominente grito rasgó su garganta e hizo llorar a Ronnie en la distancia.


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Cristy.