CAPITULO 6: TRAMPAS Y TRAICIONES, PARTE II
Sakura Haruno estaba confundida y frustrada…
Se cumplían dos meses desde su retorno a Konoha. Había regresado junto a su sensei Tsunade Senju, justo a tiempo para tomar el examen para ascenso al grado Chunnin. Dos años alejada de su hogar, era toda una vida si se comparaba con la niña que se fue tras su maestra; en contraposición con la joven kunoichi que había vuelto.
Tsunade-sensei era una mujer experimentada, didáctica y protectora. Durante dos años le había enseñado muchísimas cosas que Sakura apenas pudo vislumbrar el día que decidió convertirse en su discipula. Aun así, también la rubia kunoichi tenía profundas heridas emocionales, fobias y vicios perniciosos. Cuestiones que tanto maestra como estudiante tuvieron que soportar durante la convivencia y el viaje de entrenamiento. En definitiva, fue toda una extraña experiencia compartir un largo viaje por muchos países bajo la tutoría de una legendaria Sannin.
Sakura ingresó al examen como parte del rearmado equipo 7. Nuevamente con Sasuke Uchiha, y por supuesto con el regreso de Naruto Namikase. Los jóvenes habían crecido mucho en esos dos años sin estar juntos y fueron el equipo más destacado en cada prueba, llegando hasta los combates finales. Todos los miembros del equipo terminaron ascendiendo a Chunnin, un hecho que no se repetía desde hacía unos 60 años según los más veteranos espectadores del estadio. Que tres integrantes de un mismo equipo ascendieran de categoría en el mismo examen, era un hecho notable.
Sakura sin embargo, dos semanas después de haberse convertido en Chunnin, seguía muy preocupada y decepcionada. Tuvo que enfrentar a Sasuke en el combate de semifinales. Y sinceramente no había podido hacer prácticamente nada contra su compañero. Tanto Sasuke como Naruto, eran increíblemente superiores a ella. Si bien como kunoichi médico, con su control y utilidad en materia de estabilizar un equipo tenia garantizada la valía; Sakura se sintió disminuida al no poder presentar un combate razonable contra uno de los Shinobi más fuertes de la generación. Simplemente Sasuke había observado el combate previo de Sakura, y entendió que manteniendo la distancia y anticipando el Tayjutsu con su sharingan, podía ganar sin dificultades.
La felicitaron no obstante, y la ascendieron por méritos acumulados en anteriores pruebas, a pesar de su frustración. Pero Sakura aunque contraviniera las indicaciones de Tsunade-sensei sobre mantenerse siempre en la retaguardia de su equipo, quería más. No le bastaba con ser el tercio "equilibrado" en un equipo de 4 que estaba lleno de Shinobi destacados. El capitán era Hatake Kakashi, el renombrado "Ninja que copia". Un Jounnin desde la niñez y con fama de poseer más de mil jutsu copiados gracias a su sharingan. Sasuke Uchiha, el segundo genio de la familia más poderosa de Konoha. Un Shinobi que tenía como maestro a su propio hermano mayor, y que se rumoraba que algún día igualaría en destreza y poder ocular. Además, por si ellos dos no fueran suficiente para resaltar al equipo. El escuadrón contaba también con Naruto Namikase. El hijo del Hokage, el nuevo jinchuriki no Kyuubi; y para colmo estuvo entrenando 2 años con el Sannin Jirayja. Todos grandes Shinobi, o cuando menos con un futuro enorme por delante.
¿Y que quedaba para ella?
Era una especialista en medicina ninja. Entrenada por una kunoichi de rango Sannin. Pero nada destacable en combate más allá de su técnica de súper fuerza. Siempre observada de lado. Sin apellido renombrado en el mundo Shinobi. Y sin lugar a dudas, el "punto débil" del equipo 7. Eso Sakura no podía soportarlo. Eso tenía que cambiar, tenía que modificarlo. Y tal vez su adorada Tsunade-sensei no era suficiente para conseguirlo. Sakura estaba dispuesta a todo para mejorar. No podía permitir volver a sentirse inútil nunca más.
Y con ese objetivo, haría lo que fuera para ser más fuerte. Incluso romper las reglas de Tsunade-sensei, sobre cómo debía ser un ninja médico.
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Kushina Namikase se sentía muy preocupada y culpable…
La vuelta a Konoha de su único hijo Naruto luego de mucho tiempo, debió ser todo un motivo de felicidad para la mujer. Dos años en el pasado, ella había canjeado la responsabilidad de contener al zorro demonio, por la posibilidad de bloquear un problema que parecía imposible de resolver por otros medios. Kushina nunca hubiese querido cargar a su amado hijo con el monstruo, pero su cuerpo definitivamente no le obedecía. Su instinto descontrolado había causado mucho daño, y podía realizar aún más si acaso la mujer no tomaba las medidas necesarias.
Ni siquiera si perdiera la totalidad de su juicio por la falta de sexo activo, le hubiese impulsado según pensaba Kushina, para terminar acostándose con el pervertido de Jirayja. Ese error terrible, marcaba claramente que estaba volviéndose loca. Y todavía si solo hubiese sido un grave error irrepetible, algunos otros pensamientos oscuros que atravesaron a la esposa del Hokage en esos tiempos, tampoco podían asegurarle que no volvería a cometer locuras. Indudablemente, había algo extraño que se estaba agitando dentro de Kushina. Y año con año se incrementaba para peor.
Cuando el Kyuubi fue extraído, y aún más cuando su hijo Naruto se fue de viaje con el pervertido de Jirayja, Kushina experimentó el renacer del alivio. Con la criatura fuera de su cuerpo, y con su hijo lejos de la casa donde podía tener paz mental; la mujer trascurrió los meses de recuperación post-extracción en un estado de renovada tranquilidad. Sin embargo, un año después Kushina comenzó a revivir nuevamente su particular infierno. Todo comenzó con una frase apocalíptica. Una frase dicha para provocar y reír junto a su mejor amiga:
"-Solo eres un niño inmaduro….-le había dicho para burlarse Kushina- no tienes idea de lo que una mujer puede hacer por ti dattebane. Incluso ni siquiera debes haber tenido tu primer beso Sasuke-chan. Niño tonto".
Estaban en la cocina de la mansión principal del barrio Uchiha. Kushina y Mikoto reía mientras la dueña de casa cocinaba para su familia el almuerzo. La mujer Namikase había pasado de visita y se quedó ante la insistencia de su amiga para comer. Mikoto Uchiha siempre fue una mujer rígida y de clase alta. Estructurada y fría, al compás de un marido aristocrático. Pero solo junto a Kushina Namikase, que se permitía ser más flexible. Solo Kushina le hacia reír y distenderse de lo protocolar. Además, gracias a esta amistad de tantos años entre las mujeres, que los niños tenían una relación casi rivalizando al parentesco.
Sasuke y Naruto eran contemporáneos en edad, y habían convivido casi como hermanos desde la más tierna infancia. En muchas ocasiones, tanto Sasuke como Naruto estuvieron durmiendo en la casa del otro. En otras varias pasaron sus vacaciones juntos en el seno de una familia, o de la otra. Kushina teóricamente era una tía más para Sasuke, cuestión que Naruto igualmente consideraba sobre Mikoto. Sasuke nunca quiso este nivel de amistad con el Dobe de Naruto. Pero su padre siempre le había indicado que debía tener buena relación con el hijo del Hokage.
-Los Uchiha ahora forman parte de la aldea de forma activa…-le dijo Fugaku a sus dos hijos una tarde donde entrenaban en el patio trasero de su mansión- es primordial tener excelente relación con los herederos de los clanes más poderosos en nuestra aldea.
La visión política de Fugaku, era entendida y compartida por Itachi. Pero Sasuke todavía era demasiado niño como para comprender o valorizar el factor de relaciones públicas que intentaba impulsar su padre. De hecho, Sasuke a su corta edad atestiguó la desaparición de la policía militar Uchiha. Un cuerpo de elite en el que solo ingresaban exclusivamente los mejores Shinobi pertenecientes solo al clan Uchiha. Era una cuestión de orgullo ser parte de la policía militar. Y Sasuke siempre había soñado formar parte de ellos. Merced de conocer que su admirado hermano mayor, nunca logró ser miembro a pesar de que todos los señalaran como un "prodigio insuperable". Sasuke quería que su hermano lo reconociera, y lograr formar parte de la policía Uchiha, era el camino que podía llevarlo a lograr su particular objetivo. Por ese motivo, el desarme de la policía militar Uchiha fue motivo de mucha bronca y decepción para Sasuke. Sentía que nunca podría resaltar ahora. Que nunca iba a poder igualar a su hermano Itachi. Viviendo siempre a la sombra de los méritos del "talento más grande del clan desde los tiempos de Madara Uchiha"
Por esa razón y otras varias, cuando Sasuke Uchiha retornó a su casa ese día en particular estaba de especial mal humor. Había estado entrenando en soledad, ya que Itachi no había asistido a la reunión pactada días atrás en el campo número 7. Y además de no sentirse satisfecho con su actual nivel a los 15 años de edad, le fastidiaba profundamente la marea de niñas estúpidas que no dejaban de cortejarlo y seguirlo adonde se atreviera a caminar.
De todos los clanes, de edades variadas y hasta pequeñas niñatas que apenas si todavía asistían a la academia Shinobi. Rubias, morenas, pelirrojas. Escandalosas, acosadoras, taciturnas y neuróticas que trataban de pasar por tiernos corderitos cerca de Sasuke. Había de todo, y eso sin incluir a su propia ex compañera de equipo que por fortuna se había ido lejos a entrenar desde hacía un año.
¿Por qué mierda no lo dejaban en paz? ¡¿Acaso no entendían que el solo quería ser más fuerte?! A Sasuke no le interesaban las mujeres, ni los hombres, ni nadie en particular. Solo sentía una gran adoración por su hermano mayor, al cual quería superar en la carrera Shinobi. Mucho respeto por su padre, que era el líder del clan. Y sobre todo un profundo orgullo por su familia, la cual él consideraba la más fuerte de toda la aldea.
Apareció Sasuke por la cocina, y tanto su madre como la del Dobe de Naruto estaban charlando y riendo cual niñas molestas. Kushina Namikase era una especie de "tía" para Sasuke, nunca le había llamado así, ni tampoco la consideraba emocionalmente cercana; pero desde niño había convivido mucho con ella y con Naruto. Así que tenía más consideración hacia la pelirroja que a cualquier otra mujer de Konoha. No era parte de los Uchiha, pero era amiga cercana de la familia.
-¿Qué sucede con ese rostro molesto Sasuke-chan? –le dijo Kushina divertida de verlo tan ofuscado- ¿tus amiguitos no te invitaron a jugar en el parque?
Sasuke Uchiha tenía 15 años. Era el más talentoso y prometedor ninja de su generación, solo igualado en fama por el hijo del Hokage. Y esa mujer se tomaba la atribución de burlarse tratándolo como un infante quejoso. La respuesta no sería amable, aun teniendo en alguna buena estima a la esposa del Hokage:
-las mujeres, de la edad que sean….-administró el nivel de insulto ante la presencia de su madre- no son más que un estorbo. Son peso muerto en los equipos, y no dejan de acosarme adonde sea que vaya ¿Por qué no entienden que no me interesan? –farfulló indignado.
Tanto Mikoto como Kushina dejaron de sonreír. La madre de Sasuke por la molestia que le causaba la falta de educación en su hijo menor. La mujer Namikase porque no esperaba una declaración tan tajante y fuera de lugar. Sasuke-chan en general no respondía a provocaciones, solo colocaba en gesto gruñón y soltaba un "Hump" que no significaba nada. Pero le bastaba para declarar su desaprobación. No obstante, Kushina de sentía de especial buen ánimo ese día, y decidió picarlo un poco más:
-Solo eres un niño inmaduro….-le había dicho para burlarse Kushina- no tienes idea de lo que una mujer puede hacerte dattebane. Incluso ni siquiera debes haber tenido tu primer beso Sasuke-chan. Niño tonto.
Mikoto sonrió ante ese comentario. Su hijo menor era demasiado joven para entender que su fama entre el plantel femenino, era en realidad una especie de "bendición" para los hombres. Seguramente en un par de años, usaría muy bien para su placer personal dicha ventaja. Había fuerzas más poderosas que el sharingan en el mundo conocido. Y una de ellas, era el placer carnal que una mujer podía otorgar.
Lo siguiente que ocurrió fue la huida molesta de Sasuke. Y la risa de ambas mujeres desde la cocina, logrando fastidiarlo aún más. Se sentía extrañamente avergonzado, su corazón latía muy rápido y no podía distinguir ese raro sentimiento de una simple furia. La madre de Naruto siempre era justo así. Desestructurada y gritona. Mal hablada y carente del formal silencio protocolar de las mujeres Uchiha. ¡¿Porque diablos no cerraba la boca?! Sasuke estaba acostumbrado a imponer su palabra incluso ante mujeres mayores en su clan. Todas obedecían al hombre, todas guardaban respetuoso silencio, por ejemplo cuando su padre hablaba. ¿Por qué rayos esa molesta mujer no actuaba igual? Se quedó enojado, y durante días no salió del complejo Uchiha ni para entrenarse. Ya había tenido bastante de las ausencias de Itachi-nii para entrenar. Y para colmo el asunto de las kunoichi que no se solucionaba por más grosero que Sasuke se portara con ellas. La situación no podía ser más incómoda por el momento.
De ese primer encuentro sobre el asunto en cuestión, Kushina y Sasuke no se vieron hasta una semana después. En aquella ocasión, era de noche y una lluvia torrencial estaba golpeando a la villa como nunca antes. La poca gente que aún quedaba en la calle, corría tratando de llegar a destino mientras la oscuridad comenzaba a reinar imponente en el principio de la noche.
Sasuke se había retrasado en su regreso al barrio Uchiha. Luego de terminar una misión, donde Kakashi y el resto de los rellenos que suplantaban a Naruto y Sakura se despidieron del Uchiha en la puerta de entrada a la aldea; Sasuke se enteró por intermedio de algunos primos lejanos que esa misma noche se celebraría una gran fiesta en la mansión principal del clan. Sasuke entonces, consultó si alguien conocía el paradero de su hermano Itachi, y le informaron que se encontraba de viaje escoltando al Yondaime Hokage. Eso en definitiva, concluyó cualquier tipo de interés que el moreno tuviese por estar presente en la fiesta organizada por sus padres. ¿Para qué presentarse en su casa justo hoy? ¿Para qué le obligaran a participar de una reunión aburrida? ¿Por qué su padre lo paseaba frente a todas las molestas niñas, y buscaba comprometerlo? No gracias. Sasuke prefería pasar sin ver. Mejor no presentarse hasta la madrugada siguiente.
Sasuke pensaba entrenar hasta tarde y después pasar la noche a la intemperie, en algún campo de entrenamiento. No sería la primera vez que dormía bajo las estrellas, y tenía su equipamiento a mano porque acababa de volver a la aldea de una misión. Todo calculado a la perfección, hasta esa furiosa tempestad que lo atrapó en medio de la noche. Eran las 12 en la medianoche, no paraba de llover y comenzaba a bajar la temperatura demasiado. Era estación de invierno en Konoha y por la cercanía con el bosque muchas veces se sucedían importantes heladas en los horarios nocturnos. Sasuke no quería hacerlo, pero aun en medio de la "fiesta" en su casa, tenía que aparecerse por ahí para intentar tomar un baño y evitar congelarse a la intemperie. Su caminata bajo la tormenta sin embargo, lo llevó a otro destino nada anticipado:
-¡Sasuke-chan! –Le gritó Kushina desde la puerta de su propia casa- ¡¿Qué haces bajo la lluvia ttebane?!
"huir de compromisos idiotas" fue el pensamiento. Y lo consiguiente que Sasuke se preguntó mientras cruzaba la calle y pedía refugio en casa de los Namikase, fue porque motivo esa molesta mujer estaba parada y sola en el portal de su propia entrada a la casa; mirando la lluvia caer como perro abandonado. Aunque enseguida descartó la curiosidad, porque simplemente se dijo que no era asunto de su interés en realidad.
Un par de horas después Sasuke cenaba junto a Kushina algo de ramen, luego de darse una ducha y vestir ropa que pertenencia a Naruto, por falta de ropa seca propia. Al moreno le sorprendió un poco que por el horario tardío, el Hokage no estuviera en su casa. Luego pensó que podía estar invitado a la fiesta Uchiha, para finalmente recordar que tanto el Yondaime como su hermano Itachi estaban fuera de la aldea por todo el fin de semana. Kushina-sama se veía sola. Usualmente esa mujer era muy alegre y positiva, tanto como el estúpido de Naruto. Esa forma de ser solía irritar bastante a Sasuke, pero tiempo al tiempo se terminó por acostumbrar tanto a Naruto como a su madre. Y ahora mismo, Kushina Namikase se la notaba muy "deprimida" para la costumbre.
-Te puedes quedar a dormir esta noche aquí….-le dijo la pelirroja luego de la cena- supongo que si no has vuelto a tu casa, es por evitar la fiesta que organizó tu padre. Usa el dormitorio de Naruto, como cuando eras un niño.
Luego de eso, le dedicó una leve sonrisa y se fue a tomar un baño. La mujer era una especie de tía para Sasuke, y lo conocía lo suficiente como saber que prefería volver a estar bajo la tormenta antes de retornar a esa fastidiosa reunión Uchiha. Sasuke agradeció en silencio la posibilidad del refugio, y sabiendo adonde tenía que ir acomodó su cuerpo para dormir en la habitación del Dobe. Se sintió bastante extraño a decir verdad, no era la primera vez que dormía en la casa Namikase, pero jamás había estado sin la presencia de Naruto. Extrañaba a ese estúpido aunque no lo admitiría ni con tortura. En cierta forma ese año, y todo el siguiente que restaba hasta el retorno del Dobe, serían muy aburridos según Sasuke.
Y de pronto, el mundo particular de un joven Shinobi de 15 años daría una vuelta completa, sin volver jamás a ser como antes. Sucedió cercano a las 2 de la madrugada, cuando el Uchiha sintió la necesidad de ir al sanitario y luego retornaba a su habitación, solo para escuchar los dulces gemidos que lo conducirían al infierno. Caminando por el pasillo y pasando cerca de la habitación donde dormía la dueña de casa, Sasuke Uchiha escuchó aquel sonido característico de los deseos reprimidos. La curiosidad pudo más, y lo que frente a todos podría decir a viva voz que no le interesaba, en la oscuridad del pasillo y sin testigos admitiría su naciente interés.
La pudo observar entreabriendo levemente la puerta del cuarto. Pudo ver a Kushina Namikase en toda su gloria. Como nunca la había visto. Completamente desnuda, los muslos bien abiertos, recostada boca arriba y sola en su gran cama. La penumbra matizada por luz de relámpagos en el exterior, le permitía al joven Uchiha ver casi todo, y su imaginación cubría el resto que se ocultaba en las sombras de la noche. La tía Kushina gemía de manera ahogada, y mientras su mano izquierda castigaba alternando los pezones, la derecha se introducía con firmeza y cierta violencia en lo profundo de su vagina.
-¿Qué está pasando? –Susurraba aturdida Kushina con una voz llena de angustia apenas contenida- ¿Por qué me pasa esto dattebane?
Sasuke no entendía las preguntas de esa mujer, apenas podía escucharla pero su sharingan detectaba la lectura de labios con precisión. Jamás había visto a una chica de esta forma. Y esa no era una niña tonta y sin gracia de las Gennin que usualmente lo perseguían. ¡Esa era una verdadera mujer! Sasuke sabía que debía irse de ahí. Que no tenía que espiar ese momento privado. Esa mujer era casi su segunda madre. Kushina era además la madre de su mejor amigo. Jamás Sasuke había pensado en ella de otra forma que no sea una supuesta tía irritante. Nunca la había visto como un objeto sexual. Pero definitivamente esa noche, Kushina le estaba dando el espectáculo de su vida.
-Noo…..-gimió Kushina poniéndose de lado y ocultando el rostro en su almohada- ¡no puedo seguir haciendo esto! –reclamó de una extraña manera que la había parecer esclava de sus propias manos- ¡esta noche no! ¡Esta noche no estoy sola!
Sasuke por primera vez en mucho tiempo, sufrió una enorme carga de ansiedad y miedo. El temor a ser descubierto y por lo tanto masacrado por esa mujer, le hizo retroceder y volver como una exhalación a su cuarto. Su corazón latía rápido, desbocado, desesperado. Durante las horas que trascurrieron, no pudo dormir. Fue una noche demasiado larga, y el sonido de la lluvia seguía acompañando los pensamientos del joven. Cierta parte de su anatomía se había mantenido en estado exaltado durante todo el tiempo. Sasuke Uchiha tenía 15 años cuando vio desnuda a Kushina Namikase por primera vez. Y por Kami que si de él dependía, no sería la última.
Por su parte Kushina, incluso mucho tiempo después de esa noche, siempre se lamentaría haberse estado masturbando tan furiosa y despreocupadamente. Y sobre todo, habiendo notado como el hijo de su mejor amiga la observaba detrás de la puerta de salida. Pensamientos oscuros, pasiones prohibidas, y la enorme probabilidad de derramamiento de sangre. Todos ingredientes del comienzo de una historia, con relación perversa.
Naruto había vuelto a Konoha, y Kushina tan solo un año después de aquella primera noche donde Sasuke se quedó a dormir en su casa, comenzaba un peligroso juego de sexo adúltero oculto, que podía destaparse en cualquier momento. Sasuke y ella, solo tenían que equivocarse una vez. Solo una vez, y su mundo se caería a pedazos.
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Danzou Shimura comenzaba a mover sus piezas finalmente…
Muchos años tuvo que esperar en las sombras. Mucho tiempo desde que Sarutobi dejo de ser el Hokage y Minato Namikase comenzó su liderazgo en Konoha. Durante todo ese tiempo, el anciano Shinobi líder de Raíz, había considerado a Yondaime como un líder intimidante y razonable. Su fama monstruosa mantenía a raya a todos los enemigos extranjeros que años antes habían conspirado con la aldea de la hoja, generando entre otras cosas las guerras anteriores. Kumo e Iwa siempre ambicionaron destruir Konoha en el pasado. Siempre desearon robar las barreras de sangre pertenecientes a Konoha. Siempre forjaron alianzas parciales con otros países menos poderosos, con la esperanza de armar una fuerza militar superior a la que podía erigir la aldea de la hoja. Y por el momento, siempre habían fallado.
Minato Namikase era un Shinobi de temer. Su fuerza no podía calcularse por meros estándares de chakra o potencia física. Su jutsu secreto del dios de trueno volador, le otorgaba una movilidad que rayaba la insania. Solamente de su mano, muchas tropas de ejercito enemigos encontraron la muerte sin siquiera tener nociones de lo que sucedió realmente. Danzou reconocía la fuerza de Minato, y por todos esos años pasados dicho reconocimiento le prohibió al anciano del consejo actuar abiertamente en sus planes. No era que no respetara la fuerza de Minato, lo que despreciaba era su moral débil y patética.
¡Toda esa fuerza! ¡Todo ese poder personal! Y el estúpido de Yondaime no hacia otra cosa que hablar de paz. "Acuerdo con los Uchiha", una oportunidad desperdiciada de concentrar el poder del sharingan. "Acuerdo con el país de la lluvia", un desperdicio táctico fácilmente conquistable ahora que Hanzo "la Salamandra" había muerto. "acuerdo con Sunagakure" una villa débil encallada en la arena que no le importaba a nadie. Minato había advertido al cuarto Kazekage sobre las intenciones de Orochimaru. ¡Imagínense, lo había salvado! Cuando bien pudo dejar que Suna perdiera a su Kage y se debilitara, sin que Konoha estuviera involucrada de modo alguno.
Por estar en desacuerdo con la fuerza de la villa desperdiciándose año tras año, fue que Danzou dio prioridad a las misiones y los manejos ocultos de Raíz. El liderazgo débil de Minato, no podía ser tolerado. Raíz tenía que prevenir a cualquier enemigo futuro atraves del espionaje. Danzou construyó una fuerza paralela y adicta año tras año. El poder de Konoha conducido por Yondaime era una cosa, y las tropas de Raíz era otro muy distinto. Danzou fue alimentando misión tras misión su propio ego con aquella vieja ambición de ser Hokage. ¡Minato era débil siendo líder! ¡Se necesitaba un Hokage con voluntad de hierro para conducir a Konoha!
Danzou tuvo una revelación maquinando sus planes furtivos. Como orgulloso Shinobi de Konoha, debía velar por los intereses de la aldea siempre. No podía permitir que el gobierno debilitante de Yondaime incitara a los enemigos extranjeros atacar nuevamente a la hoja. Danzou se creía destinado a ser el próximo Hokage, pero la juventud del actual líder aunada a su indudable poder personal como guerrero, impedía a Danzou tomar el puesto directamente y por la fuerza. ¿Qué importaban los números de Raíz, ante la fuerza y velocidad del Yondaime? ¿Acaso su brazo oculto y el ojo que le supo arrebatar a Uchiha Shisui podría ser suficiente? Shimura Danzou era un estratega consumado. No tomaba ningún riesgo de batalla más allá de lo absolutamente necesario. Y en cuanto al problema sobre enfrentar y asesinar a Minato Namikase mano a mano, ese asunto comenzó a resolverse cuando Uzumaki Boruto se unió a la Raíz.
Danzou había conocido a muchos tipos de Shinobi a lo largo de su vida. Algunos muy poderosos, otros extraordinarios en alguna rama específica de la profesión. Incluso Danzou admitía haber conocido a verdaderos genios. Tipos sanguinarios como el Sannin Orochimaru. Talentosos de escuela como Hiruzen Sarutobi. Y viciosos como Tsunade Senju a las apuestas, o Jirayja el Sannin a los burdeles. Pero Minato Namikase en batalla, era algo más que todos aquellos. Era un verdadero monstruo. Y según las experiencias de Danzou, a un monstruo solo se lo podía exterminar enfrentándolo contra otro monstruo.
Y esa posible herramienta, ese posible otro monstruo. Era un sujeto inestable y misterioso llamado Uzumaki Boruto. Solo que Danzou debía encontrar todavía la manera de controlarlo. La forma de presionarlo para que obedeciera. Habían pasado dos años desde que Boruto Uzumaki formaba parte de Raíz. Y por el momento ni Anko Mitarashi, ni nadie en particular parecía ser de interés para el rubio guerrero. Danzou necesitaba encontrar algún punto débil en Boruto, y por el momento lo único que tenía en ese aspecto, eran las técnicas de sellos Uzumaki y libros sobre la historia de ese clan perdido. Era lo único que realmente parecía importar a Boruto, lo único que aceptaba como "pago" (además del dinero claro está) ante cada misión grado S completada por su mano. Pero nada demasiado fácil de "utilizar", para enviar a ese Shinobi a una pelea a muerte contra el Yondaime.
Danzou necesitaba controlar a Boruto, o directamente ponerlo en contra del Yondaime de manera personal…
Solo un monstruo, puede matar a otro monstruo. Y cuando ambos rubios se exterminaran uno al otro, finalmente Shimura Danzou emergería para tomar el puesto vacante de Hokage. Ese era el plan general. Esa era la meta que tarde o temprano Danzou buscaría conseguir. Sin embargo y por el momento, Boruto Uzumaki no presentaba ninguna forma de debilidad para ser controlado. Ni la lujuria mediante Anko, ni la riqueza mediante posiciones de poder mejores dentro de Raíz. A Boruto solo parecía importarle dos cosas, la primera era emborracharse hasta caer mientras no tuviera misión. Y la segunda conocer la historia y las artes de sellado originarias del país de remolino. Su herencia perdida del clan Uzumaki.
Sobre ese último aspecto, si bien no se consideraba una debilidad en si propia, Danzou pensaba que podía convertirse en el método para enfrentar al Yondaime contra Boruto Uzumaki. El pasado de los Uzumaki tenía oscuridad nunca revelada. Había algo en su sangre, algo más allá del chakra en cantidades elevadas. Y Danzou esperaba activarlo relacionando a Kushina con Boruto. Lo que un Shinobi lo tenía de disciplinado, lo portaba de descontrolado cuando alguien se metía con su familia. Kushina y Boruto posiblemente ni fueran parientes cercanos, pero Danzou esperaba utilizar el origen de ambos en una unión adúltera.
Ese era su plan general, aunque por el momento no sabía como aplicarlo ante un Boruto que había demostrado ser tan ermitaño como astuto. Si Anko no parecía poder interesarlo, tal vez Kushina siendo una Uzumaki pudiese hacerlo. Danzou solo tenía que crear una oportunidad de que se conozcan, y luego desatar los rumores o la falsa información que lanzaría al Yondaime contra el Shinobi Uzumaki. Y si esa idea no fuera efectiva en el corto plazo, uno de sus espías ya le había conseguido otra posible herramienta de control para someter a Boruto. Si su propia vida no le interesaba en lo más mínimo, tal vez la vida de alguien por quien entrenara y genere aprecio, podía ser motivo de preocupación para el Uzumaki.
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La muchacha no supo reaccionar a tiempo…
Ino Yamanaka era una kunoichi de casi 16 años en ese momento, y como en otras ocasiones que no recordaba personalmente, se sintió completamente fuera de lugar. Todo comenzó como en otras ocasiones, con una misión de clase D que solo ella debía cumplir. Llevar alimentos a una aldea cercana. Simple y sin contratiempos. Y todo concluía como le sucedía a otras kunoichi a lo largo de los últimos años. Todo terminaba con una joven confundida que era atacada y sometida, por la persona menos esperada.
-¿Yondaime-sama….?-dijo Ino retrocediendo cuando se lo encontró de frente mientras acampaba por los bosques, en la noche antes del retorno a Konoha- ¿Hokage-sama que está haciendo aquí?
El hombre no respondió, solo asestó una contundente bofetada en el rostro sorprendido de Ino, y la chica se fue al suelo sin comprender lo que estaba por ocurrirle. La primera reacción fue la usual en las kunoichi de Konoha, según había observado Minato con el paso de los años. Se sorprendían mucho, reaccionaban lento porque sinceramente no entendían lo que estaba ocurriendo. Minato era consiente que su imagen impoluta de respeto dorado, no coincidía con su actual fetiche de forzar un acto carnal.
-¿Qué pasa? –fue la interrogante que Ino tuvo en voz alta, mientras volvía a mirar a su agresor- ¡¿Qué pasa?! ¡¿Quién eres?!
No podía ser el Hokage. Tal vez un Genjutsu, tal vez alguien usando henge. ¡Pero definitivamente no podía ser Minato Namikase! Ese hombre tenía el clásico traje y chaleco Jounnin, pero la capa blanca con flamas rojas era distinta. Tenía un sobretodo negro con capucha que lo cubría para cualquier ojo indiscreto, solo quien lo enfrentara cara a cara, podía verlo totalmente.
-No te acerques a mí…
Apenas una breve reacción, y él era muy rápido. Un preciso revés con su mano izquierda hizo que Ino perdiera el kunai que había logrado esgrimir como tibia defensa. Luego la tomó de su rubio y largo cabello anudado con la mano diestra, para elevarla como una pluma y volver a golpearla en el rostro cual látigo de castigo.
-Silencio perra…-dijo Minato con una mirada mortal, algo que solo sus enemigos o víctimas habían visto durante las épocas de guerra- estaba ansioso por volver a tenerte Ino-chan.
Nuevamente no hubo defensa posible. Los siguientes minutos fueron para golpearla en el estómago para dejarla sin oxígeno, y además atarla de las muñecas contra un grueso tronco de árbol junto a la fogata, todo en medio del bosque oscuro. Ino pudo gritar, pudo quejarse y hasta tuvo tiempo para empezar a suplicar. Reconoció que no era un engaño ese hombre. Era realmente el Hokage quien estaba aprisionándola.
-¡Hokage-sama no, no, noooo!
Minato sonrió perverso. Tenía una extrema sensación de poder sexual al someter a una niña indefensa. Atada de las muñecas, desgarrada la ropa de abrigo y el culo expuesto. Totalmente vulnerable para tomarla como a un objeto. Sin perder más tiempo, pero sabiendo que contaba con todo el espacio y la oportunidad esa noche, fue azotándola en las nalgas mientras la tomaba por su larga coleta rubia para demostrarle control. Le quito la falta morada y desgarró tanto licra como cualquier otra oposición a su deseo. El trasero expuesto, la piel blanca y suave. Ino Yamanaka como tantas otras, era su propiedad esa noche.
-ahora vas a recordar a tu amo putita….-dijo Minato cuya mirada era la de un loco.
-AAAAHHHHH NOOOOOOO!
La penetró violentamente, sin acaso prepararla o permitirle recibir el golpe con el interior algo humedecido. La hizo chillar y no dejó de azotarla mientras le desgarraba internamente. Durante las siguientes horas, uso a esa kunoichi a su gusto y placer. La mantuvo amarrada mientras encontró en ella algún atisbo de resistencia. Luego horas después juego a la fogata, teniéndola sometida como a una perra a cuatro patas. Amenazando su cuello con un kunai y susurrando amenazas de muerte al oído. Para finalmente obligarla completamente desnuda a montarlo. Acabando siempre en su interior, mostrándole que le pertenecía a cada minuto.
Cuando finalmente el alba llegaba, muchas horas después de una extensa y depravada sesión de violento sexo forzado, Minato Namikase decidió vestirse y abandonar el lugar. Liberado de la opresión asfixiante de sus propios deseos perversos. El Hokage volvía a experimentar el despertar de su personal pesadilla.
-¿Qué hice? –Se preguntaba viendo a la joven desmayada junto a la fogata mesclada entre sus propias ropas destrozadas- ¿otra vez lo hice?
Era extraño incluso para el mismo. Era como si por algunas horas entrara en un estado de Genjutsu y perdiera totalmente el buen juicio. Actuaba como un animal. Como una bestia primitiva que solo encontraba saciedad en la violencia sexual. Y sus propias subordinadas sufrían las consecuencias. Esta chica, era la hija de uno de los jefes de clanes más importantes de Konoha. La muchacha tenía la edad de su propio hijo, y Minato recién pasada la violación que podía entender lo que realmente estaba haciendo.
-Kami…-se dijo acercándose a ella y colocándole dos dedos sobre el cuello comprobó que su pulso era estable- aun respira, está viva….
Temía el día que su estado de locura finalizara con la muerte de su víctima. Cada vez se comportaba peor. Cada vez la escalada de violencia aumentaba en intensidad. La muchacha de nombre Ino, tenía heridas en la espalda y caderas. Sus glúteos antes rosados y perfectos ahora estaban magullados y dañados. Su rostro inconsciente, destacaba por las claras muestras del horror sufrido, incrementado con los restos de fluidos corporales que el propio Minato había dejado por todos lados. No solo la había flagelado y violado, sino que acabó en su interior. Sobre su cuerpo, su rostro y por todos lados. Ni siquiera a una puta de burdel se le hubiese esgrimido tremendo trato. Una chica normal, sin ninguna preparación como ninja, seguramente hubiese muerto ante tanto castigo.
Minato sentía el mismo horror y culpa de siempre. No entendía lo que le ocurría en algunas noches donde tenía la necesidad de violar a flor de piel. Venía desde el interior, como la orden de un demonio que usaba su cuerpo para las peores fechorías. ¡Él nunca era así! ¡El jamás había usado la violencia contra personas inocentes! Pero eso era en el pasado. Desde hacía algunos años que estas situaciones se volvieron moneda común.
Lamentando la situación, y picaneado por la culpa de no poder controlar el daño que estaba provocando a su aldea y familia por estas acciones; Minato extendió su mano sobre la base del cuello de aquella joven inconsciente. Realizó un par se sellos con su mano libre, y un pequeño círculo de luz surgió de la blanca piel de Ino. Se formó un arte de sellado oculto, y finalmente luego de algunos minutos, el chakra del Hokage se apagó desapareciendo la marca en el cuerpo de la kunoichi. Ocultando no solo el sello impuesto, sino el crimen cometido la noche anterior.
Mientras Minato abandonaba la zona y se alejaba entre los arboles del bosque, reflexionaba que el sello impuesto sobre su regulares victimas funcionaba muy bien. Básicamente la imposición de este sello tenía dos fases. Primero, borrar la sensación de la experiencia sufrida por la víctima. Y en segundo término, rellenar el espacio en blanco generado por la técnica, con el recuerdo de un entrenamiento personal que se salía de control. Los golpes, las cortadas, las magulladuras del cuerpo y las ropas desgarradas; eran "explicadas" ante la propia mente de la víctima con el fallo estrepitoso de algún jutsu mal ejecutado. La construcción creativa de la mente realizaba el resto. Atando cabos, desdeñando explicaciones ridículas como haber sido atacada sexualmente por alguien muy conocido. Alguien cuyo rostro no podían recordar.
Para finalizar el circulo de protección ante sus propias acciones, Minato mismo se encargaba de enviar a esa kunoichi violada cuando se presentaba en la oficina dando por finalizada su misión, para que visite a cierto medico ninja que la examinaría de rutina. Dicho ninja médico, en encargaría de eliminar cualquier posibilidad de rastros incriminatorios, con obligar a la joven a un baño minucioso antes de un examen completo exhaustivo.
Minato se horrorizaba de sus propios crímenes, pero no podía evitar hacer todo lo posible para ocultarlos siempre. Esto tenía un gran costo, y el Hokage entendía que cada acción perversa de su parte podía costarle su puesto, su carrera, su familia e incluso su vida misma. El mundo esperaba grandeza y honor del Yondaime Hokage. Y Minato Namikase, hacia algunos que ya no era el hombre adecuado para alcanzar esas expectativas de todos en Konoha.
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El campo de entrenamiento era alejado y solitario…
Era de tarde, y el firmamento anaranjado pintaba de un color extraño al único sujeto en la zona. Un Shinobi de unos 50 años que se veía de 30, pero sentía como si realmente tuviese 200. Un ninja que desde hacía más de una década, navegaba su vida por un pasado cambiante y peligroso.
Uzumaki Boruto nunca creyó en el destino…
Desde muy joven, había aprendido que nadie realmente estaba atado a un final preconcebido. Existían hombres poderosos, hijos de padres absolutamente comunes. Y también ninjas muy fuertes, que tenían hijos sin una mísera pizca de esa grandeza habitando en el progenitor. Un buen padre no siempre engendraba hijos buenos. Era bastante antinatural de hecho. Pero en las ramificaciones de la genealogía humana, arboles de manzanas podían formar alguna que otra cereza de vez en cuando.
El pasado de su historia, arrojaba en Boruto desesperación e incertidumbre. Sus recuerdos perdidos del futuro, habían vuelto no solo para enseñarle el verdadero motivo de su viaje por el tiempo; sino para torturarlo. Para exponerle el dolor que había sentido hace más de una década, y que ahora mismo apenas si permitía conciliar el sueño. El problema surgió cuando Boruto intento usar el jutsu de espacio-tiempo para regresar al pasado. Su plan original era concentrar y manipular perfectamente su chakra para volver al tiempo de su propia niñez. Para evitar que su hermana Himawari lo manipulara desde el comienzo. Hablar con su joven hermana, y hacerla entrar en razón. Hablar con su propio padre y advertirle de todo.
Boruto entendía que cambiar la historia, al mismo tiempo le daría la posibilidad de nunca haber tenido una relación con Sakura Haruno. Y salvaría la vida de Sarada Uchiha por lo tanto, que no tendría razones para morir por mano de su hermana. Ese era el plan original. Esa fue la idea inicial que impulsó a Boruto para crear la tan peligrosa técnica de deslizamiento temporal. No obstante, en el tiempo del futuro donde Boruto se preparaba para viajar en el tiempo, fue perseguido, atacado y arrinconado por lo esclavos eternos de "la emperatriz".
La mujer que había conquistado el mundo….
La kunoichi cuyo poder había recreado el efecto del Tsukuyomi eterno, pero en la vida real. Ella no tuvo que engañar al mundo para conquistarlo. Simplemente usó su jutsu para modificar la mente de las personas. Hombres y mujeres, niños y ancianos, ninjas o civiles. Todos fueron aleccionados para amar a la gobernante de mundo. Para protegerla, para obedecerle bajo todo concepto. Todos continuaron viviendo sus vidas en apariencia de normalidad, pero bajo el reinado de una sola mujer que los había controlado totalmente. A excepción de Uzumaki Boruto, quien fue perseguido y tratado como un criminal por no haber caído bajo el control de la emperatriz. Pero que debía ser capturado por órdenes de ella.
¿Y ahora que hacia Boruto? Beber y lamentarse. Beber y sufrir pesadillas por las noches cuando intentaba dormir. Beber y auto flagelarse con lo que hizo cuando era joven, y lo que pudo haber hecho para salvar a todos. Simplemente emborracharse, porque sabía que tenía culpas propias en todo el desastre. Y aun entendiendo que tenía las manos manchadas de sangre en el pasado, ahora mismo tenía que decidir nuevamente como marcarse un camino funesto otra vez.
-¿Hinata Hyuuga? –Susurró para sí mismo mientras bebía de una pequeña copa que llenaba de sake regularmente- ¿o será Naruto Namikase?
Una elección imposible. Una chance lejana y forzada que podía salvar al futuro. Porque pasados los años y habiendo logrado infiltrarse en Raíz, el tiempo trascurrido y el avance en edad de las versiones pasadas de su padre y madre; lo llevaban a un destino fatal. Su hermana Himawari y el mismo Boruto, eran los elementos indispensables que desataron el apocalipsis futuro. Y la única forma de asegurar que no sucediera nuevamente, era evitar que su padre y madre volvieran a tener hijos. Para salvar al futuro, Boruto y su hermana Himawari, nunca debían existir.
-¿Debo matar a mi madre…..?-se decía Boruto día con día- ¿o acaso eliminar a mi padre?
Boruto Uzumaki, un Shinobi de nivel Kage con 50 años de edad, estaba en la difícil disyuntiva de elegir matar a uno o incluso ambos de sus progenitores, que actualmente apenas si contaban con 15 o 16 años. Si la situación no fuera suficientemente difícil, seria por muy lejos la más estúpida de explicar.
Boruto tenía la ventaja de la sorpresa. Nadie a excepción de el mismo sabía lo que desencadenó la destrucción del mundo futuro. En más de 10 años durante el trascurso del pasado, Boruto apenas se había relacionado con sus abuelos paternos. No había cruzado palabra ni con el joven Naruto, ni con la princesa Hyuuga Hinata. Nadie, ni siquiera el Sannin Jirayja que ya por esos tiempos había sido maestro de Naruto, podía anticipar que Boruto pensaba matarlos.
Boruto Uzumaki bebió su vigésimo trago de sake, y ya pronto la segunda botella del licor estaría vacía. Le gustaba ir a campos de entrenamientos como ese. Alejado de todos, y suficientemente abierto el espacio para que los espías de Raíz no pudiesen seguirlo sin delatarse. Definitivamente un buen lugar para emborrachar y lamentarse a gusto. Sin embargo, su espacio privado de sufrimiento consiguió un pequeño cambio esa tarde. Un fantasma de ese pasado que lo perseguía, se materializó de cuerpo físico cerca suyo.
La muchacha apareció en el campo de entrenamiento como en otras ocasiones. Ingresó a la zona por la parte más alejada a la posición del rubio Shinobi. El la observó de lado, tratando de no parecer alertado de su llegada. Pero la joven no hizo ningún esfuerzo por ocultar su presencia. Simplemente se colocó cercana al rio, y realizó un jutsu de Doton para crear una estructura de roca sólida.
Le recordaba mucho a Sarada Uchiha. Sin lugar a dudas era su madre a pesar de no tener mucho en común referido a características de Shinobi. Elementos distintos, formas de combates dispares. En lo único que se las relacionaba era su increíble fuerza. Y seguramente Boruto ya estaba bastante ebrio. Porque de otra forma hubiera hecho lo que venía haciendo hace días, simplemente ignorarla. Boruto era consiente que ella lo estaba buscando. Que no se encontraba en ese campo de entrenamiento por simple azar.
Sakura Haruno ya se había encontrado antes con Boruto. Fue algún tiempo después de haber terminado los exámenes preliminares para ascender a Chunnin. En esa ocasión ella atendía en el hospital las heridas de un equipo Shinobi que acababan de retornar a la aldea de una misión. Boruto había salvado el trasero de cuatro Jounnin, que fueron atacados y casi masacrados por renegados. Boruto se encargó de rescatarlos y escoltarlos de retorno a Konoha. No sin llevarse una herida de kunai en el antebrazo izquierdo.
Sakura atendía uno a uno a todos los heridos de esa misión, hasta el momento que debió cerrar la herida en el brazo del Uzumaki. Se la notaba nerviosa y cansada. Seguramente se estaba esforzando de más en el uso de jutsu curativo, teniendo en cuenta que además estaba cargando de chakra la pequeña reserva de poder en su frente. La técnica de regeneración mitópica que su sensei Tsunade le había enseñado. Sakura Haruno nunca tuvo grandes cantidades de chakra, y tener que dividir el suyo entre el Byakugo no jutsu y su trabajo como médico en el hospital de la hoja, era un desafío bastante importante para una chica tan joven.
-Como una flor niña….-le dijo Boruto mientras ella intentaba con mucho esfuerzo cerrar la herida sangrante en el brazo del hombre- la imagen mental más útil es una flor de chakra, que surge del interior de la herida. Y florece hasta cerrarla completamente.
Sakura no dijo nada, ni siquiera le miró directamente a los ojos. En su mente recordaba que Tsunade-sensei le había instruido como usar correctamente el chakra. La maestra había indicado que debía concentrarse en una imagen mental específica. Como si formara hilos y agujas espirituales para ir "cerrando" las heridas que intentaba curar. Un método efectivo, para cortadas y heridas superficiales. Pero las hemorragias, y las heridas punzantes costaba muchísimo suturarlas de ese modo. El gasto de chakra era amplio.
Sakura no hizo caso a la recomendación de aquel extraño, pero media hora después estaba prácticamente sin chakra luego de atender a varios pacientes con heridas variadas. En su mente estaban las palabras de ese hombre. ¿Cómo una flor? ¿Por qué como una flor? ¿Qué podía saber de la imagen mental que necesitaban los ninja-médicos un sujeto que claramente no era profesional? De haberlo sido, se hubiese curado a si mismo seguramente.
Sobre el final de su jornada de trabajo, Sakura revisó al equipo que había sido rescatado por ese extraño Shinobi rubio nuevamente. Algunos de ellos dormían recuperándose, pero uno aun sufría por haber reabierto una de sus heridas más graves. Sakura revisó los vendajes y resolvió que debía volver a usar chakra curativo para evitar nuevamente el sangrado. El asunto fue que su chakra estaba muy desgastado y ya no alcanzaría su propio poder para terminar correctamente la curación necesaria.
"Como una flor…"
Esa recomendación vino a su mente, y no queriendo molestar a Shizune-sempai con un paciente que supuestamente ya había sido atendido previamente por ella, decidió usar lo que le restaba de chakra en construir una flor mental en el interior de la herida del paciente. El resultado fue sorprendente. No solo terminó cerrando completamente una peligrosa herida que supo comprometer el hígado del paciente, sino que el uso del chakra se redujo un 50% cuando menos.
Tsunade-sensei nunca le había enseñado eso. ¿Cómo pudo un Shinobi cualquiera incursionar en el campo de la medicina ninja con algo tan original? Era obvio que alguien podía aprender sobre jutsu curativos estudiando y teniendo el buen control de su chakra. ¿Pero como se le ocurrió cambiar la "imagen mental" que los médicos usan para suturar las heridas?
A partir de aquel hallazgo, Sakura se pasó las siguientes semanas averiguando todo lo que pudo sobre Uzumaki Boruto. Archivos médicos, antecedentes de misiones, cantidad de veces que fue herido y visitaba el hospital. Además, tuvo la suerte de encontrar algunos Shinobi que se atendían en el hospital, que hablaban sobre el hombre que particularmente le interesaba. Hablaron de sus habilidades, hablaron de sus misiones y también de las sospechas sobre poderes ocultos que guardaba. Sakura había buscado durante varias semanas un posible maestro que le dieran nociones de combate. Los Jounnin-sensei al servicio del Hokage estaban descartados. Tenían sus propios equipos y no iban a enseñarle a una subordinada de Hatake Kakashi. Tsunade-sensei estaba descartada también. Sus propias reglas para los ninjas médicos, evitaban que quisiera a su alumna tomando riesgos innecesarios en el frente de batalla. ¿Pedirle a Kakashi-sensei que la entrene en maniobras ofensivas? Tal vez le daría una clase de jutsu elementales. Los cuales por cantidades de chakra, Sakura no podría utilizar. Como no tenía uso de sharingan, y definitivamente no podía contar con clones de sombras, Sakura quedaba limitada a su posición pasiva como ninja-medico.
Algo que ella ya no podía soportar más…
-¿Qué quieres niña? –Preguntó el hombre acercándose a ella a paso lento mientras la veía destruir a puñetazos las rocas creadas minutos antes- porque dudo mucho que sea una casualidad que elijas por quinta vez en 10 días, el mismo campo de entrenamiento en donde me encuentro meditando.
-(bebiendo….-pensó ella- hasta caer de borracho) –Solo estoy entrenando Boruto-sama.
-Si a eso le llamas entrenar….-sonrió sobradoramente Bolt sin poder evitarlo.
-¿Usted cómo le llamaría?
-Minería a cielo abierto….
El asunto había empezado mal. Sakura había intentado llamar la atención de ese Jounnin dando muestras de su fuerza. Pensaba que así como obtuvo un gran consejo sobre el manejo del chakra curativo, podía extraer algunas enseñanzas sobre cómo enfocar su entrenamiento personal para no depender de otros. Sakura no solo se había sentido molesta por no poder combatir a buen nivel en los exámenes Chunnin, sino que la última misión realizada por el equipo Kakashi, arrojó en ella una desesperante necesidad táctica de depender de otros.
El asunto del secuestro de Gaara de la arena, terminó con la muerte del hijo del Kazekage y una posterior resurrección por intermedio de la anciana Chiyo. Aun así, la batalla que la anciana marionetista tuvo junto a Sakura contra el renegado Sasori de las arenas rojas, no fue todo lo satisfactorio que se pudo esperar por parte de la joven médico. Salvar a Kankuro de un veneno mortal y luego ayudar a derrotar a un Shinobi grado S, no fueron sensaciones de plena seguridad que Sakura estaba buscando hace tiempo.
Para cuando Sakura reaccionó de sus propios pensamientos, observó que Boruto Uzumaki se había retirado algunos metros, y recostado bajo la sombra de un árbol se dispuso a seguir bebiendo como un condenado. No tenía que preguntar la razón de tanto alcohol y depresión en el Shinobi, ella misma en un menor nivel también lo tenía. Una sola palabra, pesadillas.
-¿Qué estoy haciendo mal? –le preguntó Sakura a un tendido Boruto que miraba al rio impasible.
-¿Y porque me lo preguntas a mí?- respondió el hombre que continuaba bebiendo- no soy la niñera de nadie. Además no tengo idea sobre los entrenamientos para un ninja médico.
-¿Entonces como supo la imagen mental que hacía falta para curar hemorragias y heridas punzantes?
¡Mierda! Pensó Boruto maldiciendo su suerte. No había pensado en que ese conocimiento que el extrajo de la Sakura del futuro, llegara como una gran innovación a la versión juvenil de la pelirosa. En su momento solo quería ser atendido y salir rápidamente del consultorio de Sakura Haruno. No quería tener relación ni charla con ella y claramente cometió un error. ¿Pero cómo terminó ella siguiéndolo por los campos de entrenamientos semanas después? Algo extraño estaba ocurriendo.
-No tengo idea de lo que hablas…-señaló Bolt tratando de parecer distraído- apenas recuerdo lo que hice ayer, je je je.
Sakura se veía frustrada, y esas evasivas solo la herían más. Realmente no tenía a nadie que se comparara en estilo a Tsunade-sensei. Pero a nivel del ninjutsu médico y capacidades defensivas, no existía nada más que la princesa de las babosas pudiese enseñarle. Y mientras trascurriera el tiempo para que Sakura pudiese activar el Byakugou no jutsu por primera vez, no contaba con la mayoría de su chakra. ¿Cómo aumentar sus capacidades de ataque sin ayuda externa? La fuerza bruta no era suficiente. Necesitaba más. Deseaba dejar de tener esa horrible sensación de vulnerabilidad. Tenía pesadillas noche a noche con la posibilidad de ser capturada en alguna misión. Tenía terror a caer en manos de un grupo de renegados. Tenía pesadillas sobre una posible violación. Como si ya hubiese sufrido la experiencia previamente.
-Usted utiliza técnicas de súper fuerza y Tayjutsu según he sabido…-le dijo la chica al Uzumaki indiferente- quisiera pedirle que…
-No….-le interrumpió el hombre- no tengo tiempo para cuidar infantes. Incluso las misiones las realizo sin novatos o idiotas en mi equipo. Si hubiera querido enseñar, no trabajaría en operaciones especiales. Búscate otro maestro niña…
No había otro. No existía nadie que usara técnicas de Tayjutsu y acumulación de chakra como la información sobre Boruto Uzumaki sugería. Sakura quería prepararse en secreto. No quería seguir siendo salvada por Kakashi-sensei o Naruto en las misiones. No quería ver el rostro de desprecio que esgrimía Sasuke. No quería nunca más escuchar la palabra "estorbo".
-Puedo pagarle…-dijo Sakura insistiendo
-No necesito dinero…
-Pero puedo usar mi ninjutsu curativo durante sus entrenamientos –aventuró Sakura sin saber que más decir- si me ayuda a entrenar, yo puedo curarlo en los campos de entrenamiento y así no perderá tiempo yendo al hospital.
Boruto se sorprendió mucho. Era la primera vez en muchos años que alguien le tomaba de sorpresa así. ¿Cómo sabia Sakura que el necesitaba curarse a diario cuando entrenaba los sellos Uzumaki? ¿Cómo supo en dónde encontrarlo día con día? ¿Quién le había dado a ella la información sobre las características de combate que el tenía en sus misiones?
Boruto estaba preocupado. No solo porque Sakura Haruno ahora lo conocía y habían cruzado palabras a pesar de querer evitarla a toda costa. Sino porque ella había obtenido de alguna manera información confidencial sobre él. Tsunade no era la actual Hokage, y ni siquiera se quedaba en Konoha regularmente. Y en cuanto al Yondaime, no le daría información a una kunoichi cualquiera sobre el "espía" que tenía infiltrado en la Raíz. Entonces, proceso de eliminación, solo podía haber un camino para que Sakura supiera lo que actualmente conocía. Alguien de Raíz había ventilado información clasificada.
¿Pero porque? ¿Por qué Danzou no había evitado esa fuga de información? ¿Quién estaba jugando con él? ¿Acaso lo habían descubierto? ¿Fue Yondaime, en un intento de unirlo más sentimentalmente con la aldea? ¿Era alguien más en busca de tomarlo con la guardia baja? Algo se estaba preparando en su contra, y Boruto entendía que un problema extra se sumaba a su trabajo como doble agente en la vida diaria.
-Bueno….-dijo con algo de fastidio oculto el hombre poniendo de pie, y con lentitud fue caminando al centro del campo de entrenamiento- veamos que material tienes niña…-bebió un último trago a su botella, y la dejó caer al suelo con liviandad- atácame con todo lo que tengas, y veamos qué puedes hacer.
Sakura Haruno sonrió feliz, por primera vez en mucho tiempo. Tenía una oportunidad de conseguir entrenamiento de un Shinobi de altísimo nivel. Tenía una oportunidad de ser mucho más que solo un simple ninja médico. Era lo suficientemente inteligente para notar que algo raro estaba ocurriendo a su alrededor. Ese hombre a quien había pedido entrenamiento, hasta hace un mes era prácticamente un desconocido. Podía ser suerte, destino o simple casualidad. Pero lo cierto era que podía obtener fuerza o nuevos recursos de un nuevo sensei. Solo tenía que pasar la prueba de admisión. Solo eso.
Nada menos que eso…
Fin del capitulo
