- Mierda! No puedo sentir mis jodidas mejillas, Otabek!

- Bu, bu. El pobre tigezdtito no recuerda lo que es una carrera en pleno invierno ruso. - Se burló inmisericorde el de cabellos negros. - Quién diría que trabajar en una oficina acabaría con el gran Tigre Ruso. He escuchado tus maullidos de gato asustado desde hace una hora. Y no hemos salido todavía del raiony. No hace ni un año que corrimos en la carrera anual y ganamos y ahora que se acercan las fechas de la nueva y tenemos que empezar a entrenar para la nueva temporada ya empiezas a flaquear. No recuerdo haberte dado tan poca resistencia en el tiempo que vivimos juntos. Necesitas ejercitarte más.

- Esto no tiene nada que ver, maldita sea! Hemos estado en estos malditos trineos todo el estúpido día y no hemos parado ni siquiera a comer, creo que puedo quejarme aunque sea un poco de estarle viendo el trasero a los perros por una vez. - El rubio no quería decir que en realidad quería detenerse a descansar para llamar al hospital y preguntar por Yuuri. Sabía que era una tontería, pero necesitaba de al menos poder escuchar su voz. Sus feromonas empezaron a revolotear preocupadas, sin embargo, con todo el equipo que llevaban aunado al esfuerzo que les exigían a sus perros, no le permitían a su compañero distinguirlas.

- Yuri. - le dijo su amigo de manera severa. - Sabes que en un buen día podemos recorrer 200 kilómetros con los perros, pero el tiempo es terrible, creo que si alcanzamos a llegar al punto donde tu Omega se encontró con el tren antes de que pase el día podemos contar con suerte, este clima donde la nieve se transforma en hielo es muy peligroso. Necesito que estés completamente enfocado en el camino, no debe faltar mucho por llegar según me contaste, debemos estar a menos de dos kilómetros y con suerte podremos llegar en una hora a paso cuidadoso.

Y vaya que el rubio lo sabía, había sido precisamente en ese clima que sus padres habían tenido el accidente, sin darse cuenta de la fina lluvia que caía combinada con la nieve y que formaba poco a poco una capa de hielo en el pavimento. Su padre tenía mucha habilidad para conducir en pavimento complicado por vivir en Rusia, pero su coche al parecer no se encontraba tan bien alineado como debería y en un momento pareció que el coche era empujado con el viento como una hoja. No recordaba más que gritos y el volanteo de su padre intentando recuperar el control del vehículo. En su asiento infantil estaba seguro, pero sus padres no se encontraban del todo bien, las bolsas de aire habían fracturado las costillas y algunas de los huesos faciales de ambos. El coche no había volcado, pero habían chocado aparatosamente contra un árbol y el coche había prácticamente doblado alrededor de él. Como pudieron, sus padres se aseguraron de que su pequeño cachorro estuviera caliente y protegido mientras intentaban encontrar una bengala para señalar su localización mientras llegaban los vehículos de emergencia, para su infortunio, sus celulares no aparecían por ningún lado y ninguno de los dos podía moverse del todo bien, así que en lugar de poder esperar tranquilamente por ayuda tuvieron que morir de hipotermia mientras intentaban que al menos su cachorro estuviera con vida. Cuando los sami los habían descubierto el niño apenas estaba con vida, pero el deseo de los padres se había cumplido y ahora por fin se encontraba a salvo. Si quería que Yuuri se encontrara igual, tenía que hacer lo mismo y proteger al Omega con todas sus fuerzas. Se llevó la mano al corazón y pensó profundamente en el chico que estaba a muchos kilómetros de ahí.

Una silenciosa oración al viento.

- Por favor, Yuuri. Espera por mí.


En el hospital, Yuuri descansaba un poco en la cama mientras esperaba con ansias la llegada de su rubio amigo. Ya le habían dicho que estaba fuera por asuntos de su caso y estaba preocupado. No quería que fuera a pasarle nada en ese lugar. Después de todo había muchas personas malas ahí aunque también buenas como sus amigos. Esperaba muy en el fondo, con una pizca de esperanza que todos se encontraran todavía ahí.

Cerró los ojos mientras intentaba recordar el aroma del rubio a su lado. Ese aroma amaderado que era tan particular, algo como combinado con notas dulces, era embriagador para el Omega en la cama, y de nuevo se encontraba comparándolo al aroma fresco de su hermano mayor, que era como el del aire fresco justo en las horas antes del alba. Dejó vagar su mente y recordó la técnica de terapia anterior. "La Tienda Mágica" era un recurso que le permitía imaginar innumerables posibilidades. Podía intercambiar un día de felicidad por el de un día de buena suerte o de felicidad para una persona sumida en la desesperación como él. O tal vez un camino de huida como el que él había encontrado. Pero lo que más le había gustado hasta ese momento era la idea de poder tener a su bebé en brazos y no tener que mendigar más amabilidad de las personas que se encontraban cuidando de él y de su bebé. Quería poder hacer algo por ellos y se dejó llevar por su imaginación hasta un lugar donde podía hacerlo, donde tal vez podría ayudarles a ambos dentro de sus empleos, aunque en verdad su corazón se cargaba más hacia el lado del rubio que el de su hermano peli plateado. Con los lentes que Yuri le había prestado, había podido ver las facciones del Dr. Nikiforov y podía notar que eran increíblemente perfiladas al grado de parecer un busto griego o romano. Eran unas facciones clásicas y ciertamente atractivas, y esos ojos azules eran indudablemente hermosos. Su voz era suave, amable y lo hacía sonreír cuando llegaba por las noches a contarle de sus acontecimientos en la consulta diaria. Pero... seguía intentando descubrir a su hermano rubio en las facciones del mayor.

La primera vez que se dio cuenta casi se le sale el corazón de los nervios y de la culpa por haber estado ignorando las atenciones del hombre, intentando seguir sus palabras, pero el hecho de haberse hecho consciente de lo que estaba haciendo no hizo más que incrementar el efecto y su acción. Cada gesto, palabra, movimiento. Pero eran completamente contrarios, y eso no hacía más que incrementar sus ganas de verlo. Afortunadamente a la hora de la comida el rubio se presentó para permitirle de nuevo dejar de lado esos pensamientos extraños y enfocarse en lo que de verdad importaba, y que no era buscar al detective en el doctor, sino recuperarse lo antes posible para salir de ahí a buscar un trabajo. Seguía dándole vueltas al ofrecimiento de Viktor sin llegar a ningún lado. Por alguna razón se sentía algo atemorizado de aceptar el ofrecimiento, y no le gustaba sentirse así porque le recordaba el sentimiento que vivía día con día dentro de la Fábrica. Tendría que contarle al rubio cuando regresara del ofrecimiento de Viktor, aunque estaba casi seguro de que su hermano iba a estallar. Sonriendo ante la imagen que su mente le mostraba del hombre de temperamento incendiario y sus rabietas comenzó a acariciar su vientre con suavidad. Tenía que ser honesto consigo mismo y con su bebé: Extrañaba el calor y el aroma suave y amaderado del rubio y, esperaba poder verlo lo antes posible. Podía sentirlo aunque estuviera muy lejos. Casi podía jurar que lo escuchaba decirle que tuviera cuidado. E intentó transmitirle lo mismo desde su corazón.

No podía entender por qué estaba seguro de que el rubio malhumorado lo escucharía donde quiera que este se encontrara, sin embargo...

En un libro de la magra biblioteca de La Fábrica se había encontrado un libro alguna vez que hablaba de las relaciones que tenían los Alfas y los Omegas, donde explicaban el lazo entre almas destinadas, era muy extraño, pero desde que había leído al respecto le era casi imposible el lograr detener el deseo de que en algún momento pudiera encontrarlo. Si tenía que ser sincero consigo mismo, le gustaría que fuera alguien como el rubio quien se preocupaba por él al grado de ir a buscar el lugar de donde provenía y hacer justicia pero, tenía que ser realista: Era un Omega usado, llevaba en el vientre el hijo de un completo desconocido, - aunque afortunadamente en ese caso no había sido producto de una violación sino de un proceso de implantación al que varios de ellos habían sometido, siendo él el único cuyo producto se había logrado implantar de manera correcta, al menos hasta que había escapado de La Fábrica. - no cumplía con los estándares de belleza de todos a quienes veía a su alrededor, nadie era de cabellos oscuros ni de baja estatura, y el embarazo y la comida definitivamente estaban haciendo que cada vez se viera más... redondito... pensó apesadumbrado. Pero todo valía la pena si su hijo estaba bien, pensó mientras volvía a acariciar su vientre despacio.

La terapia con el psiquiatra ya había calmado un poco su sentir y ahora podía decir con total seguridad que no solamente quería escapar de La Fábrica para que su hijo no tuviera que pasar por esa pesadilla, quería salir de ahí para darle todo eso que él nunca tuvo y además se permitía pensar de manera egoísta, porque en realidad también quería vivirlo por y para él mismo. Quería salir y conocer el mundo, escuchar música en vivo, correr y saltar sin miedo, quería poder aprender a patinar como su amigo Phichit, que era un beta elegido para llevarles alimentos y cuidar de ellos mientras se encontraban en la habitación comunal donde vivían. Era quien había podido darles un poco de alegría a todos con sus ocurrencias. Aunque sabía que no podía decir o hacer demasiadas cosas debido a todas las restricciones que le ponían las personas que dirigían el lugar. Al principio, había sido solamente un tailandés engañado por unos traficantes de personas que se lo llevaron de su país de origen a donde se encontraban ahora. Sin conocer el idioma ni dónde se encontraba exactamente, el pobre beta se encontraba en la misma situación que él y el resto de los Omegas. Al menos él podía evitar las desagradables consecuencias que acompañaban a este sexo secundario. Pero la alegría del muchacho de tez morena no tardó en abrirse paso en el corazón del Omega.

- Yuuri! Por qué siempre eres tan malo conmigo?

- Te juro que no entiendo a qué te refieres, Phichit.

- Claro que sí! Me has ganado en las cartas el postre durante las últimas tres semanas y ahora no me quieres dar la revancha! A mí! A tu amigo querido. A quien se desvela pensando todas las noches en cómo estarás durmiendo. Quien ha sido lo suficientemente paciente contigo para enseñarte mi idioma. Quien ha soportado frío y hambre para que tú comas y vistas.- En ese momento Yuuri se echó a reír.

- Cuándo has sufrido hambre o frío por mi causa, Phichit?

- Bueno, sabes que podría hacerlo si hiciera falta. - dijo, aunque algo dubitativo. Yuuri siguió riendo mientras posaba la mano en su todavía plano vientre para aplacar su risa cantarina un poco.

- Lo sé, Phichit, pero justamente ahora es cuando más necesito esos postres llenos de calorías. - El rosto del de piel morena se entristeció mientras volteaba hacia la ventana.

- Aún consideras hacerlo?

- No voy a pasar de nuevo por esto, Phichit. Cada vez es peor y no puedo dormir, tú lo has visto. - Phichit lo sabía, había sido él quien lo había encontrado en el baño, con las venas cercenadas casi hasta el hueso, al borde de la muerte. Y gracias a Dios que tenían en reserva sangre del tipo de sangre del hombre. Gracias a ello se había sabido la nacionalidad del muchacho. Era japonés. Y con un tipo de sangre tan raro que solamente habían 43 personas en el mundo con ella y, de esas, solamente eran 9 las donantes activas. Fue entonces cuando su cerebro pudo deducir dos cosas muy importantes pero a la vez aterradoras:

1. Quien llevaba las instalaciones debía ser en verdad una persona con conexiones médicas tan fuertes como para conseguir esa rara sangre "dorada o unicornio" de manera inmediata, y

2. Tenía el suficiente dinero para poder transportarla y mantener todo fuera del récord de donantes.

De lo que sí se enteró después fue de que regularmente le sacaban sangre al muchacho hasta que fue imposible seguirlo haciendo por su estado de gravidez. Y que estaba congelada para el momento en que Yuuri diera a luz.

Alguien se encontraba demasiado preocupado por que el niño o niña que llevara Yuuri en el vientre sobreviviera a todo.

Dentro de su habitación del hospital, un japonés que no sabía que lo era se llevaba la mano al corazón elevando la misma plegaria que un rubio al viento.

- Por favor, Yuri, ten cuidado. Espero por tí.


En la tundra helada, en esos momentos, un enorme cubo blanco se aparecía frente a los hombres en trineo. Más alto y hermético de lo que imaginaban, completamente ausente de ventanas visibles o de color que delatara su presencia.

Por fin habían llegado a "La Fábrica".


Chan chan chan chan

Ya me cansé del angst, ya empecé a soltar pistas por aquí y por allá desde el capítulo pasado. Espero que cuando descubran a qué me refiero lo disfruten. Muchas gracias. El siguiente capítulo va a ser un poco diferente, pero espero que no les desagrade.

Y por qué siento que 2200 y pico de palabras hacen un capítulo demasiado corto? Ustedes que dicen?

Besos y descansen.

M. Meow, off.