POSESION
La obra le pertenece a Jaid Black esta es solo una adaptación, los personajes son de "Naruto" de Masashi Kishimoto
Advertencia:
El siguiente material incluye contenido sexual gráfico para lectores adultos. Esta historia ha sido calificada como una obra de contenido MA
Las escenas de amor de contenido erótico son explícitas, no dejan nada librado a la imaginación y el volumen de las palabras es elevado por la frecuencia de las mismas. Además, es posible que algunos títulos calificados como MA incluyan material de fantasía que ciertos lectores podrían considerar objetable, como: prácticas sexuales, sumisión, seducciones forzadas, etc.
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Capítulo 3
Sasuke Uchiha se acercó furtivamente a unos pasos del Hotel Atlantis, que se veía más desierto de lo usual, y ya era mucho decir. La excavación del sitio en construcción del Dr. Salazar se había demorado más de lo que él había esperado, el vuelo hacia la isla había sido intranquilo y, la verdad sea dicha, de todos modos no tenía muchas ganas de estar aquí.
Había venido porque su mejor amigo le había pedido que lo acompañara durante una semana de placer. Naruto tendía a preocuparse por él como un hermano mayor, cuando de hecho Naruto era dos años más joven que sus propios cuarenta y dos.
Tal vez su mejor amigo tenía razón, decidió Sasuke con el ceño fruncido. Tal vez el mejor modo de conseguir sacarse a aquella pequeña y maldita bruja mojigata de su mente era trabajar en ello.
Preferentemente con algunos empujes profundos y violentos dentro de alguna mujer caliente. Quizá debido a lo peligroso de sus pensamientos, se sentía caliente; ahora mismo estaba necesitado de una mujercita sumisa. Todas esas cosas que la espinosa doctora no era.
Frunció el ceño cuando empujó distraídamente y abrió las puertas de la choza cubierta de una pesada paja, que le habían costado a Naruto un dineral y fueron hechas para parecerse a esa pared impenetrable que separaba a los naturales de la Isla del Cráneo de su dios King Kong
Adentro estaba el paraíso.
Voluptuosas mujeres desnudas andaban por los alrededores, no en vano el Morning Resort era un oasis en la selva, pero también habían musculosos hombres jóvenes que situaban mesas cubiertas con paja e importaban árboles de la selva por todas partes, preparándose para impactar a los ricos invitados que comenzarían a llegar en unas horas.
Sasuke gruñó. Que irónico que hombres que pelaban sus culos para ser tan ricos como pudieran y no tener que vivir como primitivos, ahora pagaran decenas de miles de dólares para pasar unos días viviendo como tales.
Solo que con estilo, por supuesto. Y con muchas mujeres desnudas, complacientes, pensó con una media sonrisa.
Él se preguntó lo que la pequeña bruja mojigata pensaría si estuviera aquí.
Ella menearía su nariz ante el Resort y ante él, pensó con el ceño fruncido. Las de su tipo siempre lo hacían.
Su sonrisa se debilitó. En primer lugar, hasta el momento no había logrado entender lo que le había atraído hacia la sabihonda pelinegra. Ella hablaba con grandes oraciones, usaba palabras pomposas, y pensaba que los hombres como él, que no tenían una educación formal, estaban por debajo de ella. Peor aún, su ropa era simple y apagada, su pelo siempre estaba recogido en un rodete tan apretado que a veces se encontraba preguntándose si sus ojos de gato no escondían un bicho en su cabeza, y nueve de cada diez días ella llevaba puestas las gafas negras más feas y gruesas que había tenido el disgusto de ver alguna vez.
Maldición, quería follarla.
Él la deseaba tanto que incluso esos lentes lo hacían ponerse furiosamente duro.
—¡Sasuke!
La cabeza de Sasuke se movió. Sonrió despacio mientras miraba a Naruto Uzumaki subir la escalera cubierta con paja, dos escalones cada vez, para luego acercarse hasta él.
—¿Cómo estas, compañero?
Naruto sonrió totalmente, mostrando sus perfectos dientes blancos. Él meneó sus cejas.
—Acabo de terminar de acomodar a las nuevas mujeres.
—Ah. —Sasuke meneó la cabeza cuando él le aplastó afectuosamente la espalda—. Entonces eso explica esa sonrisa dentuda.
—Humm. —Naruto estuvo de acuerdo, respondiendo con otra sonrisa enorme—. Hay una en particular... —Enarcó una ceja hacia Sasuke—. Una pelinegra que pienso que va a gustarte.
Sasuke se rascó la barbilla mientras consideraba las palabras de su amigo. Qué mejor modo de desahogar su lujuria respecto a una bruja pelinegra que con otra. Su parte lógica dudaba de que esta mujer desconocida fuera tan satisfactoria como ver a la profesora Hyuuga rendirse ante él, pero dado lo caliente y hambriento que se sentía, tomaría lo que pudiera conseguir. Por el momento.
Además, de todos no creía que la brujita le diera ni la hora.
¡Ajj! ¡Deja de pensar en ella. La cosa, asno, es que vinimos aquí para dejar de pensar en ella, ¿recuerdas?
Sasuke alzó distraídamente su mano para ver las cinco en punto.
—Bellas palabras, pimpollo, pero mientras tanto podría darme un baño y dormir algo. Estoy bastante cansado.
Naruto saludó con la cabeza.
—Te ves como si estuvieras en el infierno.
—Caramba, gracias —gruño él
Él se rió entre dientes.
—Ven, te mostraré tu choza. Te reservé tu favorita.
La ceja de Sasuke se arqueó.
—De repente me estoy sintiendo condenadamente mejor.
Naruto se rió cuando él siguió a su mirada hacia arriba, hacia unos troncos cubiertos con algo parecido a la paja.
—No te culpo. Todos los placeres voyeurísticos que un hombre pudiera querer y alguno más se pueden obtener desde esa choza. Pero, lamentablemente, la diversión tendrá que esperar hasta mañana. Las nuevas mujeres están siendo acomodadas en la Choza del Masaje esta noche para tenerlas listas y calientes para mañana.
La atención de Sasuke se centró en la puerta abierta y cubierta con paja de una cercana choza primitiva. Miró mientras una procesión de cinco hembras desnudas, probablemente todas ellas nuevas, eran conducidas a la Choza de Instrucción, donde se les darían las indicaciones de lo que se esperaba de ellas durante los próximos cinco días para ser luego conducidas hacia abajo por un pasillo que había sido construido como si fuera un piso de tierra. Sasuke había visitado a Naruto bastantes veces como para saber que al final del pasillo donde se dejaba el equipaje estaba la Choza del Masaje, un lugar donde los cuerpos femeninos eran frotados y magreados por algún joven musculoso, más allá de la vista de los forasteros.
A veces Sasuke encontraba todo el lugar un poco agobiante. Era verdad que él era algo anticuado, del tipo dominante y posesivo, y los hombres así por naturaleza tendían a pensar más en su propia comodidad que en la de los otros, pero Sasuke pensaba realmente en los otros, y él no era del tipo que deseara que una mujer se inclinara ante él, sin importar lo bien que le pagaran por su obediencia.
Pero demonios, si hasta la propia hermana de Naruto y socia de negocio, Sakura, había decidido trabajar alguna vez alquilándose en el Resort. Ella lo habría hecho probablemente porque sentía ganas de divertirse, en un ataque de humor, pues definitivamente no necesitaba del dinero. Lejos de ello, de hecho. Y los habituales la habían amado porque ese tiempo había sido el único en que algunos de ellos pudieron ponerles las manos encima.
Sasuke nunca había estado con Sakura. Ella era la única hembra del mundo con la cual sentía que tenía un límite, todo porque le parecía más esa hermanita que nunca había tenido. Además Naruto lo mataría, reflexionó.
Por mucho que Sasuke viviera, nunca entendería cómo había llegado a ser un hombre tan, tan protector cuando Naruto podía dejar que su hermana menor se alquilara en el Resort. Dios sabía que hubo una ocasión en la que Sasuke había sentido el impulso sobre protector de cubrir su cuerpo desnudo y arrastrarla de espaldas al continente para que nadie pudiera tocarla.
Pero Sasuke era Sasuke y Naruto era Naruto. Los mejores amigos que se podía ser, pero sus personalidades eran mundos apartes.
—Allí. Es ella —murmuró Naruto, sacándolo de sus pensamientos—. ¿Caliente, verdad?
La mirada fija de Sasuke se posó sobre la mujer en cuestión. Le daba la espalda mientras se alejaba. Pero tenía que estar de acuerdo con ello. Condenadamente buena. Con cada bamboleo de sus caderas llenas, esa melena de cabellos azabache oscuro rebotaba vibrantemente, cayendo de su espalda y terminando justo encima de su redondo culo, ligeramente bronceado. Sintió a su pene ponerse rígido.
—Muy caliente.
—Sabía que te gustaría —dijo Naruto con una sonrisa.
Cuando Sasuke miró a la caliente mujer alejarse, se le ocurrió que su cascada del pelo azulado oscuro sería probablemente como el de su pequeña bruja si alguna vez lo sacara de aquel apretado nicho sepulcral.
Se encontró deseando que la cara de la pelinegra fuera tan hermosa e inteligente como la de la profesora, luego se amonestó por querer que la prostituta se pareciera a ella en todo.
—Quiero masajearla —se oyó decir Sasuke estruendosamente. No pareció sentirse capaz de esperar, pero allí estaba. Solo quería saber cómo se sentía ella.
Naruto se rió entre dientes.
—Considéralo hecho.
* * * * *
La Choza del Masaje era una experiencia intensa para cualquier mujer cuya búsqueda más hedonista hasta ahora, además de ser acomodada por Naruto, había sido hallar placer en sus fantasías.
—Déjame ver si lo entendí —susurró Hinata a la mujer que se sentaba a su lado. El nombre de la rubia era Ino y había trabajado antes en una de estas excursiones—. ¿Van a atar capuchas de seda sobre nuestras cabezas de forma que no podamos ver quién nos toca? —Tragó bruscamente saliva, sintiéndose fuera de su elemento.
Ino sonrió abiertamente.
—Es realmente muy agradable. El objetivo es enseñar a tu cuerpo a responder ante un toque, a cualquier toque, porque no cada hombre que te toque durante los próximos cinco días será buen mozo. Lejos de ello, de hecho —dijo ella irónicamente.
Ella consideró esto durante un momento largo. Supuso que podría ver alguna luz tenue de lógica subyacente en esto, per…
La cara de Hinata se arrugó.
—¿No tendría más sentido que no tuviéramos la capucha y que varios hombres atractivos entren y nos toquen mientras miramos? —preguntó ella, su mente científica siempre analizaba y suponía todo.
Ino se encogió de hombros.
—Probablemente. Pero el asunto es que este es el modo en que se hace aquí, así que disfrútalo. —Ella sonrió abiertamente—. Pienso que disfrutarás de ello mucho más que tu primera noche aquí en que habrás tenido a Naruto para masturbarte.
Ella contuvo el aliento, concediéndole el punto.
—Relájate —dijo Ino con una sonrisa, acariciando su rodilla—. Te prometo que te divertirás mucho.
Y diversión era por lo qué Hinata estaba aquí. Ella sonrió despacio, luego asintió con la cabeza.
—Considérame relajada.
* * * * *
Allí. Es ella.
Sasuke dejó de respirar mientras se dirigía hacia el acolchado sofá dónde la pelinegra había sido atada con correas. Sus manos estaban atadas sobre su cabeza, y sus piernas estaban atadas extendidas y aseguradas a los costados, su cara estaba cubierta por una capucha de seda negra. Él sabía que era ella. El pelo azul oscuro de su sexo la delataba.
Demonios, estaba duro.
Y a él, decidió, le gustaba la capucha negra, porque al no ver su cara podía fingir que era su pequeña bruja.
Sasuke no se demoró. Solo apartó la vista de su cuerpo durante no más de unos segundos antes de que sus callosas manos alcanzaran sus pechos llenos y los tomaran.
Vio cómo sus pezones se pusieron duros inmediatamente, apuntándole y queriendo atención. Los masajeó con las yemas de sus pulgares, sus ojos se cerraron con excitación cuando un gemido bajo escapó de la cubierta de seda.
—¿Te gusta así, bebé? —le preguntó él con voz espesa.
De una manera rara, su cuerpo se endureció. Para luego, como si ella hubiera meditado algo y decidido desechar la idea totalmente, gimió afirmando.
La mirada de Sasuke cayó sobre su expuesto e hinchado coño. Sus ojos no tenían que ir demasiado lejos, porque los almohadones la habían levantado bastante del suelo, de modo que estaban al nivel de su cintura en un hombre de su altura.
Probablemente para hacer más cómodo el masaje y poder tocar a las mujeres sin necesidad de ponerse en cuclillas.
Incapaz de resistir, él frotó su erección de duro acero contra la carne de su vulva, y su dulce gemido lo hizo gemir suavemente. Se detuvo un momento y bajó su mano hacia su pantalón, e inmediatamente notó que estaba mojado por su excitación
Las fosas nasales de Sasuke llamearon cuando una de sus manos dejó sus duros pezones y comenzó suavemente a acariciar sus labios, dejando en ellos suaves caricias como de pluma.
Su cuerpo se tensó con lo que parecía un gemido algo lejano, como de una mujer que había sido atada con una correa.
Su mandíbula se apretó mientras sus dedos encontraban su clítoris, y comenzó a trabajar en ellos en círculos lentos, metódicos.
Ella jadeó, su trasero se arqueó como invitándolo a follarla.
Sasuke quería follarla, maldición, quería hacerlo. Pero comprendía que esta noche estaba reservada estrictamente para masajear, por lo que sofocó el primitivo impulso de montarla como un animal y en cambio se conformó con acariciarla.
Él frotó su clítoris con más fuerza. Su miembro se endureció hasta que sus pelotas le dolieron cuando sintió que sus jugos saturaban su mano.
—Quiero probar tu coño —le dijo él en voz ronca. Bajó su cabeza e hizo entrar su clítoris en el calor de su boca y lo amamantó—. ¿Puedo? —masculló él después de rodear el pedazo aumentado de carne.
Ella se opuso como si intentara alejar su sexo de su cara, mientras sus gemidos se volvían más fuertes.
—Buena chica —murmuró él.
Sus callosas manos se alzaron para apoyarse y masajear sus pezones, y su boca se sujetó con fuerza y firmemente en su clítoris mientras él sepultaba su cara en su coño.
Hinata nunca había estado más excitada en toda su vida. Ino había dicho la verdad. Ser encapuchada era algo recomendable. Todos sus sentidos estaban más alertas con sus ojos vendados, incluyendo su sentido de la sensación .
Este hombre cuya cara estaba sepultada entre sus piernas —¡este hombre de todos los hombres posibles, que le había sonado durante un momento espantoso, como si fuera Sasuke Uchiha!— en verdad sabía comer de su coño. Su garganta hacía todos esos sonidos y gruñidos embriagadores mientras daba vueltas por él, y podía oírlo bebiendo ruidosamente de su clítoris y chupándola repetidamente en su boca
—Ah —gimió ella, arqueando su trasero.
Ella tembló cuando sus pulgares comenzaron a masajear sus duros pezones en metódicos círculos, chasqueándolos de acá para allá, sus labios y lengua la estaban llevando al borde con la firme presión que aplicaba a su clítoris.
Y luego su cara se zambulló más duro en su sexo, con uno de esos gruñidos atractivos, y él chupó en su clítoris con tanta fuerza que ella pensó que iba a romperse en un millón de pedazos. Ella gimió en voz alta, sus pezones apuñalaron sus dedos cuando la parte inferior de su cuerpo comenzó a temblar involuntariamente.
—Sí.
Ella se vino en un gemido histérico, mascullando incoherencias mientras se arqueaba y empujaba su coño en su cara como si quisiera que la devorara. Podía sentir la sangre que se precipitaba caliente por su cara y hacía que sus pezones se pusiesen rígidos al punto del dolor. Pudo sentir sus paredes vaginales contrayéndose cuando se vino con fuerza y violentamente.
Él gruñó contra su vagina como un perro con un hueso, rechazando abandonar su clítoris. Ella se sentía muy sensible debido a su orgasmo, pero la presión de doloroso placer la hizo gritar. Él chupó más y más duro de todos modos, bebiendo ruidosamente su clítoris y amamantándolo hasta que ella pensó que ella se volvería loca.
—¡No puedo más! —le pidió ella.
Pero él no escuchó. Chupaba en su clítoris más duro, llevándola hacia un lugar que jamás antes había estado, porque ella siempre se detenía después de un orgasmo que la dejaba ultrasensible.
Cuando ella se vino esta vez fue tan duro que vio estrellas.
—Oh Dios. —Sus nalgas se contrajeron ofreciéndole todo lo que él quisiera de su sexo—. Sí.
Pasaron otros quince minutos y dos violentos orgasmos más antes de que el apetito por la comida de su coño lo dejara saciado. Cuando su cara finalmente dejó su sexo estaba empapada, para después pasar duros minutos chupando sus pezones como si fueran chupetines, mientras consentía el triángulo oscuro que relucía con sus callosos dedos que se movían entre los suaves rizos como si los poseyera.
— Buena chica —murmuró él, elogiando su respuesta física. Y luego se marchó.
Un largo momento pasó en quieta tranquilidad. Hinata contuvo el aliento, sonriendo abiertamente debajo la capucha de seda negra. Lamentaba no haber visto su cara, porque estaba segura de que acababa de enamorarse.
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Las cosas empiezan a poner locas locas xD espero que hayan disfrutado este capitulo.
