Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.
… Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…
Capítulo III
Hermione se sentía abrumada y mantenía los ojos cerrados muy fuerte. No los quería abrir, al menos no todavía.
Había despertado hace por lo menos media hora y no precisamente gracias al enorme dolor en su cabeza, cortesía de un – más que seguro – horroroso corte en su cabeza. No, lo que la había traído de vuelta a la realidad fue la contenida discusión que tenían James Potter y Remus Lupin en una de las habitaciones de la Casa de los Gritos, sumado a los constantes lamentos de Padfoot.
No era la primera vez que estaba en ese lugar y a pesar de los años podía reconocerla con los ojos cerrados.
Los chicos la habían dejado sobre una cama, la que ocupaba Remus en sus transformaciones, podía sentir el mullido y húmedo colchón bajo su cuerpo.
Quería con todo su corazón abrir los ojos y lanzarse sobre los chicos, esos tres despreocupados adolescentes que aún no comenzaban a vivir los verdaderos horrores de su futuro. Pero tenía miedo, porque ellos no la conocían, ella no formaba parte de su vida en absoluto y no tenían ni la menor idea del cambio fundamental que ella venía a provocar. Le encantaría decirles y que no la creyeran una loca, pero debía contenerse y ser Hermione Granger, la chica de la razón y pensar fríamente.
A pesar de no haber conocido en su tiempo a James, la semejanza con Harry la sobrecogió y quiso darle un abrazo eterno; por otro lado Remus seguía siendo el alma noble y chico introvertido, solo que mucho más joven. Y Sirius… aun cuando estaba en su forma perruna, se podía apreciar esa locura y su vitalidad te traspasaba, tan diferente al que ella conocía. Por supuesto que había escuchado muchas historias, incluso del propio Sirius, le había dicho que era diferente aunque lo mismo en esencia, pero la verdad es que Hermione no sabía con qué se iba a encontrar.
Esto era tan raro que la asustaba y lo que más quería en este momento era poder tener control sobre todo, pero no era así. Debía improvisar y comenzar a formar parte de la vida de los Merodeadores si quería cambiar las cosas.
Con mucha dificultad mental empezó a abrir los ojos, primero vio borroso y luego todo más claro.
Al fondo aún tirado con la pata en alto estaba Sirius que cada vez se quejaba más, mientras que a su lado Remus y James seguían discutiendo.
Hermione fue consciente que la sangre en su cabeza estaba seca y el dolor en la cadera no se había ido, nada que una buena poción no pudiese sanar.
Lo siguiente que notó fue que efectivamente estaba sobre una cama y al lado izquierdo de esta había una silla en donde estaba su varita y su nueva bolsita de cuentas en donde solo cargaba las cosas esenciales del día a día.
¿En serio ellos habían dejado su varita tan cerca con total confianza sabiendo que era una desconocida y podía ser cualquier clase de bruja, incluso una tenebrosa?
Poco a poco se incorporó en la cama sin hacer el menor ruido y solo Sirius con sus enormes ojos grises mirándola se dio cuenta. Ambos se sostuvieron la mirada y ella le sonrió.
Padfoot ladró hacia sus amigos pero ambos lo ignoraron, la discusión era más importante. Hermione también les prestó atención.
–… y podríamos simplemente dejarla aquí, en algún momento encontrará la salida. –James proponía algo nervioso ante la mirada atónita de Remus.
–¡Claro! Sale por el sauce boxeador y la termina de matar, – Remus se notaba cabreado – en serio James…
–En serio nada, Remus. –Ahora el padre de su mejor amigo se veía feliz y con una sonrisa traviesa en el rostro. – La salvamos, podríamos haberla dejado ahí tirada, pero no… nos hicimos responsables como buenos Merodeadores y pagamos por la insolencia de Padfoot, –le dio una mirada severa a Sirius en forma canina que miraba y ladraba intermitentemente entre sus amigos y Hermione – y la trajimos con nosotros ¿Ahora qué hacemos? ¿La llevamos al Castillo? No podemos, no podríamos explicarlo ¿La dejamos en el pueblo? Tampoco, nos podrían ver. Pero… – y de vuelta a la mirada malvada frente a lo que Hermione suponía era el punto culmine de un plan que la involucraba –Si la desmemorizamos… todos felices.
Hermione rodó los ojos al mismo tiempo que veía a Remus también hacerlo.
–No la voy a desmemorizar y punto, – ¡Bien dicho, Remus! Hermione le quería aplaudir, era un plan ridículo la verdad. Aplicar un Obliviate en ella, que encima lo sabía a la perfección. Por supuesto que ellos no sabían eso –además, no lo manejo del todo aun.
Hermione los volvió a mirar y hasta ahí quedó la admiración por Lupin. O sea que no se negaba por su honor, lo hacía porque podía fallar.
–¡Seguro que Padfoot está de acuerdo!
–No maduras James, podría tener consecuencias terribles y…
Otro ladrido y les dejó de prestar atención. Sirius estaba muy herido y encima tenía la pata fracturada. Cómo era posible que aún no hubiesen hecho nada por su amigo más que estar decidiendo de qué forma sería mejor deshacerse de ella.
Hora de intervenir, momento de entrar en escena.
Se aclaró muy fuerte la garganta y con su varita ya en mano esperó a que ambos muchachos le prestaran atención.
Ambos se quedaron callados y se giraron hacia la chica que era su invitada. La miraron expectantes y con las varitas listas. Fue el turno de Padfoot para rodar sus ojos y mejor se terminó de echar en el suelo con un quejido lastimero.
–Él… –habló Hermione apuntando a Sirius. –Lleva más de media hora quejándose y no han hecho nada.
Su voz sonó pausada y aunque los chicos hubiesen podido saber, supo ocultar todas sus emociones.
–Mi perro… –fue la inteligente respuesta de James Potter. – Lo lamento, te empujó y quedaste algo herida, pero te hemos traído hasta nuestra humilde… –miró a Remus en busca de ayuda.
–Nuestro pequeño Club, para ayudarte y curarte, por supuesto.
Cuando Dumbledore y McGonagall hablaban de la inteligencia de los chicos, de seguro se referían en el salón de clases.
Hermione se paró de un salto y su cabeza ardió, pero no le importó y llegó hasta donde se encontraba Sirius.
Cada chico se colocó a uno de sus costados y la apuntaron con sus varitas antes que ella tocase al animal.
–¿Quién eres? –Preguntó seguro de sí James.
–Yo debería preguntar quiénes son ustedes, –explotó Hermione apartando con una de sus manos la varita de su rostro. – que primero me veo atacada por él y luego me secuestran.
–¡No te secuestramos! Solo reparamos nuestro error. – Remus se veía ofendido. –Aunque claro, la situación es extraña. –Bajó él mismo su varita.
–¿Por qué no me llevaron al Castillo? Al fin y al cabo… solo me atacó tu mascota, algo común. –Hermione se dirigió a James que se tensó y no pudo formular una frase coherente.
–Es más complicado que eso, –fue el turno de Lupin. – verás… siempre nos quitan puntos de nuestra casa y…
–… con esto quizá quedemos debiendo puntos. – James había recuperado su voz. – Y si llegamos a un acuerdo discreto y nos dices quién eres… todos felices. –Su sonrisa era realmente encantadora, pensó Hermione.
Suspiró y se dio cuenta que eran incluso en esa época más leales entre ellos. Podían improvisar una mentira a medias con tal de no traicionarse.
Hablando de traición, ¿dónde estaría la rata asquerosa?
–Primero examinaré al perro. –Casi escupió la palabra para sonar más convincente. – Luego hablamos de acuerdos.
Los chicos se retiraron un poco desconfiados pero le permitieron agacharse frente a Sirius quien le mostró enseguida los dientes.
Hermione se sonrió y le acarició la cabeza, frente a lo que el animago no pudo resistirse y casi se deshace en sus manos.
–¿Eres Medimaga? –Preguntó James e inmediato se corrigió –Digo… Magizoóloga.
–No. –Contestó la chica mientras sostenía la pata de Padfoot y dirigía su varita a la lesión. –Pero hay hechizos simples, –remarcó la última palabra – que son de bastante ayuda cuando no estás más pendiente de discutir y que pueden salvar incluso a tu mascota. Hechizos que de seguro manejan muy bien.
James hizo una mueca y Lupin sonrió.
Hermione conjuró un par de hechizos no verbales y en cosa de minutos Padfoot estaba como nuevo. Dio un salto de alegría y sacó su rosada lengua que pasó por la cara de Hermione en muestra de agradecimiento.
Esto era lo más cercano a un beso, pensó algo perturbada.
Se secó con su túnica y a pesar de la alegría que le daba, continuó en su papel y se puso en pie.
–¡Ya pueden dejar la farsa! –Comenzó alegre Hermione –Ya que estás del todo curado y tienes fuerza, –se dirigió directamente a Sirius perro – puedes volver a tu forma humana y así hablamos.
Los miró con una sonrisa y hubo silencio.
Más silencio.
Remus replanteándose borrarle la memoria, James pálido y Sirius mostrando sus dientes en un acto que más lo inculpaba. Atrás había quedado el dulce can que repartía muestras de afecto con su lengua.
–¿De qué hablas? –Preguntó serio el clon de Harry, o al revés.
–Es un animago… y no está registrado. –Lo dijo como si fuese una mala palabra achicando los ojos.
Los chicos la miraron y tragaron pesado.
Abrían la boca pero no salía palabra de ninguno de ellos.
–¿Lo hacemos por las buenas o por las malas? –Preguntó Hermione apuntando a Padfoot directo al corazón con su varita.
La verdad es que no lo tenía planeado tan violento, ni siquiera lo planeó, pero le parecía justo siendo que ella lo curó, que él le devolviese la mano. Sirius Black era el mejor preparando pociones en esa habitación y a ella le explotaría la cabeza y la cadera en cualquier momento. Y obviamente no dejaría que pusieran sus varitas sobre ella, prefería el riesgo a ser envenenada con una asquerosa poción.
A Sirius se le elevaron todos los pelos y sus amigos trataron de calmarlo. En un principio la chica le había caído bien, pero ahora que lo había descubierto todo y quién sabe cómo, se había transformado en su enemiga potencial.
Hermione metió su mano en uno de los bolsillos de su túnica y sacó una identificación. En serio esos chicos no eran buenos secuestradores, ni siquiera la registraron.
Puso en alto la pequeña placa que tenía el sello del Ministerio y James fue el primero en gritar.
–¡Padfoot, perro inconsciente, tenías que agredir a una Auror!
Sirius seguía mostrando sus dientes y Remus acababa de caer en la cuenta.
–Eres Auror…
Nada que hacer, sabían que estaban perdidos porque esa chica aunque tuviese su misma edad en apariencia, si era Auror es porque tenía méritos y de sobra, sin contar con que era un agente del Ministerio.
Ambos amigos miraron a su perruno amigo y con solo sus miradas llegaron a un acuerdo unánime.
El enorme perro negro frente a Hermione cerró el hocico y en unos segundos pasó de un espeso pelaje negro a ser nuevamente un chico de diecisiete años.
Hermione bajó la guardia un momento, el cambio era extraordinario. Allí en esos profundos ojos grises solo había diversión y esperanza, era un soñador. No había rastros del sufrimiento y la locura de su Sirius. Por supuesto que era él, los mismos rasgos solo que veinte años más joven, y el mismo cabello negro cayendo despreocupado en suaves ondas sobre sus hombros, junto con esa elegante presencia que solo un Black podía tener.
Lo miraba sin bajarle la vista, el chico era un insolente, la miraba con una media sonrisa ganadora. Maldito petulante, pensó Hermione.
Él te dijo que había ciertas cosas. Respira Hermione, respira.
Finalmente bajó la varita y Sirius quien tenía sus manos dentro de sus jeans, sonrió triunfal y con algo de mofa.
–¿Qué pasa Auror? ¿Es que acaso te arrepentiste de llevarme a Azkaban por ser una mascota no registrada? –Dijo con sarcasmo y haciendo uso de las propias palabras con las que Hermione se había dirigido a él unos minutos antes. –Tenía ilusión de conocer a los dementores, dicen que son espeluznantes…
¡Era un insolente! Y no tenía idea del peso de sus palabras y el dolor que traían consigo.
–Sirius…
James y Remus lo miraron en tono de amenaza.
Hermione estuvo a punto de clavarle la varita en el cuello, pero no podía perder los estribos con un Sirius de su edad que aún no había vivido los horrores de un futuro que no debía pasar y que por ende creía podía hacer lo que se le viniese en gana.
–Eres un Black –Habló atropelladamente Hermione mientras se sentaba en la cama sosteniendo fuerte la varita.
–¿Cómo sabes eso? –Preguntó el muchacho claramente sorprendido. No recordaba de ninguna parte a la temeraria chica que tenía frente a él.
–Basta mirarte… –respondió ella sonriendo y sus amigos se rieron junto con Hermione.
Sirius los fulminó con la mirada y se centró en la castaña.
–No te enojes, Pad –le pidió James –Debes reconocer que dice la verdad.
Sirius se estaba desesperando. Tenía que saber cómo ella sabía tanto.
–¿Cómo sabías que era un animago? –El ojigris no era de dar rodeos.
–Nunca me desmayé –Mintió Hermione y miró con seguridad a Remus.
Si la chica algo sabía era que mientras ella estaba desmayada de seguro los muchachos habían tratado de curar a Sirius o al menos que regresara a su forma humana, y algún comentario debieron hacer. Se estaba arriesgando, pero valía la pena.
–¡Cuántas veces les he dicho que no hay que mencionarlo ni siquiera frente a alguien desmayado! –Gritó Sirius.
¡Bingo! Con que sí lo habían mencionado.
–Luego uní piezas y ya sabes… – terminó la chica.
Sirius suspiró y se tocó la cara frustrado.
–¿Qué hay con que sea un Black?
Ahora su rostro pasó de uno soberbio y seguro a otro totalmente curioso.
Sus amigos no estaban mucho mejor.
–Eres un Black –Repitió Hermione como si fuese obvio – Tus amigos no fueron capaces de curarte desde que llegamos y no dejaré que pongan sus varitas sobre mí. Tengo entendido que tu familia sabe de pociones y ciertos tipos de magia, así que por eso te pedí que volvieras a tu forma…
–No para delatarme. –Afirmó Sirius – Solo quieres que te devuelva la mano.
Ella asintió.
–Bien, –dijo el muchacho mirando a sus amigos – tendremos que asaltar el despacho de Horace.
–¡Excelente! –Agregó Remus con sarcasmo –Atacamos a un Auror y ahora robaremos al profesor de pociones.
–Cada día peor –dijo con voz dramática James mientras simulaba llorar.
A Hermione le causó mucha gracia.
–No necesitan de mi ayuda para llegar a Azkaban –Los tres la miraron atónitos y se sonrieron aún sin liberar tensiones de todo. Ella se dio cuenta de esto y le extendió una mano primero a James que estaba más cerca. –Por cierto, soy Hermione Granger, Auror.
–James Potter, –dijo el padre de Harry y le guiñó un ojo – pero me dicen Prongs.
–Remus Lupin, –fue el turno de su ex profesor, quien le sonrió dulcemente – y estos tarados me dicen Mooney.
Finalmente Sirius tomó su mano y depositó caballerosamente un beso en el dorso de su mano.
–Sirius Black, también conocido como Padfoot o… –y Hermione quien se había sonrosado pensaba que era mejor dejarlo hasta acá, antes que Sirius saliera con alguna peculiaridad. – también conocido como el rompecorazones de Hogwarts, el maravilloso y…
–¡Suficiente! –Lo calló Hermione con una sonrisa – Deja que me quede con la buena impresión.
El chico al igual que James le guiñó y luego se puso más cerca de ella y examinó con cuidado el corte en la cabeza.
–Robar todo lo que necesito para la poción nos costará el odio eterno de Horace –dijo preocupado.
–También dañaste mi cadera –dijo algo molesta Hermione.
–Peor, seremos expulsados –Lupin siempre había sido tan preocupado, pensó con una sonrisa la chica.
Suspiró y con un hechizo de su varita sacó los encantamientos de su bolsita de cuentas.
–No deben robar, solo necesito que prepares la poción, ya que no pueden llevarme al castillo. Tengo un poco de todo, ya saben… lo básico del día a día.
Los tres miraron con curiosidad la bolsa y en cuanto la abrieron soltaron un grito de emoción.
–¡Hechizo de expansión indetectable! –gritaron al unísono.
–Es perfecto, –elogió Lupin – he tratado de hacerlo pero aún me falta afinar unos detalles. –Terminó de decirlo algo sonrojado.
–Luego puedo enseñarles –ofreció y los tres la miraron curiosos – A partir del siguiente curso me verán más a menudo, no puedo decirles más.
Quedaron más intrigados aún, pero de momento esa explicación era suficiente.
James y Remus se fueron junto a la castaña y dejaron solo a Sirius en un rincón mientras preparaba la poción calmante y conjuraba agua y algunos paños desde otra habitación. Hermione pensó que quizá tenían todo eso para cuando Remus sufría las transformaciones.
Se dedicaron a conversar cosas triviales y a contarle a la chica que ese día habían ido a buscar un regalo para sorprender a Lily Evans, el amor de James, que obviamente no le correspondía. Se habían atrasado y Sirius se transformó para detener los carruajes y que no los castigaran, cuando al no verla se chocaron sin intención con ella.
Básicamente la conversación fue sobre Lily y consejos que Hermione pudiese darle sobre cómo demostrarle su amor.
Tras al menos una hora Sirius los interrumpió.
–No es perfecta, pero suficientemente poderosa para calmar el dolor.
Hermione la miró y supo que estaba perfecta. Se la tomó sin chistar, aunque sabía horrible.
Luego dejó que Sirius le curase el corte en la cabeza y tras al menos una hora más estaba perfecta. Solo algo sucia su túnica.
–¿De verdad no nos vas a delatar? –Preguntó por última vez James.
Hermione suspiró agotada, ese chico era realmente insistente y testarudo, ya veía de dónde sacaba Harry algunas actitudes.
–Creo que hay peligros aún peores afuera y que merecen más una celda en Azkaban o la atención del Ministerio, que ocupar esos recursos en un juicio contra un chico animago. No está en mis planes, además… me salvaron, independientemente de ser quienes causaron mi accidente.
Se puso en pie y comenzó a tomar sus cosas. Los chicos finalmente se relajaron y la guiaron por un pasillo que daba al Bosque Prohibido. Hermione pensó que no la llevaron por la otra salida porque necesitaban a la rata para eso.
–Estamos perdidos –se comenzó a quejar James.
–¿Qué pasa? –Preguntó algo perdida Hermione mientras miraba disimuladamente a Sirius.
Era su Sirius, solo que este no lo sabía y bueno… mejor lo analizaba en su casa, con su almohada.
–Son las once de la noche –respondió Remus –A esta hora saben que no volvimos del pueblo con el resto y que no estamos ni en el Castillo ni en nuestra Sala Común.
–Terminamos de perder los puntos de Gryffindor –sonó afligido el joven Sirius mientras pateaba una piedra.
–Lily me odiará más que nunca –suspiró James.
Hermione no dijo nada, solo se aferró a su varita y susurró ante los atónitos chicos.
–Expecto Patronum
Una bella nutria se formó y Hermione la miró detenidamente y con voz suave pronunció algo que parecía ser una clave para alguien.
–Tuve problemas. No me puedo aparecer. Once y Quince.
Un movimiento más de su varita y la nutria desapareció dentro del Castillo. Ellos se encontraban en la entrada pero a esta hora Hagrid estaba durmiendo.
–Un Patronus –susurró Sirius.
–Corpóreo… –agregó James.
–Y puede dar mensajes – A esa altura Remus lucía igual de fascinado.
Hermione miró su reloj de pulsera y vio que faltaban treinta segundos. Dejó de escuchar el debate de los chicos sobre su magia.
Cuando fueron las once y quince, las puertas se abrieron y pudieron entrar a los jardines de Hogwarts.
–¡Qué especie de brujería es esta! –exclamó sorprendido James.
–Apuren –los condujo Hermione –No dejaré que pierdan puntos.
La siguieron en silencio y cuando llegaron a la entrada estaba Filch mirándolos con odio pero no les dijo nada, solo se dirigió a Hermione.
–Espera en la Sala Común, dijo que sabía llegar–ese hombre no era amable con ella en el pasado y tampoco esperaba lo fuese ahora. Suspiró y siguió con los tres amigos a cuesta.
Se miraron sorprendidos por el aparente respeto y resentimiento del celador, ¡los había dejado pasar y sin amenazas!
Los Merodeadores estaban cada vez más extrañados, pero no se atrevían a preguntarle nada a Hermione.
Llegaron frente al cuadro de la Señora Gorda y Hermione se hizo a un lado. Remus dijo la contraseña y todos entraron. Lo siguiente no se lo esperaban.
McGonagall estaba hecha una furia con Dumbledore a su lado que miraba impasible mientras comía unos caramelos y sonrió en cuanto vio a Hermione. Toda la casa de Gryffindor estaba ahí, incluida Lily que era una mini Minerva.
–¡No tiene remedio, son incorregibles! ¿Tienen idea el peligro que corrían afuera en los tiempos que estamos viviendo? ¿Cómo es posible que sean tan imprudentes? ¡Cincuenta puntos menos por cada uno! –Terminó la Jefa de casa.
Hermione quedó paralizada, ni siquiera con el trío de oro en su tiempo había sido tan dura.
–¡Siempre perdemos puntos por su culpa! –Les espetó Lily y un murmullo general se formaba por parte de los estudiantes.
Los Merodeadores habían hecho justicia a su fama una vez más.
Hermione localizó a Peter, rata asquerosa y rastrera, miraba al piso y murmuraba junto a otros estudiantes más pequeños.
–¡James, calla a la pelirroja! –ordenó Sirius y Remus cerró los ojos. Comenzaba lo bueno.
–¡Hey, Evans! No eres nuestra madre, métete en tus asuntos –Le dijo el futuro, aunque después de eso Hermione lo dudaba, padre de su mejor amigo.
¿De verdad decía amarla?
Los gritos iban y venían, los insultos cada vez peores y todos se acordaban de las Barbas de Merlín y Morgana.
Dumbledore se aclaró la garganta y miró a Hermione.
–Les presento a la señorita Hermione Granger, Minerva, alumnos –comenzó el Director –Desde el próximo curso la veremos más seguido. Ella fue la alumna de Alastor Moody, y puedo dar fe de lo mucho que le costó permitir que se nos una.
Se produjo un silencio generalizado.
–¿Aurores en Hogwarts? –Murmuró McGonagall aterrada.
Dumbledore le dio una mirada que ella supo entender. Hablarían más tarde. Nadie preguntó nada.
–Creo que quería decirme algo señorita Granger –le dio la palabra su ex Director.
Ella se aclaró la garganta y le habló con total normalidad.
–Verá Profesor, quise conocer un poco más el lugar y vine a dar un paseo a Hogsmeade, pensando que estarían todos los alumnos y podía estar más en familia, –hizo una pausa –pero cuando me adentré un poco en el bosque noté que me había perdido y de no ser por estos jóvenes, no estaría acá.
Los tres muchachos asintieron sin saber qué se estaba inventando.
–Iba caminando y no me di cuenta cuando la rama de un enorme árbol se soltó y cayó sobre mi cabeza, me dejó inconsciente –relató Hermione abrumada.
–Escuchamos el grito, Profesor –Era el turno de Black, el mejor improvisando. –Y corrimos, íbamos a los carruajes y pensamos que podía haberle ocurrido algo a uno de nuestros compañeros. Llegamos y la encontramos tirada en el suelo, sangrando e inconsciente.
McGonagall se llevó las manos al rostro.
–No podíamos dejarla ahí –agregó Remus –Y el Castillo estaba muy lejos, así que fuimos a un Hotel cerca y la amable dependienta nos dejó curarla.
–Cuando desperté, –agregó Hermione emocionada – vi que habían preparado pociones y curado mis heridas, siempre cargo un poco de todo en mi bolsa. ¡Me salvaron la vida, profesor, son unos héroes!
La mitad de la sala común dio suspiros y los Merodeadores tenían su moral intacta.
–Creo Minerva que lo de los puntos…
Dumbledore dejó en el aire la frase.
–Por supuesto, Albus –dijo ella avergonzada –Lo siento muchachos… pero es la costumbre de sus fechorías. Se devuelven los puntos a Gryffindor.
–Y agrego cincuenta puntos más por su determinación y valentía –dijo el Profesor guiñando imperceptiblemente un ojo a Hermione, él sabía que la historia estaba ligeramente distorsionada – por cada uno a la casa de Gryffindor.
Los tres no dejaban de boquear como peces fuera del agua.
–Todos a sus habitaciones –Fue la orden de Albus y salió por el retrato con Minerva.
Hermione se giró a sus tres nuevos compañeros de fechorías y les sonrió.
–Nos vemos chicos.
No alcanzaron a decir nada cuando la vieron desaparecer.
–Gran bruja –susurró Sirius con una sonrisa antes de seguir a sus amigos quienes ya estaban golpeando a Peter por ser un cobarde y no defenderlos.
Fuera Hermione acompañó a Dumbledore hasta su despacho y luego de aclarar todo y reírse un poco se fue por la red flu hasta su casa. Estaba agotada y su cuerpo se lo hizo saber.
Las siguientes dos semanas pasaron de forma veloz y Hermione no se dio cuenta del paso del tiempo entre lo que le llevó adaptarse a su nueva vida, sobre todo a su trabajo de medio tiempo en el Ministerio con Moody.
Todos los estudiantes volvían esa tarde a sus hogares para comenzar las vacaciones. Hermione se desvió de su camino habitual y después de tomar un helado en el Callejón Diagon comenzó a caminar sin rumbo, solo pensando.
De pronto se encontró frente al número 12 de Grimmauld Place. Estaba igual, ese lugar no cambiaba.
Siguió su camino algo nostálgica recordando todas las tardes que pasó en ese lugar, algo más alegre gracias a los Weasley y a un Sirius que para esa fecha quería una nueva oportunidad.
No se dio cuenta que casi a la par de su camino en dirección paralela por la calle de enfrente iba Regulus Black.
Cada uno en su camino entró en un callejón y desaparecieron.
Cuando Hermione llegó a la entrada del Barrio de magos donde estaba su hogar, notó que desde la vereda de enfrente y escondido entre los árboles, un muchacho casi idéntico a Sirius de no ser porque sus ojos y facciones demostraban frialdad, miraba hacia las casas buscando algo. A ratos suspiraba y miraba un pequeño papel entre sus mano, luego se volvía a esconder y en sus ojos se formaba un pequeño rayo de esperanza mientras aguardaba pacientemente a que alguien apareciera.
Hermione se ganó detrás de un árbol a observar la escena. De pronto vio cómo Regulus daba un salto y se escondía por completo.
Se escucharon unas estruendosas risas. Hermione miró en dirección al sonido y vio a Sirius Black y James Potter corriendo con sus baúles a cuesta hasta el final de la calle y doblando en una esquina hasta perderse. Tras de ellos una pareja mayor los miraba divertida y cargaban sus lechuzas. Los Potter. Ellos eran sus vecinos.
Miró hacía donde estaba Regulus y vio cómo ya había salido del escondite. Sus manos metidas en su elegante túnica y la mirada fría nuevamente pero con un pequeño rastro de lágrimas.
Hermione que sabía aprovechar oportunidades, sabía que esta era una de ellas.
En un segundo se apareció al lado de Regulus quien se sobresaltó por lo repentino de su nueva compañía y la miró extrañado.
–Regulus Black, al fin nos conocemos –extendió su mano la chica y el moreno la aceptó con cierta desconfianza. Hermione sintió la punzada fuerte en su cabeza. Con que Legeremancia, pensó ella y sonrió. –No trates de entrar, a menos que quieras sufrir.
–Sufrir es una opción –Contestó Regulus soltando la mano y muy intrigado por no poder entrar en la mente de esa chica.
–Si tienes tiempo, hay jugo de calabaza y galletas recién horneadas esperando, creo que debemos hablar y sé que te interesará.
Hermione le extendió el brazo y el chico sin dudarlo esta vez lo tomó para desaparecer hasta una pequeña y acogedora casa dentro del vecindario donde ahora vivía su hermano.
–Siéntate, –ofreció Hermione cortésmente– será una conversación muy larga.
…Travesura realizada…
Nota de Autora: ¿Cómo están chicas/os? ¡Qué emoción! Hoy se cumplen 20 años ya desde que comenzó este asombroso mundo lleno de magia que forma parte de nuestras vidas llamado Harry Potter. Y qué mejor que celebrar subiendo nuevo capítulo.
Espero les guste y me digan qué les parece.
¡Que tengan excelente inicio de semana mágica!
Besos y nos leemos en el siguiente capítulo.
P.D. : ¿Qué hablarán Reg y Hermione? ¿Tendrá que ver con Sirius o Hermione estará planeando algo?
