Hola! no me morí pero casi. Lo siento no tengo perdón casi 11 meses pero de verdad que me ha ido de lo peor, no es excusa pero entre en cierta depresión, me enferme me operaron me quede sin trabajo y en fin, pero aqui estoy e nuevo y prometo que si tendrá un final la historia.

Gracias a los nuevos lectores, a todos los que han leido y sobre todo a los qje dejan rw que es por quienes siento el compromiso de seguir actualizando. Gracias Smithback!

y mil gracias Annabel por seguirme alentando y compartiendo esta linda amistad!

_Capitulo XVI_

Sentencias conclusas

—¡¿Dónde está?! —

La tormentosa entrada del Brench, sobresaltó a todos los esclavos presentes, sin tomar intervención en lo que ocurría, continuaron sus labores evadiendo el contacto visual del encolerizado sujeto.

Más, el único aludido, quien descansaba holgazaneando en uno de los mullidos muebles del recinto, se negó a darle el placer de una respuesta.

— Miserable engreído, ¡Dime donde esta ese completo idiota! — le tomó de la solapa bufando sobre su rostro.

—Suéltame escoria — se soltó ladeando la cola en señal de agresión —puede que aun conserves ventaja sobre mí, pero guardo todo registro de tus insolencias —

—Basta de estupideces Raditz— le encaró una vez más — ¿Dónde esta ese imbécil? —

—¡Rayos!, relájate — Se retiró una vez más ofendido, acomodó inconforme sus elegantes ropas — no está disponible —

—¿Qué clase de respuesta es esa? — se disponía a amenazarle de nuevo, más el saiyajin se alejó en un instante.

—¡Demonios! ¿Por qué todos ustedes tienen que ser tan absurdamente inestables? — se tiró burdamente en su cómodo sitio, sin dar más importancia a la conversación —No le interesará hablar contigo— replicó — esta I.N.D.I.S.P.U.E.S.T.O —aseguró cual si hablara con un iletrado. Su bravata estaba costando toda la poca paciencia del brenchjin, quien con puños cerrados rechinaba los dientes sin control.

—¡Su estúpida osadía CASI ARRUINA TODO EL PLAN! — vociferó exaltando a todos los presentes — ¿¡Que rayos estaba pensando al atacar una estación!? — jaloneó a su oyente bruscamente, buscando una explicación — Kiiro y yo llevamos todo el maldito día borrando los registros y convenciendo a todo el consejo de que fue un malentendido —

—¿¡Y como rayos quieres que yo sepa!? — le ladró encogiéndose de hombros — Ese bastardo apenas y me habla y ¿quieres que me confiese sus más extraños fetiches homicidas? — se liberó de nuevo, caminando en dirección opuesta al furioso Brench. Era demasiado para un solo día. No podía revelar la verdad, recordando ese extraño encuentro mientras se alejaba a prisa, cuando presenció algo que jamás pensó cruzaría por esa puerta, su líder saliendo de la nave cargando otra pasajera inesperada.

Los sirvientes del palacio se aglomeraban en la entrada de las puertas del hangar, visión inesperada del nuevo amo del complejo, cubierto en residuos de combustiones y restos de sangre de diferentes tonos, estado que no era más alarmante que el de la criatura que cargaba en brazos. El silencio incrédulo en todos los operadores, dejaba escuchar con claridad los furiosos pasos del recién llegado.

Ante la noticia de su arribo, su viejo camarada estaba a medio camino de encontrarlo, pero ya escuchaba los murmullos del personal quienes intentaban indagar quien era esa criatura en tan precaria situación.

Un tanque de inmediato…no hablarás de esto — El saiyano de sangre real ordenó sin preámbulos al jefe de seguridad. Este asintió apresurándose a cumplir la encomienda.

Raditz quedó pasmado, al alcance de su vista la evidencia de un hecho ni el mismo príncipe meditaba. Caminando con esa seguridad sin darse cuenta de que exponía a los ojos del mundo, lo que solo el saiyajin mas grande comprendía, su única debilidad.

No pudo enunciar palabra al verlo pasar por su lado, los rastros de la carnicería en su traje y diferentes hematomas regados por el cuerpo de la desvanecida fémina. Pero lo que mas preocupaba a esa innombrable demencia, era el porqué de esa escena. ¿Por qué el mas sanguinario, frío, ególatra y calculador saiyajin del universo, permitía un acto de esa índole? ¿Por qué poner en el filo del abismo todos los planes hechos? ¿Por qué era tan ciego para caer presa de sus absurdos instintos?… como un novato empecinado. Y al cruzarse sus miradas, el reproche no tuvo necesidad de verbalizarse para entenderse.

Raditz apartó la vista por primera vez en su vida, totalmente decepcionado de la desterrada razón de su líder, pero no podía dejarlo así, no podía permanecer sin tomar medidas urgentes.

Se dispuso a seguirlo, más el culpable reviró, dándole una amenazante y oscura mirada de protesta. Quedaron ahí, inmóviles retándose solo con la vista a hablar. Sabia que no le daría explicaciones y el otro entendía que su subordinado no se daría por vencido tan fácilmente.

Rompiendo el silencio el capitán del área medica se acercó con el material necesario para iniciar la restauración de la mujer herida. Tomándola de manos del príncipe, el equipo de cuidados la traslado a gran velocidad, dejando a ambos saiyanos solos en el pulcro pasillo de vista a las montañas.

Espero te haya revolcado jodidamente bien, para que valiera la pena arruinarlo todo —

Frunciendo su ceño a niveles insospechados, el más joven cerró los ojos. Cruzando los brazos sonrió. Y sobrevino un puñetazo extremadamente fuerte contra la audacia del mayor, tal fue el impacto, que voló sin control encima del hermoso acantilado, impactándose contra las faldas de la escabrosa montaña, cuya vegetación derribó estrepitosa hasta el fondo del rio en el despeñadero.

Desencajándose de la prisión de piedras grises, el melenudo saiyano levantó la vista a la figura que flotaba frente a él notando que la majestuosa montaña ahora exhibía un indecoroso agujero con su exacto tamaño. Un gancho al rostro lo envió a un prado en la lejanía, donde aterrizó con menos gracia que un meteorito desbocado.

No tengo por que dar explicaciones a un simple subordinado — descendió retumbando el eco del enojo — ¿Por quien me tomas imbécil? — lo desenterró sin cuidado poniéndole al nivel de sus colmillos — ¿Crees que somos iguales? —escupió de lado arrojándolo de vuelta al suelo.

Raditz tosió un pequeño coagulo, intentando ganar compostura, respiraba con pesadez sin diluir la molestia en su gesto, haría falta mil reprimendas para hacerle cambiar de parecer.

El otro, denotando la falta de credibilidad que sus actos tenían; decidió dar una, a su parecer, innecesaria explicación.

Esta aquí para encontrar la forma de deshacer ese maldito vinculo nupcial — colocó una pierna sobre la espalda del saiyajin, rodándole para verle de frente —es una distracción innecesaria —

Maldi..ción Veg… —se carcajeó con la vista fija en el calmo cielo brillante, jadeó raspando sus cuerdas bucales, aclarando la voz — Solo tu crees esa tonta mentira — refutó en total vilipendio. Se volteó sentándose con gran esfuerzo, anticipando otra golpiza, sin embargo veía levantarse y bajar sumamente alterados los hombros de su líder. Quizá era mejor intentar razonar con él.

No lo entiendes — continuó en el suelo tentando su suerte aun más — el vinculo no se habría completado si no te hubiese atraído, tu cuerpo debe ceder para que sea definitivo …—

¡Estaba drogado! — volteó lleno de rabia — ¡Esa maldita me drogó en un estúpido ritual para devolverme la fuerza! —

El silencioso oyente negó divertido, llevó ambas manos a su cara en señal de derrota con los ojos cerrados y el perfil clavado en el suelo. Realmente tenía que explicarle todas las cuestiones sociales básicas de su raza.

No hay poder alguno que doblegue la voluntad de un vínculo— declaró en pesada voz — ocurrió porque te involucraste más de lo necesario, porque así lo desearon ambos, no importa cuanto lo niegues, no cambiará el hecho de que te importa esa mujer —

Solo estas diciendo estupideces — gruñó sin darle la cara — en cuanto descubra como deshacerlo yo mismo la mataré… —

¿Entonces por que no la dejaste morir? — interrumpió intempestivo borrando el ceño de su contraparte — se que tu no causaste el estado en el que está, se que fuiste a su rescate y que deambulas en la indecisión de hacer algo para deshacerte de ella — pausó recargando su maltrecho cuerpo en el suelo — has actuado como un insensato y ahora todo el imperio sabrá que tienes una debilidad —

No tienes idea de lo que ha ocurrido — protestó ofendido, recordó el estado en que la encontró y ese vórtice de culpa regresó a su centro, nunca le había ocurrido sensación semejante con otro ser, el apego era solo una forma de traer problemas y se avergonzaba de haber cedido de tal forma descarada — si no vas a decir algo de provecho ¡entonces cierra la boca! —

¿No te das cuenta? — insitió en preocupado tono — incluso si por algún milagro no hubiera forma de probar tu culpa en lo que has hecho, estas dejando que esto te consuma más de lo que puedes controlar, ¿No te das cuenta que no tiene futuro?¡Ella es una humana! enemiga de tu causa y para tu peor desgracia… más efímera que tú en todo—

Contuvo la respiración. Bien sabia la gran diferencia entre razas, todas las desventajas que daban vuelta en su cabeza, pero no fue sino hasta ese momento, que esos pensamientos cobraron una dura dosis de realidad.

¿Sabes?… — continuó— de hecho, te entiendo más de lo que crees, también cometí un error similar cuando estuve en Minas Calladri, pero desafortunadamente para mi acabó demasiado pronto— un tono sombrío se asomó tras tomar una pausa para borrar ese recuerdo —y sí, ¡es preciosa! Tiene un carácter que solo tu soportarías y entiendo perfectamente porqué te encuentras así, pero esto solo terminará mal para ti… es más débil, ¡pertenece a la maldita rebelión! Todos tus anhelos representan todo lo que ellos intentan destruir— se detuvo al observar que su oyente comenzaba a mostrarle los dientes inconforme con sus alusiones — si eso no te convence, esta el hecho de que vivirá menos tiempo, aunque decidas arrojar toda la razón por la borda, ¿Qué crees que sentirás cuando su ciclo de vida termine mucho antes que el tuyo? Peor aún, si en verdad consigues la vida eterna…—

Vegeta volteó sin emoción alguna dibujada en el rostro, observaba calmo ese paraje tranquilo, no cruzó por su mente jamás la posibilidad de dejar sus planes por una mujer, pero lo que realmente le afectaba era pensar en la magnitud de su tremenda estupidez, haberse dejado caer presa de su instinto, el fastidioso dolor que despertaba imaginar verla sufrir, escuchar el desenlace inevitable que cursaría la frágil vida de la humana, era un incómodo cosquilleo que rugía en suaves ecos de ansiedad, cosa que no debería estarle sucediendo a un guerrero de su clase.

Todo eso sin sumar como le vas a explicar su presencia aquí, en un mundo en el que nada encaja con el sitio donde estaba y en una circunstancia en la que no quieres que te vea …. También ya deben estarte culpando por el desastre de la estación, mi estimado impulsivgffgv xc fddf b do—

Estas consiguiendo que deje de considerar que eres de alguna utilidad aun vivo — le levantó violento, frustrado por el efecto de todas las palabras proferidas— No hay evidencia que me vincule con el ataque, debía ir porque esa maldita sensación de pánico me estaba enloqueciendo —

Rayos Vegeta — ladeó el rostro burlonamente — puedes activar tu energía en un maldito planeta entero de transferato ¿pero no puedes bloquear el enlace mental de una simple humana? —

Un silencio incomodo sobrevino a ambos. Lo arrojó de vuelta al suelo tomando distancia. No había más palabras que edificar a su favor. El sonido del viento alrededor traía consigo el indiscutible descanso, de que no había más cosas que aclarar en los hechos. Todo estaba hecho ya sin remedio alguno.

Por el lado amable… por lo menos sabes que ella te corresponde — se carcajeó a desgana — ¡caray! jamás pensé que algún ser vivo te llegase a… ¡aposté a que morirías virgen! — una enorme piedra voló a su cabeza, borrando la tonta sonrisa de su rostro.

Es hora de largarnos imbécil — le ordenó pateando otra piedra en su dirección — Seguir escuchándote necrosará mis oídos —

Espera — le detuvo el mayor demandante — no puedes dejar que la vean, nadie lo comprenderá y de nada servirá tu tonto riesgo si Kiiro la mata — le observó exhalar con inequívoca frustración —Yo sé cómo solucionar tu problema —afirmó seguro — pero por el momento pido a cambio solo un poco de ayuda — solicitó extendiendo una mano en son de paz.

Considera un favor el que no te mate — contestó levantando el vuelo — puedes encontrar la forma de regresar tu solo — se alejó a toda velocidad dejando las quejas de su compañero tras de si.

Suspiró camino a las salas de recuperación donde en el ala mas aislada, la figura de la joven mujer, flotaba pacíficamente en el líquido verdoso.

Por un momento deambuló en la posibilidad de que pudiera rebelar la verdadera razón por la que su líder se encontraba ausente. Una batalla contra el tiempo para limpiar su nombre de la inequívoca evidencia de haber actuado por un impulso, error que por primera vez se dejaba cometer. La única forma de poder librar su culpa se encontraba en descubrir algún tipo de evidencia sobre los prisioneros que justificara su intromisión. Tarea titánica que presumía poder lograr, por el hecho de conocer los tipos de técnicas de sus enemigos rebeldes. Comprobar la conspiración daría nueva luz ante los ojos de sus aliados que, por el momento, lo consideraban un agresivo y peligroso inestable mental. Por primera vez Raditz debía guardar un secreto por el bien de alguien más, quizá después de todo empezaba a caer en esa blanda banalidad, llamada amistad.

_..._

Un mensaje llegó a la estación del planeta Freezer 74.

Un mensaje que dejaba en plena exposición las pocas habilidades del orquestador de todo el asalto al planeta de los Tarwis.

Salza recibía de manos de su asistente asignado la indeseable noticia. Los circuitos saltaron haciendo pequeños choques eléctricos al ser estrujados por la violenta mano del receptor. La vena en su temple no podía ser más visible.

—Ondas…—siseó sumamente alterado

—Así es general, ondas electromagnéticas— Asintió ingenuamente —al parecer no detectábamos sus mensajes porque estaban codificados con ondas electromagnéticas, un primitivo sist…— en un instante se vio envuelto en el asfixiante agarre de odio exigiéndole silencio.

—¡Se lo que son, grandísimo idiota! — Le arrojó al suelo indeciso de terminar con esa torpe forma de vida… aunque quizá le traería algún tipo de regocijo, a los icejin siempre les funcionaba.

—Gennneral…yo sol.. — nervioso titubeaba al notar las intenciones asesinas del otro. Pero pronto fuero disueltas por algún cambio fortuito de parecer en la faz de su superior.

—¿Cómo han obtenido esta información? — Preguntó al notar las notas al pie. Una vez mas esa coincidencia que cosquilleaba en sus sospechas. Estaba casi seguro de quien se trataba, esa forma de enviar informes le era sumamente familiar.

—El equipo del príncipe de Kiniro — costestó casi al grito, los nervios de su primer dia de trabajo y la posibilidad de que fuese el último lo traicionaban — Ellos nos enviaron la clave y el código del mensaje —

—Ese idiota aún no ha sido condecorado realeza, imbécil — interrumpió demostrando mas emotividad de la que hubiese querido. Se frenó girando el rostro con desinterés.

Salza se concentró evaluando las indicaciones que antiormente leyó, debía hallar el modo de acercarse a este sujeto y realmente sentía que si lo descubría, tendría un producivo beneficio a su favor. Caminó al panel de control entre la multitud de organismos que realizaban tareas de organización en la base. Nadie se detenía a mirar la escena por temor a ser eliminados por su falta.

—Bien — agregó satisfecho — ahora no importan los detalles menores — disimuló la enorme molestia con un semblante apacible — investiguen la ruta de la señal transmitida y asi llegaremos hasta la base — ordenó a las criaturas azuladas a su derecha quienes en un instante se dispusieron a obedecer las indicaciones. A pesar de no haber sido el descubridor de ese hallazgo, el encontrar la fuente redimiría el absurdo error cometido. Le encrespaba la idea de que un recurso tan primitvo hubiese sido la clave todo el tiempo. 'Ondas electromagnéticas, sistemas arcáicos inservibles' se reciminaba intentando justificar que en esa era nadie lo habría pensado antes. Sin embargo quien quiera que fuese el nuevo príncipe en ascenso, debía conocer muy bien las fuentes rebeldes para pensar en una solución así. Si lograba exponerlo seguramente se toparía con alguna fuente poco aceptada por la elite del imperio y quizá ahí estaría la clave, para borrar esa odiosa competencia.

_..._

El frio atardecer se daba entre los picos de materiales cristalinos en las lunas del planeta Kiniro. Una de las fortalezas, construida con la finalidad de permanecer incógnita, era el escenario de una discusión acalorada entre los tres estrategas de la nueva alianza por el imperio. Vegeta observaba hastiado y con fingida curiosidad las formaciones de cristal helado en la lejanía. Odiaba usar tales vestimentas, siendo la pesada piel oscura en los hombros la única fuente de aislamiento para ese crudo fenómeno atmosférico. Peludo complemento a la armadura sintética aislante, obtenido de la única especie que habitaba ese inhóspito lugar ¿Cómo es que prosperaban formas de vida en ese infierno congelado?.

—¡¿Me estas escuchando?! — Intervino sus triviales reflexiones la molesta voz del ahora comandante rojo —¡No debiste enviar el código a SALZA! — cruzado de brazos repitió, intentando no mantener un tono demasiado hostil, Jeice guardaba su distancia subiendo y bajando el pecho en una falsa sensación de sosiego, después de todo reconocía que ahora Vegeta era capaz de hacerlo pedazos — No debías atacar esa nave y ¡No hay ninguna justificación que avale todo lo que has hecho hasta ahora!—

— Gracias a mi es que tienen esta información, basura — increpó en el hecho de que había sido su descubrimiento e intervención lo que había llevado a interceptar ese valioso hallazgo — lo menos que podrían hacer es agradecerlo — Contestó sin dar la menor importancia al enojo de su colega.

—Y gracias a tus absurdos errores es que tuvimos titánicas labores de limpieza— Replicó en el mismo tono altanero —¿Qué demonios era tan importante en esa estación? ¡¿Tuviste un ataque demencial de ira saiyajin para destruirlo todo?! — se burló, consiguiendo levantar la ceja de ese fruncido ceño.

— ¡Debía encargarme de Kakarotto! — respondió encolerizado por el hecho —era mi oportunidad de destruirlo, ¡No dejaría que las políticas de cautiverio del imperio interfiriesen! —

—¿Es que has enloquecido? — Jeice le plantó cara sin temor —Esto es mucho mas importante que tus ínfulas de venganza ¡Pudiste haber perdido el favor de la cámara del consejo! — gritoneó frustrado, sin importarle conseguir una paliza por su altercado.

— ¡No lo entiendes porque no sabes nada acerca del orgullo saiyajin! — Se irguió destruyendo con su aura los cristales donde consumían su bebida —ese imbécil oso retarme y no permitiré que esa infamia de tercera clase se atreva a cuestionar mi estirpe, asi como no te lo permitiré a ti — le sostuvo la terrible mirada en feroz desafío, nadie podía juzgar su forma de actuar, mucho menos un ser de notoria inferioridad en poder.

—¡Ya es suficiente! — Levantándose de su sitio Kiiro lo enfrentó, silenciando al duo combatiente — No toleraré actos de barbarie que pongan en peligro toda nuestra labor — aseguró en firme voz sin dar pie a las amenazas del príncipe, esta vez había ido demasiado lejos y no podía dejar pasar las faltas de su protegido. El aura de respeto despejó la tensión de los debatientes. Una mueca de disgusto coronó el rostro del saiyajin, que sin mas ánimo de contienda regresó a su sitio aburrido. A pesar de lo sucedido, el anciano no despertaba en él motivos para ofuscarlo.

—No habría necesidad de esto si pudiera ir a enfrentar al tirano bastardo de Cold — carraspeó con reproche, sabía que todo lo hecho hasta ese momento eran pérdidas de tiempo que toleraba por el respeto que el anciano había ganado ante sus ojos—No hay nada que impida que lo derrote de una vez por todas — finalizó sentándose a la expectativa, los largos pelos en la piel se movían a causa de la pesada respiración de molestia por el absurdo retraso.

—He dicho que es suficiente — Kiiro acabó con el animo encendido del príncipe, tomó un respiro sin dejar de escudriñarlo con los severos ojos marrón, debía impartirle una lección de astucia antes de que su nuevo poder siguiera nublando su juicio —¿Crees que con actos irracionales obtendrás el favor de los representantes de la OIC? ¿Qué la cámara del consejo aceptara que te postule con un historial de arrebatos? ¡¿Qué los sistemas cederán sin mas rebeliones a tu causa si descubren tu temple explosivo?! — Se detuvo observando su talante totalmente serio — En el arte de la guerra ¡Todo es estrategia! Tu fuerza no es lo único que te conseguirá el dominio, ¡Ni siquiera los icejin han sido tan ingenuos! — golpeó en la mesa causando un sobresalto del brench testigo— el mismísimo Cold tenía aliados, ¡Por ello su sucesor sería Freezer y no Cooler! ¡Nadie seguirá a un loco irascible! — finalizó observando con atención la reacción del otro. La postura de hierro le indicaba que el mensaje estaba claro, sin embargo, no podía suavizar el peso de sus palabras, probablemente le costarían, pero si quería hacer de ese saiyajin un regente digno del imperio, debía inculcar muchas lecciones de gobernanza.

—Lo que conseguirás es que más sistemas se añadan a la causa separatista — Jeice musitó tomando asiento lejos del encuentro. Perezosamente se acomodó sumiéndose en el suave pelo de su vestimenta y resoplando por el cansancio de todos los días de labores encubiertas.

—Debes representar una opción viable — Kiiro continuó en un timbre más condescendiente, comprendía la juventud de su protegido y el ímpetu que ello consecuentaba —Viable a la estabilidad a mejores oportunidades, a perpetuar sus cometidos — ejemplificó tomando pausa para acercarse de frente al enjuiciado— edifica su dependencia a tu causa y se mantendrán en tu favor —

Sus ultimas palabras fueron escuchadas, mas no dio signos de aprobación. Se levantó con grácil movimiento y sin demostrar emoción alguna decidió retirarse. En el fondo las palabras del anciano resonaban como truenos de verdad, el sabía el precio de su atrevimiento, sabía que todo lo dicho tenía una inminente verdad dentro, pero simplemente no podía lidiar con ello. ¿Qué podía decir para justificar su causa? Y los deseos asesinos sobre el emperador, ardían sobre su subconsciente, aunque a esa alturas el arrebatarle todo lo que habría construido sonaba como una venganza aún más decorosa. Kiiro tenía razón, pero su orgullo no le dejaría demostrarlo.

— ¿A dónde vas? — Jeice le llamó sorprendido

No respondió, se limitó a arrojar en la mesa el transcrito del mensaje decodificado. Habían sido suficientes sermones por hoy.

" Gokú y yo estamos a salvo llegaremos a la estación en dos semanas"

Leyó el general, esa información en sus manos sonaba como una verdadera ventaja, pero a diferencia de Jeice, Kiiro comprendía que no les era de utilidad descubrir una red de estaciones, el propósito del príncipe era que Salza mordiese el anzuelo y a la larga le llevara a conocer el verdadero paradero de la fuente rebelde. Para la rama de inteligencia del imperio, mientras las fuerzas de Salza estuviesen ocupadas en la invasión a un puerto menor, ellos estarían libres para el verdadero desafío. Para ello no necesitaba ensuciarse las manos por ahora. Era sin duda una estrategia superba.

El anciano sonrió para sí, quizá después de todo su nuevo heredero tenía más aptitudes de las que pensó.

_..._

Quizá era la primera vez que se encontraba en esa situación, suspendida en el suave mareo del sonido sordo en esa calma sustancia, sus ojos intentaron abrirse lentamente más el ardor del líquido fisiológico la trajo a la realidad, entrando en una desesperación increpante. Mientras pataleaba retirando la incómoda mascarilla, un sonido le alertó que alguien más se encontraba ahí y en un instante todo el líquido fue drenado, cayendo sobre el suelo incapaz de mantener las piernas firmes.

Escuchó un respingo de burla. La figura de un par de fuertes piernas y una cola ondeando como la primera imagen que le daba la bienvenida. Estaba totalmente estupefacta de verle ahí una vez más.

— ¡Cielos! Creí que ibas a pasar el resto de tu patética vida en ese tanque — Cruzado de brazos, en divertida mueca, la observaba intentar recuperar el equilibrio —... y quizá no me equivoqué —

—¿Raditz? — preguntó en queda voz, incrédula, cual si se tratase de un mal recuerdo en su mente. ¿Estaba soñando? . Miró admirada la bella construcción a su alrededor, una cálida brisa proveniente de los grandes arcos. Sacudió los restos del líquido de su cuerpo, notando de inmediato que solo usaba un delgado pedazo de tela. Lo separó de inmediato al notar la bochornosa transparencia.

—Tranquila — se burló de las sonrojadas mejillas incómodas— Jamás firmaría mi sentencia de muerte contra el lunático real — arrojó una manta seca a su cabeza— por muy tentadora que seas — Notó al instante el descontento en el entrecejo de la científica al observar que la tela tenía un minúsculo tamaño y casi el mismo nivel de transparencia — Disculparás, que no contemos con vestuario para criaturas de tu… tamaño — guiñó un ojo caminando en dirección a la salida.

—¿Cómo….cuanto… tú me? — las preguntas salían desordenadas, nada en ese momento tenía ningún sentido para ella ¿Cómo escapó? ¿Qué pasó con sus amigos? ¿Cuánto tiempo había pasado?. Su cuerpo no poseía ninguna cicatriz, sin embargo el amargo recuerdo estaba muy presente. Suspiró retomando atención en el presente, aun debía mantenerse en pie. De súbito, la idea de sus hijos sobrevino con la urgencia de una marea destructora. Debía salir de ahí, debía regresar con ellos, quizá pensaban que había muerto ¿Quién los rescató? Todas preguntas demandantes que palpitaban con fuerza sin poder controlarlas.

—¡Raditz debes dejarme salir de aquí! — se paró frente a él abrazándose a si misma sin esperanza —No sé por qué me salvaste, ni como lo hiciste, pero sé que eres razonable, por favor haré lo que digas, solo dame una nave ¡Necesito volver! — Demandó, tratando de seguir su paso. Mas el corpulento sujeto le arrastró sin poner atención. Se paró de frente, plantando el pie sin permitirle avanzar más. Las cejas bien juntas en completa molestia, no se dejaría intimidar.

El saiyano melenudo suspiró, levantó una ceja buscando los motivos de esa aparente desesperación, tenía entre manos a uno de los elementos rebeldes de mayor importancia y ciertamente sabía que su hermano tarde o temprano la buscaría de nuevo, pero no podía desafiar las ordenes de Vegeta, sobre todo mientras se tratara de ella.

—No —contestó haciéndose a un lado para seguir su camino. La tenaz fémina le siguió intentando frenarle con ambas manos, tarea sumamente difícil considerando la fuerza de su oponente.

—¿Para qué rayos me quieres aquí? — Rechinaba entre dientes poniendo toda la resistencia contra el imparable bólido que aumentaba la velocidad conforme las quejas se intensificaban — ¡No te soy de ninguna utilidad! ¿Me has rescatado solo para ser prisionera de nuevo? ¿¡Quieres detenerte!? — Cayó a los pies de su oyente al frenarse de sopetón.

—Yo no puedo decirte nada muñeca — se encogió de hombros enfardando los brazos, estaba realmente empezando a hartarle. Los recuerdos que poseía de ella no incluían ese aspecto, hostil y sin el temor que recordaba. Quizá la dura proeza de soportar una tortura le había quitado la razón —Son órdenes de Ve…— Mordió su labio al haber hablado de más, rápidamente sacudió su cabeza retomando la conversación — de… verdad inquebrantables — corrigió torpemente apretando los ojos mientras continuaba su marcha.

—¿Vegeta? — La joven meditó incrédula deteniéndose por un instante, en medio de esa desesperación creía haberle oído a lo lejos, pero parecía imposible, debía serlo — ¿Él… te envió? — retomó lentamente su atención a su guardia.

—No… — Evadió el contacto visual. El lapso de silencio monótono se acabó un bufido, mientras el alto saiyajin tallaba su cabeza descifrando que decir. Gesto demasiado familiar para ella.

—Él es quien me tiene prisionera ¿Cierto? — Insistió cayendo en cuenta de la idéntica reacción nerviosa que bien conocía de su mejor amigo. De cualquier modo no podía tener alguna buena intención hacia ella. Hasta donde recordaba, aún le demostraba el rencor por esa vieja traición, incluso había intentado matarla.

—No, mujer idiota — se cruzó de brazos dándole la espalda — No te des ideas de importancia —

—Estas mintiendo — aseguró sin ápice de duda — Quiero verlo — demandó en tono exigente. Ya había pasado por demasiadas pruebas, ya no tenía nada más que perder.

—Eso es imposible —

—¿Por qué? — pisó con mayor fuerza —Retenerme aquí es inútil, no soy de ninguna utilidad y es un asunto de vida o muerte que regrese, él debe comprenderlo —

— ¿Por qué? — interrogó con genuino interés, esperaba una horda de quejidos por su situación, pero su determinación y esa aparente valentía eran nuevas para el — ¿Toda la organización rebelde va a detenerse porque no estés presente? — Preguntó en tono burlesco — entonces sería mejor encerrarte para siempre —

—Por favor —imploró como último recurso. Nerviosa y poniendo ambas manos sobre él, hecho completamente anormal en su conducta. Rasgo que no pasó desapercibido por el saiyajin. Los grandes ojos llenos de súplica en una desesperación tan evidente que le causaba una extraña inquietud. Tal vez después de todo, ese tiempo en Minas Calladri, le había reblandecido a los lamentos de criaturas débiles. Exhaló frustrado.

—No podemos hacer nada — contestó en calmada voz — Eres un miembro de la resistencia. Debes permanecer aquí por tu seguridad, todas las unidades de viaje están siendo rastreadas por la sospecha de espionaje, cualquier lanzamiento será rastreado… —

—Debe haber una forma — interrumpió —Puedo trabajar en una nave indetectable… puedo—

—No puedes hacer nada por ahora — La cortó sin más preámbulos tomándola del brazo para conducirla sin más demoras. El tiempo se terminaba y el sonido de su scouter en la cintura le indicaba que debía poner atención a asuntos de mayor importancia. Habiendo llegado al recinto buscado, la introdujo sin escuchar la sarta de reclamos y maldiciones y tecleó el código de seguridad dejándola encerrada. Suspiró una vez mas mirando la puerta, esa mujer si que era un cúmulo de problemas.

Dio media vuelta colocando su rastreador en el oído. Vegeta se aproximaba y las acciones a tomar seguramente tendrían carácter de emergencia. Como era ahora la costumbre en esa pequeña sociedad extraña.

Bulma golpeó la puerta perdiendo toda esperanza, se deslizó hasta el piso, llena de rabia por la incertidumbre frecuente de terminar en manos de seres mas poderosos que ella. Seres que constantemente decidían sobre su destino sin consideración alguna.

—¡Has de pagar por esta injusticia Raditz! — Bramó con poco sentido de agradecimiento a lo que pensaba era un rescate con otros fines no esclarecidos. No podía esperar nada bueno de esa estancia forzada, después de todo no trataba con blandos secuaces del imperio y la benevolencia era un acto que ella sabía desconocían. Terminando de maldecir cayó en una melancolía fugaz, deslizando los antebrazos juntos sobre sus rodillas. El cansancio y recuerdo de las atrocidades que vivió, vencieron su renuencia a demostrar sentimientos. Una lagrima se le escapó, la cual fue borrada con sumo coraje. No se dejaría vencer nunca, nadie dictaría su destino. Encontraría la forma de escapar como siempre lo hacía, ella siempre resolvía y esta no sería una excepción.

_..._

Dentro de la inmensidad del espacio relativamente cercano a la tierra, un enorme coloso de metales y otros viejos elementos corroídos formaban un ambicioso proyecto de construcción, destinado a albergar las formas de vida que acudían en busca de asilo frente a la expansión del imperio del hielo, los abrasadores rumores de victoria habían corrido como pólvora, en cada rincón de la galaxia civilizada era conocida la hazaña del saiyajin que derrotó al heredero del imperio. Montones de naves de diferentes tamaños solicitaban permiso para entrar en la atmósfera terrestre a pedir libertad de vivir, pero las recientes problemáticas en el planeta hacían imposible otorgar a todas las masas ese ansiado refugio.

— ¿Dónde está tu amigo tríclope? — uno de los ensambladores de tosco aspecto ambarino, preguntó al único guerrero que esperaba la anunciada llegada del resto de sobrevivientes de Tarwi. Volteó abstrayéndose de la concentración al observar a un pequeño número de naves de vigilancia, circular en el perímetro de la estación.

— No disfruta de las estructuras modernistas— Yamcha se encogió de hombros bostezando, no revelaría que en realidad sospechaba que la decisión de abrir las puertas a todo alienígena había firmado su abdicación del grupo. Tien era un hombre muy delicado de humor para los cambios abruptos.

—Ese hecho trasciende a todas las razas— se burló con la voz grave que le recordaba al terrícola, por alguna ridícula razón, el tono de Santa Claus —a nadie le gustan los cambios — se acercó uniéndose a la contemplación — incluso escuché a los generales hablar de que no usarían esas raras semillas que comen para recuperarse… "poco naturales" les llamaron — y se carcajeó flojamente.

— Y supongo que los tanques son algo más natural — uniéndose a la burla de los superiores continuó con una risilla tonta. Pero la conversación fue terminada al observar que en la lejanía un objeto brillante se aproximaba con un irregular bamboleo que solo auguraba problemas

— ¡CAPTURA DE EMERGENCIA! — El ensamblador gritó a la plataforma corriendo con brutal torpeza para presionar el ciclo de urgencia, al instante todo el complejo desplegó campos de energía romboides que protegían la estructura. Como si la nave hubiese escuchado, se detuvo y fue succionada con lentitud hacia el interior de la estación. Ya se replegaban las tropas de defensa, en realidad constando de solo un numero escuálido de nuevos reclutas y blasters, temiendo Yamcha que el sería quien tendría que dar la cara por un cumulo de extraños que ni siquiera le importaban realmente. Las naves piloto esperaban apuntando todo el arsenal a lo que fuera que saliera de la escotilla. Toda actividad fue interrumpida y el silencio dominaba en todo el paisaje. Pasaron los minutos, mas nadie salió, finalmente uno de los alienígenas uniformados se atrevió a presionar el mecanismo de apertura. Al sonido del aire escapando del interior se le unieron el de todas las armas apuntando. Pero en el interior solo encontraron un pequeño soldado desmayado, con armadura del imperio y una cara muy familiar.

—¡Krillin! — Yamcha se introdujo a toda prisa levantándole, las heridas eran escandalosas y el resto de la tripulación se apresuró a ayudar.

—Gok…Gokú— señaló entre voces el compartimento trasero donde al apresurarse el resto de los curiosos encontraron inconsciente al aludido. Al instante Yamcha supo lo que debía hacer.

—Preparen una capsula de emergencia a la Tierra— solicitó a los espectadores restantes que de inmediato atendieron la petición.

—Kurat desea hablar con ellos — uno de los centinelas se acercó con el dispositivo de comunicación en mano

—No están en condiciones de hablar con nadie — respondió el guerrero de la cicatriz levantando a sus dos amigos— si quiere saber algo dile que es bienvenido a bajar su cómodo trasero a la Tierra—

…..

—ya, ya muchacho…—la voz inconfundible de su maestro lo alentaba a abrir los ojos —eso es—

Abrió por fin los ojos fijándolos en ese viejo recuerdo revitalizado, Kame-house. Aparentemente ahora refugio de una docena de esculturales chicas extraterrestres que disfrutaban de todas las comodidades que una joven pudiera pedir. Junto con los entusiastas ayudantes embelesados de siempre

—¿Qué sucedió? — Talló su frente sentándose, el cabello oscuro revuelto de siempre ahora estaba extremadamente sucio. Reconoció el sabor de las semillas de inmediato.

—Pues parece que fuiste atropellado por un planeta — Oolong palmeó su espalda con las manos llenas del aceite que acababa de poner en las chicas bronceándose en el exterior —por lo menos sobreviviste

—¡Krillin! —recordó de pronto —¡Tarble y Bulma! —buscó a la redonda, pero solo encontró a su mejor amigo aun durmiendo en las mantas de junto.

—Tarble se encuentra bien— Yamcha se apresuró a explicar — Después de dejar a los Taruwee o como se llamen en la Corporacion Capsula se fue a la estación de donde partieron —

— Debo entonces buscar a Bulma, debo ir por el radar — expresó poniéndose de pie — muchos murieron en la batalla … y quiero volver a enfrentar a Vegeta, creo que esta vez necesitaré entrenar mas duro — admitió recordando la derrota tan indiscutible a la que le habría sometido el otro saiyano

—El radar desapareció …— el maestro continuó pausando bajo un triste suspiro — al igual que Bulma—

—¿Quién rayos es Vegeta? — El resto de sus camaradas preguntaron

— ¿Qué sucedió con ella? — El tono de gran preocupación sorprendió al resto, eran muy pocas las veces en las que habrían escuchado a su viejo amigo hablar con tal seriedad

— Ella esta viva — desde el otro extremo de la habitación Krillin se incorporaba — se que debe estar a salvo pero no tengo idea de donde puede estar —

—¿Cómo sabes eso? —Una vez más, el antiguo ladrón del desierto le cuestionó como había hecho todo el camino de vuelta a Kame House — Dijiste que aclararías los hechos cuando todos estuviéramos presentes.

—Un momento — el saiyajin interrumpió — ¿Dónde están Piccolo y Tien? —

—Piccolo se encuentra en un viaje a Namek para adquirir más poder, Tien se hace cargo de otros asuntos que después tendrás que manejar — el maestro le contestó regresando la atención al monje.

—Apresúrate que en unos momentos estará aquí toda la comitiva espacial y sospecho que algo no quieres revelarles — Oolong le apremió asintiendo hacia el sitio donde Puar se encontraba.

—Fuimos capturados y a ambos nos llevaron a un interrogatorio, pero en verdad no sé qué información querían obtener, pues las preguntas eran muy específicas, en especial para ella — tomó lugar a la orilla de la ventana meditando en el dilema de decir toda la verdad o solo lo que causaría menos daño — …pudimos ocultar a Gokú en una de las naves y por un afortunado incidente. hubo una batalla en la estación que nos liberó a ambos, ella me ordenó ponerte a salvo — asintió hacia su viejo amigo — pero después nos separamos —

—¿Puedes traerla con la técnica que dices haber aprendido? —Yamcha preguntó a un muy enajenado Gokú.

—No puedo sentir firmas de Ki pequeñas a grandes distancias — con abatimiento soltó — pero todo lo que dices no garantiza que ella este bien— cuestionó la poca información que evidentemente su amigo les estaba proporcionando.

— Se que está a salvo — el ofendido respondió con hartazgo — regresará cuando deba hacerlo y si no lo hace pediremos que vuelva con las esferas—

—Deberían dejar de confiar tan continuamente en esos orbes — sin avisar, Azuki ingresaba en la casa, saludando con amabilidad — me enviaron a recabar información pero me alegra ver que ambos estén bien — les sonrió con genuina gratitud — Tarble y el resto trabajan en encontrar mas sondas de escape de los nuestros, puede que su amiga haya usado una y se encuentre camino a casa — Intentó apaciguar los ánimos caídos del grupo — cuando recibimos tu transmisión — señaló al ex monje— de inmediato buscamos señales de menor frecuencia, pero al parecer debemos hacer mas ajustes — se encogió de hombros tratando de dar esperanzas al resto.

—El oráculo Arame puede encontrarla — El maestro Roshi sugirió

—Ella no podrá brindarnos mucha información útil — admitió con amargura —de hecho, el mensaje que vengo a traerles es de su parte, no podrán utilizar las esferas con la misma frecuencia, pues estamos en la mira de seres más poderosos que han prohibido una serie de actos para evitar seguir rompiendo el orden natural de las cosas—

—¿Seres poderosos? —con gran interés el único saiyano presente volcó toda su atención a la posibilidad de conocer a esos seres, quizá entrenar con ellos haría la diferencia respecto a lo que necesitaba para vencer a su nueva amenaza en puerta.

— Kamisama sabrá responder esas dudas, pero por ahora quizá debas hacerte cargo de algunos problemas aquí, al parecer se está desatando el inicio de una revuelta de gravedad, supongo que tus amigos te lo contarán — le indicó al joven saiyajin, buscando la salida con la vista — debo regresar a informar y necesitaré que me acompañes — solicitó a un exhausto Krillin que veía en esto la oportunidad de retirarse sin que le hiciesen mas preguntas innecesarias.

— ¿Revueltas?— preguntó sin comprender

—Es cuando un grupo de individuos se levantan en contra de un siste…—Yamcha se apresuró a explicar aburrido

—Se lo que es —le interrumpió obviando que no era ningún ingenuo — pero no entiendo porque habría de surgir ese problema si se supone que los extranjeros tenían todo bajo control —

Todo el grupo permaneció en silencio, no solo por el hecho de que le escuchaban hablar como un verdadero adulto, sino por la verdad detrás que no habían querido mencionarle.

—La patrulla roja esta de vuelta — Oolong le informó acercándole uno de los panfletos distribuidos que ellos usaban para recoger basura. Al tomarlo, el mayor supo que debía terminar con más de un inconveniente que dejó sin resolver. Tenía mucho trabajo que hacer por ahora.

El resto de la pandilla se quedó mirándole salir volando por la ventana. Nadie se acostumbraba a esta forma de actuar tan extraña.

—y nadie nos dijo quién diablos es ese tal Vegeta— Puar se cruzó de brazos tomando asiento de nuevo.

_..._

Hermosos hilos plateados refulgían en la oscuridad. Material incandescente que confeccionaba una fina manta sobre los hombros del recién establecido heredero del imperio. Cubierto con la oscuridad como único testigo, permanecía en tranquila respiración contemplando el inmenso abismo estelar en los ventanales.

El silencio fue roto, por los pasos robotizados del cansado regente de todo mundo civilizado. Contemplaba complacido el producto de todos los esfuerzos invertidos en la recuperación de su vástago, que finalmente era capaz de mantener una corta conversación. O al menos eso se especulaba.

—¿Es verdad? — sorprendió a su progenitor formulando con intriga una pregunta que el aludido comprendía con toda claridad. }

— Me alegra saber que… —

—ES…¿verdad? —insistió dando un suave giro con el rostro sin poner total atención.

El emperador guardó silencio. No había alguien más a la redonda lo que le alentaba a habar con franqueza. Dio un ligero suspiro tomando altiva postura sin recato.

—Así es — asintió con cierto descontento — tu hermano ha muerto —

Cooler tomó respaldo en su lujoso asiento, bebió pequeño sorbo de una traslucida esfera y se hundió en pensamientos. La noticia no figuraba una gran perdida a sus ojos, sin embargo, las consecuencias sobre su psique, acerca de la existencia de otro tipo de criatura capaz de arrebatar la vida a su especie, era una pesada carga casi imposible de tolerar. Las probabilidades de perpetuar la paranoia de su siempre endeble bienestar se acrecentaban ahora a manos de una especie que siempre consideró una casta inferior en poder: un miserable saiyajin.

— Tienes mucho que probar aún — Errando las conclusiones silenciosas a las que la perturbada mente del joven icejin llegaban, el monarca conjeturaba las intenciones aspiracionales de su hijo con desprecio. Después de todo, en el pasado nunca ocultó su intención de colocarse como el siguiente regente de todo — No te nombraré a menos que hayas cumplido un trabajo satisfactorio, tu desempeño en los últimos tiempos ha sido deplorable —continuó el sermón con recelo — has avergonzado la impecable imagen de nuestra raza, no toleraré que el heredero a la corona sea llamado un cobarde de nuevo —

Sin poner atención a sus palabras, su hijo se mostraba ausente. Suponiendo se trataba de la aparición de un remordimiento debido a todo lo acontecido, decidió pasar a temas de mayor importancia.

—Me he ocupado de un descubrimiento que hará que nuestra raza retome el absoluto control muy pronto — Su tersa voz pomposa comentó, mientras tomaba asiento a un lado de su trastornado heredero — Kiiro ha conseguido el control de Quadrvium y nuestros ingenieros hicieron un importante descubrimiento que pronto podrá colocarnos como los gobernantes de este universo— sonrió para si regodeándose en las noticias conferidas, hechos que nadie más conocía y suponía representaban una inofensiva información para el oyente — Todo a cambio de que otorgara el principado del cuadrante a un pobre bastardo del que se encariñó — se carcajeó tomando una posición mas cómoda — No tiene la menor idea del beneficio que nos ha dado — llevó la mano a su barbilla volteando para buscar la aprobación en el rostro del otro. Mas lo que observaba era a sus ojos una muestra de insolencia.

Cooler lo miró sin emoción alguna. Pasó la vista de nuevo al espacio y continuó escuchando sin interés. Hecho que sulfuró en demasía a su padre.

—Creo que necesitas otro periodo de reflexión antes de salir al público— Suspiró tomando postura vertical, hizo a un lado su capa dándose paso lejos del joven icejin. No podía acostumbrarse a la nueva actitud insolente. Sin embargo, suponía que solo era cuestión de poco tiempo para retomar las viejas andanzas del intolerante e intrépido heredero.

Se fue con la misma sensación con la que ingresó. Total desconcierto.

Cooler meditó en todo lo escuchado. Todo parecía confabularse en su contra. Si quería conservar su propia paz, debía hacer algo antes de que los planes de su padre terminaran desterrando lo único que aun tenía de cierto: él debía ser el único emperador.

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El tablero de la primera estación espacial rebelde centellaba luces neón que eran atendidas con cierto retraso, había ya pasado un buen tiempo desde el día del ataque al planeta de los Tarwi y al parecer ninguna de las partes en guerra había cometido acto consecuente, era un estado confuso para la tripulación que cambiaba posición con frecuencia, sobre todo después de haber recibido las sospechas de un posible rastreo, pero nada estaba claro.

Por otro lado, la sala de control estaba totalmente cubierta de la evidencia de sus nuevas amistades, envolturas de alimentos inusuales en ese panorama, producto de la cercana convivencia con los residentes de ese increíble planeta, lleno de ambientes y sabores que jamás imaginaron existieran, ahora con conflictos en relaciones, pero que esperaban se resolvieran prontamente, puesto que era un sitio en el que valía la pena permanecer.

Por causa de esta nueva mentalidad es que las prioridades a la orden se encontraban en el sistema interno de relación terrestre-alienígena, donde todos enfocaban esfuerzos parlamentarios para tratar de mitigar las consecuencias de las que podrían ser víctimas, por si los terrestres decidían expulsarlos de su territorio. Grave error para los lideres que esa tarde recibían las peores noticias de manos de quien menos esperaban.

Kurat preparaba su salida para reunirse en unos minutos con quien les habría contactado con total discreción, observaba con cierto nivel de insatisfacción a los otros tripulantes, totalmente ignorantes del peligro en el que se encontraban. Detrás de él, Azuki asentía portando el uniforme azul claro que tanta fama de rompecorazones le habría dado. Pateó una lata de soda en el piso con desden

—Muévanse antes de que estos necios terminen de llenar de inmundicia la estación — criticó a voz alta, que fue completamente ignorada debido a la creciente algarabía, producto de una inesperada interrupción, un enorme cargamento de comida chatarra que los transeúntes de la estación agradecían con gran voracidad.

Ante la creciente falta de respeto de la que era testigo, el ahora general no tuvo mas opción que retirarse con sus protestas desatendidas. En el fondo le alegraba ver a la tripulación anímicamente renovada, pero era algo que jamás expresaría en voz alta.

— Espero que esta buena suerte continúe a pesar de lo que nos espera — Azuki le contestó cual si pudiera leer su mente — Debemos apresurarnos general, tengo entendido que ya está listo nuestro pasajero — pasó de modo sutil el informe a su transmisor. Acto seguido se pusieron en marcha.

….

Escuchó los pasos inequívocos de Kurat en la plataforma, mientras se recargaba perezosamente en el borde de la entrada, el rostro inexpresivo y serio sin mirar al resto de seres, expertos de la mecánica aeroespacial verificando que todos los instrumentos de viaje estuvieran en orden. El ruido de los instrumentos electromagnéticos y correcciones era lo único que pasaba en escena pues al fondo, una temida criatura aguardaba en su celda, gigantesco porte monstruoso en comparación con su guardia, pero ahora ambos sabían que la gran diferencia de poderes, solo favorecía el menor.

— Siempre pensé que no durarías más de dos días — se mofó el prisionero — pero mírate, creciste incluso más de lo que se esperaba de tu familia… incluso comienzas a parecerte a él — se carcajeó, producto de lo que sabia que sus palabras generaban en ese ceño tan conocido que ahora se fruncía sumamente molesto.

— Si yo fuera tu, guardaría silencio— bufó sin darle la cara — nos espera un largo viaje, no quisiera darte una lección de educación tan pronto — ni siquiera valía la pena dar la cara para contestarle. Pero ciertamente eran hechos que el mismo notaba y en verdad le molestaba.

—Muchacho — continuó sin temor alguno — Quizá no has pensado, que si tiene fruto esta idea estúpida de intercambio, puedo ser la única clave que tienes para suplicarle perdón al que seguramente terminará matándote— se acercó al límite de la celda esperando recibir una reacción del oyente, más el joven saiyano solo se limitó a cerrar los ojos sonriente.

—No has cambiado Nappa, ni tu fe absurda en tu asesino guardián— se acercó tranquilamente — quizá sea esa tonta confianza que le tienes lo que acabe matándote y él mismo me ahorrará el trabajo— se burleteó haciendo mueca de desprecio.

— No podrías matarme ni aunque te fuera la vida en ello — El gigante sacudió la mano sin importancia, sentándose de vuelta en el palco — Es un desperdicio de sangre la que llevas dentro — le devolvió la vista con una seriedad solemne — Debe ser la débil sangre de tu madre — siseó envenenando la poca paciencia que el muchacho contenía aún. La señal del pelo en esa inexperta cola erizándose, le daba a entender que estaba dando justo en el blanco.

Solo un poco más y el chico cometería algún error que le liberara de una vez. Independientemente del plan de sus adversarios de intercambiarle por prisioneros de su base, sospechaba que el nuevo dirigente de la antigua sección de Freezer no cedería a algo tan insulso, pues nunca en toda la historia del imperio se realizó protocolo semejante, algo debia estar ocurriendo de fondo y no pensaba ser la carnada de alguna trampa insospechada.

Tarble se contuvo con toda la frialdad que su temperamento podía emitir, pero lo que estaba a punto de decir, se atascó en su garganta por la desafortunada entrada de una pequeña cara redonda, metiendo su nariz donde no debía. Sin meditarlo más el joven corrió hacia la pequeña criatura, con la sangre helada de pensar en la consecuencia que ese encuentro pudo haber tenido. Con la cría en brazos salió a toda velocidad rumbo a la sala de mando del hangar, donde quien estuviera encargado de vigilar a esos pequeños ciertamente escucharía un severo escarmiento.

En ese instante la perturbación no solo hizo nido en la mente del muchacho, sino del viejo guerrero por igual, lo que había presenciado era una señal inequívoca de su mayor duda, la pequeña cola ondeante le decía que esa criatura era descendiente de su raza. Los ojos abiertos al punto de doler, no daba tregua a su quietud, era un bebé saiyajin pero los colores estaban totalmente mal, un hibrido aberrante y quizá lo que mas punzaba en su torcida mente era la probabilidad de que esa cría perteneciera a su líder, hecho que hasta ahora se había empeñado en negar. Por otro lado el muchacho ahora tenia toda la estructura de un saiyano adulto, quizá esa tonta devoción a sus nuevos amigos se debía a un interés más personal y él engendró esas crías …o simplemente estaba entendiendo todo mal, pues el idioma que esos terrícolas hablaban se le dificultaba en sobremanera. Decidió descansar ese inminente dolor de cabeza tomando una posición mas cómoda en su celda, ya regresaría ese malnacido y probaría suerte las veces que fuera necesario, después de todo conocía bien las debilidades del carácter en la familia real y por lo visto, este no era muy diferente.

Pisoteando con gran rabia el joven entró dispuesto a dar batalla a quien hubiese cometido ese descuido, la criatura ataviada en un vestidito soso terrestre, intentaba tirar de la oreja de su captor con un enojo que ciertamente se veía cómico.

Pero una vez mas las palabras quedaron atascadas al contemplar la escena, los grandes símbolos rojos de alerta y todas las caras de preocupación en los miembros de la flota le anunciaban que lo peor estaba por venir. Los habían localizado.

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Un clic ansiado le indicó que la cerradura de la puerta estaba libre. Hizo a u lado todos los artefactos rudimentarios con los que finalmente logró vencer la tecnología que la aprisionaba. Relamió su labio inferior mientras con precisión silenciosa guardaba todo lo que le seria de utilidad en los sitios que le faltaba recorrer. Ya en su anterior escape fallido había conseguido encontrar la ruta, de no haber sido porque ese saiyajin necio la obligó a entrar tantas ocasiones a su celda de regreso, hacia una semana que habría escapado desde el primer día que estuvo allí.

Hizo una mueca de hartazgo recordando las tontas explicaciones que Raditz daba todo el camino de vuelta, era evidente que todo el tiempo la espiaba y le permitía llegar hasta los límites donde él quería que llegara, cual ratón de laberinto, le enseñaba sutilmente la ruta de escape, pero ella no se detendría por las escandalosas sospechas, su única meta era estar de nuevo de vuelta. Al principio pensó que era Vegeta quien estaba detrás, pero sin señal alguna de su presencia en todo ese tiempo recluida, ni un pensamiento o pista de su rastro, ya no estaba segura de lo que creía. Quizá jamás le perdonaría esa vieja traición a manos de Freezer, lo que recordaba en mayor proporción a todo era su mirda enfurecida, eso no podía ser ninguna buena señal.

Detuvo su marcha en el segundo recinto, sonidos de pasos amenazaban con descubrirla. Miró a través de la tenue luz dorada que se filtraba del interior de los grandes salones de ese palacio extraño. Escuchó el extraño lenguaje proveniente de las siluetas que caminaban haciendo rondines en el área. Se echó hacia atrás encaramada sobre su propia cautela. En ese instante recordó una vez mas las situaciones similares en esa estación, donde por primera vez vió a Freezer. Quizá la habría asesinado si no hubiese sido usada como arma en contra de su entonces socio. Socio… una risilla se le salió. Sí, quizá habría sido su debilidad en ese tiempo, pero ahora estaba segura de que era todo menos eso.

Esa forma tan fría de tratarle y amenazarla cuando pudo verlo de nuevo, incluso hubiese podido matarla en el instante en que disparó, quizá en ese tiempo de convivencia, solo se había hecho ideas erróneas de quien siempre sería un violento impredecible. El siempre sería un saiyajin sanguinario y le dolía admitir que probablemente todo lo que vivió, solo estaba en su imaginación. Ganar su favor era tratar de domar un animal salvaje, recordó la lujuria destructiva en su rostro al destruir el primer planeta donde aterrizaron ¿En que estaba pensando? Él jamás le correspondería, ni siquiera estaba segura de que supiera que era ese sentimiento que ella quería le correspondiera. Paró al limite de la ultima puerta del hangar donde divisó a la distancia una nave pequeña y perfecta para su cometido. Se acercó, reprendiéndose mentalmente por seguir insistiendo tan neciamente en pensar en él. Era un camino sin retorno, ya había vivido suficiente dolor en su vida. Suspiró retomando la cristalina mirada a sus quehaceres previos, el viento paseaba sus finos cabellos sobre la nariz robándole la concentración de vez en cuando, pero ya estaba cerca de ver el fin de todo ese infierno.

La fresca noche era testigo de las increíbles habilidades resolutivas de la fémina sin embargo, las lunas en ese paraje no eran las únicas observadoras. Recargado en uno de los dinteles del altísimo palacio, la poderosa figura de un saiyano le escudriñaba, atento con el sigilo de un felino, fijaba los ojos sobre la impertinente criatura, que sabía a la perfección no tardaría mucho tiempo en hacer su típica magia de escape. Chistó entretenido al verla aferrarse a la puerta, que intentaba jalar como un niño enfurruñado. Vaya que era predecible esa mujer

—Tardará otro rato en desconectar los engranes de seguridad— de modo burlón se incorporaba a la escena de espionaje un melenudo saiyano— no por difícil… los elegí muy pesados — se carcajeó viendo la torpeza con la que la prófuga intentaba desacoplar lo que ya había descompuesto.

—Lárgate Raditz — le gruñó el primero sin voltear —empiezo a creer que si tienes una fijación conmigo —

—Nunca he tenido tan mal gusto… su alteza — tomó asiento a un lado de la elevada cúspide— sin embargo vine a asegurarme de que no cometas alguna tontería con tú fijación—

El aludido levantó la ceja molesto. Tomó un segundo y resopló altivo a dicha aseveración ridícula. No estaba en condiciones de negar que era sumamente sospechoso el encontrarlo ahí, pero la verdadera razón estaba lejos de buscar algún tipo de encuentro sentimental. Más no le confesaría que su único propósito era salvaguardar la retaguardia de la incauta mujer, que siempre parecía ser un imán de problemas, confesarlo le hacía ver igualmente culpable de la primera intención de la que le acusaba su metiche compañero.

— Hnn — le miró con desenfado —¿Sabes?, tu constante falta de entendimiento ya incluso me divierte— estiró la pierna hacia el vacío con pereza. Guardó silencio una vez mas virando en profunda reflexión de nada aparente. No debía faltar mucho tiempo para que terminara de escapar esa peculiar prisionera, observó que entraba en la nave volteando a su alrededor por vez primera, error de principiantes, pensó. Todo estaba por terminar sin ningún incidente. Cuando regresó el rostro, se contuvo al ver la cara de Raditz aún atento, con boba expresión de ojos bien abiertos, todavía esperando algún otro tipo de respuesta — ¡Agh! De verdad eres un imbécil — se levantó con el sonido sutil de los motores detrás, ella ya estaba emprendiendo el viaje de regreso.

Era lo mejor.

Era lo que esperaba al haber puesto esa misma nave en el sitio que sabía elegiría para partir, después de todas las molestias que se tomó para enseñarle la ruta más segura de escape, de mostrarle la nave que preparó él mismo, para su indetectabilidad, para su silencioso movimiento y equipo necesario para llegar hasta el planeta de donde seguramente provenía. Era lo mejor, que ignorara que él fue quien la rescató, quien suministraba los utensilios que serían de utilidad, quien perdió todo ese tiempo esperando mantenerla incógnita ante los ojos de todos los despiadados depredadores que coexistían con él en ese mundo; era lo mejor, el dejar que todo se escabullera y finalmente le olvidara, pues a pesar de ese vínculo innecesario, ella no era miembro de su raza y seguramente no sentiría jamás esa misma sensación.

Al ver su nave desaparecer, pensó que quizá la terrible experiencia le quitaría la voluntad de permanecer en esa guerra, quizá volvería al hogar del que tanto habló y sus seres amados…por un momento fugaz recordó las palabras de su verdugo asesinado ´ella sufrió una buena tortura junto con tu miserable cría…' miró la estela que persistía imborrable en el manto de estrellas, todo ese tiempo no pudo indagar si esas amenazas eran ciertas o solo palabrería para desquiciarle más, dudaba de la legitimidad de ello, puesto que no había seres compatibles con su especie para reproducción, decidió que no le daría importancia, debía dejarla ir, debía intentar reprimir esa memoria, quizá jamás la volvería a ver, pero eso era lo mejor, lo mejor para todos.

_..._

Había estado en casa todo ese tiempo, había usado su mismo atuendo, comido en la misma mesa, entrenado del mismo modo y rondado los mismos sitios. Pero él no era el mismo.

Sin entender con claridad lo que pasaba o si solo era su percepción por ser la primera vez que pasaba tanto tiempo lejos de su marido, Chi-chi lo observaba engullir sin tregua su quinto plato de comida. Pero algo en él estaba totalmente mal.

—Supongo que partirás de inmediato — le dijo con recelo y cierta nota de desaprobación en su voz.

—Piccolo ha regresado, desde que intervenimos los ataques han disminuido, pero debemos encontrar a los culpables, por alguna extraña razón no es posible sentir su Ki — contestó sin más, con una seriedad desconocida para la oyente.

—Yo hablo de los que irán a buscar naves de los sobrevivientes, buscar a Bulma— le respondió con hartazgo esperando encontrar indicios de culpabilidad en la mirada de su compañero. Después de un incómodo minuto de silencio el aludido se atrevió a hablar.

—¿Sigues pensando lo mismo? — preguntó más a manera de reproche que duda. Ella solo guardó silencio fija en su postura de fiero depredador, solo esperando el momento en que su marido decidiera emitir un solo sonido inadecuado.

Ante la escena absurda de celos suspiró insatisfecho. Se levantó sin animo de defenderse y procedió a explicar tranquilamente.

—Tiene mayor urgencia resolver los ataques de la RR. Si es que son ellos, son capaces de peores cosas y no cometeré el mismo error dos veces— aseguró inmerso en sus recuerdos cerrando los puños.

La mujer no contestó. Se limitó a levantar los tazones dispersos en la mesa.

Sin saber que hacer con exactitud, Gokú pausó un momento antes de seguir con el interrogatorio.

—¿Que debo hacer para demostrarte que no es lo que piensas? — le miró con la ceja bien arqueada, esperando que de algún modo ella notara su incomodidad ante tales sugerencias, para él, Bulma siempre sería el equivalente a familia, si hubiese tenido el concepto de hermana seguramente ella lo llenaría, quizá algo más allá de eso, pues por ella es que el se había embarcado en toda esa aventura y lo que sentía estaba más allá de un simple interés de otra índole extraña. No podía hacer nada para luchar en contra de esas pequeñeces que su mujer se empeñaba en reprochar. Hecho que ahora simplemente le resultaba insoportable.

Notando el semblante de animadversión por su actitud, la ofendida decidió cambiar de táctica, cambiando a un frente mucho mas amistoso… quizá demasiado amistoso.

— Creo saber que podría ayudar… antes de irte, hay algo que puedes hacer por mi— le miró de arriba abajo con una media sonrisa y toda la doble intención escrita en el rostro.

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—¿Cuánto tiempo tenemos? — preguntó la nueva comandante con total nerviosismo

— Tres horas, cuatro quizá — examinaba el tablero el experimentado teniente Azuki

— Debemos sacar de aquí a toda la población vulnerable — Tarble señaló el problema de mayor urgencia

— ¿Y hacia donde sugieres que sea el exilio? — con mas molestia que interrogación Kurat pronunció — No podemos ingresar a la Tierra sin provocar mas conflictos de los que ahora están y la estación mas cercana no tiene capacidad de albergar a todos los refugiados…—

—¡Pues tendrán que hacerles espacio! — salió tempestivamente cargando su preciada carga con él.

En las compuertas de entrada un gran numero de refugiados se aglomeraban repartiendo información exageradamente falsa y otras tantas verdaderas, pero el resultado era fatídico, caos total, carreras por donde fuese posible ver, y una confusión sin precedentes ¿Debian defender la estación? ¿Cuáles serian las ordenes? ¿Por qué no llegaba la orden de retirada?

Conforme avanzaba hacia donde se encontraba su objetivo, un considerable amonto de seres se le acercaba exigiendo información, pero el joven solo podía limitarse a delegar la responsabilidad de las ordenes de mando a los dirigentes en el área. Avanzando entre el tumulto inconforme se liberó de la gran mayoría alcanzando el limite del hangar donde Krillin hacia labores de ayuda antes de retirarse.

—Estoy listo — respondió al joven al verlo acercarse

—No — le respondió a secas — es mejor que regreses a C.C. debes llevar a Bra contigo y buscar a Trunks— ofreció de inmediato a la pequeña que balbuceaba cosas inentendibles.

—Ella puede viajar con el sequito de Arame que esta a punto de retirarse — musitó molesto sintiendo que de algún modo estaba menospreciando sus habilidades como peleador, hecho que últimamente ocurria con mas frecuencia en ese ambiente donde si no tenías los genes alienígenas correctos, solo eras uno más del montón — Gokú está en la Tierra y seguramente no necesitan más ayuda ahí … de hecho no entiendo porqué ella está contigo — inquirió en la total falta de juicio con la que todos los responsables de esos pequeños actuaban, no es que la madre fuera mejor tampoco.

— Sus niveles de destrucción están ahora incontrolables y parece que tiene la misión personal de asesinar a su hermano — sonrió el joven mirando ese pequeño rostro angelical a la cara, con una pizca de entretenimiento — Pero sé que nadie de todos tus amigos tiene mayor sentido común que tu — le sonrió del mismo modo al inconforme guerrero — creo que solo a ti podría confiarte esta tarea — colocó a la pequeña en sus brazos con sumo cuidado, obteniendo como resultado una sutil carcajada de su oyente.

— Parece que en verdad te has encariñado con ellos — la tomó comprendiendo la razón de la preocupación del otro. Observó al mas alto hacer un gesto de implícita tristeza, más en el fondo sabía el porqué de ese gesto.

— No puede ser tan malo — krillin suspiró intentando dar un falso consuelo — Puede parecer incomprensible pero por el lado amable, en realidad si tienes un lazo con ellos —

El saiyano viró comprendiendo que su amigo sabia mas de lo que aparentaba. Los oscuros ojos congelados sobre la estampa del mas pequeño le hicieron hablar involuntariamente.

— Él fue quien nos rescató — intentó no ver su rostro, sospechaba que por alguna razón Tarble era el único que sabia el origen de los infantes, pues no dejaba de mirar incriminatoriamente a la científica cada vez que hablaba del tema, pero quizá todos se habían equivocado al juzgar el actuar de su amiga, puesto que las acciones del padre de sus hijos no hablaban en absoluto de un desinterés — entiendo que lo odies, a mi también me parece un ser despreciable… pero quizá hay entre ellos algo que no comprendemos, cuando se la llevó…—

—¡¿Permitiste que él se la llevara?! — giró intentando contener su ira, cada palabra que agregaba era ensordecedora para su ya comprometido temple.

—No lo entiendes — Krillin insistió acomodando a la pequeña inquieta en otro angulo — yo vi su expresión, nadie puede fingir una mirada así, realmente estaba preocupado…—

— Tu no sabes que clase de bastardo es él — gruñó con todo el autocontrol que pudo reunir — ¿Cómo pudiste guardar esa información? ¡Permitiste que pensáramos que había oportunidad de recuperarla! ¡Ese malnacido seguramente ya ha acabado con ella o esta esclavizada en algún lugar!... —

—Tu sabes que no es así — comenzando a aparecer los primeros tintes de molestia, el rostro del exmonje cambió por completo — estoy seguro de que ella no querría que esta información fuera del dominio público y además, puede que no te guste la idea como al resto de nosotros, pero sé lo que vi, nadie trata a un enemigo con tanta delicadeza y consideración, tal vez el también la… —

—¡BASTA! — por primera vez, enfurecido, escondió los colmillos dándose la vuelta para no escuchar más, era un hecho totalmente repulsivo, era un destino que no merecía, para bien o para mal, ninguno de los tres implicados. Mucho menos un destructor de mundos como era ese maldito. La sola idea era nauseabunda.

—¡Tarble! — interrumpió su implacable salida — No se que es lo que estés pensando, pero no puedes obligar a alguien a cambiar de parecer en lo que sus emociones dictan —

— Estas confundiendo las cosas — gruñó en un gesto casi idéntico al de su odiado hermano — ese imbécil solo trae problemas y no quiero vernos a todos bajo el yugo de sus pies en algún momento, recuerda mis palabras porque tarde o temprano veremos las consecuencias de lo que tener cerca a ese miserable trae consigo —

Se apartó con rabia y grandes zancadas, perdiéndose su atlética figura, entre la multitud apresurada.

Krillin abrazó a la criatura que trataba de trepar hasta su cabeza, dio un largo suspiro preocupado y emprendió veloz camino a despegar de regreso a la Tierra, las alarmas comenzaban a sonar y en cualquier momento sería imposible salir por el congestionamiento de naves, entendía a la perfección el descontento del chico, ni siquiera Yamcha había recurrido a una reacción de tal intensidad y negación. A juzgar por las actitudes de Bulma y lo que vio en aquella celda ese día, si en verdad Tarble había caído presa de sus emociones por ella, su destino solo sería sufrir.

…..

— Se aproximan las naves — corriendo mientras se colocaba los comunicadores para subir a pilotear su nave, Azuki instaba a la flotilla a tomar posiciones de defensa, el complejo ya tenía naves en orbita a salvo, pero debían retener el avance del resto todo lo posible para permitir a los faltantes escapar.

— Yo iré — Nashee tomaba la escalera del copiloto haciendo al capitán sonreír, ciertamente tenía valor esa mujer y ahora conocía muy bien la razón, ese viaje le había rebelado toda una faceta desconocida que ahora les daba margen a propiciar una amistad más abierta.

— No podría tener mejor compañía — contestó alegre tomando su lugar en la cabina de pilotaje

— Yo también iré — Tarble se cruzaba de brazos esperando recibir ordenes con el uniforme de piloto sobre sí.

—No te ofendas chico — le miró con total franqueza —pero no eres tan buen piloto — sonrió de modo burlón — pero ciertamente eres un guerrero mejor que cualquiera en esta plataforma, harás mas falta aquí que en vuelo — Despegó la enorme unidad caza avanzando con la formación de pilotos sobre el ala de la unidad. Uno a uno entraban en el espacio circundante esperando la señal de los enemigos, que no se hicieron esperar.

Acompañando la entrada en escena de una nave de combate imperial, el intercambio de disparos entre bandos se dejó estallar y la persecución salvaje cedió terreno, los transportes que intentaban fugarse eran custodiados por la defensa, que hacía lo posible por repeler los impactos de las naves enemigas, pero algunas quedaban consumidas sin remedio por el fuego cruzado.

— ¡Tarble te necesito en el hangar! —

Escuchó por el comunicador dirigiéndose a toda prisa, trastabillo al sentir que el complejo era bombardeado por el flanco derecho, los tubos de abordaje se enganchaban y la lucha en el complejo inició. Las marejadas de sobrevivientes que buscaban ingresar a las ultimas naves de salvamento derrochaban gritos y caos, equipajes desparramados por todos lados y al centro del desastre Kurat intentaba junto con un grupo de guerreros, disparar a los invasores que se internaban como un halo asesino sobre la marea de desorden.

En pocos segundos, las victimas eran acorraladas en pequeños grupos y la formación se preparaba para recibir al lider de la operación. Descendiendo en principesca estampa observaba con desdén el rudimentario complejo espacial compuesto en gran parte de arcaicos modelos del imperio, el aire era denso, lleno de diferentes sustancias orgánicas desagradables y extrañas.

—Reunan prisioneros — ordenó sin despegar el ojo con el entrecejo sumamente alto, en verdad que no esperaba que seres incapaces de construir una estación decente, fuesen los que habían causado tanta división en el imperio.

Pero algo estaba a punto de anunciarle que su pensado triunfo era aun muy prematuro de celebrar.

Se colocó de nuevo el scouter apuntando al grupo de resistencia que continuaba en pie, pero los números aceleraron su marcha al apuntar a la direccion donde sospechaba se realizaba el intercambio, traspasando el complejo el ruido de destrucción y sacudidas no dejaban de causar estragos a la estructura.

Sin perder más el tiempo, Salza atravesó el metal con un disparo, ingresó en el punto donde se llevaba a cabo una hecatombe, mas no la que le hubiese gustado presenciar.

Al centro, con feroz semblante, uno de los seres mas odiados del imperio repartia su versión de justicia a los mejores guerreros de su escuadrón enemigo, lo veía volar y descender, abatiendo todo guerrero que cruzara su camino con veloz eficiencia. Detrás de si, uno de los enormes transportes luchaba por iniciar su despegue. Entendió su oportunidad levantó la mano contra el vehículo.

—Hasta nunca miserables pestes —

Pero el disparo no llegó. Desviándolo contra uno de los pilares del complejo, Tarble no tuvo tiempo de calcular el trayecto de daño.

—¡Estúpido saiyajin! — advirtió el brenchjin celebrando el acci fortuito— morirás junto con ellos por tu estupidez — colocó su capa de nuevo saliendo a toda velocidad con una gran sonrisa al presenciar la devastación subsecuente y el visible rostro de arrepentimiento del primero. Todos los fragmentos y cuerpos caídos comenzaron a ser succionados, la enorme nave inició su carrera en sentido opuesto perdiendo el sentido vertical, incapaz de levantar el vuelo en tales condiciones.

—¡¿Qué haces debemos huir?!— Kurat corrió hacia una de las naves arrastradas, cargando algunos de los heridos del enfrentamiento— ¡OLVIDALO MUCHACHO! —le instó a seguirle al mirar como el aterrado joven intentaba detener el curso de la gigantesca nave, las paredes se derribaban tras de si haciendo el ruido de metales insoportable a todos oídos. Los gritos ahogados de los pasajeros del crucero de escape, retumbaban en medio de esa desesperación global.

Salza se detuvo a un paso de abordar, el rostro malevolo complacido reflejándose entre los atisbos de las llamas que consumían todo lo que fue la mejor nave de la resistencia, se paró irguiéndose gustoso para ser testigo del final de ese impensado bastardo obstinado, en detener lo inevitable. Mas lo inexplicable hizo aparición, escuchando el enorme grito de frustración mientras la minúscula figura, sin tener modo alguno de que se apostara en su favor, lentamente conseguía virar la colosal nave para su despegue.

Debajo, Tarble sudaba tensando hasta las ultimas fibras de musculo en su cuerpo, las venas de su cuello y rostro palpitaban visibles tornándose de un intenso color rojo, sobre él toda la responsabilidad, toda la fuerza, toda la esperanza, irradiaba en su aura su grito de esfuerzo, casi al borde de ser por igual consumido por las enormes placas que feroces se lanzaban al espacio golpeándole en el proceso, la totalidad de tripulantes rezaban por un milagro, niños, viejos, todos contemplando el ultimo lapso de tiempo en la heroica acción, casi a punto de concretar su propósito.

—De ninguna manera bastardo — susurró Salza recobrando el sentido de lo que veía, apuntó a su víctima, más un disparo llegó en el ultimo momento, cegándole por completo mientras profería un grito de dolor, rabiando los ferales colmillos, se volvió al ver su sangre expuesta, producto de una guardia baja que jamás esperó un disparo del general Kurat, quien le esperaba exhausto para recibir su contraataque.

—¡NOOOOO! — Tarble gritaba al entender lo que acontecería

—¡Sálvate muchacho!— le gritó con una franca sonrisa, orgulloso del menor— ahora es tu turno para defenderles… —

Y sin dar tiempo a otro intercambio Salza le disparó con toda su potencia.

—¡NOOOOOOO! —

Los ojos se inundaron de lágrimas, el tremendo huracán de energia paralizó el tiempo y luz, mientras veía todo ser consumido por cenizas, el complejo dejó su estructura original despedazándose en segundos que parecieron eternos. Sin haber nadie mas, el único testigo de la gran perdida golpeaba el suelo lleno de rabia, tristeza e impotencia, relajó los músculos involuntariamente siendo arrastrado con violencia hacia el exterior, veía su fin, se reclamaba lo estúpido de su actuar, cerró los ojos esperando encontrar un consuelo que sabia no llegaría.

Pero un tirón doloroso lo regresó al presente.

—¡Si quieres morir te advierto que esta no es buena forma! — Azuki sostenia su cola en imposible hazaña, siendo piloteado el caza con toda potencia a por Nashee — ¡Vamonos de aquí! — le ingresó de inmediato escapando de las sombras de ese campo de muerte y desolación.

No miraron atrás, no había forma adecuada de aceptar lo que en ese lugar ocurrió.

_..._

El crepitar de los restos de edificios en llamas, marcaba el escenario bélico del inicio de la nueva encrucijada, al centro del problema sus amigos rescataban a un gran numero de lesionados, en esta ocasión, oficinistas desbocados en incertidumbre contemplaban con horror todo el escenario postguerra, el complejo pertenecía a una de las firmas con mayor aceptación en la inclusión de alienigenas, pero en esta ocasión la violencia había saltado un peldaño más grave que las usuales riñas y destrucción, por toda la avenida los transeúntes corrian llenos de polvo debido a las estructuras derribadas.

Un anciano de altura promedio observaba cruzado de brazos la impía hazaña diabólica, su sinfonía del horror era el deleite que por décadas esperó y por fin obtenía su venganza encubierta, solo era cuestión de esperar un poco más para cosechar su deseo final, pero no sospechaba que debia tener cuidado con lo que deseaba.

La ráfaga de dolor se avecinó borrando su silueta del sitio donde se encontraba, se levantó con suma pesadez pues le habían tomado en extremo con la guardia baja.

— Por fin te encuentro — descendió, seguro y dispuesto a terminar con el origen del problema

Cuando el hombre buscó a su atacante, jamás imaginó volverle a ver en esa estampa. Para nada era ya el niño que recordaba, solo pudo reconocerle por ese ridículo peinado que se empeñaba en usar.

—¡Gokú! ¡¿pero que crees qué haces?! — escandalizado por los actos, Piccolo descendió inmovilizándole para intentar detenerle —¿Te has vuelto loco? ¡solo es un anciano! —

—No es lo que crees—aseguró escudriñando a la victima con la mirada.

El sujeto resurgió de su prematura tumba de asfalto y no pudo evitar proferir una carcajada petulante.

—¿Por que te tomó tanto tiempo, imbécil? — reacomodó sus extrañas ropas, exhibiendo el emblema de su pertenencia y colocó de nuevo el sombrero metálico, cubriendo la desagradable cúpula de cristal que resguardaba el contenido de su cráneo.

— ¡Pero que…! — Piccolo exclamó observando sin entender el transcurso de los hechos, siendo silenciado al instante por otro extraño sujeto que le inmovilizó en un segundo bajo un asga irrompible. Al instante sintió la energía de su cuerpo drenarse sin limite de salida.

— ¡Suéltalo! — de inmediato reaccionó su camarada saiyajin, alejándolo de un solo golpe, el redondo contrincante le miró atento, de modo casi robotizado, esperando el momento de contrataque. Gokú regresó su atención al namekiano que parecía hacer perdido mucho de su color original — ¿Te encuentras bien? — preguntó extendiendo la mano, acto rechazado por el orgulloso guerrero que estaba demasiado avergonzado de ser capturado con tal facilidad, incluso después de casi lograr exhibir su nuevo amonto de poder.

— Quizá debas regresar con resto por una semilla — sugirió intentando su tono más amable, comprendió con exactitud lo que sucedía, esas criaturas tenían alguna clase de mecanismo de absorción de energía oculto.

—Estoy bien — escupió molesto — estas sabandijas me tomaron por sorpresa, es todo — tomó de inmediato postura de batalla — pero no lo harán de nuevo — amenazó con dientes cerrados y concentración total en su próximo movimiento.

Los dos misteriosos villanos se acercaron cerrando filas entre ellos, les examinaban cada punto sin dejar de parecer seres completamente antinaturales, todos sus gestos rígidos, su andar inexorablemente anormal, aunado al hecho de que por más que intentaban descifrar con que clase de enemigo trataban, podían asegurar que nunca habían tratado con seres de esa clase.

— ¿Quiénes son y que es lo que quieren?— el saiyano inició el intercambio sin bajar la guardia.

— Ha pasado tanto tiempo y hemos estudiado cada uno de tus movimientos— la voz del hombre era como se esperaba, de un anciano, pero debajo de las arrugas descoloridas no se veía rastro alguno de cansancio o atisbo de emoción — hemos sido testigos de todas tus grandes batallas, buscando el momento oportuno de cobrar venganza por la destrucción profana de la noble labor de la Patrulla Roja, finalmente ese día llegó —

— ¿Profana? — se cruzó de brazos entretenido, hecho que sin duda llamó la atención del resto de aliados que comenzaban a llegar a escena.

—¿Qué sucedió? — Yamcha ocupaba sitio como espectador

—Encontramos un duo de fanáticos anarquistas — El namekiano respondia con su natural cinismo.

— No buscamos anarquía — corrigió el anciano sin captar el evidente desprecio — debemos reinstaurar el orden que nuestro creador anheló, el mundo necesita de nuestra guía... —

— Suficiente charla — se lanzó el guerrero naranja sobre el duo, siendo el primero en enfrentarle el enemigo de mayor volumen, una lluvia de golpes cayó sobre el misterioso organismo, pero el enemigo no daba tregua a la sorpresa, contenía cada uno de los ataques sin mayor esfuerzo, avanzando uno a uno los pasos de su oponente, bailando la misma danza de violencia.

— ¿Cómo es posible? — Tien contemplaba sin mayor comprensión que el resto, sin embargo había un hecho que no había sido pasado por alto y al parecer tampoco era ignorado por la parte opuesta.

— ¡Deja de jugar y muestra tu verdadero potencial! — en anciano demandó perdiendo la paciencia — quiero disfrutar este momento con la gloria que merece —

La presión de los golpes levantaba ráfagas que ponían en serios problemas a las edificaciones ya dañadas, al lugar comenzaron a llegar diferentes curiosos atraídos por el inusual conflicto entre seres que desafiaban todas las leyes de la física.

—¡¿Qué te sucede Gokú?! — le veían recuperarse con lentitud, retrocediendo para recuperar su postura erguida, posaba ambos ojos fijos sobre su oponente repasando el hecho de que sin lugar a dudas, ese sujeto conocía a la perfección cada uno de sus movimientos predilectos. Realmente habían puesto esfuerzo en la preparación de ese combate.

— ¡Diecinueve! — bramó furioso por el retraso —¡Acaba de una vez con ese miserable! —

—¿Qué clase de nombre es ese? — soltó casi a modo de mofa el guerrero de la cicatriz en el rostro, siendo escuchado por el supuesto anciano que ahora le observaba con una mueca salvaje

—Ustedes humanos miserables han disfrutado de manera injusta la estadía en este mundo —amenazó con dientes cerrados — es hora del resurgimiento de seres superiores, nosotros somos la evolución que este mundo necesita—viró señalando a todos los seres que observban el intercambio —expulsaremos todo elemento indeseable del planeta. ¡La hora de los cyborgs ha llegado!— sonreía maniacamente al resto de seres que sin creerlo miraban con total desaprobación. Los entusiastas del movimiento del mismo modo respondían desconcertados a dicha confesión.

—Bien — el saiyajin interrumpió el demencial discurso — ya escuché suficiente — dio una media sonrisa fijando la vista al orquestador de ese caos, observando con placer como esa mueca de satisfacción se convertía en una de asombro, mientras comenzaba a desmantelar sus planes de venganza en un solo movimiento, el aura a su alrededor viraba con violentos remolinos, estremeció el suelo, fracturándose por la cantidad de energía que reunía sin mayor esfuerzo, cuando los presentes volvieron a mirarle, el aspecto del retador había cambiado por completo, esgrimiendo un brillante dorado en puntas bajo una fría mirada verde azulada.

—¡¿Qué sucede contigo?! — Abriendo y cerrando los ojos, sus viejos aliados miraban incrédulos de lo que se trataba esa famosa transformación de la que todos habrían hablado, mientras Piccolo solo permanecía de pie observando el intercambio en total estoicismo. Presenciar la cantidad de poder que un solo cuerpo emanaba parecía imposible de creer, mas no solo ellos eran los sorprendidos con el potencial menospreciado, pues los cálculos del viejo doctor, no habían sido acertados.

—¡Esto no puede ser! — sobrecogido en asombro buscaba la reacción en su compañero de pelea, quien habría cambiado el color pálido de su rosto a un blanco intenso, mientras su agresor se acercaba con completa calma a terminar su sentencia.

— Esto fue aburrido — pronuncio colocándose en un segundo detrás de su aterrada victima, que sin poder cerrar la boca contemplaba como su cuerpo era seccionado en dos de un solo tajo, cayendo sin remedio bajo el mundo de circuitos chorreantes que se desprendían.

— ¡COMO…! — pero no alcanzó a proferir maldición adecuada a ese ser desconocido, que incineraba sin piedad los restos de los que alguna vez considero fue una de sus mas brillantes creaciones. Cuando hubo terminado, vió regresar a su eterno némesis en un parpadeo y ahora le sostenía del cuello en mortal agarre.

— ¿Hay mas como tu? — preguntó sin caer en cuenta que la brutalidad de sus actos tenia al resto boquiabierto —Esta pelea fue realmente decepcionante, quisiera saber si entre ustedes hay alguno que posea mayor fuerza — explicaba con la mayor calma, cual si se tratase de una conversación cualquiera.

El anciano se sostenia apenas pudiendo liberar la presión de sus circuitos para emitir sonidos.

—¡No serás rival para ellos! —aseguró en un trastabilleo, aprovechando la distracción para liberarse, aunque perdiese la mitad de su piel en el intento — ¡Reivindicarán mi nombre si es que piensas que has ganado! ¡Yo mismo los diseñe para ser indestructibles! —

—Pues estoy dispuesto a esperar con gusto — le sonrió el anterior, sin mover un musculo de su sitio —si creen que mis peleas en la tierra fueron todo mi potencial, ya perdieron la batalla —

—¿¡Gokú que crees que estás haciendo!? — Piccolo arrebató al saiyajin de su sitio tirándole de la solapa del gi — ¡Ese malnacido ha asesinado a incontables victimas con sus ataques! ¡Es tu obligación detenerlo, no tu maldito deporte! —

— Bien — se soltó hastiado retomando su papel, pero cuando viraron el atacante no se encontraba en el sitio donde le dejó, dejando tras de si solo unas pocas marcas de sangre que no alcanzaban para delatar su rumbo.

— Ese bastardo desapareció en solo un momento! — Tien se elevó buscando en todos los angulos disponibles — ¡no puedo sentir su presencia!—

—Eso es porque es una maquina, ineptos — Piccolo señaló cruzándose de brazos —hizo esa confesión hace horas —

—¡Rayos! jamás lo encontraremos — Yamcha decepcionado se elevó para intentar obtener una mejor vista por igual.

— Yo tengo una mejor idea — el saiyajin les interrumpió retomando su apariencia habitual, caminó con la mayor calma aproximándose a la multitud que los observaba con los ojos bien abiertos y casi petrificados ante la imagen imposible de esos extraños guerreros que volaban, lanzaban energía y parecían hechos de hierro, todo realmente insólito de concebir… a menos que también fuesen extraterrestres.

Enseguida encontró entre ellos lo que buscaba.

—¿Me puedes prestar esto un momento? — solicitó a un estupefacto y anonadado joven, que no tenia la capacidad de negarse a compartir su dispositivo de grabación. Tomandolo desapareció frente a todos los presentes.

—¿Dónde rayos esta? — Tien descendió hasta donde Piccolo estaba.

—En la capital del este — anunció meditando en la firma de ki de su viejo contricante

— En Corporacion Cápsula — corrigió Yamcha acercándose al resto.

—Creo saber lo que tiene entre manos — Piccolo instó el resto a seguirle sin que ninguno de los dos comprendiera con certeza que fue todo lo que presenciaron.

Aliens — gruñó por lo bajo el chico que los vió desaparecer, dando por perdida su pertenencia.

_..._

Cuatro únicos testigos de ese aterrizaje esperaban. Todo el planeta reforzado en vigilancia mientras se posicionaba en polvoso suelo, la nave que opacaba el atardecer del antiguo planeta Reikosei.

El área estaba desierta a muchos kilómetros a la redonda, ordenes del emperador que impaciente movia los dedos esperando por fin poner manos sobre ese maravilloso descubrimiento. Bajando de la compuerta dos seres cubiertos por máscaras de protección bajaban una cristalina caja protegida por múltiples sellos tecnológicos. En ceremonial reverencia entregaron el preciado paquete con sumo cuidado a los pies de su emperador. Dieron pasos atrás esperando en total reverencia la aprobación del supremo lider a todo ese tiempo de trabajo. La tarde era fresca y cálida cubierta por los tonos dorados del valle y la enorme risa de placer de los labios del emperador entusiasmado.

—Es el momento — dijo a su mano derecha, la cambiaformas que continuaba incógnita sin despegar la vista de un sorprendido y casi tuerto Salza, que después de regresar de su misión, en verdad no tenía idea alguna de que este evento hubiese pasado desapercibido para sus espías. Nervioso observaba al rey retirar las claves del material, no conocía los planes del monarca respecto a esa especial entrega. Viró impaciente con aun mayor desconfianza al observar que el otro convidado a escena. El apenas restablecido supuesto heredero a la corona no presentaba rasgo alguno de curiosidad. Él debía saberlo también.

Después de varios minutos en espera por fin pudo abstraer del fondo del recipiente, el azulado liquido brillante. Lo contemplaba como obra magnifica, embelesado por la probabilidad que ello suponía. Miró expectante al par de científicos que al instante comprendieron que debían proceder su labor. Se acercaron con un delicado aditamento de inserción tomando una porción del liquido para inocularlo en el brazo del temible regente.

Sin hacer sonido alguno Salza continuaba en su puesto al lado de su amo. Contemplaba el proceso con escepticismo, era conocido que el emperador y el mismo Freezer eran adeptos de todo tipo de hallazgos científicos cuestionables, estaba convencido que se trataba de otra de sus infructuosas búsquedas de poder, pérdidas de tiempo y recursos en simples supersticiones.

Pero su pensamiento se vio nublado por el velo de la incertidumbre. En un segundo el semblante del poderoso demonio de hielo se transfiguró, respirando con pesadez inició su volcadura al torrente de gritos mientras toda la tierra alrededor temblaba en su propia agonía. Cambiaba involuntariamente en un violento despliegue de sus morfos desordenados bajo un escenario de relámpagos, que provenían de la nada. Cayó de rodillas ante todas las vistas horrorizadas que asumían que quizá estaban siendo testigos de un acto desproporcional en genialidad o imprudencia.

De súbito todos los rastreadores y dispositivos explotaron y pudieron sentir un escalofrio ascendiendo, al notar que de algún modo, todo lo esperado era cierto. La masa muscular del soberano se incrementó, su ultima forma apareció ante la mirada incrédula de todos; desenvolviéndose con un aura como nunca había experimentado. Podían sentir el terror de ese crudo poder provenir de todos lados, todos los sistemas fallando mientras el nuevo prodigio se erguía, dotado de una fuerza increíble, mirando con gran felicidad su nuevo cuerpo y ensayando en la mente de todos los testigos, que una nueva era estaba por cumplirse.

—¡Por fin! — gritaba descontrolado, volaba intentando todos sus movimientos a la vez, ataques invisibles incluso para los más expertos quienes no podían creer que eso estuviese pasando.

— ¡Quiero intentarlo! —abandonando su muda estampa, Cooler se colocó a la brevedad frente a los asombrados científicos. Buscaron la aprobación del anonadado monarca quien asintió con obviedad.

Salza titubeó, el sudor en su frente hacia marcha silenciosa al temblor en sus piernas, eso no podía ser posible, no debía ocurrir, era un terrible error que no hallaba el modo de ser corregido. Todo estaba saliendo mal, todo estaba perdido.

Un segundo terremoto anunció el efecto sobre el icejin menor, los ojos blancos mientras pasaba por el mismo proceso, una a una sus fases se presentaron hasta adquirir el nivel de su padre. Con gran placer bajo el cielo totalmente negro, voló hasta tomar el lugar junto a su padre.

—Es increíble ¿no es asi? — Cold sonrió con suma emoción contemplando el progreso de su hijo mayor, sus katas eran aun mas rápidas de lo que recordaba, por fin le veía ese brillo de poder en la mirada, no se había equivocado, todo debía estar saliendo como esperó.

Sin tomar mas tiempo se lanzó sobre su hijo para probar su fuerza, el contrincante involuntario aceptó el duelo, enfrascándose en una poderosa pelea que retumbaba en todos los rincones del área, derribando en invisibles movimientos todos los recovecos de tierra apenas levantados, el poder de las ondas de sonido de los golpes martillaban también la conciencia de los testigos.

Se separaron regresando al suelo. Ambos totalmente boyantes mirándose en complicidad.

Cuando hubo pasado el momento. La cambiaformas se acercó sumisa.

—Lo felicito majestad — hizo una profunda reverencia —todas sus metas han sido conquistadas —

Cold aun enajenado continuaba exhibiendo sus nuevas habilidades. Fijó su vista sobre su sirviente con desprecio.

—Lo sé — afirmó arrogante —así como sé que ahora ya no me eres de ninguna utilidad —

—¿Disculpe su maj… —

—¿Creiste que no sabía que cumplias una doble labor todo este tiempo? —

—¿Qu..que? —se levantó de golpe, todo su cuerpo trepidando violentamente, sentía el nudo en la garganta presagiando su fin.

— Todo este tiempo fuiste de utilidad para provocar distracciones para tu verdadero empleador— caminó lentamente hasta ella — deja esa fachada, ya no necesitas aparentar más — de un solo movimiento la tomó del cuello hasta casi asfixiarla, cuando hubo obtenido la forma original soltó el agarre llevandola hasta el suelo — ahora tu empleador está tan sorprendido como tu — levantó los terribles ojos rojos sobre el siguiente cúmulo de pavor. La pateó una vez más quitándole la razón en un solo golpe que fracturó todos sus huesos. Salza lo vió aparecer frente a el en un respiro, no podía cerrar la boca nublándose incluso su pobre visión, no podía ser este su final, no podía serlo.

—Jamás podrás poner una sola mano sobre mi imperio maldita salguijuela traidora — De un puñetazo fracturó por completo la quijada del brench, quien sumido en un trance de dolor gritaba intentando ponerse de pie. El emperador reia totalmente complacido, todos los problemas se veían distantes, opacados bajo la fuerza que ahora emplearía para ganar el control una vez más, ahora no habría forma de que otro ser inspirara esperanza sobre su superioridad, todas las rebeliones serian cesadad, el orden se instauraría una vez más.

— Es una lástima que ni siquiera me sirvieras de entrenamiento — rodó al brenchjin en agonia con el pie. Miró a su hijo, cruzado de brazos en aburrida estampa y se dirigió hacia el —Ahora toma tu lugar como el príncipe de este imperio y mátalo — agregó en dura voz deleitándose en su sádico acto de tortura.

Cooler se acercó, pasos pequeños sin considerar abrir los ojos como necesario. Su totalmente soberbia estampa se colocó a un lado de su exvasayo contemplándole con desprecio.

—ii.. lor.. ia no — entre sonidos de dolor intentaba articular, veía toda su vida correr sin poder detener lo que sobrevenía. Los ojos al limite de sus cuencas sin poder entender como habría llegado hasta ese final, no podía admitirlo, no podía rendirse.

Cooler levantó su mano contra su sirviente. Miró a su padre asintiendo.

— ¿Príncipe? …—pronunció — Yo soy un Rey —

Disparó cegando a todos los presentes. Explosión de nivel de fuerza arrasadora que carcomió incluso la piel de los presentes, único disparo que al disiparse, desató la estela de incredulidad en la mirada llena de muerte del anterior monarca. Cayó de espaldas, con los ojos pegados donde sus imponentes pectorales, exhibían el mortal agujero en el que antes sus entrañas se encontraban.

—¿Po..por…q..que? — escupió su propia sangre clavando la vista aprensiva sobre su hijo.

—Porque lo merecías — Disparó una vez más sobre la cabeza de su víctima, borrándola de fas del universo para siempre.

Solo el sonido del viento se escuchaba en el paraje.

Las figuras inamovibles sobre el terreno no daban crédito a la escena.

El emperador estaba… muerto.

Cooler giró sobre sus talones, dejando tras de si el cadáver decapitado de su padre sin remordimiento alguno. Se limpió las gotas de sangre caminando aburrido hasta donde el lastimado equipo de científicos vibraba bajo la sombra del supuesto nuevo gobernante.

—Quiero que hagan más de ello — les anunció sin levantar la voz, aún con la vista perdida. Como un objeto inanimado flotó errático hasta donde su sirviente se encontraba. Poniéndole atención continuó con las nuevas ordenes — hiciste bien en informar lo que sabías —habló de modo ausente — pero si alguna vez sospecho de tu traición, tendrás un destino peor que este — amenazó sin poner atención a toda la estampa anonadada del brench, asintiendo con terror intentaba ponerse de pie, pero Cooler le empujó con desdeño —No irás a una cámara de recuperación —sentenció molesto — sanaras a ritmo normal para honrar el castigo de mi padre — ordenó a los científicos que le reverenciaron acercándose a auxiliar al general.

Cooler presenció la vieja ciudad con el palacio a la distancia, de sus labios se curvó una muesca diminuta de felicidad que poco a poco se fue convirtiendo en sonoras risotadas de demencia. Finalmente su destino llegaba a sus manos, ahora nadie podría detenerle. Nadie.

_..._

—¡¿Cuánto tiempo he de esperar en esta maldita forma?! —

Impaciente, herido en toda forma en la que un ser vivo puede ser herido. Despojo irreconocible de lo que alguna vez fue la mayor amenaza de la galaxia, ahora solo pedazos vueltos escoria que para nada representaban la magnificiencia del cuerpo que alguna vez inspiró temor hasta al más valiente.

—Solo un poco mas, grandísimo cretino — impaciente mientras surtia efecto su tratamiento, levantaba del suelo los pedazos de carne del ultimo asistente que ayudaba a su nuevo pupilo en su proceso de restauración, pero su escasísima altura dificultaba mucho el trabajo — si sigues estallando a nuestros ayudantes tardará aún mas — la chillona voz cantarina le reclamó — y cuando hayas terminado espero que cumplas tu parte, granuja—

El extirano resopló absorbiendo sus pensamientos entre el lento burbujear de la pócima donde estaba semi-sumergido. A pesar del nuevo símbolo en su frente al que tenia que estar rebajado a aceptar, ya se vengaría. Se vengaría de todos los que contribuyeron a tenerle en ese momento en ese estado, pero sobre todo…Se vengaría de ese maldito Super Saiyajin.

Espero haya sido de su agrado! dejenme saber en sus preciosos Reviews!

una disculpa por errores de dedo y faltas de ortografia