Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.
… Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…
Capítulo IV
Si las miradas matasen…
Eso era exactamente lo que pensaba Hermione cuando al fin y por tercera vez, luego de romper dos tazas que se estrellaron estruendosamente en el piso de su cocina, logró terminar de mezclar su té y colocar una rodaja de limón dentro.
Con el dorso de su mano secó una solitaria gota de sudor que nacía en su sien y lentamente iba cayendo por su mejilla. Inhalo una vez más y se calmó.
Con extremo cuidado en una mano tomó su propia taza y en la otra un vaso con jugo de calabaza que puso sobre una bandeja de ébano de un pulcro negro. Algo refinado para ella, pero no se quejaba. Se distrajo en lo que acomodaba los recipientes al lado de las galletas que había dejado horneadas en la mañana.
Se acercó a sacar unas servilletas de uno de los tantos muebles de la cocina y una punzada en su nuca que se extendió por toda su cabeza la desestabilizó. Se agarró con ambas manos fuerte de la puerta que había abierto y no pudo contener una risa cargada de sarcasmo.
Hace una hora estaba tratando de terminar la merienda en la cocina. Una hora de constantes punzadas y dolor penetrante en su cabeza. Al principio eran seguidas, ahora más pausadas pero cada vez más fuertes y largas.
Por el rabillo del ojo vio a Regulus recargado sobre el marco de la puerta, cruzado de brazos y con tanta seriedad en el rostro que podía asustar a más de uno.
Al principio se había quedado en la sala sentado, pero según la conclusión que había sacado Hermione, al no lograr entrar en su mente, decidió mover las piezas y de forma sigilosa, pausada y elaborada ver si era cuestión de distancia.
No le había resultado, pero para ella era cada vez más difícil poder terminar una simple tarea como servir el té, si constantemente estaba siendo torturada por un muchacho de dieciséis años que de infantil solo tenía la edad, porque su manejo de las artes oscuras le quedaba más que claro.
Soltó la puerta y se giró al chico que sonrió tratando de verse malvado. No lo era, y eso ella lo sabía. Le devolvió una mueca y secó su frente nuevamente.
A la mierda las servilletas, pensó.
Tomó la bandeja y quedó frente a él.
–Agradecería enormemente Regulus si llegamos hasta la sala con todo esto en orden y no regado por el piso. – Pidió con una sonrisa amable Hermione.
El chico la miró unos segundos y se quitó de en medio de la puerta.
–Vamos entonces. – Hizo un gesto con su mano y siguió a la dueña de casa con ese aire de aristócrata que para Hermione se veía no menos que gracioso siendo el niño que era.
Colocó la bandeja sobre la mesa y el dolor de nuevo. Se sentaron frente a frente en la hogareña y acogedora salita.
–¿Tienes claro que si sigues así terminaré desmayada o muerta, lo sabes verdad? –Preguntó la castaña tomando una galleta.
Regulus tomó su jugo de calabaza y mientras lo olfateaba cuidadosamente sonrió.
–No está envenenado, deberías saberlo… –Como si no hubiese estado espiando. Hermione lo pudo sentir desde que llegó tras de ella.
–Tenía que asegurarme, –elevó el vaso en su dirección a modo de brindis y dio un largo sorbo – además no buscaba veneno, estuve en tu cocina.
Hermione se preguntó por qué este muchacho tenía que tener esa mente tan aguda. Eso era un pro y una contra.
–Quería saber si tenía por ejemplo… Veritaserum.
–¿Por qué dejaría caer ese tipo de poción en el jugo de calabaza de un muchacho? –Preguntó haciéndose la inocente Hermione.
Regulus río sonoramente y más relajado comenzó a comer galletas.
Hermione no pudo dejar pasar lo mucho que se parecía con su hermano, Sirius. Los rasgos a pesar que en el chico frente a ella eran más fríos, estaban ahí presentes. La forma de reír y comportarse. Y por primera vez entendió lo mucho que ambos tuvieron que sufrir separados por una guerra y una forma de vida que se les pretendió desde su nacimiento. Tras esa coraza y clase que se esforzaban en mantener había sueños y diversión.
Tomó un sorbo de té y agradeció que el chico estuviese más pendiente de comer y la dejase tranquila unos minutos.
–Eres una Auror, por eso creo que podrías dejar caer accidentalmente un sinfín de pociones y hacer muchas cosas más. –Explicó tragando otra galleta.
Hermione dejó su taza a medio camino.
–¿Cómo sabes eso? –Preguntó calmada.
–Basta un minuto revisar los bolsillos de la túnica de alguien y encontrar algún tipo de identificación. –Respondió descaradamente en lo que se encogía de hombros. –Eres muy confiada o quieres despertar mi interés porque tienes dobles intenciones tras invitarme a comer estas… –le mostró una de las galletas – deliciosas y poco saludables golosinas.
Hizo una pausa e interrumpió a Hermione, dejándola con la boca abierta.
–Eres muy joven para ser Auror y puedes fallar, pero eres discípula de Moody, así que… dudo que seas confiada y dejes tus cosas sin hechizos de protección cuando tienes esta casa blindada. –Miró todo a su alrededor – Lo sentí en cuanto entré. Y por otro lado me inclino porque quieres despertar mi curiosidad. No me dejas entrar en tu mente, pero dejas que sepa quién eres y qué haces, y sabes que soy un Black.
Hermione se acomodó, el monólogo del Hamlet que tenía en frente estaba recién comenzando.
–No me pidas que no tenga curiosidad ahora. –Dijo inocentemente – ¿Cuál es la verdad? ¿La de los papeles y esta tan común y esperable casita… o lo que esconde tu mente? –Otra galleta. A parecer no solo Sirius era un glotón, pensó la chica cada vez más divertida y agradecida de que hubiese cambiado la tortura mental por las palabras. –Por todo eso creo que eres capaz de muchas cosas, además soy un Black, pez grande en estos tiempos.
Terminó acomodándose en el cómodo sofá.
–Y respondiendo a tu primera pregunta… –hizo una pausa teatral – Desmayada sería fácil entrar en tu mente pero… no tengo permitido usar magia fuera de Hogwarts aún. Y muerta ya no podría ver nada.
Hermione lo había subestimado, y mucho.
Draco Malfoy no era nada en su generación al lado del menor de los Black.
Por supuesto que lo había tentado dejando su túnica y documentos sin protección, quería ver hasta qué punto era infantil aún para ponerse a husmear lo ajeno. Y también sabía que intentaría a toda costa entrar en su mente, pero nunca se esperó que fuese tan poderoso para hacerlo sin varita y conjurando hechizos no verbales indetectables para el Ministerio. No dejaba marcas, ni accidentales.
Hermione estaba gratamente sorprendida. Jamás pensó que sería tan agudo, cruel e intuitivo. Realmente los Black no solo tenían el apellido y la sangre pura de lo que jactarse.
–Brillante. –Fue la respuesta de Hermione y Black sonrió satisfecho.
Dio un suspiro y se cruzó de brazos.
–¿Seguiremos tomando el té como cuando van las amigas de mamá que quieren lanzar a una de sus hijas a mis brazos o seremos sinceros? –Preguntó sonriendo Regulus.
–Es cierto, el heredero de la Noble y Ancestral Casa de los Black, –dijo Hermione con sarcasmo – y por supuesto que hablaremos. No te muevas, ya vengo.
Se puso en pie y fue hasta su dormitorio en el segundo nivel. Tomó entre sus manos una cajita de madera que estaba dentro de su bolsita de cuentas y bajó otra vez a la sala.
Como supuso Regulus seguía ahí comiendo.
–Cocinas muy bien para no tener elfos. –El elogio del chico no le pasó desapercibido, era sincero.
–Considero que tener elfos es arcaico y cruel, –contestó ella sentándose frente al chico – y muchas gracias por el resto.
Hermione suspiró ante la expectante mirada de su visita y se planteó una vez más si estaba haciendo lo correcto, si podía confiar en Regulus Black. Si él no le creía o decidía que ella era una amenaza, todo podía terminar muy mal para ella. Él podía ir con los Mortífagos y entregarla o mostrar este día completo a Voldemort, porque si sus cálculos era exactos, Regulus ya estaba pronto a tomar la marca tenebrosa, si es que algo no se había alterado y ya la tenía.
Dumbledore de esta época y el de la suya dijeron exactamente lo mismo, la decisión era de ella, únicamente suya. Y Sirius… él había ayudado con algo más que con palabras cuando aceptó que Hermione haría sí o sí aquel viaje, recordó tocando con cariño la caja entre sus manos.
Debo arriesgarme y confiar en mi instinto, pensó segundos antes de clavar sus ojos en el chico.
Suspiró y seleccionó muy bien sus pensamientos. Cerró los ojos y habló.
–Ya puedes entrar.
Como un niño que está esperando por sus regalos de Navidad, Regulus entró en su mente y ella sintió un ligero dolor constante pero soportable. Él trataría de empujar sus barreras mentales más allá de lo permitido, eso era seguro.
Por su parte Reg, como le gustaba que lo llamase únicamente su hermano, se vio sorprendido y casi en shock cuando se topó con la primera imagen en la cabeza de la extraña bruja frente a él. Pero no se detuvo hasta llega al final de todo esto.
–¿En serio esa mujer no se calla nunca, Sirius? –Preguntó Hermione mientras salían de la habitación en donde minutos antes había aprendido más del árbol genealógico de la familia Black.
¿Su casa?, pensó Regulus. Pero eso era imposible, de dónde esa bruja podía haber estado antes allí. Y esperen… ¿Lo llamó Sirius? Claro que era su hermano, pero mayor, mucho mayor. Y se veía acabado. Tenía que seguir viendo.
Sirius la miró ofendido.
–No llames 'esa mujer' a mi dulce madre, Granger. –La respuesta del hombre de treinta y muchos hizo reír a la joven del recuerdo que se veía más feliz que nunca. –Mi madre… –suspiró el hombre y los guio a ambos escaleras arriba – extraña mujer, pero no… no se calla nunca.
Entraron en una habitación completamente verde y plateada.
–La habitación de mi hermanito, –señaló Sirius – que como puedes ver es una reverencia a Slytherin. Toma lo que quieras…
¡Alto ahí! Cómo que toma lo que quieras, maldito hijo de squib, volvió a pensar Regulus que cada vez estaba más confuso. Su habitación. Era un recuerdo verdadero, él sabía diferenciar cuando manipulaban un pensamiento, pero ¡por Merlín! ¿Qué era esto?
La Hermione del recuerdo se lanzó sobre unas cuantas cosas y las fue guardando en una pequeña caja de madera.
–El único que no encajaba aquí eras tú, Sirius. –Señaló dulcemente con una media sonrisa.
–Lo hubiese hecho, –contestó justo cuando ponía sus fuertes manos sobre los hombros de la muchacha quien se giró para verle mejor – pero no podía. Reg se dejó vencer, él era determinado y justo Hermione, si en alguien podías confiar era Regulus Black, aún con sus aires de sangre pura y diferencias conmigo… sabía hacia qué lado se debía inclinar la balanza y el momento. –Suspiró y se perdió en los ojos de la chica – A veces pienso que debí insistir y llevarlo conmigo, con una maldición si era necesario, pero no dejarlo.
Hermione abrazó a Sirius y la imagen se fue decolorando hasta quedar solo el negro.
Un sentimiento extraño comenzó a invadir el corazón constantemente quieto de Regulus. ¿Qué acababa de ver? Eso era un recuerdo dentro de… ¿veinte años? Por supuesto que él no era estúpido. Su hermano, un hombre mayor estaba en su casa, su actual casa que ya no era su casa y estaba vieja, abandonada… y esta chica frente a él lo trataba como si fueran… ¿novios? ¿Novios dentro de muchos años? Y él… ¿por qué hablaban de él como si ya no existiese? ¿Era acaso que ya no existía? ¡No! Él estaba aquí y ahora, pero lo que vio no era del aquí y ahora.
Sintió que Hermione bajaba otra barrera para permitir que entrara a un nuevo recuerdo, pero por primera vez no quiso seguir. Rompió el hechizo.
Regulus salió de la mente de Hermione y se puso en pie. Camino trastabillando hasta la ventana y se sujetó ahí. Parecía que fuese a vomitar.
Y vomitó, sobre la costosa alfombra blanca de Hermione.
Ella abrió los ojos y luego de recuperarse de la intromisión a su cerebro se dirigió al chico y limpió con un hechizo el desastre. Le tendió una toalla que había conjurado y que él aceptó con cierta reticencia, pero agradeció al final.
–El baño está arriba a la derecha.
Sin mirarla corrió a donde le había indicado.
Hermione sabía todo lo que Regulus estaba sintiendo y había sentido, no solo él había entrado en su mente. Ella también lo había hecho, aunque ahora estaba totalmente agotada.
Sintió pena por el muchacho que se encontraba atormentado y confundido. No había rabia ni desconfianza, solo dolor y confusión. Al menos hasta donde pudo ver y sentir.
Pasó al menos media hora antes que Regulus bajara con paso cansino. Estaba pálido y había rastros de lágrimas ya secas en sus mejillas, sus ojos estaban rojos.
–Deja de mirarme como si fuese un perro muggle que acaban de atropellar y que no come hace días. –Pidió con voz ronca por haber estado vomitando y llorando.
–Disculpa, –se excusó Hermione –te traeré un té.
Se paró rápido y vio cómo se dejaba caer sobre el sofá. Escuchó su grito más recuperado desde la sala.
–¡Me quisiste envenenar! Lo sabía, pero mi sangre es tan pura que resistió.
Hermione sonrió. ¿Sería cosa de Black querer parecer fuerte cuando estás a punto de caer?
Cinco minutos más tarde Regulus se tragaba el té sin miramientos.
–Perdón… yo dejé todo sucio y no puedo limpiar, –dijo sin mirar a Hermione –ya sabes… no magia y… bueno… no hay elfos… –estaba a estas alturas tartamudeando.
–Tranquilo, –Hermione se acercó y puso una mano sobre la de él, no escapó del contacto, pero sí la miró atento –sé que no te rebajarías a limpiar como un muggle, lo sé.
Respiró aliviado y Hermione esperó al menos media hora más en que el chico parecía dormido pero en realidad solo se estaba calmando.
Finalmente habló.
–Tú… –la señaló y luego apuntó la caja, era mejor empezar por ahí – eso… ¿es para mí?
Hermione ya no se veía sorprendida, se había dado cuenta de lo brillante que era Regulus y que ataría cabos solo y sin ayuda. Solo necesitaba tiempo para procesarlo. Asintió y se la tendió.
Las manos le temblaban, pero necesitaba llegar hasta el final de todo esto.
Abrió la caja y sus labios se curvaron en una perfecta expresión de sorpresa.
–Con un demonio… –susurró en lo que vaciaba el contenido sobre su regazo.
Había visto hacer cosas terribles a Mortífagos y hasta al mismo Voldemort en las especiales y honorables reuniones que sostenía con las mejores familias, había sido testigo de manipulación de pensamientos, recuerdos y objetos, pero si de algo estaba seguro es que esto era demasiado refinado para ser un hechizo muy complejo obra de las artes oscuras. Esto era real. Tan real como él sentado frente a una bruja que era más de lo que pretendía ser ante el resto del mundo mágico.
Estiró un banderín de Slytherin con el que había celebrado la victoria en el juego de Quidditch frente a Gryffindor la temporada pasada. Sobre el pedazo de tela puso una fotografía en donde él y Sirius sonreían al mundo enarcando una ceja, de eso ya diez años. Un libro de pociones avanzadas y el diario en donde solía escribir sus pensamientos y rara vez algún sentimiento que afloraba y que se quedaba encerrado entre las letras y páginas en blanco.
Todo eso estaba en su habitación, lo había dejado allí antes de salir.
Pero también Hermione lo había tomado en aquel recuerdo.
Y ahora lo tenía aquí.
Eran sus cosas, solo que más viejas. Las hojas ya no tenían ese olor a nuevo y eran amarillas. El banderín estaba descolorido y raído por el evidente paso del tiempo. La fotografía era la única que le sonreía como si hubiese sido ayer y no diez años… ¿o más?
Al fondo de la caja había un pequeño pergamino doblado en muchas partes, era nuevo o eso parecía. Fuera tenía su nombre en una letra bastante conocida. Lo abrió y leyó tantas veces que perdió el paso del tiempo y la terminó memorizando.
Reg,
De seguro estás pensando, ¿qué tipo de hechicería es esta? ¡Por Merlín, esa bruja está hasta las barbas!
Bueno, no la ofendas, esa chica me importa y mucho. Y sí, antes que lo pienses, me importa más que mi loca motocicleta muggle o tener un unicornio, aunque ambas sean ilegales.
Sé que esto es difícil de ver, entender o creer… pero Reg, es cierto y eres o serás parte importante de lo que está ocurriendo. Ahora lo sabemos y sería genial que nos ayudaras, aun cuando fuese en tu estilo.
Siempre fuimos muy unidos, a pesar de ser constantemente separados por nuestros padres, la sociedad mágica o nuestras decisiones, sobre todo mis decisiones. En el futuro tampoco logramos encontrarnos, pero quiero que sepas que lo siento, cada día más que el anterior y aunque esté mal en un Black sentir y decir estas cosas… si de algo me arrepiento es no haberte dicho esto a tiempo, decirte lo mucho que me importas y te quiero.
La chica está de mente.
Créele y por favor, encontrémonos en algún loco tiempo.
Con cariño,
Sirius Orion Black.
Hermione le había dado espacio y se encontraba preparando la cena cuando sintió a Regulus seguirla hasta la cocina con una silla y sentarse allí.
–La cena estará dentro de poco, –comentó animada – es casi seguro que tienes hambre después de… bueno, debes tener hambre.
El muchacho no dijo nada, simplemente se tragó cada cosa que la bruja ponía en sus manos. No se molestaron en sentarse en la mesa que estaba en el comedor, comieron en la cocina.
Cuando Regulus cruzó la puerta de esa casa lo último que había pasado por su cabeza era todo esto. Él creía que era una prueba más de los Mortífagos o que era secuestrado por algún enemigo. Esto jamás.
También había pasado mucho tiempo, comenzaron todo como a las cuatro de la tarde y ya eran las diez de la noche.
Después de cenar Hermione se dispuso a lavar los trastes mientras Regulus miraba la nada.
–Eres una sangre sucia. –Aseguró con la vista perdida en la pared.
Hermione arrugó la nariz molesta y contrariada. Esperaba que cuando se dignara a hablar fuese otra cosa lo que saliera de su boca, algo más inteligente. Cortó el agua del grifo y secó sus manos en un paño para luego enfrentarlo.
–Disculpe que esté intoxicando el aire que respira, su alteza. –Hizo una reverencia y pasó de él hasta la sala para seguir con el orden.
Regulus reaccionó y puso los ojos en blanco. La siguió, se lanzó sobre el sofá y colocó ambos pies sobre la mesa que estaba en el centro, arrojando y rompiendo todo a su paso.
Hermione enfurecida y arrepentida de haber precipitado las cosas, que claramente no estaban saliendo como las imaginaba, ningún extremo de aceptación o furia por parte del chico, se apresuró a recoger el desastre que había dejado.
–Sangre sucia y criada por muggles. –Volvió a decir cabreado el chico.
La castaña explotó y tiró todo al suelo nuevamente, sacó su varita y lo apuntó.
–¡Ya basta! ¿A qué viene todo esto? Te enteras de algo gigante, te estoy confiando… –Movió su mano libre sin saber cuál palabra era adecuada. Prefirió dejarlo. – Y solo me recriminas mi estatus de sangre.
–Al fin reaccionas como una mestiza, al menos. –Dijo serio Regulus.
Había algo que no estaba comprendiendo la chica. ¿En qué momento pasó a ser él quien controlaba todo?
Vio cómo jugaba con una pelota entre sus manos y con aire suficiente se explicaba. Ella por su parte se sentó y bajó la guardia.
–Eres bruja, Hermione. –Dijo su nombre como una palabra que aún trataba de digerir. –Y eres importante para mi hermano, eres poderosa y por algo que no logro entender del todo estás en este tiempo con un motivo fundamental para… ni siquiera sé para qué, pero si Dumbledore y Moody están involucrados, –se carcajeó cansadamente – ¡por Morgana que debe ser importante! Seguramente involucra la seguridad mágica. Y aun así… con esa responsabilidad y honor, –la miró fijamente – actúas como una muggle… preparas comida, lavas trastes y recoges las cosas del suelo. ¿Qué anda mal contigo? Dime que no llevas haciendo esto desde que llegaste… porque de lo contrario serás presa para los Mortífagos y quién sabe si hasta para Voldemort, si se enteran.
Terminó agotado y Hermione cerró los ojos dándose un golpe mental.
Enumeró las veces que actuó como la Hermione Granger de su propio tiempo en el Ministerio o frente a otros magos. No fueron muchas, casi siempre lo hacía solo en su casa, pero era un riesgo, un descuido en el que no había reparado.
–Detalles. –Dijo Regulus.
Se quedaron en silencio y el muchacho volvió a ser quien rompió el silencio.
–Necesito que me lleves a casa, no me puedo aparecer y ya es tarde. –Pidió en lo que se ponía en pie.
Hermione quedó desconcertada y solo atinó a una pregunta obvia.
–¿Cómo llegaste acá si aún no tienes edad para aparecerte solo?
Claro, no podía hacer magia y recién caía en la cuenta que tampoco podía aparecerse sin ser detectado. Cómo demonios lo hacía.
–Kreacher, mi elfo. –Contestó. – Me estaba esperando en el callejón continuo a mi casa, me trajo y luego se fue. Le dije que volvería solo, no pensé en esto.
–Puede venir por ti. –Se cruzó de brazos Hermione.
Regulus giró sus ojos y esta vez ella lo pudo ver.
Malcriado.
–Por supuesto, y dentro de media hora tienes a todo un ejército atacando tu casa y a ti, no seas ridícula, sabes quiénes somos los Black, por más que sea mi elfo y me adore… sirve a la casa de los Black, mientras yo, su amo viva en ese lugar y sea menor de edad, también le debe guardar lealtad a mis padres. Si me voy y lo llevo conmigo… las cosas cambian.
Hermione no supo qué pensar ante esa confesión. No había dicho nada sobre lo que había pasado, pero dejaba en claro que no la delataría.
–Saldremos por el patio trasero. –Tomó su túnica y él la siguió.
Le tendió el brazo una vez llegaron hasta los árboles que adornaban el jardín trasero, y antes de tomarla Regulus habló en un susurro.
–Esto lo cambia todo, –confeso – puede que el Sirius de esta época sea un maldito casanovas, déspota y engreído que se regodea en su fama… pero es el mismo Sirius que escribió esa carta, una carta para mí en donde dice que me quiere. –Sonrió y Hermione pudo verlo a la luz de la luna. – Y si siente eso en tu tiempo, siente lo mismo ahora… solo que es demasiado joven. Todos lo somos.
–Tuvo que pasar por tanto… –Dijo en un susurro Hermione.
–La esencia está ahí, ¿cierto? –La chica asintió y él hizo lo mismo. –Nunca me atrevo a nada, algo que quiera porque… siempre había pensado que Sirius me odiaba y yo… lo admiro y quiero tanto. Él es esa estrella que me guía. Y ahora sé que todo puede ser distinto. Hay esperanza.
–Claro que la hay, por eso estoy acá. –Hermione estaba más tranquila. –Pero nadie más debe saberlo, no todavía, solo Dumbledore, Moody y ahora tú, Regulus.
Su petición había quedado clara.
–Esta guerra no terminó ni siquiera en mi época Regulus, –continuó la chica ante un atento Black –ya van más de veinte años y se pone cada vez peor. Esto es riesgoso, sabes lo que pasa cuando alteras el tiempo, pero… ¿qué más opciones tenemos? Podríamos salvar y cambiar la vida de tantos. –Dijo soñadoramente.
–¿La de Sirius y la mía… también? –Preguntó tragando en seco.
–Ni te imaginas de cuántas formas.
El chico y asintió. Tomó la mano que le había extendido y sintió el jalón en su estómago. Cuando abrió los ojos se encontraba en el parque frente al 12 de Grimmauld Place.
–Esto no nos hace amigos ni socios, Granger. –Dijo girándose y quedando frente a ella.
Hermione asintió.
–Tengo mucho que pensar aún y… miles de preguntas vendrán a mí. En cierta forma te odio por hacerme participe de esto, y por otra te estoy agradecido. Debo tomar decisiones.
–¿Me las harás saber? –Consultó tranquila la chica mientras su estómago era un atado de nervios. De esa respuesta dependía su integridad y saber si se había equivocado o no.
–Lo sabrás, a su tiempo. –Respondió Regulus con cierta gracia en la frase. –Ya sea por una ofrenda de paz y amistad o cuando el señor Tenebroso toque tu puerta.
Con una sonrisa y una pequeña inclinación en su cabeza se terminó de girar y emprendió rumbo a su hogar.
Hermione se apareció de vuelta en su sala.
Fue hasta la biblioteca y envió una lechuza a Dumbledore resumiendo prácticamente en clave todo lo acontecido. El director fue rápido en su respuesta.
Debía mantenerlo al tanto de todo.
Con la cabeza hecha un lío y su estómago dando saltos de los nervios se fue a dormir, no sin antes limpiar todo el desastre en su casa, eso sí esta vez lo hizo como la bruja que era.
Ya habían pasado dos semanas desde su reunión con Regulus y todavía no llegaba la ofrenda de paz y amistad ni los Mortífagos la habían molestado.
Hermione se sentía en la más completa ignorancia.
Moody le había recriminado ser tan precipitada, mientras que Dumbledore pensaba que Hermione había actuado conforme la situación presentó la oportunidad, y claramente el joven Black podía ser de ayuda, y qué mejor que una conversación que lo aterrizó de golpe en la realidad.
En el trascurso de las dos semanas Hermione se había movido entre el Ministerio, una que otra redada que cada vez comenzaban a ser más frecuentes y aumentaban en violencia por parte de los seguidores de Voldemort que cada vez eran más, y también se la había pasado fiscalizando a magos y brujas que parecían sospechosos en el callejón Diagon y sus alrededores.
En sus tiempos libres caminaba por fuera del 12 de Grimmauld Place para ver si Regulus se aparecía, pero nada.
Por otra parte estaba aplazando el hecho de ir a cenar con los Potter, sus vecinos y ser presentada por Dumbledore, ya que no quería toparse nuevamente a Sirius, al menos no hasta haber aclarado la situación con Regulus y saber a ciencia cierta que podía acercarse a él sin dañarlo.
Además le dolía estar con Sirius en una misma habitación y ser simples desconocidos. Quería cambiar eso, pero ese tema era de cuidado y no se precipitaría.
Era tan valiente que podía luchar con el mismísimo Voldemort, pero no entablar amistad con Sirius Black.
Se lo haría saber, cuánto lo amaba, era promesa.
Una promesa que crecía cada día en su corazón.
También se había acostumbrado a hacerlo todo con magia. Desde el cambio pasaba más que desapercibida en todas partes, excepto cuando Moody la llevaba como mascota.
Estaba pensando en todas estas cosas sobre su cama, había sido un día largo y apenas llegó se dio un baño para acostarse, no había comido nada. Sus parpados cada vez estaban más pesados, y sin darse cuenta se quedó profundamente dormida.
¿Cuánto llevaba dormida? ¿Qué hora era? ¿Dónde estaba? Fueron los primeros pensamientos que la asaltaron cuando sintió unos pasos en su sala y que alguien había tirado parte de sus adornos al piso. El servicio de plata sonó estrepitosamente en la planta baja.
Se paró de un saltó y varita en mano comenzó su recorrido hasta donde estaba el intruso.
¿Y si era un Mortífago? Estaba sola.
¿Y si era más de uno? Imposible entrar con tantas protecciones.
Bueno, las condiciones no habían cambiado mucho desde la última vez que se enfrentó a un par en su tiempo, estando sola.
Llegó hasta las escaleras y pensó si era mejor enviar un Patronus a Dumbledore o Moody, pero también podía ser solo una ventana abierta y los molestaría por nada.
Claro Hermione, una brisa que rompe todo en casa.
Dejó salir todo el aire acumulado en sus pulmones y bajó despacio las escaleras haciendo el menor ruido posible. Las luces estaban encendidas, fue de lo primero que se percató. También había movimiento en la cocina.
Era solo uno, eso seguro.
Terminó el recorrido y apuntó a la cocina, pero no había nadie, aunque había un par de frutas en el piso.
Se giró en dirección a la sala y antes de reaccionar con una maldición o un hechizo protector, un par de manos jalaron su pantalón de pijama.
Se quedó petrificada.
Una risita nerviosa demasiado conocida llenó el silencio y lentamente fue reaccionando sin dejar de apuntar con la varita a su ahora conocido invasor.
–¡Hola! –Saludó una voz chillona.
Hermione no reaccionaba.
Frente a ella tenía a una pequeña figura que se mantenía agarrada a su pantalón y la miraba con sus enormes ojos brillando y una sonrisa pintada en la cara. Vestía tal como la última vez que lo había visto, con harapos por ropa y lucía igual de mal alimentado, aunque menos herido y no había sangre. Estaba más joven también. Sus orejas le causaron una gracia insospechada y reparó en que sus manos no traían vendajes.
Finalmente se relajó y bajó también la varita. El susto había pasado, el intruso era menos que peligroso.
–Hola. –Le devolvió el saludo mientras se ponía a su altura y quedaba de rodillas en la alfombra.
–La varita no me molesta, –dijo la criatura –estoy acostumbrado a que me amenacen o hechicen al menos diez veces por día.
A pesar de lo triste que sonaba, Hermione no pudo evitar sonreír por tener a alguien tan familiar a su lado y quiso abrazarlo, aunque se contuvo y trató de actuar normal. Se guardó las lágrimas y aclaró su garganta.
–¿Quién eres y qué haces en mi hogar? –Preguntó sonando segura y demandante.
Exactamente como deberías sonar si invaden tu privacidad a las… ¿dos de la mañana?
La criatura hizo un gesto avergonzado y sorprendido.
–¡Oh! La lechuza se debió haber retrasado, –dijo a modo de disculpa – soy Dobby, Elfo libre recientemente. –Miró el reloj sobre la pared. – Libre hace tres horas y cinco minutos con exactitud. –Su sonrisa era enorme. – Y fui enviado por el señor Regulus quien me hizo esclavo nuevamente, él dijo que mi lealtad de ahora en adelante se debía con mi ama la señorita Granger, una bruja muy rara pero que sería buena ama.
¿Qué?
Hermione no necesitó hablar, porque Dobby pareció entender que ella no estaba comprendiendo.
–Soy una ofrenda de paz y amistad. –Concluyó orgulloso el Elfo y miró hacía todos lados. –¿Por dónde comienzo?
Hermione cayó con la espalda en la pared y se quedó desconcertada, sin saber qué hacer con su nuevo elfo en la sala esperando una orden.
…Travesura realizada…
Nota de Autora: ¿Cómo están chicas/os? Acá les dejo nuevo Capítulo. De ahora en más seguro se pondrá más rápida y con acción –al estilo varitas y también Sirius Black – la historia, porque primero era fundamental trazar el argumento base y las relaciones de lealtad de Herms.
Trataré de subir más seguido también, y me alegra mucho que el fic tenga buenos resultados en el tráfico. Muchas gracias a TURNER y a Athefrod por sus Reviews y elogios. La verdad trato de ser lo más minuciosa con la redacción y ortografía. Espero de todo corazón les siga gustando y cualquier cosa me comentan. Soy muy fan de esta pareja no canon, pero no he leído justo esa historia, aunque siempre que me recomiendan tomo el consejo. Besotes a ambas.
Y bien… ¿me dejan en un review su comentario, tomatazo o qué les pareció?
¡Besos a todas/os y nos leemos en el siguiente cap!
