Les traigo otra entrega, tan rápido como pude.
Esta ha sido una semana muy difícil y con muchos altibajos desde personales hasta de cuestión laboral, pero con tantita fe todo se puede soportar jajaja
Yannii me alegra que este gustándote tanto la historia, de verdad, es sumamente gratificante saber que les agrada mi trabajo
Mil gracias también Smithback por estar al pendiente de cada detalle!
Annabel, mil gracias por nuestras conversaciones al respecto :) eres una chica súper genial!
Cherry love, oh si que aparece Vegeta y hace de las suyas! es uno de los principales!
– Advertencia de escena para audiencia mayor de edad– si eres menor, huye!
––––––––––––––––Capitulo XII–––––––––––––––Ocaso de tormentos
No eran muchas las ocasiones en que esa vista adornaba el oscuro paraje eternamente nocturno. En el raso del espacio, una hermosa nebulosa inmensa de cálidas tonalidades avanzaba, para sorpresa de todos los ojos maravillados, atravesando la nueva estación del monarca de ese extremo de la galaxia. Toda la atención puesta en dicho fenómeno, era un evento ocurrido cada mil años, su existencia suponía augurios culturales de diferente índole, una promesa oculta sin duda, no importando el rango o distinción, era imperdonable perder de vista dicho especáculo.
Desafortunadamente para algunos, solo era una indicación de problemas.
– Mi Lord– se inclinó portando uno de los uniformes distintivos de la rama de ingeniería – todos nuestros holográficos están atravesando por fallas temporales, después del paso de las condiciones meteorológicas… volveremos a enlazar…–
El brillante emisario fue borrado de la faz del universo con un solo movimiento.
– ¿Acaso parece que una estación de este tamaño, puede permitirse tener FALLAS POR ALGO TAN INSIGNIFICANTE? – pese a que odiaba perder el control, no podía evitar exhibirse frustrado y nervioso, la visita pronta de su padre, sus planes fratricidas y los retrasos en lograr ubicar el corazón rebelde eran cargas emocionales demasiado intensas para permanecer ecuánime.
– Mi señor estaremos corrigiendo este error de inmediato– el otro ingeniero le reverenció corriendo de vuelta a su puesto y por su vida.
– ¡¿Dónde demonios esta Zarbon?! – se deshizo del pensamiento anterior, arrojando todos los dispositivos rutilantes por el magnetismo adyacente. – ¡Consíganme un rastreador ÚTIL! ¿¡Tendremos que regresar trescientos mil CUT en el tiempo y usar grafos a mano?! – se dirigió a la horda de ayudantes a su lado, muertos de miedo, se movilizaron uniformemente chocando algunos entre si al despedirse.
– Mi Lord supuse que debía traer esto en persona– observando de reojo el desastre tecnológico, Salza se dio paso, al inusualmente modesto salón del trono, sin ser anunciado.
– Menos mal que sigues aquí – extendió la mano haciendo una mueca de descontento cuando irónicamente el documento a leer estaba plasmado en grafos con el sello oficial del imperio
– …que incivilizado – gruñó examinándole.
Mientras avanzaba en su lectura, los rasgos del lagartoide se fueron suavizando, el resultado de las brigadas de reconocimiento por fin daba frutos, enfatizaba en el mejor hallazgo, la importancia de una total discreción, un extraño mineral en Qadrvum que sería la respuesta a sus conflictos. Aunque por el momento no había de que preocuparse, pues el único rival que suponía un conflicto a su ascenso, se dirigía a encontrarse con el que siempre debió ser su destino.
– Excelente trabajo – sonrió gratificándole – ahora, antes de que regreses a la nave de Cooler… necesito que hagas algo mas – la tersa voz apuntando a la reacción que desataría en ese peculiar subordinado.
Salza odiaba su nueva posición, chantajeado por un simple error y exponiendo la posibilidad de ser ligado a otro potencial atentado, más no podía rehusarse o permitir escapar a su rostro un solo gesto que le delatara, la inocuidad era su única arma y detectaba la impaciencia de Freezer, al no poder leerle con la facilidad a la que estaba acostumbrado.
– Se que Zarbon desapareció hace poco…– soltó, aun inseguro de la razón – pero afortunadamente recibimos un indicio de donde se encuentra su nave y su rastreador parece estar intacto… debido a la insuficiencia del equipo de Ginyu…– ladeó un gesto de desaprobación al recordar las noticias del crucero de asalto– quiero que tomes al resto de su tropa y averigües que es lo que está pasando en ese lugar–
El enervado brenchjin asintió con la hiel de esa sensación a flor de la azulada piel, entendía a la perfección a lo que se refería, estaba forzándole a trabajar con el único némesis al que detestaba.
– No quiero incidentes– adivinando su lucha interna, cerró los ojos provocándole – después de todo, Jeice es el único que ha cumplido con su papel en los últimos días… pruébame que no estoy equivocado en las expectativas de tu desempeño – le indicó la salida sin mirarle.
– Como ordene Lord Freezer–
– y Salza… – le interrumpió antes de perderlo de vista – envía al Capitán Ginyu a las barracas de soldados de tercera– solicitó arrastrando las ultimas silabas – creo que por el momento...ya no me será de utilidad.
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–¿Quién… eres? –recobraba la visión. Sumergida en la parálisis de un letargo muy prolongado. Cuando la escena se hubo hecho nítida. Su semblante se mortificó.
– ¡Vegeta! – recobró la memoria de golpe, al igual que la postura vertical. Mareada observaba a las criaturas a su alrededor hacer señas inentendibles, sonidos secos, chasquidos, graznidos hechos de algún modo sobrenatural, criaturas nativas atiborraban el área. Rodeaba la escena con la vista, sin control sobre sus movimientos, asustada y desubicada como un animal salvaje.
– ¿Quiénes son ustedes? – repetía con hostilidad a los entes que se encontraban a su alrededor. De entre ellos el mismo sujeto que encontró en el bosque sacó de su bolsillo cerril, el mismo polvo que recordaba, lo colocó en la palma tomando aire en sus pulmones, pero ella fue más rápida y evitó la exposición haciéndose a un lado para enseguida tomarle del brazo – ¡Basta! ¡No lo harás de nuevo! – Buscó en su cintura el arma y le sorprendió encontrarla ahí 'Son los peores secuestradores del universo' pensó y apunto veloz al resto. – ¡Atrás! ¿Quiénes Son? –
Los nativos se miraron entre sí, sin un evidente temor, pero sin total comprensión. El primer individuo que se le presentó, realizó una mueca de hastío y después de hacer un sonido que podría asegurar, se trataba de una orden, pusieron a su disposición un primitivo recipiente donde el vertió parte del polvo que vislumbró con anterioridad. Acto seguido, desenvainó una tosca cuchilla de un azulado cristal oscuro, poniendo nerviosa por un instante a la mujer. Sus dudas crecieron aún más, cuando lo vio tocar la punta de su propio dedo, vertiendo una sangre blanquecina sobre el líquido con el preparado del vaso. Después de eso la miró a los ojos, llevó su mano a la boca de la chica señalizando la razón de ese acto. Ella debía beberlo.
Bulma lo dudó, muda de intenciones y vocablos, vaciló con seriedad seguir mirándoles con el blaster apuntado a la defensiva, pero analizó su situación, cambió de dirección el punto focal al techo de la choza donde se encontraban, debido al tamaño y la presencia de estructuras talladas, suponía que era de valor.
– ¡Si es un truco volaré este lugar!—les advirtió esperando que alguien pudiese leer su amenaza de algún modo. Su principal testigo se cruzó de brazos meneando la cabeza con una sonrisa divertida. Volvió a extender el vaso tratando de ser lo menos intimidatorio posible.
Acorralada, la científica decidió seguir la corriente, si algo salía mal mantendría el arma justo a un toque de efectuar su plan. Tomó el vaso por el borde, olía a metal y mirra, no lo pensó más tiempo y engulló el contenido de un tirón. Limpió los sobrantes con su brazo.
Enseguida, el efecto tomo control, un tornado de sonidos envolvieron su conciencia, las ráfagas de una sensación vibrante que recorría sus células y le devolvía a cambio un conocimiento, que estaba inmerso entrelazándole el propio ser a ese extraño mundo. De inmediato sus ojos encontraron el camino de vuelta y atenta se levantó del trance manteniendo a todos sus espectadores intrigados.
– ¡Vaya! – Resopló el sujeto frente a ella – no te ofendas pero eres un ser demasiado testarudo –la voz juvenil del felinoide la recibió gustosa.
– ¡Puedo entenderte! – Tocó su propio rostro intranquila – ¡Puedo entenderte! – aulló con mas fuerza
– Si, si– colocó ambas manos sobre la chica – ¿puedes calmarte por favor? – la instó a bajar el volumen que estaba alterando a todos los presentes.
– ¿Que...quien...tu…como…– no hallaba el modo de comenzar a interrogar por todo lo sucedido.
– Sorrel, será mejor que la lleves con el gran jefe– lo que parecía una delicada felinoide de un color arena, se acercó a su contraparte marrón. Sospechaba que no tendrían mucho tiempo.
– A eso iba, pero antes debemos averiguar quiénes son estos seres – le hizo un ademán de inconformidad, el hecho de haberlos encontrado le hacía sentir responsable por la seguridad de su gente – ¿De dónde vienen?, ¿También llegaron de las estrellas?, ¿está lejos su tribu? –
– No responderé hasta que me digas ¿qué es este lugar?, ¡¿Dónde está Vegeta?!– retomó sus anteriores prioridades sin dar espacio a una tranquila conversación, necesitaba con urgencia una explicación.
El joven le dedicó el mayor gesto de impaciencia que era capaz de emitir. Sin decir palabra le indicó que lo siguiera aburrido. La chica se dio paso entre el resto de los seres que aún seguían tras ellos como un grupo de niños curiosos. De algún modo Bulma sabía que no se encontraba en peligro, pero en verdad necesitaba encontrar la ilación de eventos que la llevaron a acabar en ese lugar.
Después de una breve caminata por lo que se veía tal cual lo hubiese hecho una antigua aldea forestal, escaleras y recovecos tallados sobre los mismos árboles gruesos que recordaban a la científica los grandes baobabs de su mundo. Gigantes dormidos de rojas y diminutas hojas, se levantaban cual islas en medio de un claro con pasturas doradas como campos de sol. Llegaron a la más imponente de esas plantas leñosas donde un felinoide de oscuro pelaje le esperaba cubierto por una túnica de brillante colorido. Bulma supuso, se trataba del jefe de la tribu.
– Sokho– le llamó el joven a su lado – se ha recuperado, pude sentir que no posee intenciones malignas– esgrimió una confiada sonrisa orgulloso de su lectura.
El mayor asintió tomando la cabeza del chico
–Has hecho bien hermano– agradeció despidiéndole – yo haré lo que me corresponde, buena cacería– le despidió amablemente
– ¡Yo no soy una presa! – la chica se injurió respecto al señalamiento
– Es la expresión de mi pueblo – el mayor le aclaró – es el deseo de bienestar más solemne, la vida se sustenta con duro esfuerzo en este lugar, la supervivencia es una incesante cacería–
Bulma guardó silencio meditando la cosmovisión ancestral de la que estaba siendo aleccionada, era como si el sujeto conservara un acervo de sabiduría transpirable, que de algún modo sabía que estaba ahí. Explicaba con asertividad la importancia de esos hechos a una extranjera, lo que le hacía pensar que no era la primera que entraba a ese salvaje mundo.
– Tus dudas son muchas y el tiempo es poco– detuvo los grises ojos sobre la chica indicándole el camino a proseguir. Pasando a través de un puente colgante se adentró a un enorme hueco cubierto por una delgada tela. Dentro el camastro mal hecho, conservaba el inmóvil cuerpo del saiyajin de sus pesadillas. Sus ojos llegaron al límite de las cuencas que trataban de digerir lo que observaba, todo su cabello negro manchado en sangre, desprovisto de vida y color. Llevo sus manos a su boca.
– ¿Esta… muerto? – masculló con el miedo latente de saber la respuesta. Jamás esperó que el hecho de verle en ese estado le proporcionaría tal insatisfacción, pero así era.
– Aun no – develó su oyente – pero no sobrevivirá– le dejó saber con tristeza – nuestra medicina ha conseguido mantenerle unos días de vida, pero no podemos hacer más–
–¿Cuánto tiempo estuve dormida? – La joven se aproximó titubeante al sitio donde el saiyajin yacía, analizó su rostro sin ápice de emoción. En realidad no sabía qué hacer.
– Siete días-
'¿Qué clase de magia es esta?' se cuestionó sin dar crédito a toda la experiencia vivida hasta el momento.
– Nuestra sabiduría proviene de la antigua madre blanca– Sokho señaló hacia el cielo, donde los rayos de algún sol amarillo hacían resplandecer una preciosa luna de ópalo, al fondo distinguió otra de tonos grisáceos. O al menos de ese color simulaba ser.
– ¿Tu? – volteó enseguida al entender lo que sucedía, estaba leyendo su mente. El felinoide negro asintió de un modo calmado, intentaba no asustarla aún más.
– Al compartir la sangre de uno de los nuestros, te unes a los centros del conocimiento Tarwi – le brindó una cálida sonrisa –puedes buscar en tu interior, todo lo que necesitas saber está ahí–
Y entonces entendió todo. El conocimiento inmediato llego a sus ondas cerebrales, el uso de toda esa medicina ancestral, los nombres de todas las cosas a su alrededor, la historia y mitología de esos seres maravillosos que ahora le brindaban las arcas abiertas de su sabiduría sin esperar nada a cambio.
– ¿Por qué? – le preguntó sin comprender tal acto de generosidad – podría ser un enemigo y me han brindado toda información que les llevaría a la ruina – aseguró en genuino desconcierto
–-El miedo no detiene la muerte, detiene la vida – se colocó junto a ella –el forastero agradece lo que recibe, pero nuestra tribu ama lo que puede dar–
La científica le devolvió la sonrisa agradecida comprendiendo su punto, retomó su vista al decaído y entendió entonces lo que seguiría a continuación.
– No puedo hacerlo–
– Este es el último día que su cuerpo resistirá, si quieres que viva… así tendrá que ser– le complementó intentando hacerle discernir sobre su inestable juicio.
– Ustedes pueden saber porque lo digo –
– Tu bebiste de nuestro conocimiento – inició la explicación – pero nosotros no hemos tomado el tuyo–
Bulma entendió el propósito del ritual previo, el joven compartió su sangre no solo habiendo abastecido su conocimiento, sino su entereza regresándole sus propias fuerzas en un instante, más al no haber imitado el proceso ella misma, sus anfitriones no tenían el conocimiento necesario de la situación en la que ella se encontraba, solo podían suponer. Bajó su vista a las heridas cicatrizadas del príncipe, pero no podía sacarle de ese estado, no podía regresarlo para retornar a ser su prisionera poniendo en riesgo a los nativos de ese planeta. La naturaleza inestable y violenta del sujeto tenía todas las probabilidades en contra de un final, donde él estuviese agradecido del mismo modo que ella, solo dejándola ir por salvar su vida. No podía ser.
– El no vengarse de un enemigo caído es humildad, pero compadecerse de su suerte es la mayor generosidad – Sokho le increpó a meditar en su decisión – toda vida es valiosa, pero el compartir esa fuerza es tu derecho y don, en ti reside disponer si dejarás que el ocaso tome su vida o le brindarás una nueva oportunidad – se dispuso a dejarla sola.
– ¿Por qué ustedes… – inició interrumpiendo la salida del mayor. Se encontraba en un dilema increíble no pudiendo adivinar la razón por la que no habrían hecho lo mismo a él que a ella.
– La respuesta está dentro de ti…. No podemos restablecer al que haya levantado una mano sin respeto sobre un ser vivo de nuestro mundo– le indicó – es la ley y debe ser venerada. Pero tú eres forastera al igual que él–
Se dio cuenta de que todo ese tiempo habían sido estudiados por los nativos, sintió la respuesta fluir en el instante que la buscó. Le ayudaron al tener compasión por el desplante de dolor en el que se enfrascó, al ver a Vegeta caer. Para fortuna propia, ella jamás asesinó a algún ser de ese sitio, pero de haber podido hacerlo, no habría pensado dos veces antes de disparar sobre la fiera kumayu que tan indecorosa iba a descuartizarla 'Hasta ahora sé cómo nombrar esa cosa'.
Posó ambas manos sobre sus caderas, deliberando que acción tomar. Miraba el cuerpo de su captor inerte, en todo su esfuerzo por no dejarse vencer. Se sentó a un lado de él poniendo la mano sobre su costado. Apenas era perceptible su respiración al tacto. Miró el tibio atardecer sintiendo remontar la idea de que no contaba con mucho tiempo para decidir, ciertamente era un ser despreciable, un mercenario del espacio enfrascado en una venganza tan abrasadora, que prefería ver el mundo arder, antes de renunciar al derecho por seguir impartiendo el baño de sangre que le apasionaba efectuar.
Pero fugaz, llego el recuerdo de las palabras de Tarble a su mente durante esa tarde de verano.
– es un ser arrogante, muy inteligente y sumamente egoísta…–
Recordó con claridad la descripción que su amigo daba del príncipe, acto seguido, rememoró el terrible estado de su permanencia forzada en el imperio.
–…ellos también son esclavos … Fueron reclutados forzadamente y comparten mi odio al imperio, pero viven de acuerdo a lo único que han conocido a lo largo de sus vidas: violencia y odio–.
Lo miró sintiendo una profunda pena, al imaginar que tan diferente habría sido, si el destino no le hubiese puesto en un mundo de caos y violencia, en su linaje de saiyajin, en manos de un ser tan desalmado como Freezer, cuantas torturas habría soportado y escenarios terribles para haber desatado esa fiereza, odio y frialdad, que no conocía nada más que ese laberinto de soledad y venganza, que el más mínimo indicio de compasión era catalogado como un signo de debilidad e infamia en su mente.
– La compasión es una virtud Vegeta – susurró pasando los dedos por la frente del desfallecido– y yo te lo voy a demostrar–
_..._
Enorme sala imponente, el salón del consejo de guerra de la OIC en sus materiales similares al mármol, tonalidades rojas y negras. Y las puertas se abrían de par en par para dejar pasar al ser más temido y respetado de todo el imperio. Bajo su capa ondeante la preocupación jamás presenciada por todos los miembros del imperio, incluso sus propios vástagos.
– ¡¿Donde ocurrió?!– Preguntó al comandante que lo guiaba hasta la sala privada de los monarcas, donde contenían encerrada una verdad que solo un ser conocía.
– Los astilleros de ensamblaje de Asbartu– Malaka, el experimentado médico del imperio, atendía las heridas de el conocido general Arcosiano que las mejores referencias recibía de los lideres de toda la galaxia. Casi en hilo de muerte Kiiro intentaba hablar.
Hizo señas a todo el personal de salir, lo que nadie dudo en hacer. Estando a un lado de la vaina de recuperación fijó el ceño sobre el calcinado y gravemente herido personaje, más no le dejaría en un tanque hasta que hubiese aclarado todo lo que sucedió.
– Mi… Señor– con esfuerzo intentaba respirar dando sus respetos al emperador – ¿Lord.. Cooler… – preguntó esperando ser respondido. Esa duda le dio a entender al emperador Cold que sus peores temores eran ciertos, su hijo estaba desaparecido y no podía explicarse que criatura podría tener mayor fuerza que su especie, era inverosímil.
– ¿Qué fue exactamente lo que pasó? – continuó su interrogatorio con mayor paciencia
– Asbartu…tomada– tosió sacando coágulos quemados de su garganta – Lo..Cooler…misión fracasó – intentaba levantar los brazos para expresarse. Hacia un tiempo corto habían recibido la noticia de un levantamiento sin igual en el planeta solicitando auxilio. Siendo la base de su hijo mayor la más cercana, la petición llegó directamente a sus manos.
– Estas implicando que unos malditos rebeldes insignificantes pudieron neutralizar A MI HIJO– retumbó el techo del edificio en un arranque.
– NO…– abrió los ojos amarillo tan enormes como pudo al revelar la causa de ese fracaso – No Rebeldes…– ladeó el rostro con dolor esperando clavar la vista sobre el emperador antes de que su cordura fuera puesta en duda – Da…Daikon– sabía que nadie lo creería– DAIKON– aseguró una vez más – El planet… fue exter…minado–
– Estas MINTIENDO– Cold se cruzó de brazos exasperado sin creer una sola palabra. Salió abandonando al general en medio del recinto. Dos soldados se acercaron al verlo salir por la puerta.
– Su majestad– reverenciaron profundamente con miedo a soltar las malas nuevas – No hay señales de la base de Asbartu, no tenemos contacto o emisión alguna del cuerpo planetario…–
– Es como si no existiera– dijo el otro aun inclinado sin dar el rostro.
– No quiero una palabra de esto– les indicó sin dar explicación – El general Kiiro...– se detuvo a dar más instrucciones antes de partir– Cuando despierte lo enviarán a Minas Calladri para interrogarle– aseguró pensando que un complot se estaba formando y la reciente buena relación de su general con su hijo menor no le era indiferente– esto no quedará impune–
_..._
El sonido del metal colisionando le despertó. Un olor a humedad y óxido le recordó la condición de su estampa. Exhausto, agotado de fuerza y preguntándose la razón de su permanencia en el arco de los vivos, el teniente Reiko resopló, inquiriendo que estaba lejos de obtener un anhelado descanso.
– Justo a tiempo para tu debut– el obeso organismo de piel amorfa, aseguraba los últimos ajustes de un conjunto de bloques cableados – Lord Freezer demanda probar la eficiencia de los minerales de Qadrvum–
Tiró de sí mismo en movimientos automáticos, se descubrió anclado a una plancha metálica. La urgencia sobrevino a su conciencia en un arranque claustrofóbico, la lucha instintiva por la supervivencia hacía oposición al sentido común.
– Creí que habías aprendido que es inútil intentarlo – una risotada perezosa escapó de la boca de su captor.
Cuando se decidió a mirar alrededor, deseó no haberlo hecho.
– Tu especie resultó extrañamente débil a este nuevo material – le contestó asumiendo que su vista estaba abstraída en los cuerpos arrumbados en la oscuridad – Pero aún tenemos sujetos de estudio – confeso alegremente mientras inyectaba un liquido rojo a su nuca. Los gritos de Azuki fueron nublados por una inesperada onda de bienestar. De pronto no estaba frente a un enemigo, se encontraba perdido en una suavidad calante. En su ceño se acomodó la sublime nota del descanso, el arrastre del naufragio mental, ya no era más pesado que lo que un mal sueño es al despertar.
– ¿Dónde estoy? – suspiró dejando atrás la realidad.
– Estas seguro– una tibia voz le recibió, entumeciendo sus miedos al contacto. La caricia sobre su piel como un toque de la seda fría, refrescaba sus heridas nutriéndolas de vitalidad una vez más, el talante apacible de un arroyo azul corría ante sus ojos, no sabía si era real, pero no tenía intención de averiguarlo.
– Solo déjalo ir – la suave voz le susurraba calmando la tempestiva inseguridad
– ¿Quién eres? – preguntó aferrándose con desgana a la desconfianza, como una triste medida de suspicacia en un acto automático de prevalencia.
– Solo nada…suéltalo – una caricia casta borró la creciente inseguridad – solo déjalo ir.
La niebla revitalizaba sus fuerzas, remecía sus sentidos, acunándole en un refugio seguro, toda su experiencia decaía hasta hacerle sentir como un crio indefenso, dispuesto a cooperar con el único fin de permanecer en ese seguro abrazo, si tan solo pudiera tenerlo un poco más, solo un poco más.
– Eso es – le apremiaba maternalmente – solo déjalo ir…solo muéstralo –
Extendió una agradecida sonrisa, dejando un vistazo colarse a lo que celosamente protegía entre manos. Más al regresar la vista, se paralizó, el rostro desfigurado relamía los colmillos con avaricia, la fibra mas impensada de su cuerpo tembló ante el terror de lo que acababa de cometer tan voluntariamente. El sueño le fue arrancado y de su garganta, solo pudo liberarse un alarido deleznablemente desconsolado. Escuchaba la mortal sentencia de su suerte sin importarle, próximamente habrían de arrebatar esa culpa y con ello su rotundo fracaso.
– Lo tenemos… – la terrible advertencia masacró su espíritu ya quebrantado al ver sonreir a la cuadrilla de elementos del inquisidor – informen a Lord Freezer, fijen curso a Nayame–
_..._
Las luces del fuego resplandecían por la planicie, los viejos sacras tribales resonaban en el eco de la noche. Debido a que celebrarían el primer renacimiento efectuado por extranjeros, la tribu Tarwi, había preparado un despliegue de ritual suficientemente digno para que las deidades aprobaran el intercambio. La ceremonia se llevaría a cabo como en los viejos tiempos. Habían limpiado de toda impureza a ambos participantes ataviándolos en las túnicas sagradas que representaban las fuerzas de la tierra. La participante despierta, que ahora se encontraba en medio de todos los entusiastas nativos, aun dudaba de la acción a realizar, pero con suerte y el favor de la magia de los Tarwi, su plan funcionaría liberándoles de ese fatídico desenlace.
– Buruma– la grácil fémina que la recibió, aun incapaz de mencionar su nombre apropiadamente, la abordó – estás segura de que ambos beberán– se sentó a un lado de la chica sobre sus cuclillas acercando ambas vasijas cerca de ella.
– Endive– la encaró poniendo sus sudorosas manos sobre las de la joven– No lo estoy – aceptó con media voz – pero es la única forma de hacerlo y yo comprenderé lo que debo hacer para detenerlo – Los gritos y el fuerte olor a ceniza y carbón de las piras la estaba orillando a tener un colapso nervioso, no había un solo fragmento se seguridad en esa acción, pero no veía otra salida además de dejarle morir, hecho que por un motivo que solo los dioses sabrían, se negaba a permitir.
Sokho se acercó brillando su negro pelaje entre las llamas y trayendo en una bandeja roja lo necesario para iniciar el ritual. Para tomar las debidas precauciones, con respecto a la luna llena que se exhibía, el saiyajin inconsciente, estaba vendado de los ojos y atado a la soga más fuerte que sus nuevos aliados pudieron conseguir en ese breve tiempo, sin embargo ella estaba sumamente nerviosa por devolverle la conciencia. 'Kami, espero que funcione' rogó a cualquier deidad que estuviese escuchando.
Sokho se hincó frente al singular par y con total solemnidad solicitó el silencio de todos los feligreses. Endive acercó las vasijas mientras Sokho entonaba un ceremonial canto de agradecimiento. En el movimiento más lento posible deslizó los dedos sobre la bandeja extrayendo un poco de polvo que levantó hacia la luna blanca reverenciándola. Suavemente colocó, rozando los dedos, el contenido dentro de los vasos y se mantuvo estoico varios minutos.
– ¡Buruma! – Sorrel llamó su atención susurrando en tono severo – ¡Es tu turno! – le exigió arqueando una ceja apuntando hacia la daga a su lado mientras sostenía al príncipe desmayado.
– Lo siento– se apresuró a continuar, insegura del dolor que le causaría, hizo un puchero de desagrado y pasó el filo por la yema de su dedo escurriendo unas gotas de sangre. De mala gana las vertió sobre el recipiente ganando una risilla de todos los presentes que comenzaron con el resto de los cantos y danzas de adoración. A continuación Sorrel hizo lo mismo con la mano del otro participante.
– Si decides tomar esta ruta, no habrá camino atrás – Sokho le advirtió – se convertirá en tu hermano de sangre y si decides dañarle, los dioses tomarán venganza por tu traición–
Bulma miró al saiyajin, no debían quedarle muchos minutos pues había empezado a exhalar silenciosamente, los últimos momentos de conciencia de un cuerpo que deja la vida con premura.
– No importa – bebió con celeridad – Hazlo–
Sorrel enderezó al participante derramando hasta la última gota dentro de la boca del saiyano.
Los cantos se intensificaron y Bulma cerró los ojos esperando pasar por el mismo trance que ya había experimentado.
Sin embargo, para su sorpresa, no ocurrió absolutamente nada.
– Pero…– Después de un considerable tiempo, se levantó temiendo lo peor, inspeccionó todo a detalle, quizá fue demasiado tarde. Todos los partícipes guardaron silencio haciéndose a un lado ante la desesperación evidente de la chica. Nadie podía explicar lo que sucedió, pasaron los minutos carcomiendo la esperanza de los testigos, la impaciencia se convirtió en murmullos, el desánimo se apoderó de la comarca y cabizbajos, uno a uno lentamente se retiraron del sitio.
– ¡Maldita sea Vegeta! – La estupefacta mujer, cubierta en rabia, dio un golpe sobre el pecho del cuerpo inerte. La mirada deprimida de sus nuevos amigos fue seguida de un largo silencio donde ella solo pudo recargar su espalda sobre el saiyajin sin querer mirar a nadie más. El fuego fue apagado, retiraron las mantas ceremoniales y cuando ella levantó por fin la vista. No había nadie más a la redonda.
Recargó su cabeza entre sus rodillas, sintió la pesadez del fracaso anidar en su médula. Por alguna extraña razón se había quedado sin más lágrimas, se abrazó y totalmente rendida suspiró.
Y él aspiró.
Regresando de las filas de los muertos, se levantó impetuosamente, respiraba agitado, viró a su alrededor sin poder ver, escuchaba el arrullo del viento en el pasto y sentía la enervante frescura de la noche, quiso moverse pero notó que estaba atado.
– ¡Espera! –
La voz de la maldita mujer, una vez más le ordenaba sin tregua. Lo tomó de ambos brazos intentando contenerle.
–¡Suéltame maldita sea! – le gritó iracundo.
– No– le contestó ella demandante, pero su tono era extraño… parecía… ¿feliz?
– ¿Qué has hecho? ¿Zarbon… – preguntó sin comprender absolutamente nada
– Hay dos lunas llenas – le indicó tratando de hacerle razonar – estabas muy herido y…. ¡Ha funcionado Vegeta!¡Estás de vuelta! – y se lanzó sobre él abrazándolo simplemente eufórica.
– Desátame– le ordenó sin saber cómo actuar, quitándosela de encima como si quemara. Sentía que había dormido mil años y que quizá no tenía enfrente a la misma persona con quien había estado obligado a interactuar todo ese tiempo. Necesitaba verlo con sus propios ojos.
– Pero las lu... –
–¡No voy a mirarlas! – solicitó harto de estar en la incertidumbre.
La chica obedeció, estaba tan emocionada que ni siquiera pensó en lo que estaba haciendo, solo quería ver el producto de ese enorme esfuerzo colectar frutos, comprobar que todo estuviera bien.
Cuando lo soltó. Él levantó el vendaje y la observó con el ceño fruncido usual, solo que esta vez, todo era una confusa estación de imágenes sin forma…y se sentía maravilloso.
– ¿Qué has hecho? – preguntó una vez más, víctima de una extraña conmoción que trepaba sin piedad haciéndole trastabillar cada gramo de cognición, pero cayó en cuenta en que ella estaba siendo víctima de la misma sensación. Permaneció mirándolo por un buen rato, anonadada, como si jamás hubiese visto otro ser vivo, él notó que sus pupilas estaban tan dilatadas, que oscurecía una gran parte de sus azules y profundos ojos… ¿Profundos?... ¿Qué estaba pensando? la miró de arriba abajo, esa delicada y bella criatura, su largo cabello ondeaba como una suave brisa del mismo brillo que esos plateados campos de suave azul donde estaban – ¡¿Qué has hecho?! – tallaba su rostro intentando borrar esa imagen. No podía contener una infinita onda de bienestar, como jamás lo tuvo y la escuchó reír de la forma más dulce que esa voz pudiese ser capaz. La joven se le acercó completamente absorta de sus acciones, meneaba la cabeza de un lado a otro negando con insistencia divertida.
– ¡No lo sé! – soltó una risa escandalosa llena de júbilo, alzando los brazos al aire. De haber sido de un color más claro habría notado el estado de dilatación de las pupilas de su compañero, que por algún motivo se retraía de su presencia sin lograr moverse demasiado, colocaba y descolocaba su mano en la frente intentando ganar terreno al sueño que le invadía, lo veía ladear una sonrisa y se dejó caer en los altos pastos, sentándose a punto de que una risa tonta hiciera ebullición.
– ¡Nos drogaste idiota! – guardó su rostro haciendo todo lo que estaba en su poder para no sucumbir a la risa insana que le exigía liberarse, toda esa situación era ridícula. Sea lo que sea que hubiese hecho esa ingenua, las consecuencias de haberlo regresado a la vida ¡Le estaban cobrando la dignidad con creces!. Alterado, intentó levantarse y refugiarse en algún lugar, jamás se sintió tan vulnerable como en ese momento. Debía escapar, debía luchar por permanecer consciente, debía… ¡Debía darse cuenta que la mujer estaba demasiado cerca!
Contemplándolo, posicionó ambos brazos sobre los hombros del aterrado saiyajin, le sonrió cándida y pasó sus dedos despreocupada por el negro cabello, jugando cual si fuesen delicadas plumas. Nervioso en demasía la tomó de las muñecas apartándola, pero ella le rebatió con la mirada más intensa que hubiese contemplado jamás. Giró sus manos apresándolo y las cuerdas que jalaban su conciencia se rasgaron de inmediato quitándole toda voluntad, mientras la veía escudriñarlo, como una fiera feroz dispuesta a darle muerte. Una muerte que él estaba empezando a ansiar.
'¡Que brujería es esta!' intentó hablar pero no salió nada. Sin defensa alguna, la vio asaltarlo, moviéndose como un grácil felino hasta encontrarse cara a cara con él, el calor que sentía tenía la intensidad suficiente para doblegarle de rodillas.
– Muje…– Pero sus palabras quedaron fundidas bajo un magnífico beso.
Se paralizó, hechizado, presa de su propio cuerpo neófito bajo esa caricia, estaba perdiendo la batalla más insólita. Sin saber cómo moverse, traicionado por sus propias inclinaciones que fueron envolviendo su juicio, hasta que las réplicas de ese momento parecían lejanas historias de las crónicas de una funesta conciencia. Se dejó arrastrar de esa demencia y olvidó por completo toda la fuente de reflexión que le hacía ser lo que era. Olvidó en el proceso, incluso su mismo nombre.
Ella le apresó con fuerza, inmersa en su olor, beoda de un anhelo salvaje que arrancaba espasmos a cada centímetro de piel, no lo pensó, estaba sumida en un sueño increíble, la emoción cruda de estar en manos de ese poderoso ser, era la experiencia más endemoniadamente feliz de su vida. Le empujó con suavidad, imponiéndose hasta llevarlo al suelo. Sin dejar de deleitarse sobre sus labios, vibraba con la férrea emoción centelleando su sonrisa interna más pura. Lo sentía, por algún imposible motivo podía percibir la misma sensación, por un segundo podía jurar que estaba compartiendo la misma mente, como si algo les orillara a caer en ese juego del destino. Como si hubiesen nacido para ello.
Lo soltó aun temblando. La contempló estupefacto. Se sentó a horcadas sobre él, deslizando el delgado cabello a un lado y con un movimiento, despojándose sin culpa de la única prenda que poseía. Ella, completamente desnuda, regresó el semblante con esa seductora mirada retadora, la media sonrisa desmantelando sin piedad cada ápice de voluntad del embelesado príncipe, que sin poder cerrar la boca, la miraba endiosado, víctima de alguna fatalidad que le desterró la sensatez por un segundo, cuando sin meditación, de manera automática la giró debajo de él, deshaciéndose desesperado de todo lo que impidiera que pudiese sentir en su totalidad cada centímetro de esa blanca y tersa piel. Pasó sus manos sobre ella, cual artista dibujando sobre el lienzo de su más sagrada diosa, arrebatando un poseso suspiro mudo de ambos, la torpeza de sus movimientos estaba compensada con esa arrasadora pasión con la que ambos se deleitaban borrachos de gloria. Se balanceó sobre ella ansioso, inseguro de que hacer, solo dejando a su criterio descubrir aquel deleite en lo que jamás se dejó caer, presa declarada de la debilidad por el cuerpo de una mujer, pero esta era la mujer más increíble en toda la galaxia, perfecta para él.
Detuvo su rostro sobre el de ella, esperando algún tipo de aprobación o guía, amenazando su centro con avidez, ella le tomó con ambas manos aproximándolo, abstrayéndolo en un profundo beso, naufragándolo entre esa desordenada danza al que sus suaves piernas lo invitaban con ahínco. Actuando por instinto, la poseyó .Lo sintió en ella, temblando excitado como un mozuelo inexperto, lo frenó tomando control de ambos movimientos, pero un instante después, perdió la batalla del dominio y al son del creciente fervor imparable, la semi-conciencia de los dos se fue al carajo.
Bajo el éxtasis de ese final, relajó sus brazos dejándose caer exhausto sobre ella, jadeando intensamente mientras la miraba con ojos entregados, llenándose de su olor con dulce gusto. Ella le acarició el cabello subiendo y bajando su pecho falto de fuerza, la vista aun nublada por la emoción de su encuentro sin dejar de verlo con la misma emoción y ahí, rendidos amantes, bajo la luz de la luna, bajo el discreto murmullo del paraje, se quedaron profundamente dormidos.
_..._
Gohan caminaba entre las enormes polvaredas del planeta más extremo de los habitables, su curiosidad se perdía en el horizonte de las altísimas nubes rojas en la distancia, la estrella que alumbraba el planeta era muy antigua, sus luces naranjas parecían bañar el paisaje de ríos teñidos, luz incandescente que obligaba a entrecerrar los ojos entre sombras opacas.
Pero quizá lo más duro de presenciar, era la cotidianidad con la que sus habitantes se desenvolvían en ese mundo agreste.
– ¡Gohan no te alejes mucho! – La voz a su encuentro del otro saiyajin le recibió – es un planeta de refugiados pero hay también criaturas peligrosas – meneó el rostro indicándole seguirle cortando el paso del viento con su Ki.
– ¿Donde estamos Tarble? – el pequeño se estremecía confundido al verse congelar al instante una roca en la distancia cercana, ¿Qué clase de lugar inverosímil era ese?.
El joven le sonrió topándose con el fenómeno que cautivó la atención del menor.
– Esto es Nayame – instruyó con suavidad – las cosas son muy diferentes aquí, no te acerques a los valles o esas polvaredas o quedarás muy lastimado… ni a la gente que te mire extraño – resumió previniendo lo que podría pasar por la mente a un niño de su edad, aunque no tenía mucha experiencia en esa rama – ¿Donde esta tu padre y el resto?
– Krillin y el señor Piccolo debían a casa con algunos refugiados… y un tipo enorme que capturamos en la estación, el señor Piccolo lo está vigilando, papá quiso venir a ayudar por si otro enemigo se presentaba y yo me quedé con él– a su modo era un resumen adecuado.
Tarble divisó al otro saiyajin de sangre pura, deambular entre los seres que desembarcaban en las plataformas de despegue, ayudaba a cargar objetos mientras todos pasaban a su lado dándole el saludo de reverencia al tocar su frente. La reacción de agradecimiento y admiración no pasó inadvertida por el joven quien sonrió imaginando lo que había sucedido. Escuchó al pasar la conversación de uno de los sobrevivientes de la batalla.
– ¡Es él! – Señalaba al guerrero del gi naranja – ¡fue increíble! ¡Los derrotó en un instante!.
– ¿De qué hablas? – una fémina verde se acercó a la conversación
– ¡Él es la leyenda! ¡Es el libertador! .
Su grito robó el interés de las masas ruidosas alrededor y tanto Tarble como Gohan aceleraron el paso hacia Gokú augurando la muchedumbre curiosa que se daría pie hasta el susodicho.
– ¡Papá! – le alcanzó poniéndose al frente
– ¡Hey! Con que ahí estabas – palmeó su cabeza alegremente
– Lamento no haber ayudado en la batalla – Tarble bajó el rostro apenado – pero me alegra que todo haya marchado bien… sígueme, debemos continuar la conversación adentro – le indicó la ruta hacia una especie de tienda de acampar, extrañamente tecnificada.
– Vlex Saiya Vor – una criatura larga le reverenció al verlo alejarse
Le imitaron un grupo aleatorio de otras especies.
Al pasar el umbral de la entrada la textura de la tela se rigidizó para volver a su estado normal. Una estrategia de control de la temperatura totalmente desconocida para los visitantes terrestres que miraban a todos lados como si estuviesen presenciando magia, hecho que les hacía ver como personajes míticos traídos de un cuento a la mayoría de los presentes.
Gohan divisó un grupo de niños de toda clase, sentados alrededor de una anciana en el agua, la curiosidad fue más fuerte que la duda, acercándose hasta donde estaban para escuchar lo que parecía una sesión de historias interesantes. Lamentablemente usaba un lenguaje desconocido para él. Recordó el dispositivo auricular en su bolsillo y emergió la traducción a media historia…
–…entonces, Yjarko le dijo: yo no seré quien ha de ayudarles, solo soy un simple mortal, mi historia esta decidida, ¡no se puede cambiar el destino! – la mujer interpretaba la actuación requerida a los niños encantados que no perdían detalle de la historia – pero el dios le dijo: solo tu decisión puede forjar un destino, pero solo si crees en ti, si de verdad lo crees, lograrás tu cometido. No hay mayor fuerza que la propia voluntad, ni ser tan insignificante que no la posea.
– Ella es Lady Arame – una adorable niña rubia se sentó a su lado, interrumpiéndole el entretenido desenlace – como es muy vieja ¡Sabe las mejores historias de las aventuras de Yjarko! – le sonrió pestañeando sus lindos ojitos azules
– ¿Quién? – Gohan se alejó un poco sin entender una palabra.
– Parece que Gohan no tiene problemas para hacer amigos– Tarble comentaba a su congénere que parecía también entretenido
– Vlex Saiya Vor– un anciano tocó su frente con la temblorosa voz llena de emoción– desde que la Luz de Ocaso llegó, sabíamos que vendría, los dioses me han permitido vivir para presenciar este momento –
– Yo no sé quién es ese – Gokú se encogió de hombros – ni por qué todos me siguen confundiendo con él–
– Es un nombre antiguo y esas luces son solo una nebulosa, no una señal divina– Kurat apareció entre el grupo de soldados que se movilizaban con rapidez – significa El Saiyajin Justo… y si de verdad lo eres, necesitaremos de tus habilidades muy pronto – miró a su alrededor y con discreción entregó el dispositivo en manos de Tarble
Gokú intuyó que no se trataban de noticias agradables al ver desaparecer el color del rostro de su amigo.
– En que tiempo – preguntó a media voz
– No lo sabemos– Le respondió el capitán – parece que su maldita estación nueva tiene movimiento …y una velocidad superior a las conocidas –
– De cualquier modo hemos iniciado la evacuación, orbitaremos la zona terrestre hasta que se resuelvan los tratados – La voz de Fennel se agregó a la conversación – Lady Arame no quiere que la población se alarme, debemos manejar la llegada de Freezer con discreción–
– ¿QUÉ FREEZER VIEN.. – La emoción del saiyajin mayor fue cortada de golpe por un puñetazo de Kurat que, aun sin hacerle mucho daño…cumplió su cometido.
– ¡Cállate torpe! – El capitán hizo un rudo gesto silencioso de advertencia, disuadiendo las miradas curiosas de los que reconocieron el nombre de sus pesadillas.
– Son Gokú – Fennel habló – necesitamos que se quede al frente de las tropas de resguardo, un transporte los esperará para evacuarlos cuando hayan salido las naves finales.
– Hemos solicitado ayuda d todas nuestras naves para evacuar a todos – Kurat explicó la situación– esperamos lleguen a tiempo… y que sean suficientes.
– Yo también me quedaré – Tarble se ofreció animado
– Muy bien – Fennel asintió – Necesitaremos de toda la ayuda posible.
Dispuestos a organizar el éxodo masivo de los miles de refugiados, todas las partes tomaron su lugar, Gokú se entretuvo al mirar a su hijo sonreír, igualmente maravillado por las historias de valientes héroes que traían el bienestar público de modos altruistas y espectaculares, las miradas variadas de todos los pequeños no eran diferentes a la de su hijo, esperaba contar dentro de si con esa fuerza de la que todos lo decían poseedor, por el momento, lo que mayor ilusión le traía era la posibilidad de finalmente estar frente a frente con la lucha para la que estaba destinado.
_..._
" …Que nunca una lluvia lavó mancha alguna,
Bajo toda tormenta, la piel del jagaki,
Permaneció tan magnífica y terrible, como ninguna…"
La tonada ancestral del viejo cantico de esas lejanas tierras, rebosaba sus sentidos semidormidos evocando el conocimiento recién adquirido, como un rastro de dulce sabor al final de un bocado, soñaba con la fastuosa fiera jagaki, majestuosa criatura mortal, a la que ni siquiera el felino más hermoso de la tierra, se le asemejaba en fuerza y elegancia. Pero esos colmillos no conocían la saciedad, tan mortal como cautivante, su naturaleza le condenaba a ser exterminado, donde fuese visto, debía dársele muerte pues solo podía traer destrucción a su entorno y ahora ella, le sostenía dócilmente en su regazo, gigante indomable adormilado que debía apresurarse a sacrificar.
'Solo fue un sueño' pensó.
En verdad, esa era una gélida mañana. El viento fresco, recorrió el delicado surco de su espalda, trayéndola a un estado de vigilia fatigado, los parpados pesados se obligaron a abrirse para explicar la incómoda situación cálida que la envolvía. Enfocó y parpadeó con la boca abierta, creyendo que se trataba de una mala pasada que su mente le jugaba, en su cadera, sintió un leve cosquilleo en forma de serpiente de suave pelo, que le acariciaba lentamente. El movimiento le arrojó un balde frío de conciencia, atónita, se encontraba encima del saiyajin al que más temía, plácidamente acurrucada. Pegó un grito despegándose violenta de la otra apacible figura debajo de ella.
– ¡MALNACIDO! – Le abofeteó con toda su fuerza arrancándolo de su tranquilo sueño. Disparada en dirección contraria se encogió halando cualquier cosa a la mano, cubriéndose al avergonzarse de estar cabalmente desnuda. Enrojecida al punto de la ebullición, bramaba histérica resintiendo un insistente dolor provenir de múltiples sitios en su cuerpo– ¿QUÉ ME HAS HECHO?
Su contraparte se levantó cual rayo fulminante. Miraba la escena sin poder creer las imágenes que procesaba, ahí estaban ambos, con toda la evidencia sobrepuesta que les inculpaba el haber caído demasiado bajo para admitirlo, ¡ni siquiera tuvo la decencia de ser el primero en despertar! La vio proferirle mil maldiciones, raudal de furia en cada tonalidad, pero su mente estaba en shock, ni siquiera recordaba el golpe que ella se atrevió a propinarle, se sentó con todo el semblante absorto en digerir la serie de eventos que le llevaron a ese instante. Raspaba de su cabeza un recuento borroso, en misma medida que sumamente ignominioso y lo único que logró emitir era un gruñido aterrador que reemplazaba la falta de maldiciones suficientes.
– ¡ESTO ES TU CULPA! – Se levantó carente de vergüenza y atuendos, dispuesto a encarar a la atormentada hembra que le igualaba la intensidad del arrebato.
– ¡¿Mi culpa?! – lo señaló en un huracán de voz embravecida, todo lo ocurrido era impensable, totalmente injustificado, no tenía ningún rastro de que fuera de algún modo su responsabilidad
Vegeta cerró la distancia entre ambos enloquecido de ira. Sólo para ser abofeteado una vez más, con mayor fuerza, si es que pudiera ser posible.
– ¿COMO PUDISTE? –Escandalizada cubría su delantera con la túnica manchada de tierra, temblaba la voz en consecuencia de la profusa rabia que emanaba de sus poros – Salvé tu vida …¿Y ASÍ LO AGRADECES? –
– ¡BASTA!– Le ladró sosteniéndola de ambas muñecas – si vuelves a tocarme PERDERÁS LA MANO – Le aventó los brazos–En lo que a mí respecta ¡Tú me drogaste! ¡Tú lo planeaste… Tú… maldita… bruja …engañosa! – sentía el tamborileo de su pulso sobre sus oídos, no había tenido tal sensación de furia e indignación en muchos años.
– ¡Es mentira! – resopló indignada, se sentía ultrajada, engañada de alguna forma espantosamente vil, ¿Cómo pudo su mente privilegiada ser profanada por un simple mercenario espacial con tal facilidad? No podía recordar lo que le llevó a pensar que era una buena idea, surcaba su psique solo la sensación de fuego sobre su piel, sin cabida a alguna inhibición o al hecho de que se trataba de un despiadado asesino. Solo sabía que por un momento, fue para ella el hombre más atractivo que jamás hubiera visto. De tal fiereza, inteligencia y fuerza, que le dieron contrapeso a todo lo que le impedía verlo con ojos honestos. Terminó en un revoltijo sensorial que le llevó a perder toda decencia aceptable. Llevó ambas manos a su rostro, cayendo sobre el pasto en señal de derrota, jamás debió ser partícipe de ese desastroso ritual, pese a que la idea inicial de regresarle la conciencia, sí había funcionado. – Algo salió mal, no sé lo que sucedió – lloriqueó aceptando y encogiéndose sobre ella misma.
– ¡¿Esperas que te crea?! ¡No eres más que una vulgar oportunista! – La levantó rudamente tirando de su brazo hasta quedar al alcance de sus visibles colmillos – espero que te divirtieras – siseó enfurecido– ¡Porque esto no me hará cambiar de parecer! ¡¿Dónde está tu maldito planeta?! –La empujó sobre el tieso pasto dorado– ¡Más vale que empieces a hablar! antes de que te lo saque a golpes – Al intentar reclamarle, ella se encontró con el par de ojos negros radicalmente salvajes, el saiyajin la rodeaba con toda la intención de pelea escrita en su frente. De modo primitivo, él anudó la otra túnica en el piso sobre su cintura. Movía los dedos sin control paseándose de un lado a otro.
– ¡Eres un imbécil si de verdad piensas que te lo diré! – el tiempo de fingir cooperación se había terminado junto con la perdida involuntaria de su dignidad, si debía ser así, no quedaba más remedio. Más el aludido no puso la menor atención a la irreverente confesión.
Su oído superdotado le hizo virar de golpe, para arrancar a ambos del suelo en el instante exacto en que caía sobre ellos un cáñamo a modo de lanza. Dispuesto a la batalla en cuatro miembros, con su presa debajo, encaró lo que se avecinaba, pero jamás pensó encontrar esa escena frente a él.
– En algo tiene razón… es un imbécil–
Risas. Burla. Pánico en la mente de ambos. El surco de seguridad violado en milésimas de segundo mientras se materializaba frente a ellos, a paso calmado, la pesadilla menos probable, visión repudiada, envuelta en los conocidos uniformes del imperio.
– Pésimo tiro Burter – Jeice se mofaba colocándose al frente del gigante. Detrás de ellos, Salza permanecía en movimiento de brazos cruzados, sin emitir sonido alguno.
La reacción de Vegeta fue inmediata, el sudor comenzó su carrera traicionera en contra de un flashazo de genialidad que lo sacara del terrible augurio. De algún modo, el tiempo de inconsciencia le había costado el cerciorar su propia seguridad, NO escuchó las naves llegar, NO destruyó el rastreador de Zarbón, ni siquiera sabía si ese bastardo sobrevivió, los errores de un principiante que ahora le generaban un eco de vergüenza e incertidumbre. Cayendo en un vacío de consecuencia tras consecuencia, su peor temor alardeaba su llegada en la forma de soldados dispuestos a darle cacería.
–Siempre quise tener la oportunidad de acabar con los insectos mas rastreros de Freezer – les sonrió petulante.
Bulma aprovechó la distracción, vistiéndose a toda velocidad.
– No puedo creerlo – Continuó el teniente rojo – ¿Interrumpimos algo? – señaló la acción de la humana totalmente divertido.
– Solo el transcurso de tu línea de vida idiota– se burló el soberbio saiyajin – Llegaste justo a tiempo para tu funeral – se dispuso a atacar sin ápice de temor, la verdadera batalla por comenzar palpitaba en sus oídos irradiando adrenalina.
Saltó destruyendo los rastreadores de un golpe para evitar ser escuchados. Le fue sorpresiva su nueva velocidad, presentía que la ventaja estaba de su lado, sentía su cuerpo emerger con mayor fuerza, no podía esperar a medir su talento natural contra los contrincantes que siempre detestó. Aterrizó del otro lado de los oponentes en un solo movimiento.
–¡¿Por qué hiciste eso grandísimo idiota?! – Jeice se preparó para atacarle – lo pagarás con sangre – extendió la palma buscando emular una carga de energía, mas fue en vano. Tomándole de la armadura, el príncipe lo arrojó sin piedad sobre uno de los enormes árboles quitándole la movilidad.
– Te las verás conmigo maldito saiyajin! – Burter le asaltó, su oponente esquivó sus dos puños y se colocó debajo, clavando ambas piernas en su plexo. El gigante cayó buscando aire con desesperación. El silencio de todos los testigos recreó una tensión incesante, sin dejar ver quien haría el siguiente movimiento. La suerte estaba echada, debían jugarse el todo por el todo.
El hecho no pasó desapercibido por Salza. En poco tiempo lo decifró, solo había un modo de ganar la batalla.
Jeice devolvió el gesto feral, se abalanzó a la batalla decidido, su puño fue capturado bajo la mano del saiyajin que tiró una poderosa patada a la cara del incauto brenchjin, la fuerza con la que el humanoide fue arrojado era sumamente inesperada, era más veloz, más fuerte, el teniente recargó intentando deshacerse de la sensación, aceleró sin éxito estampando su puño sobre la nariz del príncipe. Vegeta regresó el rostro profiriendo una carcajada vil. Lo sabía ahora con toda claridad. Él sería el vencedor.
– ¡¿Pero qué es lo que pasa?! – Jeice se impulsó poniendo espacio sin quitar la vista de sus propias manos, no comprendía lo que sucedía, ninguna de sus habilidades estaba presente.
Burter atacó por detrás, le martillo de un golpe contra el suelo. Los terrenos se cimbraron al unísono alertando a todos los animales de la zona que huían despavoridos. El saiyano se enderezó fugaz, embebiéndose en el deleite de la golpiza que inició contra los ahora arrepentidos cazadores, las riendas de la batalla estaban en contra de sus posibilidades de tomar una sola postura de defensa y caían a cada minuto, presas de pánico del fiero ataque del saiyano.
Bulma utilizó el alboroto orquestado, iniciando una carrera desesperada hasta la aldea lejana, debía regresar por el arma a toda prisa, corrió hasta sentir que sus pulmones se vaciaban, desatando un tirón en sus costillas, pero para su desgracia fue alcanzada y sometida del cuello por el otro invasor.
– ¡Tu no vas a ninguna parte! – Salza la levantó arrojándola sobre la maleza dorada, la chica herida intentó levantarse con toda la adrenalina bombeando en su centro – ¡¿Qué buscaban en este lugar?! – le gritó intimidándola – Se que ese malnacido no te trajo como compañía – le susurró mientras pisaba su espalda sacándole el poco aire restante. Bulma sintió las lágrimas amenazar sus ojos cerrados ante la presión insoportable, el brench azulado la arrastró violento por la tierra dispuesto a arrojarla de nuevo. Lo pateó en vano ganándose un fuerte tirón que la hizo exclamar un terrible grito estrellándose contra los arbustos secos.
Vegeta se paralizó. Una débil señal de miedo incrustándose en él, como amalgama añadida al codo del teniente rojo sobre su rostro, dos golpes crudos a su pecho, el mareo intenso que provenía de algún sitio externo cegándole y una oleada de agonía en sus entrañas, se recompuso ganando terreno mientras veía su carne ceder a los ataques sincronizados de sus rivales, recibía un gancho tras otro ¡No entendía por qué no podía concentrarse!
'Ayuda'
La sensación de suplica silenciosa se enramaba persistente sin darle oportunidad de defenderse.
– ¡Noo! – chilló la humana clavando los dedos en la tierra, pero su movimiento fue ahogado en un quejido de dolor mientras luchaba por librarse del tosco agarre que la zarandeó en el aire. Salza la puso frente a si, indagando el misterio envuelto en esa criatura tan…delicada.
La absorta expresión del humanoide se borró al cambiar las dimensiones de su estado vertical a horizontal en un doloroso movimiento, adolorido retornó la vista al puesto de su agresor que a toda velocidad insertaba un codo en su mandíbula desbalanceándole lejos.
– ¡Corre imbécil! – Vegeta le ordenó severo a la lesionada sin voltear a verla.
Burter regresó dispuesto a embestirlo como un toro salvaje, el saiyano saltó por encima, dándole un puntapié sobre la nuca que le llevó a estrellarse brutalmente contra uno de los enormes árboles, deshojándolo en el acto casi en su totalidad. Incapaz de recobrar el piso, Burter se tambaleaba buscando ponerse a salvo sin éxito.
– Esp..era Vegeta… –
Pero sus palabras se atascaron bajo el sonido líquido, estrujando sus tejidos internos. La mano del saiyano atravesaba su pecho en una certera maniobra letal. Atizando su indudable victoria con la fiera sonrisa, sacó la mano desechando el cuerpo de un movimiento. Burter tartamudeaba infausto, se rehusaba a dejar la vida bajo las garras de otro saiyajin…pero no pudo evitar ese rápido final.
Jeice se lanzó al contraataque sin meditarlo, el terror de presenciar la inferioridad de condiciones de su compañero, le hizo tomar la medida desesperada de intentar sus últimos recursos para detener la amenaza. El príncipe esquivó sus fallidos intentos, el brench sintió una oleada de encarnizadas contusiones tomar posesión de su cuerpo mientras Vegeta, loco de petulancia, repasó con placer su sádica obra de arte, una patada más al costado del teniente le dio la victoria, se acercó dispuesto a cobrar su próximo trofeo. Las pequeñas hojas escarlata se regaban por doquier coronando su venganza, más el sabor del triunfo le fue prematuramente arrebatado, cuando sintió un frío inconsciente colarse sobre su arrogancia y la inexplicable necesidad de observar la escena detrás.
– Si intentas algo se muere– torciendo el frágil cuello de la chica a punto de fracturarlo, Salza la sostenía de un brazo pegándola a sí mismo. Bulma intentaba permanecer de pie, sollozando por el dolor incesante sobre su cuerpo sumamente lastimado. El bullicio había atraído a dos Tarwi en la lejanía, que corrían dispuestos a ayudarles
Jeice, tambaleante y atrozmente ensangrentado, se levantó con suma dificultad haciendo frente a los nuevos defensores. Más no hubo necesidad de ello, cuando el conocido sonido del blaster apagó toda noción de una pelea justa. Acabando con la vida de otro de los hermosos árboles del páramo.
Salza sostenía la pequeña arma recién encendida, justo en el omóplato derecho de la chica. Regulando el utensilio, realizó un disparo suficiente para atravesar un pequeño agujero. El grito de dolor de la humana increpó una vez más en la capacidad de concentración del saiyajin.
Los Tarwi se quedaron congelados en sus posturas, observaron la devastación de los extranjeros sobre su tierra con ingente desolación, incapaces de hacer algo al respecto, dudaban hacer un movimiento que también comprometiera la vida de la mujer apresada
Salza se acercó llevando a rastras a la humana. Jeice leyó con claridad su acto y colocándose a un lado tomó a la rehén de manos de su viejo rival, antes de que el taimado príncipe pudiese adivinar lo que acontecería.
Pero éste, al ver lo que pretendían, se cruzó de brazos bajando lentamente el rostro.
– Lo que le hagan… no me interesa en lo más mínimo– levantó su risilla vil sobre las suposiciones de ambos. Retándoles con el ceño más amenazante que tenía.
El saiyano se irguió indómito, dispuesto a dar pelea arrebatando el arma del autoproclamado verdugo. La ola de rabia despegó de su cuerpo una vez más, lanzándose al ataque. Salza apenas podía contener el ritmo, soportando con toda su fuerza la brutal paliza, dejando fuera de alcance la codiciada herramienta asesina. Casi alcanzándola, Vegeta clavó las garras sobre la yugular de su enemigo, más otro apretón sobre el cuello de la mujer descolocó su guardia automáticamente poniéndole al alcance del blaster.
– ¡Basta miserable! – Salza le apresó, resguardándose cobardemente en una llave sobre el brazo del temido oponente – ¡Freezer te quiere vivo… o muerto! – Enterró el arma en su cráneo sin descuidar su defensa un solo segundo – Tú decides–
– Eres un maldito cobarde– le gruñó forcejeando acorralado.
Bulma se sentía incapaz de formular un plan coherente, tenía un atronador desorden, inundado de su propio miedo. Por un momento pensó que todo ello se trataba de una pesadilla de la que aún no lograba despertar, quizá en algún lugar de su mente la droga a la que fue sometida estaba jugándole otra visión terrorífica, la incesante frustración y de algún modo, la ira de Vegeta que punzaba en su cabeza nublando todo juicio aprovechable. 'maldición esto debe ser efecto secundario del ritual'. La herida punzante sobre su hombro arrebataba su genialidad de la mente.
Jeice realizó el comando de retracción de la nave, invocando al tiempo el vehículo que aterrizaba al instante en el campo de batalla.
Viendo la distracción, Sorrel se lanzó a alcanzar su objetivo, con increíble velocidad acortó la distancia en un segundo, Jeice dio un salto a la compuerta desapareciendo con su rehén aun apresada.
– ¡Buruma! –Golpeó el suelo haciéndolo retumbar. Jeice salió en un segundo, portando otro blaster con el que disparó sobre el envalentonado felinoide, para fortuna del nativo, la regulación del arma solo alcanzó a dañar su brazo.
– ¡No te acerques! – La chica le alertó en una lengua desconocida para el resto de los extrangeros. Jeice la golpeó noqueándola al instante.
Sorrel realizaba gruñidos guturales intentando ponerse en pie. Al analizar el peligro de un enfrentamiento, Salza aceleró el paso, empujando al custodiado a entrar en la nave. Vegeta intentó un último movimiento, pero Jeice disparó sobre él con mayor intensidad incapacitándole la pierna izquierda. Luchando contra el saiyajin envuelto en rabia, Salza y Jeice se apresuraron a subirle atándole los restrictores programados con la menor movilidad posible para el preso. Al abordar arrojaron a ambos prisioneros en el compartimento de carga, ocupándose de abandonar el tumulto de nativos que sobrevenía arrasador sobre ellos.
– ¡Levanta esta maldita cosa! – Jeice le gritaba sintiendo los primeros golpes de los nativos recaer sobre el metal. No dejaba de apuntar a la entrada esperando otro ataque nervioso.
– ¡Eso intento bastardo! – tecleaba los códigos de emergencia, finalmente dando un respiro al oportuno escape. Al salir a orbita se dejó descansar solemne sobre el asiento.
Un silencio incómodo, agudo y prolongado se presentó en la cabina de la nave.
Habiendo ambos pasado por ese infierno, un respiro de alivio salió del par y las preguntas saltaban al unísono para los viejos aliados. ¿Qué fue ese lugar? ¿Por qué se encontraron desprovistos de su poder natural? ¿Cómo demonios llegó ese miserable saiyajin a tener tal fuerza? Jeice recordaba a la perfección el evento que, por mera suerte, lo abstuvo de desperdiciar su último aliento a manos del implacable mono y para su desgracia, también recordaba quien fue el responsable de salvarlo.
– No creas que por haber interferido… – Jeice musitó sin poder terminar, avergonzado de los hechos, cooperar una vez más con su acérrimo rival fue el único método de preservar su vida.
– No, no lo pienso…– le interrumpió sabiendo a lo que se refería– … aun te odio también– el engreído Brench azulado se levantó tallando sus cuantiosas heridas con una cínica actitud – esto solo es un favor para tu amo…vigila a los prisioneros, hay algo que debo investigar– desapareció de la cabina sin dar más explicación. A pesar de lo que pudiera especular, en el fondo no podía permitir que asesinaran a su único chivo expiatorio, no cuando el atentado contra Cooler todavía no asentaba bases que le incriminaran una vez más. Aunque el resto de la historia era en la misma medida un misterio para él, no podía irse sin tomar las respectivas respuestas.
….
Dentro del área de carga, el ambiente no era remotamente mejor.
Bulma despertó. Un escalofrío causa del helado ambiente, le despegó el sueño abruptamente. Más el frío que encontró en la mirada frente a ella, tenía un hielo escabroso más intenso que el tempano más recóndito de la Antártida en su planeta.
–Me dirás exactamente que pasó después de Zarbon– finalizando el silencio, el confundido saiyajin sentenció en un gruñido apenas audible para ella, no así de sosegada, la falta de piedad en su voz. Su postura, aunque aún sentado y con brazos sobre las rodillas, totalmente tensa. La sangre de su herida arrebatando el protagonismo de su atención.
Pero ella en su interior, sabía que él pasaba por una verdadera crisis de ansiedad. Pese a que ninguna de sus facciones evidenciaba esa conducta. Algo anormal acontecía, un tenue velo ensordecía su conciencia propia y de algún modo, tenía la certeza de lo que él pensaba.
– ¿Por qué puedo…– tocó su frente meditando en la razón de esa escalofriante experiencia.
– ¡Silencio! – Lo vio levantarse iracundo – Todo esto es TU CULPA – latigueaba la cola intensificando las últimas palabras – ¡¿Qué fue lo que hiciste?! – de dos zancadas se posó frente a ella amenazando con los colmillos visibles en demasía. Su temple inestable y erráticamente feroz.
La chica se congeló, embebida en un estado de negación, no sabía que debía responder y el dolor propio, sumado a la irritabilidad del saiyajin, le dominaba en contra de su mejor juicio. Debía seleccionar sabiamente sus respuestas.
– Yo…– titubeaba el soltar un solo vocablo y una vez más el miedo de ser finalmente asesinada le increpó como una posibilidad.
– ¡Deja de temblar! – Le respondió tallando exasperado su propia frente. Ante la actitud amedrentadora, la científica sintió hartazgo, un hastío tan profundo como sofocante, por la captura, por la derrota, por haber sido vilmente utilizada en intelecto ¡e incluso cuerpo! y encontrarse otra vez en ese aro de incertidumbre- agresión- amenaza, en el que había rondado por ya tanto tiempo, ¿Es que ese hombre no conocía la decencia, de por lo menos reconocer que habría sido de utilidad tantas veces? De todo lo que hasta ahora vivieron, ¡De que ella jamás pidió ser su acompañante!
– ¡Yo te salve desgraciado! – Se levantó consumida por la abrumadora injusticia – ¡yo maté a Zarbon antes de que te eliminara! – Le siseó no importando avergonzarle – ¡Me debes la vida ENGREÍDO DESAGRADECIDO!...Despues Los Tarwi nos rescataron… me enseñaron un ritual para restaurar el espíritu y la fuerza, es un intercambio que se hace con sangre y polvo de meteoritos de la luna blanca, funcionó para mí con la sangre de uno de ellos, pero se negaron a hacer lo mismo por ti, debido a todos los seres que mataste– no sentía que revelar todo lo que sabía de la ancestral cultura sirviera para ningún propósito en la mente del sujeto, pero esclareció los detalles de mayor importancia con la finalidad de terminar de una vez por todas el interrogatorio.
– ALTO…Maldición…¡¿Sangre?! ¡MI sangre!– la confesión trajo un mar de desconcierto y un temor latente muy grave.
Intuyendo que traería a colación el origen de su estirpe real una vez más, rodó los ojos afirmándole.
– ¡Si su alteza real! – Se cruzó de brazos – ¡y la mía también! – Le mostró la pequeña herida en su piel – ¡Por eso estas aqu..
– CÁLLATE– Lo vio perder el control tan rápido como comenzó su charla –¿Qué hiciste con ella?– su tono frenético armonizaba con la fluctuación de un casi imperceptible temblor en las manos.
– ¿Acaso escuchaste una palabra de lo que dije? –Le habló cual si entablara conversación con un animal de carga– ¡Te he dicho que fue un intercambio! –
– ¡¿Cómo la intercambiaste humana insensata?! – perdió los estribos rabiando en la garganta. El desplante trajo a su compañera de celda una indignación notoria.
– ¡De poder regresar en el tiempo JAMÁS te habría AYUDADO!– descolocó los brazos a ambos lados de sí, pisoteando con fuerza su sitio – ¡ESTOY HARTA DE TI!–
– ¡Contéstame! – se colocó extrañamente cerca, buscando cualquier indicio de mentira en los ojos de la chica, la insistencia en su voz la hizo caer en el juego fuera de la zona de confort, el tenerlo tan cerca aún le producía una inexplicable sensación de nerviosismo.
– La bebí maldición, LA BEBÍ – explicó importunada, alejando el rostro – …Tu también lo hiciste ¡degenerado ingrato! – Se cruzó de brazos un poco ruborizada ¿Cuántas veces iba a pasarle eso?
– No sabes lo que has hecho–
– Si lo sé– suspiró mirándolo de nuevo retomando, sin quererlo, el transcurso de los bochornosos hechos – nos drogué y no hay quien lo lamente más que yo, pero no podemos cambiar… –
– ¡NO TONTA! – explotó sin límite de reservas– NO LO SABES– cada gramo de musculo convulsionando al entender la gravedad de las circunstancias a la que había sido forzado – No me salvaste maldita bruja, ¡ME CONDENASTE! – azotó las palabras con tal desprecio que petrificó el ánimo de su contraparte – TU, MISERABLE… MUJER…– pese al poder de los restrictores, la escarcha del opaco metal comenzó a derretirse frente a la intensidad de las ondas de calor provenientes del príncipe, derretía incluso su ánimo, desprovista de defensas ante tal ataque de cólera, el temor de perecer se desataba imparable entre descargas eléctricas en sus nervios.
– ¡Contrólate Vegeta! – le ordenó con falsa seguridad, imponiéndose, incluyendo una silenciosa petición para sí misma.
– ¡No te atrevas a pronunciar mi nombre!– Los ojos, negro saiyajin, jamás habían parecido tan espectrales como en ese momento, clavados, en afilado perfil casi feral – Has arruinado todo lo que soy, profanaste una de las leyes más sagradas de mi raza, ¡no te atrevas a decir una sola palabra!, ¡NO SABES NADA DE MI!– aboyó una de las enormes paredes reforzadas con la cola. Ella sudaba, la delimitación extrema de los restrictores eran lo único que le daba esperanzas de no ser masacrada, por alguna razón oculta que no terminaba de comprender ¿Qué es lo que había sucedido? ¿Qué pudo ser tan grave para que tomara tal ofensa en sus acciones pasadas?.
– ¿Pero que…– dos pasos atrás dieron la idea de su sensación de consternación – yo…lo lamento– exhaló al no poder organizar la avalancha de emociones surgidas – no sé qué sucedió – se encogió de hombros volteándole el rostro – solo debemos eliminar la toxina y todo volverá a la normalidad–
Pero la falta de respuesta después de un silencio incomodo la preocupó.
– NO – Dijo a secas sin tinte de indulgencia – ¡jamás volverá a la normalidad!– rugió girando en sus talones para evadirla – no entiendes nada, eres una simple criatura ignorante, ¡no puedes realizar rituales a la ligera por el universo!, ¡los malditos rituales no funcionan del mismo modo para todos los seres!– hablaba abstraído del momento, meditando en el ridículo revés de eventos.
La declaratoria de esas palabras la hizo dudar de su significado, un significado que él mismo no se atrevía a revelarle. La gravedad de esa actitud, le paralizó las entrañas.
– Tu… yo– de pronto ella tampoco sentía la capacidad de materializarlo en palabras– Quieres decir… siempre sentiré..—
Lo vió recargarse en la pared, echando la cabeza atrás para cerrar los ojos sin esperanza alguna. Respiró pesadamente. A esas alturas ya no había algo que pudiera hacer, era prisionero una vez más de las garras de Freezer y a pesar de que tenía por seguro que se encontraba en suficiente poder para enfrentar a casi todos los soldados existentes, no sabía si esta vez podría escapar de manos del tirano. La tormentosa recapitulación de todo su viaje le acongojaba insistentemente. En verdad estuvo tan cerca, pero pese a estar acorralado, no se dejaría vencer como un cobarde. Varios minutos después retomó el ceño sumamente fruncido sobre ella recordando la principal causa de esa desgracia. De haber tenido mayor lucidez en batalla, esta pesadilla no habría cobrado vida jamás.
– Tu estúpido miedo no dejaba de distraerme– se dirigió a la fémina que escondía la cabeza entre las rodillas sentada en su propia actitud derrotista. Verla ahí, temblando, suspirando por un milagro que le ayudara a preservar su insignificante existencia y también adivinando su profético final bajo el yugo del imperio…le desataba una tormenta de emociones crudas intolerables.
Cuando la miró de nuevo, contempló a través de sus ojos una vez más esa delgada línea jamás cruzada, vulnerabilidad que ahora estaba ahí por su causa y todo ese tiempo junto a ella, esa mirada desconocida a lo largo de su vida, esa declaración silenciosa de fe…y confianza.
– ¡Yo no soy tu maldito salvador! – se levantó una vez más hasta alcanzarla en un violento movimiento – no dejabas de pedir auxilio con tus patéticas súplicas insufribles – posicionaba su cuerpo intimidándola, el compás abierto sin darle salida como una bestia irracional, ella se levantó de golpe y la arrinconó con el hombro imponiéndose brutal – ¡Escúchame bien!, a mi no me importa lo que te pase, yo soy un guerrero, el último príncipe de la única raza digna de respeto en este miserable universo, ¡soy un dios para los gusanos de tu clase!, por ningún motivo voy a tolerar que esta infamia llegue más allá de lo que ya he permitido– podía oler una vez más la duda en ella quitándole la paciencia – ¡tus absurdos errores costaron mi libertad!– levantó la cola en el aire dispuesto a embestir, tensa cual cuerda forzada a resistir, no daba movimiento a un milímetro de si.
Y ella lo sintió. Tan claro como su propio pulso y tan inesperado como una sinuosa confesión.
– No quieres…dañarme– le habló en un sonido tan sutil, que evocaba el susurro de una caricia. Se retiró disparado en dirección contraria entorpecido. Suprimió toda emoción bloqueando esa extraña conexión, debía poner fin a esa pantomima, era obvio incluso para ella el enorme dilema por el que ascendía, incluso el grado de fanfarronería con la que la amenazaba. Suspiró un par de veces, pestañeo perezosamente, girando la cabeza al otro extremo de su campo visual. Demasiado. Perdió todo en un solo día. Su libertad, su venganza y ahora, irrisoriamente encubierto…incluso su soltería.
– ¿Qué es… el ritual… para un saiyajin?– Las enormes dudas con las que ahora se encontraba pedían por todos los medios ser respondidas.
– Ya no importa–
– Odio interrumpir la linda escena – Jeice habló a través de la pequeña ventana en la compuerta reforzada, traía consigo una especie de caja blanca que el saiyano reconoció como ración estándar de alimentación – Pero de acuerdo a los estándares formales debo informarte que no tengo autorizado ayudarte con esto – señaló el objeto incinerandolo sobre sus dedos– aunque me gustaría cobrarte lo vivido…lo que me hiciste lo vivirás mil veces más Vegeta – escupió sangre a sus pies encantado de sembrar desesperanza en su prisionero, pero no consiguió más que una fría mirada.
– Deberían ponerse en un tanque de recuperación, antes de que se mueran – se burló cáustico con el ceño de ojos cerrados, ausentado en su postura usual – te ves muy mal insecto– le dedicó una risilla ácida con un tono sumamente relajado.
– Podrás burlarte hoy saiyajin– continuó el ofendido – pero el digno de lástima eres tu– prosiguió igualándole el gesto – me apena el castigo que te espera… o ejecución muy probablemente – divertido realizó un ademán despreocupado– si yo fuera tu, me despediría de todo… incluso de tu linda compañera – enfocó la clara afectación de la chica– puedo asegurarte que ella serás la primera en caer esclava– le sonrió entretenido disfrutando el eco de sus palabras en la frágil criatura– Pídele que te sacrifique si no quieres sufrir…considera la advertencia un favor–Arrojó solo dos barras alimencias a través del tubo de intercambio y se fue dando una carcajada vacía.
Bulma se acercó al artefacto recuperando las barras intentando no tomar cabida en las crecientes aprensiones en su mente, observó la estructura de la celda, sin fallas aparentes, pero en su corazón creía que esta no sería su sentencia. Algo se le ocurriría, debía haber una forma, después de todo, ella siempre solucionaba las peores circunstancias, esta vez también lo lograría, no podía fallar
– Podemos hacer un plan de escape – se acercó susurrando, esperando no ser escuchada mientras volteaba de manera paranoica alrededor.
– Olvídalo – El príncipe habló en voz alta – esta es una unidad XT-18.60, especializada en velocidad y contención de amenazas letales – se burlo apartándola del camino– Ni siquiera tu puedes violar su diseño de seguridad –
Aunque tomando en cuenta el cumplido inesperado, la joven se sintió transgredida por la implicación, ¡nadie podía decirle lo que no era capaz de hacer!. Al regresar a rebatirle, notó el estado de la pierna del saiyano. Algo en su interior se revolvió.
– Mi estado no te concierne– rudamente le contestó intuyendo el inesperado amonto de emociones fundidas en la chica que no dejaba de mirarle.
– Puedo ayudarte– se acercó rápidamente en un movimiento de familiaridad extrañamente automático.
– ¡Ya has hecho suficiente! – La detuvo recordándole el precario estado de la extraña alianza que hasta ahora habían fundado. Ambos quedaron faltos de palabras contemplando el vacío.
Bulma lo evaluó. Igualando la severidad de su semblante, se puso frente a él, misma actitud desafiante. Estando a unos centímetros de su cara se agachó hasta la herida del príncipe, tomó el revés de su rodilla impidiéndole escapar, no por mayor fuerza, sino por la intrepidez con la que, con la orilla de su túnica, comenzó a limpiar los restos de sangre chamuscada entre los coágulos visibles. Vegeta no entendía la razón de su conducta y se limitó a mirarla sin hacer sonido alguno.
– Esto no es el fin del camino – la mujer le aseguró con férreo agarre – encontraremos la forma de salir y más vale que estés preparado – continuó realizando su tarea con brusquedad – Eres la única escapatoria que tenemos, tu salud si me concierne, saiyajin petulante–
Por primera vez en su vida, sin que pudiera tener decisión en ello, una sonrisa se formó en su hostil gesto. ¡El atrevimiento de esa tonta temeraria!. Esa criatura en cuclillas, pese a su fragilidad, tenía incluso mayor determinación y valentía que sus propios soldados. Aunque no lo admitiera, no dejaba de asombrarle. Amateur en determinar el nombre de esa emoción, decidió no concentrarse en ello, pues la mujer tenía razón, debía haber una salida más, siempre las había.
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Bullició, un olor insoportable de humedad y criaturas diferentes. Cuando abrió los ojos, su primera reacción fue extender el mazo muscular que tenía por brazo, tocando la grave contusión en su cuello. Y pudo discernir que se encontraba en una celda de energía con un tosco collar anti ki como los que el imperio solía usar al principio de su expansión.
Tecnología arcaica de contención… patético.
– Si estás vivo, es solo porque los protocolos de esta organización tienen un carácter demasiado endeble– su guardia le observaba sin hacer un solo sonido. Esa figura que le traia el recuerdo de su absurda derrota.
– Si yo fuera tu, tendría miedo namekiano– se levantó tamborileando las zancadas en el suelo
– ¿De ti? Por favor…– resopló entretenido
– No creo que sea buena idea antagonizarlo – Krillin se aproximaba trayendo una modesta merienda para el prisionero. Los ojos con los que lo avizoraba, no podían ocultar su gran impresión.
–No pueden negar su miedo– el enorme saiyano los encaró – y por ello me mantienen en esta ridícula jaula– señaló on desprecio los objetos semi-obsoletos que lo contenían.
– Se lo que pretendes– Piccolo replicó con gran tranquilidad– no vas a conseguirlo–
– Eres del clan guerrero Namek si no me equivoco– le contestó dándole un vistazo más profundo – Si quieres una oportunidad de probar tu valor con un oponente de verdad, esta es– lo incitaba a entrar en la celda y darle una lección, esta vez no lo tomaría por sorpresa.
– No tengo esa necesidad– se levantó desperezándose – tu tiempo de engrandecerte se ha terminado, por ahora no hemos decidido que hacer contigo, pero algo es seguro…– le declaró antes de dejarlo solo, ya había comprobado que los dispositivos funcionaban – tienes muchos veredictos por los cuales responder–
Esa última sentencia trajo un sabor amargo al gigante calvo. ¿Quiénes se creían esas basuras para hacerle comparecer ante nadie?.
– No voy a satisfacer a un consejo de basura rebelde– se azotó contra la celda violenbtamente y susurró insultos evidentes en un idioma desconocido – es lo que puedo decir de su insignificante insurrección– pateó una vez más su celda regresando a su sitio.
– No creo que eso tuviese un significado amable – Krillin se encogió de hombros hacia el namek. Después depositó con sumo cuidado la bandeja en el compartimiento correspondiente.
– Espero que tengas practica en tolerar el enclaustramiento – Piccolo continuo con su provocación – parece que pasaras un largo periodo aquí– sonrió al ver que pese a su dura superficie, en el fondo la mente de ese saiyajin era tan débil como la de un infante rabioso.
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Mientras realizaba esquemas a toda velocidad, reestructurando un montón de alambres y pedazos de metales, el canturreo de la melodía Tarwi, pegada a su subconsciente, se le escapaba entre algunos sonidos irreconocibles para su compañero de celda. A pesar de que ella no era una voz privilegiada, él no la detenía, más no por encontrar complacencia en esos extraños sonidos, sino porque una palabra en particular, le envió de vuelta a su histórico origen, recuerdos de las canciones de los antiguos saiyajin, que elogiaban la fuerza de las míticas criaturas de mundos lejanos. Canciones que conocía bien gracias a su maestro y que ahora escucharlo de la boca de esa mujer, le resultaba tan increíble como la idea de descubrir que ella fuese hermana de un icejin.
– J'agaki no mujhina– habló en su lengua llamando la atención de la científica
– ¿Tu…tú hablas Tarwa? – le preguntó con genuina intriga.
– Es Saiyare– contestó – ese infernal sonido que haces, tiene algunas palabras de mi idioma–
Bulma fijo el ceño con un tinte de indignación, pero rápidamente descartó el pensamiento dispuesta a dejarle saber la recién generada fórmula para escapar. Tomó un respiro para iniciar su explicación felizmente ansiosa, pero el repentino bullicio en la nave le anunció que no quedaba más tiempo. Habían sido abordados, aun mas pronto de lo que el saiyajin calculó.
– ¡No puede ser! – se levantó de un saltó intranquilo – ¡estamos en medio de la nada! – gruñó esperando la próxima amenaza que cruzara la puerta.
– ¡Escúchame! – Tiró de su rostro llamando su atención, luchando contra los incesantes espasmos de adrenalina que sobrevenían al inminente asalto – encontré como retirar los supresores.. –
Sonidos de pisadas aceleradas se escucharon en el pasillo…
–…tendrás solo un segundo…–
El eco de los soldados llenando el área, murmuraba arrancándoles la poca estabilidad…
– …en cuanto la barrera magnética de la puerta se desactive…–
La puerta se abrió y al momento ella incrustó un amasijo de pequeños cables rudimentarios en el campo de los restrictores. Estalló la conexión con una sola carga de ki, el formidable torrente de poder regresó por su camino usual, llenando las venas de su dueño con tal estridencia que le abrumó los sentidos, revitalizando toda su feroz naturaleza. Lo sentía increíble, lo sentía implacable.
….
– ¡Que rayos está pasando! – Jeice sintió el tirón en la plataforma de entrada.
– No se preocupe teniente, el escuadrón de contención va para allá –
El soldado entregó las nuevas órdenes, debía dirigirse a su antiguo puesto en Minas Calladri a la brevedad. Observó el panorama y las crecientes voces alarmadas, sin embargo, la urgencia con la que se solicitaba su partida le hacía pensar que no le correspondía atender dicho llamado. Tomó el scouter de manos del soldado y se alejó sin dejar de mirar atrás.
….
– ¡DESTRUISTE LA NAVE IDIOTA! – Resguardada bajo los escombros a su espalda Bulma cubría su cabeza de los fragmentos que volaban por doquier con ambas manos, algunos restos inorgánicos golpeaban su rededor, pero otros eran claramente lo contrario.
A la cabeza de la acción, Vegeta reía enloquecido una vez más, cargas de ki de tal intensidad, que no estaba seguro si esa impensable estructura le resistiría, la sensación de su nuevo poder le embriagaba, cada oponente frente a él, era destrozado a velocidad impensada, raudal sin precedentes de poder, todos los testigos corrían estremecidos.
– PRISIONERO FUERA DE CONTR…–
– Odio que los aguafiestas arruinen la sorpresa– le desapareció de un solo disparo, cayendo ese rastreador como único eco del vacío salón ahora en ruinas.
– Es hora de aclarar cuentas Vegeta– saliendo entre las sombras de su destrucción, Salza le dio frente con actitud reservada – no sé cómo te liberaste, pero vas a arrepentirte de haberlo hecho–
De pie, arrogantemente enhiesto de perfil, dibujó su usual gesto retador ensimismado. Bajo su conocida sonrisa, tomó postura de batalla, imitado por el nuevo retador.
– Este no es tu día de suerte, bastardo oportunista – y sin preámbulos, lo atacó.
Salza apenas pudo bloquear el primer puñetazo, cuando veía sobrevenir la fuerza cruda del príncipe sobre sus siempre experimentados movimientos, esquivaba solo con toda la concentración inmersa, el dolor de los embistes le resultaba irreal, dos patadas más, avenidas con un grácil giro, le enviaron a la profunda decepción propia ¡¿Cómo era tal despliegue posible?!, salió de los metales doblados limpiando la sangre de su rostro totalmente perplejo.
– Por lo menos tendrás el honor de haber sido sometido por la mejor raza de todas– caminó de regreso a su víctima, provocado por la intensidad de impotencia en la cara del retador.
– Lo mismo diré para ti, mi estimado Vegeta–
El sonido de su voz le aplastó como una tonelada de plomo sobre su estómago. Inequívoco tono de la única criatura a la que siempre temió. Respiró con todo el autocontrol que pudo evocar y con fuerza anormal se obligó a voltear y enfrentar de una vez por todas, los penetrantes ojos rojos que protagonizaban las peores pesadillas de toda su existencia.
Por fin, estaba cara a cara, con el mismísimo tirano. Finalmente era hora de enfrentar a Freezer.
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Las pistas saturadas por múltiples naves primitivas tomando despegue de modo acelerado. El sonido atronador del éxodo de propulsores de diferente tamaño, mezclado con las inclemencias del clima, mientras en la distancia, las naves enemigas ya hacían aparición en la atmosfera de ese mundo.
– ¡Márchese Lady Arame! – le apremiaba a terminar los preparativos al equipo de ayuda de la vidente. Que subía en caravana a la última nave de civiles.
– Fennel – se inclinó sostenida por uno de sus escoltas – no te apresures a cobrar venganza, todo será revelado en su tiempo, tal vez este no sea el final –
Sin comprender del todo sus palabras continuó la secuencia de sellado, perdiendo detrás de la rampa la visión de la anciana. En la distancia sus esperanzas estaban puestas en el escudo de defensa de los pocos rebeldes, que protegían una barricada contra los disparos de naves enemigas sobre los transportes insurrectos que huían. Frente a ellos los dos saiyanos y el capitán de las tropas se erguían listos para enfrentar cualquier amenaza que se presentara sirviendo de escudo a la misma barricada que se concentraba en detener las bajas en el cielo rojo.
– ¡No detecto la presencia de Freezer!– Tarble gritaba haciéndose oír entre los sonidos de la batalla de fuego cruzado y el huracán de ráfagas de lava en la distancia.
– ¡Este solo es el comité de bienvenida! – Kurat le respondió señalando con el rostro la nave que se aproximaba.
Cuando hubo entrado en la atmosfera, el estupor de la secuencia de acciones se apoderó de toda la atención, la nave que ingresaba era lo suficientemente grande para abarcar casi la mitad del campamento improvisado, jamás habiéndose encontrado en esas circunstancias la incertidumbre refrenada el sentido común y solo permanecieron observando la secuencia de acciones a la expectativa de lo que sucedería.
Solo a una escasa centena de metros divisaron el tumulto de centinelas y soldados que iniciaban el asalto, un poderoso ejército compuesto de miles de organismos diferentes, ataviados en las armaduras más sofisticadas del imperio, descendían sin refreno, uno tras otro, cientos y cientos, incesante desembarco que, corriendo en grito de guerra hasta sus objetivos, consiguieron lo que buscaban con tal despliegue de armamento: sembrar terror.
– ¡DISPAREN! – Kurat se volvió furioso a sus hombres que miraban hipnotizados como presas indefensas. Los disparos de los invasores comenzaron a cobrar sus primeras bajas.
Gokú y Tarble evadían todos los basters y cargas de ki poniendo a salvo a cuanto podían, sin embargo, era una cantidad abrumadora de blancos en movimiento.
– ¡Gokú destrúyelos! – el capitán injurió al saiyano increpándolo a hacer algo para detenerles
– NO – Le contradijo molesto – ¡No puedo matarlos! – se soltó de su agarre continuando con las acciones apocadas de efectividad, mas no sabía cómo detener la ola de muerte que se aproximaba sin tener que liquidar a todos esos seres. No podía hacerlo, el nunca sería un asesino.
Tarble por su parte se movía veloz, neutralizando cada disparo en rango con su propio ki. En otro tiempo hubiera tomado acción tal cual el capitán requirió, pero la creciente admiración por su congénere le retenían la voluntad e imitaba a su compañero teniendo los nervios de la batalla sobre sus talones. A ese paso perderían a los camaradas que le quedaban en poco tiempo.
El tamborileo de los miles de pasos cimbraba la tierra y el asalto no se dejó esperar
– ¡RETIRADA! – Kurat bramó a los sobrevivientes arrancándose en estampida contraria a la dirección de los miles de vengadores que les pisaban la sombra.
Gokú cargó todo su ki en una onda intensificante, es estallido de poder arrojó a la primera horda lejos de las tropas rebeldes, el grito acompañado se engrandecía como una barrera invisible, las ventoleras de polvo se arremolinaban a su alrededor levantando una tormenta de arena de proporciones monstruosas.
Tarble noqueaba a todo ser viviente que alcanzaba, sin embargo los que escapaban de la trampa de polvo y ki, dieron en poco tiempo con los rezagados de las tropas huyendo, haciendo eco en los enfrentamientos de carne colisionando y disparos por doquier una vez más.
En sincronía ambos avanzaron al ataque, sus movimientos eran tan rápidos que no podían verse. Viendo la necesidad de acrecentar refuerzos, mucho más que fuerza cruda, el saiyajin mayor invocó una antigua técnica de su viejo aliado en combate.
– Shinshin'noken–
La división de su cuerpo fue automática, dos y después cuatro clones aparecieron en su lugar.
Tarble noqueaba a un humanoide naranja, mas la presa fue neutralizada por el saiyano mayor, confundido el menor volteó al recordar haberlo visto solo un segundo antes atrás de él y no pudo ser mayor su sorpresa cuando se encontró con cuatro versiones de su camarada con movimientos independientes en el campo de pelea. Definitivamente ese tipo era todo un estuche de técnicas.
Sin esfuerzo aventajó a un gran número de oponentes, dando oportunidad al resto del contingente de ponerse a salvo, más cuando sentía que tenía un ritmo aceptable de derrotas enemigas, el reencuentro con el rival que no esperaba volver a ver se dio lugar.
– Por fin te encuentro maldito cretino–
La mirada de ojos obsidiana se intensifico al verle, sin lugar a dudas el peligroso capitán Ginyu de nuevo frente a él.
….
Fennel escuchaba el transcurso de la batalla, desmantelando los últimos detalles del cuartel para no revelar información importante. Detrás de ella dos niños se resguardaban nerviosos dando saltos cada vez que un estallido era audible.
– ¡¿Por que no nos vamos ya señora Fennel?! – la niña rubia tiraba de su lisa túnica celeste con diligencia
– ¡No podemos irnos porque mi papá está peleando todavía! – le reprendió Gohan buscando la aprobación de la mayor.
– No se preocupen pequeños, estaremos a salvo– tocó ambos hombros poniéndose al nivel de sus estaturas – esos rivales no deben preocuparles–
– ¡Fennel ordena la retirada! – oyó por el altavoz del intercomunicados la voz del capitán en el calor de la contienda – estamos esperándolos en el hangar sur, tienen solo MINUTOS! –
– NOO – el niño se negó poniendo espacio entre las féminas y él – ¡No me moveré sin mi papá y el señor Tarble!–
La explicación de la importancia de esa momentánea retirada no pudo ser expedida, pues estaban rodeados en un instante por una horda de soldados que intentaban derribar las paredes reforzadas del salón de defensa
Fennel tomó a ambos niños poniéndoles detrás de si, cargó su arma apuntando a la puerta dispuesta a eliminar a quien osara atravezarla.
La pesada estructura cedió al calor derritiéndose junto con una explosión que deshizo el material de la base de inteligencia, dispositivos, metales, tierra y el frio del exterior les ensordeció, Gohan temblaba, más sabía que debía hacer algo para poner a salvo a todos, una vez más era el único que podía hacerlo. La visión del comandante de grupo borró de golpe toda valiente intención, un gigantesco y musculoso reptil de colmillos visibles, se agachó para ingresar por el agujero recién profanado.
Les habló en una lengua ácida y seseante que solo Fennel podía entender
– Ríndanse por las buenas… o podemos llevar cadáveres en vez de prisioneros–
– ¡Dejen a los niños! – ella le contestó amenazándolo. La respuesta de una especie de risa le hizo entender que esa suplica no significaba más para él de lo que la salud de Freezer para ella. Apresurándose el alienígena la sometió.
– CORRAN – Les ordenó con desesperación. Pero un grupo detrás ya estaba sobre ellos. Gohan tembló, veía su propia duda frenar su instinto de pelea, se concentró intentando vencer su miedo, temía por la seguridad de ellas, temía que su padre hubiese sido vencido, temía por sucumbir ante lo que esos seres le harían, rápidamente el centro de su ki inició su ascenso, pero en un segundo se encontró drenado de todo poder, un extraño collar sobre si conectado a dos grilletes en las manos y pies y como peso muerto fue elevado sobre el hombro de uno de los soldados que lo apresó.
– Un maldito niño saiyajin, quien lo diría – el soldado lagartoide habló en la lengua común.
– Llévense a los prisioneros de una buena vez. La estación de Lord Freezer estará aquí en unas horas–
_..._
Solo el lejano rechinar del movimiento de los metales blancos y grises de la estación repicaban.
Uno frente a otro, legendario odio entre las especies antagonistas del universo por muchos siglos. La escena le parecía tan irreal y a la vez, un recordatorio de tantas veces que se imaginó a si mismo cobrándole toda la terrible historia de su vida. Pese a no haber preparado el encuentro, no intentaría huir, no intentaría disculparse y dejaría la vida intentando lo que siempre quiso; venganza.
– Jamás esperé que llegaras a este nivel de insolencia Vegeta– aun cruzado de brazos, Freezer lo escudriñaba con la mueca en los labios aguzada con exasperación, de algún modo sabía que no se encontraba frente al mismo sujeto, este exudaba confianza y agresión. Su talante se veía diferente, más ágil, más alto, más musculado.
El príncipe se volteo dándole frente total. Abrió los brazos dándole la reverencia más burlona que pudo ocurrírsele.
– ¿Me buscabas Freezer?– le sonrió cerrando los puños – …pues aquí me tienes–
La irreverencia no le resultó divertida al monarca espacial. Observó el halo de destrucción sobre su estación, teniendo el mismo que acudir ante la emergencia por el hecho de que sus mejores soldados, eran ahora polvo sideral, el conjunto de incidentes liderados por esa maldita raza y sumado a toda esa desfachatez que cometía tan feliz en ese momento, resonaba en sus tímpanos como una combinación mortal, exigiéndole arrancar la cabeza de ese miserable a la brevedad.
– Mi.. Lord…– Salza se levantó quitando los escombros de su vestimenta
– Lárgate Salza– le ladró sin más – yo me haré cargo.
No había más que decir. El duelo que esperó durante toda su vida, ahora al alcance de sus manos. No había vuelta atrás. No había otro modo de terminar con todo. Era todo lo que esperó.
No perdió tiempo, demandó cada molécula de ki en su cuerpo lista, su grito de guerra saltando descontrolado al mismo tiempo que una magnifica aura azul volaba exaltando todos sus músculos tensos, torrente sanguinario de fuerza sin precedentes, todo su poder, todo su intelecto, todo él.
La estructura comenzó a ceder rigidez a su alrededor, todos los remaches rechinaban amenazando con desistir su función uniéndose al coro del rugido saiyajin.
Freezer no lo vio venir, abstraído en la destrucción de su nueva adquisición, por primera vez en muchos años sintió en carne propia un golpe sobre su inmaculado rostro. La sensación de dolor igualaba la arrasadora impresión. Se frenó en el aire con el implacable saiyajin sobre su estampa, uno tras otro, golpes certeros, ni un defecto en la opresora defensa.
Retrajo un gancho cruzado, bloqueó el codo sobre su torso, combo de estocadas fatales propulsadas por el odio tangible. Freezer detuvo la danza mortal enterrándolo varios niveles abajo. Tomó su lugar a un lado del enorme agujero, limpiando la frente aun escéptico de lo que acababa de suceder. ¡El insufrible saiyajin estaba dándole pelea sin esfuerzo!.
Bulma no podía creerlo tampoco, ¡Ese bastardo suertudo estaba al mismo nivel que el tirano espacial! Cuanto debió haber sido estimulado en todo ese tiempo sin poder. Se sorprendió a si misma con la boca abierta. Regresando a su realidad se sintió terriblemente vulnerable, debía escapar en ese mismo instante. Reptó de su escondite usando como protección los restos más grandes de la estación. Escuchó regresar a su compañero de celda profiriendo estridentes risotadas.
– ¿Qué sucede lagarto malnacido? – flotó de brazos cruzados hasta estar de frente – Se que eso no es todo lo que tienes – intensificó su tono demandante –¡ demuéstrame tu verdadera forma!–
Freezer no podía creerlo, de alguna forma ese patético ser conocía su verdadera fuerza. Y ante el crescendo de vicisitudes, no tuvo otra opción más que dejar de lado las patrañas subsecuentes.
No perdería más tiempo en eliminarlo y solo sería así de rápido en una forma.
Extendiendo todos los pliegues de su poder dejó a la metamorfosis realizar la evolución de poder. Ensanchó cada cadena de fuerza, cada rincón entumecido por el paso de los años, lo había olvidado ya hace tiempo y liberarse por completo se sentía tan sublime.
El evento no paso desapercibido incluso para la estructura física, el piso de la estación retumbaba salvaje.
Y a lo que prosiguió, el príncipe no tenía preparación. No poseía la habilidad de sentir el poder, mas no necesitaba el scouter para determinar el bestial amonto de fuerza que ahora exhibía esa risa, tan vil que gustosa le presumía la notoria supremacía.
Y su calvario empezó.
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No perdió oportunidad, estaba descuidado en sobremanera y su actitud confiada le confería la oportunidad perfecta para actuar
– CAMBIO– gritó poniéndose al alcance de su víctima. El destello alcanzó su objetivo y espero paciente abrir los ojos en su nuevo cuerpo.
– ¡Eres un miserable! – Tarble les alcanzó haciéndose paso entre todos los soldados que pretendían frenarle
Pero cuando un derechazo vino directo a su temple, descubrió que algo había salido mal.
– ¡No puedes poseer clones! – respondió el responsable de ese ataque poniéndose de pie junto a él. Aún con su fuerza dividida sabía que el golpe que le dio no debía tener la fuerza suficiente para enviarle hasta el otro extremo de la montaña congelada. Pero por algún motivo el capitán parecía ser… más débil.
– ESTO ES TU CULPA MALDITO IDIOTA– respondió sin querer a la pregunta del saiyajin – me obligaste a iniciar desde la base cuando abandoné este cuerpo! – se desesperaba sobre si mismo enrojecido de ira, tiraba de sus cuernos como ente psiquiátrico maldiciéndose sin control. Regresando a su estampa normal se dispuso a atrapar a otro de los clones de Gokú.
Uno a uno, sus ataques se dirigían sin el menor grado de sensatez en sus movimientos, lentos, torpes, los que el saiyajin del gi naranja evadía con tanta facilidad, que incluso se empezaba a formar en su rostro una sonrisa burlona por la desgracia del capitán.
Tarble evaluó el peligro que su similar no analizaba. Si en algún intento lograba dar con el clon original, todo se acabaría. Se colocó en una rodilla haciendo llamado de su técnica más poderosa.
–¡ GALLICK HOOOOO! – soltó el mortífero rio de energía sobre la estampa del capitán enloquecido aún hostigando uno de los clones. Su visión se perdió en la descarga lila deshaciéndose al instante ambas figuras. Se levantó el joven al ver que solo restos de humo quedaban en el sitio.
– ¡Pudiste haberme matado! – ofendido Gokú se colocó de brazos cruzados tras de su amigo
– Siempre supe cual eras tú…pero era un riesgo que debía correr – le sonrió con sinceridad.
El intercambio se interrumpió cuando escucharon un grito de auxilio familiar y vieron con terror como abducían a los responsables de esa llamada.
– ¡PAAAAAPAAAAAAAÁ! –
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Bulma lo veía caer, como majestuoso halcón devorado por una poderosa serpiente. La imagen era demasiado para presenciarla, a cada golpe sobre la carne del saiyajin le acompañaba un rugido de ira de sí mismo, aun en una desigualdad de condiciones lo veía remontar el vuelo una y otra vez exigiéndose con todas sus fuerzas cobrar venganza, lo conocía bien, jamás se rendiría.
– Detente por favor– rogaba habiendo perdido la capacidad de seguir presenciando esa carnicería. Era demasiado doloroso.
Freezer disfrutaba de su sádico ejercicio, pese a que era una irreverencia infuriante, agradecía el hecho de que un oponente de esa envergadura se hubiese atrevido a desafiarle. La última vez que tuvo tal diversión era un crío y terminó siendo masacrado por su hermano. Pero ahora debía poner fin a la interrupción, ya que no estaba seguro de cuan grave estaba comprometida el ala sur de la enorme estación espacial. Lo detuvo con su cola sin gracia, sabía que ese odio le impediría rendirse.
– No voy a matarte…– lo acercó a su rostro –…aún– se retrajo en un gesto casi tímido, ocultando su malévola risilla – has probado ser un juguete de gran entretenimiento– Vegeta estrelló un orbe de energía en el lado lateral del rostro del icejin.
– ¡Maldita basura!– Freezer le escupió arrojándolo contra los escombros. Molesto se dispuso a limpiar los restos de la quemadura superficial de su ojo.
El abatido saiyano respiraba con dificultad. Eraun cumulo de sangre, huesos rotos y hematomas. Guardaba su último recurso esperando un solo descuido en la guardia del tirano. Pero su plan fue interrumpido cuando detrás de una enorme placa metálica sintió la tímida mano de la científica. Hacia una serie de señas inentendibles, pero algo le quedaba muy claro, la enorme preocupación que se dibujaba en sus ojos era real. Agradecía que el vinculo formado pudiese estar bajo control, de otro modo ya habría perecido en dstracciones hace horas.
– Esta desatento… – se atrevió la mujer a rogar en voz alta señalando al icejin – ¡vámos sigu..—
La pesada lamina donde se refugiaba salió volando por los aires y se vio a si misma siendo sorprendida cual pequeña alimaña tratando de escapar. Ambos grandes ojos, fijados de muerte sobre el tirano ahora increíblemente cerca de ella y casi deshaciéndole con su fría mirada. Freezer se colocó a su lado intentando ubicar esa imagen que le resultaba extrañamente familiar. Con tosquedad la levantó del brazo sacándole un quejido lastimero.
– ¿Quien rayos eres tu? – la evaluó sin tacto, como un insignificante y asqueroso organismo. La reacción desató pánico no solo en la aludida y era algo que de ningún motivo esperó.
– Suéltala – traicionó su propia boca su intención – tu pelea es conmigo Freezer– carraspeó ofendido – no demores más tu fin– torpemente intentó corregir su error levantándose orgulloso.
Entendiendo aún más de lo que él príncipe hubiese querido, se contuvo de bajar la guardia por el tamaño de esa revelación, jamás en todos sus años se servicio lo vio levantar una ceja por otro ser vivo y ahora, con un total giro de eventos, incluso se atrevía a desafiarlo pese a su terrible situación.
– No puedo creerlo– con la mirada perdida en la distancia afirmó – nunca imaginé que esto fuera posible– la zarandeó como a un pequeño gato – si la quieres, ven por ella…– se carcajeó poniéndosela a disposición, con solo unos centímetros de distancia. Lo vio cerrar y abrir los puños enguantados, enterrar la cabeza entre los hombros que parecían prepararse para una irrupción o…un despliegue de humillación completamente insoportable.
– ¡No!, no te acerques– Bulma confundió el significado de esa postura embravecida, creyendo que finalmente el tirano pondría fin a la vida de su supuesto aliado intentando rescatarla. Pero su reacción solo dispuso la balanza del lado contrario a sus intereses.
– No me importa si la matas – gruñó intentando corregir el desatino de la torpe humana – no quiero que nadie interfiera en mi venganza– Su confesión trajo al rostro de la chica una decepción casi mortal, hecho que no pasó desapercibido por el monarca entretenido. Cerró los ojos con solemnidad arrojándola al suelo. Bulma gritó, sus piernas estaban entumecidas del dolor de la contusión. Freezer levantó su pie dispuesto a matarla. Por un segundo percibió la fluctuación en el ceño del saiyajin y entendió todo a la perfección. Ese debía ser su verdadero día de suerte.
– Estas mintiendo– negó con la cabeza afilando la mirada sádica sobre el príncipe – Eres un verdadero estúpido – aplaudió coronando la humillación superba. Entonces se dispuso a acabar con él, de un modo aún más cruento, revelarle la falsedad de su tonta acción– estas tomando demasiadas consideraciones por una criatura inferior que además… – la rodó con el pie dando otra ronda de alaridos – ...estoy seguro que de algún modo te traicionó–
– ¿Qué? – soltó sin meditarlo delatando su interés.
– No creo que fueses tan imbécil para mandar tu ubicación con códigos del imperio – sonreía bajando la barbilla hasta la chica– incluso a tus molestos subordinados–
Funcionó.
La descarga de realidad lo golpeó como mil ganchos del tirano a su hígado. Nunca se detuvo a pensar en los motivos por los que Zarbon le descubrió, pensaba en los escuadrones de reconocimiento ¡pero ese bastardo iba por él! ¡lo escuchó llamarlo en cuanto bajó de la nave! jamás pensó que esa mujer tuviese preparado tan maquiavélico plan de escape, estaba delante de una verdadera prodigio en manipulación y él, cayó como un imbécil en su turbia red.
– ¡Vaya! – Exclamó al ser testigo de la lucha interna que su oponente libraba – eso resuelve el misterio – llevó su mano a su mentón sumamente divertido.
Bulma deseaba morir en ese momento, podía sentir todo el intercambio de decepción y rabia contra ella, no había una emoción más terrible y por primera vez se arrepintió tan reciamente de sus actos, que lo único que pudo salir de su cuerpo eran las enormes lágrimas con las que intentaba demostrar que jamás quiso llegar hasta ese punto.
Cuando él le levantó la mirada. Todo estaba dicho. No había en el universo, un vistazo de intenciones mas asesinas como el que le estaba dando entre esos negros ojos, desbordados del odio más grande que jamás experimentó. Como bestia salvaje se enfiló a asesinarla, no podía soportar un respiro más de esa criatura falsaria en su presencia.
Freezer fue más rápido apartándola de su camino de un tirón.
– Esa no es forma de tratar a tu protegida – ladeaba el dedo negándole lo que con todo su ser ansiaba. En animalística conducta, ni siquiera le importaba exhibir el tamaño de su rabia.
Al descuidar su defensa Freezer le atacó, la brutal golpiza a la que lo sometió, acabó en algunos minutos con su ya lacerada conciencia. Después del excesivo esfuerzo secó su frente y viró al escuchar a la chica remecerse sollozando. Se acercó a uno de los paneles de comunicación que sobrevivieron la batalla, llamando a los cobardes de su escuadrón personal escondidos.
– Llévenselos – les indicó – a ella a la celda de examen y a él….a mí cámara de interrogatorio –
Satisfecho limpió el resto de su cuerpo de escombros. Todo había salido muy bien.
_..._
Desesperado voló hasta la nave enemiga en despegue, los disparos no lo disuadieron de su objetivo e ingresó por la fuerza seguido de su otro aliado saiyajin, persiguiendo los gritos de su hijo y la pequeña, alcanzó a ver a Fennel intentando liberarse de su captor.
– ¡Son Gokú escapen! – Fennel ordenó pateando a su verdugo – creó una distracción pudiendo alcanzar el blaster de la cintura del soldado – ¡Liberen a los niños! – disparó, pero nunca esperó recibir una ráfaga mayor. El reptil gigantesco la atacó, borrando su sorprendida existencia de la faz del universo en un solo instante.
Tarble la vió evaporarse, los ojos llenos de dolor, las lagrimas no tardaron en correr libres por su rostro. Gokú sintió la más atronadora pesadez anidar en su centro, esa valiente mujer desapareció en un instante intentando hacer lo correcto y los gritos de ira, impotencia y sobresalto de su hijo, lo regresaron a la realidad del oscuro trance que empezaba a envolverlo.
– Esa basura rebelde ha sido mi trofeo – les dedicó un vistazo resguardado tras los rehenes – ¡Pero ustedes los saiyanos, serán asesinados por el mismísimo Freezer! –
– Espero que me pongas frente a él – la voz de Gokú rabiaba sin precedentes, ambos brazos temblando en feral presencia – Pues es hora de que responda por todos sus crímenes–
Espero que les haya gustado! Perdón por las faltas que se me fueron. Quise hacerlo más corto pero había muchos temas que no podía dejar sin concretar, me chifla escribir discúlpenme :'(. Espero con felicidad sus RW! Díganme que les ha gustado más y que no ;)
Saludos, disfruten la vida que es solo un instante!.
