Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo VIII

Lily Evans era una muchacha muy fuerte y una hechicera excepcional, además de ser leal y decidida. Todos remarcaban esto cuando hablaban de ella, pero a veces solían olvidar que solo tenía diecisiete años y era una adolecente.

Hace más de una semana que subía todas las tardes a la colina cerca de su casa para estar sola con sus pensamientos y practicar algunos hechizos.

Al menos antes tenía a Severus, pensó la chica cabizbaja con la cabeza apoyada en sus rodillas.

La relación con su hermana no iba mucho mejor que cuando se marchó por primera vez en el tren a Hogwarts. Ahora que Petunia tenía novio y andaba paranoica pensando que en cualquier minuto podría pedirle matrimonio, la quería más lejos que nunca por considerarla un bicho raro.

El día de la fiesta en la mansión de los Potter, todos estaban invitados y sus padres se encontraban listos cuando Petunia apreció diciendo que ese día iría Vernon y cómo siempre ellos preferían a Lily.

Lily prefirió ir sola para no ocasionar más problemas en su familia.

En el colegio todo era excelente, pero no tenía en quien confiar desde que Severus había decidido llamarla sangre sucia hace casi dos años. Al menos no un lazo realmente importante.

Dorcas, Marlene y Alice eran buenas chicas y sus amigas, pero la entendían hasta cierto punto, porque ellas habían crecido en el mundo de la magia, no sabían lo que era sentir el rechazo de su propia familia y de parte del mundo mágico en esta época de guerra. Eran solo traidoras a la sangre para algunos.

Por otro lado quienes la podían entender eran Sirius y Remus, pero eran los mejores amigos de James que cada día tenía el ego más por las nubes y que por si fuese poco decía amarla. El chico era bueno, pero un arrogante.

Pero ella era Lily Evans, podía tener todos estos problemas revoloteando por su cabeza, pero no dejaría que la derribaran.

Lily suspiró y decidió ir a caminar por las calles cerca de casa y así ver cuando se fuese Vernon para que no se encontrara con ella y que Petunia armase un lío. Ya eran las cinco de la tarde y andaba deambulando desde las diez de la mañana.

Tenía hambre y se había olvidado su dinero muggle dentro.

Miró desde una esquina y bufó frustrada al ver que el auto aún estaba estacionado en el garaje.

Se cruzó de brazos y dispuso a cruzar a la calle de enfrente, cuando fue derribada por alguien que iba a las carreras. Quedó sentada en el piso quejándose del dolor en su trasero.

–¡Cuánto lo siento! –Exclamó una voz femenina mientras la ayudaba a pararse.

Lily le agradeció y enfocó su mirada en la cuidada imagen de Hermione Granger, la Auror que últimamente se había hecho recurrente en el mundo mágico.

–Señorita Granger, –la saludó – Auror… yo…

Hermione le sonrió acogedoramente.

–¿Lily, verdad? –Preguntó haciéndose la desentendida. La pelirroja asintió. – Llámame Hermione, por favor. Tenemos la misma edad. –Pidió.

Lily también sonrió ya más recuperada del golpe.

–Siento haberte lanzado lejos, es que vine a la casa de una bruja que se suponía tenía un ingrediente que me hace falta y ahora resulta que no, –comenzó a hablar a las carreras Hermione – vive cerca. Ahora debo encontrar una maldita chimenea o un callejón donde no me vean para ir al Callejón Diagon, –miró el reloj sobre su muñeca y chistó con la lengua – y mira la hora, casi van a cerrar y no conozco el vecindario.

–Yo vivo en la casa que está en esa esquina. –Señaló Lily sintiéndose repentinamente útil. –Si quieres te ayudo.

–¿En serio? ¡Entonces vamos! –Dijo Hermione entre agradecida y aliviada.

Lily la llevó calle abajo y hasta ahora todo funcionaba a la perfección. En un principio le dio pena tirar al suelo a la pobre chica, pero tenía que actuar de forma convincente.

–¿Y qué ingrediente buscas, es para una poción? –Preguntó la pelirroja acomodando su túnica.

Hermione ocultó una mueca. No había pensado en eso, la idea era solo interactuar con Lily y cambiar de tema.

¡Pero venga! Estamos hablando de Lily Evans.

La chica pensó lo más rápido que pudo.

Poción Oculus, –respondió Hermione segura – hechizaron a mi elfo con la maldición de conjuntivitis y me falta polvo de cuerno de unicornio para preparar el antídoto.

Lily se horrorizó.

–¿Por qué atacarían a un elfo? –Preguntó curiosa y molesta por la pobre criatura.

–Porque es un elfo libre, –dijo molesta Hermione mostrando su descontento – y la sociedad mágica no acepta que todas las criaturas mágicas tienen nuestros mismos derechos.

Lily asintió y le dedicó una gran sonrisa a Hermione mientras entraban en un callejón.

–Es acá. –Dijo.

–Gracias Lily, –dijo la castaña y agregó –de casualidad, ¿quieres venir? Ayer Horace me comentó que eras buena en pociones, podrías ayudarme. Solo si puedes.

Lily no lo pensó ni un segundo, tampoco es que su tarde se iba a poner más interesante.

–¡Claro!

–Sujétate fuerte. –Ordenó Hermione.

Lily la tomó del brazo y se aparecieron en el Callejón Diagon que estaba cerrando la mayoría de sus tiendas. Solo quedaban abiertas aquellas donde se vendía comida. A la pelirroja le sonaron las tripas, cosa que no pasó desapercibida para Hermione.

–Los martes siempre cierran antes. –Explicó Hermione a Lily. –Día de revisión del Departamento de Seguridad Mágica.

Entraron a una tienda y con la ayuda de Lily compraron el polvo de cuerno de unicornio.

Hermione arrastró a Lily hasta una tienda de té para que comieran algo.

–Pero tu elfo… –comenzó la chica.

–Le di una poción para dormir, podemos comer y conversar un poco antes de que vuelva, la prepare y se mejore el pobre. –Dijo lamentándose Hermione.

Lily no se resistió mucho más al ver todos los pasteles que ponían frente a ella y la gran taza con chocolate.

Comieron un rato en silencio. Hermione se preguntó desde cuándo no comería la pobre chica, ya que Lily tragaba como una condenada.

También se apuntó una victoria. Le había dado a Lily donde más le dolía, las criaturas indefensas y la necesidad de ayudar.

–Este es tu último año, –comenzó a entablar conversación Hermione – ¿has pensado qué camino tomar luego? –preguntó.

Lily se limpió la boca con una servilleta.

–Me gustaría trabajar en el Ministerio en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas o ser Medimaga. –Respondió con una sonrisa soñadora.

Hermione tenía que trazar planes sobre el aire, ya que no sabía mucho más de Lily aparte de lo que el Sirius de su época le había contado.

–He estado haciendo papeleo para esa división, ya sabes, siempre en movimiento. –La pelirroja la escuchaba muy atenta. –Y conozco unos cuantos medimagos después de tantas redadas. –Dijo riendo y Lily la miró horrorizada. –Nada malo, tranquila.

–Debe ser grandioso estar todos los días donde ocurren las cosas. –Pensó en voz alta Lily.

–Sí, ahora estoy de vacaciones. –Explicó Hermione llevando la conversación hacia donde le interesaba. –Pero podría llevarte a un recorrido por el Ministerio si quieres esta semana que estaré más libre.

Deja de hacerte la importante, estás de vacaciones y aparte de leer y ver a Sirius no tienes nada qué hacer, se recriminó internamente.

–¿Es en serio? ¿Puedes? –Preguntó la chica emocionada.

–Claro, por qué no. –Le respondió Hermione. –Además si quieres estar en esas áreas sería bueno que te comenzaras a relacionar con gente ligada al tema o que hicieras recorridos, así estás segura al terminar el colegio.

Siguieron conversando hasta llegar al punto de por qué Lily vagaba por el vecindario. La pelirroja decidió confiar en la joven Auror que le inspiraba respeto y simpatía, además de ser allegada a Dumbledore, por lo que no era una mala persona y le explicó su situación en casa.

Hermione la escuchó en silencio y muy atenta.

Si bien no mencionó a Severus, Hermione sabía que esa era otra razón para su constante sentimiento de no pertenecer a ningún lado del todo, sus lazos estaban muy rotos y aunque era una chica muy buena y transparente, también era precavida.

Terminaron de comer y Hermione la acompañó hasta su casa.

–He visto que eres muy cercana a los Merodeadores, sobre todo a Sirius Black. –Comentó con una risita Lily.

Hermione se sonrojó y le sonrió de vuelta.

–Son buenos chicos, pero recién nos conocemos. –Dijo restando importancia al hecho. –Aunque claro, soy más cercana a Sirius.

Prefirió no molestarla de vuelta con James, ahora que había compartido un poco con la pelirroja, ya no se trataba solo de juntar a los padres de su mejor amigo, las cosas habían cambiado y realmente quería ayudar a Lily y que volviese a confiar.

–¿Son solo tres los Merodeadores en Hogwarts, no?

Lily no la miró sorprendida, después de todo era nueva en el grupo. Y tampoco notó lo mucho que disimuló Hermione para hacer esa pregunta. Sabía la respuesta, pero necesitaba actualizarse.

–Cuatro en realidad, –respondió la pelirroja cruzándose de brazos mientras se acercaban a su casa – y se pusieron esos nombres ridículos que ya debes conocer. –Explicó riendo acompañada de la castaña. –Pero hay otro chico, Peter Pettigrew –a Hermione se le erizó la piel al escuchar el nombre – que en realidad es muy distinto a ellos. –Y no sabes cuánto, pensó para sus adentros Hermione. –Siempre los sigue y acompaña en todo, pero no es tan popular como los otros chicos, aunque se ve buena persona, muy bajo perfil. –Claro, y yo soy Morgana. –Le dicen Wormtail, –prosiguió Lily – aunque desde fines del curso pasado estaba algo… extraño.

Esto acaparó toda la atención de Hermione.

Ella manejaba ciertas fechas y momentos, pero ni el propio Sirius o Remus en su época le pudieron dar mucha información, ya que ni si quiera ellos notaron cuándo comenzó a forjarse la traición en su amigo o si siempre fue parte de él.

Pero como Lily no pertenecía al grupo, probablemente vio cosas que el resto no.

–¿A qué te refieres? –Preguntó Hermione disminuyendo el paso.

–Soy mucho de ir a la biblioteca, –explicó a Hermione – y de un tiempo acá se comporta raro, es como si anduviese huyendo de los chicos o escondiendo algo, –se encogió de hombros – siguen siendo los Merodeadores, pero… es como si su mundo ya no girara en torno a ellos.

La castaña se mantuvo en silencio un rato y hasta llegar a la casa de Lily mantuvieron una conversación más relajada.

Hermione apuntó en su lista de cosas importantes comentar esto a Regulus y ver si tenía más información.

–Llegamos, –dijo Lily –esta es mi casa. Muchas gracias por la comida y por la compañía. –Le dijo realmente agradecida.

Ahora que lo pensaba, Harry había heredado la personalidad de su madre. Sonrió ante esto.

–Entonces, –le dijo Hermione – ¿te parece bien que te acompañe al Ministerio el jueves? Puedo pasar por ti.

–¡Será genial! –Le confirmó emocionada – Aunque primero debo preguntarle a mis padres. –Hizo una mueca al recordar ese detalle.

La castaña miró su reloj, eran recién las ocho de la noche, horario prudente.

–Puedo acompañarte y presentarme si quieres, así saben con quién vas a andar. –Le ofreció.

Lily agradecida la invitó a pasar. Ya no estaba el auto de Vernon y por ende Petunia tampoco, de seguro habían ido al centro comercial.

Hermione que venía de una familia muggle, sabía todas las aprensiones que podían llegar a tener los padres cuando no saben o entienden del todo el mundo al que pertenece su hija y si los magos se preocupan por sus hijos, los muggles mucho más al no ser parte y saber que en caso de algo, no tienen cómo defender a sus hijos. Además ella recordó cuando sus padres supieron de la guerra, si bien no se los dijo explícitamente, son padres y presienten que algo anda mal. Sobre todo con Voldemort dando vueltas.

Los señores Evans eran lo más amables y comprensivos que podían llegar a ser. Ahora entendía cuando decían que se les notaba el orgullo por su hija. La invitaron a tomar una taza de té a la que no se pudo negar.

–¿Entonces eres una especie de Policía? –Preguntó el padre de Lily. Ambas chicas casi se atoraron con su té. Hermione les había mostrado su identificación para que vieran que su hija no saldría a pasear con una loca. Y obviamente les tuvieron que explicar lo que hacía un Auror.

–Algo así, aunque con varitas en vez de armas. –Explicó gentil la castaña.

–Esas también son poderosas. –Dijo riendo el señor Evans.

La madre de Lily puso más galletas sobre la mesa. La chica era una réplica exacta a su madre.

–Muchas gracias por ayudar a Lily con su futuro, –le dijo la mujer a Hermione – a veces nos preocupamos cuando pensamos que no irá a la Universidad y nos da miedo al saber que no encaja en el mundo de los muggies.

–Muggles… –corrigió evitando reír Lily.

–Ya sabemos querida, –dijo su padre – pero suena menos agresivo, recuerda que nosotros lo somos.

Todos rieron.

–Es bueno saber que hay muchas oportunidades dentro del mundo mágico… –dijo la madre de Lily y así siguieron conversando.

Hermione estaba muy a gusto, pero ya era hora de marcharse a su casa.

Lily tenía su chimenea conectada a la red flu, McGonagall se había encargado de todo según le comentó, así que la castaña pudo volver a su casa más fácilmente.

Cuando atravesó las llamas verdes le contó todo a Dobby que estaba comiendo. Se sirvió un plato de guiso recién hecho. El elfo no respetaba mucho los horarios que le había dado porque se sentía muy a gusto, estaba en su casa con una amiga.

Hermione tampoco tenía problemas con eso.

–Hermione puede hechizarme si quiere, así la historia es más creíble para la señorita Lily. –Propuso Dobby con una sonrisa macabra.

–¡No, Dobby! ¡Por Merlín! –Exclamó la chica atorada por la sorpresa –No volverás a sufrir maltratos mientras estés bajo mi protección, olvida eso. Solo podrías agradecer a Lily cuando la conozcas por ayudarme a encontrar los ingredientes.

El elfo asintió obediente.

–Hoy vino el joven Sirius Black, –comentó de pronto Dobby como recordando algo poco importante. Ese elfo podía ser muy despistado en ocasiones – tocó la puerta porque esperaba verla, traía ranas de chocolate.

–¿No dijo nada? –preguntó la chica acabando su comida.

–Dejó unas ranas que están sobre la mesa y dijo que le avisara si había llegado bien. –el elfo se encogió de hombros y comenzó a recoger la mesa.

Hermione se lanzó sobre un pergamino y una pluma.

Querido Sirius,

Hoy tuve un día bastante interesante y muy improvisado, por lo que no alcancé a avisarte que no estaría en casa.

¿Te parece si nos vemos mañana?

Con cariño,

Hermione.

La envió con su lechuza y en menos de cinco minutos ya tenía una respuesta de vuelta.

¡Genial!

Ven a casa, la madre de James preparará un postre delicioso, además quiere verte. No tanto como yo eso sí.

¡Oh! Y los chicos dicen si puede venir Dobby, lo quieren conocer.

Con más cariño,

Sirius.

A Dobby le pareció genial la idea.

–Podré conocer al lobo y…

Hermione lo detuvo.

–¿Cómo sabes lo de Remus? –Preguntó sorprendida. Ella no había dicho nada.

–Soy un elfo doméstico, –dijo como si fuese obvio – hay cosas que simplemente sabemos.

–Dobby, –habló pausadamente Hermione –no le digas que lo sabes, ¿está bien? Podría sentirse mal.

El elfo asintió y siguió hablando.

–Y también conoceré a James Potter, otra vergüenza para la sangre de los magos, otro espíritu libre…

A veces Hermione se preguntaba si Dobby no tendría un trauma o una fijación con los que consideraba una vergüenza y chicos libres. En fin, por algo eran amigos, tenía que estar mal de la cabeza.

Al día siguiente llegaron la el almuerzo a la casa de los Potter y Dobby fue la sensación desde el primer momento.

Remus y James se la pasaron jugueteando con él.

–Tu elfo está desquiciado, Hermione. –Le dijo James riendo. –Ahora entiendo por qué se llevan de maravilla. Loco como tú.

La chica le sacó la lengua.

–No es su elfo, James. –Lo regañó Remus. –Dobby es libre.

Los chicos se preocuparon de enseñarle a jugar ajedrez mágico y debatir sobre leyes para aplicar a las criaturas mágicas y en especial a los elfos.

Mas entrada la tarde Sirius se llevó a Hermione al jardín, sobre todo porque habían llegado Marlene y Dorcas, y no la quería compartir con la última que estaba medio obsesionada con acosarla a preguntas.

–Me debes una, –le dijo el pelinegro echando su cabello hacia un lado –te salvé de la loca.

–No la llames así. –Hermione lo golpeó en el estómago al recordar que era el interés amoroso de Regulus.

Conversaron largo y tendido de todo y nada mientras caminaban bajo el delicado sol que caía sobre ellos.

En cierto punto Sirius giró a Hermione para que quedara frente a él y la detuvo de seguir caminando. Se notaba nervioso.

–Hermione, –comenzó volviéndose todo seguridad – ya te diste cuenta que me gustas. –Lo soltó tan de repente que Hermione quedó con su mente en blanco y roja como un tomate. ¿Por qué demonios tenía que ser tan directo y sin filtro? ¿De dónde sacaba esa seguridad?

–Me acabas de conocer, –susurró Hermione – y no me vengas con bromas como en Madame Malkin. –Dijo seria apuntándolo con un dedo.

–Me gustas Hermione Granger y es todo lo que debo saber para arriesgarme, ayer hablamos y… –la miró profundamente – sé que no me arrepentiré. Y quiero saber si a ti… ¿te gustaría que nos conociéramos en plan de más que solo amigos? –terminó casi en un susurro histérico.

Hermione no se dio cuenta de cuándo la había agarrado de las manos y cómo estaban tan cerca.

–¡SU REPUTACIÓN LO PERSIGUE! –Escucharon el grito de Marlene desde la terraza que daba al jardín. Sirius la miró echando chispas por los ojos. –¡QUE NO TE ENGAÑE, GRANGER!

Detrás apareció Dorcas y James que se llevaron a rastras a la chica. Dobby le preguntó algo a James y este asintió. De pronto Marlene estaba desmayada.

Dorcas los saludó con la mano.

–¡NO LE HAGAS CASO, SIRIUS ESTÁ MAL DE LA CABEZA PERO ES AGRADABLE! –Le gritó a Hermione que se largó a reír. –¡OH, Y EUPHEMIA DICE QUE ENTREN, ESTÁ SIRVIENDO PASTEL!

Dicho eso se entró.

A Sirius le picaban los labios por soltar cientos de improperios. Fue a abrir la boca furioso, pero Hermione se la tapó con su mano y no le soltó la otra mientras se acercaba y miraba en sus profundos y sinceros ojos grises.

–Cuando me saliste persiguiendo por el Callejón Diagon me dijiste que me hiciera mi propia imagen de ti, Sirius. –Le dijo la castaña – No me importa lo que digan de ti o tu pasado o quién sea tu familia. Enséñame quien eres y sorpréndeme. –Terminó diciendo con una gran sonrisa.

Le quitó la mano de encima para que pudiera hablar. Sirius soltó el aire que había estado acumulando.

–¿Eso quiere decir que podemos salir y tener citas y que dejas que sea algo así como el Príncipe que corteja a una bella dama? –Preguntó.

Hermione hizo un mohín.

–Mejor que sea un Merodeador el que me corteje. –Respondió seria. –Y debo volver a casa a horas adecuadas, ya sabes el rollo de mi reputación y todo eso.

Sirius sonrió incrédulo.

–¿Y qué más podemos hacer? –Preguntó levantando una ceja en dirección a la castaña y acercándose lentamente.

Hermione le puso ambas manos sobre los labios apresuradamente.

–No te pases, Black. –Le dijo rodando sus ojos. –Quedamos en ser amigos, conocernos y que me cortejas. Paso a paso.

El chico se soltó y la tomó en brazos para girarla un rato en el aire. Le plantó un beso en la mejilla y la cargó de vuelta al salón donde de verdad estaban sirviendo pastel.

Marlene ya recuperada de su desmayo, la miraba como si fuese la peor de las estúpidas.

Hermione se planteó si sería correcto pedirle a Regulus que la convirtiera en Mortífaga para poder perseguirla y luego regalarle una sesión de Cruciatus a la chica. Sonrió ante la idea, pero probablemente sería muy ilegal hasta para él.

Esa noche mientras trataba de conciliar el sueño, Hermione sonreía como una tonta.

No eran novios, era pronto y técnicamente no se conocían, no en este tiempo. Pero Sirius no le era indiferente y sentía cosas por ella, la quería conocer más y ser algo. Tener algo con ella. Hermione estaba tan feliz que podía gritar.

Pensó en lo que dijo Marlene, pero ella era una chica madura y desde que aceptó viajar al pasado, conocía muy bien el pasado adolescente de Sirius. Sabía perfectamente que probablemente había estado con la mitad del colegio legalmente permitido o al menos les había coqueteado como el Casanova que era en sus ratos de soltería. Era un caprichoso mujeriego. Pero ella lo conocía bien, y si algo no había cambiado era la esencia del chico, ella sabía cuándo y cómo mentía y por qué prefería no hacerlo, así como que cuando Sirius Black se proponía tomar algo en serio lo hacía. Eso seguía siendo igual en todo tiempo. Y cuando esa tarde le habló, Hermione solo pudo ver sinceridad en sus ojos y cariño.

Además, ¿Por qué le reclamaría por su pasado y las cosas que había hecho siendo que fue antes de conocerla? ¡No era así de idiota!

Las páginas se pasan y se escriben nuevos capítulos. Y eso también iba para ella, el momento de contarle todo llegaría más temprano que tarde así como iban las cosas.

Con una sonrisa se durmió pensando en el insolente chico que sabía cómo sacarla de sus casillas y hacerla una chica más feliz aun con todas las responsabilidades que cargaba.

Al día siguiente Lily le mandó temprano una lechuza confirmando el horario. Hermione pensó que seguramente a esa hora Petunia ya no estaba y podía aparecerse tranquila.

Tocó la puerta de la pelirroja a las nueve de la mañana en punto.

Los padres de la chica le dieron un beso en cada mejilla a ambas y emprendieron camino rumbo a Londres.

Llegaron a la entrada de visitas que era una cabina telefónica que estaba justo en una esquina, a vista y paciencia de todos, a eso de las diez de la mañana.

Lily nunca había ido al Ministerio y le hizo caso a Hermione en todo en cuanto entraron y se registró. Le dio un paseo por cada piso y recorrieron especialmente los de interés de la pelirroja.

En el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas permitieron que Lily participara en algunos procedimientos y clasificación de criaturas. Estuvieron hasta la hora de almuerzo. Cuando se fueron parte del personal le entregó a la chica folletos y revistas donde se detallaban las funciones y los cargos disponibles para desarrollar una carrera en el Ministerio y en ese Departamento en particular. También el Jefe a cargo de la División de Bestias le regalo un ejemplar de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos de Newt Scamander.

Lily iba fascinada. En los elevadores se toparon con el Ministro que le dio la bienvenida a la pelirroja y también con Moody, quien las obligó a bajar en el segundo nivel y le enseñó a Lily por qué el Departamento de Seguridad Mágica era lo mejor que le podía pasar en su vida.

Ambos congeniaron bastante bien y cuando llegó la hora de salir nuevamente al mundo exterior, Lily le confesó a Hermione que ahora tenía tres opciones. Así que finalmente Moody había metido el bichito de ser Auror en su cabeza, pensó Hermione riendo.

Comieron algo en un restaurante muggle y luego siguieron con su recorrido hasta San Mungo.

Llegaron hasta unas tiendas viejas y abandonadas. Lily quedó mirando extrañada.

–No se supone que los muggles deban notarlo. –Explicó Hermione e hizo un gesto con la mano a dos chicos pelirrojos de un poco menos de treinta años que las esperaban.

–Hermione, –saludó uno de ellos que era imperceptiblemente más alto –esta debe ser Lily.

La chica los saludó y recordó haberlos visto en la fiesta en casa de los Potter.

–Chicos, –dijo Hermione –ella es Lily Evans. –Ahora se giró a la pelirroja. –Lily, ellos son Fabian y Gideon Prewett, Aurores a cargo de la seguridad en San Mungo y por ende… con muchos contactos, sobre todo femeninos. –Le confidenció y ambos hicieron gestos ofendidos muy dramáticos.

Lily no paraba de reír.

–Mira Fabian, –señaló Gideon el cabello de Lily – tenemos una hermana perdida, debemos contarle a Molly que no será más nuestra favorita.

–A mamá no le gustará saber esto, Gi. –Negó el chico con la cabeza aparentemente acongojado por lo que acababan de descubrir.

–Pueden ser peor. –Le advirtió Hermione a Lily.

Ambos se pusieron a cada lado de Lily mientras le explicaban todo el funcionamiento y qué había en cada planta. Entraron a la tienda aparentemente abandonada y tras pasar por maniquíes llegaron hasta una recepcionista que también era uno. Hermione explicó a qué iban, aunque era innecesario al ir en compañía de los chicos, y luego atravesaron el cristal que los llevó directamente a la recepción real.

Pasaron por cada planta pero les llevó más tiempo la primera, en donde se encontraba el chico atacado por Greyback, ya que Hermione quería ver cómo estaba. En la cuarta planta que era donde los chicos tenían más admiradoras pasaron el resto de la tarde. A Lily le interesaban particularmente los daños provocados por hechizos.

Los medimagos le permitieron al igual que en el Ministerio ver de cerca algunas pociones y a través de un cristal cómo curaban a ciertos pacientes.

Fabian había ido a buscar algún recuerdo para Lily y Hermione se quedó a solas con Gideon.

–¿Cómo está tu hermana? –Preguntó la chica.

–Al parecer embarazada, de nuevo. –Comentó divertido. –Te juro que no sé qué haremos con tantos sobrinos.

Los gemelos Fres y George. La chica sonrió feliz.

–¿Ya es seguro? –Preguntó.

–La próxima semana sabrá. –comentó también con una sonrisa. –Deberías venir y así la conoces, antes que terminen tus vacaciones, sobre todo ahora que tienes acompañante. –Le dijo moviendo ambas cejas.

–¿Cómo sabes eso? –Preguntó en un susurro.

–Hm… –hizo un mohín divertido y miró a su hermano que ya volvía. –Las malas lenguas.

–¿Qué pasa conmigo? –Preguntó inocentemente Fabian que traía en las manos un León de peluche que en la remera que traía puesta decía: "Vete luego y no esperamos verte pronto. ¡Qué te mejores!".

Hermione lo tomó y no pudo evitar reír.

–Le decía a Hermione que por la Orden ya corre aquel rumor. –Explicó.

–¡Oh! –Dijo Fabián risueño –No puedes esperar que se mantenga en secreto. Menos si a Moody no le provoca mucha alegría ahora que te vas a Hogwarts y tendrás la tentación al lado. Todos lo notamos en la fiesta.

–¡No me distraeré de mis deberes! –Definitivamente tendría una conversación con Moody, no le conocía ese lado tan cotilla. –Además Sirius es mi amigo. –Dijo sonrojada.

Ambos hermanos se miraron y sonrieron.

–Lo mismo dijo Dumby. –La apoyó Gideon.

La chica rio ante el apodo que le tenían a Dumbledore.

Lily volvió con uno de los sanadores y se despidió de todos a medida que bajaban. Le habían regalado una libreta y una vuela pluma color esmeralda como sus ojos verdes. Además a la chica le encantó el peluche, cortesía de los hermanos Prewett.

Los chicos las acompañaron hasta el punto de aparición y volvieron a San Mungo.

–¡Fue genial! –Gritaba Lily mientras caminaban a su casa.

No paraba de hablar que ahora estaría todo el año que le quedaba en Hogwarts evaluando qué camino tomar. Irradiaba felicidad.

–Me tienes que escribir, –le dijo Hermione – porque tengo todavía dos semanas antes de partir a Hogwarts y puedes ir a visitarme. A Dobby le encantará conocerte.

Hermione dejó a Lily en la puerta de su casa y quedaron en verse la semana siguiente.

Lo que la castaña no sabía es que sería antes de lo planeado.

Una vez de vuelta en su casa le ayudó con algunos quehaceres a Dobby y se pusieron a redecorar el jardín a la luz de la luna.

El fin de semana transcurrió normal para Hermione que se la pasaba entre su casa y la de los Potter con Sirius. Hasta ahora no habían podido planificar una nueva cita a solas, ya que a los padres de James se les había ocurrido que esos días harían almuerzos familiares. Pero para ambos iba bien, ya que así también compartían con los chicos.

El lunes en la noche Hermione estaba terminando de arreglar con Dobby la habitación de visitas, ya que Lily se iría a quedar esa semana, sus padres le habían dado permiso y al día siguiente la recogería temprano.

El reloj marcaba las nueve cuando una lechuza tocó a su ventana. Hermione se apresuró y desdobló la nota. Leyó en voz alta.

Necesito a Dobby.

Parque frente a mi casa.

Ahora.

R.A.B.

En cuanto la voz de Hermione se apagó, Dobby ya había desaparecido. A los segundos sintió ruido en la sala y bajó corriendo las escaleras.

Regulus en cuanto la vio corrió hasta ella y la tomó por los hombros.

–Pensé que vendrías antes, ¿cuándo volviste? –Preguntó Hermione sonriente.

El chico negó histéricamente con la cabeza.

–Luego, ahora escucha. –Le urgió. –¿Recuerdas que te dije que Bellatrix nos visitó? –Hermione asintió. –Bien, hoy nos reunimos en la Mansión Malfoy y marcaron el nuevo ataque.

Hermione sintió sus piernas débiles.

Cokeworth. –Dijo el muchacho fuerte y claro.

–Es un barrio de muggles únicamente, ¿Qué buscarían…? –Regulus negó y Hermione lo entendió.

Lily.

Allí vivía una bruja y sangre sucia.

–Estaré allí, atacarán en quince minutos, –explicó Regulus – si es que ya no van en camino. Me dijeron que debo observar y salí a mi casa con la excusa de ir por una capa de viaje. –Hizo una pausa. –Van muchos.

–¿Voldemort? –Preguntó Hermione seria.

Regulus negó.

–¿Solo por Lily? –Preguntó nuevamente.

Nueva negación.

–Es la excusa, quieren caos.

Hermione miró a Dobby que había estado escuchando todo.

–Dobby, llevarás a Regulus con Moody y luego lo dejarás en su casa. –Le pidió y el elfo asintió – Después te irás a Cokeworth y me harás caso en todo, se pondrá muy feo y debemos sacar a Lily, ¿me escuchas?

–Pero… ¿qué pasará con Hermione Granger? –Preguntó sobando sus manos nervioso.

–Me dejas y la escondes con los Potter, a ella y su familia y no permites por nada del mundo que Sirius salga de la mansión. Lo atacas si es necesario. ¿De acuerdo?

El elfo asintió.

–Suerte. –Dijo Regulus antes de desaparecer de la mano del elfo.

Hermione se puso su capa de viaje.

Tomó su varita y conjuró un Patronus para Dumbledore.

Ataque en Cokeworth. Voy en camino.

Diez minutos.

Se apareció en la oscura calle.

Si su memoria no fallaba Severus vivía a solo unas casas, en La Hilandera.

¿Estaría esa noche? ¿Ya sería parte de ellos?

Caminó en constante alerta.

Todo estaba en silencio y calma. Si tenían suerte el lugar se llenaría de Aurores antes de que los Mortífagos llegaran.

A unos metros divisó la casa de Lily y se dispuso a cruzar cuando en el cielo decenas de manchas negras surcaron la aparente calma y en cuestión de segundos el fuego se apoderó de la tranquilidad del lugar para desatar el caos y la destrucción.

No contaron con suerte esa noche.

El silencio lo rompió un grito ahogado por una luz verde y todo ardió.

Y ella estaba sola.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Hola! ¿Cómo están? Espero que hayan tenido una linda semana. Como siempre muchas gracias por leer y por los comentarios y sus lindas palabras leiref29, Alessandra.12 y esdm.

Y ahora a lo serio… ¿qué les pareció el capítulo? ¿Qué creen que va a pasar ahora? Cuéntenme y coméntenme lo que piensan y qué tal todo en un lindo Review.

Me he organizado bastante bien, así que en la semana subo de nuevo otro capi.

Besos y abrazos gigantes, ¡nos leemos!