NA: ¡Hola! Perdonad la demora, tanto a Mad como a mí se nos ha hecho bola la vida últimamente.
Esta vez es indiferente el orden en el que leáis los capítulos. Este en concreto se lo dedico a la bella y dulce Dani :) Gracias por siempre tener bonitas palabras para ambas. Love you so.
Capítulo 3: La chica Greengrass.
Harry se despertó con el repentino sonido de una puerta cerrándose. Su tan desarrollado sentido de la supervivencia le hizo ponerse en pie en cuestión de segundos, agarrando su varita y deslizándose por la habitación con todo el sigilo que su agarrotado cuerpo le permitía. Alguien había entrado en aquel sitio, podía oír sus pasos. Así que aguzó el oído para escuchar cualquier cosa, por mínima que fuera, que pudiera servirle para descubrir de quién diablos se trataba… porque era muy consciente de que había pasado la noche en territorio enemigo, porque su cabeza tenía un elevado precio y él había aprendido que si quería sobrevivir tenía que atacar antes de ser atacado. Pero lo único que era capaz de escuchar eran pequeños sonidos provenientes del otro lado de la pared. Se asomó un poco para echar un vistazo al pasillo. Frustrado, se reprendió internamente por no haber hecho un recorrido de reconocimiento por aquella casa la noche anterior, antes de dormirse. Ahora jugaba en desventaja.
Sosteniendo su varita firmemente y caminando casi agazapado, siguió los sonidos con cautela hasta llegar a la habitación de la que procedían. Apoyó la espalda contra la pared y respiró profundamente sin hacer el más mínimo ruido. Sea quien fuera quien había entrado allí no tendría el gusto de toparse con él de repente. No le daría tiempo ni a reaccionar.
Tres, dos, uno.
Un impulso rebosante de adrenalina hizo que Harry saltara bajo el marco de la puerta, apuntando su varita hacia aquella persona y lanzando un hechizo aturdidor que, de haberla pillado desprevenida, le habría acertado de lleno en el pecho. Pero los reflejos de Pansy habían sido más rápidos que él. Una ráfaga de viento salió de la punta de su varita y desvió su ataque a la pared más alejada. Ambos chicos se quedaron en silencio hasta que Harry empezó a bajar su varita lentamente después de comprobar que, al contrario de lo que había pensado, la muchacha solo sacaba latas de conserva de su bolso y las dejaba una a una en la encimera de la cocina.
—Si lo llego a saber, dejo que te mueras de hambre —replicó ella, finalmente.
Él no se disculpó por lo ocurrido, simplemente se limitó a guardar su varita, entrar en la estancia y contar con la mirada las latas que estaba depositando sobre el mármol de aquella superficie.
—No planeo quedarme tanto tiempo —anunció al perder la cuenta en la tercera decena.
—¿Vas a escaparte? —Pansy arqueó una ceja mientras le sostenía la mirada con intensidad.
—Yo no he dicho eso.
—Pues con qué elocuencia no lo has dicho.
La chica siguió sacando comida de su bolso mientras él trataba de explicarse mejor.
—Lo que digo es que no puedo quedarme más de lo estrictamente necesario —dijo, sus sienes empezando a doler nuevamente debido al estrés—. Hay gente que depende de mí, no puedo desaparecer para siempre.
—No seas ridículo —se burló ella, aparentemente cansada de escuchar tonterías—. Lo que no puedes hacer es irte en tu estado. Tienes amnesia, ¿recuerdas? Así no podrás ayudar a nadie, es más, así solo eres un peligro para ti mismo.
Harry pensó en lo irónico que era que alguien como ella se preocupara por su integridad física, lo cual le llevó a hacerse una pregunta. Una para la que no tenía (o no recordaba) la respuesta.
—¿Colaboras con la Orden?
Ella sonrió con pesadez, yendo de un lado a otro mientras guardaba todas las cosas que acababa de traer en diferentes armarios.
—No directamente —respondió—. Somos un pequeño grupo de personas las que intentamos frustrar desde dentro los ataques que se planean contra ti y los tuyos. Nadie sabe quiénes somos, ni siquiera vosotros. Es más seguro para los míos que todos crean que estamos del lado de Voldemort. No sabes cuántas veces te he salvado el pellejo, Potter.
Harry no cabía en sí del asombro al escuchar aquellas palabras.
—¿Tú, personalmente?
—Sí —dijo con firmeza, agitando la varita y haciendo que las cosas empezaran a guardarse solas mientras ella se apoyaba en la encimera—. Yo lidero ese grupo. Todos creyeron conveniente que, además, mi mayor responsabilidad fueras tú. Todo estará acabado si te encuentran, así que hago lo que puedo por ayudar a mantenerte con vida.
—¿Entonces estáis infiltrados en vuestro propio bando?
—Sí, pero esto debe quedar entre nosotros —le advirtió—. Nadie más debe saber de nuestra existencia, sería nuestra sentencia de muerte asegurada.
—No se lo diré a nadie —le prometió. Todavía le resultaba algo extraño aquella situación, pero era evidente que se estaba tomando demasiadas molestias por mantenerlo a salvo—. ¿Mantendremos el contacto cuando me vaya? Podríamos unir fuerzas si algún día llega a ser necesario.
—No volveremos a vernos —le aseguró con rotundidad, completamente convencida de sus palabras—. Nosotros no atacamos, somos los hijos de algunas de las personalidades más importantes del círculo de Voldemort. Nosotros nos limitamos a escuchar y a actuar en consecuencia. Ya te lo he dicho, frustramos los ataques desde dentro. Manipulamos la información, damos pistas falsas… lo que hice contigo ayer fue una excepción. Sabía que el ataque iba a ser uno de los más importantes hasta ahora, y como no pudimos hacer mucho por sabotearlo… decidí personificarme en el lugar y seguirlo de cerca por si fuera necesario intervenir.
Un estremecimiento recorrió la columna del chico. Por primera vez era realmente consciente de que, si ahora mismo podía contarlo, era gracias a ella. Aquello solo hacía que la situación fuera mucho más extraña.
—Gracias —murmuró.
—Está bien —dijo ella, quitándole importancia—. He traído algunos ingredientes para empezar a elaborar una poción que ayude a revertir la situación. También he empezado a hojear algunos libros de texto, el tiempo de cocción puede variar entre tres días y dos semanas —comentó, sacándose un pequeño trozo de pergamino del interior de su túnica—. He anotado el proceso que requiere dicha poción. Podría curar tu amnesia, así que más te vale seguir las instrucciones al pie de la letra.
Harry observó con curiosidad cómo procedía a sacar botecitos de cristal de su bolso, con ingredientes y sustancias de todo tipo en su interior. Luego reparó en las palabras que acababa de decir.
—¿Podría?
—La amnesia es un trastorno mental, Potter. Puede ser curado con magia, por supuesto, pero no disponemos de las indicaciones de un medimago o hechicero. Si intento reparar tu mente sin tener conocimientos de sanación es muy probable que termine destruyendo todos tus recuerdos, y de manera definitiva e irrevocable. No podemos arriesgarnos. Pero según he leído, esta poción podría ayudar a acelerar tu recuperación. Es lo único que podemos hacer por ahora. Empiézala tú, yo no sé cuándo podré volver.
—¿Por qué?
—Habrá reunión al caer la noche —le informó—. Todos te vieron durante el ataque de ayer, así que estaban convencidos de que finalmente te atraparían… pero te esfumaste en sus narices. Y no es de tu estilo desaparecer cuando tus amigos te necesitan. Están desesperados por encontrar respuestas a lo que pudo haber pasado.
—¿Os vais a reunir en tu casa?
—Sí, al menos durante lo que queda de mes.
—Entonces… ¿simplemente te espero aquí?
—Eso es exactamente lo que debes hacer. —Su voz sonaba contundente al responder—. Prácticamente me juego la vida al tenerte oculto, y mi casa se llena de mortífagos al menos tres veces por semana. Cualquiera podría verme venir demasiado seguido y sospechar, así que deja que sea yo la que se encargue de todo y no hagas ninguna estupidez que me lo ponga más difícil.
Aquello sonó como una amenaza, así que Harry optó por no decir nada más mientras ella caminaba hasta la salida y él la seguía con la mirada.
Estaba sentado en el suelo, un poco encorvado y con las piernas cruzadas, cuando se dio cuenta de que había perdido la noción del tiempo. La luz del sol había dejado de penetrar a través de las ventanas, y como consecuencia, ahora estaba haciendo un sobreesfuerzo por conseguir leer las etiquetas de aquellos botes de ingredientes que le había traído la Slytherin en la mañana.
Parpadeó un poco para deshacer la pesadez de sus ojos y conjuró un lumos con su varita a la vez que un fugaz pensamiento cruzaba su mente de lado a lado.
¿Ya habría empezado la reunión que Parkinson había mencionado en la mañana? ¿Quiénes asistirían? ¿Qué temas tratarían? Por lo que le había dicho la chica, seguramente iniciarían un plan de búsqueda para rastrear medio mundo y encontrarlo, pero… ¿y si hablaban de otras cuestiones que pudieran interesarle? ¿Decisiones técnicas, tácticas u objetivos futuros?
Apagó el hornillo sobre el que se encontraba el caldero y se puso en pie de un salto. Recordaba a la perfección la advertencia que le había hecho la Slytherin solo un puñado de horas antes, pero era demasiado consciente de que en los tiempos que corrían había oportunidades que no podía dejar escapar. ¿Que había la posibilidad de que lo descubrieran y lo mataran? Sí, pero también tenía ocasión de espiar lo que decían altos mandos de Voldemort en esa reunión y, si salía vivo de aquello, seguramente sería información trascendental que ayudaría a planear sus próximos movimientos.
Y es que ya había estado demasiado tiempo dando palos de ciego.
Con sigilo y prudencia, salió de aquella pequeña casa y se dirigió a hurtadillas a la gran mansión que divisaba a unos doscientos metros de allí. La sola iluminación de la luna hacía que el edificio pareciera más imponente con cada paso que daba en su dirección, pero llegados a ese punto nada podía detenerlo. Había mirado a la muerte a los ojos tantas veces que retarla se había convertido en un ejercicio diario para él.
Una vez que llegó al majestuoso edificio, se ocultó entre las sombras y recorrió sus paredes con la mano hasta dar con una puerta que, por fortuna, se abrió en cuanto giró el pomo. Tragó saliva, no sin cierto esfuerzo. El interior daba incluso más escalofríos que el exterior. Todo estaba en penumbra, pero conjurar un poco de luz tan solo delataría su posición… así que se vio obligado a caminar a tientas y desorientado hasta que sus pupilas se adaptaron un poco mejor a la oscuridad. Mientras se deslizaba sigilosamente por las habitaciones se permitió admirar la decoración de aquella impresionante mansión. La mayoría de los muebles eran de estilo victoriano, pero nada de lo que había allí parecía anticuado. Pasó entonces junto a un piano en el que pudo verse reflejado en la brillantez de su superficie. Impresionado, deslizó un dedo por sus teclas, como si de alguna manera su subconsciente jugara a tentar a la suerte. El corazón del chico se aceleró al recordar que en aquella casa, probablemente en aquel mismo instante, habría una docena de mortífagos aunando sus fuerzas para conspirar en su contra.
Harry se obligó a centrarse en lo que estaba haciendo, fuera lo que fuera, así que siguió recorriendo la descomunal casa hasta encontrar, al fondo de un pasillo, una puerta ligeramente entreabierta de la que salía un poco de luz. A medida que avanzaba empezaba a escuchar las voces que provenían del interior.
Un sonido repentino, como si una persona hubiera golpeado fuertemente una mesa con ambos puños, hizo que Harry se sobresaltara sobremanera.
—¿Cómo es posible? —gritó alguien desde dentro—. ¡Nadie se evapora de un momento a otro!
—Hay quienes aseguran haber visto a s hacerlo caer por una ventana.
—De hecho, yo mismo me asomé en cuanto terminé de cargarme a Tonks —añadió otro hombre, cuyas palabras solo provocaron en Harry un deseo inmenso de asomarse para descubrir quién de ellos había sido el verdugo de Andrómeda—. Solo vi un borrón, pero vi lo suficiente como para asegurar que alguien lo ayudó a desaparecerse.
—¡Es evidente que alguien lo sacó de allí, maldita sea! —exclamó la primera voz—. ¡La pregunta es quién! ¡Porque lo teníamos, lo teníamos!
Harry caminó de puntillas hasta llegar a la puerta, tras la que se colocó con cuidado para no ser descubierto.
—Seguro que fue la hija de Tonks, Nymphadora —añadió una voz diferente, esta vez de mujer—. No estuvo en la batalla en ningún momento, es posible que se quedara apartada y decidiera intervenir al ser testigo de tal situación. Probablemente sepa dónde está escondido, si conseguimos atraparla seguramente podremos sacarle su posición a base de torturas.
—¡Padre! ¿Padre? —La voz de Pansy se escuchó por encima de los murmullos de los presentes. Parecía angustiada al principio, aunque logró recomponerse cuando todos se callaron para escucharla—. ¿Podría hacer una sugerencia, padre?
—Adelante, hija, adelante.
—No creo que Nymphadora Tonks sepa, ni por asomo, dónde se encuentra Potter realmente —dijo con firmeza—. Según los últimos informes ella está embarazada, nadie la hubiera dejado acercarse siquiera al lugar de la batalla. Ya sabéis, el moralismo de Potter y los suyos. Y tampoco es que hubiera sido útil en algún aspecto, es decir, es peligroso aparecerse y desaparecerse en su estado, mucho más si en el proceso tienes que llevar a alguien más contigo. No, si queréis mi opinión, creo que Hermione Granger es la única que pudo haber intervenido.
—Draco Malfoy ha dado parte de eso, Pansy, al parecer ella ya no es integrante de la Orden.
—¿Y qué? ¿Tiene eso alguna relevancia? —A pesar de que hablaba fuerte y decidida, a Harry le dio la sensación de que parecía impaciente por demostrar que su teoría era mucho más razonable que la anterior—. Ella y Potter siempre han sido, no sé, como hermanos. Por mucho que ella haya abandonado la Orden, pudo haber llegado a sus oídos el ataque y presentarse allí para ayudar, llegando justo a tiempo para salvar a su amigo en el último momento. Al fin y al cabo sigue siendo su gente.
—Ya sabes que la señorita Granger y mi hijo tuvieron un pequeño "encuentro" —Harry cerró los ojos mientras apretaba la mandíbula con aquella nueva intervención. La voz de Lucius Malfoy era inconfundible, pero escuchar sobre su amiga topándose con alguien como Draco era mucho más imponente. ¿Estaría bien? ¿Le habría hecho daño? Se obligó a volver en sí para encontrar las respuestas a sus preguntas—. Según él, después de mencionarlo, Hermione Granger parecía fuera de sí mientras le gritaba para saber qué había pasado con su amigo. No creo que haya sido ella, no tenía ni la más mínima idea de que habíamos dado con una de las bases secretas de la Orden y habíamos perpetrado uno de los ataques más sangrientos de la historia.
—Parece nuevo en esto, señor Malfoy —espetó la chica, mordaz—. Su encuentro con ella seguramente haya sido una maniobra de distracción. Una jugada para despistar. ¿Quién no puede fingir que no sabe de lo que habla el enemigo? Su hijo, usted y todos habéis dado por hecho que ella no sabía nada, pero… ¿y si ha conseguido engañaros y sabe más de lo que aparenta?
Durante unos largos segundos, se hizo el silencio en aquella sala. Harry aprovechó para, con la mayor prudencia del mundo, asomarse un poco por la rendija de la puerta. Cerró uno de los ojos para poder ver mejor, pero solo fue capaz de divisar al señor Malfoy, a Pansy y a su hermano Pete. Este último, como si hubiera notado su presencia de algún modo, dirigió la mirada hacia él, pero para entonces Harry ya había vuelto a esconderse.
—Es posible que lo que dice Pansy sea cierto —dijo una voz nueva, rompiendo de una vez el estremecedor silencio. Al escucharla, Harry frunció levemente el ceño mientras intentaba hacer memoria. La suave voz de aquella chica le resultaba familiar, demasiado familiar… Pero por más que lo intentaba, no podía ponerle cara a la susodicha—. Es una posibilidad a tener en cuenta, muy en cuenta. Incluso me atrevería a decir que deberíamos centrar nuestros esfuerzos en dar caza a Granger. De todos modos no es que quede mucho más de la Orden después del ataque. Ahora, si me disculpan, necesito ausentarme unos segundos para ir al baño.
La conversación siguió mientras se escuchaba el sonido de una silla siendo arrastrada hacia atrás. Harry retrocedió unos pasos, consciente de que debía reaccionar para ponerse a salvo, pero solo tuvo tiempo de dar con un cuarto de escobas y esconderse en la oscuridad. Sea quien fuera la chica que acababa de hablar, ya había salido de la estancia en la que se llevaba a cabo la reunión y ahora caminaba por aquel pasillo, muy cerca de donde estaba. ¿Le daría tiempo a empujar un poco la puerta para quedar completamente oculto? Lo intentó, aunque fue en un acto reflejo. Debió haber supuesto que aquella puerta chirriaría lo suficiente como para llamar su atención.
Notó a la chica aminorar el paso, lo que hizo que Harry apretara sus dedos alrededor de su varita por si descubría su posición. Seguramente podría atacarla, pero ya no estaba tan seguro de poder salir de allí con vida después de eso.
Una mano volvió a empujar la puerta que él previamente había cerrado, pero esta vez con más suavidad. Harry la apuntaba con su varita, pero ella iba desarmada. De hecho, ni siquiera le sorprendió demasiado encontrarlo allí. Él tuvo que enfocar los ojos para verla mejor. Sus facciones eran finas, delicadas, y su cabello castaño caía con gracia a ambos lados de su rostro en ondas perfectas.
La Slytherin se le quedó viendo durante unos segundos más, alargando la tensión del momento pero sin hacer ningún movimiento que diera a entender que sacaría su varita y atacaría de inmediato. No, ella solo se llevó un dedo a los labios lentamente, haciéndole saber que debía permanecer en silencio si quería sobrevivir. A Harry solo le dio tiempo a oler su perfume. Acto seguido, la chica dio un par de silenciosos pasos hacia atrás antes de que se la tragara la oscuridad.
Después, todo pareció claro en su olvidadiza y castigada mente.
Era Daphne. Daphne Greengrass era la chica a la que buscaba.
NA: Esta vez a Mad se le fueron los dedos y escribió un capítulo tan largo que lo tuvo partir en dos. Eso significa que ella ya tiene listo el siguiente, así que si me demostráis cuánto amáis estas historias yo me inspiraré muchísimo y trataré de tener el mío para la semana que viene. ¡No es broma! Y los que vienen son... AAAAAH, para infartaros. Os quiero mucho :D
¿Me dejas un review para actualizar rápido? c:
Cristy.
