El hombre de piel aceitunada y cabellos negros abrió la puerta con una sonrisa y abrazó al rubio con fuerza, levantándolo, aunque era más bajo su fuerza era mucha más que la del rubio al trabajar al aire libre. – Bienvenido, uhcaviellja.

Yuri abrazó de regreso a su hermano con cariño.

- Viellja. – Se separó de él después de un poco, sonriendo, pero con los ojos serios, sus feromonas preocupadas. – Necesito tu ayuda, Otabek.

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Otabek conocía al Alfa desde que era apenas un cachorro, se veía como un gatito moribundo cuando su tribu lo encontró y él inmediatamente lo adoptó como su hermanito, su madre incapaz de parir de nuevo, ellos mismos adoptados dentro de esa misma tribu. Su padre vio con agrado el que su cachorro adoptara al rubio, aunque esperaba en realidad que fuera un Omega, después de que pudo recuperarse se dieron cuenta de que era hermoso y el hombre creía que el lazo formado entre los muchachos podría ser el de destinados. Cuando su Abuelo se lo llevó, aunque lo dejaba pasar mucho tiempo con ellos, poco a poco se dieron cuenta de que el hermoso rubio de ojos esmeraldas era un Alfa, y un Alfa de alto rango, así que se conformó con el lazo de hermanos que tenían. Esperaba en un murmullo secreto en el fondo de su corazón que el chico encontrado fuera la reencarnación del niño que su esposa y él perdieron y dejó a la Omega incapaz de parir una nueva vida o camada, tal vez por eso ella misma lo trajo de nuevo a la "vida" con sus cuidados y sus propias manos y remedios y Otabek lo tenía tan cerca de su corazón. Él mismo consideraba al ya hombre, alguien digno de tener un Omega valiente y capaz de domar a quien se creía un tigre, pero era como el cuento occidental que le contaba su esposa a sus cachorros, un león-cordero, de corazón valiente pero noble y amable, aunque no lo demostrara demasiado. Ahora, los ojos de Otabek veían a un Alfa más alto que él, con rasgos todavía un poco delicados, pero que podía ganarle en batalla en cualquier momento si las cosas se pusieran serias. Y se sentía jodidamente orgulloso de haber sido quien le había enseñado a hacerlo.

- Y bien, Gatito? Qué necesitas?

- Sabes que odio que me llames de esa manera, Beka. – El sami se rió de buena gana del gesto agrio de su hermano, pero se puso serio cuando el rubio relajó su gesto agrio y mostró un semblante preocupado. – Viellja, necesito ayuda para encontrar un sitio, un sitio en específico en el norte, posiblemente todavía en el Óblast de Múrmansk.

- Posiblemente? – Preguntó el sami de manera dubitativa mientras dejaba pasar a la sala a Yuri, sus feromonas olían a miedo y desesperación con un toque de desesperanza.

- Sí, ya sé, dime lo que quieras después acerca de cómo poder integrar bien una carpeta de investigaciones porque no quieres despegar tu culo del trasero de tu esposa. – Un socarrón "No es su culo lo que no quiere despegar de mi trasero!" le llegó desde la cocina mientras Mila salía con un par de vasos vodka especiado caliente. – Gracias, Bruja, ahora voy a tener pesadillas de nuevo con ustedes, a ver si ya se reproducen y dejan de estar como conejos en cada lugar de la casa

Mila le guiñó un ojo a Otabek con las feromonas de la Beta revoloteando felices, pero Otabek observó bien a Yuri, y se dio cuenta de que no solamente no era el momento, sino que había algo martirizando al muchacho. Le dio un par de palmadas cariñosas en el hombro.

- Calma, uhcaviellja. Respira. – dijo viendo las manos del muchacho ligeramente. – Aquí estoy, qué pasa?

Yurio se pasó la mano por la cabellera rubia en un movimiento ansioso.

- Muchas cosas… Una, tengo un caso de un Omega perdido que me urge resolver para poder cerrar la carpeta y poder ayudarlo con lo que de verdad necesita; dos, necesito tu ayuda porque solamente recuerda unos pocos datos del lugar de donde escapó; tres, necesito tu ayuda porque me está volviendo loco y no sé con quién más hablarlo, quiero decir, el hombre se está recuperando de tantas cosas y yo, y yo… No puedo dejar de verlo con deseo, Otabek. Me siento el peor malnacido del mundo porque está perdido en el mundo, no tiene a nadie, está embarazado y yo quiero ser el padre de ese bebé que está en su vientre y aparte hacerle llenar el mismo con muchos más, marcarlo de por vida y cada día. Me mira y me excito, me sonríe y me excito, lo veo dormido con sus largas pestañas y quiero besarlo hasta que despierte y sea mío. Por Dios, hasta cuando come como un Cerdo es lo más hermoso que he visto y olido. Es un aroma voluptuoso y floral, como una flor delicada y al mismo tiempo me avasalla. Sus jodidas hormonas me dicen más de lo que quiere decir con palabras y no puedo defenderme! Lo que es peor… No quiero hacerlo… - Terminó con voz queda después de su monólogo.

Otabek se había quedado sin palabras. Ese no era el hermano que él recordaba. Hosco, huraño, de frases cortas y ariscas. Parecía… Casi domado…

- Yuri, dices que puedes decir con precisión cuáles son los cambios en el olor de este Omega?

- No he fallado una sola vez cuando me dice que está hambriento. – Intentó bromear el Alfa.

- Yura, si lo que dices es cierto, podrías haber encontrado a tu destinado. Sabes? Te has portado más territorial a su alrededor? Has querido arrancarle a alguien los ojos por verlo o te vuelves consciente de la diferencia de su aroma dormido o despierto?

- Mi lobo aúlla desde lejos cada vez que entristece Otabek, pero sabes que no creo en esas tonterías de los destinados, digo, mírate; Mila y tú son la mejor pareja del mundo y no lo son. Que yo reconozca las hormonas de un Omega es eso extraño acaso?

- Yura. – Le dijo con los ojos muy abiertos. – Si el Omega está embarazado ni siquiera deberías de poder olerlo a él, sino una combinación de él y su cachorro.

- Claro que no! El cachorro huele distinto a Yuuri, es un tanto menos floral, es más fresco, como musgo que se abre paso entre el invierno antes de la llegada de la primavera.

El sami se quedó boquiabierto ante sus palabras, incluso su esposa estaba que no cabía del asombro.

- Yura, si tu lazo es tan fuerte como para sentirlo desde lejos, dime, sabes cómo se siente ahora mismo?

- Adormilado, con hambre y preocupado por alguien. – Dijo esto último con un pequeño gruñido.

Mila empezó a chillar como ardilla electrocutada en opinión de Yuri mientras daba saltitos alrededor de los hombres. El rubio con cara de "está loca" y su hermano con cara de complacencia por las acciones de los dos. Mila se tiró a los brazos del rubio, pero se movió cuando escuchó a Otabek gruñendo por lo bajo. Yurio volteó asombrado, su hermano jamás había hecho tal cosa en su vida.

- Beka?

- Lo siento, Yuri. – Fue Mila quien respondió. – Beka se siente muy territorial en estos momentos. – Se llevó la mano al vientre y sonrió de la misma manera en que Yuuri lo hacía, y éste notó de repente el cambio en las feromonas de ella.

- Estás con cachorro, mujer! Aléjate de mí, Otabek va a matarme si vuelves a acercarte más de lo debido. – Dijo dando un paso atrás con miedo. – No quiero morir antes de tener descendencia y no quiero que mi hermano me corte lo necesario para tenerla.

La Beta rió con alegría y saltó a abrazar al rubio de nuevo, cubriéndolo con sus hormonas y las de su bebé de alguna manera, así que Otabek pudo reprimir su impulso y volver a adoptar la actitud infantil que tenían cuando adoptaron a Yuri, se levantó y lo abrazó también, dándole un beso socarrón en la mejilla junto con Mila, quien lo hacía del otro lado mientras el rubio gritaba insultos a los dos, pero no podía permitirse lastimar a su cuñada. Sabía que los Betas tenían una tasa de reproducción mucho menor y que sus embarazos siempre eran más delicados, así que intentaba alejarse de ambos al mismo tiempo que los trataba como con pinzas de cristal. Los esposos volvieron a reírse de él.

- Aunque no lo creas, Yura, esta es la mejor noticia que nos pudiste haber dado. Tal vez incluso si te emparejas con el Omega podríamos unir definitivamente a nuestras familias en el futuro. – Dijo Otabek sonriendo.

- Mientras no me asfixien como ahora ni me llenen de sus babas todo está bien. Ya son suficientes las lágrimas, babas y mocos del Cerdo en mis camisas cuando anda hormonal. Y peor, deja los lentes de mi madre hechos un asco. Tengo que llevarlo a un oculista cuanto antes.

De nuevo se hizo el silencio. Yuri jamás dejaba que nadie arruinara su ropa de trabajo. Y sabían que los anteojos de su madre eran la posesión más preciada de Yuri, eso, y las ropas con las que sus padres lo cubrieron para mantenerlo caliente. El pelinegro volteó a ver a la pelirroja quien sintió decidida.

- Vamos a ver, hermano, dame todo lo que tengas de información para encontrar esa zona que dices.

La sonrisa de Yurio en ese momento aparentaba ser la de un ángel.

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Mientras tanto, en el hospital, Yuuri entraba a una terapia de grupos que le había recomendado su psiquiatra. Se llevaba a cabo en una habitación con un espejo en una pared y varias sillas formando un círculo. Era su primera vez yendo solo por los pasillos del hospital y se sentía extraño.

Al mediodía, el policía de cabellos rubios no había aparecido y estaba preocupado, aunque Viktor pasó a comer con él con la sonrisa más radiante que le había visto, diciendo algo de la suerte de que su hermano estuviera fuera de la ciudad. Al escuchar aquello, sin realmente estar seguro de por qué, Yuuri se sintió triste, pero intentó sonreír ante la invitación a comer de Viktor. Ya se había acostumbrado a los chistes malhumorados del rubio y aunque ordenaron comida especial de un restaurante, definitivamente no era lo mismo que la comida casera del rubio, aunque estuviera un poco quemada de vez en cuando. Viktor al parecer no había notado nada porque se la pasó hablando de las cosas que podría hacer cuando fuera dado de alta del hospital y de lo mucho que necesitaba un mayordomo en su casa, tanto para ocuparse de ella como de él mismo y su padre, quien había sido un investigador famoso pero ahora solamente era un retirado y malhumorado hombre que necesitaba alguien que lo hiciera sonreír. Incluso llegó a preguntarle si tal vez cuando saliera quisiera hacerlo por él. Estaba seguro de que el cachorro sería un gran aliciente para su padre, quien no veía la hora de tener nietos y ninguno de los muchachos parecían querer formar una familia. Yuuri se sintió un poco presionado y algo molesto, pero le dijo que iba a pensarlo, recibiendo a cambio un abrazo apretado del peliplateado que acelero su corazón e hizo que se sintiera un poco culpable por haber pensado siquiera en rechazar su oferta. Técnicamente sería sólo compañía de su padre, como un valet, o tal vez de los dos, recibiría un sueldo bueno y que incluía casa y comida para él y su cachorro. No podía pedir más, pero de alguna manera esperaba un poco más.

Cavilando en todo esto entraron el resto de los pacientes de la sesión, la mayor parte de tratamiento externo, pero algunos en internamiento todavía como él. Al ser paciente psiquiátrico, esperó ver a personas cuya sintomatología fuera evidente en extremo, topándose sin embargo con gente que aparentaba ser "normal" en cuanto a los cánones de la sociedad lo dictaban.

-Buenas tardes a todos, - Dijo la psicóloga al entrar y sentarse con una sonrisa amable. – Creo que todos saben para qué se encuentran aquí. Mi nombre es Kitamura Nina, vengo de Japón, y soy psicóloga con especialidad en grupos de impacto con manejo externo como ustedes. Este grupo en específico está formado con pacientes depresivos. – Su voz se volvió más grave y un poco más lenta, intentando grabar a fondo la idea en los pacientes. – Una depresión no es sencilla, pero una depresión de grado psiquiátrico tiene muchas variables. Puede ser orgánico, o sea que se nace con ello, o no orgánico, es decir, que factores externos hacen que aparezca. No son manipuladores. No son chantajistas. No son payasos. No están mintiendo. No están "locos". No son menos por estar enfermos, porque sí, aunque suena muy fuerte, el cerebro es igual que cualquier otro órgano en su cuerpo, se enferma, se desequilibra, y es cuando hay una enfermedad, que puede ser crónica, es decir, de toda la vida, o aguda, que es algo que se alivia en un tiempo. No lo vean como una limitante, porque bien llevada, una depresión puede ser vivida fuera de un hospital sin problemas, con los medicamentos adecuados, por eso trabajamos en conjunto con sus psiquiatras. Nos vamos a estar viendo tres veces a la semana en este grupo y ya depende de su psiquiatra las sesiones con ellos. – El tema de ese día iba a ser para hablar de los sueños y simbolismos, Yuuri se sintió enamorado de la terapia cuando una de las técnicas usadas, llamada "La tienda mágica", lo revirtió a todo aquello que había perdido de cachorro, y se encontró pidiendo un frasco lleno de felicidad para sus amigos al principio, pero recordó que todo tiene un precio que pagar, así que decidió cambiarlo por uno de felicidad para su cachorro, dando a cambio todos los días de trabajo que quedaran en su vida. La terapeuta sonrió satisfecha.

La sesión terminó demasiado rápido para la percepción de Yuuri, quien deseaba seguir aprendiendo y explorando las diversas maneras de sacar a la luz lo que deseaba y pensaba.

Salieron ya tarde, son el tiempo justo para cenar y dormir. Viktor fue a buscarlo en la silla de ruedas para llevarlo a su cuarto y cenar con él antes de retirarse. Yuuri no tuvo el valor de preguntarle por su hermano cuando el peliplateado le dijo con una hermosa sonrisa en forma de corazón que ese día había sido genial porque había logrado tenerlo solamente para él.

Aunque sus pensamientos estaban con un rubio malhumorado que a lo lejos, salía preparado para encontrar un sitio específico después de haber encontrado algunos marcadores en viejos mapas de los sami.