Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.
… Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…
Capítulo IX
Cuando Hermione era apenas una niña su papá la llevó a una demostración del Cuerpo de Rescate de Londres. Desplegaron todos sus equipamientos y los distintos departamentos demostraron cómo actuar frente a diversos peligros. Pero lo que más llamó su atención en esa ocasión fue que aun cuando a pasos de unos de los rescatistas había caído un muro de concreto dejando a unas personas atrapadas, él las ignoró y corrió hacía una chica que gritaba en un balcón.
Esto indignó a la castaña y jaló del pantalón a su papá para que le prestara atención.
–¡Es injusto! –le dijo esa vez – La gente está atrapada bajo esa muralla que cayó y la otra chica está bien, puede saltar de su balcón.
Su padre le sonrió dulcemente y acarició su cabello mientras se colocaba a su altura.
–Hermione, ¿qué pasaría si esa chica al saltar se lastima?
–Es joven, –siguió testarudamente luchando – y las otras personas lo necesitan más.
–Está solo, –siguió explicando con paciencia su padre – y si se queda junto a los que están bajo la muralla tendrá que tratar de levantarlo o sacar de a poco los escombros que hay para ver si están con vida, y aun así nadie se lo asegura. –La chica lo miraba más calmada. Tomó sus manos y le sonrió. –Y podría dañarlos más en el intento, no tiene el material adecuado. En cambio… –ambos miraron a la chica en el balcón – esa chica joven que dices, está a su alcance y puede ayudarla a salir sana y salva.
Siguieron mirando la representación y vieron cómo la chica le pasaba al rescatista primero a sus hijos y luego saltaba ella. Hermione abrió la boca y luego se puso colorada.
Finalmente llegaron otros rescatistas y con quipo especial ayudaron a los atrapados, de los que solo la mitad sobrevivió.
–¡Deberían tener súper poderes! –Dijo cruzándose de brazos.
Cuando se retiraban, Hermione iba con su cabeza agachada y su padre la tomó entre sus brazos para cargarla de camino a casa.
Le sonrió dulcemente y le dijo algo que siempre olvidaba y constantemente se lo repetían a lo largo de sus años.
–Prioridades, cariño.
Hermione se quedó una fracción de segundo en blanco, su mente no reaccionaba ni le daba una orden. Poco a poco fue saliendo de su estado de letargo. El fuego iluminaba su rostro y los gritos taladraban sus oídos.
Estaba sola y no podía multiplicarse para estar en todos lados.
¿Qué debía hacer? ¿Por qué los otros no llegaban?
Debía ordenar sus prioridades.
Sacudió su cabeza y se aferró a su varita.
¿Qué cosas sabía?
Piensa, Hermione. Se ordenó.
Primero, no podía esperar a que los Aurores y la Orden llegaran. Tenía que actuar.
Segundo, debía asumir la inminente posibilidad de que esa noche caerían ante los Mortífagos. Y por ende, no tenía nada que perder, pero sí todo de ganar. Con una vida que salvara tendrían su victoria sobre ellos.
Tercero, no era tiempo de ser sutiles.
La castaña se despidió de sus buenas costumbres y atravesó la calle con seguridad. Apartó a los que debían ser los Mortífagos más jóvenes con hechizos simples pero certeros, para así evitar que entraran a otras casas.
No podía ir casa por casa porque perdería tiempo luchando y saldría herida enseguida. Además, las casas que tenían luz encendida estaban en un inquietante silencio solo roto por pequeñas risas de júbilo.
Estaban allí con la excusa de Lily que era una sangre sucia para en realidad generar caos y desestabilizar al mundo mágico. Pues bien, sacaría a la sangre sucia primero.
En cuestión de segundos se apareció en la sala de Lily.
Se movió con cuidado. Estaba todo oscuro y el silencio hubiese sido tranquilizador si no tuviesen a decenas de locos fuera con el único objetivo de acabar con el máximo de muggles posibles.
En la planta baja no había nadie.
Comenzó a subir las escaleras pegada a la pared hasta llegar al segundo nivel. Allí abrió la primera puerta, una habitación en extremo rosa y con olor desagradablemente dulzón. El cuarto de Petunia seguramente, lo registró pero nada.
Siguió avanzando y en el medio había una puerta blanca entreabierta. Con cuidado tomó el pomo brillante y se quedó sin moverse un segundo.
Caminó con total calma mientras avanzaba y registraba la habitación.
Todo parecía en orden.
Excepto por el perfume de Lily que se desprendía desde una cama King Size que claramente no pertenecía a ella, porque esta habitación era de sus padres, tenían su ropa en los armarios.
No había ruidos y el lugar estaba vacío, solo quedaba el aroma. Hermione sonrió y apuntó con rapidez a la cama.
–Finite Incantatem –Dijo en un susurro y en segundos los hechizos protectores desaparecieron alrededor de Lily y sus padres.
En cuanto estuvieron a la vista, Hermione tuvo que rechazar rápidamente un hechizo que pretendía desarmarla. Se ocultó tras la puerta.
–Lily no me ataques, soy Hermione. –Le pidió la castaña.
–Pruébalo. –Demandó la pelirroja cerca de la puerta, podía sentir su voz a pasos de ella.
–James Potter está enamorado de ti desde el primer año y tú lo encuentras un maldito arrogante. –Dijo Hermione.
–Eso cualquiera lo sabe. –Fue la respuesta de la pelirroja. –No te creo.
Hermione pensó en algo más, pero no ayudaba saber que en cualquier minuto podía entrar un Mortífago.
–Me dejaré ver, no ataques. –Pidió y lentamente salió desde su escondite temporal con las manos y la varita en alto.
Frente a ella una Lily muy despeinada y con el rostro bañado en lágrimas la apuntaba con su propia varita. Sus padres miraban desde la cama abrazados y con los ojos llenos de terror.
–Puede ser poción multijugos. –Siguió la pelirroja, quien ahora tenía su varita clavada en el cuello de Hermione.
La castaña suspiró. Era realmente desconfiada y estaba muy bien. ¡ALERTA PERMANENTE! Moody estaría orgulloso.
–Cuando fuimos al Ministerio, –comenzó Hermione – Moody te convenció de pensar en ser un Auror, y luego en San Mungo los Prewett te regalaron un león.
Lily bajó lentamente su varita y enfocó su vista para ver lo mejor posible en la oscuridad. Una vez que estuvo segura se lanzó encima de Hermione y la abrazó.
–Tranquila, –dijo la castaña devolviendo el abrazo –debemos salir de aquí.
–¿Por qué hay Mortífagos fuera? –Preguntó Lily –levanté defensas en cuanto los vi, pero lo descubriste, ¿te imaginas si primero entraba uno de ellos?
Hermione le sonrió mientras se acercaba disimuladamente a mirar por la ventana.
–Tu perfume. –Dijo la chica y Lily se maldijo por ser tan descuidada.
En la calle los Mortífagos seguían avanzando y destruyendo todo llenos de felicidad, una que no les duró mucho en cuanto el cielo fue surcado por decenas de Aurores que aterrizaron frente a ellos y otros que se aparecieron en las inmediaciones.
La batalla se desató y en medio de todos Moody y Dumbledore controlaban las llamas y las maldiciones.
–Llegaron los Aurores, –le dijo Hermione sonriendo a Lily –y también está Dumbledore y Moody.
Lily respiró finalmente tranquila.
–¿Dónde está tu hermana? –Preguntó de pronto la chica recordando a Petunia.
–Salió con su novio, –fue la madre de Lily más calmada quien contestó – no creo que vuelva esta noche.
Genial, al menos no los tendrían allí.
Hermione pensó con todas sus fuerzas en Dobby, no entendía por qué aún no llegaba y por qué habían demorado tanto en llegar a ayudarles.
Dobby apareció en el acto en medio de la habitación.
Los padres de Lily dieron un grito ahogado al ver a la criatura.
–Dobby, ¿qué pasó? –Preguntó Hermione –¿Por qué demoraste tanto? –La chica remarcó la última pregunta para hacerle entender que no lo estaba regañando, solo advirtiendo de no hablar de más.
El elfo la miró preocupado.
–Hubo una emboscada en San Mungo y todos los Aurores estaban allá, –explicó Dobby – incluso el profesor Dumbledore. Eso demoró las cosas.
Claro, no permitirían fallas como la vez anterior en que actuaron más rápido que ellos.
Ya sabían que había un traidor en sus filas.
–Bien Dobby, ahora harás lo que…
Fue interrumpida por el rayo que lanzó contra la pared al elfo y lo dejó inconsciente sobre el suelo.
Se puso en posición de combate y desde las sombras salió un hombre alto y de cabello negro corto. No tenía un aspecto que te hiciera recordarlo, pero ella sí lo hacía. Había estado en el Departamento de Misterios la noche en que se enfrentaron y que Bellatrix trató de matar a Sirius.
Rodolphus Lestrange.
Tenía la misma mirada demente que su esposa.
–Lamento interrumpir, –dijo con voz sedosa mirando con asco al elfo –pero aún quedan muchas casas por recorrer.
Hermione chistó con su lengua y se movió hacia el mismo lado que él, a la vez que empujaba a Lily de vuelta con sus padres, ya que la pelirroja había seguido sus pasos.
–Al parecer tenemos solo ilustres esta noche, –comentó Hermione sin bajar la varita – mucho escándalo para unos simples muggles, ¿no te parece Rodolphus? O es que acaso… ¿ya no confían en la capacidad de sus nuevos miembros?
El hombre se carcajeó y juntó sus palmas para dar una salva de aplausos.
–Debes ser la nueva Auror de Moody, –dijo – mi mujer me habló de ti.
–Seguro le di una buena impresión. –Le sonrió la chica ante la mirada atónita de Lily que había tomado a Dobby y lo trataba de reanimar.
Hermione solo ganaba tiempo.
–Más que eso, me dejó impresionado el maleficio que le lanzaste… muy bien ejecutado. –Le reconoció y la chica siguió sonriendo. –¡Oh! Perdona mis modales, –dijo de pronto como recordando algo importante –veo que ya me conoces, pero de todas formas… Rodolphus Lestrange, es un placer. –Dijo haciendo una reverencia teatral.
Hermione se la devolvió sutilmente.
–Hermione Granger, –contestó la castaña – aunque no puedo decir lo mismo. – Terminó con voz lastimera.
El hombre rio más fuerte y no se dio cuenta que el elfo comenzaba a reaccionar.
–Pero no me has respondido, –siguió Hermione –¿acaso tu Señor Tenebroso debe enviar a sus mejores hombres contra unos muggles?
El hombre negó.
–Lo que sucede, mi querida, –dijo remarcando la frase a continuación – es que los jóvenes siempre se quedan con la diversión, y eso no es justo.
Estaban muy cerca. La muchacha le sonrió.
–Realmente es una buena conversación, –le dijo apenada Hermione – pero creo que ya debemos terminarlo, ¿no te parece?
–Como prefieras. –Respondió el hombre lanzando el primer hechizo.
La chica lo bloqueó fácilmente y respondió con otro. La habitación de pronto era muy pequeña.
Lestrange la miraba fascinado, le gustaban los desafíos y esto de no poder anticiparse a su oponente era realmente encantador. Hermione se cansó de los hechizos no verbales.
–¡Crucio! –gritó y estuvo a punto de alcanzarlo.
–¡Avada Kedavra! –Hermione saltó a un costado y con un potente Protego se puso a salvo ella y al resto.
Otra figura alta y corpulenta cruzó la puerta y se les unió.
–¡Fenrir! –Gritó el hombre – Mira, tu amiga está aquí.
El hombre lobo le dio una mirada cargada de odio a Hermione, la cual la chica le devolvió en la misma medida.
Miró de reojo a Dobby que ya estaba casi del todo recuperado, aunque aún se le notaba mareado.
–Veamos qué tan hábil es luchando contra dos. –Propuso Greyback.
Hermione sintió a Lily a su lado.
–Eso no me parece justo. –Dijo decidida.
–No habíamos notado tu aroma… sangre sucia. –Le dijo Lestrange con asco.
–Bloquéalos. –Pidió Hermione.
Los hechizos comenzaron a llenar la habitación. Mientras Lily lanzaba hechizos protectores, Hermione los atacaba lo más rápido posible, anticipando lo que harían.
Con un certero Desmaius lanzó al otro lado a Greyback y quedó solo Lestrange contra ambas chicas.
–No me parece justo. –Dijo haciendo uso de las palabras de Lily. – ¡Bombarda!
El hechizo dio contra una de las paredes que fue completamente destruida y los trozos cayeron sobre los padres de Lily y Dobby.
–¡Depulso! –Gritó Hermione apuntando a la pared y evitando que siguiera cayendo sobre ellos.
Se dio vuelta justo para ver a Lily caer con un profundo grito de dolor.
Sangre brotaba de la piel de su estómago y sus brazos donde profundos cortes se dejaban ver.
Sectumsempra.
Hermione lo conocía y utilizaba porque lo aprendió de Severus Snape, y ahora que lo pensaba, ¿Cómo lo sabían los Lestrange?
Eso solo podía significar que…
Rodolphus apuntó nuevamente con su varita pero no fue tan rápido como Hermione. No de nuevo.
–¡Crucio!
Esta vez sí lo alcanzó y el hombre se revolcó en el piso de dolor.
Dobby se puso en pie como pudo y Hermione le preguntó suplicante sin romper el hechizo.
–¿Puedes sacarlos a todos?
El elfo negó.
–No tengo la fuerza, –susurró disculpándose –sus padres son muggles y ella no ayuda mucho, mi magia se debilitó, lo lamento.
Hermione asintió y siguió torturando al hombre.
Era increíble cómo la magia oscura producía un placer difícil de entender si no lo sentías. Para Hermione era como si toda la ira y frustración se concentraran en ese momento y desde su cuerpo a su varita salían en forma de hechizo para hacer justicia. Y era muy difícil detenerse una vez que comenzabas, no podías parar hasta lograr producir más dolor y luego más… hasta dejar vuelto nada a tu oponente.
Se concentró nuevamente y ordenó sus prioridades.
Los padres de Lily estaban inconscientes y no sabía en qué estado, pero Lily estaba sangrando y sufriendo… viva.
–Sal de aquí con Lily y no vuelvas. –Ordenó la voz de Hermione cargada de rabia. Y agregó en un susurro. –Díctamo, servirá.
Dobby tomó a la chica de la mano y desapareció.
Hermione vio a Greyback ponerse en pie y soltó el contacto con Lestrange. Se comenzaron a maldecir y la calma volvió a ella.
Era por ese tipo de sentimientos que producían que los Aurores tenían permitido usar maldiciones imperdonables, pero siempre que fuese estrictamente necesario.
Uno de los hechizos dio contra su pecho y si bien no fue poderoso, Hermione perdió el equilibrio y cayó sobre los padres de Lily aturdida.
–¿Y ahora qué haremos contigo? –preguntó muy cerca de su rostro un cansado pero poco a poco recuperado Rodolphus.
Hermione cerró sus ojos y se aferró a su varita mientras trataba de componerse lo más rápido posible y volver a luchar.
Mientras tanto y totalmente ajenos a lo que estaba pasando, en la mansión de los Potter todo era alegría. Euphemia había preparado la comida favorita de Sirius y el postre favorito de Dorcas, quienes estaban tirados en la alfombra y simulaban llorar.
En la mañana habían llegado las cartas de Hogwarts con la lista de libros y materiales para el séptimo año y junto con ello buenas noticias y sorpresas.
Los padres de Dorcas habían salido del país, por lo que la habían dejado al cuidado de los Potter.
–¡No lo entiendo, siempre me he comportado bien! –Se quejaba Dorcas –¿Por qué nadie me quiere?
–James te quiero, hermano mío, –le decía con cara de cachorro Sirius – pero eres peor que los Duendecillos de Cornualles y ahora tendrás que comportarte. ¡Dumbledore quiere disolver a los Merodeadores!
El señor Potter reía con Remus quien había sido ratificado como Prefecto de Gryffindor y miraban a James que estaba confundido pero muy feliz con su brillante insignia de Premio Anual.
–También creo que nos quieren disolver. –Dijo James y siguió muy decidido mientras le daba la mano a Sirius y lo ayudaba a pararse. –¡Pero no lo permitiremos!
–¡Somos Los Merodeadores! –Saltó junto a ellos Remus y los abrazó.
–Este año seremos peores que nunca, ya verán. –Susurró Sirius y los tres chicos rieron.
Dorcas seguía lloriqueando en el piso.
–¿Sirius no te importa ser el único de tus amigos al que nunca lo destacan en nada? –Preguntó la chica herida.
El pelinegro negó sonriente.
–Ya es suficiente con ser un Black, querida Dorcas. –La ayudó a ponerse en pie y la unió al abrazo grupal. –Además piensa, seguramente Lily es Premio Anual y McKinnon o Alice puede que sean las Prefectas.
–¿En qué me beneficia? –Preguntó comenzando la pataleta. –Yo quería ser Prefecta.
–Ya no hay reglas, Dorcas… se abre un mundo a tus pies. –Explicó Sirius y Dorcas comenzó a reír histérica. –Tus amigas no te traicionarían y ahora que tienen poder…
–Podemos hacer lo que queramos. –Completó la chica.
Remus negó con la cabeza.
–No es así, en realidad…
–En realidad Mooney, –Dijo James – este es nuestro último año en Hogwarts y debemos disfrutarlo. –Le guiñó un ojo y Remus no pudo más que rendirse.
–Además Dorcas, eres excelente en clases, allí ya destacas y tus padres están orgullosos de ti. –Le dijo Sirius.
La chica se calmó y los abrazó a todos.
–Y sin contar, –agregó Euphemia entrando – que esta bruja los adora y les prepara lo que más les gusta comer para que pasen sus penas producidas por caprichos infantiles.
Todos conversaban mientras esperaban que la cena estuviese lista, cuando un grito de dolor rompió el ambiente y sintieron un fuerte ruido en la sala principal.
Sus cuerpos se tensaron automáticamente y se apresuraron en llegar a la sala desde donde los lamentos en vez de parar eran cada vez más fuertes. Los señores Potter fueron los primeros en llegar y soltaron un grito de espanto que los dejó paralizados en su lugar.
Los tres chicos y Dorcas también se petrificaron ante la escena.
Dobby estaba de rodillas frente a la chica pelirroja que tenía un charco de sangre bajo su cuerpo donde se veían fuertes cortes.
–Es… –Comenzó Dorcas acercándose, pero fue rebasada por James que reaccionó antes que todos.
–¡Lily! –Gritó y se dejó caer al lado de la chica que no paraba de llorar y gritar.
Todos se apresuraron al lado de la chica y miraron horrorizados las heridas.
Sirius miró a Dobby y no le gustó para nada verlo en ese estado, se notaba que no venía del centro comercial, sino más bien de una batalla. El elfo le caía bien y además, si él estaba en una batalla eso solo significaba que Hermione también. Era cosa de sacar unas cuentas rápidas.
–Díctamo, ella dijo que serviría. –El elfo dijo fuerte al ver que tenía la atención de todos.
Como si supieran qué hacer, todos fueron en diferentes direcciones. Fleamont tomó la chimenea y se dirigió a San Mungo en busca de ayuda. Euphemia fue por una poción para dormir mientras dejaba a Dobby con la chica.
Remus y James fueron en busca de Díctamo, pero solo encontraron cajas y frascos vacíos. Ni la planta ni la esencia.
Dorcas preparó lo más rápido que sus nervios se lo permitieron la habitación principal para llevar a Lily.
–No hay Díctamo. –Dijo frustrado James mirando a Sirius que salía de su habitación.
El pelinegro le lanzó un frasco a James que tomó al vuelo.
–Agradece que tienes al chico de las pociones viviendo contigo. –Dijo Sirius con una sonrisa que era más de nervios que de alegría.
Bajaron los tres corriendo las escaleras y encontraron a Lily inconsciente.
–Tranquilos, –dijo Euphemia en cuanto los vio – solo le di una poción para dormir.
James la tomó en sus brazos y todos fueron nuevamente escaleras arriba donde Dorcas los esperaba.
Euphemia comenzó a limpiar la sangre y a aplicar la esencia sobre las heridas, pero solo calmaba, no cicatrizaba del todo y tampoco detenía la hemorragia interna. Dobby y Remus trataban con hechizos detener lo que la esencia no podía, pero tampoco tuvieron éxito.
–¿Qué demonios le pasó? –Pregunto James a nadie en particular agarrando su cabeza con sus manos.
–Nunca había visto algo así. –Dijo Dorcas sintiéndose inútil.
–Es una maldición, –agregó Sirius sin expresión en su voz –pero no sé cuál puede ser.
En todos sus años en su casa nunca había oído o visto algo semejante.
¿Quién demonios podía ser tan cruel?
El muchacho miró a Dobby quien desde que llegó lo había ignorado completamente. Sirius no era estúpido. ¿Por qué llevar a Lily a la casa de los Potter y no a San Mungo si estaba tan herida? Por protección, obviamente. Y esa seguramente había sido una orden de Hermione, que quizá le había dado otras especificaciones en referencia a él y por eso el elfo se comportaba tan callado y lejano.
Fleamont llegó solo.
–¿Y el Medimago? –Preguntó James.
Su padre negó con la cabeza.
–Es un caos, atacaron San Mungo para distraer a los Aurores, –dijo sentándose en uno de los sillones disponibles –no dañaron a nadie, pero ahora preparan todo para recibir a los Aurores y muggles heridos.
–¿Muggles? –Saltó Dorcas desde una esquina –Pero…
–¡Dobby! –Sirius no aguantó más al ver cómo el elfo iba tirando todo a su paso y los ignoraba. –¿Nos vas a contar qué pasó o no?
El elfo los miró a todos y supo que no tenía más opción, sobre todo con Sirius dispuesto a hechizarlo.
–Con ella nos enteramos del ataque… –Comenzó y fue interrumpido por Remus.
–¿A quién te refieres con ella exactamente? –Preguntó.
–¡Mooney! –le gritó Sirius histérico –Es obvio que se refiere a Hermione, y por favor ya nadie lo interrumpa. –Pidió más cortés ante la severa mirada de Euphemia.
El elfo siguió.
–Nos enteramos del ataque y le di aviso a Alastor Moody, –Sirius se dio cuenta de que el elfo algo estaba escondiendo –y me retrasé un poco por el ataque en San Mungo. Hermione Granger me pidió volver a Cokeworth a la casa de Lily y sacarla a ella y su familia pero…
Con que Lily vivía en Cokeworth. Allí también vivía Snivellus, en La Hilandera, y suponiendo que antes eran amigos… no sería difícil. La cabeza de Sirius no paraba de pensar y ni siquiera notó la atenta mirada de Dorcas.
–Pero qué… –lo urgió Remus.
–Cuando llegué lo iba a hacer y entonces me atacó un Mortífago… Rodolphus Lestrange. –Susurró y a Sirius se le heló la sangre.
Precisamente su querido primo político Rodolphus había sido el ayudante de Bellatrix en los tantos entrenamientos a los que lo sometían con su hermano. Sabía de lo que eran capaces.
–Y luego llegó el lobo, –siguió Dobby mirando imperceptiblemente a Remus – y ella comenzó a luchar para distraerlos y darme tiempo de reponerme. La señorita Lily y sus padres me ayudaron pero luego todo fue muy confuso y nos lanzaron una pared encima mientras ambas luchaban.
–¿Y los padres de Lily…? –Preguntó Remus que era el único que podía hablar.
–Cuando la traje seguían vivos, –respondió el elfo – no pude con todos. –Dijo con voz culpable y Remus lo abrazó.
Suficiente información.
Sirius se dio la media vuelta y salió con dirección a su habitación. Tras él iba Dobby quien fue el único que se había dado cuenta.
–¡Sirius Black! Tengo órdenes de atacar y herir si intentas ir tras ella.
El chico negó con la cabeza.
–Dobby, ¿ella está sola, verdad? –El elfo de malas ganas asintió –Y sabes que corre peligro, solo mira cómo quedó Lily. ¿Quieres que le pase lo mismo? –El elfo negó – Bien, pues iré y no me atacarás, no la estás traicionando, solo que a veces esa chica es muy testaruda y necesita amigos razonables.
De pronto desde una habitación apareció Dorcas con una capa negra y su varita en la mano.
–Además si te dijo que el Díctamo calmaría, –comenzó Dorcas – es porque sabe cómo curar a Lily. Y debemos salvar a sus padres.
Sirius la miró incrédulo.
–No irás. –Dijo decidido el pelinegro.
–Sí lo haré, –dijo demandante la chica – Lily a cada minuto pierde más sangre, a este ritmo va a morir. –Su mirada ahora era suplicante. –Así como tú vas porque la quieres, Sirius… entiende que Lily es mi amiga.
Dobby fue quien los interrumpió.
–Si prometen que traerán a Hermione Granger les doy la ubicación y no le digo a nadie, ¿tenemos un trato?
Ambos chicos se miraron y luego al elfo y asintieron.
Un minuto más tarde Sirius y Dorcas se tomaron de la mano en el jardín de la mansión y desaparecieron, para materializarse nuevamente en un verdadero campo de batalla.
Sirius tomó a la chica que miraba fascinada los duelos que se producían por los hombros y la movió bruscamente.
–No venimos a ser héroes, ¿me escuchas? Entramos, la sacamos y nos vamos. No somos Aurores.
Dorcas asintió y dejó que Sirius la guiara hasta la ubicación que les había dado Dobby.
De camino tuvieron que protegerse de algunos maleficios, pero nada importante.
Justo cuando estaban entrando por la puerta de la casa de Lily vieron cómo los Aurores levantaban un enorme domo alrededor del lugar para evitar que alguien más entrara o saliera.
–Estamos encerrados. –Susurró Dorcas.
Dumbledore los vio desde una esquina pero no dijo nada.
Ya tenían controlados a los Mortífagos que habían decidido quedarse luego de que él y Moody llegaron al lugar. La mayoría jóvenes e inexpertos.
Los realmente peligrosos eran los que los Aurores estaban desarmando dentro de las casas que eran los que buscaban dañar a los muggles y sus familias.
En cuanto los chicos entraron los siguió.
Una vez dentro, Sirius y Dorcas solo tuvieron que seguir los gritos de Hermione en el segundo piso.
–¡Hermione! –Gritó Sirius y subió como loco.
–Efecto sorpresa, maldita sea. –Lo maldijo por lo bajo Dorcas.
Rodolphus y Greyback no sintieron los gritos en la planta baja porque estaban muy entretenidos torturando a Hermione.
Para la chica habían pasado horas, pero en realidad no debía ser más de media hora desde que se había ido Dobby junto a Lily y por lo menos quince desde que la estaban torturando. Ella había peleado, por supuesto que sí, y les había dejado unos cuantos cortes antes que la desarmaran y comenzaran a lanzarle Cruciatus.
Ni siquiera habían tocado a los padres de Lily, lo que era bueno.
–¡No eres tan bueno como tu esposa, imbécil! –Le gritó Hermione y esto enfureció al hombre quien intensificó su ataque.
Era verdad, pero eso no quería decir que no doliera como los mil demonios cada maldición que la atravesaba como cientos de cuchillas.
Hermione solo los quería distraer porque necesitaba ayuda y sintió el grito de Sirius.
Sirius.
Sabía que iría, pero esperaba que fuese razonable.
Sirius, ¡por Merlín que lo mataba!
–¿Es todo lo que tienes, Lestrange? –Lo siguió provocando Hermione casi sin voz ni aire – Con razón te casaste con una Black… así al menos aprendes algo.
El enfurecido hombre iba a atacar cuando vio a Greyback volar por la habitación y quedar sepultado bajo los escombros de lo que antes fue una pared.
Sorprendido se dio la vuelta y Hermione aprovechó para arrastrarse y alcanzar su varita que había rodado no muy lejos de ella. Tenía que recuperarse pronto, pero aún sentía el dolor en su cuerpo. No por nada Rodolphus tardó al menos quince minutos en poder hacer magia nuevamente luego de su tortura.
–Pero miren a quién tenemos por acá, –dijo con su voz cargada de ironía el Mortífago–es el antiguo heredero Black. Te ves muy bien…
–Lástima que no puedo decir lo mismo, Lestrange. –Contestó Sirius señalando los cortes que le había hecho Hermione. –Ahora, dejemos las formalidades.
Black era directo y sin más comenzaron a luchar.
Dorcas se arrastró hasta Hermione para no ser alcanzada por una maldición.
–¿Lily? –Preguntó Hermione.
–El Díctamo lo calmó, pero…
–No lo cura. –Completó la castaña.
Dorcas se lanzó luego sobre los padres de Lily y sonrió al ver que estaban vivos. Solo golpes y cortes, pero ninguna maldición.
–¿Por qué te detienes? –Escucharon la voz de Sirius. –¿Acaso tu Seños te llama? –La voz sonó burlesca y cruel.
Las chicas vieron que el hombre había tocado su brazo. Por la ventana distinguieron cómo se formaba la marca tenebrosa en el cielo.
–Nos volveremos a ver Sirius, y no te me escaparás. –Prometió el hombre antes de desaparecer.
–¡No! –Gritó Hermione y Dorcas la contuvo.
–No irán lejos, formaron una barrera protectora los Aurores. –Le explicó medio sonriendo.
Justo en ese momento los pocos Mortífagos que quedaban dentro de las casas salieron y comenzaron a atacar la barrera para poder emprender la retirada. Una nueva lucha se formó con Aurores.
Cuando finalmente la atravesaron la gran mayoría desapareció de inmediato.
Hermione bufó frustrada mientras se sujetaba de Dorcas y se ponía en pie.
–¡Sirius Black! –Gritó.
El chico al verla de pie y recuperada corrió hasta ella y la abrazó por la cintura. Hermione se quejó porque su cuerpo seguía doliendo, pero le devolvió el gesto.
–Maldito irresponsable engreído… –lo golpeó en el pecho –le pedí a Dobby que no te dejara…
El pelinegro la interrumpió.
–Nadie puede prohibirme nada, Granger. –Le dijo demandante.
Tuvieron una pequeña batalla de miradas en la que finalmente nadie ganó.
–Gracias por venir, –dijo finalmente la chica mirándolo a los ojos y luego dirigiéndose a Dorcas – a fuera se puso muy feo y tardarían en venir por mí. Si no hubiesen llegado…
–Te las habrías arreglado para salir ilesa, Granger. –Dijo Sirius – Pero ya ves… teníamos que darles una muestra de nuestro poder.
La castaña iba a responder cuando Dumbledore entró con un Medimago por la puerta de la habitación.
–Señor Black, señorita Meadowes, –saludó el profesor – ¿Por qué no me sorprende verlos?
Ambos chicos se quedaron en silencio sonrojados.
–Señorita Granger, ¿Cómo está? –Preguntó el hombre mayor.
–Me han lanzado un Crucio mejor ejecutado antes. –Dijo sin quejarse y Dumbledore sonrió sabiendo que la provocación era para Lestrange. –Lily está con los Potter y sus padres están inconscientes. Y Fenrir Greyback está bajo los escombros.
Dumbledore asintió y en seguida en Medimago se llevó a los padres de Lily.
Los hermanos Prewett llegaron a los minutos y con mucho gusto se llevaron a Greyback hasta el Ministerio.
Finalmente bajaron exhaustos y se encontraron con Moody entrando a la casa, quien estaba preocupado por Lily Evans.
–Entonces no hay bajas de estudiantes, Dumbledore. –Informó el Jefe de Aurores –En la otra calle vive otro chico estudiante tuyo, Snape, no se encontraba en casa al momento del ataque.
Hermione puso especial atención a esto y se preguntó nuevamente si solo sería coincidencia que escogieran atacar ese lugar o si Snape ya sería parte de ellos.
–Mis chicos están ayudando a los Medimagos a llevar a los heridos a San Mungo y de paso borrarles la memoria, –dijo Moody – además ya vienen en camino más Aurores y agentes del Ministerio para llevarse a los Mortífagos que capturamos.
–¿Cuántos? –Intervino Hermione.
–Son ocho chicos que recién se integran, jóvenes y estúpidos que vinieron por diversión. –Se quejó su Jefe. –Pero también tenemos a Greyback y Rabastan Lestrange. –Dijo con alegría Alastor. –Y también detectamos a estudiantes de Hogwarts mayores de edad que estuvieron esta noche.
–Eso lo hablaremos luego, debemos ser cautelosos, Alastor. –Le dijo solemnemente Dumbledore. Hermione fue consiente de la preocupación y decepción en el rostro del Director.
¿Quiénes serían? Pensó Hermione.
Muchas cosas estaban cambiando a como originalmente fueron. Y eso también significaba que muchas más podían cambiar.
–¿Irán a Azkaban? –Volvió a preguntar retomando la conversación.
–Esos dos malditos me aseguraré que tengan un juicio que los haga tener pesadillas y desear Azkaban, –se prometió con optimismo Moody – pero los chicos aún no sé, tomará más tiempo.
Comenzaron a salir y los chicos se dieron cuenta que estaba todo en orden. Aurores trataban de apagar las llamas que quedaban y componer la destrucción lo más rápido posible. Los Medimagos en su totalidad se habían marchado de vuelta a San Mungo y solo quedaban atados los chicos que vendrían a buscar del Ministerio. Lestrange ya se había unido a Greyback al ser más peligroso.
–¿Cuántas víctimas? –Preguntó Dumbledore con voz preocupada.
–Cinco, Albus. –Respondió el hombre. –Pero hay bastantes heridos graves en San Mungo, actuaron como siempre, primero divirtiéndose y torturando. Muchos muggles trataron de defenderse, no entendían, la mayoría está en estado de shock.
–Llegamos tarde. –Dijo con un suspiro el anciano profesor. –Y los que salgan de San Mungo tendrán secuelas permanentes. –Aseguró.
–No podíamos dejarlos en hospitales de ellos, no hay cómo explicar las heridas. –Dijo Moody. –El Primer Ministro Muggle ya sabe, Minchum está con él en este momento. Nos encargaremos de borrar los rastros, ellos inventarán una historia para su mundo y mañana será portada en El Profeta. ¡Están logrando lo que quieren, Albus!
–Lo sé, Alastor.
–Con Granger debemos actuar y…
Se quedó callado al notar que Dorcas y Sirius seguían cada palabra atentos. Estaba hablando de más.
–¿Qué hacen dos niños acá? –Pregunto y ambos se ofendieron.
–Dorcas detuvo a Greyback y Sirius contuvo muy bien a Lestrange, Rodolphus. –Aclaró la castaña.
Moody los miró un poco y Dumbledore sonrió en anticipación.
–¿Han pensado qué hacer luego del colegio, chicos? –Preguntó.
–¡Oh, Merlín! –Le gritó Hermione y sacó a los chicos de las garras de Alastor.
Se acercaron hasta los Prewett que ya habían vuelto del Ministerio para poder salir y aparecerse, ya que nuevamente habían levantado las barreras protectoras en lo que solucionaban todo.
–Tenemos que ir con Lily. –Les dijo Hermione.
Ambos asintieron y siguieron a los Aurores hasta el punto de aparición. Dumbledore y Moody también los siguieron más atrás mientras intercambiaban opiniones. De pronto y sin que ninguno de ellos lo notara un chico salió de un callejón y tomó a Dorcas por la espalda. La chica soltó un grito aterrada al sentir la varita clavada en su cuello.
Todos levantaron alertados sus varitas en dirección al muchacho que no superaba los veinte años y mostraba orgulloso la marca tenebrosa.
–Mataré a la traidora de la sangre. –Susurró presionando más su varita.
–No seas idiota chico. –Dijo Moody.
El soltó una risa, porque al igual que todos pensó que las palabras de Moody eran para él, pero en realidad Alastor miraba en dirección contraria hacia detrás de un arbusto desde donde salía una figura cubierta con su capa y a la que no se le veía el rostro.
Hermione miró hacía donde lo hacía Moody y no necesitó preguntar quién era.
Con paso decidido y en un movimiento preciso se lanzó contra la espalda del Mortífago que cayó unos metros más allá chocando contra una pared. Dorcas y su defensor cayeron del otro lado chocando contra un árbol.
–¡Auch! –Se quejó ella tocando la sangre en su cabeza.
El chico sobre ella se puso en pie y la ayudó. Cuando tomó su mano vio la marca tenebrosa en su brazo y quedó paralizada frente a él.
¡Perfecto, escapaba de un Mortífago para caer en los brazos de otro!
Dorcas levantó la mirada poco a poco y se topó con la de Regulus Black que la miraba con una mezcla entre rabia y emoción.
–¿Qué demonios haces acá, niña tonta? –Preguntó en un susurro y la zarandeó.
¿Qué?
La voz no le salía y solo se limitaba a mirar al hermanito de Sirius.
–Me salvaste. –Susurró atontada por el golpe aun.
–¿Qué? –ahora fue el turno de Regulus para sentirse confundido.
No alcanzaron a hablar más porque Hermione llegó y se llevó a Dorcas a empujones. Le dio una mirada severa a Regulus y se unió nuevamente a Sirius quien miraba sospechosamente al hombre que había salvado a Dorcas. Esa postura y esa ropa le eran muy familiares, y podía jurar que conocía muy bien aquel anillo que llevaba en la mano derecha. Pero era imposible…
Sacudió su cabeza y se unió a las chicas.
Dumbledore se quedó junto a Moody y los Prewett para apresar al Mortífago y los chicos desaparecieron.
Cuando llegaron a la mansión de los Potter todos hablaban al mismo tiempo. Regaños para Dorcas y Sirius por parte de Euphemia que los hacía en manos de los Mortífagos, y James con Remus heridos porque no habían podido ir y luego agradecidos por el sacrificio que hicieron.
Hermione huyó de todos y dejó que Dobby la llevara hasta Lily.
Se arrodillo al lado de la chica y comenzó a pasar su varita por las heridas mientras susurraba un conjuro. Su piel se comenzaba a cerrar y la hemorragia se iba deteniendo para dar paso a suaves líneas rosadas. Cuando terminó se dio cuenta que tenía público. Estaban todos mirando.
–Si se aplica Díctamo, y con un poco de suerte sus cicatrices desaparecerán. –Le dijo a Euphemia que asintió.
Escapó antes que le fuesen a preguntar qué maldición era.
Sirius salió con ella para acompañarla hasta la chimenea.
–No sé hasta cuándo estaré castigado. –Le dijo a Hermione.
–Eso te pasa por insolente Black, te lo ganas. –Lo molestó Hermione.
Se dio vuelta para quedar frente a él en la chimenea y le dio un beso en la mejilla.
–Gracias Sirius, esta noche fuiste muy idiota y mi héroe.
Entró en las llamas verdes y desapareció.
Cuando el chico se dio la vuelta para ir a su habitación se topó de lleno con Dorcas sentada en la escalera.
–¡Dorcas! –Le gritó molesto –En serio, ¿nunca te han dicho que eres tétrica, mujer?
–Disculpa por asustarte. –Dijo ausente mientras movía sus piernas.
Sirius comenzó a subir y luego se lo pensó mejor y se sentó al lado de ella.
–Dorcas, ¿Quién te salvó hace un rato? –Preguntó.
La chica se quedó quieta y comenzó a bostezar.
–Buenas noches, Sirius.
Y así, desapareció.
Pero Sirius Black confirmaría sus sospechas.
Hermione salió de la ducha y se puso su pijama más cómoda. Luego bajó a comer algo con Dobby, cuando sintió ruido en la sala.
Ni siquiera se molestó en preguntar quién era, de hecho esperaba la visita.
Tomó unas galletas y las dejó en la mesa del centro de la sala y se sentó.
–Eres un idiota, Regulus Black. –Dijo la castaña a modo de bienvenida. –Pusiste en riesgo tu identidad y seguridad.
El chico no contestó, en cambio de eso dejó dos cajas pequeñas sobre la mesa que se comenzaron a mover.
–¿Qué demonios es eso? –Preguntó la castaña olvidando la reprimenda que estaba esperando a darle.
Regulus la miró con su mejor expresión de seriedad y destapó la primera caja.
–El regalo de Dorcas, se lo entregarás. –Dijo sin dar espacio a negativas.
¿Era en serio? ¡Acababan de enfrentar a los Mortífagos en una batalla sanguinaria y él solo pensaba en el regalo de Dorcas!
Hermione recordó la carta y se acercó para ver qué había dentro por pura curiosidad. Su boca se curvó en una expresión de asombro y se subió arriba de su sillón.
–¡Por Merlín, estás demente!
El más joven de los Black curvó una sonrisa como hace mucho no hacía, se recargó en el respaldo del sillón y el caos se desató por segunda vez, solo que ahora en la pequeña casa de Hermione.
…Travesura realizada…
Nota de Autora: ¡Hola de nuevo! ¿Cómo están? Espero que muy bien y que les haya gustado el capítulo. Como pueden ver subí bastante rápido, eso porque me organicé bien y hoy tengo día libre en mis responsabilidades muggle. Así que dije… por qué no subir y acabar con la tortura. Lo sé, el otro lo dejé en suspenso. Soy malvada.
Y ahora, ¿qué tal les pareció? ¿Vieron que lindo es Sirius y para nada de tonto? ¿Qué será el regalo que Regulus le llevó a Dorcas? ¡Por favor coméntenme sus teorías! Se aceptan hasta las más locas y dementes.
Como siempre muchas gracias por leer y por sus comentarios. Gracias también por sus hermosas palabras a Florfleur, lunatico0030, esdm, leiref29 (tranquila, Petunia ya tendrá lo suyo. ¿En serio se llama Sirius tu perro? ¡Por favor dime que es igualito!), y Mora Grenger (Viste que no tardé nada en subir).
Y me extendí… Nos leemos en el siguiente capi (uno nuevo durante la semana) y díganme qué les pareció en un lindo review, ¿les parece?
¡Besos y abrazos!
