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Allí estaba, perplejo. Observando fijamente a la muchacha con la que se había tropezado.

Adrien bajó la mirada, avergonzado.

Por muy ensimismado que estuviese en aquellos asuntos que le carcomían gradualmente, debía prestar más atención a cuanto acontecía a su alrededor.

Se sintió mal; Marinette no debía pagar por sus preocupaciones.

Sin embargo y pese al brusco percance, su corazón se detuvo un instante al verla sonreír con calma y seguridad, restándole importancia al tema.

Sin saber por qué, correspondió aquel gesto, pues le era vagamente familiar.

—No pasa nada, tranquilo. —dijo ella, sintiéndose gozosa de verlo, como si su mera presencia le brindara dicha y calidez, como si se reencontrara tras largo tiempo con un viejo amigo.

Adrien vaciló, sin saber con exactitud qué hacer, pues no estaba habituado a que ella le hablara con tanta soltura y decisión.

No obstante, no le desagradó su actitud, por lo que ensanchó su sonrisa.

Marinette, por otro lado, se ruborizó con intensidad al recapacitar.

¿Cómo podía haber pronunciado cuatro palabras seguidas sin balbuceo alguno? ¿Acaso el mundo se había puesto del revés?

—E-es decir, a ver...No es como si y-yo no me tropezara a menudo, ja, ja...—soltó una carcajada excesivamente aguda y nerviosa—. Y no es como si y-yo n-no me alegra-grara de verte, A-Adrien. Es más, ¡m-me has alegrado el día! —sintió sus mejillas arder y, reprochándose internamente su desliz fatal, se mordió el labio.

El joven rubio la miró.

Marinette deseó por un momento que se la tragara la tierra.

Aquello se hallaría inhóspito y deshabitado, pero se encontraría protegida ante humillaciones como esta, de eso estaba absolutamente convencida.

—Yo también me alegro de verte, Marinette—respondió con una pequeña sonrisa, riendo levemente. Marinette, sintiendo el calor extenderse por su rostro, bajó la mirada—. ¿Qué tal si regresamos a clase?

La muchacha asintió efusivamente y atinó a hacer un amago de sonrisa, enternecida.

La risa de Adrien aún resonaba en sus oídos, sonora, melodiosa, sincera.

Se asemejaba a la que pudo presenciar el día que lo conoció y eso la reconfortó con creces.

No obstante, Adrien tenía unas pronunciadas ojeras y no mostraba muy buen aspecto; debía infundirle ánimos de alguna manera.

El rubio, por su parte, se sentía un poco mejor, pero la culpabilidad le asaltaba en cada momento. Se encontraba inquieto y agotado.

No había logrado conciliar el sueño en días; el abrumador insomnio se había apoderado de él.

«¿Qué estará haciendo mi lady? ¿Estará bien?», solía preguntarse cuando le apresaban las dudas.

¿Y si no había hecho lo correcto?

Sin embargo, luego desechaba esa idea.

Se convencía de que mejor estaba sin él, de que Chat Noir tan solo la estorbaba y conformaba una enorme carga en las batallas. No necesitaba su ayuda en absoluto.

Adrien observó de refilón a su amiga, quien, a pesar de que inicialmente mostraba incomodidad, en ese momento tan solo manifestaba nostalgia.

Y se abstuvo de soltar algún comentario para atenuar la tensión.

Ciertamente, desconocía si Marinette reaccionase bien, pues parecía constituir una molestia cuando respondía con humor como Chat Noir.

En resumen, se formó un silencio tenso y sumamente incómodo, aunque ambos adolescentes eran ajenos a ello, pues se hallaban abstraídos de la realidad, atrapados en sus propios mundos y angustias.

El tiempo transcurría, mas ninguno de los dos amigos mediaba palabra alguna.

Aún quedaba un buen trecho hasta el laboratorio de química, donde la señorita Mendeleiev impartía clase, y los minutos parecía horas.

El silencio reinaba, tirano y dominante, entre ambos jóvenes.

Nadie se había atrevido a iniciar una conversación. Nadie constaba de las ganas para hacerlo.

Cada uno se hallaba perdido en sus pensamientos y parecía que no articularían palabra y romperían el hielo jamás.

Parecía, como bien mencioné.

—Adrien.

El aludido despertó abruptamente de sus cavilaciones y dirigió su mirada a Marinette, desconcertado.

Ella, en cambio, esbozó una tímida sonrisa y desvió la mirada durante algunos instantes, dubitativa, para luego volver a hacer contacto visual con él.

No sabía de dónde había surgido la idea y mucho menos la razón por la cual la consideró, pero no se arrepentiría.

Al menos, eso esperaba ella.

Tanta tristeza, autocompasión y desasosiego la estaban ahogando y necesitaba, al menos, un respiro de aire fresco. Necesitaba eliminar ese estrés aun siendo momentáneamente, necesitaba verlo sonreír y alentarle.

Necesitaba ver ese centelleo en sus orbes esmeralda y necesitaba infundirse a sí misma ánimos, de alguna manera.

Por otro lado, era una idea absurda, ridícula, descabellada e indudablemente infantil.

No obstante, ella era capaz de hacerlo y, de algún modo, sentía que Adrien no se quedaría atrás.

—¡A-a que yo llego antes a clase que tú! —le desafió con brusquedad y se marchó corriendo como una exhalación, pues temía que rechazara la inmadura propuesta y se riera de ella.

Marinette cerró los ojos con fuerza y disminuyó la velocidad tras eternos segundos, creyendo que se había comportado de una manera estúpida ante su amado Adrien.

«¿Qué acabo de hacer? ¡He hecho el ridículo frente a él!», pensó, aterrada, mientras se mordía el labio inferior. «Tan solo quería animarle», confesó para sus adentros, abatida.

Todavía existían varios pasillos que la alejaban del aula, pero frenó abruptamente, opinando que su actuación había sido un sinsentido.

Eso pensaba hasta que vio a una ráfaga humana cruzando junto a ella y riendo.

—¡Te creía más rápida, Marinette! —exclamó, risueño.

La peli azul no pudo evitar esbozar una sonrisa y sintió cómo su corazón volvía a latir, al menos ese día, al menos en ese momento.

Sin pensárselo dos veces, aceleró drásticamente y, en cuestión de segundos, llegó y superó al joven Agreste, quien parpadeó, anonadado.

Luego, cambió su expresión de incredulidad por una provocadora.

Esto sería divertido.

Y sus ojos rutilaron durante un segundo.

No he muerto, gente, ni mucho menos.

Siento mucho no haber actualizado en años, pero entre que no me encontraba con las fuerzas, ni con inspiración y la universidad, pues he ido dejando este proyecto de lado. No obstante, no tengo intención de dejar de escribir (saben bien que no), solo que no lo podré hacer con la frecuencia con la que me gustaría. Espero que lo entiendan.

DANIELA123: Muchas gracias por tus palabras, me alegra saber que mi historia te ha enganchado tanto. ¡Un abrazo!

Natalie0.0: Gracias, me alegra saber que te gusta mi forma de escribir. Es cierto que, bueno, críticas vamos a recibir siempre a lo largo de nuestra vida, pero no hay que desanimarse sino seguir haciendo lo que más nos apasiona.

Himitsu: Muchas gracias por tu comentario. ¡No te puedes ni imaginar cuánto lo aprecio! Me alegra mucho que te guste tanto la historia.

Vaya. Muchas gracias por sus ánimos y por todo el amor que le están dando a esta historia. ¡Me alientan a continuar! ¡Muchísimas gracias!

¡Saludos a través de la pantalla!