Hola! Aquí con una nueva entrega jeje espero sea de su agrado. Tal vez me pasé un poco de la raya con lo largo pero necesitaba poner precursores de la trama para intricar las historias. Si les agrada haganmelo saber en un rw :) ya saben que uno los mendiga con avidez jajaja
Saludos a todos los lectores y mi profundo agradecimiento por sus comentarios Yannii, Smithback love you! y todos los que han dado favorite y follow. Ustedes son mi inspiración para seguirle!
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––––––––––––––––Capitulo IX–––––––––––––––Predestinación
Les guiaban por los pasillos largos y monótonos, una comitiva excesiva de soldados les rodeaban con diferentes armas sin mirarlos directamente. El silencio era tan impresionante en dichas instalaciones que podía escuchar las pisadas del grupo rebotar en todos los rincones visibles sin problemas., era notoria la repulsión que les asentaban y sus exageradas medidas preventivas al atarles le dejaban saber el temor que les incitaban, atándole incluso a ella, con lo que parecían dispositivos restrictores anti ki. A la cabeza del grupo y poniendo una distancia muy considerable entre ellos, se encontraba ese desagradable ser rosa que les hubiera recibido al ingresar a la nave. Aun cuando no lo conocía podía intuir que había un rasgo de temor en las miradas furtivas que le daba al grupo.
Fijó su mirada en el más bajo de los saiyanos, su paso tranquilo y sin temor a diferencia de sus compañeros cuya preocupación era por mucho notoria, al menos para ella. sacudió su cabeza intentando eliminar esos gestos de familiaridad, pero ciertamente que ese último periodo de su vida había transcurrido de la manera más extraña posible, silencios interminables que le hacían perder la cabeza, hambre y miedo adjuntándose a las incesantes muestras de atención innecesaria del saiyajin de cabellera larga, aunque debía admitir que de no ser por esas pláticas absurdas e intercambios de insultos habría perdido la razón en todo ese tiempo, si bien no representaba un reto a sus habilidades mentales, por lo menos era el único ser que le dirigía la palabra de vez en cuando.
– ¿En realidad es necesario que yo use esto? – Reclamó a sus custodios molesta – No es como si pudiera intentar escapar o algo – Frunció el ceño con una mueca y notó que nadie daba importancia a sus réplicas.
– ¡Silencio! – Le gruñó Raditz al notar que comenzaba a desesperar al grupo – Disfruta el paseo muñeca – Sonrió de lado dándole un vistazo feroz. Bulma desvió la vista para posarla sobre un par de puertas de tamaño colosal frente a un recinto igualmente intimidante. Al frente dos guardias abrieron una de ellas y la comitiva comenzó a darse paso a través del salón. Ahí, al frente de todos, sobre un elevado número de peldaños negros, se encontraba en la más cómoda posición, los rojos ojos que aterrorizaban a todo mundo civilizado, por fin, estaba frente a frente con el tirano Freezer en persona.
Sintió a la compañía inmediata de soldados acobardarse con solo sostener la mirada a ese ser, el silencio de todos le daba a entender, que no podría poner en falso una sola palabra sin que su vida peligrara, por lo que optó por solo observar, pese a que la diminuta figura del monarca no le propiciaba el mismo temor que a la opinión colectiva sino más bien, curiosidad.
– Lord Freezer – Se inclinó el petulante Dodoria – hemos traído ante usted a los traidores para su juicio –
– Me aburre tu incesante necesidad por evidenciar lo Obvio Dodoria– rodó los ojos en hartazgo – y que gracias a la falta de utilidad de todos los soldados, soy yo quien debe juzgar eso – bajó su barbilla propinándole una mirada de desprecio, al momento que hacía señas para que se alejara. El grupo realizó la misma acción saliendo del salón.
– Puedo ver el porqué de las precauciones del equipo de contención – De las sombras salió la preocupada y sutil voz de un individuo de gran presencia, Bulma dejó sus ojos bien abiertos al advertir que se trataba de un sujeto extremadamente atractivo y no pudo evitar sonreir con bobería– Puede que mi rastreador este descompuesto o el poder de Vegeta se ha incrementado notoriamente – bajó su equipo de su oído y le inspeccionó buscando alguna falla.
– No te equivocas Zarbon – le contestó el tirano en calmada actitud – Dodoria también lo sabe –- replicó molesto al notar la sonrisa satisfactoria en el rostro de Vegeta, que no dejaba de prestar toda su atención al intercambio, debía esperar el momento oportuno para actuar.
– Puede que incluso sea un digno rival para ti en este momento Zarbon – siguió escudriñándole pensativo provocando un gesto de repulsión de su subordinado– lo que me intriga, es el porqué de tu conducta tan relajada después de ser descubierto en una grave falta – retomó su posición, esperando pacientemente la respuesta de su juguete de tortura favorito.
– Si no le importa Lord Freezer – levantó las manos enseñando los dispositivos el altanero saiyajin – no veo porque no podamos hablar libremente – sonrió de lado con toda la petulancia que le caracterizaba, su confianza molestaba en sobre medida al hombre de ojos ambarinos.
– No tan rápido gusano – le espetó agresivamente – no sé si me agrada verlos así – se cruzó de brazos en signo de superioridad. Los otros saiyanos profirieron gruñidos molestos apenas audibles para el resto. Freezer levantó una mano a sus guardias, indicando hastiado atender la petición, mientras les observaba recargado en el dorso de su mano, sabía que no presentaba una amenaza, sin embargo Zarbon guardó receloso comentarios, aplicando de soslayo una mirada de desprecio al singular grupo.
– Dime Vegeta – inició el lagarto – ¿Es que no te has cansado de propiciar problemas desde que tuve la bondad de aceptarte aquí? – Una mueca de inconformidad corrió a través de los labios de ambos – ¿Qué estabas haciendo en ese planeta olvidado de civilización? ¡Desafiaste mis órdenes! –
Los saiyanos y la chica guardaron silencio atemorizados, prestando atención al semblante despreocupado de Vegeta que permanecía con los ojos cerrados y jugueteaba con los dedos sobre sus codos.
– Creí que la prioridad del imperio siempre ha sido anexar cuantos sistemas sean posibles para su beneficio Mi Lord – replicó en la más visible calma levantando el semblante. Freezer arqueó una ceja extrañado.
–Planetas útiles, simios imbéciles y en los cuadrantes de nuestro dominio – Zarbón interrumpió – los reportes indican que arrasaron completamente un planeta sin ningún beneficio comercial, que no formaba parte de los cuadrantes asignados –
– Namek es un famoso planeta ancestral que creíamos extinto, un atractivo histórico que ni los socios comerciales más ignorantes podrían pasar por alto – espetó Vegeta resaltando su conocimiento del tema – en cuanto a arrasar…ya saben que me precede mi reputación entusiasta – se encogió de hombros con una sonrisa maligna.
–Sin embargo, no dejo de pensar que buscabas un beneficio mayor a lo que aparentas – Freezer le interrumpió desconfiado. El demonio del hielo era muy astuto para caer en esa simple treta. Sabía que ese arrogante bastardo no se arriesgaría por algo tan falso, como traerle un beneficio a sus pies.
– ¡Yo estoy de acuerdo! su … ¿majestad? – Impresionando a todos los presentes la chica se atrevió a emitir – es la psicosis de la sangre – se acercó al frente señalando al resto de sus compañeros – estas criaturas tienen sed de destrucción, acabaron con mi mundo solo por la diversión de hacerlo, son peligrosos para mantenerlos libres, como sugiere su galante asistente – intentó hacer sonar sus palabras como una seria recomendación, ganando el favor de los superiores con una tonta coquetería.
– Pero que mujer idiota –gruño por lo bajo Vegeta propinándole una mirada asesina
– Que significa esto – la señaló el lagartoide riendo quedamente– ¿qué criatura patética traen ante mí ahora? – exigió una explicación a los soldados frente a él.
– Nos reportan que es una esclava del escuadrón de Vegeta – Zarbon leyó en tono de mofa. El tirano permaneció inmóvil sin dar cabida a lo absurdo de la situación.
– Por supuesto – finalmente dio dos palmadas en signo de refocilación –tarde o temprano llegarían tus patéticos instintos de mamífero ¿o no Vegeta?– se regodeó en la burla al tiempo que el antedicho se cruzaba de brazos, ofendido ante la insinuación– esto no es un burdel donde puedas traer compañía.
– ¡No soy una prostituta! – protestó al instante la aludida ante lo referido, librándose del agarre superficial de sus vigilantes – ¡Soy un genio tecnológico y por eso me secuestró! – intentó esclarecer las intenciones figuradas, que quizá le traerían una mejor suerte a su cautiverio.
El monarca y el resto de los presentes se limitaron a emitir una risa aburrida sin prestar atención a dichas afirmaciones.
– Tienes la suerte de que hoy me siento benévolo – sonrió malévolo en dirección al líder de los saiyanos– no asesinaré a tu adquisición, pero… tendrás que compartirla con toda la flota mi estimado Vegeta… espero no te moleste estropeen tu juguete– sin embargo, no logró arrancar un solo gesto del rostro del sujeto, quizá después de todo, si era una simple esclava.
–¡¿Qué?! – con los ojos abiertos a su máximo, Bulma sintió su mandíbula caer al entender el significado de esa amenaza
– Sería un desperdicio para un solo hombre – confiado continuó Zarbon con las burlas de su amo – Llévenla a la plataforma roja – indicó a los guardias que la sostenían.
– NO, esto es un error, puedo ser de utilidad– luchaba por librarse intentando ser escuchada y volteó hacia el azulado soldado – ¡Desperdician mi talento! –, su voz fue decreciendo mientras la llevaban a rastras fuera del salón solo siendo seguida por la mirada ansiosa de Raditz, quien pensaba en que su suerte podría haber tenido un giro favorable después de todo.
– Llévenselos al ala de prisioneros – señaló al resto de la comitiva mientras los ojos incrédulos de los saiyanos permanecían fijos en el con la rabia casi palpable en su silencio. Vegeta realizó una mueca casi invisible de inconformidad no pudiendo su reacción ser ocultada por su cola que se erizaba sobre su revés.
– Cuáles son sus recomendaciones Mi Lord– Zarbon solicitó de manera sumisa
– No podemos comprobar que no sea verdad la evidencia que nos presentan – Freezer llevó su mano a su barbilla – quizá en realidad han perdido la cabeza, pero una semana de castigo por su desobediencia bastará por ahora –
– Como ordene Mi Lord– sonrió el sombrío hombre adulador y salió del recinto detrás de los prisioneros.
Bulma sentía su corazón escapar de su cuerpo mientras le arrastraban por los pasillos, su plan de evadir atención innecesaria a la existencia de las esferas podría haber funcionado, pero había significado un destino peor para ella, las palabras de la reunión aún rondaban su cabeza
– ¡Sueltenme! – se arrojó al suelo en un último esfuerzo por liberarse – esto es un error ¡yo no soy una prostituta! – bramó enfurecida sin ser escuchada. Al instante observó el resto de un número de mujeres de la más variada colección de especies que le miraban en silencio, de entre ellas un corpulento y desagradable hombre se acercó sosteniendo lo que parecía un arma, su aspecto en demasía desagradable cubierto en un uniforme extraño y percudido, que acompañaba un hedor que completaba su apariencia de cuatro brazos y piel verde. Los soldados mostraron un informe a través de un dispositivo y el hombre asintió observándolos retirarse. Al deslizarse las puertas de la cámara volvió su atención a la nueva adquisición cuya mirada fija en él tenía todas las tendencias homicidas afloradas.
– Quizá tengas potencial – se inclinó frente a ella sosteniendo su rostro satisfecho
– Si alguien osa tocarme ¡lo mataré! – amenazó lo más fiera que pudo intentando imitar los gestos de los saiyanos que habría aprendido muy bien
– Pues inténtalo – se burló la extraña criatura. Sin delicadeza jaló el brazo de la chica pegando la extraña arma en el nacimiento de su hombro. Bulma sintió un ardor al instante y un parpadeo destellar bajo su piel. Se abrío paso en la escena un frágil ser verduzco de escasa estatura que le ayudó a incorporarse después del incidente– Sere te enseñará las reglas del lugar, si desobedeces serás castigada y eso será aún más desagradable que tu labor – tomó uno de sus mechones y ella giró el rostro violentamente para apartarse – si intentas escapar ese dispositivo te desaparecerá más rápido que tu lengua cáustica – señaló la pequeña luz que parpadeaba en su hombro.
– Esa actitud te ayudará a sobrevivir más tiempo – sonrió levantándose desinteresado – vístela y encárgate – indicó a la pequeña figura que asentía sin chistar.
– ¡No me toques! – la chica forcejeaba contra la criatura que le guiaba bruscamente a la sección trasera del sitio donde el grupo de mujeres se alistaba para llevar a cabo su papel durante la noche. Interrumpió la limpieza de su nueva herida sintiéndose abrumada ante el espectáculo, ninguna de ellas parecía percatarse de su presencia, sin embargo tampoco parecían percatarse del terrible estado de salud que transmitían, sus acciones y reflejos perdidos en una conciencia automatizada, mientras se vestían en una suave bulla tímida. Algo le indicaba que su estancia en ese sitio podría costarle algo más que la libertad.
Definitivamente a cada minuto que pasaba su suerte empeoraba.
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El plan estaba formulado, en un improvisado cuartel de guerra dentro de la corporación, discutían los términos del asalto, su primer golpe para probar la destreza de los terrícolas en el campo de batalla, recuperar el planeta Namek era una inminente prioridad. La supervivencia de la galaxia en juego.
–No tenemos más tiempo que perder– frustrado por la tardanza de las medidas de acción Tarble golpeó la mesa impasible – conocemos al enemigo y sus formas de actuar, no veo por qué demorar tanto– insistió justificando su desesperación.
– Guarda ese ímpetu para la batalla– Kurat le instó – entre más desarrollado es un plan menor margen de error tiene, creí que ya habías aprendido de ello– le recordó los infortunados eventos de su poco premeditada llegada a la Tierra, que casi cuesta toda esperanza a sus nuevos aliados. Suspiró recobrando el temple para tomar asiento en vergonzosa aceptación.
– La mitad de las fuerzas especiales se encuentran ahí y todo el ejercito de la base 58. Freezer debe sospechar que algo de valor está oculto – a través de su propio holograma desplegado, Fennel explicaba al resto – no tenemos oportunidad si todos pelean contra nosotros–
– Saru resolvió eso – el capitán Kurat continuó dándole crédito al azulado individuo sentado junto al Dr Briefs– Crearemos distracciones en las colonias de astilleros y de minerales preciosos, son de las provincias de mayor aprecio del imperio y no levantarán sospechas sobre nuestro interés en Namek– sonrió ante la divertida idea de generar dicho estrago
– Se reunirán con el teniente Azuki –Fennel les indicó – él es otro Reikoseijin que sobrevivió a la masacre–
– Rei… que? –atento al intercambio Krillin interrumpió. El resto de la flota rebelde comprendió el faltante de información que los terrícolas poseían.
– La evolución tiene muchas formas en este universo– inició con la explicación la extraña alienígena – pero algunas veces ocurren analogías en especies distantes, ustedes se denominan a sí mismos humanos, pero su especie no es única en el universo, sus homólogos pertenecieron al antiguo planeta Reikosei, uno de los mundos más antiguos del universo, ahora borrado de todo rastro gracias a los Icejin–
– Vaya que ese tal Freezer disfruta la mala publicidad– se agazapó en su asiento el joven monje
– Haremos el boicot en los cruceros de intercambio – la segura voz de Saru se dejó escuchar por fin– el riesgo es menor, pero será mejor que contemos con toda la ayuda posible – se dispuso a proporcionar las alineaciones que se jugarían en esa estrategia – Tarble, Yamcha, Krillin y Azuki realizaran el señuelo para alejar a las fuerzas Ginyu de Namek, realizaremos los deseos cuando el planeta sea asegurado por el capitán Kurat, Tien, Nail y Piccolo y podamos regresar a todos a la vida sin riesgo de nuevas bajas–
– ¿¡Y yo no voy a pelear!? – incrédulo y sumamente molesto Gokú decidió interrumpir hartándose de solo ser requerido como espectador, por ningún motivo permitiría que le dejaran fuera de un combate tan prometedor, por si pensaban dejarlo en la Tierra.
– Debido a que quizá nos quedemos sin transportes, usted Goku será enviado a Namek de inmediato, en la nave que el Dr Brief diseñó para traerles de vuelta. Está diseñada para que pueda continuar su entrenamiento el tiempo que tarde en llegar– destacó Saru la crucial importancia de su participación, esperando que eso le desistiera de pelear.
– ¡No! – rogó caprichoso cual niño enfurruñado, ambas cejas sumamente cerca en el ceño de mayor reproche que podía invocar – Yo quiero enfrentar a las fuerzas – la sola idea de no formar parte de la acción inmediata era un agravio personal.
– No –el joven científico le afrentó como última palabra. El saiyajin del cabello alborotado sintió un atisbo de poder emanar de ese personaje, por alguna razón se refrenaba con sumo control. Algo le decía que ese sujeto podía encontrarse en un nivel incluso superior al suyo. Pero lo probaría después.
– Si lo que se dice de ellos es cierto – Fennel inició– no tiene aún posibilidades de vencerlos – con un gesto severo le reprendió – no podemos arriesgar nuestra mejor carta aun–
– Creo que alguien debe permanecer aquí por si otra amenaza aparece– Yamcha se negó a participar, la reciente sensación de muerte no le permitía despegar de su cabeza el riesgo al que se estaba sometiendo– o si Bulma regresa – el semblante de todos se congeló, era un tópico que aún no terminaban de procesar y parecía sumamente improbable que ello ocurriese, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta – creo que Krillin, Tien y yo deberíamos permanecer en la Tierra–
– Eso no será necesario, solo uno de ustedes vendría bien, pues tenemos otro buen elemento– saliendo de los rincones del salón Piccolo se aproximó al resto – Gohan ha incrementado su fuerza lo suficiente para ser un digno rival de lo que se atreva a poner un pie en este planeta – viró para observar gratamente a su discípulo sonriente, el pequeño ahora poseía mayor estatura y un digno lugar en la mesa de discusión, había sido la revelación del momento, por ello en cuanto apareció acompañado de su maestro, el asombro no se dejó esperar de la mano a los elogios de su encuentro. Todos estaban alborozados de contar con otro soberbio guerrero, todos… menos una.
– ¡De ninguna manera voy a permitir que vuelvan a arrebatarme a mi Gohan!– Chi-chi avivó el desánimo que ya todos sospechaban se suscitaría después de ese comentario – ¡Piccolo tienes suerte de que no te asesine con mis propias manos por lo que hiciste! – Rabiaba enseñando los dientes como una encrespada fiera – sobre mi cadáver permitiré que utilices a mi hijo para estos fines, su deber está en la escuela no con esta bandada de rebeldes sin causa–
– Vamos Chi-chi no te preocupa lo que le pueda suceder a la Tierra – Gokú intervino intentando hacerla entrar en razón – Solo será temporal –
– ¡Tu Cállate! – Le espetó – no creas que te he perdonado que no tuvieras la mínima consideración de haberme dicho que ¡estabas vivo de nuevo! – le jaló de la solapa del traje intimidándolo
– ¿Pero cómo iba a avisarte si… estaba en otro planeta? – alzaba ambas manos intentando apaciguarla con una amistosa sonrisa condescendiente
– ¡eso no me importa! – Se dirigió también al resto de los presentes –quizá tú puedas largarte donde te dé la gana ¡pero mi hijo se queda conmigo! – finalizó poniendo distancia entre su marido y su hijo.
– Mamá estaré al corriente de mis deberes, puedo hacerlo desde la base sin ningún problema – una vez más suplicó por su participación, sumiéndose en otro encarnizado intercambio de amenazas entre su intransigente madre, despistado padre y las miradas de hartazgo de su tutor.
– a veces olvido lo primitivas que pueden ser las formas de vida en otros planetas – Kurat suspiró en voz baja a Tarble dando por finalizada la reunión bajo la ridícula riña familiar.
– Tal vez deberíamos enviarle a Freezer una Chi-chi furiosa– cuchicheó Krillin al resto
–Efectivamente puede fastidiarlo hasta que se suicide– se le salió en voz alta a Yamcha. No advirtió cuando un gancho le rebotó la cara en la mesa, bajo una enrojecida mujer que le perseguía por el lugar. Todos rieron ante el acto y más que nada, debido a la certeza de que todas las piezas estaban acomodadas, ahora solo tenían que actuar en cuanto las esferas estuvieran listas.
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Caminando con ímpetu entre el lodazal arenoso, resonaba sus pies encharcados, intentando con todo su ser disimular la ira contenida que esa reunión le provocaría, su blanco cabello pegado desordenado a su roja frente, sin duda odiaba encontrase en ese lugar, tanto por las dolorosas inyecciones de estupefacientes que debía recibir y poder soportar la exposición prolongada a los materiales extraídos, como por el calor insufrible. Pero sobre todo, por el individuo que debía encarar a continuación.
– Teniente Jeice– le recibió su subordinado – no esperábamos recibirlo en Minas Calladri– le reverenció tomando los aditamentos de resguardo, la lluvia de gases del planeta era conocida por ser altamente mortífera y ácida.
– Yo tampoco esperaba venir – gruñó sin hacer contacto visual – pero alguien debe resolver su incompetencia a los ataques de espionaje – fijó sus palabras dirigidas al resto de los presentes en la sala de control y en especial a uno que no desdibujaba su burlón gesto.
– A veces creo que olvidas que trabajamos para el mismo imperio – Salza permanecía cruzado de brazos observando el panel de control – no deberías poner etiquetas falsas a la ayuda que recibes – supervisaba las oscilantes cifras de la pantalla pasándolas con rapidez
– Puede que me equivoque – arrojó una especie de impermeable a los asistentes – pero la última vez que cruzamos caminos, eras la mano derecha de Cooler y desgraciadamente… te conozco bien – mordaz enseñó los dientes a su ex compañero. En la estación, todos conocían la historia de ambos, iniciaron juntos su entrenamiento en las fuerzas de la OIC, uno era un noble, otro plebeyo, amigos incondicionales de infancia, sin embargo, a pesar de contar con el mismo origen, el plebeyo logró escalar a pasos agigantados su puesto y renombre, aunque pocos conocían la razón de ello.
– No sé por qué aún percibo resentimientos querido amigo– el azulado humanoide cerró sus ojos presuntuoso – creí que ya habíamos aclarado diferencias–
– Si llamas aclarar a justificar tus tramposas traiciones– le cortó interrumpiendo el proceso de análisis en el panel – ¿Qué demonios haces aquí? ¿Hicieron un pedido de lisonjero a conveniencia?–
– Te sobra en ultrajes lo que te falta en fuerza – se burló tomando el resto de sus cosas para marcharse – pero si debes saberlo, al parecer Freezer tiene problemas con la producción de transferato y se acaban las reservas para los restrictores energéticos– le explicó con aires de superioridad, cual si se tratara de un tema sumamente complicado.
– Para eso tenemos a Gichamu, alimaña metiche– permanecía de brazos cruzados bloqueando el acceso.
– Jeice, incluso tus insultos son decepcionantes – se adosó riendo despacio hacia otro de los subordinados al alcance – informa a Lord Freezer, que enviaremos el monto del déficit de producción de nuestras minas restantes, al parecer podemos cubrir la demanda sin problema – entregó el dispositivo.
Una ráfaga de viento le alertó y sostuvo en el aire el puño que se avecinó por detrás. Jeice le lanzó de nuevo un rodillazo que fue igualmente interceptado. Salza lo levantó de un poderoso giro en un segundo, colocándole inmóvil en el suelo. Todos los testigos se hicieron a un lado, temerosos, las leyendas del poder de ambos no eran para tomarse a la ligera.
– Puede que algún día fuéramos amigos Jeice –se acercó a su oído amenazante – pero si vuelves a hacer eso, no me costará ni un mísero remordimiento destriparte– le rechinó los dientes furioso, azotando de la melena, la cabeza de su oponente en desprecio.
– Púdrete imbécil– le espetó su víctima devolviendo el mismo semblante de odio. Salza retumbó un débil gruñido y recobró la compostura enderezándose.
– La próxima vez no tendrás tanta suerte – cerró las compuertas tras de sí.
Jeice se levantó del suelo, rodeado del mudo asombro de los elementos de la cámara, quienes gradualmente retomaron sus actividades, tratando de evadir la zozobra del incidente. Con una mueca apretada cerró los puños con impotencia. Encendió su rastreador y se acercó al panel evaluando el historial.
– Capitán– Llamó impaciente– se marchó, estoy enviando una copia de los procesos que evaluó para conocimiento de Gichamu–
– ¿Qué opinas? – resonó al otro lado la endurecida voz de Ginyu
– No lo sé– suspiró mordiendo su labio – parecía legítima la orden, pero ese maldito es demasiado impredecible–
– Si algo trama Cooler lo averiguaremos –le tranquilizó su líder – quédate en la base hasta nuevo aviso– le ordenó cortando comunicación.
Jeice se retiró el rastreador bajando la vista, mientras se sumergía en un oscuro pensamiento, sus ansias asesinas se presentaban una vez más engranándole a ese doloroso recuerdo. El recuerdo de ese amigo de la infancia por el que lo perdió todo e irónicamente al que debía su actual puesto, pese a todo su esfuerzo de entrenamiento, nunca pudo superar las virtudes de táctica y fuerza del que alguna vez admiró. Recordó a su familia exterminada por su causa, madre y hermana que alguna vez le miraron como uno de los suyos. Muertas a mano de Cooler por falsas conspiraciones que supo inculpar con éxito. Salza pudo haber desmentido con facilidad el accidente por el que les incriminaron, pero usó esa inexplicable desgracia para escalar, como era usual en su traicionera, astuta y calculadora naturaleza.
Algún día se vengaría. Se repetía ese pensamiento como un mantra lapidario, debía agradecerle quizá, que ese hecho llegara a oídos de Freezer, pues fue el ingenio de ese atentado, lo que le salvó de ser ejecutado, siendo así reclutado por el tirano, sin embargo desmentir el hecho revelaría que en realidad nunca estuvo a favor del monarca, por lo que el verdadero culpable de la muerte de su familia seguiría en el anonimato y libre, por lo menos hasta que le fuera conveniente investigar.
Entre tanto debía acatar la molesta orden y permanecer en ese infierno, por lo menos hasta que se cercioraran de que los depósitos no estuviesen comprometidos. Mientras, podía disfrutar de las curiosidades que todos hablaban, el estado de los condenados a muerte que trabajaban la mina, pocos tenían acceso al área gracias a los rumores de los tipos de muerte que les esperaba en el lugar. Ahora podría satisfacer su morbosidad de primera mano.
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Un mes había pasado desde aquella reunión, mismo día que despidió a su mejor amigo esperando llegara entero a su destino. Todos entrenaban arduamente para lograr su cometido. Krillin miraba las puertas de cristal sin tener el valor para entrar en ellas, sabía que debía salir limpio con la información que ahora poseía y nadie daba indicios de querer revelar a su principal interesado. Dándose valor empujó el grueso cristal y se dio paso dentro del edifico de la Corporación Capsula.
– Buen día – le saludó la recepcionista – ¿Le esperan? – su tono poco amable le indicó que se trataba de una nueva recepcionista.
– Soy un viejo amigo de la familia – intentó proseguir pero su camino fue cortado por las puertas metálicas que se cerraron. La chica levantó un dedo solicitando la espera del impaciente invitado quien cruzado de brazos no dejaba de dedicarle reproche con las cejas juntas.
– El joven Tarble dice que lo encuentre en el jardín del este –
– Vaya y ese tonto consiguió que hasta le llamen por su nombre – murmuró inconforme atravesando el umbral.
Cuando hubo llegado al sitio se encontró con dos guerreros batiéndose en combate con sus mejores técnicas y lo que hubiese sido un jardín dispuesto como pequeño campo de batalla. Tarble y Nail entrenaban sin cansancio instruyendo las debilidades del otro como alumno y maestro al mismo tiempo.
Los combatientes se detuvieron al descubrirse observados por la visita.
– Krillin – alegre el saiyajin descendió tomando una pequeña toalla del suelo. – Esperaba que llegaras más tarde – Nail bajó al mismo tiempo posicionándose al lado de los jóvenes.
– Entretenida contienda – les contestó el humano – me alegra que entrenen juntos – viró observando a Nail– pensé que estarías entrenando con Piccolo –
– Han sido pocas veces en las que hemos podido – Nail afirmó– al parecer él gusta de la vida en solitario –
– Aunque esa situación me ha beneficiado sin duda – se rio el joven saiyajin – ¡gracias a Nail he mejorado bastante! – Declaró con humildad revelando un mohín de complacencia.
– Quizá debería unirme a su entrenamiento también – llevó sus manos a su calva cabeza – El maestro Roshi no parece darle más interés a entrenarme que a sus revistas pornográficas – se carcajeó
– Puedes venir cuando lo requieras – Tarble aseguró mientras Nail asentía – a esos malditos saiyanos les haremos pagar lo que han hecho –
– Tarble – de pronto Krillin ensombreció su estampa – ¿podemos hablar? – solicitó le siguiera a un lugar apartado – discúlpanos Nail – hizo una ligera reverencia al namekiano mientras un confundido chico obedecía su instrucción.
Una vez que estuvieron lejos Krillin meditó como debía iniciar lo que venía a comunicarle a su nuevo amigo. No había modo de que no le causara dolor, cual fuera el método que utilizara
– ¿Recuerdas la pelea que tuviste con Vegeta?– soltó de pronto decidiendo que no había forma de disminuir la gravedad de las cosas
– Solo recuerdo observar esa extraña luz que emitieron – se encogió tímidamente – sé que me transformé, pero cuando eso sucede pierdo el conocimiento– admitió con vergüenza – espero no haber dañado a nadie –
– Ciertamente dañaste a alguien – soltó una leve risa pausada – pero creo que aún consiente habrías querido hacerlo – dio una palmada en su hombro
– ¿Entonces lo enfrenté yo? – Dijo sorprendido – eso explica por qué casi muero – sonrió meneando la cabeza
– Tarble – interrumpió el joven humano – No creo que tu debas ir a enfrentarlo de nuevo. Un silencio ausente se acomodó entre ambos dialogantes. La incomprensión del más joven se hizo notoria para Krillin
Estabas inconsciente cuando la pelea se interrumpió por otro de los saiyanos – prosiguió preocupado – pero le dijo algo a Vegeta que lo hizo detener su ataque – paró intentando descifrar en el rostro de su oyente si debía seguir hablando o detenerse.
– ¿Es por eso que estoy vivo? – Continuó indagando acerca de su desempeño en la pelea – ¿Crees que no tengo oportunidad? – su pregunta tenía más reproche que inseguridad.
– No, Gokú te salvó y no dudó de tu capacidad…– aclaró el pequeño monje – pero ese sujeto le reveló a todos que al parecer… Vegeta es parte de tu familia –
El instante de atención se disolvió entre ambos, Tarble viró dándole la espalda en una hostil conducta. Krillin dudo proseguir su plática y solo aguardó una respuesta en silencio. Ese momento se prolongó por varios segundos hasta que uno de los dos decidió hablar.
– Perdona – Krillin continuó tomando su distancia – no pretendía molestarte, pensé que debías saberlo, puesto que es mejor que no te tomen por sorpresa en el campo de batalla – justificó su acción. Tarble continuó en el mismo ceño fruncido sin mover un músculo.
– No me tomarán por sorpresa con mentiras – Finalmente habló saliendo de su fría postura – pudieron decir lo que fuera para causar una distracción – intentó convencerse.
– No lo sé – Krillin intentó seguir la corriente – no veo cual sería el beneficio para ellos cuando prácticamente estaban ganando – replicó. Sabía que dicha noticia no provocaría una reacción positiva para nadie
– No importa – suspiró finalmente – eso no cambiará todo el mal que me ha hecho – gruñó con rencor – ni evitará que tome venganza por ello, yo no tengo familia–
– De acuerdo – no supo que más contestar accediendo con empatía – te repito, pensé que sería necesario, disculpa – puso la mano sobre el hombro del chico y se retiró sin más palabras.
Tarble solo podía exudar todo el odio que sentía, a su mente regresaban imágenes borrosas de todos los indicios que se había negado a reconocer, el tiempo que pasó con ellos creyó haber escuchado rumores entre los soldados al respecto, más nunca aceptó la posibilidad de tan atroz verdad. Escucharlo confirmado solo empeoraba el odio que sentía, ¿Cómo pudo hacerle tales vilezas siendo su misma sangre? Seguramente lo supo desde el inicio y disfrutaba humillarle por su inferior naturaleza, se relamía en pensamientos de venganza para el día que finalmente lo enfrentara y lo despedazara, como él y sus hombres hicieron contra su familia y amigos. La adición del secuestro de Bulma solo añadía una más a la lista de venganzas que ejecutaría contra él, sentía que la única fuerza que le mantenía con vida era esa promesa de cobrarle a Vegeta todo lo que alguna vez le arrebató.
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El ruido de la puerta deslizándose le despertó. Se incorporó aún con los ojos cerrados, pese a los repetidos esfuerzos del tirano por romper su espíritu, el aislamiento no representaba una amenaza suficiente para el príncipe, incluso en sus años más mozos, las sutiles heridas de su cuerpo no constituían una amenaza significativa, sabía que en esta ocasión la falta de evidencia del motivo de sus actos le había propiciado un tratamiento benévolo a diferencia de sus castigos anteriores. El guardia asignado se acercó vacilante, temiendo por su preciada vida mientras lograba disponer del dispositivo de cautiverio del príncipe. Vegeta frotó sus muñecas al tiempo que caían al suelo, sus intenciones tenían el tiempo contado si es que quería lograr su cometido.
– ¿Mi escuadrón? – preguntó secamente
– Han sido liberados esta tarde – asintió el joven soldado tomando distancia.
Vegeta lanzó un gruñido acompañado de una mueca inconforme, sabía dónde los encontraría y casualmente era el mismo lugar donde debía dirigirse.
Cuando abrió las puertas del recinto rojo, se sorprendió al escuchar un bullicio de proporciones intolerables, la multitud abarrotada al frente, se oían chiflidos, gritos y carcajadas como no había escuchado en mucho tiempo, se abrió paso entre la muchedumbre entusiasmada, observando en desaprobación a todos los presentes mientras los empujaba, cuando llegó al centro de atracción de todas las miradas se detuvo en seco y levantó la ceja desconcertado al encontrarse con el espectáculo que se estaba ofreciendo.
–¡BRUJA MALDITA! – Gritaba en el suelo una llamativa criatura blanquecina a otra mujer, que en la más pura rabia y salvajismo le montaba intentando contenerla, una conocida joven de cabello azul, ataviada con las prendas más provocativas, igualmente sin dejar nada que descifrar de su figura.
– ¡YO TE VOY A ENSEÑAR MODALES! – la terrícola continuaba golpeando frenética jalando del cabello a la otra mujer que intentaba en vano atinar otro puñetazo sobre ella.
Las dos mujeres rodaron sobre el podio, pateándose y forcejeando mientras emitían maldiciones que se perdían entre la música y la algarabía de todos los espectadores entretenidos, incluso podía escucharse emotivas apuestas que empezaban a fraguarse de los sujetos al fondo del salón. Recobrando el sentido común después de la escena, decidido a terminar con esa tontería, Vegeta se cruzó de brazos y avanzó hacia las mujeres siendo detenido por un sujeto que se colgaba de su brazo a modo de súplica.
– No hagas una tontería ¡te lo ruego! – le lloriqueó Raditz intentando detener lo que sabía se traía entre manos – después me lo haces pagar, ¡déjala solo un minuto por favor! – le sonrió implorando.
– ¡Suéltame imbécil! – Le empujó y se acercó decidido
Bulma sentía su cuerpo tensarse, sus contusiones al rojo vivo y podía jurar que probaba el sabor ferroso de su sangre en los dientes, se aferraba a la pelea como un animal sediento de venganza. Súbitamente sintió un agarre detrás de su cuello que le levantó los pies por los aires separándola de su igualmente extrañada y semidesnuda víctima.
– ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – Escuchó la ruda voz que muy bien conocía, en un instante se sintió arrojada al suelo. En un sonido opacado por los abucheos de todos los hombres que inconformes reprochaban la interrupción. Bulma se volvió a observar al saiyajin que en reprobación permanecía de pie junto a ella. Se talló el trasero adolorida levantándose para encararlo.
– ¡No te metas! – Le gritó injuriada –– ¡Esa estúpida me las pagará! – espetó intentando apartarlo. En medio del bullicio que protestaba exigiendo la continuación de la pelea, la otra mujer casi rendida se incorporó.
– ¿Qué sucede cobarde? –Temblaba acomodando su ropa –¿Necesitas… que tu dueño… te rescate? – resopló retándola, cegada por el calor de su absurda pelea. Las frenéticas carcajadas que desató el comentario terminaron tan rápido como iniciaron, al proferir el aludido, un vistazo tan espeluznante que nadie se atrevió a hacer un sonido más. Recobrando el sentido común la otra mujer trastabilló escapando apresurada entre las mesas, para desgracia de todos los espectadores.
– Muy bien basuras, el espectáculo se acabó – Raditz subió a la mesa entre el público, alentando con ambas manos al resto de los soldados a marcharse a sus asuntos antes de que su líder pulverizara a los curiosos – ¡Oye! ¡Tú me debes una apuesta! – se bajó para ir a alcanzar a otro de los presentes.
Vegeta, en demasía molesto por el espectáculo del que fue parte, la tomó bruscamente del brazo llevándola a otro sitio donde no pudiese ser escuchado.
– Escúchame bien insecto – le acorraló contra la pared – la única razón por la que te mantuve viva es porque tú sabes algo que me interesa – le gruñó acercando su cara peligrosamente – por muy divertido que sea que te pateen el trasero, si sigues provocando eso vas a lograr que te maten y ¡si esa es tu finalidad prefiero tener ese gusto yo! – pausó sus últimas palabras empujando toscamente a la chica a una silla junto a ella.
– ¡Por si eres ciego te aclaro que yo era quien LE pateaba el trasero! – Reprochó haciendo una mueca furiosa – ¡auch! – Cubrió su boca con sus manos aún pulsantes de las lesiones de su pelea, observó que aún tenía sangre expuesta y derrotada, bajó su rostro juntando las rodillas de manera infantil – ¡Nooo… mi hermoso rostro! – gimoteó en un puchero.
– Límpiate eso tonta– Vegeta le aventó un pedazo de tela de la mesa – más te vale que aprendas a comportarte en este lugar si no quieres morir – se disponía a alejarse, más fue interrumpido por la mano de la joven.
– Espera – pidió, sin embargo su mano fue rechazada al momento – ¿Qué es lo que quieres que te diga? – se incorporó enderezando su escasa vestimenta, un extraño atuendo metálico dorado que cubría lo esencial adornado con transparencias azuladas, sin duda, le hacía ser el centro de atención de todas las miradas del lugar, belleza que pocas veces era observada entre las adquisiciones de la estación y sobre todo para ese tipo de público.
– ¿Porque te mantienen en esta zona? – Preguntó reconociendo en genuino interés el saiyano – Esta solo es un área de soldados y servidoras ordinarias – No notó el cumplido que el mismo saiyajin hacía de su afirmación, sino hasta después de emitir esas palabras, para su fortuna ella tampoco pareció notarlo.
– Pues en sus palabras "me querían enseñar una lección por problemática" – repitió imitando burlona la voz del hombre que le había asignado el sitio. Frotó su antebrazo con tristeza recordando su dispositivo de esclava, esos días podía catalogarlos como los peores de su vida, de pronto una pícara risa recorrió su rostro – aunque, afortunadamente he podido defenderme de segundas intenciones – le miró altanera orgullosa de sus actos al tiempo que extendía a su vista un diminuto círculo con metales en su mano.
– ¿Descargas? – preguntó cruzando los brazos sin sorprenderse – ingenioso….y primitivo, eso no te servirá contra soldados de verdad– se burló mientras se alejaba – te informaré tu función a su tiempo, por ahora procura no meterte en problemas – la observó sobre su hombro dedicándole una de sus miradas despectivas.
– ¡Oye bruto! ¡No te vayas cuando te estoy hablando! – le gritó ella pisando con fuerza, la música paró justo al momento de su reclamo, lo que llevó atención innecesaria de la perversa comunidad circundante. Al sentirse ridiculizado una vez más, Vegeta giró sobre sus talones y en un segundo la sostuvo del cuello contra la pared con una de sus manos
– Si yo fuera tu recordaría con quien estoy hablando– Se acercó a su rostro– Puedo desaparecerte con solo un chasquido – mostrando los dientes susurró en atemorizante voz
– ¿Por… que... siempre… del cuello? – tosió la chica aferrándose con ambas manos al agarre de acero del saiyajin
– ¡Señor si va a ahorcar a las chicas tiene que pagar primero! – el dirigente del establecimiento se acercó con actitud firme pero temerosa señalando el área de cobros.
– No te metas idiota – le gruñó
– Son las reglas del lugar – insistió señalando un extraño cartel con los precios, que abarcaban toda clase de ridículas interacciones – Le enviaré su cuenta al cuartel si gusta –
– ¿Qué? ¿¡Cuenta?! – la soltó de pronto mirando incrédulo
– Si, por esta son 400 unidades monetarias por comportamiento íntimo o ahorcamiento moderado – volvió a señalar los precios al tiempo que anotaba la suma en su dispositivo
– ¡¿Íntima con este demente?! –
– ¡Yo no hice tal cosa! –
Replicaron al mismo tiempo, molestos. Hubo un largo silencio incómodo.
– ¿Están concretando un trato? – miró a ambos arqueando las cejas
–NO – protestaron al unísono
– Vegeta – Napa entró en escena aproximándose – pensé que seguirías en aislamiento – se disculpó haciendo una ligera reverencia. Se levantó al notar la falta de respuesta por su interrupción mientras los tres se observaban molestos
– Demasiados problemas por una estúpida humana – firmó sin poder evitar el supuesto cargo, el príncipe continuó su camino indicando a su subordinado le siguiera. Aún tenía una conversación pendiente que vergonzosamente, casi olvida por culpa del incidente con su prisionera, no sabía por qué, pero sospechaba que ese insignificante ser traería más complicaciones que beneficios a sus planes.
– Pequeña, aléjate de ese hombre – reconoció la voz detrás de ella –tiene una de las peores reputaciones del imperio – Sere, la tímida mujer que le orientaba, le aconsejó. La tomó del brazo alejándola del incidente y del sujeto que aún dibujaba cuentas en su dispositivo – vuelve a tu trabajo y procura no provocar más incidentes o te darán el peor castigo– apremió frotando su palma en el dorso de la chica, había una pena en la mirada de la extraterrestre que envió un escalofrío en la espina de Bulma, quizá el fantasma de un trauma de sus años de servicio
– ¿Que castigo puede ser peor que este? – Bulma bajó el rostro juntando las cejas en desaprobación – es humillante ser tratado como un pedazo de carne –
– Hasta ahora han sido muy benévolos contigo por la reputación de ese asesino, más no te han obligado a lo peor – la mujer encaró a la chica – si continuas rebelándote cortaran tu espíritu en los cuartos de quiebre – su voz tenue y temerosa
– Que? – dudando seriamente en querer saber el significado de ello le interrogó
– Son cuarteles donde encadenan a quienes demuestran poco respeto por la autoridad– continuó en una aún más débil voz – permiten que todo interesado use tu cuerpo como les plazca, no puedes gritar ni ver, te torturan hasta doblegarte… pero sin matarte – enfocó sus amarillos ojos en ella de modo intimidatorio, esa última disposición haciendo eco en la mente de la joven científica.
– Haré un plan para escapar… y te llevaré conmigo – prometió solemne, su juramento solo vaciló en su receptora a modo de una sonrisa vacía.
– Nadie puede escapar de aquí – se levantó dejándola detrás– tienes suerte de los rumores que dicen que eres propiedad de ese tipo, nadie se acercará– una leve sonrisa le dedicó – solo quería darte un consejo… no des más problemas y por lo que más quieras, aléjate de Vegeta – salió tras la cortina
– Si yo fuera tú le haría caso – la ruda voz de uno de los hombres que más la fastidiaban se coló – Por menos de lo que has hecho, ese desquiciado ha matado criaturas más fuertes que tu – se posicionó en la silla al lado de ella sorbiendo su trago, en gesto casi amable ofreció un poco a la chica.
– Eso no te importa Raditz – se cruzó de brazos sin quitar la vista de la cortina donde Sere habría desaparecido – ¿Qué haces aquí? – le preguntó molesta – ¡Si no te largas le diré a ese cretino que te cobre todas las idioteces de la tabla! –
– Que forma de recibir viejos amigos – brindó una risilla ácida – solo vine a preguntar si está disponible algún otro servicio más divertido –
– Desafortunadamente para ti sigo siendo mesera– declaró altanera
– Según entiendo no por mucho, escuché que tu espectáculo hoy te va a costar un poco de libertad –
Sus palabras la pusieron nerviosa, ciertamente había causado pérdidas al establecimiento, si eso era una advertencia debía hacer otro plan de escape que no terminara en fracaso como todos los anteriores.
– Tranquila – como si pudiese leer los temores de su mente Raditz le contestó – No perderán el mejor atractivo que han tenido en este nivel, sé que tienes un gran número de admiradores – terminó su bebida aventando el recipiente sobre la mesa – yo mismo estoy en la primera fila – su guiño perverso reluciendo en todo su esplendor
– Eres despreciable – la chica tomó asiento junto a él hundiendo su rostro entre sus brazos, señal de agotamiento inequívoca a los ojos del saiyajin. De inmediato ocurrió una reacción que ella no se esperaba y no pudo más que permanecer tiesa en suspenso. Raditz colocaba una mano sobre su espalda en gesto extrañamente… indulgente.
– Sabes – inició – aunque no lo creas me agradas – se agachó intentando leer el rostro de la humana – No busques problemas porque ese carácter agresivo, aunque es encantador, en este sitio es un defecto que no tardarán en corregir – una verdadera mueca de preocupación corrió en sus ojos, por primera vez Bulma sentía una chispa de simpatía por el hombre frente a ella.
– Lo tendré en cuenta – fue la única respuesta que le dio
– ¿A qué hora es el siguiente show? – en un tono más entretenido le preguntó. Bulma salió del sitio levantando un dedo conocido en grosera seña.
– ¡Eso es lo que amo de ti! – Le gritó el saiyajin antes de perderla de vista.
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–¡Lord Freezer!– Zarbon gritó su saludo, resaltando la voz entre los ensordecedores propulsores que rodeaban la plataforma y se preparaban para despegar. Colosales transportes férreos de aerodinámicas formas e imponente vista.
– Naves de combate… que estupidez– el monarca arrastraba las palabras llenas de repudio– el mayor problema de esta legión son los seres anodinos que la componen– seguía con las pupilas al resto de naves que flotaban perezosamente hasta perderse de vista –más armamento, más equipo… sus peticiones absurdas nunca terminan – continuó recriminando al aire, como si por alguna razón buscara consuelo en el silencio de sus subordinados –toda esta operación fue una absoluta pérdida de tiempo– estaba totalmente irritado, el aura a su alrededor inspiraba un profundo pavor, incluso a su subordinado más allegado, que se plantaba cual estática figurilla inanimada.
– ¿señor? –carraspeó intentando en vano ser de utilidad en alguna petición.
– ¡De que sirve tener un ejército si todo tengo que hacerlo yo mismo! – latigueó la cola sobre el líquido que manchaba la plataforma, absorto de rabia, en un suave tono que provoco un escalofrío al general – basuras débiles–Zarbon descubrió que lo que profusamente se extendía, era la sangre escandalosamente regada del infortunado, sobre el que su amo descargó la frustración de la que hablaba.
– Ejecuta todo el escuadrón de Beppajins – ordenó controlando su arrebato –estoy cansado de recibir las sobras del imperio–pateó los restos de la infortunada criatura hasta los pies de sus servidores. La sangre les heló la piel al denotar la masa de múltiples contusiones de lo que alguna vez fue un poderoso cuerpo completo. Un montículo verdoso de carne y sangre rodaba sin pausa sobre el reluciente suelo.
– Como ordene Mi Lord– tragó haciendo una reverencia con los ojos bien abiertos.
–Asegúrate que esos malditos rebeldes no vuelen más insumos del imperio con sus ridículos atentados – le lanzó el comunicador dando retirada a su presencia y la de todos sus sirvientes– y Zarbon…– se detuvo dedicando atención sobre el hombro a su general, le miro de arriba abajo con una amenaza implícita – es la última vez que me hago cargo de tu responsabilidad –
– Le ruego me disculpe Mi Lord – se hincó escuchándole salir y respiró aliviado ante lo que pudo haber sido el último día de su vida, necesitaba conseguir una nave más rápida o mejores soldados, el ingenio de los rebeldes se acrecentaba con nuevos dispositivos y armamento más eficaces, esa semana todo el sector sur había reportado asaltos en zonas clave, fue ese hecho lo que impedía a los rangos altos atender todos los incidentes y si eso seguía sucediendo, más de uno perdería la cabeza.
– Malditos rebeldes– escupió y se dispuso a acatar sus órdenes.
_..._
Una vez más, la rutina se repartía en los cuarteles de su tropa, otra orden emitida, otro destino que cumplir, mas con suerte sería el último viaje como soldado de la esclavitud del imperio del hielo.
Ajustaba su uniforme sin cuidado, el hartazgo se asomaba impaciente, tenía todas las piezas en su sitio, pero debía esperar más para cumplir su esperada venganza.
– Vegeta – Nappa entró en su camarote – el imbécil de Kwi murió – creyó que la noticia sería un bálsamo a los oídos del príncipe, cuyo favor intentaba ganar desde el incidente de Namek. El descaro con que le engañó podía costar su vida, si bien no tenían autorizado vaporizarse entre ellos sin una orden expedita, nada le aseguraba que se tornara en su contra en medio de una purga, justificando su muerte sin consecuencias.
Sin embargo para su desventura, esta noticia no hizo sino molestar el ya comprometido humor de su líder. De la lista de seres que anhelaba asesinar, ese sujeto era uno de los que mayor placer en su muerte encontraría.
– ¿y quién lo terminó? – Raditz siguió la conversación recargándose en la puerta detrás del enorme calvo –… su alteza las naves están listas para partir – anunció dando un bostezo. Para Vegeta oírle hablar en esos términos era desconcertante, no sabía si dirigía respeto o burla. Salió del sitio tirándolo de un puñetazo...por si acaso.
– Eso no importa, entren a su nave antes de que los deje en hibernación por golpes– profirió avanzando entre los pasillos.
En el hangar, abordaron recibiendo las bitácoras del resto de los encargados del despegue, por alguna extraña razón, un aire de complicidad se respiraba entre dicha tropa, los informes fueron entregados sin más órdenes, directamente solicitados por Freezer, reconocimiento del área eran las actividades englobadas, ni siquiera indicaciones específicas de captura…algo estaba mal.
– Nappa – alertó a su segundo oficial – una vez que estemos en el blanco, activa el despegue de emergencia – activó el vuelo 'puede que nos espere una sorpresa' susurró para sí activando el sueño inducido. No podía sacar de su cabeza que se dirigían al mismo tipo de trampa que en su misión anterior, solo que esta vez estaría preparado.
_..._
– Señor….est… lac…– la interferencia hacía imposible reconocer sonido alguno. La improvisada base se mecía canturreando los suaves vientos del ahora desierto planeta de Namekusei y por alguna extraña razón, los encargados de recibir dicha frecuencia se encontraban en un letargo aburrido sin la intención de levantar sus perezosos traseros de su lugar.
– Comandante tenemos una grabación urgente de las lunas del planeta 2036– alarmado uno de los mensajeros de la nave principal acudió a informarles desesperado.
Burter tomó el comunicador haciéndose cargo de la situación. Al tomar el scouter el sonido de disparos fue cegado en cuestión de minutos, evidentemente algo estaba saliendo mal.
– Bueno– dedicó un divertido gesto – parece que ahora si tendremos un poco de acción aplastando basura rebelde, preparen las naves – ordenó al extraño humanoide que hizo reverencia y se dispuso a cumplir su orden
– ¿Cómo pudieron meterse en problemas esos inútiles de Luna Daiya? –Guldo holgazaneaba lanzando pequeños objetos al aire mientras les vaporizaba – la purga estaba hecha, solo debían encargarse de custodiar el sitio en búsqueda de algún indicio de importancia, acto que deliberadamente desobedecían debido a la carencia de un verdadero reto, después de una larga espera de días y semanas interminables en el lugar, se levantaron ansiosos por desempolvar sus movimientos.
–Deja de llamar los planetas por su nombre anterior o el gran Freezer se enojará– torpemente Recoome gesticulaba colocando su rastreador siguiendo al líder improvisado.
– Apresúrense que no quiero perderme de aniquilar uno solo de esos gusanos– el alto y azul reptiloide emprendió el vuelo posicionándose sobre su capsula preparada al igual que el resto de la comitiva – este no es su día de suerte malditos rebeldes–
…
Los esclavos corrían a los transportes de carga ahora liberados y naves rebeldes con personal que les proporcionaban barras alimenticias, sin control se aglomeraban arrojando sus cadenas y artefactos de la cosecha de minerales preciosos, circulaban sin control en las más variadas formas de vida y…desnutrición. Sentado sobre una roca, el teniente Azuki descansaba una pierna mientras limpiaba su blaster fumando una especie de varilla fluorescente, después de la intensa batalla, no tomó interés por los recién aparecidos que sorprendidos miraban el caótico espectáculo de la liberación en masa de todas esas almas de vacíos ojos. Seres que trotaban por todos lados en ese árido paisaje de dunas turquesa y cielos naranja, estampidas como un grupo de ñus salvajes. Jóvenes y ancianos sin respeto o solidaridad entre sí.
– Llegan tarde – les sonrió altanero entre el bullicio– la atracción principal ya se terminó. Krillin abrió todo lo posible sus parpados e incluso los talló un poco, además del turbador escenario, no podía creer que estuviera frente a la réplica exacta del general Blue, mismos ojos, estatura y cabello, pero este parecía sacado de alguna novela de vaqueros galácticos, completamente confiado y sereno resguardando su arma para recibirlos apropiadamente. Seguro un éxito entre las chicas, pensó.
– No se pongan cómodos, no tardará en llegar la distinguida guardia – les guiñó tronando los dientes con su extraño acento.
Una mujer corrió y se sujetó de la mano del monje, tallando su frente sumisa en lágrimas de agradecimiento – Vlex vor, Vlex vor– realizaba una especie de ritual fanático a sus pies, al instante otros sobrevivientes que pasaban por ahí le imitaban, llevando las manos de esos nuevos salvadores a su frentes y reconociéndoles eufóricos.
– ¿Vle que? – Krillin les sonreía incómodo tratando amablemente de retirarse de tanto contacto alienígena, seguido por un aún más incómodo Tarble.
– Vlex vor – aclaró Azuki devolviéndoles el saludo – señor de justicia, hombre de ley… entiendes la idea supongo – devolvía una risa plena a los sobrevivientes que se alejaban agradecidos, abarrotando las naves de rescate que se disponían a evacuar con su carga asegurada. Su actitud fanfarrona le molestaba al joven saiyajin, desde que lo conoció, pero, en realidad era un viejo héroe de guerra al que no podía discutir ese mérito, incluso con poderes inferiores a los propios.
Los gritos de horror de la multitud les sacaron de sus pensamientos al darse cuenta que aterrizaban tres conocidas naves, cada una con una indeseable presencia en su interior.
– ¡Despeguen ahora!– el teniente gritó a través de su comunicador, su detonador estalló una cortina de arena azul, que se levantó lo suficiente para ocultar el estentóreo despegue de los cargueros. Burter salió de su cápsula admirando la situación, sin emitir aviso, disparó un rayo de Ki sobre el carguero más cercano. La angustia duró un segundo cuando frente a este, apareció la figura de Tarble desviándolo de inmediato hasta una enorme duna que disolvió, haciendo volar todo el resto de la petrificada vegetación negra.
– ¡Tu pelea es con nosotros! – Krillin le hizo segunda llamando la atención del resto de sujetos que salían entretenidos.
– ¿Que tenemos aquí? – el colosal oponente colocó los brazos en la cintura, ladeando el rostro hacia atrás conmocionado– parece que hoy es mi día de suerte… por fin podré eliminar un pestilente saiyajin–
– Más bien, hoy llegará el último día de tu vida, malnacido– en un gruñido el joven se colocó listo para pelear, latigueaba la cola, ansioso por iniciar. Krillin le imitó al igual que Azuki.
– ¡Azuki no puede ser! – Le saludó el bobo mastodonte de cabello naranja – ¿todavía estas vivo? – la torpeza de su voz irritaba al intranquilo teniente, que guardaba silencio evaluando su próximo movimiento.
– No gracias a ti bestia traidora – los ojos azules bien fijos sobre su oponente– ¿cómo pudiste unirte al mismo Tirano que nos arrebató el planeta? –
– Ya deberías dejar ese rencor, tu pudiste hacer lo mismo pero preferiste ser un perdedor – la mofa indolente en sus palabras le hacía ver aún más retardado, conjurando incertidumbre en el resto de los rebeldes ¿de verdad era un sujeto poderoso? –Ahora ni siquiera tienes poderes – El resto de las fuerzas especiales contuvo una carcajada de lástima ante sus palabras – por lo menos hoy podremos terminar con tu sufrimiento.
– Suficiente, pécora súper crecida– disparó a sus pies desencajado – no hubieras durado una décima de CUT en Minas Calladri, cretino perezoso–
– Te podemos hacer un favor y regresarte para ver si puedes sobrevivirlo otra vez– Guldo defendió el intercambio
– Demasiada charla basuras– Burter interrumpió – es hora de mandar bastardos al otro mundo– estiró los nudillos
– Ten cuidado con lo que deseas– el saiyajin se lanzó apuntando un terrible derechazo sobre el imponente sujeto azul desprevenido, la fuerza de su golpe volvió todas las miradas al rastro de arena pulverizada, donde ahora se erguía un aún más enfurecido soldado elite, limpiando su herida del rostro –… por que se te puede cumplir – dibujo una sonrisa retándolo a continuar.
_..._
El escuadrón saiyajin descendió de las naves. Silencio.
Una vez más, repetían el inicio de su pesadilla, se encontraban ante el mismo escenario árido, cielo oscurecido. La máscara parcial de exploración les indicaba que los niveles de gases tóxicos hacían imposible la visibilidad completa. Solo podían esperar a que los escáneres terminaran sus lecturas.
– no hay señales de vida– Raditz se adelantó a evaluar –quizá deberíamos hacer un recorrido más– miró a su líder esperando la autorización, sin embargo la obstinación de este, le indicaba que una vez más encontraría el riesgo a manos de algún ser desconocido. Era una sensación de riesgo bien recibida, sin embargo las emboscadas no eran su especialidad. Expectante abría y cerraba los dedos de las manos, atento a su entorno cual centinela cauteloso.
– ¿Por qué no salen? cobardes – Vegeta permanecía estoico, mirando al horizonte esperando encarar lo que pensaba se trataba solo de un mal recuerdo, no podía poner en orden su pensamiento respecto a su encuentro anterior a este, todo ese recuerdo parecía confuso y desordenado.
– Empiezo a creer que Freezer nos quiere muertos – el saiyajin de la gran cabellera intentó diluir la tensión con sarcasmo. Al ver que su compañero no se inmutó, sonrió bajando la guardia para alejarse unos pasos más – sabes, si tuvieras un poco más de sentido del humor la pasaríamos mejor–
A punto de hacerle tragar su atrevimiento Vegeta cayó en cuenta de una fuerza abrasadora que destruía la superficie del paraje en la lejanía. El tremor de la tierra le alerto la magnitud de la catástrofe. No hubo tiempo de alertar a los demás.
– ¡Raditz! – exclamó intentando alcanzar a su compañero.
La nube oscura de partículas les rodeó privándolos de su libertad. Les apretaba en asfixiante abrazo, deleitándose en contemplar sus expresiones de incertidumbre. Frente a ellos de arenas lóbregas se materializaba la misma forma que moraba ese sueño sombrío. La criatura espeluznante que una vez más les recibía con intenciones asesinas.
– ¿Por qué no te paras frente a mí?, ¡cobarde! – sin temor le encaró el saiyajin más joven recibiendo como respuesta un atronador sonido indescifrable. La furiosa carcajada lúgubre resonaba en todas direcciones y esos ojos adquirieron forma frente a él. De la nada, un imponente ser oscuro se concentró, todas las grietas de su cuerpo visibles, aunque orgánico, evocaba a un ser inanimado, poderoso se irguió frente a sus víctimas rozando con una enorme garra roja las entrañas de un Raditz que se sumergía en alaridos de dolor.
Vegeta cargó toda su energía, intentando liberarse de su restringida prisión, el ente dirigió la misma garra bañada en sangre a su propio centro, sintió el ardor incrustarse, resistió el grito ahogado y fijó su vista encarado a su demonio desgarrarle. Un segundo se hizo eterno, era real, la vida se escapaba sin remedio de sus vísceras ardiendo.
– ¡Noo! – Napa se aproximaba a toda velocidad con el resto de las capsulas detrás. Extendió las manos para disparar un ataque, lo absorbió la criatura al instante.
Vegeta aprovecho la distracción explotando su aura al máximo, se liberó por un segundo siendo suficiente para alcanzar su capsula en el aire.
– ¡Raditz! – Nappa alerto su ausencia
– ¡Cayó! ¡Olvidalo! –vociferó tomando posición para concentrar toda su energía en un último ataque, mandaría al infierno ese planeta de una vez por todas.
– ¡Espera!– Nappa rugió, su propia esfera fue detenida por la ola de arena, ésta escalaba por finos trazos hasta que otra aura rosa liberó los hilos que les apresaban. Raditz sostenía sus entrañas con la cola, colgado de los dedos de su mano, liberó las naves por una suerte inverosímil.
– ¡HASTA NUNCA MALDITAS BESTIAS!– un furibundo Vegeta emitió todo su poder en un arranque de furia – ¡GALICK HOOO! –
Haciendo un esfuerzo, los tres abordaron la nave, las luces de destrucción arrasaron todo el paisaje, los terrones se levantaban inmensos desfragmentando toda materia al recibir el impacto. El planeta se consumió en un ensordecedor rugido y finalmente estalló.
Los protocolos de seguridad se activaron induciendo cuidados intensivos básicos dentro de las capsulas, les permitirían llegar casi con vida, Vegeta sentía el control de su cuerpo estabilizarse, pero no podía decir lo mismo de su compañero. Captó a la perfección que la única razón por la que estaban vivos era un mero acto de suerte, haber terminado así la pelea le causaba disgusto, había salido vencedor, pero en un acto sin el honor de una victoria sin reproches, de todos modos no había mucho por hacer, no le daría el gusto a Freezer de colectar un, aunque honroso, masacrado cadáver saiyajin.
Pensó en sus compañeros, la poca pericia que en esos últimos combates exhibieron, no había dudas que solo constituían un retraso, que pocas veces daban buenos resultados, eran más una carga que un beneficio, retrasando sus instintos primarios de hacer lo que consideraba mejor, detenerse por su colega pudo haberles costado valiosos segundos, que por suerte no acabaron con un problema mayor. Debía quitarlos de la ecuación si quería seguir adelante con sus planes. Si existían amenazas de ese tamaño, solo significaba que la necesidad de enfrentarles requería forzosamente inmortalidad, no podía seguir postergando la tan ineludible visita al último planeta donde la encontraría.
_..._
Otra noche en el distrito, pero esta era diferente a las demás, su éxito en el área comunal de soldados de la estación le había conferido un nivel de atención no solicitada mayor, la joven belleza tempestiva divertía a todos los niveles de gustos, se presentaba como una criatura frágil e irreverente cuyos desplantes de ira se hacían famosos día con día. Para su fortuna, las evidentes intenciones del encargado permitían que su postura como mesera no fuese removida del tabloide, agradecía esa situación acrecentando, muy a su pesar, de vez en cuando un inocente acto de coquetería, aunque lo odiaba en sobremanera. Su suerte parecía sonreírle desviando de algún modo la atención de ese individuo en temas más importantes que no permitían concretar sus intenciones.
Ese día su suerte cambiaba, por requerimiento de los administradores del sitio, se había recibido una petición peculiar y por fin le colocaban en el área donde debía ser asignada desde el principio: la zona elitte del area roja. Sus lágrimas amenazaban con salir encontrándose en una de las situaciones más humillantes de su vida, sentada sobre una plataforma adornada en lo que parecía un terciopelo rojo, vestida con únicamente dos aditamentos dorados y telas color vino sobre sus atributos, encadenada como un perro, escuchaba el anuncio de su debut detrás de las delicadas escotillas y sus mejillas igualaban el color del terciopelo con vergüenza.
La cortina se abrió presentando la nueva adquisición y la apertura de ofertas por el Zafiro Indomable.
– Que nombre más estúpido – dijo por lo bajo, ocasionando la risa de los más próximos. El sitio que se revelaba frente a ella era muy diferente a su prisión anterior, la bulla de los comensales no pasaba de un conjunto de pomposas carcajadas aisladas, las mesas, pulcras, soberbias, con integrantes que podía deducir, serían de importancia en aquella organización. Sin prestar atención a las palabras del administrador, reconoció un par de ojos en la multitud, se levantó para observarle mejor y lo identificó.
Como si respondiera a su llamado el individuo se dio camino entre los presentes y tomó asiento en mayor cercanía a su patíbulo. Ella permaneció estoica, otorgándole desprecio con la vista fingiendo poner interés en la presentación de otras mujeres.
– Me alegra verte aquí – escuchó al soldado hablar
– Zarbon – presumió conocerle – no me sorprende, tú fuiste quien sugirió mi traslado – furiosa le mostró los grilletes en sus manos
– Le hice un favor a la comunidad– se acomodó elegantemente en su asiento haciendo señales a los miembros del servicio para atenderle – quien sabe si también a ti, pareces encajar muy bien en este lugar – la mofa en sus palabras la hizo rabiar
– Y pensar que por un momento pensé que no serías otro monstruo sanguinario– le ladró acercándose temeraria – que esperar de un lamebotas de Freezer – sonrió desafiándolo
– Mas te vale que tengas respeto, perra sucia – le contestó en el tomo más suave – soy el más poderoso de esta estación y tú, solo un pedazo de carne de comercio – jaló la cadena atada a su cuello haciéndola gimotear de dolor– debería averiguar si es cierto que nadie te ha tocado – dicho lo cual atrevió a recorrer su mano sobre el escote de la chica, pellizcándola maliciosamente.
Bulma reaccionó en su defensa cual animal salvaje, profirió un puñetazo sobre el rostro del sujeto que al no tener efecto, finalizó pateando la mesa tirándo el trago encima del incrédulo hombre.
– Estúpida mujerzuela– reaccionó levantándose al instante aun escurriendo, sus rabiosos ojos amarillos rebosando de coraje mudo– esto te costará – caminó dando zancadas hasta la salida buscando al administrador.
Bulma se dejó caer arrepentida, entendiendo que no podría hacer nada por evitar lo que vendría, ningún milagro pasaría por la puerta, puesto que, incluso el único bárbaro que conocía podía serle de utilidad, se encontraba lejos de ella en alguna misión homicida. 'Quien pensaría llegaría a echar de menos al salvaje Vegeta' rio para sí, al ver a un par de sujetos correr hacia ella y liberar sus amarres sin ningún cuidado. Entonces fue, cuando pensó lo peor.
–Lástima que no encajaste en este lugar –Zarbon continuaba los arrebatos de socarronería, mientras uno de los guardias jaloneaba la chica con tosquedad – Pero no te preocupes, te visitaremos en el cuarto de quiebre – susurró a su oído. Bulma aterrada profirió en gritos intentando negar el tratamiento que acontecería, todo estaba sucediendo muy rápido, de un salto la apresaron ingresándola por los pasillos, los soldados transeúntes murmuraban mientras sus alaridos se escuchaban por la estación. Después de unos minutos la ingresaron por la fuerza a una cámara, donde lo primero que recibió fue un golpe sobre su estómago, lo que la obligó a doblegarse sin aire en los pulmones casi desmayándole, acto seguido un par de golpes nublaron su visión por completo y se desvaneció.
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– Espero que hayas disfrutado de tu golpe de suerte – escupió su viscosa sangre azulada
Las bizarras filas de esa negra vegetación alargada danzaban como el único sonido a la redonda, un profundo vacío mientras los pasos de Burter removían la arena conforme se aproximaba. Levantó el puño pero fue interrumpido por su torpe compañero de escuadrón.
– No es justo! – Curvó sus labios en un visaje – Recoome también quiere matar al saiyajin– se cruzó de brazos inconforme – tu siempre te quedas con lo mejor – le dio la espalda a modo de protesta.
– Ahí tienes otros dos – se sacudió el polvo restante
– en el planeta 1287… creo… tú te quedaste con todos–constreñía su precaria memoria – y en Namek tú te quedaste con todos los demás– recriminó aun en infantil gesto.
– ¡Está bien! – cedió haciéndose a un lado cual si se tratase de un estúpido juego. Tarble dio un paso al frente, listo para el ataque. Cerró los ojos concentrando toda su energía, los rastreadores saltaban cifras a velocidad exacerbada. Concentró todo su poder en un grito de guerra.
Saltó sin miedo colocando un derechazo sobre el anonadado rostro de Recoome, Tarble le alcanzó en el aire por detrás, sumiéndole en la tierra con ambos puños entrelazados, al levantarse su oponente, una vez más lo enfrentó con una letal combinación de patadas certeras, retumbaban en el aire las poderosas colisiones, dejando boquiabiertos al resto de los integrantes de su equipo. Para finalizar clavó su rodilla en el abdomen del mastodonte y sujetándolo de un pie le arrojó contra las lejanas dunas perdiéndolo de vista, solo encontrando su rastro por el estruendo de su caída comprimiendo en cascada los materiales circundantes.
Descendió al suelo jadeando, esperando la irremediable respuesta de su contraparte, pues sentía que pese a su esfuerzo, aún estaba muy consciente y vivo
– A pesar de haber usado ese poder, Tarble no logró nada – apretó los dientes el frustrado Krillin haciendo eco las risas del resto de las fuerzas especiales – estos tipos son unos monstruos–
– Aún no termina – increpó el teniente a seguir observando
Saliendo de la marea de polvo, el filo de su rodilla alcanzo al infortunado saiyajin, Tarble intentó frenar su ofensiva poniendo espacio, sin embargo el monstruo de cabello naranja lograba alcanzarle al mismo nivel, repeliendo con maestría todas sus defensas. Debía pensar rápidamente una estrategia antes de cansarse
– ¡Que sucede mono debilucho! – Azuzaba mordaz sobre su víctima – creí que tu raza era un poco más resistente –
Afrentado por los comentarios se lanzó a la carga de nuevo, emitiendo un destello en su palma que detonó sobre su adversario, cuando se elevó, le alcanzó enfrascándose en otro intercambio feroz, los testigos sorprendidos no podían creer se encontrara al mismo nivel que su compañero de purgas, Recoome perdía la paciencia por cada golpe que el joven saiyajin atinaba y finalmente le tomo por la nuca sepultándolo en un violento arranque hasta el fondo de la arena bajo ellos.
– ¡Recoome está harto de esto! – Se colocó en una ridícula postura, abriendo la mandíbula para destellar un cañón de energía arrasadora – RECOOME GUN – directo del centro de su boca, silenciando todos los sonidos circundantes, el estallido prorrumpió en su blanco, alzando los restos hasta la atmósfera del cuerpo celeste, como una marea embravecida, el terror comenzó a crecer en los ojos de Krillin, que no podía distinguir un solo fragmento del anterior paisaje y de su amigo.
Al fondo de la nube escuchó una vislumbre de esperanza
–GALLICK…– Los rayos violeta destellaban en mortal espiral – ¡HOOO! – Voló el disparo certero a su destino. Del mismo modo, el estallido nuclear cegó la vista de los presentes, arrasando todo lo existente en su camino, tal fue su estruendo glorioso que no terminaban de caer las partículas de todo lo que a su paso desintegró junto con los potentes trémulos en la luna azul.
Al esclarecerse la escena, brotaron las dos figuras erguidas estoicas, una frente a la otra, en un insoportable abismo mudo. Tarble cayó de rodillas, extenuado, sudando copiosamente, sostenido por su brazo maltrecho que temblaba con furor. Toda su armadura gris hecha girones. Más no dejaba de apuntar su semblante atento a su oponente inmóvil y cayó inmediatamente en su expresión, una sincera risa de triunfo, junto con el cuerpo de Recoome.
– ¡Imposible! – el asombro colectivo no se dejó esperar, con todas las probabilidades en contra, incluso sus aliados perduraban ciegos de asombro.
El saiyano intento levantarse, pero en ese ataque toda su fuerza había sido consumida, era consciente de la vulnerabilidad de su estado y entrecerraba los ojos solo intentando recuperar el aliento. Su respiración se detuvo congelándole en el acto siendo solo sus pupilas testigos de lo que sucedía.
– Hasta aquí llegaste basura oportunista– Guldo sostenía su mejor movimiento sofocándole. Saliendo de su letargo, Burter increpó a darle el tiro de gracia, más para su sorpresa, la víctima pudo escapar de su letal ataque en el último momento.
Azuki sostenía el potente blaster en dirección al ahora caído cuerpo del mezquino enano, en un escalofrío reconoció en sí mismo su vida escapando de su cuerpo a través del enorme agujero.
– Nunca descuides tu defensa imbécil – se enderezó el teniente, profiriendo una genuina burla al último oponente en pie. Guldo se desplomó inceremonioso.
El enorme humanoide resoplaba, pasaba los dedos por sus ojos vilipendiado, no podía estar pasando esto, se repetía sin tregua, destacando uno a uno los pasos en que increíblemente había perdido a los mejores elementos del imperio en solo un instante. Era imposible, era impensable era…increíble. Meditó opciones embriagado de la adrenalina de perder todo contra solo insignificantes bazofias. No lamentaba la muerte de los suyos siendo que fueron vencidos con esa relativa facilidad, pero les haría pagar caro el atrevimiento de meterse con elementos de su propio cuartel.
– No deberían tener esa confianza – negó con el dedo saliendo de su pensamiento – solo vencieron a los más débiles del escuadrón. Y sin pensarlo más se lanzó contra el más cercano.
–¡Maldición! – krillin sintió venir sobre si la avalancha de fuerza, un rugido eléctrico atravesaba sus nervios, no tenía comparación con la fuerza del resto, la velocidad increíble de dicho sujeto era imposible de igualar y luchaba con todos sus miembros para poder defenderse. Desviaba sin éxito los ataques y recibió una fuerte descarga que lo neutralizó.
Le sepultó bajo una duna sólida, emergió, pero no fue lo suficientemente veloz para notar que ya se encontraba detrás una fiera patada sobre su nuca. Azuki disparó para salvarle sin éxito provocando solo mas burlas del perpetrador del ataque, lanzó una ráfaga de energía que le dio de lleno arrojándolo malherido al suelo, Tarble bloqueó casi sin éxito el último cayendo completamente agotado.
–¡Krillin! – aun exhausto el joven le gritó intentando obtener respuesta, pero el aludido cayó desmayado bajo los pies del impío alienígena.
– Demasiado tarde – procedió a terminar su masacre, más otra interrupción le arrebató el momento.
La sonrisa de Tarble le indicó que estaba por enfrentar otra problemática en el campo de batalla. El ruido de las detonaciones no le permitió caer en cuenta del aterrizaje en el sitio de otra nave, extraños grafos grabados al frente y en el centro de la redondeada compuerta, podía jurar que el fantasma renaciente de otro saiyajin le contemplaba en demasía enojado.
– ¡Justo a tiempo! – su congénere se desplomaba sintiéndose seguro una vez más.
– Suéltalo– El recién llegado ordenó con simplicidad, podía sentir el ki de su mejor amigo sumamente debilitado.
Bajó a paso lento, su rostro asentado sobre su objetivo, esos particulares ojos de rabia enmarcándole.
– Dije que lo soltaras– al parpadear de Burter le encontró de frente, a solo un centímetro de su estampa. El alienígena retrocedió, tomó nervioso una lectura de su rastreador, debía estar averiado, las cifras no se movían pero la impresionante velocidad del saiyano era completamente anormal.
– ¿Quién eres? – habló más en tono de reproche, que la pregunta que intentaba responder. Gokú no le respondió, se aproximó a su amigo y proporcionó una de las valiosas semillas a su antiguo camarada. Krillin recobró la conciencia pestañeando para rectificar si tenía a su amigo a su lado.
– ¡Tardaste! – fue lo primero que salió después de un semblante de completa calma – creímos que los cálculos fallarían y llegarías antes – se ayudó para ponerse en pie – ¡caray! ¡Puedo ver que tu entrenamiento funcionó! – miro de pies a cabeza maravillado, pero para su sorpresa, no solo su nivel de pelea había cambiado, también su actitud. Gokú observaba atento los movimientos de su oponente a la vez que evaluaba las dos bajas y el estado de sus aliados visiblemente afectados.
– Vayan a un lugar seguro– dio el resto de las semillas a su amigo – yo me encargaré en adelante – una vez más asomaba un destello de arrogancia, pero nadie le cuestionaría dicha actitud, él siempre se levantaba como el mejor guerrero de todos los conocidos. Krillin asintió y atendió al resto que de igual modo no podían quitar la vista del duelo con suma preocupación e interés.
Burter no perdió el tiempo, saltó sobre su enemigo como fiera encaramada a matar, sin embargo alcanzó solo el espejismo de su adversario. Gokú giró el brazo sobre su cuello plantando la rodilla en la quijada del sujeto. El acto le produjo un dolor indescriptible tirándole de bruces a un lado de las botas del hombre del gi naranja.
– co..coomm– intentaba hablar pero la nubosidad del desgarrador daño, le impedía articular. Subió otro puñetazo que fue evadido sin esfuerzo por el irritante saiyajin, este dobló un terrible uppercut al plexo del infortunado ser, borrándole toda esperanza de salir ganador del duelo. No solo era más rápido, su fuerza era abisalmente diferente, no podía hacer nada para cambiarle, puesto que ahora recobraban su estado el resto de los compañeros que ya había vencido. Solo le restaba una salida.
– Ya veremos quien ríe a lo último –Lanzó un rayo contra los desprevenidos camaradas, Gokú acudió en su defensa veloz y el astuto humanoide se lanzó imperceptible sobre su capsula, la distracción dio tiempo a realizar una retirada forzada, de regreso al cuartel de Namek para buscar el refuerzo del resto del escuadrón o cualquier tipo de ayuda útil.
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Despertó al sentir agua fría sobre su cuerpo, sin saber si habrían pasado días u horas después, pues la debilidad en su cuerpo, dolor y sensación de hambre retumbaban zumbando sobre su cabeza, se encontró atada a una cama, expuesta boca abajo con los ojos vendados, la escuálida falda que caía sobre su cadera prácticamente hecha girones manchada por lo que debió ser su propia sangre.
– Quería que estuvieras despierta para tu primer victimario – la voz inconfundible del corpulento hombre que la recibió en el distrito le declaró –te advierto, no es de los amables, pero eso ya lo debes saber – se rio tranquilamente.
– Ma…ldito – apenas podía emitir sonido alguno puesto que, aún estaba mareada de la paliza recibida. El hombre salió dando paso al visitante, impaciente, escuchó al nuevo sujeto dar vueltas en la habitación. No perdió detalle de sus movimientos, todo su cuerpo respondiendo con dolor al tratamiento previo, esperaba atormentada la siguiente maniobra del agresor, de repente sintió un apéndice peludo enredarse en su tobillo con suavidad.
– ¡Raditz! – apretó los dientes enfurecida – ¡Siempre supe que te atreverías a esto!¡Perro asqueroso! – pateó intentando librarse de la cola en su pie. Sin embargo la carcajada explosiva que emergió le hizo recorrer un rayo de incertidumbre sobre los nervios.
– Ni en la peor circunstancia pierdes el temple– acercó lentamente su figura al rostro de la joven – Te advertí no te metieras en problemas –
Y por absurdo que pareciera, escuchar esa gruesa voz le hizo conferir la sonrisa más grande que hubiese podido emitir en todos esos meses de esclavitud.
– ¿Vegeta? – dijo a media voz. El saiyano retiró el vendaje de sus ojos sin cuidado. Enfocó sus ojos bien abiertos sobre él, casi en legítimo agradecimiento, olvidando que trataba con el volátil príncipe inconsecuentemente violento.
– No me hagas daño – exigió olvidando su ánimo anterior, bajo el ceño hostil de su nuevo posible agresor.
– Por tentador que se vea, te dije que me repugnas – se burló dándole un vistazo de arriba abajo – voy a ofrecerte una opción que quizá te convenga – pateó una de las mesas aledañas tirando tempestivamente por el suelo el contenido, lo que hizo gritar a la chica.
– ¡¿Por qué hiciste eso?! – reclamó asustada
– Allá afuera creen que te estoy enseñando una lección – le dedicó una risilla vil – los silencios no son parte de las torturas –
– ¿Qué quieres? – sus grandes ojos azules clavados en la arrogante figura frente a ella.
– Yo solo quiero lo que todo mortal aquí – se regodeó – poder y una eternidad de ello para disfrutarlo – su terrible media sonrisa, que tenía maestría en empeorar vilmente cada vez que la realizaba.
– ¿Cómo puedo yo otorgarte eso? – fingió desinterés, sin embargo empezaba a oler de que se trataba el plan sobre esa perversa mente. Vegeta se hincó a un lado de su rostro levantando un mechón de cabello del oído de la joven
– Te escuché decir a los terrícolas que usarían sus propias esferas para revivir a tus aliados – susurró mandando un espasmo de temor y culpa sobre la chica ¡Maldita la hora en que lo soltó!.
– No sé de qué hablas – intentó volver a perderse en la conversación
– ¿No? – En suave voz preguntó – pues peor para ti – se levantó y viró bruscamente emitiendo un disparo de ki de su dedo que laceró el hombro de la chica. Bulma profirió en alaridos recubriendo su quemadura entre un gesto de dolor e ira.
– ¡Eres un malnacido Vegeta! – le gritó encorvándose de dolor
– Te estoy haciendo un favor – sonrió sin explicar más – puedo darte una paliza y dejarte aquí a esperar la fila de escorias que quieren la oportunidad de divertirse un rato – dibujó una mueca cruel, pero el rostro de Bulma intentaba parecer sereno, no le daría el gusto de verse débil – ordenaré a mis subordinados que tomen turnos hasta que me haya aburrido – comprobó con gusto que sus palabras comenzaban a hacer efecto. Se acercó una vez más y tomó su barbilla – o – tomó una pausa tomando las cadenas de sus muñecas – puedo liberarte y sacarte de aquí de regreso a tu patético planeta–
Bulma intentó permanecer fiel a su propia máscara impertérrita, pero no pudo contener el temor de las ideas que el saiyano sembraba en su mente. Sabía que el sujeto no tenía buenas intenciones, pero presentía que era la única opción que poseía, por el momento, desafortunadamente para la Tierra, la condición de mártir no figuraba entre sus muchos talentos, aunque, de lograr salir de su precaria situación idearía una forma de evitar que los planes de Vegeta sucedieran.
– Llévame donde la esferas – continuó el príncipe – y si cumples tu parte– volteó el rostro de la mujer hacia él – quizá considere dejarte vivir –
Bulma tragó saliva meditando en la proposición, a esas alturas del tiempo vivido en el cuartel, le daba vueltas en la mente una verdad incómoda, que le había incrustado el terrible cautiverio sin respuesta: nadie más la rescataría. De modo sumiso asintió con la cabeza.
Complacido, Vegeta levantó las manos hasta las muñecas de la joven, con un leve movimiento de los dedos deshizo el metal, liberándola de su castigo. Bulma frotó sus muñecas y su herida sin decir palabra, en ese momento temía por un repentino cambio de parecer que pudiera cruzar por la mente del impredecible saiyajin.
– Necesito atender mi brazo – susurró intentando no atentar a su mal humor
– Estarás bien – se acercó incrustando bruscamente su dedo en la herida, para retirar entre los gritos de la chica los restos del dispositivo parpadeante de esclava. Bulma clavó su mirada en el agresor con suma rabia, empezaba a creer que lo odiaría más que al mismo Freezer, si no es que la terminaría matando en uno de sus repentinos arranques de ira.
–Por ahora no necesitas temerme mujer – le dijo adivinando el pensamiento con sus gestos –aunque eres el único humano que puede decir eso – lanzó un mohín divertido
– ¿Asesinarás a los habitantes de mi planeta? – preguntó con genuino temor
– Depende del resultado de lo que espero – mintió intentando darle esperanzas para continuar. Bulma podía jactarse de ser muchas cosas, sin embargo ser tonta no era una de ellas, de inmediato captó la doble intención bajo la afirmación de su secuestrador.
– Si matar es lo único que sabes hacer – susurró en quedo sonido –… te siembras un destino igual o peor del que repartes – espetó enfrentándolo con lo único que podía, la lógica del karma.
– Ese tan deplorable talento mío es lo que te sacará de aquí – mordaz aseguró molesto – si fuera tú, dejaría de provocar mi humor – la hizo a un lado rudamente, expidiendo una poderosa ración de energía sobre la palma izquierda. Apuntó hacia la pared de la cama y disparó dejando un túnel vacío frente a ambos. Al instante le cerró la boca, la jaló sobre su espalda y flotó hasta el techo con ella a cuestas, escuchó los pasos correr a su dirección y el tosco sujeto que aprisionó a Bulma en el cuartel se adentró, en la ahora oscura habitación. Observando el desastre corrió en sentido contrario.
– Lo sabía, maldición – refunfuñó y sacó un dispositivo del cinturón –¡Vegeta mató a la mujer! – vociferó por el comunicador en el cuarto contiguo– escapó por la sección sur, ¡traigan a ese maldito idiota! – cortó la comunicación.
– ¿y qué pensabas hacer cuando estuviera aquí? –
El sujeto no tuvo tiempo de borrar su cara de sorpresa, sintió la fuerza del saiyajin atravesar su cráneo y todo terminó. Bulma tapó su boca horrorizada ante el acto de barbarie, reparó en el brazo del ejecutor del asesinato, que rápidamente la levantaba de la cintura como un objeto. La velocidad a la que se desplazaban provocaba que su cabello azul se introdujera en sus ojos y boca impidiéndole ver o respirar. Llegaron al hangar de naves en un pestañeo, Vegeta emitió con la punta de su dedo una esfera de energía que dirigió en contra de la nave más grande del tirano. Al estallar, su pequeña carcajada se perdió entre el conglomerado de soldados que corrían, intentando apagar el fuego. Se escabulló a la sala de control ahora vacía y preparó el despegue de todas las naves aterrizadas en el hangar.
– ¡¿Qué está sucediendo?! – exclamó el guardia líder del hangar –¡¿otro ataque rebelde?! –. Las naves comenzaron su despegue ruidoso sin control, objetos de todas formas y tamaños alejándose en la oscuridad del espacio, algunas estrellándose entre sí en diferentes distancias. Bajo el espectáculo, Vegeta se escurrió hasta estar en proximidad de una pequeña capsula, aventó a la mujer dentro y cerrando la puerta fijo rápidamente las coordenadas, despegando al instante entre un sin número de capsulas y otras naves que había preparado con anterioridad para obtener su cortina de escape. Salió del campo visual de la estación con éxito y no pudo evitar reír arrebatadamente, todo había salido a la perfección.
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Deseo haya sido de su agrado, nos vemos en la siguiente entrega! Tengo ya varias cosas escritas pero debo darles forma, me tarde en publicar este porque mi hermana se casó! Jajaja tuvimos que hacer muchas cosas! He pensado en cambiar la categoría a M pues tengo algunas escenas medio subidas de tono jejeje pero no se si sea buena idea.
Acepto sugerencias y comentarios y me gustaría saber su opinión acerca del rumbo ¿les gusta? ¿imaginan lo que viene?
Una disculpa por las faltas de ortografía que se pasaron jeje
