Hola a todos
Bienvenidos a una nueva actualización; y como suelo hacer, quisiera disculparme por la gran demora que tuve actualizando este fanfic,
pero entre asuntos personales y actualizar otra de mis historias de manera más rápida, deje este un poco abandonado :(
Espero que les agrade el episodio, al menos lo suficiente para que les quede ganas de seguir las próximas actualizaciones.
Muchas gracias por leer, cualquier duda u opinión saben que pueden dejarla en un comentario.
Saludos~
Los suaves rayos de sol se infiltraban en una sencilla habitación en donde un hombre rubio despertaba de un plácido sueño…
Corazon se levantó de los suaves y grandes almohadones en donde había descansando. Al parecer se había despertado mucho más tarde lo habitual. Estiro sus brazos, soltó un profundo bostezo y se dispuso a salir del cuarto, dirigiéndose hacia el exterior de la vivienda.
Observo el cielo despejado y agradeció la noche tan agradable que había pasado.
— ¿Ya habrá despertado Law?—se preguntó al volver a la casa para ir a comprobarlo.
Llego al umbral de la habitación y pudo darse cuenta que Law seguía dormido. Definitivamente el no haber dormido en el campamento había influido en que durmieran más tiempo de lo acostumbrado y de manera más cómoda.
Entro a la estancia con cuidado y se dedicó a mirar al joven moreno por un momento; una vez más se daba cuenta de que tanto había cambiado Law en estos años, se sentía tan orgulloso de ver su progreso, de notar como crecía tan fuerte y sano, como había madurado…
De pronto Law comenzó a moverse, ya parecía estar a punto de despertar.
— ¿Corazon…?—balbuceo el moreno al apenas abrir sus ojos con una expresión de somnolencia.
—Buen día, Law—saludo el rubio con voz suave y alegre.
— ¿¡Corazon…!? ¿Qué haces aquí?—soltó Law totalmente sorprendido por encontrarlo ahí. Su cuerpo no pudo evitar conmocionarse demasiado: su respiración se alteró fácilmente, su pulso se aceleró y sus ojos estaban en una clara expresión de asombro, fijos en el amable rostro de Corazon.
—Lo siento, vine a ver si ya habías despertado y bueno, creo que te tome desprevenido, perdóname.
—No, no te preocupes. Ya era hora de que me despertara—y Law, con tremenda vergüenza, se percató de su típica erección matutina. Con toda la discreción que pudo trató de ocultarla tras uno de los almohadones hasta que desapareciera, aunque sería difícil teniendo a Corazon frente a él—. Perdona por ser tan brusco… Es solo que me sorprendí de verte aquí…
—No te preocupes ¿Qué tal dormiste?
—Bien… Descanse muy bien. ¿Y tú?
—Estupendo... Estuve muy cómodo, como hace mucho no lo estaba. ¿Te sientes listo para ir a dar una vuelta?—pregunto Corazon con una amplia sonrisa.
—Claro que si… Solo… Necesito prepararme un poco.
—Bien, te espero afuera.
Y en cuanto el rubio salió de la habitación, Law dio un profundo respiro. Se puso de pie y comenzó a estirar sus extremidades.
Haber visto a Corazon al despertar fue algo tan increíble…
Algo tan fascinante y hermoso, como uno de sus tantos sueños.
Fue un bello regalo inesperado que agradeció una y otra vez mientras se alistaba para ir a pasear junto con su querido mentor de cabello rubio.
Fueron a dar un vistazo al campamento en donde el resto de sus compañeros estaban instalados, muchos se encontraban descansando, otros entrenaban sin mucho esfuerzo de por medio, y otros comían y bebían abundantemente gracias a las provisiones que había brindado la realeza de Arabasta.
Corazon y Law solo dieron un vistazo por ahí pero el rubio no tenía ánimos para quedarse ahí.
—No te preocupes, yo invito el desayuno—dijo Corazon mientras caminaban entre las calles de la ciudad.
Law se sintió algo avergonzado de hacer que Corazon gastara su dinero en algo que podía conseguir gratuitamente en el campamento, pero luego pensó en las distintas razones que tendría el rubio para no querer convivir con sus subordinados del ejército.
Desayunaron en la primera posada que encontraron al ingresar al centro de la ciudad.
Luego simplemente fueron a dar un paseo alrededor de las plazas principales, distintos barrios comerciales, vecindarios y en las afueras del pueblo, hasta que en cierto momento, horas después ya entrada la tarde, notaron que mucha gente alrededor parecía alterada y pasando una noticia alarmante.
Law y Corazon observaban algo preocupados hasta que…
—Disculpen, señores ¿usted Rosinante Donquixote del ejercito del ave carmesí?—pregunto un joven que parecía ser un mensajero del palacio. El muchacho jadeaba ya que venía presuroso al encuentro.
—Sí, soy yo ¿Qué sucede?
—Se requiere su presencia en el palacio; es un asunto urgente, señor. De igual manera se me informo que si usted estaba en compañía de un joven llamado Law, lo llevara consigo al campamento del ave carmesí.
Corazon parpadeo varias veces y de manera rápida en expresión perpleja.
¿Qué estaría ocurriendo entonces? ¿Acaso le llamarían para entrar en acción justo ahora?
—Gracias, enseguida me dirijo hacia allá—declaro Corazon con expresión seria. En cuanto el mensajero se alejó, el rubio se giró hacia Law con semblante decepcionado—. Lo siento, Law. Estábamos pasando un buen día…
—No te preocupes por eso ahora, vamos, tenemos que llegar cuanto antes.
Yendo a toda prisa durante su camino hacia el palacio, Law no pudo evitar sentir una terrible frustración, sus momentos tan agradables junto con Corazon se habían visto interrumpidos por el deber.
Al llegar a la zona circundante del palacio se encontraron con sus compañeros; el ejército del ave carmesí estaba preparándose para ir a batalla.
Algunos estaban ya montados en sus caballos, otros revisaban sus espadas, arcos, lanzas, ballestas y mazos.
—Por fin llegas…—Doflamingo había llegado frente a ellos—. Un intento de asedio inesperado por los rebeldes, tenemos que acabarlos... Ve a conseguir tu armadura al campamento. Te espero en la entrada de la ciudad.
—Sí… Vamos, Law, démonos prisa.
—Si.
Law y Corazon fueron provistos de un par de caballos con los cuales rápidamente llegaron al campamento en donde se ataviaron con sus armaduras personales y armas.
Al volver a reunirse con Doflamingo, Corazon noto que alguien más montaba el caballo junto con él; era Monet.
La muchacha de cabello verde estaba detrás de su hermano mayor, equipada con una simple armadura y cargaba un casco simple para usarlo después.
Corazon se acercó y con voz confundida decidió intervenir en la situación.
—Doffy…
— ¿Qué sucede?
—No creo que sea buena idea que Monet te acompañe. Es demasiado peligroso. Ella nunca ha librado una batalla en campo abierto, no ha tenido entrenamiento y será una batalla con ciertas desventajas, ya pronto se ocultara el sol y…
—Claro que ha entrenado, a su manera y con sus propios medios—respondió Doflamingo mientras revisaba un detalle de su mano izquierda—. No te preocupes, estará bien. Es hora de probar unas cuantas cosas… Además habrá luna llena, tendremos buena luz.
—Pero…
—Oh, Corazon, no me digas que te preocupas por mí—intervino Monet cuando ya no pudo resistir no involucrarse en ese asunto que le atañía personalmente—. ¿Acaso estás enamorado de mí?
— ¡Por supuesto que no! Es solo que… ¿Es que en verdad no temes por tu seguridad?
—Si estoy junto con el joven amo, estaré totalmente bien—declaro con voz totalmente calmada y segura mientras no dejaba de sonreír suavemente y recargarse sobre la espalda de Doflamingo.
Corazon observo con desaprobación la escena y sin más que decir, se alejó de ahí, esperando que en verdad no sucediera nada lamentable durante la batalla.
Dentro de un rato más, todos estaban en posición para marchar hacia fuera de la ciudad y comenzar a defender la ciudad.
En las orillas de la ciudad se pudieron observar como soldados de la guardia real se mantenían en posición de ataque con cientos de arcos y flechas al lado de grandes antorchas.
Parecía que querían deshacerse de una vez por todas con todos aquellos opositores.
Ya comenzaban a despedirse del sol…
Pocas veces habían luchado durante las tardes o noches.
Al menos, por suerte, la luna estaría llena y proporcionaría una vasta iluminación y el calor dejaría de ser un problema.
Bajaron las grandes escaleras de la entrada principal a la ciudad, bajando con cuidado, sin romper formación hasta que toda la fuerza militar se fue acomodando en el árido suelo de arena.
Parte del ejercito real de Arabasta también estaba presente; al parecer llevaban algo de tiempo ahí pues habían puesto grandes antorchas esparcidas a lo largo del camino que tenían por delante.
Doflamingo fue dando indicaciones a los comandantes y grupos secundarios de ataque y defensa.
Corazon no podía dejar de mirar como su hermano actuaba tan despreocupado teniendo detrás de el a Monet, que nunca había participado en una batalla así.
Después de unos minutos, cuando volvieron a sus posiciones y al avanzar un poco pudieron percatarse de la presencia del bando de los rebeldes.
Eran casi la misma cantidad de personas.
Los rebeldes se acercaron, poco a poco, calculando el momento adecuado para iniciar.
En cuanto Doflamingo noto su primer movimiento de avance real, dio una indicación con su mano derecha y todo comenzó…
El ejército del ave carmesí sin duda era más experimentado en la lucha que el bando de los rebeldes, al pasar un par de horas se evidenció ese hecho con muchas bajas: Varios cuerpos de los rebeldes yacían sobre la arena, algunos muertos y otros moribundos con terribles heridas esperando su fin.
Gritos llenos de tono retador resonaban por doquier, el sonido del acerco chocando contra el acero, estruendos de golpes y el desgarrador sonido de caballos y humanos recibiendo una herida de repente.
Al ver que casi no quedaban combatientes enemigos, Corazon se detuvo un momento. Observo el terrible y sangriento panorama…
Definitivamente no estaba orgulloso de formar parte de eso, había sido una batalla injusta.
Miro a lo lejos como su hermano mayor seguía usando su espada contra muchos que ya no parecían querer luchar. Y, a un par de metros de Doflamingo, se encontraba Monet y al prestarle atención noto que traía un arma peculiar; lucia como una lanza pero no era una lanza común, la chica llevaba consigo una pieza de hielo larga y muy afilada.
—Increíble…—musito Corazon sin dejar de observar como la joven atacaba con ese inusual instrumento que al herir a un enemigo comenzaba a congelar la piel y el interior del cuerpo, dejándolos en un estado terrible y que lucía tremendamente macabro.
Dejo de preguntarse sobre aquel fenómeno y se propuso a buscar a Law; se habían alejado hace rato y no lo había visto desde entonces.
Su cobriza mirada fue inspeccionando el horizonte en busca del muchacho pero un golpe por la espalda le regreso a la realidad.
Un muchacho enemigo, quien ya estaba bastante herido, le había atacado con toda su fuerza, pero aun así no fue suficiente para dejarlo inconsciente.
Corazon volvió a su posición, defendiéndose de cuanto ataque le enviaba ese joven… Era tal vez de su misma edad y de estatura medio, era más bajo que él, quizás de la misma altura de Law. Su protección era sumamente sencilla y humilde a comparación de su armadura completa; ya ni siquiera contaba con un casco, así que su cabello rubio oscuro estaba expuesto, luciendo manchado de sangre. Además, Corazon observo que tenía una cicatriz en su ojo izquierdo.
— ¡MALDITO…!—grito aquel joven sin dejar de atacar.
A pesar de la fiereza que presentaba ese muchacho, sus movimientos ya no contaban con coordinación y fuerza, comenzaba a denotar su cansancio y debilidad. Ahora Corazon se limitaba a tan solo esquivar y detener ataques, ya había abandonado la idea de ir a la ofensiva.
Se fueron alejando un poco más de todos.
— ¡¿Qué haces!? ¿¡Que acaso no vas a pelear maldito perro de Crocodile!?—le reto el joven con voz frustrada y rasposa.
—Estás en pésimas condiciones… No tiene caso.
— ¿¡Qué!?
—Yo no quiero seguir peleando contigo.
— ¡¿TE ESTAS BURLANDO!?
—No me burlo. Lo digo en serio. Esta pelea… Ha sido brutal…—dijo Corazon con voz seria y algo lúgubre, sus ojos reflejaban un terrible remordimiento—. Yo… No sabía que sería una batalla de condiciones tan desiguales… Si quieres seguir luchando, no seré yo quien acabe contigo.
El muchacho miro atónito a Corazon, temblaba mientras no dejaba de inspeccionarlo para tratar de creer o no en sus palabras e intenciones.
Corazon decidió alejarse de una vez por todas pero…
—Tú… Volverás con todos estos idiotas al palacio cuando todo esto acabe… ¿No es así?
—Supongo que sí.
Guardaron silencio unos segundos, mientras no dejaban de verse fijamente a los ojos, solo podían escuchar el rumor de la pelea que seguía aconteciendo lejos de ellos. De pronto, el joven saco una pequeña bolsa del interior de su vestimenta y se acercó a Corazon, tendiéndole dicho objeto con una mano temblorosa.
—No sé si moriré esta noche… Probablemente así sea. Así que… No puedo irme de este mundo sin dejar unas últimas palabras a una persona que es muy especial para mí… Toma esto, por favor… Dáselo a la reina Vivi…
Corazon, impresionado por el gesto tan sorprendente de aquel muchacho cuyo rostro evidenciaba lo mucho que le importaba esa petición, agarro el pequeño bolso y lo guardo rápidamente dentro de su armadura.
—Dile que Kohza sigue pensando en ella…—y el muchacho, usando las fuerzas que le quedaban, se echó a correr lejos de Corazon, perdiéndose de su vista.
Cerca de la media noche, el ejército del ave carmesí estaba de regreso al interior de la ciudad de Alubarna, victoriosos y cansados, se dispusieron a ir a descansar, totalmente satisfechos de su pelea.
—Corazon… ¿Qué te sucede?—se atrevió a preguntar Law al notar que su mentor lucía muy serio mientras seguían caminando hacia sus lugares de descanso.
—Nada… Solo estoy… Reflexionando.
—Reflexionando…
—Si… Law… Necesito hablar de algo… ¿Te molestaría ir conmigo de nuevo esta noche?
—No, en absoluto. Puedes contar conmigo.
—Gracias.
Una vez que llegaron a la vivienda que le había sido proporcionada temporalmente a Corazon, se quitaron las armaduras, se refrescaron con grandes cantidades de agua y después fueron a la habitación en donde había dormido Corazon.
—Law… ¿Qué tal te sentiste en esta ocasión?
— ¿Cómo? Pues… No lo sé. Solo luche… Como siempre.
Corazon hizo una mueca de incomodidad.
— ¿Tuviste algún inconveniente, Corazon? ¿Te sientes mal? ¿Tienes heridas?
—Mi cuerpo está bien, no tengo ninguna herida grave… Y precisamente, ese es el problema.
—No entiendo…
—Law, fue una batalla injusta, los sobrepasábamos por mucho, tanto en número como habilidad. Y… ¿acaso no te topaste con Doffy y Monet? Su desempeño fue aterrador… Nunca imagine que Monet pudiera hacer cosas como esas…
Law observaba preocupado a Corazon, que seguía con un semblante serio y muy afectado.
—No me siento orgulloso de haber formado parte de esa batalla tan terrible…
—Corazon…
—Pero supongo que ya no tiene caso quejarse ahora que mis manos estan manchadas…
—Era algo que tenía que hacerse, Corazon. Las batallas son así. Aunque a veces los métodos sean más brutales de lo normal, el resultado es el mismo, teníamos que ganar… Eran ellos o tú… Agradezco que tú sigas con vida.
Corazon guardo silencio. Las palabras de Law no le reconfortaban mucho, pero no quería discutir sobre ello.
Lanzo un pesado suspiro y volteó a verlo directamente a los ojos.
—Law, ¿sueles recordar los rostros de tus enemigos?
—No… Si es que sus cascos caen y dejan a la vista su cara, no suelo prestarles atención.
—En esta ocasión… Un muchacho del bando de los rebeldes me pidió un favor… Le deje ir… Me fue imposible atacarlo…
Law se asombró demasiado ante esa revelación.
— ¿Pidió piedad?
—No… Esa fue decisión mía… El me pidió otro favor.
—Corazon…—y Law tomo una posición diferente, se arrodillo solemnemente ante el hombre de cabello rubio—. Eres una gran persona… Tienes una bondad que hoy en día es escasa… Por favor, recuerda estas palabras.
—Law…
—Creo que ya debes descansar a solas… Buenas noches—y Law salió de la habitación.
Corazon sintió como la horrible sensación de vergüenza, culpa e indignación se difuminaba un poco gracias a las últimas palabras que Law le había dedicado. Aunque aún tuviera rastros de esas horribles sensaciones, aquellas palabras le ayudarían a calmarse un poco, al menos por esta noche y así tomar fuerzas para cumplir con el favor que le habían encomendado de manera tan sorpresiva.
Al día siguiente, la noticia de que el reino se había salvado de un nuevo asalto de los grupos rebeldes se propagaba por cada rincón de la ciudad de Alubarna.
El rey Crocodile había decidido ofrecer una enorme celebración con banquete en los jardines del palacio al día siguiente, pues el ejército del ave carmesí necesitaba tomar un día de descanso.
Corazon no había hablado con su hermano mayor desde ayer, no sabría cómo reaccionaría al verlo después de aquella batalla tan trágica.
Al despertar se dio cuenta de que Law se había ido, probablemente al campamento, así que decidió ir hacia allá, pero antes de salir de la vivienda un par de muchachas, que venían desde el palacio real, le abordaron para proporcionarle una nueva vestimenta para que la usase durante la celebración de hoy.
No tenía ni el más mínimo ánimo de asistir a una fiesta, pero tenía que lograr ver a la reina y hablar con ella.
Horas más tarde, se encontraba poniéndose las nuevas prendas que le habían dado, arriba de su ropa interior de tela blanca y fresca, se colocó una sedosa túnica de color rojo oscuro, con un bordado en colores rosas claros muy elaborado que contaba con muchos detalles de símbolos acomodados en líneas verticales: rombos, líneas, puntos, triángulos y diminutas flechas.
Al salir de la casa, se percató que Law le esperaba a un par de metros. El muchacho vestía con la misma ropa sencilla que le habían proporcionado al principio.
—Gracias por esperarme.
—No asistiría a ese evento si tú no estás ahí, ¿Qué caso tendría?
Corazon le sonrió suavemente para después volver a su serio semblante; comenzaba a preocuparle la posibilidad de no poder cumplir su favor.
Pero ¿acaso sería tan difícil acercarse a la reina? No lo sabía…
Mientras tanto, Law, no podía dejar de observar con suma atención a su querido Corazon, la manera en que esa exótica tela le hacía lucir tan extravagante, misterioso y atractivo.
Grabaría esa apariencia en su memoria y la evocaría una y otra vez durante las noches venideras…
Llegaron al palacio en donde fueron recibidos con grandes alabanzas y aplausos, Doffy ya estaba más delante de ellos, junto con los demás comandantes y por supuesto, junto con Monet, la estrella principal de la batalla de ayer.
Doflamingo devolvía cada saludo y gesto de admiración con una amplia sonrisa. Lucía tan satisfecho, como hace mucho no lo estaba…
Fueron hacia los jardines, les acomodaron en una larga mesa, muy cerca de la mesa principal real en donde se encontraban el rey Crocodile y su esposa.
Había muchos invitados más, además de diversos artistas que trataban de entretener y ambientar la celebración: bailarinas, músicos, malabaristas y contorsionistas, cantantes, domadores de animales, bufones y hombres escupe fuego.
Casi todo el ejercito del ave carmesí disfruto un poco de todo lo que se les ofrecía, a excepción de Law y Corazon, quienes solo se limitaron a comer y beber con moderación.
Una vez que Corazon se sintió satisfecho, se dedicó a vigilar a la joven reina, rogando que se levantara de su asiento y se dirigiera a donde sea para poder abordarla.
En cierto momento de la fiesta, se hizo un anuncio, por lo cual todo el mundo guardo silencio y presto atención a como Doflamingo se dirigía hacia la mesa en donde estaban el rey y la reina de Arabasta.
Entre sus manos llevaba una caja de madera algo grande.
Doflamingo se presentó formalmente al rey Crocodile, haciendo una clásica reverencia ante él mientras colocaba de manera orgulloso aquella caja a sus pies para después abrirla con mucho entusiasmo al ver que Crocodile estaba interesado en su obsequio.
—No puede ser…—musito Corazon al ver con horror el regalo que su hermano mayor le había llevado al rey.
—Para usted, su majestad… Como ferviente prueba de nuestra victoria para su reino, justo como le fue prometido, la cabeza del líder de la facción rebelde—exclamo Doflamingo triunfante.
El rey Crocodile sonrió muy complacido, agradeció la evidencia para después dar un par de aplausos firmes que segundos después fueron acompañados por más aplausos y ovaciones de los demás invitados.
La música volvió a sonar y entonces fue cuando Doflamingo le indico a Monet que le acompañara, para comenzar a bailar al ritmo de una rítmica música...
La muchacha de cabello verde elevo su mano derecha y en unos segundos una ligera nevada comenzó a surgir de ella, causando asombro en todos los presentes que muy pronto decidieron jugar con los copos de nieve.
Corazon miro con resentimiento la escena y decidió marcharse de ahí por un momento, hasta que parara aquel espectáculo.
Había reconocido fácilmente el rostro de aquel muchacho, ese rostro que ahora había sido profanado como un vil trofeo por su hermano mayor ante el rey.
Law le siguió sin dudas. Al cabo de unos minutos se adentraron en un largo pasillo rodeado de murallas de arbustos y palmeras, caminaron en silencio hasta que llegaron a otra zona de jardín despejada en donde había distintas plantas exóticas y muchos pavo reales caminando libremente por ahí.
—Corazon…
— ¿Si?
—Estas molesto… ¿Quisieras hablar de eso?
—Molesto… Si, en efecto. ¿Porqué…? Porque mi hermano parece transformarse en algo peor cada vez que avanzamos más…
— ¿Te refieres a lo de su obsequio al rey?
—Sí… Yo… Ese joven… El líder enemigo… Fue el muchacho con el que hable ayer.
Law sintió una enorme desesperación al ver la frustrada y triste cara de Corazon. Observo como los ojos de su amado reflejaban una melancólica impotencia.
—En fin… No puedo hacer nada. Doffy está muy feliz por ello, ha logrado obtener una flota completa, favores del reino de Arabasta de por vida y un poder increíble. Solo ruego que no utilice todo eso sin escrúpulos…
Law se mantuvo en silencio; le era difícil seguir viendo a Corazon afligido, así que, por unos segundos dirigió su grisácea mirada hacia un arbusto de rosas blancas.
—Law… ¿Podrías permitirme un momento a solas?—pidió Corazon de repente. El rubio había visualizado a la reina, dirigiéndose a lo lejos a una zona de jardín en donde se encontraba una gran fuente de agua.
— ¿Qué?
—Por favor...
—Claro…—y Law se dio la vuelta para retirarse. El joven moreno no quería regresar a la zona principal de la celebración, así que tomo otro camino que le permitiera seguir explorando los jardines y tal vez, vigilar a Corazon sin que este se percatara de su presencia.
Corazon camino de manera pausada hasta llegar al mismo jardín en donde la reina había decidido llegar.
Afortunadamente, no vio ningún guardia cerca de ahí.
La reina había tomado asiento en una banca de piedra.
La oscura y triste mirada de la muchacha estaba fija en un pavo real que se le acercaba, pero en cuanto Corazon se dispuso a dirigirse a ella, el ave salió asustada corriendo en dirección opuesta.
—Su majestad…—y el hombre rubio hizo una solemne reverencia, arrodillándose ante ella.
—Le suplico que se marche de aquí; he venido aquí para tener privacidad.
—Majestad, le suplico que…
— ¿Qué acaso no ha tenido suficiente reconocimiento en este día?—soltó la joven reina con voz fría— ¿Por qué necesitaría hablarme?
—Le juro, desde el fondo de mi corazón, que todas estas celebraciones no significan nada para mí.
— ¿Qué?
—No estoy orgulloso de lo que aconteció anoche, majestad. No fue una batalla justa; lo reconozco, y creo que nunca podré olvidarlo. Y menos aún estoy orgulloso de los gestos de mi hermano mayor…
La joven de cabello azul se quedó en silencio, mirándolo con algo de asombro e intriga.
—Le ruego me perdone por haberla infortunado en este momento—continuo Corazon con voz suave y cautelosa—. Pero necesito comunicarle algo de gran importancia…—y con cuidado saco de entre su vestimenta la pequeña bolsa para entregársela a la joven monarca.
— ¿Qué es esto…?
—No lo sé. Solo puedo decirle que Kohza lo envió. Pensó en usted hasta el final—y Corazon se puso de pie—. Discúlpeme, majestad, me retiro…
El rostro de la chica se quedó estático por unos segundos, hasta que sus oscuros ojos comenzaron a empañarse.
—Espere…
— ¿Si, su majestad?
—Gracias—y la chica no pudo soportar más; un par de lágrimas salieron de sus oscuros y brillantes ojos. Al cabo de unos segundos, limpió sus mejillas con rapidez. Era obvio que no podría expresar su dolor ahí mismo, por temor a ser descubierta—. Gracias…
Corazon no pudo responder a ese agradecimiento, pues no sabía exactamente que responder. Hizo otra reverencia y se fue alejando, con paso lento, sintiendo que al menos había hecho algo significativo en medio de todo ese caos.
Empezó a caminar sin rumbo fijo, perdiéndose entre los jardines y pasillos, hasta que de nuevo se encontró con Law.
Por su parte, Law, se sentía sumamente confundido y curioso respecto a lo que Corazon tuvo que ir a tratar con la joven reina, pero ya no quiso cuestionarle y se limitó a tratar de controlar el leve deje de recelo que le había provocado ver aquella escena.
—Corazon… ¿Te sientes mejor?
—No estoy seguro… Supongo que no… Pero ahora que ya no tengo nada que hacer en este sitio, me iré a descansar.
— ¿Puedo acompañarte?
— ¿Estás seguro de que no quieres quedarte aquí?
—Sí, no quiero seguir en este lugar.
Dicho y hecho, ambos decidieron retirarse de la fiesta, afortunadamente nadie les prestó atención ni les cuestiono. Volvieron a la casa que le habían proporcionado a Corazon, al llegar tomaron una jarra de agua para luego ir hacia el patio trasero de la vivienda.
Se sentaron sobre la arena, bebieron grandes sorbos de agua y se mantuvieron en silencio, con la vista fija en el cielo nocturno repleto de estrellas.
—Corazon…—dijo finalmente Law sin voltear a mirar al mencionado.
— ¿Si?
— ¿Hablaras con Doflamingo? Me refiero a lo que te molesto sobre…
—Eso espero…. Aunque con tantas condecoraciones temo que ni siquiera me preste atención.
—Eres su hermano, claro que te escuchara.
— ¿Tú crees que sí?
—No estoy seguro… Pero… ¿Sabes? Recuerdo una plática que tuve con él, hablamos de ti.
— ¿De mí? ¿Qué clase de cosas discutieron?
—No lo recuerdo bien…—respondió Law omitiendo la verdad sobre aquella conversación—. Pero si algo puedo rescatar de eso, era el hecho de que él estaba preocupado por ti.
Corazon vio a Law, de manera melancólica, y con algo de esfuerzo sonrió suavemente.
—Bien… Creo que enterarme de algo así me ayudará bastante para motivarme a hablar con Doffy… Gracias Law—y Corazon se animó a sacudir el erizado cabello oscuro de su joven compañero.
Y Law también sonrió, aunque algo cohibido pues ya estaba sintiendo como su cuerpo se aturdía y reaccionaba ante la sonrisa y el ánimo reparado de Corazon.
—Iré a dormir. Descansa mucho, Law. Buena noche—se despidió el hombre de cabello rubio sin dejar de sonreírle con amabilidad.
—Igualmente. Hasta mañana…
Al día siguiente la mayoría del ejército del ave carmesí estaba sufriendo las consecuencias de los grandes excesos que habían disfrutado el día anterior.
Corazon se dirigió hacia el palacio para ir en busca de su hermano mayor.
Le escoltaron hasta su habitación, en donde Doflamingo se encontraba desayunando.
—Buen día, Doffy.
—Buen día, ¿Qué tal despertaste, eh Rosi?
—Pues dormí lo suficiente, sin embargo… Hay algo que me tiene inquieto y preocupado—revelo Corazon mientras se acercaba a la pequeña mesa en donde su hermano estaba comiendo.
— ¿Qué sucede? ¿Por qué te sientes así? ¿Ya desayunaste? Ven a acompañarme con esto…
—Aun no tengo apetito, gracias—y Corazon tomo un profundo respiro—. Verás… Me siento de esta manera desde nuestra batalla.
— ¿Ah sí? ¿Y por qué?
—Doffy... Esa batalla fue terrible, una injusticia… Les superábamos por mucho—empezó a explicar el hermano menor cuyas manos estaban temblando ligeramente—. Dudo que muchos de ellos fueran experimentados en peleas de este tipo… Yo no puedo sentirme bien desde entonces.
Doflamingo miro atentamente a Corazon, su habitual sonrisa se había desvanecido mientras tanto.
—Y lo que pasó durante la celebración—continuó el rubio de cabello frondoso—. Sobre lo de tu "obsequio"… Doffy, cuando te mire en ese momento, ofreciéndole la cabeza de ese pobre muchacho, sentí ganas de…
— ¿Ganas de qué?—inquirió Doflamingo cuyo semblante aún seguía serio.
—De golpearte…—confeso Corazon con un hilo de voz.
Y Doflamingo se puso de pie, dejando de lado su desayuno para dirigirse hacia el balcón de la habitación.
—Pues… Aquí estamos, Rosinante—dijo finalmente el hermano mayor mientras ponía sus manos en su cintura—. Vamos, golpéame.
—Doffy…—el cuerpo de Corazon temblaba de arriba abajo.
—Anda, hazlo. Desahógate ahora que puedes…
—No lo haré. Solo… Quería hacerte saber esto. Me es suficiente—y Corazon se puso de pie también, dejando que la tensión de su cuerpo se liberara poco a poco.
—Rosinante…—y Doflamingo camino hacia su hermano menor, coloco sus grandes manos sobre los hombros de este último y lo miro fijamente a los ojos—. Entiende que a veces tengo, y seguiré teniendo, que hacer ciertas cosas que no serán agradables, todo para que podamos llegar más rápido a nuestra meta. ¿Quieres que tardemos más años en conseguir lo que por derecho teníamos que tener ahora? ¿Quieres que llegue a tener un castillo y tierras para cuando sea demasiado viejo y que no lo pueda disfrutar y gobernar?—inquirió con cierta desesperación—. Entiendo que tú no quieras elegir ciertos métodos, lo comprendo. Lo puedo aceptar, pero… No esperes que yo me limite, ¿de acuerdo?
—Doffy…
—También quiero que tú disfrutes de esa gloria. Como mi hermano, tienes que ser alguien que pueda seguir adelante a pesar de todo y poner en alto nuestro apellido—declaro el hermano mayor con una voz que iba aumentando en su tono de seriedad y compromiso—. Si te parece, insúltame y desquítate conmigo a solas, justo como supongo que quisieras hacerlo ahora, hazlo de ahora en adelante cada vez que sientas que hago alguna atrocidad, pero solo asegúrate de dejarlo entre nosotros… No permitiré que nadie más se atreva a cuestionarme, ¿entendiste?
Corazon trago saliva, sentía que su corazón latía cada vez más rápido y se saldría de su pecho. Inhalo y exhalo con profundidad, cerró sus ojos en expresión calmada y decidió asentir con la cabeza.
—Bien, Doffy… Gracias…
Doflamingo aparto sus manos de su hermano menor y volvió a sentarse para seguir desayunando.
— ¿Estás seguro de que no quieres comer conmigo?—pregunto Doflamingo volviendo a su tono de voz despreocupado.
—No, gracias. Iré al campamento… Nos vemos luego, Doffy.
Días después, el ejército del ave carmesí (que aun residía en Alubarna) recibió la noticia de que pronto podrían irse en su flota naval.
Tendrían que viajar la mitad de un día para llegar a la costa, pero eso no era nada comparado con la felicidad que todos sentían al saber que pronto comenzarían a navegar y avanzar en su camino hacia las nuevas tierras.
En su último día en la ciudad, Doflamingo fue a despedirse formalmente del rey y la reina de Arabasta, junto con Corazon y los demás comandantes.
Ese momento tan breve fue tan significativo para Corazon, pues cuando cruzo miradas con la joven reina, pudo ver como ella parecía transmitirle un triste agradecimiento; una melancólica y trágica complicidad que solo ellos sabrían de ahora en adelante.
Y finalmente llegó el día tan esperado…
En la costa, a varios metros de la orilla del mar, les esperaban varias carabelas y galeras que serían el transporte de la mayoría de los soldados; una carraca que serviría para transportar el armamento y equipaje más pesado, pequeños botes extras para vigilancia, y por último la gran joya de la flota: un galeón, en donde por supuesto Doflamingo abordaría junto con sus comandantes y sus favoritos.
—Bien, llego la hora…—dijo Corazon al abordar aquel imponente barco.
—Nunca había visto el océano—confeso Law mirando el horizonte azul que estaba frente a él. Ambos estaban en la cubierta, esperando que empezará el viaje.
—No es tan malo… Solo espero que no nos topemos con grandes tormentas o monstruos marinos—comento Corazon mientras se apartaba un poco de cabello de sus ojos, pues el viento salado y fresco característico del mar no dejaba de mover sus mechones rubios.
— ¿Monstruos marinos?
—Cuentan viejos mitos y leyendas que hay monstruos en las aguas del mar de verano. Pero solo son eso, solo lo decía de broma.
—Bueno, tal vez no existan monstruos como tal, pero no hay que descartar ataques de ballenas asesinas u otros animales peligrosos ¿no es así?
—Claro… Es lo normal, hay que ser precavidos.
Y la embarcación comenzó su recorrido, poco a poco fueron perdiendo de vista la orilla de la playa.
—Corazon…
— ¿Si?
—Aunque tal vez no sean las mejores circunstancias…—empezó a decir con voz grave y algo cautelosa—. Estoy feliz de estar aquí, aunque nunca ha sido mi prioridad explorar el mundo, me alegra poder conocer lugares así junto a ti.
Corazon sonrió dulcemente.
—Me alegra…—dijo Corazon con voz tranquila—. Recuerdo cuando recién nos conocimos, esperaba con ansias verte sonreír y ser feliz, verte con ganas de disfrutar y ejercer tu vida. Como pasa el tiempo…
Y continuaron observando la gran extensión de agua que tenían por delante.
Bien, hasta aquí por ahora, de nuevo muchas gracias por leer. ¡Les mando un abrazo!
¡Hasta la próxima!
Atte. Levita Hatake
