Otro capitulo con rapidez como lo prometí, espero sea de su agrado ;)
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––––––––––––––––Capítulo VI–––––––––––––-Encuentros
Esa tarde en los laboratorios de la corporación, el resto de sobrevivientes de
– Encontrar el planeta de los Nameku – confirmaba repitiendo sus propias interpretaciones al resto
– Así es – confirmaba la chica de cabello azul
– Creía que esa raza estaba extinta hace mucho por rumores que escuché en el espacio – continuó—pero si aún se encontraban aquí deben seguir existiendo algunos en otro lugar y quizá ellos podrían darnos una respuesta de como devolver las esferas a la vida—
– O podrían tener ellos mismos otro conjunto de esferas – finalizó la joven al tiempo que entregaba el dispositivo de comunicación en el que había estado trabajando durante varios días – toma – lo alcanzó a su dueño – ahora es indetectable – aseguró orgullosa de su trabajo con un gesto de amargura, de haber sabido que ese acto hubiese evitado todos los acontecimientos previos hubiera trabajado en eso desde un comienzo
Tarble lo tomó con un hilo de culpa en los ojos, jamás se le ocurrió que no bastaba su proeza en las cuestiones intelectuales para burlar la seguridad del imperio, fue arrogante y descuidado. Rápidamente se alejó del resto del grupo y comenzó una serie de fallidos intentos de comunicación con su antigua base.
– Creo que heriste sus sentimientos… o… algo parecido, tiene una personalidad complicada – arqueando las cejas lo observó alejarse Krillin
–Ay por favor… hasta la mamá de Bulma es más complicada – Oolong interrumpió arqueando una ceja – sin ofender – hizo un ademán a la presente la cual sonreía con alegría.
–Lo lamento pero…—Bulma cortó – si quiere que ayudemos debe ser conciente de que no podemos permitirle más errores que nos cuesten la vida de nuestros amigos – mencionó en voz alta más como un consejo propio que una opinión de lo ocurrido., no podía creer lo ingenua que había sido al no haber verificado las cosas por propia mano, incluso llegando a pasar por alto el hecho de que Tarble era un sujeto completamente ajeno a su tropa, por supuesto que la seguridad de su planeta no era su prioridad, si bien podría ser de su preocupación, solo representaba un riesgo más para obtener su venganza. El vaivén de la simpatía por el chico fluctuaba conforme pasaban los meses y se encontraba conviviendo con el mismo nivel de intimidad que los primeros meses de acercamiento y eso le generaba, a esas alturas, aún más desconfianza.
Su pensamiento fue cortado de golpe cuando el mismo sujeto se introdujo de nuevo en la habitación.
– Pude hacer contacto – informó a los oyentes- Llegaran en unas horas—pudo denotar el aire de nerviosismo de sus compañeros de batalla, exponer a la población a una visita alienígena de nuevo no podía traer buenos resultados
– Estarán esperándonos fuera de la órbita terrestre – les indicó como si pudiera leer sus pensamientos y sembrando una pregunta aun mayor, aunque solo la chica se atrevió a interrogarle de nuevo, resaltando la ironía de la tangibilidad de los viajes interestelares para su raza
– ¿Y cómo haremos para llegar ahí? –
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– Su majestad – el guardia entró inclinándose encarecidamente – Lord Cooler se encuentra aquí –
Sin esperar a ser recibido el hijo mayor de King Cold se adentró en el recinto sin hacer las reverencias protocolarias acostumbradas.
– Padre solicito una audiencia – sofocando el silencio que rodeaba los alrededores del palacio estelar, retumbaba su voluntad imperioso.
El monarca mayor rodó los ojos, frotando su cien con impaciencia se limitó a escuchar con una muy evidente mueca de desagrado.
– ¡¿Como has permitido que Freezer este desfilando su odioso trasero blanco en MI TERRITORIO?! – completamente ofuscado restregó la evidencia frente a su padre arrojando el diagrama de bitácoras de actividades reales sobre su regazo. Tal era su enojo que la calidez de la energía que emanaba era perceptible incluso para los guardias que temblaban en la puerta, el cuadro ponía realmente en evidencia la utilidad de su puesto en ese tipo de situación.
El rey Cold se sabía incapaz de poder doblegar en fuerza a cualquiera de sus hijos, principal razón por la que se presentaba siempre en su segunda involución, no podía permitirse la comparación burda pública contra la fuerza de sus descendientes, sin embargo aun cuando la ira se desbordara sobre la mente de sus vástagos, tenía la certeza de que nunca podrían caer en cuenta de la facilidad con la que arrebatarían su puesto, la impronta de manipulación que había realizado era un trabajo impecable de años, la sola idea le divertía tanto, que incluso en esos momentos, le ayudaba a permanecer distante del desastre que al fondo potenciaba Cooler en contra de toda cosa material u orgánica que se cruzara por la vista.
– ¿¡Estas oyendo una sola palabra de lo que digo?! – volcado en su cólera regresó a su padre del ensimismamiento.
– Hijo mío… primer heredero – meneo la cabeza resoplando paciencia – ¿Es que has perdido de vista la importancia de tu condición? –
– ¡¿Qué relación tiene eso con mi protesta?! – impasible esperó respuesta
– Aprender a regir un imperio es una tarea difícil… que al parecer no estas sabiendo ejercer con prudencia– intrigó a su espectador – ¿Es que no has entendido las labores de un dirigente de la talla de la que se requiere en tu posición? – continuó levantándose de su asiento, con paso lento y firme caminó alrededor de su primogénito con ceremonia, pudiendo disuadir las intenciones bélicas en la mente de su receptor de manera instantánea, con un gesto, le indicó que se aproximara hacia un ventanal, soberbio en detalles, enmarcado con una tenue luz azafranada que se colaba sobre los finos materiales de construcción, todo el aire de lujos contrastaba con el paisaje exterior donde podía observarse una civilización en movimiento dentro de grandes cinturones de lo que se convertían en conjuntos de seres en obvias condiciones inferiores, ambos líderes estaban orgullosos de que la arquitectura del palacio permitía observar hasta los más recónditos rincones de la ciudad.
– ¿Que ves ahí? – le preguntó absorto
– Un montón de parásitos – contestó sin titubear al prestar atención al paso de los transeúntes de diferentes razas, algunos deambulaban en pequeñas naves, atendidos por serviles criaturas también de diferentes especies. Toda una metrópoli en ese basto planeta de montañas azules y hielo de tonos rosas, una belleza extraña a la vista de coloridas luces.
– Un imperio se construye con el esfuerzo y sudor de un solo conquistador – inició sin prestar atención a las palabras de su hijo – pero una dinastía, un gran imperio, necesita de eslabones, esclavos y amos, necesita de una organización clara, con una cadena de mando contundente, lo que implica – obvió en un tono más sutil – que debes aprender a construir y delegar a los mandos inferiores – desvió con disimulo su mirada para comprobar que su mensaje hubiese sido entregado. Cooler viró para corroborar lo que creía estar escuchando, una declaración de la propia boca de su padre de que le consideraba el más adecuado de sus herederos para continuar con el legado
– Tu hermano tiene una capacidad de fuerza menor a la tuya, no deberías molestarte en que se encargue de asuntos que a la larga te beneficiaran… incluso si son en tu territorio– dio la vuelta dejando terminado el tema, Cooler permaneció inmóvil pensando en las palabras obtenidas, sabía que algo se encontraba detrás de esa intención, pero su orgullo era tan grande que no quería preguntarse si para su padre realmente él representaba un peón más o un sucesor consumado.
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El tiempo en aquel lugar corría de manera distinta, incluso el aire y la gravedad tenían diferentes condiciones, sus cuerpos se sentían cansados y convalecientes sin contar las aparentes humillaciones a las que eran sometidos en pruebas de fuerza y velocidad tan poco ortodoxas que más bien parecían caer en lo ridículo.
No sabían cuánto tiempo había pasado pero sentían que era una eternidad, preguntándose si en algún momento podrían recuperar la vida que dejaron, tal y como lo había prometido Kamisama.
Piccolo pese a la completa apatía con la que observaba y participaba de observaciones en el entrenamiento de Gokú, mantenía cierto interés en saber si ese conjunto de lo que consideraba payasadas le otorgaría una ventaja real sobre él. Permanecía mirando de reojo a su nuevo compañero, mientras meditaba justo detrás del maestro que les fue prometido y asegurado, como el salvador de sus esperanzas en alcanzar sus máximos potenciales.
- Sigue así y en poco tiempo conseguirás tener un mejor dominio – alentaba al joven saiyajin que con los ojos desorbitados arrastraba pesados aros gigantescos de un material denominado acero kacchin, que de acuerdo a los dioses era el de mayor resistencia, con gran entusiasmo observaba que su nuevo alumno había pasado con relativa facilidad las primeras pruebas y sin chistar demasiado, obedecía todos los pasos consecuentes de su entrenamiento, a diferencia del segundo alumno que aunque no lo deseara, le causaba cierto grado de incomodidad por su previa carta de presentación como integrante de la familia del mal. Sin embargo reconocía que quizá estaría entrenando un bien mayor, Kamisama le había convencido de que eran importantes aliados en contra de las mayores amenazas contra su porción de universo, aun impoluto de los males de la esclavitud que parecía acrecentarse, solo que, la diplomacia para conseguir los permisos de regresarlos a la vida parecía haber tenido más fracasos que victorias, de cualquier modo, se sentía profundamente responable por mantener el equilibrio en su galaxia asignada.
– Esto es ridículo – Piccolo se levantó de su sitio hastiado de escuchar los chillidos de su contraparte que asemejaba más al paso de una babosa que de un bípedo – ¡esto es absurdo! – vociferó dirigiéndose a un encolerizado Kaio que optó por permanecer de espaldas a su locutor.
– Nos has mantenido una eternidad en este sitio sin hacer nada importante, ¡puras boberías! y no tenemos ninguna información, ningún plazo de tiempo ni la certeza de que regresaremos – encolerizado continuó – a este paso seguramente la tierra ha sido invadida y no tiene caso alguno seguir perdiendo el tiempo en este lugar – se cruzó de brazos mirando con desdén el pequeño planeta verde donde se encontraban varados.
– La paciencia te puede conceder las victorias más certeras— enunció con serenidad
– La paciencia en exceso tiene otro nombre – se apartó rudamente de su oyente – desidia
Kaiosama suspiró dando un paso flojo hacia su aprendiz despreocupado
– Gokú deja de una buena vez eso y ven aquí – le ordenó
El atolondrado joven asintió y se apresuró a unirse a la conversación
– Piccolo, si consigues darle un solo golpe a Gokú terminaremos el entrenamiento y les llevare con Enmadaiosama a negociar su traslado inmediato –
– Ohhh – suspiró apenado Gokú –
– Sin embargo—prosiguió – si Gokú consigue derrotarte…– sonrió levemente – realizarás los entrenamientos desde el dia 1 y… te encargarás de alimentar a este barril sin fondo toda la semana – amenazó triunfal propinándose una mirada de odio del receptor más alto
– Oye eso es injusto – protesto el joven de la cabeza despeinada – Piccolo no sabe cocinar ¡Ni siquiera come! – chilló molesto
– y agradezco no depender de esas prácticas tan barbáricas como tu forma de comer – le gruñó ofendido
– Si voy a derrotarlo también merezco un premio – se cruzó de brazos tentando su suerte esperando una sutil reacción de su nuevo maestro
– ¿Qué clase de premio? – Se atrevió a preguntar temiendo alguna de sus ocurrencias sin sentido que en otras ocasiones le habían traído problemas – ¿qué es lo que estas planeando? –
– ¿En este lugar deben existir rivales aún más fuertes que nosotros no? –
– así es –
– ¿donde se encuentran ahora? –
Kaio realizó una pausa realzando una mueca de desagrado muy perceptible
–NO – contestó sin vacilar adivinando las intenciones de su pupilo impertinente
– ¡Vaaamos solo una visita! – Gesticuló insistente – no es como si fuéramos a matar a nadie aquí – rodó lo ojos poniendo de manifiesto su triste situación, que ocasionó una mueca involuntaria de su compañero de entrenamiento
– de acuerdo, pero dependiendo del resultado … – no acababa de decir esto cuando el veloz gi dejaba una estela de surcos en la tierra con un rostro desencajado de Piccolo, ojos abiertos de par en par sin poder adivinar qué fue lo que pasó para tenerlo en el suelo lleno de polvo inmóvil.
– ¿ya podemos irnos? – sonriente se colocó junto a su maestro, cual niño ansioso en busca de su recompensa. Kaiosama no podía cerrar la boca de la impresión de aquel acto que aún no terminaba de asimilar.
– Un... momento... sabandija – el maltrecho nameku se incorporaba más por fuerza de su orgullo que por la resistencia de su cuerpo – ¡todavía no hemos terminado! –
– de acuerdo – con una media sonrisa el saiyano atacó de nuevo. Piccolo esquivó uno de sus puños, libro una vuelta pero no alcanzo a observar la patada que se incrustaba sobre su abdomen y le mandó al vacío sin control de sus músculos o miembros, parecía ridículo que en solo dos movimientos estuviera viviendo lo que parecía ser la derrota más humillante. Pensado esto se enfureció y cargó toda su energía para intentar continuar en la batalla, pero por encima de él, ya aventajaba su oponente esperándolo con ambas manos entrelazadas para atestarle el golpe final.
Después de eso todo se nubló.
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– Majestad – se inclinó en una perfecta reverencia el soldado –Hemos recibido transmisiones de la grabación del escuadrón de recuperación de desertores…el saiyajin.. –
– Termina de una vez – Movía su copa exasperado mientras observaba el vacío estelar
– Los integrantes fueron… suponemos que la misión fracasó –
Sin pronunciar palabra el tirano frunció los labios en disgusto. El emisario temblaba ante el gesto esperando no perder la vida por llevar las malas nuevas, si bien era impredecible la reacción que tendría, era muy seguro que las malas noticias no eran su fuerte en respuestas piadosas.
– ¿Noticias del desertor? – sorprendió al mensajero con una tranquilidad inesperada
– N-no – ladeó la cabeza – suponemos murió durante el encuentro, al parecer todos cayeron en batalla– informó rápidamente.
– Bien, debemos entonces averiguar más sobre este planeta, puede sernos de algún valor posteriormente –
La falta de emoción en las palabras de Freezer consternó al soldado que permaceció de pie sin saber que contestar.
– ¡¿Y que sigues haciendo aquí!? – lanzó una mirada agresiva
– Con su permiso majestad– se apresuró nervioso y abandonó la sala
La noticia había sorprendido al monarca, no esperaba que hubiese resistencia alguna en contra de los soldados enviados, que si bien no pertenecían al rango élite, tampoco figuraban entre los soldados de menor clase de su ejército, lo que fuese que habitara ese planeta quizá poseía un potencial para explotar sus beneficios, quizá lo mejor sería organizar una partida de limpieza, después de todo nada indicaba que no pudiesen representar un problema a posteriori.
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En la inmensidad de estrellas, un brillo traslucido tenía la función de ocultar, a modo de espejos, un enorme objeto, dentro de un enorme orificio se podía constatar un número de soldados expectantes mirando en la misma dirección. De pronto, la atmósfera artificial de la nave se vio comprometida cuando a lo lejos una capsula se aproximaba a toda velocidad, como un destello aislado en el espacio. Bajo sus pies se encontraba el imponente planeta paradisiaco que parecía haberse perdido en el tiempo, un territorio libre de los peligros y a su vez falto de conocimientos que le pudieran proporcionar una verdadera defensa, todo un planeta en una falsa sensación de seguridad, pensaba un sombrío sujeto que con los brazos descansados detrás evocaba tanto pensamientos de recelo como de esperanza, quizá después de todo por fin lo habrían encontrado, la clave de sus éxitos a unos minutos de distancia.
Cuando la nave estuvo suficientemente cerca reconoció que la trayectoria de esta, no auguraba un buen aterrizaje.
– ¡Abran los interceptores de emergencia! – con firmeza ordenó a la cuadrilla a sus espaldas.
En un segundo desplegaban campos de energía que semejaban suaves cubiertas de seda
Al llegar al área el sonido estrepitoso rompió la concentración de los presentes quienes corrieron a averiguar si todo se encontraba en orden. De una diminuta esfera salieron expulsados violentamente tres personas en vergonzoso desbarajuste.
– ¡Que rayos Tarble! – Bulma se levantaba dando bocanadas de aire que apenas podían proporcionarle equilibrio.
– ¡Te dije que no era buena idea! – un molesto Tarble estrujaba su cola lastimada
– ¡Yo ni siquiera quería venir! – Krillin ya se acercaba tallando su cráneo, los tres sacudían sus vestimentas después del muy incómodo e imposible acomodo que mantuvieron durante algunos minutos.
– ¡Cállate! ¡Se supone que tú vienes a protegerme como un buen caballero! – Con las manos en la cintura la joven arqueó su ceja para en acto seguido caer en cuenta de todos los testigos de su ridículo intercambio que no disimulaban entre ellos sus miradas de decepción y sorpresa.
– Ejemm… – limpió su garganta el abochornado saiyajin al frente de lo que era un incrédulo líder de escuadrón quien de brazos cruzados le dirigía una mirada que reclamaba una explicación – no es lo que parece… – empezó en una extraña lengua
Bulma estuvo a punto de protestar por la falta de tacto con que era discriminada, pero notó inmediatamente que todos esos sujetos lucían realmente intimidantes, la gran mayoría con evidentes cicatrices de batalla, algunos de ellos poseían prótesis avanzadas, pero que no dejaban de ser recordatorios al público de que esos sujetos habían vivido en carne propia experiencias terribles de vida. El líder de ellos, un sujeto de estatura media, pero no por eso de menos presencia, tenía la mitad de sus miembros confeccionados en tosco acabado metálico, claramente no eran parte de la armadura grisácea y desgastada. Su expresión desafiante y actitud le hacían a la chica preguntarse si se trataba de un renegado espacial o realmente un dirigente militar, no se pedía un movimiento de su gesto inamovible. Tarble explicaba la situación delante de un anonadado Krillin cuyo semblante divagaba en adivinar de qué hablaban, Bulma se disponía a seguir al grupo, pero la vista interrumpió su curso.
alrededor de ellos toda una flotilla de naves era atendida y reparada, un taller avanzado de tecnologías nunca antes vistas, una cuadrilla de especies diferentes hablando en diferentes dialectos mientras saltaban por todos lados luces de los circuitos que reparaban con herramientas sofisticadas que si hubiese tenido que adivinar su uso, nunca lo hubiera logrado.
– ¡Esto es increíble! – con la sonrisa sobre las orejas miraba en todas direcciones.
–Ella es una de las mentes más brillantes del planeta, nos acompañara en la búsqueda – Tarble la presentaba al líder y el resto de los dirigentes presentes de la resistencia – El joven es un guerrero, también otro de los maestros de energía – el término quedó falto de entendimiento para los terrícolas y fue descartado.
El misterioso líder hizo un extraño movimiento a modo de saludo, siendo torpemente imitado por los incomodos terrícolas– Tenemos una nave lista para la travesía necesitada – se dirigió a la chica en su idioma natal – antes de que partan debemos tener una reunión con los líderes del grupo – cortó en seco.
– ¡Un momento! – Interrumpió Bulma– ¿Debemos salir de inmediato?... ¡Ni siquiera he alistado mi equipaje! ¡No puedo creer que no se den cuenta que soy una chica y necesito cosas!... – continuó refunfuñando en su característico tono chillón sin fin a sus demandas.
– ¿La mente más brillante? – resopló indirectamente hacia Tarble con el ceño fruncido haciendo que este último solo se encogiera de hombros. Fueron dirigidos a una sala contigua con un holográfico en funcionamiento, la silueta de dos individuos que permanecían inmóviles les esperaban, observando a los aparentes nuevos reclutas.
– Gracias capitán Kurat– una voz femenina contestó
–- Po fin podemos encontranos, autonombrados terrícolas – inició presnetandose, era una figura enigmática de un ser traslúcido, sin estructura muscular definida y largos brazos delicados, no podían apreciar la coloración de su piel pero su rostro era de finas facciones y grandes ojos rasgados que parecían abrir y cerrar en sentido opuesto a los conocidos por las criaturas terrestres – Soy Fennel, encargada de la organización de los ejércitos de la resistencia contra los tiranos del hielo, Tarble nos ha hablado de su peculiar situación y sus demandas para sumarse a nuestras filas, no tenemos tiempo que perder por lo que, necesitamos saber los motivos por los que es de vital importancia encontrar el planeta Namek– su voz era tranquila, pero tenía los tintes de una estricta líder militar.
Sin perder el tiempo, dado el precipitado transcurso de tiempo en el que ocurrían las cosas, Bulma se levantó dispuesta a hablar por el grupo.
– Necesitamos traer de regreso a nuestros amigos – soltó sin dar detalles, podía intuir que Tarble había guardado el secreto de las esferas por algún motivo y no pretendía echar a perder esa ventaja, no podían darse el lujo de tener más competidores en busca de un deseo.
– ¿Como piensan hacerlo y cuál es la razón por la que son tan indispensables? – el sereno capitán le interrogó
– Escuchen sé que esto parece absurdo… o muy sospechoso – Tarble intervino – pero deben confiar en ellos, uno de los sujetos que queremos regresar es otro Saiyano y muy probablemente es el que hemos estado buscando… –
– Oh Tarble ¿sigues con eso? – Kurat le dio la espalda – hemos permitido que busques nuevos aliados por tu valiosa aportación como espía y guerrero, pero ya ha sido demasiada ingenuidad – ¡el único modo de vencer a estos sujetos es con aliados más numerosos y poderosos! ¿Namek? ¡Ni siquiera sabemos si sigue ahí! –
– Denles lo que solicitan– con una cansada voz, la figura más pequeña habló levantándose de su asiento, estaba cubierta en ropajes que escurrían un líquido cristalino, ligero, los terrícola pensaron que probablemente se trataba de agua, debido a todas estas telas no podían apreciar su forma, pero sus manos poseían un gran número de arrugas – No debemos subestimar las viejas leyendas, hay una razón por la que existen y perduran, dentro de toda leyenda siempre hay un hito de verdad– ninguno de sus vasallos se atrevía a cuestionarla – si bien nadie tiene por seguro el futuro, podemos aprovechar el regalo del conocimiento para poder actuar, he visto que en este momento tiene una importancia decisiva que este grupo se encuentre en ese planeta– pausó debido al esfuerzo requerido para hablar
– Lady Arame– la tomó del brazo la delicada líder detrás del holográfico – usted… –
– Es la única forma, esto debe suceder– tosió pausadamente haciendo indicaciones a un grupo de pequeños hombrecillos amarillos que le ayudaron a moverse de sitio escalando hacia un tanque de líquido cristalino – Todo empezará en ese lugar – quedó mirando el vacío y descendió hasta perderse en el agua–
– Lo dejamos en tus manos Kurat – Fennel cortó la transmisión.
Kurat permaneció con los ojos cerrados un instante, no era su estilo ni convicción pero debía seguir las órdenes del alto mando, después de todo no habrían logrado tanto sin ayuda de esa mujer.
– ¿Quiénes son ellos?– Krillin preguntó a su nuevo camarada
– Ella es la general Fennel, no es fuerte pero es uno de los seres con mayor inteligencia – inició su explicación como si conocer a toda una civilización del espacio fuese lo más natural – y la anciana es Lady Arame, uno de los oráculos más viejos del mundo conocido, se dice que tiene el poder de tener visiones del futuro, es algo que se le otorga a los de su raza supongo– recordó antiguos mitos de los oráculos del mundo acuático, mas no quiso ahondar en detalles – gracias a sus predicciones hemos podido continuar con vida y fue por ella que me encontraron – no podía ocultar el orgullo que sentía de ser parte de esa organización, dentro de sus elementos contados tenían seres de incalculable valor, tanto en utilidad como en créditos por su cabeza para el imperio.
– Bueno preciosa– suspiró Kurat guiñando el ojo a una distraída Bulma– esperemos que realmente seas lo que este tonto dice de ti – señaló la salida sin importancia, Bulma, por alguna extraña razón quedó silenciada por el encuentro anterior, había tenido la impresión de que esa anciana le miraba de un modo extraño, como si escudriñando de algún modo el fondo de su persona, hubiera obtenido una respuesta. Toda esa sensación le producía escalofríos, demasiado para una sola tarde.
– Tarble tienes suerte de que esta sociedad esté llena de fanáticos ancestrales – realizó una mueca de burla obteniendo un ceño fruncido del aludido – el saiyajin invencible … pff … si me dieran células por cada vez que alguien saca otra leyenda de esas… tal vez tendría un cuerpo completo para partirles la cara– bufó irreverente conduciéndoles por los pasillos de la base, pasando la salida principal, era un laberinto de acero en pésimas condiciones, todos los circuitos semi visibles y teniendo fallas intermitentes de luz.
– Así es, chatarra flotante – dedicó una mirada por encima de su hombro a los transeúntes detrás suyo
–¡Rayos! ¿También leen la mente? – Krillin se exaltó
– ¡Cállate idiota! no ofendas a nuestros anfitriones – Bulma le dio un codazo
– No – contestó el capitán sonriendo– pero no se puede juzgar de otro modo lo que se ve – dio unos toquecitos a la lámina en la pared – pero por suerte para ustedes… – se detuvo frente a una compuerta cerrada presionando los circuitos de apertura – … también tenemos los mejores ladrones de nuestro lado–
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Freezer disfrutaba demasiado ese planeta. Tanto era su deleite que el resto de su familia le había convertido en su primer hogar aun por encima del planeta natal de los demonios del hielo, flotando sobre un cómodo diván futurista recibía la suave brisa helada sobre su piel. La tarde era perfecta y a su alrededor tenía todas las comodidades que con solo una seña llegaban a su alcance, bajo sus pies un conjunto de copas con líquidos diversos, era conocido por todos que la principal dieta de los icejin eran los líquidos y sus esclavos tenían el cuidado más detallado de que su amo no tuviera en falta una variedad a la altura de cualquier exigencia. Lo que más perturbaría la visión de cualquiera era que sus principales esclavos eran jóvenes mujeres, solo especies con dimorfismo sexual podían servir en el Palacio de Cellisca, contrario a lo que se esperaría, la selección del género no era por una cuestión sexual, sino por la eficiencia y delicadeza con la que ejecutaban sus tareas, factor decisivo para que fueran las predilectas de los emperadores, que disfrutaban ampliamente de la armoniosa belleza de sus movimientos y fragilidad con que podían ser destruidas.
De todos los rincones de su imperio ese planeta era su predilecto, pocos súbditos privilegiados conocían la ubicación, buscaba cualquier pretexto para acudir cuando las tareas del régimen no le absorbían. A diferencia de Cooler, el sabia equilibrar los tiempos de oscio y trabajo permitiéndose incluso tiempo libre para realizar pasatiempos agradables… como las batallas a muerte en los famosos coliseos de su padre.
– Lamento la tardanza – la comitiva de su padre abría las compuertas de cristales finos para dar paso al emperador
– Toma tu tiempo padre – se desperezó irguiéndose –
–De que era ese asunto urgente que tenemos que hablar? – Cold indicó a todos que se fueran, las mujeres reverenciaban alcanzando las salidas sin voltear
– Las minas de supresores están escaseando el mineral – turbado expresó – debemos encontrar otro depósito o nos quedaremos sin dispositivos que anulen energía – su seriedad indicaba más una molestia que una preocupación – no quiero tener que intervenir en todos los interrogatorios y castigos de rutina, tengo asuntos más importantes que resolver –
– Si sabes lo que hay que hacer ¿Por qué necesitas mi aprobación? – el emperador le cuestionó, estaba cansándose de todas esas reuniones cada vez más frecuentes e innecesarias de sus fastidiosos hijos
– Necesito una orden de autorización para el escuadrón de exploración en todo el imperio – Sus ojos rojos brillaron no pudiendo esconder su doble intención – incluyendo el territorio de mi hermano –
– Cooler ya no te dará ningún problema – aludió a su reunión previa – aclaramos las cosas hace unos días, todo está puesto a tu favor, más vale que no me decepciones – en uno de los holográficos plasmó su sello apagándolo para ponerlo en la mano del heredero menor
– Mándame más esclavos y prisioneros de preferencia fuertes – solicitó el más joven por ultimo – ya sabes que mueren por miles en esos lugares y me estoy quedando sin reservas –
Dicho eso se retiró con la encomienda en mano y el disgusto de su padre, pues las familiaridades con que le hablaba no le gustaban en absoluto, podía llegar a oídos del resto y ser revelada la verdadera preferencia de a quien le inclinaba la balanza del trono.
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– Menos mal que pude ir por semillas antes de venir – Krillin secaba su frente viendo cómo se avecinaba un viaje impensado que no había planeado. Al parecer, la resistencia habría conseguido una nave adecuada, irrastreable y muy rápida. En esos momentos el capitán de la sección daba las instrucciones de uso a una, aún más, confundida Bulma que constantemente lanzaba quejidos diversos, desde la ineficiencia de construcción de los prototipos de naves, hasta su posición desafortunada como evidente rehén del par de inútiles, que le arrastraban involuntariamente en otra aventura para la que ni siquiera tuvo tiempo de mentalizarse.
– Nosotros nos quedaremos haciendo guardia para su regreso – despejó la duda de los dos humanos presentes – si alguna amenaza aparece frente a su planeta nos encargaremos en medida de lo posible – se cruzó de brazos haciendo ruidos metálicos – aunque sería mucho más útil, en lugar de traer a la vida a un montón de inútiles, mejor llevar a su muerte a los tiranos que ocasionaron esto – con amargura expresó su descontento, seguramente lo que trajeran entre manos hablaba de una posibilidad de intercambio entre vida y muerte y alguna relación con las deidades prohibidas, sea cual fuere el método parecía posible que incluso pudieran remediar esa situación del mismo modo mágico en el que traerían de vuelta a esos sujetos de tan vital importancia, tanta pérdida de oportunidades y tiempo lo descomponía.
– Escucha, puede que no comprendas en estos momentos – Tarble intento una vez más encender su esperanza – pero he visto pelear de primera mano a este sujeto y debemos hacer todo lo posible por que la leyenda se cumpla, es nuestra misión…–
– Si, si, señor elegido, bla bla – agregó sin interés introduciendo las coordenadas a la nave – tenía que intentarlo –
– Cuando conozcas a Gokú sabras de lo que estamos hablando y cerrarás esa bocota– la orgullosa chica le soltó ofendida – solo tienes que sentarte en tu metálico trasero a esperar que resolvamos la solución a sus problemas – abordó la nave al tiempo que mediante un muy primitivo aparato de comunicación hablaba con su padre. El sorpendido sujeto la miró con los ojos bien abiertos
– ¡Tiene su carácter! – sujetó su barbilla perplejo, no podía entender por qué, pero algo en esa mujer no terminaba de agradarle
– No tienes idea – Krillin tomó una vieja caja de acero subiéndola a bordo
– ¿Cuándo partiremos? – Tarble cortó el hostil intercambio
– En cuanto traigan las provisiones necesarias y que su majestad esté lista para pilotear la nave– Kurat contestó alejándose del sitio para seguir con la organización del despegue. El joven saiyajin solo meneo la cabeza, esperaba no se hubiera llevado una impresión incorrecta, pero confiaba en que haría ver su valor con el tiempo, todos aceptarían que también era un valioso descubrimiento.
Freezer perseguía fines más ambiciosos que los mencionados, su comitiva de exploración había descubierto algunos datos interesantes y tenía en mente explotar cada oportunidad y rumor para volverse invencible, quizá en alguna expedición por fin encontraría esa tan anhelada fuente de inmortalidad de la que todos hablaban.
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Anestesiado al estilo primitivo, colgando del hombro de su amigo, volvió en si gracias al barullo del lugar donde acababan de llegar, sonidos de idiomas nunca antes escuchados, golpes y criaturas batiéndose entre sí, algunos usando técnicas incomprensibles desmaterializando objetos, adquiriendo otras formas físicas, todo un espectáculo de eventos extraños y fascinantes.
— ¡Bájame de una vez!— ordenó obteniendo respuesta inmediata de su compañero que lo soltó sin cuidado — no sé qué hiciste pero a la próxima no tendrás la misma suerte— disimulando su sorpresa enderezó sus ropas y caminó detrás del grupo
— este lugar es increíble Kaiosama! — el joven extasiado dirigió los ojos a todos los rincones sin tener suficiente de cada vistazo, todo ese basto sitio lleno de leyendas antiguas, tal cual le hubiese explicado en el camino su maestro, le estaba costando trabajo guardar la compostura tal y como fue la condición de su estancia
— aquí podrás encontrar todo tipo de oponentes de esta región de la galaxia, algunos de los más grandes maestros, pero otros ya no se encuentran en este plano— aclaró la redonda deidad — no te atrevas a pedir…. — más fue demasiado tarde, su pupilo se encontraba a medio camino de cometer las imprudencias que le caracterizaban.
— ¡oye!— llamó la atención de un sujeto de apariencia similar a la de piccolo que se encontraba cerca, le dedico una fría mirada y regresó a sus actividades sin tomar en cuenta dicho intercambio, Gokú, claramente ofuscado intentó de nuevo entablar una conversación, pero obtuvo el mismo resultado. — que sucede contigo? — voló hasta donde estaba el misterioso sujeto.
— No perteneces a este lugar— habló sin rodeos y con un ápice de desprecio en su voz – lárgate de aquí maldito saiyajin— flotó lejos de su presencia sin siquiera mirar atrás. Gokú, confundido viró en busca de la expresión de sus amigos, sin embargo el silencio del resto de los seres en el lugar hacia evidente que su presencia no era bien recibida.
– ¿Pero qué les pasa a todos? – talló su cabello intentando descifrar que pudo haber hecho en tan poco tiempo para merecer esa agreste bienvenida.
– Tal vez tu fama de imbécil te precede– Piccolo hizo mofa de su preocupación
– Gokú– kaio posó su mano sobre su hombro – quizá debí mencionarlo antes… pero tu raza ha sido una de las principales antagonistas de multiples civilizaciones en la hist…–
– antago..que? –
– hmm…–-
– Quiere decir que realmente tu fama te precede– la situación era demasiado absurda para el divertido Namekiano
– Vaya –- el aludido se cruzó de brazos – ¿Cómo pueden juzgarme todo un grupo de extraños sin conocerme? – su gesto de tristeza llegó a oídos de un misterioso anciano que había presenciado todo el espectáculo. Un sujeto desconocido de larga barba blanca y orejas en punta que a la vista podía confundirse con un anciano desubicado de la edad y época en la que existía. Aprovechando el momento en que todos quedaron callados se atrevió a llamar la atención, como si no tuviera importancia esa aura de inconformidad generalizada.
– Hubo un tiempo, hace muchos siglos – inició obteniendo la atención de todos – donde ser un saiyano era uno de los más altos honores…– aburrido movía los dedos jugando con una madeja de materiales volátiles, cual hilos de oro que anudaba aleatoriamente – pero desafortunadamente para todos los presentes…solo los más ancianos conocemos el secreto del gran poder de tu raza, un gran poder que no conoce límites, que puede ser usado para el bien y trágicamente… fulminante y brutal para el mal – La hermosa bola de finos hilos fue liberada flotando tranquilamente hasta la capa de Piccolo que al toque fue incendiada provocando una leve reacción de pánico de este
– Maldito viejo loco! – bramó el aún mas verde de enojo alienígena. El anciano se limitó a carcajear y volver a recostarse en su silla–
– Maestro, no pensé encontrarlo aquí – Kaiosama le saludo con propiedad – es el gran maestro Tharos – incitó a sus alumnos a reverenciarle – ¿que se encuentra haciendo en este lugar? –
Tharos era otro miembro de la raza de los kaioshin, sin embargo, su actitud irreverente le había conferido el exilio del selecto grupo de deidades habiéndole confinado únicamente a guardian de los campos de descanso de las almas de guerreros honorables. La conmoción de la mayoría de los habitantes del recinto llamó su atención.
– ¡En verdad es una fortuna ver esto! – golpeó sus rodillas con ahínco levantándose – Con que finalmente tenemos de nuevo aquí a uno – sonrió acercándose – puede que tú seas el ultimo corazón noble de la que fue la gran estirpe de los Hijos de Saiya – con amargura dio una palmada sobre su espalda – fueron una de las razas que mayor dominio tuvo como maestros del Ki –
– De que estas hablando? – la curiosidad de Gokú estaba al borde de sus límites, todo lo que salía de la boca de ese sujeto sonaba solemne y a la vez inentendible. El gesto de confusión de los oyentes hizo al maestro ladear inconforme la cabeza, se cruzó de brazos y se dispuso a explicar.
– Estudian técnicas y movimientos de fuerza, pero no tienen la paciencia de entender el origen de este poder – miró con reproche a Kaiosama que intentaba no hacer contacto visual – la fuente de sus poderes fue transferida a ustedes por los legendarios maestros del Ki, solo algunas especies pueden lograr el control de la energía corporal de estos modos, algunas como los saiyajin pueden tener dominios tan superiores que se vuelven seres casi invencibles, requieren técnicas complejas del dominio propio y exterior de la energía que nos rodea y construye – todos los presentes escuchaban la explicación sin perderse un solo sonido – si ustedes llegan a comprender el origen de la fuente de sus poderes los limites mentales desaparecerán, serán uno solo con sus movimientos y con toda la energía que existe… pero para eso… falta mucho camino– cerró sus ojos aburrido de la ignorancia que con los años se acrecentaba en los nuevos reclutas, buscó de nuevo su asiento. Podía intuir que se encontraba frente a dos de los mejores elementos que su universo podía proporcionar, pero sabía que aún faltaban muchas experiencias en batalla para conseguir ese estatus y quizá, quien sabe, ese saiyajin, un prodigio sin duda por las razones que le llevaban a ser el primero en pisar ese sitio en miles de años, podría ser una de las leyendas mas grandes de todos los tiempos con el potencial que sentía en su fuerza… pero solo el tiempo podría decidir eso.
Piccolo y Gokú alcanzaban a sentir que los límites del poder del ser frente a ellos no podían ser medidos con sus niveles convencionales, de algún modo no podían percibir la cantidad de energía que retenía, sin embargo simulaba que podía adueñarse incluso de sus mismas fuerzas.
– ¡Por favor concédame una prueba de su fuerza! – estúpidamente, sin meditarlo y totalmente energico Gokú se colocó frente a él. Su sonrisa destellaba con la intensa emoción que le daba encontrarse frente a alguien de ese nivel tan superior.
– ¡cállate idiota y compórtate! – Kaiosama se interpuso. Tharos no respondió, no se molestó, no se movió y solo emitió un sonido.
–No –
Gokú estuvo a un segundo de insistir una vez más, sin embargo Tharos realizó un fino movimiento con la mano, sintieron su voluntad desaparecer, desconectando su cuerpo de su mente, empezaron a alejarse abandonando de manera indeliberada e increíblemente vertiginosa, el área, dejando solo las trazas de sus gritos incrédulos.
– algún día… o en otra vida – susurro para sí dedicándole una última sonrisa.
_..._
– Estos viajes interestelares son demasiado aburridos –
Por séptima ocasión en el día Krillin se distraía jugando otra partida de solitario, todo el transcurso de tiempo encerrado durante meses con la misma tripulación de 3. Todo en demasía aburrido. Incluso podía jurar que a esas alturas distinguía el cambio de interfaces de los propulsores, a decir verdad, se estaba volviendo loco. Había intentado interactuar más con los tripulantes, pero la única conversación constante eran los descontentos de Bulma, quien ya había perdido todo interés… y pudor; deambulaba por ahí en semi-ropa interior, argumentando que el precipitado despegue no le había dado oportunidad de usar algo más adecuado y que los trajes proporcionados por sus proveedores eran grotescos, además muy varoniles para su gusto.
Por si eso no era suficiente para hacerle sentir sumamente incomodo, ella y Tarble se la pasaban conversando en otra lengua, la lengua intergaláctica que con mucho afán, el feliz saiyano se había encargado de enseñarles durante todo el viaje, era prácticamente sencilla, casi con las mismas bases que su propio idioma, pero algunas veces estaba tan hastiado de todo eso, que pretendía no entender nada y realizaba convenientes retiradas a dormir o hacer alguna cosa de más provecho. Que diferente hubiera sido si otro miembro de la pandilla les hubiese acompañado, ¡cielos! en ese momento hasta Gohan habría sido mejor compañía.
– Estamos a punto de aterrizar o ¿anamekizar?– tomando los controles de la nave, la chica indicó bromeando como toda una cerebrito. Palabras de gloria a los oídos de sus compañeros quienes corrieron al tablero de control y observaron la inmensidad de un mundo completamente ajeno a ellos, la magnanimidad de un planeta esmeralda, daba la impresión de ser más pequeño que el de ellos, más, no dejaba de ser impresionante estar frente a frente con todo un mundo alienígena, para Bulma era un sueño hecho realidad solo leído en sus renombradas novelas de ficción, estaba ansiosa por ser la primera humana en poner un pie en otra civilización.
– La atmósfera indica que esta hecho de los mismos elementos de la atmosfera terrestre, considero que posee agua y formas de carbono – orgullosa de sus lecturas anunció al resto, sin embargo solo ella podía entender la emoción de esos descubrimientos
– Que bien, pensé que esos trajes espaciales que tenemos serían incomodos – respondió Krillin como si se tratara de unas vacaciones en la nieve. Bulma retomó su atención al aterrizaje olvidando su vanagloria personal.
Cuando hubieron descendido, el estruendo de su nave llamó la atención de aldeanos circundantes que pudieron reunirse alrededor del artefacto extraño. Después de varios segundos de espera la compuerta se abrió dejando ver a los tres extraños seres. Krillin se adelantó con na postura defensiva, no sabían si ese comité de bienvenida tendría las mejores intenciones. El mosaico de tantos Namek era extrañamente familiar, una gran variedad de posibles versiones de Kami, ¡incluso niños!
– ¡No puede ser! – Tarble desembarcó con una actitud un poco más confiada, se frotaba los ojos sin poder creer lo que veía – ¡están vivos! – Se acercó eufórico a uno de los nativos – toda la galaxia piensa que estaban extintos – Les anuncio con emoción vislumbrando el paisaje azulado. Bulma observaba los alrededores en silencio, todo era extrañamente parecido a su planeta pero los colores estaban invertidos, se respiraba demasiada calma, no esperaba encontrar una atmosfera de tanta tranquilidad viniendo del planeta natal de Piccolo
–- ¿Quienes son ustedes? – el jefe de la aldea se aproximó receloso
– Venimos en son de paz – repitiendo el eslogan de las películas de alienígenas conocidas Bulma intervino aproximándose amigable – venimos de un planeta lejano llamado Tierra, los hemos buscado por mucho tiempo pues necesitamos su ayuda para poder… –
– Sabemos lo que buscan – uno de los jóvenes le interrumpió, hablando con dificultad la lengua intergaláctica que los demás no parecían dominar muy bien – Ningún extranjero tiene derecho, solo los nobles guerreros Namek tienen la oportunidad si prueba merecerla – explicó – esta es la razón por la que nos hemos mantenido apartados de todos ustedes, sus ambiciones y guerras, no les haremos daño, pero deben irse inmediatamente y advertir a los suyos de que si regresan, no tendrán la misma suerte – les amenazó. El resto de los aldeanos se miraban entre sí, no eran un pueblo agresivo, pero las lecciones otorgadas por otros forasteros no les habían dejado buen sabor de boca de las visitas del espacio.
– No lo entienden, esto es también para ayudar a otros namekianos– Krillin intentó razonar con ellos dándose a entender en el idioma recién aprendido. Los ánimos comenzaron a turbarse entre los terrícolas
– No buscamos hacer algún daño a su gente o el planeta, necesitamos esto para detener una guerra que incluso puede alcanzar a su planeta – Tarble comenzaba a molestarse, no importaba de que mundo se tratara siempre tenía que enfrentarse a la necedad y falta de cooperación de los habitantes, comenzaba a preguntarse si la constante de miedo a lo desconocido e indiferencia eran lo único que tendría en común toda forma de vida del universo.
– Esperen – el líder habló – los llevaremos con el gran patriarca, el será quien juzgue si dicen la verdad y sus intenciones –
Dos fuertes guerreros les condujeron a la cima de un risco, lejos de todas las aldeas que observaban bajo sus pies. Krillin cargaba a Bulma quien rápidamente trabajaba en pequeños dispositivos almacenados en su bolsillo, dándoles toques finales. No podría haber un intercambio si no podían entenderse entre todos.
Al llegar a las puertas del extraño templo, dos pequeños y el que podía ser el más fuerte Namekiano de todos los que percibieron, les esperaban. Sin hacer presentaciones convencionales se hicieron gestos y hablaron algunas palabras guturales, seguramente su idioma natal. Bulma puso frente a sus compañeros 5 dispositivos del tamaño de una pequeña semilla
– Son intercomunicadores para traducción– les aclaró frente a sus miradas desconcertadas – nos ayudaran a expresarnos mejor
– ¿Cielos Bulma cuantos crees que necesite? – arqueó una ceja el pequeño monje
– Tonto, tres son para nosotros y el resto es para ellos – torció una mueca obviando con las manos como debía fluir una comunicación entre dos negociantes, lógicamente ellos tampoco hablaban su idioma y solo ella y Tarble manejaban correctamente la lengua intergaláctica. Los tres se colocaron sus dispositivos e hicieron un ademán ofreciendo el resto a los oyentes. Solo el guardián del templo les imitó
– Mi nombre es Neil– les habló – síganme.
_..._
Alistaba sus guantes, miró al resto de sus congéneres prepararse mientras abordaban sus capsulas de viaje, colocó su rastreador ajustando la bitácora de viaje. Una vez que hubo asegurado seguir la pantomima a la perfección, modificó el sistema de coordenadas sin ser rastreado e ingresó a su nave.
– Nappa – llamó por el intercomunicador – No ajustes el crio-sueño aún, llegaremos en unas horas– crudo cortó, sin esperar respuestas transfiriendo los datos a sus secuaces sin mencionárselos.
Desde el día en que la anciana osó develar esa profecía, lo dicho no dejaba de rondarle la cabeza, cualquiera, incluso sus compañeros, podían traicionarle. No le gustaba dejar cabos sueltos y era ahora aún más reservado, especialmente con los suyos, la lealtad de sus subordinados era únicamente por la conveniencia de su protección, después de todo, él era uno de los soldados más fuertes y nadie más daría un pedazo de carbón por salvar a un saiyajin, vistos ahora tanto como criminales salvajes, que como marginados del imperio.
La planeación de ese viaje debía ser ejecutada cuidadosamente, si bien no tenía gran habilidad en la construcción de circuitos conocía bien el funcionamiento interno de los dispositivos usados por el ejército de Freezer, no había razón por la cual pudieran rastrearlo esta vez, todo estaba bien planeado. Frotaba sus palmas saboreando la cercanía con su destino final, a solo unas horas de su alcance.
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Espero les haya agradado, estoy emocionada por el próximo capítulo… por fin se conocerán todos? :P
gracias por leer y seguir la historia!
