Capitulo II: La entrada al fondo del infierno
Desde que tenía memoria siempre había sido odiado… incluso antes de nacer, todos lo odiaban.
Cuando tuvo conciencia de todo lo que pasaba a su alrededor entendió por qué, era un demonio. O, eso era lo que decían de él. Nadie, absolutamente nadie, a excepción de aquella entrometida mujer que ayudo a traerlo al mundo se le acercaba… todos lo odiaban, pero sobre todo sentían temor hacia él. Pero eso a él no le importaba, porque él también los odiaba, y esas miradas de miedo que observaba en sus ojos le agradaba. Odiaba a todos los que en aquella hacienda habitaban, sobre todo al bastardo de Inu no y a su hijo, ellos eran a los que más detestaba.
Cuando cumplió siete años, la vio por primera vez. En ese momento no supo quién era ella, pero después lo entendió. Sin entender por qué, esa noche fue encerrado nuevamente en los establos, todo porque ella era tan débil y patética, que había entrado en crisis al mirarlo. Después de eso ellos se fueron y, lo dejaron en aquel frio y oscuro lugar, alimentando cada vez más el odio que sentía por esa familia y que a pesar de su edad, sabía que no solo los consumirá a ellos… también a él.
Al cumplir los doce años decidió que tenía que salir de allí y que ellos tenían que pagar. Para poder llevar a cabo sus planes, había una sola persona que podía ayudarlo, y aunque odiaba al mal nacido lo busco. En todo ese tiempo hizo lo que mejor sabía hacer, y para lo cual al parecer había nacido… robar y estafar. Duro cerca de dos años buscándolo, pero lo encontró, y aunque odiaba aceptarlo era como él. Su sangre podrida venia de él.
-Entonces… eres mi hijo –dijo mientras observaba fijamente con sus ojos rojos al jovencito que permanecía sin camisa y con la mirada en el piso –. Pareces una niña, te vez tan delicado y muy afeminado –dijo de forma burlona, mientras daba una señal para que el hombre que tenía al chico lo arrastrara hasta él. La mujer intento evitar que lo llevaran hasta aquel hombre, pero fue sujetada -. ¿Qué puta es tu madre? –
El jovencito levanto el rostro hacia él, dejando ver esos ojos que también lo identificaban como lo que eran… hombres sin sentimientos, o como comúnmente los llamaban, demonios. El hombre sonrió, a pesar de su inocente apariencia, solo bastaba verlo a los ojos para saber quién era… uno más, uno igual que él, que se había escapado del mismísimo infierno y se negaba a volver. Era su hijo. El color de sus ojos y la gran marca, de nacimiento, en forma de araña que abarcaba casi la totalidad de su espalda, lo identificaban como hijo de ese hombre. Lo identificaban como… un demonio.
-La única que no pudiste volver a tener… Izayoi –dijo con una pequeña risilla lasciva. El hombre abrió un poco los ojos, y después de unos segundos sonrió, a hora todo tenía sentido, sus rasgos eran tan delicados y parecidos a los de ella, a excepción del cabello del chico que eran ondulados como los de él.
-Cómo olvidarla… –dijo mientras se relamía los labios, y bajaba sin ningún disimulo una de sus manos a su entrepierna. Sin que se diera cuenta el chico hizo una mueca de repulsión. Ese hombre era de los que fácilmente se podían dejar llevar por una estúpida mujer, cosa que fácilmente podía perjudicarlo en algunas situaciones. Era tan débil en ese sentido, por lo cual negó mentalmente, él no era como ese hombre… el jamás se mostraría tan débil ante y por una mujer –. ¿Cómo te llamas? –dijo después de hacer una seña para que lo soltaran.
-Demonio… así me llaman todos en casa del bastardo y no me molesta –dijo con una pequeña sonrisa de lado, después de todo el bastardo que tenía enfrente podía servirle de mucho, aunque le repugnara lo débil que podía ser carnalmente.
-Entonces eres igual a mí –el chico solo hizo una mueca de desagrado. Él era mejor. Jamás tendría una debilitad tan estúpida –. No puedes cambiar las cosas… nuestra sangre es maldita. Nosotros nacemos defectuosos… solo disfrutamos con el sufrimiento de los demás. Soy así y estoy seguro de que tú también… Naraku –el jovencito hizo una mueca de confusión ante esto último –. Naraku... eres un demonio y como tal te llamaras
Así fue que obtuvo su "nombre", ese bastardo lo bautizo.
Estuvo a su lado, y cada una de las cosas que hacían le agradaba, sobre todo el sufrimiento que provocaban.
Al paso del tiempo confirmo que ese bastardo tenía una gran debilidad por las mujeres y nuevamente le pareció tan patético.
-Si vuelves a tocar a una de mis mujeres te rebanare sin importar que se has mi hijo. ¡Entendiste! –dijo mientras clavaba sus ojos rojos con furia en el jovencito de quince años, manteniéndolo pegado a la pared, con una daga en su garganta, después de encontrarlo teniendo relaciones sexuales con, la que hasta ese día había sido, su mujer, y a la cual ni si quiera había dudado en matarla. Pero eso no le importo, después de todo estaba podrido como el malnacido que le toco por padre. A todas y cada una de las mujeres de su padre deseo, y a cada una de ellas poseyó. Pero no por el hecho de que las mujeres tan bien fueran su debilidad, solo disfrutaba demostrar que él era mejor que ese hombre, y podía obtener lo que a él le diera en gana. Después de todo aquellas personas tenían razón, él era un demonio... un demonio que odio al hombre que le había dado la vida, y al cual fue a la primera persona que deseo matar y así lo hizo.
-Al menos debo agradecer todo lo que me ayudo a conseguir el malnacido de Onigumo –dijo con una pequeña sonrisa, mientras observaba el cuerpo del hombre, que alguna vez fue su padre, totalmente ensangrentado en el piso. Esa fue la primera vez que se ensucio las manos. Con tan solo diecisiete años lo mato e hizo lo que quería, apoderarse de su poder y de todos sus negocios.
Los años siguieron pasando y, aunque solo tenía veintidós años y era un joven de frágil apariencia con rasgos delicados, ya era uno de los hombres más temidos en su mundo, aunque su frágil aparecía no demostraban lo que era, solo bastaba con mirar esos profundos ojos rojos… solo bastaba mirar los ojos del demonio.
No acostumbraba a ensuciarse las manos con alimañas, pero esa noche decidió encargarse personalmente del malnacido que había intentado robarle, y del que le debía hasta su vida, o eso le había dicho uno de sus hombres de confianza.
-Señor ya los trajimos, el otro se llama Bankotsu Shichinintai. Si quiere puedo encargarme de ellos –dijo con una pequeña sonrisa sádica.
Normalmente no se ocupaba de tonterías. Para esas pequeñeces estaban sus subordinados, especialmente Hakudoshi, el cual era casi tan sádico como él. Pero ese día necesitaba desestresarse y liberar la ira que sentía por haberse enterado esa mañana que posiblemente aquel imbécil estaba allí.
Flash back
-Señor me informaron que ayer vieron paseando por la isla a un hombre de características peculiares…
-Y ¿porque tendría que interesarme? –dijo para después beber de la copa que tenía en una de sus manos –. Solo tiene que importarte quien saque o meta cualquier tipo de mercancía, principalmente alcohol
-Señor, este hombre es especial… al parecer es un Taisho, el más joven –el otro solo dejo la copa a medio camino, para después de mirar al hombre que tenía enfrente, esperando escuchar que era una equivocación, tomar toda la bebida de un solo trago –. Al parecer Inuyasha Taisho, está aquí
-¿Qué vino a buscar ese malnacido?
-Todavía no lo sabemos, pero ya estamos en eso
-He de suponer que ya colocaste a alguien que lo vigilara e investigara para confirmas que sea él –el otro solo asintió –. Puedes retirarte, y no olvides mantenerme informado –el aludido hizo una reverencia y salió –."Al parecer nuevamente te cruzas en mi camino Inuyasha" –dijo mientras apretaba fuertemente la copa, la cual cedió ante la fuerza del agarre. Abrió la mano, y los pedazos de vidrio manchados con sangre cayeron.
Años atrás, se había propuesto algo, y después de tantos años no lo había olvidado, destruir y aniquilar a los Taisho. Y, al parecer el imbécil de Inuyasha venia hacia él, facilitándole las cosas.
Fin Flash back
-No, esta vez me encargare personalmente –el solo asintió, para después salir de la habitación. Naraku, se quedó un rato a solas, y después de ojear nuevamente unos papeles salió. Entro a la habitación, y se sentó en el lugar donde siempre lo hacía, desde donde podía observar perfectamente las torturas que le realizaban a los que consideraba sus enemigos, o simplemente tuvieran una deuda con él. Después de unos minutos, sus hombres llevaron a un hombre que suplicaba por su vida, y al cual golpearon ante una mirada de complacencia de su jefe, hasta que él los detuvo y éstos lo arrodillaron frente a él. A los pocos segundos la puerta nuevamente se abrió, y él sonrió al ver al hombre que llevaban sus subalternos. Sería divertido ver esa mirada desafiante que aquel hombre llevaba, mirándolo a él con miedo y de forma suplicante.
-Bankotsu… ¿has escuchado que alguna vez me han traicionado? –dijo mientras uno de los hombres que estaba a su lado le pasaba un arma y le apuntaba directo a la cabeza. Disfrutaba ver el miedo en los ojos de las personas antes de matarlas –Supongo que no, ¿sabes por qué?…nadie vive para contarlo –dijo con una pequeña sonrisa, para después disparar al hombre que estaba al lado del aludido, y después volvió a apuntarle. Estaba decidido a jugar con ese hombre un poco más, no tanto como quería, pero lo haría. Pero algo le extraño… en aquellos ojos no veía miedo, seguían igual que al principio. Sonrió. Eso lo hacía más divertido.
-Tengo algo que le puede interesar… juguemos, usted y yo –dijo mientras trataba de levantarse, pero el hombre que estaba detrás de él lo empujo nuevamente al piso. Pero no le importo, había logrado lo que quería, llamar la atención del hombre, ya que había bajado el arma, y le hizo una seña para que continuara –. Tengo una joya… es única en su especie, no es como ninguna otra -lo miro con interés, y después entrego el arma nuevamente al hombre que estaba a su lado –. Ella es la mujer más hermosa que existe en esta isla
-¿Ella?... ¿una mujer?. ¿Para qué podría interesarme una?… puedo conseguir la que quiera, cuando quiera y no me costaría tanto –dijo de forma burlona, mientras hacia una seña para que lo sacaran a él y al cuerpo del otro hombre. Solo le había dado la oportunidad de hablar para ver que estupidez le propondría para que le perdonara la vida. Pero ¿una mujer?, que gran estupidez, él no era como el bastardo de Onigumo. Se levantó, ya se había aburrido y sabía que Hakudoshi si lo torturaría como era debido.
-Ella no es como ninguna… se lo aseguro –se detuvo. Tal vez sería divertido ver que tan patético era, ver que tanto estaba dispuesto arrogar por su vida.
-Está bien, te daré una oportunidad… no tengo nada mejor que hacer –dijo para después volverse a sentar -. Hakudoshi juega por mí –dijo e inmediatamente un chico albino camino hacia Bankotsu. Se dirigieron hacia una pequeña mesa, y las cartas fueron repartidas por un hombre fornido. Jugaron y Bankotsu perdió.
-Al parecer me he ganado una noche de placer con una… joya única –dijo de forma burlona –. ¿Cuándo recibiré mi premio, y mis muchachos también? –dijo para después levantarse y caminar hacia el chico, que lo primero que distinguió en la oscuridad, fueron unos ojos de color extraño… unos ojos de color rojo, que al mirarlos parecían mostrar la misma muerte.
Se levantó un poco fastidiada. Ahora no solo tendría que aguantar a su hermana todo el santo día, sino que además, le tocaba dormir con ella. Miro a su lado, y resoplo con molestia. Bueno al menos había que ver el lado positivo, así Bankotsu no se atrevería a entrar a su habitación. Se levantó sin hacer ruido para no despertar a la otra chica, su hermana "gemela", o "melliza" como las llamarían en este caso, pero lo que nadie, o bueno casi nadie sabía, incluyendo a su fastidiosa hermana, era que ellas en realidad no habían nacido de la misma mujer. Salió de la habitación, y camino por el pequeño pasillo, mientras levantaba el camisón, blanco de mangas largas que la tapaba desde el cuello hasta la totalidad de sus pies, para caminar más rápido sin que le estorbara.
-¿Adónde vas tan temprano hija y en esas fachas?
-Tengo un poco de hambre -fue lo uno que dijo, mientras seguía caminando, siendo seguida por la anciana. Llegaron a la cocina, y se sentó en una de las sillas del pequeño comedor que allí se encontraba, mientras la anciana empezaba a cocinar.
-Supongo que no te agrado el hecho de tener que compartir tu habitación con Kagome
-¿Por qué no ocupo la otra habitación? –dijo de forma fastidiosa, mientras recibía una pequeña taza con chocolate.
-Porque tu madre la utiliza, y pensamos que era mejor que ustedes durmieran juntas
-Te he dicho que ella no es mi madre –dijo de forma seca, mientras se levantaba sin siquiera terminar la bebida.
La anciana se sentó mientras tomaba un poco de la bebida que también se había servido. Tenía tres nietos, Bankotsu era hijo de una hija suya que había muerto cuando él nació, y del cual tuvo que cuidar después de que su padre también falleciera. Kagome y Kikyo, muchos creían que ellas eran hermanas nacidas de la misma mujer, pero solo tres personas sabían que eso no era así. La viuda de su hijo era la madre de Kagome, pero la de Kikyo era… una prostituta. Tomo nuevamente un sorbo de la bebida y cerró los ojos, ya había pasado diecisiete largos años, pero aun la recordaba claramente.
Flash back
Miro de forma fría a las mujeres que la observaban como si ellas fueran superiores. Tal vez sus ropas estaban sucias y su liso cabello azabache estaba un poco desordenado, además de sucio, pero todo era culpa de ese maldito bebe. Si tan solo lo hubiese abortado, seguramente ahora no fuera despreciada en su trabajo.
-Así que… estas embarazada –dijo la mujer mayor. Ella rodo los ojos y después miro a la mujer más joven, era un poco mayor que ella, y también estaba embarazada –. Mi hijo ya nos había informado de ese "problema", lamentablemente tuvo que salir de viaje, pero dijo que querías que él se hiciera cargo
-Es lo justo… por culpa de esto, hace meses no trabajo -dijo mientras se señalaba el vientre de forma despectiva.
-Si no hubieses querido amarrar a Mi esposo no estarías en estas –dijo de forma enojada, mientras en su rostro había una mueca de repulsión. Todavía no podía creer que su esposo se hubiese revolcado con una mujer así. Si, él le había dicho que solo fue una vez, y estaba un poco pasado de tragos, pero una mujer así daba asco –. Además, no estamos seguros de que ese niño sea de mi esposo, puede ser de cualquiera de los hombres de esta isla… inclusive de un extranjero
-No me importa lo que ustedes piensen -dijo de forma seria, sacando a relucir esa arrogancia y porte que la caracterizaban, inclusive en esas fachas -. Solos se los diré una vez… si no me va a ver en cuanto regrese todos sabrán quien es el respetable abogado Higurashi… él ya sabe dónde encontrarme –dijo antes de girarse e irse. Tal vez había sido una ilusa al pensar que un bebe podría sacarla de esa vida que tanto odiaba, pero ya eso no importaba, tenía que deshacerse de el y sabía que su silencio valía oro… al igual que eso que llevaba adentro.
Dos semanas después, con solo horas de diferencia nacieron dos niñas. Una nació primero, en una casa donde todos la esperaban, la otra nació en una casa, si así se podía llamar a ese lugar que estaba casi en ruinas e infestado por ratas.
-Así que tuve que amenazarte nuevamente para que te dignaras a venir –dijo mientras se levantaba con un poco de dificultad de la pequeña cama con sabanas que alguna vez fueron blancas.
-¿Qué quieres? –dijo el hombre mientras se cubría la nariz con un pañuelo, y miraba a su alrededor con desagrado.
Camino con la actitud arrogante que la caracterizaba. No importa en qué condiciones se encontrara, jamás demostraría ser inferior que nadie, mucho menos frente a alguien, que aunque solo fue una vez, lo tuvo a sus pies.
-Ya lo sabes… no he podido trabajar, y me ha tocado pedir limosna los últimos cinco meses –dijo con una mueca de desagrado, por tener que rebajarse tanto. Se inclinó un poco y agarro un canasto que estaba al lado de la cama –. Nació ayer, es una niña… dame dinero y llévatela
Él iba a replicar, ¿cómo se iba a hacer cargo de algo que no era su responsabilidad?. Aceptaba que se había acostado una vez con ella, pero ese bebe podía ser de cualquiera. Pero al ver la cabecita con mechones azabaches y su carita, sonrió. Se parecía a su pequeña hija Kagome. Saco una pequeña bolsita de tela y se la dio, mientras agarraba la canasta.
-Se parece a mi hija –la chica solo lo ignoro -. ¿No te importa?… nunca la veras
-¿Qué vida le puedo ofrecerle yo?...solo es un estorbo –fue lo único que dijo, para después empezar a revisar las monedas de oro, mientras aquel hombre y su hija salían para siempre de su vida.
La familia Higurashi acordó que dirían a todos que tuvieron gemelas. Pero aunque todos lo creyeron, y trataron de llevar una vida normal, la mujer nunca pudo perdonar la infidelidad de su esposo y menos con esa niña recordándoselo. Quiso quererla como hija, pero jamás lo logro, por lo cual después de la muerte de su esposo, la envió a vivir con su suegra, y ella se fue a Tokio con su hija de diez años.
Fin flash back
Kikyo tenía cierto parecido con su hijo, pero más se parecía a aquella jovencita y eso era lo que la distinguía de Kagome. Su carácter e inclusive en su mirada, eran iguales a los de aquella chica.
-¿Qué habrá sido de ella? –dijo en un pequeño susurro, para después volver a tomar de la bebida.
Había llegado en la madrugada. Hubiese querido visitar a suprima, pero recordó que antes de salir su abuela le había comentado que su tía y prima se quedarían por una larga temporada, y esta última compartiría habitación con Kikyo. Como le había fastidiado la idea, pero lo único que hizo fue sonreír y asentir. Sintió abrirse la puerta del pequeño estudio y se giró.
-¿Qué necesitas? –dijo de forma suave, pero al mismo tiempo seca.
-Tienes un trabajo esta noche –dijo de forma seria, lo cual extraño mucho a la chica –. Iras a ver a alguien esta noche
-No lo haré
-Kikyo, no es un favor lo que te estoy pidiendo… ¿entiendes? –dijo de forma un poco más seria, mientras se acercaba a ella –. Esta noche te llevare ante alguien y espero que colabores
-No lo voy a hacer… la última vez uno de esos viejos intento besarme y tocarme –dijo de forma seca, mientras trataba de girarse, pero él la agarro por el brazo. Ella miro su brazo y después lo miro a él. Él dio un suspiro cansado y la soltó
-Perdí la casa, y creí que la podía recuperar ayer, pero casi me matan. Prometerle eso era la única forma… –ella se separó un poco de él, mientras apretaba las manos en puño, pero su cara seguía igual que siempre, sin ninguna expresión -. Entiende, si no lo haces él no nos devolverá la casa… ¿acaso quieres que cuando la abuela se entere enferme?, además no es viejo como los demás… prometo que será la última vez. A pesar de que no me creas a mí tampoco me agrada que esos viejos intenten tocarte, pero no hay otra forma –dijo mientras acariciaba la mejilla de la chica, pero esta aparto la mano con brusquedad –. No dejare que te toque, harás lo mismo que con los demás e inmediatamente saldrás de allí –dijo mientras sacaba de su bolsillo un pequeño frasco y lo colocaba dentro del pequeño escote de la chica -. Yo te estaré esperando a fuera… prometo que todo estará bien
-Así que es cierto que está aquí –dijo con una pequeña sonrisa, mientras miraba por la ventana. Había jurado acabar con esos bastardos y el muy idiota llegaba a facilitarle las cosas.
-Mis contactos me informaron que llego hace menos de una semana –dijo el albino, mientras miraba con una sonrisa sádica a su jefe –. Si quiere puedo encargarme de él
-No estaría mal… pero no sería divertido –dijo para después girarse –. Por ahora solo vigílalo, después te indicare lo que debes hacer Hakudoshi –el aludido solo movió la cabeza en gesto afirmativo y salió. Él se levantó, y camino hacia la mesa, agarrando el vaso que había en ella, para después tomar. Después de unos segundos sintió la puerta abrirse, y dirigió la mirada en dirección ésta, sabiendo quien era la única persona que se atrevía a interrumpirlo de esa forma.
-Supongo que como siempre estabas escuchando mis conversaciones –dijo de forma seria, mientras observaba con molestia a la anciana que tenía al frente, preguntándose nuevamente porque demonios la tenía allí.
-Hitomi, por favor...
- Te he dicho que no me llames así… me desagrada –dijo con una mueca de repulsión. Ese era el nombre que le iban a colocar a su segundo hijo los Taisho, de eso se había enterado, y como nadie se vio interesado en colocarle uno, a la decrepita anciana que había ayudado a traerlo al mundo, no le pareció otro mejor nombre para colocarle a él que ese.
La anciana pareció no ponerle atención, ya que estaba acostumbrada a él.
-¿Es cierto que él está aquí? –él no respondió, solo volvió a beber de su vaso –. Por favor, no te le acerques, él no…
–Kaede, solo te lo advertiré una vez… no te metas en esto, o ya ni de estorbo me servirás, ahora sal, no estoy de humor para soportarte –dijo de forma suave, pero en sus ojos se notaba que lo dicho antes no era una amenaza… solo un aviso, después de decir eso, se sentó en la silla, y saco de una de las gavetas del escritorio unos papeles, la anciana suspiro y salió, esperando que ese capricho se le pasara pronto y se olvidara de ellos, de los Taisho.
Aprovecho que todos estaban ocupados, para salir a escondidas de la casa. A pesar de que su abuela le decía que para una señorita era peligroso caminar sola por la parte boscosa de la isla, a ella no le importaba, necesitaba estar sola, y tranquilizarse. Nada sucedería esa noche, sería como las otras veces… eso era lo que trataba de repetirse, pero por alguna razón no podía tranquilizarse, algo le decía que esta vez sería diferente.
-Una señorita tan bonita no debería estar sola en este lugar –ella se sobresaltó un poco, y después giro sorprendiéndose
-¡Tú! –dijo un poco sorprendida, pero casi inmediatamente recobro su compostura –. ¿Acaso me estas siguiendo?… ¿eres un acosador Inuyasha? –dijo de forma seca, mientras empezaba a caminar.
-Creí que no habías puesto atención cuando dije mi nombre –ella paro, pero no se giró –. ¿Vas a decirme el tuyo?
-Vete
-Después de seguirte, ¿crees que te dejare sola? –ella giro, y él empezó a reír nerviosamente al darse cuenta de lo que había dicho. Que bestia era, ahora ella sí que tendría razones para alejarlo, a metros había sonado como un acosador –. Yo… veras… pues… no soy un acosador… solo… me… preocupe –dijo de forma nerviosa –. Estabas sola, y venias hacia aquí, inclusive pasaste a mi lado y no te diste cuenta
-Aléjate, no me conoces –sí, no lo podía negar, había sentido algo extraño y que nunca en su vida había sentido, cuando ese hombre le dijo que se había preocupado por ella. Por eso tenía que alejarlo, él le atraía de cierta forma, ella lo sabía… por eso tenía que alejarlo, ella no podía enamorase, todavía.
-¿Te iras a tu casa? –ella no contesto, solo empezó a caminar –. Entonces no te dejare hasta que lo hagas –dijo de forma seria mientras caminaba detrás de ella. No sabía porque lo hacía, o bueno si lo sabía, ella le había gustado desde que la había visto –."El amor a primera vista existe?"- si así era, él irremediablemente se había enamorado, o si no existía de seguir buscándola se enamoraría de esa chiquilla, que era un par de años menor que él.
-Kikyo Higurashi –dijo sin siquiera voltearse, pero deteniéndose para esperarlo, mientras que en su rostro se había formado una pequeña sonrisa, la cual ni ella misma noto. Tal vez eso era lo que la tenía ansiosa, tal vez ese hombre era lo que el destino quería mostrarle… al hombre que tal vez podría sacarla de ese infierno.
Abrió con cuidado la puerta, mientras observaba que nadie viniera por el pequeño pasillo, para después agarrar su vestido, y empezar a caminar, lo más rápido que podía, a su habitación. Cerró la puerta tras de sí y suspiro, mientras cerraba los ojos. Se había tardado más de lo previsto con Inuyasha, el cual no la dejo venir hasta que le prometiera que se volverían a ver en ese lugar, y ya casi era hora de alistarse para ir a hacer su trabajo, por lo cual Bankotsu debía estar enojado, pero a ella eso no le importaba, ya que había pasado una de las mejores tardes de su vida. Toco su pecho, y una pequeña sonrisa se formó en sus labios, ¿eso era lo que se sentía cuando una persona te atrae?.
-¿Dónde estabas?... ya es muy tarde. Tuve que mentirles a todos por tu ausencia, les dije que estabas un poco indispuesta –dijo de forma preocupada, la aludida solo abrió los ojos -. Bankotsu, te está buscando, dijo que tenías que comer porque en media hora se irían
-Kagome, me asustaste… creí que eras la abuela –dijo sentándose en el pequeño tocador y encendiendo una pequeña lámpara que se encontraba en este.
-¿Dónde estabas?... ¿porque entraste suspirando?, ¿estabas con un chico? –dijo de forma seria, su hermana no podía tener un novio a escondidas, ella era muy joven, además era una chica decente.
- Kagome, deja de hacer tantas preguntas ¿sí?... ahora sal por favor, voy a bañarme –dijo mientras se soltaba el cabello.
-Está bien, pero… Kikyo, no salgas sola, sabes que una señorita decente no puede hacerlo –dijo un poco preocupada, Kikyo solo puso una cara de fastidio y se levantó hacia el pequeño baño que se encontraba en la habitación.
-¿Dónde estabas?, acaso encontraste a la mujer que según tú, es la más hermosa que existe en todo el planeta –dijo de forma burlona, mientras observaba al otro hombre.
-Si la encontré, y pase toda la tarde con ella. No solo es hermosa, también es muy inteligente… creo que ella es la indicada –dijo con una pequeña sonrisa.
-¿Quién es?, tal vez la conozco
-Kikyo Higurashi –dijo con una sonrisa, pero esta se desapareció al ver la cara de su amigo –. ¿Qué sucede Miroku?… ¿la conoces?
- No… pero he escuchado cosas. Dicen que en efecto es muy hermosa, pero… -se calló sin saber que decirle, había escuchado tantas cosas que arruinaban la reputación de aquella chica.
-¿Pero qué? –dijo con el ceño fruncido.
El otro empezó a ponerse nervioso, hasta que escucho un grito con su nombre y suspiro aliviado.
-Sango, me necesita –dijo de forma nerviosa, antes de salir prácticamente corriendo de la habitación.
Él se quedó en la habitación mirando por la ventana, mientras se preguntaba que le había querido decir el cobarde de Miroku y no se había atrevido a hacerlo.
-"Creo que mañana le preguntare sobre su vida" –dijo para después darse la vuelta. Había pasado tan a gusto toda la tarde con ella, que se le había olvidado lo que iba a hacer antes de empezar a seguirla, pero ya era tarde, tal vez lo haría mañana antes de verla.
Agarro del tocador la pequeña botellita, y la metió en su pecho, para después salir de su habitación. Camino hasta la salida donde se encontró a su abuela, y al lado de un carruaje, a su primo.
-Estas muy hermosa hija –dijo con una pequeña sonrisa la anciana, mientras acomodaba algunos mechones que salían del recogido que llevaba la chica. Llevaba un vestido de color coral de manga corta, que llevaba una tela de encaje blanco que cubría sus hombros y caía hasta debajo de su pecho, éste dejaba ver su cuello y parte de su pecho. Aunque no mostrara nada de sus senos. Odiaba esos vestidos que Bankotsu le compraba para esas ocasiones, ya que se sentía desnuda –. Kikyo, ¿por qué no invitas a tu hermana?, ella estaba un poco triste porque no querías que fuera
-No trates de convencerme, ella jamás ira con nosotros a una fiesta… es muy fastidiosa y todavía no tiene edad –dijo de forma suave, pero seria, haciendo que la anciana sonriera.
-Tienen la misma edad, además tú vas a fiestas con tu primo desde los quince
-No quise decir eso… ella es una inmadura, así que no voy a cuidar a una "niña" en una fiesta como esa –dijo de forma fastidiosa, antes de girarse y subir en el carruaje.
-Estas más hermosa –dijo mientras besaba el guante de su mano. Ella solo lo ignoro, y miro por la pequeña ventana del carruaje, nada arruinaría ese día y mañana se vería con él.
Llegaron a una casa muy grande que quedaba a las afuera del poblado de la isla, de hecho se podría decir que era una mansión. Un hombre de cabello largo atado a una coleta alta le abrió la puerta, ella bajo esperando a que su primo hiciera lo mismo, pero este no lo hizo, por lo cual se giró a míralo de forma confundida, él siempre le presentaba los "clientes", ya fuera en uno de los bailes a los que asistían a veces, o en la casa de uno de los ancianos que ya había realizado un trato con él.
-Todo estará bien, recuérdalo –dijo con una pequeña sonrisa, antes de que ella fuera, prácticamente, jalada por el hombre hacia la mansión.
Caminaron por un gran pasillo hasta llegar a una puerta en el fondo. Ella solo observaba y memorizaba, tenía que hacerlo para poder salir. Cuando se detuvieron frente a la puerta, el hombre toco antes de entrar.
-Señor, Bankotsu trajo a la chica –dijo después de hacer una reverencia.
-Puedes retirarte Byakuya, después los llamare –ella solo escucho la voz, ya que no había entrado a la habitación. El hombre hizo otra reverencia y salió, para después empujarla adentro de la habitación y cerrar la puerta.
La habitación era grande e iluminada por varias lámparas, estaba decorada mayoritariamente en colores negro y morado, tenía algunos cuadros, que al parecer eran muy costosos, pero había algo que le extraño y no parecía ir en un lugar tan elegante, pero al mismo tiempo tétrico y escalofriante, en una pequeña mesa cerca de la ventana había un jarrón con flores negras, moradas y blancas -. Así que tú eres la joya única –dijo con marcada burla. Ella giro, encontrándose con un hombre, o bueno un chico, el cual parecía ser menor que su primo, tal vez tendría 21 o 22, puede que 23, pero igual eso a ella no le importaba. Éste tenía los ojos cerrados, sentado en un sofá, y sosteniendo una copa de vino en la mano. Abrió lentamente los ojos, y ella se sorprendió, pero mantuvo su fría expresión, vio unos ojos que no solo eran extraños por el color, si no más específicamente por su mirada… solo se observaba odio. Parecía la mirada de un demonio –. ¿Acaso no hablas?… Bankotsu, no me dijo que eras muda –dijo para después colocar la copa en una pequeña mesa y levantarse, caminando hacia ella.
-No lo soy, solo…
-¿Te doy miedo? –dijo interrumpiéndola, mientras le agarraba la barbilla. No podía negarlo, el malnacido no había mentido, pero por alguna razón ella no le agradaba, lo cual era extraño, tal vez era esa mirada altanera, que parecía desafiarlo, pero a la vez era tan vacía, o esa cara sin ninguna expresión. No sabía con exactitud que era, pero algo en ella no le agrada, por lo cual la soltó –. Respóndeme
-No veo por qué tendría que temerle… es simplemente un hombre más –no pudo evitar soltar una risilla de burla, eso era lo que le desagrada, en tan poco tiempo se había dado cuenta que ella no era como las demás.
-Sírveme un trago, pero de whisky y a ti también, ahora vuelvo –dijo para después salir, no perdería el tiempo con ella. Además de desagradable, parecía la clase de mujer que no era capaz de provocar nada en un hombre, tal vez se divertiría al ver su cara de terror cuando él se la entregara antes a sus "muchachos".
Ella respiro aliviada. No podía creerlo, las cosas saldrían más fáciles de lo que ella había pensado. Saldría de esa casa en menos de lo que había creído. Camino hacia la pequeña mesa donde antes el chico había dejado la copa y sirvió en dos vasos, saco de su busto el pequeño frasco, y echo en la bebida un poco del líquido.
Se devolvió, tal vez debería jugar con ella antes de dársela a ellos, después de todo si era muy hermosa. Se había quedado en la puerta al observar que ella metía su mano en su busto y sacaba algo. Sonrió. Los imbéciles creían que podían engañarlo tan fácil. Por ser tan ilusos los mataría con sus propias manos. Negó con la cabeza, y sonrió más, ahora si sería divertido jugar con ella, y los mataría después, mientras el bastardo de su primo observaba como todos sus hombres se divertían con la chica.
Ella camino hacia la ventana, mirando por ésta, mientras acariciaba suavemente las flores. Pronto saldría de ahí. Todo saldría igual que siempre, o eso era lo que ella quería creer. Estaba tan concentrada que ni siquiera se percató cuando él entro, y cambio de lugar los vasos, pero no agarro ninguno, después se acercó a ella de forma silenciosa.
-Y ¿mi trago? –dijo muy cerca de su oído. Ella se tensó un poco, y se apartó, para después caminar hacia la pequeña mesa y, agarrar los vasos y posteriormente entregarle uno a él. Él tomo de su vaso y ella para que no sospechara hizo lo mismo –. Sabes… por curiosidad perdí mucho dinero, eres tan… insípida –no acostumbraba a tomarse todo el vaso, pero si no se entretenía en algo terminaría insultándolo, o peor aún, golpeándolo y sabía que eso podría arruinar sus planes. No la enojaba el hecho de que prácticamente le dijera fea, lo que en realidad le molesto fue la forma tan despectiva en que lo dijo, referente a si era fea o no, no conocía a muchas chicas de su edad, pero estaba segura que alguna gracia debía tener, o su primo no la acosaría tanto.
Mientras bebía del vaso, miraba directamente a sus ojos, observando en ellos una mirada de odio y burla, después de unos segundos de que se tomó todo lo que había en el vaso, éste cayó al piso y todo le empezó a dar vueltas -. ¿Qué me hizo? –dijo mientras trataba de agarrarse en algo, pero como no había nada cerca cayó al piso. Él se acercó a ella mientras daba risotadas burlonas, y ella trataba de levantarse, pero era inútil –. ¿Qué me hizo? –él la agarro por un brazo y la levanto, jalando su cuerpo tambaleante.
-Nada… solo tomaste lo que querías ofrecerme –dijo para después pegarla a su cuerpo, mientras intentaba besarla, pero ella con movimientos un poco torpes lo aparto –. Recuerda que eres mía por una noche… puedo hacer lo que quiera contigo, pero… -acerco su boca a la de ella, y después levanto la mirada, observando esos ojos que trataban de mantenerse abiertos, a pesar de que les era casi imposible –. No me gustas –dijo para después soltarla bruscamente, haciendo que ella cayera en la cama. Ella intento levantarse, pero no podía, solo podía ver como él la miraba con burla y se acercaba a ella.
-No… no quiero –fue lo único que salió de su boca. Había caído como una tonta -. "Bankotsu… lo prometiste"
–Solo porque creíste que era tan estúpido, tendré sexo contigo hasta que me aburra y después vendrán mis "muchachos". Esta noche te divertirás… así que desnúdate –dijo mientras se abría la camisa negra.
Ella intento bajarse de la cama, pero esta vez su cuerpo cayó al piso. Lo último que vio fue la camisa de él caer al lado de ella, para después sentir un fuerte jalón y nada más... sus ojos solo se cerraron, sin saber que esa noche se abriría para ella la primera entrada al fondo del infierno.
Ese día se levantó temprano. No había podido dormir después de que su hermana llego del baile al que había ido con su primo. Había llegado en la madrugada, y aunque no lo hacía de forma fuerte ella lloraba. Hubiese querido hablarle, y preguntarle que le pasaba, pero la conocía, se hubiese sentido peor si supiera que ella escucho todos aquellos pequeños gemidos ahogados que tanto trato de ocultar.
Flash back
En la oscuridad sintió que alguien entraba en el pequeño baño. Por el ruido de agua cayendo, supuso que su hermana se estaba bañando, cosa que aunque le pareció extraña no le sorprendió, pero lo que si la sorprendió fue escuchar los pequeños sollozos ahogados. Se sentó en la cama, con la intención de levantarse, pero casi inmediatamente se arrepintió, si su hermana sabía que ella la había escuchado llorar, se sentiría peor…
-Si tan solo… confiaras en mí –dijo en un pequeño susurro lastimero. Siempre quería ayudarla, y deseaba que fueran las hermanas que siempre había querido que fueran, pero no sabía cómo hacerlo si su hermana nunca confiaba en ella. Estaba tan sumida en sus pensamientos, que no supo cuánto tiempo es tuvo sentada en la misma posición, solo al sentir la puerta abrirse volvió a acostarse. Sintió cuando la chica se acostó, y aunque los sollozos eran casi inaudibles, ella los escuchaba. Trato de evitarlo… pero su boca se abrió.
-¿Estas… bien? –dijo de forma baja e inmediatamente en la habitación reino el completo silencio –. Kikyo, ¿qué tienes?
-Nada, solo estoy un poco indispuesta –dijo de forma seria, pero la voz sonaba un poco ronca por haber llorado.
-Pero…
-Kagome, deja de ser molesta… me duele la cabeza…todo está bien, vuelve a dormir –la aludida se enojó un poco, como detestaba esa actitud de su hermana. ¿Por qué siempre quería hacerse la fuerte?, y no aceptaba que era una simple chica que a veces también necesitaba ayuda. Le iba a responder, pero recordó los sollozos, y los pequeños gemidos lastimeros que su hermana había tratado de ocultar, por lo cual sin poder evitarlo sus ojos se aguaron. Cerro los ojos, y antes de arrepentirse extendió su brazo hacia el cuerpo de su hermana, la otra chica al sentir el contacto se tensó un poco, y levanto una de sus manos para apartar el brazo de su hermana, pero por alguna razón que no entendió no lo hizo, solo coloco su mano sobre la de su hermana, mientras trataba de evitar llorar… tal vez por esa noche, ella también necesitaba sentir ese abrazo.
-Yo sé que todo está bien ahora… todo estará bien
Fin flash back
Respiro profundo, mientras salía por la puerta trasera de la casa. Ella no estaba acostumbrada a desobedecer a su abuela, y mucho menos a su madre, pero quería intentar animar a su hermana, y sabía que solo un lugar lo hacía… un claro qué había en el pequeño bosque que quedaba detrás de su casa. Allí había un gran árbol, rodeado de flores y frente a un lago, ese era el lugar a donde iban con su padre cuando eran niñas, y también era el lugar donde crecían las flores favoritas de su hermana. Entro al bosque, no sabía que tanto había cambiado, pero tenía la esperanza de que aquellas flores todavía crecieran allí. Después de algunos minutos sonrió cuando diviso el lugar, y apresuro el paso mientras buscaba con la mirada las flores. Había varios tipos de flores, pero no las que ella quería. Suspiro de forma decepcionada, pero al mirar a la orilla del lago sonrió, allí estaban las flores favoritas de Kikyo, y a pesar de que la orilla del lago estaba un poco empinada, no le importo, solo quería que su hermana sonriera. Bajo lentamente un poco, mientras estiraba uno de sus brazos.
-"Ya casi" –estiro un poco más el brazo, pero perdió el equilibrio, y rodó hasta el lago. Si, tenía que reconocer que había sido una mala idea, estando la superficie un poco inclinada y su vestido no le ayudaba en nada.
Estaba un poco enojado, llevaba mucho tiempo esperando y Kikyo no había llegado. Quería irse, pero las ganas de verla no se lo permitían. Cerró los ojos de forma cansada, pero los abrió al escuchar un grito, y después un pequeño ruido. Le dio la vuelta al árbol, y sonrió al ver a la chica que permanecía sentada en el lago, pero inmediatamente recordó que por lo que había escuchado, lo más probable es que hubiese caído. Temiendo que se hubiese lastimado, corrió hasta el lago, y le estiro la mano a la chica que permanecía con la cabeza gacha.
-Creí que no…-se calló al ver el rostro de la chica. Era extraño, se parecía mucho a Kikyo, de hecho desde lejos no se podrían diferenciar, pero si se les miraba de cerca, y detenidamente se podía apreciar que el rostro de esta chica era un poquito más redondo que el de Kikyo, y su piel era un poco más oscura. Pero lo que más las diferenciaba eran los ojos… eran del mismo color, pero su mirada… no sabía explicarlo, pero eran diferentes. La chica solo lo miraba con curiosidad, sin atreverse a tomar la mano que le ofrecían –."Debe ser familiar de ella"…Creo que necesitas ayuda –ella no le dijo nada, por lo cual él la agarro por un brazo, intento subir con ella la pequeña pendiente, pero un quejido hizo que se detuvieran –. ¿Estás bien? –dijo mirando de forma curiosa a la chica.
-Creo que me doble el tobillo
Él se quedó observándola por unos segundos, para después sacar de su bota una daga envuelta en un pañuelo. Ella abrió los ojos e intento retroceder, pero por el vestido y el dolor, volvió a caer al agua. Él se quedó observándola unos segundos sin entender porque había reaccionado así. Decidiendo no darle mucha importancia, se agacho un poco, y con la daga intento romper el vestido.
¡Dios!, ¿por qué había salido sola?. Por desobediente iba a perder lo único que siempre debía cuidar hasta que el indicado para ser su esposo apareciera… iba a perder su virtud. Miro al hombre, sabía que llevaba las de perder en ese momento, pero no se lo pondría fácil, respiro profundo, y lo agarro por una pierna e hizo que cayera al agua –. ¡Pervertido!. ¡No… no se acerque o gritare! –él frunció el ceño, mientras ella intentaba retroceder todavía sentada.
-¿Qué estas insinuando? –dijo de forma enojada y el ceño fruncido, mientras se levantaba –. Solo quería ayudarte… no puedes caminar y tu vestido pesa mucho, se me dificultaría cargarte –ella se ruborizo. Está bien, tenía que aceptarlo, si era un poco tonta, pero ¿quién no reaccionaria así al ver a un extraño intentando hacer eso? –. Además, deja de ser tonta, ¿acaso crees que yo soy un violador de niñas feas?… no te hagas ilusiones, no estoy desesperado –dijo con una expresión de burla, y al mismo tiempo de superioridad. Si antes estaba asustada, ahora quería golpearlo, apretó fuertemente sus manos en puño, como se atrevía el muy idiota. Aprovechando que parecía estar distraída, él se agacho nuevamente y empezó acortar el vestido, sacándola de sus pensamientos, por lo cual ella coló sus manos para que él no siguiera cortando.
-E-Es… vergonzoso, y no es apropiado –dijo un poco sonrojada, aunque tuviera que quedarse allí hasta que el dolor en su tobillo pasara, jamás permitiría que un extraño la viera casi desnuda.
-Sí, pero es necesario, además prometo no ver… no me interesa ver a niñas feas desnudas –dijo esto último de forma burlona, haciendo que ella lo mirara mal –. "Así mira como ella"… ¿entonces? –ella no dijo nada, por lo cual le entrego la daga –. Haz lo tú –dijo para después empezar a quitarse la camisa blanca que llevaba, haciendo que ella se sonrojo más, y miro hacia otro lado.
-¿Qué…?, ¿¡qué crees que haces!? –dijo de forma enojada, pero al mismo tiempo nerviosa. Solo vio la camisa frente a su rostro, y lo miro. Él tenía los ojos cerrados.
-Te cubrirás con ella
Ella hizo lo que él le pidió, para después subir a su espalda un poco sonrojada. Sabía que estaba mal ir a la casa de un extraño en esas fachas, pero era preferible a que su familia la viera así. En todo el camino él trato de conversar con ella, pero ella por lo nerviosa que estaba solo respondía monosílabos, mientras trataba de no tocar la piel de él, cosa que era imposible al ir sin camisa, por lo cual agarraba los hombros de él con la punta de sus dedos.
Después de varios minutos llegaron a una casa un poco más pequeña que la de ella, por lo cual se extrañó, ya que a pesar de que el chico iba vestido de manera informal y sencilla, podía notar que sus ropas eran finas. Cuando entraron la sentó en una silla, mientras ella intentaba cubrirse lo más que podía con la camisa, ya que él la miraba. Lo vio asentir con la cabeza, para después alejarse por un pequeño pasillo, y después de un rato volvió, ella lo miro sin entender cuando le ofrecía algo que parecía ser un vestido.
-Te enfermaras si no te quitas los restos del vestido –ella frunció el ceño –. No es de ninguna chica que lo haya olvidado… es de la esposa de mi amigo, el dueño de este lugar –dijo de forma cansada, imaginando lo que la chica pensaba. ¿Acaso tenia cara de pervertido y mujeriego?, bueno igual era un hombre, y no tendría nada de malo que le hicieran ese tipo de visitas, las cuales no podría recibir aunque quisiera, si no quería que la esposa de su amigo lo dejara, literalmente, imposibilitado para el resto de su vida. Ella un poco apenada agarro el vestido, y sin previo aviso él la tomo de forma nupcial, mientras ella se movía bruscamente al darse cuenta a donde la llevaba.
-¿A-A donde me llevas?... no…-se calló al ver como él se detenía, y la miraba fijamente, y por primera vez desde su encuentro lo miro con atención. Era un hombre muy apuesto, y sus ojos… el color de sus ojos al igual que el de su cabello era verdaderamente hermoso, sobre todo el de sus ojos… los cuales no podría mirarlos sin perderse en ellos por el resto de su vida. Al darse cuenta de esto, se sonrojo y miro hacia otro lado.
-Solo quiero que te cambies de ropa, y allá no puedes –dijo para después mirarla con atención –. Será mejor que te cambies, estas un poco roja… seguro te va a dar calentura –dijo para después bajarla cuidadosamente, y salir de la pequeña habitación.
Al quedarse sola miro a su alrededor, y noto que la decoración era por así decirlo, más fina que en el resto de la casa, decoración que hubiese querido y podido seguir observando si no hubiese sentido un poco de frio, por lo cual decidió quitarse lo que llevaba, y colocarse el vestido que él le había dado. Era un modelo más sencillo, en comparación a los que ella utilizaba, pero muy bonito. Era de color rosa claro, con flores bordadas, y dejaba un poco al descubierto los hombros. Después de colocárselo, se soltó el cabello para que se le secara, el cual le llegaba un poco más abajo de la cintura. Después de estar lista camino con un poco de dificultad hacia la salida de la habitación.
-Vaya… y yo que creí que eras una niña fea. Tengo que reconocer que te ves mejor así –dijo mientras observaba con una pequeña sonrisa a la chica, que no sabía si enojarse, o sonrojarse por lo que él había dicho –. Inuyasha Taisho –ella lo miro sin entender, pero después sonrió, al comprender que se estaba presentando.
-Kagome Higurashi
-"Entonces son hermanas" –quería preguntarle a la chica por Kikyo, pero no quería que la familia de ella mal interpretara su relación, ya que sabía que no era bien visto que una chica estuviera sola en el bosque con un hombre, y no quería que pensaran mal de él, sonrió un poco al pensar eso, apenas la había visto dos veces y ya le preocupaba eso.
Después de cambiarse él de ropa, la acerco hasta la casa de ella, ya que ella se negó en todo el camino a que la llevara hasta allá.
-Espero volver a verte Kagome –ella solo vio como él se alejaba y sin darse cuenta sonrió.
-Yo también… Inuyasha –dijo con una pequeña sonrisa en un pequeño susurro, pero después abrió los ojos más de lo normal –. ¡Las flores!... que tonta –suspiro de forma cansada, y con un poco de dificultad regreso a su casa, después de todo en esas condiciones se le dificultaría volver sola al lugar.
.
.
.
¡Espero me extrañaran!. Gracias a quienes aun me recordaban, especialmente a:
Erza (Gracias. Espero que todavía tengas paciencia de sobra jaja... y me recuerdes)
Rijeayko (Que bien que no te dio nada, ya mi conciencia esta muy dañada para agregar algo más. Gracias por los nombres, me gustaron varios, si no me decido por uno, lo someteré a votación. ¡Una loca!, ¡que miedo!... va, eres de las mías jaja. Vaya, alguien me stalkeo y ansiaba ganar jaja. No jamás coloque que me llamaba Isabel, eso rompió mi corazón -llora en un rincón-. Si, cada vez que leo encuentro favoritos, pero leo de todo. Si, Marvel, DC e Image comic -si, elegir es muy complicado. Flash, es mi favorito de DC -en cada una tengo favoritos-, Sergei, es un villano de Marvel -me agrada su perseverancia-, falto el genero que me gusta escuchar, y por su puesto que me encanta el anime... jaja bromeo. Pero en fin, lo prometido es deuda... háblame en general sobre quienes, y sobre que quieres la escena -creo tener una leve sospecha jaja-... gracias por la paciencia)
Karesta (respondido anterior cap)
Lady Seijuro (Creo que casi mato a varias jaja... lo siento. Gracias por la paciencia)
Guest (Pronto hablare sobre la historia)
7373 (Ya casi... cuando termine de editar, termino el capitulo -el pc...-)
Karina (Si, hace meses no te leía. Creí que me habías abandonado... gracias por la paciencia)
NEKO (Lo siento, no puedo cambiar mi naturaleza, soy muy cruel muaja muaja... pronto daré noticias sobre Demonios... gracias por la paciencia)
Kyori Deemo
Gabrielle Kravinoff
07/08/17
