Las luces brillantes le hicieron despertar poco a poco. Sentía los miembros pesados y adoloridos y su cabeza parecía estar llena de algodón, no podía pensar bien y en realidad, la verdad es que no quería volver a su realidad.
Los pies le dolían y las heridas en el hombro y en la pierna las sentía arder. Dentro de su semi-inconsciencia, creyó escuchar una suave voz que le llamaba para despertar. Pero estaba tan cansado que volvió a quedarse dormido poco a poco. Se sentía adolorido pero al mismo tiempo rodeado de calor, de tibieza, y parecía que el frío perenne que siempre acompañaba a todas las personas en el complejo, se estaba esfumando poco a poco para ser reemplazado por esa calidez, esa suavidad donde sentía que su cuerpo se encontraba refugiado en ese momento.
Tras haber huído al abrigo de la oscuridad de la noche, no quería despertar para encontrarse de nuevo encerrado entre esas frías paredes del subterráneo donde se encontraba anteriormente. Ese era su mayor miedo, haber sufrido por escapar para que lo atraparan y lo arrastraran de nuevo a ese oscuro lugar. La inconsciencia del sueño le evitó pensar en todo eso por un momento y logró escapar de sus pensamientos por un rato más.
Sin quererlo en realidad, volvió a despertar un par de veces más, y en cada una de las ocasiones, creyó escuchar la misma voz suave llamándolo. Una voz que sentía casi como una caricia sutil cuando le hablaba, arrullándolo con su cadencia y su suave tono. Se removió suavemente al sentir presión en subrazo, para después despertar al sentir que un líquido se filtraba en su brazo y le ardía como el infierno.
- Ya basta por favor! No más! Ya no! Ya no! – gritaba el pequeño Omega mientras que intentaba echar su cuerpo hacia atrás y alejarse de ese dolor, todavía sin despertar del todo. Lo habían atrapado. No podía ver con claridad todavía, pero el dolor en su cuerpo le mostraba que volvía a estar dentro del complejo de tortura. Lágrimas corrieron libremente por sus mejillas mientras gritaba suplicando, sus feromonas enloquecidas de miedo. – No me torturen más, por favor! Déjenme morir! Déjenme morir! – Seguía manoteando y removiéndose de manera cada vez más violenta.
- Cálmate! Por favor, basta! Es solamente lisina! Sé que duele y arde bastante, pero te aseguro que va a ayudarte a sentir mejor en unos minutos! - Alguien intentaba calmarlo.
Una mano suave lo tomó de los brazos con firmeza, pero sin lastimarlo. – Te vas a lastimar si te sigues moviendo de esa manera. – A pesar de hablarle de manera firme, la voz era suave, como intentando calmar no solamente su cuerpo sino también su mente. El Omega sintió una oleada de feromonas acompañando el contacto.
El toque y las feromonas enviaron una corriente de calma a través del Omega, quien tras mucho temor abrió por fin los ojos, intentando fijarlos en la fuente de la voz. Su vista nunca había sido buena, así que no podía ver con claridad a la persona frente a él, pero reconocía colores entre las motas irreconocibles que eran las cosas y las luces a su alrededor, además de poder oler perfectamente bien. Había otra persona a su lado a quien tampoco podía ver con claridad, pero tenía un olor diferente. Realmente estaba bastante cegatón. Nunca lo había odiado tanto. Porque con ese ligero toque de la persona frente a él se había sentido más protegido que nunca antes y no podía distinguir su rostro.
- Gracias. – Dijo la primera voz, la voz a su lado. – Temía que te lastimaras si seguías removiéndote de esa forma. Estás seguro aquí. Nosotros vamos a cuidarlos de ahora en adelante.
Por alguna razón extraña, ese "cuidarlos" había provocado que el pequeño frunciera el ceño. Cómo podían saberlo? Quiénes eran?
Se quejó por una nueva oleada de dolor en su brazo.
Dentro de su incapacidad para ver con claridad, entendía lo que estaba conectado a su extremidad superior. Era una vía de canalización. Las conocía perfectamente. Todos ellos habían pasado en al menos una ocasión por la enfermería del lugar cuando el producto que llevaban no cumplía con las características genéticas requeridas por sus "clientes", obligando a sus cuerpos a deshacerse de "eso" antes de que lograra afirmarse lo suficiente en el cuerpo de sus madres. Lo había leído en la biblioteca, el nombre era "aborto". No quería pasar de nuevo por ello.
- Mi… - Sus ojos se abrieron desmesuradamente llevando la mano a su vientre, recordando que la persona frente a él había dicho que iba a cuidarlos a ambos, sus feromonas de nuevo temerosas.
- Tu bebé? Tranquilo, está bien. Su peso es menor al normal en esta etapa del desarrollo. Pero puede arreglarse con algunos suplementos y otras medidas. El medicamento no va a dañarlo, no es recomendable usarlo, pero la dosis que usamos es la mínima necesaria para que te haga efecto, y no lastime al bebé. No podíamos usar algo más fuerte como la buprenofina porque eso lo dañaría. Vamos a mantenerlos a salvo.
El Omega no entendía lo que estaban diciéndole, pero escuchar que usaban términos donde enfatizaban que no iba a hacerle daño a su bebé lo hizo respirar aliviado. Dejó que el medicamento hiciera efecto durante un rato, suspirando al sentir que el dolor se iba por un momento. Volteó a ver a la persona que le había hablado antes ya más calmado, su aroma demostrándolo.
- Quienes son ustedes? Dónde estoy?
- Perdona. – La voz sonaba como que estaba sonriendo, y eso trajo una sonrisa leve a su rostro también. Qué diablos le pasaba? Era demasiado extraño… Y repulsivo de cierta manera, no debía estar sonriendo cuando acababa de pasar por algo tan pesado, pero la voz lo invitaba a sonreír como si viniera de una fuente de felicidad inagotable. – Me refería a mi hermano y a mí. Estás en el Hospital Clínico Regional de PA Bayadina, en el área de Murmansk, en Rusia, pero puedes decirle simplemente el Gobuz. Me llamo Viktor, y él es mi hermano Yuri. Cuál es tu nombre?
- Yuuri. – Contestó con un hilo de voz. En su paso por la biblioteca nunca creyó encontrarse en Rusia. Estaba desconcertado y no pudo contestar más que una palabra.
La voz que lo había calmado, quien estaba a su lado, respondió con un leve toque de sarcasmo e irritación en sus feromonas y en la voz.
- Yai! Otro Yuri! Qué emoción! – levantó las manos en forma de estrellitas. Era la misma voz que lo acompañaba cada vez que despertaba, la que lo había calmado antes, pero ahora sonaba algo harta. No lo culpaba, todos ellos, como Omegas, eran basura para el resto del mundo, eso les repetían en "La Fábrica" una y otra vez, además, no tenían familia, no tenían hogar, solamente tenían la capacidad de procrear por encargo, aún a pesar de que todos estaban dentro no tenían verdaderos amigos. Pero se sentía furioso de repente. Había pasado por un infierno, no tenían derecho a burlarse de una de las pocas cosas que tenía que era solamente suyo: su nombre.
- No soy Yuri, soy Yuuri. Hay una ligera diferencia si tus oídos alcanzan a notar. – Había hablado de manera muy suave, algo temerosa todavía pero firme, y su réplica se había escuchado a la perfección, sus feromonas se sentían desafiantes. El llamado Viktor comenzó a reír al olerlas.
- Vaya, el gatito tiene garras. Cuidado si no quieres que las use contigo, hermanito. – El otro Yuri solamente bufó en respuesta.
- Pues si el "gatito" que dices ya está despierto y calmado necesito que me autorices a interrogarlo entonces.
- Todavía es muy pronto. Pero veremos si mañana podemos hacerlo.
- Te recuerdo, hermano. – Dijo con una voz cargada de amenaza. Una voz cuyo sonido que envió un escalofrío por la espalda del Omega aún antes de oler las feromonas que acompañaban las palabras. – En estos casos es urgente reaccionar de manera inmediata, de otra manera se pueden perder pistas cruciales, o incluso perder todo si no actuamos con premura.
- Acaba de despertar, Yuri. No hagas esto.
El Omega no entendía correctamente todo lo que sucedía. Levantó la mano que no tenía atada al suero y les pidió detenerse con solo ademán.
- Podrían simplemente explicarme qué pasa?
El hombre con quien compartía el nombre se acercó y Yuuri pudo ver un poco mejor a la persona, claro, dentro de su visión borrosa. Era alto, y llevaba ropa negra, parecía tener botones o algo así. Entrecerró los ojos para intentar verlo mejor. Era un uniforme? Parecía un uniforme ciertamente. De verdad odiaba no ver bien.
El hombre que se acercó ciertamente no vestía un uniforme, sino un traje completamente negro, con el saco cerrado. Sonrió un poco ante la expresión del Omega frente a él. Entrecerraba los ojos como una persona miope, y se inclinaba hacia él intentado ver algo. Inconscientemente sonrió. Su expresión era inmensamente tierna. Se sorprendió ante el pensamiento y se regañó a sí mismo por tenerlo. Era un polizón en un tren de Murmansk.
Según el conductor había visto al pequeño correr mientras era atacado por unos lobos o perros o algo, y después se había desplomado tras pedirle ayuda, pero no había querido detenerse por temor a un atraco. Maldijo al conductor. Cuando había llamado a la policía investigadora, tras revisar el tren y encontrar lo que creyó era un muerto casi desnudo en el descansillo del último vagón del tren, había intentado por todos los medios justificar que no se había detenido, pero Yuri quería ahorcarlo. Una persona corriendo a mitad de la noche entre la nieve, solitaria, sin ropa, siendo atacada por unos lobos gritando auxilio era algo que no podías ignorar y con la velocidad del tren tremendamente disminuída por la nevada y la curva… y no quiso detenerse aunque le pidieron ayuda… Eso no era por miedo, era por imbécil.
Una vida era una vida, o mejor dicho, dos en este caso. Su hermano le había hecho todas las pruebas posibles al muchacho, incluyendo para confirmar, una ecografía, el Omega tenía una mini elevación en su vientre, pero su hermano era un médico tremendamente diligente que le dijo que era necesario confirmar un embarazo, u otra cosa.
Así, Yuri había visto por primera vez en sus 25 años de vida, a una personita materializarse en un monitor. Al principio no le encontró forma, pero después su hermano le había descrito poco a poco lo que era al ver su ceño fruncido, y reconoció parte por parte a un pequeño bebé de unas 12 semanas aproximadamente. Pero un Perinatólogo les había dicho que en realidad el feto era mayor, de unas 16 semanas y eso quería decir que estaba muy por debajo de su desarrollo.
Yuri había volteado en ese momento al ver al Omega inconsciente todavía. No podía evitar preguntarse qué tanto había sufrido esa persona. Aunque era un polizón, estaba seguro de que estaba huyendo de algo y podía ser un caso importante. El hombre era mucho más bajo que él y parecía estar desnutrido, vestía harapos que le cubrían muy apenas el cuerpo y no llevaba zapatos. Habían tenido que tratarlo de urgencia por hipotermia y congelamiento de los dedos de manos y pies, afortunadamente habían logrado salvárselos, y habían salvado también a su producto, no iba a llamarlo bebé todavía, o tal vez este feto se había aferrado a la vida en el vientre de su… cómo llamarlo? Madre? Padre? Joder! No sabía cómo explicarlo.
Era la primera vez que estaba tan cerca de un Omega aunque sabía que existían, obviamente, pero al ser Alfas dentro de una familia de renombre, solamente se habían relacionado con otros Alfas. Los Betas y los Omegas estaban separados de ellos en la escuela por edificios y campos completos; la servidumbre de su casa eran solamente Betas, y debido a su condición familiar, no le permitían a ningún Omega acercarse a ellos, se consideraban una basura en la sociedad, si acaso un mal necesario para la reproducción cuando todo lo demás fallaba; incluso en su trabajo como investigador policial, todos eran Alfas, y cuando una o un Omega se acercaba demasiado al cuerpo de élite de la policía, siempre había alguien que se aseguraba de ponerlos en su lugar. Así que Yuri, quien definitivamente no estaba acostumbrado a tratar con Omegas, fue enviado a investigar la "muerte" de un hombre en un tren… Alguien que no estaba muerto, que era un Omega, que estaba embarazado y peor, que de alguna manera sentía que algo lo llamaba a estar cerca de él. Su aroma era embriagador aunque estaba dormido, haciendo que deseara enterrar la nariz en sus cabellos y llenarse de ese olor, llevarlo en su piel todo el día, orgulloso de portarlo como insignia.
Se había quedado acompañándolo en el hospital por tres días, hablándole cuando parecía despertar, sosteniendo su mano cuando empezaba a agitarse como si fuera a gritar. Todo era por el caso, claro, tenía que estar presente todo el tiempo para ser el primero en tomar su declaración cuando despertara; tomaba su mano porque si se arrancaba el yelco o se caía de la cama podía lastimarse más… y eso sólo significaba más tiempo de recuperación y menos para su declaración, por supuesto. Su hermano sonreía descaradamente cuando le decía esto, como si supiera algo que él ignoraba. Y vaya que lo hacía.
En su trabajo como doctor, Viktor había encontrado de todo y había tratado con todos, de manera que entendía la fascinación de su hermano por el Omega. Las primeras veces que él se había topado con ellos le había pasado algo similar. Quería saber todo sobre los Omegas, si había diferencias biológicas fuera de su capacidad de embarazarse, si podían amamantar (cuando descubrió que sí casi se va de espaldas), si tenían un período menstrual como las mujeres y cuál era la diferencia entre el celo de ellos como Alfas y el de los Omegas. Esa fascinación se le pasaría a su hermano con el tiempo, igual que le ocurrió a él. Aunque debía admitir que el Omega a su cuidado era la cosa más bella en que sus ojos se habían posado.
A pesar de su obvia falta de peso, su cuerpo sucio y sus harapos, tenía una piel de porcelana bajo las capas de mugre cuando lo bañaron las enfermeras, unas pestañas enormes enmarcaban sus ojos todavía cerrados y su cabello se sentía sedoso entre sus dedos, lo hacía querer pasar los dedos a través de sus hebras todo el tiempo. El aroma que desprendía aún inconsciente le hacía recordar el aroma del bosque en primavera, cuando árboles y plantas despiertan, era embriagador. En Rusia, donde se encontraban, era muy extraño ver esa combinación de características físicas. Sus cabellos no eran azabaches, no eran tan pequeños, no tenían cuerpos tan frágiles que hacían que quisieras tomarlos entre tus brazos y protegerlos de todos y de todo. Y cuando despertó, gritando, huyendo del dolor, vencido por el miedo y pidiendo morir, con sus feromonas furiosamente aterradas, desconsoladas, hizo que su corazón se estrujara tanto que si su hermano no hubiera estado ahí lo habría tomado en sus brazos, abrazándolo hasta que se calmara.
Pero de pronto abrió sus ojos. Aún y con sus rasgos obviamente asiáticos, sus ojos eran enormes pozos castaños, brillaban, lo hacían querer perderse en ellos. Y su voz… cuando habló después de casi media hora de manera más calmada, su voz hizo que algo que no era curiosidad, se agitara dentro de su pecho. Su aroma seguía demostrando temor, pero ahora estaba empezando a calmarse un poco. En el bosque al que el aroma le recordaba, un riachuelo se abrió paso entre el follaje… Viktor se sentía calmo y en paz. Paz que se vió interrumpida cuando Yuri habló.
- Lo que está sucediendo es que estás detenido por viajar de polizón en el tren de Murmansk. Pero tenías huellas de maltrato físico severo y estuviste a punto de morir. Así que tal vez dejemos eso de lado, si me respondes qué es esto que durante el exámen encontraron que llevabas entre las ropas. – Le mostró una cosa parecida a una aguja gruesa, con plumas anaranajadas en un extremo.
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Ok, ya saben que escribo muy largo o muy corto... esto salió demasiado largo... no me gusta la verdad escribir demasiado drama, pero todo tiene una razón de ser, aún las cosas más pequeñas, al menos en mi cabeza, así que todo va a irse explicando poco a poco, van a ver. Como les dije, no me gusta mucho drama, así que esta historia va a irse actualizando poco a poco, hasta ser algo más fluffy. Creo que ya comencé de hecho XD. Bueno, espero que esos cuatro lectores se queden, y mientras, los veo con la segunda parte. M. Meow, off.
