DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia va para El Reto de las Mamacitas de DBFanfics, organizado por la página Dragon Ball Fanfics.


LUCHADORAS


Veinticuatro por siete


Le agradaban las Montañas Paoz, así se despertara antes de que el sol lo hiciera. Acostumbrada a dicha rutina, Milk se incorporó suavemente en su cama, procurando no despertar a su esposo: ¡se veía tan dulce durmiendo! ¡Cómo amaba los nuevos tiempos de paz!

—Gokú… —besó la mejilla del saiyajin.

El guerrero retozó un poco, sin abandonar su plácido sueño. Por su parte, Milk volvió a sonreír y dejó el lecho, tomando una refrescante ducha. Diez minutos, enclaustrada en la caída de agua que le daría los bríos suficientes para empezar una nueva jornada. Cuando era joven, soñaba con una casa hermosa y cálida para compartir con su familia; y a pesar de que el destino había cambiado el orden de sus planes, no podía renegar de tal bendición. El matrimonio era lo mejor que le había pasado, ¡mucho más, con un esposo y dos hijos saiyajin!

Hábil como la había forjado el tiempo, Milk terminó su aseo y vistió su kimono amarillo y violeta, combinándolo con su típico moño. Los minutos pasaban volando en el ir y venir de sus manos, mientras se dedicaba a cortar los vegetales y colocar las ollas bajo las hornillas. Toda una labor que cansaría incluso a las más diestras esposas, de no ser por la dedicación puesta en cada cosa que realizaba.

Una hora, dos horas: el reloj de la casa ya marcaban las ocho de la mañana. Los pajarillos revoloteaban en el campo, en tanto los rayos del sol iluminaban la sala de la casa Son. El pitar de las ollas anunciaba la comida lista y poco después, algunos pasos se oían sobre el techo. Milk reía para sí, reconociendo a quien le pertenecía el acelerado bajar de las escaleras.

—¡Hola, mamá! —exclamó Goten, abrazando a su madre.

—Madrugaste, mi amor —se agachó, besando la mejilla del pequeño.

—¿Qué has cocinado hoy? —la miró, con su habitual brillo infantil.

—Pronto lo sabrás. Acomoda la mesa, por favor —le sugirió una sonriente Milk, viendo a Goten asentir.

—¡Es tarde! —el grito de Gohan resonó en las escaleras, para diversión del pequeño saiyajin.

—Te dije que no durmieras después de las doce —dijo Milk, con un tazón de teppanyaki en las manos.

—Discúlpame, tuve muchas tareas —respondió con prisa, al mismo tiempo que besaba la mejilla de su madre y cogía la comida.

—Pero Gohan… —se sorprendió.

—¡Gracias, mamá! —el muchacho tomó asiento, comiendo una parte del desayuno con gran rapidez.

—¿Por qué tantos gritos? —bostezó Gokú, y Milk sonrió instantáneamente: ¡cuánta magia poseía la voz de su esposo!

—¿Ya te aseaste?

—Sí, el agua está fría —alzó sus brazos con jovialidad, mientras veía los alimentos que Goten colocaba en la mesa—. ¡Mmm, te luciste hoy día!

—¿Verdad que sí? —se sonrojó la mujer al tenerlo de frente.

—¡Claro! —tomó la olla que estaba entre sus manos— ¡Muchísimas gracias!

Gokú tomó su lugar y acompañó a Goten en el opíparo desayuno, en tanto Gohan partía raudo hacia la puerta, despidiéndose de su familia. Milk suspiró con una sonrisa: ¡cuánto amaba la normalidad de su hogar!

[…]

—¡Si siembras todas las semillas de tu bolsa en una hora, te daré la mitad de mi ración en la cena!

—¿En serio, papá? —exclamó Goten, emocionado— ¡Lo haré en diez minutos, ya verás!

Con la velocidad que le proporcionaba su sangre saiyajin, el pequeño se esforzó en cumplir la meta de su padre, en tanto éste llevaba dos tinas grandes al lavadero del patio.

—Aquí está lo que me pediste —depositó una inmensa cantidad de ropa a sus pies.

—Es todo, ¿verdad? —se secó la frente, algo cansada.

—Sí. Por cierto, mi uniforme… —señaló su gi de entrenamiento.

—Está roto en las mangas —restregó una playera blanca en el tablero de lavar—. ¿Por qué no eres más cuidadoso con tu ropa?

—Perdóname, Milk —se llevó una mano al cuello, sonriendo bobamente—. No pude evitarlo, ya sabes cómo es el entrenamiento. De hecho…

—Entiendo, Gokú —lo interrumpió, mientras le daba otra tina—. Bueno, ya olvídalo: lo coseré después. ¿Crees que puedas ayudarme a tender esto?

—Eh… —titubeó— es lo que iba a decirte. Quedé en entrenar con Goten esta tarde, cuando termináramos de… —la mirada de Milk se tornó sombría en un santiamén.

—¡De ninguna manera! —puso los brazos en su cintura, con pose amenazante– ¡Ya te lo había dicho, Gokú! ¡Nada de peleas amistosas, viajes largos o lo que se te venga a la mente! Además, mi Goten tiene que estudiar.

—Sólo será una hora —trató de persuadirla—. ¿No ves que está cumpliendo?

—¡Conque de eso se trataba tanta solicitud! —le increpó, sintiéndose timada.

—Lo siento, no fue mi intención —se disculpó, con ambas manos juntas.

—Por Kamisama: ¿qué clase de marido tengo? —resopló, aceptando su derrota con diversión— Asegúrate de que los cordeles estén limpios y cuelga esas prendas, o dile adiós al entrenamiento.

—¿De veras? —Gokú lució una ancha sonrisa y la abrazó— ¡Eres increíble!

Como pocas veces le ocurría con él, la señora Son quedó paralizada ante el fugaz gesto de su esposo y atinó a sonreír, viéndolo llevar la ropa hacia el cordel indicado. Volvió su mirada a Goten: tan diáfano e inocente como su padre. Con un suspiro, Milk sacudió su cabeza y se concentró en sus quehaceres, sin borrar la expresión de felicidad en su rostro. Al parecer, todo marcharía bien en lo que restaba del día.

[…]

—¡Nooo! —el chillido y posterior llanto de Goten rompió la tensión.

—Goten, cálmate… —su hermano mayor trató de consolarlo.

Después de muchísimo tiempo, el pequeño saiyajin causaba un destrozo en la casa por una ínfima esfera de energía que tuvo el impacto menos esperado. Su llanto no cesaba, temiendo lo que pasaría: ya conocía el ánimo cambiante de su madre, cada vez que pasaba algo malo o la desobedecía; y mucho más si ella estaba en el preciso instante, por algún capricho de la casualidad.

—Cielos… —Gokú se agachó a recoger una foto bajo el cristal roto— es el retrato de tus papás, ¿verdad?

Milk no respondió, y el guerrero lamentó su imprudencia y poca memoria: era una pequeña réplica del cuadro familiar del castillo de Ox Satan, como obsequio por su matrimonio. Fue la primera vez que Gokú conoció a la madre de su esposa, mediante aquella fotografía. Sabía cuán especial era para ella y su retoño lo había estropeado a medias.

Ahí, congelada en su sitio, la señora Son tomó el retrato de las manos de su esposo y lo contempló por largo rato, para luego mirar a un trémulo Goten, más aferrado a su hermano. Gokú no perdía detalle, temiendo un arrebato de su parte; hasta que la reacción menos esperada para los tres aconteció, cuando la mujer sonrió y se agachó ante el pequeño, sin reparar en los cristales rotos.

—No te preocupes, amor —abrazó con ternura a Goten—. Todo está bien.

La pesadumbre del niño cambió repentinamente, al sentirse perdonado. Prometió portarse bien, ayudarla con los quehaceres, incluso ofrecerse a arreglar el desorden que había causado. No obstante, cualquier arrojo voluntario fue frenado por la matriarca, cuando ella misma les dijo que durmieran y olvidaran lo sucedido. Los jóvenes Son se miraron sorprendidos y accedieron, no sin antes disculparse.

Cuando la sala estuvo vacía, Milk procedió a sacar sus utensilios para limpiar la sala, en tanto su esposo se prestó a ayudarla: un acto que sorprendió a la temperamental mujer, acostumbrada a resolver la limpieza sola.

—Yo me encargo —intentó quitarle la escoba.

—Vamos —quiso convencerla—, no vas a quedarte aquí toda la noche.

—Puedo arreglar esto —insistió.

—¿Y cuándo dormirás? —le cedió la escoba— Porque amanecerás cansada.

—Como si no lo hiciera todos los días —empezó a recoger los restos de cristal.

—¿Qué, Goten siempre rompe algo?

—No, Gokú —no pudo evitar reír—. Es mi deber tener la casa en orden.

—No sé cómo lo haces —se sentó en una silla, con el respaldo hacia adelante—. Ser una esposa es muy difícil.

—Y divertido —afirmó.

—Pero Goten rompió tu cuadro —arqueó una ceja, intrigado.

—Lo repararé.

—¡Y no te enojaste! —exclamó, asombrado por su descubrimiento.

—¿Por qué lo haría? —lo miró, después de varios minutos.

—Es que siempre reaccionas mal.

Nuevamente, Gokú guardó silencio al ver el brillo decaer en los ojos de Milk y se arrepintió: ¿por qué tenía que ser tan inoportunamente sincero?

—Quizás… —la mujer se encogió de hombros y siguió con su limpieza.

El guerrero quedó ligeramente boquiabierto, al escuchar la única respuesta de su esposa. ¿Por qué de repente no le gritaba? ¿Le pasaba algo? ¡No! Ésa era Milk. Su Milk. Su mujer y a la vez no. En esa noche, Gokú confirmó lo que sospechaba: su esposa había cambiado desde la batalla contra Majin Boo y aún seguía siendo la misma. Era la furiosa guerrera, la dedicada esposa y madre de familia que trabajaba todos los días, la tierna mujer que siempre lo recibía con mil y un gestos hermosos, a pesar de su mal comportamiento en sus largos años de matrimonio.

Al saiyajin le pareció ver, en su mujer de espaldas, a la joven luchadora del Torneo de Artes Marciales que le contaba todo lo que comprarían para su nueva casa. Recordó los días que paseaba en la sala con una enorme barriga, producto de ese juego feliz y extraño en las noches, que ambos llamaban «hacer el amor». Su mente repasó cada instante de dedicación a su Gohan y a su Goten. Era una esposa única. Era una madre espectacular.

Una cálida sensación en su pecho lo hizo suspirar con una sonrisa y miró hacia atrás: el florero del comedor estaba lleno. En un deseo espontáneo, tomó una flor roja de allí y caminó hasta donde estaba su esposa.

—Gokú, ¿qué…? —Milk sintió la mano de Gokú y volteó, recibiendo un beso.

Como ayer, hoy y siempre. Sintió temblar sus rodillas y respondió casi automáticamente a su caricia, estrechando el cuerpo de su esposo, en tanto éste se aferraba cada vez más a ella. No recordaba un beso tan largo en años y lo disfrutó. Ni siquiera pudo hablar cuando se separaron después de largos segundos.

—¿Ya te dije que eres increíble? —le entregó la flor roja que había cogido.

Los ojos de Milk se humedecieron y Gokú se sintió satisfecho. Había recuperado su sonrisa.


N.A.:

¡Buenas tardes! Cuánto tiempo sin actualizar este fic (desde mayo, qué vergüenza .-.), pero quiero aprovechar la futura racha de descanso que viene, así que avanzaré de a pocos :3

En esta ocasión, quise centrarme en un día común para Milk, como ama de casa. Admiro bastante a esta mujer, porque lejos de ese carácter temperamental, se oculta una luchadora en el estricto sentido de la palabra: una esposa y madre ejemplar, así como todas las de la serie. Y a pesar de varios años infelices en su matrimonio, siento que recibe su recompensa con la reunión de su familia, en total paz (hasta que viene Bills XD). Creo que es algo que conmueve a muchísimos; y en lo personal, me da esperanzas de formar mi propia familia en un futuro no muy lejano :')

¡Espero que les guste bastante este capítulo! ¡Gracias por las lecturas y reviews! :D