Disclaimer: Hey Arnold no me pertenece, todos los derechos corresponden a Craig Bartlett y Nickelodeon salvo la idea de la historia y los personajes inventados.

PROVERBIO GENERAL

Han pasado algunos meses desde el partido de novatos y era más que obvio que para los involucrados las cosas ya no serían igual, por un lado Arnold estaba más que destrozado por no obtener las respuestas que tanto buscaba de aquella hermosa joven rubia que por fin había vuelto a ver, lo único que su actitud provocó en él fue un corazón roto y el recordar a cada momento aquellas crueles palabras "YA TE SUPERE", aunque el profundamente confiaba que eran una vil falacia no podía ignorar el hecho de que tal vez, solo tal vez podrían ser verdaderas; por otro lado aquella joven rubia no dejaba de pensar en ese momento, era claro que estaba dolida, aunque intuía que podría existir la posibilidad de un posible encuentro, debía de admitir dos cosas, una de ellas era que no estaba lista para volverlo a ver y la otra era la forma en como ocurriría dicha conversación, definitivamente era diferente de como ella lo idealizaba en su cabeza a como realmente fue y es que en este tipo de escenarios las cosas nunca le salían como su imaginación le dictada y eso era un hecho; a pesar del tiempo transcurrido y la necesidad oculta de verse y hablarse, ambos siguieron con sus actividades cotidianas dejando en el olvido tal encuentro, él con sus entrenamiento del club de baloncesto y ella en el de porristas más sin embargo para ambos había algo diferente, tan sumergidos en su mente cada uno que sin ellos realmente desearlo causaron preocupación con sus allegados, unos comprendiendo la situación mientras que otros no tenían ni idea de lo que ocurría y peor aún es que no sabían como debían ayudar pues en ambas partes existía una regla, si sus amigos no decían nada ellos debían respetar el silencio evidente hasta que ellos estuvieran listos para hablar aunque muchas veces la desesperación nos llegue a ganar y perdamos la paciencia de esperar una respuesta.

La práctica del equipo de porristas había terminado, las chicas se encontraban charlando con la capitana del equipo ultimando algunas dudas con la rutina que practicaban mientras que una rubia se encontraba guardando sus cosas en su bolso de gimnasio.

– Geraldine, ¿Estarás libre esta tarde? – preguntaba Steve quien era un miembro oficial del equipo de porristas al igual que mano derecha del capitán del equipo de básquetbol Michael, aunque el no era un miembro oficial de los equipos deportivos, siempre que le pedían apoyo en algún partido oficial el ayudaba siempre y cuando no se interpusiera con las competencias de porristas las cuales siempre eran su prioridad.

– Depende de lo que tengas planeado – termino de guardar sus cosas y se giro para encargarlo.

– Preciosa, te aseguro que no es nada malo y si así fuera – se acerca de manera seductora a ella – te apuesto a que te encantaría – termino de decir guiñándole un ojo.

– Lo dudo mucho don juan eso tenlo por seguro – respondió ella cruzándose de brazos.

– Es verdad, solo el tarado de Mike puede lograr eso – decía molesto y cruzado de brazos al igual que la rubia – sabes, a veces olvidó el hecho de qué estén juntos.

Acercándose a él de forma seductora colocando una mano en su pecho mientras que juega con uno de sus dedos haciendo círculos en este – No sabía que te ponías celoso, pero eso tiene solución querido.

Siguiéndole el juego coloca ambas manos en la cintura de la chica y la acerca hacia él – ¿de verdad?, Te escucho princesa.

– ¡Debo suponer que esto no es lo que parece verdad! – les grita un chico acercándose lo más rápido a la pareja y separando los colocándose él en medio de ellos dos – sabes Steve no deberías de aprovecharte de mi hermosa Geraldine mientras yo estoy en el entrenamiento, bastante tengo con aguantar que la manosees durante sus piruetas, pero esto es el colmo.

– Oye hermano, tranquilo, ella ya se decidió por mi así que olvídate de ella – decía triunfal colocándose aunado de la chica rubia y acomodando su brazo en los hombros de ella.

– Bien chicos antes de que se vayan a matar por mí lo cual sería un espectáculo de primera, les propongo un trío y así todos contentos no creen – decía sin pena alguna provocando que ambos chicos solo se voltearan a ver estupefactos por lo que acababan de escuchar de boca de la rubia.

– ¡Geraldine!, eres una sucia y malvada persona por colocar en mi cabeza la imagen de Steve desnudo en mi cabeza – contesto ofendido Mike por dicha idea.

Soltando una carcajada por escuchar tal comentario – no puedo creer que a estas alturas de la vida seas un puritano ofendido, acabas de perderme.

– Tus obscuros deseos quedarán grabados en mi cabeza y lo peor es que no habrá forma de sacarlos de ahí, muchas gracias Geraldine – comento Steve cruzándose de brazos con un todo sarcástico – bueno, dejando las bromas de lado no me has respondido, ¿Estas ocupada hoy?

– Aguafiestas – suspiro resignada imaginando el porqué le hacía tal pregunta Steve – no, estoy libre, ¿Cuál es el plan?

– Bien, estoy seguro de que ya sabes el porque te lo pregunto y esta vez no te salvaras, ya ha pasado un tiempo y tanto Mike como yo te hemos dado tu espacio, somos tus amigos y estamos muy preocupados por ti.

– Steve tiene razón, no deseamos incomodarte, pero está actitud tuya no es normal, al menos para la chica que nosotros conocemos.

– Chicos, les agradezco sus palabras – respondió ella con un tono triste bajando la cabeza un poco para centrar su mirada en el suelo – la verdad ya había pensado en hablar con ustedes y si soy sincera, tengo miedo de sus reacciones ya que lo que les quiero contar tiene que ver con mi pasado y es… bueno es muy vergonzoso y delicado.

– Princesa, sabes que cuentas con nosotros y también sabes que nosotros somos incapaces de juzgarte o burlarnos de ti, si en estos momentos te presionamos para que nos cuentes es porque estamos preocupados por ti y no queremos que lo padezcas sola.

– Muchas gracias chicos, bien vamos a cambiarnos para que puedan llevarme a comer algo delicioso y hacer más amena esa conversación pendiente.

Tanto Helga como los chicos se dirigieron a los vestidores para asearse, terminando esto los tres se dirigen a sus respectivos casilleros para tomar sus libros y así poder ir a comer como solían hacerlo cuando sus respectivas actividades extracurriculares se los permitía.

– Si Hanna – respondía la rubia quien se encontraba hablando por teléfono – Mike y Steve están conmigo y no te preocupes esta vez te garantizo que no llegaré tarde, solo charlaremos de algunas cosas… no se trata de eso, más bien tengo pensado contarles de mi pasado… si estoy segura, es algo que a ellos ya no les puedo seguir ocultando… si no te preocupes, te mandare un mensaje indicándote donde comeremos para que estés tranquila… bien adiós – se despedía la rubia quien se quedó viendo por un momento la pantalla del teléfono y soltando una leve sonrisa.

– ¿Tú mamá es un poco sobreprotectora no crees?, es decir, solo vamos a comer no a matar a Batman – decía con un ligero tono de burla Steven.

– Si claro, no imagino porque se preocuparía por mi estando con ustedes, tienes razón, ella exagera – comento cruzando sus brazos sobre su pecho y con notable sarcasmo soltando una mirada de incredulidad a Steve por dicho comentario.

– Bien, nos queda claro que tus padres jamás olvidarás lo que pasó la última vez que te llevamos a comer, pero en nuestra defensa… ammm… bien, no hay justificación.

– Gracias a ustedes mis padres me hacen un inmenso interrogatorio cuando salgo exclusivamente con ustedes.

– No querida, eso no es por nosotros, eres tan tierna y apachurrable que cualquiera te secuestraria para exhibirte en un circo – termino diciendo Mike sin contener la risa al imaginarse dicha escena.

– En fin, vamos a la cafetería que está cerca de tu casa y así tus padres estarán tranquilos al saber que estás doblando la esquina.

– De acuerdo, pero no lo olviden, malteada suprema de chocolate como postre.

– ¡De acuerdo, golosa! – comentaron los dos chicos al mismo tiempo con un ligero tono de burla.

Los tres chicos se dirigían a la cafetería mientras conversan de trivialidades, Helga se sentía bastante cómoda con la amistad extraña y retorcida que tenía con los dos chicos, era incluso extraño para ella el tener una amistad de ese tipo ya que siempre se encargaba de que nadie se le acercara tanto por ningún motivo y con Phoebi a pesar de tener una amistad bastante transparente entre ellas, jamás se permitió el tener una relación con ese grado de confianza e ignoraba el porqué de eso; una vez que llegaron y se acomodaron en una mesa pidieron algo de comer, una vez que el mesero se retiró tanto Michael como Steven esperaban a que la rubia iniciara la conversación y solo se miraban entre ellos dándose una señal de que alguno debía preguntarle algo para romper el silencio.

– Creo que debo iniciar con darles mi nombre real – decía Helga con la mirada puesta en la mesa – verán, antes de ser Geraldine Anderson, fui Helga Geraldine Pataki – tanto Michael como Steven soltaron una expresión de sorpresa, pero no dijeron nada – Hannah y Deylan Anderson son mis padres adoptivos, mis verdaderos padres son Bob y Miriam Pataki quienes viven en Hillwood, desafortunadamente para mi ellos realmente nunca fueron unos padres para mi pues nunca me brindaron la atención que un padre le brindaría a un hijo, toda su atención se centraba en mi hermana mayor Olga quien siempre era perfecta en todo, con sus calificaciones perfectas, sus logros perfectos, todo era perfecto en ella y cuando llegaba de visita acaparaba la atención de mis padres y yo… pues yo seguía sin existir, siempre ha sido así desde que tengo memoria hasta hace un poco más de dos años cuando una persona levanto una denuncia ante las autoridades de servicio social que yo recibía maltrato por parte de mis padres, durante un año fui alejada de ellos viviendo un tiempo en un albergue y otro con mi psicóloga hasta que un juez encontró culpables a mis padres de los cargos e inicio un proceso de búsqueda en la cual me brindarían en adopción a una familia temporalmente en lo que mis padres se redimían ante la ley, después de unos meses difíciles para mí, me brindaron la noticia de la existencia de una familia que cumplía con todos los requisitos para cuidar de mí, esta familia es Hannah y Deylan, el día que nos presentaron arreglamos los papeles de la adopción e iniciamos un viaje a la que sería mi nueva vida aquí en Nueva York, una vez instalados, me mostraron los alrededores, buscamos una buena escuela para mí y henos aquí.

– ¿Qué paso con tus amigos de Hillwood?, ¿Alguien más sabe de esto? –Pregunto Michael con un poco de preocupación y colocando una de sus manos sobre la de Helga.

– No, verán yo no solía comportarme en Hillwood como lo hago aquí, allá era una brabucona que se la pasaba molestando a todo el mundo, en especial a Arnold, mi única amiga allá es Phoebi, jamás entable un lazo de amistad como el que tengo con Phoebi y me encargue de que nadie se enterara de mi situación, cuando llegue a Nueva York le escribí una carta a Phoebi explicándole a detalles la situación, y obviamente le pedí que no le dijera a nadie, siempre temí a las burlas de mis compañeros si mostraba gentileza y bondad a cualquiera es por eso que me volví una brabucona.

– ¡Cielos, eso no me lo esperaba! – comentaba Steven.

– Pero no me malentiendan, aunque siempre mostré mi lado más duro y cruel, siempre les ayudaba a todos sin que ellos pudieran siquiera saberlo, sobre todo a Arnold.

– ¿Arnold? – preguntaron con tono curioso y al mismo tiempo ambos chicos.

– Si, Arnold ha sido mi primer amor desde los tres años, un día me dirigía a la escuela cuando tenía tres años y mis padres estaban muy ocupados con Olga mientras ella tocaba el piano, me fui sola ese día a la escuela y fue el peor día que había tenido, estaba lloviendo, un perro se había llevado mi lonchera con mi almuerzo, un auto me embarro de lodo cuando iba pasando en un cruce donde estaba haciendo alto, me encontraba cabizbaja en mi mundo hasta que deje de sentir la lluvia en mi cuerpo, cuando volteo ahí se encontraba el cubriéndome con su sombrilla y me dijo algo que se quedó en mi corazón por siempre – soltó una sonrisa que reflejaba nostalgia y felicidad – "me gusta tu moño", yo no entendí lo que me dijo hasta que me lo aclaro él, "me gusta tu moño porque es rosa como tu ropa" y entro a la escuela, nunca antes alguien me había puesto atención y el llego de la nada con su bondad y alegro mi día, fue en ese momento que mi corazón quedo flechado por él, desde ese entonces y siempre en las sombras ayudaba a Arnold en cualquier problema que tuviera, en una ocasión le confesé que estaba locamente enamorada de él y después me retracte debido a las circunstancias de la situación, tiempo después de eso gane un concurso de ensayos donde el primer lugar ganaría un viaje a centro américa, yo sabía que Arnold querría ganar para así poder ir a buscar a sus padres quienes estaban perdidos en San Lorenzo desde que él tenía un año, ganamos, viajamos y fue gracias a mí que él y sus padres están juntos.

– Geraldine, eso es increíble.

– Es verdad, has sido capaz de sacrificar tu propia felicidad e incluso tu vida por la persona a la que amas y eso no cualquier persona puede hacerlo.

– Querrás decir ame.

– ¡¿Qué?! – dijeron ambos al mismo tiempo.

– Le he entregado tanto a Arnold y nunca pedí nada a cambio, cuando el tomo la decisión de quedarse con sus padres en San Lorenzo yo estaba destrozada pero feliz al mismo tiempo, por fin su sueño de tener a su familia se había cumplido, el me prometió que volvería por mí y que estaríamos juntos pero… la vida nos presenta desafíos los cuales debemos enfrentar solos aunque en ocasiones recibamos ayuda siempre ha sido mejor superarlos solos para que nos quede marcada una lección y así valorar lo que tenemos, yo viví tanto dolor y Arnold nunca estuvo conmigo para sobrellevarlo como yo con él, no lo culpo de nada pues él no tiene nada que ver con mi vida pero si tome una decisión cuando salí de Hillwood, iniciaría una nueva vida, dejaría el pasado atrás y construiría un mejor futuro para mí, atrás quedo Helga G Pataki y ahora solo existe Geraldine Anderson.

– Imagino lo difícil que es para ti el superar esto, ¿Qué ha pasado con tus padres biológicos, has tenido comunicación con ellos?

– No, tengo prohibido mantener comunicación con ellos hasta que ellos no demuestren mejoría como personas, la Dra. Bliss quien es mi psicóloga tiene el número de mi casa y me avisara cuando tenga autorización por parte de un juez para volver a ver a mis padres, pero…

– Tu no quieres volver a verlos ¿verdad?

– Así es – en ese momento llega el mesero con sus órdenes, una vez que termina de colocar los pedidos en la mesa se retira del lugar.

– ¡¿Qué, pero por qué?!

– ¡Porque no es fácil olvidar el dolor, la soledad y la necesidad que viví durante siete largos años Mike!, no puedo perdonarlos así de fácil, aunque el gobierno los perdonara y me permitieran volver con ellos, yo nunca lo haría – baja nuevamente la mirada al darse cuenta de su reacción – no puedo hacerle esto a Hannah y Deylan, además, me gusta mi vida como esta ahorita, ellos me brindan atención y se preocupan por mis cosas, jamás había vivido algo así y ahora que lo tengo no quiero perderlo.

Suelta un enorme suspiro seguido de un sorbo de su bebida – entiendo él porque no quieres que nadie se entere de esto y te juro que jamás diré ni una palabra al respecto y también quiero que sepas que tienes mi apoyo incondicional como siempre desde que nos conocimos en la cafetería Geraldine, somos tus amigos y siempre te vamos a proteger de cualquier persona, pero creo que lo correcto en el caso de Arnold es que él sepa lo que ocurrió contigo, porque estoy seguro que no le dijiste nada el día del partido ¿verdad?

– No, le dije que el motivo de mi ausencia en la ciudad era solo asunto mío y que él no era nadie para exigir nada, también le aclare que no existe un nosotros y que el siguiera con su vida, que yo ya no lo amaba.

– ¿Estas… segura que ya no lo amas? – preguntaba con curiosidad Steven pues el sentía que les mentía en ese aspecto – sabes el amor no es un sentimiento que deje de existir de la noche a la mañana y si desde los tres años dices que lo amabas, dudo en ese caso que tu hayas dejado de amarlo, más bien pienso que aun estas dolida por el abandono de él, aunque sepas que no fue con mala intención.

– Chicos, no quiero mentirles ni ocultarles nada, pero…

– Entonces aun lo amas.

– No, lo que en este momento siento por él no es amor, es cariño, él durante tantos años fue mi todo, mi musa inspiradora pero, después de todo lo que paso mis sentimientos por él han cambiado, si el amor no lo cuidas este termina marchitándose, yo leí cada una de las cartas que Arnold me envió desde San Lorenzo y las respondí pero nunca las envié, nunca pude reunir el valor para poder mandárselas así que las guarde, aunque en ellas nunca mencione lo que me ocurría, preferí que él disfrutara de su nueva vida con sus padres a estar atado a un pasado que no tenía futuro.

– Geraldine.

Tanto Steven como Michael no quisieron preguntar más pues sabían que toda la información que habían recibido había sido muy difícil para ella expresar y aunque hayan forjado unos lazos de amistad muy fuertes desde que se conocieron, no querían presionar esa confianza que acababan de recibir al conocer el pasado de la chica, una vez terminada la plática cambiaron radicalmente de tema y comenzaron a comer; terminaron de comer y los chicos acompañaron a Helga a su casa, una vez que se aseguraron de que llegara a salvo ambos se dispusieron a salir del edificio y comenzar con su recorrido a sus respectivas casas, no sin antes aclarar unos puntos entre ellos.

– Michael, ¿Qué va a hacer ahora?

– Con respecto a…

– A Geraldine, no me vas a negar que tienes sentimientos por ella ¿o sí?

– No, no te lo negare, te lo dije aquel día, es una chica especial.

– Lo sé, ahora sabes que ese chico es alguien importante de su vida o más bien fue, ¿seguirás esperando?

– Por supuesto que sí, ella acaba de terminar por así decirlo una relación, no quiero confundirla con mis sentimientos, esperare el momento adecuado para expresarle lo que en realidad siento y debo darte las gracias amigo mío.

– ¿Por qué?

– Por haber aceptado tener una relación amistosa medio retorcida con ella, hubiera sido incómodo para ella si solo yo le decía princesa, cariño y esas cosas.

– Oye no tienes nada que agradecer, saber que te apoyo con gusto en todo, además es divertido tener una amistad así, cuando un chico quiera pasarse de listo con ella, sabrán que ella esta con alguno de los dos, así como paso con ese chico, Arnold.

– Sí, fue divertido.

Hola a todos, muchas gracias por estar un capítulo más aquí, espero que este sea de su agrado y nos leeremos en el próximo capítulo, espero disfruten de su fin de semana, abrazos a todos.