Listo! Uno mas, me tomé la libertad de agregar un término de un fic que me encanta, la verdad cuando lo escuche me embelesó, ya lo sabrán más adelante. Por otro lado espero que les agrade la continuación.
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––––––––––––––––Capitulo VII–––––––––––––-Duelo de Saiyanos
El patriarca retiró sus manos de la frente del joven saiyajin, había obtenido la información necesaria. Los terrícolas aun no recobraban el sentido al presenciar ese espectáculo, debía ser el namekiano más grande que pudiese existir en la galaxia, su trono era sencillo sin embargo la solemnidad y profundidad de su tono merecía la atención de todo el que estuviera al alcance de su voz.
– Nunca pensé que llegaría a ver en persona este día – desde tiempos remotos, las historias de los primeros oráculos centraban en su planeta como el principio de la historia del fin de la tiranía, el planeta elegido que pisarían los motores del movimiento y finalmente, el elegido para acabar con la tiranía de los icejin para siempre – su causa será la nuestra – sonrió, encerrando el secreto de su felicidad para sí.
– Hijos míos – se dirigió al resto de los presentes – debemos convocar al dragón –
– ¡Wow! esto fue sorprendentemente fácil – Krillin ladeo la cabeza aun sin creer la suerte con la que corrían
– Esto no puede ser cierto – murmuró a sí misma la única fémina presente – su…¿majestad? – Insegura se dirigió al sabio líder – Tenemos dispositivos que ayudaran a localizar con mayor velocidad las esferas… –
– Eso no será necesario –- Nail intervino – un par de pequeños niños se dirigieron a un antiguo pedestal, encendiendo una extraña flama azulada. Pocos minutos después, uno a uno, de diferentes tallas y lugares del planeta, los líderes de las aldeas guardianas del tesoro Nameku, junto con sus respectivos representantes, volaban en dirección al templo sagrado, trayendo consigo las maravillosas orbes gigantes que iluminaron la visión de los esperanzados terrícolas.
– Debemos darnos prisa – inquirió animando a todos los que con velocidad se acercaban – el día de recibir al liberador por fin ha llegado–
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Una semana habría pasado desde aquel encuentro. La fuerza de Gokú se había incrementado notoriamente, sin embargo no podía dejar de lado el recuerdo de Tharos y ese incomprensible poder. No usaba la fuerza física, no poseía impresionante musculatura, ni grandes habilidades marciales, con seguridad ¡ni siquiera habría sido un gran conversador!, sin embargo había conseguido doblegarles con la facilidad de un pensamiento, un movimiento en su mano, sintió su misma voluntad separarse de su conciencia y todo lo que podía emular era un chirrido de dientes.
– Deja de darle vueltas – tal cual leyera su pensamiento, Piccolo le regresó a la sesión de entrenamiento – no importa cuanto lo intentes – agregó – hay criaturas con habilidades diferentes, es un universo grande, siempre serán un misterio para el resto – compartió su reflexión, dejando entre ver que también surcaba su mente la incógnita.
– ¡Que silenciosos! – una voz familiar les alcanzó – Pensé que los encontraría haciéndose pedazos mutuamente –-se soltó una risotada sincera
– ¡Yamcha! – el saiyano se aproximó – por fin están aquí! –
– Así es – Tien le respondió – Kamisama pudo concedernos cruzar el camino de la serpiente – Habríamos llegado antes pero gracias a alguien tuvimos un inconveniente en el palacio de la princesa serpiente–dedicó un gesto de desaprobación a un enrojecido Yamcha
– Solo tenía que descansar – explicó abochornado
– Yo pensé eso mismo –Gokú admitió inocentemente – pero para mi suerte Piccolo no me permitió hacerlo – le sonrió al resto del grupo sin darse cuenta de que su compañero de batallas permanecía a una distancia prudente del resto del grupo, receloso de su propia calma.
– es un gusto encontrarnos de nuevo– un alegre Chaoz se puso a su lado
– Menos mal que todos se encuentran aquí – Kaiosama se apresuró a darles la bienvenida – tengo entendido que realizarán el mismo entrenamiento que estos dos – cierta parte de él dudaba que pudieran seguir el paso – les advierto que no seré flexible, mucho esta en juego aún–
– Vamos Kaio, acaban de lleg …– un mareo inexplicable llegó a su mente, todo parecía estar al revés, zumbaba, un bullicio incesante, endemoniadamente confuso en su mente – ¡¿que está pasando?! –
– Estamos vivos de nuevo – alarmado Piccolo se acercó advirtiendo al resto, antes de poder decir algo Gokú se desmaterializó frente a sus ojos.
– ¡Aún no es tiempo! – Kaiosama desesperaba, recriminándose el haber olvidado revisar el mundo de los vivos, donde en ese momento se encontraban arruinando la secuencia de planes realizados por Kamisama y su persona – ¡El entrenamiento esta incompleto! – le gritó al vacío como último consuelo.
– ¿¡Que fue eso!? – aun sin creerlo Yamcha palpaba el espacio donde Gokú estuvo dos segundos antes
– Eso es lo que pasa cuando retrasas las cosas – una vez más Piccolo soltó inconforme a su maestro que no podía recuperarse de la velocidad con que los eventos habían ocurrido.
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Los azules cabellos de su cabeza volaban sin control salvajes debido a la cantidad de viento excesivo, una tormenta de aire donde mágicamente se había convocado el poderoso dragón original, la majestuosidad de su estatura y cuerpo, hacía ver a su propio Sheng Long como una versión inmadura de esa increíble deidad.
El espectáculo casi opacaba el terrible miedo que todos los pobladores experimentaban en el momento, puesto que unos segundos antes, la atmósfera se electrificó, el ensordecedor ruido de las ondas de resonancia marcaban el camino de naves, que en su contenido no anunciaban buenas nuevas. Arrancando el temor de los presentes, vislumbraron frente a ellos el aterrizaje de tres capsulas del imperio de Freezer, lo que había propiciado el pánico de los testigos de la ceremonia, abandonando el acto para buscar refugio o alertar a sus guerreros para el contraataque. Se formuló un cambio de planes inmediato en la mente de los terrícolas.
Pasaron los minutos y dos deseos habían sido pedidos, los festejos internos eran opacados por las primeras explosiones escuchadas a la distancia, todos permanecían a la expectativa, el oleaje de los cuerpos de agua rugía feroz y en medio de las caras admiradas finalmente apareció el último deseo frente a sus ojos.
– AHHH! – Con las manos abiertas, un rostro desorbitado se materializó de la nada bajo el escudriño y sorpresa de sus amigos
– GOKÚ! – corrió a abrazarle su viejo amigo, su corazón desenfrenado en busca de su esperanza
– ¿Pero que… Krillin? – miraba sin comprender a su efusivo cófrade
– ¡Rápido ponte esto! – Bulma colocó el traductor en su oído – ¡solo tú puedes detenerlos!
– ¿Qué? …No debían regresarme aún –intentó dialogar con el manojo de nervios que estaban vueltos esos camaradas, que corrían de un lado a otro alistándose. Gokú no comprendía nada. De pronto llegó a su sistema, como un rayo, la esencia de la emergencia. Su cabello sintió vibrar de nuevo la atmosfera de energía que le invadía como una bomba de adrenalina, las firmas de energía de nuevos enemigos creciendo. Entre ellos, una terrible, que le auguraba tendría un digno inicio en esta nueva oportunidad de encaramarse en una pelea de ensueño.
– ¡Debemos ir a detenerlos! – Tarble temblaba en medio del caos – ¡No aguantarán más tiempo! – admitió donde un instante más tarde se escuchó un poderoso estruendo
– Son Gokú – la poderosa voz del patriarca le sacó de concentración – al fin nuestros caminos pueden encontrarse, noble saiyajin – le sonrió indicando se acercara – en tus hombros estará cambiar el destino de la libertad de esta galaxia, no debes dudar, pues has nacido para esto – Hizo una pausa mientras sus amigos se veían entre sí, ¿de que hablaba ese hombre?. Extendió su mano sobre la cabeza del sujeto – La sabiduría de mis antecesores, nos ha permitido reavivar energía latente en los guerreros de nuestras tribus en momentos de desesperación, tengo el poder de desbloquear el potencial escondido en el centro de tu especie, si así lo requieres – invitó al aludido – debes tomar sabiamente esta decisión, el porvenir de nuestro planeta y el de muchas vidas estará en tus manos –
– No tomaré atajos– Gokú permaneció inmóvil, entrecerró sus puños encontrando únicamente su mirada vivaz con la del líder planetario
– ¿ESTAS LOCO? – Bulma rabiaba en su oído – ¡acéptalo! ¡¿No ves que estamos en un grave peligro?! – Furiosa alcanzó su solapa jalándole cual crío reprendido, aún con toda su estatura inclinándolo hasta encararlo –¡ acéptalo o yo misma te volveré a asesinar! –
El confiado saiyano la tomó de las manos despegándosela con paciencia– Agradezco su intención, pero – se inclinó hacia el milenario nameku – No haré trampas para alcanzar mi máximo poder – admitió seguro de sí mismo – debo obtenerlo por mi esfuerzo o no sería digno de tenerlo– al instante comprendió la situación sin tener que preguntar, dio la vuelta dispuesto a enfrentar la amenaza por la que le habían invocado a aparecer, rápidamente esa emoción que inundaba su alma en cada batalla comenzó a correr de nuevo en sus venas, todo el poder de su raza fluyendo desenfrenado por su sangre, estaba vivo de nuevo y era hora de probar su entrenamiento.
El patriarca le otorgó una sonrisa plena. Gokú regresó el saludo con dos dedos y desplegó su velocidad rumbo al corazón de la batalla.
– En verdad será todo lo que se espere de él – siendo solo audible por el saiyajin más joven, que ilusionado sentía haber encontrado la respuesta a sus preguntas.
–¡Ese idiota va a matarnos a todos de nuevo! – La fúrica mujer pisoteaba violenta, maldiciendo su suerte, augurando para si su prematuro fin – ¡Krillin dame las malditas semillas y sigue a ese imbécil antes de que lo vuelvan a matar! Iré a despeg.. –
– Lo siento Bulma pero no puedes quedarte aquí – advirtiendo el peligro Krillin la llevó a cuestas pese a todas las protestas y palabras obscenas que recibió de la fémina por esa acción.
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Alrededor del vestíbulo del palacio de los Cold no había un alma. Un silencio tan penetrante que incluso se escuchaban las conversaciones del exterior con claridad. Pocas eran las veces que podía verse tal espectáculo. Los dos titanes del imperio reunidos en la misma habitación. La razón del silencio era lógica, ambos conflictos de ego apenas se soportaban por reglas impuestas de convivencia, pero era una mezcla tan peligrosa, como juntar nitrógeno y glicerina sobre la pólvora de las problemáticas de invasión, un conflicto de intereses de ambos territorios.
– Me sorprende que tengas tanto interés en mis asuntos hermano– cruzado de brazos le vigilaba desparpajar cartas estelares antiguas pasándolas a su mano derecha, el insoportablemente engreído Salza, que documentaba rápidamente los datos holográficos comparando documentos entre si – te está agradando pasar tiempo en Cellisca? – aludió a los rumores conocidos del desagrado evocado por del castillo exquisito y el planeta de los seres serviles, que incluso les consideraban dioses. Cooler solo se limitó a ignorarlo con una mueca.
– No veo ningún acto fuera de lo normal – le replicó– si vas a estar husmeando en mi dominio debo estar enterado por si es necesaria mi intervención– fingió una falsa solidaridad, levantando una imperceptible risilla cómplice de su subordinado.
– Créeme que eso no será necesario – Freezer se movió de su puesto haciendo señas a Zarbon de aproximarle su cómodo asiento. El sonido de los papiros estrujados llamó su atención, irritándole la estampa de su hermano mirándoles de arriba abajo y cambiándoles de posición para entender su contenido… en vano.
– Cuidado con eso – escupió con escarnio – no eres conocido por tener habilidad manejando aditamentos frágiles – se burló incluyendo más de un sentido en su broma, lo cual fue entendido a la perfección por su hermano. Verlos discutir era el equivalente a la pelea de dos niños caprichosos, pero que podían destruir planetas en su arranque. Sus lacayos incondicionales no emitían un solo sonido para no provocar algún disgusto extra. Conocían categóricamente los procesos que debían seguir con cada uno. Terminando con la revisión, Salza se incorporó meneando la cabeza y extendiendo el documento con la firma de su amo para ser tomado por Zarbon.
– Perfecto, ahí tienes tu añorado permiso hermanito – se pavoneó de su posición como autoridad momentánea – no lo malgastes buscando tonterías como cosas mágicas inútiles – encontró su turno de zaherirse de otro de los rumores más sonados, las supersticiones recurrentes de su hermano. Era divertida la idea de verle como otro incauto obrero cualquiera ignorante y ciertamente el recordárselo le enfurecía.
Dispersando su rabieta interna, la endurecida apariencia del gobernante se cambió por un pensativo semblante.
– Sabes – caminó hacia la salida – hay un rumor de que hay toda clase de elementos extraños allá afuera – se defendió – pero en particular un agrupamiento tan grande de minerales de supresión energética, que abarca el tamaño de este continente – hizo un divertido mohín – cuando encuentre el sitio le diré a nuestro padre que seas el primero en ir a constatar su pureza en carne propia, espero que no sea muy doloroso – se retiró. Estaba al tanto de que no había sido su mejor respuesta, pero ese insolente le sacaba de quicio, incluso nublando sus brillantes respuestas sarcásticas, otra de las cualidades que tampoco soportaba de su querido hermano.
Afortunadamente las razones de su insistencia en buscar esos minerales le eran desconocidas a su familia directa. Freezer tenía el temor por primera vez en toda su existencia, temor de no tener ninguna defensa contra la amenaza que en un descuido habían despertado, si de algún modo podía combatirlos lo intentaría o en su defecto, integrar esa amenaza a sus filas para acabar con el estorbo que su hermano representaba… o cualquier otro enemigo, eran una herramienta versátil si la podía dominar, con suerte en algún momento, Cooler se cruzaría con ellos y lo eliminarían por él.
– Mi Lord quiere que ordene un escuadrón que se reúna con el de exploración de su hermano? – sugirió Salza terminando de reordenar todo
– No – limpió su cara con fastidio saliendo bruscamente sin decir algo más. Según su criterio no había encontrado nada que valiera la pena investigar.
El mutismo de su partida fue acompañado por la carcajada estridente de Zarbon que había presenciado la torpe perspicacia del hijo mayor de Cold. No podía perder esa oportunidad para relamer su envidia sobre el siempre adulado por el imperio, favorito de Cooler.
– Debe ser tan aberrante poseer ese intelecto, cuando debes ser arrastrado a decisiones tan pobres– miró entretenido a su homólogo en su camino a alcanzar a su líder. Salza levantó prolijamente todos sus documentos y le devolvió la sonrisa
– Dímelo tú, pues peor debe ser no poseer ninguno – le guiñó chasqueando los dientes y se fue.
Zarbon quedó con la boca abierta sin argumentos y solo lo miró alejarse en su pose erguida y pomposa como siempre. Algún día se las pagaría.
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Se levantaba el humo de los campos baldíos, cual zona de guerra el silencio sepulcral, dejaba escuchar el crepitar de los restos de las construcciones modestas incendiadas, que alguna vez albergaron la vida de los pacíficos pobladores, que ahora se encontraban dispersos por el suelo en un espantoso ensamble de pena y muerte. Hacía poco que habían llegado y sus oponentes no parecían estar dispuestos a ayudarles en su añorado cometido.
– Son unos monstruos – Bajo las garras de Vegeta, con todo su odio manifiesto, la figura del joven Nail encontraba el límite de sus fuerzas conteniendo sus músculos en el brazo de la corta figura que lo zarandeaba cual marioneta
– Gracias por el cumplido – Vegeta le humilló posicionándolo de un golpe a un lado de la escena – ahora repetiré… ¿dónde están esas malditas esferas, si no lo haces mataré a cada namek que respire en este planeta olvidado?– se cruzó de brazos ensimismado en sus amenazas
– No lo sabrás de mi – entrecortado soltó deshaciéndose de la voluntad de su cuerpo, sabía lo que sucedería.
– Tch, basura– bajo un halo de luz violeta su figura cayó inerte bajo la palma de Vegeta.
– ¡Nail! – Lloraron dos pequeños niños escondidos detrás de un muro de lo que simulaba la última construcción en pie de la aldea.
– Todavía quedan más – les señaló Raditz entretenido señalando con la cabeza el sitio donde se encontraba una gran fuente de energía lejos de ahí.
Los saiyanos despegaron al encuentro de esa intrigante energía, muy probablemente ese ser resguardaba el secreto que buscaban, la emoción de sus pensamientos solo podía ser igualada con la velocidad que imprimían en llegar a su destino final. A lo lejos un acantilado con una extraña construcción, ya podían saborear los gritos de sus víctimas.
Nappa levantó dos dedos al cielo evocando un ataque que destruyó toda la parte superior del templo, surgieron gritos lejanos ante la visión del monumento sagrado hecho pedazos. Satisfecho con el horror desatado en sus víctimas, no cayó en cuenta de que su siguiente ataque no llegaría.
Arrancado por una fuerza invisible Nappa se estrelló contra el siguiente acantilado atravesando las construcciones a su paso hasta detenerse en el fondo del cuerpo de agua. Los presentes volvieron la vista en el rastro de destrucción y encontraron al causante en pleno vuelo, aún con la pose de batalla sostenida. Un guerrero imponente, de rasgos extremadamente familiares y un flameante gi naranja.
– ¿Q-QUE? – exclamó Raditz sin dar crédito a sus ojos, abriéndolos como si un espectro se apareciera frente a él para traer la silueta de uno de los recuerdos más antiguos de su mente. El sonido del viento en su contra y esos ojos azabache levantándoles una barrera invisible. Ese olor escondido en lo profundo de sus memorias emergió, ese recuerdo y ese olor inconfundible.
– Ustedes son los causantes de esta masacre – el retador sentenció expirando en cada poro de su cuerpo una indignación casi tangible, en la distancia veía las ruinas y en las ropas de esos intrusos la sangre de los inocentes. Los rastreadores les traducían sus palabras a toda velocidad, pero no eran escuchados por el shock de la sorpresa para ambos.
Detrás de él, Raditz y Vegeta observaron que dos figuras más se aproximaban en la distancia.
– Van a pagar por lo que han hecho– amenazó en un idioma inentendible. Su figura se clavó en la mirada de los otros saiyanos como una revelación de algo que parecía imposible, un hecho inconcebible para todos ellos. Vegeta permaneció inmóvil contemplando en absorta mudez lo que a sus ojos era más que evidente, estaba, sin lugar a dudas, frente a frente con otro saiyajin.
– ¿¡Quién eres!? – Confundido, sorprendido, eufórico y rabioso, todo a la vez, ordenó revelar su identidad al misterioso oponente, su mente divagaba en dimensiones de odio, fascinación, duda, todo estaba ocurriendo muy rápido y mal. ¿Quién era ese tipo? ¿Cómo era posible tener frente a si otro congénere, evidente clase baja, que se atrevió a propinar tremenda golpiza a su segundo al mando? ¿Qué clase de broma era esta?
Gokú, anonadado en las mismas condiciones, no tenía oídos para esos cuestionamientos, pues los propios inundaban su cabeza como una marcha de termitas devorando su conciencia, los sujetos frente a el, tan similares en forma, los últimos de su raza, de no haber sido por la explicación de Tarble, quizá la curiosidad hubiese ganado mayor terreno, pero todo lo que podía sentir era repulsión, repulsión por esos seres crueles que sin quererlo, habían manipulado su destino, que ahora por fin tenía de frente y que sellarían su propio fin.
Entre el enfrentamiento de miradas, se fraguaba una mayor sorpresa para uno de los participantes de la batalla, al olerlo, al escucharlo hablar, todo regresó a su memoria, su vida pasada y los últimos días en Vegetasei, todo estaba retornando, la misma voz de su padre, la misma estampa y semblante, no podía haber más coincidencias en ese universo, solo había una explicación y tenía que ser él.
– Ka….¿Kakaroto? – Flaqueó Raditz en enunciar el nombre que no paraba de sonar en su mente –No puede ser… – lo miraba enajenado.
– ¿Que? – Vegeta regresó de su trance en esa inusual escena y le replicó – ¿Lo conoces?
– NO – Gokú cortó de golpe al reconocer el nombre que el mismo Tarble le mencionara como su nombre – Mi nombre es Son Gokú–
– Si – Continuó Raditz sin poder cerrar la boca de asombro, flotó torpemente hacia el ofuscado oponente – Es… él es... el – extendió la mano como si quisiera tocar un fantasma, no podía dejar de tartamudear – él es… él debe ser…debe ser…¡mi hermano!–
–¿¡QUÉ!? – le gritó Vegeta en un conjunto de emociones que salían a su vez, creyó su mente le estaba jugando una mala pasada bajo el efecto de lo que parecía haber entendido, su postura enteramente rígida.– ¿¡Tu.. Hermano!? – parecía estar igual o mayormente confundido.
Como si todo se tratase de un sueño, ninguno de los presentes pudo emitir sonido alguno intentando digerir toda la información que de pronto estalló en la más inverosímil situación, nada de lo que estaba sucediendo tenía el menor sentido, nada.
– Eres Kakaroto – Habló Raditz finalmente en una torpe imitación del idioma del primero – mi hermano–
–¿Que estás diciendo? – bajó su defensa casi descuidando por completo su pose de batalla, no podía entender lo que el de larga cabellera le decía. ¿Hermano? No sabía si le hermanaba por su especie o por su sangre, pero algo le decía que ese sujeto lo conocía y que no era una coincidencia por lo que optó darle ese término.
Nappa se incorporó de su prematura tumba, levantándose mientras secaba el agua de sus orbes. Voló de regreso con rabia para devolver el ataque a quien osó interrumpirle.
– ¡Maldito incauto, pagarás por eso! – como un proyectil se disparó hacia el saiyajin del Gi naranja.
Gokú sintió el movimiento veloz del oponente, evadió con maestría el ataque girando sobre si, posicionando un gancho bajo las costillas del gigante, Nappa devolvió el ataque con una poderosa patada sobre su cabeza, Gokú evadió, en segundos dobló su cuerpo en reversa y levantando las piernas apuntó una patada doble al abdomen del saiyano. El corpulento hombre voló por los cielos por segunda vez, detuvo su trayectoria con un despliegue de ki que le ayudó a incorporarse con suma dificultad.
Todos descendieron al suelo.
–¿¡ Kakaroto que estás haciendo aquí!? – el retumbar de los golpes hizo reaccionar a Raditz de su trance.
– ¿¡Que está pasando aquí!? – regresando de la golpiza Nappa intentó aclarar la intervención
Tarble, Krillin y Bulma aparecieron en la escena aterrizando tímidamente en el campo de batalla llamando la atención de los contrincantes.
– ¿Qué estás haciendo aquí despreciable traidor? – Ladró Nappa al reconocer al viejo subordinado que ahora acompañaba a sus enemigos.
Al reconocerlo Vegeta nubló su mente con la más pura vacilación, miró a su anterior subordinado, al calvo, a la mujer que le acompañaba.
– ¡¿Nappa que significa esto?! – sintió la ira igualar su nivel de confusión, miraba perplejo al comité de bienvenida y prestaba fúrica mirada al infortunado Tarble que le replicaba el mismo sobrecejo con la misma intensidad de odio – ¡Dijiste que este imbécil había muerto! –
– ¿Tarble? – Raditz se volvió sin creer lo que estaba frente a si – ¿Qué estás haciendo con Kakaroto? – la naturalidad de su pregunta no tenía tono de amenaza alguna, el cuadro era simplemente inverosímil..
– Krillin, Bulma, tomen a los sobrevivientes y aléjense rápido de aquí! – Tarble de dirigió a sus compañeros sin poder disimular la tensión y miedo que aquellos hombres le producían. Viró para encontrarse con el semblante atónito de Bulma – Son … ellos –
Bulma, estremecida, regresó la vista a las figuras que permanecían inmóviles al frente, las figuras que protagonizaban las pesadillas de su imaginación, que ahora obtenían rostros, todo lo que había relatado su joven amigo ahora se materializaba como una realidad ante a ella. Los tres hombres cuya fuerza devastaba planetas enteros, se encontraban de pie frente a ella y el que reconocía como el más terrible de ellos, el saiyano de menor estatura, cuyos ojos del negro más puro que hubiese visto, poseía una mirada helada, fiera que ahora la escudriñaba, que le hacía temblar hasta el centro más recóndito de su ser.
– ¡Krillin! – Se aferró al brazo de su amigo – ¡sácame de aquí! ¿¡Qué esperas!? – gimoteó sin poder despegar su rostro de la imagen
– Ustedes no irán a ninguna parte – Nappa lanzó un ataque de energía sobre ellos, más la velocidad de Gokú fue mayor rebotando el destello con su antebrazo para descender frente a ellos.
– ¡Eres un imbécil Kakaroto! – Objetó molesto su hermano – ¡Te aliaste con las criaturas inferiores que se suponía debías destruir! –
– Te ordeno me expliques quien es este individuo– en un ultimátum Vegeta lo sujetó del cuello de su armadura amenazándolo, no soportaba permanecer más tiempo bajo el velo de la ignorancia.
– Kakaroto es mi hermano de sangre completa – explicó – fue enviado a algún planeta lejano cuando era un infante, no supimos nada de su supervivencia ni reportó jamás el éxito de su misión, supusimos había muerto –
– ¿Y que está haciendo aquí? – preguntó Nappa dirigiéndose en mayor medida a Gokú que al narrador de la historia
– ¿Tarble, es verdad lo que dijo? – sin prestar atención al intercambio Gokú miró a su aliado más reciente buscando respuestas – Este sujeto… ¿Dijo que es mi hermano? – La pausa que le siguió le dio la corazonada de que sus sospechas eran correctas.
– Si– apenado admitió sin dar la cara –lo corroboraba la base donde encontré tus datos– Sabía lo decepcionante que esa realidad era para alguien que compartía su valoración de justicia.
Gokú se hundió en un estado de shock sin poder contener el desagrado impuesto sobre sus facciones, giró lentamente hacia el grupo de nuevos enemigos que discutían a su vez entre sí, el develamiento era en sobremanera duro de aceptar, quizá el único familiar que le quedaba en la galaxia y se trataba de un despiadado ser que el destino habría reservado para ser su enemigo, no había forma de que esa revelación pudiera representar algo bueno.
– Qué pena que esto sea tan decepcionante para ti como lo es para mí – Raditz le interrumpió– más, si vas a interponerte, entonces tendré que eliminarte –
– Quiero ver que lo intentes – con plena confianza espetó su hermano menor.
El aire alrededor se volvió denso, el excitante olor a desafío llevaba las pupilas de todos los presentes que empezaban a desatar el inicio de la contienda. Krillin observó a los pequeños namekusei que estaban en el templo cercano aproximarse con trémulo seguidos de un casi al borde de sus fuerzas patriarca, que intentó frenar la batalla, su paso cansado se detuvo al borde del litoral donde habló con tranquilidad. El mayor de los pequeños se alejó en vuelo para socorrer al cuerpo del joven namekiano que permanecía inmóvil en la distancia.
– Detenganse forasteros – su voz retumbaba en los limites del acantilado, el eco de sus años vividos imponía respeto incluso de sus nuevos enemigos.
–Llegara el tiempo de las batallas de honor, más, su enemigo no puede ser su misma sangre –
– Si eres un vidente, entonces sabes lo que venimos a buscar – Raditz contestó arrogante – si no cooperas toda tu gente y estos idiotas perecerán contigo –
–La venganza – enfocó sus palabras sobre el líder – nunca la venganza ha plasmado un final glorioso en la historia– su mensaje dio en el objetivo al endurecer aún mas los rasgos de un encolerizado Vegeta –desiste y márchense puesto que un camino aún mas doloroso les esperará –
– No– intervino para contestarle – y sabrás lo que es dolor si no haces lo que decimos, pues.. – pausó con una risa que denotaba la sed de sus colmillos – no sabes a quien te enfrentas–
– De cierto lo se…– pauso tomando su bastón– Vegeta… el ultimo príncipe de los hijos de Saiya–
Detuvo su marcha asesina al instante, creyó nunca más volver a escuchar el titulo ancestral de su casa, enunciado ahora por un extraño que apenas conocía y ahora le recordaba ser el último vestigio viviente de la realeza de su raza, todo lo que quedaba de la historia de su pueblo moriría con ellos cinco.
– es una pena lo que la ambición, el poder y violencia ha hecho de tu pueblo– le condescendió en su sentir– No terminará aquí el destino de tu casa si así lo eliges, deberás enfrentarte a decisiones más duras que esta, vivan hoy para pelear mañana como uno solo–
Contrario al efecto que esperaba, con sus palabras no hizo más que encender el orgullo del irascible saiyajin, ¿Cómo podía el patriarca sugerir tal cosa? no necesitaba de nadie para lograr su objetivo, no le importaba que se quedara como el ultimo de su especie, si había de alcanzar la gloria sería por su propia mano, aunque la vida y toda su historia se le fuera en ello.
– ¡suficiente charla! –Nappa arrojó un rayó sobre el benévolo anciano, pero este fue bloqueado por un inesperado contrincante
–Nail – el pequeño namek gritó al ver aparecer a su amigo en el campo de batalla de nuevo
–Resguarden al patriarca – ordenó a los niños quienes condujeron al sorprendido anciano de vuelta
– ¿Que demonios significa eso? – Nappa señaló al espectáculo de resurrección del que habían sido testigos. Al notar que ponía en peligro el uso de su estrategia secreta Nail retrocedió colocando al niño detrás de su cuerpo-
– ¿Son inmortales? – Krillin habló en voz baja hacia Gokú
– Déjalo Nappa – ordenó Vegeta – No importa cuántas veces reanimen a estas sabandijas – esbozó con una maldad burlona – el resultado será siempre el mismo… los aplastaremos – amenazó en una suave voz que infundia temor.
Acto seguido todos tomaron poses de ofensiva, nerviosos por el inicio de lo que auguraba ser el encuentro más impetuoso de sus vidas. Gokú podía sentir su latido levantarse al ritmo de la emoción del calor de la pelea, todo su cuerpo tenso, listo para el ataque.
–¡Despídete de tus amigos Kakarotto! – despegó del suelo Raditz, se encontró una barrera impenetrable sumergiéndose en su esternón, el codo de su hermano.
Se despegó del mismo cayendo al suelo en un grito de dolor. Gokú permaneció de pie observándole pendenciero, Raditz tiró un giro en el suelo pateando sus piernas, Gokú se sostuvo con un solo brazo arqueando las piernas para empuñar ambos pies en la cara de su hermano. El saiyano mayor se deslizó en estampida por el suelo solo pudiendo detenerse con los nudillos aferrados.
– ¿¡Raditz imbécil que estas haciendo!? – Nappa vociferó al ver la somanta que recibía su compañero.
Raditz limpió el rastro de sangre de su frente con el antebrazo mientras su ceño se frustraba al observar que su oponente no tenía ningún daño y su fuerza parecía no ser suficiente para enfrentarle.
Aspiró y dió un salto para colocarse detrás en un zumbido
– ¿Q-quee? – Gokú sintió una rodilla incrustarse en su cuello elevándolo a una altura increíble, Raditz se elevó, su melena salvaje volando contra el viento, golpes mixtos al frente lanzó sus mejores movimientos contra su hermano, su frustración crecía al no poder atinar uno solo de sus ataques. Gokú evadia con facilidad cada uno de sus movimientos, esquivó su brazo para tomarlo, codazo sobre su rostro y cargó un ataque de ki sobre su centro lanzando a Raditz haciendo un cráter en el suelo.
Desde el suelo, un halo rosa atravesó el espacio para estrellarse contra Gokú, la onda expansiva se levantó en una explosión alrededor del saiyajin en el cielo y por un momento se nubló la visión de los espectadores.
– ¡Es tu fin Kakaroto! – Vitoreó Raditz incorporándose con dificultad.
Al disiparse el humo provocado, un resplandor amarillo voló en dirección contraria a su ataque.
– ¡N-NOO! – Su voz se desvaneció en segundos y su cuerpo inerte cayó vencido, emanando humo de su armadura destrozada completamente inconsciente. Gokú descendió en una pieza, ligeras rozaduras en su vestimenta y dando la espalda al resto de los saiyanos les volvió el rostro por encima del hombro
– Váyanse si no quieren morir – les intimidó feroz.
-– ¡Te quitaré esa arrogancia malnacido! – Nappa intervino arrojándose en consecuencia contra el oponente vencedor.
Gokú detuvo su puño en su palma, la presión de su fuerza salió en ráfagas en todas direcciones, Nappa intentaba con todos sus movimientos atinar un golpe decisivo, pero su estatura y peso se inclinaban en contra de la velocidad, precisión de los ataques del saiyano más joven. En desesperación empezó a disparar una lluvia de disparos de ki contra Gokú, los que este desviaba y evadía con exactitud.
Vegeta observaba en silencio lo que parecía ser una verdadera amenaza, pese a él mismo poseer un poder abrumador, sabía que quizá estaba enfrentándose a un verdadero rival, aunque se tratara de una escoria de clase baja no perdía interés en observar los límites de ese individuo. Nappa perdía velocidad y concentración a cada segundo que la pelea avanzaba, en el correr de tiempo era más notorio quien terminaría perdiendo la batalla. Vegeta sintió una rabia exponencial, al ver a su guardaespaldas perder el control de sus movimientos, mientras el otro saiyajin le propinaba la golpiza de su vida, no había cabida para un solo momento de defensa y se disipaba cada vez más la oportunidad haciendo una diferencia abismal entre los dos oponentes.
Cegado de ira y avergonzado de la poca peripecia de sus subordinados, decidió acabar de una vez con ambos, la vergüenza de su raza humillada por un guerrero de clase baja derrotando a sus soldados era insoportable. No le importaba respetar el orden de pelea. Dobló sus palmas por detrás y un destello violeta escapó de sus dedos.
– GALLICK HOO…–
– ¡GALICK HOO! – Tarble disparó sobre el príncipe antes de que este concretara el ataque y lo lanzó brutalmente contra la montaña a sus espaldas, el estruendo destruyó el escenario levantando una inmensa nube de escombros y tierra.
Nadie entendió que había sucedido hasta unos segundos más tarde disipada la fuerza del asalto.
– Miserable rata traidora – Murmuró Vegeta levantándose del desastre que le rodeaba – ¿AHORA TAMBIEN ROBAS MIS ATAQUES? – Cerró sus puños y rebajó el rostro entre los hombros como una bestia rabiosa – Espero que te hayas divertido con tus nuevos aliados, AQUÍ COMPARTIRÁN SU TUMBA –
Tarble sintió el temblor en sus piernas mientras sentía acercarse a Vegeta lentamente, con la furia de un tigre, ya no había vuelta atrás, el duelo que temió desde que lo conoció, ocurriría.
No se preparó para la velocidad mortal del príncipe, que en un segundo tenía su rodilla en su abdomen, le levantó tirándole del cabello y plantó su fiero gancho sobre su rostro como una ametralladora de dolor que casi le robaba la conciencia, Tarble dribló de último, giro agachándose y atinando una patada al costado derecho de Vegeta, éste contuvo su pierna y clavó su codo en la espalda del más joven sepultándolo en un grito de dolor.
– ¡Gokú, salvalo! – Bulma suplicó en un grito de horror, interrumpiendo la pelea de su amigo, mientras veía en segundos toda la brutalidad desatada sobre el chico.
Tarble sentía su cabeza apresada entre las rocas y la presión del pie del sanguinario saiyano quien reía mientras infringía gritos de dolor a su oponente.
– ¡Basta! – Gokú atinó un puñetazo al príncipe que no lo vió llegar, logró alejarlo del saiyajin más pequeño.
Nappa, tambaleándose sin aliento, siguió a terminar la tunda al Saiyajin en el suelo, Tarble se levantó empujándose ágil con las dos manos, se apartó aún mareado de la golpiza y limpió sus ojos para enfrentarse al Saiyajin corpulento que se encontraba ya al límite de sus fuerzas.
Vegeta se frenó como un felino, levantándose en sus dos piernas para mirar al osado oponente que lo desafió, ambos se contemplaban y toda su rabia transformada en un temblor que deslizaba choques eléctricos al ambiente. Ambos oponentes centrados en el movimiento del otro, Gokú sentía su tremenda fuerza emerger mientras Vegeta rondaba evaluando sus mejores movimientos.
Tarble aprovechó la distracción de la pelea protagónica, y sostuvo con toda la energía que reservaba un combo de golpes y patadas sobre Nappa, su aún persistente viveza consiguió darle ventaja sobre el abatido saiyajin quien recibia de lleno todos sus ataques. Tarble aplicaba un destello de energía en su mano cuando una onda expansiva desequilibró a todos lanzándolos por el aire. En shock todos volvieron su vista al origen al unánimemente.
El puño de vegeta y Gokú unidos en chispas de intensidad de lo que fue un poderoso encuentro, el duelo de los titanes daba inicio. La vista de todos giraba en agonía vitoreando cada uno al oponente de sus esperanzas.
Gokú lanzó la primera ofensiva, Vegeta esquivó y se entrelazaron en un intercambio de fuerza, sostuvo su palma y vegeta dobló en reversa clavando el codo en sus omóplatos, se incorporó en el aire y Vegeta dió saltos ágiles en reversa poniendo espacio. Gokú le siguió y haciendo rebote en un risco vegeta regresó con tremenda rapidez atinando un gancho lateral en la cara de Gokú, este respondió lanzándose contra el suelo para brincar en contra de Vegeta, uno a uno los golpes resonaban en el eco del escenario, la adrenalina en la punta de los dedos de cada uno.
– ¿Que sucede Kakaroto ese es todo tu poder? – atizó la llama de la provocación – ¿Con eso venciste a Raditz y a Nappa? –
Gokú podía sentir la desesperación del cansancio asomarse, sin embargo su corazón sentía la emoción más viva que jamás hubiese sentido, podía sentir toda su sangre hervir en la promesa de la mejor contienda de su vida. Sin ver más salida concentró toda su energía, al punto de emitir el grito que liberó su mejor técnica.
– KAIOKEN! –
La mirada de sorpresa de Vegeta no terminó de dibujarse cuando una ola de ganchos que no podía contener atravesaron su carne, propinándole una vergonzosa horda de confusión, no podía permanecer en pie y haciendo uso de su velocidad se alejó jadeando, recobrando la compostura.
– ¡Tu puedes Gokú! ¡Mata ese desgraciado! – Levantaba eufórica Bulma sus manos hacia su héroe.
– ¡Bulma no lo provoques! – Krillin tapó su boca y le arrastró detrás de unas rocas para esconderse, nada podían hacer frente al despliegue de fuerza que se desenvolvía más que esperar.
Nappa recuperaba su respiración asombrado de la capacidad de resistencia de su enemigo capaz de hacerle frente al mismo Vegeta, que el tanto temía. Corrió hacia Tarble, intentó su último ataque a lo que este con una descarga de ki lo terminó enterrando en los escombros donde Raditz yacía inconsciente, podía observar que la respiración del gigante se alentaba en señal de noqueo. Tarble corrió a alcanzar a los terrícolas.
La batalla principal continuaba en estruendos ensordecedores que recorrían el aire como truenos, Vegeta infringía una mayor cantidad de energía poniéndose por encima de la fuerza de los embates de Gokú y este, viendo crecer su desventaja, decidió arriesgarse antes de perder el control.
– ¡TRIPLE KAIOKEN! –
– ¡Pero qu..! –
El cuerpo de vegeta salió disparado rebasando su control para impactarse bajo la tibia de Gokú, acto seguido contra sus dos manos que le martillaban sin piedad, instaló finalmente un duro uppercut que casi le obliga a perder la conciencia. Antes de continuar se retiró posicionándose sobre el acantilado para exhalar e inhalar y observar que corría un hilo de sangre sobre su rostro.
– MALDITO INSECTO –se sorprendió fijando sus ojos a la sangre dispersa en el guante que pasó por su herida – ¡Como te atreves a derramar mi sangre real! –
Gokú se abalanzó sobre el atinando otro crochet que le envió a impactarse contra una montaña, Vegeta explotó en rabia y decidió terminar de una vez por todas con la batalla. Levantó su palma y emitió una extraña luz blanca que descansó en la atmósfera.
La escandalosa risa de locura de Vegeta se escuchó por todo el paraje
– VAS A MORIR BASURA–
Mirando a la extraña luz su cuerpo empezó a emitir rugidos salvajes mientras se deformaba en una poderosa y gigantezca bestia que rasgaba la vista de todos en terror.
–¡No es posible! – gritaron Krillin y Bulma al unísono, habían olvidado ese pequeño detalle del apéndice peligroso.
Gokú intentó frenarle de un golpe, un enorme rayó salido de su boca lo impacto y fulminó, la palma gigante del monstruo le remató haciéndolo caer como una insignificante mosca, antes de recibir la planta del enorme pie, Gokú salto solo para ser abatido una vez más por las manos del terrible ôzaru.
Apresado y luchando por escapar Gokú desgarraba en su garganta gritos de agonía mientras Vegeta lo aplastaba sin piedad entre sus manos
– Ni si quiera puedes escapar de mi – le apresó con más fuerza – lo siento, creo que te rompí un hueso – se mofó al sentir el crujir del cuerpo de su oponente que no podía emitir más sonido que alaridos ante la tortura.
– ¡Krillin haz algo! – Bulma en rabia le exigió
Krillin comenzó a formar un enorme Kienzan sobre su mano pero un nuevo temblor sacudió su concentración.
– ¡Que demon…– Vociferó Bulma mientras un nuevo cumulo de rugidos emergían atronadores sobre sus cabezas. Golpeando su pecho y en destrucción sin sentido lo que solía ser Tarble se erguía en la forma de otro Ôzaru feroz
Tratando de ponerse a salvo los terrícolas y los namekianos corrieron a refugiarse. El saiyano sin conciencia se encargaba de hacer pedazos todo lo que estuviese en su vista, Vegeta le miró inmóvil aún sosteniendo el cuerpo de su rival, la rabia de la transformación de Tarble era incontenible. A punto de atentar en contra de sus amigos, Bulma se atrevió a gritarle
– ¡NO TARBLE! – gritó cubriéndose de los restos de rocas volando sobre su cabeza – No somos tus enemigos ¡reacciona! por favor ¡REACCIONA! –
Los rugidos del mono se detuvieron y Bulma encontró su oportunidad.
– ¡Tarble! ¿¡Quién asesinó a tu familia!? ¿¡Quien destruyó tu planeta!? ¿¡Quién te sometió a su voluntad!?– Saliendo de su escondite se atrevió a acercarse a la giganteza mano del simio en silencio – FUE ÉL–
Como si hubiese sido sorprendido, Tarble enfocó toda su rabia en un rugido sin límites que respondió lanzándose bestial sobre el otro Ôzaru en su alcance, Vegeta no pudo esquivar su fuerza cayendo junto con él entrelazados como dos fieras que se despedazaban en brutal batalla, peleaban como animales hambrientos sin orden o técnica, revolviendo todos los obstáculos, levantando montañas del suelo en inigualable destrucción, los rugidos, los temblores sacudían todo el páramo. Gokú que había caído al impacto de los dos simios gigantes intentaba levantarse de sus innumerables heridas. Nail corrió a socorrerle intentando poner espacio entre todos ellos y las inconcebibles fieras que ahora ponían en peligro la integridad de todo el planeta.
– Debemos detenerlos antes de que esto sea un peligro para todos – Nail habló a todos los testigos quienes no podían despegar sus ojos del horrendo espectáculo, los dos arrancaban pedazos del otro mordiendo, golpenado, desgarrando, la sangre regada por toda la escena, los proyectiles de energía salían disparados a todos lados pulverizando el escenario.
Tarble no era completamente consiente, pero sentía el mayor gozo de su vida, hacía cuánto daño era posible, podía intoxicarse oliendo la sangre de las heridas de Vegeta, aunque este último estaba acabándole a un ritmo más severo que el que Tarble asentaba. Vegeta esperaba ese instante para destruir al desertor de su clan, loco de ira no contenía su fuerza ni sus técnicas siempre ejecutadas impecables, en ese momento no era un príncipe, sino una embravecida bestia.
– ¡Debemos detenerlos nos mataran a todos! – Krillin clamó a Gokú quien luchaba por ponerse de pie en vano intentando hacer otro kienzan
– ¡No! –Bulma gritó con todas sus fuerzas – ¡si lo haces herirás a Tarble y perderá! ¡Si alguien resulta herido podremos revivirlos con las esferas de nuestro planeta! –
– ¡KA-ME-HA -ME… –
Evaluando el riesgo, Krilllin invocó la técnica predilecta contra la luna artificial sobre ellos
–HA! – Disparó deshaciendo el artificio. Los temblores despertaron a Nappa quien arrastrándose abrió los ojos intentando comprender la escena, su terror se volvió tangible al denotar de quienes se trataba, una escena de carnicería y desastre que debía frenar o lo lamentaría después.
Los dos saiyanos en batalla perdieron sus transformaciones al instante y Tarble cayó inconciente a los pies de un Vegeta que con toda su fuerza y ensangrentado luchaba por mantenerse en pie, aun jadeando, sofocado por sus múltiples heridas avanzó.
– Eres un estúpido Tarble – gruñó pausado atragantándose con su sangre, sosteniendo su peso sobre sus rodillas – terminaré lo que debí haber hecho desde que te encontramos – Dio una patada sobre el caído lanzándolo lejos
–¡ NOOO! – Bulma lloró intentando detenerle
Vegeta colocó su mano a modo de daga y levantando el cuello del saiyajin más joven apuntó a su yugular.
– ¡Muere! –
Lo impensable sucedió y Nappa dispuso su antebrazo frenando el ataque del príncipe
– ¡No lo hagas Vegeta! – aun resoplando, por el esfuerzo impuesto en llegar a tiempo le solicitó
– ¿¡Que haces grandísimo idiota!? – le enseñó los dientes en mueca feral
– ¡No debes matarlo! No aun, ¡todavía puede serte útil! – intentó convencerlo
– Si no te haces a un lado…– inició con un espeluznante tono – LOS MATARÉ A LOS DOS–
– Tarble …– dudó sintiendo una terrible ansiedad bajo los rayos del ataque avecinandose – Tarble…también es de sangre de la casa real –
Un helado aire recorrió los huesos de todos los testigos de esas palabras tan increíbles. Una sorpresa más para la que nadie estaba preparado.
– ¿Escuché bien? – farfulló Bulma buscando la mirada del resto que se encontraban igualmente en shock
– ¿Que dijo? – Krillin viró intentando encontrarse con la mirada de cualquiera de los testigos de esa declaración –
Vegeta, atónito, confuso, desequilibrado, abrumado por todas las emociones que de pronto invadían su cuerpo, sentía que estaba inmerso en una pesadilla y casi no podía permanecer en pie.
– ¿Que has dicho? – rectificó diluyendo su ataque
– Lo lamento príncipe Vegeta – se hincó en total sumisión esperando apelar a una piedad que sabía no obtendría – si debes matarlo, creo que debías saber la verdad antes de tomar esa decisión, tu sabes la maldición que se conoce caerá sobre aquellos que levanten la mano contra su propia casa, no debe hacer enojar más a los dioses – pese a todas las experiencias vividas, el viejo saiyano era un fiel creyente de las arcaicas supersticiones de su pueblo y las pruebas en la miseria de la vida del príncipe eran suficientes para convencerlo que todo su infortunio era debido a el asesinato del rey por mano de su propio hijo.
Viró para observar el cuerpo inerte del saiyajin, quería negarlo pero de algún modo presentía que había verdad en lo declarado por su subordinado. Sospechaba de ello por recuerdos borrosos y el parecido que siempre se negó a reconocer. Cerró su puño cayendo en cuenta de que estaba demostrando demasiada debilidad por seres que no debían tener importancia para el – ¡Eso no me importa! –
Nappa rodó con rapidez intentando no ser alcanzado por el destello que Vegeta liberó contra el chico en un acto homicida. Gokú derivó la explosión en la lejanía poniendo a Tarble a salvo.
– ¡No te lo permitiré! – Cayó de rodillas, con la pierna y el brazo derecho rotos, protegiendo el cuerpo de su camarada, la urgencia del momento le dio fuerza, pero su cuerpo no resistiría un ataque más.
– ¡Váyanse los dos al infierno! – Con sus últimas energías arremetió contra el osado saiyajin pero fue detenido al instante por una ayuda inesperada.
Nail se levantaba frente a ellos dispuesto a acabar con el ahora maltrecho y casi derrotado Vegeta. Nappa intentó levantarse pero fue expulsado por Krillin quien dirigió otro Kamehameha dejándolo fuera de combate.
– ¡Acaba con el Niel! – indicó dejando terreno libre. El Namek inició la venganza de sus golpes que apenas podía soportar el terrible saiyajin, que solo se limitaba a escupir sangre por la boca. Con un último puñetazo le arrojó hacia las ruinas de la ciudad con el rostro levantando polvo.
Vegeta jadeaba incesante, su pecho subía y bajaba sin control, el vistazo borroso de sus enemigos con los ojos puestos sobre el rodeándolo como una manada de bestias hambrientas dispuestos a despedazarlo, sentía su cuerpo temblar fallando en responder a sus movimientos. Debía pensar en algo rápido.
– ¡¿Que es eso?! – Gritó Gokú al sentir otra terrible fuerza acercarse
– ¡Son hombres de Freezer! –Desde el suelo arrastrándose y aspirando el polvo Nappa le indicó a su líder observando el rastreador tirado parpadear, la llegada de la nave no podría ponerle en una peor situación de la que ya estaban. – ¡Hay que largarse de aquí! –
Todo parecía perdido, la posibilidad de revelar la existencia de las esferas a Freezer exprimía toda su esperanza de permanecer en la batalla. Zafándose del mortal abrazo de Nail al instante pasó su vista intentando ingeniar una salida… y la encontró.
– ¡Auxilio! –
–¡¿que haces!? – gritó Gokú
En un parpadeo Bulma era sostenida sobre el suelo por la mano ensangrentada de Vegeta, luchando por sostenerse en pie, les apuntaba cargando un ataque en la palma.
– ¡Un paso más y la mujer paga su insensatez! –
Los dedos de saiyajin se incrustaban en su cuello como hierro al rojo vivo.
– ¡Maldito Vegeta! – Gokú le gruñó
– ¡Suel..tame! – Bulma sentía la conciencia escaparse en un esfuerzo por recobrar el aire
Toda la acción quedó paralizada ante el terror de lo que acontecería. Ninguno de los guerreros encontraba fuerza para moverse temiendo una consecuencia.
– No lo hagas – Gokú vaciló levantando su mano – Si lo haces te arrepentirás – la desesperación en su voz solo se igualaba por la mirada temblorosa.
– Demasiado tarde – Una mueca maligna de satisfacción se dibujó en su rostro acercando el destello de energía al costado de la humana, que perdía la batalla por liberarse en silencio
– ¡Vegeta! – Le interrumpió una cruda voz – ¡Debemos largarnos de aquí! – Nappa interrumpió mientras se levantaba en dirección a recuperar el cuerpo de Raditz
Todos sintieron la proximidad de los enormes ki que enfilaban hacia ellos ingresando a la atmósfera del planeta
–Ustedes no irán a ningún lado – Nail intentó interponerse pero Krillin lo detuvo.
Ante la distracción, el príncipe no vió mayor salida que emprender la vergonzosa retirada. Limpió la sangre de su rostro con su antebrazo y soltó el agarre de la chica semi inconciente para aferrarla por la cintura, cual carga inanimada.
– Si se atreven a seguirnos la mataré–
Nappa arrastró el cuerpo inconsciente de la melena enorme y flotó en retirada hacia su nave, viendo su plan funcionar, Vegeta hizo lo mismo casi sin poder levantarse del suelo.
– Gokú no podemos permitirlo! – Krillin instó al líder implícito a tomar acciones.
Gokú, aún en cuclillas, cerró los puños encaramándose para tomar el vuelo con la mandibula centelleando de rabia.
– ¡Detenganse! –Nail los contuvo – Estos nuevos forasteros nos pisan los talones, ¡debemos poner al patriarca a salvo! Es la única esperanza para nuestra gente, Si esos hombres lo encuentran usarán las esferas –
A lo lejos escucharon el estruendo de una nave ingresar a toda velocidad
– ¡Maldicion! – Krillin se petrificó de miedo al denotar los niveles de poder que ingresaban, si los saiyanos habían huido con temor, no pronosticaba nada bueno – ¡Debemos huir pronto! –
Gokú sentía el peso de la decisión aplastarle con el poco espacio de tiempo para tomar la iniciativa, no quedaba más, la idea de su amiga en garras de los saiyanos le provocaba un dolor inmenso, sin embargo quedarse significaría poner en riesgo la supervivencia del planeta, que por su culpa se encontraba en esta situación.
Sin tomarle importancia, se irguió para volar en dirección a los secuestradores, más un golpe certero de Nail se lo impidió. Goku no tenia más fuerzas para pelear y fue arrastrado contra su voluntad.
– ¡Debemos sacar de aquí al Patriarca! – Sin tener más opción Nail le explicaba, cerraba los ojos buscando una mejor idea le viniera en mente, pero todo parecía desvanecido por la impotencia.
Sin tomar más replicas Krillin levantó a sus amigos, asistido por Nail y despegaron veloces hasta la nave.
Gokú observaba la escena alejarse rápidamente sin emitir sonido, ciertamente odiaba tener que retirarse y aún más el hecho de perder una de las personas más valiosas en su vida, pero no podía hacer un esfuerzo más, no podía hacer nada más ante la situación.
Nappa colocó a Raditz en su capsula enviándolo al espacio al ingresar la clave, acto seguido se deslizó en su propia cápsula y apresuró a ingresar en la propia activando los controles para zarpar.
– ¡Necesitaba esas malditas cápsulas! – Vegeta rugió al tiempo que veía a su escuadrón alejarse.
El gritó reactivó la conciencia de su rehén. Bulma despertó observando lentamente la figura de la bota de su captor aparecer nítida frente a sus ojos. Trató de levantarse en un reflejo y notó que este la tenía apresada como peso muerto sobre el brazo, encajándose en sus costillas, ante lo que era evidente estaba aconteciendo, intentó suplicar desesperada.
– ¡Espera! ¡Espera! – chillló intentando bajarse – ¡No puedes! ¡No! yo soy.. soy… – pensó una solución – ¡una reina!.. es decir, una muy importante en mi planeta– intentó sonar amenazante – déjame ir y te recompensarán con lo que quieras! – luchaba cual animal acorralado.
– Silencio insecto– la tiró sin decoro – si intentas huir te asesinaré–
No dio tiempo de más discusiones cuando escucharon la nave de sus enemigos aterrizar. Vegeta abrió su nave y agarró a la mujer del cuello dirigiéndola hacia la puerta.
– ¡NO! – despavorida le gritó – ¡Déjame ir! ¡No te sirvo para nada! –
Vegeta debía actuar rápido, la sujetó delante de él y se arrojó junto con ella dentro de la nave tecleando la clave para despegar. Bulma sentía su vida escaparse en los tortuosos segundos donde todo parecía transcurrir en cámara lenta, la sensación de despegue, la puerta deslizándose, ella en el reducido espacio encima de la bestia que hacía unos minutos aún despedazaba a sus amigos en el campo de batalla, olía su sangre y sentía el calor de las contusiones del cuerpo detrás de ella. Quería gritar, quería desmayarse, quería correr quería… despertar de la pesadilla. Como un animal asustado tembló pegando el rostro a la puerta de la capsula, como si pudiese atravesarla y lloró contemplando toda su vida pasar frente a ella. Este sin duda, tenía que ser el fin.
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Jajaja! Noooo Bulma apenas empieza tu tormento!
Gracias por leer y comentar en los rw, me gusta mucho saber sus opiniones y me alientan a seguirle jeje espero todos hayan disfrutado de sus vacaciones y la pasen bien donde estén! Me gustaría saber que creen que pasara ahora!? ;)
