Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo VI

Madame Malkin cada vez pinchaba más fuerte a Hermione en lo que trataba de ajustar el vestido. La chica no dejaba de removerse incómoda y saltar nerviosa.

¿Por qué dentro de todas las tiendas tenían que aparecerse en esta?

¡Maldita sea su suerte!

Los Merodeadores habían decidido quedarse a petición de Sirius, ya que según él… tenían un ojo clínico con los vestidos de fiesta y podían ayudarle a decidir.

Ella les había agradecido y dejado en claro que no requería ayuda, pero claro, fue totalmente en vano.

–Está tapando mucho el escote, y es muy largo. –Comentó Sirius a los chicos y fue el detonante para Madame Malkin que ya estaba histérica con la presencia de los tres.

–Es un vestido de fiesta, –les explicó como si fuesen tontos – no va a una fiesta de poca monta por los callejones más bohemios. –Miró a Hermione – Te queda precioso querida.

La mujer se disculpó y entró por unas telas.

La castaña los miraba furiosa por el espejo. Había olvidado lo mucho que podía llegar a irritarla Sirius Black, en esta época y la otra. En cualquiera. Pero su grupo de amigos lo potenciaba.

–Deberían irse, en casa deben estar preocupados por los niños. –Dijo ella.

–Somos mayores de edad, –soltó James –además se están quedando todos en casa por las vacaciones.

–Solo vinimos obligados por la mamá de James a comprar túnicas para la noche. –Acotó Remus con una sonrisa.

Hermione asintió.

–Habrá una fiesta, –dijo Sirius ya de camino a la tarima, quedó justo a los pies de la chica – ¿para qué ocasión te preparas tú, joven Auror?

Ella miró su elegante vestido color crema en vuelos con una cinta negra que se ajustaba en su cintura y detalles de encaje del mismo color en sus hombros. El escote no era pronunciado, pero dejaba ver lo justo. Y por supuesto que era largo, iba a una fiesta de gala, una cena.

–Una fiesta. –Respondió secamente.

–¿Dónde? –Insistió el chico que se subió a la tarima y la giró para que ambos quedasen de frente en el espejo de cuerpo completo.

–Por ahí. –Respondió divertida ella.

Sirius le sonrió a la imagen al espejo.

–¿Has notado lo bien que nos vemos juntos? –Preguntó señalando a ambos y luego se giró para quedar frente a los ojos chocolates de Hermione Granger. –Es como si nos conociéramos de otra época.

Ese comentario descolocó a Hermione quien lo miró de manera profunda y curiosa.

Ahora Sirius se giró a sus amigos.

–Les dije que era un buen comentario.

A Hermione le hirvió la sangre y con la cinta de medir de Madame Malkin lo tiró bajo la tarima, dándole por los hombros y las costillas.

–¿Por qué tienes que ser tan inmaduro? –Le recriminó.

Se quedaron en silencio hasta que la modista le entregó unas cajas con cintas a Hermione, su pedido estaba listo.

–¿Por qué a ella le entrega un paquete más lindo? –Preguntó James.

La mujer cerró los ojos y los envió a todos fuera.

Hermione casi corría, quería desaparecerse del callejón lo más rápido posible. Le encantaba ver a Sirius feliz, pero eso no dejaba pasar que a veces se comportaba como un idiota. Luego pensaba en los años en Azkaban y que era mucho mejor esta imagen, este semblante que el otro con dolor y miseria en su mirada.

Sirius la confundía, y no quería imaginar cómo sería en la noche, si en público se comportaba con total desfachatez, no quería pensar cómo estaría en su zona de confort.

De pronto se vio jalada por el brazo y un Sirius muy cansado la miró. Cuando recuperó el aire habló.

–Caminas rápido, –su sonrisa era radiante – pero ya ves, corro como un perro. –Le guiñó un ojo y la chica suprimió la sonrisa.

Ella le hizo un gesto con la mano para que continuara.

–Creo que comenzamos mal, Hermione. –Aclaró él. –No siempre soy tan imbécil, ¿sabes? Y esto sumado a bueno… la caída accidental que tuviste, –hizo una mueca – no es que tengas la mejor imagen de mí.

–¿Ahora te preocupa lo que piense de ti, Black? –Preguntó ella.

–Nunca me ha interesado lo que piensen de mí, –aclaró –pero te debo una disculpa.

Extendió su mano pidiendo la de ella, quien desconfiadamente se la tendió. Sirius la giró y plantó un beso en el dorso.

–Mucho gusto, señorita Hermione. –La saludó cortésmente. –Soy Sirius Orion Black, recientemente desheredado de mi familia, reniego de las reglas y por lo general arrastro mi apellido por el suelo mágico. –Hermione se largó a reír – Pero… a pesar de todo lo que puedan decir de mí, creo que deberías hacerte tu propia imagen. Te podría sorprender. –Le guiñó un ojo y sonrió dulcemente.

–Mucho gusto señor Sirius. –Ambos seguían sosteniendo sus manos. – Soy Hermione Jane Granger, Auror y un dolor de trasero para muchos, pero también deberías formar tu propia imagen de mí, aunque… no creo que te sorprenda tanto como tú a mí.

Se soltaron las manos y el chico no paraba de sonreír.

–Esta noche hay una fiesta, si quieres puedes venir.

Hermione se sorprendió. Así que no sabían que iría. Internamente su gemela malvada apareció y prefirió que fuese sorpresa.

–Por esta vez lo siento, –señaló las cajas – compromiso previo, ya sabes.

–Claro.

La respuesta de Sirius fue un poco desganada.

–Pero nos seguiremos viendo, ¿cierto? ¿Cómo y dónde te encuentro? –Preguntó.

–Envía una lechuza y me encontrarás, –dijo Hermione en lo que se alejaba a saltitos – ya sabes mi nombre completo.

Se metió por un callejón dejando al chico con una peculiar sonrisa en sus ojos y desapareció.

En cuanto llegó a casa, Dobby le quitó todo de las manos y se puso a revisar. Le dijo que le ayudaría para la cena.

Dejaron todo en su habitación y decidió que lo mejor sería dormir un poco antes de prepararse, porque la noche sería larga y agotadora, sobre todo porque venía de una semana muy pesada.

Hermione durmió plácidamente con la brisa entrando por su ventana, y dejó que las imágenes de días pasados llenaran sus sueños.

Mientras tanto unas calles más allá tres chicos perseguían por el espacioso y blanco salón a una mujer de mediana edad que junto a sus elfos domésticos preparaba largas mesas con manteles blancos sobre las que decenas de copas y platos se iban acomodando por medio de hechizos simples que la mujer murmuraba.

–Si no dejan de perseguirme terminaré con todo esto por el suelo o hechizando la comida. –Se quejó la mujer con una mirada reprobatoria a los tres adolescentes que no la dejaban tranquila.

–Pero mamá, –el puchero de James no pasó desapercibido para sus amigos que se comenzaron a reír en su cara – ni siquiera nos dices quiénes vendrán, y para más remate nos obligaste a comprar esos trajes ridículos.

–A mí me agrada el mío. –Lo contradijo Remus.

James y Sirius entornaron los ojos a su peludo amigo.

Este último movió solamente sus labios en dirección a sus amigos. Miren y aprendan.

Pasó una mano por su melena negra y se dirigió a la mujer, tomó un montón de platos de sus manos y dejándolos en la mesa los comenzó a acomodar.

–No pienses que caeré en tus artimañas Sirius Black, te conozco perfectamente. –Lo amenazó, pero esto no hizo más que alentar al chico.

–Euphemia, … –comenzó Sirius con cara de inocente – solo trato de ayudar.

La madre de James Potter puso sus manos en su cintura y lo miró mientras trabajaba.

–Siempre piensas lo peor de nosotros –siguió el pelinegro – ¿Acaso te hemos dado motivos?

Sirius continuaba arreglando las mesas y Euphemia lo miraba sorprendida al ver que el chico era realmente bueno.

Lo que ella no sabía era que Sirius Black solía hacer lo mismo en su antigua casa, pero al contrario de ayudar lo que buscaba era molestar a Walburga Black, su madre, ya que constantemente cuando había fiestas el muchacho decía que su sueño era ser un camarero muggle y le quitaba todo el trabajo a los elfos. Eso lo dejaba castigado y feliz podía escapar para hacer de las suyas con sus amigos.

–¿Además de todas las veces que recibo lechuzas de McGonagall informando de sus castigos y fechorías? –Preguntó con una ceja alzada.

–El mundo aún no está preparado para nuestra existencia, má… –la pose de Sirius era lo más relajada y confiada de sí mismo.

La mujer suspiró y cerró los ojos preparándose para la gran defensa Black.

–Si dejas de lado pequeños incidentes y te centras en nuestras excelentes calificaciones, el gran carácter que poseemos y nuestras aspiraciones… –Sirius señaló a él y sus amigos que ponían caras de ángeles – tienes frente a ti a tres excelentes chicos, má.

–¿Y qué quieren los excelentes chicos? –Preguntó curiosa la mujer con una sonrisa en el rostro.

Remus y James sonrieron triunfantes, Sirius siempre sabía cómo obtener lo que quería con el mínimo esfuerzo, al menos cuando se trataba de Má.

–Saber por qué tenemos que vestirnos con esos trajes ridículos. –Señaló a Remus – Mooney dijo que parecíamos unos pájaros muggles que no vuelan, ¿Por qué tienen pájaros que no vuelan, están locos?

Euphemia se largó a reír y abrazó a su pequeño Black. Lo amaba como a un hijo.

–Se llaman pingüinos, Sirius. –Explicó ella – Y se vestirán así porque será una cena en donde estará casi todo el alto cuerpo de Aurores junto a Alastor, también vendrán algunos profesores y hasta Dumbledore.

–¿Motivo? –Indagó James.

–¿Debe haber un motivo para dar una cena, James? –Habló Remus.

–Luego de la cena habrá una pequeña reunión privada de la Orden, –les confidenció – donde presentarán a un nuevo miembro. Además es una ocasión para integrar a una bruja que llegó hace poco al vecindario, queremos que se sienta como en casa.

Soltó a Sirius y con solo una mirada los envió a prepararse.

–¿Vecina nueva? –Dijo seductoramente James y los tres se pusieron a aullar en lo que subían a su habitación para cambiarse.

Hermione se dio una vuelta sobre su cama y en cuanto abrió los ojos se topó de lleno con la cara de Dobby sobre ella.

Gruñó y tiró la almohada sobre su cabeza.

–Cinco minutos más. –Pidió con resignación.

–El profesor Dumbledore se comunicó por red flu, –explicó el pequeño elfo – y dijo que vendría dentro de media hora. Ya quedan veintiocho minutos.

Otro gruñido y la castaña se dejó arrastrar por Dobby hasta el baño.

Hermione nunca fue una chica que demorase mucho en arreglarse, por lo que en diez minutos salió del baño y junto al elfo, con hechizo simples puso en orden su cabello y también se maquilló sutilmente.

Dumbledore atravesó la chimenea en el horario acordado. Sonrió alegre cuando vio a Hermione con su vestido color crema y su elegante recogido de cabello.

–Se ve hermosa, mi querida. –Le dijo el profesor.

Ella también lo señaló mientras Dobby le ayudaba a colocar su túnica negra.

–Y usted no pierde el estilo, profesor.

El hombre mayor le regaló una abierta sonrisa y le tendió el brazo.

–¿Seguro que no quieres venir? –Preguntó Hermione a Dobby en lo que se agarraba al brazo del profesor.

Había insistido en llevar a Dobby, pero este se negó.

–Dobby compró cosas en el callejón Diagon para arreglar su habitación, Dobby ahora es libre. –Dijo a modo de explicación y la chica lo aceptó.

–Cualquier novedad estaremos con los Potter. –Informó Dumbledore antes de cruzar el umbral de la puerta.

Prefirieron caminar por las calles a la luz de las estrellas en vez de aparecerse directamente.

La casa de los Potter estaba unas calles más allá de la casa de Hermione y al final de todas.

Cuando quedaron frente a la casa, Hermione se replanteó si esa palabra le hacía justicia.

Era una mansión, una enorme y majestuosa mansión de tres pisos de color blanco. Tenía grandes balcones y estaba totalmente iluminada. Con Dumbledore cruzaron el extenso jardín con estatuas y fuentes decorativas hasta llegar a la puerta de roble que tenía un sinfín de detalles tallados.

Podría fácilmente competir en belleza con la Mansión Malfoy, pensó Hermione que conocía el lugar de su tiempo.

Se dio cuenta que había magos y brujas apareciéndose en el jardín y dentro se escuchaba un gran parloteo.

Fueron los Potter quienes abrieron la puerta para recibirlos, Hermione los reconoció de una fotografía.

Los Potter ya eran mayores y Hermione no pudo evitar que su corazón se sobrecogiera al verlos tan amables y destilando amor por sus ojos.

–Hermione, profesor Dumbledore, –los saludó la mujer –sean bienvenidos, los estábamos esperando.

Ambos pasaron y la castaña mantuvo la boca cerrada.

Esto le ganaba a la mansión Malfoy, pensó más segura que antes.

No sabía si habían utilizado un hechizo de expansión, pero por dentro el salón era espacioso y cerca de las paredes y en el medio había mesas con manteles blancos llenas de copas con licores que e iban rellenando a medida que se vaciaban y platos repletos de los más deliciosos bocadillos que jamás se terminaban.

Al centro una escalera en forma de caracol por ambos lados daba a los pisos superiores y estaba más que segura que tras una enorme puerta dorada estaba el comedor o la cocina o alguna sorpresa de esas que solo se en mansiones.

–Su casa es hermosa... –Atinó a decir Hermione y se ganó una enorme sonrisa por parte de la anfitriona.

–Euphemia Potter, querida. –Le dio un beso a la chica – Y es un placer, desde ahora siéntete como en casa, somos vecinos y miembros de la Orden.

–Tienes una familia con nosotros, –agregó su esposo – Fleamont Potter, un gusto. –Extendió su mano a modo de saludo.

Un elfo le quitó de las manos la túnica a Hermione que se la acaba de sacar y desapareció. Avanzaron por el salón presentando a Hermione con el resto de los invitados. Ella pensó en todo lo que se decía de los Potter y lo cierto que era, realmente eran encantadores.

Reconoció a la gran mayoría de los presentes, más que nada por fotografías que le habían enseñado Sirius y Moody en su época y por descripciones que había escuchado.

Por un lado estaban los Prewett y Frank Longbottom que había llevado a Alice, su futura esposa a la cena. Hermione ya los conocía porque solían toparse en las misiones, excepto a Alice que le recordó mucho a Neville. Ella estaba en su último año en Hogwarts y era bastante amable pero reservada.

En una esquina más alejada conversaban Emmeline Vance, Elphias Doge, Horace Slughorn y McGonagall muy animadamente. Cerca y más serios estaban Moody junto a una versión joven de Kingsley Shacklebolt.

También fue presentada con unos cuantos maestros de Hogwarts a los que no recordaba de ningún lado y otros Aurores con los que no había tenido oportunidad de hablar antes en el Ministerio.

Finalmente llegaron a una sala más apartada donde seis cabezas muy conocidas se movían cabizbajas y aburridas, mientras sostenían copas o comían a montones de los platos. Obviamente era el sector de los jóvenes.

–Pensé que sería una fiesta de verdad y… –Se quejó la conocida voz de Sirius que se cortó en cuanto vio a Hermione y cambió la expresión de su rostro a una sorprendida y repentinamente animada.

–Los jóvenes se aburren, Euphemia. –Comentó Divertido Dumbledore.

Hubo un coro de "buenas noches, profesor", y todos se pudieron en pie para saludar.

Hermione los pudo identificar a todos.

La estupenda Marlene McKinnon encabezaba el grupo con su cabellera rubia que caía hasta su cintura y miraba con cara de hastío. Luego seguía Dorcas Meadowes que le sonrió abiertamente a Hermione con sus hermosos ojos azules clavados en ella. Pensó por un momento que Regulus y ella podrían tener lindos hijos, la castaña podía ser tétrica, pero era para Reg definitivamente. Al final se asomaba una chica pelirroja que trataba de mantenerse lo más lejos de un chico en particular y que se notaba visiblemente incómoda. Lily Evans.

Hermione pasó saludando y presentándose una a una, hasta llegar a los tres chicos que la trataron de una forma más familiar. Debía admitir que Remus, James y Sirius lucían galantes en sus trajes, sobre todo el último.

–Pero miren a quién tenemos por aquí… –había comenzado Sirius.

–… a tu Auror favorita. –Terminaron en coro James y Remus. Sirius les lanzó maldiciones por los ojos.

La Sra. Potter los miró algo extrañada y no pudo evitar la pregunta.

–¿De dónde se conocen?

Los chicos se miraron entre ellos debatiendo quién respondía, pero fue Hermione quien lo hizo.

–De Hogsmeade, –se apresuró en responder a miradas cada vez más curiosas – en cuanto llegué quise conocer el lugar y tener todo bajo control, ya sabe… trabajar con Alastor te hace estar en alerta permanente. –El matrimonio asintió comprensivo – Y bueno, tuve un accidente y los chicos estaban cerca y me ayudaron.

James miró orgulloso a sus padres y Hermione negó imperceptiblemente con la cabeza. Si por él fuese le borraban la memoria.

–Y fueron recompensados por sus servicios a la señorita Granger. –Agregó Dumbledore feliz.

–Estoy tan orgullosa de ustedes, chicos. –Dijo emocionada Euphemia y le plantó un beso a cada chico. Los tres se sonrojaron.

–Al menos no solo los castigan, Dumbledore. ¡Es tan bueno saberlo! –Comentó divertido Fleamont y todos rieron.

Las chicas miraban curiosas a Hermione y el profesor se dio cuenta de esto.

–Bueno, al parecer los jóvenes ya tiene en qué entretenerse, –dijo Dumbledore y soltó el brazo de Hermione no sin antes guiñarle un ojo –les avisaremos cuando esté la cena.

Se giró a los Potter y los tres salieron camino a la sala principal.

Hermione siguió a los chicos hasta uno de los enormes sillones en donde la dejaron sola, el resto se repartió entre los asientos disponibles de los otros sillones. Ahora tenía frente a ella seis pares de ojos curiosos.

Si pudiese ver el futuro, estaba segura que esto sería como las películas policiales en donde interrogan a un acusado. Esas películas que tanto le gustaba ver a su papá.

Se acomodó y les dio una sonrisa sincera. Sirius siendo Sirius dejó su lugar y prefirió sentarse al lado de ella quien le hizo espacio corriendo su vestido.

–Te ves radiante, –comentó – más que con Madame Malkin.

–¡Oh, Sirius! No caeré tan fácil esta vez, tendrás que esforzarte más. –Le dijo la muchacha restándole importancia con la mano. Pero su estómago revuelto y sus mejillas sonrosadas la delataban.

–No me provoques, Granger. –Le guiñó un ojo y se giró hacia el resto.

La primera en saltar fue Dorcas.

–Entonces, ¿es verdad que eres Auror y que los chicos te salvaron? –Preguntó emocionada.

Marlene entornó los ojos antes de hablar.

–Por supuesto Dorcas, ¿acaso no recuerdas el revuelo que armaron estos tres cuando la chica los llevó de vuelta al castillo? –Ella parecía ser la más dura del grupo.

Lily también habló.

–Además Dumbledore no mentiría. –Agregó. –Aun cuando parezca imposible que Sirius y James puedan coordinarse para hacer algo útil.

–Estaba Remus, es posible. –Divagó Marlene y Dorcas rio.

Hermione las miraba en silencio. No entendía cómo estos seis podían mantenerse vivos en una misma sala. Ese día solo había visto a Lily, de seguro las chicas estaban más atrás. Sí sabía que todos eran compañeros de casa.

Los chicos prefirieron ignorar los comentarios y no entrar en una pelea que terminaría con hechizos y maldiciones, y menos frente a sus padres y profesores.

Dorcas volvió la atención a Hermione.

–Eres tan joven, –comentó – me sorprende, ¿qué edad tienes?

–Diecisiete. –Respondió la castaña.

–¿Cómo te admitieron en la Academia? –Había logrado captar el interés de Marlene.

–Mis padres eran Aurores, –comenzó Hermione recordando la historia de vida que le había inventado Dumbledore – y me entrenaron desde pequeña en casa, nunca fui a un Colegio convencional. –Hizo una pausa para ver si le estaban creyendo y al parecer funcionó – Y Alastor que era un conocido desde siempre me aceptó y quiso que fuese su alumna.

–¿Cómo es trabajar con el loco Moody? –Preguntó James emocionado.

–Es estar en constante ¡Alerta Permanente! –dijo Hermione con gracia a lo que todos rieron.

La siguieron interrogando con preguntas acerca de su vida y Dorcas sobre todo lo que se relacionara con el hecho de ser Auror. Hermione notaba que ese era el sueño de la chica y estaba realmente interesada, de hecho la conversación se centraba totalmente en ellas llegado un punto.

Hermione aprovechaba para sacar sus propias conclusiones y a veces divagar sobre Dorcas y Reg, comenzaba a entender mejor por qué le atraía. Era simpática, inteligente y muy decidida. Una chica fuerte y algo rebelde. Linda pareja, pensó para sus adentros.

–Alice nos contó que Frank estuvo en una redada ayer, –Remus había cambiado el tema de conversación –y también lo leímos hoy en el periódico, atacaron un vecindario de mestizos.

–¿También fuiste? –Cuestionó Sirius algo preocupado.

–Sí, –respondió rápidamente – pero nada a gran escala. –Hizo uso de las mismas palabras que se había repetido de la tarde anterior.

Todos la miraron incrédulos. Al parecer los chicos se informaban muy bien por El Profeta que justo esta mañana había dedicado una nota completa y muy detallada de los hechos, aunque obviamente no mencionaban a los participantes del Ministerio, pero al ser Alice novia de Frank los rumores corrían como la pólvora en el grupo.

–¿Nada a gran escala? –Preguntó incrédula Marlene – El Profeta dijo que las víctimas fueron cinco entre personal del Ministerio y vecinos. Además de un chico mordido por un hombre lobo y decenas de heridos. –Lo último lo dijo con cierto rechazo.

De reojo Hermione vio a Remus en el otro extremo encogerse levemente ya James y Sirius mirar feo a la chica. A Hermione no le había costado mucho darse cuenta que Marlene tenía un carácter muy complicado, era la más difícil de todos.

–Pudo ser peor, –replicó Hermione repentinamente seria – no te has enfrentado a los Mortífagos, todo lo que sabes es por medio de un periódico o por lo que vive el resto, pero son capaces de cosas peores.

Cuando terminó de hablar notó que había sido muy dura. Marlene se puso roja y todos quedaron en silencio.

–Y esas marcas… –señaló Lily a su frente y brazos – ya casi no se notan, ¿son de la lucha de ayer?

Evidentemente quería bajar los ánimos.

Hermione inconscientemente se llevó la mano al rostro, las marcas ya no se notaban casi gracias a las pociones y cuidados de Dobby y Regulus, pero aún estaban rosadas, y por más que fuesen pequeñas se notaban.

Hermione asintió.

–Un pequeño regalo de mis nuevos mejores amigos. –Respondió sonriendo irónicamente.

–¿Quiénes? –Preguntó Dorcas que a estas alturas estaba acosando prácticamente a Hermione y muy cerca de ella sentada en la alfombra con las piernas cruzadas.

Hermione lo dudó un poco y miró a Sirius que estaba al lado de ella más interesado que nunca. Tenía el entrecejo levemente fruncido. Le daban ganas de entrar en su mente para saber en qué pensaba, pero no podía olvidar que él había sido quien le enseñó todo lo que sabía en las artes de la mente, la descubriría enseguida. Ese chico a pesar de ser tan sincero y abierto era a veces un verdadero misterio.

–No es importante, da lo mismo. –Sonrió nerviosa.

Justo en ese momento entró Moody quien estaba escuchando la conversación.

–Nunca da lo mismo, Granger. –La corrigió. – Ahora tendrás a dos dementes con una fijación especial por ti.

¡Bravo! Alastor sí que sabe cómo aligerar una conversación.

–Frank no le dijo nada a Alice, –le explicó James a Moody – y queremos saber quiénes atacaron a Hermione, porque fue la que quedó más herida según supimos.

Todos lo miraron reprobatoriamente.

–¡Longbottom! –Gritó Alastor Moody y se fue refunfuñado por donde entró –¡Alerta Permanente significa también no soltar la lengua!

–Eres un genio, James. –Lo regañó Remus entre divertido y molesto.

–Ya no tendremos información de fuente directa. –Le siguió Lily.

Dorcas se cabreó y volvió al ataque. La chica no se daba por vencida y tenía cierto gusto por lo sanguinario. Realmente son el uno para el otro, seguía analizando Hermione divertida.

–¿Quiénes? –Preguntó en un susurro.

Los miró a todos y definitivamente no la dejarían tranquila hasta que hablara. Suspiró y cerró los ojos un momento.

–Bellatrix Lestrange y Fenrir Greyback. –Respondió sin mirar a nadie en particular.

Hubo un grito ahogado generalizado. Sirius se puso rígido a su lado y agachó la cabeza, sus manos estaban cerradas en puños. Remus por su parte estaba pálido al escuchar un nombre en particular.

–Tu prima, Sirius. –Apuntó Marlene sin ninguna gota de consideración. –Ya decía yo que esa familia entera está mal.

Hermione sintió instintos homicidas por una fracción de segundo.

–Basta, déjalo de una vez. –Le dijo James muy molesto y se fue a sentar entre Hermione y su amigo.

Remus también se acercó y se tiró cerca de Dorcas frente a los chicos.

Lily miró reprobatoriamente a Marlene que se encogió de hombros y disimuladamente puso una mano en el brazo de Remus. Hermione sacaba cuentas rápidamente y si estaba en lo cierto, para esta fecha Lily ya sospechaba la condición de su amigo.

–Y Greyback…–comenzó a hablar Remus que fue el primero en reaccionar – él… ¿Cómo está el chico que atacó?

Su voz sonaba preocupada y herida.

–Estará bien, –le dijo Hermione y acarició su mano – ahora se encuentra en San Mungo, pero se repondrá y volverá con su familia.

–Ahora estará maldito. –Le dijo Remus cabizbajo y las chicas asintieron.

–Los hombres lobo son muy mal vistos, además quedan marcados socialmente y son un peligro. –Replico Marlene sin gota de maldad pero de una manera fría.

Hermione se preguntaba si la chica sería con todos así porque era su forma de ser o si las malas formas iban solo dirigidas a los Merodeadores, aunque claramente no sabía lo de Remus, que al parecer era al que respetaba solo un poco más que al resto.

–No son un peligro. –Dijo molesto Sirius.

–Como si supieras eso, Black. –Contestó más enojada Marlene.

–Las personas no saben nada. –Apoyó a su amigo James.

–Son un par de idiotas, búsquense un hombre lobo en plena fase de transformación e invítenlo a tomar el té, luego me cuentan. –Les escupió prácticamente.

–Púdrete, –le dijo James – no tienes sentimientos.

Hermione prefirió intervenir antes que se mataran frente a ella.

–Los Hombres Lobo con la contención y afecto necesario no representan un peligro, –comenzó diciendo muy segura y todos le prestaron atención – además hay un mago que está investigando y ha inventado una poción muy innovadora que está en etapa de prueba y representaría un giro en las transformaciones de los hombres lobo. No cura la licantropía, pero les permite mantener su personalidad humana, aminora los síntomas. –Terminó su monólogo y soltó el aire que estaba conteniendo.

–Había escuchado algo… es asombroso. –Dijo más recuperado Remus.

–¿Eres defensora de ellos o algo así? –Preguntó Marlene ganándose una mirada reprobatoria de todos nuevamente.

Hermione no la soportó más y se puso en pie para enfrentarla.

–Claramente no te haría mal salir de tu burbuja, –le espetó – y además, todo lo que sé de Defensa Contra las Artes Oscuras me lo enseñó mi maestro particular, –se apresuró en añadir– que precisamente era un hombre lobo, y era un mago extraordinario.

Remus capturaba y procesaba todas las palabras que decía Hermione como un bálsamo de esperanza.

La aludida iba a replicar cuando entró Euphemia para que fuesen a cenar.

Hermione y Marlene salieron con los ánimos cabreados rumbo al comedor, pero la primera compuso su mejor sonrisa.

Todos estaban sentados en una larga mesa a la que se habían agregado más brujas y magos. Hermione los reconoció como los que se estaban apareciendo en el jardín cuando ella llegó junto a Dumbledore. Las chicas se habían acercado, por lo que tenían que ser sus familias.

Lily quedó algo más rezagada.

–Mis padres prefirieron no venir, –le explicó en un susurro y algo sonrojada –por mi hermana. Es un poco complicado.

Hermione la tomó del brazo comprensivamente.

–Podemos sentarnos juntas. –Propuso y Lily le sonrió agradecida.

La cena transcurrió tranquila y los temas de conversación variaban entre los estudios de los chicos y la guerra que comenzaba a tomar una forma cada vez más agresiva. También se dedicaron a bromear la mayor parte del tiempo.

Sirius había vuelto a ser el alma de la fiesta y como Hermione se veía venir era aún más insolente en su entorno de confianza.

Después del postre todos fueron de vuelta al gran salón donde ahora había mesas con dulces y pequeños licores, además de mesas de té y juegos. También comenzó a sonar música para los que querían bailar.

Los Potter eran verdaderamente buenos anfitriones.

Hermione iba a sentarse cerca de una de las ventanas que daban al jardín cuando Sirius tomó su mano y la frenó. Reconocería su toque en cualquier época.

Se giró y lo miró curiosa.

–¿Me concedería esta pieza, Señorita Granger? –Preguntó con una pequeña reverencia.

–¡Por Merlín! –Exclamó la castaña riendo – Está bien, pero solo una Señor Black, el baile no es lo mío. –Respondió haciendo una reverencia y levantando un poco su vestido de ambos lados como una dama victoriana.

Sirius no perdió tiempo y colocó una de sus manos en la cintura de Hermione y con la otra elevó su mano derecha. Ella por su parte puso su mano libre sobre el pecho del chico. Sintió a través del elegante traje la fuerza con la que latía el corazón de su compañero de ojos grises. Agradeció que él no pudiese sentir el loco revoloteo de su propio corazón.

–Eso lo podemos cambiar, –le dijo Sirius apegándola más a él mientras comenzaban a moverse por la pista –ya verás que bailar no es tan malo.

Y ciertamente tenía razón. Sirius Black era un excelente compañero de baile. A medida que cambiaba el estilo de música él se encargaba de guiarla y hacer movimientos ridículos o que la dejaban mareada la mayoría de las veces.

Hermione no recordaba la última vez que se había divertido tanto. Le encantaba conocer esta otra faceta de Sirius, una en donde solo existía alegría y esperanza. Si bien es cierto ella se enamoró del Sirius que escapó de Azkaban con todos sus fantasmas y temores, siempre añoró que pudiese borrar esa parte, ser totalmente feliz como ahora, con problemas quizá pero con la esperanza de un mañana mejor.

Justo como ahora.

Ya iban por la quinta canción y estaban riendo de un paso de baile que Sirius había visto en una película muggle, y por supuesto lo estaba haciendo mal, cuando Hermione le pidió un descanso, necesitaba agua.

–Te dije que no sería tan malo. –Le dijo Sirius en lo que iban a una de las mesas por dos refrescos.

A estas alturas el peinado de Hermione estaba totalmente suelto y su cabello caía en ondas. Sirius ya no traía corbata y menos chaqueta.

–Tomemos esto fuera. –Le sacó los vasos de las manos a Hermione y la guio hasta uno de los bancos en el jardín.

Allí se sentaron y dejaron que la fresca brisa que se colaba entre los arbustos los embargara.

Hermione dio un sorbo a su jugo de calabaza y lo miró divertida.

–No había nada más fuerte, lo siento. –Se disculpó sin culpa.

–Me debes una cerveza de mantequilla. –Dijo falsamente ofendido Sirius.

–¿Por qué pelean tanto con las chicas? –Quiso saber Hermione.

–A veces soy muy explosivo, –respondió sinceramente el pelinegro – aunque la mayor parte del tiempo las ignoro, sobre todo a esas tres. Alice ya verás que es muy agradable, aunque ahora que está con Frank se pone algo empalagosa. –Dijo entornando sus ojos y haciendo una mueca – Con Dorcas no tengo problemas, aunque puede ser algo entrometida y de pensamientos peculiares… ya sabes, es rara pero de buena manera. –Hermione asintió. – Y ya hablando de Lily, bueno… Lily me estresa. Es tan sabelotodo y señorita perfecta, pero eso no sería problema si no fuese porque siempre está discutiendo con James y luego debemos lidiar con los llantos existenciales de Prongs. Está enamorado de ella desde el primer día que lo vio y puede que sea un imbécil a veces, pero es mi amigo, –explicó y Hermione creyó cada sincera palabra – y no tiene malas intenciones, realmente ha cambiado y trata de ser mejor por ella. Pero por algún motivo no funciona. –Terminó frustrado.

–Lily se ve buena gente. –Apuntó Hermione bebiendo un último sorbo de su jugo.

–La pelirroja solo es algo histérica, pero es buena. Deberían terminar con sus líos amorosos de una vez y dejarnos vivir tranquilos sin tanta discusión. –Dijo Sirius riendo divertido.

–¿Y Marlene? –Preguntó Hermione al ver que el chico no hizo ademán de hablar de ella.

Suspiró cansado y miró a Hermione directo a los ojos.

–Esa maldita bruja logra sacar lo peor de mí. –dijo con el semblante serio –Ella nos detesta, a los Merodeadores, a todos, porque somos inmaduros y siempre hacemos bromas, pero la tiene especialmente agarrada con James porque cree que solo quiere hacer sufrir a Lily, y bueno… conmigo también se las trae pero por motivos diferentes.

–¿Qué motivos? –Hermione parecía poseída por el espíritu acosador de Dorcas.

Otro suspiro.

–No cree que sea una buena persona y dice que solo estoy fingiendo. Ella piensa que por ser un Black todos deberían desconfiar de mí. –Hizo un gesto con la mano – Ya sabes lo que dijo hace un rato en la sala. Sus padres trabajan en el Ministerio y han tenido enfrentamientos con los Black en el pasado, no son amigos que digamos, ni siquiera para un trato cordial.

–Pero no puedo culparte por tu familia. –Dijo Hermione entendiendo mejor la situación.

–Dile eso y que haga caso, es una insoportable. –Sirius había comenzado a sacar el césped. –Siempre me recuerda de dónde vengo y que por más que reniegue de lo que es mi familia, al final del día soy un Black. Igual o peor que ellos. Que aunque escoja el lado bueno soy una mala persona.

Hermione se encogió un poco sobre su lugar y miró a las estrellas que estaban más radiantes que nunca.

–Una vez alguien dijo que todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, –dijo Hermione a Sirius – pero lo importante es elegir qué lado queremos potenciar. O algo así. –le regaló una sonrisa que el chico devolvió.

–Quien dijo eso es un puto genio. –Hermione soltó una carcajada.

–Sí que lo es. –Afirmó.

Se quedaron callados por un momento hasta que Sirius rompió el cómodo silencio.

–Hace un rato cuando nos contaste lo del ataque, –comenzó tranquilamente y mirando sus zapatos –mencionaste a Bellatrix, ella es mi prima y bueno… en mi familia son así, de ese estilo. –Se encogió de hombros – Se sienten cómodos con las artes oscuras.

Hermione no dijo nada, esperó a que siguiera, sabía que esto era importante para él.

–Yo simplemente nunca pude entender la manía que tienen con la sangre y el seguir las ideas de un loco. –Rio incrédulo – Soy algo así como la oveja negra de mi familia, y también está mi prima Andrómeda que es hermana de la loca de Bellatrix, ella se casó con un chico que es hijo de padres muggles, no hablamos mucho eso sí. –Explicó a la chica y mordió su labio, gesto que para Hermione fue adorable –Y también está mi tío que me apoya y me dejó su dinero. A los tres nos sacaron del árbol de la familia.

Hermione se atrevió a poner una mano sobre la de él, la dejó allí mientras seguía.

–Un día el año pasado, antes de comenzar las clases, –comentó recordando con una sonrisa – simplemente no aguanté más y tomé las pocas cosas que tenía y me fui. Renegué de todos ellos y su pensamiento, decidí seguir mi corazón. James y sus padres me acogieron desde entonces.

Suspiró cansado y miró la mano de Hermione.

–Pero como ya ves, soy un Black haga lo que haga.

Hermione sacó su mano de donde la tenía y colocó ambas en el rostro del chico.

–Sirius Black, escúchame muy bien, –le ordenó – es cierto que eres un Black, pero no permitas que un nombre determine quién eres. Tú no eres solamente Sirius Orion Black… eres Sirius Padfoot Black. –Quitó sus manos para tomar entre las suyas las del chico, estaba helado. – Y puede que no te conozca mucho, – en este tiempo, pensó para sus adentros – pero estoy segura de que eres una buena persona.

Sirius le sonrió sinceramente y como un loco se paró para tomarla entre sus brazos y darle vueltas por el aire. La puso nuevamente en el piso muy mareada y la abrazó.

–Eres la bruja más loca y rara que he conocido, Hermione Granger.

–¿Hasta cuándo nos llamaremos por los apellidos? – Preguntó la chica.

–Puedes llamarme Sirius o cariño. –Dijo levantando ambas cejas. –Y yo te diré… –lo pensó un poco – Mione o solo Hermione.

Hermione le dio un golpe en el brazo.

–Me parece.

Una garganta aclarándose los hizo sobresaltarse. Moody los miraba con el entrecejo fruncido.

–Reunión, ahora. –Le indicó a Hermione.

Sirius la soltó de malas ganas y le sacó la lengua a Alastor. La chica se salió de los brazos de Sirius y siguió a Moody hasta una sala al final del tercer piso.

Estaba toda la Orden del Fénix original que recordaba de las fotografías que había visto, excepto los más jóvenes. Fue presentada como nuevo miembro y luego hablaron y planificaron básicamente el plan de acción que seguirían de ahora en adelante, cómo dividirían la seguridad y las próximas juntas. Estuvieron cerca de dos horas.

Para cuando Hermione bajó la casa estaba prácticamente vacía y ya eran las tres de la madrugada.

–Granger, –la llamó Moody a un rincón y le habló pausadamente y sin darle de fritos – estoy muy feliz con tu desempeño. –Le dio unos golpecitos en el hombro – Eres una gran Auror y esta semana será más pesada que la anterior, –explicó y Hermione hizo una mueca interna –pero teniendo en cuanta que dentro de un mes parten a Hogwarts, he decidido que trabajas hasta el viernes y luego tendrás las tres semanas restantes de vacaciones.

–¡Muchas gracias! –Hermione no aguantó su grito de emoción.

–Obviamente si surge algo grave te llamaremos. –Añadió Moody y ella asintió.

–Estaré en ¡Alerta Permanente! –Prometió la chica dando un saltito imperceptible.

Moody sonrió y la dejó partir.

Hermione tomó su túnica y ubicó a Sirius antes de irse. Dumbledore ya la esperaba en el recibidor mientras hablaba con los Potter.

Sirius estaba comiendo unas ranas de chocolate. En cuanto la vio se apresuró a limpiar los restos de su boca.

–¿Ya te vas? –Preguntó decepcionado.

–Es tarde. –Dijo ella al ser lo más obvio.

–O temprano, según se vea. –Rebatió con una sonrisa el ojigris.

Hermione jugó con la cinta de su vestido.

–Estaba pensando… tendré vacaciones antes de partir a Hogwarts, tres semanas a partir del viernes, Moody me lo acaba de decir, –le contó feliz al chico – y no sé…

–Podríamos salir, perfecto. –Terminó Sirius. –¿Cuándo paso por ti? –Preguntó ansioso.

Ella lo pensó muy poco.

–Sábado, diez de la mañana.

–Ahí estaré, tocando tu puerta.

La chica se despidió con un beso en la mejilla y partió con Dumbledore.

Ambos se desaparecieron en el jardín y no vieron a Sirius correr para preguntarle en qué casa vivía.

Definitivamente tendría que vigilarla o mandar lechuza.

Le sonrió a las estrellas y se entró.

Dumbledore por su parte dejó a Hermione en su casa y le sonrió amistosamente.

–Veo que las cosas salieron muy bien. –Comentó.

–Mejor de lo que esperaba. –Reconoció Hermione que al principio estaba asustada.

El anciano asintió.

–Estamos en contacto, señorita Granger.

Se giró sobre sí mismo y desapareció una vez más.

Hermione entró y subió directamente a su habitación. Dobby ya dormía.

Se lanzó a su cama con una sonrisa feliz y ni siquiera se preocupó de cambiarse. Tiró una colcha sobre su cuerpo y durmió con imágenes felices ocupando sus sueños, ignorando por un momento todo lo que pasaba alrededor.

Hoy finalmente había conocido a Sirius Black.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¿Cómo están preciosas? Muchísimas gracias por sus comentarios, de verdad me pone feliz saber que la historia tiene tan buena recepción y que les gusta.

Gracias a leiref29, esdm, Alessandra.12, Keniie Masen y Florfleur por sus Reviews y a todos los que leen.

Y ahora, ¿qué tal les pareció el capítulo? ¿Qué pasará ahora? ¿Me dejan un lindo review?

Actualizo una vez por semana seguro, y si mis deberes muggles me lo permiten pueden ser dos capítulos por semana.

¡Besos a todas y nos leemos!