DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia va para El Reto de las Mamacitas de DBFanfics, organizado por la página Dragon Ball Fanfics.


LUCHADORAS


Una reina en casa


Después de hurgar varios minutos en su guardarropa, Bura sacó dos vestidos para mostrarles a su padre y hermano.

—Sólo me gustan estos dos —los subía y bajaba, sin saber por cuál decidirse.

—Pues —Trunks torció los labios, mirando de reojo al príncipe saiyajin— el rojo está bien…

—¡Ni lo pienses! —lo interrumpió Vegeta, de brazos cruzados— ¿No lo han visto? Está muy descubierto por atrás.

—¡Papá, no comiences! —Bura resopló, poniendo sus manos en su cintura— Quiero tu ayuda.

—¿Y para qué me llamaste, si no? —insistió en su opinión— Te verás vulgar con esa abertura tan rara en la espalda.

—La ocasión lo vale —volteó, con una mirada triunfante—, ¿verdad, Trunks?

—Eh… —se encogió de hombros, sin saber qué responder— ¿sí?

—¿Cuánto demorará esto? —Vegeta bufó por enésima vez— Pierdo tiempo.

—Papá, ya quedamos en algo —Trunks arrugó el ceño—. Hoy no habrá ningún entrenamiento por hoy.

—¿Por qué? Sólo es un año más, no veo la razón de tanto alboroto.

—¡No, papá! ¡Son sus sesenta y cinco años! —aseveró Bura— Debe ser algo especial.

—Claro, por eso tu madre está trabajando en la empresa —satirizó.

—Porque le organizamos una reunión de emergencia para que se distraiga y nos dé tiempo —Bura se le acercó, sonriéndole como si nada hubiera ocurrido—, así que no hay discusión.

—¿Oye, qué…? —Vegeta sintió ser jalado por la fuerza sobrehumana de su hija— ¡Chiquilla insolente, suéltame!

—¡Solo ven! —gritó, sin hacerle caso— Necesito que me ayudes con algo…

Trunks los vio desaparecer del cuarto, tratando de aguantar las carcajadas que le podían costar una gran paliza, en tanto observaba el conjunto que su hermana había elegido. Sonrió: había heredado el singular gusto de su madre. Bulma Brief, la gran heredera de «Corporación Cápsula» que ya vivía la segunda mitad de un siglo con la misma fuerza, valentía y audacia que en su juventud. La admiraba muchísimo, era su fuente de inspiración.

Le costaba creer que su madre no despertara esta mañana quejándose de los pequeños pliegues en su rostro o la ropa que ya no le sentaba a su cambiada figura: a veces podía ser impredecible, tal como su padre. Dos incomprendidos en su tiempo que habían logrado unirse en circunstancias extrañas, teniéndolos a él y Bura como frutos de la relación más inesperada, a ojos de sus conocidos.

El joven volvió a reír y salió de la habitación, escuchando a lo lejos el discurso del príncipe saiyajin que se negaba a ceder a algún capricho de su segundo retoño azul, hasta que la razón lo hizo mirar su reloj y avanzar a la cocina del primer piso: ahora que recordaba, había prometido ayudar en los preparativos.

—¡Hasta que llegaste! La masa no te va a esperar.

—Lo siento —se disculpó con Mai, hasta que miró un extremo de la mesa—. ¿Goten?

—También olvidaste que vendría —sonrió, diáfano.

—No, claro que no. Sólo atendía unas cosas arriba: ya sabes cómo es el caos de Bura, cuando quiere convencer a papá.

—Me imagino —sonrió con timidez—. En fin, falta la torta.

—No será tan grande, exagerados —Mai dispuso los materiales frente a ellos—. Si trabajan rápido, la acabaremos antes de que caiga la noche, ¡así que manos a la obra!

—¡Como digas! –pronunció Goten, servicial.

—Pero —Trunks vio a su amigo batir el chocolate— no sé cómo hacer esto, es difícil.

—Te quejas mucho —Mai le susurró al oído, mientras besaba su cuello–. Prometo guardarte el postre

Un guiño coqueto desarmó por completo al muchacho, cuya catatonía le impidió percatarse del momento que aprovechó Goten para quitarle la batidora y reír: ¡estar de novio realmente era una locura!

[…]

Después de tres largas horas, Vegeta pudo ver el correteo en el enorme jardín de su casa. Aún no podía creer cómo la terquedad de su hija había sido suficiente para hacerle cambiar su atuendo a uno más normal, como la camisa azul que llevaba junto a un pantalón caqui y sus zapatos marrones; mientras la escuchaba dar instrucciones a los amigos de su madre para armar esos monstruos artificiales que llamaban «toldos».

«Humanos»: no tenía otra cosa qué pensar. Recorrió silenciosamente su sala y se detuvo a unos metros de la cocina, oyendo las risas de Trunks, Mai y Goten. Por su gran olfato, percibió el aroma de la masa compactada de harina y huevo, recubierta con chocolate: una dicha para su estómago, considerando la pericia culinaria de la muchacha. No obstante, su espionaje no se limitó a la lejanía y se apostó cerca de la puerta, viendo un gran tazón de fresas en el centro de la mesa. La fruta preferida de Bulma.

Su clásica sonrisa torcida cambió la expresión del príncipe al evocar la imagen de su mujer, valerosa y lozana como el primer día que la conoció. ¿Cómo es que cualquier objeto o sentimiento le permitía recordarla de forma tan espontánea? Unos pasos lo hicieron reaccionar, dándole tiempo de escabullirse por el pasillo más cercano.

—/—/—/—

—Seguro buscarás a una chica más joven, cuando me veas peor…

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—¡Le pediré a Shen Long que me devuelva mi juventud!

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—Demente —recordó las ocurrencias de Bulma sobre su edad.

Era uno de los temas típicos en ese último año: la comparación que ella solía hacer entre ambos, al punto de insinuarle que ya no lo cautivaba como antes. El príncipe gruñó: de saber cómo su cuerpo reaccionaba al verla de espaldas…

—Basta, Vegeta… —se dijo a sí mismo, avergonzado.

Olvidando su repentino ensueño erótico, contó sus dedos en alusión a los años que llevaba con Bulma: era mucho tiempo y había pasado tan rápido. Su rostro se ensombreció: ella empezaba a envejecer, él sabía lo que significaba y por un momento, maldijo su longevidad saiyajin. ¿Acaso lo bueno no podía durar eternamente? Se preguntó si Kakarotto pensaba lo mismo, respecto a su histérica esposa.

—¡Está listo! —oyó el exclamar de Mai, que pedía ayuda a los chicos para mover la torta— Tengan cuidado, por favor…

—¡Te salió grande! —volvió a hablar Trunks.

—Se me fue la mano —dijo la joven, haciendo reír a todos en la cocina—. ¿Les parece si llevamos todo al jardín?

Cual espía discreto, Vegeta los vio moverse en varias turnos, hasta que ya no volvieron a la cocina por largos minutos. ¡Era el momento! Entró a su lugar sagrado, después de la sala de gravedad, y vio con pena que se habían llevado todos los alimentos, a excepción del tazón de fresas. En ese instante, una idea cruzó la mente del saiyajin.

[…]

—¡¿Tan pronto?! —pronunció Bura, tan alto que llamó la atención de Gokú, Milk, Goten y Trunks— Pero, mamá, de seguro no has revisado ese contrato a detalle…

¡Ay, hija! —se oyó la risa de Bulma, del otro lado del teléfono— Sé cómo hacer estas cosas, te aseguro que los accionistas están satisfechos.

—De todos modos —se preocupó la joven Brief—. Tú misma dijiste que quieres asegurar el negocio familiar para nosotros, ¡tienes que cerrar el día con un buen trabajo!

No puedo creer que estés tan comprometida, Bura —un sollozo entrecortó su voz—. Está bien, cariño: sólo me tomará unos quince minutos, por si veo fallas. Prometo llevarte a la oficina la próxima semana, para que vayas familiarizándote con estas cosas.

—¡Sí, sí, lo que digas! —se apresuró a confirmar— Vienes a las ocho, ¿está bien?

Ni más ni menos. Te amo, Bura.

—Yo también mamá, cuídate —se despidió; y asegurándose de haber colgado la llamada, Bura gritó a toda voz—. ¡Tenemos diez minutos!

—¡Ya está listo aquí, Bura! —avisó Yamcha, junto con Krillin.

—¡Quedó bien, tío Yamcha!

—Vaya, tiene la voz chillona de su madre —se quejó Gokú, dejando de taparse los oídos.

—Pues yo creo que es espectacular —añadió Goten con una sonrisa.

Gokú, Trunks y Milk lo miraron con suspicacia, en tanto el muchacho trataba de explicar el malentendido que su frase había generado, sin que Bura se percatara de ello.

Ahora mismo estaba concentrada en los últimos arreglos. Amaba sentirse parte de un proyecto grandioso, especialmente si se relacionaba con su amada madre. Observó su vestido rojo, buscando que se conservara tan limpio como lo había sacado del clóset. Era uno de los trajes que Bulma le había comprado al cumplir sus dieciocho primaveras; y a pesar de no haber sido la joven más obediente, recordó todas las veces que su madre la complacía en sus gustos o, simplemente, la apoyaba en lo que más necesitaba.

¿Cómo la gran Bulma Brief cedía sus trabajos de laboratorio, por reconfortarla en sus días tristes? ¿De qué manera lograba sacar tiempo para ocuparse de la casa y el trabajo a la misma vez? ¿Cuál era su poder secreto para controlar a su padre, a quien tanto amaba? ¿Por qué, pese a todo, sentía que jamás llegaría a su altura?

Bura sonrió: no había necesidad. Ella era una princesa saiyajin y tal legado sólo podía venir de la unión del valeroso príncipe alienígena y la mujer que consideraba su heroína. La reina más espectacular de la Tierra.

—¿Está todo? —una voz grave la hizo reaccionar.

—Sí, papá —respiró hondo—. ¿No es increíble?

—¡Hmp! Ya sabes lo que pienso…

—¡Que soy la mejor organizando cumpleaños! —se aferró a su brazo, emocionada.

—Rayos… —el príncipe arqueó las cejas, resignado a soportar el ego de su consentida.

—Ya está hecho, Bura —Mai los alcanzó—. Los chicos trajeron todo lo que faltaba a la mesa.

—Gracias, Mai —soltó a su padre, abrazándola—. ¡Mamá quedará encantada!

—Lo sé —miró a todas partes—. Por cierto, Bura: ¿has visto un tazón de fresas? No sé dónde lo habrán colocado los muchachos…

Vegeta miró hacia un costado con cierto sonrojo, percibiendo el lejano y cada vez creciente sonido de una turbina hacia el este, hasta que una discreta sonrisa se mostró en su rostro, como señal de la llegada de su mujer. Poco tardaron en percibirlo Gokú y los demás saiyajin, dando alerta a todos los presentes.

Los minutos pasaban corriendo y apenas la científica pisó el fresco césped del jardín, fue recibida con potentes vítores, donde la aludida reía y rabiaba al recordársele su edad. No obstante, el increíble ánimo que recibía de su familia y amigos la reconfortaba más que nunca. Vegeta la observaba a mediana distancia, intercambiando miradas llenas de sentimiento con su esposa. Trunks y Bura no desaprovechaban ni un instante en abrazarla y la poderosa Bulma Brief se sintió más que satisfecha. Sus sesenta y cinco años eran los mejores de su vida.

¿Por la extravagante fiesta? Sacudió su cabeza y al tener frente a sí el pastel de chocolate que habían preparado, pidió el deseo de siempre: vivir cada día junto a los suyos, como si fuera el último. Un leve soplido de velas, una algarabía que contentaba incluso al gruñón guerrero que era su esposo.

Con cuchillo en mano, Bulma partió el pastel y dio inicio a la segunda y más encantadora parte de la fiesta, pues aquella ceremonia recién comenzaba.

[…]

—Te dije que tuvieras cuidado —reclamó el príncipe, subiendo muy cansado las escaleras.

—Vegeta, sólo es un zapato —reía Bulma, dejándose llevar en sus brazos.

—Y casi te tuerces el pie. ¿No estás muy vieja para esos bailes tan ridículos?

—Te recuerdo que eres un año mayor que yo, jovencito —tocó su mejilla.

—Como sea —abrió la puerta de su habitación matrimonial—. La próxima vez no te recojo.

—De acuerdo —replicó, divertida—. Llamaré a Yamcha, entonces.

—¡Si quieres! —Vegeta emitió una risa burlona, en tanto la lanzaba a su cama con una mezcla de fingida furia y diversión.

Bulma correspondió a sus carcajadas y atrajo a su esposo hacia sí, olvidando el cuidado que su edad le demandaba en su intento de hacer el amor: ¡necesitaba a ese saiyajin salvaje! Cualquier accidente o escena de celos quedaba atrás para aquel par de futuros ancianos que todavía lograba luchar bajo las sábanas. No obstante, cuando ya planeaba quitarle la camisa, su esposo se detuvo, para su desconcierto.

—¿Vegeta? —Bulma arqueó las cejas al verlo levantarse de la cama y luego volver con un tazón de vidrio en las manos.

—Tengo hambre —tragó dos fresas al acto, con una mirada provocativa—, ¿tú no?

La dueña del cumpleaños entendió la indirecta y volvió a sonreír, comprobando cuánto la conocía al obsequiarle en silencio aquellas frutas que la enloquecían. Cogiendo una de ellas para masticarla con sensual lentitud, Bulma le lanzó una risa cómplice y cedió al erotismo del príncipe Vegeta, quien estaba más decidido que nunca en obsequiarle una bella noche a la reina de su hogar.

La mujer que merecía el mundo entero, por todas las cosas buenas que le ofreció: dos grandes hijos, buenos amigos, la paz duradera y el verdadero amor.


N.A.:

¡Buenas noches! Traigo otra actualización de este fic, para ustedes: quisiera terminarlo, porque me han nacido grandes ideas al respecto. ¡Es una señal de esa dichosa inspiración! :')

Esta vez, avanzo con Bulma: la mujer más influyente de Dragon Ball, a quien admiro mucho por su inteligencia, audacia y belleza; además de su matrimonio con el menos pensado de todos: Vegeta. Porque a estas alturas, uno no es sin el otro, y se complementan de maravilla. ¡Hasta tienen una familia! Y justo quise hacer un fic donde ellos le dedican un homenaje a Bulma en uno de sus cumpleaños. Algo más «austero», considerando que ya avanzan en edad XD.

¡Espero que les guste muchísimo, mil gracias por sus lecturas y reviews! :3