Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo VII

Hermione Granger nunca fue fanática de un día de la semana en particular, pero durante el último tiempo no recordaba haberse sentido tan feliz con la llegada de un jueves.

La semana había sido agotadora desde todos los aspectos.

Por una parte habían tenido al menos cinco redadas cada día y la mitad de ellas eran datos falsos creados por la reciente psicosis del Mundo Mágico o trampas de los Mortífagos para alejarlos de los escenarios reales donde atacaban. En la Oficina de Aurores nadie dormía más de tres horas diarias y se notaba el cansancio en sus rostros.

Y por otra parte cuando no estaban en redadas luchando o en el Callejón Diagon supervisando, Moody los llenaba de trabajo administrativo que estaba retrasado. En especial Hermione había pasado horas sentada clasificando archivos que debían pasar al Wizengamot o al mismo Ministro de Magia. También su jefe había decidido que era oportuno que aprendiera algo en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, así que si no estaba trabajando en su división del Departamento de Seguridad Mágica, la enviaba a ayudar y aprender las leyes de las bestias, como solía indicarle.

Tienes potencial, Granger.

Esa frase se la venía repitiendo toda la semana y Hermione lo agradecía enormemente, pero tampoco dejaba pasar el hecho de que estaba siendo explotada y que en cualquier minuto se quedaría dormida sobre los archivos que ahora llevaba a su improvisado escritorio o se desmayaría.

Lanzó todo sobre el escritorio que estaba al final del pasillo del segundo nivel, al lado de la ventana que daba al Londres muggle y muy alejado de la oficina de Alastor Moody.

–¡GRANGER!

Como si lo hubiese invocado sintió los gritos y corrió al despacho de Moody.

–Diga. –Dijo quedando sin aire apenas entró.

–Toma esto y llévaselo al Ministro. –Le tendió un sobre con el sello oficial de la división. –Luego puedes irte, pero te llevas el trabajo que quede a casa, debes terminar de aquí a mañana. Hoy no hay redadas. –La miró expectante para ver por qué aún no salía y Hermione no lo podía creer.

Hoy es jueves y mañana es viernes, hoy es jueves y mañana es viernes. –Comenzó a susurrar en lo que salía.

–¡TE ESCUCHÉ, GRANGER! ¡ERES INSOLENTE PERO ME AGRADAS! –A lo gritos de nuevo.

Salió disparada a los elevadores y en cuanto llegó al primer nivel vio al Ministro doblando una esquina. Agradecía no ser una fanática de los tacones y andar con botas planas porque su vida últimamente era correr de un lado a otro.

–¡Ministro Minchum! –Lo llamó y él se giró sonriente.

–¡Señorita, Granger! –la saludó –Que alegría verla por acá, he tenido informes muy favorables de usted en su desempeño como Auror.

–Gracias, señor. –Respondió algo sonrojada y le tendió el sobre que tomó de inmediato. –Alastor Moody lo envía con urgencia.

El hombre lo examinó rápidamente y le agradeció.

–Muchas gracias, señorita. –Le dijo y con gesto divertido siguió hablando –Si Alastor se descuida en cualquier minuto se la quitaremos, tiene un gran futuro en el Ministerio Hermione.

La muchacha agradeció y salió corriendo de nuevo a los elevadores que por estos días pasaban llenos.

Mientras esperaba una lechuza autorizada entró volando directamente a ella. Hermione puso una moneda en la pequeña bolsita que llevaba y le agradeció mientras desamarraba la carta.

No debieron considerarla peligrosa porque no había sido registrada, según comprobó por los sellos y algunos hechizos que utilizó antes de abrirla. Tomó el elevador y fue hasta el nivel ocho para descansar un poco en la recepción del Ministerio.

Una vez llegó tomó una manzana de camino y se sentó en el lobby. Estaba lleno de visitantes y trabajadores que pasaban por la red flu y otras vías. Algunos se registraban y otros directamente corrían de un lado a otro.

Un día normal, pensó Hermione mientras abría la carta que no traía remitente.

Le bastó leer una frase para rodar los ojos y soltar una risa auténtica. Siguió comiendo y leyendo.

Querida Rompe Árboles Genealógicos,

Irlanda está fría para la época. Pero me gusta porque acá todo es verde, como mi casa.

Ayer mantuve una conversación amistosa con unos cuántos duendes. Por las tardes me divierto enloqueciendo a los grindylows que residen en el lago cerca de nuestra casa de verano.

¿Ya lograste terminar de arrastrar mi apellido por las calles del mundo mágico? Me sorprendería si no.

Mi prima, ya sabes, tu amiga que te deja cariños por la frente nos visitó y me enteré de cosas interesantes. Nada que pueda decirte por acá.

No respondas, nos vemos en una semana.

R.A.B.

P.D.: El trébol es para ti, dicen que trae suerte. A la traidora que me gusta le llevo un regalo, se lo darás por mí.

Hermione examinó el trébol, tenía un hechizo simple para que perdurara en el tiempo. Eso era cosa de criaturas mágicas. Sonrió y lo depositó dentro de la carta que guardó muy bien en el bolsillo de su túnica.

Se dirigió nuevamente a los ascensores y de camino chocó con alguien que se notaba muy molesto por algo, ya que movía sus manos en todas direcciones, el hombre ni siquiera la notó.

–No entiendo la estúpida regla de entregar las varitas, y todo por tu culpa Padfoot. –Regañaba el joven.

Hermione se paró en seco. Delante de ella y con sus mejores túnicas iban Sirius, James y Remus.

–Cállate, James. –Espetó Sirius con voz molesta – Cuando salgamos nos devuelven las varitas, como si nunca hubieses venido al Ministerio.

–Si quiera sabes a qué piso debemos ir. –Preguntó Remus mirando fascinado todo a su alrededor.

–No, –respondió Sirius – porque el traidor de James no le quiso preguntar a su papá.

Pá, –ironizó James – Sirius está acosando a la Auror de la otra noche hace una semana por el vecindario porque es tan estúpido que olvidó preguntarle dónde vivía, y encima escribió mal su nombre, ¿me dices dónde queda el Departamento de Aurores para entrar a acosarla al Ministerio? –Terminó entre las risas de Remus y la mueca de Sirius.

–No la acoso y si sé escribir su nombre. –Se defendió el pelinegro.

–La lechuza te devolvió la carta. –Señaló Remus divertido.

Hermione no les había querido hablar para escuchar la conversación. Y por supuesto, ella no le dijo cuál era su casa porque asumió que escribir Hermione no era tan complejo. Movió la cabeza ligeramente divertida.

–Iremos piso por piso, –propuso Remus – y diremos que queremos impregnarnos de lo que significa ser Aurores porque es nuestro sueño.

–Queremos un recorrido, eres brillante Mooney. –Sirius lo zarandeó con cariño.

–Esto no avanza. –Se quejó James.

Siguieron su conversación bajo la atenta mirada de Hermione. Cuando por fin pudieron entrar subieron junto a dos mujeres que iban al Departamento de Transporte Mágico en el nivel seis, ellos que no tenían idea y Hermione iba al segundo nivel.

Las mujeres bajaron y los chicos comenzaron a pedir que se detuviera en cada piso.

Hermione no aguantó más y se comenzó a reír.

–¿Disculpa? –Preguntó Sirius molesto al notar que se burlaban de ellos.

Ella se giró y los tres la miraron sorprendidos.

–¡Hermione! –Gritaron emocionados y desconcertados a la vez.

–¡Son tan dulces! Todo el Ministerio escuchó su discusión en la recepción. –Dijo secando unas lágrimas que habían saltado de sus ojos. –Departamento de Seguridad Mágica, segundo nivel, ignore el resto. –Pidió al elevador y fueron directo a destino.

Sirius fue el primero en hablar.

–No te vimos ni reconocimos antes, estás… –el chico no sabía cómo continuar.

–Acabada, como un zoombie, horrible, cualquiera aplica. –Dijo con diversión la chica y gesto cansado.

Sirius negó con la cabeza.

–Como si no hubieses dormido ni comido bien en días. –Corrigió. –Pero sigues siendo una zoombie muy guapa. –Agregó con determinación, a lo que Hermione se sonrojó levemente.

La voz anunció que habían llegado.

Departamento de Seguridad Mágica.

Todos bajaron y la siguieron. De camino se toparon con varios Aurores que lucían igual o peor que Hermione.

–¿Así se ven siempre los Aurores? –Preguntó James replanteándose su futuro.

–Así te ves si trabajas para Alastor Moody. –Comentó Hermione, al parecer lo suficientemente fuerte para que el implicado escuchara.

–¡GRANGER! –Gritó en lo que salía. –¿Por qué demoraste…? –En cuanto se topó con los chicos rodó los ojos y entendió todo. –¿Qué hacen ustedes acá?

–Son mis invitados, Alastor, me responsabilizo. –Dijo Hermione.

No le creyó, pero como era Granger, lo podía dejar pasar.

–De camino a casa necesito que lleves esto a San Mungo. –Le tendió otro sobre oficial que la chica tomó enseguida. –Quieren interrogar a los heridos de la redada del vecindario mestizo, averigua en qué situación están.

Hermione asintió cansada.

–Duerme un poco, mañana ya te vas de vacaciones, así que has bien tu trabajo. –Le dijo descaradamente mientras le quitaba importancia con un gesto y entraba en su despacho.

Los chicos miraron a Hermione y luego entre ellos.

–¿Qué calificaciones creen que necesito para ser Medimago? –Preguntó James.

–Altas, –dijo Sirius –yo estoy pensando en pedir un puesto como Maestro de Encantamientos a Dumbledore.

–¿Crees que nos acepte a ambos? –Preguntó Remus. –Yo podría tomar Defensa contra las Artes Oscuras o Transformaciones.

Hermione rodó los ojos.

–No es tan terrible cuando te acostumbras.

–¡Claro! –Dijeron los tres al mismo tiempo. –Trabajas más que un elfo. –Agregó divertido James.

La acompañaron mientras guardaba los archivos y luego todos bajaron para salir de allí. Pasaron por la recepción y a James le volvió el alma al cuerpo cuando tuvo de regreso su varita.

–El paso por San Mungo será rápido. –Explicó Hermione.

Se trasladaron por red flu y fue tal como lo dijo la chica. Los pacientes ya estaban en condiciones de ser interrogados, los médicos dieron la autorización a Hermione, quien en cuanto la tuvo utilizó una lechuza del hospital para hacerla llegar a Moody junto con una nota explicando la situación.

Los chicos se dirigieron a un punto de aparición pero Hermione los paró en seco.

–¿Les molesta viajar por Red Flu? –Preguntó casi suplicando –No tengo fuerza para aparecerme.

–Claro que no, vayamos a mi casa, –Propuso James –luego Sirius te acompaña a la tuya.

Todos asintieron y se introdujeron en una chimenea lo suficientemente grande como la de la casa de los Potter. Claramente no podían hacer lo mismo en la casa de Hermione, solo se podía de una persona.

En cuanto atravesaron la chimenea Hermione notó que la casa de los Potter era muy acogedora cuando no era el centro de reunión para una fiesta.

–¡Llegaron! –La madre de James corrió junto a los chicos. Se notaba aliviada. –Hermione, querida. –Le dio un beso sonriente.

–¿Chicos, están bien? –Preguntó el padre de James. –¿Dónde estaban?

Los tres agacharon la cabeza y fue Sirius quien habló.

–Fuimos al Ministerio, quería saber dónde vivía Hermione y la fuimos a buscar. –Explicó avergonzado mirando a su padre adoptivo que lo miró con entendimiento.

–Pero si nosotros sabemos dónde vive, Dumbledore nos dio la ubicación, podrían haber preguntado. –Los regañó su madre y les pellizcó las mejillas.

Todos hicieron una mueca.

Hermione fue invitada a comer, lo que aceptó con mucho agrado. Luego del postre se sentaron a conversar y los chicos le explicaron a Hermione por qué terminaron en el Ministerio.

–Sirius y Hermione quedaron en una cita el sábado, –empezó contando con picardía James – pero no le preguntó dónde vivía y cuando mandó la lechuza escribió mal el nombre.

–Y tampoco le explicó a la lechuza a quien dársela. –Agregó riendo Remus. –Son muy inteligentes, pero por lo menos le dices a quién se lo envías si no lo conoce.

–No suelo escribir ni mandar lechuzas. –Se defendió Sirius – No soy experto en cómo funciona.

–Ni siquiera le diste algo al pobre animal, por eso luego se negó. –Siguió burlándose James.

Hermione y los Potter solo reían mientras escuchaban las aventuras de los chicos.

–En fin, –ahora fue turno de Remus – como sabíamos que vivías a unas calles Sirius nos pidió montar guardia. Él se quedó a la entrada del vecindario y con James nos turnamos en diferentes calles hasta que te viéramos.

–No me aparecí en toda la semana, utilicé red flu, ya vieron cómo soy explotada. –Dijo a modo de disculpa la chica y dramatizando divertida.

–Cuando pasaron tres días y no teníamos resultados, Sirius se frustró y nosotros nos negamos a seguir vagando por la calle. –Explicó James. –Así que Remus como siempre que es un bocazas, le dijo que podía ir a buscarte al trabajo.

–Una idea brillante. –Defendió Sirius.

–No pensé que te lo tomarías en serio. –Dijo Remus.

–Y así llegamos al Ministerio y por suerte te encontramos, si no quizá qué hubiese sido de nosotros. –Sentenció James calmado.

Siguieron conversando un rato más y cuando la tarde cayó Sirius se ofreció para acompañar a Hermione a su casa.

Caminaron por las calles disfrutando de conversaciones triviales. Una vez fuera de la casa de Hermione se pararon frente a la cerca.

–Aquí vivo. –Señaló Hermione orgullosa.

–Es como de los cuentos muggles. –Dijo Sirius mirando maravillado la casita, en comparación a las mansiones donde siempre había vivido.

La chica levantó una ceja.

–¿Qué sabes de cuentos muggles? –Preguntó.

–Ya sabes, la princesa con el príncipe y siempre hay una bruja mala, –dijo encogiéndose de hombros – hay muchos duendes y hadas. –siguió enumerando divertido. –Es divertido leer cómo los muggles tergiversan la realidad mágica.

La castaña asintió.

–Si supieran. –Dijo divertida.

Sirius miró dentro y lo cansada que se veía.

–Te dejaré descansar, que mañana tengas un gran día. –Deseó y se carcajeó por la mueca de la chica. –Y pasaré por ti el sábado a las diez.

–Solo pasas y tocas. –Dijo ella.

Sirius le dio un beso en la mejilla y se devolvió por el mismo camino que habían recorrido antes. Hermione entró en su casa y Dobby que había visto todo desde la ventana la recibió con una gran sonrisa.

–El baño está listo. –Anunció –Ese joven Black me simpatiza mucho, es un insolente y una vergüenza para su familia.

Hermione le encontró la razón. Ese Sirius Black era un insolente, pero de los buenos.

–A mí también me simpatiza, Dobby. –Contestó ella mientras subía a su habitación.

Eran recién las seis de la tarde, pero la chica en cuanto salió del baño y su cabeza tocó la almohada se quedó dormida. Algo que se estaba haciendo hábito.

Al día siguiente se levantó con el ánimo repuesto muy temprano. Terminó de organizar los archivos antes de irse al Ministerio y el día fue como toda la semana, ajetreado. Se la pasó entregando informes, en San Mungo interrogando a los heridos y luego registrando al pequeño que ahora era hombre lobo.

Al final del día dejó todo en orden y Moody le deseó que tuviera unas buenas vacaciones.

Hermione cruzó la red flu sabiendo que hasta dentro de tres semanas podría descansar y ser solo una chica de diecisiete años, al menos hasta volver para tomar su lugar en Hogwarts.

Llegó a su casa feliz y Dobby la recibió con alegría. Esa noche cenaron y conversaron hasta tarde mientras Hermione le contaba sus planes para su salida con Sirius y más entrada la noche debatían sobre el regalo que Regulus le llevaría a Dorcas.

Hace semanas que la chica no dormía tan bien, olvidando por un rato las responsabilidades de ser adulto. Pero es que cuando entrabas en ese mundo, por más que a ratos solo fueses un adolescente, al final las responsabilidades te alcanzaban igual, sobre todo cuando eras alguien como Hermione Granger.

Hermione estiró su cuerpo y el sol le dio directo en los ojos, pero se sentía tan bien y descansada, que se dio otra vuelta y siguió durmiendo con una sonrisa en el rostro.

Imágenes se comenzaban a formar en su cabeza y ruidos de alguna parte llegaban hasta sus oídos, suspiró y dejó que el sueño la atrajera.

Sol.

Ruidos en la planta baja.

Se dio otra vuelta.

¿Qué día es? Sábado… que hermosos son los sábados, pensó mientras se comenzaba a quedar dormida nuevamente la chica dándose otra vuelta. Puedes salir y…

Sirius.

No necesitó nada más para tirarse cama abajo sin siquiera abrir los ojos. El recuerdo de su salida con Sirius fue más efectivo que un Rennervate. Todavía en el suelo miró su reloj en la mesita de noche, marcaba las 9:30 a.m.

Se dio una ducha rápido y en cuanto estuvo lista extrañó tener a su mamá o una amiga cerca, como Ginny o Luna. Las chicas siempre saben qué decirte en estos momentos, sobre todo cuando no sabes qué ponerte.

Revolvió su armario y a pesar que sabía lo que vestían en esos años, no sabía que usar en esta ocasión. Estaban en plena transición de los 70's a los 80's. La mayoría usaba vestidos, pero para lo que tenía planeado sería mejor ir con pantalones. Suspiró y terminó usando unos jeans claros a la cintura que se volvían más anchos desde la rodilla y los combinó con sus zapatillas blancas favoritas y una blusa delgada muy colorida y con formas psicodélicas. Se maquilló muy sutil y recogió su cabello en una coleta.

Bajó corriendo con su pequeña mochila café entre sus manos y la tiró en la sala para buscar a Dobby. Volvió a mirar en el reloj, las 9:57 a.m.

Perfecto.

–¡Buenos días! –saludó con su voz chillona.

–Buen día Dobby, –saludó la muchacha – todo se ve delicioso, no sé cómo agradecerte. –Le dijo mientras miraba toda la comida que el pequeño elfo iba ordenando en una canasta de picnic.

El pequeño sonrió avergonzado.

Unos minutos más tarde tocaban a su puerta. Hermione abrió emocionada y en la entrada estaba Sirius parado con una sonrisa radiante, vestía muy similar a ella, con jeans y una remera blanca que se ajustaba demasiado bien a su cuerpo para la cordura de Hermione y unas zapatillas blancas. Eran el furor por esos días.

Lo único que llamó la atención de la chica fue que en una mano llevaba su túnica negra y en la otra una chaqueta de cuero negra. Siempre tan Black.

–No dijiste si la salida sería en nuestro mundo o en el de los muggles, así que… –señaló ambas prendas. –Buen día, Mione.

La castaña reaccionó y lo invitó a pasar.

–Ambas. –Dijo Hermione. –Buen día, Sirius.

Él la siguió hasta la sala y quedó maravillado con la casa, era muy diferente a la mansión donde pasó su infancia y también a la de los Potter. Esta era pequeña pero acogedora, como las casas que están escondidas en los bosques. Se sentó a esperar en lo que Hermione acomodaba su propia chaqueta y la de él en una pequeña mochila.

Negó con la cabeza. Encantamiento de Extensión Indetectable.

En eso entró Dobby y Sirius lo miró sorprendido. Todo lo que hacía, decía o era Hermione Granger lo alucinaba. Vagó la mirada entre la criatura y la chica.

–¡Oh! –Dijo Hermione al darse cuenta. – él es Dobby.

–¡Al fin conozco al Señor Sirius Black en persona! –Exclamó Dobby extendiendo la canasta a un atolondrado Sirius. –Lo admiro mucho señor, es la vergüenza de la familia Black, un rebelde, libre…

–¡Dobby! –Le dijo Hermione esperando en qué momento el elfo comenzaba a hablar de más.

Sirius se quedó pensativo. ¿Dónde había visto a aquél elfo antes?

Movió la cabeza y eliminó el pensamiento, él no era de tratar mucho con elfos, Kreacher de hecho era el único y lo odiaba desde niño.

Le sonrió a la criatura.

–Tomaré todo lo que dijiste como un halago, Dobby. –Dijo risueño y se dirigió a Hermione. –No te hacía del tipo que tiene elfos domésticos.

–De hecho Dobby es un elfo doméstico pero no elfo doméstico. –Se apresuró en aclarar. –Trabaja conmigo y somos amigos, Dobby es un elfo libre.

La mandíbula de Sirius bien podía llegar al piso. Cerró la boca y aclaró su garganta.

–Bien por ti. –Le dijo a Dobby quien asintió encantado.

Vaya que esta chica era una caja de sorpresas cada vez más extensa, pensó.

–Bueno… ¡Vamos! –Dijo Hermione y le extendió la mano que Sirius sujetó gustoso.

Se despidieron de Dobby y salieron al patio trasero. Se colocaron las túnicas y se aparecieron en el callejón Diagon.

–¿Dónde vamos? –Preguntó Sirius curioso.

–Pequeña parada en Gringotts. –Explicó la chica.

–No es necesario que saques dinero, –se apresuró Sirius deteniéndola en el camino. – yo puedo…

Hermione le tapó la boca.

–No sacaremos dinero, lo cambiaremos. –Explicó divertida y Sirius cayó en la cuenta de que la salida sería en el Londres muggle.

Tal como dijo la parada fue muy rápida y solo cambiaron algo de dinero mágico por dinero muggle.

El Callejón estaba repleto de familias, así que la chica los guio por el Caldero Chorreante y salieron a la clara luz del Londres muggle. Guardó las túnicas y emprendieron camino.

Sirius se dejó guiar, iba feliz de la mano de Hermione, quien inconscientemente no lo había soltado. Por otro lado ella iba relajada y no paraba de hablar.

–El día siguiente que comenzaron las vacaciones con los chicos vinimos a ese lugar, –comentó Sirius señalando un cine en la calle de enfrente – y vimos esa película de baile, anoche te mostré uno de los pasos.

Hermione miró rápidamente los carteles de las películas que se exhibían.

¿Saturday Night Fever? –Preguntó casi segura.

El chico asintió.

Mooney estuvo cerca de una hora después que salimos tratando de hacernos entender que Tony era solo un personaje como el de los libros, un actor y que todo lo que pasó en realidad no era verdad, –explicó y Hermione lo miraba entre divertida y enternecida por su inocencia con las cosas muggle –y tampoco entendíamos qué especie de brujería era esa de proyectar una película. James y yo terminamos con dolor de cabeza. –Negó con la cabeza como recordando un mal episodio de su vida. –Es un encantamiento muy avanzado ese.

La chica suprimió la risa para no hacerlo sentir mal, finalmente ellos se habían criado en familias conservadoras y con historia dentro del mundo mágico, no tenían por qué conocer todo lo relacionado a los muggles. Por un instante le recordó al señor Weasley y todas las veces que la acosó a ella y Harry con preguntas de las cosas más triviales.

–¿Pero te gustó la película? –Preguntó.

–¡Claro! Lo disfrutamos más una vez que entendimos todo, al principio me dio pena que la chica lo rechazara por ser de mundos diferentes, ¿sabes? –Se explicó detalladamente – Me recordó a nuestro mundo, por un minuto creí estar escuchando cosas como sangre pura y sangre sucia. No pensé que los muggles también tuvieran ese tipo de discriminaciones y tratos… claro, llevándolo a su realidad y en sus términos.

–Pueden ser muy crueles a veces. –Dijo Hermione asintiendo.

Entraron por una senda que daba a un parque muy grande con cientos de árboles y un sector donde parejas tenían picnics sobre el césped, también habían bancas y mesas para las familias.

–¿Mesa o césped? –Le preguntó la chica.

–Césped obviamente. –Respondió el pelinegro dejando la canasta en el suelo pero sin entender del todo a qué se refería.

La castaña extendió un tradicional mantel a cuadros rojos bastante amplio y se sentó sobre el mientras sacaba la comida y la iba acomodando. Al no sentir a Sirius sentarse lo buscó con la mirada. Estaba de pie frente a ella y miraba a todas las personas en el parque.

–¿Por qué no te sientas? –le preguntó sintiéndose tonta de pronto.

–¿Pueden comer en el suelo, en el parque y sin que les digan nada? –Preguntó el chico fascinado.

–Claro, se llama ir de picnic, –explicó ella y Sirius se dejó caer a su lado escuchando atentamente – vienes y traes la comida a cualquier hora del día y comes con tu familia o amigos o quien quieras. Estás al aire libre y puedes recostarte sobre el césped. –Dijo feliz con una sonrisa – Mis padres solían traerme todos los fines de semana a alguna hora luego que terminaban las consultas y…

Se calló de pronto y tragó en seco cuando se dio cuenta que había hablado de más.

Con Sirius le era tan fácil ser ella misma que no se preocupaba en fingir o tener cuidado de lo que decía. No se atrevió a mirarlo y siguió ordenando. Le tendió un vaso de jugo de calabaza y miró a unos niños que corrían tras una pelota.

Sirius Black tenía de idiota lo que Alastor Moody de cordura. Pero era paciente y no le gustaba presionar.

–¿Por qué no sigues hablando? Me gusta escuchar tus historias. –Le dijo el chico jugando con una pelusa del mantel.

Hermione no contestó, de pronto los juegos de los niños se habían vuelto muy interesantes.

Sirius no habló.

Estuvieron al menos quince minutos en el más absoluto silencio.

De pronto y sin verlo venir, un escalofrío recorrió la columna vertebral de Hermione y se apodero de ella un fuerte dolor de cabeza que la hizo sujetarse fuerte del mantel para no volverse un ovillo.

Fueron unos segundos solamente, hasta que pasó.

La castaña miró al ojigris que la miraba muy serio y concentrado.

–Pero… ¿Qué demonios…? –Pregunto agotada por el esfuerzo mental que hizo para que Sirius no atravesara las barreras de su mente.

El chico cortó el contacto visual relajado y le sonrió.

–Lo siento, –dijo a modo de disculpa frente a la mirada incrédula de ella – pero no querías hablar, debía llamar tu atención.

Hermione se recostó en la manta y dejó caer su cabeza hacia el costado contrario del chico. No pasó ni un minuto y tenía a Sirius pegado a su lado.

Si lo de Regulus había sido una tortura, esto solo era comparable con una sesión de Cruciatus. Ella sabía del poder de Sirius, cuando la entrenó en su tiempo había sido muy duro, pero estaba preparada para lo que venía.

Era un error subestimar a Sirius Black, solo un tonto lo haría.

Hermione giró la cabeza y se encontró con los ojos grises que la miraban preocupados.

–Soy muy bueno en Legeremancia y tú excelente en Oclumancia. –Dijo el chico aun con la mirada preocupada. –Podríamos intercambiar conocimientos. –Propuso en tono más relajado y la chica le regaló una pequeña sonrisa.

Ella aclaró su voz antes de hablar.

–¿Has intentado entrar antes? –Preguntó.

Sirius asintió sin culpa.

–No me malentiendas, –se apresuró en explicar al ver la mirada que le daba la chica –conozco los hechizos y en cuanto te conocí me di cuenta que eras muy buena, y me llamó la atención porque ese nivel solo lo he visto en mi familia. –A Hermione se le atascó el aire en los pulmones. –Entraste deliberadamente en la mente de Remus y James, ellos ni lo notaron, y pensé que es porque eres Auror y hacías tu trabajo después de lo que pasó… –le restó importancia con una mueca y siguió – y entonces probé entrar pero tus barreras eran buenas, mejor que eso aunque dejabas imágenes sueltas de tu día. –Soltó el aire y lo escuchó atenta. –No lo volví a intentar, no entro sin permiso a pensamientos ajenos, pero… cada vez que alguien te preguntaba por tu pasado, tu familia o sobre el ser Auror la magia se intensificaba y tu mente parecía que iba a explotar creando imágenes falsas y levantando barreras imposibles de traspasar.

Sirius terminó algo agobiado por el silencio de la chica.

–Entonces has vuelto a intentar entrar. –Aseguró ella después de su silencio.

–Solo en esos momentos. –Reconoció. –Emanas magia oscura.

–¿Cómo sabes que son falsas? –Preguntó curiosa.

–El brillo alrededor de los objetos. –Dijo simplemente. –Son como el recuerdo de un recuerdo dentro de un sueño.

Ambos se quedaron en silencio recostados dejando que la brisa les revolviera el cabello.

–Hay cosas que no puedo decirte aun… –especificó Hermione sin mirarlo –y hasta que llegue el momento promete que no intentarás nada de nuevo. –Pidió.

–Lo prometo. –la chica lo miró y su respuesta era sincera. Él suspiró. – Lo que más odio son las mentiras, –le dijo muy serio – pero sé reconocer cuando alguien miente para ocultar y cuando alguien omite información para proteger. Lo tuyo es lo segundo, y soy paciente. –Le guiñó un ojo y Hermione se relajó.

Se dio vuelta sobre su costado y se abrazó a la cintura de Sirius recostando su cabeza sobre el pecho del muchacho. Lo que más quería era decirle todo, pero no podía todavía.

Él la abrazó sin invadir su espacio personal y la miró a sus grandes ojos chocolate.

–Sé que no eres mestiza, –dijo en un susurro – ni que tus padres eran Aurores, de hecho ahora lo acabas de confirmar cuando comenzaste a hablar de ellos. Estoy seguro que creciste en el mundo muggle, sabes mucho de todo esto. –Explicó sonriendo y mirando alrededor – Y estoy seguro que eres mucho más de lo que aparentas, no por nada eres Auror con diecisiete años. Pero, ¿sabes qué?

–¿Qué? – Preguntó ella también en un susurro.

–Me importa una mierda mientras sigas siendo solo Hermione Granger. –Dijo serio y después de unos segundos ambos comenzaron a reír.

Se quedaron un rato más tumbados y luego se sentaron para comer todas las cosas deliciosas que había preparado Dobby. Siguieron conversando de tonterías y así de simple volvían a ser solo Sirius y Hermione. Para ambos era fácil ser ellos mismos estando con el otro.

–Mis padres son dentistas, –comenzó a hablar echándose un trozo de pollo a la boca Hermione –le cuidan los dientes a las personas.

Sirius asintió.

–O sea que podrían arreglar uno de mis colmillos. –Aseguró Sirius.

La chica lo miró curiosa.

–Tu dentadura es perfecta, no seas arrogante. –Le lanzó una servilleta por la cabeza.

–No es eso, –explicó realmente preocupado –uno de mis colmillos está menos afilado que el otro y mínimamente más bajo, entonces cuando me transformo en ya sabes… –le hizo un gesto y la chica asintió, cuando se transformaba en Padfoot – me cuesta desgarrar algunas cosas.

No lo podía creer.

Era un maldito animago a los diecisiete y se preocupaba por una tontería.

–Lo arreglamos con magia. –Propuso Hermione.

–No, –dijo serio – me gustan las cosas muggles, ya sabes, vivir nuevas experiencias.

Siguieron en lo mismo hasta al menos las cuatro de la tarde. Hermione recogió todo y a Sirius le tocó cargar nuevamente la canasta.

–Podrías ponerla en tu bolsa. –Dijo con un puchero.

–Claro, frente a todos. –Ironizó ella.

Sirius le sacó la lengua y se dejó arrastrar hasta el Cine por el que habían pasado más temprano.

–Es la cosa. –Dijo emocionado. –¿Veremos de nuevo a Tony?

–No, –sentenció Hermione –podemos ver cualquier otra que queramos.

–¿Qué tal esa donde el chico tiene una varita luminosa? –Propuso Sirius.

–Es un sable de luz, –dijo Hermione riendo – ya entenderás. – Hicieron la fila y compró las entradas.

Verían Star Wars: Episode IV – A New Hope.

Sirius compró el pop corn, dos baldes gigantes.

–Con uno era suficiente. –Dijo Hermione pensando en cómo se comería sola uno de esos.

–Jamás, –la corrigió el chico –con James luego de salir de la película nos llevamos siete de estos a casa.

La película duró poco más de dos horas en que no quitaron los ojos de la pantalla, excepto para hacer comentarios de qué pasaría. Los hicieron callar varias veces.

Cuando terminó, Sirius estaba francamente alucinado y Hermione que era una fanática de su época hacía conjeturas con detalles que antes no se había percatado.

Con un hechizo simple y sin que los vieran guardó la canasta en su bolsa y sacó las chaquetas, ya eran por lo menos las siete.

–Necesito tener un Chewbacca. –insistió por tercera vez Sirius.

–Yo quiero un sable de luz. –Se quejó Hermione.

Fuera del cine ya era de noche y había más gente que en el día.

–Los muggles son raros, –comentó Sirius mientras arreglaba el cuello de su chaqueta – salen de noche.

–Es porque es fin de semana. –Aclaró la chica haciendo lo propio con su ropa.

Sirius enfocó su mirada en una gran rueda que giraba y estaba muy iluminada.

Miró interrogante a Hermione quien le devolvió una sonrisa traviesa.

–Sirius Black, ¿quieres ir a mi lugar favorito y el más emocionante del mundo muggle? Podría ser peligroso y adictivo.

–Suena a algo que yo haría. –Dijo sin dudarlo.

Corrieron unas cuantas calles abajo. Era época de Ferias y muchas avenidas estaban cerradas para dejar paso a todas las personas que se dirigían al lugar. Una vez frente a la entrada Hermione se lo presentó a Sirius.

–El Parque de Diversiones.

Le explicó de qué iban algunos juegos pero la mayoría eran obvios. Subieron a la Ruleta y también a la Montaña Rusa, aunque Hermione terminó mareada y casi vomitando. Sirius dijo que era como volar.

Jugaron en algunos stands de puntería y salieron humillados.

–No entiendo cómo eres Auror con esa puntería, desarmas Mortífagos y eres incapaz de tirar a unos pájaros. –Le recriminó Sirius divertido.

–No lo hiciste mucho mejor, Black. –Se defendió ella. –Y eso que según tus T.I.M.O.S en Defensa contra las Artes Oscuras fueron excelentes. –Remarcó la chica haciéndole burla.

–Esos pájaros feos no tenían nada de oscuros. –Dijo finalizando su humillación.

Siguieron por la Mansión Embrujada que les sacó más carcajadas que gritos de miedo. La gente los miraba como si fuesen un par de locos por no correr despavoridos.

En el Carrusel fue donde más tiempo estuvieron a petición de Hermione.

Y también en los Autos Chocadores por Sirius.

Finalmente pasaron por una Cabina de Fotos y entraron para tomar algunas instantáneas poniendo caras ridículas.

Cada uno se quedó con una copia, la tira traía tres imágenes.

Sirius la daba vuelta para todos lados y Hermione entendió enseguida.

–No se van a mover, son fijas. –Explicó y el chico le sonrió guardando la suya en su chaqueta.

Se fueron cerca de las once de la noche no sin antes comprar muchos recuerdos y dulces para Remus, James y Dobby.

–Debemos traerlos. –Dijo con total seguridad Sirius.

–Lily también podría venir. –Comento Hermione.

Sirius se largó a reír.

–Buena suerte intentando juntarlos. –Le deseó el chico riendo. –Anoche cuando te fuiste con Moody, escuchamos cuando Lily les comentaba a Dorcas y Marlene que no lo estaba pasando bien en su casa.

–Podríamos sacarla de ahí, averiguar por qué. – Para Hermione era simple.

Sirius lo pensó un poco más.

–¿Dónde se quedaría? Digamos que no nos tiene en los mejores términos. –Explicó como si fuese lo más obvio del mundo.

–Déjamelo a mí, pero no le digas nada a James. –Pidió Hermione.

Se metieron en un callejón donde no los pudiesen ver y al segundo estaban en la entrada de la casa de Hermione. Dobby los Salió a recibir y agradeció los regalos que enseguida se llevó a su habitación.

–Gracias por todo. –Le dijo Hermione a Sirius mientras se giraba a la chimenea.

Él negó por la cabeza.

–Nunca me había divertido tanto, –dijo sinceramente – ni siquiera cuando hacemos fechorías, como dice McGonagall.

Hermione le plantó un beso en la mejilla y lo vio desaparecer entre las llamas verdes.

Entró en la cocina por un té pensando en todo lo que había pasado durante el día.

Este calificaba como uno de los mejores días de su vida.

Y ya no había vuelta que darle, su corazón pertenecía totalmente a Sirius Black en cualquier espacio tiempo. Sonrió feliz a medida que su corazón martilleaba en su pecho.

Se recargó en la encimera y sus pensamientos dieron un giro repentino.

¿Qué estaría pasando con Lily Evans? Debía averiguarlo.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Hola chicas/os! Espero estén genial y que les haya gustado este capi. Ya tengo el siguiente listo y el próximo avanzando, así que como les he dicho seguro subo una vez por semana. Y me he organizado muy bien con mis deberes muggles, so… en lo posible trataré de ir subiendo dos por semana a medida que me sea posible.

De verdad muchas gracias por la audiencia lectora, el traffic no miente y veo que gusta la historia. Así que háganme saber qué les gusta, qué no, qué piensan y todas esas cosas en un lindo Review.

Como siempre muchas gracias por sus palabras tan lindas y conspiraciones de lo que sucederá a leiref29, Mora Grenger, Florfleur, Rayne Elendil, Alessandra.12 y lunatico0030. ¡Son geniales!

A modo general, también amo las historias de viaje en el tiempo y con Sirius joven. Ahora respondiendo a tu pregunta puntual Alessandra.12, la verdad es que siempre me han llamado la atención ese tipo de personajes secundarios que por ahí fueron importantes pero no se les tocó mucho (Regulus, Dorcas, los Prewett, etc). Así que tu curiosidad puede estar en lo cierto.

Me extendí.

Que tengan linda semana, subo en unos días y díganme qué tal. ¿Qué creen que pasará ahora? ¡Comenten!

¡Besos y abrazos apretados!