POSESION

La obra le pertenece a Jaid Black esta es solo una adaptación, los personajes son de "Naruto" de Masashi Kishimoto

Advertencia:

El siguiente material incluye contenido sexual gráfico para lectores adultos. Esta historia ha sido calificada como una obra de contenido MA

Las escenas de amor de contenido erótico son explícitas, no dejan nada librado a la imaginación y el volumen de las palabras es elevado por la frecuencia de las mismas. Además, es posible que algunos títulos calificados como MA incluyan material de fantasía que ciertos lectores podrían considerar objetable, como: prácticas sexuales, sumisión, seducciones forzadas, etc.

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Capítulo 4

Todavía desnuda, y puesto que no se le permitía el uso de ropa durante los cinco días siguientes, Hinata se contempló en el espejo de cuerpo entero alojado dentro de la choza grande que compartía con otras cuatro novatas, más tres mujeres que habían trabajado antes en una o dos excursiones en la isla.

No podía creerlo, pero su nueva amiga Ino había tenido razón. Realmente parecía una mujer diferente con maquillaje.

—Wow.

Ino se rió entre dientes cuando se paseó delante de ella.

—Te lo dije. —Le sonrió abiertamente en el espejo—. Estas magnífica, Hina.

Hinata se mordisqueó el labio inferior.

—¿Piensas que debería utilizar un alias aquí? Quiero decir, ¿y si alguien de la universidad dice...?

—Francamente, yo no me preocuparía por eso —le aseguró la rubia escultural.

—Nadie aquí se atrevería a decir una palabra porque si no, en primer lugar, tendrían que confesar donde te vieron. —Se acercó a su lado y comenzó a aplicar un bálsamo con sabor a los labios de Hinata con el dedo índice—. Confía en mí. Ninguno de los hombres que vienen aquí arriesgaría así su cuello. —Ella sonrió abiertamente—. ¿Estupendo, verdad?

Hinata resopló, dándole la razón cuando recordó al hombre que la había lamido la noche anterior. Ella juntó sus labios y saboreó el bálsamo.

—Mmm. Sabe a coco.

—Sí, a mí me encanta. —Ino aplicó el bálsamo a sus propios labios y los lamió—. Es casi como un combinado de piña.

—Hablando de combinados de piña, ¿conseguiremos alguna vez algo de descanso y tiempo para relajarnos durante los siguientes cinco días? —Ella sonrió—. Ya sabes, ¿algo de tiempo lejos de los hombres para estar solo con las chicas cuando estés harta de ser sumisa?

Ino se rió entre dientes mientras se aplicaba aceite de coco en los pezones. Después le pasó el pequeño frasco a Hinata para que lo usara, mientras ella comenzaba a aplicarse la crema perfumada.

—Definitivamente. Esta noche, cuando todas las barras interiores se cierren a las tres de la mañana, tendremos una posibilidad para relajarnos. Eso es muy agradable. Igual que los masajes, te ayuda a prepararte para la gran noche de mañana.

Hinata asintió. En la Choza de Instrucción le habían enseñado con velocidad cómo se trabajaba en la excursión de cinco días. Esta noche, la primera, la regla principal era no tener sexo. Naruto permitía a los clientes tocar y acariciar a las mujeres, pero nada más. Sakura lo había llamado Día de Caricias, y había explicado con una sonrisa que cuando a la tercera noche los hombres rondaran alrededor, estarían tan desesperados por los servicios femeninos que pagarían precios extra fuertes por el placer de tenerlos.

Pero a Hinata no le preocupaba el dinero. Ella quería sexo.

La ponía nerviosa pensar en esa noche, pero también la esperaba con más ilusión de lo que había esperado nada en su vida.

—¿Qué pasará en el segundo día? —preguntó Hinata mientras impregnaba con el aceite de coco sus pezones.

—El segundo día es el Día de Exploración —le recordó Ino mientras se inclinaba en el espejo para aplicarse el rimel—. Durante el Día de Exploración los hombres compiten en cierto modo como en una feria estatal. Todos los premios de competición son mujeres, nosotras —clarificó ella—. Los días tres, cuatro y cinco se llaman Días de Sumisión —siguió ella—. Durante el tercer día te dan a cualquier amo que haya pagado el precio más alto por ti en la subasta y serás suya hasta que la excursión haya terminado.

Hinata arqueó sus cejas de modo pensativo mientras se aplicaba rimel.

—¿Muchos hombres pagan por «poseer» a más de una mujer?

Ino se encogió de hombros mientras recogía el rimel y el lápiz de ojos.

—Depende del tipo y lo que quiera. Algunos de ellos compran a tres o cuatro mujeres y algunos están contentos con una sola. Algunos tipos quieren intimidad para pasar tres días y sus noches con una esclava, mientras que otros prefieren mantener una relación personal con varias.

—¡Eh! Interesante.

Ino sonrió abiertamente ante el espejo.

—Realmente lo es. Cuando te marches de aquí conocerás más sobre la psique del hombre de lo que nunca quisiste.

Hinata resopló. Cruzó los brazos bajo sus pechos mientras miraba distraídamente cómo Ino terminaba de aplicarse el resto del maquillaje.

—¿Qué haces en la vida real?

Ino la miró por encima de su hombro.

—Doy clase a tercer grado, si te lo puedes creer.

Hinata sonrió abiertamente, exponiendo los hoyuelos de sus mejillas.

—Yo soy antropóloga.

Ino se rió a carcajadas.

—Entonces, espera a ser excavada a fondo.

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Una hora más tarde, y después de aplicarse un aceite más suave que el de coco por el resto de su cuerpo, Hinata dejó la seguridad de la choza comunal y siguió a las otras mujeres al tercer piso, donde servirían en las distintas barras tiki* que tenían repartidas dentro del local.

Totalmente desnuda y con todo su exótico cuerpo lubricado, la sensación del aire fresco golpeando la piel desnuda la hacía sentir decididamente despierta. El balanceo suave de sus pechos cuando subió hasta el tercer piso sensibilizó sus pezones hasta ponerlos duros y grandes.

Podía sentir su corazón palpitar en su pecho, con un miedo frío y crudo. Y también, a la inversa, podía sentir su clítoris aumentando entre sus piernas con anticipación caliente y pura.

Esto es lo más distante que puedes llegar de ser una buena chica, Hinata. Saborea cada segundo de estos cinco días porque nunca podrás arriesgarte a volver a esta isla. Es demasiado arriesgado…

El sonido de risas y voces masculinas alcanzó sus oídos. Flotaba por el aire una mezcla de aroma fuerte de humo de puro, el olor dulce de las frutas tropicales y el aroma caro de comida de gourmet. Parecía como si los hombres se hubieran dispersado ya por todas partes del tercer piso, todos ellos en varias chozas tiki servidas con alimento y bebida.

Ella se humedeció los labios.

—¿Quién sirve las comidas? —susurró a Ino, con los ojos muy abiertos.

Ino echó un vistazo hacia ella, sus ojos azules tan abiertos como los lavanda de Hinata.

—Las mujeres que trabajan con regularidad en estas excursiones. Ellas saben que es menos probable que las vendan en la subasta porque son conocidas para los hombres, por eso compiten por los empleos de camareras para conseguir enormes propinas.

Hinata asintió. Podía ver que el nerviosismo de Ino era tangible, lo que la ayudó a calmarse, así como a sentirse más unida a la otra mujer. Entrecruzó sus dedos con los de ella.

—Esta bien —murmuró ella—. Vamos a pasarlo bien. Intenta recordar eso.

Ino apretó su mano.

—Lo sé —dijo ella deprisa—. Pero la anticipación está a punto de provocarme un paro cardíaco. Solo quiero que ocurra ya, por decirlo de alguna manera.

Hinata sonrió.

—Sé lo que quieres decir. Siento como si el corazón fuera a escapárseme del pecho. Pero ya casi estamos allí —susurró ella—. Una vez que veamos a los hombres y dejen de ser criaturas desconocidas para nosotras, será más fácil tratar con esta situación tan incómoda.

Ino medio resopló medió rió.

—Yo soy quién ha estado aquí antes. Debería ser yo quién te calmara.

Hinata se rió suavemente entre dientes, apretando su mano una vez más antes de dejarla caer.

—Ya te tocará a ti.

Ella tenía miedo de que al andar por la choza tiki juntas de las manos, los hombres asumieran que habían ido a ofrecerles un espectáculo de lesbianas para ellos. No pensaba que estuviera lista para tanto. Después de todo, hacía dos días había estado sentada en su casa mirando el History Channel con sus diez gatos.

Bien, vamos allá, pensó jadeante cuando terminaron de acercarse a la rampa hecha para subir las maletas y doblaron la esquina. Otros diez segundos y pasearemos por una de las chozas tiki totalmente desnudas delante de un puñado de hombres extraños. Y diez segundos más tarde hizo exactamente eso.

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Tiki: Bar con techo de paja al estilo hawaiano.

hola de nuevo!! el capitulo es muy corto así que subiré otro mas!!! buenas noticias para los seguidores de esta adaptación Jajaja