¡Holaa estoy viva!
Realmente me fue súper difícil actualizar, el trabajo no da tregua y tuve otros contratiempos muy variados, que incluso parecían atentar contra el capitulo XD
Lo sé, es larguísimo y pido disculpas, pero por el lado bueno, así dura más en lo que actualizo el siguiente :P (Que espero no tardar tanto)
Mil gracias a los que escriben Reviews, dan favorito o seguir, es por ello que lo sigo escribiendo cueste lo que cueste y por mis fieles lectores, Smithback y en especial Anabell! Mil gracias por toda la aceptación que han dado, a veces me cuestiono si dejarlo, pero luego veo sus rws y se me pasa XD
Rafarikudou: gracias! Vendrán más cosas épicas, espero poder escribir un final fuera de serie.
Gracias a los lectores anónimos, dejen su Rw! Siempre es bueno saber la opinión de cómo continuar jaja es un pago muy bien recibido ;) no imaginan lo difícil que es escribir toooodas esas páginas XD. (Prometo que el próximo será más cortito)
Lean, lean…..
––––––––––––––––Capitulo XIV–––––––––––––––Juegos del Destino
El silencio en el frio y pulcro salón, fue roto por el sonido de metales contra el suelo, laminado de materiales cristalinos donde se destruyó el holográfico al contacto, la noticia menos pensada, las palabras que jamás esperó recibir de uno de sus emisarios, no había forma de expresar su total desconcierto, la cruda realidad parecía una pesadilla distante, donde jamás esperó que algún día ese momento pudiera ser una opción.
– ¿Quién? – la única silaba que salió de su petulante acento.
– Su majestad– inclinado al punto de tocar su nariz contra el suelo, continuó el infortunado emisario con el resto del mensaje – las grabaciones recopiladas… confirman que el perpetrador de esta infamia…era un saiyajin–
– ¿Era? – enfatizó la premisa incluida en la frase.
– Todo parece indicar que ninguno de los contrincantes sobrevivió a la explosión– se apresuró a esclarecer.
Cold frunció el ceño, estaba enterado en su totalidad de la serie de eventos catastróficos, que ahora llevaban al colapso nervioso la estabilidad de su bien fundado imperio, la pérdida de su segundo al mando, era un escandaloso desastre que había intentado mitigar, en todo lo posibleLa posibilidad de un complot separatista debía ser evadida a toda costa, demostrando que aun en las peores condiciones, su inteligencia y organización podía asegurar las riendas de toda la extensión de sus dominios. Su red de información funcionaba de manera impecable, al menos de eso se habría asegurado en todo el siglo que llevaba de cabeza de la agrupación.
Sin embargo, lo que más constreñía sus ánimos en ese momento, eran la irresuelta evidencia de la muerte de su segundo hijo, puesto que todos los comandos de búsqueda no encontraron un solo rastro de ADN de su, seguramente desintegrado, vástago. Pésima reseña sumada a la desaparición del otro, tan solo un corto periodo atrás. La abrumadora posibilidad de que de algún u otro modo la noticia corriera en dirección equivocada, era sumamente riesgosa, no podía permitirse fuera del conocimiento público que, después de todo, su estirpe no era del todo invencible.
– ¿Majestad? – se atrevió a interrogar inseguro de si debía retirarse.
La interrupción fue oportuna, pues empezaba a deambular por el eco de su pensamiento, un sentir prácticamente nuevo, le denominaba incertidumbre, pero ciertamente contenía un trasfondo diferente y de una naturaleza aún más desconocida.
– ¿Alguien más está enterado? –
– No mi señor, me dirigí con absoluta discreción –
– Bien– sonrió satisfecho. Miro a su insignificante ayudante, escuálida criatura que aparentaba estar construida de ramas de un arbusto grisáceo seco; apuntó el dedo… y desistió de hacer caso de su recurrente impetú homicida. Si era verdad que ese nuevo ayudante tenía la capacidad de evocar tales hazañas clandestinas, era de considerarse tenerlo en cuenta para futuras misiones.
– Consigue un informe del juicio del general Kiiro, después quiero que arregles una audiencia con la cámara del consejo– ajustó su capa, se dio la vuelta retomando sus actividades previas en los holográficos de su panel.
El sujeto agradeció marchándose sin hacer el menor ruido.
El emperador se abstrajo un momento después de la retirada de ese sujeto. Con ambas palmas en el rostro, inspeccionaba su conciencia sobre los pasos a seguir. Debía encontrar reemplazos e historias convincentes pronto, sin embargo temía de las próximas elecciones a considerar, no había elementos suficientemente fuertes en el resto del imperio, salvo su general, desafortunadamente acusado de un probable regicidio y el escuadrón de las fuerzas especiales de Cooler, junto con la mano derecha de su hijo mayor, Salza.
Consideró seriamente la última opción, sin embargo la evidencia de sus propósitos no le otorgaban una buena corazonada, prefería perder el control antes de otorgarle el mando a un ser con intenciones tan escabrosas, sospechaba que obtener momentáneamente el poder, era todo lo que ese astuto oportunista buscaba y no daría un paso sin antes averiguar de qué lado estaba su lealtad. Necesitaba un peón sin mayor inteligencia, fácil de manejar, únicamente para mantener a raya los problemas menores. A diferencia de sus hijos, lo que a él le sobraba era la experiencia necesaria y una muy circunspecta forma de proceder ante todo.
Como si su necesidad hubiese sido contestada, su scouter emitió una alarma, reportándose ante él, la solución a sus problemas, como por arte de magia el destino le traía la respuesta en forma de un bruto organismo que sobrevivió a lo más improbable y que ahora se reportaba en Minas Calladri.
_..._
'No voy a morir aquí'
El eco de un pensamiento, un destello dorado refulgente que le hundía bajo los pies de un enemigo desconocido, la sensación de perdición, desesperanza y entre todo ello lo único que podía distinguir eran sus gritos de rabia. Un torbellino de fango se apresaba en sus pies, clavándolo al suelo. Intentaba moverse, más como arenas movedizas, sus esfuerzos solo servían para hundirle más, pisoteado por esa dorada aura.
– ¡¿Por qué?! – gritaba enfurecido jadeando por liberarse. Sobre su cabeza la lista de enemigos que juró algún día vencer, eran ahora cuerpos inertes, que no habían alcanzado justicia adecuada por sus propia mano e intereses. Una burla creciente a su destino. Las arenas le llevaron a ahogarse y en ese eco negro escuchó su propia promesa repetirse.
'No voy a morir aquí'
La descarga de todas sus frustraciones lo elevó, una espiral nebulosa y se vio a si mismo envuelto en esa misma llama aurea inextinguible, el calor de su odio derretía todo lo visible. '¡Lo logré!' se vitoreó a sí mismo con una risa frenética.
– Vegeta–
Esa conocida voz de su tormento personal retumbaba. Un flashazo de ella, de todo lo ocurrido esa noche inclementemente demencial, no recordaba el orden ni la claridad de sucesos, pero la sensación permanecía como una memoria tangible en su cuerpo, jamás esperó que esa posibilidad existiese, ¿Qué sucedió en realidad? No podía entender porque se permitió llegar hasta ese punto.
– ¡Vegeta! –
Le regresó la lucidez una voz menos soportable. Entendiendo de quien se trataba, decidió permanecer con los ojos cerrados, sabía que estaba dentro de una capsula de aprisionamiento y podía sentir los supresores en sus extremidades, pese a que su cuerpo había sido restaurado, no tenía el menor grado de agradecimiento a su odioso benefactor.
– Inquisidor Dodoria– le reverenció la forma de vida que escuchaba interactuar con él. Otro de los inútiles secuaces de Freezer seguramente – Nos alegra que haya sobrevivido–
Un cúmulo de murmullos hablaban entre sí, el joven saiyano podía asegurar que se trataba de un comité de bienvenida, pero no sabía el porqué de esa admiración.
– Señor, bienvenido a Minas Calladri– una voz más joven le saludó – tenemos lista la sesión con el emperador como ordenó, Lord Freezer estará…–
– Lord Freezer está muerto– contestó burdo de mala gana, aun temeroso por el peso que esas palabras provocaban.
El sonido de esa confesión pegó en el fondo de la estabilidad de todos los presentes, pero fue mayor el efecto en otro, penetró como una daga al rojo vivo sobre las entrañas del saiyajin, que abrió los ojos a todo lo ancho de sus cuencas, esperando encontrar algún tinte de broma sobre lo dicho, ¡no se atrevería! ¡Ese maldito lisonjero jamás bromearía con algo así!
Alcanzaron a poner en su tosca mano el rastreador solicitado y escuchó en persona al mismísimo emperador al otro lado.
– Lamento reportarme tan tarde Majestad– dijo con la voz más sumisa que pudo musicalizar – la estación fue destruida por completo – continuó su avance, trayendo consigo la capsula donde se encontraba el saiyajin, la tensión había hecho que obviara el hecho de que el sujeto seguía inconsciente. Se adentró en uno de los vestíbulos de mando y verificó que no hubiese nadie más a la redonda.
– Así es majestad– continuó la zalamería – no he comentado nada al respecto – mintió intentando salvar su pellejo por su reciente error, Vegeta no perdía detalle de cada palabra emitida – destruyó por completo la estación, incluso a sus aliados…. Nadie sobrevivió –
Después de esa frase, no pudo continuar escuchando más. Lo único que rondaba su cabeza era una negación intensa. El ultraje, la ignominia de quien quiera que fuese se atreviera a robarle el único motivo por el que había vivido y respirado todo ese tiempo, alguien más había destruido a ese miserable, alguien más se llevaba la gloria de su vida, el orgullo de su raza, el destino por el que nació y sobrevivió hasta ese momento ¡La infamia más imperdonable! Le arrebataban la beatitud de su estirpe ¡A manos de un clase baja! Quien quiera que fuese ¡Nadie debía compararse con su poder! Con todo lo que vivió y soportó por tanto tiempo, embebiéndose de la vana promesa, de algún día vengarse por todas las humillaciones que pasó.
– Majestad, no se trataba de uno de esos monos ordinarios, sus color cambió en un instante– continuó con la conversación bajando la voz – mi señor Freezer y yo luchamos contra él, distinguí que ese malnacido incrementó su poder de pronto…– pausó levemente – fue entonces que decidí ir a buscar refuerzos al planeta más cercano – aseguró prontamente – encontré a otro miembro de estas criaturas miserables y lo tomé preso para traerlo ante usted–
Los oídos del príncipe no podían dar crédito a lo que escuchaba, esa metamorfosis, ese poder destructivo, la fiereza en batalla y el haber superado a uno de los demonios del hielo más poderosos de la historia. Tenía que ser, no había otra explicación, ese miserable había logrado el estado legendario, ese miserable era el super saiyajin.
La presión de la capsula cedió al golpe de ira, que desafió incluso los controles de restricción. El sonido de la grieta llamó la atención de Dodoria, quien interrumpió la comunicación para observar que el prisionero estaba de vuelta.
La tensión en los puños del saiyajin se incrementó, el temblor en sus facciones no podía ocultar mas la inmensa decepción en el curso de esa historia, quien quiera que hubiese sido capaz de despertar el estado legendario, era la prueba viviente de la injusticia del universo en su contra, el estomago se le volcaba con pulsaciones de enojo, sospechaba de quien se trataba, puesto que Tarble no hubiese sido capaz de lograrlo, más, si era verdad lo que Napa le confesó, tendría más sentido que ese gusano lo consiguiera a que el inferior Kakaroto se alzara con el triunfo, la sangre real siempre tendría más peso que la de un sujeto ordinario. Fuera quien fuera el poseedor de ese poder… era un imperdonable insulto directo para él.
– Veo que has regresado – en un estoico semblante le recibió a través del cristal de la capsula flotante. Vegeta no le contestó, ni siquiera se dignó a mirarle, tan solo ennegrecía su humor a cada segundo que pasaba, contemplando la realidad en la que estaba inmerso, una dimensión infranqueable donde solo se encontraba él, ese sentimiento de derrota y las más profunda envidia.
– Veo que ya sabes dónde te encuentras– sin prestar atención al trance del prisionero, continuó su envalentonado monólogo – No sé como hiciste para escapar, pero esta vez no tendrás modo de lograrlo – se acercó petulante sobre el cristal, buscando los ojos atormentados del saiyajin, sin embargo, la causa de su tormento era diferente a la que él suponía. Escuchando el sonido odioso de su supuesto captor, regresó la vista borrando toda inconformidad de su estampa.
Le dedicó esa media sonrisa vanidosa, cerrando los ojos sin siquiera darle importancia.
– Hn….Incluso a través de la capsula…– viró fijando la vista sobre él –… puedo oler tu miedo insecto–
– Demasiada seguridad para alguien en tu posición… –
– Demasiada valentía para un miserable que se sabe infinitamente más débil que yo– le desafió, impidiendo finalizar su frase. Estaba realmente cansado de terminar a merced de seres sin la menor oportunidad de darle una pelea real.
– Mucho cuidado Vegeta– carraspeó el ofendido – no se te olvide que eres solo un vil traidor y que tu vida depende de lo que decida… en unos días estarás a manos del emperador y no hace falta que adelante lo que pasará cuando estés en su poder– cerro los dedos pulverizando el material en sus manos. Más la reacción que provocó lo desconcertó, esperaba pánico o molestia, obteniendo a cambio una carcajada divertida.
– Tu no me entregarás– le miró sumamente entretenido.
– ¿Cómo puedes asegurar que no lo haría maldita basura? –
– En cuanto este frente a Cold, le diré lo que realmente sucedió – bajó el rostro complacido por la actitud evocada en su oyente – sé lo que realmente hiciste, te escondías escapando como un cobarde y me encontraste por casualidad– se detuvo recordando el molesto incidente que de algún modo le benefició indirectamente – aunque de no haber sido por tu intromisión, probablemente yo estaría muerto – bufó con ironía.
– Será tu palabra contra la mía–
Percibió una risotada más de la voz de su prisionero.
– Eres verdaderamente tan gordo como lerdo – se burló una vez más – todo lo que haces dentro de una nave del imperio queda grabado grandísimo idiota…–
– Borré los regist… –
– Hay más de un registro a los que solo tienen acceso la familia de lagartos– aseguró colocando la cabeza en una posición más cómoda – yo logré ingresar a su sistema y hacerme invisible cuando escapé, podemos hacer un trato…o puedo entregarte a manos de Cold– soltó la intención esperando que el receptor cayera en la trampa.
– No traicionaré al imperio – temeroso emitió mirando en todas direcciones, quizá ese sistema de vigilancia del que hablaba, se extendía en todos los rincones tecnológicos bajo el control de Cold.
El príncipe soltó un gruñido, no contaba con el grado de ingenuidad de ese estorboso gigante, por un momento le surgió la necesidad de saltar sobre el imbécil y arrancarle los brazos, pero debía jugar el juego con gracia antes de caer en la imprudencia.
– Solo desactiva un restrictor – continuó con gran paciencia– finge una descompostura… perdonaré tu vida si me eres de utilidad–
– No confiaría en ti, aunque la vida me fuera en ello– la pobre pericia de habilidades de negociación del gigante rosáceo, quedaban siempre al descubierto, incluso en contra de sus deseos.
– Estamos en una base de alta seguridad, rodeados, no gano nada con asesinarte más que ser descubierto– intentó razonar con el sujeto – para tu fortuna no rebelaste mi identidad, puedes verlo como un intercambio justo–
– Toda la flota del hangar me vio ingresar con un prisionero– se cruzó de brazos alejándose – no hay modo de que no sospechen que yo lo hice– empezó a notar el incremento en la impaciencia del saiyajin que desfiguraba el ceño con alteración.
– ¡Estúpido gusano rosa deforme! – golpeó el fondo de la capsula – usa tu pequeño cerebro ¡se supone que parecerá un ACCIDENTE! – le gruñó haciendo sobresaltar al turbado inquisidor – a menos que quieras averiguar que hace Cold con los inútiles cobardes que se esconden durante la batalla ¡HAZLO DE UNA VEZ! – le amedrentó, basándose en la suposición construida con la escasa información que el mismo Dodoria había proporcionado.
– No lo haré– finalizó tecleando códigos en el sistema del scouter – pero haré algo más. No te entregaré al emperador a cambio de tu silencio y el código, sabrá que moriste tratando de escapar…pero tendrás que quedarte aquí hasta que vuelva por esos códigos– mientras revelaba el obtuso plan con una sonrisa, permitió el ingreso de un grupo de soldados que se aproximaron a la capsula, procediendo a transportarlo a su destino establecido.
– ¡Eres un idiota Dodoria! ¡Pécora servil miserable! – forcejeaba con sus ataduras intentando liberarse antes de ser ingresado en el punto sin retorno donde sabia se dirigían. La base minera al otro lado del planeta.
– Deberías estar agradecido – se despidió en singular mofa – después de todo, estoy salvando tu vida, ¡te veré pronto rey de los monos!– y con una risotada que se perdía en la lejanía, lo entregó.
_..._
Habían pasado dos semanas en la incertidumbre.
Después del la llegada de los últimos rebeldes en escapar, Gohan había relatado lo sucedido hasta el momento en que Tarble les indicó que debían disgregarse. Corrieron a la nave esperando la llegada del susodicho, pero la estructura comenzó a desfallecer en cuanto decidieron que era mejor huir. No tuvieron más noticias del resto. La consternación en el rostro del capitán no se dejaba escapar de la vista del resto, algo había salido mal, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.
– ¡¿Dices que Bulma estaba en la base también?! – Yamcha lo tomó buscando algún indicio de mentira en la cara del pequeño.
– Si, escuché a Tarble hablarle, pero ella regresó a liberar a otro prisionero y después perdimos comunicación – explicó una vez más la versión de los hechos más aproximada que podían tener, ya que la versión que corría entre los curiosos, era la de Mr. Satan, que por falta de otro adulto que corroborara lo ocurrido, se atribuía el haber vencido a Freezer el mismo, mientras todos los combatientes caían presas de sus terribles garras.
La irresolución estaba en el aire. No había señales de los espías que corroboraran que el tirano había caído, pero tampoco había indicios de que continuara con vida, no sabían el paradero de ninguno de sus aliados. Para terminar de arruinar el ánimo, hacia una semana que el ingreso al planeta había sido permitido y el caos no se dejó esperar.
Víctimas de la migración colectiva y en situación de encierro por tanto tiempo, al tocar tierra los nuevos visitantes no dejaron cabida para los modales intergalácticos, actuando en muchos casos como turbas desesperadas por obtener un pedazo de tierra donde asentarse y comida, la convivencia con los humanos era algo asombroso, había de todo tipo de interacciones. La variedad de organismos sorprendían a los organismos terrestres y los dialectos que incluso no eran capaces de vocalizar. Debido a la propaganda exhaustiva a favor de los nuevos huéspedes, el pánico no tomó ventaja, todos los ciudadanos parecían sumamente informados e incluso había los que se alegraban de que, después de todo, tenían razón respecto a la vida inteligente en otros planetas.
Sin embargo también era posible encontrar en la opinión pública los extremos. Había bandas conservadoras, que protestaban en contra de los invasores augurando una invasión hostil de despojo y también había organizaciones que les dedicaban tanta ayuda, que incluso llegaban a incomodarles plagando cada movimiento que lograban hacer.
Los gobiernos terrestres hicieron contacto con los líderes, siendo Saru y el Dr. Briefs los intermediarios en la selección de la tecnología a otorgar como tributo, no podían permitir el uso desmedido de armamento extraterrestre por el momento, no hasta haber sentado las bases de la convivencia y ver los alcances de esa posible brecha. Krillin y el resto de los integrantes de mayor empatía con la causa, intentaban mantener el orden cuando las problemáticas eran demasiado peligrosas. De la noche a la mañana se habían convertido de guerreros defensores a una especie de embajadores terrestres de comisiones extraoficiales como parte de un parlamento intergaláctico. Cargos para los que no tenían ninguna experiencia.
– ¿Han averiguado algo? – Piccolo regresaba de remediar otro de esos conflictos inusitados.
– No hemos podido hacer contacto con Gokú o Tarble… pero supimos que Bulma también se encontraba en la base– Kurat proporcionó la información de inmediato – solo nos queda esperar a que despierte Azuki para averiguar si sabe algo mas –
– Entonces Bulma estuvo viva todo este tiempo – habló Piccolo. La anciana había tenido razón una vez más – ¿Crees que haya escapado con los otros? –
– No lo sabemos aun, los satélites confirmaron que la estación fue destruida– admitió palmeando la cabeza del preocupado Gohan – debes ir con tu madre pequeño, en cuanto sepamos algo se los haremos saber – apremió al infante a retirarse bajo el resguardo de su maestro.
– ¿Dónde estaba Sr. Piccolo? – preguntó cambiando la conversación. La idea de su padre desaparecido le afectaba prefiriendo no entretenerse demasiado en ello.
– Tuve un problema con los setorianos que armaron una revuelta … al parecer los perros terrícolas son idénticos a los animales que constituyen la dieta base de su planeta– con un aire divertido explicaba los absurdos sucesos que ahora se vivían.
– ¿Pero los perros estarán bien? – preguntó preocupado el menor
– Tan bien como lo estás en este momento– aseguró atrayéndole hacia la salida – debemos darnos prisa, el transporte a la tierra está por salir–
Kurat los observó marcharse, tenía una creciente preocupación por lo que acontecería, sin sus principales defensas estaban expuestos y era cuestión de tiempo para que las otras cabezas del imperio pudiesen encontrar el escondite donde aguardaban. Debido a ese peligro las naves aun permanecían en órbita, listas con tripulación constante. No podían dejar ningún movimiento al azar hasta contar con información certera de lo que había sucedido.
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A través del cristal, veía las expresiones corporales de los soldados ataviados en cascos y protecciones dentro del vehículo de transporte local, un deslizador de carga.
Colgaban sus blasters pegados al cuerpo como única defensa a la intemperie de los organismos peligrosos que merodeaban el planeta.
– Demasiadas molestias por solo un prisionero – uno de los sujetos habló en robótico acento de un idioma extraño – deberíamos dejar que los insectrones lo devoren –
Recibió rápidamente un codazo de su contraparte que señaló con el blaster el cuerpo del saiyajin, evidentemete despierto y escuchando la conversación. Temían que se tratara de un ser tan poderoso que hasta el mismo Dodoria temía y de algún modo tenían que cuidar sus espaldas de ese incógnito.
Por su parte, Vegeta se distraía intentando otra acción, no podía creer que el nuevo super saiyajin hubiese desaparecido con esa facilidad, la obsesión por conocer la realidad de ese incidente le carcomía ¡Debía haberlo visto con sus propios ojos! Debía haber hecho algo para ganar más fuerza y llegado hasta el corazón de la batalla, maldecía las circunstancias vividas, de haber estado en toda su capacidad, quizá el hubiese sido el destinado a convertirse en la leyenda, pero ahora, debía soportar la carga de haber sido solo otro de los sobrevivientes, sin siquiera el consuelo de haber tomado la vida del desgraciado tirano, ahora ese nuevo rival también estaba muerto, según los rumores, muerto como un perdedor, muerto como quizá… igualmente lo estaba ella.
Sin haberse detenido a pensar en esa manifestación, recordó las palabras del odiado carcelero de su infancia. Dijo que nadie sobrevivió. ¿Estaría muerta en verdad? En un acto reflejo, se concentró en su involuntario vínculo, sin embargo no podía percibir absolutamente nada, se concentró deliberadamente con mayor fuerza, pero el mutismo de esa sensación no le indicaba nada bueno, quizá después de todo, las palabras de ese fanfarrón eran verdad, nadie sobrevivió. Una sensación incomoda le asaltó, más no podía identificar la autenticidad de ello, arañazo ardiente cual vinagre adusto en la garganta, en el fondo de su estómago parecía cargar pesas de plomo, pero estaba demasiado trastornado para concentrarse, su situación, las noticias estridentes, todo era un cruel juego del destino que constantemente arrebataba de sus manos cuanto poseía.
Cerró los ojos. Estaba cansado de todo.
Escuchó los disparos retomando la atención de vuelta al plano presente. Los soldados se aglomeraban en la entrada del vehículo flotante, el sonido de las placas de los trajes de combate, golpeando las carcasas de los blasters, era lo único que distinguía. El deslizador aceleró su pesada marcha de materiales corroídos, el zumbido de su partida se vio sofocado por el seseante sonido de la arena en grandes masas que se arremolinaba por fuera, una criatura de dimensiones exageradas y cuerpo de gusano brotó enseñando una rádula de colmillos de diferentes tamaños, se irguió atacando a su blanco de un golpe al costado, desequilibró el curso, manteniéndose en pie solo por una casualidad debida a la forma de las dunas, las ondas de su sonido infrasónico, retumbaron en todas las superficies.
– ¡Maten esa maldita basura antes de que nos mate a todos! – el piloto comandó intentando mantener el escape.
El resto de la tripulación atacó con todo el arsenal disponible, la ola de arena que provocó la huida de ese animal, suscitó la volcadura momentánea de la capsula del prisionero, haciendo que las fisuras cedieran a un pequeño agujero, hecho que no pasó inadvertido para su cautivo. Un descuido más podría darle la libertad más pronto de lo que esos inútiles podrían contenerle. Se mantuvo a la expectativa del momento en que le regresaran a su posición inicial, escuchó a la caravana detenerse. Dentro de la fisura se coló un olor ácido, la diferencia de las elevadas temperaturas entre el exterior y su prisión comenzaba a ser evidente. Escuchó a la flotilla descender en formación. El transporte se tambaleó ante los pesados pasos de un enorme organismo, que de un solo tirón volteó la capsula. Al percibir la luz, dio un golpe al cristal haciéndolo pedazos, saltó sobre el inadvertido cuerpo del sujeto, evadiendo con gran habilidad los disparos en su contra mientras se alejaba. Sentía la fuerza de su cuerpo drenarse a borbotones en segundos, la respiración quemaba las paredes de sus fosas, la visión nublada no tardó en aparecer ¿Qué clase de mundo nocivo era ese? Detrás, le daban cacería las pesadas zancadas del sujeto al que minutos antes libró, intentó alejarse con todas sus fuerzas pero no había forma de lograrlo a la velocidad en la que perdía condición. Se frenó tomando posición de batalla, aun con el cuerpo sumamente indispuesto. Se jugaría todo por el todo. Cuando posó la vista en el sujeto, dio cuenta de su singular tamaño, casi más del doble del propio, una criatura tosca grisácea, tres pies y tres brazos de simetría radial de órganos sensoriales en su cara. Sin temor se lanzó al ataque, tenía ya experiencia en batallas sin uso de Ki, dos patadas consecutivas al frente, pero el efecto sobre la armadura del tipo fue nulo, con un movimiento traicionero fue disparado con un dardo sobre la espalda. Cayó inmóvil al igual que sus esperanzas por escapar, resoplaba los granos de arena rojiza con rabia, estuvo muy cerca.
– Cerca… – la gorgoreante voz del mastodonte enunció – Nunca pasarás de ello y espero… que nunca lo olvides– pisó el torso del saiyajin contra el suelo.
– Sargento Ragok– uno de los soldados le llamó extendiendo el informe del prisionero
– Muy bien Cerca– asintió leyendo y retirándose de encima del caído – otro maldito saiyajin a las barracas – indicó al resto de la tropa, le levantaron del suelo, observando cómo las pupilas del sujeto no quitaban un solo movimiento de atención al capataz de la estación.
– Guarda esa actitud para tiempos más útiles – sabiendo lo que ocurría y sin voltear siquiera, el sargento se burló desapareciendo con el resto de la cuadrilla.
Le ingresaron por la fuerza aprovechando el estado debilitado en que se encontraba. Dos sujetos más le retuvieron y un humanoide transparente se aproximó, cargando una de las pistolas administradoras de dispositivos de marcaje que el bien conocía. La perfiló en su antebrazo y disparó el dispositivo parpadeante que se incrustó sin problemas.
– Trabajarás extrayendo Transferato para mantener tu subsistencia en el imperio– informó desplegando su exacta posición en los archivos holográficos de la base – Ese receptáculo es un rastreador, pero posee una dosis de antídoto que resiste la química nociva del ambiente, si lo retiras morirás en solo unas horas – anunció sin emoción alguna presente – dado que eres un organismo placentario la carga se administrará en tu torrente sanguíneo durante un mes, administraremos otra dosis después y progresivamente será retirada hasta aclimatarte... –
Vegeta bufó sin prestar más atención al resto de las indicaciones. Todo eso sonaba ridículo ante sus oídos, ningún organismo sería capaz de adaptarse a esas condiciones, el calor sofocante, acido en el aire, gases toxicos y animales mortíferos sumados a la exposición a esa maldita sustancia que extraía la vida de sus mineros. Lo reconoció al momento de oírlo, ese era uno de los trucos más viejos del control y tortura del imperio: otorgar esperanza con promesas vacías.
– … tendrás un compañero de celda, se te asignó el sector norte 56 – anunció dando indicaciones al resto de los soldados de llevarle a su destino – Adelante prisionero 72-53–
Con este anuncio, comprendió que esta vez, había perdido todo. Su venganza, la gloria de su casa, su destino, incluso ahora, su nombre. Aún altivo, se dejaba guiar por propia cuenta a su lugar de encarcelamiento, unos minutos habían pasado y ya podía sentir el olor ferroso de sus mucosas ceder, aunque el peso del ambiente no se sentía en el mismo nivel, debía ser verdad lo del antídoto después de todo.
Siendo custodiado por poderosos blasters, entendía que no había forma de intentar otro escape, se concentró en analizar el entorno donde se encontraba, conforme avanzaba, las instalaciones empeoraban, decayendo en condiciones y en civilidad, elementos barbáricos conformaban los muros de piedra, cubiertos de arena terracota que no pasaba por alto su milenaria edad, corroídos y silenciosos testigos de millones de muertes a lo largo de la historia del planeta. Pocos artefactos tecnológicos regresaban la impresión de la era presente a los ojos de los moradores, pues el resto eran mazmorras, suciedad y abandono, enmarcados de la peor forma de esclavitud en un imperio, ya de antemano inhumano.
Pasaron por un gigantesco arco de piedra blanca, resguardada por un campo de energía, cerco imponente de las minas seccionadas por rusticas empalizadas, bajo ese umbral de decadencia, poner aun mayor seguridad parecía excesivo, también sospechaba que se tratara de un sistema simple para permitir el acceso de la fauna depredadora y controlar la población de reos de forma gratuita. Llegaron a la sección 56. Las puertas a las barracas eran de un compuesto leñoso, probablemente de la vegetación del lugar, puesto que los metales en ese lugar no perduraban por la labor del ácido de la atmósfera. Ahora entendía el oxido en los elementos de armas y trajes.
– Siete, dos, cinco, tres– le llamó la robótica voz del guardia – barraca 60.
Al ser ingresado, el olor a podredumbre inundó su nariz, polvo y galeras de madera con celdas rusticas para dormir, por el suelo corrían pequeñas alimañas, huyendo de la luz y era evidente que algunos de los cuerpos que se encontraban ahí, estaban cerca de la muerte, si no es que ya en ese estado. Le empujaron a su celda asignada.
– espero te lleves bien con tu compañero – increpó su ánimo el guardia – también llegó hace muy poco–
El bulto compartiendo su diminuta celda no volteó, respiraba tímidamente, cubierto de heridas mortales sin fuerza para rebatir los ácidos comentarios que sabía seguirían. Pero no ocurrió, los guardias se retiraron sin más. Y de no ser porque conocía muy bien su estampa y esa larga cabellera, el ofuscado príncipe jamás lo hubiera creído.
– ¡Jeice! ¡Tú, maldita rata traicionera! – le tiró del cabello arrojándolo contra el suelo. Algunas miradas curiosas comenzaron a levantarse – ¿Qué haces aquí?¡Debes ser el gusano con peor suerte del universo, para acabar justo frente a mí en este momento! – Lo pateó una vez más deslizando su cuerpo sobre el piso lleno de tierra y parásitos – ¡Levántate basura! – le ordenó lleno de rencor, caminó lentamente amenazante con la cola sumamente tensa, quería asesinarlo, quería hacerle pagar por ese suplicio vivido, los años de humillaciones y esa estúpida captura que nunca debió ser.
– Veg…eta– entrecortadamente intentó darse a entender sin levantar el rostro del suelo. Se encorvó aún más en sumisa postura. – Mátame– susurró sin ánimo en derrotista súplica.
– ¡Silencio insecto! – Dio otro golpe a sus costillas – ¡Morirás en el suelo como el gusano sin honor que eres! – Lo levantó del cuello, le haría pagar una muerte lenta, enfrentó los fieros ojos negros contra los apagados verdes, pero bajo esas cejas blancas no había un solo trozo de preocupación a lo que acontecería. Solo un vacío espeluznante. Lo que fuera que hicieran a los prisioneros en ese lugar, debía tener graves repercusiones en todo sentido en la salud física y mental de todo organismo. El desanimo, la falta de espíritu, el endeble cascarón de lo que alguna vez fue ese soberbio malnacido. Era como si en realidad estuviese ansiando el momento de finalmente morir, entonces, Vegeta decidió que era mejor que ese silencioso tormento siguiera su curso, no lo libraría de la maldición, le pagaría la condena completa. Una leve mueca de desagrado le invadió y soltó bruscamente al herido hasta caer al suelo – No vales un solo movimiento de mi mano en este momento – se enfardó de brazos alejándose.
Jeice no se levantó, no hizo un solo ademán por cambiar la postura involuntaria en la que cayó. Cerró los puños y el entrecejo, silenciosamente sollozó su suerte. Acto perceptible para el agresor que se alejaba en dirección a la mina donde debía reportarse.
Más tarde arreglaría cuentas con ese bastardo, no entendía la razón de su cautiverio pero entendía que Freezer siempre fue una criatura de muchas bipolaridades. Para la mala suerte del brenchjin, el vengativo saiyajin le haría pagar toda la amargura de haber arruinado sus planes, la impotencia de incluso esperar, para poder cobrar una digna venganza de ese gusano, era el colmo de su infortunio, aunque la verdadera responsable de su captura estaba ahora muerta.
La ironía de su descontento era que incluso cuando la tuvo enfrente, no fue capaz de levantar una mano en su contra, incluso cayó de nuevo presa de ese movimiento de labios tan extraño que sospechaba era una acción de cortejo en su planeta. Un leve sonrojo le coronó y enseguida retomó la ira en su temple '¡Soy un maldito idiota!' se amonestó, dando un trago de amargura por el hecho de que jamás volvería a verla. Esa cuenta de ningún modo sería saldada y aunque hubiese podido, dudaba que hubiera podido ejecutarla. Quizá era mejor que sucediera así. Permitirse esa debilidad momentánea sería algo que quedaría en el olvido.
La salida a las minas era un vistazo apocalíptico a un mundo hostil, tolvaneras de viento levantaban la arena estrellándola contra el rostro, el ambiente rojo totalmente seco evaporaba las gotas de sudor del sofocante calor, las mucosas de su cuerpo estaban irritadas por el acido y el duro trato de las inclemencias del tiempo, pero los recovecos sangrantes de los seres que transportaban los cajones con el transferato, le daban a entender que solo era el comienzo de un largo suplicio. Tomó su lugar en la fila de moribundos organismos que se presentaban a relevar turnos.
– 72-53– Reconoció la voz bivalente del sargento que le recibió. Arrojó en su dirección utensilios mecánicos simples, parecidos a los que cargaba la muchedumbre enferma y agonizante. Antes de alcanzarlos disparó contra su mano haciéndole perder el agarre del utensilio en movimiento– Cerca…–
El saiyajin colérico cerro los puños apretando la herida recién hecha, ya encontraría la forma de hacer pagar a ese bravucón, por ahora debía pasar por un perfil bajo, haciendo una estrategia de movimiento adecuada, debía encontrar una salida, después de todo siempre la encontraba. Levantó del suelo los aditamentos y se dirigió fuera de la fila, hasta la entrada a las enormes cuevas que resonaban con el eco del trabajo de los mineros dentro. Llamaba su atención monolitos enormes con cadenas oxidadas en todas direcciones. Uno de los obreros se encontraba atado a la base de uno y gritaba por ayuda mientras pequeños insectos mordisqueaban sus extremidades, comiéndole en vida y dejando expuesta la piel. El espectáculo era nauseabundo.
–Ese maldito durará hasta el amanecer si sigue gritando de ese modo– una de las voces le encontró en el camino – los depredadores grandes solo vienen si estas en silencio…72-53 Sígueme si no quieres que el capataz te de ese trato aún más especial–
Lo que suponía era el encargado de brigada, le llevó al fondo de la enorme mina, contrario a lo que había afuera, el interior de la cueva era húmedo y aún más desagradable, había cadáveres en diferentes estados de putrefacción y los que trabajaban en el sitio, no tenían ni el menor signo de molestia por trabajar sobre sus fallecidos compañeros, incluso enterrándoles entre los derrumbes ocasionados.
Le colocó dos brazaletes de apariencia plástica en la mano e indicó su área de trabajo.
– Más vale que no los retires – advirtió antes de marcharse – son la única forma de medir tu trabajo, si el imperio considera que no eres útil encontraras el fin en alguna de las formas que se le ocurran al capataz –
– Hn– cruzó ambos brazos – ustedes son todos criaturas inferiores sin poder, por eso temen a seres tan inferiores como ese– enfatizó arrogante.
– Tu también temerás– Fue la última advertencia antes de retirarse a continuar su labor diaria.
Cuando lo observó retirarse se recargó en una de las paredes, observó que pequeñas gotas cristalinas pendían de las estalactitas en la formación de la cueva. Una gota cayó sobre su hombro quemándole al instante. Incluso el agua en el sitio era ácido.
– Aléjate de las goteras de la cantera – la senil voz le advirtió, una brench jalando el contenedor de minerales le contestaba. No se fiaba de la edad de esa mujer puesto que las condiciones envejecían los rostros con mayor velocidad – más vale que te pongas a trabajar, si crees que las sabandijas que viste afuera son un peligro, espera para ver peores cosas –
De cierta forma esas palabras no provocaban algún temor en él, pero en algo tenía razón esa mujer, de no hacer lo que se suponía debía, tarde o temprano se encontraría en una situación peor y entorpecería el proceso de escape, sin comprender a la perfección el proceso de extracción, comenzó su trabajo imitando al resto de los prisioneros, los oscuros pasadizos apenas eran visibles, sombras martillando la roca le recordaban que no estaba solo, pero el trabajo era increíblemente aislado. Se tomó un momento para pensar en su situación, de guerrero de elite a un forajido mercenario y de príncipe de la corona a esclavo del planeta más miserable de la galaxia. Todo un abanico de circunstancias extraordinarias 'Yo debería ser esa súper leyenda' gruñó desconsolado.
….
Después de todo un día de trabajo sin frutos se dispuso a abandonar su guardia, las minas comenzaban a escacear el mineral. Todo el personal de esa guardia debía realizar una marcha hasta las refinerías del material, donde se encontraba el verdadero sufrimiento, la exposición directa a las aleaciones para aislar el mineral, solo se podían soportar por pocos minutos, las brigadas en la refinería eran de unas cuantas horas rotadas en turnos, la gran mayoría de obreros morían en poco tiempo víctimas de la radiación. El camino a través del desierto era una peligrosa marcha, observaba a los prisioneros caminar con temor volteando frecuentemente sobre sus hombros, pero desconocía la causa.
Llegaron hasta el sitio establecido, bajo dos ardientes soles observó la fila de la guardia anterior abandonar el puesto, una cuadrilla de desnutridos y desaliñados seres de diferentes colores, pero uno de ellos llamó su atención, el sujeto se detuvo devolviéndole el gesto en idéntica mímica.
– ¡INSECTRON! –
El grito de uno de los prisioneros provocó el pánico, en un segundo bajo los pies del joven príncipe un colosal embudo de arena se formó arrastrándole a gran velocidad junto con dos más, hasta el centro. Una mano alcanzó a detenerlo justo a tiempo escondiéndole entre la arena, solo para observar que del centro del embudo unas mandíbulas gigantescas se erigían partiendo en pedazos a sus víctimas mientras las devoraba, el zumbido del peso de esa bestia sobre los mares de arena suelta ensordecía, habiendo comido salió en busca de mas presas tronando espantosos ecos al aire, todos los presentes se enterraron en la arena quedando invisibles, la criatura era un insecto gigante de dos brazos, diminutos ojos y una peligrosa mandíbula armada de filosas navajas.
Al no observar vida, de nuevo se enterró entre la arena sacudiendo todo el paraje. Después de varios minutos se atrevieron a moverse. Quitándose la arena de encima viró a ver a su anónimo salvador, no entendía las razones por las que otro ser se arriesgaría por un desconocido.
– Menos mal que estoy aquí para seguir salvando su real trasero–
Bajo ese enmarañado desastre, con barbas canosas y notoriamente enfermo, reconoció por fin la nota de voz que pensó nunca más volver a escuchar.
– ¿Raditz? – inseguro pronunció esperando respuesta. El otro sonrió con algunos dientes fracturados. Sus enormes músculos estaban reducidos a fibrosos trozos de carne, la piel carcomida por alguna enfermedad y su vestimenta era tan vieja y pobre como el aspecto de su cabello, enorme melena, alguna vez abundante y vigorosa, hoy reducida a tristes mechones secos, pero quizá lo que mayor dolor supuso para el más joven en ese reencuentro, era el ver que en la mirada de su antiguo hermano de escuadrón, aún existía esa inquebrantable pizca de humor.
– Que mal se ve su alteza– aludió a la ironía propia el estado de suciedad de su anterior jefe, dio una palmada en su hombro, el signo de mayor afecto que un saiyajin se permitía emitir.
Vegeta negó divertido, sonrió devolviendo el saludo.
– Debí imaginar que ni el peor tormento en la galaxia serviría para quitarte esa sonrisa boba– bromeó con pesadez disfrazada– me habría ahorrado la molestia de intentar enmendarte tantas veces –
– Aquí me he ganado el respeto que nunca tuve fuera – se dio ínfulas de superioridad en otro gesto bromista – creo que he encontrado mi lugar ideal–
– Siempre disfrutaste de las peores bajezas – dio una leve risa – no me extraña que disfrutes este lugar–
– ¡A CALLAR ESCORIAS! – Uno de los guardias flageló la espalda del saiyajin mas alto con un látigo de energía blanca – Regresen al trabajo–
Vegeta estuvo a un instante de responder a esa agresión, algo en su interior le exigía hacer pagar a ese miserable por el sufrimiento de su congénere. Raditz lo detuvo cayendo en cuenta de lo que pensaba hacer. Por un momento incluso pensó que no se trataba del mismo Vegeta que conocía.
– Lo buscaré después alteza– susurró en voz baja tomándolo por la muñeca– este no es el momento– el mayor regresó a su fila emprendiendo la retirada. Se quedó mirándole hasta perderlo de vista. No esperaba volver a encontrarlo ahí, no esperaba encontrarse frente a otro individuo, mas musculado, mas alto y seguramente más poderoso. De no ser por la influencia del mineral no sabía hasta que limite podría estar, pero lo que más llamaba su atención era que quizá los cambios hubiesen calado de manera más profunda, estuvo a punto de arriesgarse por defenderle, un acto que nunca esperó recibir de su exmonarca. Algo había pasado en todo ese tiempo y de algún modo después se enteraría, quizá habría vivido lo mismo que le pasó a él en ese periodo de encierro.
_..._
Habiéndose disipado el gas de sueño, abrió levemente los ojos regresando al último momento donde tuvo conciencia. Estaba en una nave, ingresando a una atmosfera de tonos ambarinos desconocida, el peso muerto sobre sus piernas le atrajo a un asunto más preocupante, movió las manos para encontrarse con la aterradora imagen de su amiga completamente fría, en un estado deplorable de salud, si bien los cuidados automáticos de la nave desaceleraban su organismo evitando el colapso, eran dos a bordo y la repartición de suministros no sería suficiente, sabía que era probable no le quedara más energía. Haciendo uso de la única herramienta a su alcance concentró energía sobre su cuerpo haciendo un intercambio para el de ella, rogando por un milagro.
La energía fue absorbida, retomando la piel de la desfallecida el tono rosáceo de vida, más la emisión cruda de dicha energía, fue alcanzada por algo más que solo la afortunada receptora.
Los circuitos aledaños comenzaron a parpadear y en un murmullo alarmante, la estructura del vehículo pareció comenzar, irónicamente, una carrera hacia su propia inconsciencia. Los pequeños sectores se oscurecieron, los movimientos se hicieron toscos y desordenados, dando la apariencia de que nada estaba regulando el ingreso desenfrenado del bólido contra el planeta.
La desesperación hizo eco, una vez más sobre la ya abrumada psique del saiyajin, cuyo estado tampoco era el más íntegro posible. El ruido violento de los metales rindiéndose levantó un trémulo en la piel de Gokú, no había tiempo de pensar más.
Se colocó entre la compuerta y la débil científica actuando de barrera, sintió cerca la aproximación de macizos montañosos, con el último remanente de energía y un grito seco, exudó todo el poder que restaba, contrarrestando la fuerza de la marcha de la nave, logró frenarla ligeramente, sin embargo, erró su cálculo, al no prever la proximidad de esa desventurada peña, en la que se estrelló al instante. En un esfuerzo instintivo se encorvó, recibiendo todo el golpe en la porción más expuesta de su cuerpo y actuando como escudo vivo en defensa de la otra pasajera. Los materiales de la nave se amoldaron a la dura superficie, quedando la esfera suspendida a gran distancia del suelo. Después de varios minutos, terruños se desprendieron y finalmente el peso de la esfera cedió cayendo hasta el fondo de ese acantilado alienígena.
Abrió los ojos por segunda vez, el brillo de ese cielo amarillo era casi imposible de contrarrestar con los parpados a medio caer, algo no se sentía bien, ninguna reacción de su cuerpo agregada al hecho de tener la seguridad de que pequeñas presencias le rodeaban, entre la ceguera propiciada por el golpe, la incertidumbre se rindió a permanecer alerta y sin más, se desmayó.
….
– ¿Dónde…Qué pasó? – habló sintiendo el pesado material sobre su pecho, una lamina purpura asimétrica, que servía como armadura, envuelta en una blanca y delicada tela suave. Tocando su frente sintió una banda metálica a modo de tiara sobre su cabeza y por el calor que emanaba supuso estaba conectada a alguna clase de tecnología de sanación, puesto que la plancha donde se encontraba tenia la misma calidez y estaba envuelta de circuitos de colores extraños. Se levantó tímidamente, comprobando que todas las funciones de su cuerpo estuviesen restauradas. Echó un vistazo alrededor para notarse aislada en un espacio circular rustico grisáceo, en total silencio. Se quitó los artefactos que rodeaban sus manos sintiendo su cuerpo sumamente pesado de golpe. Un peso invisible la venció hasta el suelo y su respiración se vio tan imposibilitada, como su capacidad de entendimiento.
– shetd ckit tsde–
Escuchó a una pequeña voz llamarle, divisó a un minúsculo grupo de hombrecillos pequeños, en tonalidades rosas, con pequeñas motas azuladas sobre los abultados cráneos que sobresalían, del mismo modo que los prominentes ojos apacibles que la observaban. Le colocaron de vuelta las pulseras metálicas regresando a la sensación normal de estabilidad en su organismo.
– ¿Grac… Hola? – emitió insegura, en la lengua intergaláctica.
Las criaturas se miraron entre sí.
– Extranjero – uno de ellos tomo paso al frente hablándole en el idioma conocido – pudimos rescatarles de su terrible aterrizaje, nuestro pueblo es pacifico, por lo que requerimos conocer las intenciones de ambos antes de proporcionarles más información a…–
– No tenemos intenciones bélicas, llegamos aquí por accidente– aseguro rotundamente interrumpiendo al pequeño hombrecillo– ¿Donde está Vege…– Habló sin meditar, cayendo en cuenta que no se encontraba en la misma situación acostumbrada – quiero decir ¿mi compañero de viaje? – no recordaba de quien se trataba, puesto que la última imagen en su mente era la de ella misma corriendo hasta alcanzar otra de las naves para ponerse a salvo, el temor inquietante de que su colega de escape se tratara de alguno de los sobrevivientes de la nave, era algo que debía resolver de una vez por todas, antes de volver a caer en manos de otro asesino.
Los hombrecillos le instaron a seguirlos. Atravesando muros de grandes piedras azules llegó hasta la otra sala donde descansaba el cuerpo del otro galactonauta.
– ¡Gokú! – lo reconoció saltando hasta la plancha flotante. Antes de poder tocarlo, una de las manos de los sujetos la detuvo.
– Tu compañero no se encuentra en estado normal– explicó suavemente– tiene una lesión importante en el área cefálica, perdió mucha energía y estará listo en unas horas más, para responder tus preguntas–
La joven se alejó muy lentamente, meditando la respuesta del sujeto, las facciones relajadas del saiyajin, le indicaban que estaba fuera de cualquier tipo de dolor, no asi su recuerdo trayendo a memoria el prematuro fin de su otro amigo saiyajin caído en batalla, Tarble aún era una fuerte punzada sobre el corazón. Decidió concentrarse en el presente, quedaba sobre su mente perpleja, el fantasma de la transformación que le reveló su amigo de la infancia, ahora siendo casi un desconocido ¿Qué fue eso? No estaba segura, pero suponía que el despliegue de poder que presenció era único en el mundo, ese cambio radical era abrumador en todo sentido, tanto increíble como aterrador. ¿Es que estos seres no tenían límite alguno? ¿Podría también en algún momento, Vegeta llegar a poseer ese mismo poder?. Entonces lo recordó. Un escalofrío recorrió su abdomen al pensar en el momento en que le dejó, estaba demasiado débil para seguir ¿Habría conseguido escapar? Pensó lo peor, mientras esperaba silenciosamente que por algún suceso afortunado, no hubiese sufrido el mismo final que todos los que quedaron atrapados en la estación, llevó las manos a su frente intentando figurar las posibilidades de su escape 'No. No pudo morir también, ese malnacido es demasiado listo, nunca se rendiría tan facilmente' se convencía intentando apaciguarse. No era conciente de la sensación de ansiedad que iniciaba su aparición, fulgurando un involuntario reflejo en el rostro, que no dejaba de fruncir el ceño. No podía seguir pensando en todas las muertes o se volvería loca. Cuando retomó la escena, había pasado demasiado tiempo y su interlocutor le devolvía la vista de forma extrañada.
– ¿Qué planeta es este? – obligándose a evitar esos pensamientos, retomó la conversación olvidada.
– Yadrat–
– ¿Yadrat? – repitió poco convencida, no recordaba haber vislumbrado esa nomenclatura en las cartas intergalácticas.
La criatura colocó las manos sobre la frente de la joven, instaurando la información necesaria.
– La especialidad de nuestra gente es el cultivo de habilidades mentales– contestó – sin embargo la habilidad científica no es nuestro fuerte– se disculpó señalando el lento avance en la mejoría de su aliado – nos ha tomado mucho tiempo restaurar su salud y no ha podido ser por completo–
– ¿por completo? – preguntó sin saber a lo que se referían. No obtuvo respuesta y fue dejada en privacidad con su compañero de viaje. Ella suspiró pasando los dedos por la frente de su amigo. No quería moverse de su lado puesto que era la única fuente de confianza que tenia, el único vinculo con algo conocido que le permitía aferrarse a la idea de que todo había pasado y estaría bien. Se acurrucó en un rincón y se dispuso a dormir. Esperaría hasta que él despertara.
Después de muchas horas, los sonidos de aviso del sistema de mantenimiento del saiyajin se activaron. Abrió los ojos y todos los presentes se abalanzaron al filo de su camilla. Los conocidos ojos negros enfocaron todas las figuras a su alrededor. En un robotizado movimiento viró el rostro rodeando a los presentes. En su mente no había un solo hecho claro, intentaba acceder a alguna emoción recurrente, pero las sensaciones habituales estaban en blanco.
– ¿Dónde estamos? – habló directo a su única conocida. La seriedad de su tono era algo completamente inesperado.
– Estamos en el planeta Yadrat– se apresuró nerviosa a contestar palpando sus signos vitales– los nativos nos han ayudado a recuperarnos, debes tomarlo con calma Gokú, puede que tengas más daños in….¡¿Qué estás haciendo?! – protestó al verlo levantarse sin la menor delicadeza
– Estoy bien, no hay necesidad de exagerar diagnósticos– pronunció estirando los músculos entumecidos de brazos y espalda, la falta de emoción en su rostro comenzaba a exaltar a la científica. Pese a la concordancia de sentido común para cualquiera, ella suponía que algo no estaba del todo bien, la forma de referirse a ella le hizo emitir más preguntas.
– ¿Te sientes bien? – preguntó una vez más con un titubeo evidente en el timbre.
El aludido no respondió, se limitó a sentarse a un lado de su cama sin decir palabra, el ceño fruncido intentando aún encontrar respuestas que parecían perdidas en el algún sitio de su mente. Desorientado y sereno a la vez, observó un plato cercano con lo que daba la impresión de ser alimentos nativos, pero giró su rostro para continuar la plática pendiente.
– Hay cosas más importantes que hablar…..¿¡Que te sucede!? – la sostuvo de inmediato al verla tambalearse hasta el muro. Todo estaba dicho, algo no había salido bien. Esos gestos, esa forma de actuar, era como si hubiesen cambiado de golpe la programación de su más antiguo conocido. El saiyajin la levantó recostándola en la camilla con gran delicadeza. El resto de los yadratianos se acercaron observando sus signos.
– Debe ser por huésped– trató de tranquilizarle el yadratiano más próximo – es normal que requiera grandes cantidades de energía–
– ¿Huésped? – preguntaron ambos al unísono saliendo la chica de su trance de confusión para entrar de lleno en otro.
– Si – continuó explicando de modo afable – en su cuerpo– la señaló – nuestra especie no posee esa propagación de genes pero la suya si– alegremente explicó la fisiología distintiva entre ambos, la científica entendió la referencia desatando un vuelco en el estómago, trayendo consigo una avalancha súbita de emociones que terminaron por arrebatar el sentido a la joven que desmayó.
_..._
Ante la amenaza de una crisis de gobernabilidad en puerta, los allegados de mayor confianza del terrible Emperador rodeaban el recinto principal de la cámara de guerra en Palacio Cellisca. Sorprendido por los detalles soberbios Salza pasaba la vista entre los lujosos rincones de muros cristalinos y paisajes de grandes formaciones de bellos minerales rosas y púrpuras. Pero quizá lo que más llamaba la atención al astuto general brenchjin era la admiración insólita de los sobrevivientes de ese planeta, ahora convertidos en esclavos. La devoción con que atendían cada capricho del mandatario era absurda, había entre ellos incluso quienes prestaban culto de tiempos atrás a la raza de los icejin, hablando de ellos como si se tratase de dioses poderosos, los dioses de guerra de la antigüedad reencarnados en crueles y narcisistas seres. Un revés de increíble idiotez.
– No me extraña que fuesen conquistados con tanta facilidad– murmuró mientras una joven esclava ofrecía una bebida en la espera de la llegada del famoso emperador.
Los murmullos y ovaciones anunciaron a la diminuta comitiva de aliados y gobernantes, que el emperador estaba en camino. Acompañado de su escolta, adornado con su armadura mas intimidante, arrastrando una pesada capa púrpura, Cold se aproximaba al salón acompañado de su sequito de sirvientes y allegados.
Haciendo los esclavos una reverencia se aproximaron retirando en total sumisión la capa para darle comodidad al monarca. Haciendo un gesto todos salieron del sitio reverenciando a los presentes.
Cold pasó los ojos entre los cinco testigos presentes. La mueca indescifrable de su pensamiento sembró el nerviosismo entre los presentes.
– Los rumores han corrido – inició haciendo eco sus palabras en los muros desiertos – de que el imperio está en desventaja y los rebeldes consiguieron su cometido arrebatando la vida a mi hijo menor– La solemnidad en la preocupación de todos le hacía creer que las intenciones de ayuda al imperio eran genuinas por lo menos hasta ese momento.
– Debo asegurar que esto solo es un contratiempo menor– inquirió pacificando la creciente inquietud – no podemos confirmar esos hechos, pero debemos encargarnos de que el curso de las cosas proceda sin incidentes– aseguró extendiendo en el holográfico particular instrucciones de la nueva cadena de mando provisional.
– Sugiere su alteza, que ¿la dirección de los tres sectores será comandada directamente por usted? – en pomposa vestimenta sobria el Almirante de Arka-Hoseik protestaba de modo indirecto – No podemos solo conservar un estatus de secretarios del imperio, es irreal que su majestad tome injerencia directa en todo lo que respecta al imperio– el temor a perder sus riquezas por una administración deficiente era mayor que el temor a morir pulverizado por su osadía.
– ¿Que sucederá con los astilleros? ¿Las minas? ¿Quien controlará los sectores de comercio entre los hemisferios de territorios? Todos tienen requerimientos diferentes– Insistió el enorme y verde-olivaceo humanoide encargado del conocido planeta rojo Alkanet, cede de los convenios comerciales de mayor peso en el imperio.
– Todo el imperio será reestructurado temporalmente– Finalizó sin dar cabida a intercambios de opinión– ustedes están aquí para cumplir con lo ordenado, no habrá mas consultas de decisión en el periodo de estabilización, mientras tanto combatiremos los rumores de la desaparición de mis hijos, obtuvimos indicios del paradero de Cooler esta mañana y ya se encuentra un equipo de rescate en camino–
Salza tembló saliendo del escéptico mutismo. Se enderezó de golpe fijando todos los sentidos sobre las palabras del monarca. Pasó la vista sobre el resto de los presentes que le miraban absortos, imitó la reacción del resto del grupo guardando para si toda emoción que esa confesión pudiera provocarle. No podía creerlo, su plan era infalible.
– ¿Cuánto tiempo llevará eso mi señor? ¿Dónde está el general Kiiro? – indagó una vez mas el serio semblante casi inanimado del sombrio Arkahsiano, su voz era gruesa y lugrubre – sin el genral la seguridad intergaláctica es un desastre, los atentados de rebelión crecen y hemos tenido muchas bajas en la producción –
– Salza y Dodoria cubrirán los territorios de mis hijos mientras los legitimos gobernantes regresan– finalizó la reunión asintiendo al sequito de sirvientes que se apresuraban a colocar sus aditamentos reales una vez más – debo dar un discurso esta tarde entre los aliados del imperio, espero que todos cumplan con la función asignada con total discreción.
Antes de partir dirigió un comando a su nuevo guardia de asuntos internos, la criatura de arbustiva apariencia que le acompañaba como sombra. Esta permaneció en el sitio tomando las instrucciones de los integrantes de la cámara para disolver la evidencia. Uno a uno, vaciaron el salón hasta que solo hubieron quedado dos individuos en el enorme recinto.
– ¿Es verdad? – le interrogó el azulado Brench
El espía de Cold le sonrió, de un movimiento sus rasgos se desfiguraron en circulares movimientos apareciendo de la nada una figura completamente diferente, una criatura femenina de delicada estampa, piel rosácea y blanco cabello sedosamente largo.
– Tal como lo escuchaste – afirmo en un tono dulce – parece que ya no eres tan infalible como antes– se burló con gracia.
– Guarda silencio maldita arpía, no olvides que si yo caigo… tu lo harás también– afirmó sin prestarle atención tamborileando los dedos, atento de las entradas que pudiesen ser invadidas.
– Cold está comiendo de mi mano – aseguró sin nota de humildad – si las cosas siguen así, quizá tu seas quien necesite de mi ayuda y no al revés – le sonrió acercándose, sugerentemente altanera.
Salza solo reía soberbio. Dejando la vigilancia a un lado se acercó amenazante.
– En cuanto Cold sepa tu identidad, se acabara el aprecio por tus servicios – la tomó de la mandibula acercándola hasta su afilada nariz recta– incluso si no confesara nuestro acuerdo… ningún ser sapiente confiaría en un cambiaformas– le guiñó un ojo en media sonrisa galante.
– Ya veo – se soltó toscamente, captando la amenaza implícita, la historia de su pueblo era conocida por toda la galaxia y un hecho que el mismo Salza se había encargado de utilizar a su favor, diseñando estrategias de reclutamiento que evidenciaran la naturaleza de los miembros cambiaformas, ahora una raza en extinción, debido a esas prácticas desleales de caza–Nunca dejas nada al azar– retomó su apariencia anterior actuando con cautela– Tu reputación te precede general – concedió la victoria reafirmando la lealtad a su empleador verdadero.
– y la reputación de tu clase también– le indicó la salida en un gesto autoritario.
– Volveré a mi labor, en cuanto me sea posible informaré lo que Cold tiene entre manos– colocó la capucha de su vestimenta alejándose.
– Espero tengas mayor eficiencia esta vez–
– Siempre–
Cuando se hubo retirado, el brenchjin regresó a la cabeza de la sala, en total prepotencia tomó el asiento principal de la cámara de guerra, volvió el rostro en todas direcciones disfrutando de su tranquilidad merecida. Meditó en las consecuencias de que su antiguo amo continuara con vida, después de examinar cada uno de sus pasos tomados decidió que no modificaría en demasía los resultados esperados.
No importaba que Cooler estuviese vivo, puesto que el único que podía echar a perder sus planes revelando su participación, estaba muerto por azares del destino que le favorecieron inesperadamente, sus ambiciones y designios por fin cosechaban frutos, ahora solo debía probar que su valía era aun mayor que la que se esperaba, Cold no era un monarca estúpido ni mucho menos irracional, sabía que existía una limitada brecha donde podía explotar su interés y obtener el poder que tanto deseó, desde que tuvo conocimiento de ello. Solo hacía falta un poco de sabotaje en su errónea percepción de control, solo debía demostrar un poco mas de pericia y falsa lealtad y quizá, incluso llegaría a formar parte de la familia imperial en algún momento.
– Salza, príncipe del Imperio de Hielo– susurró sosteniendo los cristales para bebidas con el escudo de la casa más poderosa de la galaxia.
Todo estaba cuidadosamente planificado.
_..._
–¡ ESE BASTARDO SÚPER ARROGANTE Y… SÚPER FÉRTIL! – Vociferaba a todo pulmón, furiosa, pateaba todo al rededor, asustaba a los atónitos presentes, incluyendo al hasta ahora, ser más poderoso del universo.
– ¡Bulma tranquilízate de una vez! – exigía tratando de alcanzarla sin lastimarla, en medio del remolino de emociones, agradecía que no tuviese poderes o no sabía si podría sobrevivir.
– ¡NO ME DIGAS QUE ME CALME! – Contestaba librándose del agarre, bramando cual fiera enloquecida – ¡No puede pasarme esto! – llevó las manos a su frente sentándose por fin en medio de la sala entre toda su destrucción – ¿Cómo pudo pasar esto? – pensó en voz alta rendida, lo que más le pesaba era la incertidumbre de encontrarse prácticamente sola para sobrellevar esa complicación, en un planeta sin tecnología, lejos de otra mujer a la cual recurrir para callar sus dudas, con un amigo con semi-amnesia y un montón de seres asexuados que seguramente no serían de utilidad y encima…¡Todavía tenía novio! Si es que no era demasiado tarde ya para traerlo de vuelta, aun si lo hiciera ¿Cómo se lo iba a explicar? ¿Cómo se lo iba a explicar a todos? ¿Quién iba a entender lo que había hecho? Ni siquiera ella entendía como pudo llegar hasta ese grado.
– ¿De qué estás hablando? – La tomó de ambas muñecas exigiendo una respuesta – ¿Huesped? Necesito que me digas que está pasando –
Bulma se levantó brusca dándole la espalda, se cruzó de brazos intentando pensar cómo explicar todo lo sucedido. No sabía por dónde empezar, no era como si fuese una situación fácil de entender "Conocí a alguien" sonaba la frase más estúpida que pudiese evocar, más aún cuando se trataba de el enemigo acérrimo de toda su flota, rival por excelencia de su mejor amigo, sin mencionar las aptitudes homicidas de las que ahora tenía emociones tan encontradas.
– ¡Todo esto no hubiera sucedido si ustedes hubieran actuado como amigos verdaderos y me hubiesen deseado de vuelta! – Se giró encarándolo – ¡MAS DE DOS AÑOS! – Gritoneó – ¿Es que no pensaron que yo necesitaría ayuda? ¿Creyeron que estaría bien a manos de mercenarios? ¡¿Por lo menos se molestaron en revivir a los demás?! –
Una pausa incómoda se dio entre ambos y lo observo caer en un oscuro predicamento. Por un momento temió por su reacción evitando decir un sonido más.
– ¿Te hicieron daño? – pregunto con la vista bien fija sobre ella, los puños cerrados esperando ansioso conocer la verdad.
– N-no– titubeó la joven al ver su reacción
– Dime la verdad – insistió comenzando un intercambio de respiración más profundo y audible.
– Gokú… ¿Pudieron revivir al resto?– intentó desviar la conversación sosegando su ímpetu anterior.
– Todos se encuentran bien – contestó con celeridad – contéstame a que se refieren ellos– señaló una vez más a sus silenciosos aliados nuevos.
Bulma suspiró. No había modo de negarlo más, si es que era verdad lo que decían tarde o temprano seria notorio para todos. Se giró sin darle cara para iniciar su relato. Demoró un tiempo considerable esperando aclarar lo ocurrido de forma concisa, sin provocar aun más preguntas, quizá podría salir librada de ello sin tener que revelar que había caído rendida, presa del más terrible de los saiyajin.
– Creo que ellos se refieren a la probabilidad de que pueda estar embarazada – suspiró una vez más – El tiempo que estuve fuera viví muchas cosas de las que no me gustaría hablar, formé una alianza temporal con ellos, no entiendo la razón de que ustedes no me desearan de vuelta, pero estaba camino a la tierra cuando nos capturaron, estábamos en la base cuando Tarble me rescató y después de que te...transformaste… no hubo tiempo de ayudarle a nadie más. Supongo que él… murió en la estación– la voz se le adelgazó ante la última afirmación, siendo algo que no estaba lista para aceptar.
– ¿Quién fue? – En completa seriedad preguntó – ¿Te… obligó? – su cálida mirada era fría y severa. Cruzado de brazos esperaba paciente la respuesta. No podía evitar sentir rabia ante la posibilidad.
– Yo…– extrañada por su conducta titubeó una vez más, quizá era debido a esa transformación que su amigo presentaba tal crisis, todo era demasiado anormal – No es lo que piensas y no importa quien haya sido, de todos modos esta muerto en este momento–
– Se que Nappa no lo hizo – continuó sin prestar atención a su amiga visiblemente avergonzada – lo capturamos hace tiempo y no parecía tener idea de donde se encontraban los demás –
– ¡¿Quieres parar?! – Insistió dándole un empujón – ¿acaso no es suficiente todo lo que he pasado? ¡Aun no respondes porque demonios no me desearon de vuelta! –
– La anciana Arame nos dio instrucciones de no hacerlo– le contestó molesto por la actitud de reproche – dijo que tenías un destino que cumplir y no podíamos interferir en ello, nos aseguró que estarías bien a pesar de lo que creyéramos– explicó dando un par de pasos hacia atrás.
La joven meditó en lo que escuchó, ciertamente no sabía si estaba sorprendida por el modo en que su amigo otorgaba la respuesta o por el contenido de esa información 'Esa vieja lo supo desde un principio' pensó recordando la mirada que le dio antes de partir ese día en la nave, sintió las palabras que le quiso transmitir "parece lo incorrecto, pero en realidad no lo será" en ese momento no tenía sentido pero ahora comenzaba a tenerlo, quizá siempre estuvo destinada a que esto le sucediera, aunque el modo y las circunstancias no habrían sido algo que deseara experimentar. Llevó instintivamente las manos a su abdomen, si de verdad había algo ahí, no había modo de esperar que no aconteciera, fuera lo que fuera representaba una vida valiosa, independientemente del origen de su progenitor, no se atrevía a pensar en desear que no existiese, después de todo ella era sería su madre. Su madre. La sola idea estaba revolviéndole el estómago una vez más, decidió dejar esas reflexiones para después, por ahora le apremiaba entender lo que había pasado con sus camaradas después de que desapareció.
– ¿Qué fue lo que te sucedió? – Preguntó al silencioso saiyajin – ¿Qué fue esa transformación? –
– No lo sé– admitió encogiéndose de hombros – no sé como lo logré y no sé si aún puedo hacerlo, todo parece muy confuso en mi mente ahora – admitió tomando un sitio junto a donde ella se sentaba – No sé como haremos para regresar tampoco– admitió con pesadez
– Puedo intentar reparar la nave… pero no sé si tengamos suficientes recursos para eso–
Ante el pesimismo que se formaba, los nativos se miraron entre sí, sabían un último recurso que quizá podría ayudarles, esperaban que fuera de utilidad a la causa de esos infortunados seres.
– Nosotros podemos enseñarles una técnica para viajar sin necesidad de naves– uno de los yadratianos se ofreció recibiendo la aprobación del resto.
– ¿Cómo en una historia? – les sonrió incrédula la científica intuyendo que se trataba de una visión espiritual para la que no sentía ánimos de indagar una explicación
– No– el yadratiano continuó sin darle importancia al escepticismo – Podemos enseñarles diferentes manejos de energía…como la teletransportación–
_..._
Pisadas numerosas sobre la plataforma de hierro, resonaban en el metal de la estación rebelde, en carrera veloz, una comitiva de incrédulos atiborraba las entradas de la sección de despegue y frente a ellos, Kurat se abría paso con una enorme sonrisa.
– Dende– llamó al emisario enviado para remediar el daño – ¿cómo se encuentra?
Pero el triste aspecto de su rostro se implantó como una cuchilla en el vientre, las noticias no eran tan maravillosas como pensó.
– Aunque esta un estado de criogénica, su cuerpo no tiene vida– uno de los médicos de la plataforma informó al resto de los oyentes.
– Quizá murió en el transcurso del viaje – pasó el aprendiz de kamisama, la pequeña mano por la puerta cristalina de la nave.
– No– Piccolo anunció su entrada en grave voz – no abandonaría al resto intentando escapar, es un joven demasiado idealista para eso... alguien debió enviarlo–
– Las esferas del dragón – Kurat habló – sólo pueden conceder un deseo, el reemplazo de Kamisama aún no ha sido llevado a cabo–
– Será en poco tiempo– Dende aseguró con una determinación más allá de su edad– pero si queremos revivirles debemos aprovechar el tiempo dado, dado que solo un deseo puede ser concedido, debemos usarle en el único cuyo cuerpo no debe ser reconstruido. Solo debemos pedir traer su alma viva de regreso–
– Gokú puede estar vivo varado en algún sitio– Krillin intentó razonar con el grupo – debemos desear traerlo de vuelta si es que es así–
–Tarble es el único testigo verdadero de lo que ocurrió, dado que Azuki no ha despertado– Piccolo continuó la explicación entre los murmullos curiosos – es la única opción que tenemos para saber qué decisión tomar, aún contamos con la ayuda de Dende para resurgir en unos meses un nuevo juego de esferas–
– Las esferas han sido reunidas esta mañana en el templo de Kami– Dende informó
– Entonces no perdamos más el tiempo– finalizó Kurat abriendo la cápsula con su brazo metálico, el ciclo criogénico fue interrumpido y el cadáver removido con sumo cuidado, su rostro era calmo, cual si estuviese soñando, el centro de su torso poseía la escandalosa herida que a todos causaba escalofríos. Debió ser una muerte rápida, pero dolorosa.
Unas horas más tarde la nave se acercó al templo, el grupo de guerreros voló en dirección al centro donde los guardianes ya invocaban al dragón eterno con su mística aparición.
Cargaban el cuerpo mientras escuchaban el mítico llamado y la petición que esperaban con ansiedad.
Al tiempo que anocheció el alma y cuerpo del saiyajin más joven, regresaron a la vida.
Abrió los ojos desubicado, enfocó al rededor haciéndose nítidos los sonidos de vítores que le recibían y se sentó entrecruzando las piernas.
–¡Tarble! – Gohan corrió acercándose para abrazarle con suma alegría.
– Muchacho... – Kurat posó una mano sobre su hombro – Freezer está...–
–No lo sé– afirmó – peleaba contra él cuando fui vencido, estábamos camino a esca... ¡BULMA! ¡GOKÚ! – Se levantó de golpe,aún mareado por su estado de reciente ingreso en el mundo de los vivos.
– ¡¿Estaba ella con ustedes?!– Yamcha se acercó al recién llegado
– ¡Sí! – se apartó de todos buscando entre la multitud –¿Donde están ellos? ¿Qué pasó? –
– No lo sabemos– Piccolo anunció– pues la versión de Satan es completamente absurda y Gohan huyó antes de que iniciara la verdadera batalla–
– ¿Dónde está mi papá? – preguntó el niño con insistencia – ¿Escapó también?–
– Yo... no lo sé, después de ser vencido supongo... que morí– admitió con culpa, después de todo, a su juicio, de poco sirvió su esfuerzo en batalla, no había evitado las muertes, el curso de la historia y no tenía respuesta alguna para el resto.
– Alguien debió enviarte aquí entonces– Piccolo continuó – ¿había otros con ustedes?–
–No– negó de un movimiento– Goku fue sobrepasado, yo intentaba ganar tiempo, supongo que Bulma fue quien me envió aquí– se encogió de hombros con las facciones inmersas en una inminente preocupación, lo que hubiese ocurrido no podía ser bueno si ellos no habían logrado regresar –Fennel está ... muerta – admitió infringiendo un frío silencio entre la tropa.
– Tranquilo, sabemos que el imperio está organizando un asalto – Kurat intervino avivando el ánimo – tienen indicios de naves de escape en Yadrat que no respondieron a la misiva de reporte–
– Mi papá pudo haber escapado ahí– Gohan señaló con ansias
– Debemos esperar– Kurat continuó explicando la estrategia – Arame me hablo esta mañana de asuntos urgentes, debemos... – corto la plática abrupto, la figura escurridiza y veloz del recién regresado ganó la atención de todos cuando, con la celeridad del fuego sobre el viento, despegó del suelo, se escabulló haciendo a un lado los obstáculos, derribando a los pobres incautos que estorbaban el paso. Él presuroso ladrón se introdujo en la nave para emprender el viaje hasta la remota posibilidad de poder encontrar con vida a sus aliados más valiosos, no pensó en los recursos de navegación, el combustible o incluso provisiones, ya se las arreglaría como siempre hacia, tenía por seguro que nadie podía hacerle frente si intentaban detenerlo. Como fuera encontraría de nuevo la esperanza de vencer la tiranía y quizá, solo quizá... ella también estuviese viva.
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Entre las guardias de cambio de la mina y la refinación del mineral, habían pasado días sin descanso. Debido a la curiosa posición planetaria, las noches se distinguían por una leve merma de luz, pero el calor avasallador de los soles sofocaba cada cuerpo. Su fuerza exigía descanso, pero las acciones del capataz le imposibilitaban el poder relevar su puesto.
Junto a su sitio otra actividad comenzó a fraguarse.
– ¡Agua! – gritaron los proveedores consiguiendo que una manada embravecida de esclavos en la lejanía, dejara sus puestos con desesperación, resbalando entre las dunas sin control, se avorazaban en dirección a los dispensadores de insumos que se acercaban con recipientes minúsculos y contadas barras alimenticias. Los soldados no tenían contacto directo con los obreros, por miedo a contagiarse de alimañas o enfermedades montaban organismos trípodes de gruesa piel canela y un cuello fornido. No debían ser bestias inteligentes puesto que su cabeza era una pequeña cuña provista de un solo ojo y probóscide… y definitivamente apestaban.
Decidió guardar su distancia del espectáculo lastimero evitando el tumulto. No podía negar que necesitaba alimentación, pero esperaría su turno dignamente.
Llamó su atención el abuso innecesario sobre seres casi desfallecidos, encorvando ambas cejas en reprobación, no escandalizándose por la crueldad, sino por la molestia. No había ningún beneficio en derrotar a seres ya de por si destruidos, no tenía sentido el gasto de energía en doblegar espíritus quebrados con golpes y bajezas… no había ninguna gloria en esos actos, era risiblemente fácil.
Observó con detenimiento el intercambio entre dos seres que intentaban negociar una ración más de agua, su estado de deshidratación era notorio.
– ¡Solo un poco más! – rogaba intentando alcanzar los pies del soldado, de un movimiento hizo a la bestia de carga empujarle.
– ¡Tu calculador dice que solo has hecho medio ciclo de trabajo! – le pateó llevándolo hasta el suelo con desprecio. Las ráfagas de arena hacían difícil distinguir el cuadro completo, sin embargo podría jurar que la criatura rendida estaba llorando.
– ¡Por favor! – Clamaba – No podré más si no tengo solo un poco –
Giró sobre sus talones dejando atrás la escena que sabia procedería, ese sujeto iba a morir y por alguna razón inusual, la situación de esa criatura débil le incomodaba. Frente a si otro de los soldados se paró extendiendo de mala gana el recipiente, no sin antes extender en la muñequera un pequeño panel de celdas oscuras que al tocar los brazaletes en sus muñecas regresaron una cifra.
– ¿Qué crees que proporcionas a 72-53? – el sargento Ragok se acercó vehemente.
– Le otorgaba al prisionero la ración que ganó con su contador, señor – el soldado levantó la visera de su casco y saludó al capataz informando con total respeto
– Procede – se inclinó divertido, recargando el pesado codo sobre la montura del animal. Cuando extendió el cuenco, el capataz lo arrebató ofreciéndolo sin interés. Vegeta permaneció inmóvil. Comprobando lo que ya sospechaba extendió la mano para observar como torpemente caía a la arena el agua que realmente ansiaba probar.
–…cerca– se encogió de hombros el mezquino individuo – mejor suerte para la próxima 72-53–
Furioso se dispuso a cobrar el desagravio de una vez por todas. Gritó invocando su fuerza restante, sin meditarlo y victima de su orgullo pisoteado, se abalanzó sobre el corpulento, atinó un gancho débil, más de un tajo, el gigante le tomó del brazo lanzándolo a la base de una duna, levantándose de nuevo, exhausto, sediento y embravecido, se dispuso a repeler la degradación enfrentándole, aunque muriera ese día en el intento, jamás se rebajaría a ser humillado, jamás.
Su marcha suicida fue detenida por la figura menos esperada. Aun en esas condiciones el porte de su estampa seguía siendo digna y temible. El cuerpo estaba visiblemente lacerado y roto, pero su senil mirada aun podía despertar respeto. Se paró frente al empolvado saiyajin, de cara al osado capataz, de una suave inclinación, se hincó hasta el atacado y en un único acto de sensibilidad en toda esa inmundicia, ofreció el agua de su propio recipiente ante los secos labios del príncipe.
Sin comprender la razón de su acción, escudriñando cualquier posible intención,Vegeta se levantó, desorientado tomó en acto mecánico el cuenco, la ceja arqueada no perdía detalle de las acciones a tomar de su inadvertido salvador, otro de los seres poderosos del imperio que solo conocía por reputación y ahora confirmaba los rumores de su magnificencia.
– Kiiro ¿Qué crees que estás haciendo? – bufando en un intento por ganar control, Ragok le interrogó.
– Este ha cumplido en su trabajo sin falta alguna – enunció en tono sublime y convincente – Pese a que llegó hace poco, no se ha detenido a lamentarse o preguntar cuestiones absurdas, ha tomado su papel con diligencia, no ha demostrado miedo ni flaqueza ante su nueva condición. Ante mis ojos se ha ganado la ración–
– ¿Qué te hace pensar que tu impartes justicia en este muladar? – el tripie se carcajeó acercándose incrédulo – puede que alguna vez fueras el comandante supremo de las fuerzas armadas – continuó arrogante – pero hoy, eres otro esclavo pútrido y miserable en esta cloaca imperial – se detuvo arrastrando las silabas de las últimas palabras, disfrutaba cuando un oficial terminaba en esas condiciones, recordándole que al final del día, el siempre era el verdugo de incluso los más poderosos.
– No creo en la justicia – admitió el exgeneral sin dejarse intimidar – pero creo en la memoria, la memoria de todas las veces que pediste algo ante mí consiguiéndolo y de los que sabes que también lo hicieron… –
En ese intercambio la sonrisa boba del capataz se borró, entendiendo la referencia a la perfección, Kiiro tenía mucha influencia, aún en ese sitio, las ofertas por su libertad llegaban todos los días a oídos de los militantes de Minas Calladri, incluso pactos que hacían vacilar la decisión del emperador, pero la única razón de la permanencia del honorable sujeto en ese infierno, era su mismo honor. Negándose a aceptar favores ajenos, decidió permanecer por cuenta propia, hasta que la inocencia en su caso fuese demostrada y de no llegar ese día, moriría en ese lugar, convencido de no haber podido cumplir su labor como fue encomendada, proteger al heredero a la corona.
Después del amplio silencio precediendo al duelo de miradas, Ragok cedió, escupiendo frente a ambos. Se dio la vuelta solo, mirando sobre su hombro para soltar su última palabra
– Ocurren accidentes en este lugar todos los días Kiiro– señaló el desértico paraje – no podré garantizar tu seguridad si sigues retando mi autoridad –
Cuando se perdió entre la densa arena, el joven saiyajin regresó a su postura exceptica. Devolvió el cuenco sin cuidado en molesto gesto.
– ¿Por qué me ayudaste anciano? – Preguntó hosco – No necesito que nadie me ayude – le dio la espalda para retomar sus actividades.
Kiiro sonrió, bebió de su agua guardando un poco, lo observó esfumarse entre la tolvanera, pero en el fondo esperaba esa reacción. Desde el instante en que lo vio, ese sujeto le recordó a si mismo tiempo atrás, cuando aún era joven, orgulloso y descuidado. Pero haberle visto presenciar la barbarie y crueldad sin burla aparente, le convenció de lo que siempre aseguraba. Aun en los lugares más inesperados e insostenibles es posible encontrar un diamante en bruto.
_..._
Tres meses.
Tres meses habían pasado o al menos esa cuenta era la que aproximaba a su estancia en ese planeta. Emocionada por la posibilidad de poder contar con semejante utilidad, se sintió la mujer más desdichada al darse cuenta de que no poseía habilidades suficientes para lograr esa habilidad, su manejo del Ki era terrible. Imposibilitada en todo aspecto, pese a contar con los mejores maestros en ese planeta, la falta de conocimiento del tema hacia que la habilidad física requerida pareciera una tarea de proporciones de alcance abisales.
Sentada al borde de un monolito de hierro convenientemente pequeño, pateaba las piedras mientras observaba al prodigioso saiyajin realizar duros entrenamientos y ejecuciones malogradas de las enseñanzas de la teletransportación. Habia destruido ya la mitad de los enormes monumentos naturales, mas la paciencia de los seres nativos era totalmente anormal.
– Debes dominar por completo el sentido del ser – le repetía el yadratiano sentado frente a el
Asintiendo concentraba su trance en meditación profunda, aunque la técnica no requería del uso de grandes poderes, la torpeza de sus apariciones terminaban arrojándole en direcciones diferentes usando los monolitos como soporte y causando en el territorio lo que un toro a una cristalería.
– Ese bendito Ki – repetía con amargura recordándose su suerte incluso con cierto grado de envidia, todos sus amigos eran capaces de usar esa habilidad que en ese momento se veía como algo sumamente productivo, continuaba en silencio su entrenamiento básico sin frutos e interrumpido por inesperados movimientos en su vientre. La sensación involuntaria de calidez la asaltaba de vez en cuando, hecho que no pasaba desapercibido en mismo grado por su sorpresa y la ansiedad a lo que vendría. Había pasado largos periodos de trabajo en la nave, pero el avance era sumamente parsimonioso debido a la espera que debía hacer hasta que los materiales le fueran proporcionados. El trabajo de los yadratianos era noble y generoso…pero increíblemente lento.
Estimaba que debía poseer cerca de cinco meses de gestación, haber pasado todo ese proceso en relativa soledad había sido una dura prueba de carácter, jamás esperó el amonto de realismo crudo en la experiencia, nada comparable con lo que imaginaba u otras mujeres hablaban.
– Porque nadie dice la verdad sobre esas cosas… – se quejaba acariciando su enorme vientre con una tímida sonrisa de resignación – o no habría más población en el mundo – bromeó recargando su cuerpo contra una roca cercana.
La duda crecía conforme el tiempo pasaba, ¿Qué clase de persona seria ese pequeño bebé? ¿Sería fuerte? ¿Se parecería a ella? Esperaba que por lo menos no tuviese el carácter de su progenitor o se las tendría que arreglar en muchas ocasiones para sacarlo de problemas. Pese a todo lo que intentaba negárselo, no podía evitar pensar en el padre de su hijo. No terminaba de admirarse por el desarrollo de hechos en cuestión, la forma en que le conoció y llegó expresamente a tener confianza en sus actos, la forma en que llegó incluso algunas veces a dominarle. Una risilla la traicionó recordando sus ridículas discusiones donde a final de cuentas, jamás cumplió sus amenazas de hacerle pagar por todas las osadías a las que se atrevió.
Incluso a besarlo.
Ante ese pensamiento negó con la cabeza tratando de espantar cualquiera que fuera esa sensación de su mente, llevó ambas palmas a su cara, había sido una tonta, una completa idiota. Recordaba cada instante como si fuese un pasaje innato en sus células, permanecía inmaculada la esencia de su olor, la emoción de su cercanía y ese espasmo en las entrañas cuando pensaba en la intensidad de sus contados encuentros. Aún así, se sentía como si hubiese pasado toda una vida con él. Sus gestos, la profundidad de esos ojos negros indomables. Ciertamente le gustaba, pero aun más que eso, podía asegurar, que del mismo modo, ella había sido una enorme sorpresa inesperada para él. Haber compartido su mente por un instante, habría sido una de las mejores cosas que experimentó en todo ese viaje. Y, aunque jamás lo admitiría en público, esa noche junto a él, fue la mejor de su vida.
Sonrió una vez más, sonrojada por el simple recuerdo, una vez más moviendo el rostro en negación. Pensó en la última vez que lo vio, la culpa la removió de nuevo, le abandonó a su suerte probablemente dejándole morir, le perdonó la vida a pesar de haberlo traicionado. Le admiró encontrarle ahí con todo el espíritu inquebrantable y su fuerza latente invencible.
– Tu padre era un guerrero formidable – susurró pasando las manos tiernamente por su redondez – tan formidable como terrible – clavó su vista al horizonte pensando en esa implicación.
Tarble. El reproche en la mirada de Tarble era otro hecho difícil de digerir, su amigo atormentado, testigo momentáneo de la cercanía de ambos, el dolor en su semblante cuando ella resguardó a su némesis con tanta insistencia, ella, la única persona a la que el saiyajin menor confió la amargura de los actos de el mensajero de la muerte que ella sostenía en sus brazos con devoción. Aun asi, el valiente joven murió intentando salvarla y ella le pagaba anhelando un recuerdo de su enemigo mortal.
– Lo lamento amigo mío– sollozó resbalando lagrimas ante lo sucedido. Entre su llanto esperaba encontrar la forma de regresar para reanimarle y que su cuerpo hubiese llegado como esperaba. Tenía la esperanza de que el resto de los guerreros le encontraran y desearan su vuelta sobre la de cualquiera de ellos puesto que suponía que también pensaban que ellos estaban muertos.
Un movimiento pequeño le abstrajo momentáneamente la tristeza. No se podía permitir emociones tan negativas en ese estado, tomó una bocanada de aire exhalando con lentitud, secó sus lagrimas y bamboleándose con torpeza caminó de vuelta al complejo donde la nave se resguardaba, seguramente la solicitud de metales ya habría llegado. Era hora de trabajar.
_..._
No sabía cuánto tiempo llevaba cumpliendo la condena que Dodoria prometió intercambiar, quizá después de todo, el mismo habría descifrado los códigos por los que intercambió su silencio. 'No, ese imbécil no podría encontrar ni su propio trasero en la oscuridad' se reprendió retomando su extracción del transferato.
Un ruido interrumpió sus reflexiones. Una pequeña trifulca se armaba algunos tuneles atrás, los guardias corrían y algunos alzaban gritos de muerte. Se alzó a la defensiva, esperando otra amenaza presentarse, pero el resto de reos se encontraban en total calma. De entre los escombros sacaron a un anciano reikoseijin. A rastras, cubierto en tierra y con pequeños cortes balbuceaba a gritos incoherencias diversas, en la distancia lo observó levantarse y de un golpe azotar a uno de los guardias, fue entonces que observó la mayor de las sorpresas.
De la palma de su mano emitió un destello azul, destello que tomo fuerza y ventaja y fue a estrellarse contra el pecho de uno de los guardias, dejándolo inmóvil y en peligro de continuar su existencia.
Sus ojos, enrojecidos por la suciedad en ellos, se abrieron a todo lo ancho de sus cuencas, ese malnacido demente tenia uso completo de su ki, incluso en presencia de ¡una mina de transferato!. Era inverosímil.
Al soltarse de su prisión momentánea, regreso en estrepitosas carcajadas a continuar el proceso de extracción como si nada ocurriese, los guardias a cargo levantaron al herido dando una serie de azotes terribles sobre la espalda del prisionero, este no parecía inmutarse de movimiento alguno, para sorpresa del saiyano y frustración de los verdugos.
– ¡¿Que sucede aquí?! – Ragok entró en el túnel
– este insolente se ha atrevido a desafiarnos de nuevo! – vociferó el soldado entretenido en su sádica tarea
– Deja ya de perder el tiempo, sabes que es en vano– le aventó molesto el irascible capataz. Dio una patada sobre el prisionero y sacó a su comitiva de ahí.
¿Qué sucedió ahí?. Se preguntaba con verdadera curiosidad, sin meditarlo se acercó al sujeto que canturreaba una tonada demencial, sin perder el tiempo uno tras otro apilaba las rocas con minerales sin descanso en una risotada enferma. Vegeta bajo en cuclillas hasta mirar de frente la cara del sujeto, los ojos desorbitados enfocados en todo y nada a la vez.
– ¿Cómo hiciste eso? – habló obteniendo como respuesta el endurecimiento en las facciones del otro, la mirada enloquecida fijada sobre él. No esperó recibir de nuevo el mismo ataque. La onda de luz se estrelló sobre su hombro izquierdo, causándole una seria quemadura que le llevó de un soplo hasta la pared del túnel. Se levantó ofuscado, dispuesto a propinarle una golpiza por recibir ese trato sin justificación. Pero fue detenido por el resto de los prisioneros suplicantes.
– No, no no–
– No–
Diferentes voces y rostros atormentados le rogaban con insistencia. Soltándose de las múltiples manos y apéndices, tapó su herida regresando para hacer el cambio de guardia. No sin dejar de observar al extraño individuo que continuaba sus acciones sin molestia alguna.
– Maldito idiota– escupió apartándose.
….
En el transcurso de la marcha de cambio, buscó a su camarada entre los paseantes. A la distancia escucharon el siseo de otro de esos enormes gusanos abominables, dispersándose todos al instante, entre la multitud lo divisó, tomando escondite junto a él de un salto.
– ¡Vegeta! – le saludó cubriéndole la espalda.
– ¿Me extrañabas escoria? – Bromeó poniendo total atención a los alrededores – ¿has conseguido lo que pedí?–
– Sabes que es sumamente difícil robar esos minerales – negó con el rostro, pese al poco tiempo de haberle encontrado, Raditz se apreciaba cada día mas cansado, lo que le indicaba que no tenían mucho tiempo para lograr efectuar su plan de escape.
– ¡Has tenido mucho tiempo para hacerlo! – Le tomó del cuello mostrando los dientes – ¡sabes que no ponen a disposición de mi guardia ese material!– le gruñó soltándolo, en realidad temía agraviar la condición de su compañero con otra agresión – Tengo lista mi parte – afirmó retomando la conversación, evadiendo la sensación de empatía mientras tallaba su hombro lascerado.
– ¿Qué te sucedió? – Raditz tosió, señalando la herida del otro saiyano.
– Un imbécil me atacó… trataba de averiguar cómo es posible que tenga uso de su poder en este infierno… pero parece que está completamente demente –
– Ya entiendo – sonrió recargándose en la piedra – conociste al Loco de Calladri –
– Que original – se burló del trillado nombre imitando la postura de su camarada.
– Se supone que en algún momento fue un gran maestro, pero enloqueció con el tiempo – el mayor contaba la historia ensimismado, el mismo la encontraba fascinante – otros afirman que fue parte del ejercito de Cooler y lo traicionó… y otros dicen que nació en este lugar por lo que no le afectan las condiciones – continuó al observar que tenía toda la atención de su superior puesta – sea cual sea la razón, se dice que solo uno ha conseguido hablar con él y pudo escapar con su ayuda…pero son leyendas a voces–
El silencio terminó, saliendo a retomar sus deberes todo el sequito de esclavos. Al mismo tiempo se levantaron los saiyanos imitando al resto.
– Ire a tu barraca al terminar la guardia – el príncipe indicó en voz baja, tomando su lugar en la fila, viendo asentir a su compañero mientras se alejaba.
.….
Al salir de la estación rustica, no pudo evitar sentir el vomito ascender sobre su garganta, sin embargo para su desventura solo contenía amargos fluidos estomacales, puesto que no había comido adecuadamente en un tiempo considerable. Por primera vez en mucho tiempo veía oscurecerse el paraje, el planeta debía encontrarse alejado de los soles. Un frío intenso comenzó a escalar exponencialmente. Transitando de vuelta a la cueva en el cambio de guardia, permaneció tan alerta como el resto, en espera de esos organismos oportunistas que les devoraban sin piedad, la fila avanzó sin acontecimientos, al llegar a la zona de monolitos observó que su "compañero de celda" hasta entonces desaparecido, estaba atado a una de las cadenas en la base de esas construcciones, Ningún animal se había acercado a tomar carroña, sin embargo no le veía intención de liberarse
– Ese desgraciado está esperando morir fácilmente – se exacerbó por la falta de gracia que eso implicaba, no podía ser que fuese tan cobarde y no podía permitir que escapara de ese sufrimiento sin tener la certeza, de por lo menos, haber cobrado esa deuda, ya había cedido demasiadas preseas en su búsqueda de venganza a los que arruinaron su futuro.
Ágilmente escapó, deslizándose entre las dunas con todo el sigilo que su cuerpo permitió. Tomando resguardo en los inmensos monolitos, uno a uno evadió los restos de otros prisioneros devorados hasta llegar a su objetivo. Verificando que nadie más testificara el intercambio, salió de las sombras dando cara al infortunado e irreconocible brench.
– Lágate Vegeta– sin levantar el rostro, doblado sobre su estómago, Jeice intentaba conjurar el mal humor característico de su odiado excompañero de ejército, al que suponía tenía enfrente.
– Eres un maldito cobarde – se burló empezando a sentir el crepitar del viento congelarse – si estas buscando una muerte rápida te adelanto… esas bestias pueden tardar un tiempo considerable en digerirte o tomarse la molestia de matarte antes de ello – el desplante de su engreída afirmación remontó el vuelo en el vacío, su receptor parecía no estar interesado en el intercambio de información. No tenía intenciones incluso de dar la cara para defenderse.
Sumamente molesto por la evidente falta de respeto, tomó el cabello restante del exoficial y le obligó a mirarle.
– ¡Contesta cuando te hablo inservible saco de porquería! –
Los ojos oscuros se enfocaron en ese semblante completamente en blanco, después de un segundo, la risa maniaca envolvió las finas facciones de su víctima, provocando un puñetazo del príncipe.
Jeice continuó su actitud hasta cansar al retador. Justo cuando retomaba las acciones agresoras, por fin habló.
– Tú no sabes nada–
– El único ignorante eres tu– contestó soberbio – derrotado como todo un perdedor, te sientas a lamer tus heridas esperando la muerte… no habrá una salida fácil para ti– aseguró acercándose para propinarle el mismo tratamiento anterior.
– ¿Crees que podrás hacerme algo peor de lo que ya han hecho? – Tomó fuerza para explayar su caso, haciendo uso de toda su energía para hablar – ¿Cuál imaginas que es el castigo para los sospechosos de la desaparición de los hijos del imperio? –
Intuyendo el trato al que se refería, guardó silencio. Conocía de carne propia el sadismo de los demonios del hielo, pero el tratamiento especialmente diseñado contra los detractores regicidas, era incluso en sus estándares, brutal. Le miró sin ápice de dolencia, sin embargo, a sabiendas de los rumores en la historia del engreído Brench en las filas de Freezer, por primera vez en su vida, experimentó la clara lástima por otro individuo.
– Si hubiese sabido que requería de tan poca manipulación en tu conciencia, hace tiempo que te habría quebrado yo mismo– atizó con acidez dándose la vuelta para abandonarle a su suerte – solo eres un pobre diablo de mente débil–
– ¡Tu no sabes nada maldito! – gruñó en lúgubre voz herida – ¡Jamás has vivido otro mundo que tu propio veneno ególatra!, ínfulas de grandeza, ¡el maldito enano petulante, exmonarca de los monos! – con el mayor esfuerzo de sus músculos al filo del desgarre, se elevó a medio enderezarse sobre el monolito – ¡YO TAMBIÉN FUI REALEZA EN MI PLANETA, ESO IMPORTA UN BLEDO! – Bramó enloquecido – Noble de las casas más antiguas, ¡BASURA! – Quebrando la voz, tiró de si cayendo inútilmente de cara a la gruesa arena. El sollozo involuntario le otorgó un ataque de verborrea, despilfarró cada emoción cruda, desbocó todo el resentimiento guardado contra ese testigo mezquino, al que no le importaba confesar la mayor amargura en su existencia – ¡Habría cambiado mi vida por sus vidas! ¡Las asesinaron sin piedad!¡Ese bastardo nos inculpó! ¡Lo recibimos en nuestros propios santuarios! – Enterraba los dedos hasta marcarles sobre las piedras debajo – moriré sin poder cobrar la venganza que debo a sus memorias…MÁTAME DE UNA VEZ…si lo que buscas es humillarme, llegaste infinitamente tarde–
– Los apegos son debilidades en una guerra por poder – aleccionó sin conmoverse
– Hablas demasiado para ser alguien capturado por causa de una mujer – le recordó altanero. Tan rápido como su pensamiento, consiguió una vez más, un puñetazo del saiyajin contra el plexo, sacando el aire de sus pulmones, le sostuvo por el cuello antes de caer.
– Esa hembra era solo una esclava que proporcionaba información – en voz grave amenazó las posibles inferencias de otra índole.
– No importa – tosió sangre una vez más – no espero que una criatura como tu entienda nada más que la guerra – confesó aclarando su postura. Al momento de cerrar los ojos, notó que el peso de sus cadenas cedía sin explicación. Levantó el rostro buscando respuesta.
– Así es – afirmó peligroso el saiyajin, sosteniendo las ataduras cortadas y halándole como una presa sometida – y te haré saber lo que un dios de la guerra puede hacer a quien se atreve a interponerse en su camino–
Le apresó llevándolo a rastras hasta su próximo objetivo.
_..._
Frente a los paneles y los amontos de todos los reportes de daños, esparcía los datos buscando una respuesta.
– Majestad– se inclinó en profunda reverencia– estos son los tres planetas donde naves de la estación sé estrellaron–
Detuvo entre sus manos la información, si era verdad lo que suponía y el asesino seguía vivo en alguno de ellos, debía enviar su mejor flota sin miramientos, no podía escatimar recursos por lo que solo debía elegir uno.
Por otro lado, el control de la galaxia era un asunto de mayor problemática de la que imaginó, los constantes levantamientos y fracasos parecían una epidemia incontrolable, como si fuese fuego avivado desde dentro, no podía mantener el control el solo y eso estaba costando más recursos de lo que esperaba.
Evaluó con lujo de detalles dichos planetas, quedando solo dos como las mejores opciones, los dos planetas con oxígeno y los elementos necesarios para que un saiyajin sobreviviera... el planeta azul de la sección norte o el planeta Yadrat.
Llevó la mano a su mentón, no podía tener errores.
– Manden la flota elite de asalto a Yadrat– emitió sin titubear – ahora llévenme con mi hijo–
Cual secreto de estado, la comitiva de guardias asintió.
A pesar de que había sido encontrado apenas con vida, la restauración del cuerpo de Cooler no era el problema, la razón por la que fue ocultado fuera de sus funciones, era una completamente inesperada.
Abrió las grandes compuertas de su encierro y al fondo del límpido material del vacío salón, la encorvada figura de lo que alguna vez fue su fiero hijo mayor, balbuceaba incoherencias con insistencia.
– No! ¡NOOO!– se retraía del paso aullando sin control, al acercarse su progenitor
– Mi señor emperador, Lord Cooler no tolera la oscuridad– el encargado provisional de su cuidado indicó, abriendo de vuelta el panel de la ventana que el monarca había cerrado con vergüenza.
No había modo de negarlo. Su hijo había sido convertido en un demente.
Cold caminó solemne alrededor de la estampa maniaca de su primogénito
–No los hagas enojar... no los hagas enojar... – doblaba los dedos en posiciones sobrenaturales y la vista completamente perdida.
– ¿Sigue siendo fuerte? – preguntó viéndole con desprecio
– Su fuerza no ha cambiado en absoluto– contestó el servil ayudante otorgando los datos que refutaban las sospechas.
El poderoso emperador suspiró, de todo lo que alguna vez provocó una decepción en su vida, esto debía ser la máxima cúspide de desencanto. Terrible augurio para su casa, pues cualquiera que fuese el enemigo capaz de doblegar al más poderoso de los icejin de ese modo... era un caso de verdadero terror a considerar.
– Le hemos interrogado en lo posible– el cuidador continuó– al parecer el general Kiiro no ha sido responsable de lo ocurrido y fue quien consiguió mantenerle con vida hasta que los secuestraron–
El resto de la historia era bastante conocida por el ahora, extrañamente arrepentido rey. Su general habló con verdad todo ese tiempo, exponiendo su vida incluso con la intención de salvar al heredero al trono. Como todos sus aliados clamaban, había cometido un terrible error
– Kiiro... – soltó con sorprendente suavidad – ¿aún vive?
– No estamos seguros mi señor–
– Investíguenlo y tráiganlo ante mí, envíen un indulto real a Minas Calladri de inmediato– se dispuso a salir de inmediato, no podía seguir presenciando ese desplante insano.
– Si llega a empeorar– musitó con trémulo – yo mismo lo pondré a dormir–
Salió con pesar, arrastrando la pesada capa y el ánimo a cuestas. No podía heredar un imperio a manos de un rey loco, no sabía que debía hacer, pero lo que si quedaba en claro, es que debía conseguir ayuda pronto, muy pronto.
_..._
Cansancio.
Era la única palabra que podía describir su actual situación.
Cansada de esperar la resolución a esa dependencia constante, de un tercer sujeto que pudiese actuar en beneficio de sus circunstancias, ya fuera por los Yadrat en ese momento, por la maduración en la nueva habilidad adquirida de su viejo amigo o por cualquier otra nimiedad ridículamente ambigua, que la suerte se empeñaba en imponerle todo el tiempo.
Cansancio incluso de ella misma, ahora con muchísimo más volumen sobre si, sin explicación aparente se las arreglaba para caminar con 18 kilos más de peso, que consumiendo las excentricidades locales, por decirlo de algún modo, no se explicaba cómo pudo ganar.
Estaba casi al borde de alcanzar los ocho meses en su embarazo sorpresivo, deambulaba torpemente alrededor de la nave con utensilios mecánicos improvisados en ambas manos, había reparado lo necesario con sumo esfuerzo, dando los detalles finales después de la prueba. Pero debía esperar la conclusión de ese sobrenatural entrenamiento que avanzaba, sin razón, sospechosamente lento. Ya lo había visto ejecutarlo miles de veces, pero había algo en esa meditación silenciosa e inmóvil que a veces le hacía incluso remusgar, que el muy ingrato en realidad solo estaba durmiendo.
– La suerte de algunos – musitó secando el sudor de su frente iracunda. Los mechones pegados a su frente como una estorbosa red desordenada, los propósitos estéticos habían sido olvidados, siendo su cabello la primera víctima en cercenar, le siguió su arreglo, su figura sacrificada por la causa y la resignación con tintes de abnegación, de soportar todo el movimiento y patadas que acontecían en su interior, toda la mañana había pasado con dolor en la cadera y sentía como si fuese una bolsa con un gato rabioso dentro, al que le costaba contener.
Pero seguramente todo sería fácil de tolerar... de no ser ¡por esos malditos bochornos!
– ¿Cuánto más vas a estar ahí?– resoplaba, tallando su espalda baja con una amargura ambivalente, por un lado temía parir en ese mundo inhóspito para un bebé con criaturas que desconocían el proceso de nacimiento de un mamífero, por otro lado, temía que ese pequeño terminara brotando de su interior como en una película de horror, gracias a las fuertes patadas y movimientos cada vez más insoportables. Y todo eso por solo una noche, con el que debía ser el maldito saiyajin mas fecundo del universo.
Realmente debía tener la peor suerte de la galaxia.
–¡Gokú!– gritó fuera de sus casillas presa de la creciente incomodidad y espasmos, alejándose considerablemente de la seguridad de la estación. La cantidad de hormonas le daban la peor asertividad de juicio, jamás oportuna.
El aludido detuvo sus acciones. Descendió hasta la embarazada fiera con la interrogante en su propio rostro mudo. Con ambas manos a los costados esperaba recibir otra serie de regaños sin tregua y sin sentido, sospechaba que estaba pagando con creces la ausencia de la gestación de su propio hijo.
– ¡Ya estoy cansada de ser la única que trabaja por sacar nuestro trasero de aquí! – Manoteaba en cómica estampa redonda – ¡¿Qué rayos haces, que no puedes concentrarte en cualesquiera que sean los poderes que necesitas y nos transportes DE VUELTA A CASA?! – arrojó el remedo de llave de tuercas sobre la cabeza de su oyente. Junto con el sonido metálico de la llave se escucharon los pasos de los maestros yadratianos correr, se avecinaba otro de esos peligrosos arranques de ira que ya conocían bien.
El agredido rodó los ojos con un suspiro. Arqueando las cejas meneó el rostro resignado.
– Bulma ya te he dicho que se requiere de una firma de energía suficientemente grande para encontrarla y aún estoy entrenando y practicándolo– levantó ambas manos en su defensa, nada podía hacer para remediar esa situación o el carácter explosivo de su amiga.
– Practicando... – repitió en automático la joven– Practicando si... ¡PRACTICANDO!– su mirada se desfiguró perdiendo todo ápice de paciencia –¡ LLEVAS MESES PRACTICANDO! – pateó la roca junto a ella –¡ A mí no me engañarás con esas tonterías! ¡Te he visto dominar técnicas con SOLO VERLAS! – Se acercó dándole un amenazante empujón en el pecho – ¿NECESITAS UNA VERDADERA EMERGENCIA PARA "INSPIRARTE" A ACTUAR? –
El silencio se instauró en la palabra de la conversación. Ruidos, vientos súbitos y un aura de confusión, después de eso… un inquietante silencio.
Cuál si hubiese sido invocado, el cielo amarillo adquirió una intrigante tonalidad naranja, un trueno descomunal les alertó haciendo que todas las miradas viraran en la misma dirección, abriéndose entre las nubes, como un vistazo apocalíptico, la emergencia requerida anunció su llegada impactante.
– ¡No es posible! – actuando antes de que la reacción de todos cobrara realidad, la científica lo adivinó. Corrió hasta el centro de mando de la única edificación de esa civilización, tomando alarma sobre lo que avecinaba– ¡Naves del imperio!– llamó por el altavoz improvisado – ¡Tomen refugio!– ordenó corriendo de vuelta hasta donde se encontraba la única esperanza por detenerlos.
Sobre su cabeza comenzaban la inmersión docenas de naves de asalto. El estruendo del aire, cediendo espacio a los invasores, le saltaba hasta la garganta.
Los nativos inmóviles contemplaron el espectáculo, absortos, jamás tal despliegue fue visto en ese mundo, la cavilación de los riesgos que suponía era un factor ausente, pues ninguno tenía la experiencia de las consecuencias de la siniestra actividad del imperio.
Al centro, la nave más grande se abrió camino entre el resto de ocupantes indeseables. La primera ofensiva fue puesta en escena cuando un enorme disparo se ejecutó contra el centro de mando. La única fémina encolerizada gritó mientras vislumbraba la obra de meses perecer bajo los escombros chamuscados de ese disparo.
– ¡MALNACIDOOOS!– bramó con los puños a reventar, más todo su odio fue disipado cuando puso su atención sobre su aliado, en la catástrofe y todo el tumulto acontecido, el saiyajin giró el rostro contra los enemigos alzados en armas, las tropas del imperio bajaban, dispuestos a iniciar la matanza y el descontento que eso generó, no le pasó por alto a la sorprendida mujer.
Los remolinos de polvo púrpura comenzaron su ascenso circundando el emergente poder del ofendido saiyano, la radiación de calor visible la alertó a tomar distancia, quedando con la palabra en la boca y mano extendida, lo vio salir disparado contra la invasión, en el horizonte, un solo elemento contra toda una flotilla atacante y aún así, su esperanza brillaba vitoreando a su invencible campeón.
La acción que se avecinaba, hizo esfumarse en un instante a los yadratianos uno tras otro, en grupos e individuos, el fiel acompañante de los terrícolas extendió la mano hacia ella brindándole oportunidad de llevarla a un refugio seguro, con la rosácea palma extendida de frente, ella titubeó. Volvió la vista a la batalla que ya se ejecutaba. El ágil saiyajin tiraba golpes estratégicos, llevaba a estrellarse en monumental desplome las naves pequeñas, volando como águila radiante contra los buitres de la implacable tiranía.
– No– anunció la joven augurando la posible victoria de su camarada – me quedaré a ayudarle – se alejó corriendo en busca del arma que fabricó semanas antes, un rústico neutralizador de circuitos. Sin enunciar palabra el yadratiano asintió, desapareciendo.
Los ruidos de disparos y destrucción en el aire no la dejaban encontrar lo que buscaba, a cada retumbo caían cosas de los estantes a medio quemar, de los restos en la escotilla subterránea del fenecido centro de mando.
– ¡¿Donde lo dejé?!– Aullaba enloquecida, jalando sus cabellos con desesperación levantando todos los escombros – ¡Maldición, tiene que estar por algún lado! –
Lo halló, entre la pila de artefactos inventados, cargándolo con esfuerzo regresó al campo de batalla, abrió el compás posicionándose para disparar y apretó el gatillo contra la nave de ataque enfilada hacia el saiyajin, una onda luminiscente salió disparada dando contra el blanco, se infiltró en cada rincón del material del vehículo de asalto y extinguió toda vida electrónica al segundo, haciéndole perder él balance y caer cual peso muerto.
– ¡Lo logré!– chilló eufórica dando un saltito. Sintió la súbita humedad entre sus piernas correr cuesta abajo. A menos que su emoción hubiera desencadenado una micción nerviosa, su instinto le esclareció finalmente de que se trataban esos dolores previos – ¡OH NO AHORA NO!–
Tras ver caer la nave detrás de sí, el saiyano en combate viró hasta la fuente que sabía le cubría la espalda, pero la sonrisa en su rostro se esfumó, cuando la vio caer de rodillas sosteniendo su enorme vientre, el pánico se apoderó de él al notar que no había ayuda a la redonda.
De las naves caídas pequeños grupos de soldados comenzaron a emerger dispuestos a iniciar el ataque por tierra, Bulma se levantó sintiendo el eco de la primera contracción aflorar, se hincó de vuelta en una rodilla, sentía los pasos sobre ella, un blaster disparó contra ella, pero delante, la conocida barrera impenetrable de músculo y fuerza desvió el tiro.
– ¡No debiste quedarte!– la reprendió levantándola por los aires – estás poniendo en peligro a todos!–
Esquivó velozmente todos los ataques en su contra, los gritos de dolor comenzaron su aparición sacándolo de concentración en encontrar al resto de los yadratianos escondidos. Al entender lo que intentaba, ella le jaló del cuello mostrándole los dientes.
– ¡TU ERES EL ÚNICO QUE AHORA PUEDE AYUDARME!– exigió rugiendo intolerante.
– ¡Estoy en medio de una batalla! ¡NO PUEDO!–El calor de los disparos zumbaba en sus oídos, cayó en cuenta que todas las criaturas nativas escondían su energía, pasando totalmente desapercibidos. Eso sería más difícil de lo que pensaba.
La flota de soldados tomaba agrupación, los primeros oponentes que podían enfrentarle volaron hasta él, se movía interceptando los golpes, al tiempo que balanceaba a la fuente de alaridos intentando ponerla a salvo.
– ¡BÁJAME DE UNA VEZ DUELE!– le tiró del cabello haciendo que uno de sus oponentes atinara un golpe haciéndole perder equilibrio
– ¡Maldición Bulma no hagas eso!– se enderezó en vuelo
El asalto era desbordado en exageración y elementos, la horda de amenazas una tras otra embestían, pudiéndoles solo esquivar, sin arriesgarse a dañar a su protegida, que no dejaba de arañarle con maldiciones variadas, la desesperación le sobrepasó y sintió una vez más el torrente único de poder resurgir, estaba ahí por fin, estaba a su alcance una vez más.
Pasó a paso el desplante de metamorfosis increíble resurgió, deteniendo la sarta de blasfemias, la mujer vislumbró los conocidos ojos cambiar de color y lo supo, un brusco destello de aire la abstrajo y se vio rodeada de rocas, el saiyano la bajó en la seguridad de la cueva y desapareció frente a ella, envuelto en las mismas llamas doradas que recordaba.
Sin dar pie a preguntarse lo ocurrido se colocó en cuclillas, no había como detener el proceso, no había más ayuda que su propia voluntad dispuesta, siguiendo su instinto.
– ¡Vamos pequeño! Eres el único que me puede ayudar– temblando insegura inició el proceso de alumbramiento, sostenida de una de las roca, intentando pujar con todas sus fuerzas, en otro segundo, sin esperarlo se materializó la versión áurea de su compañero de viaje.
– ¡Dime que hacer! – solicitó en la mayor preocupación, el rostro cubierto de carbón, de la contienda llevándose a cabo. Otro fuerte disparo removió los cimientos y una vez más, el guerrero desapareció con los dos dedos en la frente.
Bulma se aferró a las rocas gritando a todo pulmón, las rodillas temblaban sin control, rasgó un trozo de su túnica reservándolo para lo que vendría, rogaba en silencio a cualquier deidad que escuchase, todo pudiera acontecer de modo natural pues creía que solo un milagro podría salvarla de lo que sentía.
– ¡POR FAVOR! – Gritaba casi dejando la piel de las manos en las rocas – ¡POR FAVOR SAL! – Cada contracción se sentía como la ultima en poder soportar, estaba acorralada con solo su valentía como estandarte.
Otra cantidad considerable de tiempo transcurrió, segundos más tarde Gokú reapareció en el acto, la vestimenta a medio rasgar, visibles quemaduras en ella, más su piel estaba intacta. Esta nueva transformación desafiaba el alcance de la comprensión de la joven, la única evidencia de pelea eran los restos de hollín en su rostro. Se acercó sosteniéndola intentando ser de utilidad, pero fue rechazado.
Ella dejó escapar un alarido terrible. Un hilo de sangre escurrió augurando que algo estaba sumamente mal.
– ¡ESTO TIENE QUE SER BROMA! – gritó al sentir todo su cuerpo abandonar la cordura, el dolor era cada vez más frecuente e insoportable – ¡VOY A MORIR POR TU CULPA DESGRACIADO VE...–
– ¿Yo? – preguntó molesto y sumamente ofendido, el manojo de nervios presente.
–¡Tu no! – Desairó sin importancia– ¡TU SOLO ERES UN INÚTIL! –
Otro sonido atronador en la atmósfera le indicó que su presencia era necesaria afuera, más antes de partir vio a la parturienta caer de espaldas agitada. Se detuvo tomando sus manos, pero el riesgo de que destruyeran el planeta era más grande, con todo su pesar, no sabía que decidir.
– ¡Oh cielos, cielos, cielos, cielos! – respiraba sin control– ¡Pásame eso! – señaló el pedazo de manta en la pared, la vio inclinarse y se acercó veloz trayendo lo solicitado, tembló mientras ponía una mano tímidamente sobre la frente de su amiga en agonia, frente a los enormes ojos azules bien abiertos, dio cuenta de lo que estaba pasando y un pequeño ser intentaba su salida haciendo al mayor perder el color, toda la valentía e incluso la transformación, eso que acontecía tenía que ser anatómicamente imposible... y se desmayó.
– Levántate–
La voz demandante, entre llantos de un recién nacido le trajo de vuelta, sus ojos se barrieron de inmediato hasta el pequeño envuelto, un bebé de cabellos lila, pequeña cola y un gesto muy familiar.
– Ve a pelear– ella le demandó en voz tímida. Él obedeció terminando en varios minutos con todo el ruido circundante. Regresó de inmediato para encontrarla tirada junto a su pequeño sollozando. Por más que quiso tocarle no pudo, no podía creer lo que veía, un terror aún mayor se instaló, ella no tenía color, estaba aún respirando pero apenas consciente. Algo estaba mal, muy mal.
– No se detiene– continuó jadeando con los miembros inutilizados – no se detiene –
Sin saber qué hacer, intentó concentrarse en una solución, casi al borde de el único ataque de nerviosismo que hubiese sentido jamás, buscó de nuevo la energía de ayuda posible con toda su concentración. Sus plegarias fueron respondidas. Los encontró.
Después de la conmoción los yadrat salían de su escondite, sorprendidos por el desastre a la redonda contemplaron al perpetrador de esa letal defensa materializarse frente a ellos con otros dos seres.
– ¡Ayuda, algo salió mal!– rogó desesperado. Sus aliados se acercaron sosteniendo a ambos. De inmediato se movilizaron en busca de las camillas de soporte. Entre esa desesperación una ultima nave ingresó de pronto. El saiyano la miró furioso y voló a encontrale encarando la amenaza que suponía llegaba, más poniendo su total atención a la firma de poder, sintió el alma regresar al cuerpo al ver de quien se trataba.
...
Ingresando entre las densas nubes negras salió de la cámara de entrenamiento, contempló el árido paraje, los cráteres y cementerio de naves derribadas, pero no era ello lo que más le conmocionaba... era el brutal escenario de cuerpos inmóviles. El encuentro de dos poderosos ejércitos debió llevarse a cabo justo en ese momento.
– ¡Tarble! – la voz familiar de quien esperaba encontrar lo recibió cual fantasmagórica aparición casi haciéndole desmayar. Le miró sorprendido, sin poder hacer sonido alguno.– ¡Debes venir conmigo de inmediato!– lo transportó en un segundo de vuelta para caer en el mismo sitio donde dejó a la rendida mujer, solo para admirarse aún más al descubrir que otro infante se encontraba junto al primero, criatura, de un pequeño mechón casi azul y leves tonos lila, grandes ojos y completa quietud…demasiada quietud para un bebé.
– Tardó demasiado en salir– el yadratiano confesó en baja voz – puede que no sobreviva– aseguró– pero ella está muy débil para saberlo– señaló a la mujer ahora reposando débilmente sobre una camilla improvisada.
Los dos saiyanos mudos de asombro, quedaron ahí inertes, víctimas de la ineptitud propia, sin saber que decir, sin saber que pensar, ambos atascados en sus propias preguntas de muy diferente índole.
Tarble se acercó caminando tambaleante, talló sus ojos una vez más, esperando que lo que veía tuviera sentido, miró al otro intentando comprender, no quería suponer que lo que comenzaba a sospechar fuese una realidad, miró a los pequeños, miró a la frágil criatura que los trajo al mundo y en total decepción miró al sujeto que suponía era el responsable de ese ultraje.
No había palabras para el tamaño de la amargura en su semblante.
Antes de hablar, todo pensamiento fue interrumpido por la nave que se estrelló en los riscos de la lejanía, el menor olvidó por completo que la dejó de súbito y sin piloto, una verdadera torpeza.
– ¡¿Pero qué?! – como un rayo, el mayor se perfiló en veloz carrera sosteniendo el vehículo justo antes de que se destruyera aun mas contra el suelo. Tenía un daño considerable pero no era irreparable. Retomó la presencia de su camarada y apareció con todo y la nave junto a él.
Solo para ser recibido por un terrible golpe.
– ¡¿ Pero qué has hecho?!– Tarble le gritó enfurecido, irguiéndose dispuesto a continuar su pelea. No cayó en cuenta de la abismal diferencia de poder, estaba en demasía enojado para notarlo.
– No fue mi intención– el otro regresó a su sitio original de un salto– pensé que alguien más vendría contigo– explicó molesto
– ¡No hablo de la maldita nave!– prosiguió cerrando la distancia – ¡Hablo de ellos! – señaló las pequeñas criaturas sosteniendo a los infantes adormilados– ¡¿Cómo pudiste?! ¡TRAICIONASTE A TU FAMILIA! – Y se lanzó con toda la ira desbocada en voraz estampida, no había técnica ni control, solo una triste rabia desencantada.
– ¡Estas equivocado! – se transformó terminando la contienda en dos golpes misericordiosos. Desde el suelo, el chico se levantó para poner atención en lo que acababa de presenciar, le miró pasmado, abrumado, sintió por primera vez ese enorme poder en cercanía, era el contemplar a un héroe de historias en carne propia, la magnanimidad de esa aura y potencia.
– ...yo no tuve nada que ver en eso– aseguró en total seriedad retomando las acusaciones.
– Eres... el...legendario... – no podía emitir una oración coherente, los oscuros ojos bien puestos en su contraparte – eres... eres el súper saiyajin– la sonrisa en su cara se sentía como un gesto traicionero, pero no podía evitar admirar en toda su gloria lo que ansiaba atestiguar desde que conoció la leyenda, no podía creer que siempre estuvo en lo correcto, todos los logros hasta ahora acontecidos daban el inefable triunfo de su esperanza, lo encontró por su propio mérito y ahora entendía quien era el responsable por la segura eliminación del primer tirano de la tríada del hielo.
– ¿Tarble?– la tímida voz femenina interrumpió el intercambio – ¿Eres tu? – levantó el rostro imaginando que era producto de una alucinación en su falta de energía. Le enfocó intuyendo que su esfuerzo por resguardar su cuerpo había funcionado – Me alegra que pudieran traerte de vuelta–
– Pensé que morirías – el súper saiyano deshizo la transformación al instante, suspiró acariciando la azulada cabeza con sumo cuidado – no imaginé que se trataba de esto–
– yo tampoco – admitió la chica, fijando la vista sobre ambos críos, ahora se explicaba todo ese sentir, el cansancio extremo, el cambio radical, se trataba de dos, todo el escabroso pesar fue reemplazado por una creciente emoción sin precedentes, con torpeza se irguió buscándoles con sutiles movimientos que los yadratianos entendieron. Al tomarlos en brazos, la escena era totalmente conmovedora para el grupo de testigos.
– No lo entiendo– entre la multitud que comenzaba a rodearles el recién llegado susurró – ¿Cómo es posible?– pero al mirar a detalle el pequeño rostro. Lo comprendió.
Ese ceño idéntico a tu propia estampa, las pequeñas colas enroscadas a las muñecas de su madre. En conjunto con la escena que presenció antes de morir. No había margen de error, debían ser hijos... de él. El recelo que trepaba su conciencia fue subyugado, esa era la evidencia más contundente de que todo ese tiempo, se mantuvo creyendo una mentira. No la conocía, no sabía si podría perdonarle haber cometido tan alta traición, esa era la cata de que en verdad, ella se enamoró de su némesis.
– El niño, se llamará Trunks– en tono maternal Bulma enunciaba al resto – y está hermosa pequeña, se llamará Bra–
– Bulma– Gokú la llamó – debes descansar– pasó su mano por la frente de la joven, los yadratianos le imitaron haciéndola dormir junto con sus pequeños. Los tres fueron resguardados al interior del complejo. Ya habría tiempo de solucionar todo después.
Lo que nadie mencionó y solo el saiyano menor se detuvo a contemplar… fue el campo de muerte sembrado a todo el horizonte. Todas las naves destruidas, todo soldado derribado. No había lugar a dudas, de que todo ese espectáculo era la matanza más certera, rápida e insólita. Aunque toda la evidencia apuntaba al culpable, su mayor admirador, se negó rotundamente a creerlo.
_..._
Sueño funesto. Los cielos plagados de nubes terracota, polvaredas milenarias que le recordaban su estadía en el inframundo del imperio. Su fuerza extinta, su voluntad menguaba entre lo posible e imposible. Tiempo había pasado y no encontraba oportunidad alguna de llevar a cabo su cometido. Se encontraba abstraído en un sueño alterno, podía verlo todo más no sentía nada.
Y en la distancia ese ondulante pañuelo azul, satinado cual seda, que revelaba una forma impensada.
– ¿Por qué me lo has hecho? – le llamó la voz que tan bien conocía. El reproche en sus bellas facciones esgrimiendo la mejor defensa contra su juicio. La dulce vulnerabilidad.
Entonces la ira lo subyugó. La odiaba, la odiaba como a nadie más, odiaba en lo que le había convertido y odiaba, que de todos los seres de importancia en su vida, fuera esa fugaz convivencia, la que sus sueños empeñaban más en recurrir, rumiando con necedad las tontas ideas que ni siquiera se atrevía a pronunciar, pues hacerlo era darles existencia.
– ¡Estas muerta maldita perra artera!– le gritó lanzando un enorme flashazo de poder hasta devastar el sitio donde la vio.
Pero la arena bajó sus pies le arrastró hasta el centro del planeta y de sus temidos tormentos.
– ¡Despierta tonto! – Le pateó su viejo camarada – No sé qué te habrá hecho la muñeca azul, pero si sigues gritando atraerás a los guardias–
Raditz intentaba soldar el artefacto para neutralizar el escudo del portal de las minas, lección de química aprendida por cortesía de la misma humana que en sus sueños pulverizaba en cada pesadilla.
– ¡Cállate imbécil! – Lo golpeó al costado levantándose de su posición sentada – si vuelves a hablarme de ese modo te mataré–
El mayor resopló divertido, hace tiempo que esas amenazas ya no le amedrentaban pero siempre era divertido escucharlas. La tarea de mantenerse despierto le costaba más cada día.
– Tal vez si lo confesaras lo sacarías de tu sistema... y yo me entretendría un rato imaginándola – perverso sonrió divertido ante la posibilidad– Yo también podría revelarte … conocí a una hermosa mujer aquí, pero fue llevada al miserable espectáculo de Cold – la amargura le traicionó a punto de mostrar una enorme debilidad, pero la reprimenda que esperaba no llegó, lo vio exhausto, suspirar recargándose en la pared sin haber oído palabra alguna– ¿Otra vez lo has intentado?– hablo con tono más fuerte detrayéndole del trance.
– Ese imbécil no ha logrado atinarme esta vez– sonrió celebrando su triunfo– pero no puedo hacer que me confiese como lo ha hecho–
– ¿Intentas razonar con un demente?– inquirió en la pérdida de tiempo que eso significaba esperando que el otro lo entendiera.
– aún entre esa paranoia... está la oportunidad de aprender algo grandioso– le corrigió ofendido ante la insinuación– valdrá cada maldito segundo de mi tiempo cuando lo logre–
– si es... que lo logras– desde el fondo del rincón, con alimañas caminándole encima, un encadenado Jeice le sentenció. Su apariencia había mejorado de modo natural, sorprendentemente su estadía como prisionero de los saiyanos era aún mejor que el trato del personal armado de la mina. Sentía un gran rencor por sus captores al negarle la muerte que ansiaba, pero cada día las intenciones asesinas se veían disminuidas, pues de un modo enfermizo, empezaba a disfrutar la plática y compañía de otros seres pensantes, por muy bizarro que ello fuera.
– ¿Estás de humor para otra paliza sabandija? – Vegeta se acercó pateando el plato donde lo alimentaban
– Solo me sorprende que no seas capaz de ver que ese sujeto te está poniendo a prueba– comentó sin interés moviéndose entre sus cadenas.
– Eso lo sé, idiota– le dio la espalda continuando su labor en la construcción– y reitero... valdrá la pena cuando lo logre–
Unas horas después, el dispositivo estaba listo.
– ¡Por fin! – Raditz sonreía activando la descarga de prueba – es tiempo de salir de este infierno–
– No– Vegeta le detuvo – esta planeación ha tomado mucho tiempo y no dejare que lo arruines así– le dio un empujón llevándole al suelo – esperaremos al cambio de guardia, está compuesta de una mayor cantidad de ineptos –
El semblante del otro se ensombreció.
– Faltan dos ciclos más para eso–
– No cuestiones mis órdenes– le jaló de la vestimenta – puede que mi trato ahora sea diferente, pero sigo sabiendo cómo darte el castigo apropiado si fallas–
El mayor aceptó dando una reverencia a su superior, aunque fuese mayor en edad y experiencia que el príncipe, tenía una fe ciega sobre sus métodos e inteligencia, la admiración que sentía por él era un secreto que se llevaría a la tumba.
...
Habiéndose sobre esforzado a terminar su labor, dispuso del tiempo ahorrado para escabullirse hasta el vacío túnel del loco. Habiendo localizado sus repetitivos susurros se paró junto a él, como todas las veces anteriores, sin temor alguno.
Como de costumbre, el anciano lo miró, sonrió y dejando todos sus utensilios a la deriva descargó su ataque contra el invasor.
– ¡ENSÉÑAME!– exigió el Saiyajin evitando sin problemas las descargas. Otro ataque sucedió, esta vez no lo vio llegar.
El embate lo arrastró hasta las rocas, haciéndolo comer arena, sobre él, el loco vaciaba la ira de sus puños en los riñones de su víctima. Virando con suma pericia se lo sacudió de encima. La pelea les hizo terminar en una cueva singular, donde se filtraba arena en diminutas cascadas y los agujeros de la parte superior dejaban colar rayos de luz tenue.
– ¡No me rendiré hasta que me enseñes!– le amenazó sin un ápice de falsedad.
Y por vez primera, conoció la sonrisa de dientes podridos en ese rostro.
– Lo sé – la ronca voz le recibió – y ya has mejorado tu defensa a un nivel superior... es todo lo que tendrás de mi–
Atónito. Estupefacto. Era todo lo que podía sentir. Cual si el animal hosco, más impensado, hubiese declamado un poema sublime, lo miraba sin poder cerrar la boca.
Entendiendo a la perfección el desconcierto, el anciano se enderezó olvidando la postura defensiva.
– Eres otro de esos asesinos– le confesó – nunca te enseñaré... aunque quisiera, jamás lo entenderás, eres volátil en furia, tu mente no está donde tu cuerpo está, eres imprudente y necio – pausó, cerró los ojos disfrutando el eco del gélido aire que se aproximaba. Ofuscado por ser descartado cual si fuese un niño, el saiyano se lanzó contra su desprevenida víctima, dejando atrás todo asombro. Una mano poderosa lo detuvo, dio un violento giro y lo lanzó por los aires para ser rematado contra el suelo.
–ENSÉÑAME!– insistió con su victimario reduciéndole a murmullos inentendibles.
–NO– le gritó– jamás podrás, tienes el alma oscura, el poder lo es todo para ti y esa visión, tu fe en esta carne... – le pellizcó con descuido– ...en tú esencia terrenal, eso es tu propio freno y fuente de vileza– lo pateo dejándole en arcadas de tos incontrolable – somos más que carne y huesos, más que vida y poder y cuando entiendas eso... lo entenderás todo– caminó apacible de vuelta a su túnel oculto en las sombras, el claroscuro de la cueva enmarcaba la extraña sensación del príncipe tendido en el suelo.
– La próxima vez ... uno de los dos morirá – advirtió el hombre finalizando toda posibilidad de contacto, justo antes de perderse en las tinieblas.
Entendiendo la negativa, vencido y herido, caminó de regreso a su guardia, en la distancia veía al grupo de Raditz alistarse para hacer el cambio, quedaba poco tiempo para tomar su lugar sin ser visto.
Pero el camino a su guardia no concordaría con la rutina ese día.
El tono rebajado y actitud sospechosa de su más odiado enemigo en el planeta le distrajo, justo afuera de la mina donde todos trabajaban, a la orilla de los monolitos más viejos, ocurría un acto de bajeza en toda intención de clandestinidad.
Las dunas desmoronándose deslizaron el cuerpo de Kiiro, respirando con sumo esfuerzo, la boca cubierta de su sangre y el cuerpo casi inerte intentaba defenderse sin éxito.
– En vista de que viene en camino tu indulto…– el mastodonte insufrible apuntó el blaster al costado del ex general ya casi extinto– tenemos que matarte antes... órdenes superiores, nada personal, el verdadero general te manda sus saludos– perfiló su arma. Pero la avalancha del destino le arrebató la oportunidad.
El golpe severo sobre su muñeca le hizo pegar un grito de dolor, segundos antes de que volteara hacia su atacante, éste inició un conjunto de movimientos tan veloces y certeros, que solo el eco del dolor le daba evidencia de que estaba siendo aporreado.
Cayó de bruces contra la duna que apenas hace un momento subió. Cuando regresó la vista hacia el fantasma, las pupilas se contrajeron atestiguando de quien se trataba.
Vegeta permanecía de pie justo a un lado del todavía aún más sorprendido ex general.
– Aventurado Casi...– limpió la sangre verdosa en su boca – aventurado y estúpido
– Es un crimen de muerte asesinar al dueño de uno de los indultos reales–
Sacudiéndose la arena, Ragok lo ignoró. La respuesta no llegó, pero sí lo hizo el enorme puño sobre el temple del saiyajin..
Retrocedió sin mayor daño, regresó el derechazo de vuelta sacando el aire de las costillas del enorme capataz, pese a su estado débil y escuálido, su técnica era perfecta, el capataz comenzó otra serie de reveses, pero el príncipe era inalcanzable, desvió con éxito todo lo sobrevenido, atinando en el proceso sus mejores combinaciones, el enorme oponente cayó sin tregua, sudando con pesadez y nerviosismo ¿Qué rayos había ocurrido a sus espaldas todo ese tiempo?
Se irguió orgulloso y torpe. El frío del cambio de estación se asomaba y en un segundo comenzó a nevar profusamente.
– Impresionante 7253– jadeó sacudiendo la cabeza– impresionante– desabotonó el otro blaster diminuto en su cintura– ¡pero esa insignificancia no te librará de tu suerte!
El disparo llegó desprevenido para el príncipe, la insulsa convicción de haberlo desarmado anteriormente era la peor torpeza. La pierna derecha pagaba con creces el error. Una vez inmovilizado, el despótico sargento arremetió contra el saiyajin.
La tormenta de golpes apenas era contenida, intentando compensar la inmovilidad en su apéndice afectado, en poco tiempo estaba sosteniendo todo el peso de los amasijos de brutal músculo sobre sus antebrazos, casi rendido a tocar el blanco suelo. Debía salir de ese problema, debía hacer algo pronto, la inercia del honor le hizo pensar que pagar el favor a Kiiro, era lo que ameritaba dicha ocasión, ahora se arrepentía por tal grado de estupidez, estaba a punto de ser aplastado por una montaña de carne y odio, terrible descuido injustificable.
–¿Eso es todo criatura somera? – intentando sofocarle, el capataz imprimía toda su fuerza sobre el delgado oponente. Una rodilla cedió y la catástrofe aconteció a su desempeño. La ola de impactos sobre sus huesos le cegó, la concentración lo abandonó siendo un vil despojo de amoratados músculos, antes de ceder el último aliento escupió su propia sangre sobre los ojos del titán, logrando escapar para retomar la pelea.
–¡Asqueroso cobarde!– se limpió con total desagrado – debí esperar trucos bajos de la escoria de este muladar–
– ¡Silencio basura!– le ladró fúrico– no alardearías con tanto ahínco si supieras con quien tratas– retomó su defensa limpiando sus heridas con el brazo, los colmillos visibles al igual que su voluntad por cobrar venganza, si iba a morir, lo haría de pie, borrando al último enemigo que la vida le presentó, peleando hasta la muerte como un verdadero guerrero digno, aunque ese fuera el apocado desafío, honraría ser el último miembro de la casa real de su estirpe. La pausa que aconteció, fue otro factor inesperado.
El enorme cono de la arena roja se lo anunció. Un insectron haría aparición.
El rugido atronador resonó dentro de las entrañas de ambos, la enorme bestia de dos brazos atacó, espeluznante movimiento voraz, pero la interrupción duró poco siendo asesinado de un tiro increíblemente exacto sobre el ojo del monstruoso ser. La arena se cimbró a la caída del enorme cadáver, manchando de terracota y blanco todo el panorama. Los curiosos salieron a encontrar la causa de esa conmoción.
Ragok se enderezó, la tormenta helada arremolinaba los copos sobre ambos, retomó la acción en súbita estampida sobre su oponente distraído ante tanta audiencia, atinó un golpe severo a la herida desgarrando un grito de dolor del atacado– ¡Por supuesto que se quién eres! – Ragok rio sacando el aire de los pulmones con uno de sus pies– estuve ahí el día que llegaste... el miserable principe de la raza más odiada del imperio– vociferaba alertando a todos los presentes del trofeo suponía cobraría.
Cual acero hirviente, la herida de orgullo caló a su psique. Impotencia por no poder librarse, debilitado en musculatura, las fuerzas eran insuficientes, lo único que permanecía indomable era su voluntad. El ruin capataz se agachó hasta posar su gigantesca cara junto al casi derrotado.
– Conozco tu patética historia. Vegeta, soberano del polvo– asiéndolo del cabello, le puso a su nivel fijando su atención con malicia– después de lo que pasó a tu planeta, fui yo quien corroboró la destrucción de tu engreída casta, basuras mediocres siempre altaneras– tascó en el rencor de las historias de su raza contra la propia – y cuando hiciste tu pequeña primera carnicería… fui yo quien arrojó los despojos de tu inútil padre mutilado– se detuvo deleitándose en el efecto de su veneno liberado, su enorme estampa se aproximó a su oído
– Te diré un pequeño secreto 72-53– su aliento húmedo y desagradable golpeaba su fría oreja– mi verdadero empleador me habló de tu tonta aventurilla en el espacio – lo sintió tensarse involuntariamente– también hubiese aniquilado a tu pequeña familia de no adelantarse el estallido de la estación... – habló en voz aún más baja–...pero se de buena fuente… que ella sufrió una buena tortura junto con tu miserable cría neonata–
La mente del guerrero se apartó del plano presente, las pupilas dilatadas en un rostro desencajado por el peso de esa información, no podía distinguir, qué de todo ello era lo más grave, más un hecho en especial, detonó la explosión en su centro ' ¿cría?' sus emociones corrieron salvajes, espuma desbordada de decepción a sí mismo, impotencia, vergüenza, sorpresa, dolor e ira, descuidó su guardia sin remedio recibiendo de lleno todos los golpes subsecuentes. Esto sería su fin, presenciado por la escoria del imperio, presenciado por sus ancestros decepcionados, ahí moriría el rey saiyajin del polvo de lo que alguna vez pensó su destino.
El zumbido de un relevo silencioso distrajo a ambos contrincantes y el cuerpo del nuevo atacante se abalanzó sobre el agresor, arrastrándole lejos junto con su salvador.
–¡ Huye Vegeta!– Raditz intentaba contener al gigante con toda su fuerza restante– ¡Lárgate de una vez! ¡vive una vida de verdad por mi!– se aferró poniendo en riesgo todo lo que era, entendía que ese sería el único propósito útil al que podía servir, moriría intentando liberar a quien fue la última esperanza de su raza, como dictaba la honra de su linaje.
Un rayo azul entre la tormenta de nieve atravesó el homoplato del gigante, uniéndose a la pequeña rebelión, la ayuda inesperada se presentaba en forma de quien menos esperó acudir en su asistencia.
–¡Maldito demente! – el capataz enfurecido otorgó un brutal cabezazo sobre el saiyajin conteniéndole, al no funcionar otorgó un mayor número de mayor intensidad, regando la sangre de su oponente mientras recibía otro disparo del sujeto que se aproximaba veloz.
– ¡Suéltalo Raditz!– el príncipe ordenó sufriendo en carne propia la aniquilación que presenciaba, no duraría esa defensa. ¡El blaster! ¡Debía quitarle el blaster!
Se intento levantar, lo vio arrojar el cuerpo de su camarada, viró de un movimiento y sacó el arma que sabía utilizaría, sin esfuerzo, sin gracia ni honor, disparó al anciano en el aire, lo derribó con precisión impensable para un arma pequeña. Miró a Raditz en el suelo. También le disparó.
–¡NOOOOOOOOOOOO!–
El hilo endeble de su conciencia estalló, el dolor de algo más allá de todo, el clamor de su misma alma perdiendo toda esperanza, lo perdió todo. Se instauró en un plano más allá de toda forma terrenal, todo el curso de su vida maldito, todo cuanto era y sería, todo se cubrió de un sangriento rojo.
El rojo de la rabia
– ¿Que está pasando?!– el temblor del suelo hizo coagular la sangre al capataz.
El espeluznante grito enardecido se escuchó en la lejana distancia, los presentes sintieron clavarse mil agujas sobre sus entrañas. Ensordecedor, inestable, desordenado, amedrentando todas las almas a la redonda, la intensidad de esa liberación resquebrajó las glebas, terrones monumentales decantándose cedieron a sus pies. Titánicas olas de arena y nieve se levantaron coronando la tormenta eléctrica de pronto invocada, que pulverizaba toda la materia levitante resurgida, remolino de truenos como jamás ese oscuro rincón presenció, el fenómeno ennegreció todo el paraje y al centro, el artista de la sobrecogedora obra, la única luz radiante, emergiendo del inframundo, finalmente como un deslumbrante ángel dorado de muerte, las espigas filosas de cabello y la fría aguamarina en la mirada dispuesta a la batalla, por primera vez irguiéndose ante todas las miradas asombradas, terrible y a la vez, gloriosamente magnífico.
– Pagarás por todo lo que has hecho–
La embriaguez de fuerza liberaba todas sus venas, un canal nuevo en su poder, delicioso sentir insospechado, corrió entre sus células ese instinto milenario despierto. Era algo más que su poder, era la viva sangre de su alma.
Ragok abrió la boca tan grande como enmudecida, su más profundo terror creciente, las llamaradas doradas le quemaban los ojos derritiendo toda la nieve entre ambos, mientras ese poderoso ser fuera de todo lo conocido, caminaba lento, el más poderoso depredador de la galaxia augurándole la peor de las muertes.
El enaltecido saiyajin tomó su tiempo– Debiste dispararme primero… casi–
Un rayo imponente surcó el tornado de arena dando justo en su blanco, el cegador destello de magnitud nuclear cedió pasó a los ojos de los testigos asombrados, donde el temido capataz desaparecía entre girones carbonizados.
Todos los trabajadores en la mina le vieron fascinados, ni un solo ruido opacaba la radiación que rodeaba al resurgido entre los muertos en vida, era el icono más sagrado de justicia en ese momento.
Los soldados huyeron al verlo levitar, extendió su palma, apuntando al centro de energía nutriendo la barrera de estacas y lo pulverizó.
La horda de prisioneros inició su éxodo masivo, sin orden ni temor, algunos mutilaban sus miembros liberándose de las cadenas impuestas, la euforia era la misma entre todos los sobrevivientes. Adoraban en gritos a su increíble libertador quien sin darles importancia, se apresuró a efectuar su desesperado plan.
Vegeta bajó, observó el desastre con gran pesar, levantó al desfallecido Kiiro, y en un gesto de respeto volteó hasta donde estaba el cuerpo de Raditz, más para su sorpresa, éste aún respiraba.
No perdió más el tiempo y con ambos a cuestas, salió disparado surcando el nevado desierto, divisó la estación central, cayó desde el cielo destruyendo la bóveda del complejo, todos los soldados dentro miraban anonadados.
– Póngalos en un tanque ¡AHORA! – comandó destruyendo los ornamentos innecesarios al borde de la estación. Los amedrentados soldados obedecieron al acto.
Al llevárselos como ordenó, se cruzó de brazos en la sonrisa más pura y sincera que jamás pudo emitir. Ahora entendía que su destino, por fin, después de todos sus años de sufrimiento, después de toda humillación y revés sorteado, ese glorioso destino, finalmente estaba cumplido.
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En la oscura lejanía del espacio, el destino de otro individuo vencido, se entrelazaba a la alianza que sellaría las vidas de toda la galaxia. El efecto de ello, solo se presentaría como la sospecha de una silenciosa sombra de muerte. La batalla más grandiosa se aproximaba, la batalla por la existencia.
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Espero les haya sido agradable! También si no lo fue, déjenmelo saber.
Mil gracias.
