CAPITULO 5: EL EXILIO

"Diario de Boruto Uzumaki….

Nueva entrada…

La tranquilidad personal no fue nunca una sensación duradera para mí. Desde muy niño estuve acostumbrado a periodos cortos de paz en mi vida privada, seguidos por momentos de caos que poco a poco fueron incrementando en molestia. Se supone que cada crisis es una nueva oportunidad de aprender y crecer, pero existen ciertos tipos de problemas que definitivamente no ayudan en lo absoluto.

Un par de meses había trascurrido desde que hice oficial mi situación de pareja. La Kunoichi que había tomado su lugar como mi mujer, lograba que ambos transitáramos por momentos de felicidad inigualables. Ambos aunque en edades y enfoques distintos, sufrimos alguna vez la desdicha de perder seres amados. De ver nuestras relaciones más profundas y personales, desgastarse hasta la desaparición. De ocultar nuestra pena detrás del trabajo, el profesionalismo, la rutina, o simplemente la tonta esperanza de que la llegada del mañana pudiese mejorarlo todo. Sin embargo y pesar de todo, justo en ese momento de nuestras vidas ambos compartíamos algo muy cercano a la felicidad completa.

"Un ninja siempre debe ver atraves de la decepción"

Las palabras de Kakashi-sensei siempre me resultaron altisonantes. En mi mente dicha frase podía adquirir diferentes significados o enfoques de ver el mismo mundo con mirada distinta. Podía pensar que era un modo de "prepararse para lo inesperado" en la batalla. O tal vez de "proteger al costo que fuera a nuestra aldea" como meta de auto sacrificio personal. Quizá solo era una forma muy elegante de advertir a todos los ninjas, sobre el irremediable camino de dolor que acompañaba a la profesión en general. Muchas formas de ver las mismas palabras, y todas ellas en la búsqueda de fortalecer el espíritu ante la desgracia. En el afán de explicar lo muchas veces inexplicable.

Mis recuerdos de ese tiempo empiezan con lo más dulce, descendiendo en una espiral negativa que casi terminó por destruirme. Tanto fue así, que ninguna filosofía o preparación mental como ninja pudo ayudarme de forma alguna para absorber este golpe. Tal vez el peor impacto de mi vida, desde la muerte de mi amada esposa.

Todo comenzó con un viernes a la noche atípico. Una noche donde mi padre el séptimo Hokage, me despidió de la oficina con la expresa recomendación de que tendría todo el fin de semana sin trabajo. Un hecho extraño, ya que apenas si podía contar con los dedos de una mano los días libres desde que me convertí en su guardia personal hace años. Ese viernes a la noche no obstante, compré una buena cantidad de víveres como para proveer las alacenas de mi casa durante una semana. Lo hice a pesar que S*****-chan le molestaba esto. Ella siempre decía que prefería comprar frescas las carnes y las verduras. Aun con su trabajo en el hospital, siempre se buscaba el tiempo para hacerlo y gracias a ella nunca faltó que comer en nuestra casa. Ella era toda un ama de casa. Metódica, limpia y calculadora. Era ordenada y por su causa nuestro hogar era siempre un ejemplo de lo impoluto. Sin embargo, por la felicidad de conocerme libre de trabajo durante todo un fin de semana, había decidido por mi cuenta que descargaría todo mi tiempo en lograr "desordenarla" al extremo. Corromper su sentido del orden. Hacerla muy feliz en medio de un desastre no programado.

Por lo tanto, preparé mi emboscada con sumo cuidado…

Compré los dulces que más le gustaban, las frutas que adoraba y también varios "implementos" de tipo comestibles que alguna vez solíamos usar en las actividades privadas de nuestros aposentos. A mi paso por la zona comercial, encontré con varios amigos de mi generación que continuaban sus vidas alegremente. Cada quien con su pareja, o algunos sin propósito todavía. Pero todos felices y en paz. Viviendo una tranquilidad que desde hacía décadas no se respiraba en la aldea de la hoja. Allá a lo lejos en el tiempo, la última vez que tuve que utilizar el poder de Raíz. Y ese pasado oscuro que cada vez parecía más distante. Mientras tanto, en ese fin de semana mi padre viajaba a Kumogakure llevando una comitiva que incluía a varios Shinobi, así como muchos jóvenes aspirantes a Chunnin para los exámenes conjuntos.

Pero esa, no era la "misión" que realmente me importaba ese fin de semana.

Ella llegó del trabajo en el hospital un par de horas después. Se la veía contenta, algo cansada pero satisfecha de saber que no tendría turno por cubrir al día siguiente. Se pudiera considerar que por experiencia y años de servicio, S*****-chan no debería tener obligaciones directas y estrictas de asistencia al trabajo. Pero ella amaba su profesión. Había estudiado duro para ser la numero 1 y cruzó por el centro de una cruenta guerra mundial para erigirse como la mejor médico. Nunca ni por un segundo, consideré la idea de pedirle que se retirara de sus funciones para estar en nuestra casa todo el tiempo. No quise jamás volver a verla como supe en el pasado. Cuando mi esposa era muy niña y ella dedicaba su vida entera a criarla. Cuando estaba encerrada y lloraba en la ducha las desgraciadas elecciones de su vida. Ella era Kunoichi-medico, que había sido entrenada por la pionera de esa profesión. Era la mejor por derecho propio. Era fuerte, hermosa y apasionada. Era mi felicidad, conseguida luego de tanto tiempo en las sombras.

Ese viernes a la noche, comencé mi emboscada mientras se duchaba apenas regresó del trabajo. Preparé la cena de tipo fría. Muy consiente que mis intenciones estaban lejos de comer tranquilamente de manera formal en la mesa del comedor. Coloqué todo en una bandeja, y esperé con paciencia. Ella siempre era metódica y ordenada. Por ello seguramente le resultó muy extraño no encontrar ninguna toalla disponible en el armario de salida al baño. Era evidente que no iba a poder salir sin pedir mi ayuda, la cual le otorgué gustoso luego de verificar que el calefón siguiera dando provisión de agua caliente para el futuro del baño. Ella no supo que ocurría, hasta que me vio ingresar a su baño con la esperada toalla que había pedido desde adentro; aunque yo la estaba usando como única prenda alrededor de mis caderas.

-¿Boruto-kun que haces? –me dijo toda mojada y vulnerable, aunque con una sonrisa de confusión.

-declarando mis intenciones de conquista….-le dije abrazándola y besándola apasionadamente- esta noche no escaparas…..mi dulce S*****-chan

Ella no pudo escapar de ese baño, hasta varias horas después. Y toda la noche del viernes, solo dejamos de amarnos para comer y reponer algo de líquidos perdidos en la refriega. Ella en los primeros años de nuestra relación, siempre tuvo dudas sobre las diferencias de nuestras edades. Por alguna razón se figuraba que en algún momento sería una anciana a la que yo no encontraría atractiva, solo para descartarla en busca de una jovencita que si pudiera satisfacerme físicamente. No obstante, gracias al uso perfecto del chakra y la pasión con la que ambos solíamos encarar los asuntos del dormitorio, ella podía tener una edad y experiencia de señora, pero el estupendo aspecto y la energía complementaria a mi edad. No me importaba el futuro, porque el presente se presentaba ideal.

Viernes a la noche, sábado todo el día y hasta el domingo incluso; cuando ella entendió que debía comunicar a su mejor amiga y compañera del hospital, que no podría asistir a su trabajo recién hasta el día lunes. Todo un fin de semana a nuestro estilo. Amándonos y explorando los límites de nuestra propia energía. En nuestra habitación, en el baño por intervalos y en el comedor mientras tratábamos inútilmente de componer un almuerzo o cena "tradicional". Hicimos el amor durante días completos, en todas las formas posibles. Lo hicimos como si fuera la última vez. Como si algún demonio del inframundo nos hubiese anticipado lo que iba a ocurrir.

Aún recuerdo su sonrisa. Su respiración agitada y el olor de su piel cuando exudaba perfume de mujer. Sus susurros suplicantes a mi nombre, sus negativas fogosas que no eran más que excusas para volverme aún más loco por ella. Solo quería rendirla al placer. Deseaba que se perdiera conmigo en el tiempo y el espacio. Buscaba como un caminante del desierto la protectora sombra de su alma. Ella era toda mía. Mia completamente. Sus sonrisas, su respiración al dormir. Su piel húmeda junto a mí en la bañera. Sus manos curadoras sobre mis heridas. Y la sensación única de haber encontrado nuevamente el amor que parecía haber perdido para siempre. Ese fin de semana, es el último de los recuerdos felices en mi pasado. La última vez que tuve en mis brazos a la mujer por la que arriesgue y sacrifiqué tanto.

El lunes siguiente por la mañana, nos separamos por trabajo y nunca más la volví a ver…

En algunas semanas yo iba a cumplir 30 años. Recibí información en la oficina del Hokage sobre los exámenes Chunnin de Kumo. Al parecer el séptimo requería de mi presencia. Un viaje de varias semanas se había convertido por mi uso del Hiraishin no jutsu, en tan solo 24 horas de travesía. Regrese a mi casa y reuní algunas pertenencias entre el desastre de cosas tiradas y muebles desarreglados que había dejado el último fin de semana amatorio. Entonces partí hacia Kumo, sin despedirme de S***** porque esperaba retornar muy pronto. Volver a verla sonreír, volver hacerle el amor. Todo parecía estar demasiado cercano en volver a repetirse. Y era mi definición perfecta de felicidad. Ese pequeño espacio. Ese cumulo de deseos.

Dos semanas después, cuando el trabajo por el cual fui enviado había concluido, retorné junto a mi padre a Konoha. Y esa aldea ya no era mi hogar. Regresé feliz y confiado. A la vida privada que deseaba y esperaba encontrar. Evitando frustrarme por los nada sutiles intentos de mi padre en promocionarme como el siguiente líder de Konoha. El no solo me mantenía a su lado porque confiaba en mi persona. Lo hacía porque empezaba a preparar todo para ceder el mando. Yo sabía que él quería convertirme en el octavo Hokage, y solo mi resistencia a la exposición pública mellaba sus intentos de acelerar el proceso. Pero la situación era cada vez más evidente. Yo lo veía, mi padre lo quería y hasta el resto de los líderes de aldeas extranjeras, parecían mirarme en las reuniones diplomáticas como la clara continuidad del Hokage. El quinto Kazekage, Gaara de la arena, me dijo en una cena privada que todos esperaban grandes cosas de mí. Y que su amigo Naruto tenía mucha suerte. Ya que había encontrado a la persona de confianza para legarle la misión de proteger a su aldea. Algo que el propio Gaara, todavía no podía hallar entre sus compatriotas.

Mi padre y yo nos separamos solo durante algunas horas al retornar. Siempre siguiendo sus pasos, siempre atento a su guardia aunque sabía positivamente que nunca nadie le atacaría en Konoha, tuve un ligero descanso de mis funciones cuando el Hokage tuvo que asistir a una reunión privada de emergencia con el consejo de clanes. Por alguna razón, yo pensé con ingenuidad que mi padre me había relevado de asistir por verme muy cansado. Entonces aproveché ese espacio d horas para regresar a mi casa. Mi plan era simple, jugar con la suerte y especular que S***** estuviese en nuestro hogar. Bañarme y comer algo para estar listo a retornar junto a mi padre en 4 horas. Pero si pudiera tener cierta fortuna, lograría ambas actividades junto al cuerpo desnudo de mi mujer.

Mi casa estaba abandonada….

No había luces, ni calidez, ni comida. Todos los electrodomésticos estaban desconectados y la comida en el refrigerador estaba podrida. Los cuartos estaban revueltos, como si un loco hubiese buscado la pastilla de la cordura con desesperación, pero sin éxito. Parecía el escenario de un robo, pero no faltaba nada que fuera valioso para el supuesto asaltante. Mi instinto entendía el peligro, pero mi mente no podía figurar la razón. Tal vez mi trabajo como guardia de un líder amado era demasiado pacífico y había afectado mis reflejos. Pero lo más importante de todo el asunto era, que S*****-chan no estaba.

No esperé más tiempo. En cosa de algunos minutos me había cambiado de ropa y partía al hospital en búsqueda de mi mujer. Su chakra no estaba presente. Aun no siendo bueno para rastrear, teniendo el Byakugan y conociendo a mi objetivo era imposible no encontrarla pronto. Eso comenzó a desesperarme. Todo en la aldea parecía normal. La gente comerciaba y paseaba. Había familias en los parques jugando con sus hijos y sus mascotas. Todo parecía normal, salvo por el color desteñido que aportaba mis sentimientos de perdida. S*****-chan no estaba. No la podía encontrar.

En cosa de 20 minutos, cuando ya había recorrido los principales lugares donde la rutina de mi mujer siempre la llevaban, me cruce por el camino con miembros del ANBU. Un equipo que detuvo mi andar alocado de azotea en azotea, y me informaron que el Hokage había pedido mi presencia en su oficina privada. Una reunión informativa sobre la misión que debía dura horas con el consejo de clanes, solo había tomado escasos 60 minutos. Entonces supe, que si quería respuestas seguramente mi padre ya estaba informado sobre la situación. Él podía calmar mi ansiedad, él podía explicar lo inexplicable. O así mismo, su conocimiento de lo ocurrido podía darme un boleto directo al infierno.

S*****-chan no estaba por ningún lado. No la pude encontrar. Nunca la volví a ver. Y en la oficina de mi padre el Hokage, iba a descubrir con desesperación el motivo. Ese fue el comienzo de todo para mí. Un cambio en mi vida que siempre recordaré como "el exilio". Fue el exacto momento, donde perdí mi hogar. Mi vida, mi felicidad y lo que quedaba de mis esperanzas para el futuro.

Ya no sería el octavo Hokage…

Ya no sería el guardia de mi padre…

Ya no sería un esposo, un amante o parte de una pareja…

A partir de ese momento, Boruto Uzumaki ya no sería absolutamente nada"

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Si acaso Minato Namikase pensó que estaba metido en problemas cuando vio a su esposa ingresar a la oficina del Hokage pidiendo hablar en privado; seguramente nunca podía esperar el motivo verdadero. Por supuesto su primer pensamiento estuvo acompañado por el temor. La sensación que lo había seguido incansable desde que cometió el primer, (y lamentablemente no el ultimo) de sus errores imperdonables.

Minato pensó que su esposa de alguna forma lo había descubierto. No sabía quién se lo dijo o cómo fue que lo supo. Pero claramente solo podía venir para intentar matarlo. Después de todo, que Minato hubiera violado a una Kunoichi no era precisamente el tipo de acto que una mujer como Kushina podría perdonar. Y si la situación era peor, tal vez la pelirroja pudo descubrir que no fue solo una vez que Minato hizo eso; sino una sucesión increíble de perversión que parecía no tener final cercano.

-Quiero hablar a solas Minato….-dijo Kushina mortalmente seria, y hasta los ANBU parados en la entrada la escucharon con sobresalto. Esa actitud no anunciaba algo bueno.

El Hokage miró a su diestra. Casi por reflejo buscaba la presencia de Itachi Uchiha. Minato pensó que era un mal momento para la ausencia de su mejor guardia. Era una situación problemática que se estaba resolviendo en otro sitio. Y ahora llegaba en mal momento al mismo tiempo que la presencia de su esposa con claro gesto de seriedad mortal. Aun así, Minato rápidamente recuperó la compostura. Su miedo inicial no tenía mucho fundamento. Kushina no podía saber lo que él había hecho. Seguramente era otro asunto. Tal vez tenía que ver con las constantes renuencias hacia el sexo. Tal vez Kushina venía a preguntar sobre ese asunto. O amenazarlo en post de mejorar la situación de la alcoba. Ella se veía nerviosa, pero por alguna razón no estaba tan tensa como meses atrás. Era como si hubiese recuperado el equilibrio del cuerpo, al costo de esa frustración y seriedad que realmente daba mucho miedo. Ella no era así. Kushina nunca había sido más que una mujer feliz, con momentos del carácter volcánico de los Uzumaki. ¿Qué podía querer hablar con el Hokage? ¿Por qué no esperó a su esposo en la privacidad del hogar?

-Retírense y no permitan el acceso a nadie…-ordenó Minato al comprender la seriedad del asunto- es una orden.

Todos los ninjas se fueron. Los que guardaban la puerta y el Shinobi escondido con Genjutsu que estaba reemplazando a Itachi en tanto no regresara al trabajo. Minato en tanto buscaba y rebuscaba en su mente, tratando de encontrar un camino lógico para que Kushina hubiese descubierto el asunto grave que Minato encubría desde hace meses. Pero realmente no parecía lógico. De los implicados sobre la violación, solo la primera niña atacada, el Hokage y por supuesto Itachi Uchiha lo sabían. Además, no era posible que ella hubiese dicho algo al respecto, ya que el sharingan de Itachi le borró de la mente lo ocurrido. Para el resto de las ocasiones donde Minato se dispuso a saciar su lujuria, ya había tenido previsión y un plan a prueba de fallas. Pero era el primer caso, el que fue espontaneo, que podía causar alguna dificultad. ¿Acaso Kushina lo supo de alguna forma?

-Lo que voy a pedirte…-inició la pelirroja acercándose a escritorio del líder- no solo lo hago como Kunoichi inactiva en la actualidad, sino también como tu esposa. La madre de nuestro hijo.

-¿Pedirme? –Susurró Minato que realmente cada vez entendía menos la situación- ¿A qué viene todo este míster…?

-Quiero dejar de ser la jinchuriki no Kyuubi….-señaló con mucha dureza en la voz- quiero que apruebes como Hokage la extracción del zorro y quiero retirarme del servicio a Konoha. Ya no puedo soportarlo más.

-Pero Kushina….eso es muy peligroso y…

Dicho esto, Minato atestiguó algo increíble. Su esposa, una de las mujeres más fuertes y valientes que había conocido en la vida, apretó los puños con desesperación y realizaba mucho esfuerzo para no llorar. Su ánimo se desarmó como un castillo de arena. Y pasaron varios minutos, (en los cuales Minato sintió la necesidad de acercarse y abrazarla) hasta que pudiera recuperar el habla. En pocas palabras, Kushina Namikase ya no soportaba ser la jinchuriki no Kyuubi. Y prefería correr el riesgo de la extracción, que seguir soportando esa pesada carga en su vida. Minato creía conocer los motivos porque parecían evidentes, pero Kushina lo hacía por una única razón. La que no podía confesar al hombre que amaba. Kushina había traicionado a Minato, y si el chakra del zorro seguía corrompiendo su cuerpo como ella creía que pasaba, estaba segura que tarde o temprano volvería a hacerlo. Era por ello, que tenía que dejar de ser la portadora del monstruo. Aunque su pobre Naruto fuera posiblemente, quien debiera pagar las consecuencias por ello.

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Boruto Uzumaki no volvió a ver a su abuelo después de aquella reunión en su regreso a Konoha…

Los días siguientes, recorrió la villa paseando despreocupado como si se tratara de un turista. Había recibido una buena suma de dinero producto del contrato secreto que ahora lo unía específicamente al servicio del Hokage. Solo Jirayja, Minato y Boruto mismo conocían el vínculo de espionaje que los unía en la actualidad. Nadie más en todo el mundo conocido, podía realmente entender las motivaciones del rubio Uzumaki.

La misión que Minato le había dado, era encontrar e infiltrarse en una organización secreta.

Boruto entonces, hizo lo que había aprendido desde décadas. Cuando una Kunoichi ya retirada de su época, tuvo la misión de entrenarlo en el rubro del espionaje. Fueron meses llenos de terror mientras aprendía según podía rememorar Boruto, ahora con una sonrisa. Pero claramente, había llegado el tiempo donde terminaría por agradecer el entrenamiento de esa mujer. Mitarashi Anko-sensei. Era la mujer más peligrosa que había conocido. O al menos, eso era lo que hasta el momento recordaba.

Boruto ya había pasado más de una década en el pasado. Y apenas algunas semanas de este largo periodo de tiempo, en la versión pasada de su propio hogar. La Konoha antigua, era una versión bastante diferente. Era muy cierto que por cuestiones de la edad, cuando Boruto fue niño ya había cierto tipo de modernidad y población que pasaría todavía mucho por suceder en la actualidad. Sin embargo había algo más. Boruto notaba algunos detalles estructurales mejorados en este "pasado de la aldea".

Militarmente, la aldea parecía más aprovisionada. Había vigilancia doble en puertas de salida y notaba un nivel de agresividad y tensión con aldeas extranjeras muy superior al tiempo donde gobernaba el Sandaime Hokage, o cuando le supo tocar a la Godaime. Boruto analizaba rápidamente que el temor y el respeto que su abuelo el Yondaime inspiraba en los enemigos, mantenían un mayor grado de beligerancia en el resto de las aldeas ninjas. Pero al mismo tiempo lograba una presencia política muy fuerte a favor de Konoha. No cedía territorios o concesiones por mantener la paz como lo hizo Sandaime. Los conservaba por amenaza de fuerza, por intermedio de la fama terrible del Yondaime.

Boruto Uzumaki sin embargo, no se preocupaba por las modificaciones del entorno. Sin embargo era bastante destacable reconocer que cada pequeño cambio generado desde su llegada al pasado, no influía en su propia memoria sobre lo que sucedió. El detalle más destacable de ese asunto era simple. Boruto a pesar de haber salvado la vida de sus abuelos, no "recordaba" haberlos conocido en su infancia. Y tampoco recordaba que su padre hubiese crecido con ellos vivos. En definitiva tal como el Yondaime le había sugerido, este presente no estaba directamente relacionado con el futuro del cual Boruto provenía. Era una línea de tiempo diferente al parecer.

¿Entonces qué hacer? ¿Cómo continuar su vida entendiendo que este mundo no era el suyo realmente? Por lo pronto, seguir el camino que tenía enfrente. Se había comprometido a encontrar e infiltrar al grupo de Danzou, para averiguar cuál era su real poder o lo que hasta el momento venía realizando. Nada más debía importar por el momento. Boruto tenía casi 50 años, aunque claramente no se veía o sentía como cualquier hombre de esa misma edad. Cualquiera podía confundirlo con un Shinobi en sus 25 años. Todo parecía apuntar a una larga vida y un aspecto juvenil. Seguramente, herencia de los Uzumaki.

Pasaron los días en Konoha…

Boruto alquiló un cuarto en una pensión promedio. Tenía el suficiente dinero para comprar un apartamento o incluso una casa importante. El pago del Yondaime le permitía vivir sin tener que trabajar durante todo un año. Pero Bolt usaría ese dinero paulatinamente, y solo para componer un personaje que lo presentara ante los espías como un mercenario extranjero. El seria Boruto Uzumaki. Sin familia, originario del antiguo Uzugakure. Había sido entrenado como Shinobi en la aldea del remolino, y posteriormente recorrió el mundo como un nómade. Usando sus dotes Shinobi para capturar renegados, y sobreviviendo a la intemperie cazando, recolectando o pescando. Un mercenario sin patria. Un hombre que no tenía amigos o familia. Un hombre que no tenía miedo a nada.

Hasta ahí, todo parecía perfecto. Pero las enseñanzas de Anko-sensei siempre quedarían en su mente. Boruto sabía que un mercenario con gran poder y ninguna debilidad evidente, era como un arma de doble filo. Danzou Shimura nunca lo contactaría. No sin tener herramienta diversas para tentarlo o controlarlo. Por lo tanto, el mismo Boruto tenía que "crear" su propia debilidad. Debía exponerse y no pasar totalmente desapercibido en su estadía en Konoha. Anko-sensei le había dicho en sus clases sobre espionaje alguna vez:

-"un nuevo contacto en el mundo del espionaje, se hace por intermedio de su debilidad. La fuerza del nuevo recluta es el motivo por el cual lo buscan. Pero la debilidad, es la herramienta de reclutamiento.

-¿Y si no tengo una debilidad que ellos puedan aprovechar Anko-sensei?-consulto Boruto que veía el objeto de hacerse fuerte si después no iba a poder infiltrarse por serlo demasiado.

-Nunca dije que necesitaras mostrar una debilidad real niño. Ku ku ku. Si acaso llegas a ser tan bueno como para no tener alguna…..simplemente debes "simularla"

Las semanas siguientes de su vuelta a esa aldea, Boruto se dedicó a comerciar las pieles de animales y demás objetos preciosos recolectados en los bosques, para obtener dinero y así elevar la excusa de permanecer más tiempo en la aldea. Luego su gusto por el licor. Ir a bares donde Shinobi y civiles de todas las ramas o categorías. Comenzar a "charlar" con otros borrachos. Indicando su potencia como antiguo Shinobi, y su actual ambición de obtener grandes sumas de dinero para buscar revivir la aldea del remolino. Obtener grandes ingresos, y mostrarse solo interesado por las técnicas de sellado. Como todo buen Uzumaki, solo el arte de sellado era digno de ser estudiado.

-Mi primera medida desde que llegué a esta aldea, -decía Boruto en cada conversación ocasional que tenía con cualquiera- fue ofrecer mi poder al Hokage. Le dije que mi nivel era muy superior a cualquiera de sus ninja. Podía contratarme para cazar a todos sus enemigos en el libro Bingo. Pero él no contrata mercenarios….-bebía mostrando algo de enojo- que se joda entonces.

El mensaje para quienes lo estuvieran escuchando desde Raíz era claro. Había estado con el Yondaime, no tenía trabajo y quedaba algo de rencor de aquel encuentro. Además, como ese Uzumaki estaba en la búsqueda de dinero y técnicas de sellos, había algo valioso para poder "negociar" su incorporación. Y aun así, tenían que tener cuidado con ese extranjero. Podía ser un espía de otra villa. Podía buscar venganza contra alguien específico en Konoha. Tal vez incluso estaba contratado para robar algo de mucho valor en la aldea. Por ello, durante esas primeras semanas muchos ninjas de varios sectores vigilaron a Boruto incansablemente. Revisando sus antecedentes. Buscando en su pasado, que parecía no tener origen en ningún sitio especifico. Incluso revisando el increíble parecido físico que tenía con el Yondaime.

La persecución no dio fruto alguno. El llamado Boruto Uzumaki no se había cruzado con el Hokage, ni con ninguno de sus hombres de confianza en el mes que ya estaba trascurriendo desde su llegada. Boruto comerciaba pieles y metales preciosos que extraía de algunos sellos de contención. Y el resto del tiempo dormía en su cuarto de la posada o bebía en alguno de los bares de asidua asistencia Shinobi.

Poco a poco, los grupos Shinobi que lo vigilaban dejaron de hacerlo. Boruto entendía que había tres posibles liderazgos que podían dar órdenes a equipos para averiguar sobre un extranjero dentro de Konoha. Los ancianos representantes del consejo de clanes, el Hokage o directamente el líder de la Raíz. Por lo tanto, lo primero que Boruto tenía que lograr era que tanto los hombres enviados por el Hokage como los dirigidos por el consejo de clanes, lo dejaran de seguir. Y entonces, sería la oportunidad perfecta para que la gente de Danzou hiciera el primer contacto.

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La situación para Itachi Uchiha comenzaba a solucionarse…

Desde la aparición del cadáver de Uchiha Shisui, un tumulto general se apoderó de la entrañas del clan Uchiha. Había varias pistas que indicaban asesinato. Aun así, la causa de la muerte era claramente un suicidio. Un asunto demasiado extraño para ser considerado rutina. Las evidencias de la autopsia arrojaron claramente la prueba de auto infligir la muerte. Uchiha Shisui se había quitado la vida. Pero además de la causa final de la muerte, se encontraban otra serie de pistas que tejían muchas conjeturas peligrosas.

Primero, los ojos de Shisui no estaban en su cadáver.

Podía haberse auto mutilado por supuesto, pero mientras uno de sus orbes tenia rastros de ser extraídos en momentos cercanos al deceso, el otro claramente tenía toda la pauta de haberlo perdido varias horas antes de su muerte.

Segundo, el ojo retirado poco antes de morir no se encontró cerca del difunto.

La evidencia entonces, apuntaba que cuando menos hubo una persona junto a Shisui, poco antes de su muerte. El sujeto misterioso en cuestión, debió llevarse el ojo perdido y claramente era quien sabía a ciencia cierta todo lo ocurrido. Y que el cadáver hubiese sido encontrado a poca distancia de uno de los refugios secretos del clan Uchiha, solo cruzaba datos para suponer la intervención de un familiar.

Ciertamente la policía militar del clan Uchiha ya no estaba operativa. Pero el Hokage por expreso pedido de Fugaku, permitió a los miembros de esa familia que se hicieran cargo de la investigación interna personalmente. Había muchas pistas por seguir, y pocos miembros del clan que tuviesen algo en contra de Shisui como para intentar matarlo. Su cuerpo estaba muy herido, con ataques previos a la causa de muerte. Como si hubiera tenido un sangriento combate, horas antes de morir por su propia mano.

La investigación no tenía a nadie definido como acusado. Pero la filiación de Itachi a Shisui, sumado a ciertos rastros del chakra encontrados precisamente en el refugio cercano a la zona, lo puso en pocos días en el centro del asunto. Fugaku Uchiha no obstante, conocía perfectamente la profunda relación de hermandad que su hijo mayor tenía con el difunto. Nunca ni por un instante se figuró a un Itachi, tratando de matar a Shisui. Tal suposición no tenía fundamento. Sin embargo, sí pudo entender porque razón Itachi estuvo aquella última noche para la vida de Uchiha Shisui.

Fue gracias a una práctica con el sharingan, entrenando padre e hijo.

Ambos lo hicieron lejos de las miradas de todos, y Fugaku enseñó a su hijo un arma secreta que casi nadie había visto. Su sharingan, aunque no alcanzó la magnificencia que contaban las legendas talladas en la piedra milenaria, tenía la habilidad de reflejar talentos. Cada Sharingan en sí mismo, contaba con virtudes básicas y a veces con capacidades específicas. Fugaku por caso, tenía la habilidad de obtener el mismo poder de los ojos que enfrentaba. Si acaso su rival doblaba la realidad, Fugaku también podía hacerlo y contrarrestarlo. Si acaso tenia poderes oculares que incrementaban el poder del Katon, Fugaku también absorbía ese talento al mirarlo directamente. Incluso hizo uso de esa misma habilidad contra otros Doujutsu como el Byakugan, con resultados igual de efectivos. Fue así, como Fugaku Uchiha descubrió que su hijo Itachi, había despertado el Magenkyo sharingan.

La situación desde luego, comenzó a ser más comprensible para el pensamiento del padre. Entendía que Shisui se suicidó frente a Itachi, y lo hizo claramente para que su mejor amigo lo viera morir. La legenda de como despertaba la segunda fase del sharingan, era conocida por unos pocos, y probada desde la época de Madara por solo uno. Justamente su hijo mayor. Nada menos que Itachi Uchiha.

-No necesito preguntar cómo obtuviste ese nuevo poder Itachi….-le confió el padre cuando finalizaron el entrenamiento- solo te recomiendo que no lo enseñes a nadie más. Pocos saben cómo supuestamente se obtiene tal habilidad. Y no quiero pensar en la oscuridad que ingresaría a nuestro clan si acaso la información fuera de conocimiento público.

El hijo sabía que no podía engañar a su padre. Era claro que Fugaku ahora sabia sobre el Magenkyo. Y le preocupaba una escalada de muertes entre los mismos miembros del clan en la búsqueda de tal poder. Pero eso no sería un problema. Itachi ya estaba preparado en lo referido a coartada, para cuando el grupo de investigación Uchiha llegara a barajar su nombre.

-el Hokage hablará en mi favor padre….-aseguró Itachi sorprendiendo a su interlocutor- no pueden relacionarme con la noche donde murió Shisui. No estuve ahí, no sé nada de lo ocurrido. Y por supuesto, tampoco tengo el ojo de Shisui que es lo que realmente les preocupa a los ancianos de nuestro clan.

Fugaku intentó no mostrarse sorprendido, pero realmente lo estaba. No esperaba que su hijo tuviera el apoyo directo del Hokage como para respaldarlo en tamaña mentira. Y ese no era el problema en particular. Porque si se tenía en cuenta que Itachi tenía uno de los poderosos sharingan de Uchiha Shisui, la verdadera interrogante era saber sobre el otro. ¿Quién atacó y dejó malherido a un Shinobi tan fuerte como Shisui y le arrebató uno de sus ojos? Esa era la verdadera cuestión.

Por lo pronto, Fugaku esperaba no tener que perder a Itachi por la acusación venidera. Consideraba que sería un golpe irrecuperable para la familia perderlo. Uno de los más prometedores ninjas había muerto, y el otro podía estar en peligro. Eso no podía pasar. ¡Eso no debía pasar! Y Fugaku solo esperaba que realmente la confianza de Itachi en el Hokage estuviera bien fundada. Con el apoyo de Minato, seguramente Itachi quedaría libre de culpas.

Eso era lo principal por el momento. Aunque Fugaku no pudo dejar de preguntarse sobre la relación íntima que actualmente unía a su hijo con Minato Namikase. ¿Qué clase de confianza había surgido entre ellos para que el Yondaime le protegiera así? ¿Acaso eran más que un Hokage y su guardián personal? ¿O acaso Minato tenía secretos ocultos que Itachi canjearía por la ayuda que ahora iba a recibir? Fugaku estaba en una encrucijada. Quería saber, pero al mismo tiempo entendía que por el momento no le convenía hurgar en los asuntos del Hokage.

Aunque pensando a futuro, cuando el asunto de la muerte de Shisui quedara sin efecto, sería bueno conocer el secreto por el cual Itachi, tenía el apoyo total del líder de Konoha. Eso podía ser una gran ventaja para los Uchiha en algún otro momento.

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La operación de extracción fue un rotundo éxito…

Muchas cosas podían haber salido mal. Realmente era innecesario a ojos de Minato lo que por obligaciones tácticas había tenido que autorizar. Básicamente, su esposa le había dicho que el Kyuubi estaba logrando derruir desde el interior el sello que lo contenía. Poco a poco, año tras año, el zorro demonio estaba vulnerando el arte de sellado que lo mantenía prisionero. Kushina dijo ante su esposo y días después declarando ante el consejo de clanes, que la mejor manera de tratar el problema era trasladar a la criatura hacia un contenedor nuevo. Más joven, más fuerte y con una mejor técnica de sellado para garantizar que la criatura no pudiera escapar.

Todos conocían entre rumores e información secreta, que la noche donde el único hijo del Hokage nació, hubo un incidente por causa de un renegado que casi le cuesta la vida a la familia Namikase al completo. Dicho acto, hasta el momento parecía no haber tenido consecuencias negativas, pero ahora mismo se revelaba el costo de aquel ataque del pasado.

-tal vez ese sujeto logró modificar el sello parcialmente…-dijo Kushina declarando ante el consejo de clanes- tal vez el Kyuubi, luego de tantos años ha conseguido la manera de sobrepasar el control del sello de 7 trigramas creado por mi abuela Mito. Como sea, tengo pocos meses antes que el chakra del Kyuubi cobre mayor fuerza, influyendo sobre el mío.

-¿Y cuáles serían los efectos de esa situación Kushina-san? –consultó uno de los consejeros ancianos de apellido Homura- porque todos conocemos los grandes riesgos de trasferir al monstruo. Entre los cuales, se encuentra hallar al siguiente jinchuriki perfecto para la tarea.

Minato no estaba de acuerdo. De hecho había buscado hacer todo lo posible para disuadir a su esposa de pedir autorización general para la extracción. Ciertamente no era tiempo de guerra, y como Hokage era positivo tácticamente crear un nuevo jinchuriki mediante un Shinobi que estuviera en actividad. Kushina desde que tuvo a Naruto, no había salido de la aldea más que para misiones muy específicas y de bajo calibre. Pese a ser Jounnin, nunca tuvo equipo de Gennin ni realizó nada más allá de un par de trabajos rango B. y solo fue convocada por su conocimiento sobre sellos. Minato no quería que Kushina pusiera en riesgo su vida. Y mucho menos tener que obligar a su propio hijo Naruto a ser el próximo contenedor. No con todo lo que sabía que Kushina sufrió en su infancia por llevar al monstruo. Pero la mujer, en la reunión privada que tuvieron previamente en la oficina del líder, no le dejó ninguna opción. Básicamente, le dijo que su insatisfacción sexual iba en aumento. Y que aunque entendía la importancia del trabajo de Hokage en Minato, si él no podía garantizarle una cantidad superior a la media en las cuestiones maritales, el chakra de la Kunoichi se sobrealimentaría con el del zorro. Con consecuencias muy peligrosas.

Minato estaba en problemas, y lo sabía con toda certeza…

Todavía amaba a su esposa. Quería hacerla feliz. Pero ya desde la juventud misma, tuvo graves problemas para seguirle el ritmo en las cuestiones sexuales. Ella no era una mujer normal, ni siquiera era una Kunoichi normal. Y para colmo el fetiche sexual de Minato, esa perversión extraña nacida de un origen desconocido, le había impulsado a gastar su munición de excitación en objetivos incorrectos. Le estaba siendo infiel a Kushina. Y no era con una típica amante para ser precisos.

Por ello, casi 7 días después de ser aprobada la moción en el consejo para el cambio de contenedor, Kushina y el pequeño Naruto compartieron un salón sellado recostados sobre camillas y asistidos por Tsunade Senju en carácter de médico. Además, tanto el Sannin Jirayja como Minato en persona, se encargaron de reforzar los sellos de trasferencia y las ligeras modificaciones que exigía una trasferencia de poder tan extraordinaria. La habitación fue un cumulo de incomodidad difícil de igualar. Kushina y Jirayja ni se miraban, muy conscientes de lo que habían hecho y aterrorizados de la idea que alguien más en ese cuarto se diera cuenta. Tsunade tampoco estaba a gusto en ese sitio. Solo el cobro del dinero por las ultimas misiones asignadas por el Yondaime, sumado a la obligación moral que sentía por cuidar de la salud de la otra "nieta" de su abuela Mito Uzumaki, era lo que la retenían mucho más de la cuenta en Konoha. Sin embargo, si todo salía como era debido. Tsunade ya tenía pensado lo que iba a pedirle al Yondaime como compensación, por tantas misiones y obligaciones contraídas aun contra su voluntad.

Ella era una Sannin y desde que dejó a Shizune hace tiempo, que quería desligarse completamente de la aldea y sus misiones. Pero una y otra vez Minato la convocaba. Una y otra vez Jirayja la buscaba. Una y otra vez su especialidad como medico la convertía en una pieza casi irremplazable. Tsunade Senju no quería volver nunca más. Y parte por ese deseo, sumado a las cuantiosas deudas de juego que acumulaba por varios países, que estaba presente para asistir a la familia de Yondaime. Para ganarse el derecho a pedir algo específico a sus futuras necesidades.

En cuanto a Minato Namikase, los problemas de su familia solo eran pequeños en la comparativa global de la política. Le había preocupado de sobremanera la aceptación casi inmediata del consejo de clanes para extraer al Kyuubi. Lógicamente, se hubiesen negado a tal riesgo de ser una situación normal. Pero la teoría que Boruto trajo de su tiempo, sobre una organización paralela conducida por los intereses de Danzou, cada vez cobraba más sentido aunque Minato no tuviera pruebas reales sobre aquello. Después de todo, la muerte de Sarutobi interceptado por Orochimaru en su viaje a la capital, solo podía explicarse con una traición interna. ¿Y quién había sido más beneficiado con la caída del tercer Hokage? nada menos que su ex compañero de equipo. Y uno de los consejeros ancianos más influyentes. Shimura Danzou. Con más poder en las decisiones del consejo, y mayor influencia sobre la rama económica que controlaban ese grupo. Por lo tanto, la fuerza militar personal de Danzou, debía ser esa supuesta organización llamada Raíz. Un asunto que Minato averiguando más en profundidad, mediante la inclusión al juego de Boruto.

La operación fue un éxito….

Kushina estaría muy debilitada y hospitalizada por algunas semanas. Pero sobreviviría. En cuanto al pequeño Naruto, con esta nueva y terrible responsabilidad de ser el jinchuriki no Kyuubi, tendría que ser entrenado y prepararlo para controlar tan terrible poder. No sería fácil, y Minato no podía fiarse de dejarlo suelto por Konoha eligiendo maestro. Ciertamente podía darle órdenes a Kakashi para que se concentrara en Naruto, pero por características y preferencia personal, era obvio que el peliplata quería enfocarse en Sasuke. Dejando a los otros miembros del equipo 7 en desventaja.

Sin embargo, las cosas para Minato comenzaron a solucionarse por simple casualidad administrativa. Mientras Kakashi entendía que su mejor aporte era enfocarse en entrenar a Sasuke Uchiha, Jirayja era uno de los pocos Shinobi confiables que podía ayudar a Naruto para entrenar su poder como jinchuriki. finalmente, la petición que Tsunade tenía por los servicios prestados sobre el asunto del Kushina y también su intervención sobre una misión secreta que involucró a Itachi Uchiha, formaron una feliz resolución sobre todos los asuntos completos.

Tsunade había pedido una joven Kunoichi para que sea su estudiante. En los años anteriores había pensado que dejar a Shizune en Konoha era una buena forma de liberarse de preocupaciones y ser libre. La morocha ahora tenía una vida asentada como asistente de Minato y directora del nuevo programa de entrenamiento para médicos ninja. Por lo tanto no podía regresar a viajar con su antigua maestra, y mucho menos a enfocarse en el entrenamiento necesario que era el objetivo principal de Tsunade. La idea de la Sannin médico, era traspasar la totalidad de su conocimiento y técnicas a una joven prodigio que la relevara como eminencia máxima de la medicina. Tsunade tenía alrededor de 50 años en ese tiempo, y quería enfocarse en preparar una estudiante que ayudara a Shizune en los cambios que la mujer no dominara totalmente. Y ese puesto, fue asignado a Sakura Haruno.

La Kunoichi integrante del equipo 7, era una joven muy inteligente y la primera en su generación con respecto al estudio y conocimiento. Además, los entrenamientos básicos con el equipo 7 habían demostrado que su mejor característica se basaba en el perfecto control de chakra. Piedra basal de un buen prospecto de ninja médico. Finalmente, la joven había tenido un brusco cambio de personalidad en los últimos meses. Antes de eso, Kakashi había reportado con bastante preocupación la evidente falta de interés en enfocarse en su entrenamiento. El amor juvenil que tenía por su compañero Sasuke Uchiha, le privaba de estar mejor dispuesta a preparar nuevos jutsu. Tenía control perfecto del chakra, y mucho conocimiento. Era en el aspecto técnico muy dotada. Y cuando la nube rosa de su "amor" por el Uchiha no le nublaba el panorama, podía elaborar buenas estrategias de equipo.

Aun así, meses atrás tuvo un cambio que Kakashi no pudo encontrar mayor explicación como un golpe de madurez. Primero su actitud cambió. Mucho más seria y menos dispuesta a perseguir a Sasuke pidiéndole citas. Tenía pequeños rastro de su anterior personalidad, pero ahora mantenía prudente distancia de todos. De tanto en tanto además, mostraba preocupantes momentos de aislamiento y melancolía. Algo que moralmente afectaba bastante al grupo, ya que Naruto quedó solo en ser quien animaba las reuniones. Aun así, aunque la muchacha presentara problemas de contacto y confianza, tampoco se podía esperar mucho sobre ella en el campo del ninjutsu y Tayjutsu. Sus aptitudes sobre el Genjutsu eran la única baza de posibilidad para el futuro. Al menos, hasta que la necesidad de Tsunade para tomar una estudiante, y la imposibilidad de Kakashi para seguir entrenando a Sakura se reunieron en el mismo tiempo y espacio.

Entonces así, casi dos meses después de la operación que traslado el Kyuubi desde Kushina hacia su hijo Naruto Namikase, el Sannin Jirayja aprovechó la situación para emprender un largo viaje lejos de Konoha. Su presencia en la aldea ya no era necesaria, y aumentaba el peligro de que alguien supiera lo que había sucedido entre él y Kushina esa noche loca. Aun no sabía cómo había ocurrido. Aun no podía entender como Kushina pudo meterse entre sus pantalones y revolverle la mente hasta que ninguno de los dos entendiera el error que iban a cometer. Pero sea como sea, Jirayja se llevaba a Naruto para entrenarlo, y al mismo huía de Kushina o las consecuencias de ese acto en particular.

Mientras tanto, Sakura se sentía feliz después de mucho tiempo. Teniendo el permiso de sus padres y también por instrucciones del Yondaime, ella tendría la increíble oportunidad de ser entrenada por un Sannin. La legendaria Tsunade Senju. El mejor médico del mundo conocido. Sakura en su interior sintió una alegría indescriptible. No solo podría alcanzar el nivel de sus compañeros luego de ese plan de dos años de entrenamiento, sino que por alguna razón que no comprendía sentía alivio de alejarse de Konoha. Un miedo secreto, una fobia oculta se había desarrollado en la mente de Sakura los últimos meses. Y debía hacer todo lo posible para eliminarla antes de retornar a su hogar.

Jirayja se fue junto a Naruto por dos largos años. Con la clara promesa de retornar a la aldea para que tomara el examen para ascender a Chunnin. El joven Namikase estaría preparado para todo. Para pelear, y sobre todo para controlar el poder de la bestia.

Tsunade se fue junto a Sakura con la promesa de regresarla en dos años también. Viajarían para satisfacer los vicios de la mujer, pero también para entrenar y aprender todo lo que Sakura necesitaba para reemplazar a la princesa de las babosas en el corto plazo. Dos años, para que la tímida Gennin retornara a presentarse nuevamente a un examen. Y para que rompiese sus miedos, o diera un paso adelante en sus metas alcanzar. Dos años era un corto o muy largo tiempo…

Aunque claro está, todo depende de a quien se refiera la historia en particular.

Fin del capítulo.