Hola mis estimados lectores!
Esta vez, tengo un capítulo corto, pero cargado de emoción! Jeje espero que sea de su agrado, saludos y agradecimientos para todos y en especial para los que dan fav, follow y rw.
Anabell: si parece que Vegeta la pasa mal jajaja pero mas adelante todo cambiará ya lo veras ;) todo tiene una razón de ocurrir! Gracias por los mensajes y todo lo que podemos platicar, eres una gran inspiración!
Smithback: me divirtió tu apreciación de la historia en el rw jajaja me gusta como expresas a cada paso lo que opinas, que genial! Jeje
Cherry Love: estoy muy halagada por tu percepción del fic! Espero te siga gustando!
Les dejo la continuación, confío la disfruten!
––––––––––––––––Capitulo XIII–––––––––––––––Cara a cara
Atada a una plancha de hierro. Imposibilitada en todo aspecto, veía pasar el escáner infrasónico sobre su piel, atemorizantes extensiones afiladas de luces difusas, que se paseaban trayendo a los holográficos especificaciones en códigos de runas desconocidas, su mente estaba en blanco. El movimiento automatizado de los brazos mecánicos del aparato, era el único sonido que inundaba la habitación, apenas cubierta por el traje de batalla que pudo robar, recordaba la serie de eventos justo antes de que la nave fuera estallada por su previo secuestrador. Debía fraguar una escapatoria pronto, pero su condición mental no lograba eximirla de una ensordecedora culpa.
Sus ojos, resecos por las lagrimas, vagaban divididos en dos conciencias, analizaban las debilidades de su prisión invisible, un descuido de sus captores era lo que necesitaba y de algún modo, sentía una deuda moral, imposible de explicar, causa de esa mirada de oscuros irises, que no dejaban de atormentar su alma.
– Informes – la voz de uno de los culpables de su sujeción apareció. Aunque sus facciones eran atractivas, no podía sentir más que repulsión por dicho ser cobarde y ladino que les capturó del modo más absurdo. A base de deshonrosos chantajes.
El resto de los oficiales obedecieron sin titubear, entregando el despliegue de informes centelleantes, por el aún deficiente funcionamiento de todos los holográficos. Salza miró con detenimiento la lectura de resultados y pasó los ojos sin ápice de emoción, sobre la mujer que bufaba sobre su estampa sin apartarle la vista. Le producía un escozor, de la más genuina curiosidad, el determinar como un ser de esa insignificancia, se atrevía a devolverle el gesto con tal arrebato de insubordinación.
Resopló una media risa dejando de lado el informe recibido. Esa escena sin duda merecía toda su atención. Se acercó hasta ella encarándola con desprecio, pero detuvo su paso presagiando, que no era descabellado pensar que ese ser indefenso hubiese pasado tanto tiempo bajo la tutela de un asesino profesional, sin aprender uno o dos trucos. Tentando su suerte cerró distancia.
Y lo comprobó.
Ágil, la joven soltó su agarre lanzando un zarpazo directo al torso del atacante, pero sin logar atinar movimiento.
Permaneció sostenida únicamente de un brazo, al que las imperfecciones electromagnéticas traicionaron continuando el bloqueo de energía. Tirando de su apéndice apresado como una presa asustada, se defendía esgrimiendo un conjunto de alambres que seguramente habría guardado bajo el material del uniforme todo ese tiempo.
–Aléjate de mí – le enfrentó sin temor, las delgadas cejas amenazantes no perdían movimiento de la creciente tensión. Sus pupilas expectantes de cuál sería la siguiente acción de su enemigo.
– Supongo… que intentabas dañarme… ¿con eso? – La observó, segura de algún modo cómico para él, sujetando su precaria arma cual si fuese valioso instrumento de guerra – que fascínate criatura – le pronunció acercándose sin temor alguno de brazos enfardados a sí. Habiéndose acercado amenazante hasta su objetivo, la miró sin preocupación, ella entendió, que escapar sería inútil.
– Ahora lo entiendo todo– pronunció después de tortuosos segundos merodeándola. No perdió detalle de esa mirada sin conclusiones evidentes. En un solo movimiento se apartó sorpresivamente sin hacer un solo rasguño a su víctima. Dispuso de los informes en el canal principal de Freezer.
– Llévenla a una celda de aislamiento – ordenó al resto de los espectadores – no dejen nada a su alcance– advirtió sin querer subestimar la capacidad de escape de dicha criatura, a diferencia de sus amos, él sabía de primera mano el poder que una mente brillante posee ante circunstancias adversas.
– Así se hará general– le reverenció uno de los comandantes – hemos recibido una transmisión de las naves de Nayame que retornan…–
– Ese no será mi problema, regreso a mi base– objetó sin interés– y les recuerdo… que la discreción de mi presencia será bajo riesgo de sus vidas– farfulló saliendo sin voltear. Había pasado demasiado tiempo en ese sitio y su inocencia en lo que se avecinaba en el atentado de su amo, sería seriamente comprometida de permanecer más tiempo ahí. Debía abandonar la estación de inmediato sin dejar rastro. 'Maldito Vegeta' susurró para sí al ver el precario estado de sus hematomas 'pero esta vez, tú serás el que tenga más que perder'
_..._
Abrogación de sentidos. Escuchó el sonido de las cadenas hechas de ese endemoniado mineral que jamás, en toda la historia del universo, debió haber sido descubierto. Invento macabro de tortura. Turbado y tenso, con visibles golpes encendidos al rojo vivo de su forzado cautiverio, ideó un plan para escapar, sin embargo, el inicio de sus cavilaciones llegó demasiado tarde.
–Mi estimado Vegeta, tirando de esa forma no dejarás nada para mi diversión – esa risilla dulzona lo trastocaba, la odiosa voz que arrancó todo lo que alguna vez le importo de sus manos.
– Verás… – Continuó desenvolviéndose de la sombra que le cobijaba plácidamente – entre más luches por salir, más cerca estarás de desmembrarte – dio un tironcito más arrancando un espasmo de dolor a los músculos al borde de la resistencia del saiyajin.
Lo único audible era la forzada respiración que luchaba por mantener en control, sus nostrilos sumamente afilados y esos ojos como un hielo negro impenetrable, no importaba las condiciones en las que estuviera, jamás perdería su orgullo ante ese bastardo, jamás.
– Esto se está volviendo verdaderamente aburrido – los labios del tirano no pasaban de formar una delgada línea de inconformidad, conociéndolo como lo conocía, solo había una explicación para ello, tensó la cola involuntariamente al saber lo que vendría.
Un latigazo le devolvió el furor de la sangre al cuerpo, el sádico monarca se deleitaba esperando su reacción, más solo conseguía frustrarse más, pues de la boca del príncipe solo un gesto retador le saludaba. Lo intentó una vez más, embravecido, manchando su propia cola blanca con la sangre del guerrero hasta sentirla humedecida y goteando, llevando un escozor repulsivo ante tal consecuencia.
– Simio asqueroso – le gruñó sacudiendo el liquido vital del odiado cautivo de su apéndice – Tu castigo servirá de ejemplo a todos esos rebeldes, que tienen tanta fe en tu raza, les demostraré lo que realmente son, lo primero que se toparan será la piel del único descendiente real de ustedes bajo los pies de mi trono– le sonrió poniéndose a su alcance, hasta casi estar a unos centímetros de esos colmillos que exhalaban un vaho de odio, en medio de esa habitación inusualmente fría en la que lo torturaba – no puedo creer que te atreverías a desafiarme de este modo – continuó en rasposo bramido apenas audible debido a la furia contenida – incluso a creer ¡Que no me daría cuenta de lo que tratabas de esconderme! – lo latigueó un par de veces más bañando el piso de ese rojo intenso.
Vegeta cerró los ojos, concentrando toda su energía restante en no dejarse vencer, el dolor se estaba volviendo una pesada carga que sobrellevar, sentía la piel abierta gritarle, pero resistiría ¡Vaya que lo haría! Aunque esos fueran sus últimos momentos no caería en su juego.
Recordó el mantra más repetido a lo largo de su vida, lo que su maestro Turmer dedicó antes de morir
– Príncipe – murmuró entre la evidente desesperación del niño –… sin miedo –
Sin miedo.
– Algún día, que quizá no sea este…– pausó para deleitarse en la mirada retorcida de incomprensión del icejin – vas a encontrar tu irremisible fin bajo las manos de un saiyajin–
Gatillando la ira de su captor, sonrió triunfal a pesar la golpiza que subsecuentó sus osadas palabras. Después del desenfreno de su tétrica locura, se detuvo a pensar en una nueva estrategia, evidentemente la actual no estaba funcionando y ese mono acabaría perdiendo la vida más pronto de lo que deseaba prolongar la humillación. Pasó la mano por su cuello sosegándose a sí mismo.
– Me sorprende, sin embargo…– colocó la mano en su propio mentón, divisando cada movimiento de su némesis en todo sentido – que no aprendieras la lección que con tanto esmero te he enseñado – le levantó el rostro para verlo sin interrupciones – te dije…que nunca mantuvieras apegos– el príncipe le retiró el rostro bruscamente, sabia a lo que se refería e incluso para sí mismo era un ultraje jamás experimentado, la razón por la que perdió el triunfo de coronar su venganza.
– He de agradecerte que hayas hecho esta situación aun más entretenida para mí – palmeó su cabeza un par de veces retirándose un poco – voy a divertirme en grande con el resultado de tu estúpido desliz–
El saiyajin no mostró signo alguno de preocupación o atisbo de entendimiento. Freezer mantuvo su postura unos segundos más y se aproximó de nuevo intuyendo lo que sucedía, cerró los ojos dando un suspiro burlesco – tal vez no sea el momento de sacarte de esa ignorancia…pero tu falta se cobrará, al igual que la extinción de tu insufrible especie– golpeó su costado, sacándolo del trance al sumir sus costillas sin miramientos. En medio de su tortura se acercó tímidamente a su oído– tengo un descubrimiento en Quadrvum, que me llevará a la gloria sobre todo este imperio, eres el primero en saberlo – sonrió malicioso continuando su golpiza– pero es una pena que no vivirás para contarlo –
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La enorme plataforma de aterrizaje recibía los sobrevivientes de la batalla en Nayame. Una a una ingresaban en estado de alerta, los oficiales de resguardo ayudaban a la señalización y enganche de los transportes más grandes, bajaban de la plataforma dispuestos a enfrentar la amenaza silenciosa que como un virus infectaba a una de las naves sin conocer cuál.
Todos habían escuchado la temible grabación a bordo un asalto a bordo, disparos y el silencio fue cimentado en pocos segundos después del despegue. Posteriormente la comunicación se cortó.
En despliegue de defensa de formación diamante, rodearon la última nave en ingresar levantando todas las armas y energías contra el inanimado objeto. El sonido hueco de los gatillos apuntando, era lo único que coronaba los segundos de incertidumbre. No importaba la especie, el nerviosismo estaba presente en cada semblante.
Llegando a su destino, la última nave realizó un descenso poco agraciado, los metales del fuselaje rozaban con los de la plataforma encendiendo chispas en el camino. Cuando se detuvo, la plancha de descenso se abrió lentamente, la formación tomó postura de defensa, esperando la amenaza con todo el arsenal dispuesto. Escucharon los primeros pasos acercarse.
El tiroteo comenzó.
Todos y cada uno de los integrantes de la plataforma dispararon en una ronda interminable de impactos de energía contra los posibles intrusos, el sonido de los blasters y las descargas ensordecía todo el rededor y el humo producido de la combustión de descargas sobre el material, se apoderó de la escena, nublando todo a su paso.
Cuando hubieron incitado los ataques más violentos, se detuvieron, solo para comprobar con la multitud de rastreadores que los sujetos seguían vivos y de algún modo, parecían poseer insignificantes montos de poder de pelea.
Los vieron descender sin un rasguño. Y sus peores miedos tomaron forma.
– ¡¿Quiénes son?! –
Una de las voces entre la multitud interrogó, las piernas de los presentes temblaban sin control. Al descubrir los atributos y coloración de los sospechosos, las dudas cobraron aun mas fuerza.
Tarble se lanzó al ataque, rápido y eficaz evadió cada disparo asestando una siesta involuntaria a todo enemigo en su camino, Gokú permanecía en el perímetro de la nave evadiendo y limpiando de amenazas el complejo, al ser un espacio reducido para la multitud, la tarea era relativamente fácil.
– ¡Iré a rescatar más prisioneros! – entre el barullo de la zona de fuego el saiyano menor indicó a su congénere.
Mas una onda mortal silenció todo movimiento, la lluvia de disparos rojos acertó a cada blanco a la redonda, dejando en pie solo a los intrusos que se atrevieron a ingresar sin consentimiento.
– Vaya, vaya – emitió con evidente desgano – parece ser que hoy será otro día ocupado–
Tarble se congeló, moviéndose instintivamente hasta estar cerca de su aliado. Finalmente, después de tanto tiempo, se encontraban frente a frente con el terror más conocido en la galaxia.
Gokú miró con atención la escena completamente indignado, la sorpresa de la magnitud del poder del sujeto frente a él, era abrumadora, pero esa emoción era nublada por el terrible acto de crueldad, efectuado en solo un instante, masacró su propio ejército sin vacilación. No había palabras suficientes para denominar ese acto de abuso.
– ¡No tenías por que matarlos! – recriminó colocándose frente a su enemigo. Retándole con la mirada sin perderse un solo movimiento. La ansiedad e ira corriendo por sus venas.
El lagartoide bajó el rostro, sonriendo cálidamente para erguirse con el mohín más frio que alguna vez gesticuló.
– Que te sirva de lección– canturreó – ahora sabrás con quién estás tratando–
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– ¿Pero qué es lo que está sucediendo? –
La escuálida figura de uno de los líderes de escuadrón Reikoseijin, hacia entrada a los grandes ventanales de la sala de control en el ala de mando de la estación espacial rebelde. Se acercó al resto de líderes de la enmienda, que distraían su mirada en ceños de notoria preocupación. Debajo de ellos, observaban el desfile interminable de naves aliadas de diferentes formas y tallas orbitar el planeta Tierra, el despliegue a modo de invasión, estaba levantando más de una contraparte nerviosa.
– Parece que tenemos problemas con la negociación – Kurat tomó la palabra respondiendo al intruso.
– ¡ Cielos si no fuesen tan absurdamente primitivos!– uno de los oficiales reptiloides tamborileaba los dedos en sus antebrazos, claramente inconforme.
– Era un riesgo calculado– Kurat intentó apaciguar el ánimo creciente, mas el movimiento errático de los transportes, le aseguraba que más de un líder estaba perdiendo la paciencia.
– Deberíamos solo entrar– el delgado reiko sugirió con una mueca de hartazgo– no tienen armamento avanzado y no estaremos en riesgo real–
– No causaremos un estrago – Kurat le silenció sin voltear.
– No resistiremos mucho tiempo sin provisiones– una de las guardianas de Arame insitió
– Debemos esperar solo un poco más– una vez más el capitán intentó razonar con el grupo – la estación tiene suficiente almacenamiento para un año– apremiaba al resto a asentir.
– ¿Y qué haremos?, la estación no tiene suficiente espacio para todos los refugiados– el reptilesco soldado enunció.
– Quizá si no hubiesen insistido en guardar toda una sección para ese bastardo– los ojos fríos del reiko se posaron en la sección improvisada que resguardaba al único prisionero gigante.
– ¿Y qué sugieres?– Kurat se acercó a él totalmente exasperado – ¿una ejecución?– le retaba a sugerir ese acto indecoroso frente al resto.
– No tiene ningún sentido tomar prisioneros– el reptiloide tomó su defensa – ¿qué información nos darán? ¿El plato favorito de Freezer?– se burló sin temor a ser juzgado. Realmente todos estaban hartos de las decisiones unilaterales del consejo, por mucho que antes les hubiesen ayudado.
– Comienzas a hablar como uno de ellos – la ayudante de Arame le reprendió sin miramientos. El silencio sobrevino a la afirmación, todas las partes titubeando su próximo comentario.
– ¡Ninguno de ellos dio oportunidad a los nuestros!– finalmente el soldado reiko perdió la paciencia, tanto recato, tanta sutileza en la toma de decisiones, todo era un caos de finalidades ridículamente cobardes – ¡¿por qué habríamos de darles lo mismo?!–
– Porque eso es lo que nos hace mejores– Krillin ingresó llamando la atención de todos, que en un movimiento uniforme quitaron sus vistas del camino sumamente avergonzados. Después de un tiempo considerable una tímida voz se decidió a hablar.
– Mírennos– la fémina suspiró – estamos invadiendo un planeta en la misma forma que esos demonios, mostramos agresiones absurdas entre nosotros –
– ¡Basta!–el joven reiko se aproximó hasta Kurat desafiándolo – esto no es una negociación– gruñó saliendo del recinto con fuertes pisadas – ES UNA GUERRA–
– Si– Krillin le siguió – una de la que este planeta no sabe absolutamente nada– y rebasando su salida le dedicó una atinada mirada recelosa, aunque fuesen sus nuevos aliados, la tierra siempre sería su prioridad, era mejor dejar en claro cuales serian las consecuencias de sus acciones egoístas.
…..
– Puedo escuchar el descontento hasta este lugar– sentado sobre sus talones Nappa disfrutaba de la ruidosa conmoción en el ala de mando.
– No hables de lo que no comprendes– Piccolo, quien seguía de cerca sus movimientos le reprendió sin mirarle, intentaba realizar entrenamiento meditativo sin embargo las mismas dudas del resto le asaltaban por igual. Se avecinaba una avalancha de problemas.
– Pronto se les escapará el problema de las manos y estas primitivas cosas no servirán para impedir todo lo que les haré– señaló sus aditamentos, visiblemente irritado.
– No estés tan seguro– Sentado en el borde de la celda, el Namek disfrutaba deshacer sus ínfulas de grandeza – te encontraremos un acomodo más apropiado pronto– se burló, escuchando la garganta del calvo retumbar con sumo descontento.
– Puedo deducir que no son una civilización desarrollada– llevó los brazos a su nuca desplomándose – ¿que esa ridiculez que porta ese gusano?– señaló la llegada de Yamcha, haciendo mofa de su atuendo. ¿Qué clase de ente andaba por ahí sin un traje de batalla apropiado?.
– Quizá por ahora no estemos a la altura– entendiendo la alusión del comentario, se atrevió a responderle – pero tenemos genios tecnológicos, que no tardaran en descifrar una mejor forma de hacer más entretenido tu encierro, si sigues antagonizándonos – confiado y cruzado de brazos, se acercó a la celda de contención sin temor alguno.
– ¿oh si? – Con la voz más molesta que se le ocurrió, continuó su discusión – ¿y por qué molestarse hasta ahora?– la evidencia de la improvisación en su cautiverio, no daba buenas referencias a su capacidad de réplica. Eran visiblemente menos avanzados que las tropas de Freezer.
– No teníamos pensado tomar prisioneros– el guerrero de la cicatriz se defendió una vez más.
– ¡Vaya genios brillantes! que ni siquiera han notado que esto es una guerra– la carcajada grave, llegó hasta las comisuras del orgullo de los terrícolas – y en sus estándares endebles, la toma de prisioneros es una realidad…– se levanto poniendo menor espacio entre ellos – ¿me equivoco?–
Yamcha temblaba los puños, estaba harto de las acusaciones venenosas de ese sujeto, todos los días encontraba nuevos métodos de llegar hasta los límites de su paciencia, a pesar de que objetivamente, esa raza inferior de la que hablaba era la que lo tenía prisionero.
– Cuando ella regrese– le retó con una gran sonrisa – veremos quien ríe a lo último–
– ¿Otra criatura patética? – El tono infantil de la pregunta, clavaba los últimos trozos de paciencia a un peligroso precipicio – tengo en mente un mejor trabajo que una hembra podría hacer– movió la lengua lascivo provocando una vena brotar en la frente de su oyente.
– ¡Cállate maldito salvaje!– Yamcha pateó el borde de la celda, alejándose lentamente.
– ¿Toque un nervio sensible?– el acto no paso desapercibido para el saiyano – ¿Esa perra es de tu propiedad?– Continuó tirando de su nueva herramienta de molestia – tal vez, realmente necesite conocerme para saber lo que es un hombre de verdad– mostraba los colmillos divertido.
– ¡¿Cómo te atreves?! – viró enfrentándolo de nuevo. Piccolo rodaba los ojos, con los dedos colocados en la sien ante la situación tan predecible ¿Cómo era posible que ninguno de ellos fuera consciente de lo que ese mastodonte infantil intentaba? Previniendo que el estúpido humano se pusiera al alcance, se levantó dispuesto a servir de barrera.
–Espero que por lo menos valga una buena revolcada– Nappa tomó una mano, realizando un irreverente movimiento obsceno masajeando su sección baja. Mordía su labio, disfrutando el rostro lleno de repulsión del fastidiado humano.
–Guarda silencio– Krillin ingresó terminando el intercambio grotesco – Bulma es una de las mejores genios de la tierra– dijo mas para apaciguar a su compañero, que como explicación al desfachatado saiyajin necio.
Escuchar ese nombre, trajo de vuelta los recuerdos de la mujer que insistía poseer ese nombre en cada ocasión que la nombraban, recordó su relación con los terrícolas en el planeta Namek y ató cabos de todo lo que había sucedido en la base cuando desapareció. Seguramente Vegeta también le habría hallado esa utilidad de la que sus camaradas alardeaban, ahora todo tenía sentido.
– No le presten atención imbéciles– Piccolo los sermoneó, haciéndoles ver el error en el que estaban cayendo inútilmente – solo está tratando de provocarlos ¿No lo entienden?–
– Espera maldito enclenque– Nappa se acercó con genuina curiosidad, levantando las manos a modo de tregua – ¿Bulma… la revoltosa de cabello azul?–
– ¿Cómo? – la especificidad de esa característica llamó la atención del humano más alto – ¿Que dijiste? ¿La conoces? – la ceja sumamente arqueada le dio al otro la clave para continuar con su retorcido juego.
– Ahora lo entiendo– se cruzó de brazos – esa maldita bruja quería escapar a este planeta–
– Estas engañándonos– Krillin le enfrentó – solo la viste con nosotros en la pelea de Namek– intentaba descartar ante su amigo, la posibilidad de que realmente hubiese convivido con ella.
– ¡Claro que la conozco!– aseguró altivo – Criatura débil, irritante y bravucona, como de esta altura con una capacidad infinita de buscarse problemas– gesticuló satisfecho los detalles que acabaron de convencerlos.
– ¿Dónde está? – Yamcha insistió con los ojos bien abiertos, quizá ese ser podría darles información útil después de todo. Viéndolo meditar sus opciones y permanecer en silencio por un largo rato se desesperó – ¡vamos hace un momento no cerrabas la boca! –
– No lo sé– se encogió de hombros con desinterés y regresó a su sitio.
– ¡explícate! –
– Lamento decepcionarlos pero – pausó con vehemencia – aunque es una verdadera perdida... ese lindo trasero ya debe ser polvo espacial– se detuvo a contemplar el producto de sus palabras.
– Dinos lo que sabes– Piccolo demandó realmente interesado – si lo haces, me asegurare de que tu celda permanente tenga por lo menos alimañas más pequeñas– se burló intentando hacerle perder la ventaja del juego.
– Solo lo haré, por la oportunidad que representa ver sus caras destrozadas– mordió el anzuelo provocando a sus captores – el príncipe Vegeta la secuestró de la base, o al menos eso dicen los rumores…y hace tiempo de eso– se posó despreocupadamente cerca del trío – si no ha regresado a ustedes, supongo que adivinan lo que hizo con ella–
– No puede ser– Yamcha se rehusaba a creer que estuviese muerta– ella no se rendiría tan fácil–
– No conoces a Vegeta– insertó la duda en la mente de sus enemigos – a estas alturas, hizo lo que debía hacer con ella e indudablemente la eliminó– soltó una odiosa risa dúctil – seguramente también se haya divertido– meneó las caderas imitando movimientos sugestivos que todos los presentes reconocieron – aunque les confieso, esa perra insaciable disfrutaba del trato rudo del príncipe, si entienden a lo que me refiero– sonreía gustosamente perverso.
– ¡CÁLLATE YA MISERABLE BASTARDO! – fuera de toda razón, el ex guerrero del desierto se lanzó hasta la celda siendo detenido a tiempo por su amigo antes de caer en las garras del expectante Nappa listo para recibirle.
– ¡Tranquilízate Yamcha!– Krillin lo contuvo en el suelo intentando sosegarle.
Las carcajadas sonoras de Nappa fueron interrumpidas por el capitán Kurat que sin comprender lo sucedido puso fin a la ridícula escena.
– Ustedes– les llamó – necesitamos su ayuda–
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No había forma alguna de aliviar la tensión creciente. Los dos grandes rivales destinados a combatir por fin, uno frente al otro, épica batalla de proporciones míticas.
– Tarble– llamó a su copiloto – busca a los sobrevivientes, váyanse– fue su única orden de una seriedad completamente inusual en él, la fluctuación de poder podía sentirse en todo su esplendor.
Freezer, resguardado en su sutil figura contemplativa, analizaba uno a uno los rasgos de ese osado retador desconocido. No poseía una cola, pero podía jurar que se trataba de un saiyajin, el mismo del que todo ese tiempo escuchó hablar y ahora por fin se encontraba de frente a su odiosa estampa.
La exacta movilidad en su estrategia era el atributo que mejor le caracterizaba, no inició el primer intento de ataque, solo limitándose a percibir el estado en demasía confiado de su auto-declarado rival. Solo el sonido circundante del retumbar espacial, las tropas de asalto regadas por el suelo del hangar y la única figura en pie, le otorgaba espasmos de curiosidad casi incontrolables. ¿Cómo era posible que ese ser hubiese escapado a su tan bien efectuado exterminio? Por su físico, podría jurar que se encontraba en una etapa de adultez definida, quizá uno de los últimos en nacer en ese odioso planeta. No podía evitar preguntarse si habría otros en ese estado anónimo, ¿Dónde estuvo ocultándose todo ese tiempo? La interrogante en su semblante fue desterrada cuando vio al saiyano menor alejarse, llevando consigo un pequeño bulto que se escondía tímidamente junto a otro párvulo, solo que la naturaleza de lo que contemplaba era imposible ¡¿otra cría saiyajin?! ¡Esos bastardos se estaban reproduciendo contra todo pronóstico!
– Inmundas plagas promiscuas– levantó su índice disparando un fino rayo rojo contra el trió de evasores.
Mas en menos de una decima de segundo, su rival desviaba el disparo con la muñeca.
– No tendrás una sola muerte mas en tu cuenta Freezer– la voz varonilmente grave del sujeto en el gi le amenazó.
El tirano ladeaba el rostro sorprendido, ¿Es que todas esas criaturas inferiores habían decidido irritarle con la misma actuación una y otra vez? Tenía que terminar con ese ciclo de una buena vez.
– Solo me falta una para cubrir mi cuota diaria – la mofa en su insulto levantándose insolente contra esa aseveración – la tuya–
Se lanzó al ataque, ambos impactando el antebrazo a mitad del rumbo a la pelea, la onda de choque convulsionó los cimientos de la estación, el nivel de fuerza no cedía ante ninguno, hierro contra hierro, delusoria imagen de dos monstruos de fuerza enfrentándose.
La colisión de golpes era sonora hasta los últimos rincones de la nave. Freezer doblo un latigazo de cola al costado, atinó el movimiento lanzando a su oponente lejos regreso con el codo por delante incrustando un gancho derecho al rostro, que le tiró la vil risa del rostro. Intentó un nuevo asalto, las paredes metálicas vibraban sin control.
– CUÁDRUPLE KAIOKEN– Se rodeó de su mejor arma dispuesto, un conjunto de patadas mortales retomaron vuelo, pero fue sostenido sin mayor complicación.
Apartándose el tirano limpió la herida reabierta en su boca, miro su sangre con detenimiento y con seriedad anunció:
– Es hora de dejar los juegos –
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Tarble entendió que no quedaba mucho tiempo, ante los embates de ambos contra la fragilidad del complejo. Cargó en un brazo a la pequeña y corrió seguido de Gohan, intuía donde se encontraría la sala de mando, puesto que Freezer gustaba de mantener la misma estructura arquitectónica en todas sus bases.
– ¡Gohan debes ayudarme! – le habló al pequeño intentando quitar el temor increpante de su cara. Bloqueaba y noqueaba a todo soldado encontrado en el paso, mas el trabajo de hacer todo por su cuenta era demasiado riesgoso.
Llegaron a una de las estaciones de mando, bloque pequeño de materiales blancos relucientes, bloqueó la entrada, se dispuso a descargar los códigos de prisioneros en el área, para su sorpresa había dos presencias que no esperaba encontrar y robaron su atención al instante. Nervioso, desglosó la información hasta dar con el sector de celdas adecuado, divisó una nave de escape en la plataforma oeste, muy cerca del sitio donde se encontraban.
– ¡Gohan! – Llamó al pequeño instruyéndole, el inseguro infante se acercó – ¿ves esto? – pregunto dando espacio para acercarlo al panel al mismo tiempo que el joven asentía – debo ir a rescatar al resto de nuestros aliados, pero tú debes resguardar esta puerta con tu vida– se agachó tomándole los hombros al percibir la ferviente duda en esa sentencia– te daré un intercomunicador y pulsarás este botón cuando salga, regresaré de inmediato si algo ocurre– lo vio encogerse sumamente inseguro y supo que debía hacer algo mas para persuadirle de modo más apremiante
– Gohan eres el único que puede ayudarme ¡hazlo por tu padre! Es la única forma de salir de aquí– se detuvo un minuto en su campo visual y logró convencerle con una falsa valentía emanante del más joven. Otro crepitar de los cimientos le indujo en la premura de un despegue inmediato. Buscó debajo de los bloques de pequeños aparatos exquisitos. Colocó un pequeño auricular en la oreja de su aliado llevando otro consigo .posándose en la puerta cerró tras de sí y salió del recinto volando en dirección a su objetivo.
– Gohan destruye las secciones de control C4 y M2 – ordenó permaneciendo oculto en la esquina de los cuarteles de prisioneros, escuchó el movimiento del otro lado asumiendo que buscaba lo solicitado– son las luces verdes del tablero, están numeradas en signo intergaláctico – el nerviosismo de la situación le hacía redundar en lo obvio, espero pacientemente, hasta que escuchó la detonación minúscula y vio extinguirse la luz de funcionamiento. Corrió tirando de golpe una de las puertas atascadas. Ingresó con torpeza y el hedor de las rejas casi le hace volcar el poco contenido estomacal. Se acercó inspeccionando, pero los vió sin mucho esfuerzo
– ¡Oye! – la rasposa voz lo llamó – muchacho ven aquí, sácame de aquí! – lloriqueaba, extendiendo el delgado brazo a través de los barrotes de la celda rudimentaria.
– Satan – le reconoció – desactivó el seguro manual ayudándole a salir. Su estado anémico era testigo exagerado de todo lo que debió soportar, apenas era reconocible – ¿dónde está el resto? –
El silencio de su oyente delató lo que más temía. Siguió con los ojos el rastro del único sobreviviente que quedaba en la celda. Tarble se apresuró al sitio.
– ¡Teniente Azuki! – le llamó abriendo de golpe las barras de la prisión, los nauseabundos pisos ennegrecidos por la suciedad de los cautivos, eran indigno cautiverio para sus caído camarada que ni siquiera parecía reconocerle al momento de acercase, desorientado y sucio con los huesos visibles del estado de decadencia avanzado – Tranquilo amigo, ya estas a salvo – se acercó levantándolo con sumo cuidado. Lo cargó en ambos brazos indicando al otro que le siguiera.
– Gohan – llamó una vez más – ¿Cuántos guardias rodean el bloque C4? –
– No están cerca – afirmo la vocecita – pero algunos van hacia alla –
El joven saiyano despegó en carrera apresurada con los dos guerreros sujetos, azuki en su hombro y el segundo colgado en su brazo, intentaba moverse sin poner aun más en riesgo la salud de ambos. Se escondió por los pasillos, deambulando como sombra indetectable hasta estar de vuelta.
– Abre la puerta – dio la orden a su pequeño espía. Ingreso con cuidado a ambos – debo ir por alguien más – dijo al único consiente de ambos – si no regreso huyan por el hangar oeste, una nave desbloqueada se encuentra sin guardia – El otro solo asintió cerrando al instante.
Las alarmas de la comprometida estructura sonaron desatando el caos, voló ágil traspasando con velocidad cada obstáculo hasta poder llegar a lo que con tanta desesperación buscaba. Escuchó el sonido seco de dos guardias ser noqueados bajo su palma y en una sola patada destruyó la puerta.
Y la pudo ver. Se congeló al reconocer la silueta de la persona que no pensó volver a encontrar.
– ¡Bulma! – sin pensarlo se arrodillo e abrazo levantándola del frio suelo donde permanecía dormida.
– ¿Tarble? – confusa se retiró levemente de él, sin poder del todo reconocerle, ¿le jugaba su mente una broma? Lo veía más alto que la última vez que estuvo junto a él, realizó una mueca de dolor apartándose en definitiva, sentía las contusiones doler bajo ese inesperado abrazo demandante – ¿Cómo es que…? – no comprendía la razón de su presencia.
– ¡Estas viva! – Con gran alegría la levantó bruscamente, sacándola de ese horrible lugar, reconocía a la perfección las celdas de aislamiento, sabia del atroz tratamiento que debió recibir – debemos darnos prisa, Gokú está peleando con Freezer! –
– ¡¿Goku?! ¡Esta aquí! – saltó incrédula regresando a su estado normal. Por fin la luz de esperanza en todo ese tormentoso camino
– Lo explicaré después – la elevó una vez más sobre si, enfilando a la salida – el bloque de máxima seguridad fue deshabilitado por un momento, pero no tardaran en descubrirlo –
– ¡No! ¡Espera por favor! – Dio un golpe en el hombro del joven haciéndola tocar el suelo de nuevo. La vio correr a los holográficos de su celda, inscribiendo uno de los códigos robados durante su estancia para obtener información.
– ya he revisado eso. Gohan está supervisando en la red de vigilancia– insistió apremiándola a salir, no sabía con cuanto tiempo contaban antes de poder abandonar la nave intactos.
– ¿Gohan? – Pregunto dudando seriamente de lo que acaba de escuchar – ¡GOHAN! ¿DEJASTE LA MISIÓN A UN NIÑO DE CINCO AÑOS? – Le jaló del cuello indignada
– Bulma…– Tragó en seco dilucidando como diría lo que acontecía, era obvio que no había sido conciente del tiempo que había transcurrido hasta ese momento, no sabía si era causa de alguna lesión o a su prolongada estancia en la base de Freezer – Gohan tiene siete años terrestres…o un poco mas– se encogió de hombros notando la alterada reacción de la chica. La serie de cambios forzados en todo el tumulto que constituyó su aventura, le había quitado por completo la noción del tiempo. Llevó la pálida mano a su frente, haciendo recuento de sus cálculos, ¿Cuánto tiempo tardaron en rescatarla?. Frenó sus conjeturas, ya sería tiempo de reclamos después.
Volando en pedazos la sección aledaña, Tarble disparó enfilándose hasta la salida. El temblor subsecuente, le alertó que la ruta antes tomada estaba a punto de colapsar. La apartó del camino en el momento preciso que los metales se fundían, en estela de destrucción, el otro saiyajin volaba entre los pedazos junto con los restos de la sección.
– ¡Eres un miserable gusano! – el tirano perseguía a su víctima cubierto de infames heridas de batalla, incrementaba su fuerza exponencialmente haciendo uso de todo el poder de su estirpe – ahora si conocerás lo que es el dolor! – retorcía los crueles ojos en demoniaca estampa, mientras con horrendas palpitaciones sonoras, conseguía cargar todo su poder.
El curso de sangre en su boca igualaba el color del aura del saiyano, la rigidez en sus músculos desgarraba los restos de su traje de combate, estaba al límite de su resistencia, era hora de hacer el último intento por recuperar el milagro de una ventaja.
– VIGÉSIMO KAIOKEN– La última carta irrealizable estaba jugada y de un ataque lanzó al temible demonio del hielo con la cabeza, demoliendo las pesadas vigas del material de la nave.
– ¡GOKÚ! – Gritó la chica al verle perderse en el amasijo de metales y circuitos.
– ¡Ya no hay tiempo Bulma! ¡SIGUEME! – Su rescatista jaló su brazo llevándola en dirección contraria a otra de las naves, tenía que ponerla a salvo antes de que todo terminara – ¡Gohan váyanse! Váyanse ya! – gritó apagando el intercomunicador.
…..
Todas sus lesiones clamaban, corroían su fuerza como nunca lo había experimentado, ni en sus años mas mozos imaginó encontrar semejante pelea, mas la naturaleza de su oponente no era disfrutable, el sujeto exudaba maldad pura, conjunto de emociones negativas que empañaban la gloria de la fuerza que poseía, a pesar de que era lo que buscaba, no disfrutaba ser el cobrador de esa venganza.
– ¡Levántate maldita bestia insipiente! – rugía descolocado intentando propinar un rodillazo sobre su vientre. Gokú se levantó en el acto esquivando por poco el atentado. El sudor brotaba profuso traicionando su cansancio, sus movimientos siempre certeros estaban fallando cada segundo extra que permanecía en pie, ciertamente era un oponente formidable.
Se colocó por detrás, atestando severos ganchos a sus riñones, el espacio visual se nubló de golpe para el infortunado héroe. Sintió la cola de su rival atascarse en su cuello, asfixiándolo mientras daba estocadas de dolor a su espalda baja.
– ¿Esto es todo lo que tienes BASURA? – se burló ásperamente, la impecable dentadura regalando la sonrisa mas torcida y sádica disfrutando de la tortura prolongada que le asestaba.
Con una última descarga emitió una patada girando boca abajo y se liberó. Mas su estrategia no fue suficiente cuando ya sobrevenía el contraataque, ambos puños sobre su cuello derrocando su vuelo de un golpe. Colocándose sobre el posó su extraño pie sujetándole el cráneo haciendo suficiente presión para hacerle gritar.
– Hasta nunca maldito saiyajin– susurró a su oreja deleitándose en la pérdida gradual de sus ansias de pelea.
…..
– ¡Detenganse! –
Se escuchó la orden al cortar la comunicación con el resto, el soldado cayó desmayado de un solo golpe. Tarble se levantaba en el acto después de neutralizar a su víctima. Con señales indicó a su acompañante la ruta a seguir, sin embargo al no escuchar los pasos esperados, cayó en cuenta de lo que estaba pasando.
– ¡Tiene que ser una broma! – gruñó tomando velocidad para regresar por donde había llegado.
Bulma corría con el mayor sigilo y rapidez que ambas acciones permitían entre ellas, se detenía a momentos inspeccionando los alrededores, las alarmas incesantes no le dejaban pensar con coherencia, pero sentía que quedaba poco tiempo para poder realizar lo que tenía en mente. Esperaba encontrarse en el pasillo correcto, pese a su memoria exacta, intuía que la necesidad de un mapa era absurda para el tipo de tripulantes de la nave. 'hubiese robado un rastreador' se reprendió mentalmente, antes de toparse con la compuerta que esperaba fuese la correcta. El silencio sepulcral le hacía pensar que quizá hubiese cometido un error. Sus manos sudaban sin control. Con el corazón volcado y casi saliendo de su caja torácica miró en todas direcciones y corrió accionando el mecanismo de apertura, los engranes cedieron y se introdujo sin vacilación cerrando incluso antes de que estuviese completamente abierto.
Una vez dentro la escena que contempló, deslavó toda seña de seguridad en su cuerpo. La oscuridad silenciosa del salón encubierta por un silencio pesado. Enmarcada en los fríos muros, una cruenta perspectiva grotesca de sangre, en la forma de diferentes trazos de tonalidades rojo y marrón, colores producto de su tiempo de exposición en ese horrendo lugar, el olor a hierro impregnado delatando agonía y al centro, colgado de sus cuatro extremidades, se mantenía suspendido el desfallecido objeto de su búsqueda, al cual se descubrió contemplando con los ojos abiertos al máximo, una insistente punzada en el estómago se anidó en su ser, imposible de acallar.
Regresando de la turbadora escena, vislumbró entre los rayos de luz que penetraban la densa oscuridad, el panel de control de la cámara. Se acercó al tablero y presionó uno de los códigos logrando que las cadenas descendieran hasta que los pies pisaran el suelo, temerosa, se aproximó a una distancia segura y sin más opción se aventuró a comprobar su lucidez y despertarle.
– Ve…¿Vegeta? – dudó extendiendo tímidamente la mano. El prisionero estaba cubierto en visibles heridas que escandalizaban su preocupación creciente ¿Cómo podría seguir vivo después de eso? comprobó que el cuerpo frente a ella aún emanaba calor. Las pesadas gotas de su sangre estaban coaguladas como perversas decoraciones de batalla en su piel. Sintió un profundo dolor nacer.
Alcanzó algunos de los mechones de la cabeza decaída, mas su sangre se congeló al momento de descubrir esos terribles ojos negros abiertos, devolviéndole la vista. Instintivamente se tiró hacia atrás justo a tiempo para evitar una tosca embestida del saiyajin aún contenido, al contrario de su fuerza, su odio esgrimía un poder inmenso, se tambaleaba envuelto en su quebradiza estampa, tan debilitada que apenas podía mantenerse en pie con todo su esfuerzo para alcanzarla.
El sonido de las cadenas y la pesada exhalación le hacían entender a la sorprendida mujer, que tomar un paso más le costaría una inminente muerte. Lo vio caer en una rodilla, impidiendo las cadenas en sus muñecas que se estrellase contra el suelo, se levantó una vez más dándole cara.
– Yo…yo – musitó insegura, el verle en esas condiciones, el sentir todo ese profundo rencor en ese extraño vínculo, el tormento que atestiguaban las paredes de esa pesadilla. Todo fue demasiado.
Se desplomó en cuclillas, contuvo la amenaza de un llanto incongruente ¿Qué podría decirle? ¿Cómo iba a eximir su culpa después de la apabullante evidencia en su contra? ¿Quién creería que esa jamás fue su intención? Que el solo verle así le hacía querer regresar en el tiempo para evitarlo. El tiempo seguía corriendo y comprometiendo su rescate planeado. sabía que no tenía más opción que actuar afrontando la posibilidad de ser lesionada, pues para su desgracia, necesitaba liberar esa culpa, tenía la firme necesidad de arreglarlo, no podía dejarlo morir, simplemente no podía hacerlo.
– No espero que entiendas mis motivos– inició sin darle la cara, las lagrimas habían comenzado su camino y no dejaría que encontrara esa debilidad en ella. A pesar de lo que ya comenzaba a tomar conciencia en su pensamiento, no podía dejar de exhibir su orgullo frente a la criatura que quizá no merecía esa lealtad, pero que por alguna razón su ser se empeñaba en dársela.
– Jamás quise que esto sucediera– insistió temblando la voz ante esa desastrosa consecuencia– Lo… lo siento en verdad. Era mi deber proteger mi planeta. No podía dejar que destruyeras mi mundo, aunque amenazaras, aunque incluso me asesinaras, aunque– frenó la insistente charla cortando el poco tiempo que ya le quedaba– aunque ahora sienta lo que siento por ti – pausó arrepintiéndose de lo dicho. Lo vio estático, imperturbable con ese semblante sombrío incorruptible y el ceño profundamente fruncido – Nunca lo entenderás…pero saldaré mi deuda – se puso en pie aproximándose, a la muda de rabia, fiera saiyajin – Voy a liberarte…– Temblaba, la indecisión estaba borrada y era remplazada por una intensa emoción que no podía describir con palabras. Por mucho que lo negara, sabía que no podía hacer nada para cambiarlo, ahora sabía que a pesar de todo, de una forma casi imposible de creer, fatalmente ella se había enamorado de él.
Lo observó tirar torpemente, una vez más de las cadenas, pero entre su cansancio, también percibió la duda, la duda interminable de aceptar esas causas, la duda en sus intenciones homicidas, la duda en su propio código de honor, pues si se hubiese hallado en esa situación, no estaba seguro de que no hubiese hecho exactamente lo mismo. Sin embargo era aun mayor la cólera que su empatía, no justificaría una traición como esa, absolutamente no podía aceptarlo.
La vio tomar la iniciativa. Su actitud era bizarramente serena, dio tres pasos adelante hasta ponerse de lleno frente a él. Exponiéndose totalmente vulnerable y sin miedo. Lo sintió resoplar con intensidad, sin quitarle un segundo la vista de encima con esa amenazadora estampa que le sostenía.
– Jamás te agradecí por todas las veces que salvaste mi vida– posó la mano sobre su mejilla con gentileza – Gracias por… todo– de un súbito impulso, arrojó sus labios sobre los de él. Salvaje, primal exigencia, lo besó con tanta fuerza, que le hizo retroceder estupefacto, imposibilitado en vigor, no comprendía la razón de ese hecho, le sometió en desavenencia la entrega de ese gesto apasionado, ella se fundió en su boca sin recato, reconociendo y aceptando cada emoción en su alma; absorbió cada roce, la cálida conmoción, su seductora esencia. La intensidad cruda de la sensación lo cegó de momento, contra todo pronóstico posible, él sintió sus propios ojos cerrarse, bebía de la saña y el brío de un deseo que jamás reconocería, historia de una pasión amordazada, le correspondió devorándola al mismo límite, incluso contra su misma ira desmesurada.
El ímpetu que desencadenó, parecía imposible de parar, tregua de dos titanes consumidos por el fuego de sus propios temperamentos, el último vistazo de un eclipse prohibido, ella se aferró a él como flama enfurecida ante ráfaga del viento. Sentía entremezclada su rabia, el odio, la necesidad, zozobra de un tormento indescifrable y de lo que sabía muy bien, jamás podría llegar a ser. Gloriosa despedida de una leyenda imposible. Lo soltó de forma tan fugaz como lo inició, intrépida acción de su propia conducta, fijó sus ojos sobre el otro, ambos perplejos, ambos sin nada más que decir.
El rugido descomunal de la estructura de la estación, avisó que el tiempo se había terminado. Se encontró de nuevo con la intensa mirada del príncipe y de dos movimientos, lo liberó.
Sin el soporte de los supresores le costaba trabajo mantenerse en pie, ella colocó su espalda bajo el brazo del inmensamente lesionado saiyajin. Vaciló el permanecer tan cerca y no perdía detalle de las aun claras intenciones asesinas, que permanecían tan controladas como una manada de perros rabiosos encadenados a hilos, le ayudó a avanzar saliendo ambos de la cámara, por momentos sentía que el saiyajin perdía la conciencia, el peso muerto la obligaba a llegar casi a rastras del suelo. Logró avanzar un par de pasillos con gran esfuerzo, estaba cerca de una de las capsulas de escape.
– ¡ALTO AHÍ! – les apuntó uno de los oficiales acorralándolos en el acto.
Bulma detuvo su respiración por un segundo, no podía soltarlo, no podía defenderlos a ambos. Asió con mayor fuerza a su carga retrocediendo asustada, lo sentía jadear rabioso sobre su espalda.
– ¡Malditos traidores! – Se dispuso a disparar, pero una veloz ráfaga lo silenció salvándola al último instante. Cuando descubrió de quien se trataba. Su pulso se intensificó aún más.
– ¿Qué crees que estás haciendo? – la pregunta retumbó como el reproche más amargo alguna vez expedido, tal era su repulsión y desconcierto que permanecía dándole la espalda con los puños sumamente apretados.
– Tarble…– fue lo único que pudo salir de ella, el ronco gruñido del saiyajin a cuestas la sacó de concentración, lo observó levantar la vista para encarar a su odiado ex -subordinado, sin descaro, impedido de suficiente energía para intentar hablar, solo le mostraba los colmillos en mortal mueca. Gesto fielmente imitado por el otro joven que latigueaba la cola furioso.
– ¿Qué haces con…él? – levantó la barbilla haciendo un ademán de desprecio, por mucho que lo intentara, no cabía en su mente ninguna razón válida para presenciar semejante barbarie. Esperó pacientemente la elucidación, los hombros bien levantados al igual que todos los pelos erizados de su espalda y cola, mas la respuesta anhelada nunca llegó. – ¡Es un asesino Bulma!– intentó razonar con ella, el eco del odio azotaba cada palabra que salía, sentía la incesante necesidad de saltarle encima y cobrar su venganza despedazándolo. Vegeta intentó levantarse abstraído por esa ira, las heridas precariamente cicatrizadas comenzaron a sangrar de nuevo ante ese esfuerzo sobrehumano, necesitaba matar a ese malnacido sin importar nada.
– ¡BASTA! – Le detuvo en una súplica insistente, empujó al príncipe con toda su fuerza de regreso a una de las paredes, apoyando su cuerpo con el propio, viró y detuvo al más joven interponiéndose entre ambos– ¡No lo harás Tarble! – extendió su palma casi en un ruego. La tensión entre ambos era tan densa que sofocaba su discernimiento.
– ¡¿Te has vuelto loca?! – Le ladró fuera de sus casillas – Ese malnacido es la razón por la que no tengo planeta… ¡Ni familia! – se acercó una vez más con intenciones homicidas.
– Si lo matas… nunca te lo perdonaré – fue lo único que pudo decir en su defensa. Más contrarrestando su caso, un disparo de ki fue emitido a sus espaldas, logrando el saiyajin más joven evadirlo justo antes de que le hiriera.
– ¡NO! – Bulma tomó la mano del agresor entre las suyas antes de que lo intentara de nuevo, el duro ceño enloquecido de ira, la filosa dentadura tragaba con dificultad luchando para mantener la conciencia. Resbaló en la pared sin poder sostenerse más tiempo – ¡No por favor, Vegeta no lo hagas, no lo hagas! – intentaba girar el fiero rostro hacia ella extrayéndolo del trance asesino, lo veía jadear con los ojos fijos sobre el otro.
Tarble contemplaba absorto la escena, el idéntico gesto de su congénere adherido también a su rostro mientras la veía, manchada en la sangre de su enemigo mortal, otorgándole un trato casi condescendiente, hablándole de frente como a un igual, un anhelo oscuro comenzó a encenderse, por algún motivo indescifrable, ese suceso le enfermaba, el sudor frio inició su aparición en sus palmas, lo que confundía con rabia se volvieron nauseas ¿Qué demonios le estaba pasando?
La sacudida aun más violenta de la estación, les envió a todos por los suelos. Tarble sintió la energía se su compañero de batalla drenarse a ritmo alarmante, algo había salido terriblemente mal, debía ir en su auxilio de inmediato.
– ¡Se acabó el tiempo! – la levantó del brazo de un tirón, alejándola sin caballerosidad.
– ¡Espera! – intentó zafarse, mas su fuerza no representaba ninguna resistencia.
– Los otros sobrevivientes ya se han marchado, debemos ir por Gokú antes de que esto estalle! – explicó levantándola por los aires, dejando atrás todo lo referente a ese encuentro infortuito.
Ella gritó, lo vio alejarla mientras observaba empequeñecerse la lejana imagen del príncipe herido, cerró los ojos ante el vértigo del ascenso veloz, el sonido del aire sobre sus tímpanos ensordecía su cuerpo, pero no así su mente, recriminándose no haber podido salvarlo, no haber sido suficiente, ese abrupto fin indecoroso la torturaría por siempre. 'Quería enseñarte compasión y yo misma la tuve demasiado tarde' y dejó una lagrima silenciosa resbalar como ultima ofrenda a ese episodio de su vida, un viaje de descubrimientos impensados, que finalmente quedaba enteramente atrás.
_..._
– Con esta INSIGNIFICANCIA…pretendías VENCERME! – lo pateaba regando la sangre sin control, en cólera y ofensa, insaciable lujuria por inculcar los tratos mas despreciables a sus enemigos, pero al estar tan entretenido, no notó la poderosa patada que se abalanzaba a su sien.
El impacto abrió un agujero, en la ya comprometida estructura, por el que fue arrojado el lagartoide. Comenzando una succión de los materiales menos pesados o los cuerpos inertes. Tarble se agachó hasta tocar la frente de su casi inconsciente amigo, después de salvarle en el momento preciso.
– Gokú debemos irnos– admitió con pesadez, a pesar de lo que pensaba, esa era una batalla que no ganarían aún. Su compañero se levantó sorprendiéndose por la segunda presencia ayudándole a incorporarse y a la vez aferrándose para no ser arrastrada.
– Bu…¡Bulma! – se alegró en sobre medida, posando su frente cariñosamente sobre la de ella en dulce gesto. Sin decir nada trató de alejarse – deben…irse…– les ordenó – Gohan…–
– Gohan partió con los sobrevivientes hacia la tierra – indicó el menor tranquilizándole – no hay tiempo que perder, debemos irnos! –
– ¡USTEDES NO VAN A NINGÚN LADO!–
Los tres viraron al reconocer esa voz. Los dos saiyanos intentaron posicionarse en busca de la batalla. Freezer ingreso abstraído de toda decencia en su conducta, destruyendo todo a su paso en una temible rabieta, se proyectó contra ellos siendo Tarble quien voló a enfrentarlo.
– ¡VAYANSE! ¡Goku debes vivir para vencerlo! – les gritó intentando su mejor defensa, Freezer le golpeo sin piedad, apenas era un rival, cayendo cada segundo presa de la mayor fuerza del icejin.
– ¡TARBLE HUYE! – La científica perdió la sensatez al verlo ser sostenido como un montículo de carne sin vida.
– ¡TU! – Freezer fijó su vista sobre ella enloquecido de rabia. Formó una estela roja en dos dedos y se dispuso a eliminarla.
–¡ NOOOO! – Tarble jaló su mano de inmediato, evitando el flujo de energía involuntariamente con su propio cuerpo. De un tajo fue atravesado en un instante, el color se le drenó de inmediato, observando el agujero mortal sobre su pecho que salpicaba su vida sin control y sin remedio cayó, muerto.
Descendió como un bulto tímido hasta el suelo. El silencio de muerte se apoderó de los dos boquiabiertos que no podían creer lo que estaban viendo. La horrenda escena, el inesperado final del que había llegado a ser uno de ellos, inerte de un segundo a otro, arrebatado de sus manos en un instante de fatalidad.
Bulma cayó al suelo, incapaz de cerrar los ojos por los que vertía todo el dolor en acuosa liberación. No podía ser, no podía estar pasando.
– y ahora es su turno miserables criaturas – apuntó de nuevo con la corrompida sonrisa antecediendo.
Y un estruendo resonó en todo el complejo, el rugido atronador retumbó cada pedazo de metal, violentas ráfagas de poder sacudieron el suelo con salvaje algazara. La piel de los presentes se levantaba, al sentir fluir toda la corriente de energía, que envolvía el trance del grito subsecuente del saiyajin, desbocando su impotencia en raudales de furia explayada.
– ¡FREEEEZEEER! – Exclamó el embravecido saiyajin, cerrando los puños hasta desangrarles, la sangre le hervía, la sensación de irrefrenable éxtasis de sed por la venganza y dolor, el momento de alcanzar su destino envuelto en una flama dorada que irradiaba un terrible presagio.
Bulma se tiró al suelo absorta de toda razón, volaban sobre su cabeza todos los fragmentos sueltos de la nave que se deshacía irremediablemente. Temía por su vida mientras su amigo se erguía de nuevo en control, desplegando el radiante dorado sobre su cabello. Los ojos de un frio azul fijados en intensiones asesinas por primera vez en toda su vida. Lo vio elevarse como una deidad, dispuesto a hacer justicia sobre el perplejo tirano. Por alguna razón para Freezer esa visión le petrificó.
Se movió tan rápido, que el demonio de hielo no vio el puño incrustarse en su centro. La batalla más terrible de su vida se avecinaba y su oponente le llevaba la ventaja, en un revés que jamás esperó que fuera posible.
Bulma se aproximó al cuerpo de su amigo fallecido, debía ponerlo a salvo si pretendían revivirlo. Corrió hasta uno de los centros de información desplegando las cartas que Vegeta le enseñó. Encontró la ruta a una de las estaciones rebeldes y memorizó las coordenadas. Volteó arriba para ver la orquesta de destrucción que su más querido amigo lideraba, no podía evitar contemplar el poder crudo de esa metamorfosis, estaba asustada, sumamente consternada e insegura de que se tratara del mismo hombre que conoció toda su vida. Sus movimientos eran tan poderosos y veloces que no podía verle en su totalidad, resonaban como ecos de truenos implacables desmantelando fragmentos de la construcción que caían a cada segundo.
Sin perder más el tiempo, arrastró a su amigo hasta una de las esferas aun dispersas por el hangar.
Freezer no podía controlar recibir la golpiza más diestra y brutal en toda su existencia, uno tras otro los golpes sacaban su fuerza vital y al verse acorralado optó por la salida más fácil.
– ¡TODOS USTEDES SE IRÁN AL INFIERNO! –
La esfera masiva de energía que comenzó a emanar, advirtió a Gokú el terrible peligro en el que se encontraban, debía terminar de una vez por todas con el sujeto.
– KAAAAAA…MEEEE–
Freezer arrojó la energía a los niveles arriba, el saiyajin se colocó frente a ella de un movimiento.
– HAAAAAA MEEEE–
Escuchó el sonido de una nave despegar y miró a la humana correr de regreso hacia su amigo.
– ¡Hasta nunca basuras! – le disparó sin darse cuenta que su misma energía sobrevenía, en mortal carrera directa hacia él
– ¡HAAAAAAAAA!-–
Los brazos del lagarto intentaron contener la bestial descarga con toda su fuerza, brotando en cada poro, la carrera incendiaria consumía toda su piel, incandescente torrente de relámpago azul y naranja, cobraban todo su ser y en un enorme grito de agonía, sus ojos desorbitados se perdieron ante esa inmensa energía avasalladora. El alcance desmoronó toda la sección siendo destruida por una succión imparable al exterior. Gokú, exhausto al borde de desfallecer, miró al suelo horrorizado al ver a su amiga tirada ser arrastrada. Bajó a toda velocidad alcanzándola, la joven estaba inconsciente y su costado sangraba. Deshaciendo uno de los girones en su pantalón, la anudó cerrando la herida con su ki. La levantó en brazos esperando encontrar escapatoria, otra de las naves esféricas rodaba a punto de ser abducida, el metal del suelo se deshacía como un terrón de azúcar desgastado.
Saltó junto con ella a la esfera, escuchando el terrible tornado de cataclismo alrededor, los gritos y carrera de los pocos ahí presentes. Cerró de golpe la puerta sin entender el mecanismo, moviendo a su protegida con torpeza, tecleó nerviosamente todas las luces encontradas en el tablero y sin entenderlo accionó el control justo a tiempo para el escape. Viendo al perderse en el espacio, el colapso del enorme titán de hierro, al cual el gas de sueño impidió contemplar hasta el final.
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Y bien? Que opinan? Déjenmelo saber en sus comentarios! Mil gracias por todo y seguirme alentando a continuar este pequeño gusto que es escribir. Disculpen las faltas de ortografía que se fueron, hasta Pronto!
