Disclaimer: Hey Arnold no me pertenece, todos los derechos corresponden a Craig Bartlett y Nickelodeon salvo la idea de la historia y los personajes inventados.

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Han pasado unos meses desde que tomaste la decisión de quedarte en San Lorenzo con tus padres, no te culpo por hacerlo, yo en tu lugar habría hecho lo mismo sin embargo, eso no quita que te extrañe, que sueñe con tu esencia, cada día que pasa intento recordar el olor de tu fragancia, el sabor de tus labios, aquellos que fueron siempre míos antes que de cualquiera, he comenzado a olvidar como es tu voz, poco a poco te he comenzado a olvidar pero no te sientas mal, no te culpo por ello, aquí la única culpable de llegar a estos extremos soy yo, creí estúpidamente que aferrándome a tu recuerdo, las cosas serían más fáciles, tu imagen me hace recuperar la fuerza y recobro mi esencia, quisiera no sentir tu ausencia, pero… uno no puede aferrarse a recuerdos y fantasmas para seguir viviendo.

A pesar de extrañarte tanto, sé que fue una decisión correcta, Arnold, nunca habías podido convivir con tus padres durante tantos años y ahora, podrás recuperar ese tiempo perdido, sabes, desde que te fuiste me ha dado por visitar a tus abuelos cada fin de semana, asegurándome de que estén bien; ellos me cuentan cómo te va cada vez que reciben una carta tuya, aunque no es lo mismo, las cosas son muy diferentes, incluso para mí, desde que regresamos de San Lorenzo las cosas… simplemente no funcionaron del todo…

- ¡Míriam, Bob ya regresé! – Buscando en cada rincón de la casa para ver si aún hay almas con vida aquí – ¿Dónde rayos se metieron?, ni siquiera fueron por mí al aeropuerto, que clase de padres son, ya ni porque les llame un día antes, ¡criminal!

- No te preocupes hermanita bebe, tal vez surgió algo por lo que no pudieron ir –comentaba positivamente Olga, como siempre.

- ¡Qué!, ¿es enserio?, en qué mundo vives Olga – Comento frunciendo el ceño ante tal comentario absurdo de Olga – si hubieras sido tú, abrían estado ahí sin falta.

- No digas tonterías Helga, ¿Qué te parece si te hago algo de comer?

- Estoy cansada Olga y la verdad no tengo apetito, me iré a mi habitación a descansar.

Subí a mi habitación con un cansancio a morir, arroje la valija por ahí, ya después me encargaría de acomodar mis cosas; no sé en qué momento me quede profundamente dormida, pero cuando desperté, me percate que había amanecido y además que ya era tarde, me levante y baje para buscar algo de comer, ¡cielos me moría de hambre!

- ¡Míriam! – Bajaba de las escaleras rumbo a la cocina– ¿Qué hay para…? – no había nadie, mi mente mostro un pequeño pensamiento que, la verdad no me gustaba nada ya que es lo que suelen hacer Míriam y Bob cuando Olga está en casa– ¡Qué, ¿es enserio?! – y así fue, encontré una nota en la mesa de la cocina.

NOTA: Querida Helga, salimos con Olga para ir a comer los tres, como estabas profundamente dormida, no quisimos molestarte, tu comida está en la mesa. Míriam.

- Bien hecho Míriam, fresas para comer, no me extraña que olvidará que soy alérgica a las fresas – me senté en el sillón con la mirada perdida, estaba triste y muy hambrienta – me pregunto si ellos realmente me aman, ¿Qué clase de padres desalmados dejan a su hija ¡SOLA Y SIN COMER!?

Recuerdo que ese día regresaron muy tarde y yo como siempre moría de hambre, ni si quiera se acordaron de mí, que patético, después de eso todo se tornó negro para mí; Olga nos dio la noticia de que se mudaría con nosotros, ¡para siempre!, obvio que Míriam y Bob estaban muy felices por la gran noticia, en cambio yo… yo ya sabía que para mí iba a ser toda una pesadilla, ellos más preocupados por Olga que por mí y eso que ella ya está grandecita como para cuidarse sola, fue en ese entonces que te maldije, maldije tu ausencia por que te necesitaba con todo mi corazón; quería escuchar tu optimismo, tus palabras de aliento, quería que me dieras coraje pero tú, tú… simplemente no estabas más con nosotros, conmigo.

Transcurrieron semanas y las cosas seguían igual en mi casa, mis padres estaban más preocupados por Olga que por mí, aunque en las noches quedaba algo de comida lo cual agradecía al universo por no pasar hambre en las noches, un día simplemente estaba vagando sin prestar atención a mi alrededor, tan sumida en mis pensamientos, en mi triste realidad que no me percate que había chocado con alguien, al caer al suelo no sentí nada, pero una imagen vino a mi mente… ¿recuerdas cuando chocábamos tan inesperadamente cabeza de balón?, tu imagen llego a mí en cuestión de segundos, pero mi desilusión fue grande al ver que no eras tú, bufe y sonreí ligeramente más para mí que para alguien más, ¿cómo podía ser posible que no pudiera dejar de pensar en ti ni un segundo de mi existencia?, pero la voz de esa persona me saco de mi trance.

- ¿Te encuentras bien pequeña dama? – me extendió su mano para ayudarme a levantarme.

- Ahm, si gracias Phil – la verdad esto se lo dije sin ánimos, no me sentía con ganas de nada y mucho menos de hablar con nadie, y puedo decir que, él se percató y me invito a pasar a la casa de huéspedes, me negué al principio argumentando que tenía cosas que hacer, pero Phil no me lo dejo fácil – está bien – comente resignada – ya que insiste.

Entramos a la casa de huéspedes, parecía que me esperaban, Gertie ya tenía una bandeja de galletas listas junto con tres tazas de chocolate caliente.

- ¿Cuéntame cómo van las cosas Helga?

Me brindo una cálida sonrisa que me hizo colapsar, necesitaba tanto sacar todo esto que tenía guardado; coraje, tristeza, desesperación, ¡TODO!, pero no tenía a quien decírselo, Phoebe se encontraba visitando a sus familiares en Japón el fin de semana, no tenía a ningún amigo al que pudiera contarle tan abiertamente mis más íntimos pensamientos, comencé a desahogar todas mis penas, tanto Phil como Gertie me escucharon sin decir una palabra hasta que por fin termine, si me lo preguntas sé que es extraño que la gran Helga G. Pataki abrierá su corazón a las demás personas pero ¡demonios, también tengo sentimientos y necesito sacarlo de mi sistema O EXPLOTARE COMO GLOBO!, nos quedamos en silencio unos momentos, me esforzaba tanto por no llorar que no pudo evitar escaparse una lagrima y entonces me sentí tan patética por esto, nunca había mostrado debilidad ante ninguna situación y ante nadie.

- Veo que has terminado de sacar tu dolor y frustración, sabes pequeña, nosotros también extrañamos a Arnold, pero eso tú ya lo sabes, nos gusta que vengas a visitarnos para no sentir su ausencia tan grande – Me dijo Phil con una cálida sonrisa, no recuerdo a nadie más que ofreciera esa sonrisa tan cálida solo para mí que tu Arnoldo – entiendo que tus padres no son lo mejor del mundo, créeme, eso lo puede ver cualquiera, pero deberías intentar darles una oportunidad, quien sabe, tal vez solo necesiten que alguien les abra los ojos y vean que también eres parte de su vida.

– Puedes venir a visitarnos cuando quieras Eleonor, siempre serás bien recibida en esta casa – la sonrisa sincera de Gertie le brindo calidez a mi corazón, me sentí tan mal por causarle molestias a ellos, después de todo eran extraños para mí, aunque no puedo negar que me encanta que me hablen de tus hazañas en la selva, después de todo Phil tiene una forma peculiar de contar anécdotas.

Mostré mi más cálida y sincera sonrisa seguido de un gracias, lo necesitaba tanto, hasta una brabucona como yo puede quebrarse en cualquier momento, la única diferencia es que no lo hacia delante de los demás, ya sabes, para evitar burlas después de todo sigo siendo una niña de once años con una reputación que mantener.

Después de ese día iba y visitaba a Phil y Gertie más seguido, hubo días en los que me quedaba a dormir en la casa de huéspedes, para evitar los problemas en mi casa, créeme cabeza de balón, escuchar discusiones estúpidas y sin sentido entre Bob y Míriam sacan a cualquiera de sus cabales, pero algo inesperado paso, no sé cómo paso pero, de pronto una fulana se encontraba en la casa hablando con mis padres y Olga, los cuatro se me quedaron viendo cuando iba entrando a la casa, la fulana me veía fijamente, recorría su mirada de arriba a abajo, me sentí tan incómoda, acaso ¿era o me parecía?, ¿tenía monos bailarines en mi cara o algo parecido?, su mirada me irrito y comencé a cerrar mis puños con tanta fuerza, de pronto se levantó de su asiento y se acercó a mí, no lo voy a negar, eso me asusto un poco, se arrodillo posicionándose a mí misma altura, su mirada cambio por una dulce y solo dijo todo estará bien a partir de ahora; ¿pero qué rayos quería decir eso?, mis padres se encontraban… ¿preocupados? Eso sí que es algo nuevo e irónico, sus miradas eran tan indescifrables para mí que solo asentí, rayos eso se sintió tan extraño.

Míriam se acercó a mí y me pidió que fuéramos a mi habitación, fue tan extraño verla actuar tan asustada, entramos a mi habitación y decidí iniciar con el interrogatorio…

– Se puede saber que está pasando Míriam, ¿quién es esa señora y porqué dijo eso? – me cruce de brazos esperando una respuesta, Míriam se acercó al closet y comenzó a sacar toda mi ropa, ¡¿Qué rayos?!

– Helga cariño – pude verlo, la mirada triste de Míriam me causo miedo – esta persona es una trabajadora social, vino a revisar que todo estuviera bien ammm…

– ¿Qué quieres decir con "todo estuviera bien"?, y ¿por qué una trabajadora social vendría a esta casa así de la nada?

– Bueno querida, en realidad no vino de la nada, existe una denuncia interpuesta de que… bueno tu…

– Puedes dejar de darle tantas vueltas y decirme de una buena vez, me estas asustando, ¿de qué es la denuncia y porque sacas mis cosas del closet? – es la primera vez que me daba miedo escuchar a Míriam hablar, sé que estas personas se llevan a los niños que no tienen familia a albergues y cosas así, pero… yo si tengo familia para la cual no existo, pero es mi familia al final de cuentas.

– Helga, parece ser que alguien reporto a servicio social que tu recibes maltrato por nuestra parte y esta persona ha venido para ponerte en manos del gobierno.

No puede ser, mis ojos se abrieron como nunca, ¿servicio social?, ¿maltrato?, de que diantres estaban hablando, ¿Quién pudo haber puesto esa denuncia?, sé que tanto Bob como Míriam no son los padres del año, pero son mis padres y ellos nunca me han puesto una mano encima. No me quedo otra opción que empacar todas mis cosas, bajé unas cajas del desván y comencé a guardar todos mis libros de poesía, todo lo que me recordara a ti Arnold, le dije a Míriam que esa caja se quedaría aquí guardada, solo tome mi maleta con mi ropa y mi mochila con las cosas de la escuela, en cuanto bajamos, la señora me explico él porque estaba ella ahí y que sería lo que ocurriría después, subimos a su auto; me despedí de mis padres y de Olga quien no dejo de llorar en todo momento, no pude dejar de pensar y preguntarme ¿en qué momento paso esto?

En el camino no dije ni una palabra, la señora tampoco, llegamos a un edificio color blanco, parecía un albergue, me hicieron entrar a una habitación con una mesa y tres sillas, yo tome asiento en una y me indicaron que esperara un poco en lo que llegaban unas personas a explicarme todo este embrollo, Arnold tengo miedo, he escuchado que en estos lugares hacen a los niños trabajar como esclavos y quien sabe que tantas cosas feas, ¿y si no te vuelvo a ver?, no, eso sería lo peor que pudiera pasarme, escuche como se abría la puerta y mi sorpresa fue enorme cuando vi a la Dra. Bliss entrar junto con un tipo con cara de mono.

– Helga, que gusto ver que te encuentras bien.

– ¿Bien?, acaso esta ciega doc., llego a casa y lo primero que hacen es sacarme como si fuera una delincuente con todas mis cosas ¿y usted dice que me encuentro bien?, es obvio que no vemos las cosas de la misma manera hermana – me cruzo de brazos obviamente molesta por el comentario tan estúpido de la doctora Bliss.

– Calma Helga, las cosas no son como te las imaginas, todo tiene una muy buena explicación – su sonrisa tan peculiar no había cambiado con el paso del tiempo, eso de alguna manera me brindo un poco de tranquilidad, pues sé que ella jamás me mentiría y mucho menos me haría daño, después de todo ella sabe cuál es mi secreto más profundo además de ganarse mi confianza.

– Bien doc., escúpalo, ¿Qué estoy haciendo aquí?

– Bien señorita Pataki, hemos recibido una denuncia de que usted en su casa recibe maltrato por ambos padres y…

– Un momento, eso es una vil mentira, ni Bob ni Míriam me han puesto una mano encima, por lo tanto esa denuncia es falsa.

– Helga el maltrato no es solo físico, también existe el maltrato emocional – comenta la Dra. Bliss.

– Así es jovencita, según nuestro informante, tus padres no te brindan la atención necesaria, no te alimentan y tampoco ven por tus necesidades educacionales.

Cielos, ni como ir en contra de eso, pero como es que ellos se enteraron de eso, sé que la dra. Bliss no pudo decir nada pues aquella ocasión en la que me brindo terapia por orden de Wartz no detalle nada acerca de cómo eran mis padres conmigo salvo una o dos ocasiones, pero eso fue todo.

– Señorita Pataki, usted se encuentra en este lugar para recibir la ayuda que necesita, usted aun es menor de edad y por el reporte que levanto la trabajadora social es más que obvio que sus padres no tienen la capacidad de ocuparse de usted así que…

Con toda la sorpresa que esto me estaba dejando, no pude evitar soltar un tono de voz de miedo, ¿Quién no tendría miedo en estas circunstancias? – ¿Qué pasara conmigo?

– Bien, el proceso será bastante largo, la mandaremos con una familia temporal en lo que este asunto se resuelve, cabe remarcar que usted no podrá tener contacto con sus padres y hermana mientras se esté llevando a cabo el proceso, tendrá terapia psicología con la Dra. Elizabeth Bliss y tendrá que asistir a las citas con el juzgado a declarar…

– ¿¡juzgado?!

– Así es señorita, esta es una situación legal entre el estado y sus padres, debo advertirle que será un proceso largo y tedioso para ambas partes.

¡¿Qué, es enserió?! Gracias a la doctora Bliss, mi estancia en ese horrendo lugar solo fue de dos días, no quería que nadie en la escuela supiera nada, así que actué lo más normal que podía; realmente no quería quedarme con ninguna familia, así que hice la mejor actuación de mi vida ante el juez y me permitió quedarme en casa de la Dra. Bliss ya que, ella no era una extraña para mí como los locos con los que me querían dejar en primer lugar, pasaron los meses y cada vez me hartaba más de esto a tal punto de volverme más agresiva con los chicos en la escuela, más de lo normal siendo notado por Phoebe, siendo mi mejor amiga, es normal que ella sepa todo lo que me está pasando pero opte mejor por guardar silencio, ya era lo suficientemente vergonzoso aceptar para mí misma esta situación, como para compartirla aunque sea a mi mejor amiga después de todo no quería que nadie y me refiero a NADIE sintiera lastima por mí.

Después de un año de esta horrible situación, el juez encontró a Bob y Míriam culpables pues durante el proceso de investigación hacia ellos, se percataron de lo violento que era Bob cuando hablaba con sus clientes y que Míriam tenía un claro problema con la bebida, sentenciaron a Míriam a asistir a reuniones de AA ya que debido a su enfermedad según el juez, ocasiono que nunca estuviera ahí para mí, es más que obvio que a Bob no le gusto para nada el fallo del juez pues estaba en juego el apellido Pataki, pero no podía hacer nada, en cuanto a mí, bueno pues me asignaron a una familia adoptiva la cual fue evaluada con mucho cuidado no solo por los tarados de servicio social sino también por la Dra. Bliss, a simple vista parecían amables y según me comento la dra. Bliss ellos no tenían hijos.

Me resigne Arnold, estoy tan decepcionada de mí misma, me deje vencer y termine en este enorme problema, ahora no sé cuál será mi destino, esta nueva familia en el fondo no es lo que hubiera querido a estas alturas de mi vida, ahora debo cerrar este capítulo de mi vida y hacer uno nuevo; me despido de ti Arnold y deseo que realmente seas feliz, probablemente jamás te enteres de todo lo que ha pasado, nunca tuve el valor de mandarte ninguna de las cartas que te escribí, a pesar de que tu si me mandaste algunas, supongo que te rendiste al no recibir respuesta alguna, pero seamos honestos cabeza de balón, ¿realmente esperabas alguna respuesta?, me despediré de los que me tenga que despedir, obviamente argumentando algún viaje familiar con Olga quien salió de la ciudad para arreglar unos pendientes de la universidad mientras todo este problema se solucionaba, no me gustaría que nadie se enterara de la verdad, al menos no por ahora; me iré a mi nueva vida como solo Helga G. Pataki sabe hacerlo, espero algún día poder volverte a ver, mi querido ángel de cabellos dorados, mi musa inspiradora, mi amado Arnold.