–––––––––––––––-Capitulo III––––––––––––––-
Sombras del pasado
Todas las tropas desfilaban en un arreglo extraordinario de orden y disciplina. Las diferentes estaturas ubicadas en un arreglo espectacular que hacía que cada guerrero luciera imponente ante ese despliegue marcial de actividades. Por encima, frente al balcón tributario, el Rey se erguía orgulloso ante el paisaje de las mejores unidades de batalla de su planeta.
Por lo bajo, apenas unos pocos centímetros sobre su rodilla, un cachorro ondeaba su pequeña colita y dedicaba una risa breve de lado, sumando su prematura apariencia feroz a la contemplación que su padre otorgaba a sus súbditos. Pesé a los aún tiernos ángulos de su rostro, su ceño característico precedía siempre a su efigie.
– Tu debes llevar en alto el orgullo de tu raza, hijo mío– como si fuese un credo no ostensible, le clavó en el alma al pequeño que asentía con fascinación – aquí tienes a los guerreros más fuertes de nuestro universo y algún día tú los comandarás –
El anhelo se coló hasta sus huesos quedándose adentrado en cada pensamiento que surcaría su mente por el resto de su vida…
Al golpe despertó, descendiendo en la rampa de aterrizaje. Afuera le esperaban ya dos seres de aspecto reptilezco pequeña figura que le extendían un saludo junto con bitácoras holográficas para llenar.
– Señor Vegeta– Le saludó con un ademán el que aparentaba más edad de ambos – Su solicitud para ver a Lord Freezer fue aprobada, se requiere se presente en el recinto E2 para presentar su avance en las misiones y su petición –
El soberbio saiyano caminó sin detenerse con paso seguro, hacia el fondo de los largos pasillos simplistas que componían el diseño de la base espacial. La atmósfera de aspecto frío e impersonal se hermanaba a la perfección con la actitud despótica e inclemente que todos los Soldados de Élite mantenían entre sí.
Se paró un instante volteando ligeramente hacia el ser que le seguía por detrás en incansables recomendaciones que odiaba escuchar como parte de la rutina de llegada.
– ¿Dónde está mi escuadrón? – dijo en concisión.
– Emm.. – titubeó el ser temeroso, ciertamente la fama del soldado frente a él no causaba, para menos, el medir cautelosamente cada palabra – disculpe, tengo entendido que se encuentran en la plataforma roja –
Vegeta solo gruñó y se alejó rápidamente del sitio para alcanzar a sus subordinados, como usualmente hacían en su ausencia, perdían demasiado el tiempo para su gusto. Si no fuese porque se trataba de los últimos miembros de su raza, ya los habría asesinado hace mucho.
Entró por la puerta lateral que se deslizo en un silbido, parecía ser un salón dedicado a cada peldaño del placer carnal de un ser con mínimo conocimiento. Los excesos se denotaban en cada rincón envuelto en aromas pesados y en los ojos complacidos de toda la clientela, desde gustos exigentes hasta los niveles más bajos. El empedrado de rocas extrañas tenía restos de diferentes tipos de líquidos, algunos podrían ser sangre, otros alcohol… otros orina. Las diferentes criaturas de géneros femeninos caminaban descalzas y en atisbos de ropas dirigiendo sonrisas a los soldados entretenidos. En las divisiones superiores se escuchaban las risotadas de los generales y comandantes que se entretenían en el espectáculo más exclusivo fuera del alcance de la vista. El impaciente saiyajin se abría camino violentamente, algunas miradas se detenían en su paso, murmurando, pese al mosaico de públicos de diferentes razas, todos coincidían al darle el mismo gesto. Molestia.
Buscando entre los alcoholizados miembros de la armada, todos se movían a su paso, incluyendo las mujeres que le lanzaban expresiones de temor, avanzó frunciendo el ceño hasta notar un muro de musculo que le era familiar, levantarse haciendo un fastidioso aquelarre para las diferentes féminas que constituían la colección ridícula de servidoras del lugar.
– ¡Bájate de ahí! – Intentaba jalar de uno de sus brazos a la bailarina el melenudo saiyajin – ¡Quiero ver cuántos de esos hoyos me pueden servir! Se inclinaba lascivo en la barra aullando como un loco.
– Siempre tan suntuoso Raditz –
El aludido congeló su risa sintiendo el frio recorrer su espina dorsal de arriba a abajo. Volteó como si estuviese vislumbrando un fantasma a tiempo que el otro gigante que le acompañaba derramó su trago para eternizarse en seriedad solemne.
– Vegeta – masculló Raditz– No esperábamos que llegaras tan pronto… si hu.. – lo cortó de un puñetazo el saiyajin más pequeño. Inmediatamente levantó su trasero del suelo y tocó su mejilla enrojecida de dolor.
– Ustedes avergüenzan los estándares de nuestra raza – les ladró con vilipendio– ¿Dónde están las comisiones que les asigné? Ordené claramente que todo estuviera listo a mi regreso–
– Todo está listo– en casi un grito contestó Nappa nervioso – tenemos todo arreglado para iniciar la búsqueda de esas esferas… –
Acto seguido sus ojos veían su cráneo atravesar los muros del sitio a toda velocidad. El desastre levantó a la pequeña muchedumbre que se apartó para no ser aplastada con gritos secos. Poniéndose en pie con dificultad Nappa ganó conciencia y se recargó en el muro destruido, un zumbido se posó en su oreja y Vegeta apareció justo a un lado.
–Eres un imbécil Nappa– le farfulló salvaje – ¡Guarda silencio!, tu estupidez puede costarnos todo–
Nappa balbuceó una respuesta, pero se contuvo asintiendo ligeramente y saliendo del lugar. Raditz le siguió abandonando su trago. Vegeta los observó salir para después volver el rostro a los soldados en silencio observándole.
– ¿Que están mirando insectos?... la función terminó –
Saliendo del sitio, todos retomaron sus actividades como si no hubiese ocurrido el incidente.
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– Lord Freezer– se inclinó un joven alto de piel verdosa que con sus estéticos ojos ambarinos le sonreía.
Bajando de la rampa de su nave personal un sequito de soldados le hacía reverencia a cada lado del recinto de bienvenida. Su insignificante estatura era inversamente proporcional al terror que infundía en cada ser que conocía de su existencia.
– No esperaba que llegara el día de hoy – se reunió detrás de su escolta su joven mano derecha
– Y aún así me has sorprendido con este elegante comité de bienvenida – El lagarto le contestó con un tono de arrogancia – Por favor Zarbon, sé que puedes mentir mejor – movió los ojos para observarlo.
El soldado permaneció en silencio solo mirándole sin saber que podría responder sin que fuese un agravante en contra del tirano.
– Pero me agrada que te antecedas a mis acciones– se encogió de hombros el tirano – por lo menos en cuanto a las atenciones de etiqueta – le soltó ameno mirándolo de reojo al tiempo que sus sirvientes le abrían las compuertas de un amplio salón rodeado de consolas y técnicos que caminaban de un lado a otro. Al introducirse todos le saludaron con una reverencia deteniendo sus acciones.
Un sirviente le ofreció una bandeja con lo que parecían ser delicados cristales con un liquido marmoleado rojo. Freezer extendió su mano y probó un sorbo
– Esto no está suficientemente frío– replicó en tono soez. Acto seguido viró sus rojos ojos sobre el hombrecillo que intentaba disculparse con todos los modos que venían a su mente. Soltando una chispa de su mirada el hombre desapareció de su lado en una explosión inmediata. Todos quedaron en silencio y retomaron sus actividades un segundo después.
– Espero un mejor desempeño en su próxima oportunidad Zarbon – inculpó a su soldado
– Lo siento Lord Freezer, no volverá a ocurrir – se hizo paso entre los escombros para seguir a su amo. Doblaron hacia una cámara aislada del resto de los trabajadores en el área y se dispuso a sentarse en lo que parecía su cámara personal.
– Ubicuidad – susurró al sentarse – que significa esa palabra para ti Zarbon?
– No estoy seguro a que se refiere su alteza– carraspeo el soldado intentando no errar su respuesta
– He pasado una eternidad siendo uno de los seres más temidos de esta galaxia – jugó con los dispositivos colocados al lado de su sitio – sin embargo, nunca he disfrutado de poseer una importancia que realmente merezca el poder que poseo– apretó los dientes mirando el vacío a través de las ventanas del recinto.
Zarbón se limitó a escucharle sin interrumpir
– Todos esos mundos a mi disposición, solo el designio de la suerte – llevó su mano a su barbilla contemplando las estrellas visibles en el exterior – he de esperar la muerte de mi padre para poder acceder al poder absoluto y eso es humillante –
– No hemos desistido de su encomienda Mi Lord– intentó consolar su lucha interna.
– Eso no parece tener principio o fin, ya empiezo a pensar que en verdad sólo son historias patéticas de ingenuos – si había algo que caracterizaba su persona, era la falta de paciencia, en todos sus años de purgas sin éxito habían extinto su esperanza en desentrañar ese secreto codiciado.
– No tenemos noticias de nuestros espías que indiquen que su hermano ha tenido éxito– continuó el soldado
– Lo sé, ahora entiendo que si en verdad quiero asumir mi papel… – pausó levemente para dar un suspiro – tendré que asesinarlo yo mismo–
– Quizá sea prudente esperar hasta que el emperador Cold de un veredicto – se atrevió a hablar arrepintiéndose al instante que lo soltó, quizá había sido muy apresurado
– A que te refieres Zarbon – despertó su interés de pronto
– Es sabido, que usted Mi Lord es el predilecto de la asamblea para adquirir el trono– se explicó – después de todo, su política de ampliación ha sido la más beneficiosa para el imperio – con una sonrisa de orgullo buscó la aprobación en los ojos del temible dictador.
– Es verdad – se levantó se su asiento para acercarse al ventanal – pero hay algo que ustedes las criaturas insignificantes no entienden del todo – se detuvo para mirar de frente a su soldado notando sus facciones en un gesto de confusión – No importa cuánto extienda mi dominio si al final existe alguien más poderoso que pueda arrancármelo. Cooler es un pobre bárbaro sin conocimiento político, es verdad, pero desafortunadamente para mí y para el… aun es más poderoso que yo–
– Si usted tiene el apoyo de su padre no veo como pueda no servir a su causa–
En un gruñido de inconformidad el tirano le dirigió una fría mirada, Zarbon solo bajó los ojos esperando ser perdonado por su insolencia.
– Ustedes no razonan nada – susurró – Esto solo es un juego. El poder lo es todo–
El sonido del vacío reinó por unos instantes en la totalidad de la cámara. Intentando ganar tiempo a su favor, después de unos minutos el soldado se atrevió a hablar extendiendo un dispositivo que colocó a un lado del lagarto.
– Mi Lord, hay otros asuntos que requieren su atención– en tono sumiso apartó su vista haciéndose a un lado.
– Siempre los hay – arrebató con desgana la lista. Se detuvo con especial interés en uno de sus pendientes.
– Tengo toda mi estancia ocupada, ¡Todo un imperio que dirigir! … –– paró ante lo absurdo del caso – pero me sorprende la tozudez de mi viejo experimento – sonrió divertido–…una audiencia con Vegeta, deleite–
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– Nunca adivinarás donde esta Goku – Bulma empacaba con flojera un par de trajes de combate
– Pues espero que sea un lugar que nos ayude a tener ventaja – ataba unas cintas de sus dogi de entrenamiento para acomodarlos para el viaje, una vez más se había metido en los problemas de sus amigos, todo parecía más simple cuando vivía en el desierto y las amenazas contra su planeta eran inexistentes.
– Si haces algo por mi tal vez te lo diga – le sonrió coquetamente levantándose de su lugar – vamos a ese lugar tan bonito que te mencioné ayer– emocionada le pidió infantilmente.
– Será después, tenemos que llegar al templo de Kamisama antes de que anochezca – Yamcha levantó sus cosas listo para partir – será un duro entrenamiento –
– Está bien – acercó el resto de sus cosas a su mano – Les deseo suerte – se acercó a besar su mejilla.
– No te preocupes, venceremos, siempre es así – Guiñó un ojo mientras se retiraba – Cuida mucho a Puar por mí – levanto la mano despidiéndose
– Ustedes dos se han vuelto la pareja más aburrida de la tierra – Oolong pasaba por ahí engullendo una rosquilla en su mano
– ¡Cállate! – Le gruñó – no somos aburridos… somos… muy estables – le sermoneó retirándose del lugar, aunque muy en el fondo esa afirmación le afectaba.
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Caminaban por los pasillos sosteniendo diferentes dispositivos alargados en las manos, Nappa y Raditz posicionados a cada lado de su líder quien ni siquiera debía abrir los ojos para recorrer los caminos que toda su vida transitó en su perpetuo encierro. El ser una criatura inclinada a los hábitos le había conferido una ventaja en conservar la poca cordura de la que se aferraba en busca de su propósito. Solo vivía para ver cumplido ese sueño. Nunca lo olvidaría.
Colocó los brazos por detrás deteniéndose frente a la puerta del salón E2. Como un azote el escuchar la puerta deslizarse le asaltaron los recuerdos, de la primera vez que se encontró ahí. Había pasado tanto tiempo y sin embargo no pasaba un día de su vida sin arrepentirse de su completa ingenuidad.
– Adelante, pequeño príncipe– la voz sedosa de Zarbon le recibió con satisfacción
Al fondo se encontraba, en un trono flotando, el lagarto más temido de la galaxia conocida, retenía su barbilla sobre el dorso de su mano, entretenido por la pequeña forma infantil que se acercaba, custodiado por el enorme soldado que conjeturaba, se trataba de su guardaespaldas
– Por fin ha llegado el heredero de Vegeta-Sei – Freezer hizo un ademán para indicar que deseaba se acercase
– Saludos, Lord Freezer – La criatura y su acompañante se postraron con elegancia.
– Soldado – haciendo una mueca de desagrado se dirigió al saiyajin que le acompañaba – Esta es una reunión privada –
– Disculpe Lord Freezer, son órdenes del Rey Vegeta – le respondió un alto y esbelto saiyano, su moreno semblante sereno, silencioso y determinado inspiraba respeto incluso a criaturas superiores a el.
Freezer guardo sus pensamientos para si, no tenía intención de levantar sospechas antes de concluir su plan.
Adentrándose en el recinto, Vegeta encontró la misma escena de su infancia, sin embargo la compañía era diferente, sumado a la presencia de uno de los oficiales del tirano que mayor repugnancia le ocasionaban.
– Veo que no puedes viajar sin tener esa lastimera mascota junto – habló el príncipe dirigiéndole la mirada al corpulento acompañante rosa.
– ¡Maldito Vegeta! Ese no es modo de dirigirte al gran Freezer– le amenazó con su voz iracunda – ni mucho menos a quien te puede hacer pedazos por tus insolencias –
– Cálmate Dodoria – Le silenció el tirano. Al llegar al frente los tres saiyajines hicieron la reverencia correspondiente y se incorporaron para hablar – Mas te vale… que lo que vayas a decir compense tu falta de respeto – le sonrió al líder saiyajin.
– Lord Freezer – Inició – Terminamos de ejecutar sus órdenes en los planetas del sector KD50. Hago entrega de los planos de planetas habitables en condiciones de venta y adquisición – Entregó los dispositivos mientras Dodoria se los removía con violencia.
– No espero que consideres que cumplir con tus ordenes amerita una felicitación – dirigió sus ojos fríos al rostro inexpresivo del Saiyano joven.
–Solicito permiso de acceder al cuadrante NA207– se apresuró a decir – Hemos indagado en la posibilidad de un mayor número de planetas con alto potencial de aprovechamiento –
Dodoria soltó una carcajada – Me conmueve tanta avidez de cooperar por el imperio – se concentró para intentar vislumbrar alguna doble intención en sus rasgos – ¿Qué es lo que en realidad buscan simios estúpidos? –
El saiyano menor divagó una vez más en la similitud de su primera visita al salón preguntándose si correría la misma suerte.
El material reluciente brillaba sobre las redondas facciones del príncipe, su tic de incomodidad era más que notorio para su acompañante, pero confundido con testarudez por los presentes.
– He sabido que solicitó mi presencia en la base – habló con un tono que simulaba poseer alguien de mayor edad – Mi padre ha accedido porque bajo su tutela puedo explotar de mejor forma mi potencial – Intentó sonar en control de la situación, sabía que había sido llevado como un rehén más, si bien le asustaba el hecho de tener que dejar su hogar, no demostraría señas de debilidad ante nadie.
– ¿Tienes alguna duda sobre tu estancia? – preguntó el terrible lord
– No – se cruzó de brazos el pequeño – exijo iniciar con mi entrenamiento de inmediato, no me gusta perder el tiempo – demandó arrogante.
– Un momento pequeño gusano – le dijo en desprecio Zarbon – Tu no eres aquí quien da las órdenes–
– ¡No debe amenazar así a su alteza! – murmuró el saiyano mayor intentando colocar detras a su protegido.
Sus intenciones fueron frenadas por un gancho al plexo de inmediato cayendo al suelo sin aire. Vegeta, impactado con la velocidad del ataque observó a su antiguo maestro recobrarse y viró furioso hacía el hombre de piel verdosa.
– Espero que esto sea una lección, aquí los títulos extranjeros no valen nada – le sonrió el lagarto reposando desde su trono – tendrás el mismo trato que mis soldados y si obedeces…quizá decida favorecerte un poco – Hizo una indicación a los guardias de la sala de retirar a los visitantes.
– Si eres suficientemente inteligente entenderás tu lugar sin problemas – Le indicó Zarbon mostrándole la salida con el dedo – sería una lástima perder la nueva adquisición del gran freezer tan prematuramente –
Vegeta giró sobre sus talones y salió del recinto seguido por un grupo de guardias, en ese momento entendió la magnitud del problema donde se había posicionado al ir, necesitaría de toda su astucia y talento de supervivencia si es que quería salir con vida y ayudar a la independencia de su raza.
– Alteza – Le susurró el saiyajin acercándose, posicionó su mano en su hombro en un gesto paternal – no debe temer – pausó – la fuerza de la sangre real esta con usted, no les de él gusto de verlo titubear, porque lo intentarán de peores maneras que esta –
– Lo se Turmer – fijo sus pequeños ojos negros sobre su maestro, el único ser en ese universo que le conocía y al que respetaba. Debía pensar en un método para lograr conseguir su objetivo, fortalecerse en batalla, encontrar el punto débil del tirano y reclamar el imperio para gloria del nombre de su raza.
– De acuerdo– interrumpió el temido Lord – podrás partir en cuanto tu equipo esté listo–
Guardó silencio intentando no demostrar el pavor que sus palabras le provocaban, había sido demasiado fácil. ¿Acaso sabía algo del plan establecido? ¿Había actuado con demasiada obviedad?. Era imposible que pudiese estar enterado de la información que el poseía. Quizá no era tarde para pensar que realmente habría una traición entre sus mismos congéneres.
– Pero… Lord Freezer..– Protestó Dodoria
– Muy bien majestad – Siseó Nappa haciendo una mueca de burla al corpulento soldado.
El tirano les señaló la salida y de inmediato se retiraron sin decir más.
– Quiero que coloquen dispositivos de rastreo ocultos– dijo observando las puertas relamiendo sus dientes– lo que sea que hayan encontrado no tardarán en revelárnoslo–
Dodoría asintió y viró hacia la salida.
– Oh… lo olvidaba – Freezer le interrumpió – También quiero asignarles una pequeña misión – relamió sus dientes figurando el destino de sus preciados juguetes.
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En un abrir y cerrar de ojos, 3 meses pasaron rápidamente, la espera forjaba los cuerpos y esperanza de todos los guerreros que realizaban sus mejores proezas con la finalidad de prepararse para la llegada de la amenaza que podía tocar las puertas de la tierra en cualquier momento. El equipo de defensores de la tierra había decidido repartirse en diferentes pruebas, Kamisama había accedido a darles entrenamiento en vista de la necesidad en la que se vería sumergida la tierra. Todos se encontraban dispuestos en alma y cuerpo a obtener mayores poderes en el menor tiempo posible para responder el ataque.
En el jardín principal de su mansión, miraba a su huésped realizar diversas posiciones, ataques y katas con una solemnidad absoluta. Si bien estaba acostumbrada a observar los entrenamientos de sus amigos, había algo en la forma de ejecutarlos del saiyajin que le producía admiración. Por un momento recordó la época en la que más feliz fue con Yamcha, poco tiempo atrás, lo observaba dar sus entrenamientos matutinos y hacer movimientos similares, pero la mirada de tormento en los ojos de su nuevo huésped se filtraba en los movimientos que ponía en práctica. Ninguno de sus amigos tuvo el tormento tan grande de ver desaparecer su raza entera y por ello suponía que la obstinación del chico era de cierta forma superior en la precisión de sus movimientos.
– Llevas mucho tiempo usando ese mismo uniforme – se le acercó Bulma en gesto amistoso
– Lo necesito para entrenar adecuadamente– le contestó secando su sudor – el material es resistente a los impactos, sus vestimentas terrícolas no resistirían el nivel de entrenamiento –
– Pero debes descansar y limpiarlo en algún momento – se sentó en el pasto húmedo – si necesitas ayuda yo puedo mostrarte como limpiarlo –
El saiyajin asintió con amabilidad y retomó sus ejercicios a la brevedad
– ¿La extrañas? – Lo interrumpió. Tarble se detuvo intuyendo a quien se refería. Suspiró y dobló el rostro mirando al vacío.
– Cada día –
De pronto su mirada se entristeció, se quedó en pie intentando recordar la última vez que la había visto sonreír. No podía recordarlo, solo le venían a la mente las escenas de la última vez que la vio con vida y eso era aún más perturbador. ¿Por qué la humana le hacía estas preguntas? No entendía su afán de indagar en su pasado.
– ¿Crees… – se detuvo antes de revelar la pregunta de mayor relevancia a sus intereses– …que exista la posibilidad de que envíen a los mismos asesinos? –
El joven guardó silencio, sus facciones posicionadas de manera ilegible. Por unos segundos consideró que era importante revelar esa información frente a su hospedera.
– Si eso llega a ser será casi imposible detenerlos, son terriblemente fuertes– cortó las esperanzas de su oyente – será mejor que planees una ruta y equipo de escape en caso de que suceda lo peor – colocó una mano en su brazo – trata de reunir a todos los que puedan y escapen de aquí –
– Nuestros aliados los detendrán – se apartó segura – hemos atravesado los peores peligros y de una u otra forma siempre hemos podido superarlos – su confianza casi era contagiosa, pero algo en los ojos del chico no parecía impresionarse.
– No les hablé de los hombres que me capturaron y eso fue una imprudencia – contestó tomando asiento e instando a la mujer para acompañarle. Bulma tomó su sitio a un costado dispuesta a escuchar el relato del atormentado saiyajin.
– Cuando el tirano del imperio se enteró de mi existencia – inició calmado – le pareció poético enviar a otros de mi misma raza a darme una lección – se detuvo al observar el desconcierto de la joven – así es – asintió – aún quedan otros tres saiyanos en el universo –
– Ellos son los destructores de tu mundo – inquirió la chica de cabellos azules
– Lo son, me enfrenté a ellos, pero solo sirvió para comprender mi propia insignificancia – suspiró rendido – nada de lo que hice podía detenerlos, destruyeron cada rastro de civilización llevándome como un rehén testigo de sus atrocidades, solo había sangre, fuego, muerte y el eco de sus burlas sobre el dolor de mi gente – profirió en un agudo silencio que prosiguió al sonido de sus dientes rechinar, su vista aún parecía pelear con los fantasmas de ese terrible pasado.
Bulma escuchó atenta a toda la masacre que el joven relataba, describió cada detalle de ese periodo de desesperación como si obtuviera una expiación con cada palabra que le libraba de sus demonios internos, la joven comprendió que la descarga de esa revelación debió haber tomado un largo tiempo en suceder, por lo que se sentía agradecida por poder ser el primer ser que le inspirase confianza.
– Lo lamento – tomó la mano del chico en la suya
– Debemos estar preparados– le sonrió tímidamente dejando sus recuerdos atrás – Uno de ellos tiene menor fuerza a la mía, pero el otro soldado me sobrepasa en demasía, sin mencionar al líder, aunque poco me sobrepasa en altura, es un monstruo con una fuerza inalcanzable, capaz de destruir un planeta con un solo ataque – el eco de su rencor hacia sus verdugos se hacía notar en sus palabras, Bulma permanecía con los ojos bien abiertos ante tal afirmación – es un ser arrogante, muy inteligente y sumamente egoísta, si ellos llegan a venir necesitaremos un plan muy bien elaborado si queremos vencerlos –
– Quien pensaría que seres con ese poder aceptarían ser simples subordinados de un tirano – rió nerviosamente en tono casi audible.
– Te equivocas – la interrumpió – ellos también son esclavos – afirmó y continuó al caer en cuenta del desconcierto de la chica – fueron reclutados forzadamente y comparten mi odio al imperio, pero viven de acuerdo a lo único que han conocido a lo largo de sus vidas: violencia y odio – se giró para observar de frente a su acompañante – Sé que también quieren asesinar a Freezer, pero su idea de justicia es reemplazar a un tirano vil por otro –
– Supongo que los odiabas demasiado como para hablarles de tu plan – la chica se atrevió a preguntar sabiendo de antemano que no era la duda más brillante
– Jamás me escucharían – continuó Tarble – y jamás los perdonaría para pelear del mismo lado – frunció la mirada encolerizado bajo el efecto del rencor.
La chica suspiró intentando cambiar el rumbo de la conversación, tenía intención de liberar de esa maldición la atormentada alma del joven que le desgarraba el corazón a través de su melancólica vida.
– Imagino lo que sientes– le consoló – pero ahora tienes la oportunidad de empezar de nuevo – Bulma intentó disculparse de su evidente falta de tacto – cuando todo esto acabe puedes quedarte aquí en la tierra si es que no tienes un hogar–
– Te lo agradezco, pero me temo que eso no será posible–
– Pero… – tímidamente intento acercarse en señal de apoyo – no tienes a que regresar al espacio, este mundo puede ser tu hogar ahora –
Tarble exhaló moviendo la cabeza, aunque entendía el afán de demostrarle empatía, no quería ser deshonesto con sus futuras pretensiones.
– Cuando termine la batalla, si es que somos victoriosos, debo reclutar a Gokú para el servicio de la C.I – se sentó a su lado para descansar – por acabar con un par de enemigos no significa que tengamos la guerra ganada –
– ¿C.I? – arqueó una ceja
– La asociación de rebeldes contra el imperio – explicó – se autonombraron Coalision Insurrecta–
– Lo entiendo– respondió la chica– pero que pasará cuando todas las batallas contra el imperio se terminen – se acercó regalándole una cálida sonrisa.
– Esa guerra puede durar muchos años Bulma, puede que incluso, no alcancen nuestros ciclos de vida para ver el final de la limpieza del imperio de la OIC– su desesperanza le hacía parecer un niño frágil ante los ojos de la chica de ojos azules.
– Gokú no dejará la tierra atrás – levantó sus brazos para posicionarlos en su nuca y recostarse – él ha hecho una vida aquí, tiene una esposa y un hijo– la certeza en sus palabras hizo dudar al joven.
– Puede traerlos con el, lo haré entrar en razón –
– No Tarble – insistió acercándose para tomar su hombro – su lugar está aquí, este es su hogar. Aunque vaya a ayudarles en su cometido el siempre tendrá la intención de regresar, tu puedes decidir marcharte, pero no puedes pedirle que abandone el único mundo por lo que ahora quiere pelear– Si bien sabía que su amigo no se alejaría con tanta facilidad también sabía que su ingenuidad y hambre de batallas, podía colocarlo en desventaja al enfrentarse con alguien que le diera argumentos difíciles de refutar.
– Le dejaré tomar la decisión libremente – accedió – pero temo decir, que solo seré un aliado temporal, puesto que no me quedaré–
Diciendo esto se levantó y en un santiamén retorno a sus actividades
– Por cierto– deteniéndose la miró –gracias, por escucharme– Le sonrió amablemente y se alejó volando.
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– Ese niño es un monstruo – se sombró en voz alta uno de los técnicos
Los jefes del personal le observaban destruir cada oponente que asignaban con la misma velocidad que atravesaban la puerta. Indudablemente su entrenamiento era duro, pero era conocido por todos que el crío había sido dotado de un increíble poder de modo natural. La selección de los mejores guerreros de su raza, dispuesta en su genética para hacer de él, el mejor espécimen de su generación.
– Lord Freezer – se dirigió Zarbon– este pequeño animal puede representar un problema si continuamos entrenándole sin restricciones – Intento hacer entrar en razón a su amo de la evidente problemática.
Freezer contemplaba silencioso el detalle de la batalla, había sido su idea ingresarlo, ciertamente el potencial de la criatura lo colocaba en una posición ventajosa para formar parte de sus líneas de ataque, sin embargo, los rumores de la leyenda del fin de los Ice-jin a manos de uno de ellos le carcomía en cierta medida. Había determinado adquirir el niño desde el momento de su nacimiento, su propósito era moldearlo, destruir su naturaleza y convertirlo en su fiel sirviente, estaba convencido de que algún día le sería de utilidad y constituiría una buena defensa.
– Mantén a tus amigos cerca… pero aún más cerca a tus enemigos – Susurró para si.
Si había una posibilidad remota de resultar cierta la leyenda, debía actuar ante lo inminente y poner a su disposición el único recurso que tenía, controlarlo. Después de todo, un método eficiente era vigilar su desarrollo, darle poder pero no demasiado y al final, romper su espíritu, para que fueran sus propios límites mentales impuestos, los que se encargaran de frenar sus posibilidades.
Dibujó una ligera risa pensando en la genialidad de su plan, mientras no tuviera un motivo para despertar su conciencia, no tendría preocupación, tendría una máquina de matar a su servicio, sin acceso al detonante que le otorgaría la capacidad de superarlo. Después de todo, el miedo y el odio no figuraban parte de la leyenda del que se convertiría en el Super Saiyano.
– Asígnale una misión difícil– Ordenó al jefe de la sala – y cuando regrese tráiganlo a mí, es hora de empezar su enseñanza –
Recordaba ese momento con suma claridad. Observo a su trío de simios insubordinados subir a sus naves sin decoro auxiliados por los asistentes de embarque. Sin duda su experimento predilecto ya no era ese niño, había forjado un guerrero completo y sabía que le sería de utilidad, pero empezaba a pensar que quizá no era tan buena idea dejarle tantas libertades, después de todo si algo le había demostrado el príncipe es que era completamente impredecible.
Vegeta colocaba sus guantes mientras veía al tirano desaparecer por el ventanal detrás de él, sabía que algo se traía entre manos más no podía darse el lujo de desperdiciar la oportunidad. Estaba muy cerca de su objetivo. Acomodando su armadura se dispuso a entrar en su cápsula, una risilla escapó su rostro concentrado, recordó el momento en que escuchó el rumor de lo que Freezer estaba buscando, nunca pensó que fuera él quien al final resolvería el misterio que tantos años le costó al lagarto encontrar. Un triunfo más de su intelecto frente a los pobres diablos de los que se rodeaba. Cerró su nave y dispuso el curso. La victoria estaba tan cerca que casi podía saborear su venganza.
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Como relámpagos en el aire, se confundían sus hábiles movimientos bajo la tormenta, la lluvia intensa dificultaba su visión haciendo el nivel de combate más adecuado para intensificar sus fuerzas. Cayendo en direcciones contrarias después de un golpe certero, las dos figuras tomaron un lugar en extremos opuestos del valle donde luchaban.
– No esperaba menos de ti Piccolo– le gritó su oponente limpiando un rastro de sangre de su boca
– No esperes que tenga compasión de tu atraso– se cruzó de brazos el orgulloso personaje verde – tú sigues siendo la misma basura de antes– Se lanzó al ataque embistiéndolo, pero en un desliz lo esquivó, observando su atacante alejarse Gokú intentó cambiar de ángulo pero un codo se anidó de la nada en sus costillas, salió en picada en contra de una montaña resquebrajándola en estruendo.
– Me estas obligando a contenerme, la próxima vez no seré tan amable – descendió flotando frente a las ruinas desechas
El joven de cabello en punta se abrió paso entre los escombros y se posicionó una vez más en ataque. Piccolo tenía una técnica estricta, superior a sus movimientos improvisados, su precisión de ataque le infundía un profundo respeto, algo que no había apreciado en reyertas pasadas.
Le parecía sumamente extraño encontrarse en esa situación, manteniendo lado a lado un entrenamiento con su jurado enemigo, sin embargo algo en ese encuentro lo hacía pensar que no se encontraba mirando más a un rival, sino que, al igual que ocurría con todos sus antiguos amigos, estaba también forjando el lazo de un futuro aliado de por vida.
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En un charco de sangre el olor a metal le despertó, se levantó de inmediato esperando encontrarse de nuevo en la contienda, recordaba el olor entre el humo y los gritos que había proferido de todos los seres que con maestría asesinó ágilmente. Denotó que no se encontraba en el calor de la batalla, alrededor una oscuridad y su cuello se sentía pesado sin razón alguna. Buscó entre lo visible a sus compañeros de purga, pero no encontró más que los ecos de su respiración agitada, en un segundo recordó donde estaba.
– Tus ordenes eran mantener con vida a los rehenes – El reclamo de una voz chillona lo retaba desde el otro lado donde solo podía vislumbrar sus ojos brillar mientras jugaba con un utensilio extraño – El gran freezer me pidió que te disciplinara por tu falta de discernimiento – el sujeto azotó la punta del látigo contra su costado lo que hizo que se levantara en total rabia mostrando los caninos desafiantes. Al instante fue frenado por una burda cadena que le cortaba la respiración. Por una extraña razón su agarre parecía ser irrompible. La humillación de permanecer encadenado como una bestia le hacía hervir la sangre.
– Siempre supimos que no podrías adaptarte a seguir órdenes – continuó el maloliente sujeto – considero que Lord freezer desperdicia años entrenando un animal sin entendimiento, pero quien soy yo para juzgar sus caprichos – se encongió de hombros retomando su asiento frente al saiyano.
– Quisiera ver que tuvieras el valor de "disciplinarme" si no estuviese apresado – le gruñó rechinando los dientes – no esperaba más de un cobarde como tu Kyui–
– Podría hacerlo con los ojos cerrados basura – tiró de lado el asiento – pero aunque no me guste, son órdenes del gran Freezer… nada personal – por su acento podía entenderse que en verdad disfrutaba ser el verdugo encargado de ejecutar la orden.
– Eso solo es un pretexto para resguardar tu propia insignificancia – Mofándose lo persiguió acentuando la mirada asesina
– Cuida tus palabras pobre imbécil – le escupió soberbio – no me sorprendería que acabes del mismo modo que tu inútil maestro –
Vegeta cayó en el terrible recuerdo del incidente al que se refería, gruñó elevando su ki en señal de desafío contra su verdugo rechinando los dientes.
– Según recuerdo – continuó burlándose desde una esquina – se rumoraba que lloriqueaste como una pobre niñita – soltó una carcajada. Vegeta se incorporó y como una bestia furiosa dio un tirón a las cadenas que le sostenían intentando alcanzar a la fuente de su odio.
Kyui contempló un momento al saiyajin de la cabellera flameada, sus intensos ojos furiosos, su cuerpo bañado en sangre, sus ropas roídas y aspecto decadente. Exhaló un sonido y profirió una patada a su rostro en una velocidad incomprensible. Antes de poder bloquearla Vegeta cayó presa de un latigazo más junto a su rostro. Estaba demasiado debilitado para anteceder los movimientos de un oponente.
– No me rebajaré a caer en tus tretas– se separó de un salto el alienígena púrpura– Informaré a los oficiales que no has entendido tu castigo, quizá te restrinjan otra semana más de raciones – se carcajeo y abrió la puerta para salir del calabozo – No vuelvas a olvidar tu lugar, mono estúpido –
Tras muchos meses de viaje desde el ultimo planeta visitado, finalmente las maquinas le despertaron de su sueño, sobresaltado abrió los ojos con los ojos llenos de la última escena de su sueño fresca en su inconsciente. Las humillaciones solo servían de motor para ansiar su desesperada lucha por obtener el poder que lo ayudaría a vengar su orgullo, respiraba odio y venganza en cada fibra.
– ¡Nappa, Raditz! – Llamó por el comunicador – ¡Despierten de una buena vez! Prepárense para empezar –
Entraron a la atmosfera del pequeño planeta vetusto, cayendo a una corta distancia de lo que parecía ser una ciudad milenaria, el misticismo se podía observar en las altas torres exuberantes con diseños de metales brillosos adornándoles. Los habitantes se aproximaron a observar el acontecimiento, seres cubiertos por túnicas solemnes con adornos preciosos y de consistencia frágil.
Los saiyanos abrieron sus naves a destiempo para encontrarse frente a frente con los nativos.
– Por favor venerables viajeros – Una voz de entre ellos se hizo paso entre la multitud adivinando lo que sobrevendría – Os suplico que tomen lo que necesiten y partan en paz, no somos rivales para ustedes, nuestra cultura venera la sapiencia, no la violencia–
Los habitantes les abrieron paso inclinándose en signo de sumisión. Nappa fue el primero en adentrarse entre ellos.
– Eso es excelente – musitó – Pero si no los matamos…¿Dónde estaría la diversión? –
Los saiyanos sonrieron en un solo movimiento comenzando la masacre con todo el poder de su destrucción, en el aire se elevaron los gritos y explosiones que poco a poco dejaron un silencio sepulcral.
Tras horas de continua destrucción, el humo de la ciudad destruida se erguía sobre los escombros donde dos saiyanos destruían pequeños relictos de los materiales con disparos de energía aislados. Raditz se abrió paso entre los escombros y se tiró de espaldas para observar el sol en tonos naranjas y rojos.
– Lo que no daría por un trago y una buena hembra– Vociferó con desgana
– ¿Qué hay de la acción de hoy?– Nappa le contestó tomando un lugar a un lado para sentarse
– Estas tareas son demasiado fáciles, todo lo que hacemos es seleccionar planetas insignificantes – Aventó una piedrilla lo más lejos que pudo – Por lo menos podríamos divertirnos un poco antes de destruirlos –
– No creo que a vegeta le agrade escuchar tus sugerencias – se cruzó de brazos el viejo saiyano– además sus tipos de diversión son muy diferentes a los nuestros– De cierta forma le preocupaba la anormalidad en la conducta del saiyano más joven, pero intuía que eso era debido al encierro e ideales bajo los que había sido esclavizado desde temprana edad.
– Estoy seguro que se relajaría si intentara probar todas las delicias que tiene una femina– Raditz deslizó su lengua entre sus dientes recordando sus antiguas proezas amatorias – o por lo menos una sola alguna vez–
–No creo que le interese tanto como a ti– arqueó la ceja el saiyano calvo riendose– … tu eres un degenerado –
– Por lo menos yo no reniego mis instintos – se encogió de hombros ofendido
– Es una gruesa línea entre instintos y enfermedad – con un tono un tanto paternal le corrigió. Aunque no se lo impedía, algunas acciones del joven de la cabellera larga le escandalizaban por la irresponsabilidad con la que se conducía. En más de una ocasión había tenido que zafarlo de problemas para evitar que el príncipe lo asesinara.
– A todo esto que está haciendo Vegeta – como si le leyera el pensamiento Raditz le preguntó– lleva horas en ese… ¿Que rayos es eso? –señaló la edificación de mayor altura
– El templo del conocimiento – Le instruyó – Está buscando la clave para llegar al planeta adecuado – No entendía a la perfección porque había seleccionado ese planeta en particular, pero no le gustaba aparentar ignorancia frente a alguien que consideraba aún más ignorante.
– Podríamos ir a ayudar y salir de este vertedero más rápido – sugirió Raditz rascando su nariz
– No creo que tu pobre cerebro le sirva de ayuda– le espetó con un vistazo de superioridad
– Pues…– Pareció pensativo –Si pones atención… te darás cuenta que… a ti tampoco te lo pidió – terminó sonriéndole mordaz. Nappa solo se limitó a gruñirle e ignorarlo lanzándole una mueca.
Vegeta estudiaba cada uno de los antiguos pergaminos inscritos, si bien ese no era un mundo civilizado era conocido por ser uno de los centros de información más antiguos de la galaxia. Pasaba sin cuidado los papeles desesperado por hallar un indicio que le indicara donde debía iniciar su búsqueda.
De pronto como si hubiese sido conjurado por sus pensamientos apareció entre el desorden un fragmento de lo que buscaba.
– Asi que… un secreto de Namek – Habló en voz alta. Paso sus ojos por la inscripción elevando cada vez más su sonrisa maligna. Por fin, después de tanto tiempo, tenía la revelación en sus manos. Salió a toda prisa corriendo por los salones directo hasta sus aliados.
– ¡Suban a sus naves par de inútiles! – Les ordenó sorprendiéndolos – ¡Fijen curso a Namek! –
– ¿Estás hablando en serio? – Napa preguntó
– Acaso parece que estoy solicitando su aprobación –
– ¿No fue ese planeta víctima de una peste interplanetaria? – Raditz interrumpió – nos ponemos en riesgo al ir– se encogió de hombros entendiendo lo que se aproximaría por esa muestra de rebeldía
Vegeta retornó una mirada feroz y gruñó por lo bajo, intentando figurar como iniciaría el castigo. Un sonido le sacó de su iracundo trance. Levantó su rastreador inquiriendo el origen de dicho sonido para observar la intermitente llamada de emergencia. Inspeccionando la orden dibujó una mueca inconforme.
– Maldición, olvídenlo – del fondo de su garganta se escuchó un gruñido – tenemos que atender una misión urgente en otro planeta –
– Que sucedió? – preguntaron al mismo tiempo sus subordinados
– Un estúpido desertor que debemos recuperar –
– Buena noticia! – Raditz colisionó su puño en su palma satisfecho – me encantan las cacerías – lamió sus colmillos tomando dirección a su nave. El resto del grupo le imitó.
Una suuuuper disculpa por la tardanza, entré a un nuevo trabajo y no me da tiempo ni de dormir a veces, además no he tenido mucha inspiración para escribir y me costó mucho sacar algo que me gustara jeje espero les guste a ustedes también, muchas gracias por todos los comentarios de animo, me he repuesto un poquito del año pasado, mil gracias por seguir leyéndome!. Una disculpa extra por los errores de dedo y las faltas de ortografía que se colaron.
