Una amenaza en el horizonte
Un ambiente estrepitoso y lleno de vida se figuraba en la capital portuaria de lo que habría sido antes una vasta ciudad, convertida en el eco de la devastación vivida hace mucho tiempo. La lluvia de un tormentoso día negro se colaba con intensidad entre las grietas de los muros aun en pie, bajo sus pies se hallaba el último remanente del sitio. Por los lares desfilaban interminables seres variados en vestimentas roídas intercambiando materiales en un comercio primitivo, múltiples lenguas rebosaban el ambiente y los charcos decoraban con el sonido de todos los transeúntes que los pisaban.
En la tormenta, bajo la sombra de un enorme atrio del antiguo templo, se encontraba esperando una figura sombría escuchando la lluvia estrellarse en el suelo. Su inmóvil estampa adquiría miradas furtivas y temerosas de los comerciantes que susurraban intranquilos.
– ¿Quién es ese sujeto? – preguntó desviando uno de sus ojos un humanoide que semejaba un batracio famélico.
– Está esperando transporte– Le contestó el hombre tras el mostrador mientras apilaba herramientas de diferentes tamaños – Según parece, requiere a ver a Phagra –
El flacucho anuroide le contempló pensativo. Observó su vehículo oxidado y regreso la vista al comerciante.
–Alguien de los muchachos le ha acordado trato? – pregunto llevando sus dedos al mostrador
– Al parecer nadie se ha animado – le contestó – sabes lo que se dice de ese lugar, además, ese sujeto no tiene pinta de tener buenas intenciones–
– Todos ustedes son unos supersticiosos ignorantes–
– Tal vez, deberías preguntarle tu– le soltó molesto por la ofensa el vendedor – después de todo sabemos que ofreció una buena cantidad por el favor y tus vicios te han dejado muchas deudas– abanicó su nariz olfateándole y guardando la mercancía recién ofrecida.
Subiendo su rostro y dando un semblante de reproche, el hombre se alejó dirigiéndose a su vehículo. Observó de nuevo al extranjero y ya fuera por su intoxicación aun latente o fanfarronería desplegada, decidió acercarse. Flaqueando acercó su transporte, un rústico ciclomotor volátil.
– ¡Oye! – Llamó la atención del hombre – Me llegaron rumores de que estas buscando a Phraga – dijo en voz baja al tener la atención del sujeto – si es verdad que tienes suficiente para pagarlo, yo te puedo llevar.
Sin decir una palabra, el hombre bajó los escalones con elegancia y se colocó a un lado del anfibio, extendió su mano dejándole al alcance una bolsa con la cantidad ofrecida. El batracio sonrió al ver el contenido y el sujeto subió con brusquedad al segundo asiento detrás.
– Perfecto– musitó – Espero que no se vaya a caer– se burló y arrancó a toda velocidad entre la gente.
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– ¿Si de verdad eres un extraterrestre como es que hablas nuestro idioma? – Bulma rompió el silencio después de la explicación detallada que el joven saiyajin les dio de sus circunstancias
–Transmití un programa de lenguajes del planeta en mi sueño criogénico–
– ¿Cómo es que te enteraste que Gokú estaba en este planeta?– Preguntó sorprendida frunciendo el ceño mientras parpadeaba sus largas pestañas y sorbía un poco de te.
El ahora revelado extraterrestre le devolvió un gesto incómodo y pasó su vista entre todos los presentes que ahora le escuchaban atentos. Habiendo averiguado que no se trataba de un ser maligno, decidieron interrogarle con mayor calma dentro de la casa del maestro. A la conversación se había sumado un pequeño cerdo parlante que recién se enteraba de lo ocurrido al llegar.
– Lo pude obtener de los archivos recuperados por los nuestros– contestó en un tono cansado. Ciertamente esperaba responder muchas dudas, sin embargo no contaba con que sería una comitiva entera quien le ejecutaría el interrogatorio. Entrelazó sus dedos intentando permanecer calmado, aún pese a su naturaleza pacífica, estas criaturas parecían tomarse su tiempo para desperdiciar, más de lo que le hubiese agradado.
–¿Por que debe ser Gokú y no pides ayuda a otros saiyajin?- le cuestionó con más recelo que curiosidad en su voz la mujer de cabello azul
– Porque nuestro planeta fue destruido por un fenómeno natural hace mucho tiempo– contestó para asombro de todos los oyentes – quedamos pocos saiyajines sobrevivientes a esa catástrofe, no tengo a quien más recurrir – Su tristeza por un momento contagió a los miembros del grupo
– No puedo creer todo lo que dices – se estiró el cerdo de la camisa verde, colocando sus brazos detrás de su cabeza y continuó– es simplemente demasiado para mis oídos, ¿un emperador intergaláctico? ¿Organización Interplanetaria de Comercio?¿Mundos destruidos? ¡Leyendas de los Dioses! Si me preguntan, suena como un ultraje de alguna mala película– se burló mirando de reojo a sus amigos.
– Oolong, no te expreses así– le reprendió Krillin – después de todo nos ha dado algunas pruebas de lo que afirma– cedió la razón a Tarble – sin embargo, no sé qué podemos hacer ante esta situación, no deberíamos interferir en algo que no supone una amenaza directa a nuestro mundo– Buscó el apoyo del resto de los presentes
– Es… una amenaza a este mundo– intensificó el tono de réplica el Joven Saiyano – No estoy pidiendo que interfieran los terrícolas, sólo necesito la ayuda de Kakarotto para nuestro bando, les he explicado ya, la leyenda habla de un saiyano quien derrotará a los demonios del hielo– se cruzó de brazos recargándose en el sofá donde se sentaba. Cerró los ojos buscando los últimos indicios de paciencia en lo más profundo de su ser, al parecer estos seres primitivos eran más exasperantes de lo que pensó. Le parecía risible que no entendieran la magnitud de la gravedad de caer presas de la codicia de un ser, con tanto poder, que podría someter todo el sistema solar donde se encontraban en un parpadeo, en particular le molestaban las interrupciones del cerdo impertinente.
– Calmémonos muchachos– incitó Gokú al ver que los ánimos se encendían – si lo que dice Tarble es verdad, nada me gustaría más que poder ayudar a derrotar a un tipo con esa tremenda fuerza – El brillo de su mirada destello con esos viejos aires de batalla.
– Gokú– intervino Bulma reclamándole atención – Tu eres uno de los guardianes de la tierra ahora, aunque lo que dice este chico es alarmante, no puedes irte en una encrucijada a través del universo y dejar la tierra a merced de las amenazas que de una u otra forma, siempre aparecen – suspiró– No olvidemos que aún existe Piccolo en algún lugar aguardando su venganza – levantó su mano intentando hacer entrar en razón a los que la escuchaban
– ¡No pueden anteponer los intereses de un solo planeta frente a la necesidad de todos los demás mundos! – Receló el saiyano más joven con rabia latente – Sus patéticos temores están interfiriendo con el bienestar de miles de vidas que son subyugadas cada día mientras ese maldito continúe con vida! – Cerró los puños con frustración en la voz, de pronto viniéndole a la mente su propia historia de terror vivida.
– Tienes razón– Desde la ventana de la casa todos voltearon sobresaltados a observar al viejo maestro contemplar la playa. Prosiguiendo en su característico tono de sabíduria dijo – Gokú debe ir a ayudarles, tarde o temprano esa amenaza puede llegar a la tierra y ese villano debe enfrentar la justicia que merece, debemos proporcionar toda la ayuda que corresponde a nuestro mundo por un bien común.
– QUE?! – contestó Bulma furiosa ante el razonamiento del maestro– ¡Esto es una locura! – chilló en tono chocante – Ni siquiera figuramos en los registros de su imperio! No vale la pena arriesgarse por algo que no sabemos a la larga si ocurrirá de cierto ¡No puedes dejarnos a merced de Piccolo!-
Todos quedaron en silencio mirándose unos a otros, si bien sus temores eran fundamentados, la repentina culpa de buscar solo el beneficio propio, también era una situación agravante.
– Realmente eres una mujer egoísta– saliendo de su trance, Tarble abrió los ojos para enfrentarla – Debes decirme de una vez cuál es tu decisión Kakaroto ¿Te unirás a nuestra resistencia o dimites? – Se levantó intentando no perder más tiempo. Sabía que debía encontrar su salida rápidamente de ese planeta antes de poder ser rastreado por el imperio.
– Pues, hasta ahora, yo quiero… – Gokú se dirigió al joven con una serenidad increíble, pausó mientras lo observaban nerviosos – …. Saber si puedes llamarme Gokú ¡No me agrada eso de Kakarotto! – rió dándole una mirada amistosa.
– ¡Ay!... ¡Sigues siendo un tonto! – Le contestó Bulma hastiada. El resto de los presentes le dedicaron una mirada de reproche ante su evidente falta de seriedad en todas las situaciones potencialmente peligrosas.
– Gokú, creo que este muchacho tiene razón – Meditó en voz alta Krillin – Esta amenaza puede llegar aquí en algún momento inesperado, es mejor actuar antes de que sea una posibilidad.
– Lo sé– Dijo seriamente el saiyano mas alto – Aunque sigan existiendo peligros aquí, no podemos dejar el destino a la suerte– Accedió asintiendo frente a la expresión gustosa de Tarble quien se levantó de su asiento emocionado.
– Excelente! – Exclamó aliviado – debemos encontrar un medio para salir de este planeta lo antes posible, la Coalición espera noticias nuestras– Tomó el extraño comunicador que jugaba entre sus manos en un ademán que indicaba que enviaría un mensaje.
– ¡Espera! – Interrumpió Bulma – ¿Medio para salir del planeta? ¿Te refieres a una nave espacial?
– Claramente – contestó aburrido de tener que obviar cada cosa que decía.
Bulma se soltó a reír por un instante, lo que descontroló el ánimo de los presentes comprendiendo el motivo de su burla.
– ¿Quieres decir que tu nave no puede llevarlos a ambos? – preguntó altanera mirándole con superioridad. Al notar su sorpresa la chica se acercó hasta estar cara a cara con el molesto extraterreste. Lo miró de frente y se cruzó de brazos – Lamento informarte que en este planeta no existe la tecnología para realizar ese tipo de travesía – arqueó una ceja haciendo una mueca de risa despectiva – me parece que tendrás que irte solo o quedarte varado el resto de tu vida en este lugar.
El asombro y la ansiedad se apoderaron de Tarble, de cierta medida no contaba con el hecho de que se encontraría sumergido en un mundo tan poco avanzado, la sorpresa de la noticia lo noqueó sin remedio, no tenía un plan alterno para poder salir del planeta y ciertamente la coalición no podría auxiliarle sin poner en riesgo la identidad del planeta donde se encontraba. Era conocido que existían muchos espías que podrían poner en riesgo la misión.
En un arranque de completa frustración se tiró de sopetón al sillón donde se encontraba, llevó sus manos a su cabeza tensando el cuerpo intentando pensar con toda su concentración en una solución. Bulma al observar su estado de derrota se sintió oprimida por un sentimiento fugaz de culpa. Sin embargo había probado su punto y no deseaba perder la protección de su amigo para su mundo.
– Bulma – Le llamó Krillin – Tu eres uno de los genios tecnológicos más grandes de este planeta – intentó hacer contacto visual con la chica – si hay alguien que puede hacer algo al respecto eres tú.
Tarble salió de su trance para mirarla con la necesidad de ayuda aflorando en todo su ser. Esperaba poder hacerla entrar en razón.– Bulma ¿Cierto? – dijo en el tono de voz más suave que pudo expedir, se sentó mirando al suelo con la mirada perdida y prosiguió a hacer su última declaración iniciando el relato de su historia. – Sé que te debes preguntar porque tengo esta insistencia en obtener su ayuda, pero créeme cuando te digo que es la última esperanza que nos queda– sus ojos se llenaron de un vacío inexplicable como si estuviese rememorando un terrible secreto.
– Hace unos años– continuó cruzando sus brazos – me encontraba en un planeta lejos de aquí, su nombre era Tech-Tech, era un planeta pacífico, sus habitantes eran una raza inteligente con pocos poderes de pelea. Cuando llegué al planeta mi entrada coincidió con una lluvia de meteoros, lo que hizo que mi aterrizaje tuviera complicaciones y pasara desapercibido. Mi soporte de hibernación se dañó, entré en un estado de criogenia interminable y pase muchos años sin ser descubierto. Fue hasta que estos seres me encontraron que me regresaron a la vida, debido al tiempo que pasé en latencia, mis funciones cerebrales se dañaron, no podía recordar mi misión y los Tech-Techies restauraron mi cuerpo y accedieron a darme una vida digna a pesar de la amenaza que suponía para ellos. Aprendí mucho de su cultura e incluso llegué a sentirme aceptado y parte de ellos. Incluso llegué a relacionarme con una de las nativas del planeta, Gure y se volvió mi esposa – una tímida y tierna sonrisa atravesó su rostro mientras dejaba caer su cabeza.
– ¿Y dónde está ella? ¿La dejaste en la base de tus aliados?— La mujer curiosa le interrogó
El aura del joven se oscureció, cerró sus ojos y los abrió para mirar fijamente a la joven frente a él.
– No– secamente contestó – Cuando activaron mi nave de nuevo para hacer pruebas, activaron el dispositivo de rastreo, eso llevó a los hombres del perverso tirano Freezer directo a mi hogar, no lo supimos hasta que era tarde, llegaron dispuestos a recuperarme y disponer del planeta para integrarlo – Su lamento invadió a todos los presentes quienes sin tener que recurrir a más información comprendieron el destino de dicho lugar– Traté de detenerlos, arriesgué la vida para proteger mi mundo y mi hogar – apretó los dientes cayendo presa del recuerdo que le invadía, la sombra de la tortura diaria que le asaltaba cuando pensaba en los peores momentos de su vida – Pero ellos eran más fuertes, rápidos, más letales. Se burlaron de mis intentos, de mi poca fuerza y desesperación. Reclamaron el planeta a nombre del Imperio Cold y me tomaron preso para regresarme a su armada. Destruyeron todo lo que amé… incluyéndola a ella – Sus ojos oscilaron intentando contener su sentir que le traicionaba con hacerse presente. No pudiendo continuar llevó su cabeza al frente posándola entre sus hombros caídos en signo de derrota.
Como si hubiese barrido los pensamientos de la audiencia cual huracán, el temblor del dolor del joven les sacudió las fibras más sensibles de sus cuerpos. Toda la amargura de su voz se coló en sus subconscientes lo que únicamente hizo que se sintieran empatizados con la causa de su lucha de una manera más ferviente.
Bulma se acercó sin hacer más ruido y bajando en cuclillas hasta el chico, le tomó de la barbilla y levantó su rostro hacia ella.
– Tarble– le contestó con una clara intención sonriéndole para dar ánimos – Te ayudaremos.
– ¡Así es! – Gritó entusiasmado Gokú– No pierdas la esperanza, encontraremos el modo –
– Yo también iré! – asintió Krillin emocionado de pronto envalentonado por los ánimos que surgían del relato del joven – ¡No permitiré que Gokú se lleve todo el mérito esta vez! – Todos sonrieron al unísono.
– Papá– Le llamó el pequeño Gohan que se encontraba tomando una siesta en el otro lado de la habitación – Que sucede? – Preguntó ante el alboroto tallando sus ojos con su pequeña mano.
– Sucede que eligió de amigos a un montón de locos vengadores – moviendo la cabeza de un lado a otro Oolong soltó en desaprobación – Ni hablar, habrá que sobrevivir a otra aventura.
_..._
Había pasado un enorme lapso de tiempo, atravesaban un pantano sin fin con ramas entramadas de diferentes estados de grosor. El estado de podredumbre de muchos llenaba el aire helado de un tufo rancio y las charcas embotadas contenían un líquido turbio que desprendía vapores extraños. Abriéndose camino entre todos los objetos que pasaban velozmente, el vehículo parecía zumbar en cada salto que daba anticipándose a todos los obstáculos de frente.
Pese a que perdía el balance con poca frecuencia el piloto se sorprendía de que su pasajero misterioso no se inmutaba de ningún movimiento, la inexpresión de sus facciones empezaba a causarle miedo. Había algo siniestro en el modo en el que sus ojos se distraían con el paisaje rodeándole. Si bien, no tenía un acceso directo a su rostro, cada vez que espiaba sobre su hombro podía notar que no se trataba de un hombre común.
– Llegaremos en un instante – advirtió a su acompañante que permanecía de brazos cruzados bajo su capa sin decir una palabra. El hombre solo pronunció una mueca de desagrado intensificando su ceño. Los ojos obscuros radiaban un aspecto fiero.
El lánguido conductor regresó a sus asuntos aliviado de poder ver en la distancia su lugar de destino.
De un saltó detuvo su vehículo indicando con el rostro que estaban en el sitio acordado. El extranjero descendió con rapidez sin hacer un solo esfuerzo. Armándose de valor el batracio se dirigió hacia el intentando tomar ventaja de su suerte.
– Sabe, el viaje ha sido largo– continuo observando el perfil del hombre misterioso – ¿Consideró adecuado el servicio? confesó ventajosamente realizando una mueca en petición de propina.
Acto seguido el hombre volteó su persona hacia él y levantó la palma de su mano que iniciaba un destello de luz apuntando la descarga.
El batració sorprendido miró el incidente y sin mirar atrás saltó con todas las fuerzas de su cuerpo mientras veía desaparecer en polvo lo que hubiese sido su transporte en una explosión súbita. Inhalando bocanadas de aire grito y se sumergió en el agua alejándose, con toda la velocidad que le daban sus piernas.
El hombre ladeó su capa y caminó con pasos cortos hasta estar en la puerta del sitio que buscaba. Observó a su alrededor y sin ver testigos aparentes, ingresó en lo que parecía una choza abandonada donde un sutil fuego se vislumbraba al fondo. La humedad del ambiente le calaba el pensamiento, abstraído de lo que encontraría ahí esperó de pie.
– Sabía que me encontrarías, oscuro maestro de energía– la voz rancia de una mujer al fondo de la choza, declaró desolada – demos paso a lo que vienes a hacer.
El visitante permaneció de pie sin moverse, como un fantasma lúgubre que se resguardaba en silencio.
– Lo que buscas existe, pero si quieres que te indique como obtenerlo, debes ofrecerme un pago a cambio– sin titubear le indicó a la sombra impasible.
– Si en verdad sabes quién soy, sabes que no hago tratos con seres insignificantes– Le contestó soberbio con su gruesa voz amenazante– Tu pago será tu vida unos segundos más, si me dices lo que quiero– con una risa malévola le devolvió la respuesta.
– Eres poderoso– le contestó la anciana azulada, su cabello blanco y sus ojos amarillos se demostraban demacrados, más sin un ápice de miedo – pero he tenido siempre la muerte de mi lado, no tengo miedo de lo que puedas hacerme–
– ¡Habla de una vez anciana!– soltó aburrido mirándola desafiante – Acabaré contigo ahora si me haces perder más tiempo en este muladar abandonado.
– Siempre predije que este día llegaría– acercó su silla al cuerpo del extraño – te ayudare en todo lo que pidas si das tu palabra de que no eliminarás Quadrivum, puesto que aún es sagrado– Sus ojos lo miraban y recorrían su peligroso aspecto esperando encontrar un poco de comprensión en sus facciones. El extraño se deshizo de su capa revelándose. Ataviado en una armadura negra, un hombre de baja estatura pero un semblante imponente, su mirada terriblemente fiera, acorde a su talante oscuro que se erguía con gruesas cejas y negro cabello flameante.
– Hnn– Fue toda la respuesta obtenida.
– Necesito que acerques tu mano– le indico levantando la propia – solo de ese modo puedo decirte lo que necesitas
Accediendo acercó su mano que ella tomó indicándole asirla a ella de modo inverso. Al hacer esto el aura de la anciana se elevó en una ráfaga de aire. Petrificando su mirada en la de él, prosiguió a terminar el trato.
– Vida eterna– le aclaró– el corazón del antiguo mundo en decadencia de los valientes guerreros del dragón esmeralda, su magia logrará tu cometido, cuando llegues ahí te toparás con el destino–
El visitante, con una sonrisa triunfante que no pudo disipar, levantó la quijada con todo el aire de hegemonía que el orgullo le daba. Su mueca dejaba ver sus caninos regodearse con las palabras de la mujer.
– Tu alma está condenada, Príncipe negro– Abriendo sus ojos de pronto le interrumpió la anciana con una mueca que igualaba la suya – En verdad, por obtener lo que esperas, pero el precio te será muy duro de pagar–
– ¿Qué te es tan hilarante maldita? – Gruñó feroz espantando el vértice en la mueca de la vieja. Sin despegar sus brillantes ojos negros de ella, prestó atención a sus palabras.
– Nunca encontrarás paz– la vieja le sonrió– tus manos están bañadas en sangre inocente– le maldijo
– La paz es para los débiles– su voz áspera le advirtió burlándose – Confío en mi absoluta fuerza– cerró sus puños arqueando la ceja – Nací para ser el amo de este mundo–
– Pero te importará– Se deshizo del agarre del príncipe y le apunto señalando – Escúcha bien, que en el futuro cuestionarás tus actos, tu felicidad se escurrirá entre tus dedos como arena seca, toda tu sangre se rebelará a ti y encontrarás tu fin en los ojos de tu tormento. Tu maldición será tu estandarte y tu orgullo decidirá por ti–
En una rabia ciega por la incomprensión y osadía profesada por la anciana soltó una mirada feral de desprecio contra ella.
– Pagarás caro tu atrevimiento – Dijo pausadamente mientras salía con paso veloz colocando su capa.
– Ahora me espera el fin…estoy lista– susurró para si la mujer, mientras vislumbraba un rayo de luz acercarse hacia ella, al vistazo, mientras todo lo que conocía se consumía en un abrazador olvido, dijo dedicando su última sonrisa: – Tu única felicidad, se volverá tu castigo–
Avanzando hacia el tremor del alba, después de contemplar el agujero oscuro donde se encontraba el pantano, volaba hacia un valle desolado donde descendió hasta encontrar su nave, con un código ingreso las palabras claves para su escuadrón.
"Está hecho" envió el mensaje, acto seguido recibió la comunicación de su subordinado
"¿Que prosigue Vegeta?" Mordiendo su labio inferior vaciló el enviar la contestación. Su principal aprendizaje en la vida siempre fue desconfiar de todo aquel que no fuese el mismo. Tiró el rastreador dentro de su nave y la cerró bruscamente.
– Antes, tengo una pequeña purga que realizar… no quiero testigos – dijo fascinado por la idea y soltó una odiosa risa – Nunca me pidió nada para "los pobladores" de su querido mundo – y voló de regreso a la ciudad.
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Los ahora aliados de Tarble se dirigían en pos de la búsqueda de su nave, Bulma había concedido el realizar una réplica de mayor escala para desplegar una nave adecuada donde pudiesen ingresar sus amigos. El pequeño Saiyano indicó el sitio y después de hacer un esfuerzo por mantener el equilibrio en el aire por el artefacto esférico llegaron hasta casa de la famosa heredera de la Corporación Capsula.
– Querida, este mecanismo me es completamente desconocido – Relató el Dr. Briefs mientras auscultaba con sus pequeños lentes la capsula espacial – No puedo identificar los elementos que componen este extraño material – Dijo mientras pasaba su mano por el metal anormal del que se encontraba compuesto el módulo.
– No importa papá– Le contestó malcriada la chica de cabello azul– Podemos intentar hacer aleaciones con materiales de la tierra, después de todo podemos sintetizar compuestos que tengan estructuras similares en caso de no existir– alegre se vanaglorió de su capacidad de creación, si había algo que Bulma Briefs poseía con orgullo era el acceso a una ilimitada cantidad de ideas, brillantes y todo el dinero para lograr conjuntar sus planes – Mi ingenio no conoce límites –
– No te intimides Tarble– Le dijo por lo bajo Krillin – generalmente no es tan presumida–
– Ya te escuche enano! – En un mohín le contestó ofendida – No te preocupes Tarble, no por nada soy la mente más brillante de este mundo, estas en buenas manos – coqueta le guiñó un ojo, a lo que el saiyajin solo pudo sonrojarse – Por cierto, puedes quedarte aquí, mientras mi padre y yo trabajamos en este proyecto, supongo que no tienes donde vivir.
– Esa es una excelente idea! – la señora Briefs se acercó sosteniendo vasos con limonada – este jovencito se ve muy agradable, será un placer tenerlo con nosotros! Les traje un poco de… –
–¡Gracias! – arrojandose hacia los vasos Gokú los tomó y bebió todo casi al mismo tiempo que los sujetaba – ¡ya tenía muchísima sed! – se limpió con su antebrazo felizmente
– Tu siempre eres un abusivo – krillin le gruñó aun con la mano extendida esperando la oferta expirada
– ¿Tenían sed? – les preguntó
– NO – sarcástico, se cruzó de brazos Oolong – Sabemos que contigo cerca nunca alcanza nada.
Pausando la breve sonrisa todos viraron al denotar el pálido semblante de Tarble
– Maldicion! – Gritó asustado mientras sostenía incrédulo su scouter en las manos – ¡No pueden saberlo!
– ¿De que hablas? – inquirió Gokú – ¿Saber que?
– El imperio sabe mi ubicación–
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Mientras se elevaba en el cielo en su cápsula, contemplaba las gigantescas ruinas de lo que alguna vez fue uno de los planetas icónicos en la historia de las antiguas mitologías, hoy reducido a cenizas, por el ataque de guerras interplanetarias y es esta ocasión, por su mano. Pese a que no le agradaba la idea de destruir monumentos de importancia histórica, el riesgo de conservarlo era mayor. No podía dejar cabos sueltos en su ascensión al poder.
Del otro lado del comunicador Nappa intentaba darle importantes noticias
– Vegeta, mas vale que regreses pronto– le advirtió – se dice que Freezer estará de visita en la sección y no podemos cubrir tu escape más tiempo, además… –Dudó un momento –… Tarble murió en un escape fallido.– prefirió mentir intentando salvar su pellejo, sabía que lo haría responsable de la huida.
– Ya veo– contestó casi a media voz, le alteraba tener que lidiar con las preocupaciones menores de sus compañeros incompetentes – Eso ya no tiene importancia…. Sabía que ese imbécil moriría tarde o temprano– soltó impertérrito – Ahora solo importa que tengo la información que buscamos, la estúpida anciana creyó que no entendería su clave – jugueteó los dedos abriendo y cerrando su palma enguantada – Busca la carta galáctica G30005, darémos un paseo largo.
Recargó su costado sobre el acojinado asiento donde viajaba, antes de inducir su hibernación pensó en el infortunio revelado por la mujer, quizá había previsto su final a manos de freezer y serían sus propios congéneres quienes le traicionarían entregándolo. De cierta medida, el último acertijo le intrigaba y aunado a la supuesta muerte de Tarble, dejaba mucho que pensar. No podía saber a ciencia cierta si debía considerar eso como un aviso o un acto de intimidación por parte de la irreverente anciana.
– Son estupideces– se convenció sonriendo con plena seguridad –una kaioshin expulsada de la gracia de sus creencias, diría lo que fuera por arrastrar a su miseria a todo ser superior a ella– contempló el abismo espacial frente a sus ojos – bien, no volverá a sufrir en aislamiento– bufó con una ácida risilla.
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Con torpeza deslizaba el rastreador como si intentara sacarle la respuesta de golpe. El sudor frío recorría su cien.
– No pudo salir mal, no puede ser–
– Por favor Tarble dinos que está ocurriendo– Con mayor tranquilidad Krillin se le acercó posando la palma sobre su hombro.
– ¡Cómo es posible! – Bulma le gritó acercándose a su rostro – Tu dijiste que era imposible que te localizaran! – Mirandolo de frente lo enfrentó cara a cara
– No lo sé– se enimismó nervioso – debe tener un sistema de apoyo del que no estaba consiente.
– En que tiempo darán con este lugar? – Preguntó Krillin – Debemos estar preparados en caso de que lo peor pueda ocurrir
– No lo sé con seguridad – admitió temblando la voz – si tienen mi ubicación en este momento enviarán al escuadrón más cercano–
– Entonces debemos estar preparados– rugió Gokú en un aire de batalla.
– Debemos avisar a los demás – insistió Krillin.
– Un momento– Les detuvo Bulma – Quien te proporcionó esa información debe poder darte esos detalles también ¿No? –
– Me han alertado nuestros espías– procedió a explicar aún con ansiedad en su voz –Enviarán una misión de recuperación de desertores de cualquier sitio y no poseemos toda la información de la unidad de comando– detuvo su vista en el cielo que empezaba a oscurecer.
– Y serán fuertes? – Interrumpió Gokú preguntando con inocencia
– Sí, es seguro que enviarán recursos superiores a mí en unidades de pelea – suscitó el joven apretando los dientes, sus peores temores comenzaban a aflorar una vez más.
– ¿Cómo puedes medir las unidades de batalla? – preguntó Bulma curiosa.
– Son las unidades de energía para aplicar fuerza en una técnica de pelea–
– Ahora entiendo – dijo Gokú– es el poder del Ki–
– Supongo que estamos hablando del mismo término– concluyó el saiyano más joven – Los ancianos de otros mundos los llamaban maestros de la energía porque pocas criaturas de todas las existentes del universo llegan a tener control sobre su propio Ki y pueden utilizarlo como una herramienta de combate–
– ¿Cómo puedes determinar las unidades en un número específico?- Preguntó Bulma una vez mas
– A ciencia cierta, no lo sé, pero utilizo mi Scouter para determinar las unidades de mi oponente…– Dicho esto extendió sobre la mano de la chica el rastreador, como si hubiese sido adiestrada en el uso del aparato con anterioridad, presionó el botón adecuado apuntando a Krillin y soltó una cifra incomprensible
– 177– tradujo las escrituras el chico de pelo en punta– No es muy impresionante – admitió
– ¡Oye! – se quejó Krillin avergonzado
Bulma apuntó a Gokú
– 924– Casi podrías vencer a algunos de los hombres de Freezer, le comentó sonriendo con ligera arrogancia
– ¿Y cuál es tu poder? muchacho presuntuoso – con los ojos semi-cerrados y la ceja empinada le preguntó Oolong
–Poseo 1500 Unidades de batalla – soltó airoso.
–Si dices que tú no puedes vencerlo…. Entonces estamos en problemas – con una mueca de terror, Bulma prorrumpió.
– Yo no lo veo así– El saiyano mayor intentó confortar a sus compañeros – Esto solo es una oportunidad para poder superar nuestros niveles. Debemos reunir todas las herramientas posibles y entrenar más duro… todos los recursos – susurró para sí, concentrándose un momento en un vacío aparente llamó – ¡Kinton! – su vieja nube amiga apareció en un instante sosteniéndolo y se levantó por los aires virando la vista hacia las montañas.
– ¡Papá! – Gritó con temor el niño aferrándose al pantalón blanco de la Sra. Briefs
– Cuiden un momento a Gohan, regresaré más tarde por él – les solicitó mientras se alejaba lentamente.
– ¿Gokú a dónde vas? – Le gritó Krillin
– A buscar la mejor opción que tenemos–
Al anochecer todos los amigos se encontraban reunidos en la sala principal del complejo de la Corporación Capsula. Al sitio habían llegado los antiguos peleadores defensores de la Tierra en batallas anteriores. Sentado junto a Bulma le tomaba de la mano uno de sus amigos más antiguos, y pareja de una larga relación, el guerrero del desierto de la larga cabellera.
– Esta situación suena más allá de lo que hemos enfrentado hasta ahora– pensó Yamcha en voz alta frente a sus amigos
– No permitiré que esos bandidos espaciales perturben la paz de la Tierra– En un extremo del salón con los brazos sostenidos, el tríclope Ten shin Han aportó a la conversación.
– Pues no veo que ustedes puedan hacer mucho al respecto – Se burló Oolong desde la comodidad de su asiento mordisqueando un pastel
– ¡Por lo menos ellos lo intentan! – Chilló el pequeño gato flotante – ¡Tu solo serías útil si se peleara con niveles de pereza! –
– Yo me considero el ser con mayor prudencia en esta habitación! – le sonrió de lado – o por lo menos el único que sobrevivirá–
Mientras las burlas y reclamos volaban de un lado al otro en la habitación Bulma miró de reojo a su extraño huésped. Ciertamente había un aire de misterio y una sensación de que aún callaba un gran número de cosas, quizá algunas de ellas demasiado difíciles de revelar. La joven denotó su pacífica estampa, un aire de melancolía en sus ojos que seguían en silencio los rastros de la conversación absurda de sus amigos. Le parecía extraño, que siendo prácticamente de su misma estatura, fuera por mucho el ser más poderoso presente en su sala. No cabían dudas, que no debía volver a juzgar un libro por su cubierta.
– A todo esto ¿Dónde se encuentra Gokú?- Preguntó Yamcha
– No lo sabemos– el pequeño monje le contestó – No es que siempre nos haga partícipes de sus decisiones – relajó una sonrisa – Por ahora solo podemos confiar en que debe tener un plan–
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Pasando las montañas bajo la fría luz de la luna llena, permanecían dos figuras flotando, inmóviles entre las ráfagas de aire
– Tus ruegos solo sirven para demorar la hora de tu muerte–
– Sé que no es algo que sea fácil de aceptar, a mí mismo me costó asimilarlo– con un semblante serio Gokú le respondió – Por ahora solo nos queda dejar a un lado nuestras diferencias, solo de ese modo podremos asegurar continuar con vida para seguir nuestra pelea en el mañana–
– No veo porque habría de importarme el destino de tu gente– Con crudeza le señaló el hombre de mayor altura
– Tu sabes que es imposible que tu o yo podamos vencer sin la ayuda del otro– insistió el joven saiyano – te pido ser el hombre más grande entre nosotros, por el bien del único mundo que conocemos– la insistencia en las palabras del joven dejaron entrever la gravedad de la situación.
Después de unos minutos de silencio, decidió mirar de frente a su antiguo contrincante.
– No quiero que te confundas, esta alianza es temporal hasta deshacernos de la amenaza– le destinó una mirada desafiante – Después de ello continuaré con mi plan original.
– Lo sé– asintió Gokú conforme al entender, sin duda había mucho de su antiguo rival, que todavía dejaría mucho para admirar en tiempos futuros. Intuía que este sería un paso decisivo para la adhesión de ese valioso elemento a los guardianes de la tierra.
– Estaré esperando tu señal – contestó alejándose a toda velocidad
– Te lo agradezco... Piccolo– Le observó alejarse con una nueva sensación de respeto por ese pequeño acto de heroísmo.
Espero les haya agradado la continuación :)
Un saludo a los estimados lectores y una gran disculpa por la demora en subir el resto del contenido, atravesé por un periodo muy difícil de mi vida personal, un familiar después de un proceso largo de sanación finalmente se dió por vencido y falleció, después del temblor otros perdieron sus casas y fue realmente dificil, estuvimos muy deprimidos y con muchos problemas, no tenía inspiración ni ánimos, les ofrezco una sincera disculpa :( y espero que ahora pueda actualizar mas a menudo, el siguiente capítulo lo tengo listo ya! sus comentarios me han ayudado a distraerme en este mundo tan divertido que es el fandom de los fics, muchas gracias por todo ;)
