Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo V

–Bien Dobby… –Dijo Hermione mientras servía un poco más de té en la taza de loza hermosamente decorada y la ponía frente al elfo que estaba sentado en el sofá de la sala. – Ahora te escucho. Cuéntame por favor, ¿qué es todo esto?

Dobby mucho más calmado comenzó a tomar una nueva taza de té.

Al principio todo fue caótico, el elfo lo quería ordenar todo y se comenzó a castigar por haber entrado sin permiso al hogar de su nueva ama e intentar robar comida, su excusa fue el hambre al que había estado sometido. Hermione en un intento por calmarlo lo invitó a sentarse y a que podía tomar lo que quisiera para comer. Una nueva ronda de lloriqueos, gritos y castigos llegaron. Fue entonces cuando recordó lo ocurrido con aquella misma criatura y Harry durante su segundo año en Hogwarts.

Dobby no hacía más que llorar y tras una larga lucha que los llevó a estar finalmente tomando el desayuno preparado por Hermione a las nueve de la mañana, el elfo se había calmado y aceptado que su nueva ama era como dijo Regulus, una bruja rara pero buena.

Hermione tenía que marcharse a una redada al medio día y no había dormido nada. Y como si fuese poco tenía a un elfo llorón y agradecido a su cargo. Pero era Dobby, nada que hacer.

Pasó sus manos por su rostro y acunó su cara entre ellas prestándole toda la atención a su nuevo compañero de casa.

Dobby dejó la taza sobre la mesa de centro y tras tragarse una galleta, que Hermione estaba seriamente pensando patentar como receta original y sacar provecho a sus dotes culinarias, comenzó a contar todo lo sucedido a la par que movía sus delgadas piernas.

Noche anterior. Diez de la noche. Mansión Malfoy.

La extravagante y recién estrenada Mansión Malfoy estaba hasta el tope con invitados de todas las latitudes. Elegantes túnicas y vestidos de gala ondeaban por doquier. Todos, absolutamente todos reían y algunos hasta se animaban a bailar al compás de la música que salía directamente desde la orquesta contratada para la ocasión.

Todos, excepto un joven pelinegro de dieciséis años que se encontraba recargado en una pared del final del corredor más abarrotado y que por todos los medios trataba de pasar desapercibido. Tenía una copa hasta la mitad en su mano derecha de la cual bebía de vez en cuando.

Una mujer le habló y cabreado decidió pasar por esta vez, se encaminó hacia los jardines, sonriendo falsamente al Sr. Y Sra. Malfoy que presumían de su reciente matrimonio y su amada mansión.

Hermosos.

Regulus estaba harto de la frivolidad a su alrededor, y sobre todo que al ahora ser el heredero Black, sus padres lo arrastraban a cada evento social y familiar con el único objetivo de lanzar hijas de familias sangre pura y encontrar a la adecuada para arreglar un matrimonio tan conveniente como el de los Malfoy.

Una vez en los amplios jardines puso mucha atención a una discusión que se llevaba a cabo cerca de él.

¡Dobby lo siente mucho Señora Lestrange! No volverá a ocurrir… –terminó en un susurro la chillona voz del elfo doméstico.

Regulus se escondió tras unos arbustos y miró la escena repentinamente interesado.

¡Insolente! –Gritó la demandante voz de su prima Bellatrix. – Por supuesto que no volverá a ocurrir otra vez criatura apestosa –dijo con voz malvada y susurrando –, porque la próxima te haré sufrir de una manera que ni imaginas. Y para ti soy tu ama.

Un quejido llenó el lugar.

De hecho mi ama es la Señora Malfoy… –comenzó el elfo y Regulus supo lo que venía.

Bellatrix lanzó hasta el otro extremo al elfo con un hechizo simple y se río fuerte cuando pegó contra una estatua.

Quedas advertido, y repara eso…

Regulus esperó a que su prima entrara en la mansión y se acercó hasta el pequeño elfo que se quejaba y lloriqueaba mientras trataba de reparar la estatua rota en varios pedazos.

¿Necesita algo señ… amo? –se corrigió mirando a Regulus.

El chico negó con la cabeza y miró atentamente al elfo hacer su trabajo. Era laborioso y respetuoso… pero había cierto espíritu rebelde que afloraba con solo mirarlo.

Era perfecto, pensó.

Regulus ya había tomado una decisión, de hecho lo hizo la misma noche que habló con Hermione Granger. Él quería formar parte de la revolución, la lucha que se avecinaba, pero en el bando correcto. Eso de ninguna forma cambiaría su forma de ver todo lo que conocía, pero se le estaba presentando una oportunidad única de hacer las cosas diferentes, de estar con su hermano en buenos términos y por qué no… ser una real familia.

Tenía tantas preguntas y había cosas que no llegaba a comprender, pero entendía lo esencial. Hermione Granger era una viajera en el tiempo y por alguna razón las tres personas que sabían esto jugaban un papel fundamental y podían ayudar a cambiar el futuro del cual venía esta chica. Hermione y su hermano tenían algo y para él era importante. Y por último su propio hermano le envió una carta en donde le pedía ayudar y de ser posible volverse a encontrar.

Encontrase, eso tenía más de un significado.

Ayudaría, pero a su manera, al estilo que había aprendido desde pequeño, al de la Noble y Ancestral Casa de los Black.

Giró la cabeza al elfo y vio que finalmente había terminado. Sonrió.

¿Dobby, cierto? –Preguntó demandante.

Sí, amo. –La respuesta de la criatura fue llena de miedo mientras se apretaba las manos. –¿Necesita algo?

Que me respondas con total sinceridad, aun cuando esa respuesta pueda provocar que te hechice o castigue. –Dijo el muchacho y se puso en pie quedando frente al elfo. –Y párate derecho.

Dobby se puso derecho y asintió con la cabeza, aunque tenía miedo.

¿Cuál es… –comenzó Regulus –el peor castigo que puede recibir un elfo en su vida? ¿Un golpe, insultos, algún hechizo… o qué? Y también… ¿qué piensas de ello?

Dobby se lo pensó un poco y tras un breve quejido empezó a hablar.

Ser un elfo libre. –Respondió ante la atenta mirada de Regulus quien sonrió malvadamente ya planeando en su cabeza. –Un elfo nace para servir, amo, y ser liberado es el peor de los castigos, somos alimañas… ¿dónde y quién nos dará un hogar? Pero… –y Dobby bajó la vista – Dobby no piensa así, Dobby ansía la libertad como necesita respirar… –lo miró soñadoramente y apareció la rebeldía que había visto antes el joven Black. –Dobby quiere ser un elfo libre, trabajar y dejar de ser golpeado… aunque es imposible. –Suspiró y su cabeza volvió a caer.

Regulus se volvió a sentar y llevo hasta su lado al elfo tomándolo por los hombros.

El plan estaba trazado.

Conozco una bruja, es loca y muy rara Dobby… ella piensa como tú, creo que se llevarían bien. –El elfo lo miró ilusionado.

¿Una amiga, prometida quizá? –Curioseó Dobby.

Regulus se carcajeó y presionó su brazo izquierdo con la palma derecha. Ardía.

Peor que eso, Dobby, –respondió haciendo una mueca – no puedo darte detalles, solo que será tu nueva ama, deberás serle fiel y ayudarle en todo, protegerla. Al parecer… será familia. –Otra mueca – Es sangre sucia. –Susurró.

Dobby abrió su boca y la cerró, la idea le agradaba.

Con mi hermano, Sirius. –Aclaró el joven y Dobby soltó una risita.

El joven Sirius Black es un rebelde, la deshonra de la familia Black, me agrada. –Regulus sonrió ante el comentario. A él también le agradaba su hermano. –Pero amo, yo ya sirvo a una familia y…

Yo me encargo de eso… –lo cortó el pelinegro. –Solo quiero que te comportes como un elfo sumiso al que le han quitado su honor, que agaches la cabeza y no seas tan respondón. –Se puso en pie otra vez y lo miró. –Nos encontraremos aquí a las once de la noche. Entra, yo te busco.

Miró su reloj de bolsillo, tenía veinte minutos.

Se encaminó a la mansión y se sorprendió cuando Dobby colocó sus manos alrededor de su antebrazo izquierdo. Dejó de arder y no sintió nada más.

Los elfos tenemos poderes curativos, –explicó – a toda su familia le ha dolido, la marca tenebrosa. –Regulus le agradeció en silencio. –Pero usted es diferente, amo.

Hubo un click y se desapareció.

La marca. La había tomado hace una semana y seguía ardiendo, es como si su sangre la rechazara y no solo eso.

Entró en la mansión y no le costó ubicar a Dobby sirviendo licores a los invitados que lo miraban despectivamente. Justo estaba pasando por el lado de la Sra. Goyle. Regulus sonrió y se apresuró, levemente empujó al elfo que cayó estrepitosamente sobre la mujer y manchó por completo su fino vestido.

Todo fue caos, Narcissa llegó pidiendo disculpas y Lucius se ensañó con el elfo. Detrás apareció Bellatrix despotricando contra la criatura.

¡Esta vez te mato! Avada… –había comenzado su prima ante el encogido elfo.

¿Matarlo? –Preguntó aburrido Regulus y dando un empujón a su prima aprovechando de romper el maleficio. –Que… desperdicio de magia sobre esta cosa, Bella. No pensé que fueras tan predecible.

Algunos invitados soltaron risitas y Bella se puso rígida.

¿Qué sugieres, heredero Black? –Preguntó con sorna.

Regulus fijó su mirada en Narcissa quien como recién casada no tenía nada bajo control y menos sabía qué hacer.

Es tu elfo…–señaló – Es tu decisión.

Ella lo miró con sus profundos ojos azules buscando ayuda.

Cissy, –Regulus ahora le susurraba cual serpiente en el oído – ¿Sabes cuál es el peor castigo para un elfo? –Ella negó furiosamente – Libertad.

Narcissa hizo una mueca y decidió que era momento de ser la dueña de casa. No era malvada, pero debían respetarla y sin saberlo, entró a una guerra de la cual no tenía idea sería participe.

Se separó del lado de la Sra. Goyle muy avergonzada y caminó con decisión hasta Dobby, aquel elfo que había servido a su familia y con el cual tenía buenos recuerdos.

Se quitó un pequeño pañuelo que adornada su cuello y se lo tendió al elfo que lo tomó y puso su mejor cara de dolor mientras los invitados se sorprendían.

Hasta Lucius la miraba sin entender.

Que sea tu raza la que se encargue de ti, elfo. –Le dijo ella tratando de sonar dura. –Eres libre y ya no tienes familia ni honor.

Dobby salió corriendo y Bellatrix estalló en una risa malvada. Todos hablaron sobre la humillación al elfo doméstico y la nueva Narcissa Malfoy, tan decidida. Luego lo dejaron por algún otro cotilleo.

Cissy se calmó lo más que pudo y miró indescifrablemente a su primo, Regulus le dio un asentimiento con la cabeza y desapareció por los jardines, donde como siempre, nadie lo siguió.

Faltaba un minuto para las once de la noche y se juntó con Dobby.

El elfo saltaba y gritaba de alegría con el pañuelo entre sus manos.

Dobby, baja la voz. –Pidió Regulus.

Se calmó y lo miró.

¿Cómo Dobby podrá agradecer? –Preguntó.

Iras a este lugar –le tendió una fotografía, la misma que cargaba con él en donde se mostraba el barrio mágico donde vivía su hermano. –Con Hermione Granger, tu nueva ama.

¿Vuelvo a ser esclavo, cómo es eso posible? –Preguntó Dobby acongojado.

Ella no te castigará, además me lo debes, y debe ser tu ama para que le jures lealtad. –Explicó. –Teníamos un trato. Apresúrate, le enviaré una lechuza para informarle, te encargas de contarle todo lo que pasó y dile… –se lo pensó un segundo – que eres una ofrenda de paz y amistad.

Dobby asintió y justo a las once de la noche hubo otro click y se desapareció de la mansión Malfoy, para llegar a una casa mucho más pequeña… pero esto sí era un hogar, pensó en cuanto lo vio Dobby con una sonrisa.

Para cuando Dobby terminó de contar la historia seguía moviendo sus piernas y Hermione no tenía rastro de sueño. Se encaminó a su cocina en silencio y lavó su rostro con agua fría.

¿Por qué demonios Regulus había tomado la Marca Tenebrosa?

Ella sabía que estaba en fecha, pero… con todo lo hablado pensó que cambiaría su parecer.

¿Qué pasaría ahora?

Volvió a la sala y una lechuza esperaba en el marco de su ventana. Le dio algo de comida y sacó la carta que traía en su pata. Ni siquiera leyó el remitente, solo la abrió.

Granger,

Espero la ofrenda de paz y amistad no haya llorado toda la noche o se haya castigado. Eres su ama de ahora en adelante, se llevarán bien.

Pasaré por la tarde a conversar, podrías tener de esas galletas.

Sin nada más que agregar,

R.A.B.

Definitivamente patentaría las galletas.

Se giró a Dobby, prefería no pensar más hasta que el joven Black, como le gustaba llamarlo a Dobby fuese en la tarde a conversar y aclararan unos cuantos puntos.

–Dobby, –dijo la chica – quiero que sepas estoy en contra de la esclavitud de los elfos y a pesar de entender los motivos de Regulus sobre la naturaleza de tu raza… veo que eres diferente.

El elfo asintió.

–Por lo tanto… –se sacó una de las tantas remeras con las que dormía. –Eres un elfo libre, ahora sí, Dobby. –La criatura tomó asombrado la prenda que pegó contra su pecho y lágrimas caían por su rostro. –Para mí no hay mayor muestra de lealtad que la amistad, así que… ¿quieres trabajar conmigo y ser mi amigo?

La pregunta no tenía dobles intenciones y Dobby lo supo ver así, ¡vaya que tenía razón el joven Regulus! Esta bruja era rara pero muy buena.

–Sería un honor y lo atesoraré con mi vida. –Respondió la voz chillona y feliz Dobby.

Hermione asintió y corrió a su habitación en busca de una pequeña bolsita roja de terciopelo.

–Dobby, ahora hablaremos de términos legales. –Dijo muy seria. – Trabajarás de lunes a viernes entre ocho y cinco de la tarde, tomarás tu hora de almuerzo cuando lo estimes mejor, –el elfo daba saltos de emoción sobre el sillón – no te pido nada elegante, solo el aseo y la comida. De vez en cuando quizá tengamos visitas, pero te aviso.

Hermione siguió pensando, estaba tan feliz de contribuir al trato respetuoso de las criaturas mágicas que sentía la fuerza para derrotar a Voldemort.

–Tu pago serán tres galeones por semana, –y sacó tres monedas de oro que le tendió al elfo – las cuales te daré por adelantado en esta ocasión. Quiero que vayas al callejón Diagon y te compres lo que quieras, ropa, golosinas, lo que quieras, puedes ahorrar inclusive.

Dobby se veía reticente a tomar el dinero.

–¡Es mucho! Son… –sacó cálculos – doce galeones al mes… –dijo sorprendido.

–Lo justo. –Sentenció Hermione.

Él los tomó y acarició. Era la primera vez que Dobby tenía dinero propio.

–Tomarás vacaciones, tres semanas una vez al año o puedes dividirlas si quieres. Trataremos de tomarlas juntos, así no nos hacemos falta. –El elfo asintió una vez más.

Hermione sabía que algo se le escapaba.

–¡Ah! Luego veremos lo de un seguro médico y también algo social, –pasó su mano por su mentón –y sígueme porque te mostraré tu habitación. ¡Sin llorar! –lo último fue petición.

Lo llevó hasta la planta superior donde la última semana había realizado cambios y aprovechó para realizar hechizos de extensión permanente. Ahora tenía tres habitaciones, cada una con baño dentro.

La habitación al final del pasillo era pequeña pero cómoda. Tenía una cama, velador con lámpara, un amplio ropero y también escritorio. La ventana daba directo al bosque del jardín trasero.

–Es tuya, Dobby, –dijo la chica – y desde ahora puedes arreglarla como quieras.

El elfo no tenía palabras.

Cuando aceptó hacer tratos con el joven Black pensó en ser libre, no en algo tan bueno como vivir su libertad.

–Gracias… –dijo con total sinceridad y abrazó las piernas de Hermione. Ella le devolvió el gesto.

–Seremos grandes compañeros Dobby. –Miró el reloj en la pared de la nueva habitación – Ahora iré a trabajar, puedes salir y está bien si vuelves tarde. Vendrá Regulus.

En cuanto la chica salió, Dobby desapareció para tener un merecido día de compras.

Ella por su parte se dio una ducha y tomando una de sus mejores capas de viaje caminó hasta el jardín trasero y se apareció en el Ministerio a la hora acordada. Moody ya la esperaba junto con Dumbledore en su despacho.

–Profesor, –saludó ella sorprendida – ¿qué hace usted acá?

–También iré. –Fue la respuesta que le dijo a Hermione que la misión era más peligrosa de lo que pensaba.

Se pusieron al día con todo y Moody parecía ansioso en conocer a Regulus y probar sus capacidades. Dumbledore era optimista como siempre y dijo que pondría atención en el joven Black, sobre todo cuando volviera al colegio para ayudar en que nadie lo descubriera. Hermione estaba preocupada.

–¿Contra quién vamos? –Preguntó la muchacha.

–Los hermanos Prewett y Frank Longbottom se encuentran en una misión en los alrededores de Bristol, –comenzó el Profesor. Ella ya los había conocido, trabajaban junto a Moody en el Departamento de Aurores – custodiando un barrio de magos en su mayoría mestizos. Y hemos recibido información de que hoy los emboscarán.

–¿La información es confiable? –Preguntó Hermione.

Moody y Dumbledore se miraron son una sonrisa floreciendo en sus labios.

–Regulus. –Contestó Moody. –Nada a gran escala, pero los Mortífagos tratarán de dañar lo máximo posible, tomar rehenes y matar a todo impuro o traidor a la sangre que se les cruce.

Hermione dio un grito ahogado.

–¿Cómo se enteró? –Preguntó.

Dumbledore se comenzó a pasear por el despacho de Moody.

–Debes entender Hermione que Regulus quizá recién se integra a los Mortífagos, pero su familia es muy importante para Voldemort y hay muchas reuniones a las que asiste y por más que todavía no es alguien importante dentro de las filas… –y remarcó lo último – su apellido y sangre lo hacen muy valioso. Escalará rápido, es decidido y poderoso, no dejará que Voldemort entre en su mente, sabe engañar y pude ver el deseo de encontrarse con su hermano. Hay determinación en el chico. Podemos confiar en él.

–¿Cuándo de juntó con él? –Quiso saber más la chica, ahora un poco más tranquila.

–Hace una semana, después de tomar la Marca Tenebrosa. –Explicó el mago. – Fue una conversación fácil.

–Escucha y se entera de cosas, ahora insignificantes, pero que nos permiten estar en ¡ALERTA PERMANENTE! –Les gritó Moody.

Se prepararon para salir y de un segundo a otro estaban en un pequeño barrio mágico que se suponía debía estar tranquilo, custodiado por Aurores.

Pero era todo lo contrario.

Columnas de humo se extendían por cada casa y pequeños locales comerciales. Rayos de luz iban y venían. Los habitantes trataban de defenderse como podían. Unos cuantos magos se encontraban tirados en las calles. Niños corrían a ocultarse mientras otros lloraban separados de sus padres.

Hermione estaba en shock.

Moody y Dumbledore se perdieron entre las llamas tratando de contener la lucha. Estaban claramente en desventaja.

Lo que sacó a Hermione de su ensimismamiento fue ver a Fenrir Greyback sobre un pequeño niño, clavando sus dientes en su hombro. Una furia que nunca antes había experimentado la embargó y corrió como una loca en su dirección.

¡Expulso! –Gritó y lanzó a Greyback unos cuantos metros lejos del chico.

Se acercó a ver la herida. El pequeño no tenía más de cinco años y estaba pálido.

Pronto comenzaron a llegar más Aurores y algunos miembros de la Orden del Fénix. De seguro Dumbledore les aviso, pensó Hermione. Aún no los conocía a todos, ni siquiera había sido presentada oficialmente. Estaban esperando a que comenzara el año escolar.

Sanadores también aparecieron y los Mortífagos poco a poco iban en retirada, exceptuando por los más sangrientos que siempre buscaban dar un giro dramático.

Bellatrix Lestrange lanzó la maldición asesina sobre unos cuantos Aurores y alcanzó a dos.

Era joven, pero la locura la llevaba plasmada en todo su ser.

¡Bombarda Maxima! –La mitad de un edificio abandonado cayó sobre Bellatrix y pudo escapar a tiempo. Miró con odio a Hermione quien le sonreía.

¡Avada Kedavra! –Le lanzó sin miramientos y con ira a su nueva enemiga a quien no conocía.

Bellatrix se veía feliz luchando con alguien a su altura.

¡Sectumsempra! –le devolvió Hermione y el rayo alcanzó el hombro de la bruja quien dio un grito de profundo dolor.

Haciendo acopio de su ira la bruja lanzó unos cuantos trozos de concreto sobre Hermione, los mismos que ella le lanzó antes cuando destruyó el edificio.

¡Depulso! –Hermione fue más rápida. –¡Desmaius! –el hechizo no alcanzó a Bellatrix quien debía reconocer era muy buena.

De pronto un grito infantil la sacó de su lucha, Fenrir había vuelto al ataque ahora sobre una chica de unos diez años.

¡Crucio!

¡Protego! ¡Confringo! –Lanzó Hermione sobre una muralla y eso desconcentró a Bellatrix – ¡Sectumsempra! –Ahora sí le dio de lleno en el estómago y se retorció sobre el piso. –¡Ya vengo por ti, maldita!

Corrió hacia el maldito de Fenrir Greyback y llegó esta vez antes que mordiera a la chica.

¡Relashio!

Hermione iba a atacar nuevamente a su presa, pero todos los Mortífagos que quedaban partieron en retirada sin darle tiempo a reaccionar.

A lo lejos vio la mirada psicótica de Bellatrix dirigida a ella. Se veía más recuperada y antes de desaparecerse invocó la Marca Tenebrosa y sobre el cielo una gran serpiente salía de la boca de una calavera. Era su marca.

Hermione tomó entre sus brazos a la chica que parecía en estado de shock y no se puso en pie hasta que llegó un sanador.

Buscó a Dumbledore y Moody, cuando los encontró ambos parecían que acababan de salir de una reunión de negocios. Ni un rasguño. Se miró a sí misma y daba lástima, sangrando y con cortes en sus ropas.

Se notaba la práctica.

–Con que nada a gran escala, ¿eh? –Dijo mirando a Moody.

–Solo eran un par de Mortífagos recién ingresados, –comentó él – el único peligro ahí eran Lestrange y Greyback. Contuviste muy bien a ambos, bien Granger. –La felicitó su mentor en el Departamento de Aurores.

–Mordió a un chico, –se quejó Hermione con lágrimas en los ojos – está por allá.

–Y los sanadores ya hacen lo suyo, –la calmó Dumbledore –gracias al aviso ganamos tiempo importante. Solo un muchacho mordido, dos Aurores muertos por la maldición asesina y tres residentes perdieron la vida. –En su voz había un deje de tristeza – Grandes pérdidas, querida, pero nada en comparación a lo que pretendían que fuese. Ellos no se esperaban vernos aquí hoy, solo venían a pelear contra tres Aurores y a destruir a cuanto pudiesen.

Hermione suspiró.

–¿El resto está bien? –preguntó.

–Todos, solo dos bajas Granger. –Moody le habló directamente –Ahora vete a descansar y te veo mañana temprano.

–Mañana es sábado. –Dijo sorprendida.

–¡ALERTA!

Ella rodó los ojos y con todo lo abatida que estaba solo quería su hogar.

Dumbledore le dio una mirada dulce.

–Mañana será un largo día, pasaré por usted a las ocho de la noche. –Vio la mirada de la chica que trataba de hacer memoria. ¿Qué tenían que hacer mañana, otra redada? –No se esfuerce, –le sonrió el profesor – es solo que ya hemos estado posponiendo demasiado la cena con los Potter, concerté una visita mañana. Estará el joven Sirius, –le guiñó un ojo –descanse y dele las gracias al joven Regulus.

La chica asintió y en un segundo estaba en su patio trasero.

No había querido mirar por mucho más la escena tras de ella.

Entró por la cocina y sintió las voces de Dobby y Regulus desde la sala. Se quedó escuchando.

–¡Ya no soy un esclavo! Además mi horario de trabaja es hasta las cuatro de la tarde, son las seis… –se quejaba el pequeño elfo.

–Deja de ser tan engreído y trae un vaso con jugo de calabaza, le diré a tu ama que te castigue… –lo amenazaba el menor de los Black.

–Ella no es mi ama, Hermione Granger es mi amiga. –Se defendía el elfo.

En silencio Hermione tomó un vaso y lo llenó de jugo de calabaza.

La escena que encontró le causó mucha gracia. Dobby estaba cruzado de brazos y vestía tenis blanco muy a la moda, con un conjunto de pantalones cortos rojos y una playera polo blanca. Regulus lo miraba furioso y estaba a su altura.

–No acepto que lo amenaces. –Le dijo mientras le pasaba el jugo.

Ambos dieron un grito.

Dobby se desapareció escaleras arriba y en segundos tenía de todo para curarla. Regulus la llevó hasta el sofá.

–Estoy bien – se quejó ella tratando de sacarse el foco de atención.

–¿Quién podría dañarla tanto? Dobby puede ir y herir gravemente si quiere. –Propuso con sonrisa dulce su elfo.

Hermione le devolvió la sonrisa y negó con la cabeza.

–Soy Auror, Dobby… tendrás que acostumbrarte.

El elfo asintió comprendiendo y sin hacer más preguntas.

Regulus mezclaba ingredientes que Dobby aplicaba para sanar las heridas. En su mayoría eran cortes por las caídas y las maldiciones de Bellatrix, nada profundo. La sangre en gran medida era de otros.

Tras unos minutos Dobby anunció que estaba como nueva.

–Iré a ordenar mi habitación, si necesita algo estaré despierto, los elfos no dormimos mucho. –Dobby tomó todas las cosas que había traído en un principio y desapareció.

Hermione miró con gesto cansado a Regulus. Se acercó y descubrió su brazo izquierdo. La Marca Tenebrosa se veía fresca y por los bordes algo roja, de seguro le ardía o picaba.

El chico retiró tan rápido como pudo su brazo y lo volvió a cubrir con gesto desafiante.

–¿Por qué? –Preguntó finalmente Hermione.

–Creí que Dumbledore había hablado contigo, y Moody. –Fue su respuesta.

–Moody está fascinado, es tétrico… y Dumbledore se ve agradecido. Ambos dan a entender con las cosas que dicen que eres una especie de espía. –Dijo ella molesta. –Hay otras formas, Regulus…

–No. –La frenó el chico y clavó su mirada fría en los ojos chocolate de ella. –Te dije que lo haría a mí manera si es que decidía apoyarte. No creas que esto cambia algo o que me volveré el chico bueno de un día para otro, soy Regulus Arcturus Black, heredero de la casa Black y ferviente defensor de la pureza de la sangre. –Hermione se puso rígida – Pero algo me diferencia de ellos, y es que puedo convivir en un mundo en donde no todos sean como yo, y tengo ideas firmes, y algo… alguien por quién luchar.

–Sirius. –Apuntó Hermione.

–Exacto, Sirius… y es quien menos debe saber, por ahora.

La chica asintió pero continuó en su plan.

–De todas formas no era necesario unirte. Además… eres menor de edad y ni siquiera puedes hacer magia, ¿de qué les sirves?

Regulus hizo una exclamación de fingido dolor.

–Seguidores, ¿Por qué crees que tiene a Fenrir Greyback cerca? –Preguntó.

–Es sanguinario… –respondió la castaña recordando la tarde en la villa mágica.

–No solo eso, es un hombre lobo… es una alimaña para Voldemort, –hizo un gesto con su mano restando importancia. –Pero después que muerde niños magos, los cría y al ver que no son aceptados en la sociedad, ¿cuál crees que es la única cabida que tienen esos chicos?

–Siendo Mortífagos –Respondió Hermione muy interesada.

–No, Mortífagos jamás… para serlo tu sangre debe ser tan pura como a la que aspira el Señor Tenebroso o… renegar de esa parte muggle que llevas dentro. –Explicó. –Claro que es perturbador todo esto, –aclaró el chico – pero entiende que crecí escuchándolo y lo acepté, me sale natural.

Ambos se relajaron un poco.

–Bueno, –volvió al tema el chico – a lo que iba es que es verdad, no puedo hacer magia sin ser detectado y sigo en Hogwarts, ¿para qué me podría querer?

–Eres de una familia importante y podrás ascender fácilmente, además de poderoso, o eso dijo Dumbledore. –Comentó la chica.

–Perfecto, –acotó él – eso necesita, a los más poderosos magos de su lado y mejor aún si son de una familia con historia, importante. Ya sabes que puedo hacer ciertas cosas sin magia, –señaló su cabeza – y además… está el factor que sigo siendo estudiante, tengo acceso a lavar el cerebro de estudiantes débiles e inadaptados que quieren un lugar en este mundo que entra en guerra.

Otro gesto con la mano restando importancia.

Hermione notó su frialdad. Claramente él y Sirius eran totalmente distintos. Ahora que lo aprendía a conocer podía ver las diferencias. No era malo, solo que ahora todo estaba más claro.

–Y una vez que sea mayor de edad, conoce mis habilidades, supongo cree puedo ascender rápido y ayudarle en todo lo que quiera. –Se encogió de hombros.

Hizo una pausa.

–Entonces ahora piensa, –su vista se clavó en un punto fijo en el suelo – lo de hoy –la señaló toda maltrecha – fue nada a gran escala. ¿Te imaginas me convierto en el cliché de chico que huye de todo lo que esperan para él y se va con el bando de los buenos? ¿Dónde iría sin que me encontraran?¿De qué serviría siendo el bueno, cuando puedo ser el malo que juega para los buenos?

Hermione agachó la vista.

–No creas que me emociona matar sangre sucias, o lanzar muchas maldiciones, te acostumbras claro –dijo con asco –, pero si quiero encontrarme con mi hermano, cumplir mis anhelos… sirvo más dentro con Voldemort. Así como hoy me enteré de esto que es algo mínimo y sin ser alguien importante todavía, –la miró – imagina de toda la ayuda que puedo ser mañana.

Con eso dio el tema por zanjado. Hermione quería decir muchas cosas, pero de qué servía cuando el pequeño que tenía frente a ella, solo un año menor, llevaba toda la razón y más aún… tomaba decisiones tan importantes y maduras.

Eran aliados sin necesidad de firmar un pacto o mediar palabra alguna más.

Hermione se rindió al menos en ese punto. Regulus llevaba la razón.

Finalmente suspiró y sonrió.

–¿Te quedas a cenar? –Preguntó la chica.

El muchacho negó.

–Saldré de vacaciones, mis padres me llevarán a Irlanda. –Dijo sereno.

Hermione enarcó una ceja burlona.

–¿Qué? –La miró él desafiante y cuando comprendió rodó los ojos.

–Las familias como las mías también toman vacaciones, –explicó – puede que sean más tenebrosas y todo ese rollo, pero si tienen hijos deben actuar como una y salir. Además creo que quieren mimarme porque tienen miedo de que escape como Sirius.

Hermione se rio y lo acompañó hasta el jardín trasero.

El chico la miraba de camino y hacía muecas, quería decir algo.

–Solo sácalo. –Pidió ella.

Regulus suspiró aliviado.

–Hermione… ayer miraba mi árbol genealógico en nuestra sala… y… –lo meditó un poco – ¡Por Merlín, aún no puedo creer que seremos familia y mancharás siglos de pureza! –La señaló – Mira cómo quedaste con una simple lucha.

La chica lo miró con los ojos abiertos.

–Yo… ¿Qué demonios estás diciendo? –Preguntó con los brazos en jarras.

–Eso… –se revolvió incómodo Regulus – Eres buena, y puedo llegar a comprender por qué Sirius se fijó en ti, conociéndolo. Son tal para cual, –se burló con una sonrisa y sin gota de maldad – además le harás muy bien, pero… pobres de mis sobrinos. –Dramatizó.

Fue el turno de Hermione para rodar los ojos.

–Ni siquiera nos conocemos Regulus, acá somos simples desconocidos y… –Hermione jugó con el borde de su túnica – mañana hay una cena en la casa de los Potter y estoy invitada. –Lanzó el comentario con agonía.

–Cambia la situación entonces, –dijo Regulus tan simples – pueden comenzar siendo amigos. Estaría feliz si reconsidera la idea de mezclar las sangres, pero conociendo a mi hermano… –hizo un gesto con la mano – tienes falda y ya ha dejado el apellido por el suelo.

–No necesito que me recuerdes su fama, Black. –Pidió Hermione. –Además el Sirius de mi época es un caballero, y me respeta mucho. Es su esencia, está ahí, solo que ahora es más joven y alocado. No ha sufrido tanto.

–¿Quieres decir que aún no se mete en tus faldas? –Preguntó escéptico.

–No seas vulgar, –pidió la chica – pero sí… es eso. De hecho, –y esto lo señaló muy orgullosa y con una sonrisa boba – nuestro primer beso fue antes de mi viaje.

Regulus la miró desconcertado.

–¿Hablamos del mismo Sirius Black, verdad? –se carcajeó y luego su mirada de turnó – ¿Qué le pasó a mi hermano para que madurara?

La pregunta no pasó como broma para la chica que repentinamente se puso seria.

–No respondas, debe ser algo que no quiero saber. –Se apresuró Regulus.

Se quedaron un minuto más en silencio y luego ella con una pícara sonrisa le habló.

–¿Tienes novia Regulus?

El chico se removió incómodo y negó con la cabeza.

–¿Enamorada?

–Es una tontería, –pensó él en voz alta – no se fijaría en mí, además… es una traidora.

¿A Regulus Black le gustaba una traidora a la sangre? Hermione sonrió cuando vio sus mejillas rosadas.

–¿La conozco? –Intentó de nuevo – Podría darte consejos.

Regulus la miró con sorna.

–Claro, señorita amplia experiencia. –Luego se puso más serio – No la conoces personalmente, pero seguro en tu tiempo la mencionaron.

Hermione analizó un poco, si era traidora a la sangre debía ser de estatus puro. Eso dejaba fuera de la lista a muchas. Si Regulus se veía tan acongojado no era de su casa y solo quedaba como opción para tanto lío que fuese Gryffindor. Si suponía que la habían mencionado en su tiempo debía ser cercana a Sirius y su grupo o tener contacto de alguna forma con ellos. Pensó en las chicas de la orden y solo dos encajaban perfecto en el perfil. Marlene y Dorcas, dejaba fuera a Alice porque estaba con Frank para esa época.

Se arriesgó con la que en fotos se veía más para él.

–¿Estás enamorado de Dorcas? –Preguntó con sorna, igual que él se había burlado mucho de ella.

La mirada que le dio trataba de ser agresiva.

Se veía más bien herido y no respondió nada.

–Te gusta Dorcas, por Morgana. –Susurró Hermione.

Más silencio.

Regulus aclaró su garganta.

–Pasará, además es un año mayor y siempre anda pegada a Evans y su grupito idiota.

–No pasará y lo sabes… podemos hablar cuando quieras. –Apoyó una mano en su hombro y el chico le dio una mirada de agradecimiento.

Hablaron un rato más y luego llamaron a Dobby para que llevase a Regulus a casa.

–Vuelvo dentro de dos semanas, –se despidió Regulus – y si estas tan empeñada en manchar mi línea de sangre al menos haz que este tiempo cuente. ¡Lo tienes a unas cuantas casas! –Le puso mirada de idiota.

–Que tengas buen viaje Regulus, y trae un recuerdo… sueña con Dorcas. Y esto… gracias por todo.

El chico prefirió no responder y se agarró al elfo que volvió al minuto.

–¿La señorita Meadowes? –Preguntó Dobby burlón cuando llegó.

–Este mundo es una caja de sorpresas, Dobby.

Ambos entraron y la castaña se durmió en cuanto su cabeza mojada por la ducha tocó su almohada.

Al día siguiente caminaba a las carreras por el callejón Diagon rumbo a Madame Malkin. Necesitaba un vestido y una túnica para la cena de la noche.

Finalmente Moody solo quería darles a los Aurores sus horarios e indicaciones para que comenzaran la vigilancia en Hogwarts dentro de un mes. Llegarían antes que los chicos para preparar y fortificar el Castillo.

Cruzó la puerta de la tienda y en cuanto su dueña la vio suspiró aliviada.

–Voy por las cosas, sube a esa tarima, pensé que no llegabas. –Dijo la mujer chillona y corrió dentro de los vestidores.

Hermione había concertado una visita por lechuza.

Subió a la tarima que le indicó y se sacó su túnica negra de Auror. Se estaba girando y quedó a medio camino cuando un par de chicos se aclararon la voz. Giró por completo y se puso como un tomate.

–Mira a quién tenemos aquí, –habló el líder innato en esa ocasión, el chico alto y de cabello con ondas negras y ojos grises que a diario le quitaba el sueño – pero si es mi Auror favorita. ¿Cómo está, señorita Granger?

Tras de él James y Remus sonrieron disimuladamente cada uno con un paquete entre sus manos, al igual que Sirius Black que le regalaba una sonrisa radiante.

Maldito sea él y su familia que siempre aparecen cuando no los llaman.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Muchas gracias chicas por sus comentarios y por seguir la historia! Me alegra saber que tiene buena recepción.

¿Vieron que Reg se va de vacaciones y Hermione ya no tendrá excusas para hablar con Sirius? La cosa se pone buena –guiño.

¿Cómo están? Gracias a TURNER, leiref29 y esdm por sus comentarios. También pienso que Regulus tiene material y no se preocupen, me agrada el chico. Ahora sí se nos viene más de SiriusxHermione, simplemente no quería que fuese tan rápido, ya saben, dejar en claro ciertos asuntos primero.

Y bien, ¿qué tal les pareció el capítulo? ¿Me dejan un lindo review?

Subo el siguiente capi a media semana.

¡Besos a todas!