Hola! ya se que no tengo perdón! tardé demasiado e incluso yo misma me sentía mal por no poder terminar, he hecho muchos cambios y deje mi trabajo ademas de mudarme de ciudad, se que no es excusa pero incluso creo que tuve influenza XD. Espero puedan perdonarme!

Mil gracias por todos sus hermosos RW, Annabell mi súper fiel lectora eres genial, Smithback siempre al pendiente! gracias por todo!. Lizzy gerry wow! tus palabras fueron tan dulces y conmovedoras que me halagó muchísimo, igual Gaby y RedDragon, no creo merecer tanto reconocimiento! de verdad que me animan muchísimo y espero no derrumbar expectativas de nadie. En fin, aquí esta la continuación. Disfrútenlo y háganme saber si así fue o si no! jajaja todo se vale! perdónenme por favor!

_Capitulo XV_

Un viraje inesperado

Aunque era un experimentado guerrero, el uso de los tanques de regeneración, era algo a lo que nunca se acostumbraría. Su rubio cabello flotaba y abrió los ojos azules al escuchar el pitido de terminación. Cuando el tanque se hubo drenado. Salió limpiando los pegajosos residuos del líquido verde.

—Odio estas cosas —

—Ya te acostumbrarás — Con su enorme pierna metálica cruzada, Kurat le esperaba paciente —Es mejor que sanar de modo natural, de todos modos — se encogió de hombros arrojándole una especie de toalla.

—¿Cuánto tiempo estuve aquí? — preguntó sin reconocer nada alrededor, a través de la ventana se observaba un cielo azul y sonidos de la fauna de ese extraño planeta.

— En tiempos terrícolas, tres meses — contestó aburrido limpiándose un diente.

—¿Ahora adoptaremos ese primitivo sistema? — alzó una ceja mientras echaba un vistazo por la ventana.

—No, pero es la influencia gravitacional en la que estamos sumergidos — se levantó proporcionándole un uniforme de manera tosca —Vístete, es asqueroso ver tu trasero —

—¿Estamos de nuevo en la Tierra? — confundido preguntó

—Así es — una voz femenina le contestó, asustando su conducta pudorosa.

—Maestra Nashee — Kurat la reverenció. Se trataba de una mujer alta, su complexión musculosa hacia temblar a sus adversarios por la autentica fachada de una guerrera, pero se trataba de una eminencia en conocimiento interestelar, su origen era desconocido, un misterio al igual que el reflejo de su cabello castaño rojizo que jamás se veía de un solo color. Nadie se atrevía a preguntar pues tenía a su vez, unos ojos oscuros muy intimidantes.

—Vine personalmente a agradecer al teniente Azuki— dio una reverencia devota —…benefactor de mi rescate—

—Rescataste a un excelente elemento Azuki — Kurat palmeó entusiasmado el hombro de su compañero— la antigua constructora de las cartas intergalácticas—

—Subyugada, una vez que descubrieron el boicot a mis trabajos — se encogió de hombros con una culpa inusual— no podía manchar mis manos con sangre de inocentes — perdió la vista en la distancia reemorando el trágico suceso que la llevó a Minas Calladri y todo lo que perdió en ese lugar.

— Fue un honor — entendiendo la relevancia de ese personaje, Azuki de igual modo le reverenció

—Me han dejado saber, que pensaba que era otra persona — intrigada reviró para ver la reacción de su salvador.

—Así es, la flota estaba en busca de una joven que es al parecer un brillante ingeniero— se disculpó de modo automático. La falta de emociones trastornaba a los conversantes, quizá las torturas sufridas habrían sido demasiado para su psique—¿Qué ha sucedido con todos? —

—Es una larga historia — Kurat disuadió más preocupaciones — Pero prontamente te pondrás al corriente. Hemos hecho contacto con Tarble y al parecer, nuestra mejor carta está viva aún —

—¿Mejor carta? —

— Ahora tenemos en nuestras filas a un super saiyajin — Confesó con cierto animo de orgullo, que no se atrevería a confesar en voz alta.

—Esperemos que no estemos subestimando una vez mas la historia — la mujer interrumpió el festejo— La lección más difícil para mi fue, que nunca debes confiar en un saiyajin — Se cruzó de brazos gruñendo. El silencio que provocó su afirmación la puso nerviosa, no deseaba otorgar explicaciones —Necesito un favor especial — Cortó cambiando el tópico a uno prioritario en su agenda.

— ¿Puedo hacer algo? — Kurat preguntó

—No — Se dirigió a la persona indicada para la tarea—pero él si puede.

Aunque la negativa de respuesta en el teniente le produjo una sensación de malestar.

—Vamos soldado, será entretenido —Instó al teniente a aceptar, realmente no deseaba que notaran su desesperación.

—Vamos, no hay pendientes por el momento — Intentando convencer a su colega, Kurat argumentó

—De acuerdo — Accedió denotando la insistencia, despues de todo necesitaba también un poco mas de acción, pasó demasiado tiempo inmóvil. — pero mantenme informado —

Se disponían a abandonar la sala de recuperación cuando otro de los lideres del sector les detuvo.

—Un momento — se interpuso adivinando la próxima partida —Antes deben acudir a investigar un levantamiento —

— ¿Otro mas de los problemas general? —Kurat visiblemente molesto le pregunto en tono hostil, a su gusto eran pequeñas nimiedades las labores a las que les exigían dedicarse esos días en la Tierra—envíen a Satán como en otras ocasiones —

—No — el hombre interrumpió —este parece ser algo en verdad serio —

—Tendrá que hacerlo alguien más general — la mujer dictó sin margen para dialogar—necesito un piloto pues es un asunto de vida o muerte —

Y haciéndolo a un lado, la temeraria hembra salió del sitio, tomando por el hombro a su cautivo a quien dirigió sin darle tiempo de protestar.

—¡Que mujer! Eh — Kurat codeó al sujeto perplejo, observándola hasta desaparecer.

_..._

El emperador ahora empezaba a creer, que esa mala racha de terribles noticias, perdidas incontables y caos, no eran producto de la suerte. El acabose de consecuencias en su mala administración no fue la significativa perdida de cristales preciosos en el atentado contra Arkha-Hoseik, del cual estaba recibiendo noticias en ese instante, si no la terrible tragedia ocurrida a toda la flota de rescate en Yadrat, de la cual ni siquiera restos habrían encontrado en el sobrevuelo de reconocimiento. La sonda enviada no fue siquiera capaz de transmitir un solo fragmento de información de utilidad, pues en cuanto su trabajo inició, misteriosamente el mecanismo de función quedo completamente atrofiado.

Mas no era la muerte de todos esos elementos del imperio lo que preocupaba al emperador, sino la falta de recursos para suplirlos. Siendo los desertores tan frecuentes como los atentados en la orden del día. Realmente necesitaba un milagro para corregir todo lo ocurrido.

—Su majestad —inclinándose, el mensajero favorito del emperador, ahora emisario oficial de los emisarios de la sociedad se inclinó esperando respuesta a una interrogante que seguramente el dirigente pasó por alto — ¿Debemos entonces enviar mas refuerzos con los Arcosianos? —

—No —contestó saliendo de su trance — informa que la deuda será resuelta, no envíen más exportaciones hasta que sean autorizados — ausente meditaba en sus pasos a seguir, las extracciones de Calladri eran más escazas al paso del tiempo, calculando una producción insuficiente para los planetas alineados en menos de 2 Ciclos de Tiempo. Pese a tener otro numero de planetas trabajando el mineral, aun juntos no igualaban la producción de las Minas que por tanto tiempo forjó el principal proveedor del imperio.

Pero quizá, había una esperanza después de todo.

— Cuando te hayas marchado…— indicó a su mensajero — busca a Salza en el planeta Dursak e informa que necesitamos tener una reunión urgente —al notar el ceño confundido de su sirviente, agregó —no es necesario decirte que nadie más debe enterarse de esto.

El informe impresionante que tan solo unas horas antes había llegado a sus manos, le hacia pensar que Salza tenia en manos el descubrimiento que salvaría la existencia del imperio y entre esos asuntos, una nueva materia que por fin libraría de amenazas a su dinastía.

Su mensajero se quedó estatico esperando ordenes mas al no obtener otra premisa, decidió retirarse.

Realizó otra reverencia y se dispuso a salir. Abordando su minúscula nave, un elemento sencillo que no llamaba la atención de forma civilizada de vida alguna, metamorfoseo a su forma original. Ciertamente debía felicitar a su verdadero empleador, pues parecía que para Salza, todas las piezas estaban cayendo en su lugar.

_..._

Quizá habían sido los meses más difíciles en toda su existencia, hecho debido no solo a la problemática de reparar, de prácticamente la nada, una nave funcional con elementos de otros mundos e idiomas; sino por el hecho de haber pasado un largo tiempo recuperándose del terrible parto, aunado a la agobiante realidad que constituía esa sorpresiva maternidad, de la cual casi ningún elemento presente podía servirle de mucha ayuda. De no ser por el único personaje cuya opinión le pesaba tanto, como a él le pesaba el descubrimiento realizado meses atrás.

A pesar de haber guardado con recelo el secreto, el peso del desprecio en sus acciones, no escapaba de la vista de todo aquel que se preguntaba cuál era la razón de tanta hostilidad en los actos del saiyajin recién llegado.

Pasaba el tiempo intentando seguir el ritmo de la nueva trasformación de su congénere en los entrenamientos, prestando la otra parte de su tiempo, atención a los pequeños gemelos y una minúscula parte interaccionando de forma hosca con la única fémina del planeta.

Ahora por fin estaba reparado por completo el sistema de comunicación, sin embargo al entablar el diálogo con sus amigos, la reacción del resto del grupo no fue la esperada

—Dices …¿Qué no pueden enviar una nave por nosotros? — visiblemente molesto Tarble recriminaba enfoldado de brazos, la falta de empatía de sus camaradas. El intercambio era escuchado con atención por la aún más molesta mujer, que sin perder el tiempo empujó al susodicho abarcando todo el panel holográfico.

—¡Escuchame Krillin! —vociferó sumamente agresiva —¡No arriesgue mi vida por tanto tiempo para mantener sus perezosos traseros a salvo y me NIEGUEN TRANSPORTE A CASA POR INCONVENIENTES! —

—Me alegra verte a salvo Bulma — con una sincera sonrisa, cerró los ojos adivinando con anticipación lo que ese hecho provocaría en su vieja amiga. Pese a que el recibimiento de la noticia de encontrarlos con vida, había sido la mejor noticia en mucho tiempo, la situación en la tierra los mantenía atados de manos y recursos.

—¿Te alegra? — Continuó con cierto hartazgo — ¡¿Entonces por qué rayos no pueden venir por nosotros?! —

—Tenemos problemas graves en otro planeta y todos los elementos están en una cruzada por un nuevo movimiento del imperio —aseguró con suma preocupación — el imperio encontró un planeta que puede poner en peligro la seguridad de toda la galaxia — explicó sin dar detalles, pues era información manejada con mucha discreción entre los aliados — toda la flota se encuentra en camino para protegerlo—

—Quizá deberíamos estar ahí — Tarble susurró para sí.

—¿De qué planeta estás hablando? — Con la duda sobre sus mayores temores, la científica intentó indagar aún más

—Parece ser un planeta que estaba fuera de los registros —El joven monje se encogió de hombros al no poseer el conocimiento suficiente para especificar — Solo sé, que está en alguna región del cuadrante Este 458 del imper.. —

—¡No! — comprobando sus temores, reaccionó con poder dar pie a lo que sabía que acontecería, se trataba sin lugar a dudas del planeta de los Tarwi.

—¿Lo conoces?... —bajo una mueca forzada de incredulidad, Krillin expresó cruzándose de brazos

—Yo soy la razón por la que saben de ese sitio —

La reacción en su compañera no era esperada por ambos testigos, la palidez en su rostro atormentado les daba a entender, que lo que afirmaba debía ser verdad, una culpa delatora que solo un arrepentimiento podría evocar. Caminando desorientada, se recargó en el dintel de la entrada a la nave, pocos ajustes faltaban, pero sentía la insistente necesidad de asistir a sus amigos de un final terrible. De primera mano sabía lo que el imperio haría con ellos, aún pese a tener la defensa de los minerales en el planeta, tarde o temprano encontrarían la forma de mermar sus números hasta purgarles.

—Bul…—sin atreverse a hablar, por primera vez en muchos meses, el saiyajin mas joven se preocupó. El augurio de esa reacción debía ser suficientemente malo para levantar tal emoción de desesperanza.

—Lamento haber dado esta noticia — sin saber como actuar, Krillin intervino una vez mas — en verdad espero que nuestros aliados puedan solucionarlo y les mantendré informados de lo que ocurra, espero tengan un retorno a salvo, se que Bulma lo logrará y estaremos en comunicación constante — intentaba diluir la carga emocional que evidentemente estaban pasando, pero sospechaba que lo mejor en ese momento, era dejarles solos unos momentos. Despidiéndose efusivamente cortó comunicación.

—Avisaré a Gokú — el joven en suave tono avisó su retirada —no quería voltear a verla, pues sabía que el estado en el que ella se encontraba, le haría bajar las defensas buscando ayudarle, el tampoco estaba listo para hablar de lo que sucedió. Pero los sollozos se clavaron en sus pies como grilletes de plomo, incapaz de moverse quedó de pie a un lado, sin emitir palabra alguna.

—Todo es mi culpa — temblando la voz en un lastimero sonido, musitó infeliz — De no ser por mi, jamás habríamos terminado en ese sitio — Ambas manos aferradas a la puerta, temblaban de impotencia —Ahora esos miserables los mataran a todos —

Contemplando la escena sin saber que decir, Tarble se acercó sumisamente. Se puso a un costado casi titubeando acerca de dar consuelo, no sabía exactamente qué hacer en ese tipo de situación.

—No podemos dejarlo así — Ella se levantó limpiando su rostro — ¡Iremos a ayudarles! — aseguró irguiéndose segura en busca del otro saiyajin — terminaré la nave esta noche, así deba quedarme sin energía, es por el bien de todos — Convencida pasó de largo, acabando con el momento de vulnerabilidad de golpe.

Tarble la contempló dando un suspiro con el ceño sumamente preocupado. Sabía que quizá no pensaba con claridad, pero no se atrevía a ser el primero en cuestionarla, además de la discusión que generaría, estaba en demasía confundido. No podía admitir la enorme decepción, como no podía explicarse por qué le afectaba de esa manera. No podía siquiera manejar una respuesta aceptable a lo que se esperaba que hiciera, estaba incluso aún más embrollado de lo que ella debía estar, en ese particular momento de su vida.

….

Minutos mas tarde, habiendo subido en un vehiculo de su propia fabricación, Bulma alcanzo a llegar al sitio donde el otro saiyano se encontraba, escuchó la conversación con cierto recelo, puesto que la actitud de su viejo amigo tenía tintes desconocidos cada día que pasaba. La total seriedad en su semblante le anunciaba que quizá habría llegado en un mal momento.

— …debes sentir el canal de todas las cosas— el anciano yadratiano explicaba, mientras el alumno meditaba concentrado — Siente todos los canales de energía en tu ser, puedes hacer obedecer a cada célula, cuando comprendas el potencial de la energía latente en tu ki …—

—¡GOKÚ! — Sin darle importancia a dichas palabras, la impasible mujer tiró por la borda todo respeto — ¡Nos marcharemos por la mañana! — avisó sin detenerse a explicar, su actitud correspondía en parte al completo desapego que su camarada habría tenido los últimos meses. A pesar de haberle salvado la vida, las prioridades en su agenda diaria no incluían las exigencias de su compañera y su nueva vida familiar. Por algún motivo permanecía apartado en una extraña actitud errante, pero sin perder el humor o esa sonrisa que ahora solo propiciaba una sensación de reproche en la insondable mujer.

—Lo lamento — negando con cierta vergüenza, se disculpó ante su nuevo maestro. Observándola alejarse instó al otro a continuar con el entrenamiento.

…..

Tarble cuidaba de los pequeños bebes, los dos habían logrado sobrevivir pese a las pocas probabilidades. Milagrosamente, ninguno había presentado complicación alguna, adaptados por completo a la atmosfera de ese planeta jugueteaban sobre un tapete improvisado, rodando y haciendo gracias en intentos de gateo, llamando la atención de todo yadrat a la redonda. La vigilancia era constante al igual que todos los voluntarios para estar cerca de las adorables criaturas regordetas, que para diversión del resto, poseían también un carácter muy peculiar. La pequeña tiró de la diminuta cola a su hermano con brusquedad, causándole un ataque de lágrimas. Al instante fueron separados entre risas.

—Los llevaré a dar un paseo — Uno de los yadrat solicitó obteniendo la aprobación del que, sin haberlo requerido, se había convertido en el niñero oficial de ambos, en los tiempos de labores de su atareada madre. Ayuda que brindaba más por el bien de los críos que por el de la inexperta primeriza.

Unos segundos después, la madre cruzaba la entrada.

— No puedo creer lo rápido que crecen —suspiró mirando como, entre balbuceos y risas, sus dos pequeños eran llevados por los encantados nativos. Entró tomando asiento a un lado del otro saiyajin silencioso. Poniendo atención a las casi invisibles marcas de dientillos en la cola de su amigo — Veo que también te ha tocado a ti esta vez — sonrió intentando entablar conversación. Pero la negativa continuaba presente. Recargándose sobre las paredes metálicas la joven dio un profundo suspiro. Le era sabido que en algún momento debía finalizar con esa actitud, después de todo, eran parte del mismo bando y finalmente, después de mucho tiempo de evitar el tema, se decidió a hablar.

— Se que, a tus ojos, esto puede ser lo peor que pudiera suceder — Inició sin mirarlo — no espero que entiendas mis razones, ni todo lo que pasé o que cambies tu juicio sobre mi — Fijó el rostro sobre el indiferente muchacho— Para mí ha sido un regalo, pues es gracias a todo que tengo a mis pequeños y eso nunca podrá estar mal, si no puedes verlo, no importa. Espero que puedas razonar alguna vez mas allá de tu rencor — Se levantó dispuesta a dar el espacio que su reflexión requería. Sin decir más palabra salió a recuperar a sus bebés, temiendo quizá haber ido demasiado rápido en su declaración.

Tarble quedó inmóvil, si bien se había encariñado en demasía con el par de infantes, la sola idea de que ese acercamiento entre el verdugo de su felicidad y ella se hubiese dado, siempre le sería repugnante. Sin embargo, la perspectiva de su actitud, del dominio de su insistencia en aferrarse al odio, de cuestionar la existencia de los niños, era ciertamente la peor forma de afrontar esa realidad. Valia la pena intentar solventar una aceptación, después de todo, debía intentar aceptar lo que pasó, aunque se tratase de ese vil asesino.

—Espera — le habló antes de que la perdiera de vista. Al detenerse titubeó en lo próximo a argumentar, pensó mil y una razones que otorgar, pensó en todo aquello con lo que la discordia en su pensamiento le atormentaba y sin dar más pie a todas las explicaciones que podría evocar, una sola frase salió de su boca — Lo siento.

Ella no dio vuelta. Ningún movimiento especifico. Solo en plena contemplación en ese horizonte amarillezco. Finalmente asintió en la distancia y continuó su camino. Ya habría tiempo de tener esa conversación a conciencia, entre tanto, aun había muchas cosas por hacer.

_..._

—Majestad tenemos reportes de que un contingente ha asaltado Minas Calladri— en servil postura, el emisario de viaje enunció al monarca que contemplaba en la lejanía el planeta rojo del que hablaban.

—No importa — desairó con la mano cargada en emblemas de su estatus—me haré cargo en cuanto descendamos — despachó a su sequito mientras se preparaban para ingresar a la atmósfera.

En el planeta, el caos reinaba cada rincón, los presos corrian sin control enfrentando a todo guardia en el camino, la rebelión inminente crecía y en el corazón de la destrucción, como una flama incandescente de odio puro, destellaba el saiyajin que encarnaba la personificación de un dios de destrucción ante los ojos de todos.

con locura en la risa eliminaba todos los simbolos de opresión vividos en ese infierno, todas las estructuras y muros, sin importar si arrasaba con prisioneros o guardias, si en el proceso terminaba destruyendo el planeta entero, no había elemento alguno que se salvara de su ira letal y se decantaba en placer por poder hacerlo.

—¡Vegeta detente! —escuchó un grito a lo lejos y de forma impensable, dos conocidos le veían desde el suelo con asombro y temor entremezclados. De algún modo un maltrecho Jeice sostenía a un casi abatido Kiiro, que sin posibilidad alguna estaba consiente una vez más.

—¡El emperador llegará en unos instantes basuras rebeldes! — un soldado apareció con un aturdidor listo para disparar. Mas otro de los prisioneras se lanzó sobre él, arrancándose en una pelea cuerpo a cuerpo como fieras desatadas.

La nave de Cold se veía en el horizonte. La atención del vengador dorado se posó sobre su siguiente objetivo, relamía los labios rebasado de felicidad, perfilando por fin el momento de acabar con todo, su momento de gloria elevándose en la estratosfera en el fastuoso momento de regicidio.

Acarreó sobre su palma un excedente de energía tan grande, que cegaba el calor a todas las formas mirando el espectáculo.

—¡HASTA NUNCA IMBÉCIL! — gritó eufórico. Mas en un segundo, todo se volvió negro.

Desplomándose cual águila cazada, perdió todo color de las puntas en su cabello, la energía emitida voló sobre los remanentes de la estación, haciendo volar en pedazos toda la sección oeste del complejo de seguridad y sus alrededores. La arena volaba en ráfagas arremolinadas con furia, opacando el mismo sonido de la nave ingresando, apenas logrando chocar contra las ruinas del fondo, Jeice observó al anciano intentar levantarse sosteniendo el aturdidor con ambas manos. Entonces comprendió parte de su plan. Por eso le había solicitado ayuda, por eso lo vió salir del tanque con tanta premura, ese anciano tenia planes para el saiyajin.

—Muchacho — habló con sumo esfuerzo, poniendo el limite de sus fuerzas en sostenerse —debes ir por el y ocultarlo, si Cold lo encuentra, lo asesinará de inmediato —

Jeice remontó la vista sobre la feroz tormenta de arena, por un momento dudó en ejecutar la orden, el odio profesado a ese miserable era fuerte, cuando lo vió convertirse en la distancia, no pudo evitar correr en su dirección asombrado por esa inexplicable metamorfósis, el odio que sentía por un instante se volvió admiración, por algún motivo, la lucidez en la comprensión de los actos del saiyajin sobre su persona, llegó súbita como la orden a sus piernas mientras corría en busca del guerrero caído. Aunque fuese su enemigo, le había salvado la vida después de todo, entendía que ese no sería el fin y vendría otro dia para pelear, quizá después de todo, tenía esa deuda que pagar.

Lo encontró, sin pensar lo arrastró hasta el interior de dos placas derribadas de metal, haciendo un burdo esfuerzo ocultó el cuerpo inconsciente entre las rocas, guandando cuidado en no dejarse delatar mientras escuchaba el disparo de los blasters silenciar todo el barullo acontecido, se resguardó esperando como una presa impaciente, pero las voces de los que llegaban, fueron reconocidas de inmediato por sus oídos.

—¿¡Que demonios fue eso!? — la escolta real que limpiaba los alrededores, llamaba por el scouter a los sobrevivientes de las ruinas, mas no hubo testigos que confirmaran la respuesta en el sitio.

El escándalo cesó después de un corto tiempo, finalmente las armaduras se escucharon en la lejanía y las voces no se hicieron esperar.

—¡Es el general! —uno de los patrulleros informó al resto sacando de los restos de la arena al maltrecho hombre. La coloración palida les anunció que debian actuar con la mayor prisa posible, depositándolo en una de las tablas flotantes, el escuadrón recién llegado evacuó el área de desastre en pocos minutos.

—Será mejor que te quedes aquí hasta que todo se calme — el preocupado brench susurró a su inconsciente acompañante —No se de donde habrás sacado esa fuerza, pero no debe ser normal —se dirigió a él prestando atención a los detalles de su estampa, esperaba no tener que actuar para aturdirle si es que despertaba, sin mencionar que no estaba seguro de que fuera capaz de hacerlo ante esa enorme diferencia de poder. En verdad empezaba a dudar acerca de las acusaciones del imperio sobre esa incomprendida raza, quizá no eran tan inferiores después de todo. Se puso en pie con sigilo, limpió el polvo sacudiendo el cabello y encadenó al desmayado sujeto esperando que no despertara en algún momento cercano. Después de asegurar su tarea, se dirigió a investigar que estaba ocurriendo.

Abrió los ojos cerrándose al instante por el sofocante sol, sobre su cuerpo había un número considerable de blasters, apuntando listos para actuar. Al fondo de las ruinas tecnológicas empolvadas, de pie dando un vistazo a la destrucción aparente, el emperador en persona daba la espalda a todo el sequito de ejercito que le acompañaba, diferentes soldados tomando bajo control a los prisioneros y heridos entre alaridos de rabia y gritos de auxilio de los sobrevivientes.

Notó sobre su brazo una infusion energética canalizada a su sistema, estaba recibiendo ayuda para enfrentar un interrogatorio.

—Kiiro —dando grandes zancadas en el terreno pedregoso, el emperador se acercó —que ha sucedido en este lugar —con el mas serio de los gestos, buscó indagar en una sola pista de mentira sobre el rostro de su antiguo general —he venido a socorrerte… y ¿asi es como me pagas?

—No se a que se refiere alteza— contestó sin miedo — como podrá observar, no estoy en condiciones de iniciar un asalto — resondió con acidez. Mucha había sido la decepción vivida hasta ahora, pues entendia que el hecho de que se encontrara el monarca en persona en ese lugar, no podía deberse a otra razón mas que a una falta de control sobre el imperio, una que muy probablemente esperaba que su antiguo elemento le resolviera.

—El disparo de energía provino del sitio donde fuiste encontrado —Cold continuó relatando con suma paciencia —la evidencia apunta a que sabes que provocó esta catástrofe—se acercó tomando un lujoso asiento, improvisado por los sirvientes que le rodeaban intentando dar comodidad en medio de ese desastre. Al fondo, las llamas del fenecido centro de actividades, le indicaba al anciano, que lo que dijera sería la única respuesta que se podría dar a lo acontecido.

—Fui trasladado al centro médico, la orden de indulto fue recibida —inició con la ambigua explicación —pero no puedo decir más al respecto —finalizó sin quitar la vista al icejin.

Ambos quedaron en el silencio observándose con desafio, el resto de los testigos imitaba el vacio de opiniones esperando.

—Maldición —satisfecho con la explicación, Cold se enderezó dispuesto a retirarse —podemos entonces suponer que fue un ataque rebelde —aseguró indicando a los soldados que continuaran el tratamiento —los sobrevivientes no tienen claro que ocurrió y el resto de los malditos prisioneros están demasiado trastornados, hablan incoherencias del señor de la guerra —se cruzó de brazos balbuceando para si, después de un momento retornó su atención al lesionado.

—Kiiro regresarás a tu puesto haciéndote cargo de una misión de suma importancia — después de hacer un ademán despidió a la mayor parte de los elementos quienes reverenciando se alejaron con prontitud —Minas Calladri ya no era un insumo sustentable para el imperio — confesó en calma y baja voz acercándose — no importando el incidente en este sitio, estaba destinado al fracaso —tomó con delicadeza una de las bayas proporcionadas por sus sirvientes, cual si se tratase de mistico objeto —pero… tenemos información de lo que es, probablemente el yacimiento de transferato más grande en todo el universo —sonrió con tal complacencia que la ceja del general no pudo evitar arquearse ante la sugerencia — un planeta que se encontraba fuera de las cartas y que tiene muchos más elementos de interés — tomó asiento una vez más estrellando su capa contra el suelo —el problema es, que como todo lo bueno, esta infestado de seres indeseables, tu misión será arreglar ese problema —la delicada baya fue estrujada con desprecio, en ese simple acto Kiiro comprendió lo que se le solicitaba sin más preámbulos.

—Majestad — tosió con los antebrazos sobre las rodillas —al ser un planeta de esta naturaleza supongo la problemática que implica el uso de poderes —meditó causando el agrado de su superior, siempre perspicaz, en verdad sentía que no se equivocaba de elección — supongo de igual modo que el uso de armas ha fracasado o no estaría solicitando mi intervención — en una vaga pregunta al aire le cuestionó de manera sutil

—hace dos semanas iniciamos el asalto, pero esos malditos nativos son muy numerosos y resistentes — gruñó de modo casi imperceptible — incluso los que hemos tomado presos, son mucho más fuertes fuera de ese muladar y prefieren morir antes de rebelar alguna debilidad —los colmillos visibles ante el desagrado de ese recuerdo —no podemos volar sus aldeas por la inestabilidad de los elementos, nos arriesgaríamos a destruir todo el planeta —guardó silencio meditando su próxima idea — la única solución es que tu descubras alguna debilidad, no dejaré este asunto en manos de Salza, no me quedan claras las circunstancias que lo pusieron convenientemente lejos del atentado contra mis hijos —

—Lord Cooler… ¿lo han encontrado? — con un hilo de esperanza emitió

—Así es — aseveró con amargura —pero no esta en condiciones de hacer nada por el momento — Posicionó una mano sobre el dintel resquebrajado de lo que fue el centro de aislamiento en el complejo — Mi hijo Freezer —Cerró los dedos con lentitud, pulverizando el material crujiente— Fue… asesinado por …una bestia salvaje —

Ambos quedaron callados, de cierta forma los sentimentalismos no eran parte de la rutina en el manejo del imperio, para ambos, era una situación nueva.

—Es imperante que actúes de inmediato — Cortando el momento Cold ordenó de forma fría

—Emperador, como podrá observar, no estoy en condiciones de pelear en este momento —vislumbró el inicio de una molestia sin precedentes en los ojos de su líder —pero de este hecho se encargará mi futuro heredero y se que cumplirá con la misma eficiencia —

—¿Heredero? —

—Así es majestad —intentó hincarse en signo de sumisión — si es verdad que todos mis recursos fueron restaurados, he decidido otorgar la sucesión a un loable guerrero que figurará como hijo adoptivo de mi casa —

—Tus bienes no serán restaurados como asumes — aseveró sin dar tregua a una posible indulgencia — pese a que no hayas sido culpable fallaste en tu deber de protección a mi hijo —

—Lo se alteza — Continuó con su discurso —Pero si permite que pueda hacer este cometido realidad, contará con todos los aportes que requiera—

Cold conocía bien a su general, por primera vez notaba en su voz lo que jamás pensó escucharía y sabía muy bien, que la amenaza implícita a la que se refería no tendría revés si decidía negarle esa petición. No contaba con más recursos, no confiaba en los que sabía podrían solucionar el problema. Con las manos atadas, no había mas que pudiera hacer. Las reservas del mineral era lo que daba estabilidad a la seguridad del imperio, incluyendo la nueva promesa de potenciar su nivel de poder, fuese lo que fuese que trajera entre manos, no le quedaba más opción que aceptar.

—De acuerdo Kiiro —admitió casi en amenaza gutural — tendrás todos los privilegios y títulos a tu casa de vuelta…pero si tu protegido llega a fallar… colgaré tu cabeza junto a la de él en el trono de palacio Cellisca —se alejó sin dirigirle la vista —transpórtenlo de vuelta a su planeta —ordenó a los guardias en la distancia. Diciendo esto desapareció entre la polvareda de los escombros.

Los soldados encargados de atenderle obedecieron la implícita señal de retirada que la furtiva mirada del general les propinó. Estando seguro de que nadie mas se hallaba en el área. Se atrevió revelar al intruso

—No tardarán en traer la nave y es mejor que traigas hasta aquí al resto — ordenó sin revelar su posición con la vista.

Jeice salió entre las sombras, silencioso asintió retirándose con total sigilo. No era necesario mencionar la necesidad de total discreción, después de todo, en ese momento se trataba de la especie más buscada en todo el imperio.

_..._

Una semana más. Un mes mas y los pequeños problemas no dejaban de ocurrir. Pero finalmente su gran mente se antepuso a todas las adversidades presentadas.

—Finalmente después de reparaciones a ciegas —suspiró acogiendo en el rostro una gran sonrisa —estamos listos para partir— anunció eufórica, cubierta en líquidos de desecho de la nave mientras mecía a su inquieto crío en un brazo.

—¡Vaya! — recargándose con regocijo en el fuselaje de superficie, el saiyano más alto exclamó — nunca pensé que te tomara tanto tiempo reparar una nave — bostezó acomodando la cabeza para observar las estrellas.

—¿Estas criticando mi trabajo? — se limpió las manos, arrojando el pedazo de tela sucio sobre la cara del supuesto provocador.

—¡Cielos Bulma! — se levantó con un ligero hartazgo — No me refería a eso ¿Podrías calmarte? —

—Creo que eso deberíamos hacer todos — Tarble quien intentaba dormir a la pequeña, intentó apaciguar las cosas. A pesar de lo extraño que parecía esas discusiones se hacían mas comunes cada día. Por alguna extraña razón parecía haber una gran disociación entre la personalidad conocida del saiyajin terrícola y el nuevo super saiyano despertado. Situación preocupante que nadie intentaba traer a colación.

—Por supuesto — con bastante cinismo, refutó la incómoda mujer — ¡¿Tienen alguna idea del trabajo que fue reemplazar todos los sistemas de propulsión, po que ¡¿NO TENEMOS COMBUSTIBLE?! ¡Trabajar desde cero porque todo lo redujeron a cenizas en su batalla! Y no tener herramien… ¿Dónde rayos vas? —

Salió volando, no quería discutir mas y no encontraba la forma de no inducir esas confrontaciones. Habían pasado demasiado tiempo juntos y en definitiva, algo no se sentía bien. Constantemente pensaba que se debía a su nuevo estado de maternidad, pero ahora meditaba en la posibilidad, de que fuese él mismo, quien por primera vez en toda su existencia, ahora sentía la necesidad de responder a esas provocaciones. De cualquier manera, nada de lo ocurrido podía ser una buena noticia.

Tomando espacio para aterrizar en ese extraño paraje nocturno desierto, descendió dejandose caer. Exhaló intentando borrar su mente, realmente se había vuelto un experto en ello en poco tiempo. Pero una presencia familiar se acercaba en su misma dirección.

— No es necesario — le dijo al sentir su presencia aterrizar a su lado — Iré a disculparme en unos instantes, por ahora necesito estar a solas —

La ausencia de una respuesta le dejó saber que había más asuntos que tratar.

— No necesitas cargar solo con todo el peso de esta cruzada — las pisadas trituraban los pequeños gránulos de arena como el único sonido entre ambos — Sabes… haberte conocido, fue una de las experiencias más reveladoras de mi vida — Inició tomando asiento junto a él, en el frío terreno— Eres la esperanza de lo que nuestra raza pudo ser, sin haber caído victimas de su propia ambición y violencia, eres un sujeto increíble — Fijó su vista en las facciones de su congénere, pero sus cejas anunciaban una preocupación inminente — Lo que sea que este molestándote… lograremos vencer —

—No es así —

— ¿Qué has dicho? —ofuscado intentó rectificar lo que creyó haber escuchado

—¡No es así!— en total seriedad se sentó de un solo movimiento — ¡No soy un sujeto increíble! y no se si quiero ser parte de toda esta historia de legendarios elegidos — Cruzándose de brazos se preparaba para alejarse una vez más — Lo único que deseaba era una buena pelea, ¡Nunca quise ser el héroe de todos esos seres allá afuera! —La exasperación, comenzaba a hacerse presente en un rostro que nunca le había conjurado —¿Sabes lo que harán cuando regrese? —preguntó dándole la espalda. El más joven, anonadado por esa conducta completamente inusual, solo negó en silencio — No estoy listo para ser un héroe, solo quiero encontrar el reto de enemigos mas fuertes, ¡No quiero el puesto del guardián del mundo! —

—Pero… — Interrumpió su abrupta salida — Es nuestra obligación — Con el entrecejo cerrado, recriminaba lo que juzgaba como una actitud egoísta, que se negaba a aceptar — No se que te ha pasado, pero es mejor que examinemos…—

—No— con la orden más seria que jamás hubiese dado, se plantó de cara a la sugerencia —Por primera vez, veo las cosas con claridad y no permitiré que lo arrebaten para que encaje en un perfil — Los ojos de su oyente, no podían estar mas sorprendidos —Deja de forzar lo que no te agrada, hay cosas que no te corresponde cambiar. Igual haces con Bulma para ser algo que jamás serás, acepta lo que eres, lo que son los demás y déjanos seguir con nuestras vidas— y levantando el polvo en varios metros a la redonda, salió disparado perdiéndose en la negrura de la fría noche, dejando un aún más frío corazón tras de sí.

En la nave la situación no era menos desoladora. Detrás de la labor diaria de acunar a sus gemelos, las dudas sobre el retorno estaban también presentes en la mente de la joven terrícola.

—…todos les despediremos, por la mañana como has anunciado — el anciano habló, cayendo en cuenta que la mujer no prestaba atención a sus palabras — Quizá has pasado tanto tiempo aquí, no es agradable marcharse —

Bulma sonrió, aunque era un proceso largo de explicar, prefería que ellos creyesen ese hecho a hablar sobre toda la problemática que estaba por desatarse, al arribar a su planeta. Un pequeño llanto llamó la atención de ambos, el maestro yadratinano se acercó, posó la mano sobre la cabeza de la tierna bebe lloriqueando y le devolvió el sueño antes de que despertase a su hermano.

—Increíble — exclamó admirada — ¿Cómo lo has hecho? Necesito aprender ese truco para hacerlo en mi planeta — se carcajeó comprobando la serenidad con la que ambos retoños dormitaban —o si decido tener más — bromeó guiñando un ojo. Pero ese gesto, no fue tomado de la forma esperada

—Quizá debíamos decirlo antes — el maestro continuó con seriedad —pero ya no podrás tener más hijos —

—¿Qué? —sorprendida preguntó una explicación, a la extremadamente escueta información.

—Tenias muchos daños —informó tratando de darse a entender en el idioma intergaláctico —no pudimos corregir todo y no recuperabas tu fuerza — hizo un ademán de apoyo y a paso lento se dirigió a la salida.

Aunque la noticia no era la peor de todas, de cierta forma arraigó una tristeza a la condición de la joven, nada de lo acontecido había sucedido como imaginó vivirlo. Después de todo siempre supo que no tendría una vida ordinaria, pero saber que esta sería la única vez que experimentaría el proceso, le daba en cierta forma una inconformidad por no haberlo disfrutado a plenitud de toda la experiencia.

…..

Al amanecer, los viajeros guardaban su distancia entre sí, el festejo de despedida fue sumamente breve, siendo los yadratianos criaturas poco expresivas, nadie lo tomó de otro modo. Al cerrar la escotilla el silencio reinó hasta escuchar que los motores funcionaban a la perfección. Se levantaron por los aires seguidos de todas las miradas y en un segundo, despegaron con la dirección a la base rebelde mas cercana, pues había mucho trabajo por hacer para frenar la invasión al planeta en discordia.

_..._

Los indómitos ecos de su conciencia saltaban entre recuerdos inestables de lo vivido, un desorden de pensamientos y emociones que sin tomar forma aparecían en su subconciente. Entonces, entre los suaves murmullos de la brisa del planeta lejano, donde ahora se encontraba, depertó. Semiconsiente y sin abrir los ojos reparó en la calidez de la atmosfera del sitio, un silencio calmo cual oasis de despreocupación.

Y brotó la Ira.

No había otra palabra para describir el título de los primeros atisbos de su regreso a la realidad. Sentía la traición brotar en su subconsciente rencoroso, ciertamente había sido un tonto al bajar la guardia, ahora se recriminaba inútilmente otra oportunidad perdida, ignorando por completo en qué situación estaría inmiscuido y para su constante suerte… no debía ser nada bueno.

Pero algo era diferente, al abrir los ojos, no sintió yugo de alguna forma de represión, no sintió ninguna forma de cautiverio, no sintió esa misma sensación homicida al instante. Enfocando el fondo de la enorme y lujosa habitación, figuró al ser que asumía como el total culpable de su actual infortunio.

— Debes sosegar tu espíritu muchacho—adivinando el significado de ese ceño, saliendo de la fresca sombra entre los telares, el presunto hospedador se acercó, vestía una elegante túnica roja, de desconocido material pesado. Sin embargo, los emblemas de la casa a la que pertenecía eran conocidos por el intrigado huésped.

—¿Por qué me has traído aquí? — con ambas manos apoyándose en sus cansadas piernas, sin dar rodeos, le interrogó — Si estas buscando recompensa por mi cabeza, te advierto será muy difícil. Debí imaginar que serias capaz de esto, Kiiro vasallo de excelencia del imperio… —

Ante la salida proliferante de insultos, el viejo general sonrió, se posicionó sin temor a un lado del mueble de reposo, otorgando una placida mirada al hermoso atardecer aconteciendo entre los enormes arcos de la terraza. Su atmosfera era de completa serenidad.

— Lo imaginaba muchacho— Con su senil tono, dió un gesto condescendiente, logrando arquear aun más la ceja del aludido — No espero tu gratitud, pero si espero poder resarcir mi deuda— Inicio su concisa explicación — No estás aquí por los motivos que supones, estas aquí, porque era necesario—

— ¿¡Que estupideces estas hablando!? — se levantó encolerizado, hastiado de escuchar sinsentidos de laberínticas interpretaciones — Todo fue completamente innecesario ¡maldito bastardo! ¡Pagaste el salvarte arrebatando mi hora de gloria! ¡Era mi hora de VENGANZA!— lanzó lejos el inmobiliario a su alcance, fiero cerró la distancia en contra de su supuesto benefactor.

— Guarda tu ímpetu para tiempos en que sea necesario —el exgeneral se irguió sin temor frente a la amenaza inminente — mi proceder tiene una razón, más allá de lo que tu juicio nublado por la ira permite entender — la severidad de su sobrecejo acrecentó la duda del príncipe — ciertamente posees una fuerza superior, pero tu cuerpo no está en condiciones de sostener una batalla, ¿Cuánto crees que habrías durado cuerpo a cuerpo contra el emperador? —

Aguzando la mirada en busca de algún indicio de mentira, finalmente el saiyajin decidió ceder ante la veracidad de ese hecho, pese a haber alcanzado el estado legendario, su cuerpo denotaba serias marcas del descuido del tiempo, si bien no sabia con exactitud cuanto tiempo se encontró en esas condiciones, la falta de una musculatura real y el estado demacrado de su piel eran el signo inequívoco de que las palabras del general tenían la razón.

Observando el predicamento en su huésped, Kiiro lo instó a tomar asiento en las soberbias piezas que adornaban el recinto.

—Este es uno de los palacios mas antiguos del imperio — señalando la estructura, cambió la conversación de pronto — era una de las joyas mas valoradas de los icejin, pero con el tiempo, su utilidad decayó hasta ser un regalo del emperador a este anciano en las guerras de Qvadrvum —

—Hnn— tomó asiento de un movimiento, cruzando los brazos en signo de aburrimiento — ¿Dónde están los otros? — se apresuró a interrogar prestando poca atención al relato.

—Cold me obsequió el palacio, por una conquista acelerada y con un numero de bajas mínimo— continuó explicando sin prestar oídos — más el éxito de mi encuesta no radicó en el asesinato y uso de la fuerza, radicó en el diálogo y estrategia— pausó observando las facciones de su oyente, completamente inamovibles — si pretendes conquistar un imperio, aun mayor aliado que la fuerza, es la inteligencia— se levantó haciendo una seña a su acompañante. Ambos se levantaron caminando por los altos pasillos señoriales hasta llegar a una de las cámaras de recuperación, donde observó flotar en recuperación los cuerpos de dos conocidos individuos.

—¿Qué hace esa sabandija aquí? — preguntó señalando el cúmulo de cabello blanco que tapaba el cuerpo inconsciente.

—Supuse que se trataba de un aliado — explicó a secas — ayudó a transportarte sin levantar sospechas—

Un breve silencio sobrevino, la abrumadora situación presente contenía demasiada información explayada en solo un instante, ¿Qué plan estaba aconteciendo del que no tenía conocimiento? ¿Cómo es que ambos saiyajin llegaron sin ser delatados por uno de los mas conocidos elementos del imperio? en el rostro del príncipe había miles de preguntas con poca posibilidad de respuesta, sin embargo una constante resonaba en su mente, abriendo con claridad la posibilidad de que pudiese ser una nueva clase de instrumento que utilizar.

—¿Qué es lo que quieres de mí? — viró buscando una respuesta de la postura en su involuntario carcelero. El sonido de su voz intentaba sonar intimidante, pero no hacia mas que invocar verdadera confusión, rasgo que intentaba disimular con todo ahincó.

El rostro de Kiiro no volteó. Guardó silencio unos instantes antes de buscar sus siguientes palabras. Prestando vaga atención a los tanques del resto, finalmente emitió

—El gran problema de este imperio, es que ha rebasado el desprecio por lo que antes era valioso— sentenció con grave voz — no puede seguir negándose la verdad, los días de este mundo están contados — se alejó rumbo a la puerta deteniéndose debajo del marco, antes de retirarse pronunció una ultima explicación — Eres diferente al resto de soldados que he conocido, el altruismo del que fui testigo, solo es un símbolo de algo mas grande por venir— observó al oyente levantar la ceja con suma incredulidad — Por lo que has hecho, haré que anhelas se vuelva realidad, te daré mi palabra saiyajin, de que de ahora en adelante, serás un hombre libre—

El sonido de la cámara de recuperación llamó la atención del incrédulo saiyano. Uno de los tanques empezaba a drenarse, sacando de su letargo de sanación al viejo camarada de escuadrón. Regresó la vista a la entrada donde el anciano se había marchado.

—No sé cómo lograste salvarme…— exhalando mientras tanteaba sus antiguas heridas, el saiyajin más alto trataba de ponerse en pie sujetándose de los bordes —… pero empiezo a creer que tienes una seria fijación conmigo—

Vegeta ladeo el rostro divertido, por mucho que le molestase, no podía evitar sonreír ante el inmensurable descontrol de toda cordura en ese momento de su vida. Realmente, nada tenía sentido, la historia de su vida le hacia desconfiar de todo lo acontecido pero, por otro lado, no podía evitar sentir que había una pequeña posibilidad, de que quizá en esta ocasión, algo fuese diferente.

Al correr de las horas, ambos congéneres descasaron bajo el viento, en el cuarto contiguo a las cámaras, ambos en pleno silencio, meditando la situación con incredulidad y pocas esperanzas, pero por otro lado, no habían tenido tal momento de serenidad en muchos años. Ambos hombres envueltos en los fantasmas de sus recuerdos, trayectorias diferentes pero similares en cierta medida. Los rayos del atardecer de los soles naranjas pegaban sobre la piel morena del príncipe, los tintes le recordaban los paisajes del ultimo mundo libre que visitó, su mente retomaba los hechos con frecuencia y lo atribuía a que quizá ese fue el último momento en que tuvo paz en todo el tiempo que habría transcurrido. No recordaba con certeza cuanto tiempo habría pasado, meses o años, pero por algún motivo inexplicable, su memoria se empecinaba en recurrir a ese mismo sitio, intentando negarse en el proceso, la importancia que quizá pudo tener en su momento.

—¿Otra vez recordando a la humana? — sin temor alguno y toda la intención de mofa, la vocesilla irritante de Raditz, reposando ambos brazos sobre su perezoso lecho, canturreó.

—Cuida bien tus palabras, insecto — erizando los pelos de su maltrecha cola, el ofendido respondió — O quizá me de por arrancarte esa lengua que solo te mete en problemas —

—No es una agresión — en tono sorprendentemente serio, explicó evocando la duda en su acompañante — Se lo que has hecho—

—¿¡De que estas hablando infeliz!? — Con asombrosa rapidez se colocó a su lado levantándole por la solapa de la tunica, los ojos bien fijos pintados de cierto nerviosismo, no comprendía la ansiedad provocada por una tonta afirmación, que muy probablemente ningún fundamento poseía.

Virando los ojos en total desaprobación, Raditz enderezó los pies dando cara a su superior.

—Mírate, siempre haces ese mismo gesto delatándote — se soltó con brusquedad — maldición actúas como todo un vinculado novat..—

Y el atrevimiento le costó un inesperado y fatal puñetazo al torso. Escupiendo sangre miró de reojo a su atacante hacia arriba, postrado de rodillas.

—¡Tu no sabes lo que estas diciendo imbécil! — volvió a acercarle fiero, sosteniéndolo con un agarre agresivo y petulante — no toleraré que me exhibas como un mentecato de tu nivel ¿ENTENDISTE? —

La mueca de dolor en el rostro del saiyano agredido, de pronto se tornó en una gran ventana de entendimiento, los ojos bien abiertos al igual que todos los sentidos, absorto casi gritando sin contención la verdad, tenía la respuesta a esa conducta y todo ese tiempo, pasó por alto la apabullante evidencia.

—¡Caray…. — emitio en media voz casi escandalizada, no podía despegar las pupilas del ahora irreconocible líder de escuadrón — por todos los cielos… ¡Estas vinculado! —

—¡¿QUEEE!? —cual si fuese lava ardiendo, la palabra en la boca del otro, lo arrojó al instante alejándose en dirección contraria — ¡ES UNA ESTUPIDEZ LO QUE PIENSAS! —

—¿Como... — susurró a modo de eco — es lo más obvio… ¿Como pude ser tan ciego?... espera … ¿Cómo demonios sucedió? — se avecinaba otro gancho que esquivó con rapidez, veía a su atacante dirigirse en su contra una vez más.

—¡Callate imbécil! —

—¡Espera! — se alejó lo suficiente—¿Hiciste ÉL vínculo con… una humana? — duda en la voz, mezclado con incredulidad y un toque de diversión

—¡Voy a vincular …MI PUÑO CON TU CARA SI NO CIERRAS LA BOCA! —

—No dejan de ser criaturas primitivas hasta en sus ridículos juegos —

La voz del intruso imponiéndose, interrumpió la ridícula cacería. Aunque, con marcas sobre el cuerpo del estado de salud inviable del brench, no perdía el toque ácido que le hacia al más volátil de los presentes salir de sus casillas.

— ¿Qué estás haciendo aquí insecto rojizo? — Calmando sus ímpetus agresivos, se cruzó de brazos exigiendo una explicación — espero no pienses, que por el hecho de habernos prestado ayuda, te beneficiaremos de algún modo —

—No espero eso — Contestó sin dar mas tiempo a otra interpretación — Aunque no conozcas de ello, nuestra raza también tiene honor — Emitió dando la espalda al ofuscado sujeto — Te salvé la vida y ahora estamos a mano —

El saiyano guardó silencio, pese a que su intención no había sido esa, no podía negar lo ocurrido sin demostrar una contradicción sin argumentos. Decidió que la mejor estrategia sería guardar sus verdaderas intenciones para si, puesto que intentar defender lo contrario, le haría ver como un ente sumamente falso… y emocional. Ambas opciones detestables.

—¿Donde esta Kiiro? —continuó sin prestar atención a los gestos del otro —tenemos mucho trabajo que hacer —

—No lo se y no me interesa — dando leves pasos en dirección contraria a los presentes se dispuso a alejarse en busca de un poco de soledad, eran demasiadas emociones para un solo dia.

—Mas vale que lo encontremos pronto … — Jeice impidió su prematura salida — al parecer tenemos una misión que cumplir y creeme que quieres hacer esto Vegeta—

—¿De que hablas idiota? — Raditz le interrumpió

—Kiiro tuvo una reunión con el emperador y al parecer esta misión repercutirá en algo grande —explicó con sumo cuidado de ser escuchado — no escuché todo lo acordado, pero están en busca de un planeta muy valioso y al parecer Kiiro ofreció que el que será su heredero adoptivo quien llevará a cabo la misión a cambio de algo importante—

—Vaya que eres terrible transmitiendo rumores — con las cejas arqueadas el saiyano de larga cabellera bostezó — además aburrido, traes información inútil ¿eso que tiene que ver con nosotros escoria? —

Jeice se cruzó de brazos cerrando los ojos con molestia, debía quizá ser mas explicito con esa raza en particular.

—Idiota, el estaba refiriéndose a Vegeta — cerró los dedos sobre su ceño en señal de hastío — Kiiro piensa hacerlo su heredero universal, ¿Por qué otra razón nos tendría aquí? —señaló el cumulo de comodidades que ciertamente, ningun ser en el imperio conocía — esta misión es para probar su valía ante el emperador y aunque no se con certeza la razón, sospecho que algo grande trae entre manos—

La sorpresa en el rostro de ambos saiyanos no se dejó esperar. Las palabras de su antiguo enemigo tenían peso sobre la evidencia acumulada, aun mas, para todo lo anteriormente hablado entre Vegeta y el general, pero algo no tenía sentido ¿Por qué? ¿Por qué otorgarle ese beneficio, que tendría el viejo entre manos, de lo que se beneficiaría seguramente? Pues el altruismo no era el fuerte de ningún ser en ese imperio y en todo caso, ¿Por qué hasta ahora demostrarlo? y justamente con él. Retomó atención en la conversación frente a él y algo más le produjo una gran desconfianza.

—¿Y tu en que piensas aprovechar esta situación malnacido? — se dirigió al brench en medio de su explicación de los hechos.

—No quiero nada a cambio si a eso te refieres — aseguró ofendido —solo quiero la oportunidad de estar frente a Salza una vez más, cobrar toda la deuda de sangre que me debe — el fuego de odio en sus ojos, no podía tener disimulo alguno —sé que él está detrás de todo y si alguien ha de impedir que logre sus planes, ese seré yo. Ese miserable bastardo no sabrá que fue lo que le sucedió y una a una eliminaré todas las cosas que le importan —

—Que loable objetivo — con una risilla ácida, el príncipe interrumpió sus pensamientos de venganza —pero no me interesa cargar con mas estorbos en el camino —despreció la implícita propuesta de alianza, alzó la cabeza con altanería y tomo asiento sobre uno de los divanes.

—No sabes con quien tratas Vegeta —Jeice continuó —ese imbécil sabe quien eres y si logra exponerte frente a Cold, no habrá mucho que podamos hacer, no estamos en condiciones de pelear aún, mientras yo este cubriendo tu identidad, ese idiota no tendrá oportunidad una vez que recuperes tu fuerza, a cambio de ayudarte solo quiero ser yo quien acabe con él —

Aunque el orgullo le impedía aceptar ayuda abiertamente, sabia que en el fondo tenía razón, sus condiciones no eran las adecuadas para tener la batalla que ansiaba, la oportunidad de poder estar frente a frente con los orquestadores de sus mas entrañables sueños de venganza humillándoles, era una oportunidad que no podía tomar a la ligera. Sin dar signos de aceptación volvió el rostro en mudo silencio. No había mas que decir pues todo estaba sobreentendido, una alianza silenciosa que empezaría un nuevo capítulo en el ascenso de su codiciada sed de justicia propia.

_..._

Las nubes negras de la explosión se levantaban en el horizonte, donde el Namekuseijin terrícola esperaba con paciencia, que la entidad responsable, rebelara su firma de energía.

— No puedo sentir nada — interrumpiendo su meditación, el antiguo guerrero de la grulla se presentó detrás de él.

— ¿Cómo te enteraste? — preguntó a secas.

— Chaos lo escuchó en la radio — contestó sin más — Supuse no se trataba de un atentado ordinario —

—Los humanos son criaturas demasiado territoriales — el namek prosiguió — solo era cuestión de tiempo antes de que una organización se levantara en contra de los recién llegados —

Otra explosión se escuchó a lo lejos, movilizándose ambos con toda rapidez, llegaron al punto crucial, donde los edificios carbonizados de las agencias de conciliación de vida intergaláctica, antes se encontraban.

—¡Mantente alerta! —Piccolo ordenó — Maldicion no pude sentir nada — refunfuñaba en silencio virando el rostro en todas direcciones. El sonido de las sirenas de los camiones de bomberos le desconcentró, perdiendo por un momento el rastro de una sombra sospechosa que se perdía en la oscuridad. Al instante merodeadores simpatizantes con la xenófoba causa, aparecieron armados de utensilios de combate primitivos. Las criaturas curiosas de otros mundos corrieron despavoridas abandonando el sitio. El enfrentamiento de humanos contra extranjeros se dio de forma tumultuosa.

—Vámonos — Piccolo esquivaba los patéticos ataques — no nos corresponde arreglar este lío — indicó la retirada evitando confrontaciones innecesarias.

—No se que fue eso — Tien expresó — pero no estamos tratando con un enemigo ordinario —

Piccolo guardó silencio, el enorme edificio había sido destruido en su totalidad con solo un pequeño disparo, lo que fuera que estuviese perpetrando esos ataques, no podía tratarse de un simple humano. Parecía ser la obra macabra de algo más y mucho mas poderoso.

Pero las peores conjeturas se levantaron, cuando de súbito entre el barullo de los enfrentamientos, una sube de propaganda salió disparada en todas direcciones y el emblema rojo junto con esas malignas iniciales, auguraban que solo era el comienzo de una pesadilla.

—R.R. — Enunció en voz alta sosteniendo el papel — Debemos contactar a Gokú —

_..._

En la plataforma oeste, dentro del gran complejo en la recién construida estación fantasma rebelde, todos esperaban ansiosos ese reencuentro, que habría tomado tantos años concretarse por fin. Al fin, todos podrían reunirse de nuevo, no faltaba entre los convidados a la reunión, las emociones desbordadas y exageración en algunas reacciones usuales.

—¡AHÍ VIENEN! — Extremadamente nervioso por la llegada de su padre, Gohan anunciaba esa misma frase ante toda nave que atravesaba el espacio visual.

—Gohan compórtate — irritable Chi-chi interrumpió la prematura celebración — ¡pareces un maleducado gritando de ese modo! —

—Tranquila — Krillin intentó apaciguar la situación —entendemos la emoción que debes tener — se dirigió al semi-saiyano con la misma euforia contenida.

—Supongo que nos avisarán en la sala de control cuando estén al alcance — Yamcha aguardaba sentado junto al resto de la pandilla, donde Puar, Oolong y el Maestro Roshi jugaban una partida de cartas.

—Me pregunto que uso podrá darle Bulma a sus cosas de la infancia a estas alturas — el tranquilo Dr. Briefs se dirigió a Krillin intentando obtener mayor información de la que él le había proporcionado.

—No lo se — se encogió de hombros este último —no pudimos intercambiar mucha información, no había mucho tiempo y la comunicación era deficiente —

— Nave procedente de Yadrat en órbita — anunció la voz femenina de la sala de control.

Todos los responsables de administrar el arribo de vehículos corrieron a ajustar las debidas medidas de seguridad. El grupo estaba nervioso, incluso el mismo Saru y Kurat observaban desde la plataforma superior impacientes por ver con sus propios ojos al que habría sido el vencedor de uno de los mejores campeones del imperio.

Finalmente, haciendo un haz de luz, en la distancia apareció la nave grisácea. En un instante estaba ingresando al campo de atracción y desplegando el tren de aterrizaje, el asfixiante sonido acrecentaba los latidos de todos los presentes. Habiendo sido asegurados por el equipo de la estación, la escotilla se abrió y todos los amigos de los recién llegados se aglutinaban impacientes al final de la plataforma.

Bajando la cabeza para pasar, el primero en bajar fue el saiyajin más popular de toda la legión rebelde.

—¡GOKÚ! —

A coro, sus amigos vitorearon con tal felicidad y escándalo, que el resto de los transeúntes interrumpió sus actividades, para poder dar un vistazo en carne propia, a la llegada del ser más afamado de toda la flota rebelde. La leyenda hecha realidad frente a sus ojos.

—¡PAPAAAÁ! —Gohan se lanzó sobre él casi derribándole. Todos los seres alrededor aplaudieron con gran emoción entendiendo de quien se trataba, la satisfacción de tenerlo de vuelta estaba en el aire.

—Me alegra verlos a todos— con una enorme y sincera sonrisa recibió de brazos abiertos a todos sus viejos amigos.

Tarble le seguía muy de cerca, después de haber recibido efusivamente a su mejor amigo, Krillin se le acercó igualmente alegre de verlo de regreso. Vio en la distancia acercarse a Kurat y Saru, pero los intercambios afectivos se congelaron cuando la tercera pasajera bajó, con una carga que nadie más imaginaba existiese.

El silencio entre ellos se hizo tal, que sus pisadas por la rampa hacían eco, solo opacado por los vitores al fondo de la flota rebelde que los recibía.

—¡Bulma! —su padre, envuelto en lágrimas, fue el primero en ir a recibirla con gran gusto.

—¡Hola papá! — igualmente eufórica correspondió a su gesto.

—Pero Bulma…. — el maestro, inseguro de hablar, se atrevió a ser el primero en decir una sola palabra —esos…bebés…— a la redonda todas las bocas abiertas se presentaban por razones diferentes, pero igualmente sorpresivas. Todos atentos a las siguientes palabras que diría.

—Son mis hijos — orgullosa declaró sonriente, trayendo sobre todos aún más conmoción de la ya acontecida. Sobre todo, porque un pequeño apéndice cada uno, que se dejaba ver sin ninguna dificultad.

—Son muy lindos Bulma — Gohan se acercó dando su dedo al pequeño Trunks que lo tomó con gran curiosidad. Los pequeños ojos azules en ambos eran el indiscutible signo de que decía la verdad.

—¿Co…cola? ¿acaso son…? — Oolong se dirigió a un Puar tan descolocado que no se atrevía a mirar el rostro de su mejor amigo humano, quien debía estar atravesando por el momento mas duro de su vida.

Para el grupo, las palabras sobraban y faltaban, las miradas pasaron de los pequeños a los únicos dos saiyanos que conocían. No había forma de poner orden en las cavilaciones que venían a su mente, las circunstancias eran demasiado incriminatorias y para los tripulantes, toda la seguridad con la que desembarcaron, se vió mermada por el juicio que nunca imaginaron tendrían que afrontar.

—¡¿Cómo PUDISTE?! — y la primera reacción no se hizo esperar, lanzando un puñetazo certero, la otra mujer del grupo trasbocada de rabia, se dirigió con toda su furia a atacar al hombre que ahora deseaba hubiese perdido la batalla contra Freezer.

— ¡Alto! — exigió evadiendo sin esfuerzo todos los ataques subsecuentes de su furibunda esposa — no es lo que tú piensas—

—¡¿Lo que yo pienso?! ¡LO QUE TODOS PIENSAN! — continuó, hasta ser frenada por los amigos en cercanía — ¡¿Creíste que no nos daríamos cuenta?! — recalcó lo que parecía un hecho obvio. El escándalo atrajo a un considerable número de curiosos que no dejaban de murmurar entre sí.

— ¿A que se refiere papá? — sin comprenderlo en su totalidad, el joven viró buscando alguna respuesta.

—Debemos tranquilizarnos— Krillin apaciguó los ánimos crecientes —Seguramente Bulma dará una explicación…—

— No — la calumniada mujer intervino — no hay que decir más que esto: No son hijos de Goku, por si es lo que están asegurando— sumamente ofendida inició la explicación — ¡No puedo creer que piensen que sería capaz de algo así! solo deben saber que son mis hijos y el origen de donde provengan no es de la incumbencia de ninguno —

— Que sencillo ¿verdad? — distinguiéndose del resto, finalmente la voz de Yamcha resaltó entre las demás, más no por su tono, sino por el peso del rencor que llevaba inscrito — "No es de su incumbencia" — la imitó dándose la vuelta, con los puños ardiendo de rabia. Todo ese tiempo preocupado, todo lo vivido, no había palabras suficientes, en ningún idioma, para describir el tamaño de su decepción.

— Espera Yamcha— arrepentida de su actitud hostil, intentó alcanzarle, pero fue detenida de inmediato por su segundo amigo humano de mayor antigüedad.

— Déjalo solo un momento Bulma— Krillin intentó calmarla mientras al fondo se desataba otra discusión entre Oolong y Puar quienes ahora inculpaban a Tarble con indirectas mordaces — sé que no parece buena opción, pero si no aclaras lo que está sucediendo, no creo que las cosas vayan a mejorar—

— ¡Es suficiente terrestres!— tomando la palabra, Kurat intentó disuadir la discusión, trayendo a colación un tema de mayor importancia— No es momento de contribuir al drama familiar, tenemos pocos días para organizar un asalto al planeta que está siendo atacado por el imperio —

— Así es, hemos organizado una reunión con el oráculo en la sala del comité— Él brench, instó a los presentes a seguirle, su persona no pasó desapercibida por la científica quien reconocía ese gesto con total seguridad.

— ¿Quién es el? — preguntó a su padre en baja voz mientras todos, exceptuando a la aún disputante familia Son, seguían a los conocidos líderes.

— Su nombre es Saru, es un brenchjin muy inteligente — contestó mientras, embelesado por sus nuevos nietos, prestaba poca atención a lo que acontecía más allá de esas lindas caritas que habrían sido la mejor noticia para él, en todo el transcurso hasta el salón preguntaba mil y un cosas, acerca de los nuevos integrantes de su familia. Conmoviendo plenamente a su hija.

…..

Una vez adentro, la explicación comenzó. Una flotilla de pilotos, prestaba atención a la nueva comandante en jefe. Con gran eficiencia hablaba los pormenores en detalles técnicos, los planes de ataque, los actores clave y elementos con los que contaban.

— Ahora que tenemos de vuelta a Son Gokú con nosotros— aludió al grupo de terrícolas sentado al fondo — nuestras posibilidades de éxito son seguras.

—No — levantándose entre el resto, la mujer del cabello azul habló — desconocen un hecho muy importante…

—¿Disculpe… — Titubeó buscando entre el resto quien esclareciera el rango de la brava joven.

—Ella es Bulma, comandante Nasheen— Kurat le sonrió, esclareciendo la duda de la mayoría de los presentes — Una genio tecnológico, uno de los mejores aliados de los guerreros Z y…. un grave complejo de realeza latente— le describió causando una risa burlona de todos los presentes

Gracias capitán — refunfuñó cínicamente —

—Ahora soy un general, su alteza — contestó sagaz

—¿Tienes información que necesitemos saber Bulma? — Saru le instó a continuar con su explicación.

— Así es — continuó — yo conozco ese planeta —

Los presentes viraron atónitos. Tenía que ser un engaño, era un planeta de reciente descubrimiento por los mejores ingenieros del imperio. Quizá había perdido la razón.

— Pero de que estas hablando Bulma — Tarble posó una mano sobre el hombro de la chica.

— El planeta al que intentan salvar, es una trampa mortal para enfrentarse al imperio — caminó hasta el centro de la reunión — Toda su superficie posee un mineral que absorbe la capacidad de manejo del Ki, asi mismo las fuentes de energía de todo mecanismo de ondas, por lo que las transmisiones son imposibles —

—Entonces ese es el motivo por el que el imperio lo quiere — Saru interrumpió evidenciando el secreto del imperio — es una fuente inagotable de transferato, necesitamos replantear el ataque —

—Un momento — pidió la calma el mecanizado general — No podemos modificar toda la estrategia por las conjeturas de la princesa —

—No son conjeturas — Tarble intervino — nuestros espías hablaron de irregularidades atmosféricas en el planeta, el imperio nunca pudo realizar escaneos de la zona, es un punto ciego—

—No esta inhabitado — sin prestar atención a las dudas sobre su palabra, la científica continuó — lo habita una raza de felinoides llamados Tarwis y son sumamente fuertes, debemos aliarnos con ellos y definir una estrategia juntos —

—Es demasiado tarde para eso — levantándose entre los oyentes, la viva copia del general Blue interrumpió causándole sorpresa — los ataques del imperio comenzaron hace semanas, para ustedes, a estas alturas deben haber colocado discos de fuerza sobre la atmósfera, es imposible entrar sin tecnología de ondas —

La chica no refutó lo dicho, mas no por la lógica del proceso, sino por lo extraño que resultaba volver a ver a ese hombre en ese lugar. Era como reabrir un capítulo insólito de su vida ¿Era él? ¿Cómo habría sobrevivido todo ese tiempo y sin envejecer?

Adivinando su disyuntiva, Krillin soltó una carcajada.

— El es Azuki — le dijo en voz baja, parándose a su lado — se lo que piensas, pero nos estas haciendo quedar mal con esa mirada loca—

Retomó su atención para notar que había perdido totalmente el hilo de la conversación. Los lideres discutían posibles opciones y asignaban puestos de batalla en los equipos. Entre el resto de sus compañeros, la mitad estaban distraídos, una parte casi dormidos y uno en particular estaba ausente. Ella sabía que era hora de aclarar las cosas con él.

_..._

En realidad. Podría ser peor.

Había estado en sitios de condiciones tan míseras, que el ser un condenado en ese lugar, era como obtener unas vacaciones pagadas.

Independientemente de los burdos dispositivos anti-Ki, todas las facilidades prestadas a los presidiarios eran comparables con los aditamentos de lujo en la armada de Freezer. Diversas comidas diferentes al día, una cama y mantas para cubrirse. Además de el hecho de contar con su integridad y ocasionales lecturas para pasar el tiempo. En realidad, esos rebeldes imbéciles no tenían idea de como subyugar un prisionero.

En esos pensamientos divagaba el viejo saiyajin, cuando escuchó en el oscuro corredor pisadas apresuradas. Llamando a su curiosidad, decidió permanecer indetectable. Entonces de las voces que intercambiaban algún tipo de pelea, escuchó una que ciertamente conocía.

— Si pudieras esperar solo un minuto…— molesta intentaba alcanzar las zancadas del otro participante, quien, por el silencio y gesto, podía adivinar sin necesidad de comprender el idioma, estaba sumamente ofuscado.

—Te he dicho que no tenemos nada más que hablar — le cortó en seco esperando desistiera de seguirlo.

—No hagas eso — objetó cruzándose de brazos sin seguir el juego —no pretendas que seguía existiendo algo real entre ambos — bufó logrando llamar la atención de su oyente, aunque fuera para mal.

—¡Es el colmo del cinismo! —levantó las manos en rendición a modo de mofa —¡¿Esa es tu justificación por haber desaparecido por casi cuatro años y regresar con dos hijos de otro?! ¡HIJOS MITAD SAIYAJIN! —

A pesar de no comprender a la perfección el lenguaje, las palabras clave en dicha oración lanzaron un vuelco al centro del tercer invitado incognito. ¿Hijos? ¿Más hibridos de su propia raza? Y tomando en cuenta quien sabía era ella, las posibilidades se volvían un alarmante hecho, que esperaba no fuese lo que imaginaba.

— No me fui por propia voluntad ¡Fui raptada grandisimo tonto! — pero la ira en su contestación se diluyó al darse cuenta del vacio que sus acciones habían provocado, después de todo jamás fue su intención herir al que hasta ese momento habría sido su único compañero sentimental por muchos años. Ahora mas que nunca, debia darle una explicación.

—No importa ya — intentó detenerla, antes de que iniciara otra ronda de agresiones — esto solo demuestra que siempre he sido un tonto —Se recargó vencido en la pared, la mirada perdida esperando no tener que continuar el intercambio.

—Yamcha — se acercó con extrema suavidad, sus ojos no podían esconder la tristeza por esa consecuencia —lo lamento, se que debes odiarme, pero en realidad las cosas no sucedieron del modo en que lo crees, él no es…—

—¡NO te atrevas a hablarme de él! — siseó entre dientes, furioso — si no fuera porque es uno de nuestros aliados, ¡yo mismo lo mataría, es un maldito gusano traidor! —

—¿De que estas hablando? — Confundida, intentó tomar su mano

—No — se alejó hostil —sospechaba que intentaría algo por la forma en que te mira, por como salió corriendo a ayudarte al fin de la galaxia en cuanto supo donde te encontrabas, felicidades entonces, tu y ese mocoso son tal para cual, unos viles traidores —

Pero la reacción que desencadenó, lo dejó aun mas confundido. Sosteniendo una carcajada, intentaba mantener la seriedad que correspondía, sin embargo, las acusaciones eran sumamente ridículas.

—¿Estás hablando de Tarble? — preguntó antes de emitir un juicio, sonaba demasiado inverosímil.

—¿De quién más? — espetó en una combinación de ira y desprecio — sé que Gokú jamás haría algo así… aunque no puedo decir lo mismo de ti —

Guardo silencio dedicándole una mirada asesina. Enfardando ambos brazos cerró los ojos tratando de controlarse.

—Solo te perdonaré esa ofensa, porque se lo que sientes — Habló pausadamente, involucionando el peligro latente de tirar todo por la borda — Nuestros amigos no son los únicos saiyanos que quedan en el universo— inició intentando esclarecer su punto — Y solo por lo que fuimos, a pesar de todas las veces que tuve que soportar tus indiscreciones, te diré lo que realmente pasó — Tomó aire antes de revelar, lo que hasta ese momento nadie más sabía. Una catarsis implícita en todo lo que ese viaje le había transformado y a su vez, un recuerdo doloroso, del breve periodo que compartió con el fenecido saiyajin.

— Fui capturada por el príncipe de los saiyajin en Namek, me llevaron como una esclava a la base de Freezer y después decidió liberarme, a cambio de otorgarle las esferas del dragón de la Tierra. Por supuesto, que jamás creí sus intenciones, pero mientras realizábamos el viaje… realmente llegué a conocer una parte de él, que no pensé pudiera existir. Salvó mi vida incontables veces, vivimos muchas situaciones e incluso algunas divertidas, pero, en ese momento, solo nos teníamos el uno al otro…y llegue a hacer una especie de amistad con él — sonrió iluminando su rostro —¡Vaya! ¡Incluso lo admiré en ciertas cuestiones! Era terriblemente irritante, solitario. Pero, era del mismo modo… impresionante. Era inteligente, honesto, muy valiente y jamás se daba por vencido…era …— No obstante, al observar la perplejidad inscrita en el rostro de su oyente, se detuvo cayendo en cuenta de que había hablado de más. Intentando corregir su error, carraspeó cambiando su voz —estaba herido e hicimos un ritual para salvarlo, algo salió mal… y después descubrí que estaba embarazada— se encogió de hombros sin ánimo de continuar, esperó paciente la reacción del otro.

Finalizando el abrupto cuento poco convincente, una risotada estalló del fondo del antiguo ladrón del desierto.

—¡Maldición Bulma! ¿Te has vuelto loca? —con una mano en su propia frente, negaba con una risa nerviosa —¿Un príncipe saiyajin? ¿Escapaste de una base de seguridad del imperio? viajaste por la galaxia y luego ¿Te enamoraste del mismo PRÍNCIPE SAIYAJIN QUE TE SECUESTRÓ? — ridiculizando lo absurda que esa historia sonaba, intentaba hacer entrar en razón, a la ahora totalmente furiosa mujer.

—¡No me enamore de é!l ¡bruto! y ¡VEGETA FUE REAL! … Solo eres un IDIOTA celoso, que no comprende nada—

—¿Yo soy el idiota? — En actitud sarcástica, la cuestionó — Te embarazó un sujeto por un accidente y… ¿Yo soy el idiota? — Y a dicha afirmación, sobrevino la cachetada más dolorosa que jamás hubiese recibido, mas no por el nivel de fuerza impreso, sino por el trasfondo de la humillación y el corazón igualmente destrozado que el suyo. Arrepentido, pero más aún ofendido por todo lo acontecido, guardó la compostura con seriedad y se levantó suavemente, alejándose sin intención de arreglar lo ocurrido. No había mas que hablar. Quizá era más grave de lo que pensó. La forma de describir esa vivencia, le hacia pensar, que se habría vuelto loca o que realmente ese misterioso sujeto, llegó a ser en poco tiempo, lo que él jamás pudo. Inaceptables ambas opciones.

Las lagrimas que involuntariamente brotaron de sus ojos azules, fueron borradas con coraje por su delicada mano. Esperaba que fuera un final amargo, pero las acusaciones fueron demasiado para ella. En el fondo se sentía una tonta, pero hacia falta mas que un simple relato para comprender todo lo que aquello le significó, algo que nadie mas que ella misma entendería. Y quizá él, si aún viviera.

—Fue real, todo fue real — Susurró, abrazando la sensación de esa emoción en su centro, no podía nombrarla, pero entendía que existía muy dentro, no sabía por cuánto tiempo más la tendría, pero no se evaporaría pronto.

Cuando se hubo marchando, no fue su rostro el único que quedó trasbocado. El intruso en la charla estaba trastornado. Si bien, la comprensión de todo lo dicho fue limitada, la información obtenida era apabullante. ¿Vegeta estaba muerto? Ella ciertamente lo mencionó. ¿Híbridos de la casta real? ¡¿Esa mujer tenia a los descendientes de Vegeta?!. Todo lo dicho era una infamia. La blasfemia del peor tipo, pues, no solo aseguraba que hubiese pasado todo ese tiempo como su protegida, sino que ¡Osaba presumir haberle dado dos hijos! Debía estar equivocada. El modo repugnante en que hablaba de él, con tanta devoción, como si no conociera en lo mas mínimo al frío, despiadado y brutal príncipe. Era una mentira. Todo debía ser mentira.

No importaba como, pero debía encontrar la manera de salir de ahí, necesitaba ver en sus propios ojos, a los supuestos cachorros de Vegeta y si era verdad su linaje, debía desaparecer esa abominación, no se trataba de cualquier saiyajin, se trataba del ultimo sobreviviente de la casa real, ver su sangre mezclada con la de esos humanos era simplemente una ofensa indignante.

Ya encontraría la forma de escapar y poner fin a lo que Vegeta nunca pudo. Solo así honraría su memoria.

_..._

De pie, en perfecta postura derecha, cubría su mano izquierda con los guantes del imperio, que habrían cubierto sus manos desde que tenía uso de razón. Escuchaba el golpe de los metales, el barullo de las tropas alistando los insumos de ataque, mas el momento de revestir los colores de la armadura de liderazgo, era un acto que requería especial ceremonia.

Por primera vez, tenía a su cargo toda una flota de asalto, el cargo supremo de mando en una operación. A pesar de que las circunstancias no le convencían, quería dar una oportunidad al plan de su benefactor, después de todo, el único ser que hubiese deseado despedazar con sus propias manos, estaba ahora muerto. ¿Qué más daba esperar un poco más para culminar su venganza? En algo Kiiro tenía razón, el mejor modo de ganar el imperio no era con actos barbáricos, sino con una estrategia infalible.

— Estaremos listos en poco tiempo — Jeice ingresó a su cámara portando el uniforme de subalterno. El cuadro era tremendamente bizarro a los ojos de cualquiera, pero de cierta forma, las aptitudes de ambos infundían confianza en el otro.

El príncipe asintió sin voltear.

—Asegúrate de que todos cumplan el protocolo — ordenó asegurando por ultima vez que todo marchase en orden — Te quedarás con el grupo de las torres — indicó recibiendo una respuesta aprobatoria. Despues de ello el brench salió a cubrir su puesto.

—Creí que eso lo haría yo — recostado sobre su litera, el otro saiyajin protestó.

—Tu estarás en mi tropa — contestó con hartazgo — no tendré tu perezoso trasero desacatando ordenes —

— ¿alguna vez te he fallado como para que siempre me des las tareas más aburridas? —

Y una seria mueca de acusación acompañó a la muda respuesta de su líder.

— y…. ¿Cuál es el plan? —

—Los reportes de Salza hablan de enfrentamientos infructuosos en bosques, sus tropas están atascadas por el exceso de confianza en su tecnología — sonrió para sí, terminando de ajustar la banda de mando en su brazo derecho — se que la aldea con mayor población, está en un claro contiguo a los ríos superficiales, al norte de la zona de conflicto, en cuanto lleguemos solo será cuestión de capturar a los habitantes y los lideres seguirán nuestras indicaciones, son nativos apegados a sus costumbres y gente, será rápido—

—¿Cómo los encontraremos si los rastreadores no sirven en esa endemoniada tierra? —

—Para eso me tienen a mí, grandísimo tonto — rodó los ojos cansado de explicar —Nadie de todos los imbéciles del imperio, conoce esa tierra tanto como yo — dedicó una risilla petulante —No sabrán que fue lo que les pasó —

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Al salir del viaje hiperlumínico, el calor de la batalla entre bandos era igualado por la sensación de peligro creciente conforme se acercaban a la antesala del desastre.

La flotilla de naves rebeldes era apenas un frente oponible ante el poderío de los enormes cargueros del imperio que, debido a la peculiaridad del planeta de asalto, poseían un arsenal suficiente para repeler cualquier intento de boicoteo, la operación era infalible, o por lo menos así estaba resultando.

— Jamás llegarán a tiempo— Habló en voz alta observando el intercambio de disparos y los severos daños que apenas eran soportables en la estructura de sus vehículos aliados.

— No tienen oportunidad frente a eso—Su acompañante intervino— El planeta está blindado por escudos de energía, por eso las naves mantienen la batalla en el espacio— Observa los restos que caen a la atmósfera, se desintegran al contacto—

Haciendo uso de su analítica mente, Bulma planteó sus opciones con los dedos fijos en el mentón, si quería encontrar un momento de actuar, debía esperar a visualizar una falla que permitiese abrir una posibilidad.

— ¿Que estás pensando? — El más joven le interrogó

— La tecnología de encapsulamiento llegó después de la de miniaturización — Inició su explicación con gran paciencia — Tengo un dispositivo que puede conferirnos menor superficie, cuando esas cosas se estrellan ...— Señaló los restos de metales de naves impactándose contra el escudo

— ...se incineran y abren momentáneamente una puerta al planeta por la que podríamos ingresar— completó su pensamiento el saiyajin

— Exacto — afirmó la científica aún estupefacta de dicha observación.

— ¿Como lograrás hacerlo? — aún sin comprender cómo esos seres aparentemente atrasados socialmente habrían descubierto ese maravilloso proceso, Tarble continuaba asombrado.

— Por eso pedí a mi padre trajera mi antigua mochila de la infancia — Aseguró feliz pasando por encima de las esferas donde sus bebés dormitaban — Esto será suficiente— Arrojó un reloj a las manos del confundido joven

— Lo use hace muchos años para entrar en el bolsillo de Gokú— La joven sonrió al novato del equipo— Retiraré el centro anclándolo al circuito de eyección de energía, coloca las manos en el panel, tomará unos minutos... — Solicitó, otorgando el control del vehículo poniendo manos a la obra. Al cabo de unos segundos, inició el proceso acelerando hacia la ruta de los escombros.

Tres escombros de metales de la batalla se enfilaron hacia la cúpula de energía, más los disparos aleatorios alcanzaron a dos.

—¡Rayos! ¡Espero que no alcancen ese último! — La joven aceleró la marcha aumentando también el pulso del pasajero consiente.

— ¡O será la ofensiva más corta del mundo! — Tarble se sujetó de sus alrededores sintiendo el empuje de la velocidad, la miniaturización de su cuerpo y el pánico creciente cuando estaban a solo unos centímetros del objeto

—¡Ahora!—

El fragmento se impactó, las brasas de su materia permitieron ingresar tras la estela de fuego que prosiguió. Toda la estructura temblaba. El ruido ensordecía a todos y después de segundos angustiantes, la marcha se regularizó. Al estar dentro aceleró hacia la cobertura vegetal y normalizó el tamaño de la nave buscando cobertura entre el bosque.

— Te dije que sería fácil— Viró hacia la figura color blanco petrificado, que miraba al vacío aferrado a su lugar— ... vaya elementos valientes que tenemos — Se volteó ofendida.

...

En el ventanal del crucero, Salza observaba a lo lejos la batalla

—Señor — uno de los soldados de mando de acercó otorgando el informe de daños—Parece que el emisario de la casa de Kiniro, tiene sitiadas a las tribus de los nativos, sus técnicas de ataque tienen un rango de efectividad que no esperábamos —

— ¿A que te refieres? — Incrédulo, con un tinte de altanería, preguntó sin dar crédito a lo entendido.

— El escuadrón de ese sujeto ha traspasado la defensa, es cuestión de horas para que finalice el ataque por tierra—

La usualmente pálida piel del Brenchjin adquirió un sutil tono violáceo, no podía evitar sulfurarse ante la nociva idea, de que en solo unos días, el desdichado usurpador pudiese haber hecho uso de una estrategia de mejor contenido que la suya. Ahora más que nunca hervía en su ser la necesidad de saber quién era ese sujeto y el porqué del misterio en su aparición, las lenguas mordaces incluso cuchicheaban que se trataba del futuro príncipe de la antigua casa de Kiniro, el hecho de que su archi-rival ahora trabajará para aquel, solo sumaba puntos para una inminente acción destructiva contra el sujeto, pero lo más sospechoso de todo, era que absolutamente nadie más sabía algo de él.

—¡Consigan ingresar los malditos cañones de plasma o los pulverizaré yo mismo! — Perdiendo el temple golpeó el panel aboyando los controles.

— No podemos hacer contacto con la central de asalto— Apenado, su soldado bajo el rostro esperando no pagar las consecuencias del desempeño deficiente de la tropa— Los rebeldes intervinieron las comunicaciones—

— Entonces DESHANGANSE DE UNA VEZ DE ESAS MALDITAS BASURAS— El usualmente calmo Brench estalló el rastreador en sus manos, tenía el tiempo encima si no quería ser culpado por un fracaso de operación, para su desgracia, la única esperanza que tenía ... también era el despreciable equipo de asalto que Kiiro había recomendado.

La contienda era feroz, paso a paso el enemigo avanzaba, el bosque no serviría de escudo por mucho tiempo y la última resistencia esperaba un milagro. Los disparos luminosos de los blasters atravesaban el oscuro follaje de los gigantescos árboles, lacerando los recursos que más respetaban en su cultura.

— No podemos resistir más tiempo — Endive susurraba sujetando su arco en espera de no ser descubiertos

— ¡Mantente firme! — meditando los sonidos a su alrededor, las garras de Sorrel se contraían y estiraban de su arma, sin querer dar paso al nerviosismo. Detrás de la fila agazapada de guerreros estaban los últimos refugiados libres, hombres y mujeres protegiendo a los pequeños, todos en espera de encontrar su destino final con absoluta dignidad.

— Sohko llegará a tiempo — Sorrel intentaba tranquilizar los ánimos del resto — solo debemos resistir un poco más —

...

Al descender, la chica reconoció el gran río al instante, se encontraba en el mismo lugar donde se estrelló por primera vez. La culpa de los recuerdos quedó sepultada por una sensación de familiaridad, pero decidió no prestar atención apremiando a cumplir su misión lo más rápido posible.

Tomó su reciente creación, un vehículo de desplazamiento en vuelo, liviano y sumamente veloz, montó en el asiento ajustando los pies a los pedales

— Como se supone que viajaremos en eso todos? — Recargado en el marco de la plataforma de descenso, Tarble le preguntó con cierta molestia.

—Ustedes no irán— Bulma replicó, ajustando su traje gris de asalto a las hormas magnéticas del vehículo — te quedaras a proteger a mis hijos— indicó poniendo manos a la obra sin demora, al arrancar el zumbido desapareció entre el bosque sin dar más explicación.

— No veo entonces cuál era el propósito de que todos vinieram...— La queja de Tarble quedó en el vacío, cuando observó que su compañera se había esfumado en algún sitio — ... y me toca ser de nuevo... el irrelevante niñero— Ladeó la cabeza ingresando apesadumbrado a la nave detrás de sí.

Evadía los troncos con gran habilidad, miraba en la pantalla de su holográfico la fuente de poder del escudo de energía, provenía del límite de la cascada más grande de la región, su conocimiento del planeta era de gran ayuda, el paraje tenía una densa neblina lo que dificultaba la toma de rutas adecuadas, prefería campos más despejados para evitar accidentes, después de todo, de ella dependía la ejecución de la defensa primaria de los rebeldes.

— El bloqueo de Saru no durará mucho — Se recordaba obligándose a apresurarse. Llegó a la fuente de poder indicada en sus monitores, y de inmediato reconoció ese pelaje negro, la fuerza de la estampa de un viejo amigo, librando la batalla por el mismo objetivo que los rebeldes.

— ¡Acaben con esas bestias!— El líder de escuadrón apuntaba a los caídos, el campo estaba regado de víctimas y victimarios, al centro del pie del enorme monolito proyector del campo energético, los últimos Tarwi de pie apuntaban a los últimos soldados del imperio.

— ¡Esto es todo hermanos!— Sohko gritó a sus valientes guerreros — ¡Es un honor morir por la libertad de nuestro mundo! — Se lanzó contra los disparos emulados al instante, pero un halo de luz cegó a todo presente, para virar hasta la fuente, donde una figura conocida daba contraataque a los invasores.

La descarga de explosivos miniaturizados detonó en escalera consecutiva, los enemigos no supieron de dónde llegó el ataque, al instante las líneas del frente cayeron, el resto apuntaba sin éxito pues en un instante sus armas no funcionaban de forma alguna.

—¡ATAQUEN! — Sohko ordenó al puñado de tarwis enfurecidos, con absoluta destreza atinaron a sus blancos y en unos instantes, todo se había terminado.

La mujer que pensaron jamás volver a ver, descendió de su vehículo entre la humareda de la explosión. Se quitó el casco y brindó la sonrisa más grande al jefe de la tribu, que se alegraba de igual forma de ese reencuentro.

— ¡Buruma! — Hizo el saludo acostumbrado, siendo imitado por la científica.

— Sohko— No hay tiempo que perder — Le habló sin paso a las formalidades — Mis aliados están aquí para defenderlos, pero debemos destruir el escudo para que puedan pasar— Señaló el monolito

El resto de los guerreros miraba con recelo la posibilidad de admitir aún más invasores a su mundo casi devastado.

— Lucharemos nosotros— Con seriedad y leyendo el pensamiento de su pueblo, el lider rechazó lo ofertado

— Sohko no son enemigos ordinarios— La chica insistió tomándole del brazo — Puedes leer en mi las intenciones de mi pueblo — Aseguró intentando recurrir al último recurso de negociación— No hay otra forma de vencerlos —

Sohko contemplaba la inmensa bóveda celeste, los destellos indicaban que debía estarse ejerciendo una batalla, pero el riesgo era demasiado para sus convicciones, suspiró observando el enorme número de individuos, inmóviles, caídos en batalla, su centro dolía en lo más recóndito, si es que había un momento para intentar un cambio, está sería la única oportunidad.

Miro a los ojos de sus congéneres, a los grandes ojos esperanzados de la mujer y después de tomar la decisión del líder que debía ser, accedió con la cabeza, esperando una última salvación para su pueblo.

Al instante Bulma sacó de su bolso 5 diminutos microchips negros. Repartió 4 a los tarwi más cercanos, quedándose con uno y dio instrucciones.

— Daré la señal y deberán estrellarlos contra la columna al mismo tiempo—Todos tomaron posiciones espaciadas —AHORA— Obedecieron al instante y un anillo de electricidad azul rodeó el complejo, la torre perdía vida y color en pocos segundos y la emisión del escudo en dicha área, se abrió de súbito alertando a todos los bandos a la redonda.

…..

'Esta hecho'

Kurat leyó boquiabierto lo sucedido.

— ¡Es hora de movernos! — ordenó a las tropas de asalto tomando posiciones — después de todo la colérica princesita lo logró! — gritaba eufórico alentando a todos a prepararse.

— Te dije que ella lo haría— con la plena satisfacción en el rostro Goku se preparaba para descender— ¡ya era hora de entrar en acción! — emocionado cerraba los puños deleitándose en lo que acontecería—

…..

— ¿Que rayos fue eso? — el corto producido por el campo alertó a todos los altos mandos.

Raditz se dispuso a adentrarse de una vez por todas en los restos del bosque, el escudo se diluía frente a los ojos de todos, no había tiempo que perder.

— ¡Espera! — ordenó su superior levantándose de la sombra donde esperaba — esto apenas se pondrá interesante — ladeó una sonrisa oscura augurando que ese pequeño éxito sería la causa de envalentonamiento de los últimos refugiados. Tenía toda la intención de esperarles y finalmente capturar a la última resistencia. Después de todo, ahora no había rival alguno que pudiese hacerle frente.

El silencio reinó. Por varios minutos escuchó con atención para finalmente descubrir que el enemigo organizaba una formación de ataque

— Debe ser ahora — Raditz se adelantó, dispuesto a la ofensiva.

—No — Le detuvo una vez más— Ellos vendrán a nosotros — Enunció con una alegría torcida, finalmente su misión llegaba a su fin.

Más el ataque no llegó.

Mirando al cielo, la venganza llegó en forma de naves rebeldes.

—CÚBRANSE! — Alcanzó a escucharse el grito de Raditz sofocado por los poderosos disparos de las numerosas naves que atinaban mortales bajas al ejército en un solo instante, la tierra se cimbraba bajo los escombros calcinados de remanentes de vegetación, las armas contraatacaban pero el zumbido de las naves apenas permitían al ejército sorprendido, asegurar una defensa eficiente.

— ¡Maldita sea! ¿De dónde salieron estos bastardos?!— Raditz se cubría las espaldas manchado de la tierra que levantaban los potentes disparos, sobrevolaban uno a uno como ángeles de la muerte derrocando las fuerzas invasoras. Vegeta se levantó, cubierto por la furia de esos actos a traición, se concentró levantándose dispuesto a terminar con la amenaza, más el grito de guerra de los Tarwi advirtió que intentaban concretar una emboscada.

— ¡Aseguren los flancos! — ordenó a los escuadrones desorientados que al iniciar la defensa fueron sorprendidos por los poderosos nativos que se abalanzaron sin piedad.

Las naves giraban para regresar a la batalla, pero la paciencia del saiyajin se había terminado.

—Muy bien, parece que no tendremos prisioneros después de todo — se cruzó de brazos, en medio del caos un murmullo en el ambiente levantó las vistas, el aire electrizado rodeaba el cuerpo luminiscente rumbo a una inexplicable metamorfosis, ante la boca abierta de todos los presentes, se elevó por los cielos desafiando toda fuerza de la naturaleza, hasta encarar de frente a las naves que aceleraban para impactarle. Cuando hubo abierto los ojos azul agua, la victoria estaba dada.

Una letal ráfaga, único disparo de su mano y la línea aérea de frente rebelde desapareció

...

—¿Quien diablos es ese monstruo?— uno de los pilotos llamó por él intercomunicador. Kurat, al otro lado de la batalla, se percató de inmediato que algo no estaba bien. Nubes negras cargadas de rayos y a la distancia un temblor perceptible.

— Debo ir — la voz sombría del saiyajin a la cabeza del escuadrón anunciaba que este duelo estaba hecho solo para él. No habría otro capaz de detenerlo.

— No, debemos liberar el cuadrante norte o estarán expuestos nuestros aliados— se negó intentando explicar la importancia del plan. El rostro de inconformidad del saiyano dejaba entender, que no podría retenerlo mucho tiempo.

...

En la encarnizada contienda, Tarwis y rebeldes contra soldados detenían su avance ocasional para mirar al cielo, esa inexplicable presencia de destrucción que desafiaba el poder de los minerales del planeta.

— ¡No es posible! — uno de los rebeldes buscaba cobertura al igual que el resto, el pánico se apoderaba de todas las miradas ante la inminente destrucción en todas direcciones, el incadescente demonio descargaba su furia contra las esperanzas de alcanzar la libertad. Sin una gota de sudor en su frente, separó la defensa en tan solo unos instantes. Toda la atención estaba puesta a ese inusual milagro oscuro que sobrevolaba el paraje.

—¡OH POR KAMI! —llevó ambas manos a su boca, sentía el corazón detenerse, el blaster arrojado sobre la hierba fue el único ruido entre el grupo de opositores, mientras ella, con los ojos casi saliendo de sus cuencas, prendida de la sorpresa sin poder parpadear, vislumbraba a aquel protagonista de sus memorias levantarse como fantasmagórica ave de presa sobre sus amigos —¡NO PUEDE SER! — ladeaba el rostro sin control en acto demencial, sus manos temblaban creyendo que presenciaba lo imposible. Cerró los ojos y todo ese canal se encontraba ahí, estaba vivo, estuvo vivo todo ese tiempo, la fuerza de su ser fluía incontrolable y lo peor era, que ella sabía que esa metamorfosis, solo implicaba que no habría forma alguna de salvarse esta vez. Ahora verdaderamente era invencible.

Al convocar esa conexión, como choque eléctrico atravesó su cráneo el incomprensible retorno, esa emoción que nunca pensó reconocer de nuevo. Frenó en seco, el sobrecejo bien abierto, no se atrevía a voltear en dirección de esa sensación, pues temía que después de todo ese tiempo, de lo vivido, de todo lo que alguna vez imaginó… ella estuviera ahí...viva.

Raditz adivinó en un instante que algo estaba mal, pero en medio de la confusión aprovecho la distracción lanzándose sobre el líder del clan, justo como se lo habría descrito el tarwi capturado, uno de los mas imponentes nativos. El resto de los guerreros intervinieron, pero el saiyajin fue más rápido, las condiciones prolongadas en las minas le daban experiencia en movimientos, igualando la fuerza del oponente, que desesperado, rodaba sobre la hierva intentando someter al invasor. Los soldados intervinieron una vez más, retomando ventaja sobre todos los que, en vano, intentaban contrarrestar los números de caídos que ahora eran arrastrados hacia las celdas improvisadas.

—BURUMA—Endive zarandeó a la hipnotizada fémina—¡DEBEMOS HUIR! — pero la mujer no contestó. Igualando la postura de la ahora, mejor arma del imperio, permanecía absorta en un trance ausente de todo lo ocurrido alrededor, el aire en las ráfagas de flechas y blasters volaba a todo su rededor, mas no había elemento alguno en ese mundo que lograra distraerla de lo que veía, no había escapatoria de eso. Sabido de la misma manera por su contraparte, quien, al caer en la aceptación, cerró los puños atreviéndose a voltear hacia el fantasma que sentía anclado al suelo.

—¡¿VEGETA QUE DEMONIOS HACES?! —atascado entre las garras de Sohko, el otro saiyajin luchaba intentando evitar mas cortes a su piel, Sohko peleaba de modo casi feral, pero era mortífero al encuentro. Los golpes de ambos resonaban en la carne cual peso muerto. Alrededor el caos se apoderaba de todo. Cuerpos peleando a muerte y disparos, una lluvia se cernió sobre las cabezas de todos y en el desorden de la batalla, un solo individuo adivino cual seria el destino de esa fatídica resistencia.

—¡Retirada! —entre las voces del tumulto, Tarble apareció ordenando al resto, el enemigo estaba mejor armado, era más numeroso, no había otra forma de salir con vida. Cuando fijo su atención al desalentador panorama, dos figuras estoicas le dieron un vuelco al estómago. corriendo entre los arboles dirección a la aturdida mujer.

En la distancia y aun perdida entre la realidad y la ficción, el sonido de esa voz la trajo de vuelta un instante, al caer en cuenta de las consecuencias de que su amigo estuviese en ese lugar.

—¡¿Dónde están mis hijos?! —se giró encarándolo, un soldado disparó hacia ella, esquivado por poco margen a la sorprendida mujer que regresó de golpe a la realidad. ¡Estaba en medio del campo de batalla sin un arma!

Sin embargo, en medio de la búsqueda desesperada de su blaster, la figura menos pensada descendió hasta pararse frente a frente con su estampa.

Ahí estaba la imagen de su tormento, viva en todo sentido, era real, justo frente a sus ojos que, por alguna casualidad absurda, era puesta por el destino, una vez más en el mismo planeta donde todo empezó.

Lo vió con la misma intensidad que en un principio, caminando hacia ella con toda la gloria de su transformación ser diluida al instante de pisar el suelo, una vez más esa negra melena desafiando la gravedad, su figura visiblemente más delgada, cicatrices diferentes en lugares nuevos y esa fiera mirada que podía ponerla de rodillas. Muda de asombro no podía siquiera pensar.

—Eres…tu…— Era surreal, temerosa extendió su mano en reflejo automático. —Eres…. un super… —

Pero sus palabras no concluyeron, cual rayo presagiando el riesgo, el saiyajin más joven se interpuso quitándola del medio con un violento tirón.

—¡HUYE BULMA! — Tarble gritó desesperado intentando ganar tiempo para evitar, ella sufriese un inminente ataque. Pero al instante el agarre férreo contra su cuello, le indicó que había sido la peor idea de todas.

—Despídete de este mundo insecto — gruñó levantándolo sin esfuerzo, el placer en los ojos negros, esperando terminar de una vez por todas con la patética vida que tanto tiempo atrás deseaba arrebatar, juicio enteramente nublado a sus costados, olvidando mantenerse en defensa.

El plano vertical se perdió, abrió los ojos rodeado de tierra donde algún osado sujeto había terminado con el breve reencuentro, enterrándolo en la distancia de una patada. Se levantó encarando a su nuevo oponente y para su sorpresa, se trataba de el único ser en el mundo que ansiaba con todo su ser, poder volver a enfrentar.

—Kakarotto — limpió la sangre en su boca con desprecio. No perdía un movimiento del osado rival que se aproximaba sin miedo alguno.

—Mas vale que te vayas Vegeta —anunció amenazante colocándose entre sus amigos y su nueva amenaza — esta vez no seré tan piadoso — el tono severo de su afirmación preocupaba a los presentes, el detonante de una batalla mortal, debían salir de ahí de inmediato.

— ¿DONDE ESTAN MIS HIJOS? —Retomando su prioridad, Bulma jaloneó al último responsable por resguardarlos.

— ¡Es lo que vine a advertirte! — La tomo de las manos retirándosela — Llegó nuestra flota a rescatarnos ¡Están a salvo! —

—¡Vete! Lleva a todos los sobrevivientes que puedas hasta las naves— le empujó reincorporándose hacia donde los dos rivales más fuertes estaban al borde del enfrentamiento

—¡¿Qué estás haciendo?! —Intentó detenerla, pero ella se soltó al instante

— ¿Por qué ayudas al imperio? —se dirigió a la mayor amenaza incrédula, ninguna de sus acciones tenía sentido ¿Por qué beneficiar a sus odiados captores? ¿Por qué después de todo el daño? —¡Ayudanos a vencerlos! Se que los odias tanto e incluso más que cualquiera de nosotros…—

Pero sus palabras cayeron estrepitosamente en el vacío, sin siquiera prestar ojos a la súplica, Vegeta ladeó el rostro enfocando a su insufrible némesis. La sangre le circulaba engrosada del extasis en la ventaja que sabia poseía. Algo que seguramente ninguno de los otros dos saiyanos sospechaba. Dando un grito de guerra alzó su aura hasta resquebrajar los terrones del suelo bajo sus pies, el torrente de aire hizo retroceder a los desprevenidos y su asombrado rival, comprendió que quizá esta vez, había subestimado gravemente a su enemigo.

— ¡Debemos salir de aquí! — apenas pudiendo detener a la indefensa mujer, Tarble trataba de convencerle de abandonar el intento de redención de ese criminal, sabía que la lujuria por esa batalla no se detendría incluso si ella tuviese importancia para él.

—¡No! — se negó sin margen de arrepentimiento. Luchando contra el viento intentó librarse de su amigo para poder acercarse, estaba segura de que podía evitar ese desastre, podría salvar a todos, podría convencerlo de desistir en la espantosa operación de conquista, de que era la única que podría hacerle cambiar de opinión.

La batalla inició, siendo el príncipe el primero en arremeter contra el saiyajin del gi naranja, el impacto fue brutal, la descarga de toda su venganza a flor de cada contusión despiadada que sembraba sobre la apenas contenida sentencia de dolor en su oponente. Dos ganchos precisos, desaparecía frente a el con tanta frecuencia que el mareo de enfoque en la línea del horizonte, le impedía concentrarse a totalidad.

—Maldición — gritaba intentando desesperadamente acceso a su poder, se sentía atado en su propio cuerpo, sin poder detener uno tras otro los ataques implacables del otro saiyano, que parecía sacarle la carne de los huesos en cada golpe

—¡Detente! — la carnicería estrujaba el corazón de la científica quien no podía dejar de mirar la brutalidad, con la que era arrastrado sin piedad, el mejor amigo de su infancia —¡Detente por favor! —

— ¡El es un monstruo Bulma! — tomándola de ambos hombros Tarble intentó sacarla de la necedad insistente —Saca a todos de aquí, yo iré a ayudarle —

—¡Te matará si lo haces! — le gruñó histérica — ¿No lo entiendes? Si no logró convencerlo GOKÚ MORIRÁ—

….

Kurat guiaba con éxito limitado el ataque a las flotillas de naves, la intromisión fue celebrada demasiado pronto, la neblina de disparos se disipó y entre los soldados del imperio de poca monta, apareció el comando de élite, armado con toda propiedad y listo a embestir al enemigo. Al frente de todos, el conocido comandante rojo lideraba el escuadrón con total eficiencia.

—Ese maldito Jeice —murmuro jadeando ante el esfuerzo de mantener las líneas, no había muchas opciones a esas alturas —¡liberen a los prisioneros! —anunció renunciando al resto de la ofensiva, sin orden todos iniciaron el ascenso hasta las celdas de contención, mas el ritmo de perdidas era alarmante

Para cuando el comandante rojo se había alzado en el horizonte. El armamento y la impecable formación, le hacían saber que no había modo de ganar la contienda.

Raditz jadeaba, exhausto por la pareja contienda, saiyajin contra Tarwi, ambas superbas criaturas con una resistencia inigualable, Sohko, cubierto en heridas, sostenía su brazo con huesos visiblemente rotos. La bestialidad innata de los tarwi le daba ventaja al intimidar, pero Raditz no era cualquier enemigo, la contienda era feroz, ninguno de los dos cedía terreno. Sohko, impaciente por las perdidas de su tribu, se lanzó a terminar con todo lo que tenia y ante el movimiento precipitado, el experimentado saiyajin aprovechó en un fortuito giro, que expuso el cuello de su atacante bajo su yugo.

—Hasta nunca bestia salvaje — Le gritó triunfal.

—¡Suéltalo Raditz! — Sin haber sido detectado Tarble alcanzó el punto crucial justo a tiempo.

—No te metas sabandija desertora — Posó la vista con precaución comprobando su defensa — no estas tratando con el mismo saiyajin que conociste — El tinte de fiereza estaba implícito en su mirada.

— Tu tampoco — Gruñó igualando su ofensiva.

Al otro lado del campo, en un breve destello de lucidez, poniendo énfasis en su nueva destreza, el saiyajin abatido logró brevemente conectar un movimiento, se teletransportó ante el puño letal que acabó incrustándose sobre la pared de piedra. Soltándose embravecido, Vegeta se sacudió el polvo cayendo en cuenta en la hazaña de su oponente, de algún modo ese sujeto estaba logrando superar la barrera física del Ki, pese a parecer un imbécil el sujeto probaba ser un genio del combate, comprendió que mientras más prolongara la pelea, más aprendería de él y menor seria su posibilidad de triunfo. Debía matarlo de inmediato.

Concentrarse en medio de la golpiza era la tarea titánica más ardua, debía dejar la mente en blanco, sus lecciones enterradas bajo la sangre coagulada de sus extremidades, el aire faltaba a sus pulmones, rogaba a todo su cuerpo responder a la nueva alternativa.

—¿Qué sucede Kakarotto? — flotó casualmente hasta su sitio provocando hacerle perder el juicio —Creí que me darías una lección — cruzado de brazos le miró con superioridad, escurriendo esa oscura media sonrisa de burla. Pero sus ojos se abrieron al mismo tiempo, cuando la figura apretando los puños debajo, por un momento destelló en su grito una ráfaga dorada

—¡No puede ser! — vociferó apresurando el vuelo contra su enemigo.

—Solo tienes un movimiento Raditz, si lo matas, morirás por mi mano — la advertencia latente envolvía la pregunta al aire, ¿Qué haría a continuación? Tarble pisaba los talones del acorralado saiyajin melenudo y las probabilidades no le favorecían. Su cuerpo estaba en menor capacidad que la del joven.

—No me subestimes mocoso imbécil — le ladró perdiendo la paciencia y apretando aun mas su agarre sobre el casi desmayado lider — si has visto a Vegeta sabrás que no he entrenado contra cualquier oponente—

—No eres el único que ha entrenado contra un super saiyajin — mostró los colmillos ladeando la cola ansioso, no perdía de vista un milímetro de las acciones de su enemigo.

La suerte estaba echada, soltando el maltrecho cuerpo del tarwi, el mayor se abalanzó al joven, ambos diestros en su nuevo estilo, pero la ventaja estaba dada sobre el cuerpo con mayor entereza. En una combinación de patada y gancho le envió de regreso al suelo. Avanzando como mensajero de muerte.

—Peleas bien gusano inútil — sonrió tirando un pedazo de diente — pero al igual que mi hermano, sigues siendo un desperdicio de saiyajin —

Y cuando se disponía a contraatacar, como un milagro invocado, a la distancia el resplandor dorado del segundo super saiyano en aparecer en escena, cegó la admiración de todos los presentes a la redonda.

El choque de ambos puños dorados, cargados de poder colisionaron, la ola de reacción en el viento arrojó al suelo a todo ente desprevenido, el héroe de la resistencia, mantuvo la línea con fiereza, cada embate resistido por poca ventaja sobre el agresor, pero su cuerpo estaba demasiado lastimado. La tensión sobre sus musculos resistía en poca medida el antagonismo del mineral sobre el suelo, aunado a la terrible presión de la fuerza del otro sobre su propio poder titilante. Un gancho al plexo dividió su visión, su sistema no respondía con la misma efectividad. Por alguna razón, se sentía más pesado de lo normal, la cuenta regresiva de su conocimiento comenzó, mientras le molían en un desfile de puñetazos certeros, sobre todos sus puntos clave de resistencia.

No pudo soportarlo más.

—¡NOOO! — usando la fuerza total de sus pulmones, Bulma intentó frenar lo que estaba por acontecer, la desesperación corriendo contra reloj, cada avance del héroe de su infancia, lo veía ser retraído con peores consecuencias.

Cayó. Respirando a ras del suelo, polvo en todos los rincones de su rostro, y aterrizando como halcón sediento de sangre, el peso de su enemigo aplastando sin piedad su cráneo, se encontraba acorralado intentando llegar a lo mas profundo de su poder, debía encontrar una forma de igualar la situación.

— Debiste quedarte en el agujero de donde saliste — chistó con triunfal arrogancia. Presionó hasta sacar un grito de dolor. Extasiado en la toma de esa venganza ansiada, que por tanto tiempo esperó. Los cañones de plasma sonaban al fondo anunciando el fin de la batalla, la merma de opciones nublaba el juicio de los presentes.

—¡BASTA! — intrépida se lanzó sin meditación previa, sin esperanza en su acción, acto desprolijo de discernimiento, barriéndose por el suelo hasta poder alcanzar el cuerpo de su más querido amigo —¡NO LO MATES!— Rogó en un último recurso, con los bellos ojos rebosados en lágrimas, atentos al rostro del verdugo —Vegeta por favor ¡Por favor, no lo hagas! — Se aferraba con desesperación a la piedad que invocaba.

Ese acto de benevolencia lo descolocó. Toda la rabia en sus venas se congeló, cual magia oscura apoderándose de su conciencia, la escena le hacia revolver el centro de su ser, repulsiva, incomprensiblemente vulnerable y en demasía… inexplicablemente infuriante.

—¡Mas vale que te quites mujer! — rugiendo en baja voz, la amenazó con la palma abierta sobre su frente — bien sabes que no me detendré por ti — alardeó con una falsedad, suficientemente escondida, para que el resto pensara que no era una simple amenaza. Se encontraba impedido, atado por su propio cuerpo que trepidaba intensamente, todas su células negándose con rotunda firmeza, pero sabía que no podía ceder a esa debilidad, el sudor frio sobre su frente lo incitaba a cometer una locura, aun en contra de todos sus instintos. Requería más allá de su voluntad el solo permanecer de pie, sosteniendo esa peligrosa acción que podía arrebatar la vida a esa frágil criatura y acabar con la poca cordura que le quedaba.

—¡BULMA VETE DE AQUÍ! — Escupiendo sus últimas fuerzas, Gokú trató de liberarse de su peso. Veía formarse, sobre la mano de su enemigo, el destello mortal que borraría a ambos. No veía duda sobre el otro.

—No lo harás — Borrando todo rastro de sumisión, ella tomó la mano de su agresor, acercando su rostro a suficiente distancia para sentir el abrasador calor sobre la energía proyectada. En un reflejo instantáneo, Vegeta tomó otra posición alertado por el riesgo. Subía y bajaba la respiración agitado sin control, hecho solo percibido por la denodada mujer frente a si—No puedes matarme… no eres capaz de algo así —

Cerró los ojos enfurecido. sus palabras detonaron la demente rebeldía de su implacable orgullo. Nadie jamás le ordenaría sobre su voluntad, nadie jamás retaría su orgullo. Nadie nunca mas le aprisionaría, ni siquiera ella.

—¡CÁLLATE! — avanzó el ataque en total desacato, a pesar de todo su ser, dispararía. Más, cual cazador sobre incauta presa, la ayuda menos esperada le lanzó al suelo, contra toda probabilidad existente.

—¡¿Qué demonios estás haciendo?! — Raditz le contuvo por un segundo, suficiente para que la peliazul actuara con velocidad. Temblando sin pensarlo más, ajustó sus gogles de manejo, colocó la pulsera miniaturizadora sobre la muñeca del caído, la activo hasta desaparecerlo y corrió con todas sus fuerzas en dirección contraria hasta su vehículo, cargando a su diminuto compañero.

—¡Suéltame imbécil! — arrojado en cólera contra su camarada, Vegeta dio un golpe tan severo que lo neutralizó. Imposibilitado de todo combate, lo escuchó quejarse de dolor, evitando así que él mismo lo matara por la osadía previa —¡Si vuelves a interferir te mataré yo mismo, idiota! —

—¡Ibas a matarla estúpido! — Escupió sangre sin importarle lo que esas palabras ocasionaran. Lo vio dirigirse hacia él, con la misma estampa fiera — ¡SI LA MATAS ENLOQUECERAS POR EL VINCULO! —

—Tch — La mueca de desagrado se diluyó debajo de ese severo ceño, fijado sobre la dirección donde desapareció. No exteriorizaría, que esa intervención, en realidad era un acto que agradecía desde lo mas profundo de su ser, borracho de ira por un momento, dudó detener en el ultimo instante ese ataque. Estaba realmente ofuscado, consigo mismo, con el imbécil Kakarotto, con ella, con ese temerario suceso. Sabía que Raditz tenía la razón y por un momento de rabia, podía haber acabado incluso con su misma cordura. Soltó un bufido casi inaudible, consternado retomó su búsqueda, debía acabar con ese miserable, antes de que lograra salir del planeta. Dejaría el trago amargo de culpa para después, era mejor no pensar en ello. Cerró los ojos concentrándose… y la encontró.

…..

Montada sobre su vehículo, surcaba el bosque en busca de su nave, pero nublaba su vista más que solo la lluvia resbalando los lentes, aunque sabia que no podía darse el lujo de llorar por la abrumadora experiencia, pues temía que los cañones llegaran hasta esa sección y la vida de sus hijos corriera peligro.

Entonces lo sintió.

—Maldición — sin despegar la vista del horizonte buscó el comunicador en las bolsas de su traje — ¡Necesito ayuda sección sureste! — Llamó con desesperanza, quizá ya habían evacuado todas las naves y era cuestión de segundos que el terrible saiyano la encontrara. Trató de disuadir su mente, intentando con todo su poder poner en blanco todo lo que saltaba a su pensamiento.

—'¿Bulma?' — La conocida voz de su único compañero humano en el viaje la recibió—'¿Dónde estas? Continuamos en la nave en órbita, iré a tu posición… —

—¡No! — Cortó aliviada de que Krillin había seguido sus indicaciones —Mandaré las coordenadas y recogerás algo aquí, ¿Dónde están mis hijos? —El zumbido de los arboles dificultaba la comprensión de su voz.

Se han marchado con la comandante Nashee — Aseguró calmando su temor —Estarán a salvo con tu padre en unos minut…

—¡Ven rápido, todo está en mi mochila! —Agregó interrumpiendo — ¡No puedo explicar más!¡Regresaré! — Cortó la transmisión, el nerviosismo le hacía jadear mientras la lluvia goteaba sobre sus mechones. Pulsó los códigos, sabía que el verdadero peligro le seguía los talones, debía alejarlo de la ruta pues estaba a pocos metros del campamento donde arribó. Bajó su mochila con gran rapidez y delicadeza. Acto seguido arrancó a la profundidad del bosque, el corazón se salía sin control, la lluvia se incrementó de golpe, caía implacable cual tormenta ciclónica, impidiéndole ver con claridad. Todo su cuerpo empapado, congelándose al paso del aire.

Un golpe sordo la detuvo, quitó sus lentes y cual fantasma, frente a ella, apareció el espectro al que más temía en ese momento.

Ambas manos sostenían el frente de su vehículo y toda esa aura imponente que recordaba a la perfección, enmarcando la fría mirada oscura, que se clavaba sobre ella como el filo de una espada.

Se lanzó al suelo despavorida. Asustada por perder la vida, por sus hijos ocultos y no poder escapar esta vez. Resbalando entre el lodo se enderezó corriendo, a sabiendas de que era en vano huir, mas ahora le gobernaba una insistencia para alejarse a como diese lugar, el recuerdo de unos momentos antes le decía, que a ese impío guerrero no le conocía más. El tiempo le habría cambiado quitándole lo logrado, no podría hacer nada esta vez.

Sin un gesto especifico que revelara su pensamiento, el príncipe la miró intentar escapar como un animal asustado, la faceta completamente desconocida para él, le traía un incómodo sentimiento, sabía la razón y la culpa le invadía aun en contra de sus deseos. Ella le temía.

La velocidad sobrehumana lo puso en ventaja, consiguiendo prenderla de una muñeca con firmeza. Sintiéndose presa ella tiró con todas sus fuerzas, ni aun la ropa mojada servía de ventaja para resbalar del mortífero agarre. Cayó al suelo aun luchando con insistencia entre pequeños gritos de esfuerzo revolviendo la hojarasca y guijarros en su intento.

La levantó, lentamente hasta ponerla de pie frente a él, mirándola atentamente. Sin más opciones que vinieran a su mente, ella abrió los ojos llenos de furia, llenos de incertidumbre y en un último intento por liberarse, pateó su entrepierna con toda su fuerza, logrando en el proceso, solo lastimarse a sí misma.

—Reitero… Nunca pierdes el temple — Divertido por la ocurrencia, rompió el silencio del aguacero sobre ellos.

—Si vas a matarme hazlo de una vez, no voy a rogarte — Sin temor le gruñó tempestiva, la expresión igualando la intensidad del ceño de su captor, si debía morir a manos de ese despiadado, sería con dignidad.

—Hmm — Sonrió, cerrando los ojos con admiración —¿No más de: "mis amigos me devolverán a la vida"? —se burló, recordando todos los argumentos recurrentes, cada vez que en un pasado la amenazó.

Pero al retornar su atención, no vió un ápice de miedo disfrazado de insolencia. No había signos de furia o rabietas juveniles. Para su sorpresa, comprobaba que el paso del tiempo también habría cambiado su forma de ser. Ya no se encontraba frente a la misma joven altanera, ahora tenia las agallas de una verdadera mujer.

Y la belleza de una.

Viró el rostro en otra dirección al notarse a sí mismo cayendo en viles provocaciones, si bien entendía la causa, se rehusaba a ser un objeto de sus absurdos instintos. Aunque era inútil negar, que ciertamente había cambiado, sus formas juveniles, ahora eran un conjunto agraciado de óvalos sutiles, una innegable aura de madurez, pero que solo parecía acrecentar su atractivo. Ciertamente jamás le reconocería que, entre todas las mujeres de esa galaxia, ella era la única por la que alguna vez pudo sentirse así.

—¿Y bien? —interrumpiendo el largo periodo sin respuesta, la osada fémina preguntó, permanecía con la mano suspendida sobre su cabeza y una mueca de intriga impaciente.

—¿Dónde ocultas a ese idiota? — La llevó contra uno de los enormes árboles, sin delicadeza —Sé que lo dejaste en algún lado y mas vale que confieses —Gruñó mostrando los dientes —Ya has visto lo que soy capaz de hacer— Sujetó su otra mano, clavándola en una posición inmóvil.

Ella giró el rostro, furiosa, decepcionada en todo aspecto, pero más aún, de su torpe pericia para entender, que ella nunca significó nada para él. No obstante, no le daría el gusto de ver su desencanto. Le dio una risa descarada, carente de humildad y alzó una ceja probando suerte.

—Entonces bien sabes… —susurró despacio — Que preferiría que me hagas mil pedazos antes de entregártelo. Nunca lo traicionaré — resonó impertinente frente a su rostro, en una combinación de desfachatez y rencor.

—Demasiadas molestias por un pobre diablo — la sometió aun con más enojo, a pesar de que sabia que solo era un truco, lograba colarse en las reacciones más básicas de su ser. La sola idea de que ejerciese esa lealtad inquebrantable a su enemigo más odiado, era razón para sacarle de sus casillas — Te daré una última oportunidad — Le sonrió con cinismo —Sería una pena tener que romper tu lindo cuello, después de todo lo que pasamos — La mofa en su voz, se vio interrumpida por un repentino y suave acercamiento, que bien conocía. Retirándose de un tirón, la fijó aún más contra el húmedo tronco —¡Es muy pronto para que intentes hacerme caer en tus viles artimañas! — vociferó a la defensiva, pero lo que aconteció no era algo que esperara, desplomándose por la falta de fuerzas, la atormentada mujer apenas lograba sostenerse, el frío extremo sobre su piel tiritando, toda su preocupación, el cansancio de todo ese tiempo de acción y la falta de alimento alguno, pasaban la cuenta sobre su debilitado sistema, que luchaba por no perder la conciencia.

La falta de color en su rostro y las vibraciones involuntarias, anunciaban a su captor que no tendría mucho tiempo, antes de que su prisionera cayera en un estado de hipotermia.

—Eres tan patéticamente débil — renegó fastidiado, más verla respirar con pesadez, removió la culpa de sus actos. Su tersa apariencia y ese olor que recordaba con claridad. Ahí estaba una vez más, viva y completamente vulnerable entre sus manos. Con esa valentía intacta, pese a saber, que no tenía la menor posibilidad de enfrentarlo. Las imágenes en sus pesadillas revividas a conciencia, había ido demasiado lejos. Suspiró suavizando su asga, la dejó deslizarse hasta el suelo con gentileza, bajó en cuclillas hasta estar a su nivel y levantó su barbilla con delicadeza —Dime donde esta y te dejaré ir — aseguró con toda la intención de cumplir su palabra, sabia que no podía llevarla presa sin exponer más su integridad.

Pero la audaz científica no respondió, apretaba el entrecejo con dificultad para concentrarse. El vaho en su respiración se hacía cada vez más imperceptible y la luz intensa. Entonces percibió el aire bajo sus pies, sin esfuerzo era levantada por los firmes brazos y su vestimenta fue secada en un instante. Mas fue aun mayor su sorpresa, cuando descubrió que toda hostilidad desaparecía del tacto del príncipe, una desconcertante muestra de preocupación inequívoca.

— Bulma, debes salir de aquí — Como una respuesta insospechada, avanzó con ella a cuestas — Sé que aún hay transportes rebeldes intentando escapar, te daré una ventaja para que se larguen de una vez por todas… Pero esta será la ultima vez que recibas algún tipo de ayuda de mi parte — sin cuidado la subió sobre el vehículo donde la encontró —…Ahora estamos a mano —

—Veg.. —musitó quedamente, estaba abrumada, era la primera vez que lo escuchaba nombrarla, esa conducta errática entre el bien y el mal le dejaba al final más dudas que respuestas. lo vio girar sobre sus talones, sin dar seña alguna de arrepentimiento. No pudo permanecer a voluntad en el dilema de acción, debía salir cuanto antes. Como pudo, fijó el piloto hasta el punto más cercano a algún transporte aun en despegue, encendió su vehículo con gran esfuerzo y cuando miró atrás, el saiyajin había desaparecido.

_..._

El éxodo de naves se daba sin control, la fuga era vigilada por unos cuantos centinelas que servían de defensa a los cargueros rebeldes, muchas naves pequeñas eran eliminadas rapidez.

En el enorme ventanal, contemplando la mayor derrota a los rebeldes en toda la historia de ataques al imperio, Salza permanecía impertérrito a emoción alguna. No tenía motivos para adjudicarse esa victoria, pero finalmente su equipo había logrado controlar la derrota final, aunque eso no le conferiría ningún beneficio frente a la cámara del consejo imperial.

— El líder de asalto ordena alto al fuego— escuchó a uno de los instrumentistas, pasar el aviso en el panel al resto de naves que enfrentaba a los últimos rebeldes en salir.

— ¿Que ha ordenado ese idiota? — Repitió, sin poder creer el atrevimiento de quien quiera que fuese ese petulante malnacido.

— El planeta ha sido conquistado — repitió el informe apresurado— Ha establecido, que no hay necesidad en gastar más recursos de asecho contra la flota vencida—

Pero sin emitir palabra alguna, inició la maquinación de sus propias conjeturas. Esa orden sospechosa debía tener un trasfondo de mayor importancia. Pese a la lógica de ese razonamiento, algo le indicaba que había una oportunidad única en ese misterio.

— De acuerdo— confirmó sin más opciones — Informa a los cazas más cercanos que irán conmigo. Necesitamos testigos que interrogar para los recursos desconocidos del planeta— salió de la sala de control en busca de la plataforma de naves de asalto, si había una doble intención en los actos del nuevo favorito de Kiiro, en ese lugar lo habría de descubrir.

_..._

Los preparativos finales para la entrega del planeta se habían dado unos días atrás.

—Ajusta la hibernación para Kiniro — La demandante voz llamó a su compañero de viaje en la otra nave en funcionamiento. A pesar de que había alcanzado todos sus objetivos, la incomoda sensación de contribuir al imperio no dejaba de ser molesta. En verdad debía estar loco para hacer caso a ese demente general. Mas había algo en su plan que realmente sentía poseía sentido. Factor desicivo a la hora de definir su actuar.

— Aun no siento los dedos de los pies maldito imbécil — con una voz aquejada, Raditz replicó la orden con desgana.

—Insecto insolente — bufó — Tienes suerte de que me des lástima en este momento — le amenazó en una mezcla de entretenimiento y molestia.

—¿Por qué no podemos regresar en la nave principal? — insistió tentando su suerte, viajar en los diminutos esféricos era algo completamente insoportable para su maltrecho cuerpo que solo había gozado del beneficio de recuperación por unas cuantas horas.

—Estoy cansado de viajar con esos imbéciles — Contestó conciso, las multitudes le incomodaban en sobremanera, aunado al beneficio de evadir las preguntas innecesarias, aunque era un escuadrón joven, la pregunta sobre su origen se colaría en algún momento. No podía arriesgar lo logrado — que Jeice sirva de algo para variar— finalizó la transmisión a su escolta.

Aun satisfecho de su indiscutible victoria decidió guardar para otro momento el molesto recuerdo de la fuga de su némesis. A pesar de que el habría sido el directo responsable. Era lo mejor evadir ese pensamiento o terminaría arrepintiéndose de ese lapso de misericordia, que así era más digno nombrarle.

Revisando la secuencia de viaje, satisfecho observó el protocolo de conquista ejecutarse sin incidentes. Entre el arrullo automático por el sonido de propulsión, como era su antigua costumbre, revisó el itinerario de su scouter. Los múltiples mensajes de reconocimiento eran un elemento nuevo en su rutina. El anuncio de la proclamación del que sería su nuevo título y los nuevos planes de su autoproclamado tutor, eran eventos que ya esperaba.

Sin embargo, entre todas las nuevas acumuladas, había una que de súbito le hizo descender el alma hasta el suelo. Se enderezó de golpe, moviendo los dedos sobre las rodillas, el ceño profundamente fruncido mientras analizaba las imágenes de los informes de actividades posteriores a la conquista. Miró a través de su escotilla, la nave de su compañero a un lado, la indecisión se hizo presente en su psique. Sabia cual sería la consecuencia que implicaba ese descubrimiento, pero no podía fallar, no podía arruinar todo lo construido.

_..._

La cacería de rebeldes se había complicado aun mas de lo pensado. Habiendo escapado la gran mayoría de naves pequeñas solo dos fueron posibles de intervenir. Mas no había sido la derrota causada por la pericia de acciones, si no mas bien por los números. Hecho que le causaba gran disgusto.

— Maldicion— El ambicioso Brench azulado, retiraba los guantes de pilotaje quemados, su uniforme a medio chamuscar, por la vívida batalla que acababa de acontecer, donde por poco margen, casi encuentra otra vergonzosa derrota —Quiero que trasladen de inmediato a los prisioneros a la estación— llamó por el rastreador intentando salir de la cabina casi fundida. No lo reconocería, pero ese maldito piloto había hecho que se cuestionara sus innatas habilidades de navegación.

—General ya se encuentran a bordo — Afirmó la voz de su subalterno —La patrulla espera instrucciones —

Cortó comunicación saliendo de inmediato al área mencionada.

En pocos minutos se encontraba frente a frente con el grupo esposado de rebeldes capturados. Increíblemente se trataba de la minúscula cantidad de seis tripulantes. Uno de ellos, un nativo del planeta conquistado, el resto dos Ikondas y tres Reikos, pareciendo uno de ellos apenas un ejemplar juvenil.

— ¿Y con este patético grupo de soldados pretenden vencer al imperio? — Se burló despectivo, paseándose frente al grupo, mientras ponía atención a los aditamentos en sus trajes de combate — Que tecnología más arcaica — arrancó uno de los comunicadores de la cabeza del ikonda menor. Con la barbilla en alto decidió que quizá habría actuado demasiado tarde, no parecía ninguno de ellos ser un elemento clave, quizá después de todo las ordenes del nuevo comandante eran sustentadas. Habría sido una perdida de elementos innecesaria. Ya pensaría como justificar sus actos. Pasando una mano sobre su frente y concentrado en su pensamiento despidió a los soldados con desdén.

—Llévenlos a aislamiento — Indicó dando una mirada repulsiva, sin embargo al moverse la capucha de uno de ellos, el destello de cabello azul llamó su atención— ¡Esperen! — Ordenó acercándose a toda velocidad hasta descubrir de su disfraz la cabeza de la criatura que no esperaba volver a encontrar — Tu… — Carraspeó molesto. Al ver los grandes ojos retándole cambio toda la amargura del momento por una franca sonrisa — Este debe ser mi dia de suerte — La separó bruscamente del resto, provocando una reacción del mas pequeño del grupo. Que fue contenido por uno de los guardias al instante.

— Te aseguro que este dia lo recordarás Salza — Forcejeando para liberarse, la mujer le amenazó sin miedo aparente.

— No se como demonios estas viva — Habló a su oido —Pero vamos a averiguarlo muy pronto — Soltó una risilla soez.

— Ponme una mano encima y no vivirás para contarlo — Escupió furiosa, intentando parecer intimidante, pero al instante recibió un golpe sobre el rostro que sacó toda lucidez de su cuerpo. Cayendo al instante.

— ¡Bulma! — Krillin gritó horrorizado intentando alcanzarla.

— Estos dos a la cámara de interrogatorio — el brench ordenó, colocando sin remordimiento su cabello detrás de la oreja — el inquisidor llegará en poco tiempo — se cruzó de brazos sonriendo al ver como eran arrastrados a sus celdas. Ese indicio le daba una idea de lo que podría esperar, después de todo, su acción le había traído una muy grata coincidencia.

….

Al abrir los ojos, se descubrió en la mesa de inspección, atada e invadida con utensilios antiguos incrustándose en su cuello, que en vano trato de quitarse en un reflejo. Sintió su traje completamente desgarrado, el dolor insistente sobre su cabeza, la sensación de vacío en su estómago y en la lejanía, un murmullo que adquiría claridad conforme su letargo terminaba.

—Bulma responde… responde por favor…Bulma no te mueras —

— Menos mal que no tienes una voz mas irritante — sonrió reconociendo la voz de su viejo amigo — Goku no ha... —

—Hice lo que pediste durante el asalto— dijo en voz baja, al ser capturados debían tomar acciones inmediatas. Escondiendo de inmediato la mochila y su desmayado pasajero de toda vista— La nave donde viajaba también esta confiscada— aseguró pegando su rostro a la reja—sus heridas también eran graves— Se apresuró a señalar que su amigo no despertaría a menos que le pusieran de inmediato en un tanque —No se si podremos salir de aquí a tiempo— la desesperación en su tono, no era más alentadora, que las pocas posibilidades que tenían de salir de ese encierro.

— ¿Qué me sucedió — Cambió de tema, girando el rostro y poniendo atención a todos los utensilios cercanos.

— Ese miserable te dio un golpe — dio la vuelta recargándose desesperanzado en la celda—supongo midió su fuerza pues tiene un Ki terrible, pero caíste en ese estado durante casi dos días — cuando la miró observó que no estaba siendo escuchado.

— Puedes intentar disparar a…— señaló las cintas en sus muñecas

— Intenté hacerlo desde que llegamos — afirmó con el mentón caído y los ojos cerrados— además de una reservada golpiza pusieron estas cosas en mi —le mostró de mala gana los restrictores bien conocidos por ella.

— Ya pensaré en algo — volvió a recostarse adolorida — debes buscar el hangar donde están las naves …—

Su oración se vio interrumpida por un enorme sujeto rosa con apariencia verrugosa en la piel. Un miserable que ella recordaba de la estación del planeta donde fue prisionera.

— Me agrada que estén cómodos — comentó en mofa dando paso a todo el equipo de expertos tras de si — mejorará sin duda la cooperación de ambos —

Al acercarse a la mesa dedicó una mirada curiosa a la joven humana.

—¿Te he visto antes? — pregunto en engrosada voz, pero se abstuvo de sacar conclusiones apresuradas — No importa… ya cantarás más adelante—

_..._

La catástrofe estaba en cada rostro. Cada testimonio de las naves sobrevivientes con restos carbonizados del ataque. La gran plataforma recibía de forma semi-organizada a los sobrevivientes que ingresaban en el campo atractor, algunas de las cuales debían ser socorridas para mitigar los incendios.

—¿Dónde está el resto? — Saru intentaba mantenerse al margen de la emoción negativa que esa visión le proporcionaba.

— Muchas naves cayeron — Azuki aseguró cargando con sumo esfuerzo el cuerpo casi destruido del general Kurat — Fue una masacre—

—¿Dónde está mi hija? — Preocupado por esas palabras el Dr. Briefs se atrevió a preguntar.

—¿Dónde están Gokú y Krillin? — impaciente Yamcha sumó su cuestionamiento.

—Nos separamos en la retirada — la nueva comandante Nashee aseguró con gran pesar —los gemelos están a salvo en la nave, pero ella regresó a ayudar al joven Gokú— se dirigió al doctor — Krillin regresó su nave por una transmisión de emergencia —

—Tarble confirmó que llegará en unos instantes, quizá el resto de nuestros amigos estén con el — En un papel conciliador inusual, Oolong se acercó a dar esperanzas al resto.

—Solo podemos esperar por ahora — Saru retomó la palabra poniendo ambas manos sobre los hombros de los decaídos guerreros.

—Tenemos muchos refugiados nativos y Kurat necesita un tanque — Azuki se atrevió a interrumpir el sombrío ánimo, dando un empujón al capitán sobre su hombro. El resto de los tarwi que descendían estaban completamente absortos, sin entender una palabra de lo dicho, su mundo destruido y en cada rostro el infortunio de un terrible final para las historias de su mundo. Nadie podía creerlo.

—No se preocupen, Gokú esta con ellos — Yamcha tomó la palabra antes de que el denuedo fuese aún más insignificante — Su poder es incomparable ahora…. él encontrará la forma de resolverlo… siempre lo ha hecho— rogaba en silencio que la luz que siempre llegaba al final de sus esperanzas, apareciera de un momento a otro.

Las miradas de los testigos de lo ocurrido no podían emitir sonido. No eran capaces de rebelar que ni su mejor carta habría sido de ayuda esta vez. No podían arrancar la única esperanza de la rebelión al corazón de su estructura actual. Pero en el fondo también esperaban, que como en otras ocasiones milagrosas, el saiyajin héroe de todos ellos, encontrara la forma de traer esa esperanza a sus suplicas, en silencio rogaban a su vez por que se presentase ese milagro una vez más.

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— ¡Déjala ya maldito cobarde! — ladraba a todo pulmón, intentando en vano empujar las rejas que lo encarcelaban. Había sido forzoso testigo de uno de los interrogatorios mas crueles. Siendo la víctima, de espíritu tan orgulloso, que provocaba aun mas desesperanza en que el acto terminara pronto.

— ¡Silencio maldito enano! — disparó el rosado gigante verrugoso, directo a la pierna del osado mequetrefe— No te apresures a obtener tu turno — Retomó su atención a la mujer que sostenía del cuello, disfrutando la visión de su obra. Apenas sosteniéndose, viraba en todas direcciones los ojos intentando no desfallecer, las sustancias que habían ingresado en su cuerpo le estaban cobrando la conciencia poco a poco.

Una mueca de hartazgo se dibujó en el rostro de Dodoria. Los métodos químicos no funcionaban por alguna extraña razón, la memoria de esa mujer era el reto más difícil de acceder, mas el uso de tortura física era arriesgado, puesto que no sabía cuanta fuerza podría soportar ese cuerpo endeble, a diferencia de todos los otros guerreros. Para fortuna de la indefensa mujer, el torpe sujeto no poseía dotes tan creativas.

—Esto se está poniendo aburrido — una vez más la arrojó a la dura superficie del suelo. Las fuerzas para quejarse eran cada vez menores — Es una pena que no quieras rebelar la ubicación de esas escorias — caminó para levantarla, poniéndola a la altura de su cara— nunca habíamos tenido una Reiko tan exuberante… habrías hecho una buena pieza de colección para el entretenimiento de las bases — sugirió pasando la vista por el apenas cubierto cuerpo —aunque he de reconocer la resistencia que has tenido todo este tiempo —

— Ers… rpugnant.. — sin poder contenerse o abrir la boca en su totalidad, intentó distraerle de su acción poniendo atención al instrumental que había dejado descuidado a su espalda.

—No oh —negó con el dedo y la fijó una vez más, disfrutando el efecto que esas palabras habían tenido sobre su víctima —solo hablarás para decir lo que quiero saber — acercó su rostro sin recato hasta tocar su oreja— Te daré una última oportunidad… si te portas bien… puede que tenga un poco de inclinación a perdonar tu insolencia — le dedicó un gesto lascivo. Pasó una mano por su cuerpo para lograr incomodarla aún más. Al recibir de su victima solo un intento por patearle, dio un apretón seco escuchando el pequeño brazo romperse bajo su agarre.

Su gemido estridente de dolor era opacado por los gritos desesperados de su camarada lesionado, intentando detener esa infamia.

—¡BASTA! — Gritó desesperado —Yo te lo diré, te diré todo lo que sé, pero ¡DEJALA YA!— Sin poder controlar el llanto sobrevenido, gritó desde el suelo al no soportar mas el ser testigo de la tortura cometida contra la única figura femenina constante en su vida.

—Eso significa que ya no me sirves para nada — El victimario sonrió con vileza, haciéndole saber lo que acontecería.

Sin piedad alguna la arrojó al suelo. El golpe sobre su cabeza la neutralizó de inmediato.

—¡ERES UN MISERABLE! — El reproche de Krillin fue cortado por un retumbo inusual en todo el salón.

De un momento a otro, las luces del complejo se extinguieron. Escuchó a la distancia gritos silenciados en un segundo. Los iinterruptores del sistema de seguridad, anunciaban que las celdas habían sido abiertas. Dejando de lado sus asesinas intenciones, Dodoria se dirigió al panel principal de la sala. El sistema no respondía y la desesperación comenzó su ascenso, la nerviosa escala de incertidumbre traicionaba sus torpes dedos regordetes, que picaban sin éxito todos los aditamentos de reinicio.

La profunda oscuridad fue rota por la tenue luz de emergencia del pasillo, que se abría dando paso a una terrible visión inesperada. Un poderoso fantasma del pasado se levantaba sombrío, trayendo consigo el temor más profundo, bajo el yugo de un inminente ajuste de cuentas.

— Acabas de cometer… el ultimo de tus errores— Resonó el rencor mas profundo que su gruesa voz fuera capaz de emitir. Los elegantes pasos cargados de arrogancia que el bien conocía y esa oscura silueta de cabello en punta que jamás esperó volver a ver.

— Ve…Vegeta — Tartamudeó inestable, cual si presenciase un espectro —No…estabas muerto —

El silencioso cazador avanzó sobre el sobrecogido humanoide. Su vista se desvió a una tímida figura en el suelo. A pesar de la escasa luz, las visibles marcas de abuso sobre ese cuerpo, estrujaron sus entrañas de una forma que jamás pensó llegar a experimentar. Una ira se formaba en su centro, implacable huracán de sed de venganza. Ambos terribles ojos negros fijados de muerte sobre el culpable.

— ¿Como demonios escapaste de Calladr...— No alcanzó a formar la frase, cuando sentía caer sin vida dos miembros de su cuerpo de un solo tajo. Los ojos desorbitados del gigante, se posaron en los sitios donde solían estar sus manos. Acompañaron un chillido repulsivo sus labios y la fiera estampa del saiyajin, trastocado de furia, emitiendo toda su aura, sin escuchar sonido alguno, más que el tamborileo de su pulso enardecido.

—¡NOOO! — lloriqueó mezquino, sosteniendo el terrible dolor — ¡YO TE SALVE DE LA ORDEN DE COLD! —

— Y ese fue tu penúltimo error — Gruñó despacio — haber sido siempre un maldito cobarde—

Con solo un movimiento de su palma, en un instante, la enorme figura de Dodoria se deshizo en el aire cuál arena carbonizada. Indecoroso final, presenciado por el único humano boquiabierto, que mudo de asombro vio a su antiguo enemigo acercarse con pesadez, hasta donde la infortunada lesionada permanecía inconsciente.

Sin poder reaccionar, apabullado por el enorme poder del príncipe y la inverosímil situación, lo vio levantarla con delicadeza, la recostó sobre la mesa inmovilizando su brazo herido. Cubrió su cuerpo semidesnudo con una de las mantas y se dispuso a salir con ella en brazos.

— ¡No!— fue lo único que pudo salir de la voz del humano, luchando por reponerse del ataque del fenecido torturador, empujó la puerta dispuesto a recuperar a su compañera.

Vegeta se detuvo en la puerta. Sin voltear y sin intención alguna de dar explicaciones, solo contestó:

— Más vale que te largues antes de que me arrepienta — continuó su marcha sin poner atención al minúsculo oponente.

Pese a la inherente sensación de desasosiego por esa frustrante escapatoria, el ex monje comprendió todo sin más necesidad de indagar. Toda la historia de cambios en ella, todas las evidencias de esa ausencia que compartió con ese sujeto. La increíble defensa sin sentido de la que fue testigo. Ahora entendía que él era ese secreto del que ella jamás les hablaría. Y ahora, sabiendo de quien se trataba, quizá era mejor que así permaneciera.