Traté de no tardarme tanto, aunque se me está haciendo un poco difícil jeje.
Muchas gracias a todos los que se toman su tiempo para dejar sus comentarios, siempre que puedo les escribo, me gustaría también responder a los que entran como invitados. Muchas gracias también a todos los que han dado seguir y favorito, por ustedes le seguiremos hasta el fin!
Smithback, Anabellgonzalez92, muchas gracias por todas tus atenciones! Me da tanto gusto saber que les ha agradado la historia! Me animan a seguirle pase lo que pase jaja Unficmas, te extrañamos por acá!
Debby: Obrigado menina linda! (Espero escribirlo bien jeje)
Cualquier duda o sugerencia díganme! Es reconfortante leer que les interesa :P espero sus rw de opinión! :*
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––––––––––––––––Capitulo X–––––––––––––––Conveniencia
– Capitán – en su nave privada una de las féminas de la tripulación le extendió la bitácora – el informe de batalla en Namek –
El capitán de las fuerzas especiales era un ser poco ortodoxo, se deleitaba en las tradiciones ridículas de su planeta de origen y corrían los rumores que tenía la capacidad de metamorfosear diferentes formas para adquirir mayor fuerza, era una temida leyenda, solo los notoriamente inferiores en poder se atrevían a aproximarse, puesto que corría el rumor que con solo una mirada podía robar tus más profundos secretos y poder oculto.
Paso su vista desinteresado por los detalles, sin embargo al llegar a releer la llamada de alerta inmediata, el semblante se endureció.
– Y dices que…se perdió un planeta entero – rectificó la información recibida con seriedad inclemente
– Así es señor – admitió apenada – por alguna extraña razón desapareció de orbita – le soltó recalcando el hecho de que solo decirlo era absurdo.
– Donde está el resto de mi escuadrón –
– Burter se encuentra en la estación que orbitaba el planeta– tragó gordo antes de atreverse a decir el resto de la información – parece que perdimos contacto con Recoome y Guldo en las lunas de 2036–
– Necesito hablar con Lord Freezer – solicitó desesperado su scouter. Acto seguido se encerró en el cuartel contiguo, retraía sus palabras meditando cauteloso para no provocar más al tirano espacial, todos esos eventos lo tenían en el peor humor posible.
Al hacer contacto recibió una negativa desplegada en la pantalla de su scouter. Como si hubiese leído su mente, la selección de palabras le hizo caer en cuenta que debía investigar más antes de entablar cualquier intercambio y admitir que un planeta entero estaba perdido… o sería el último aliento que tomara.
Salió disparado dejando en el holográfico el mensaje. Solicitó su nave personal y desapareció. La soldado que le atendió observo curiosa el mensaje y comprendió al instante.
"Pierde otro insumo, pierde tu cabeza"
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Bajo el más soberbio vestigio de elegancia, la septuagésima reunión del comité intergaláctico de la OIC se orquestaba en el planeta Arka-Hoseik, como cada ciclo galáctico cumplido. La razón de dicha localización era la exquisita organización de los anfitriones, quienes administraban la cosecha de piedras preciosas en el imperio. Fervientes aliados del imperio del hielo, tenían todo tipo de comodidades y excentricidades para complacer a sus más distinguidos huéspedes.
Resplandecientes utensilios, resplandecientes pisos y todo en rededor conformado de modo que fuese visualmente agradable, tonos negros, blancos, enormes y sutiles diamantes, en toda la representación fastuosa. Sin embargo esos detalles pasaban de largo al heredero menor a la corona que apresuraba su paso impaciente, sería la primera vez que llegaba tarde a dichos eventos, a diferencia de su padre él no se embelesaba en frivolidades de sus mejores súbditos, pero sabía fingir muy bien el deleite de dichas cosas.
Para cuando hubo pasado un considerable número de puertas, su padre daba el discurso anual, recibiéndole con respeto, los presentes se hacían a un lado temerosos de dar el rostro, pero los rumores no daban tregua a sus cavilaciones. Las noticias de la perdida de diversos puertos de ensamblaje de naves y el conflicto suscitado en Luna Daiya eran los mejores chismes del momento.
Para el disgusto mayor del tirano, su hermano mayor se regodeaba de la opinión popular por los recientes avances de la captura de rebeldes en su territorio y la provisión casi altruista de transferato a la totalidad del imperio, uno de los minerales de mayor aprecio.
– Ese maldito engreído – sorbió un poco de su copa tomando aires de superioridad para acercarse entre la multitud que se aglomeraba para besarle los pies a un pasivo Cooler, a los que extrañamente sonreía en soberana actuación, ¡incluso portaba la capa de gala de su escudo familiar!. Era el colmo.
– Felicidades por tu nombramiento hermano – falsamente se acercó haciendo que el resto de los presentes se retiraran reverenciándoles
– Ser guardián de las colonias mineras no es un triunfo del cual felicitarme hermanito– en principesca actuación devolvió el saludo a su hermano – reserva tu felicitación para el momento en que sea nombrado heredero de todo – traslucía su felicidad en esa burlona sonrisa – quizá hasta considere darte un buen puesto–
– Espero no lleves a la ruina al imperio cuando descubran tus escasas habilidades políticas – abandonó mordaz su sitio y su copa en una de las bandejas blancas flotantes.
La réplica de un fúrico Cooler no tuvo oportunidad, cuando su padre inició el tema de mayor importancia para todos los presentes. Nombraría el comité encargado de la administración del siguiente ciclo, puesto ocupado por Freezer durante 40 ciclos consecutivos, por lo que no tomó importancia en ello y decidió tomar su lugar en el podio. Solo cuando cayó en cuenta de la mención del nombre de su hermano fue que la pesadilla se instaló en el borde de su entrecejo. Haciéndole gala el presuntuoso primer heredero subió haciendo notar su elegante porte, para ofrecer sus primeras palabras con la experiencia de todo un mandatario.
Y entonces vió con toda claridad la figura detrás de todo eso.
– Salza – murmuró para si con un gutural ronquido agresivo. Posado detrás de su amo, con la vil sonrisa de complacencia que le delataba. Tenía fama de ser un excelente político, sus aspiraciones estaban surtiendo efecto a ritmos agigantados. ¿Cómo no pensó antes que eso sucedería? su propia ingenuidad le pagaba el coste, siempre jactándose de ser el mejor se rodeaba de cerebros apocados en gracia y ese hecho le estaba arrebatando la batuta del poder con una sutil gracia.
La ola de aplausos acaecida recaía en su subconsciente como martillazos que trituraban su frágil temple. Apretó los puños a punto de hacer volar todo el planeta en mil pedazos. Pero en medio de ese siniestro acontecimiento sintió la mano de su padre posarse sobre su hombro. Realizó un movimiento con la cabeza casi indetectable, indicando que le siguiera a un sitio más privado.
Detrás de ellos sus escoltas resguardaban el sitio de visitantes indeseables.
El Rey Cold desabrochó su pesada y elegante capa dejándola caer, se recostó en uno de los sillones sin dejar de prestar atención a la casi inexistente paciencia de su hijo. Tal era su enojo que no emitía palabra alguna.
– espero que no lo tomes personal hijo– inició con el intercambio. Más no obtuvo respuesta. Los ojos rubí de Freezer le seguían sin dar por sentada una sola de sus palabras.
Sin emitir más palabras extendió un holográfico virtual de los balances del imperio, denotando el costo de las actividades de su hijo y la ineficiencia en detectar las redes de los rebeldes. La sobrecarga del resto de los sectores compensaba el hecho, pero si la situación continuaba sería insostenible.
– menos mal que la defensa de Minas Calladri un está intacta – se atrevió a decir frente a su vástago aleccionado – de no ser así poco tendrías para sustentar el embrollo en que tus rebeldes nos han metido –
Freezer arrojó la bitácora a otro lado disponiéndose a salir del sitio, entendía muy bien la insinuación, pero el peso de su orgullo estaba pendiendo de un hilo. Jamás justificaría su inocencia.
– Freezer – lo detuvo autoritario su padre – bien sabes que eres el mejor candidato para llevar el trono, pero me decepciona que tengas tan poca pericia para resolver estos problemas insignificantes ¿Qué harías con un problema mayor? – se levantó también dispuesto a salir
– Retomaré el control y me regresaras lo que arrebataste – intentaba sonar tranquilo pero el temblor en las silabas no daba resultado creíble. Estaba enojado… muy enojado.
–designa un inquisidor que haga la tarea– aconsejó finalizando la plática – Lamento que haya tenido que ser así, pero una de las desventajas de ser un rey es que a veces tienes que actuar como uno– el endurecido semblante de Cold, no dejaba cabida a las sospechas de que su decisión era irrevocable
Con todo saliendo de control, solo tenía una opción plausible, por un momento pensó en asesinar a Salza, pero rápidamente lo descartó dando cuenta en el desperdicio que sería esa acción, la mejor estrategia sería aliarlo a su causa con un jugoso incentivo. Pero su hermano debía ser puesto bajo control y sabía muy bien como planear ese trabajo, puesto que en otra ocasión… ya lo había intentado.
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Bulma inhaló con fuerza
No hubo tiempo de protestar, de indagar el siguiente acto de su secuestrador, ni siquiera de dar una emoción coherente a su cabeza. Al momento de entrar en el reducido espacio, el sueño criogénico fue inducido y su conciencia se perdió. Siendo una mujer que controlaba los factores de riesgo en los más minúsculos detalles, la tempestividad e imprevisibilidad de su nuevo compañero de viaje, le pasaba la factura en dolores de cabeza interminables. Para cuando abrió los ojos, el golpe de la nave la hizo saltar de su conciencia reaccionando dos segundos antes de estrellarse contra el suelo.
– ¿¡Podrías ser más cuidadoso salvaje? – limpió sus escasas ropas sin importarle proferir las ofensas necesarias para obtener un poco de respeto
– Tsk–
Miró a su alrededor, un planeta extraño a sus pies, el suelo parecía ser un arenal de consistencia fina, pequeños granos plateados que corrían arremolinándose delicados, un extraño suceso teniendo en cuenta que el viento era inexistente. Un paraje de cielos oscuros con luminosidad sobre puntos de luces blancas, ninguna forma de vida a la redonda. Hermoso. Agreste. Incomprensible.
Después de admirar el post-apocalíptico escenario, viró para caer en cuenta de que estaba sola. A una distancia considerable y mirando hacia el horizonte, el indescifrable saiyajin fijaba su interés cual felino en cacería. Algo perturbaba su cabeza, algo en ese planeta estaba mal.
– ¡Hey! – Corrió con rapidez intentando alcanzarle –maldición espera ¡Yo no puedo volar! –
–Guarda silencio – con los brazos cruzados y sin siquiera dignarse a mirarla le ordenó. El tono de voz era suficiente información para determinar que estaba perdiendo la paciencia. Sin embargo, la actitud hermética constante, estaba empezando a hacer perder la paciencia del mismo modo a la científica
— ¿Dónde estamos?—
— ¡Dije que CERRARAS LA BOCA!— vociferó ladeando el rostro
– ¡Estoy cansada de que ordenes como si fuera tu maldito soldado! – Sin poder sosegar su ímpetu, se aproximó dando zancadas feroces, manoteando frenética – ¡No soy ninguno de tus secuaces idiotas para solo aceptar lo que su alteza quiere! NECESITO EXPLICACIONES, ¿qué demonios estamos haciendo aquí? ¡Nos estrellamos maldición! ¿Notaste que Robaste la nave más pequeña e inservible de todas?... – no podía contener la ira acumulada, la frustración brotaba a borbotones con cínica petulancia, harta de encontrarse de un momento a otro en planos de proporciones abisales en diferencias. Ni siquiera le importó la consecuencia de su prematura descarga de posesa verborragia
–ARGH – con la mirada enloquecida le gruñó y generando un destello en su mano apuntó disparando en el acto.
Es rastro de destrucción instantánea, indicaba que la nave donde hubiesen llegado, era ahora historia.
– PERO QUE DEM… –con los ojos desorbitados mirando desaparecer en pedazos su único transporte, Bulma estalló en alaridos de protesta – ¡¿POR QUE HICISTE ESO!? – Llevó sus manos a la cabeza rendida en incomprensión –¡ ¿perdiste la razón?! ¡Nos quedaremos aquí por siempre! – chilló arrodillándose sin una pizca de esperanza, siendo solo audible el crepitar de los restos de la nave.
– CÁLLATE– el saiyano le ladró en el más puro furor. Sentía todos los vellos en su nuca exigirle la cabeza de esa insoportable mujer, se cuestionaba seriamente si soportaría todo un viaje con ese insufrible ser, cuya insubordinación irrespetuosa era directamente proporcional a su escualidez. Tal vez la inmortalidad no valía todo ese esfuerzo, se detuvo con todo el autocontrol posible, después de obtener su deseo, realmente disfrutaría matarla.
–No… – susurró rendida, intentando absorta unir dos piezas de la nave carcomidas, veía todos sus anhelos consumirse en un interminable círculo de dependencia, a las circunstancias, a la supervivencia, al terrible humor de ese inestable hombre, todo ese tiempo perdido en tratar de recuperar su vida, la cual quizá nunca regresaría a la normalidad…y de pronto, toda su paciencia se fue a la mierda –¡NO!—se levantó enérgica enseñando los dientes con la misma fiereza que su temible captor – ¡TE ODIO! ¡Estoy harta de todo esto! – Gritaba incontrolable, devastada, anonadada en ese temblor corporal que le enardecía las venas llenas de hiel – ¡TODO ES TU CULPA! ¡Tenía una vida, tenía amigos, familia… ¡ERA LIBRE!, tú me has hecho miserable, desde que ¡Decidiste que era buena idea tomar un suvenir de tu derrota! ¡Te odio! ¿¡Por qué no solo me matas de una buena vez?! Hazme un favor ¡Ahorrándome la miseria de seguir VIENDOTE! –
La rabia de ambos se desbordaba en un duelo de miradas asesinas, ni un ápice de miedo, ni un ápice de cordura y ni un ápice de atención al resto del mundo, donde no habían caído en cuenta que ya no se encontraban solos.
Un disparo de energía cayó bajo los pies de ambos y los imponentes vehículos de guerra acorazados les rodeaban, vehículos de asalto en mal estado volaban veloces a su alrededor, una bandada de seres débiles les amedrentaba con armas poderosas. Gritaban eufóricos como salvajes al inicio del llamado de guerra.
– ¿Que adquirimos aquí? – bajó de un salto un salvaje blindado, armadura a medio vestir y tres extraños lentes que podían jurar cubrían tres ojos.
– Desertores del imperio – otra criatura de cuatro brazos corroboraba con el sujeto misterioso.
Vegeta, enajenado de su rabia anterior, disparó contra uno de los vehículos menores destruyéndolo al instante. Pero su sorpresa no pudo ser mayor, al comprobar que su acto de intimidación no hizo más que provocar la risa enloquecida del resto de los vándalos.
–¡Una hembra! – aulló sobreexcitado uno de los pilotos, tomándola del brazo al instante para subirla torpemente a su vehículo que arrancó en el aire.
– ¡Suéltame idiota! – Bulma pataleó forcejeando
– Es mi prisionera– Vegeta se plantó frente al sujeto con intenciones asesinas. Un disparo descomunal aterrizó sobre su hombro sin darle oportunidad de hacer otra cosa más que desviarlo. Su distracción sirvió de escape al resto de las criaturas, que como un enjambre, driblaban sin control emitiendo sonoros rugidos de los motores y carcajadas.
– ¡Malditos insectos! – voló sobre ellos acabando con algunas de la variedad de naves que se le atravesaban, más fue superior a la ira su duda. Vaciló en continuar su ataque, cuando no le fue posible distinguir donde se encontraba la clave de sus planes, de seguir disparando probablemente también la mataría, ¿Quiénes eran esos sujetos? sobrevolando las tierras constató que el panorama era diferente al que recordaba ¿Dónde estaba el resto de la civilización? no podía pronunciar una palabra por el tamaño de la cólera que le invadía, cada movida planeada era acontecida por un numero ridículo de eventos desafortunados, que no podía creer fueran posibles, de pronto se encontró volando tras el absurdo grupo de piratas carroñeros, solo apretando los dientes esperando por la oportunidad de resolver el nuevo embrollo en el que lo había metido su suerte… y esa maldita mujer escandalosa.
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El pitido de terminación parpadeaba trayendo a conciencia al ocupante del tanque. Después de una semana Nappa abría los ojos observando el mundo a través de ese verdoso líquido que se drenaba. Salió resoplando esperando ser reprendido una vez más por el príncipe colérico, pero al no notar otro indicio de vida en la sala médica. Se dirigió a la consola de control para esclarecer si su líder estaba en otra de las bahías, pero su sorpresa cargó su estómago de plomo cuando comprobó que no solo no se encontraba en las bahías, sino que se encontraba en el estado de desaparecido.
Sus manos temblaron, todo podría haber pasado en ese tiempo, necesitaba contar con más información. Miró el tanque vecino ocupado por su otro compañero. Abrió la cámara de Raditz sin esperar a completar el tiempo indicado. A su juicio se veía suficientemente recuperado y necesitaba con urgencia hablarle de lo sucedido. El fluido desapareció aceleradamente trayendo a la conciencia inmediata al joven saiyano que escurría con todo su cabello cubriéndole como una capa. Tambaleándose se puso en pie, mareado y aún adolorido para notar una enorme cicatriz a medio cerrar en su abdomen.
–¡Nappa!– bramó furibundo–¡¿Cómo puedes ser tan grande, tan viejo y tan cretino?! – sujetó su estómago sumamente molesto manteniendo una mueca de ira con todas sus facciones afiladas sobre su superior. Trataba de reprimir con cada fibra de su cuerpo el impulso de volarle la cabeza.
– ¡Vegeta desapareció de la base! – alarmado le dejó saber, pero su noticia no causó ningún efecto sobre su oyente, el semblante apesadumbrado lo pasmaba distrayéndose en sí mismo.
– ¿Crees que mejore? – Con un chillido tentaba su piel enrojecida – la mierda de Dodoria debe verse mejor que esto –
– ¿No me escuchaste imbécil?– dió un golpe a su costado extrayéndolo del trance narcisista –¡Tu líder está desaparecido! –
Raditz meditó un instante, pero con una media sonrisa descartó las posibilidades– Seguramente es un error – intentó conservar la calma– no es como si fuéramos los elementos más respetados del imperio – aludió a todos los malentendidos de los que siempre eran víctimas para pagar con creces frente a sus verdugos habituales.
– Precisamente por ello puede haber sido asesinado –
– ¡Relajate! controla tu senil cerebro antes de que tenga que meterte al tanque de nuevo– Harto de la situación y limpiando su rostro con una mano decidió tomar medidas. Se acercó a la repisa integrando las claves de acceso que alguna vez obtuvo a cambio de sus habilidades amatorias, Vegeta pensaba que era un desperdicio pasar tiempo en la zona roja, pero él sabía que era todo lo contrario.
– Maldición no tiene sentido – la información de su desaparición y el asesinato de Bulma parecían una treta de mal gusto. Él discernía que los tintes de falsedad eran demasiado obvios, él no la mataría después de todo lo hecho para mantenerla con vida, algo estaba sucediendo sin que ellos lo supieran.
– Parece que todos nuestros miembros quieren abandonar el barco– habló en voz alta al descifrar lo ocurrido – tal vez deberíamos hacer lo mismo–
– Guarda silencio idiota –impasible por la falta de seriedad constante de su compañero le acalló, a su juicio debían resolver esa problemática antes de ser blanco fácil del resto de sus enemigos en la base – No sabemos si todo esto tiene un trasfondo – sin Vegeta estaban expuestos frente a algunos de los soldados que esperaban la oportunidad de aniquilarlos, era mejor no esparcir más el rumor.
– Por el lado positivo – continuó el melenudo saiyajin – tendremos mucho tiempo libre de escarmientos – se relajó imaginándose lejos de las reprendas del príncipe.
–- No puedo asegurarlo, pero creo que Vegeta trae algo entre manos, lo he visto actuar muy extraño últimamente–
– ¿Últimamente?– rio cínico. Para él nada en su líder de escuadrón era normal– te niegas a aceptar que ese tipo esta demente… y tenía todos los motivos para largarse sin nuestra flamante compañía– se alejó del tablero buscando uno de los trajes de combate para vestirse.
–No podemos asegurar que se fue –- se cruzó de brazos el mayor–-pero quizá debamos guardar silencio–
– Si, como los últimos secretos que mantuviste que nos llevaron a esto– le miró sobre el hombro con el semblante en blanco– tú sabes a lo que me refiero–
Recayendo en el recuerdo de ello, desvió su atención –no veo la relación –
– Por supuesto que no la ves…– profirió dando la razón al desplante de desconfianza del saiyajin más joven del grupo – si tuvieras información acerca de un familiar con el que conviví sin saberlo, ciertamente dejaría de confiar en ti–
– Eso tiene una explicación– se justificó el pesado hombre. Mostraba los dientes retraído.
– Sea como sea… lo traicionaste y por ende… nos traicionó, supongo que a su criterio la deuda esta saldada – se encogió de hombros aceptando su suerte. Colocó una vez más la cintilla roja sobre su brazo, única marca de su pertenencia al ejercito saiyajin que alguna vez lo enorgulleció.
– No podía decirle lo que sé– continuó con su explicación –jamás imagine que Turmer les enseñaría los mismos movimientos y supuse que nunca lo sospecharía, después de eso todo fue de mal en peor.
– ¿Por qué no lo dejaste asesinarlo si esa era tu preocupación?– preguntó casi en automático, su atención dirigida a los ventanales de la sala donde esperaba no tuvieran compañía pronto.
– Aun eres demasiado joven para entender– titubeó en confesar sus razones reales, la sabiduría de su gente era un tesoro que no gustaba en desperdiciar en oídos tan insulsos como los de Raditz – la venganza de los dioses recae sobre el que atenta contra su propia sangre….Tarble no solo es su familia… es su hermano–
– ¿Estás seguro?– la afirmación tan suelta con la que lo emitía le hacía pensar que solo era una broma, pero traerlo a colación con tanta seguridad le profería también incertidumbre propia.
–Cuando nació, el rey me obligó a guardar silencio, no hubo sospechas pues nació con un poder insignificante, igual que su madre, más fue entrenado por capricho de ella… Vegeta era un imbécil que todo le concedía– en esa última oración un silbido de ira se coló. La historia del rey que se sometió a un sentimiento. Era una vergüenza para su raza.
– ¿Cómo es que su hermano mayor nunca lo averiguó?– Raditz sabía que la inteligencia de su líder no era menor, parecía extraño que a esas alturas fuera tan incauto como el resto.
– El rey los mantuvo escondidos por temor a las represalias de la corte, era un escándalo que se enredara con una clase baja, existían rumores de que el estúpido se encaprichó, cuando se levantaron indicios de la existencia de un segundo crio, le enviaron a otro planeta y poco después su madre murió– resumió para su espectador –Vegeta enloqueció, intentó recuperar a su hijo mayor y todo se fue al demonio–
– Tragedia Real volumen I por Nappa – encajó una risilla fresca que descolocó a su superior
– ¡¿Nunca dejarás de ser un completo idiota?!– talló su rostro para evitar tener una contienda con el insubordinado cabeza hueca.
– Vamos, no seas tan sentimental…. ¿O es solo sentimentalismo senil?– y antes de notarlo estaba clavado en el fondo de la pared por un codo sobre su cuello.
–Vámonos antes de que alguien más regrese, debemos mantener un perfil bajo – le gruñó el otro soltándolo brusco. Raditz sostuvo su herida anterior. Pensó un momento en lo que el otro hablaba, pero no le dejaría saber que tenía las herramientas para averiguar lo que en realidad sucedió. Después de observar al mayor salir delante de él, se detuvo hasta perderlo de vista. Se enfiló a la zona roja sin detenerse, pero esta vez, por otra cuestión diferente a la habitual.
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El silencio de Nameku-sei era invadido por el terror de olas de disparos que apuntaban a tres objetivos, los cuerpos inanimados recuperaron conciencia en el mismo instante. Delante de ellos, veloz como un zumbido el resplandor verde de uno de ellos les mantenía a salvo liberándoles de los hombres que les habían subyugado anteriormente.
Nail recorría el resto de las aldeas aprovechando la confusión generada por los otros dos contendientes que se entregaban a la lucha entre los gritos de guerra de sus adversarios.
– ¡Esos malnacidos no son fuertes pero son muchos! – kurat pulverizaba con disparos de energía de su mano y remataba con el poderoso blaster de su mano metalizada.
– Yo no veo el problema– Piccolo desviaba los disparos y respondía con mayor intensidad – así es más entretenido – esgrimió un gesto divertido, estiraba y estrechaba sus músculos volando en pedazos a los oponentes que comenzaban a hacer una retirada apresurada. El pánico desatado entre los integrantes del ejército se fundamentaba en todos los sucesos salidos de una pesadilla, apareciendo de la nada enemigos poderosos que levantaron de sus tumbas al resto de los habitantes, no había cabida para el sentido común después de eso.
–¡Mueran malditos! – gritó un soldado acorazado, la boca de uno de los cañones de plasma les apuntó. Tanta era su sed de pelea que no cayeron en cuenta de esa poderosa arma.
– ¡Agáchate! – Kurat desplegó un escudo que les protegió al instante. Los recovecos de tierra donde cayó el coloide se deshicieron creando grietas colosales.
– MASENKO– con las manos sobre su frente la emisión de Piccolo alcanzó su objetivo destruyéndolo con un atronador rugido.
Las naves del enemigo iniciaban su retirada, más el resto de los Namek guerreros se erguían para darles pelea eliminando a los caídos en el trayecto de escape. Piccolo se levantó en el aire, disparando en todas direcciones esferas de energía hasta crear un enorme y luminoso cúmulo de nubes puntuadas. Con un grito bajó los brazos y todas se dirigieron como certeras bombas a aniquilar todos sus objetivos. El espectáculo duró varios minutos, hasta que todo rastro del enemigo fue borrado del paisaje.
Después de eso, la calma regresó al paraje.
– ¿Quién eres? – uno de los ancianos se acercó al capitán que limpiaba el sudor de su cuello con esfuerzo – ¿Qué sucedió con los hombres del espacio y el patriarca?
Kurat aún exhausto de la batalla meditó si debía contestar dichas preguntas. Después de todos no era un experto en relaciones sociales y la explicación de lo sucedido vendría mejor de la boca de uno de ellos. Se sentó en el suelo y señaló con el rostro al guardián del templo que flotaba hacia ellos seguido por una muchedumbre de igualmente curiosos seres verdes.
– Patriarca Moori– Nail le saludó – me alegra verlo bien, los hemos regresado con ayuda de las esferas, fuimos rescatados por los miembros de la Coalición Insurrecta, el gran patriarca se encuentra bien y será trasladado prontamente, pero debo comunicarles el nuevo estado del orden planetario – animó al resto de Namekianos a reunirse para comenzar la explicación acerca de los términos de la nueva alianza, después de siglos de anonimato interestelar, ahora debían ser parte de una causa.
Piccolo descendió de brazos cruzados, observando los rostros confundidos de sus congéneres que ponían toda su atención al guardián del templo. Se perdía en los gestos y facciones de todos los presentes. La sensación de pisar su planeta de origen y saber tan poco de él, era incómoda. Los rostros de los niños y jóvenes le traían a colación los recuerdos de su propia infancia y juventud. Cuan diferente habría sido si hubiese nacido en ese mundo, pero por un momento su incomodidad pasó a regocijo. Le gustaba lo que era, no habría cambiado una sola cosa de su pasado por otro presente.
– Es extraño supongo – el capitán se posicionó a su lado
– ¿Que? – preguntó confundido
– Ver seres tan parecidos a ti con un destino tan diferente –
El namek terrícola asintió condescendiente de lo que esas palabras significaban, seguramente Kurat habría tenido esa sensación al conocer a los terrícolas de su mundo. Pero para él las cosas no se encontraban en el mismo lado de la balanza.
Su conversación fue interrumpida por una nave que ingresaba a velocidad, transportando el Ki de sus aliados. Después de llegar a su destino los dos hombres procedieron a acercarse. Al abrirse, el primero en salir fue Krillin.
– Corríjanme si no estoy en lo cierto– colocó confundido su mano detrás de su cabeza –pero ¿no debía estar todo daño bajo control?– señalo a los estragos por doquier que el equipo de contención había generado.
– Estaba infestado de plagas – aún cruzado de brazos Piccolo le contestó sin abrir los ojos – tuvimos que hacer servicio de limpieza profundo– provocó la risa de Kurat que se disponía a abordar la nave resonando los metales sobre la rampa de acceso.
– ¿No debía estar aquí Tien? – preguntó en automático el saiyajin de cabello alborotado. Pero no obtuvo contestación alguna.
– Si querías acción llegaste tarde niño maravilla – el capitán pasó de largo antagonizando a Gokú que miraba abstraído el panorama con evidente decepción.
– Basta Kurat– Tarble intervino poniendo espacio–si Gokú hubiera estado aquí esto habría terminado más rápido y con menos desastres– le siseó defendiendo a su semejante. Su cola ondeaba expectante del intercambio que seguro ocurriría.
– Extraño mi cola – expresó el saiyajin mas alto entretenido por los movimientos de su compañero, ganó la atención colectiva diluyendo el interés bélico – ¿Qué?... Es verdad – se encogió de hombros mientras todos se retiraban a sus tareas antes de partir.
– Capitán – Nail se aproximó con una comitiva de soldados –la intervención de nuestro pueblo será decidida en unos días, pero este grupo de jóvenes guerreros desea acompañarlos – Señaló a sus entusiastas congéneres dispuestos a unirse a la batalla.
– No creo que sea prudente sobrecargar la nave– Piccolo funcionó como la voz de la razón – si en unos días se llevará a cabo el acuerdo, en ese tiempo regresará un transporte por los interesados–
– No te corresponde a ti juzgar eso Piccolo– intervino el molesto capitán biomecánico – pero tienes razón, debemos respetar las decisiones de los ancianos –
– Entonces yo me uniré – Nail se paró frente a la plataforma exigiendo al Nameku terrestre
Su dialogo llamo la atención de todos.
– No son tiempos de paz para poseer un guardián en el templo – miró decidido al resto – mi cuerpo está obligado a prestar servicio al gran patriarca, a menos que decida fusionarme en otro –
– ¿Fusión? – Krillin preguntó incrédulo – ¿Piccolo tu puedes hacer eso a voluntad? – interrogó a su aliado pero descubrió que este estaba igualmente o más desconcertado.
– Es mi decisión, si accedes ambos obtendremos un poder increíble, la suma de ambos en un solo cuerpo– Nail instó a su igual intentando otorgarles una ventaja
La duda de Piccolo se transmutaba en un sudor frio, era una oferta tentadora, pero ciertamente no quería perder su personalidad o cualquier cosa que le orillara a tener que compartir un mismo cuerpo con otro individuo, era una idea perturbadora.
– Lo decidiremos cuando el tiempo sea prudente– respondió ingresando en la nave para marcharse.
– De prisa que aún debemos regresar por Azuki antes de que haga nuevas admiradoras– Kurat instó al resto a subir. Y el resto de la comitiva le siguió.
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Apresada entre cadenas, tirada sobre el suelo de un vehículo de asalto, Bulma experimentaba por primera vez el sentimiento de poseer la mente en blanco. Ya nada podía tener el menor sentido, una vez más, en manos de un grupo de locos a la deriva de su suerte y esperando que por algún milagro inexplicable pudiera salir en una pieza. El suelo frio del vehículo tenía un metal ennegrecido por las batallas que seguramente habrían pasado, de pronto frente a ella apareció una luz en el camino, una pequeña arma se encontraba en cercanía a sus pies, de poder asirla quizá podría escapar. Les escuchaba realizar un intercambio en otro idioma incomprensible
– ¡Tu! – Le llamaron en la lengua común – ¿qué clase de ser eres? –
Bulma no respondió y únicamente les dedicó un vistazo de altanería. Los gritos ahogados de euforia del resto de los alienígenas y el olor al combustible de sus vehículos la estaban mareando más de lo que le gustaría admitir, se preguntaba en que momento vegeta terminaría volando su nave o si por alguna imposible razón le habrían vencido. Cual fuera el escenario, no obtendría nada bueno de ninguna opción
– es un ser débil – le despreció uno de los soldados apuntándola con una de las extrañas armas, conjunto de varillas extrañas que emitían un rayo suficientemente fuerte para desaparecerla – no durará…—se aseguraba que sus palabras fueran audibles por la supuesta hembra.
–Eso lo decidirá krar vor– les silenció el copiloto, mismo sujeto que les amenazó en un principio.
– al final del día serán ustedes los que se arrepientan de este momento – les desafió la chica imitando a la perfección el intimidante tono del príncipe, si algo le quedaba claro era que la mejor forma de sobrevivir en el espacio, era nunca demostrar su miedo.
Vegeta volaba rápidamente sobre el grupo hasta verlos guarecerse dentro de una gran estructura redonda, una fortaleza endurecida por el paso del tiempo y la destrucción, no recordaba nada de eso, de cierta forma comenzaba a arrepentirse de haber eliminado su nave previa. Al parecer la civilización que constituyó ese planeta nunca más regresaría a su gloria anterior.
Aterrizó de un puño, interrumpiendo todo lo que adentro se llevaba a cabo, el estruendo de su llegada posó todas las miradas curiosas sobre el extraño sujeto que apareció súbitamente del cielo, sacudiendo todo violentamente– ¡¿quién está a cargo?!— levantó la vista despejando los nubarrones de arena con una onda de energía. El desorden de seres sin ley, llamó su atención mientras peleaban los despojos de lo que probablemente fue una ciudad amurallada.
– Tú no tienes derecho a estar aquí– uno de los carroñeros le apuntó con un arma, más con solo un movimiento de su dedo, quedó reducido a cenizas.
– No lo repetiré otra vez – siseó imponente al resto de los espectadores. Del fondo de la gran fortaleza de hierro emergió un hombre, curtido por las arenas e inclemencias del ambiente, ataviado de pieles de animales extraños y con una escamosa, desgastada y rojiza piel cubierta por gafas engrosadas.
– ¿Que te trae por aquí forastero?– le devolvió el saludo sin temor, se sentó en las viejas escaleras oxidadas colocando sus antebrazos sobre las rodillas.
– ¿Qué pasó en Velkron? – recobrando la compostura, hizo alusión al nombre del olvidado planeta. Necesitaba respuestas con urgencia.
– Ese nombre ya no significa nada en este lugar – señaló el panorama, todas las formas de vida estaban mutiladas, frenéticos en la carroña, los rastros de la guerra en sus rostros, en cada rincón del lugar, una arquitectura improvisada de restos de metales y materiales extraños que servían como refugio a los seres pervertidos por el desamparo y la nulidad de sentido de existencia– el señor de la guerra alcanza todos los mundos – finalizó encendiendo un extraño polvo que inhaló inconspicuo.
–Ustedes tienen algo que me pertenece– se cruzó de brazos sin prestar más atención a la escena – si todo fue destruido, estas en deuda por dos cosas – le explicó desatando una carcajada del oyente.
– No has entendido el nuevo orden de las cosas – se enderezó caminando hacia una especie de trono metalizado – si quieres algo debes ofrecer algo a cambio… ¿qué te debo forastero?–
– una nave y…una mujer–
Soltó sin rodeos. Debía apresurar su partida de la decadente civilización, antes de que no tuviera regresión el error de haber entrado a esa atmósfera. Desesperado, empezaba a creer que quizá la molesta rehén, hubiese pasado a mejor vida en ese mundo sin ley.
– La hembra…Eso no será posible – ladeo la cabeza solemne.
– Puedes regresármela por las buenas – se enderezó para tomar postura de batalla – o por las malas – comenzó a generar energía apuntando a las paredes de la fortaleza. Los presentes rugían enloquecidos por la sensación de peligro. ¡Krar Vor!, ¡Krar Vor! Clamaban sin cesar
–- ¿y que harás? – sin inmutarse el presunto líder preguntó – matarás a todos estos pobres diablos – señaló intrigado –mira a tu alrededor – disparó, del mismo modo, energía de la palma de su mano destruyendo un puñado de criaturas a su derecha, solo girones de piel quemada y polvo volaban en dirección del viento, provocando una mueca de desagrado del príncipe –aquí a nadie le importa continuar con vida– su acto fue vitoreado eufóricamente por el resto de los entusiasmados pasajeros de esa demencia colectiva.
– Hmm… – bajó el rostro – que exquisita civilización –, cínicamente rio– y que lástima sería, que decidiera volar en pedazos este patético planeta – amenazó una vez más logrando contener el ánimo generado. Sin embargo el astuto líder conservaba la calma, le miró atento expidiendo su juicio final.
– si no me equivoco tú no eres una criatura del espacio –se acercó sin miedo poniendo de soslayo las vacías amenazas –hacerlo sería tu suicidio – le susurró sin quitarle la vista de encima, podía leer que su oponente era un hombre inteligente y la ventaja que esas palabras le daban sería momentánea– a menos que… podamos llegar a un acuerdo – socavó el mal humor creciente de las negociaciones – te daré la nave que necesitas a cambio de la hembra–
– ¿Por qué la necesitas?– decidió jugar el juego de su victima
– Mi raza se terminó en esta guerra – terminó colocando las manos detrás de si–necesito encontrar si existen otras con las que sea compatible o mi linaje se terminará conmigo – habló con la mayor naturalidad mientras preparaba su trampa sorpresa
– Ya veo –fingió interés evocando inconscientemente los mismos gestos sagaces de Freezer –eso sería una pena – El sarcasmo alertó a su enemigo comprendiendo el limitado tiempo de acción que poseía. En un segundo ametralló sobre el costado derecho del desprevenido guerrero toda su energía, el estruendo hizo elevarse ventoleras de torbellinos sobre todos los testigos de la precipitada acción, más una vez disipado el polvo, con lentos movimientos el orgulloso saiyajin se enderezó, los ojos azabache fijos, destilando el poder de su fiereza sobre el ahora asustado hombre.
– Espero que haya valido la pena – estrelló la cabeza de su atacante sobre el metal deleitándose en enterrar los dedos sobre su garganta como mantequilla. Ahogándose en su propio aire, su víctima se las arregló para poder hablar
– Es..pe..ra– rogó aferrando sus manos al brazo de hierro que lo mantenía inmóvil, comprobando su fuerza superior – Te daré la nave – señaló detrás del montículo de artefactos extraños, una nave escondida en perfecto estado de pequeñas dimensiones – es funcional y está cargada – intentó corregir su terrible error.
– La negociación se acabó– Vegeta le arrojó al suelo sin decoro dirigiéndose a su nueva adquisición – ahora devuélveme a mi prisionera –
– No – se negó dejando incrédulo a su posible verdugo – y no intentes nada–hizo señas al resto de los seres que le rodeaban, comenzaron peligrosamente a levantar sus poderosos blasters–lárgate de una vez, está bajo resguardo y no podrás encontrarla viva–
En ese momento el suelo temblaba, la apagada resonancia de los muros atrajo la atención de todos en el área, bajo sus pies se cuarteaba la estructura metálica, haciendo paso a un estallido que voló en pedazos los fragmentos laterales del fuerte, resguardaron sus rostros incrédulos ante la humareda y la figura menos pensada se posaba frente a ellos: una mujer empuñando su peligrosa arma
–Les advertí que se arrepentirían– esgrimió su sonrisa altanera guardando el blaster en su recién robada vestimenta.
– CAPTURENLA – la horda de salvajes corrió tras ella dispuestos a asesinarle. Bulma reaccionó descendiendo del montículo de escombros a toda velocidad, evadió con maestría dos criaturas lanzándose en el aire para apresarle, disparó a dos más de frente y derribó el resto de las tambaleantes paredes con un disparo más, aplastando a todos los ruidosos seres que le amenazaban corriendo a modo de bestias en caza, el número de enemigos crecía conforme pasaban los segundos y la ira comunal se incrementaba haciendo rugir a los insaciables kamikazes.
– ¡SACAME DE AQUÍ! – vociferó hacia un anonadado Vegeta, que observaba tan divertido como sorprendido la escena. Bulma eliminaba en tiempo record todos los blancos visibles, corrió intentando alcanzar su objetivo, viró al sentir sobre ella una caterva más, disparando contra los delanteros, pero los segundos alcanzaron a derribarle, pateo salvaje sobre todas las manos que la aferraban. Sus rostros desaparecieron frente a ella para darle paso a su captor habitual. –¿¡Donde rayos estabas!? – se limpió asqueada los restos de las cenizas, el boquiabierto saiyajin no le contestó, no le cuestionó, ni reprendió, solo podía mirar a la sorprendente criatura insignificante realizar proezas imposibles, preguntándose si en realidad se trataba de la misma mujer.
–NO SALDRÁS DE AQUÍ SI NO CUMPLES EL TRATO– el extraño sujeto se levantó bañado en escombros, apuntando la nave con un arma.
Vegeta sonrió arrogante, enganchó a la chica de la cintura y se elevó extendiendo la palma sobre su interlocutor– creo que tu trato acaba de expirar – y emitió una ráfaga poderosa que borró los vestigios de chatarra que constituyeron el trono del ahora fenecido señor de la guerra.
– ¡Krar Vor! ¡Krar Vor! ¡Krar Vor! – la multitud de seres restantes aullaban, vociferaban y disparaban enloquecidos, sus ataques eran reflectados sin esfuerzo por el divertido príncipe que les asesinaba con la misma emoción que un niño a un cúmulo de hormigas.
–Maldita sea vámonos de este infierno – gritó la científica a su oído sacándolo del trance homicida. Voló veloz entrando a la nave y tirando dentro a la mujer. Permaneció en la puerta contratacando los inútiles esfuerzos por derribarlos. Bulma tomó los controles de mando dándoles un vistazo rápido, inició la secuencia conocida y para su suerte, el mecanismo respondió.
– Hasta nunca idiotas – pronunció victoriosa, se elevó hasta perderlos de vista sintiéndose a salvo, más viró para aterrarse con la figura de Vegeta resplandeciendo su sonrisa más vil, relamió sus labios enloquecido disfrutando su siguiente acción con sadismo y generó un destello en su dedo que dirigió al planeta empequeñecido por la distancia.
–NOO– intentó frenarle lanzándose contra él, mas sus esfuerzos no le movieron un centímetro, vio el planeta enrojecerse, fragmentarse violento y desaparecer frente a sus ojos en un voluminoso despliegue de luces interminables –¿¡Por qué lo hiciste!? – no podía creer lo ocurrido, todo un mundo, sus paisajes y criaturas hecho polvo estelar, tanta destrucción sin sentido por doquier y está en particular… a manos de un solo hombre. Aun a sabiendas de que sus amigos quizá podrían hacer esos mismos actos, presenciarlo le hacía paralizar la sangre, tanto poder en un individuo era irracional. Lo miró de arriba a abajo, sin emitir palabras, su perfil orgulloso del desastre cometido, un salvaje indomable, ¿cómo podría salir ilesa de un ser tan terrible? Había pasado ya tanto tiempo con él, reconocía su voz, su olor, sus límites de ira y aún continuaba sin sentir que le conociera en verdad, ahora, solo recordar su intercambio anterior al secuestro, le hacía arrepentirse del desplante, esperaba que eso no fuera motivo para que ese monstruo descargara su ira sobre su frágil ser, debía encontrar un modo de limar asperezas o escapar de él lo más pronto posible.
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De los planetas conocidos, pocos eran de un origen tan reciente y un estado tan agreste, como el planeta Nayame. Nombrado por las antiguas lenguas en recordatorio al sufrimiento de las formas de vida que le utilizaban, era un compendio de climas extremos cambiantes, malpaís de rocas porosas, hielo y sulfuro presente en todo el territorio, sus extremas condiciones apenas permitían el asentamiento de vida en la superficie.
Asentado en un extenso valle apenas protegido de las inclemencias del clima cambiante, la base del cuartel rebelde acogía un gran número de especies y sobrevivientes, instalados en una precaria comunidad improvisada. Los campamentos imitaban una metrópoli pacifica, donde la mayor parte de sus ocupantes realizaban tareas sencillas para el bienestar común. Los escenarios de nieve y magma coexistían tan cerca que era imposible permanecer mucho tiempo en un solo lugar, razón por la que no existían grandes estructuras permanentes a la redonda. El costo de esa vida era insignificante, en favor del gran beneficio que proporcionaba ser uno de los planetas de menor interés para el imperio. Jamás averiguarían su localización.
Sobre el bullicio de la congregación un inadvertido visitante miraba con interés la escena. Suspendido localizó la firma de energía que era su labor buscar y tomo marcha a encontrarle desapareciendo al instante.
En un iluminado recinto de paredes marfil, una enorme piscina de aguas turquesa burbujeaba bajo sus pies, en una de las orillas, un grupo de humanoides de cabellos resplandecientes ayudaba a la anciana figura a descansar sobre lienzos extendidos sobre las aguas.
– Lady Arame– llamó su atención el recién llegado materializándose frente a todos –he venido a entregar un mensaje de importancia– habló serio sin perder el tiempo – déjennos–
La anciana mujer le dio una calmada sonrisa con los ojos aun cerrados.
– No esperaba tenerte aquí tan pronto estimado Kibito– intentó hacer una reverencia impedida por el obligado esfuerzo corporal, se percató de la ansiedad colectiva y dando suaves palmadas sobre sus ayudantes asintió en señal de respeto. Tomó aire retomando sus intenciones de ponerse en pie – desgraciadamente no me queda mucho tiempo en este mundo– respondió la interrogante de la mente de su invitado.
– Debo llevarte con él – le informó más a modo de objeción que de solicitud. Sería un riesgo que habría que correr.
– Lo se–- la mujer salió dejando un rastro de agua tras de si – no espero que el supremo Kaiosama tome consideraciones por una mortal – sonrió sincera una vez más tomándose de la mano del corpulento individuo –De prisa, no quiero arruinar nuestros planes tan pronto muriendo allí–
….
Dos segundos más tarde el par se encontraba en el planeta sagrado, reservado para los dioses. La hermosa vista era equiparable al sentido de paz que embargaba todas las criaturas que ahí moraban. Bajo un frondoso árbol, la figura delicada del guardián del universo le esperaba, sentado con actitud afable. Las leyendas de la anciana eran conocidas en el clan de los kaio, le brindaban un profundo respeto.
– Hemos acondicionado un espacio para hablar tranquilamente – Kibito explicaba mientras ambos se aproximaban – la humedad en este espacio esta modificada para su comodidad– Estando uno frente al otro los dos seres ancestrales se saludaron reverenciando en respeto.
– Gran Kaioshin – el oráculo le saludó
– Mi lady– el pequeño, pero poderoso sujeto respondió – me alegra volverla a ver, pensé que después de las Guerras Madosh no volveríamos a encontrarnos, pero me alegra que no fuese así–
–Fueron tiempos difíciles– aceptó perdiéndose en el recuerdo de una de las eras de mayor desesperanza de la historia del universo – los dos hemos perdido mucho querido amigo– haciendo alusión a la desaparición de sus familias, sacrificadas en la derrota de una de las amenazas legendarias más grandes de todos los tiempos, le reconoció en reciprocidad el cumplido de pertenecer a los pocos sobrevivientes afortunados que lograron restaurar el orden.
– Lamento la perdida de la casa real de Umi-rame– absorto en los recuerdos de la lucha emitió sin emoción.
– Mis ancestros cumplieron con su trabajo– en agradecimiento replicó –al igual que los suyos– retribuyó respetuosa haciendo |remembranza del holocausto de los kaioshin de dicha era. Shin pausó por un instante intentando retomar el motivo de dicha entrevista, alejado de los dolorosos recuerdos de aquella épica batalla para eliminar al formidable Majin Boo, sin duda, fue uno de los entes de mayor poder y destrucción entre todas las criaturas de maldad. Una de las épocas de mayor oscuridad del universo extinguiendo sinnúmero de los mundos de gran valía.
– Supongo que sabe por qué esta aquí– descartando con un suspiro su modulación anterior, prosiguió el cometido de la reunión.
– Si– soltó rápidamente –y acepto las consecuencias de ello – la seguridad de sus palabras rayaba en la insolencia a los oídos de Kibito.
– Me apena mi Lady, que el precio por dichas consecuencias no tengan una repercusión tan sencilla como solo imputar un castigo– guardando ambas manos tras su cuerpo el suntuoso kaioshin expresó – Me sorprende que incluso el mismo gran patriarca de Namek sabía el riesgo como para acceder a tomarlo–
– Hemos quebrantado la ley mortal inclinando la balanza – intentó justificar sus acciones ante la noticia que sabía acontecería –pero ninguno de los dos habría vivido en paz bajo el conocimiento del yugo de esas almas– su palabra era legítima. Las hordas de organismos atormentados en su mente, las infamias, la destrucción, el hambre y miseria le empujaron a tomar un partido que era de su total conocimiento, no le correspondía tomar. Simplemente no podía permitir tantas injusticias.
–La venganza eterniza el odio–
El peso de dicho razonamiento le devolvió la dimensión de los actos cometidos, la búsqueda insaciable de justicia, sobre todo limite moral, se vuelve una sed de venganza. Devoró el contenido de su reflexión, cayendo en cuenta de los mundos que su causa reclutaba, sin tener relación con las ofensas proferidas por el imperio. Había levantado otro bando de violencia innecesaria.
Shin advirtió el conflicto interno en la mujer, continuó con su discurso de enseñanza dirigiendo la explanación del hecho concreto que le llevó a tomar cartas en el asunto – tomaron uno de los regalos divinos a la sabiduría namekiana y lo privaron del derecho universal, transformándolo en una herramienta de ventaja, ¡desaparecieron un planeta entero!– hizo una pausa cerrando el entrecejo– ese no es el camino de los dioses–
– Su don fue otorgado para orientar no para dirigir – sin poder permanecer neutral Kibito enunció – ha faltado a la promesa de otorgar el libre albedrío al alma mortal – dejó en claro el hecho que cruzó la intervención de los dioses.
– Debe haber equilibrio en las fuerzas del bien y del mal– Arame intervino por su causa una vez más, pese a que su propio convencimiento le traicionaba.
– Los caminos del destino no son absolutos – interrumpió tomando la palabra– levantaste una revolución, cuando el futuro de los enemigos de tus aliados debía acontecer en otros términos – con paciencia paternal el supremo kaiosama inquirió – cambiaste el futuro, incluso revelaste la identidad de la naturaleza del salvador de los mundos caídos – tomó un breve respiro intentando guardar todo su autocontrol para no recaer en las emociones mortales – mi lady…no te será permitido revelar el futuro del término de esta contienda, ni sus actores– Finalizó emitiendo su juicio final.
Sin embargo Arame aun sostenía la deliberación que le llevó a defender su caso –en el pasado, de haber quebrantado esta ley mi familia y el resto de los kaio no hubiesen sucumbido ante Bibidi y los Madoshi – tosió agotada por el esfuerzo físico que mantenerse en el sitio le costaba – supremo Kaiosama, nuestra negligencia permitió la extinción de muchos mundos–
– No es negligencia – se acercó aliviando su cansancio con un toque de energía, su voz era serena y empática – el permitir la libre decisión es lo que da a la vida mortal la gloria o censura de sus acciones, inmortaliza o extingue su recuerdo en el universo… no tenemos derecho a inteferir– le tomó la mano haciéndole denotar la profundidad de su desición.
– La amenaza de los Madoshi tenía como finalidad extinguir toda vida del universo– Kibito retomó la justificación que no igualaba las condiciones vividas por las fuerzas del imperio del hielo y los rebeldes –este conflicto es solo una lucha de poder y toda tiranía tiene su cumbre y su ocaso, nunca la eternidad–
Shin viró sin dar el rostro a ambos– el clan de los kaio hemos decidido que la magia del dios dragón solo podrá ser evocada bajo nuestra autorización –
Y el silencio que sobrevino, internó a todos en una cavilación pasiva. Ciertamente no era el peor castigo, pero las consecuencias de esa decisión tendrían fuertes implicaciones para las batallas a seguir, no contarían nunca más con una segunda oportunidad.
–- Gran kaioshin – con visible humildad la anciana hizo un esfuerzo por retomar su postura. Con solemnidad hizo una señal de respeto recluyendo para si el sufrimiento que esa decisión y todos sus actos anteriores le estaban ocasionando– suplico perdone nuestra falta –
– En verdad lo lamento Mi Lady –
Y con esas últimas palabras finalizó el encuentro sembrando el mayor temor en la mente del corazón de la rebelión: la decisión y lo que fuera que ocurriese…sería irreversible.
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– Me muero de ganas por regresar –se desperezaba en el suelo de la nave jugueteando con uno de los controles remotos de la nave. Sus facciones como siempre relajadas y sus ojos negros impacientes por sentir tierra firme – no se ofendan pero Tarble cocina horrible – el saiyajin del Gi naranja le dedicó una sonrisa de disculpa.
– Pues yo no puedo hacerlo todo el tiempo si es a lo que quieres llegar – Krillin le contestó dejando en claro sus motivos, era un martirio realizar tal acción con dos saiyanos a bordo. Habían pasado dos meses en el camino de regreso y los tiempos entre convivencia y comidas estaban agotando el interés del grupo de conocidos-desconocidos. Algunos temas eran difíciles de abordar o mantener con elementos de culturas tan diferentes. Del mismo modo, el humor era una catástrofe.
– Malas noticias entonces – dejando el control del mando Kurat se acercó al resto del grupo – debemos dirigirnos a las flotas de refugiados– asintió ante la mirada serena de Azuki
– ¿Sucede algún problema? – Tarble preguntó temiendo un nuevo asalto
– La comunicación se perdió – le respondió en tono relajado, no consideraba que se tratase de nuevas amenazas pero no descartaba la posibilidad de ello – debemos hacer un reconocimiento y llevar al teniente Azuki a reparar el problema –
– Espero que solo se trate de eso – con un atisbo perspicaz Nail se dirigió al resto del grupo
– No se alarmen, los asedios llegan con otro tono de preocupación – Azuki se puso en pie desde la esquina donde se encontraba para tomar control del panel y revisar si el error provenía de su propio dispositivo, debía dejar fuera toda posibilidad– el verdadero problema será lidiar con el jefe de las colonias… es un verdadero imbécil–
– Pues esa es nuestra especialidad– Piccolo sentenció
Al cabo de horas se encontraban en medio de la nada vislumbrando a la distancia un pequeño punto grisáceo que se acercaba con rapidez. Al salir de la velocidad de crucero identificaron de lo que se trataba. Una enorme estación flotante, con formas desiguales metálicas, remaches y ventanales pequeños, dispuestos en diferentes direcciones aunadas a un amasijo de construcciones tubulares. Si esa era la colonia, reflejaba a la perfección el estado precario de los habitantes que la construyeron.
De acuerdo a la explicación de los dos Reikoseijin, se trataba de la última colonia de refugiados de las purgas del ejército de los demonios de hielo, un compendio de especies menos poderosas dentro del que se encontraban los últimos individuos de algunas de las razas que habían opuesto resistencia.
Las compuertas del puerto de aterrizaje se abrieron para dar paso a los extranjeros que se incorporaban dispuestos a salir, sin embargo la insistencia del capitán dictaminaba que debían permanecer dentro esperando nuevas órdenes, solo debían despedir al teniente y tomar rumbo hacia la tierra.
Después de ingresar, el primero en bajar fue el capitán Kurat a quien esperaban dos de los principales solados de la estación. En una distancia prudente Azuki le seguía, masticando una varilla metálica.
– Capitán, Teniente – les saludaron ambos al mismo tiempo– es un gusto volver a verlos–
– ¡Hola! – detrás de ellos, sin tomar la menor importancia de las advertencias hechas, Gokú bajó despreocupado. Su sonrisa destellando abiertamente, sin embargo el recelo de los habitantes era perceptible en la tensión inmediata. Algo había en esa estampa que rememoraba tiempos violentos.
– Gokú vuelve a la nave, esto no tardará – Kurat insistió sin darle la cara
– Pero quiero bajar– suplicó en un puchero de hartura – estoy cansado de estar ahí – su intercambio llamó la atención del resto de la banda, que decidió quizá no sería tan mala idea curiosear un poco.
–SAIYANOS– el grito desesperado de una mujer alertó al resto de los presentes, al instante comenzaron a correr despavoridos en busca de refugio, levantando artefactos de importancia para huir a toda velocidad, el caos se desató al momento de reconocer el inconfundible apéndice de uno de los guerreros, sello indiscutible de su origen y que destapó la memoria de los curiosos.
– Tranquilos no estamos aquí para hacerles daño – Gokú intentaba razonar con la masa confundida que les rodeaba. Un disparo de blaster se dirigío a él, pero fue absorbido por el brazo metálico de Kurat quien en un ceño de reproche intentó apaciguar al público.
– ¡ALTO! – Disparó al espacio con suficiente fuerza para llamar la atención de la gran mayoría – todo está bajo control, ellos son nuestros aliados– después de unos segundos los alaridos se volvieron murmullos, pero el semblante de rencor no había desaparecido. La muchedumbre atrajo rápidamente el líder de los sobrevivientes. Uno de los Reikos más famosos del antiguo planeta.
– ¡¿Cómo pudieron traer esos demonios aquí?! – la voz ronca exigió, sobresaliendo entre el resto. El jefe de la colonia y autodeclarado como el hombre más fuerte de su raza.
– No somos sus enemigos – Tarble quiso reforzar lo proferido por los lideres conocidos – están confundiéndonos con otros sujetos– bien sabía que la popularidad de su especie no se encontraba en las más apreciadas, pero odiaba cuando los desplantes así ocurrían. No era la primera vez.
– Toda tu raza está llena de desalmados asesinos– el líder de la colonia le interrumpió sin dar oportunidad, viraba a las masas buscando su aprobación y todos los seres asentían en silencio.
– ¡Basta Satan! – Azuki tomó la palabra acercándose molesto al corpulento sujeto – no permitiré otra ofensa– le tomó del cuello de su traje, tirando hacia sí.
– Tu mejor que nadie deberías entenderlo – el ultrajado no dejaba de intercambiar una mueca fruncida con el teniente, señalando al saiyajin más alto, no importaba que fuera un héroe de guerra, debía estar loco para permitirse tal compañía.
– He visto hacer a este hombre más hazañas por la rebelión, que todas tus fingidas patrañas de heroísmo– le dijo en voz baja sin dejar de sonar hosco – si no quieres que descubra tu verdadera identidad, más vale que empieces a cooperar– le gruñó liberándolo. Él era el primer testigo de la avidez por la fama del sujeto, incluso habiéndose atribuido victorias que el mismo Azuki ganó en sus tiempos de batalla. Más no le importaba ese aspecto, prefería la soledad del anonimato.
Satan reflexionó en sus amenazas, Azuki era un sujeto que le causaba mucha inquietud, no se explicaba porque jamás reveló la verdad de sus orígenes, pero no le importaba hasta ahora. Cualquiera que fuera la intención de proteger a esos sujetos no podía ser menospreciada sin con ello conservaba el título del más fuerte Reikoseijin. Entonces cambió el rostro como por arte de magia – ¡No se preocupen camaradas míos!– Exaltó abriendo las manos con una gran sonrisa – no hay ninguna amenaza, su gran líder está aquí para garantizar su seguridad– posicionó las manos en la cintura abriéndose paso entre las miradas de agradecimiento del resto de la colonia. Todos volvieron a sus asuntos, no sin dejar de prestar atención a los intrusos con mucha cautela.
Disipados los ánimos homicidas de la tripulación, los militares de la rebelión tomaron camino a sus actividades.
– esperen un momento, esto no debe tardar – Azuki insistió despidiéndose del resto de la comitiva.
– Bueno… – Krillin tomó el hombro de sus dos camaradas ofendidos– eso fue una terrible primera impresión – les sonrió dilapidando la tensión anterior.
– Y que lo digas – Tarble expiró entristecido – aunque sé que tienen razón, muchos de sus mundos fueron masacrados por ellos, por fortuna solo sobrevivió el escuadrón de Vegeta – permanecía cruzado de brazos tratando de aislarse de la responsabilidad de sus congéneres.
– Y nosotros – Gokú le recordó en baja voz, pese a que estuvieran divididos por ideologías opuestas, continuaban siendo parte de la misma y única raza. Nunca lo podrían renegar.
El momento pasó de largo cuando una pequeña criatura se asomó entre las enormes cajas de ensamblaje. Con dos pequeñas coletas y redondos ojos azules, les miraba atenta embargada por la curiosidad y el asombro. Fue el saiyajin de cabello alborotado el que notó su presencia.
– Hola pequeña– le extendió la mano para ayudarle a salir del sitio. Pero la niña se escondió resguareciéndose.
– No soy pequeña –le reprendió –soy una guerrera… como mi papá– defendió su punto obligándose a salir de su escondite.
– Pues es un honor – Gokú le hizo una reverencia enternecido.
– Ustedes son los que mataron a nuestros amigos– afirmó, pero un grado de pregunta se asomaba en su tímida vocecita.
– No– Krillin se acercó amablemente– ellos son los saiyajin buenos, en mi planeta son unos héroes invencibles– hizo énfasis en sus palabras intentando ganar el favor de su certidumbre. La pequeña le extendió la mano y ayudándose a salir se puso en pie frente a ellos de brazos cruzados.
– No me agradan– les dejó saber volteándoles el rostro
– No debes temernos – Tarble se hincó para ponerse a su nivel – ¿cuál es tu nombre?–le puso la mano sobre la cabeza con delicadeza.
– Videl – respondió quedamente, intentando que nadie más se diera cuenta del intercambio.
– ¿Dónde está tu madre Videl?– Krillin vislumbro entre la multitud, quizá se le había perdido entre la confusión previa.
– Muerta–
Los tres tragaron al mismo tiempo, era un escenario nefasto para un niño de esa edad, les hizo pensar cuántas vidas a bordo estarían en esa misma circunstancia, sin duda ellos Vivian en una gloria que muchas criaturas en el espacio jamás conocerían.
– Mi papá dice que ustedes son lo peor que ha pasado a este universo– continuó sus sentencias abstrayéndolos de su reflexión.
– ¿Quién es tu padre?– arqueando la ceja Gokú le preguntó. La pequeña se limitó a señalar una de las imágenes que vanagloriaban al campeón de todos los tiempos a juicio del resto de los Reikos y los alienígenas en la nave. Era inverosímil que una criatura tan tierna fuera producto de ese sujeto, pero a la vez tenía sentido la actitud desafiante de la pequeña, creció con ese ejemplo.
– Yo no les tengo miedo– se le acercó a Gokú dando una patada sobre su pierna lo que confundió aún más al benévolo saiyano. Ciertamente guardaban un terrible rencor.
– No te haremos daño– le sonrió dejando de lado el intercambio anterior. Se agachó para verla a los ojos –yo también tengo un hijo como de tu edad– señaló con la mano la altura de su hijo en comparación con la pequeña.
– Pues espero que nunca lo traigas– sacó su lengua en grosero intercambio al trio frente a ella – ustedes no son bienvenidos– se fugó marchando en la misma ruta que su padre.
Esa breve convivencia, les recordó que ganarse la confianza del resto del universo no sería tan sencillo, debido al sangriento legado de los suyos y que la bondad nunca sería relacionada a su propia especie. Tenían muchas cosas que probarles.
–––––––––––––––––––––-…..-–––––––––––––––––––––
Terrones grisáceos, cielos sin atmósfera, a la redonda ninguna forma de vida inservible para la batalla, pero completamente inútiles para dar un buen servicio, causa de la elevadísima atracción gravitacional que comprimía cualquier cuerpo débil. Freezer regresaba al planeta Cold después de un largo periodo de tiempo, no tenía claro cuánto, sin embargo regresar le producía todo lo contrario a una nostalgia de hogar. Se inclinaban frente a él los pocos transeúntes y la torpeza de sus actos solo generaba una mueca aún más endurecida de lo mal que la pasaba.
Miraba los monumentos a su raza con aburrimiento, nadie en toda la historia de la tribu de los demonios del hielo llegó tan lejos como su actual familia, sin embargo esas insípidas imágenes se erigían como si hubiesen ganado un lugar en la historia de grandes conquistadores.
–Patrañas sentimentalistas de papá– escupió bajando de su vehículo para ingresar a una rustica montaña de alguna especie de metal fundido, seguido de sus sirvientes personales.
Era un gigantesco templo escueto, que los primeros demonios forjaron y ahora constituía la principal base del imperio, un hecho casi falso, puesto que las condiciones agrestes no eran su especialidad en disfrutar, pasando más tiempo en Palacio Cellisca que ahí. La muchedumbre de razas de importancia había acondicionado atmosferas artificiales en corredores y dentro de las edificaciones tecnológicas, imponentes capotas altísimas, joyas incrustadas que daban una impresión de mal gusto, pero de un grandioso poderío adquisitivo.
– Lord Freezer – uno de los generales de su padre le recibía con el respeto que el monarca merecía – bienvenido a casa– la criatura ambarina le semejaba un poco, lo que hacía tolerable que el único planeta con nombre fuese la residencia permanente de ese extranjero.
–General Kiiro– devolvió el saludo protocolario. Pese a estar de muy mal humor sus modales ante sus aliados importantes siempre eran impecables. El viejo general era una excelente adquisición a su gusto, inteligente, fuerte y leal. Buena combinación.
– Me tomé la libertad de preparar un lugar adecuado para su estadía, sus preferencias han sido colmadas para que no falte nada – entregó la clave de seguridad a su dueño – espero todo esté en orden junto con las bitácoras que solicitó –
'Además de todo, eficiente'. El icejin sonrió legítimamente y se dispuso a continuar su marcha. Algún dia le heredaría del servicio de su padre.
– Quiero una estación propia en el corazón de mis territorios del sur – inició con la petición – la necesito lo antes posible pues he tenido que encargarme de muchos problemas últimamente– entregó los holográficos de sus necesidades arquitectónicas – lo quiero listo en seis décimas de CUT– Le retó probando su respuesta.
– Puede estar listo en cinco – sereno afirmó dando una reverencia para salir – un placer Mi Lord–
'Ni si quiera tuve que pedirle que se fuera' con las manos sujetas seguía asombrándose, ¿Dónde conseguía esa ayuda su padre? Pensaba seriamente pedirle una recomendación.
En esos pensamientos se divertía cuando su scouter retomó la odiosa racha de malas noticias. Gruñó vibrando el recinto donde se encontraba, para colmo, venía a colación el infeliz de Vegeta. Un informe de su inexplicable desaparición, el asesinato depropiedad del distrito rojo 'mató su maldita esclava después de todo' y la pérdida de la mitad de la flotilla de la base 79. Talló su cien buscando recuperar el ánimo. ¡No tenía tiempo de arreglar todo ese absurdo desorden!.
– ¡ZARBON!– Gritó al canal de comunicación personal
– A sus órdenes Mi Lord–
– Te asigno personalmente que resuelvas los problemas de la base 79 y ¡BUSCA AL MALDITO VEGETA! – Ladró furioso cortando al instante. Llevaba implícita la amenaza de muerte en esos modos tempestuosos. Maldijo su suerte y retomó su tren del pensamiento anterior, ya habría más tiempo para resolver ese detalle, por ahora restaba hacer el papeleo de la nueva organización en la cámara de guerra, necesitaba los decretos para el nuevo inquisidor con urgencia y una excusa para planear el homicidio inculpado de su estorbo de hermano mayor. Eso sí que lo ponía de buen humor.
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Podía jurar que habría pasado un día completo durmiendo en la celda. Su captor se acercó sigiloso y abrió el compartimiento liberándola. La provisión de oxigeno estaría por agotarse y debía fijar un curso nuevo. –¿Por qué lo hiciste?– el eco de la pregunta retumbaba en sus oídos sin poder dejarla descansar, aun se sentía culpable por el genocidio planetario, después de todo fue ella quien le ayudó a salir sin problemas. Vegeta no le contestó, sin importarle las incesantes preguntas, la tomó del brazo conduciéndola al compartimiento del piloto. Enseguida colocó dos pequeños dispositivos en el holográfico y desplegó un enorme mapa.
–Estas son cartas estelares– le dijo pasando entre planos hasta encontrar el que buscaba–esta es nuestra ubicación, este es Namek – señaló lacónico. Le dedicó un vistazo a su prisionera que no hacía más que retumbar los dedos sobre el panel sin darle la cara– sé que no revelaras donde está tu planeta, pero te permitiré pilotear para llevarme – le indicó profiriendo una intimidación sobreentendida de que no toleraría otro accidente.
– ¿cuánto combustible rinde esta cosa?– preguntó sin tomar interés, sus acciones despreocupadas, cual si se tratase de un viaje de placer, no deseaba cometer un error que le llevara a rebelar la ubicación de su mundo, Vegeta era un hombre astuto, solo una pista necesitaría para saberlo; sin embargo sus intenciones estaban expuestas ante su adversario.
– Dame un radio de territorio y lo sabrás – le dijo intentando dejarle en claro que dos podían jugar el mismo juego.
– No – se detuvo intentando soltar una mejor respuesta –yo te indicaré cuando el tiempo sea prudente–
El giro de papeles no era su especialidad en tolerar, la idea de no tener el mando y viajar a ciegas le causaba un enorme disgusto, que era perceptible en los gruñidos que emitía ante los delirios de superioridad de la terrícola. Pero de muy cierto sabia, que era la única forma de proceder, se repetía mentalmente que pronto estaría saboreando el éxito de sus planes, asesinaría a Freezer, tomaría el control de la galaxia por siempre y se vengaría de la humillación vivida a manos de Kakarotto, solo unos días más y todo ese infierno se terminaría. Retornó su atención a la peliazul que realizaba esquemas mentales a toda velocidad.
– Cuando termines de cargar las coordenadas usarás estas– le sorprendió extendiendo desde cuatro pequeños dispositivos una red de aislamiento restrictivo con energía. La complejidad del material permitía un libre tránsito, sin embargo la libertad de movimientos estaba condicionada; en cada extremidad poseía un aro base que extendía la red al resto del cuerpo. La reacción de la joven le otorgó la recompensa que buscaba: completo enojo e indignación. –si haces algo indebido, te paralizará… créeme es doloroso – le dedicó una risilla soez.
– No te parece que deberías darme un poco de crédito por ayudarte? – se cruzó de brazos negándose a tomar los artefactos.
– No confío en ti – le extendió el brazo a la fuerza para colocarle las bases.
– No puedes encerrar a un genio tecnológico con estas simplezas– presumida y acorralada intentaba sacarle de sus casillas, se estaba volviendo su deporte favorito.
Vegeta frotó su cien con los dedos, intentaba mantenerse en la mayor calma posible, pero ese ser tenía la infinita capacidad de hacerle probar sus límites más recónditos. Ella, dándose cuenta de la distracción que estaba generando, ideó un plan inmediato, si había algo que entendía era la tecnología, había visto esos mismos artefactos ser usados contra los saiyanos restringiendo incluso al mismo Vegeta, si todo salía de acuerdo a lo pensado le aprisionaría con facilidad, esos dispositivos serian su salida para contenerle.
– De todos modos, no es como si pudiera escapar – lo miró fija– o asesinarte – le sonrió con picardía imitando la intensidad de sus propios gestos. Vegeta no movió un músculo, acercándose altanero.
–Aunque es absurdo…– se aproximó con suavidad. De un golpe posicionó el dispositivo – eres demasiado artera para tu propio bien– ajustó el mecanismo de encendido –prefiero un viaje sin incidentes–
–¿¡cómo se supone que iré al baño!? – protestó por último al ver iniciada la secuencia
– por mi puedes hacerlo sobre ti misma– le miró soberbio burlándose– no puedes apestar más de lo que ya lo haces–
– Oye imbécil, no es mi culpa que seas un completo desconsiderado y ¡ni siquiera un traje pudieras traer para mí! – le rugió furiosa apartándole la mano, aunque por dentro sabía que era verdad, su atuendo después de todo, fue robado de sus captores anteriores.
–Estoy comenzando a hartarme de tu insolencia – se aproximó encolerizado, todos los pelos de su cola se erizaban sin control.
– Pues el sentimiento es recíproco – le enfrentó acercándose feroz
– será mejor que aprendas tu lugar o…–
– ¿o qué? – Le interrumpió sin vacilaciones – ¿me mutilarás? ¿Cortarás mi lengua? ¿Golpearas a un ser infinitamente más débil que tú? ¡Que valiente eres! – le encaró semejando con exactitud su misma estampa, a esas alturas, sabía que demostrar temor únicamente le confinaría a una vida de servidumbre y debía conseguir que dejara de poner atención al resto de los supresores – adelante entonces… ya no me importa–
Vegeta ardía en rabia, comprobaba con sus propios ojos que había perdido el factor temor de la ecuación, esa insignificante criatura le había leído como ningún otro ser pudo en todos los años de frialdad y premeditación de sus acciones, le tenía atado de manos por una estúpida dependencia a su conocimiento, que ni por todos los medios legales y tramposos le había conseguido sacar.
– Solo lee la maldita carta – golpeó la mesa a su lado haciendo la nave temblar–… por cada mundo que me hagas pisar en vano…serás responsable de su extinción… si demoras… lo pagarás con peores castigos que solo torturas– amenazó mostrando los colmillos
– Eres igual a Freezer–
La emisión de esas simples palabras gatilló un profundo odio a su centro, la ira escalaba como lava embravecida, cada segundo la batalla contra asesinar a esa mujer perdía terreno frente a la sed de demostrarle lo que con tanta desvergüenza se atrevió a comparar, un golpe bajo, muy bajo. Quería retorcer su blanco cuello hasta hacerle suplicar disculpas por su atrevimiento.
–Guarda tus palabras organismo miserable – temblaba, cerraba los puños fuera de sí, intentando dar una última oportunidad a la razón
– No te tengo miedo– sin quitar los ojos de la encarnizada mirada, se atrevió a acercarse más poniendo nulo espacio que le resguardara, el calor de la rabia del saiyajin era perceptible incluso físicamente.
– Lo tendrás– su frente casi la tocaba, sucedería, iba a matarla.
– Dispara – le susurró con una lenta sonrisa
Y sin dar tiempo a otro segundo… lo besó.
Y el tiempo se detuvo. Se deslizó sobre sus labios dando una suave caricia impensable, sus negros ojos bien abiertos, un poderoso torrente electrizante se escurrió desarmándole por completo, no lograba coordinar un pensamiento coherente. Con solo un suave roce de esa tersa piel, la noción de sus actos desapareció. Totalmente petrificado. Estaba desorientado en una sensación impensable, delicada, dulce, jamás lo esperó, ni siquiera estaba seguro de lo que estaba haciendo.
Bulma actuó veloz, arrancando el resto de los artefactos y con gran celeridad los activó arrojándolos sobre su ahora prisionero. Los cuatro tomaron su sitio conteniendo sobre sus rodillas al aun totalmente incrédulo príncipe saiyajin. La respiración de ambos trataba de regularizar el paso, frente a la intensidad de sus acciones, ninguno se atrevía a hacer el primer sonido, las manos de la joven científica trepidaban sin control y recuperándose, le apuntó decidida al ahora cautivo con su arma.
– Lo lamento – levantó un mechón tras su oreja, relamió su labio superior sin pensar en lo que se había atrevido– pero no me dejas opción – intentaba respirar tranquila sin separar ambas manos del gatillo – no es lo que quisiera…pero no puedo arriesgarme a que destruyas mi mundo… lo lamento en verdad– continuó la explicación nerviosa incesante, intentando justificarse, pretendiendo frenar su inseguridad, ¿su emoción?, sabía que debía disparar, sabía que no podía dejarle vivir, en cualquier momento se liberaría de esa prisión provisional y la asesinaría… más no podía hacer que su cuerpo obedeciera la orden, ¡no podía matarlo a sangre fría!.
Vegeta bajó el rostro, tomó aire sereno y exhaló, meneaba la cabeza de un lado a otro, era inverosímil ese revés de sucesos, ¿¡estaba preso!? Enclavado por una débil mujer. Sin poder contenerlo, una bocanada de aire prorrumpió soltando una risa escandalosa, frenética, no podía sosegar su voluntad de reír insanamente, haciéndole casi girar sobre su estómago, se sujetó intensamente sin poder dejar de negar.
– ¡Cállate idiota! – Bulma exigió acercándole peligrosamente el arma a la cabeza – si yo fuera tú, procuraría no agotar mi paciencia – le gruñó colérica resintiendo la hiriente burla en su recluso.
Aun sin darle la cara redujo la intensidad de sus carcajadas a un leve murmullo, relamiendo sus labios en ese gesto que ella odiaba tanto. Bulma se disponía a proferir más amenazas cuando sintió un terrible dolor en la muñeca zafándole de inmediato el blaster.
– Te faltó una parte – levantó una sonrisa de lado ciñendo esa temible mueca usual.
– ¡Maldicion! – Bulma cayó presa del terror al olvidar el apéndice que su ingenuidad dejó libre…la cola. Pese a ser un endeble elemento, poseía tal fuerza que podía partir un tronco en dos con solo un movimiento. Lo sintió apresarla y sus huesos crepitaron haciéndola gritar de dolor – ¡Eres un malnacido Vegeta! –
El saiyajin se incorporó satisfecho dispuesto a devolverle el favor.
– Suéltame– le ordenó irascible
– ¡No! –desde el suelo y en su agonía respondió furiosa
– Extrañaras tu mano– le contestó en un tono sorprendentemente condescendiente.
– ¡Vete al infierno! –
–Son pocos los seres, y aún menos los débiles, que llegan a asombrarme– la levantó de la muñeca sin cuidado– es una lástima que con tu pequeño acto de valentía firmaras tu sentencia de muerte–
Ante la afirmación Bulma notó la total falta de amenaza en su voz, esta vez ocurriría, tenía unos segundos para pensar. Divisó el panel, todo ocurrió tan rápido que no tuvo tiempo de tener una mejor idea. Pisó con el talón el gatillo disparando contra el tablero de control.
Un estallido abrió paso al vacío, el hoyo frente a ellos comenzó a succionar todo arrojándolo al espacio. La luz se extinguió, la alarma desataba el pánico. Ambos fueron arrastrados con violencia. Instintivamente Bulma tomó de la armadura al saiyajin consiguiendo alcanzar una estructura tubular para sostenerlo, más la fuerza de succión fue superior a la propia, siendo arrastrados mientras la nave se conducía acelerada sobre la atmósfera de algún planeta cercano. Se deslizaban entre los objetos de la nave hacia el exterior. –¡Vegeta! – Le gritó al límite de sus fuerzas Era el fin.
Cerró los ojos y sintió un fuerte tirón. Atrapada de la cintura por la cola del príncipe, le vio oponer toda la resistencia que su cuerpo poseía, encorvaba todos sus músculos sacando el máximo esfuerzo por soportarlos a ambos. Bulma trató de alcanzar los dispositivos para liberarlo, más la gravedad de succión le hacía imposible mover una sola fibra. El desastre le ensordeció, los materiales enrojecidos le indicaban que se destruirían en cualquier segundo. Una masa verde les pulverizaría al impacto. Solo pudo guarecer el rostro contra el saiyano y se despidió de todo, su corta, siempre peligrosa vida sin sentido, que terminaría justo como pensó, bajo las manos de ese…príncipe saiyajin.
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Muchas gracias por leer! Tengo mucho trabajo pero tratare de actualizar pronto, por fin aparecieron más personajes, me divierte narrar ciertos hechos jeje espero que lo hayan dsfrutado y déjenmelo saber!
