Disclaimer: Hey Arnold no me pertenece, todos los derechos corresponden a Craig Bartlett y Nickelodeon salvo la idea de la historia y los personajes inventados.

...

Han pasado unos meses de mi pelea con Helga, me disculpe con Mike y quedamos como amigos, aunque no muy cercanos, después de que Helga me confesara que él esta enamorado de ella, y aunque no le he visto otras intenciones más allá de una amistad, prefiero tener algo de cautela.

Mis abuelos vendieron Sunset Arms y ahora viven en Nueva York con nosotros, gracias a la ayuda de los padres de Helga, pudimos encontrar una casa un poco más grande para nosotros y los abuelos, ellos insistían en vivir en una casa de retiro, pero mis padres no se los permitieron, argumentando que eran familia y no tenían inconveniente en vivir juntos, aunque costo un poco de trabajo, al final pudieron convencerlos para vivir todos juntos. Gerald y Phoebe también viven con nosotros, Gerald y yo compartimos habitación, mientras que Phoebe tiene su propia habitación; Este verano sería el primero que pasaríamos al lado de Helga, aunque ella nos había comentado anteriormente que sus vacaciones de verano las pasaría en Hillwood con los Pataki, Gerald y Phoebe también tenían ganas de regresar y convivir un poco con sus familias, aunque no lo expresaran de manera abierta, se veía que los extrañaban, yo ya no tengo razones para ir a Hillwood debido a que mi familia está ahora radicando aquí, el pensar que estaría pasando mis vacaciones de verano lejos de mis amigos me ponía un poco… triste, pero tampoco puedo ser egoísta con ellos e impedirle que vean a sus familias.

– Oh vamos Arnie, animate.

– No puedo Gerald, el solo pensar que ustedes estarán en Hillwood y yo aquí atrapado, contando los días para que termine el verano, es algo que no puedo soportar ¿qué voy a hacer? ¿Jugar damas chinas con el abuelo?

– No seas drástico hermano, además, aún faltan algunas semanas antes de las vacaciones de verano, uno nunca sabe, tal vez podría pasar algo que cambie nuestros planes y ya no podamos regresar a Hillwood.

– Tienes razón, gracias amigo.

Y como si fuera una predicción, en la hora del almuerzo, Phoebe nos informa que sus padres viajarán a Japón para atender algunos asuntos familiares, por lo que ella ya no regresara para estas vacaciones, y Helga informo que Bob gano un crucero en la lotería, según ella milagrosamente, para cuatro personas, que la habían invitado, pero que ella lo rechazo pensando que seria una buena oportunidad de que Bob conviviera con el prometido de Olga, con quien lleva conviviendo dos años y acababan de comprometerse, es por eso que ella también se quedará aquí hasta que el crucero de Bob termine, lo cual solo tendría una duración de dos semanas, eso indicaría que solo Gerald viajaría de regreso a Hillwood.

– Esto si que es mala suerte, ahora soy yo quien entrará en depresión – decía Gerald en un tono serio y depresivo.

– Eres un exagerado pelos de espagueti, te aseguro que, con un increíble cuento chino, tus padres te dejarán quedarte, tampoco son tan complicados.

– No conoces a mi padre, Pataki.

– Tienes razón, no tengo el gusto, pero… si tu pudin, dame eso – Helga toma el pudin de chocolate que Gerald tenía en su bandeja del almuerzo.

– ¡Devuélveme eso! – demandaba Gerald con mucha molestia tratando de arrebatárselo, esta era una escena diaria entre estos dos, siempre peleando por el postre que el otro no podía conseguir.

– ¿Tan malo es tú padre? – preguntaba Eli llena de curiosidad.

– No es malo, es algo estricto.

– Deberías hacerle caso a Geraldine, un poco de manipulación no te caería nada mal, total, ya eres todo un joven que puede decidir por su cuenta lo que quiere hacer, ¿o eres aun un bebé que requiere los cuidados de sus padres?

El comentario de Steve fue tan inocente y burlón a la vez, que a todos nos saco unas carcajadas enormes, pero a Gerald solo le causo un enorme sonrojo – Cla… claro que no, no soy un bebé.

– ¿Entonces? Solo inténtalo, y para agregar un poco más de presión a tu decisión, les propongo ir al Parque de diversiones en Coney Island, del cual tengo acceso a siete entradas VIP, ¿Qué les parece la idea?

– Debes estar bromeando hermano, ¿¡un parque de diversiones en verano!? ES INCREÍBLE – decía Gerald muy emocionado – debo hablar con mi padre cuanto antes.

– Puedo preguntar ¿cómo obtuviste esos pases?

– Por supuesto querida Phoebe, mi padre es abogado y aunque raras veces convivimos por su trabajo, las veces que lo hacemos siempre me da un regalo de este tipo, muchos envidiosos dirían que es para que mi padre compense su ausencia, pero mis verdaderos amigos saben cómo están las cosas en casa, por lo que nunca es necesario este tipo de gestos.

– Es verdad, su padre tiene las mejores e irracionales historias de crímenes que nadie se creería, fueran reales – decía Helga mientras le daba una mordida a su emparedado – su padre es realmente increíble y siempre esta al pendiente de este tarado, sinceramente no merece las preocupaciones que a veces le das zopenco.

Helga le da un manotazo en el hombro – oye, eso duele, te recuerdo que la mayoría de esas "preocupaciones" fueron causa tuya.

– Yo que iba a saber que todo saldría mal con esa explosión, no me culpes.

– ¿Explosión? – preguntamos Gerald, Phoebe y yo algo sorprendidos.

– Nada serio, no se preocupen, además eso paso hace ¿qué, dos años?

– En fin, cuenta con nosotros, ¿tienen fecha limite los pases? – preguntaba Eli mientras terminaba de beber su jugo.

– No, ni siquiera están fechados, mi padre dice que el dueño le dijo que podíamos utilizarlos cuando quisiéramos, que él le notificaría a la persona de taquilla para que no hubiese problema alguno.

– Perfecto, habrá que planear muy bien esto.

Después del almuerzo, nos dirigimos a nuestras clases, por ser las ultimas antes de las vacaciones de verano, los profesores solían ser un poco más cargados, dejando tareas, proyectos, investigaciones y cuanta cosa se les ocurriera, hasta me atrevería a decir que no querían que tuviéramos vacaciones, pero supongo que así es en todas o la mayoría de las preparatorias.

Al salir de clases, acompañamos a Helga a su casa mientras íbamos organizándonos para nuestra visita al parque de diversiones, fue rápido sugerir que fuera el ultimo viernes de clases para descargar todo ese estrés que se iba acumulando; ahora nuestro único problema era buscar una buena excusa para que Gerald pudiera quedarse aquí en Hillwood.

– Pregunta, ¿Por qué simplemente no le dices a tus padres que no quieres volver y ya?

– No es tan fácil Eli.

– No, tu nos lo haces ver como que no es fácil, tal vez es mucho más sencillo de lo que quieres admitir y solo te estas torturando, ¿no sabia que te gustaba el masoquismo? Phoebe, cuidado.

Phoebe se puso roja ante tal comentario de Eli – ¡Pero qué cosas estas diciendo!, no soy masoquista.

– Escucharon, no negó que él lo estaba complicando, deberías avergonzarte de ti mismo Johanssen – soltó Steve con una falsa indignación, creo que ahora comprendía porque Helga se llevaba tan bien con ellos dos.

– Steve, tu también ten cuidado, tal vez quiera aprovecharse de ti.

– ¿Tú crees Eli?, Oh no, ahora que será de mí – podría jurar que esos dos son muy buenos actores, cualquiera que no los conociera, podría decir que tienen serios problemas emocionales.

– ¡Ya basta ustedes dos!, no tengo fetiches sexuales extraños, no me gustan los hombres y claramente niego cualquier acusación que me estén señalando – respondió un poco alterado y sonrojado Gerald.

– Tienes razón Geraldine, es muy fácil fastidiarlos – respondió entre risas Mike.

– Me debes una malteada suprema de chocolate con doble crema y cerezas.

– Por supuesto hermosa.

Aunque no fuera de mi total agrado las pocas veces que Mike se portaba de forma cariñosa con Helga, tampoco podía impedírselo, comprendí que así es su amistad y la respetaría, aunque yo no estuviera del todo acuerdo con algunas cuestiones, lo mejor que puede hacer una persona es respetar a los demás para que exista paz y tranquilidad, nada ganare con reclamarle por cosas tan insignificantes como estas, además, ella es toda para mí.

– Sabes Gerald, en cierta forma Eli tiene razón.

– ¿También tu hermano? – pregunto indignado Gerald ante mi comentario, creo que me exprese de la manera errónea.

– ¡No, eso no! Me refiero al hecho de tu miedo con tu papá, si es algo estricto, pero el señor Johanssen siempre me ha parecido una persona bastante razonable.

– Bien dicho Arnoldo, no tienes excusa Geraldo, habla con tu padre y resuelve tu problema lo antes posible, o nosotros iremos a la feria sin ti y créeme cuando te digo que, ni nos acordaremos de ti.

Bien, eso no fue bueno, Gerald mostró un poco de molestia ante el comentario de Helga, era claro que ella no bromeaba cuando se le dijo que iríamos sin él, realmente era muy buena para convencer a la gente, por lo que era factible que asistiéramos sin él; después de dejar a Helga en su casa, los demás nos dispusimos a retirarnos a la nuestra, al llegar a la casa, Gerald trato de convencer a Phil de que fuera él quien convenciera al señor Johanssen para que Gerald no tuviera que regresar a Hillwood, a lo cual mi abuelo se negó de una manera divertida, argumentando que era un asunto que solo Gerald podía resolver; sin más opción se dispuso a marcar a su casa, para su sorpresa, su padre accedió a la petición argumentado que tendría que pasar su ultima semana de vacaciones en Hillwood, lo cual realmente no nos pareció tan mala idea, si mal no recordaba, esa seria la semana en que la feria del queso estaría en la ciudad y podríamos mostrarle la ciudad a Steve, Mike y Eli, Gerald accedió felizmente.

Los siguientes días fueran igual de atareados por los proyectos finales, sin embargo, al comentarle nuestro plan a Helga y los demás, todos accedieron gustosos, solo que Helga adelanto la fecha.

– Como saben, mis padres andarán de crucero dos semanas, así que tendremos que estar en Hillwood antes.

– A mi me parece perfecto, sirve que conocemos el lugar donde creciste Geraldine.

– Bien, ¿y que más desean hacer durante esas dos semanas que estaremos aquí?

– No lo sé Mike, ¿Qué se les ocurre?

Estuvimos proponiendo distintas ideas, desde ir al cine, hasta ir a la nueva pista de patinaje que abrieron en el centro comercial, poco a poco trazamos un buen plan de actividades, estas sin duda serian las mejores vacaciones de verano, y más por que las compartiría con la chica más increíble del mundo, la dueña de mi corazón y mis suspiros, justo en unos días cumpliríamos unos meses de ser novios, por lo que quería hacerle un regalo muy especial, pero no sabía aún que obsequiarle.

Por fin había llegado el ultimo día de clases, estábamos todos ansiosos por que terminaran para poder disfrutar de nuestra libertad, aunque fuera solo por dos meses, claro que los profesores nos bombardearon con demasiada tarea, como la mayoría de esta eran investigaciones, acordamos en hacerla juntos las ultimas dos semanas antes de entrar a clases, ya saben, el estudiante perezoso siempre se adueña de uno y es algo inevitable.

– No puedo creer que el profesor Samuel nos pidiera un informe semanal de la lectura de literatura inglesa, eso es ilegal.

– Calmate ilegal, es simplemente una aseguranza de que leas el libro, tampoco es tan difícil, aunque para tu cerebro si lo ha de ser.

– Silencio Pataki.

– Oh vamos Gerald, solo es un libro pequeño, será una lectura rápida.

– Dilo por ti nena, a mi no me llama ni tantito la atención la literatura.

– Es por eso por lo que eres pésimo en esta clase ¿no?

– ¡Eli!, eres una malvada – dijo Helga mostrando una firme y triunfante sonrisa.

– Aprendí de la mejor – respondió Eli a la par que chocaba los puños con Helga.

– Ustedes dos son unas brujas.

– Cuidado con lo que dices Johanssen, podrían hechizarte y convertirte en su esclavo, así como lo hicieron con Steve.

– Si, no… espera ¿qué?

– Steve, golpealo – arrojo Helga y Steve accedió a golpear a Mike, aunque a simple vista se veía que no eran en serio sus golpes.

– Detente Steve, trata de recuperar el control de tu mente.

– Hermano, estos cada día están más locos – susurraba a mi oído Gerald un poco temeroso por lo que sus ojos veían.

– Descuida Gerald, no pasa nada.

– Bien chicos, antes de que se maten, ¿estamos todos de acuerdo en vernos a las seis de la tarde para ir al parque de diversiones?

– Claro Phoebe, y no se preocupen por el transporte, le pediré a mis padres que me presten la camioneta para pasar por ustedes.

– ¿Por fin te levantaron el castigo? Tus padres son muy condescendientes contigo Eli.

– Claro, soy su pequeña princesa, además, ellos saben que fue culpa de Steve que tuviéramos ese pequeño accidente con el Mustang.

– Oh no preciosa, a mi no me quieras culpar por tu falta de visión, quien manejaba eras tú.

– Si, pero de regreso al concierto, tú lo ibas conduciendo.

– No digas nada Steve, tienes las de perder en esto, todos sabemos que tu ibas conduciendo como loco.

– Amm… ¿tienes licencia de conducir?

– ¿Por qué esa cara de susto?, claro que tengo licencia, aquí la única que no tiene licencia de todos nosotros es Geraldine, no teman chicos, yo conduzco muy bien.

Eli nos guiño el ojo, la verdad nunca los he visto conducir por lo que no puedo brindar un veredicto si son buenos o malos, pero por lo que acaban de decir, mentiría si no dijera que tengo un poco de miedo en morir tan joven a causa de ellos.

Acordamos vernos a las seis, ellos pasarían por nosotros alrededor de las 6:15 y de ahí partiríamos a Coney Island, debo decir que me emociona mucho ya que los únicos parques que he conocido son los de Hillwood y estos no son tan grandes como lo es este; mientras esperábamos la hora del encuentro, me dispuse a preguntarle a mi madre por la forma más romántica de entregarle su obsequio a Helga, al final de cuentas, logré encontrar el indicado para ella mientras acompañaba a mis padres al centro comercial, aunque es un poco sencillo, se que es perfecto para ella; es un pequeño brazalete con la leyenda "His Queen" acompañada de un pequeño diamante y una corona, lo mejor de ella era que venían con una igual, solo que para hombre y esta decía "His King", eran perfectas para nosotros.

– ¿Qué opinas mamá? – le pregunto mientras le muestro los brazaletes.

– Es precioso Arnold, se que a Helga le va a encantar, yo te sugiero que cuando se lo entregues, estén ustedes dos solos, trata de buscar un juego mecánico que pueda ayudarte a crear esa atmósfera romántica.

– ¿Crees que seria una buena idea si se lo entrego en el túnel del amor?

– No lo creo cariño, lo más adecuado es un lugar iluminado, de esa forma el brazalete podrá lucir ante sus ojos.

– Tendré que ir viendo los juegos que hay en el parque mientras estemos ahí, muchas gracias, mamá.

– No tienes nada que agradecer, me encanta que tú y Helga estén juntos, son la pareja perfecta, no olvides invitarla a comer un día de estos.

– Claro, se lo propondré.

Me tranquilizo un poco hablar con mi mamá, tenia miedo de que este brazalete fuera demasiado para Helga, después de todo, ella no suele utilizar joyería; Eli llego puntual a recogernos, nos subimos a su camioneta, sin embargo nuestra sorpresa fue grande al ver que realmente no conduce nada mal, con esto pude ver tranquilidad en el rostro de Gerald, llegamos en cuestión de hora y media al parque, nos estacionamos y nos formamos en la línea VIP, cualquiera pensaría que los que poseen pases VIP no hacen fila, pero el parque estaba a reventar, había mucha gente en la taquilla y ni se diga en el acceso, esto se debía al inicio de las vacaciones por lo que imagino el lugar estará en su máxima potencia todos los días.

– Hay demasiada gente, no creo que podamos disfrutar del parque, habrá filas interminables.

– No te preocupes por eso preciosa, estos pases nos permiten ingresar a los juegos sin hacer fila.

– Eso espero zopenco, odio hacer filas.

Ingresamos rápido al lugar, lo bueno es que ya habíamos discutido a que juegos subiríamos primero, después de una hora pasaríamos a comprar algo de comer para poder descansar un poco el estomago antes de volver a subirnos a los juegos.

– Bueno, iniciemos con las montañas rusas.

– ¿No crees que es un poco, precipitado Pataki?

– ¿Acaso tienes miedo Geraldo?

– No, pero creí que iríamos por algo tranquilo primero – comentó algo nervioso.

– Solo por tú evidente miedo a las montañas rusas, nos subiremos a la monstruo primero.

Helga nos señalo la montaña más alta del parque, si la comparaba con la montaña de Dinolandia en Hillwood, esa era… pequeña – Si que quieres iniciar por lo grande – señale un poco anonadado al ver la atracción.

– Claro cabeza de balón, ¿Qué esperabas?, ahora andando.

Steve no mentía cuando dijo que los pases nos daban cero filas, aunque fuesen VIP, las pulseras que nosotros teníamos eran de un color distinto al de otros clientes VIP, por lo que nosotros no hicimos fila, fue pase directo, cosa que molesto a los demás clientes que tenían un rato formados; no sé como describir esta sensación, éramos los próximos en subir, de repente mis manos comenzaron a sudar – ammm ¿éstas segura que este juego es seguro Helga? – me di un golpe mental, mi voz sonaba temerosa y quebrada, obviamente Helga notaria mi miedo.

– ¿Tienes miedo, cabeza de balón? – comentó con una sonrisa sarcástica – descuida, no morirás, al contrario – su voz cambio a un tono bastante seductor – te va a gustar.

No supe como reaccionar ante su ¿seducción? nos acomodamos en los carros, para mi mala suerte, nos sentamos en los carros de hasta el frente, una vez acomodados, se bajaron los tubos de seguridad y comenzaron a moverse los carritos, mi miedo se fue incrementando conforme avanzábamos a la cima, lo cual si me pongo a pensarlo, es un poco absurdo sentir miedo puesto que me encantaba subirme a la montaña rusa cuando era niño, pero ahora, no sé porque me pongo tan nervioso con este juego; llegamos a la cima de la montaña rusa, los carros estuvieron detenidos unos segundos que para mi parecieron horas, y así de la nada, se movieron los carros y bajaron a alta velocidad, todos comenzamos a gritar, unos de la emoción y otros del miedo, no pude evitar cerrar los ojos, sentí un vacío en mi estómago, solo pedía no desmayarme o las burlas no se terminarían con Helga, la amo con todo mi corazón, y la conocí siendo una burlona, pero creo que esto no lo toleraría tanto.

Después de unas cuantas vueltas, comenzó a bajar la velocidad de los carros, indicando que el juego había llegado a su fin.

– ¡Estuvo genial! Deberíamos de subir nuevamente – comentaba Helga muy emocionada.

– Es una buena idea, pero creo que a ellos no les agradará mucho la idea – menciono Mike señalándonos a Gerald y a mí.

– Oh vamos zopencos, ¿les dio miedo? – comenzó a carcajearse Helga, esto era mi temor, que ella se burlara sin fin.

– N… no, pero no creo que mi estomago pueda soportar otro paseo ahí.

– Qué decepción bebe – comentó Phoebe emocionada, al parecer solo Gerald y yo sufrimos con este juego.

– No sé tu hermano, pero creo que esto no nos esta beneficiando ante las chicas – me decía Gerald en voz baja para que solo yo lo escuchara.

Después de una leve discusión, seguimos subiendo a los juegos mecánicos, unas horas bastante divertidas, decidimos tomar un descanso y buscar algo de comer, nos sentamos en unas pequeñas mesas que se encontraban en un área designada como comida, compramos unas hamburguesas con papas fritas y comenzamos a degustarlas, no es una exageración cuando digo que ¡estaban buenísimas!, por dios, tenia tiempo que no probaba unas así de jugosas.

– ¿Alguien más piensa que estas hamburguesas están riquísimas?

– No eres la única que lo ha notado Eli, podría morir a gusto después de esta delicia.

– Steve, debido a que tu escogiste el ultimo juego, le toca al cabeza de balón.

– No planearas subir después de comer o ¿sí?

Gerald tenía una expresión de susto – Por supuesto que no zopenco, ¿quieres que vomite toda esta delicia?

– No, solo quería asegurarme, estas un poco loca.

– Geraldine te va a matar – decía Steve ante el comentario de Gerald.

– Quisiera subir a la rueda de la fortuna – Comente para evitar que comenzará otra discusión innecesaria.

– Me parece buena idea, algo tranquilo antes de irnos – respondía Mike.

– ¿Irnos? – pregunto extrañada Helga.

– ¿Ya viste la hora? Pasan de la una de la madrugada y el parque lo cierran a las dos.

– Rayos, no me di cuenta del tiempo, bien, como es un juego tranquilo, no habrá problema con ir al terminar de comer.

Todos estuvimos de acuerdo, como ya era algo tarde, había menos gente, terminamos de comer y nos dirigimos a la pequeña fila para subir a la atracción, acordamos subir en parejas debido a que Steve prefirió no subir justificando que estaba algo cansado y un poco mareado; los demás nos fuimos acomodando en los cajones, primero subieron Gerald y Phoebe, después fueron Eli y Mike y al final subimos Helga y yo.

– ¿Cómo te la pasaste hoy Helga?

– Genial, el mejor día de mi vida.

– Me alegra escuchar eso – estábamos a mitad del camino antes de llegar a la cima, me pareció un buen momento hacer mi jugada.

– Arnold – mis pensamientos fueron interrumpidos al escuchar mi nombre de los labios de Helga.

– ¿Sí? – ella recargo su cabeza en mi hombro, yo coloque mi brazo alrededor de ella sujetándola fuerte.

– Soy muy feliz a tu lado, aun y con nuestros problemas, quiero que sepas que me haces muy feliz.

– Tu también me haces muy feliz – me aparte un poco de ella, me coloque de rodillas frente a ella y le entregue una caja pequeña – aquí tienes, un pequeño regalo para ti.

– ¿Qué es? – pregunto extrañada Helga.

– Ábrelo – sus ojos se iluminaron al ver los brazaletes que se encontraban adentro, no pudo articular palabra, pero atreves de sus ojos pude descifrar lo que quiso decirme – no es algo muy ostentoso, pero si es algo que lleva mi corazón, este brazalete representa mis sentimientos por ti, lo que significas para mí.

– Arnold… yo no… no debiste, realmente no era necesario.

– Por supuesto que sí, no voy a dejar de demostrarte lo que significas para mí, tal vez no pueda rodearte de diamantes y cosas materiales, pero te ofrezco la sinceridad de mi corazón, eres realmente increíble, fuerte, determinada, me encanta la fuerza que determina tu personalidad, me fascina la inocencia que muestras espontáneamente, me encanta tu mirada que solo puede demostrar amor por sus seres queridos, me encanta tu cabello dorado que ilumina mi camino de oscuridad, me encantas tú.

– Arnold, te amo.

– Y yo te amo a ti.

Nos fundimos en un beso tan cálido, lleno de amor, después del maravilloso beso le coloque el brazalete en su muñeca, ella tomo el otro y me lo coloco en mi muñeca, disfrutamos lo que quedo de la atracción, al terminar nos dirigimos a nuestras casas, sin duda este seria un magnifico verano para todos.