POSESION
La obra le pertenece a Jaid Black esta es solo una adaptación, los personajes son de "Naruto" de Masashi Kishimoto
Advertencia:
El siguiente material incluye contenido sexual gráfico para lectores adultos. Esta historia ha sido calificada como una obra de contenido MA
Las escenas de amor de contenido erótico son explícitas, no dejan nada librado a la imaginación y el volumen de las palabras es elevado por la frecuencia de las mismas. Además, es posible que algunos títulos calificados como MA incluyan material de fantasía que ciertos lectores podrían considerar objetable, como: prácticas sexuales, sumisión, seducciones forzadas, etc.
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Capítulo 1
Tres semanas más tarde
—Buenos días, doctora Hyuuga.
—Buenos días, doctor Moore.
Hinata sonrió abiertamente cuando entró en el salón de la facultad, su buen humor era evidente. Iba vestida con una conservadora falda sastre azul marino que terminaba en la rodilla, una camisa blanca de algodón que estaba completamente abrochada y su masa de cabellos azules oscuro asegurada en un moño apretado en la nuca. Completando su conjunto habitual había un par de gafas negras colocadas en la punta de su nariz.
Claramente se sentía mejor de lo que se veía. Aunque de todos modos nunca había dado mucha importancia a la moda.
Hinata inclinó la cabeza hacia el doctor Moore mientras avanzaba hacia él, sintiéndose como si estuviera en una nube. Solo rezaba para que nadie en el Departamento de Antropología imaginara por qué estaba de tan buen talante. Le costaba creerlo incluso a ella misma.
—¿Qué tal está hoy? —preguntó en tono casual—. Lo lamento, llego tarde —¡Estaba muy ocupada haciendo mis maletas para mi viaje al Hotel Atlantis—. ¿Ha pasado algo por aquí que debiera saber?
El doctor Moore asintió con la cabeza, su tono pomposo tan molesto como siempre.
—Realmente han pasado algunas…
Ella escuchó la prolija respuesta de su colega con medio cerebro mientras se servía una taza de lo que la mayor parte de las personas llamarían alubias y agua, pero que la universidad clasificaba, o trataba de hacer pasar por lo menos, como café.
Hinata ignoró al doctor Moore mientras bebía a sorbos de la humeante taza de una poción barata casi colombiana, y reflexionaba sobre la conversación que había tenido con Sakura Haruno la semana pasada.
—Después de encontrarse contigo, Naruto sintió que eras perfecta para la posición, muñeca. Le gustaría que trabajaras en la excursión de cinco días a la isla que comienza en una semana a partir de hoy. ¿O es demasiado pronto?
—N... No —había tartamudeado Hinata, su corazón le golpeaba como loco contra su pecho. No había consumido ni un solo día de sus vacaciones este año, por lo que sabía que tenía los días esperándola—. ¿Él… él realmente pensó que yo tendría un lugar allí? —preguntó ella con voz irresoluta, insegura de haber oído correctamente. O de si esa Señora Voz Ronca había oído a Naruto Uzumaki correctamente.
Sakura se rió entre dientes, con una sonrisa en su voz...
—Pareces sorprendida.
—Estoy sorprendida —dijo ella en una monotonía desconcertada, con la boca abierta.
—Bien, no lo estés —contestó Sakura—. Además, estos tipos ricos realmente van por las inocentes, las que se ven como chicas buenas.
Su encantamiento desapareció mientras sus dientes se apretaban.
—No soy —dijo Hinata, pronunciando cada palabra con voz clara y precisa— inocente. Tampoco soy una chica buena —cortó el aire con su mano para dar énfasis, aunque Sakura no pudiera verlo.
—¡Uh huh!
Hinata suspiró.
—De acuerdo, tal vez doy esa imagen —suspiró otra vez—. De acuerdo, tal vez soy así. Pero por favor, créeme cuando digo que no quiero ser de esa manera.
—Hmm —dijo Sakura sin comprometerse, su tono era divertido—. ¿Por qué tengo el presentimiento de que no quieres este trabajo por el dinero, muñeca?
Cuando Hinata no dijo nada, sino que simplemente se quedó silenciosa al otro lado de la conexión, mordiéndose el labio mientras se preguntaba si había dado a entender por descuido sus segundas intenciones, Sakura se rió entre dientes otra vez.
—Está bien. Tu secreto está seguro conmigo. ¡Oye! Si los hombres ricos pueden venir aquí buscando su placer, entonces ¿por qué no podemos nosotras las mujeres?
Hinata se encontró sonriendo en el receptor. E inmediatamente se sintió a gusto con la Señora Voz Ronca.
—Por qué, en efecto —murmuró.
Y entonces se había reservado el vuelo chárter a la Isla Atlantis. Para esta noche.
Tragó aire.
—Ah —continuó el doctor Moore, sacándola de su ensueño—. Casi olvido mencionar que el Sr. Uchiha está en su oficina. —Él sacudió la cabeza, perturbado—. Está esperando para hablar con usted —dijo él desdeñosamente mientras se ajustaba la corbata.
Hinata miró con ceño fruncido al doctor Moore.
—¿El Sr. Uchiha? ¿Se refiere a Sasuke Uchiha? —Suspiró mientras miraba a su colega, compartiendo por una vez el humor menos que hospitalario del doctor Moore. Era la última persona que quería ver hoy, sobre todo considerando que sus nervios estaban exhaustos debido al viaje inminente al Hotel Atlantis esta noche—. Oh no, él otra vez no.
—Eso me temo.
—¿Qué quiere esta vez? —preguntó con resignación, comprendiendo que si Sasuke Uchiha quería hablarle, tenía poca opción aparte de consentir.
Como dueño de la compañía de construcción multimillonaria que había edificado la mitad de las torres en el centro de la ciudad de San Francisco, y como un corporativo financiero del Departamento de Antropología de la universidad en particular, Sasuke Uchiha tenía permitido más que la mayoría. Un hecho que irritaba lo suficiente a Hinata como para hacer que sus dientes se apretaran simplemente de ver al gran hombre.
—¿Por qué no se lo pregunta usted misma? —gruñó una voz oscura detrás de ella.
Hinata se giró rápidamente, derramando casi el café debido a la sorpresa mientras lo hacía. Dubitativamente echó un vistazo hacia el doctor Moore, que se aclaraba la garganta incómodamente mientras se reajustaba nerviosamente la corbata.
Su barbilla se alzó resueltamente cuando le devolvió la mirada a Sasuke Uchiha. Encontró los ojos oscuros y calculadores de su Némesis, rechazando dejarse intimidar por él y sus maneras grandilocuentes. Sus ojos se estrecharon mientras lo consideraba, evaluándolo como a un oponente en el cuadrilátero.
Una ceja oscura se elevó perplejamente, una sonrisa de nunca—antes—visto elevó la comisura de su boca.
Hinata gruñó.
Sasuke Uchiha era bastante guapo, supuso. Al menos para un tipo con facha de boxeador. Era un hombre alto —probablemente medía alrededor de 1 metro con 92 centímetros— y con cuarenta y dos años de edad estaba todavía tan denso de músculos como cualquier jugador de línea de base de fútbol. Su pelo era corto y oscuro, solo con un leve atisbo de reflejos azules, y su gran cuerpo se veía dorado debido al bronceado.
Ella sabía que se había abierto camino a través las filas de la compañía de construcción que ahora poseía, habiendo comenzado desde la base como obrero. Podía conjeturar que la pesada musculatura de su cuerpo probablemente no había dejado su antigua forma totalmente cuando él había comprado a su tío y asumido la presidencia de Construcciones Uchiha, ya que tenía la apariencia fuerte y poderosa de un hombre que estaba acostumbrado al trabajo pesado.
No era que ella lo hubiera notado ni nada por el estilo, solo lo intuía.
—¿Deseaba verme, Sr. Uchiha?
La doctora Karin Uzumaki se encontraba de vacaciones hasta el día siguiente, lo que dejaba a Hinata en la aparentemente lamentable posición de ser la de mayor rango, lo que significaba que sería la única obligada a oír a Sasuke Uchiha gruñir sus últimas demandas. Otra vez.
Seis meses atrás, cuando la doctora Uzumaki había estado excavando en México, Sasuke Uchiha había merodeado por el departamento con sus demandas. Tres meses antes de eso, cuando la doctora Uzumaki había estado en una conferencia en Hawai, él había aparecido gruñendo otra vez. Si ella no lo conociera mejor, comenzaría a preguntarse si el maldito hombre no esperaba a que su jefe desapareciera para poder entonces gruñirle a ella en particular. Pero era absurdo pensarlo, por supuesto.
La ceja negra se elevó otra vez cuando él la observó, un hábito que siempre la dejaba sintiéndose decididamente irritada. Era como si él la midiera —y la encontrara deficiente. Pero un hombre como Sasuke Uchiha, un hombre acaudalado que había tenido citas con cada tonta existente en el área de Bahía, podía mirar por debajo de la nariz a una mujer de aspecto tan promedio como ella misma. Físicamente ella era inferior y lo sabía.
Su oscura mirada vagó metódicamente a lo largo del cuerpo de ella, comenzando en sus piernas, avanzando lentamente hasta sus pechos, donde se demoró, y subiendo luego más arriba, a su rostro. Ella se sintió un poco nerviosa cuando sus pezones se endurecieron debido al hormigueo de conciencia sensual que la atravesó, pero ignoró el sentimiento y rápidamente lo desechó.
Además, se recordó a sí misma mientras elevaba una de sus cejas y encontraba su determinada mirada con una mirada desafiante de su parte, Sasuke Uchiha probablemente solo trataba de intimidarla. Como siempre. Una vez matón, siempre matón.
Era irónico, realmente, que la misma clase de hombre que Hinata quería para experimentar sumisión en la cama estuviera de pie en frente de ella, aún cuando sabía que nunca se entregaría a un hombre como éste en un billón de años. No era que el multimillonario obrero de la construcción convertido en CEO hubiera expresado alguna vez algún interés en hacerlo en cualquier caso, pensó ella con gravedad.
Pero si él hubiera tratado de tomarla para llevarla a la cama, sabía que habría dicho que no. No solo porque un lío así podría causarle problemas en la universidad, sino también porque Sasuke Uchiha no era la clase de hombre que tomaría el dominio y la sumisión como un mero juego sexual. Era el tipo de macho arrogante que lo tomaría literalmente, esperando una mujer que lo satisficiera siempre, tanto dentro como fuera del dormitorio.
Definitivamente no era su tipo.
Incluso si era la sexualidad masculina personificada.
—Infiernos, sí, quiero verla —gruñó él. Apuntó un dedo en dirección a la puerta de la oficina de ella—. Vamos a hablar, señora.
O la estupidez masculina personificada, pensó con los labios fruncidos.
Hinata frunció el ceño con severidad, mientras decidía que podía terminar con la cita rápidamente. Cuanto antes escuchara su sesión de gruñidos, más rápido se iría el gran boxeador. Pero, decidió, no hablaría en privado con él hasta que lo pusiera directamente en su lugar.
—Mi nombre es Doctora Hyuuga —dijo intencionadamente, pareciendo tan pomposa como el doctor Moore en ese momento—. Y si es un nombre demasiado largo y demasiado complicado de absorber para su cerebro, entonces Doctora bastará. —Ella inclinó la cabeza—. No pasé ocho años en el colegio obteniendo mi doctorado, señor, para que me llamaran con ese desprecio, como si fuera un imbécil cualquiera.
Él suspiró, luego pellizcó el puente de su nariz mientras recobraba aparentemente fuerzas. Sin duda, una táctica para impedirse a sí mismo tratar de morderla.
Él miró hacia arriba, con su mandíbula apretada y sus ojos oscuros ardiendo en los lavanda de ella.
—Mire señora…
Ella se mordió la lengua, fascinada por la vena palpitante en su cuello.
—Doctora Hyuuga… —gruñó.
Ella sonrió, luego asintió con la cabeza.
—¿Quería hablar conmigo en privado? —preguntó dulcemente. Demasiado dulcemente.
Sus fosas nasales llamearon cuando él estrechó sus ojos hacia ella
—Sí —silbó.
Un silbido. Ella nunca lo había oído silbar antes, y se encontró preguntándose lo que significaba esto exactamente. Era extraño cómo sonaba, ella era buena detectando los humores de Sasuke Uchiha. No era que se necesitara un doctorado en antropología para hacerlo, ya que solo parecía tener dos tipos de humor: hosco y arisco.
Diciéndose a sí misma que no importaba, y que tenía mejores cosas que hacer con su tiempo que pelear con un Neandertal demasiado crecido —¡como estar preparada para el vuelo esta noche!— agitó una mano y avanzó hacia la puerta de su oficina.
Su Némesis se mantuvo tranquilo durante toda la caminata por el vestíbulo, lo que Hinata encontró acongojantemente extraño en un hombre tan grande y fuerte. Sintió una desconcertante premonición pasar sobre ella, esa clase de extraña sacudida que hace que el vello de la nuca se ponga de punta cuando de alguna manera uno se da cuenta de que está siendo observado.
Ella se puso rígida. Sasuke Uchiha no la miraba como lo hace un hombre normal.
Sasuke Uchiha la estudiaba. Calculaba. Tasaba.
Él cazaba.
Ella tragó un poco bruscamente, preguntándose qué era exactamente lo que cazaba él hoy. Hinata no se engañó ni por un momento con el pensamiento de que el gran hombre de repente hubiera tomado conciencia de ella como mujer. En todas las ocasiones en las que se había visto obligada a tratar con él, y admitiendo que había procurado que esas ocasiones fueran pocas y lejanas entre sí, él le había mostrado solamente hostilidad, desdén e incluso, por alguna razón, resentimiento.
Quizá estaba ofendido por el hecho de que ella era una mujer con un doctorado. Quizá resentía el hecho de que ella tenía el pelo azulado. Quizá resentía el hecho de que su opción de coche fuera conservadora, un Volvo sin grandes exageraciones. Quizá resentía el hecho de que…
¡Bah! Quién sabía cuales eran sus motivos.
En lo que a Sasuke Uchiha concernía, uno nunca podía estar seguro de algo. Así pues, básicamente, era mucho mejor ni siquiera intentar imaginarlo en primer lugar.
Hinata cerró la puerta detrás de él después de que entrara en su "pequeña y modesta" oficina. Le hizo señas para que tomara asiento y decidió ignorarlo cuando él simplemente gruñó sin sentarse. Suspirando, se sentó detrás de su escritorio y sonrió tan cortésmente como pudo. Apoyó sus manos sobre el escritorio y encontró su mirada fija.
—¿Cómo puedo ayudarlo, Sr. Uchiha?
Él frunció el ceño cuando la contempló en silencio, con su oscura expresión meditabunda. Se miraron en total tranquilidad en lo que pareció la hora más tensa de la vida de Hinata, sus miradas fijas en un desafío mutuo, cuando de hecho no podían haber pasado más de treinta segundos haciendo tictac.
Ella se sintió cada vez más preocupada interiormente, el latido de su corazón se aceleró dramáticamente, pero en su exterior parecía hecha de hielo.
Y finalmente, por suerte, él abrió la boca para hablar. Pero cualquier cosa que hubiese estado a punto de decir fue interrumpida cuando la doctora Karin hizo una inesperada aparición en la oficina.
Hinata soltó el aliento mientras se levantaba, aliviada. No se vería obligada a tratar con el gigante gruñón después de todo.
—Karin—dijo Sasuke cortésmente, aunque le salió un poco brusco. Casi como si estuviera decepcionado por el hecho de que su inminente conversación hubiera sido interrumpida. Pero eso realmente no tenía sentido.
Él inclinó su cabeza respetuosamente cuando se irguió para saludar a la jefa de departamento, haciendo que la ceja de Hinata se elevara. Esta era la primera vez que ella había visto a Sasuke Uchiha y la doctora Karin interactuar y tenía que preguntarse al respecto. Hinata siempre asumía que el boxeador probablemente trataba a la mujer tan hoscamente como lo hacía con el resto del mundo. Por lo visto aquella presunción estaba errada.
Frunció el ceño mientras se preguntaba si Sasuke guardaba todas sus malas maneras solo para ella.
Maldito.
—Es bueno verte, Sasuke —dijo la doctora Uzumaki sinceramente, haciendo que Hinata parpadeara. Pero Hinata no podía imaginarse a nadie siendo feliz al ver a Sasuke Uchiha. Era como creer que Who en Whoville estuviera feliz de ver al Grinch antes de que se hubiera reformado de su mal camino—. Volví de vacaciones un día antes porque estoy atrasada con el papeleo. Me alegro que no me echaras de menos. Veo que Hina te estaba ayudando.
Ella se hizo una mueca al oír el uso casual de la doctora Uzumaki del nombre Hinata. Hizo otra mueca cuando ella se dio cuenta que el nombre femenino no había pasado desapercibido para el Grinch. Esa maldita ceja se elevó otra vez cuando él volvió su mirada hacia ella.
—Sí —dijo él con sequedad, su voz un gruñido bajo—. Hina y yo solo nos preparábamos para discutir el problema del sitio de excavación de su equipo.
Hinata frunció el ceño, sus manos se parapetaron bajo sus pechos.
Las cejas de la doctora Karin se unieron socarronamente.
—¿Problemas, Sasuke? Me temo que no te sigo.
Él asintió con la cabeza
—Sí. Problemas. El problema es que no ha sido excavado aún. Mira —dijo él en el tono de voz más tranquilo que Hinata le había oído usar alguna vez—, no me opongo a retrasar a mis hombres por un día o dos de modo que su equipo pueda terminar de desenterrar esos huesos viejos que hemos encontrado, pero el tiempo es dinero, Karin, y su equipo se está llevando un pedazo condenadamente grande de mi tiempo.
La doctora asintió con la cabeza.
—Entiendo, Sasuke. Hina y yo nos pondremos en ello nosotras mismas. —Ella lo acarició en el hombro, un gesto afectuoso y platónico—. No hay necesidad de preocuparse. Terminaremos de excavarlo esta noche.
¿Esta noche?
Los ojos de Hinata se ensancharon. ¡De todas las noches, por favor, no esta! lloriqueó mentalmente.
Sasuke Uchiha giró su cabeza y contempló a Hinata como si la tasara en su mente, como si se hubiera imaginado que le estaba impidiendo hacer algo que realmente había querido hacer esta noche. Y condenado si no parecía complacido por esa comprensión.
¡Maldito!
—Muy bien —murmuró él, mientras su mirada no se apartaba de Hinata.
Ella se puso rígida, su barbilla se alzó como siempre tendía a hacer cuando se sentía a la defensiva.
—Estaré más que feliz de excavar el sitio con usted, doctora Karin —dijo con un tono profesional y entrecortado cuando alejó su mirada de Sasuke—. Pero si quiere que yo sea parte de la excavación me temo que tendrá que esperar para comenzar hasta que vuelva de mis vacaciones, dentro de una semana.
Ella asintió con la cabeza de manera decidida, haciéndole saber que en este caso en particular no vacilaría. Tenía la sólida reputación de ser una buena trabajadora de equipo, por lo que no temía que Karin fuera a pensar mal de ella.
La doctora en jefe inclinó su cabeza, confirmando su afirmación.
Sasuke frunció el ceño, mientras sus oscuros ojos evaluaban meditabundamente a Hinata.
—¿Por qué? —ladró—. ¿Va a algún sitio con un hombre o algo así?
—O algo así —dijo ella dulcemente, dejando que se lo imaginara. Decidió ignorar el hecho de que su interés en el asunto hacía cosas extrañas en su vientre. Como mariposas dentro de ella.
Nervios. Tenían que ser nervios lo que hacía que su estómago se agitara. La única cosa que Sasuke Uchiha hacía en su vientre era provocarle indigestión.
Hinata recogió su bolso, saludando con la cabeza a Sasuke y Karin cuando avanzó hacia la puerta.
—Los dejo conversar. Tengo mucho trabajo que hacer en el laboratorio antes de irme de vacaciones.
Y mucha preparación mental para controlar la anticipación del vuelo de esa noche a la exclusiva y privada isla.
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Ya apareció nuestro querido sasuke
hoy subire 2 capitulos lamento tanto la tardanza ;;
