El enorme y amenazante cubo blanco se alzaba frente a ellos como un fantasma.

Vacío al parecer, no había luces ni movimiento en el interior o en el exterior, incluso las luces de emergencia se veían apagadas.

Yuri iba preparado para disparar en caso de ser necesario y su amigo Otabek tenía permiso de las autoridades para llevar armas de caza por su tribu. Era en parte algo anticlimático. Si eran honestos consigo mismos, habían llegado con la idea de tener que abrirse paso a través de innumerables enemigos y tener que llegar al fondo de todo para poder eliminar al principal "malo" de todo el plan. Pero simplemente el plan había fallado cuando ni había malo, y cuando ni siquiera había alguien a quién interrogar.

Dieron algunas vueltas por el complejo, todo parecía haber sido abandonado apenas unas horas antes y de manera apresurada. Incluso habían dejado equipo atrás, lo que hacía las cosas un poco más fáciles. Yuri le comunicó a sus superiores dónde estaba el lugar y les envió una transmisión en vivo de lo que estaba sucediendo. Iban a quedarse esperando a los refuerzos mientras se aseguraban de mantener el equipo olvidado a resguardo con la esperanza de encontrar a alguien que pudiera sacarle algo de jugo a esos discos. El oficial rezaba porque hubiera alguna información que no hubiera sido destruida por los nuevos softwares de protección de datos.

Empezaron a sacar las cosas que creyeron eran más sensistivas y a acumularlas cerca de la salida donde podrían ser encontradas con más facilidad por sus compañeros. El clima había mejorado de manera fascinante en un par de horas. Tanto que Yuri podía maldecir a todos los dioses que se podrían conocer en todos los continentes por haberlos detenido de llegar a ese lugar cuando descubrió que se encontraban a apenas unos pocos más de 60 kilómetros de la ciudad y que con la tormenta habían estado dando varias vueltas en vano. Gritó, pataleó e hizo todo el berrinche que pudo mientras los increpaba. A cualquier nombre que recordara, incluso de religiones de libros. Nadie se salvó de la furia del rubio.

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En el Gobuz, Yuuri se sentía extraño. Estaba en medio de la sesión con su psiquiatra cuando comenzó a sentirse frustrado, molesto, como si hubiera furia saliendo por cada poro de su cuerpo y tenía unas ganas inmensas de patear o golpear algo. Tomó la almohada y gritó en ella con todas sus fuerzas para apagar el sonido de los gritos. La psiquiatra se alarmó un momento por un episodio maníaco, pero después empezó a oler las feromonas que despedía el Omega, tan diferentes a las regulares.

- Yuuri - lo regañó con firmeza. - Estos no son tus sentimientos y tienes que dejarlos ir antes de que afecten tu avance y a tu bebé. - Le puso la mano en el brazo de manera conciliadora pero al mismo tiempo con autoridad para calmarlo.

Yuuri se llevó las manos a la cabeza y volvió a gritar con una frustración completamente anormal. Era cierto, había algo raro ahí. Como le dijo la doctora respiró de manera profunda y comenzó una meditación corta hasta que el sentimiento se retiró, listo para seguir con su sesión después de ese extraño suceso.

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Yuri en "La Fábrica" de pronto comenzó a sentirse más calmado, como si su furia fuera disminuyendo poco a poco. Aún así, antes de receder completamente, pateó un tanque cilíndrico con todas sus fuerzas de Alfa, haciendo un hueco en la pared y descubriendo niveles ocultos.

Fuera de la vista principal del cubo que era el edificio, se encontraban habitaciones, más salas médicas, algunas al parecer todavía con rastros de sangre, aunque estaba mal iluminado y podría no ser nada. Otabek se estremeció y se alegró de que Mila estuviera lejos, a salvo, y que fuera Beta. No podía creer que tales niveles de tráfico humano se llegaran a dar todavía en esta era. El olor no llegaba a ser nauseabundo pero definitivamente olía a negligencia y a humanidad dentro de ese lugar.

Movieron las luces de un lado a otro. Por las conversacio-, es decir, por el interrogatorio al que había sometido a Yuuri, el rubio conocía aproximadamente la localización de las cámaras donde deberían estar los Omegas, y efectivamente, al final de un pasillo, todos con un cuchillo presionando contra su cuello, encontró a las personas que había estado buscando por varios meses ya. Había logrado cumplirle a Yuuri la promesa de rescatar a algunos de sus amigos; no estaba seguro de que todos estuvieran ahí, pero verlos lo llenó de alegría y de esperanza porque pudieran ayudar a la recuperación de su Yuuri, se corrigió mentalmente del pensamiento, pudiera ayudar a la recuperación del muchacho en el Gobuz.

- No vamos a dañarlos, tranquilos, yo soy policía, mi nombre es Yuuri Plisetski y este es mi mejor amigo y experto en la zona, Otabek Altin.

Un muchacho de piel un poco más acanelada que los demás se acercó hablando en un ruso precario, aunque parecía que todos los Omegas lo entendían.

- No podemos saber eso, señor, no tenemos ninguna prueba de su palabra.- El cuchillo se clavó más en el delgado cuello del muchacho.

- Mira, habla conmigo, es más, necesito hablar con Pichitokun

El moreno cambió de repente su expresión al escuchar el apodo que, aunque sonaba muy gracioso en aquél hombre de habla rusa, solamente podía saber si estaba en contacto con una persona.

- Estás de suerte entonces, vaquero. Phichit-kun a su servicio. Debo suponer entonces que Yuuri está bien, verdad? Su bebé? Las salidas son escasas y salió mal nutrido y lo persiguieron, cómo se encuentra?

Las preguntas asaltaron a la vez al rubio mientras el tailandés se acercaba todo lo posible para que pudieran darle respuestas a sus preguntas acerca de su amigo, y cuando escucharon el nombre de Yuuri todos parecieron relajarse y comenzar a acercarse.

Se encontraban charlando ya fuera de la prisión, con mantas térmicas que encontraron en las mismas instalaciones y bebiendo lo que al parecer eran paquetes de alimentos energéticos para mantener la masa muscular, y vaya que los pobres la necesitaban, parecía que estaban en los huesos, aunque ninguno se veía tan frágil y necesitado como el Omega que dormía plácidamente en la cama del hospital. O eso decía él.

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En realidad, Yuuri no había alcanzado a calmarse del todo aún después de la sesión con su terapeuta. Aún se sentía ansioso, como si algo fuera a pasar. Expectante.

Después de un par de horas en el cuarto, rumiando las cosas decidió salir sin avisarle a nadie a balcón. Aunque todavía estaba cerrado, mirando hacia la inmensa ciudad frente a él.

Como por arte de magia, como en novela romántica, en medio de todos los edificios, desde varios pisos arriba, cuando los humanos parecen hormigas, lo alcanzó a distinguir. Su cabellera rubia un poco larga, su paso firme y su postura recta, su uniforme. Era Yuri.

Corrió por los pasillos hasta los elevadores, y esperó frente a ellos para lanzarse a sus brazos en cuanto lo vio, la emoción desbordante, sin saber ni siquiera la razón por la cual estaba reaccionando así, pero todo su cuerpo y su alma le decían que ese era el lugar donde tenía que estar.

- Regresaste. Al fin regresaste.

El rubio recibió el abrazo del asiático que casi lo tira al piso, anonadado, pero feliz por el mismo. Dejó en el piso sus pertenencias y abrazó al de cabellos negros con todas sus fuerzas.

- No importa que pase, prometo regresar siempre a tu lado. - con esa simple frase Yuuri tuvo para iluminarse como un rayo de sol por la tarde, y sus feromonas volaron declarando su felicidad. Varias personas voltearon sorprendidas por el aroma y la fuerza del mismo. Obviamente que el Alfa marcó territorio liberando feromonas retando a todos los Alfas presentes a que se acercaran a quien él ya consideraba una potencial pareja.

- Yuri, tus feromonas huelen diferente. - Los celos de Yuri tuvieron que ser bajados dos rayitas para no asustar al omega.

- Tengo algo importante que decirte.- Dijo el Policía antes de tomar de la mano a Yuuri y volver a la habitación. Fueron todo el camino así, sin darse cuenta de todas las personas que los estaban viendo.

Llegaron a la habitación y el Oficial le pidió al Omega que se sentara. Olía y se veía completamente emocionado. Abrió un portafolio que llevaba y comenzó a sacar una a una las fotos de todos sus compañeros. Solamente uno faltaba en las fotos. A quien Yuuri quería ver más. Cuando Yuuri volteó con el rubio había una mezcla de confusión, alegría y miedo de preguntar.

- Fueron todas los Omegas que encontramos, gracias a tí y a esa memoria tuya.

Yuuri estaba feliz, pero al mismo tiempo estaba a punto de quebrar en llanto. Y Phichit? Si solamente habían encontrado omegas entonces su amigo estaba desaparecido. No pudo evitarlo, comenzó a hiperventilar y casi pierde el conocimiento cuando distinguió una figura en la puerta corriendo hacia él.

- Parece que no puedes hacer nada sin mi ayuda, eh?

Yuuri comenzó a llorar de felicidad mientras abrazaba a su amigo, creyó que lo había perdido. El verlo arreglaba de manera casi mágica sus problemas, al menos dentro de su mente todavía destrozada por el apego-desapego que tenía por las personas. Pero algunas de ellas simplemente estaban y estarían presentes siempre en su corazón. Y al haber traído a Phichit, Yuuri le debía la vida entera a ese oficial gruñón que por alguna razón estaba despidiendo feromonas algo acres. No lograba identificar todavía el olor de los celos hacia otras personas de quien crees que es tu pareja destinada y menos todavía si lleva un cachorro en el vientre. En ese momento, entendió el gruñido de su hermano sami. Sus sentimientos se estaban saliendo de control y el japonés no le estaba ayudando.

Justo en el momento en que se estaba despidiendo para dejar a los amigos hablar, y, a sabiendas de que Viktor se había adelantado a pedirle que trabajara con él, le mencionó como algo para los dos, hay trabajos de traductor en la policía. Los ojos del Omega se iluminaron, y se prometieron hablar de ello más adelante.

Antes de que saliera le dio el golpe final, se despidió de él poniéndose de puntas para besar la mejilla del rubio y murmurar un gracias con un breve abrazo antes de correr de regreso con pichitokun o como se llamara el amigo ese.

Sonrió como idiota todo el resto del camino a la comisaría.

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Soooooooo, me tardé, demasiado, este como el borrador 18 porque no me gustaba como quedaba y luego me enfermé cañón y tuve que ir por mis medicamentos así que estoy del nabo.

Ya tengo casi todo el siguiente capítulo redactado. Creo que ya algunos tienen una idea de al menos parte de la trama ¬¬, así no se puede sorprender a nadie.

Si encuentran horrores de ortografía o de sintaxis ayúdenme poque acabo literalmente de pelearme con un gato que se estaba comiendo vivo a mi conejo, y he estado monitoreándolo, así que transcribí de la rechichi. Ayúdenme a mejorar, por favor. Gracias a los que leen, no, no está abandonada, pero no puedo escribir demasiado, no hay fechas de actualización pero esperen uno o dos al año, más si mi cerebro no se va por el otro lado. Oyasumi. M. Meow, off