NA: ¡Hola! Debido a que algunas chicas han manifestado sentirse confusas con el orden a la hora de leer los capítulos, Mad y yo hemos decidido subirlos en días separados para evitar errores. Hacednos saber en los reviews si veis bien esta medida o si preferís que subamos los capítulos a la vez, porfi :)
Para este capítulo, primero debe leerse mi parte, y luego pasar a la de Mad :D
Capítulo 2: Premonición.
Ronnie sollozaba un poco en los brazos de Andrómeda, siendo este el único sonido que podía escucharse en toda la casa. Los integrantes de la Orden se sentaban a la mesa de la cocina en pleno y absoluto silencio… todos menos dos. La deserción de su amiga había terminado llegando, tal y como Andrómeda había predicho un tiempo atrás. Hacía un mes de su repentina marcha, que junto con la de Nott, había dejado un terrible sabor de boca a todos los que se quedaron. Aquello dolía, y dolía más de lo que hubiera podido imaginar. Ni una nota, ni una despedida… no había quedado nada, tan solo un par de habitaciones llenas de cosas, un par de habitaciones sin alma y completamente vacías.
Todo aquello era tan frustrante que Harry no podía evitar maldecir una y otra vez el día en el que todo cambió. El ascenso de Voldemort había sido completamente inesperado para todos, dando un golpe de estado y asumiendo el poder tras el asesinato a sangre fría de las dos personas más poderosas e influyentes de la sociedad, Dumbledore y el Ministro de magia. El mundo mágico se había visto envuelto de repente en aquella guerra absurda y sangrienta, cuyo único y primordial objetivo era aniquilar a todos los miembros de la Orden para asegurarse la continuidad de su régimen. Harry suspiró. Lo estaba haciendo lo mejor que podía, pero saber que Hermione ya no creía en él era un golpe bajo a sus emociones.
Alguien apareció en ese momento de la nada, sacando a todos los allí presentes de su estupor. Tonks presionaba una mano contra su abultado vientre mientras la otra se apoyaba en la mesa con tal brusquedad que por poco hizo que perdiera el equilibrio. Andrómeda dejó escapar un grito ahogado al verla, levantándose de la silla con violencia y provocando que Ronnie se moviera incómodo en su regazo.
—¡Hija! ¡Sabes que no debes aparecerte en tu estado!
—Están atacando la base de Seamus —la interrumpió con apremio, casi sin aliento—. Son muchos, están por todas partes.
Neville se levantó rápidamente y se acercó a ella para ponerle una tranquilizadora mano en el hombro, pero ella hizo un gesto para librarse.
»¡No! —gritó, envolviendo su cuerpo con los brazos de manera protectora—. Debéis iros, debéis ir ya. Hay sangre. Hay cadáveres. ¡No hay tiempo que perder! ¡Los están matando!
Andrómeda se dirigió hacia donde estaba su hija mientras los demás empezaban a desaparecerse casi con urgencia. Con sumo cuidado y delicadeza, depositó a Ronnie en sus brazos y, en un momento que se sintió realmente íntimo, tomó el rostro de Tonks entre sus manos para mirarla fijamente.
—Cuida de él, será clave para que esta guerra termine —le susurró. Y lo hizo como si, de alguna manera, supiera que ella ya no volvería más.
Andrómeda se volvió hacia Harry, dedicándose ambos una intensa mirada antes de irse. La escalofriante agonía en la voz de Tonks le había anticipado que lo que encontraría en la célula de Seamus sería horrible, pero Harry nunca imaginó hasta qué punto. Gritos, llantos, cuerpos inertes yaciendo en el suelo. El aturdimiento solo le permitió reconocer a Hannah entre todos ellos, un charco de sangre teñía su cabellera rubia y ondulada mientras un centenar de haces de luz volaban en todas direcciones sobre su cabeza. Entonces pasó como a cámara lenta. Algo en el rostro de Neville pareció romperse cuando la vio, y como si su vida acabara de perder todo sentido, cayó arrodillado junto a ella. Harry presenció cómo la tomaba en su regazo, hundiendo el rostro en su cuello mientras unas gruesas lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas. Era como si de repente hubiera olvidado dónde se encontraba y qué estaba pasando a su alrededor.
—¡Neville! —le gritó Harry, que acababa de bloquear un maleficio dirigido a él formando una película protectora con su varita. Esta se desvaneció en cuanto el relámpago de luz verde impactó contra ella—. ¡Neville, recomponte!
Harry luchó unos segundos más, protegiendo a su amigo con fiereza, hasta que el aludido tomó una larga respiración y volvió a dejar el cuerpo de Hannah en el suelo. Devastado y lleno de ira, dejó escapar un grito que heló la sangre a todos los que se encontraban a su alrededor. Luego, empuñando la varita con manos llenas de la sangre de su prometida, empezó a matar indiscriminadamente a todos los hombres encapuchados que se encontraba.
En momentos así no había alternativa. O matabas o te mataban. Era algo que habían aprendido con los años. Más tarde habría tiempo de llorar a los muertos y de enterrar sus cadáveres. Por el momento solo debían preocuparse por no convertirse en otro más.
Harry tragó saliva para intentar deshacer el nudo que se había formado en su garganta. Podía seguir moviéndose entre la gente, esquivando hechizos y matando a mortífagos, pero no podía negar que aquello le afectaba. Aquello afectaba a todos. Mirara donde mirara había quienes habían sido heridos y se arrastraban por aquel salón hasta un lugar seguro, otros que vomitaban sangre a borbotones mientras intentaban dar sus últimas respiraciones antes de morir. La peor parte era que él los conocía a todos, a todos esos cadáveres que todavía guardaban un retazo de vida en sus ojos, un atisbo de la amistad que una vez compartieron.
Sacudiendo la cabeza para volver a centrarse, movió la varita para hacer un corte limpio en el cuello del mortífago que estaba torturando a Dean en el suelo. La escena era grotesca, no recordaba un ataque de esas proporciones desde que todo comenzó.
—Harry —jadeó Seamus cuando lo encontró en medio de tanto caos, una herida abierta en su mejilla supurando—. Son demasiados, necesitamos refuer…
No pudo terminar la palabra. No le dejaron. Alguien le acertó de lleno por la espalda, atravesando todo su cuerpo como si de una daga de tratara. El pecho del chico comenzó a sangrar. Ambos miraron la herida y, en el transcurso de un segundo, asimilaron lo sucedido. Seamus pareció despedirse de Harry con la mirada antes de desplomarse sobre él, quien lo sostuvo un momento antes de dejarlo en el suelo. No tuvo tiempo para lamentarse. Cuando se incorporó de nuevo, todo pasó tan rápido que no pudo reaccionar. Un mortífago impactó contra su cuerpo con tal violencia que le hizo atravesar la ventana que había tras él. Los cristales rotos no dolieron tanto como la caída al patio trasero. Sus vértebras crujieron cuando el encapuchado cayó sobre él, aprovechándolo para amortiguar el golpe y, de paso, inmovilizarlo. Sin perder un segundo, agarró las muñecas del chico sobre el húmedo césped para evitar que escapara.
—El señor oscuro se alegrará de saber que por fin te atrapamos —dijo casi con sorna.
Pero Harry ya no lo escuchaba. Un desagradable pitido había empezado a sonar en sus oídos a medida que su cabeza comenzaba a dar vueltas de manera sofocante. Estaba aturdido, pero lo suficientemente lúcido como para ser consciente de estar a punto de desmayarse. Su cuerpo ya había empezado a relajarse para contrarrestar el insoportable dolor que sentía, pero antes de perder el conocimiento por completo pudo notar, no sin cierta confusión, cómo el mortífago que se inclinaba sobre él salía por los aires e impactaba contra el suelo varios metros más allá. Alguien se arrodilló junto a él y tomó su mano. Durante unos largos segundos Harry tuvo la sensación de que tiraban de él con fuerza, pero luego comprendió que, fuera quien fuera aquella persona, lo que estaba haciendo era desaparecerse con él.
Harry se encontraba sumido en una abrumadora oscuridad hasta que abrió los ojos. Un denso vaho nubló su vista un momento, el suficiente como para darse cuenta de que era provocado por su propia respiración. Sintió la urgencia de abrazarse el cuerpo con los brazos para intentar entrar en calor. El ambiente era frío, un frío húmedo que le calaba hasta los huesos. Miró entonces a su alrededor, confuso. ¿Dónde estaba? ¿Quién lo había traído ahí? Su confusión no hizo más que crecer al darse cuenta de que, de alguna manera, reconocía vagamente el nevado claro donde se encontraba. Intentaba recordar de qué cuando el llanto de un niño interrumpió sus pensamientos. Harry no sabía por qué, pero escucharlo le resultaba desgarrador. Giró sobre sí mismo para intentar encontrar su procedencia, dispuesto a calmar al pequeño que lloraba y lloraba sin consuelo. Sin entender cómo, aquel llanto se fue haciendo más fuerte con cada segundo que pasaba, y lo hizo hasta tal punto de que tuvo que llevarse las manos a los oídos y taparlos con fuerza.
El sonido retumbó en su cabeza incluso cuando abrió los ojos de nuevo. Necesitó unos segundos para enfocarlos. No reconocía el gotelé del techo, pero lo que hizo que saltaran todas sus alarmas fue que, al girarse lentamente sobre la cama, se percató de que no estaba solo en aquella habitación. Harry se apresuró a levantarse de un salto. Sentía su cuerpo agarrotado, dolorido… pero no mostró ni un ápice de debilidad en su rostro porque reconocía a la persona que tenía delante, sabía perfectamente quién era. Agarró su varita de la pequeña mesa que había junto a la cama y apuntó hacia la chica con firmeza. Ella contuvo el aliento, su gesto parecía haberla pillado por sorpresa. Harry recorrió su cuerpo con la mirada. Para tratarse de alguien del otro bando iba demasiado desarmada.
—Esto es un error de principiante —comentó el chico con hostilidad.
—¿A qué te refieres?
—Dejar mi propia varita a la vista.
Pansy Parkinson se cruzó de brazos mientras sus ojos lo examinaban casi con curiosidad.
—No sabía que debía ocultarla —confesó.
—¿Dónde estoy?
—En mi casa —respondió, moviendo la cabeza para quitarse un pequeño mechón de la cara—. Bueno, en la de los elfos domésticos. Desde que empezó la guerra viven en el sótano de mi mansión.
—Hazte a un lado —le advirtió.
—¿Qué?
—Que te quites de en medio. Tengo que irme de aquí.
—No, no puedes.
Harry se quedó mirándola con recelo.
—¿Hay mortífagos custodiando la habitación?
—No.
—¿Han encantado el lugar con hechizos oscuros para evitar que me escape?
—En absoluto.
—¿Entonces qué te hace pensar que voy a quedarme?
—Oh, lo harás si eres un poco inteligente.
—Déjate de jueguecitos, Parkinson. Ve al grano.
—Al parecer tienes amnesia.
—¿Qué? Yo no tengo amnesia.
Pansy arqueó las cejas con una elegante suficiencia.
—¿No? Entonces dime… ¿qué estabas haciendo antes de desmayarte? —el chico se quedó mudo de repente. Solo podía recordar el extraño sueño que había tenido hacía tan solo unos minutos—. No te acuerdas, ¿verdad? Te diste un buen golpe al caer por la ventana.
—¿Caí por una ventana?
Ella asintió.
—Estaban atacando la base de Finnigan y tú y tu grupo aparecisteis para ayudar.
—¿Seamus? —una extraña agonía empezó a nacer en la boca de su estómago al escuchar sobre el ataque—. ¿Cómo está él? ¿Cómo están todos?
—Muertos —anunció Pansy. Su voz no mostraba la más mínima emoción.
—¿Muertos? ¿Todos?
—La gran mayoría —respondió con pesadez—. Él, su novio Thomas, Tonks…
Harry casi flaquea al escuchar aquello. Tuvo que tragar saliva para deshacer el nudo que se había formado en su garganta.
—¿Tonks? ¿Nymphadora Tonk? Ella estaba…
No pudo terminar la frase, el solo pensamiento le daba arcadas.
—Ella no, su madre… Andrómeda —la chica hizo una pausa. Tal vez esperaba una reacción más fuerte por su parte, pero él simplemente no podía asimilar lo que estaba escuchando—. El ataque fue perpetrado con el único objetivo de darte caza. Si te vas ahora, desorientado y amnésico como estás, terminarán atrapándote y todas esas muertes habrán sido en vano.
Harry al fin reaccionó ante sus palabras. Levantó la cabeza y la miró directamente a los ojos.
—¿Estás de nuestro lado? —casi murmuró.
—Digamos que… no estoy del suyo.
—¿Cómo puedo fiarme de ti?
—Me he jugado el cuello al salvarte de aquel mortífago, y prácticamente estoy cavando mi propia tumba al traerte y ocultarte aquí. ¿No es eso suficiente para ti?
Harry se quedó dubitativo un momento. ¿Lo era? La amnesia no le había hecho olvidar el apellido Parkinson, tampoco lo que estaban dispuestos hacer por su señor oscuro… pero sí, podía ver el peligro que estaba enfrentando al tratar de ayudarlo.
—Supongo que sí —dijo finalmente, bajando la varita—. Pero no puedo quedarme… tengo que volver, reunirme con los que queden, tengo que…
—¿Qué?
—Tengo que encontrar a alguien.
Pansy entrecerró un poco los ojos.
—¿A quién?
Harry terminó de derrumbarse. Se sentó sobre la cama con pesar, como si aquella maldita amnesia le hubiera quitado la razón principal por la que seguía luchando cada día. Sabía que tenía que encontrarla, pero ahora no podía recordar a quién.
—No lo sé —dijo con un hilo de voz mientras su mirada se clavaba en los azulejos del suelo—. Es como si su rostro ahora fuera un borrón en mi mente.
—¿Cómo vas a encontrar a esa persona si no sabes a quién buscas? —llegados a ese punto Pansy ya se sabía vencedora, el tono de su voz lo hacía más que evidente—. Deberías quedarte, al menos hasta que recuperes la memoria.
Él intentó rebatir aquello, pero en esos momentos no lograba recordar ni cómo volver a Grimmauld Place.
—¿Estaré a salvo esta noche? —preguntó, visiblemente abatido.
—Jamás te buscarán aquí —le respondió—. Mi padre y los demás se han reunido hace unas horas. Al haber prácticamente caído tu grupo, piensan que puedes haber buscado refugio en algún lugar de Londres.
—¿Eso significa que morirán más inocentes mientras me buscan?
Ella no respondió a su pregunta.
—Necesitas descansar. Tienes comida en la cocina, encuéntrala tú mismo.
Harry la vio darse la vuelta y desaparecer por la puerta de la habitación. No se había dado cuenta de la oscuridad que lo envolvía hasta que se tumbó en la cama y no pudo distinguir el gotelé del techo. Agarrando su varita con firmeza sobre su pecho, Harry cerró los ojos y se dejó llevar.
NA: ¿Impresiones? ¿Os gusta cómo va tomando forma esta historia? Yo estoy disfrutando mucho escribiéndola :)
¿Me dejas un review? :D
Cristy.
