-–––––––––––––––Capitulo VIII-––––––––––––

Supervivencia

Escucharon aterrizar una nave fuera de su espacio visual, se apresuraban a llegar a su objetivo, Gokú se encontraba en el suelo de la nave seminconsciente, Nail ayudaba al patriarca a ingresar mientras sostenía a Tarble desmayado en su hombro y balanceaba dos rocas esféricas en el otro brazo. Los pequeños niños ingresaron en el recinto depositando las rocas que solían ser las esferas, rápidamente sin perder el tiempo, la angustia de ser capturados en esas condiciones con todos los elementos en juego, no era un paisaje alentador.

– ¡Dense prisa! – Insistió Krillin ingresando a toda velocidad para posicionarse sobre el panel de control, bajo toda la presión no tenía idea de cuál era el proceso de arranque por lo que presionó los aditamentos que recordó Bulma utilizaba, como su fuese un milagro la puerta se cerró y la nave salió disparada hacia el cielo.

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– Señor tenemos reportes de que las naves de los saiyanos han salido de esta atmósfera – Uno de los soldados dirigía un saludo a su superior

– Estúpido Vegeta, ¿Qué intentas? – Murmuró intrigado – Muy bien debemos darle caza a esa escoria sospechosa, dejen la tropa de reconocimiento aquí y pónganse en marcha –

– Como ordene Mayor Dodoria – Le saludó y dando un golpe en sus talones se puso en movimiento.

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– ¡Gokú ayúdame! – desesperado intentaba descifrar los comandos de orden de la nave, Gokú permanecía en cuclillas, intentando incorporarse inestable, a pesar de los rastros de la batalla y el noqueo que causaba un inmenso dolor en su cuerpo. Las vibraciones de la nave solo empeoraban su sufrimiento.

–Señor – uno de los niños se acercó a su lado – Yo puedo ayudarle si me lo permite.

Gokú asintió, el infante posicionó ambas manos extendidas hacia el cuerpo del saiyajin y comenzó a irradiar un aura cálida, que se infiltró en los huesos de Gokú, de pronto sentía todo su cuerpo reaccionar y retomar su fuerza con mayor potencialidad.

– ¡Muchas gracias pequeño! – Maravillado, se puso de pie de un salto alegre, empezó a estirarse y flexionar el cuello– ¿cuál es tu nombre?

–Dende –

– ¡GOKÚ! – un Krillin al borde del colapso, apretaba las manos en su calva intentando tirar de alguna idea que le permitiera fijar un curso, la nave seguía ascendiendo rápidamente y los riesgos de colapsar se hacían evidentes.

–¡Solo intenta presionarlos todos! – se acercó Gokú, su pobre sugerencia solo le propinó miradas de reproche de toda la tripulación.

Nail se acercó y observando todos los controles, intentó aportar alguna sugerencia a la estresante situación.

– ¿Cómo esto? – Tocó el borde de un compartimento digital y como si se tratase de magia la nave salió disparada tomando rumbo estable a una velocidad menor.

– ¡La suerte del principiante! – suspiró Krillin secando el sudor de su frente, observando alrededor cayó en cuenta de que su mejor amigo se encontraba en perfectas condiciones –¿Y tu como… te recuperaste? – preguntó, quizá después de todo si estaba alucinando.

– ¡Dende! – Le señaló en el gesto más feliz – ¡Tiene poderes increíbles! –

– ¡Ustedes los Namekianos son un pueblo increíble! – Asombrado Krillin les reconoció con un renovado alivio. Nail asintió agradecido. Todos viraron al observar al patriarca decaer limpiando su garganta en tosidos sonoros.

– ¿Qué sucede? –se le aproximó Dende

– Es todo el movimiento de hoy, su salud es frágil – Nail le tomó del brazo

–No deben preocuparse hijos míos – esbozó una tierna sonrisa – auxilien a nuestros amigos terrícolas – indicó, la idea de abandonar al resto de su gente era una estaca en su corazón, pero sabía que no podía ser de otro modo.

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Piccolo volaba en dirección a su nuevo plan de defensa.

La amenaza constante de enemigos probables no daba tregua a sus constantes preocupaciones, después de haber sido resucitado y regresado a su planeta natal vacilaba en dar su siguiente paso. Debía esperar a que el resto cumplieran su nuevo entrenamiento y entre tanto él era considerado el único guerrero en pie con capacidad para enfrentar las amenazas que pudiesen presentarse, era abrumador.

Debía intentar lo que estuviera en sus manos para conservar una línea de defensa digna, mientras el resto de los combatientes de la tierra se encontraban fuera, después de todo nunca eran prevalecientes los tiempos de paz en este planeta, que parecía tener la capacidad de evocar a los enemigos más variados y peligrosos.

Flotaba sobre las montañas observando a la distancia el objeto de sus pensamientos, jugando con la fauna del lugar entretenido y sin una preocupación a la vista, el hijo de su declarado ex enemigo daba risotadas que hacían eco en los alrededores.

Lo había decidido, podía sentir el potencial del que era dueño esa criatura, si quería hacer algo para salvar el único mundo que conocía, debía tomar bajo su tutela a ese ingenuo chiquillo. Bajó a toda velocidad para posicionarse justo frente a la criatura.

El pequeño escucho el estruendo y presión de aire dirigirse a todos sitios haciendo que sintiera la necesidad de ocultarse, en un salto se encubrió detrás de lo que parecía un pequeño dragón y pudo divisar lo que parecía un temible hombre de gran altura, con túnicas inequívocas de otro mundo y un extraño color verde. El sujeto le miraba con un aire de superioridad en el más serio de los semblantes.

– ¿Quién es usted? – lloró asustado frunciendo su pequeña ceja

– Vendrás conmigo niño – contestó en seco – si de verdad eres hijo de Gokú es tu deber convertirte en uno más de los defensores de la tierra –

Al escucharle, el pequeño Gohan intentó huir con velocidad pero fue interceptado de modo violento por su captor quien le sostuvo cual si fuese un cachorro indefenso.

– ¡No! – Intentó liberarse – ¡debo regresar con mi mamá! – luchaba moviendo todos sus apéndices

– Haré avisar a tu madre de lo ocurrido, tendrá que entender – contestó severo y emprendió el vuelo apresurado con el niño bajo el brazo, debía comenzar su entrenamiento y no había tiempo que perder.

Gohan veía el entorno de su hogar desaparecer en una diminuta mancha, mientras todo su corazón se estremecía con la sensación de que pasaría un largo tiempo hasta poder retornar, en el fondo de su ser comprendía la importancia de esa acción, aunque el miedo se apoderaba de su mente mientras gradualmente le era revelado su duro destino, nada podía hacer al respecto, era lo que debía esperar por ser considerado el sucesor del más valiente guerrero de la tierra.

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Sabía que sus enemigos pisaban los talones, los nervios en punta sin saber que esperar de la imprevista compañía que amenazaba con acercarse cada vez más.

– Vegeta – Llamó por el intercomunicador entre naves – Están sobre nosotros –

Apenas consiente, Vegeta intentaba mantenerse despierto intentando crear un plan, no entendía que salió mal, fue impecable su planeación, más no tenía excusa ni escapatoria por haber desobedecido la orden en la bitácora de viaje, por limpiar un planeta que no constituía ningún beneficio para el imperio ni se encontraba dentro de los límites del territorio de Freezer. Por más que lo intentaba no lograba concentrarse, la debilidad de los golpes le exigían descanso, además, ir en una extremadamente incómoda posición sosteniendo otro aterrado intruso en su nave, le restaba la poca cantidad de oxígeno que proveía su cápsula.

Subía y bajaba su respiración sin control, ansiedad, locura, desesperación. Todo un coctel de emociones sumado al miedo de estar en el mismo espacio que una terrible fiera que ahora respiraba con dificultad sosteniéndola en su regazo, no había lugar en el mundo que se le ocurriera pudiera ser peor, la boca de un volcán parecía más segura, solo permanecía con los ojos cerrados mientras sentía tras ella la respiración pausada de su captor al borde del colapso, su ropa estaba empapada en la sangre del casi verdugo de sus amigos, no podía siquiera hablar de la impresión sobre su estampa, en un segundo toda su vida se arruinó. Súbitamente sintió un tirón en su torso y pensó que ya la había asesinado.

Le puso en alerta un grito de la humana al sentir un tirón que contuvo el avance de las naves. Estaban siendo succionados.

– Es el campo de atracción – Nappa clarificó como si no fuese obvio. Vegeta se negaba a emitir sonido, sabía que podrían estar interviniendo la comunicación y no quería usar información en su contra.

Bulma sentía que la conciencia se había evaporado junto con su voluntad de decir algo, no se sentía en condiciones de emitir sonido alguno, continuaba inmóvil resguardando su cabeza en posición fetal, intentando que solo se tratara de un sueño y despertar en cualquier momento. No podía moverse, no podía reaccionar, intentó recobrar sentido e idear algo que pudiese ponerla a salvo, por milagroso que pareciera.

– Guardarás silencio mujer – apretó su brazo su captor en casi un susurro – si es que quieres vivir –

Las tres naves eran engullidas a través de una escotilla de lo que parecía un enorme macizo circular metálico, Bulma podía notar el nivel superior donde la sombra de pequeñas figuras les observaban.

La fuerza gravitatoria se detuvo al estar dentro, las tres naves que cayeron al suelo sin más. Una comitiva de soldados que apuntaban con extrañas armas circulares pegadas a sus muñecas. Al abrirse las puertas de las naves la terrícola pudo observarles y maravillarse por las variadas formas que constituían ese ejército. Nappa salió con dificultad, Vegeta empujó bruscamente a la mujer tirándola al suelo de la nave y se puso en pie sin demostrar un ápice de dolor.

Los soldados abrieron paso a uno de los hombres de Freezer que Vegeta odiaba en demasía.

– Esta vez has ido muy lejos Vegeta – Dodoria se acercó a una distancia sensata.

La imagen del saiyano le producía intriga, su armadura hecha trizas, sus músculos con muestras de carne viva y sangre salpicada sin modestia sobre los restos de su uniforme, lo que aún le sorprendía más era el orgullo del altivo guerrero, pese a denotar que no era capaz de sostener un solo golpe y sus costillas rotas, se erguía encarándolo con toda la actitud despectiva de siempre.

– No tenías ordenes de ingresar a este sistema, desobedeciste tus órdenes y amerita un castigo – le anunció gustoso, inmediatamente reparó en el resto de sus acompañantes –Quien es esa criatura y que sucedió con tu segundo subordinado – señaló a la terrícola que inmersa en un estado de shock solo se contuvo a resguardar su cabeza tirada en el suelo.

– No tengo porque responderte – soltó con veneno

Ante la evidente falta de respeto Dodoria atinó un derechazo a su abdomen que lo volcó a sus pies del tremendo dolor. Bulma miró horrorizada al enorme monstruo rosa observarla a muy corta distancia. Intentó no hacer contacto visual sumiendo su rostro.

– Encierren a los cuatro en las celdas de contención máxima – Dio órdenes a los soldados que enseguida los levantaron arrastrándoles hacia los cuarteles de prisión.

La joven de cabello azul obedeció sin titubear levantando las manos en acto de subordinación, lo que provoco miradas desconcertadas. Observando que no daba resultado las bajo apenada, evidentemente los estándares de rendición no aplicaban por igual en todos los sitios.

Podía observar la rudeza con la que empujaban al resto de los saiyanos, si demostraba que no era parte de ellos quizá le dejarían libre. Levantó el rostro intentando dirigir una palabra a alguno de los soldados, cuando sintió un fuerte tirón en la muñeca que le arrancó un chillido. Se encontró con la mirada asesina de su captor que, como si adivinara lo que estaba a punto de hacer, le amenazaba en silencio con esos fríos ojos oscuros que comenzaban a dar punto de quiebre a sus miedos más internos . Escuchó abrirse una compuerta donde un sujeto de apariencia cómica, pequeña y desagradable, les recibía.

– Siempre metiéndote en problemas Vegeta – su melosa y ridícula voz les saludó, se recargó en la puerta e indicó a los soldados con señas que les introdujeran – Aún en esas condiciones… no será un interrogatorio amable… por lo menos tu absurdo numerito hizo menos aburrido mi viaje –

– No creo tuvieras algo mejor que hacer, siempre el relegado de tu escuadra – Nappa se burló entre dientes –

– Muy bien – sonrió la antipática criatura – empezaré contigo – Sonriente realizó un movimiento imperceptible, congelando en el aire al gigante como si estuviese hecho de papel. Nappa intentaba moverse con desesperación intentando librarse inútilmente. Bulma observaba el irregular intercambio de fuerzas, el extraño alienígena apenas llegaba sobre sus rodillas y sometía al gigante de una manera extraordinaria, finalmente el saiyano perdió el conocimiento.

– Que pena, olvidé dejarlo respirar – le arrojó dentro de la celda de seguridad y sacudió sus diminutas manos – espero no haberlo matado – en caricaturezca voz se dirigió al resto. Indicó a los soldados que cargaban al inconsciente Raditz le dieran el mismo tratamiento que a su víctima.

– Guldo, tan cobarde como siempre – le sonrió altivo el último saiyano aún consiente – si estuviésemos en forma jamás nos darías un combate de verdad –

– Con quien crees que hablas simio imbécil –

Vegeta le dedico una mirada ejecutora con los caninos claramente visibles.

–Siempre serás la escoria más cobarde de tu escuadrón– se burló mientras era sometido

– Observen esto – Guldo presumió al resto, mientras le paralizaba del mismo modo que a su compañero, inició una serie de golpes al azar haciendo exhalar los restos de aire a su victima, las muecas del prepotente saiyajin parecían estar sumergidas en una tortura por poder respirar – Démonos prisa entonces – Guldo se posicionó frente a su víctima.

– ¿Que hacías en Namek? – liberó ligeramente su caja torácica

– Mi trabajo, basura hedionda – contestó inhalando suavemente

– oh no, respuesta equivocada – Soltó el gancho recto más fuerte que pudo emitir directo a su nariz. Vegeta se limitó a salivar sangre de nuevo, la vista aun fija en contra de su verdugo

– Por mucho que me divierte, podemos seguir asi durante tiempo indefinido, tu decides si vas a cooperar o dejarás que se acabe lo poco que te queda de vida –

Tosiendo mientras expelía coágulos, el rehén logró sacar una risa floja. Sabía que era un oponente al que no ganaría fácilmente bajo ese truco, pero no podía evitar exhibir su desprecio bajo el bien ejecutado sarcasmo que le caracterizaba.

– ¿Esa es tu forma de intimidarme? – rió – eres mediocre hasta en tus métodos de extorsión ¿Hay algún aspecto en tu vida en el que no apestes? Incluso en el sentido literal lo haces– sonrió de lado

Guldo suspiró, levantó un ataque una vez más, pero se detuvo sin motivo aparente.

– De acuerdo – continuó – jugaremos el mismo juego, coopera o asesinaré uno a uno a tus compañeros, creo nadie les extrañará –

– ¿Crees que eso me interesa? Hazlo – le retó

– O puede que … – Se le ocurrió repentinamente y se acercó a la joven desprendiéndola del guardia, de un tirón la colocó en el suelo a su nivel– si no cantas tú, lo hará ella –

– Es solo una esclava, ni siquiera entiende nuestra legua – continuó sin darle importancia.

Bulma miraba a todas direcciones intentando encontrar una salida, debía encontrar un modo de evitar que le dieran ese mismo tratamiento, contemplar la escena le hizo caer en cuenta que los soldados no sabían del secreto de las esferas y supuso de inmediato, eso es lo que intentaba cubrir el cruel saiyajin al que torturaban.

– Espera por favor, no me hagas daño – Se incorporó observando a los atónitos presentes. Vegeta quedó mudo momentáneamente sin comprender como había osado desobedecerlo, de pronto el temor de que rebelara todo se volvió una realidad en su mente. – Si me dejas libre te diré todo lo que deseas saber – Guldo entrecerró sus cuatro ojos intentando encontrar una trampa en sus palabras.

Sin emitir un ruido Vegeta comenzó a impacientarse, debía actuar rápido antes de que estuviera en serios problemas.

– Habla entonces – se dirigió el captor a ella. Bulma hizo una pausa lanzando una mirada despectiva al saiyajin que no podía ocultar una irregular mueca de asombro, preocupación y enojo.

– Estos bárbaros aterrizaron en mi planeta hace unos días, devastaron todo, nuestros guerreros pelearon valientemente – fingió llorar ante el asombro de todos los presentes – me tomaron como botín de guerra, tu pareces ser mucho más fuerte que ellos, ¿ayudarás a una dama en su hora de desgracia? – Sutilmente intentó ganar ventaja de su estado de víctima, atreviéndose a acercarse más a su examinador. Observando el desconcierto en la mirada de todos los presentes intentó hacer uso de un acto de mayor valentía, se acercó seductoramente y volvió a emitir su voz – Por favor, regrésame a mi planeta, somos un pueblo pacífico, no suponemos amenaza alguna –

– Tu no eres namekiana – le espetó el hombre bajo apartándola – es una patética mentira –

– ¡No lo es! – Aseguró la joven – ¡he sido secuestrada por estos salvajes! Deben dejarme ir –

– Esta no es una organización de caridad criatura patética – le lanzó lejos desprendiéndose de su agarre – si no estás con ellos peor para ti entonces, ¡Encierrenlos a todos! – ordenó al resto de sus hombres. Bulma gritaba forcejeando intentando convencerlos de su inocencia, pero solo sirvió para ser arrojada sin compasión a la jaula donde yacían inconcientes los bárbaros que tanto temía.

– No puedo saber si mientes o no Vegeta– Guldo se acercó al casi inconciente saiyano liberándolo de su prisión – pero eso lo decidirá lord Freezer hasta que lleguemos…. espero que logres llegar vivo– y le arrastró sin decoro hasta el interior de la celda.

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– Maldición los tenemos sobre nosotros! – Krillin presionaba el tablero principal intentando salir del campo visual de sus enemigos – ¡No sé cómo controlar la nave! –

– Tal vez debamos dejar que nos alcancen– Señaló Gokú – podemos derrotarlos, quizá tienen a Bulma–

– No debemos arriesgar de ese modo la vida del Patriarca– Nail espetó molesto – tenemos la prioridad de ponerlo a salvo antes de que puedan tener acceso a las esferas–

– ¡Dende! – Por fin se le ocurrió– Reanima a Tarble lo más pronto que puedas! – Solicitó Krillin al más pequeño de los namekianos en la desesperación de verse incapaz de atinar un movimiento a la nave

Saltando a su lado el chico obedeció la orden recobrando el sentido de un Tarble en extremo desorientado, frotando su cien para sentir un temblor atravesando la nave que sacudió a todos los presentes

– ¡¿QUE FUE ESO?! – Gritó Krillin

– Fue un disparo de la nave principal– indicó Nail observando la ventana

–¡Tarble sácanos de aquí! – tomó del brazo al joven saiyano depositándolo en los controles. Como una reacción inmediata despertando a la fuerza de su letargo, el joven inició el frenético escape utilizando todos los controles existentes en la nave. Su esfuerzo se vio frenado por una súbita fuerza que les detuvo de pronto.

– ¡Estamos siendo succionados! – Vociferó Tarble alarmado – ¡Es un campo de atracción! –

–¡¿Gokú que hacemos?! – se dirigió krillin buscando auxilio

Gokú observaba la situación intentando enfocar una solución, su semblante se iluminó de pronto

– ¡Tarble!, ¡Krillin! ¡Síganme! – Se dirigió a un depósito de trajes del espacio arrojándolos al suelo

Sin meditarlo más los chicos obedecieron vistiéndose al instante. Nail tomó posesión de la nave intentando ser de utilidad. Los tres sujetos se introdujeron en la cabina de escape sellándola para abrir la compuerta al exterior.

– Debemos lanzar un disparo con la máxima potencia que posean –

– ¡Le daremos potencia de escape a la nave! – Tarble entendió la estrategia al instante.

Los tres se colocaron sobre la nave, intentando con toda su fuerza mantener la postura en contra del titán que se aproximaba sobre ellos. La nave de comando lanzó un ataque más sobre ellos que fue rechazado por Gokú al instante. Sin perder el tiempo comenzaron a emitir la energía necesaria bajo la palma de sus manos, listos para envestir el ataque.

–¡Mayor! – Uno de los pilotos aulló en alarma – ¡Nos piensan atacar! –

– Carguen deflectores al frente – Exclamó Dodoria – ¡ya son nuestros! – realizó una mueca de satisfacción

La nave de comando aceleró la succión de sus víctimas preparándose para capturarlos.

– ¡Ahora! – Vociferó el líder de los terrícolas

Al instante los ataques fueron liberados al unísono

– ¡HAAA! –

Una onda expansiva atravesó el espacio proyectándolos con la mayor velocidad imaginada, mientras los ataques sostenían un temblor sobre la nave contra la que se impactaba a gran velocidad, una luz cegadora cubrió las vistas de toda la tripulación, testigos del repentino escape de sus presas.

Los terrestres sostuvieron el ataque con todo el poder de sus cuerpos, sin renunciar a emitir su valiosa energía hasta sentir sus fuerzas decaer. Una vez que hubieron abierto los ojos se incorporaron para vislumbrar que se encontraban viajando a gran velocidad en el espacio sin rumbo y el pánico cayó en sus hombros.

– ¡No tenemos rumbo! ¡Podemos estrellarnos! – Nail presionaba todos los botones intentando comunicarse en total ataque de incertidumbre. En cámara lenta y con toda la desesperación de la torpeza de sus movimientos en el espacio, intentaron incorporarse e ingresar a la cámara lo más rápido posible, jadeaban con nerviosismo estirando los brazos para poder tener más velocidad.

Ingresaron escuchando las señales de alarma por toda la nave que titilaba en luz roja.

– ¡Tarble arregla esto! – Krillin chilló petrificado mientras se deshacían de sus trajes. Tarble ingresó al panel de control a medio desvestir e intento descifrar las claves correspondientes

– ¡Tenemos un objeto al frente! – Uno de los pequeños namek indicaba desvariado con el dedo.

–TARBLE– insistió krillin al notar una gigantesca masa de tierra amorfa que se aproximaba a toda velocidad sin control

– HAAAAAAA! – Escucharon por el intercomunicador encendido por Nail. Al instante se encontraron con miles de pequeños fragmentos que golpeaban toda la nave desestabilizándola. Cayeron en cuenta de la acción de Gokú demasiado tarde

– ¡Gokú NO! – exclamó Tarble en el micrófono – ¡Vuelve acá enseguida! –

Los impactos de lo que había sido el cuerpo terroso acrecentaban el ritmo y pedazos más grandes comenzaron a impactarlos

– ¡Vamos a Morir! – Krillin se posicionó en el suelo balanceándose en posición fetal.

Nail salió a la escotilla intentando asir a Gokú, mientras este intentaba ingresar siendo golpeado por los restos del cuerpo celeste que estalló. Los obstáculos no le permitían tener un acceso libre y optó por intentar permanecer lo más cerca posible de la nave para no ser arrasado.

– ¡No puedo sacar la nave de orbita sin Gokú adentro! – indicó tarble con las manos temblando sobre el panel.

Un fragmento de asteroide golpeó a Gokú en el hombro provocándole un desbalance que hizo que se soltara, reaccionó al instante estirando la mano para solo quedar suspendido en un aditamento de la nave. Soltó su agarre en desesperación arqueando los dedos.

– ¡Maldición! – Gritó el saiyajin perdiendo la esperanza de poder sostenerse

Enseguida una mano le tomó por sorpresa jalándolo al interior de la nave para su completo asombro. Se internó y cerró con toda la velocidad que le fue posible.

Tarble al escuchar la puerta accionó el mecanismo de desvió y de inmediato se perdieron en el espacio. Rumbo seguro salvando la vida de todos a bordo y la propia en un suspiro.

– ¡Nail! – Gokú se liberó del casco – ¡Me salvaste! ¿Cómo lo hiciste? – asombrado se sentó ambos recuperando el aliento de aquella pesadilla vivida en segundos

– ¡No lo sé! – Afirmó el joven namek tirándose al suelo exhausto – Pensé que si hacía un campo con toda mi energía sería suficiente para salir un momento–

– ¡Pues gracias por el riesgo! – soltó Gokú en una carcajada emitiendo un ruidillo de euforia

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Trinaban las aves. El frio en el aire se disipaba, sintiendo sobre su cuerpo la cálida caricia del sol, que iluminaba sus miembros como una delicada cobija. Encogido sobre el suelo, el pequeño niño sonrió estirando las manos, se dispuso a rodar sobre su espalda, más, el vacío arrebató su dulce vigilia con una prueba de gravedad sobre sus pies.

– ¡AHHH! – Alcanzó a reanimarse en el póstumo momento, justo antes de caer. Con los ojos bien abiertos, sus pupilas danzaban sin control al darse cuenta que se encontraba sobre un enorme y estrecho risco. Su primera reacción fue llorar, sin embargo rápidamente lo descartó, pensando en las consecuencias de ese acto a manos de su nuevo sensei, se encargaba de molerlo a golpes cada vez que tenía una demostración emocional de pánico. Torció un mohín en su boca y se dispuso a encontrar el mejor modo de bajar, seguramente era otra de esas pruebas inhumanas que constantemente le ensayaba. Menos mal, que su corta experiencia aventurándose en los bosques, le servía de guía para algunas cosas que involucraban sentido común.

Era increíble lo que en algunas semanas habría logrado, no pensaba ser capaz de tal nivel de supervivencia por sí mismo, o por lo menos eso creía, ya que secretamente Piccolo proporcionaba los requerimientos básicos sin que su nuevo pupilo fuera consiente.

Tallando su pequeño rostro notó un nuevo traje y una pequeña espada junto a su sitio de descanso y se alegró profundamente de tener algo limpio que usar después de semanas, rápidamente se vistió y lleno de ese espíritu positivo, se dispuso a bajar. Un pie buscando una roca donde posarse, las manos aferradas al terrón y la espalda al vacio. Su segundo pie no tuvo tanta suerte…

Su grito se escuchó en la lejanía y su caída fue frenada por escalones de piedra naturales, que le hicieron rodar por el risco sin final. Solo la revoltura de piedras, tierra y sus quejidos intermitentes se escuchaban en el páramo. Antes de caer consiguió sujetar una mano a una raíz seca. Con toda su fuerza se levantó y por fin pudo ponerse de pie a unos metros del suelo… y de otro barranco que por fortuita suerte no alcanzó.

– Estuvo cerca – suspiró acariciando su enmarañado cabello. Rápidamente quitó la tierra y plantas que su cabeza atrapó y continuó para limpiar su ropa que, para su consecuente decepción, ya tenía rasgos de lucha y girones, bufó molesto de encontrarse una vez más hecho una polvareda de desierto. Miró a su alrededor y se imaginó que lo único que podía hacer era terminar con su entrenamiento cuanto antes, no decepcionar al Señor Piccolo, para que le concediera por lo menos una visita a casa… o encontrar todo por sí mismo incluyendo un baño, como había tenido que hacer todos los días desde que fue secuestrado. ¿Cómo lo habría tomado su madre? ¿Lo estaría buscando? Pero aun más que en ella, pensaba en su padre, muerto a manos de esos miserables y con un futuro incierto sin las esferas, donde quiera que estuviera esperaba tener la oportunidad de poder verlo una vez más.

– ¿Dónde estás papá? – suspiró con su tierna vocecilla mirando al cielo con solo los ventarrones de testigos. Triste se sentó sobre sus talones escuchando su estómago retorcerse, descubrió que quizá el tener esa espada tenía algún significado, imaginando que su siguiente prueba sería conseguir su propio alimento…

La tortura no se acababa nunca.

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Los nervios no dejaban de escalar por su cuerpo, la visión errática del sitio donde se encontraba, en la situación menos esperada, intentando conservar la calma centrándose, algo que sin dudas no llegaría a suceder. Podía oler a unos pasos de ella la sangre de los dos saiyajines inconscientes, inertes cual pedazos de carne en el suelo, si había una oportunidad de sobrevivir, ese panorama se la hacía ver cada vez más distante.

Cuando creía que las cosas no podrían ser peores, las celdas de energía cesaron para dejar entrar a un semi- consiente saiyajin, que era la visión del ser que más terror le ocasionaba.

Sin decoro cual objeto, fue lanzado al piso de la habitación haciendo un sonido seco.

– Su camarote majestad – Desdeñandolo, los soldados le arrojaron cerrando tras de si.

Vegeta giró sobre si apoyando los codos para levantar su peso muerto, en el proceso desvió una mirada a la asustada joven. Su cola maltrecha inmóvil desparramada sobre el suelo. Siguiendo el paso de su propósito consiguió sentarse con esfuerzo y después de incorporarse para descansar sobre el borde de la celda se dirigió con más claridad

– Más te vale seguir manteniendo esa boca cerrada –

– ¡No lo hice por ustedes! – confesó airosa, sintiéndose de inmediato arrepentida de su atrevimiento

– Tch– Viró el rostro buscando a sus compañeros, podía sentir que continuaban con vida, sin embargo reconocía el estado decadente de su estampa, necesitaba ayuda médica si quería continuar en una pieza, en verdad no confiaba en la humana, pero mucho menos en la tripulación que le tenía cautivo, un descuido sería suficiente para perder la vida del modo más absurdo, a manos de seres inferiores.

– ¿Para qué me trajeron aquí? – ella, con temblor en su voz preguntó, no queriendo en realidad saber la respuesta de lo que se imaginaba.

Sin embargo, su captor no respondió.

– ¡Tengo derecho a saber si es que moriré! – se levantó intentando hacer su punto ser reconocido.

– ¡Silencio sabandija! – Gruñó el saiyano – si no te das cuenta de tu posición eres una imbécil, tú no eres quien exige aquí –

Buma llevó su mano a su boca sintiéndose en total vulnerabilidad, le intimidaban esos sujetos pero sabía que debía obtener una respuesta si es que quería idear una salida de dicha situación. Su pensamiento fue interrumpido por los súbitos movimientos de Vegeta, intentó deshacerse de la destruida armadura para inspeccionar mejor sus heridas. Algo no se encontraba en su lugar y podía intuir de qué se trataba.

En un acto de salvajismo puro, se deshizo de sus vestiduras y sumiendo sus dedos sobre el costado derecho enderezó sus costillas haciendo un crepitar que sacudió las entrañas de la joven que le observaba horrorizada. Soltó un leve quejido y se recostó en el suelo con delicadeza. La sangre seca se desprendía de sus dedos

– Eso debe estar muy mal – susurro espantada. No obtuvo respuesta –deberías atender eso – insistió al ver como se tornaba violeta

– No me digas…– contestó aburrido jadeando suavemente.

Una idea llegó de pronto a la mente de la chica quien entusiasmada se incorporó. Quizá si podría haber una salida después de todo, no confiaba en que funcionaría pero era su única opción.

– Tengo una propuesta que hacerte que podría ayudarte –

Vegeta le miró de reojo limitándose a parecer desinteresado, si bien no confiaba en ella tampoco tenía muchas opciones a quien recurrir, cualquier idea sería bien recibida.

– Si hipotéticamente hablando – inició – lograra mejorar tus condiciones de salud… ¿me darías algo a cambio? – Preguntó llevando sus manos a sus bolsillos intentando dilucidar algún gesto de aprobación en la mirada del saiyano.

Aunque ese método de chantaje se hacía de lo más risible, había que admitir que la chica tenía valor para atreverse a hablarle de ese modo.

– Que te hace pensar que no puedo quitarte lo que sea que tengas en tu poder para usarlo – soltó con mucha dificultad, altivo, levantando levemente su cabeza.

– Si te atreves a acercarte gritaré por ayuda – se encogió de hombros, descubriendo en el interior de su atuendo un bolsillo secreto donde recordó haber guardado el tesoro que sus amigos le confiaron y que ahora indirectamente quizá salvaría su vida.

– A nadie le importará– sonrió malicioso

– Si les importará, si hablo de que confesaré tu traición – furiosa le espetó con firmeza, si había algo que sabía hacer era inspirar el respeto de quienes le rodeaban.

– No lo harás… te matarán también–

– Pero tú ya no vivirás para asegurarlo–

Se hizo un momentáneo silencio entre ambos, Vegeta sintiéndose temporalmente acorralado, si la humana cumplía sus amenazas resultaría el final de sus planes a manos de Freezer, o aún peor, de alguno de los cretinos subordinados que ansiaban poner sus manos sobre él, por otro lado si no le ayudaba alguien en ese momento, no llegaría vivo a la base tampoco.

– ¿Qué quieres? – tosió observándola indirectamente

– Que me garantices que no me asesinarás y estaré a salvo– cortó en seco

– No te asesinaré – contestó rápidamente 'por ahora' pensó para sí, ciertamente sus planes tenían un propósito mucho más interesante que eso, pero con el tiempo le dejaría saberlo.

– No te creo – Le replicó la joven al observar la inmediata respuesta del saiyano, desconfiaba de su actuar y aún más… de su sanguinaria y traicionera reputación.

– Pues si no me lo das ahora te eliminaré en este momento – cansado de la absurda negociación finalizó los términos, tosió el resto de un coagulo de sangre que ahogaba su voz. En verdad la escena era grotesca obligando a la joven a virar.

– No puedes ni levantarte –

– No necesito levantarme – apuntó un dedo en amenaza de lanzar un diminuto disparo de ki

– ¡Esta bien! – Se acobardó la chica – pero por favor júralo, por tu…título… o lo que sea que posea valor para ti – en un último intento por salvaguardar su vida suplicó.

Soltó un gruñido de hartazgo y se arqueó sin poder contener el dolor de sus heridas

– Dilo– exigió Bulma– Algo más – continuó la chica introduciendo su mano en el bolsillo con discreción – Dime ¿Por qué me secuestraron?, no tengo nada de valor para ustedes –

Vegeta tosió una vez más girando de su lado, sacando ligeros rastros de sangre hizo sonidos de pesadez intentando mantener su fuerza estable, sin embargo después de exhalar con fuerza se desmayó.

– Oye…oye! – Le incitó a continuar la mujer – ¡Rayos! quizá tarde demasiado – mordió su labio inferior preocupada.

Deshaciendo la semilla con todas sus fuerzas tomó el más pequeño trozo, escondiendo el resto en un área no visible dentro de su ropa. Se acercó titubeando, sus manos apoyadas en sus antebrazos ante el desfallecido saiyajin, no podía perder mucho tiempo si quería continuar afianzando los términos de su liberación.

Se inclinó suficiente para alcanzar el borde de su boca y con el más puro instinto de supervivencia colocó el pedazo rápidamente dentro de su boca para alejarse lo más rápido posible, su corazón latía con velocidad esperando ver la reacción ocurrir… pero no sucedió.

Miró por encima de su hombro para ver que el saiyano seguía postrado en inconciencia. Tal vez debía despertarlo de algún modo. Se acercó de nuevo temblando haciendo a un lado su cobardía para pararse a un lado y atreverse a empujarle con su pie bajo el menor remordimiento.

– Oye! Debes hacer un esfuerzo por tragarlo! – Le indicó, sin embargo seguía sin moverse.

Haciendo el esfuerzo más sobrehumano para sobreponerse del terror que le causaba esa proximidad, se inclinó poniéndose de rodillas junto al cuerpo, casi sin querer tocarlo e intentando reanimarlo colocó sus manos sobre los hombros maltrechos otorgándole una sacudida vigorosa

– ¡DESPIERTA! –

El saiyajin resopló un gruñido y Bulma se alejó a una gran distancia en un solo salto.

– Come lo que te di –

Vegeta despertó en un gran esfuerzo por recobrar el sentido, escuchó la orden de la ruidosa mujer sintiendo alguna clase de comida en su lengua, dudaba de la veracidad de las palabras pensando en que pudiese estar ingiriendo un veneno en venganza. Obligó a su mano a inspeccionar el elemento levantándola sin fuerza, observó una pequeña miga verde y dirigió su ceño hacia la mujer.

– Si …me env – intentó hablar pero le costaba en demasía – veneno... morirás – e inicio con su último aliento de vida un esfuerzo por alcanzarle

–¡No es veneno! Prometí que te ayudaría, cómelo –

Sin más remedio accedió, no quedaba mucho tiempo antes de desfallecer de nuevo. Al momento de deslizar por su garganta el duro nutriente, de inmediato su cuerpo envió una respuesta de tensión a todo su sistema con la misma velocidad que un pensamiento, devolviéndole energía como si se tratara de un milagro súbito. De pronto podía sentir la vida corriendo en su cuerpo de nuevo y un repentino vigor se esparció por sus células devolviéndole el habla y el movimiento. Conmocionado se incorporó con dificultad.

–Que hiciste? – pregunto maravillado observando sus manos, su dolor había disminuido considerablemente, sus heridas parecían haber cerrado de pronto y se sentía capaz de desplazarse con lentitud.

Bulma corrió al extremo de la habitación intentando poner todo el espacio posible entre ella y su captor.

– ¿Es alguna clase de magia? – preguntó extasiado recorriendo sus heridas con los dedos

– Algo así – aclaró su garganta – continuaré ayudándote si mantienes tu promesa– aclaró internándose en un abrazo a sus propias piernas, esperaba mantenerse en dicha posición observando las torpes acciones del saiyano. Vegeta no respondió únicamente se limitó a incorporarse con torpeza descubriendo que aún faltaba tiempo para restaurarse, sin embargo estaba aliviado de estar fuera de peligro. Giró para observar a sus compañeros determinando su estado de salud, Raditz parecía estable, sin embargo sabía que Napa no duraría en esas condiciones bajo el campo supresor de energía.

– Oye mujer – le llamó – dale otro de tus objetos a Napa – le señaló

– y por qué habría de hacerlo? – preguntó molesta encogiéndose más

– Porque si no lo haces te mataré–

– Juraste que no me lastimarías! –

– ¿Oh si? – una mueca de cinismo le atravesó el rostro – No lo recuerdo, debí haberlo olvidado bajo tus amenazas de traición–

Bulma tragó saliva esperando encontrar una salida para lo que evidentemente fue una total falta de discernimiento de su parte, no se encontraba frente a hombres de honor.

– Vamos, no debes pensar eso– le sonrió intentando apaciguarle – Puedo servir de algo aún, puedo ayudarles a idear una salida de aquí, después de todo soy una mujer brillante en mi planeta, la mayor genialidad existente! – hizo alarde de sus habilidades con tono arrogante – Puedo construir lo que sea, así es como llegué a Namek –

– Silencio – ordenó Vegeta mirando en todas direcciones, no sabía a ciencia cierta si existían dispositivos de espionaje dentro, pero no quería arriesgarse. Después de verificar continuó – El tiempo de tu servicio llegará, no te mataré por ahora – Se cruzó de brazos colocándose frente a ella con torpeza, su cuerpo aún no respondía a una velocidad deseada – ahora dame lo que te pido –

– Si me ponen una mano encima tu o tus amigos… yo misma me eliminaré – le amenazó recubriendo su cuerpo con recato suponiendo lo peor en sus intenciones – no dejaré que me uses pa…–

– ¡Que idea más imbécil mujer necia y vulgar! – le interrumpió Vegeta ofendido por la insinuación – ¡deja de decir estupideces! – Exigió extendiendo la mano – a nadie aquí le interesan sus pobres encantos – la miró con desdén.

Bulma, afrentada por la alusión mordió su labio intentando no dejar escapar algo aventurado que increpara una rabieta a su captor… pero no pudo.

– ¡Como te atreves! ¡Yo soy una mujer muy hermosa en mi planeta, la más hermosa! – Llevó sus manos a señalarse vanagloriándose e intentando frenarse con toda su voluntad por dentro – ¡Tienes suerte de solo poder mirarme! – se cruzó de brazos en un tono más bravucón, sin dejar de lado su intrépida actitud.

– Tch – se limitó a contestarle sin molestarse – ¡cállate y haz lo que te digo de una vez! Puedo cortar tu lengua si sigues exasperándome–

– Voltéate – comandó en voz firme

– Demasiadas consideraciones– le rufunfuñó irritado – no tengo porque, tu no das las ordenes aquí insecto–

– ¡No es por eso tonto! – al momento de emitirlo se arrepintió al observar que el saiyano se acercaba a una distancia que ponía su cabello de punta, sintió el agarre firme del saiyajin sobre el cuello de su ropa que le acercaba a él.

– Cuida lo que dices miserable criatura– susurró amenazante cerca de su rostro– puede que me dé la gana enseñarte un poco de respeto – su cola latigueaba furiosa en la distancia.

– Di… disculpa – recobró la conciencia sosteniendo sus manos para liberarse, esos terribles ojos negros asfixiaban sus palabras – solo lo decía porque debo tener privacidad para generarlo, es un procedimiento complicado, eso es todo, por favor solo eso te pido y en un segundo haré lo que me pides –

El hombre resopló y la soltó brusco para darse la vuelta. Si bien su afirmación no sonaba verosímil no quería seguir retrasando el proceso. Bulma aprovechó la distracción y enmascarando con unos sonidos ridículos de meditación, intentó hacer la farsa creíble, moviéndose de arriba a abajo elaboró un absurdo ritual improvisado, no quería que supiesen donde escondía los restos de la semilla y cuan fácil sería quitárselos si se lo proponían.

– Ve.. Vegeta …verdad? – Inquirió tímidamente extendiendo la mano con el trozo, el saiyajin, no emitió sonido alguno, ella se aproximó – está listo –

Vegeta le retiró el fragmento de semilla para llevarlo de inmediato a su subordinado. Pateó su lado derecho llamándole hasta obtener respuesta, al escuchar su resoplido se inclinó indicándole que consumiera lo que le extendía. El viejo saiyano abrió la boca y lo engulló. Al instante tuvo el mismo efecto que su líder y se incorporó torpemente con los ojos bien abiertos. La sorpresa en sus facciones se hizo notar de inmediato.

– Que sucedió? – tocó su frente sintiendo un rastro caliente producto de los golpes recibidos. Los rastros pulsantes de los impactos aún le dolían.

– Guldo – se limitó a decir su líder tomando asiento a un lado, se estampó en la pared deslizándose con pereza.– Tienes mucho que explicar aún…de Tarble – Le gruñó Vegeta recordando sus acciones pasadas – Pero más vale que des un perfil bajo y me dejes manejar esta situación – le comandó retomando camino hacía su rincón anterior.

Napa asintió y de inmediato se percató de la temerosa presencia de la humana, musitó una sonrisa vil.

– Por lo menos no la pasaremos tan mal – observó de reojo las piernas extendidas de la humana en el otro rincón.

A pesar de no haber entendido palabra del idioma en el que ambos saiyanos habían hablado, su lasciva mirada sobre ella hablaba en un tono universal y Bulma reaccionó intentando defenderse de futuras pretensiones.

– No te atrevas ni a pensarlo – Le gruñó y se encogió recogiendo sus piernas en un abrazo sin quitarle la mirada desafiante de encima.

– vaya, que tenemos aquí – soltó una risilla el pesado saiyano en su mismo idioma – una fierecilla incauta – buscó la mirada del saiyano más joven y una vez más soltó palabras incomprensibles para los oídos de la chica quien se sorprendió de mantener la cabeza inclinada en un esfuerzo inconciente por intentar escuchar mejor. Vegeta contestó un par más y ambos se quedaron mirándole.

– Es de mala educación hablar detrás de las personas! – se cruzó de brazos perdiéndoles la vista

– Estamos hablando frente a ti insolente – Napa le indicó – no es nuestra culpa que tu ignorancia te limite a un solo idioma –

– No un solo idioma, pero si mejores modales que tu – espetó molesta con una increíble falta de humildad.

Napa le dedicó un rugido sordo solo audible desde el fondo de su garganta. Bulma supuso que era una grosería en su idioma

Vegeta volteó los ojos intentando mantener sus pensamientos apartados de absurdas guerras verbales,. Debía encontrar su siguiente paso para planear con claridad el siguiente movimiento que se acercaría a su preciado deseo, un plan para escapar o justificar sus actos. Por el momento solo quedaba esperar a llegar a la base principal.

_..._

Pasada la embriaguez del festejo por las acciones del equipo, la pregunta permanecía en el aire, ¿Cuál sería su próximo plan? Los ánimos se aminoraban con el recuerdo de su compañera extraviada en manos de los sanguinarios saiyanos.

– ¡Como pudieron dejarla! – Tarble se abalanzaba sobre sus compañeros de viaje en un feroz arranque. Nail intervino evitando una potencial catástrofe al tomarlo de los hombros.

– ¡No fue nuestra culpa! – Krillin se defendía exaltado – nos tomó por sorpresa y todo sucedió demasiado rápido –

Gokú guardaba silencio. Sus manos cerradas en puños llenos de frustración, no soportaba la idea de pensar en su más querida amiga en las garras de los monstruos que hacía una pocas horas, acababan de enfrentar, se culpaba a si mismo por no encontrar una mejor solución que huir, pese a las consecuencias hubiese preferido enfrentar a los enemigos que retirarse, ese no era su estilo.

– Ellos la matarán! – Clamó con dolor intentando hacer entrar en razón al saiyano mayor – O algo peor…. no saben de lo que son capaces, debemos ir a rescatarla –

– Amigos – El anciano Namekiano habló – No deben tener desespero o aflicción, todo tendrá una solución – les apaciguó

– Agradecemos su ayuda Patriarca – Se aproximó Krillin posicionando su mano en su costado – Lamentamos todo este hecho – susurró recordando la situación de peor calibre que ahora vivían los namekianos.

– Una vez en la tierra regresaremos todo a la normalidad – Les apremió Gokú con optimismo – tenemos la ventaja de que ahora tenemos a Kamisama de vuelta –

– Con suerte los invasores no encontrarán nada de valor y se marcharán de nuestro planeta – Nail continuó entusiasmado

–No lo sé Nail – prosiguió Tarble – Ese no es el estilo de ataque de las fuerzas de Freezer –

– A que te refieres – continuó Krillin

– Una vez que un planeta es purgado, se toma bajo el mando del imperio de los demonios del frio – tomó asiento intentado tener un mejor ángulo para dirigirse al resto – El planeta es vendido o absorbido como base espacial y de ese modo evitan que se restaure la vida en dicho lugar para los futuros compradores–

Todos los presentes meditaron en las palabras de Tarble intentando encontrar una solución.

– Podemos desear que desaparezcan – Uno de los pequeños interrumpió

– Dende – suspiró Nail – lo que sugieres no tiene honor, debemos defender la dignidad de nuestro pueblo combatiendo al enemigo con nuestros propios guerreros –

– Y que tal… ¡Hacer invisible el planeta para todas las fuerzas de Freezer! – se le ocurrió a Tarble en feliz sorpresa. Al instante todos voltearon hasta su sitio – Podemos revivir a todos los namekianos, combatir a los ejecutores de la purga y pedir ese deseo al terminar, nunca es un escuadrón grande quien se encarga de ello –

– Eso podría funcionar, todos ganamos –Asintió Gokú con emoción, la idea de una nueva batalla le emocionaba en desmedida.

– Puede que tengan razón – esbozó una leve sonrisa el joven namek – pero será mejor proponer el deseo de manera más específica –

– Que solo aquel que pretenda encontrar las esferas para un propósito noble pueda encontrar el planeta donde se encuentran – en un acto de genialidad, Dende musitó breve.

– ¡Es perfecto! – Krillin saltó – ¡Incluso es posible realizar el mismo deseo con las esferas de la Tierra! –

– Pero eso tendrá que esperar Krillin – Gokú le interrumpió – Solo tenemos acceso a 4 deseos y no sé si podamos pedir todo lo que necesitamos.

– El ciclo de espera de sus esferas a cuanto equivale en Ciclo Universal de Tiempo? – preguntó Tarble inquieto

– Nuestro ciclo de reactivación es el equivalente a 0.36 CUT –Respondió Dende con orgullo, le gustaba considerarse uno de los pequeños más ilustrados de su raza

– Eso es lo equivalente a 6 meses terrestres – tradujo el menor saiyano a los presentes.

– Llegaremos a la tierra en 2 meses – comentó Krillin – debemos contactarlos para que sean recolectadas las esferas –

– El resto de los 4 meses entrenaremos arduamente para regresar a Namek y liberarlo – Gokú recomendó al resto del equipo

– No será necesario que asistan todos – Nail le interrumpió – no queremos dejar a la tierra desprotegida por si estos sujetos aparecen, ya deben saber a qué planeta pertenecen – Ante sus palabras todos enmudecieron pensando que quizá dicha información podría escapar de una Bulma acorralada, era una mujer determinada e inteligente, pero no tenían idea de qué clase de métodos tendrían para interrogar a sus víctimas.

– Solo espera un poco más Bulma, te rescataremos – masculló Gokú para sí mismo, contempló el espacio intentando convencerse de que quizá en cualquier momento su amiga lograría escapar, esta era la primera vez que no contaría con ella en la resolución de un plan.

_..._

Casi dos días habían pasado y Bulma se sentía desfallecer de hambre, el ruido de sus entrañas no dejaba de asaltarle, se encontraba debilitada, el encierro en esa prisión le hacía perder la cabeza, la única buena noticia era que debido a un par de pláticas que no pudo descifrar, podía intuir que Vegeta habría hecho un acuerdo con el saiyano mayor que guardaba su distancia de ella y consideraba le mantenía a salvo por ahora, sin embargo esto no le garantizaba que ocurriese algún acontecimiento posterior. Debía pensar un plan de escape pronto, sin embargo el estrés, la falta de alimento y sueño le estaba pasando la cuenta a su concentración y capacidad de análisis.

Sumidos cada uno en sus pensamientos, no había oportunidad de intentar, por lo menos, algún tipo de distracción que le ayudara a pasar el hambre, había notado que cada vez que abría la boca algún sonido infrahumano escapaba de la garganta de ambos saiyajines en completa desaprobación, era quizá el periodo más largo que hubiese pasado sin expresar lo que pensaba y eso era otro factor detonante de la ansiedad del aislamiento.

– Cual es el idioma que ustedes practican – intentó una vez más hacer conversación de un tópico que quizá les interesara. Ninguno se dignó siquiera a mirarla.

– Totalmente herméticos – acomodó su barbilla entre las rodillas sumergiendo su rostro en su regazo.

Entre el silencio un quejido agudo se dejó escuchar. Al fondo de la celda se incorporaba perezosamente el último saiyajin con lentitud, su rostro gesticulaba intentando enfocar a los presentes.

– ¿Cómo es que terminamos aquí? – Frotó su cabeza –… ¿Quién es esa? – apuntó molesto a la humana.

– Una mascota – le contestó divertido Napa – Raditz tienes suerte de estar con vida, fuimos capturados por un escuadrón de reconocimiento… tu hermano escapó –

Desde su meditación a ojos cerrados, Vegeta hizo un gesto de molestia frunciendo los labios. Ese punto particular le había llegado a lo más profundo de su centro, cuando lo vió por primera vez, el asombro de encontrar otro sobreviviente del que no tenía ningún conocimiento le molestó, más al recordar sus movimientos agiles, la sorna de cada golpe que recibió, la determinación con la que le hizo retroceder paso a paso, su estabilidad como el insuperable saiyajin se quebró. No había conciliado el sueño pensando en esa humillante derrota a manos de simples clases bajas, a los que ahora debía superar con creces de algún modo, incluso la milagrosa reanimación del idiota de Tarble, ese malnacido cobarde que regresaba de las filas de los vencidos, para atormentarlo y ahora con la sospecha de tener algo más que suposiciones en común, la sola idea de tener una relación de consanguineidad le daba nauseas, tantas que prefería bloquear todos esos hechos y en particular, la humillación de ese maldito anaranjado que pudo darle otra más de las memorables somantas de su vida, un insignificante clase baja, insistía en denominar, y lo peor, un hombre de su misma raza, el que debía ser un súbdito de no haber acabado su derecho real, ahora le amenazaba como rival. Era seguro que él y la bandada de débiles que dirigía, habían usado las esferas que buscaba, las cuales ahora incluso podían ser encontradas por Freezer, si su equipo buscaba adecuadamente, quizá Kakarotto las habría usado con el mismo fin, incluso podía haber deseado su mismo anhelo y el hecho de ser inmortal le habría dado la ventaja. No encontraba una explicación más razonable a todo lo vivido, todo su linaje de grandes guerreros, toda su experiencia de vida, su esfuerzo de búsqueda y los años de humillaciones… y un pelmazo aleatorio de incluso su mismo origen, le arrebataba la gloria por un par de minutos de adelanto en el tiempo, gloria que debía haber estado predestinada a él, era como si el universo le reservara las peores bromas crueles cuando más estable se encontraba, no podía tener un solo dia feliz en su patética vida.

– Por el panorama… deduzco que ahora si estamos en problemas – farfulló el saiyajin melenudo interrumpiendo sus pensamientos.

– Llegaremos a una audiencia con Freezer en unos días – Napa bajó el rostro, ese momento era una de las visiones que mayor temor le causaban, solo le restaba confiar en el astuto Vegeta para salir ilesos con una buena excusa. La tensión del ambiente se desencadenó y Raditz optó por continuar su conversación. Después de unos minutos de silencio el recién incorporado decidió intervenir.

– No sé ustedes…– se estiró el indecoroso saiyano en su sitio– pero me siento… como si me hubieran dado una paliza… – bostezó, su talante acongojado y ridículo.

– Es porque te la dieron, inútil – espetó Napa frunciendo el ceño

Bulma emitió una risilla burlona que no pudo controlar.

– Pues no me parece así – se defendió y viró hacia la chica – solo estaba desprevenido, no pensé que mi hermano tuviera posibilidades – se excusó altivo regresando a su posición relajada y espiando con ojos entrecerrados a la humana – no quise arruinar la diversión tan pronto –

– Eres una vergüenza para nuestra raza– Rodó Napa al lado contrario terminando la conversación.

Bulma volvió a reír quedamente altanera, no quería tentar su suerte, más la conversación le resultaba de lo más tonta.

– ¿Que tenemos aquí? – Disipando el buen humor de la chica, el alto saiyajin melenudo se levantó, aproximándose a Bulma con lentitud para observarla con mayor claridad, le rondaba como un perro hambriento – ¿Dime que te parece tan gracioso? – le sonrió amenazando erizando el dorso de su cola.

Bulma se encogió intentando no hacer contacto visual, sin embargo sintió correr la osadía de sus palabras escapando antes de meditarlo, otra vez verborrea…

– Lamento decirte que mi amigo Gokú, es un hombre extremadamente poderoso, tú no eres rival para el – Le desafió devolviéndole la sonrisa

– ¿y ese quién demonios es? – preguntó su acosador. Bulma levantó la ceja, dudando de la legitimidad de dicha pregunta.

– ¿Cómo es que funciona tu cerebro?– con genuino desconcierto, respondió atrevida, ganando sacar una risa del resto de sus acompañantes al ridiculizar a su supuesto carnicero.

– Vaya que eres osada para tu condición de debilucha– gruñendo, se agachó a una muy corta distancia de su rostro – … pero puedo tolerar eso– llevó su mano a la barbilla de la chica obligándola a mirarlo de frente – Que belleza exótica nos conseguimos – sintió a la mujer ladear la cara con desdén – ¿Cómo se verán esos bonitos ojos debajo de mi? – relamió sus labios sugestivo

Bulma sintió un temblor apoderarse de toda su conciencia, si había un momento para el pánico, ese debía serlo. Se levantó apresuradamente poniendo una distancia más adecuada a sus precauciones, los ojos bien abiertos y su cuerpo listo para volver a escapar.

El resto de los saiyanos se limitaron a reír, ahora ante su evidente angustia. Raditz se quedó arrodillado siseando una leve sonrisa aun sosteniendo el agarre en el aire. Se incorporó girando su rostro hacia ella.

– Hace un momento te pensaba menos tímida – le dio persecución sonriente, sus colmillos visibles centelleando todo el camino hacia ella

– ¡BASTA! – Demandó furiosa – ¡si te acercas más te arrepentirás!

– ¿y que me puede hacer una frágil mujercilla como tú? – le retó poniendo su cuerpo a escasos milímetros de ella cercando el paso con ambos brazos.

Bulma pateó su entrepierna con toda la fuerza que su cuerpo le daba. Raditz cayó de rodillas al momento bufando. La joven se enderezó colocando un mechón de cabello tras su oreja.

– Te lo advertí! – declaró airosa

Raditz soltó una carcajada y la sostuvo más rápido que un parpadeo de ambas muñecas apresándola contra la pared, Bulma exclamó aterrada

–Te engañé –le giñó un ojo acercándose mas

– ¡Raditz! – Interrumpió el saiyajin de los brazos cruzados – Suficiente –

– Vamos, nos estamos divirtiendo – continuó sin prestar mucha atención, sus ojos clavados en las facciones de la joven.

Vegeta solo clavó su mirada frunciendo el entrecejo con mayor profundidad. Raditz la liberó al instante. Bulma talló sus muñecas dejándose caer en el suelo fatigada, podía sentir el rojo de su piel arder por el forcejeo.

– ¡Eres un salvaje! – le gritó a su agresor mientras se alejaba

– No sabes cuánto – le contestó sonriendo de lado sin dejar de observarla – pero eso nunca me lo han tachado como defecto – guiñó de nuevo su ojo

Bulma retiró la vista en total repulsión, no sabía cómo sobreviviría un día más entre ellos, los restos de las semillas no debían ser consumidos a la ligera, puesto que recordaba que el exceso de las mismas significaba un peligro para su salud. Con suerte en unos días más podría tener acceso a algún tipo de escape, por lo mientras, debía soportar solo un poco más.

_..._

– ¡Puedo ver la Tierra! – Krillin gritó al resto de la tripulación sin poder ocultar su emoción

– La CI nos está esperando – Tarble aseguró manejando los controles – Debemos integrar un plan antes de llegar a la Tierra–

– Yo preferiría ir primero a comer algo – el sonriente Gokú sugería su habitual reclamo, solo que en esa ocasión se justificaba, tenían cerca de dos días comiendo migajas, puesto que las provisiones con dos saiyajin a bordo no habían sido duraderas. La comida en el espacio era además sumamente desagradable.

– Informé hace tiempo que llegaríamos, estarán esperándonos con un recibimiento adecuado – dió una media sonrisa al grupo y ajustando el piloto automático se estiró levantándose de los controles. No era el mejor piloto, pero estaba orgulloso de habérselas arreglado para traer a salvo a la flota.

A bordo de la nave rebelde ajustaban todo para dar recibimiento a los nuevos reclutas, la alianza con el planeta de los Namek, era un evento sin precedentes por lo que se había acordado reunir a los principales líderes a la altura del evento, desafortunadamente quedaban pocos de ellos, el tratamiento de Freezer tenía mayor precisión que los esfuerzos de su hermano mayor. Las filas habían sido mermadas en poco tiempo y las recompensas por sus cabezas no les permitían transitar libremente por los cinturones de miseria como antes, ahora sus mismos protegidos podían volverse en su contra.

– La señal de Tarble indica que se acercarán en unos minutos – un humanoide grisáceo de grandes ojos pasaba los controles al capitán Kurat

– Perfecto – tecleó los comandos de autorización – veamos si el esfuerzo valió la pena – comentó entre dientes. Desarticuló un fragmento metálico de su brazo y le examinó – Lleven a todos abajo y alisten los preparativos, debo ir a mantenimiento para estar presentable – la ironía en todo lo que decía daba una exacta idea de lo escéptico que se encontraba, como el repetía constantemente, un solo hombre no puede ser la diferencia entre la victoria del bien y el mal.

Cuando ingresaron la nave pudieron sentir algunas presencias conocidas. Al abrir la puerta Tarble descendió primero, había todo un despliegue de soldados formados haciéndole ceremonia, un conjunto de aplausos ovacionaban a los recién llegados, el aire de esperanza estaba frenético.

Krillin siguió acompañado de los niños, se sintió tan bien que comenzó a levantar la mano saludando, cual secretario de estado en un desfile, grata sorpresa fue cuando encontró entre esa multitud agradecida, el rostro de un viejo amigo.

– ¡Krillin! – se aproximó usando su mejor traje

– ¿Yamcha? – no podía creer lo que veía, por unos segundos pensó que quizá se trataba de un alienígena con un parecido increíble, que ahora también era su admirador… 'de acuerdo es estúpido' ¿Cómo es que estas vivo? – pregunto con genuina preocupación olvidando las consecuencias de los actos de Namek

– Kamisama y Mr Popo… todas las víctimas de la batalla – completó dando por entendida toda la situación con solo mencionarles – ¿Dónde está Bulma? – buscó entre el resto de tripulantes que descendían, Krillin trató de desviar la mirada para encontrar otro tema de interés que le disuadiera de insistir en la pregunta.

Fueron interrumpidos por los sonidos del metal de la nave doblándose para dar paso al enorme Nameku que descendía, apoyado sobre los hombros de Nail y Gokú.

– ¡Gokú! – eufórica otra voz familiar le recibía alegremente para darse paso entre los curiosos. Por increíble que pareciera, su viejo Maestro junto a Puar y Oolong, de todos los rostros en el lugar esos tres serían probablemente los que menos encajaban en la escena.

– ¿Que hacen aquí? – les cuestionó a su encuentro con el semblante en blanco.

– Bulma me envió la frecuencia para hacer contacto con la CI – el Dr. Briefs contestó develandose por el resto – decidí que debíamos venir a ver de qué se trataba – . Se encontraba al lado de otra criatura que le acompañaba. Un alto y azulado ser, de porte juvenil, su cabello era corto y blanco y su estructura, aunque escondida debajo de una prenda suelta, recreaba una especie de musculos no prominentes, pero que por seguro tenían una gran fuerza. Contaba con facciones muy finas, bien parecidas y homologas a las humanas.

– Bienvenidos amigos – se inclinó saludando amistoso – les tenemos una reunión urgente preparada – les habló en su idioma en una entonación perfecta y repitió el mensaje en nameku.

– Debemos darnos prisa no podemos permanecer todos juntos en el mismo espacio por mucho tiempo– Kurat apareció incitando a la comitiva a moverse de lugar – es una terrible estrategia… por cierto, ¿dónde está su alteza?–

Los tripulantes recién llegados se miraron entre si inseguros de contestar. El pequeño silencio se hermetizó para desatar entre los aliados las peores inferencias.

– ¿Mu…murió? – Yamcha pronunció temeroso de la respuesta. Los gestos de angustia comenzaron a emerger de todos los presentes, el segundo miembro más querido de la pandilla, el escuchar esa noticia era recibido en términos más allá de lo devastador

– ¿Dónde está mi hija? – intentando no caer en el pánico colectivo volvió a preguntar el Dr. Briefs.

– No estamos seguros– Murmuró Tarble bajando el rostro.

– ¡¿QUE?! – Yamcha reaccionó violentamente – ¿¡Cómo pueden no saber si murió o no, estaba con ustedes!?

– Calma – la voz de Gokú tomó el mando – Bulma fue secuestrada por otro grupo de saiyanos… por las circunstancias no pudimos rescatarla – cerró los puños avergonzado, ese hecho seguía rondando su cabeza imaginando los peores escenarios para su amiga, esos sujetos iban a pagar caro su atrevimiento una vez que los tuviera a su alcance.

– ¡Pero la regresaremos con las esferas! – Krillin intentó frenar el aura de tristeza que se les sobrevenía.

– Ojalá las esferas también borraran traumas – Oolong chilló irreflexivo de lo que sus palabras generaron en el centro de los demás, toda la experiencia debía ser abrumadora, quizá ni siquiera se encontrarían con la misma joven una vez que la rescataran.

– Basta, debemos organizar un plan de ataque – cortó en definitiva el intercambio el también perplejo capitán – después hablaremos del rescate de su amiga –Les invitó a seguirle

El salón era un recinto simple, había un conjunto de asientos redondos flotando sobre una blanca plataforma de apariencia liquida que se modificaba de acuerdo a las necesidades del momento. Por fuera se podía observar la majestuosidad del espacio, al centro les observaban atentos múltiples seres de diferentes formas, consistencias y estaturas. Todos intrigados de conocer por fin la tan esperada presencia de las nuevas armas vivientes secretas, mucho se hablaba entre los rebeldes de ese suceso.

– Es una fortuna que hayan conseguido escapar con vida de los escuadrones de exploración – la misteriosa Fennel, inició invitándoles a entrar. El resto del equipo tomó asiento entre los miembros de la asamblea – debemos agradecer a nuestros nuevos aliados su contribución a nuestra causa – exhortó al resto quienes asintieron hacia los desconocidos integrantes– les presento ante ustedes los guerreros del planeta ZT2077, conocido por los locales como: Tierra– los aplausos no se dejaron esperar sorprendiendo a los invitados

–tenemos entendido que esta es una forma de reconocimiento – un pequeño homúnculo cubierto en largos flagelos blancos se inclinó – bienvenidos los guerreros Z– en signo de aceptación efusiva el resto de la comitiva aprobó. Todo ese momento era surrealista a los ojos de la pandilla, mientras el líder se entretenía saludando con la mano alegre.

–del mismo modo, nos enorgullece presentarles a los representantes del planeta Na…–

– El venerable Guru, gran patriarca de Namek – a través de un cristal una anciana mujer flotaba dentro de un cilindro sonriendo al resto – su color verdoso tenia pintas brillantes que resplandecían en el agua.—este momento es memorable, lamentamos el dolor de su pueblo pero es grato encontrarlo con vida –

– El oráculo de Quadrivum – el anciano le reverenció– es un honor estar frente a usted después de tanto tiempo – sonrió ensanchado de orgullo – si continuamos con vida es gracias a estos valientes jóvenes – señaló a la tropa

– Ahora que tenemos de nuestro lado sus planetas podemos hacer una diferencia importante – Fennel se dirigió a Tarble que no cabía en sí de la felicidad interna.

– Nuestras tropas se las han arreglado para hacer frente y rescatar sobrevivientes de las purgas, sin embargo son pocos los maestros de ki con los que contamos – explicó a los terrícolas – hemos conseguido refugiar a miles en el planeta Sabaku, pero aún no hemos consolidado un sitio seguro–

– ¿Podríamos dejar la formalidad un momento para comer? – apenado sugirió el saiyajin mayor después de que sus sonoras entrañas parecían devorarse entre sí. Fennel le sonrió, asintió y comenzaron a traer diferentes recipientes con sustancias y apariencias extrañas, la variedad era mucha pero nada parecía familiar con las formas de comida terrestres, algunas incluso aún se movían.

– No sé ustedes pero perdí el apetito – Oolong se alejó

– Para celebrar su regreso nuestros camaradas prepararon este banquete, con las mejores delicias de sus tierras – Kurat cortó divertido en un cinismo burlón, al ver el petrificado semblante de los terrícolas.

– Bueno…es algo poco ortodoxo pero… debe saber bien – sonrió nervioso Kirllin, viendo frente a él un plato con pequeñas estrellas rojizas que saltaban y trataba de atrapar. Cuando volteó a ver a su mejor amigo, este acababa a ritmos urgidos con todo lo visible en la mesa sin chistar.

– Tal vez los saiyajin tienen diferentes papilas – secreteó Yamcha a Puar

– Qué suerte tienen algunos – Oolong se quejó

– Uniendo sus fuerzas será posible rescatar a mas sobrevivientes e idear un plan de contrataque – Fennel intentó continuar con el debate abandonado

–Antes de ello debemos hablar del regreso de Bulma – Tarble insistió retomando el hecho – gracias a ella se hicieron posibles muchas cosas, podemos postergar el plan un poco para… –

– Se lo que tienes en mente – sin mirarle, la diplomática alienígena le interrumpió – pero no podemos hacer nada aun –

– Esto es inaudito – Yamcha golpeó la mesa intranquilo – de no ser por ella… –

– Silencio –

Todos quedaron callados por el aura imponente de la anciana Arame

– Sus aflicciones son infundamentadas, la humana llamada Bulma se encuentra con vida – les reveló sorprendiendo a todos – mas no deberán desearla de vuelta, pues tiene un destino que cumplir –

– ¿Y ese destino es servir de botín de guerra a los saiyajin? – indignado Krillin se atrevió a cuestionarla

– Cuida tus palabras – Kurat le amenazó – tenemos más en juego aún, a su tiempo se resolverá ese problema, Lady Arame nunca se equivoca – dijo esto último en una voz más condescendiente – además si conocen bien a su Alteza, seguramente ella está haciendo sufrir más a esos malditos de lo que ellos pueden hacerle –

Ninguno de los terrícolas se encontraba satisfecho con el intercambio. Se miraban entre sí en una atmosfera común de frustración e impotencia.

– A su tiempo será revelado… al igual que el de todos nosotros– les recorrió con la vista detendiendose en un conocido saiyajin –si somos pacientes en un momento de incertidumbre, la asertividad será cien veces mejor –

– De acuerdo – Gokú asintió sorprendiendo al resto – entonces no perdamos más tiempo y hablemos de su plan –

El resto de la comitiva terrícola aceptó los términos en consecuencia, finalizando inconformes el intercambio propuesto.

_..._

No podía recordar cuantos días…o meses habían pasado, sentía una eternidad correr en su desesperación, su entorno cerrándose frente a ella mientras observaba las horas y los días correr sin una respuesta, por muchos planes que hubiesen dado vueltas en su cabeza, ninguna idea funcionaba para poder eximirla de esa tortura, se preguntaba por el destino de sus amigos, ¿habrían escapado? ¿Planearían rescatarla?

Observaba a sus compañeros de celda y no podía más que morder su labio en una frustración más allá de los limites humanamente tolerables, los más altos conversaban entre ellos de vez en cuando en ese extraño idioma, sin embargo su atención se desviaba recurrentemente al saiyano mas fuerte, cuya presencia desataba una extraña sensación de temor en ella, lo observaba con terrible fascinación, desde el rincón donde permanecía casi todos los días, podía ver su respiración subir y bajar en rítmica armonía con el movimiento de la punta de su cola, le rodeaba un aura hipnótica, similar a una criatura salvaje que resoplaba ira y poder aún en cautiverio. Se preguntaba cuáles serían las intenciones reales de ese sujeto para haberle asestado esta esclavitud sin sentido, debía haber una intención de fondo más profunda y temía que tuviese relación con alguna de las cosas que intentaba proteger.

Clavó por un momento su mirada en los ojos distraídos de dicho saiyajin, que con desgana vigilaba a sus compañeros interactuar, sus ojos oscuros y profundos con un fondo casi imperceptible bajo una línea de cerradas pestañas y gruesas cejas. Un semblante frío sin lugar a dudas, más no podía evitar relacionarle con su nuevo amigo saiyajin cuya sangre compartía, tan similares y tan diferentes.

– ¡¿Que tanto me estás viendo?! – bufó irritado

Bulma brincó en sorpresa al denotar que inconcientemente se había acercado inclinándose descaradamente. Al instante retomó su lugar abochornada.

– No es… – viró su vista – es solo …– y decidió no continuar recordando el incidente en relación a Tarble y su revelación.

– Tch– le limitó a contestar volviendo a clavar su vista en Napa quien ahora ponía atención a sus movimientos – tu, me debes una expllicación– amenazó a su soldado girando al otro lado de su posición sin contacto visual con el resto del grupo.

Su escueta plática fue interrumpida por el sonido de un pequeño compartimento en las paredes que daba paso a una bandeja con extrañas barras amarillas.

– Esa comida basura – musitó Raditz inconforme mientras se acercaba para tomar el recipiente – Aunque por lo menos esta vez si ha llegado – le sonrió a sus compañeros acercando el contenido a un lado del príncipe.

– Su majestad – se inclinó juguetón a un lado de su líder, lo que le propició un empujón al costado que lo desbalanceó

– Tus bromas un día te costarán la lengua – Vegeta gruñó severo y le retiró la carga de las manos. Seis barras contó a su descontento, tomó dos, lanzó inmediatamente una a la chica, dos a Napa, y una a Raditz.

– ¡¿Por qué Napa ha de comer dos y yo solo una?! – Protestó el molesto saiyano

– Es tu castigo por ser un imbécil – sonrió entretenido y regreso a su sitio sin dar mayor explicación.

Bulma atrapó la barra y no pudo más que extrañarse de que hubiese sido favorecida sin siquiera tener que pelear por su comida, sin embargo consideraba que esa pequeña porción no alcanzaría a cubrir ni una pequeña parte de las necesidades alimenticias que sentía, sabía que su reserva de trozos de semillas no durarían mucho tiempo, decidió arriesgarse a la aparente buena voluntad momentánea del líder del grupo

– Creo que me gustaría poder contar también con otra de estas– inició con su mejor tono – después de todo solo soy una frágil humana y la comida aquí no es muy frecuente – soltó una risita al tiempo

que sostenía su alimento con ambas manos.

– Podemos hacer un trato – le sonrió Raditz palmeando un sitio junto a el – lo veremos como una ayuda mutua – meneó su cola felizmente

– ¡Tengo dignidad idiota!– sacudió la cabeza ignorándolo y retomó su petición – Por favor Vegeta, verás, en mi planeta los príncipes son conocidos por ser personalidades de noble generosidad y actos... – se acercó aduladora dibujando su discurso del modo más convincente.

– Si no te callas, perderás el que ya tienes y tu preciada dignidad a manos de Raditz – su voz gruesa y desafiante desdibujó la sonrisa de la joven.

– ¡Oye! – protestó Bulma incorporándose –Puede que no te des cuenta, ¡Pero soy una delicada mujer que no tiene la misma resistencia que ustedes brutos!– se cruzó de brazos – ¡Puedo morir de inanición! – chilló apretando los puños

– ¿Eso significa que ya puedo hacer eso de la dignidad? – con una franca sonrisa Raditz le preguntó a la enojada mujer

– Mujer insolente – Se levantó el saiyano más viejo – Como te atreves a hablarle así al príncipe saiyajin! Ya has tenido suficientes faltas de respeto – vociferó acercándose con pasos firmes extendiendo su mano peligrosamente hacia el cuello de la chica

– ¡Espera! – se encogió en su sitio la aludida – ¡yo les salvé la vida! Y prometiste que no me dañarían – recriminó en un último intento por corregir su error

– Ya basta Napa – el príncipe cerró los ojos hastiado, recargándose contra la pared – todos guardarán silencio o mataré al próximo que haga un sonido, con o sin promesas – consumió un pedazo de su barra y dio por terminada la conversación al igual que el resto.

Bulma suspiró mirando su alimento, mordió un pedazo para después hacer una desagradable mueca, todo ese riesgo, por algo que ni siquiera con toda el hambre de su ser, tenía buen sabor.

– Hueles a sangre – Afirmó Raditz de la nada, mirándola sospechoso – ¿Te heriste sin siquiera hacer nada? – se mofó extasiado.

'Lo que me faltaba' El cuerpo de la chica abochornado se tensó.

–Ya les he dicho que esta sangre no es mia, es de Vegeta – intentó disculparse como la primera vez. Ignoró la burla del viejo que chasqueaba los dientes negando la cabeza, escondió su rostro entre sus rodillas. Finalmente el silencio llamó su atención para descubrir que los tres saiyajines tenían toda su atención puesta sobre ella.

– ¡Es mi periodo hormonal idiotas! – Vociferó indignada – No tengo toallas sanitarias ¡¿Satisfechos?! – en ese momento no le importaba ser asesinada, era quizá lo mejor que podría pasarle.

– ¿Peri..que?¡Que criatura más asquerosa! – Raditz tiró una risotada retomando su descanso, finalizada su merienda. El resto continuó sin prestar atención al incidente.

Al terminar el grupo se dispuso a dormir en sus respectivos sitios. Bulma suspiró acostada desde su rincón acomodando sus manos bajo su cabeza mientras imaginaba que circunstancia podría ser peor que esta, sin saber de sus amigos, en un sitio extraño, rodeada de seres sanguinarios y sin una sola esperanza de rescate a la redonda.'¿Donde estas Gokú?' meditó intentando aferrarse a la única persona que sentía podría ser una luz de esperanza para liberarla. De pronto un objeto golpeó su costado y al bajar su vista extendió su mano para tomar del suelo lo que le golpeó: la mitad de una barra. Levantó el rostro tímidamente sobre su hombro pasando su vista entre los saiyanos que roncaban para observar que solo el saiyajin mas joven continuaba despierto y le observaba.

– …Gracias – asintió con una sonrisa sumamente sorprendida. El joven solo se limitó a hacer una mueca de disgusto.

– Mas te vale que lo ha

gas rendir – Contestó levantándose para colocarse en el sitio más lejano posible del grupo.

Bulma regresó la vista al objeto y no pudo evitar sentirse confundida, se sentó sin perder de vista las acciones del saiyano que se disponía a dormir, una pregunta quedó intoxicando su cabeza ¿Por qué lo hizo? Con el semblante contrariado y la boca medio abierta decidió no dar rienda suelta a su curiosidad y limitarse a solo aceptar la aparente buena suerte emergente, aunque, quizá después de todo, el sujeto no era tan… despiadado.

_..._

Después de planear una estrategia los terrícolas fueron devueltos a la Tierra. Debido al tiempo requerido para usar las esferas se determinó esperar a su restauración antes de continuar con el asalto a Namek. Los guerreros se dispersaron enseguida esperando ser convocados para el contrataque cuando el tiempo pertinente se cumpliese. Gokú volaba de regreso a casa, había mucho que explicar, sobre todo a su volátil esposa de la que ya esperaba una efusiva bienvenida. Su camino fue turbado por una serie de sonidos estrepitosos que le sacaron de concentración.

En cuestión de minutos Gokú encontró la fuente de estruendos y explosiones, escondido entre los rincones de las montañas, lentamente flotó hasta acercarse a quien reconoció de inmediato entre su túnica blanca y piel única entre todos los seres del planeta. Se disponía a dirigirle la palabra cuando un vistazo de quien no esperaba encontrar en dicho sitio le paró en seco.

– ¿Gohan? – la sorpresa en su rostro no se dejó esperar. Se detuvo intuyendo que debía inspeccionar la situación antes de actuar, observó al namekiano atinar un golpe sobre su hijo y se enfureció. Cerrando la mandíbula violentamente se dispuso a enfrentarle hasta que observó un intercambio de palabras que llamó su atención y cayó en cuenta de lo que estaba viendo, Piccolo no intentaba lastimarle, intentaba entrenarle.

El rudo entrenamiento debía tener resultados sorprendentes mucho mejor de lo que el hubiese podido hacer por su hijo, lo observó levantarse para continuar su defensa pudiendo emitir energía de su ser, algo que hasta ese momento habría parecido imposible. Gustoso Gokú sonrió ampliamente en silencio determinado a presenciar el resto del entrenamiento como un silencioso espectador. Sabía que el pequeño lo necesitaría y que mejor maestro que el mismo hombre que conocía todas las debilidades de él para mejorar el desempeño de la siguiente generación de guerreros.

Observó el resto de la tarde hasta que el pequeño habiendo caído rendido fue a buscar un refugio para dormir. Piccolo se levantó en el aire consiente de la presencia de otro hombre en la proximidad.

– Supongo que querrás de vuelta a tu inútil vástago – dijo aleatoriamente sin determinar la posición del saiyajin

– No – contestó Gokú – sé qué harás un mejor trabajo que yo –

Piccolo se quedó en silencio sin mirarle

– Quiero pedir tu ayuda en otro asunto – se acercó – no se si no ha sido de tu conocimiento que los aliados de Tarble están aquí –Su respuesta llegó por un prolongado silencio de Piccolo que no volteo a encontrarle – ahora sabes que Namek es tu planeta de origen, está siendo atacado por las fuerzas de un tirano que pretende exterminarle– Prosiguió después de un suspiro – Han venido a pedir nuestra ayuda, la anciana que está con ellos habló a mi mente revelando ciertos eventos, es importante que acudamos a su defensa o será el fin de toda libertad conocida –

– ¿Por qué habría de ayudar un grupo de seres que jamás conocí? – Piccolo pareció dudar de la propuesta

– Porque jamás te negarías a una batalla de verdad – Gokú apeló a su debilidad como guerrero – eres el elemento más fuerte que tenemos –

Piccolo sonrió cerrando los ojos, esa afirmación quería escuchar tiempo atrás y que proviniese de la boca de un antiguo enemigo hacia que su significado fuera aún más dulce.

– De acuerdo – accedió

– Vendré dentro de 4 meses, entrena todo lo posible – Se dispuso a retirarse no sin antes detenerse en rígida posición de espaldas a su nuevo aliado – y por favor… cuídalo –

Desapareció dando un último vistazo al sitio donde sentía su hijo dormitaba. Era sumamente difícil alejarse sin poder despedirse, pero entendía la importancia de las acciones de Piccolo, si algo ocurriera, sería Gohan quien tuviera que defender la tierra en su ausencia.

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Muchas gracias por seguir la historia, en verdad significa mucho para mi cada vez que encuentro un Rw me pongo muuuy feliz jejeje espero que la historia siga siendo de su agrado ;) me he tardado más porque hacer la revisión de todo para que quede bien es tardada jajaja espero actualizar en tiempo de ahora en adelante. Gracias por continuar leyendo! Smith muchas gracias por tus criticas y observaciones! :P