Cap 2. Un Huracán Dirigido; El Otro Sonam
− Por dios, Mu, no rompiste el hermoso florero lleno de rosas que te regalé, ¿o sí? – Retiró con más brusquedad de la que le habría gustado la mano de Dita de su cuello, la que había estado jugando con su chupetón por lo que le parecieron años, aunque sólo hubiera sido un único viaje en ascensor. Un maldito y completo viaje en ascensor desde el piso uno al cinco, la unidad de cardiología. "Cómo si mi día necesitara empeorar", se quejaba mentalmente sin parar − Te confesaré que me decepciona un poco el no empezar en plástica desde un principio, pero supongo que tengo el placer de por fin trabajar con el mítico Dr. Sonam – Dita, muchas veces, podía resultar insoportable, pero también era su amiga más leal, y quien más le entendía, así que se dedicaba a dejarla ser, o a seguirle la corriente cuándo podía.
− ¿Qué dices? Llevamos dos años de internado trabajando codo con codo – el realmente decepcionado era Mu, a quién lo único que le había motivado había sido saber que el veterano Rasgado Webber podría ser su tutor de cirugía general, y también se perdería de esa oportunidad en su primer día, quizá en toda su residencia, si no encontraba cómo poner a su padre a raya.
− Bueno, no eres la mitad de gratificante que asistir con el mejor cardiotorácico a un trasplante de corazón hoy en la tarde. Además, no te quejes, siempre que el Castaño Sexy tampoco esté en cirugía, puedes aprovechar para hacerle un chupetón a él en una de las salas de descanso – Dita daba saltitos, emocionada por participar en cuánta cirugía importante tuviera.
− ¿Te escogió a ti para asistir? O sea que yo tendré que limitarme a ser su lacayo, llenando expedientes y cuidando los post-operatorios de ayer. Genial, sólo tendré gente con corazones débiles a los cuales vigilar cada cierto límite de tiempo – Mu puso los ojos en blanco, para ignorar el último comentario, dando un codazo suave a Dita para bajarle los humos antes de comentar con ironía: − ¡Muchas Gracias, Padre!
− De nada, Hijo – Se congeló en el momento que escuchó aquella voz imponente detrás de él. Se giró, y Dita tomó postura de respeto, la misma que había adoptado desde que lo conoció una vez que se quedaron hasta tarde estudiando para exámenes −. Siempre he sabido cuánto aprecias las cosas que te regalo.
Fue verlo allí, con sus cejas fruncidas, la cofia llena de estrellas tan suya, que utilizaba sólo en los casos más difíciles, en la mano, la mirada cansada (que llevaba cuando no había ido a casa a dormir en un par de días) y su postura recta, orgullosa; fue eso lo que lo hizo agachar la cabeza de inmediato, adoptando la misma posición de Dita durante unos varios minutos antes de recordar que era su padre, e intentar abrazarlo. Se había acercado a él con los brazos extendidos, y en vez de envolverlo, la pila de expedientes cayó con todo el peso sobre sus brazos.
− Sísyphus nos quiere para el medio día almorzando con él en la sala de conferencias, y para entonces, quiero que me lleves un reporte escrito de los cambios en todos estos pacientes. Yo dormiré durante la mañana – Mu lo miró casi dolido, aunque sabía que no podía esperar más de su padre –. Y, Dönkhet, tú prepara al señor Mayers para el trasplante de la tarde, explícale la cirugía, y si tiene dudas, dime para hablar con él después del almuerzo. – Palmeó con suavidad el hombro de Dita, entregándole el expediente del paciente, y observándola irse. Shion se giró frente a sus ojos, y Mu comenzaba a retirarse también antes de sentir el abrazo desde la espalda y un beso en su coronilla −. Sabes que yo también te amo, aunque no me sea tan fácil mostrarlo.
− Necesito ir a revisar tus post-operatorios – Mu se zafó del abrazo, sintiéndose sólo un poco culpable por actuar tan indiferente con su padre, y reparando por fin, en cuanto puso unos pasillos de distancia entre él y Shion, en que había llamado a su papá Sísyphus en lugar de "Tu Padre". Habían peleado, seguramente. Dobló la esquina, y se preparó para entrar en la primera habitación de su lista.
− Y… ¿qué opinas de los nuevos residentes? – el jefe Vólida llenaba su tasa de café mientras hacía la pregunta, y Aioros dejaba la carpeta con el informe del recorrido, lleno de firmas de constancia de que había enseñado todo el lugar, sobre el escritorio.
− No son novatos, eso es seguro. Puede que sean los mejores del Mercy West, pero aquí tendrán demasiada competencia – Aioros no alardeaba, y jamás había disfrutado ni querido a la gente que lo hacía, pero reconocía que el Seatle Grace educaba cirujanos de altura, y que sobrevivir al internado en dicho hospital, podría hacer de él y de Milo un par más resistente y competente que el trío que venía.
− Oh, no te creas, joven Navrakis. Puede que tanto tú como Andreia sean mis estudiantes estrella de internado, ambos con un talento innegable para la Neuro, pero Mahalí tiene unas manos muy, muy hábiles también, y no se miente cuando se habla de que Dönkhet puede representar el futuro y la nueva cara de la cirugía plástica.
Aioros se removió incómodo, pero sabía que debía preguntarle por el tercer doctor. Había aprendido a conocer las raras maneras de interactuar del Dr. Vólida, y sabía que por pura cortesía, no alardeaba de su hijo de buenas a primeras, pero podría incluso enojarse si él no preguntaba por él, así que, tragándose la imagen del brillo de los ojos verdes de Mu cuando miraba con lujuria, se aclaró la garganta.
− Y está su hijo, señor, el Dr. Sonam.
− ¿Así que ya lo conociste? Bueno, no es porque sea mi hijo, pero le sacó a su padre todo el talento, además del tono rubio de su cabello – Oh, por favor que no mencionara más el cabello sedoso de Sonam, o Aioros tendría que salir corriendo de la sala para no explicarle al Dr. Vólida el por qué comenzaba a tener una erección allí mismo.
− Si lo dice, Señor. Por ahora, creo que será mejor que me vaya – se aseguró de dejar caer sus brazos "despreocupadamente" hasta su entrepierna, interponiendo el portapapeles que había llevado en la mañana con la lista de lugares, entre la vista de su pantalón apretado, y los ojos de cualquier persona en el hospital, en especial del padre de Mu, el jefe de cirugía.
− Claro, claro. Vete ahora, pero recuerda que a las cinco trataremos la aneurisma de la señora Blank, así que no te ocupes para entonces – el Dr. Vólida le dedicó una sonrisa antes de volver a sus papeles.
− Soy residente, no puedo prometerle nada – contestó, cerrando la puerta tras de sí.
La visita de Navrakis lo había alegrado un poco, pues le había servido para no pensar en Mu, Shion, y todo el dilema que desataba su relación estrecha con el hijo de su esposo, que claro, era su hijo también, porque era como se sentía. Esa felicidad jamás duraba, no para Sísyphus, y no mientras Shion estuviera cerca. Y parecía que tenía un medidor de dolor de Sísyphus por la situación, porque siempre llegaba cuando lograba relegar sus peleas a segundo plano.
− ¿Entonces planeas hacerme una encerrona poniendo aquí a mi hijo para que no hablemos de lo que te pedí anoche? – Shion era así, una especie de raro huracán dirigido y concentrado, que golpeaba con toda su fuerza en el punto exacto.
− No estoy usando a nuestro hijo como escudo. Sólo pensé que, por un día, podíamos hacernos a un lado y pensar en hacer de su bienvenida al hospital y a la residencia algo especial – Sísyphus se levantó, y caminó hasta Shion, pero no se atrevió ni a abrazarlo ni a besarlo como quería hacer, porque sabía que sería peor.
− Le has dedicado toda la vida a Mu. A ti se te obligó a hacer de lado tu carrera por lo del accidente, sí, y entonces yo no pude hacer de lado mi carrera porque era la única fuente de ingresos cuando la incapacidad se acabó y tú estabas muy asustado para venir. Te agradezco que me quisieras a mí y a Mu cuando Helena murió, enserio te lo agradezco, pero siento que tú te quedaste con todo, con su amor, su admiración y su respeto, e incluso recuperaste tu trabajo en cirugía, que era lo único que yo tenía que tú no – Shion temblaba de ira, a pesar de que había hablado sin romper la línea de su tono elegante y distante. Las lágrimas aparecieron poco después, y en cuánto se tapó la cara para llorar a gusto, Sísyphus lo envolvió en sus brazos y besó su frente.
− Yo lo siento, sabes que lo siento. Jamás pretendí eso, y no sabes cuánto me culpo todos los días porque mi miedo a volver a operar te costó la relación con nuestro hijo – Sísyphus lloraba también en ese momento.
− Mi hijo, es mío. Y tú eres el que me recuerda la culpa de preocuparme por ser un buen esposo para ti, porque te amaba, y creí que en consecuencia era un buen padre para Mu, porque sostenía la casa. Pero no, sólo dejé de pasar tiempo con él, porque estaba todo el tiempo cansado y gruñón.
− ¿Y crees que yo no sé eso? – Sísyphus habló rechinando los dientes, aunque no soltaba a Shion, porque hace mucho no se permitía estar entre sus brazos, con las manos sobre su pecho, como solían hacerlo −. Me culpo todos los días porque sé que es por mí que Mu te trata como lo hace. Yo también sufrí el hecho de que estuvieras todo el tiempo cansado. Fueron años en los que tenías sexo conmigo una vez al mes, y en ocasiones lo llamabas "más trabajo, pero de esposo". Y eso no es lo importante, sino que tú me asustabas aún más de convertirme en ese tipo de persona si volvía a operar. Pero lo superamos, y Mu está aquí, y tenemos otra oportunidad – Sísyphus lo separó apenas un poco de su pecho para poder verlo a la cara −. Y yo te amo demasiado, y es por eso que no puedo ni meditar la idea de separarnos, aunque no sea definitivo como un divorcio.
Shion pasó su mano por la mejilla de Sísyphus tal y cómo había hecho la primera vez que se acostaron, en su primer año de internado. Lo besó de manera lenta y sentida, como no lo hacía hace mucho −. Y precisamente porque te amo, y no quiero pedirte el divorcio directamente en otra pelea, es que esta noche volveré a casa para sacar mis cosas, y darme un tiempo para recordarme mis momentos felices contigo, y no las cosas por las que te culpo.
Shion salió después de soltarle esa bomba, y Sísyphus se quedó aturdido, mirando las ejecuciones presupuestales del año como si estuvieran en chino, tocándose sus labios de vez en cuando, temiendo que ese hubiera sido la última vez que besaba a Shion, y sabiendo que él ni siquiera le había regresado el beso como había querido.
