DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia va para El Reto de las Mamacitas de DBFanfics, organizado por la página Dragon Ball Fanfics.


LUCHADORAS


Es rara… ¿y qué?


Su número resonó en la explanada del sector militar. Como cada año, todos los guerreros en edad para luchar eran reclutados para la selección que determinaría sus vidas. Una fecha que, lejos de prestarse a una celebración, significaba mucho para un saiyajin: unirse a un escuadrón.

En tiempos pasados, se unían ya adolescentes; sin embargo, ante la creciente demanda de purgas, la élite de Vejita ordenó la inclusión de niños en las misiones. Algo que asustaba a Gine en lo más profundo de su corazón: no era una mujer de guerra, pero tampoco podía frustrar el ánimo pujante de su hijo; y fue así que optó por llevar a Raditz a aquel lugar, con cinco años recién cumplidos. No pudo evitar sentirse orgullosa: le temía a su futuro, pero estaba segura que sería tan fuerte como su padre Bardock, el famoso capitán de clase baja. El hombre que amaba.

—¡Me llaman! —gritó Raditz, emocionado.

—Ya sabes, demuestra todo lo que tu padre te enseñó. ¡Mucha suerte! —dijo Gine, dándole un beso a su hijo.

—Mamá… —el pequeño saiyajin se apenó, con una media sonrisa.

La mujer del capitán vio a su retoño marcharse, junto a tres compañeros más, sin notar las miradas recelosas de los congéneres que habían sido testigos de sus muestras de afecto.

No era una novedad. Todo aquel que vivía en su aldea conocía a Gine: la saiyajin más extraña en toda la historia de Vejita, hasta donde tenían conocimiento. Las críticas a su carácter volaban de un lugar a otro, aunque habían disminuido en los últimos años; en gran parte, debido al carácter de su pareja. Pero al contrario de lo que algunos pensaban, eso no le importaba a Gine. Su familia era la prioridad.

La prueba de fuerza llegó para Raditz con un logro destacado de su parte, pese a los golpes que recibía. La saiyajin seguía cada movimiento con facilidad, producto de su antiguo entrenamiento con Bardock. Algunas veces caía en el sobresalto, cogiéndose el vientre por instinto. Debía tener cuidado con sus emociones, por el bebé que ya tenía seis meses en su interior.

Luego de varios minutos, un total de quince niños escogidos se detuvieron a la orden de un soldado de clase alta. Hubo cierto silencio por un momento, hasta que procedieron con la información básica de cada luchador. Llegó el turno para Raditz y la inmensa alegría para Gine. Unas pequeñas lágrimas resbalaban por sus mejillas, que fueron limpiadas rápidamente: ¡su hijo había alcanzado un buen récord! ¡Lo habían derivado al escuadrón real del Príncipe Vegeta! Cada infante regresó a sus respectivos lugares, pero nadie con la misma efusividad que Raditz, que corrió alegre hasta llegar con su madre.

—¡Lo hice, mamá! ¿Viste? —se aferró a las manos de su madre— ¡Estoy en el escuadrón real! —el muchacho se acercó al abultado vientre de su madre— ¿Lo oíste, Kakarotto? ¡Seré un guerrero saiyajin, un guerrero!

—¡Muy bien! ¡Es perfecto, te dije que lo lograrías! —Gine se agachó con cuidado, llena de felicidad, para abrazar a su hijo— ¡No sabes lo que feliz que me haces!

Poco crédito dio Raditz a las ocasiones que le incomodaba el sorpresivo cariño de su madre y se dejó mimar con mesura. A su alrededor, los niños también fueron recibidos por sus padres, con la característica marcialidad saiyajin. No obstante, el momento duró poco por la llamada de los inspectores, para todos los victoriosos postulantes a escuadrón.

—No se detendrán nunca —Gine empezó a reír.

—Te busco cuando terminen, ¡ya me dio hambre!

—Y prepararé algo digno de un guerrero, lo prometo —chocó su mano con la de su hijo— ¡Ve, deprisa!

Raditz volvió a marcharse, despidiéndose temporalmente de su mamá, para luego retomar la seriedad típica de su padre. Los tres niños que lo habían acompañado al principio, volvieron a reunirse con él: se parecían demasiado, en cuanto a actitud; pero a la vista de aquellos infantes, Raditz era muy diferente.

—Oye —le habló un niño—, ¿te mandan al escuadrón real?

—Sí, ¿no es genial? —dijo, intentando disimular su emoción.

—Ojalá dures —respondió, algo celoso de su suerte—: si un enemigo no te mata, el Príncipe lo hará.

—Lo tendré en cuenta —sonrió a medias.

—¿Te irás con ellos pronto? —intervino otro niño.

—Depende de lo que digan —replicó.

—Sólo no olvides despedirte de tu mamá —dijo el primero, en tono burlón.

Raditz arrugó el ceño ante la declaración del chiquillo. Si algo odiaba era la patética intervención de cualquiera sobre su familia, especialmente si hablaban de su madre.

—Repite lo que has dicho —quiso acercarse al infante que lo ofendió.

—Pierdes el tiempo —lo detuvo el segundo niño—. Vamos con los soldados.

La frustración se apoderó del saiyajin, mas siguió el consejo del otro infante y dio media vuelta, no sin antes lanzarle su mirada más terrible al chiquillo. Recordó las palabras de su padre: los comentarios hacia la actitud de su madre iban a presentarse en cualquier momento y estaba en él reaccionar, si lo veía conveniente; pero en situaciones como ésa, debía aprender a contenerse.

—Es un idiota.

—Sí, seguro —le contestó Raditz, algo perdido en sus pensamientos.

—Aunque una parte de lo que dijo es verdad.

—¿Tú también? —Raditz se molestó.

—No es nada malo. Sólo que tu mamá es extraña, no se comporta como una saiyajin.

—Ya lo sé, ¿y qué? Es mi madre —concluyó Raditz, haciéndole entender al niño que la charla había terminado.

Las últimas instrucciones se dieron para los niños guerreros. Después de media hora, Raditz volvió con Gine. Obvió el detalle de su altercado con aquel compañero: no quería incomodarla y además no tenía razones para hablar de ello.

¿Le molestaba que lo juzgaran, por causa de su madre? Un poco. ¿Dejaría que hablen de ella? ¡Jamás! A su corta edad, Raditz era muy consciente de las cosas: su madre, con todo y arranques emocionales, era única. Lo cuidaba, lo quería; y aunque no se lo demostraba de la misma forma, le estaba agradecido.


N.A.:

¡Segundo capítulo a la lista! Sí, las ideas me están naciendo más rápido de lo que pensé :3

Continuando el compilado, ahora vemos un episodio de Gine, en su labor de madre: lo que me imagino difícil, teniendo en cuenta cómo es ella y el mundo donde vive. ¡Pero por favor, es la madre de Gokú! XD. Además, es la primera vez que escribo sobre Raditz, en su infancia: no sé si aquí lo habré representado bien.

Con todo lo demás, deseo que les agrade mucho. ¡Hasta la próxima!