Capitulo III: El trato con el demonio

Respiro profundo y se levantó de la cama. Desde que había llegado del "baile" no había podido dormir, y a pesar de que no quería llorar, lo había hecho inmediatamente entro en su habitación, ya que no recordaba que su hermana ahora dormía con ella. Pero a pesar de creer estar sola, intento reprimir su llanto, ese hombre no merecía que ella llorara por él. Ella era fuerte, y a pesar de que había perdido lo único que su primo no le había podido quitar, no tenía por qué llorar… ella no podía llorar, o eso era lo que trataba de repetirse, mientras dejaba caer el agua sobre su cuerpo, tratando de borrar el rastro que pudiese quedar de ese ser en su cuerpo.

Cuando escucho la voz de Kagome se calló, queriendo aparentar que todo estaba bien, y cuando ella la abrazo quiso apartarla, pero no fue capaz, por primera vez desde la muerte de su padre, y haber decidido que debía ser fuerte, necesito un abrazo… un abrazo de, aunque no lo demostrara, la persona que más quería, y la quería en el mundo… su hermana "gemela".

Flash back

Fue sacada por el hombre que la había llevado hasta aquella habitación. Miraba al frente con esos ojos que parecían estar más vacíos que de costumbre. Ya la vida la había acabado totalmente, ya no le quedaba nada porque seguir… lo único de lo cual se sentía orgullosa y representaba su libertad, ya que su primo no se lo habia podido quitar, ya no existía. Aunque se percató de que su primo no la esperaba, y era otro carruaje en que la había enviado, no le importo, ella solo quería dormir… dormir y nunca más despertar. Su mente estaba totalmente en blanco, que ni si quiera supo cuánto tiempo duro el viaje, solo se bajó cuando prácticamente fue obligada a hacerlo.

Al entrar camino de forma lenta en la oscuridad, hasta que llego a su habitación y allí aunque no quería hacerlo, se derrumbó. Su fuerte coraza de orgullo, desde que la había levanto, por primera vez se destruyó.

Fin de flash back

Camino hacia el espejo, y se observó. Su rostro estaba más pálido de lo normal. Sus ojos estaban rojos e hinchados. Sin querer llorar más se limpió las últimas lágrimas que salían de sus ojos, y se levantó. Ella siempre se reponía porque era fuerte y siempre seria así.

Se bañó y vistió lo más rápido que pudo, necesitaba salir de allí. Necesitaba ir al único lugar donde se sentiría bien, y tal vez terminaría de curar sus penas… el bosque. Salió sin que nadie se diera cuenta e igual si lo hacían no le importaba, solo pensaba en salir.

-¿Por qué no viniste?, estuve esperándote –escucho una voz un poco molesta.

-"Inuyasha" –ni siquiera recordaba su cita en ese lugar, la verdad ni siquiera se acordaba de él. Se giró lentamente, pero no le hablo, aunque lo odiaba admitir, quería llorar… quería que él la abrazara, y llorar hasta que sus lágrimas se secaran. Él solo la observaba. Estaba un poco molesto porque ella había roto su promesa de ir el día anterior, pero al ver su mirada triste, su molestia se esfumo, y sin pensarlo intento acercarse, pero ella se alejó –. Lo siento… estaba un poco indispuesta, pero ya estoy bien –dijo para después volver a su semblante serio, por lo cual él sonrió… esa era Kikyo.

-Tengo que confesarte que me moleste… verdaderamente quería verte –dijo de forma suave, mientras le sonreía. Ella solo miro hacia un lado, y dio un pequeño suspiro, a pesar de que no era una experta en esos temas, al convivir con su primo, aprendió a reconocer cuando un hombre pretendía algo que iba más allá de la amistad, y a pesar de que Inuyasha era el primer hombre que al conocerla no la trataba como una mercancía, ella no podía, y menos ahora que no era ni siquiera digna de un hombre "respetable", mucho menos de él.

-Inuyasha, creo que es mejor que no nos volvamos a ver, no es apropiado –dijo de forma seria, haciendo que la sonrisa del chico desapareciera.

Sabía que lo era, pero las ganas de verla cada vez eran superiores a él.

-Lo sé, y siento incomodarte, pero desde que te vi por primera vez… me gustaste –dijo de forma seria, mirándola fijamente a los ojos. Intento tocar su mejilla, pero ella le detuvo la mano, mientras internamente rogaba para que no siguiera.

-No es apropiado –quería ser fría con él, pero por alguna razón que no entendía no podía. Pero sabía que si aceptaba escucharlo, lo condenaría, y él no se lo merecía. Solo con mirarlo a los ojos sabía que él no se merecía una mujer como ella. Una mujer que había perdido toda decencia, incluso su virtud.

-Kikyo, tú de verdad me gustas, no solo porque eres hermosa… sí, tengo que reconocer que eso fue lo primero que me atrajo, pero ese día que hablamos… -acerco su mano al ver que ella disminuía el agarre, empezando a acariciar su mejilla –. No sé cómo explicarlo… nunca me había pasado, pero enamorarme de ti se está volviendo tan fácil, y no tengo ganas de resistirme.

-Es mejor que olvides esas tonterías –dijo de forma seria. ¿Por qué él le hacia las cosas tan difíciles? –. Tienes que alejarte de mí… yo… yo no soy digna de ti, yo perd… -se calló al ver como él se inclinaba, y colocaba sus frentes juntas.

-No me importa… no me importa si no eres de una familia adinerada –dijo de forma suave creyendo que a eso se refería la chica, ya que él le había comentado algunas cosas de su vida –. No me importa lo que digan las personas acerca de tu familia, es más ni siquiera quiero saberlo, porque de verdad quiero estar contigo –le sonrió, y aparto un poco su frente, para mirarla directamente a los ojos. Ella no decía nada, solo lo miraba a esos ojos que parecían querer cobijarla. Él acerco nuevamente su rostro al de ella, de forma lenta, por si ella quería alejarse. Ella quería apartarlo, sabía que debía apartarlo, pero su cuerpo no se movió. Su primo a veces la besaba, y aunque a ella no le gustaba, tampoco le desagradaba, pero esto era diferente… ese sonido proveniente de su pecho se lo indicaba –. Sería tan fácil enamorarme de ti –dijo de forma suave, mientras le acariciaba una mejilla, para después volver a besarla.

-"Que interesante" –pensaba con una pequeña sonrisa, mientras observaba escondido en los arbustos a la pareja, para luego irse sin que estos se dieran cuenta de su presencia.


-Supongo que estas aquí porque descubriste algo que me interesa –dijo de espaldas sin mirar al hombre que permanecía de pie frente al escritorio.

-En efecto… Inuyasha, se frecuenta con una mujer, y por lo que he observado es su pareja

-No le veo lo interesante, eso era de esperarse –dijo de forma fastidiada. No le interesaba en lo más mínimo escuchar como el imbécil ese se revolcaba con una estúpida mujer. Levanto la mano para indicarle al hombre que saliera, pero este al ver el movimiento hablo.

-Señor, lo interesante no es que estuviera con una mujer, si no quien era la mujer… era Kikyo Higurashi

-¿Y? –dijo para después girarse. No acostumbraba a recordar nombres que para él no representaran importancia, y mucho menos si era el de una mujer, sin importar que esta hubiese sido una de sus amantes, nunca recordaba los nombres –. ¿Qué cosa interesante tiene esa mujer Byakuya?

-Es la chica que estuvo aquí la otra noche… la prima de Bankotsu Shichinintai

Sonrió. Así que ese era el nombre de esa insoportable niña. Ahora todo tenía sentido, esa era la razón por la cual no la soportaba… por ser la mujer del imbécil de Inuyasha, ella le desagradaba. Su sonrisa se amplió más. Ese bastardo seguramente no sabía la clase de trabajo que realizaba su mujercita.

- Puedes retirarte –el aludido solo hizo una reverencia, y se marchó. Él camino hacia su escritorio, y agarro la copa de vino que allí se encontraba, mientras por primera vez en su vida recordaba a una mujer, aquella mujer que con solo su presencia le causaba repulsión –. "Kikyo"

Flash back

Se quitó la camisa negra que llevaba, y la levanto a ella de un solo tirón. La tiro a la cama, y se posiciono arriba de ella, observando fijamente su rostro mientras bajaba sin ningún cuidado la manga de su vestido. Se acercó un poco al rostro de ella para besarlo. Nunca lo hacía con ninguna de esas mujerzuelas, pero quería que ella sintiera su presencia en cada rincón de su cuerpo. Quería que su olor se quedara en ella, pero se detuvo, no sentía ganas. O, mejor dicho su cuerpo no reaccionaba. Ella le desagradaba, además, se sumaba el hecho de que ella estaba dormida. Él era un monstruo que le encantaba ver el sufrimiento y miedo en los ojos de las personas, le gustaba destruir todo lo que considerara patético, mientras veía el odio y miedo reflejado en los ojos de quien doblegaba… todo eso lo disfrutaba, pero había algo que jamás disfrutaría, y que destruiría totalmente su ego… obligar a una insignificante mujer a estar con él. Eso sería como rogarle "amor" y él era Naraku. Era mil veces mejor que el bastardo de Onigumo. Él no necesitaba hacer eso para tener a una estúpida mujer. Él podía tener a la que quisiera y cuando quisiera, y a ella no la quería tener, o por lo menos no de esa forma. Él no necesitaba obligar a ninguna mujer. Nunca se rebajaría, ya que ellas eran las que tenían que arrastrarse por él. Se levantó, y camino hacia el sofá, agarrando nuevamente la copa de vino que no había terminado. No la tomaría, pero tampoco tenía que decirle a ella que no lo habia hecho. Después de observarla por unos segundos, y terminar de beber de la copa, se levantó, y salió de la habitación, ya era hora de arreglar cuentas con el imbécil de Bankotsu.

Se removió un poco, sintiendo los parpados pesados, pero necesitaba, y quería abrirlos, por lo cual después de realizar un poco de esfuerzo, abrió lentamente los ojos. Trato de levantar la cabeza, pero no podía, ya que la sentía también pesada, resignándose únicamente a mirar con dificultad a su alrededor, sin saber dónde estaba exactamente.

-Al fin despertaste… ya me estaba aburriendo y hastiando ver tu cara. Quiero que te largues –ella levanto la cabeza con un poco de dificultad, allí estaba él, sin camisa y sin zapatos, sus pantalones parecían estar desabrochados. El ritmo de su respiración aumento, al igual que el de su corazón, sintiendo además, un ligero escalofrió, y con un poco de temor bajo la mirada a su cuerpo. No estaba desnuda, pero sus hombros y piernas estaban descubiertos, mientras que su vestido estaba en algunos lugares desgarrado. Sin poderlo evitar palideció más de lo que era, y sintió ganas de vomitar… él… ese hombre la había… violado. Quería llorar y gritar, pero ella nunca lo haría frente a alguien, y menos frente a ese hombre. Con un poco de dificultad se sentó en la cama, tratando de cubrirse con la sabana. Tenía que salir de allí –. Antes de irte agarras las monedas que están en la mesa… no fue la gran cosa, de hecho no sentí absolutamente nada, fue como estar con una muerta, eres la peor mujer con la que he estado… siento que perdí mi tiempo contigo. Sabes hasta asco me dio tocarte… pero soy muy generoso –dijo esto último con marcada burla, observándola fijamente, pero internamente estaba enojado, ¿acaso esa mujer no cambiaba de expresión en ningún momento?, ¿acaso nunca se enojaba?.

Ella apretó la sabana que cubría parte de su cuerpo. Ese hombre no solo le había quitado lo que tanto se había asegurado de cuidar de Bankotsu, sino que además, la humillaba y trataba como a una prostituta. Le hubiese gustado matarlo con sus propias manos, pero tratar de hacerlo no serviría de nada, todavía no se sentía bien, y ya había perdido todo. Se levantó sin mirarlo, solo quería salir de allí y tratar de olvidar, eso era lo único que podía hacer por ahora. Antes de que pudiese arreglarse, él se levantó y salió, después de algunos minutos envió a Byakuya para que se la llevara.

Fin flash back

–"Kikyo… me divertiré tanto con ustedes" –miraba al vacío, con unos ojos que parecían dos llamas infernales, y su rostro era adornado por una pequeña sonrisa que le helaría la sangre hasta al mismísimo demonio, si es que así se podía llamar a otro ser que no fuera él. Ya lo había decidido, no mataría a Inuyasha, o por lo menos no hasta que él deseara estar muerto, y ella era la primera cosa que le quitaría antes de hacerle desear la muerte.


Toco suavemente sus labios, ¿sería posible que él pudiera sacarla de ese infierno?. No quería hacerse ilusiones, pero después de todo lo que le había sucedido, quería aferrarse a algo. Quería creer que todavía podía conseguir su libertad, y algo le decía que él la ayudaría a conseguirla.

-"Inuyasha" –una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Ya no le importaba nada, si a él no le importaba su pasado, a ella tampoco. Estaba decidido, ella olvidaría todo y trataría de ser feliz después de tanto tiempo.

Se giró al sentir que alguien abría la puerta, pero ni siquiera tuvo tiempo de decir nada, cuando fue agarrada fuertemente por el brazo.

-¡Él te toco! –dijo de forma seria y enojada, la sola idea de que un hombre que no fuera él hubiese puesto sus asquerosas manos en un cuerpo que desde su nacimiento le pertenecía, le hacía hervir la sangre. Había recibido una golpiza, y a pesar de que casi lo mataron no le importo, solo quería saber que le había hecho a ella, y pensar en que él la había tocado le dolía… le dolía más que todos los golpes que le dieron –. ¡Respóndeme!... ese desgraciado se atrevió a… -apretó más el agarre.

Ella permanecía con su habitual inexpresión, no solo le dolía el brazo, quería gritarle, y decirle todo lo que ese hombre le había hecho por su culpa, pero no lo haría, no porque le preocupara lo que hiciera su primo con aquel hombre, aunque dudaba que con tanta guardia pudiera siquiera tocarlo, pero tampoco debía subestimarlo. No lo diría porque eso complicaría su vida, él sería capaz de utilizar eso para tenerla, y su familia para evitar el escándalo, tal vez no lo impediría a pesar de los lazos sanguíneos que los unían.

-Ese hombre solo me dejo claro que además de ser una estúpida por tratar de engañarlo, nunca me tocaría porque no le agrado. Solo se burló de mi antes de sacarme casi a rastras de su casa, y decirme que tu llevarías la peor parte –él relajo sus facciones y la abrazo.

-No sabes cuánto miedo sentí al pensar que él hubiese podido tocarte... tú solo serás mía… solo mía, y cualquier hombre que te toque lo matare, sin importar que muera en el intento


Miraba para todas partes mientras caminaba. ¿Por qué tenía que ser tan despistada?. Se había perdido cuando caminaba por el centro con su madre, y todo por entretenerse con todas las cosas que veía, cosas que a pesar de ser sencillas, eran completamente sorprendentes. Trataba de caminar por todo el tumulto de personas, tratando de esquivarlas sin ninguna suerte, pero aun así estaba tan concentrada en esa tarea, que al sentir un jalón hacia atrás, no pudo evitar que un pequeño grito escapara de su boca. Trato de soltarse, pero le era imposible, solo era arrastrada, por alguien a quien ni siquiera podía observar bien por todas las personas que allí se encontraban. Cerró los ojos fuertemente, tenía que calmarse, y nuevamente tratar de soltarse o gritar. Sintió que soltaban su mano y abrió los ojos, mirando a su alrededor, estaba fuera del mercado.

-Hola, niña fea –escucho una voz con marcada burla, y se giró completamente enojada, sin importar quien fuera el idiota que fuera, le diría sus cuatro verdades por tener esa clase de confianzas con ella. Pero al girar, y ver esos ojos su enojo murió –. ¿Estabas perdida, o me equivoco?

-Inu…yasha –inconscientemente, de sus labios salió aquel nombre con un pequeño suspiro, por lo cual se ruborizo al percatarse. Después de aquel día pensó que nunca lo volvería a ver –. Yo solo… -él se quedó observándola, y estiro sus manos hacia ella. Ella intento dar un paso hacia atrás, por lo cual él la agarro de la muñeca nuevamente, mientras se acercaba un poco más, y después se inclinó un poco hacia ella –. ¿Qué… qué haces? –dijo en un pequeño susurro, mientras sus mejillas se colocaban, aún más, rojas. Sin poder evitarlo cerró los ojos fuerte mente, pero los abrió al sentir que algo caía en su espalda.

-Deberías llevarlo así, no te vez tan fea con el suelto –dijo con una pequeña sonrisa, mientras acomodaba los mechones azabaches que caían en el rostro de la chica – "Se parece a ella"… te vez hermosa –ella se sonrojo más, y levanto la mirada hacia él, perdiéndose nuevamente en esos ojos que tanto hipnotizaban. Sus ojos eran como ver al oro fundido… no, eran mucho más hermosos. Era como ver al sol desde el universo… hermosamente deslumbrante, como ninguna otra estrella.

-Kagome, ¿qué significa esto? –escucharon una voz seria, y giraron hacia ella. La madre de la chica no parecía feliz por la escena, por lo cual ella se alejó un poco de Inuyasha.

-É-Él solo me ayudaba, me había perdido… sabes que soy un poco despistada –dijo un poco apenada. La mujer observo al chico y después a su hija.

-Gracias joven –dijo de forma seria, mientras agarraba por la muñeca a la chica.

-Fue un placer –dijo antes de agarrar la mano de Kagome y besarla, después se giró hacia la mujer e hizo una reverencia antes de irse. Kagome, sin ser consciente, se agarró la mano que él le había besado, mientras acariciaba el envés y sonrió, observando la dirección por donde él se había marchado.

-Veo que te gusta –ella giro hacia su madre, la cual la observaba de forma seria. Intento hablar para negarlo, pero al ver que la expresión de su madre se suavizaba hasta formar una pequeña sonrisa, se calló. Hacía años que no la veía sonreír –. Si, te gusta…bueno después de todo es muy apuesto y educado, además, parece ser de buena familia –dijo para después girarse, y empezar a caminar –. Espero que no se te olvide que una señorita decente no se ve a escondidas con un hombre –dijo sin siquiera girarse. La chica parpadeo varias veces, y sin saber que decir o hacer, empezó a caminar de tras de su madre, mientras sin saber porque su corazón parecía querer salir al solo pensar en él.


-Hermana –dijo de forma suave, mientras observaba como la aludida terminaba de arreglar su cabello en un recogido, sin siquiera ponerle la más mínima atención –. ¡Kikyo! –dijo un poco más fuerte y escucho un suspiro cansado.

-Que no te esté viendo no significa que no te he estado escuchando –dijo de forma fastidiosa –. ¿Qué quieres? –dijo de forma seria, pero suave.

-¿T-Tú… tú… alguna vez… te has enamorado? –dijo de forma nerviosa, mientras en sus mejillas se podía apreciar un suave rubor. La aludida se giró, y la observo con el ceño fruncido, pero casi inmediatamente volvió a su inexpresión.

-Nunca he tenido tiempo para pensar en cosas tan insignificantes

-Pero… ¿si sabes cuando alguien te gusta?… supongo que alguien si te ha gustado, sales mucho con Bankotsu a fiestas… supongo que allí…

-Ya te lo dije –la chica solo suspiro. Que tonta había sido al pensar que el hielo de su hermana hablaría con ella esa clase de temas. Se levantó de la cama dispuesta a salir, tal vez debería hablar con su abuela o madre, aunque la idea le avergonzara un poco –. Aunque… -la chica se detuvo, y se giró, sin poder creer lo que veía, su hermana tenía un casi imperceptible rubor –. Conocí a alguien, y a pesar de que no sé qué se siente cuando quieres a alguien… creo que me gusta

-¿Cómo lo sabes? –pregunto de forma interesada, y a la vez sorprendida por la confesión de su hermana.

-Porque… esto me lo dice –dijo mientras se tocaba el pecho, específicamente la parte donde está el corazón –. Cuando lo veo… creo que se va a reventar o salir, por lo fuerte que se siente, y cuando nos… -se calló al darse cuenta de que, y con quien estaba hablando. Se giró un poco avergonzada. Ni siquiera sabía porque estaba contándole eso a la fastidiosa de su hermana.

La otra chica pareció no percatarse eso. Se levantó, y camino hacia la pequeña venta y, al recargarse en ella suspiro, y después sonrió.

-Entonces se siente eso –dijo mientras colocaba una de sus manos en su pecho. La otra chica solo la miro de soslayo –. Entonces es eso… él me gusta –dijo con una pequeña sonrisa, mientras sentía los suaves, pero acelerados latidos que daba su corazón al solo pensar en Inuyasha.

Kikyo, frunció el ceño y se giró, hasta donde sabía Kagome no salía sola, y quien le tenía que buscar pretendiente era la madre de ella, lo cual todavía no hacía. Suspiro, solo esperaba que Bankotsu no fuera tan idiota de hacerse oídos sordos ante su advertencia.

-¿Quién te gusta? –la otra chica solo sonrió, y se sonrojo más, era improbable que su hermana lo conociera, pero no importaba, le hacía feliz compartir ese pequeño secreto con ella.

-La persona que me gusta se llama In… -un llamado desde a fuera la interrumpió.

-Niñas la cena esta lista –dijo la anciana después de entrar a la habitación. Kagome, solo sonrió antes de erguirse y caminar hasta donde su hermana, para después prácticamente arrastrarla con ella, mientras esta con cara de fastidio, trataba de soltarse.


Caminaba por los pasillos de aquella mansión mientras era custodiado por dos hombres, uno que reconocía como Hakudoshi y otro que se parecía un poco a éste, tal vez eran hermanos, pero eso a él no le importaba, lo que verdaderamente se preguntaba era por qué prácticamente lo habían arrastrado desde el burdel hasta allí. No le había dicho absolutamente nada, solo que su jefe necesitaba verlo. Cruzaron una puerta e hicieron una reverencia, él solo miro hacia el frente y, lo vio sentado en un sofá negro, mirándolo fijamente. Tal vez quería terminar de arreglar asuntos con él, ya que aquel día lo postergado por un asunto de negocios, y que al parecer era muy importante, porque todos se fueron con su jefe y lo dejaron allí todo golpeado.

-Supongo que te preguntaras porque estás aquí. Sabes… todavía no he olvidado lo que trataste de hacer, y si te salvaste fue por un… milagro –dijo con marcada burla esto último –. Tenía asuntos importaste que atender fuera de la isla ese día, pero nunca olvido una deuda

-Le aseguro que…

-¿Acaso todavía pretendes tratarme como un idiota?, al parecer no te quedo clara la lección –solo se calló, no le convenía hacer enojar a ese tipo, aunque sintiera ganas de desquitarse por lo que le había hecho, no era tonto –. No necesito que me expliques absolutamente nada, de hecho he decidido cambiar tu vida por otra cosa… un trato, uno que te conviene, y mucho, no solo tendrás de vuelta los papeles de propiedad, además, tendrás una buena cantidad de oro

-¿A cambio de qué?, no creo tener nada que a usted le interese

-En eso te equivocas -dijo con una pequeña sonrisa de lado -. Tú prima. La quiero a ella –el otro abrió los ojos por la sorpresa, eso jamás, a ella jamás la entregaría a otro hombre.

-No… ella no. Si quiere puede quedarse con…

-Bankotsu, creo que no me termine de explicar –dijo interrumpiéndolo -. Tomas lo que te ofrezco o… no saldrás vivo de esta habitación e igual obtendré lo que quiero, siempre es así, no acostumbro a perdonar u olvidar deudas –dijo de forma suave, pero sus ojos se veían por alguna razón más oscuros. Bankotsu, sintió un jalón en su cabello, el cual llegaba a sus hombros, y un arma en su sien, mientras Hakudoshi, lo miraba divertido al mismo tiempo en que le apuntaba -. Eres inteligente, o esa es la impresión que me diste… tú decides –apretó los puños. No quería que ningún hombre tocara a Kikyo. Ella era solo de él, pero no quería morir. Por más que lo pensara no tenía opción, podía aceptar el trato, y salir ganando, o perdería todo, incluso su vida. Sintió el gatillo jalarse, y aunque no le gustaba reconocerlo, ese día sintió miedo a morir. Miedo a perderla, y que ese hombre la obtuviera para siempre. Cerro los ojos por unos segundos tratando de no demostrar sus temores. Si lo pensaba mejor no solo ganaría lo que él le ofrecía, podía ganar más, y después buscar una forma de liberarla de ese hombre, sin importar si debía matarlo para ello, y eso es lo que haría por tocarla, cosa que quería hacer en ese momento, pero no era idiota, perdería todo incluso su vida antes de tocarlo –. Supongo que es un trato –dijo con una media sonrisa, para después agarrar el vaso que estaba en su escritorio y beber.


Estaba un poco ansiosa, y miraba todo con cara de fastidio. Su primo había reunido a toda la familia, según él para informar algo importante, y que le interesaba a toda la familia.

–Bueno Bankotsu ahora si nos puedes decir que es lo que sucede –dijo la anciana un poco intrigada, ya que desde la noche anterior les había informado que en la tarde de ese día se trataría un tema de suma importancia –. ¿Por qué es importante que estemos reunidos?

–Abuela, lo que… –pero en ese momento llego la única empleada que tenían con un joven, el cual vestía totalmente de negro, pero de forma muy elegante.

–Disculpen el retraso, tuve algunos inconvenientes –dijo el chico enfocando con sus ojos rojos específicamente a una sola persona. A la chica que tenía un vestido color piel con flores bordadas, que le cubría totalmente el cuello y brazos. Ella levanto la mirada e inmediatamente el aire pareció escapar de sus pulmones y un ligero escalofrió recorrió toda su espalda, era aquel hombre que la había destruido y humillado. Sintió que no podía respirar, y en su garganta se formaba un nudo… un nudo que amenazaba deshacerse solo con llorar, pero ella no era así, ella era fuerte. Respiro profundo, y lo miro a los ojos, con una mirada tan vacía, que le mostraba que lo que él le había hecho no le importaba. Las mujeres mayores y la otra chica miraron a Bankotsu pidiendo una explicación.

–Él es Naraku Kagewaki, y quiere … pedir la mano de Kikyo –dijo a todas las mujeres, en especial a la aludida que había sentido como si de un fuerte tirón jalaran su cuerpo hacia el piso, por lo cual se agarró en uno de los sofás sin que nadie se diera cuenta, ya que todos observaban al extraño, y éste la observaba a ella, con una mirada que no sabía descifrar, pero que ella sabía que era una advertencia de que nada de lo que pasara de allí en adelante sería bueno, y que ella viviría en el fondo del infierno –. Sé que te debí avisar antes, pero considere que era mejor esperar a que él llegara

–No pienso casarme con este… caballero –dijo al recuperarse de la sorpresa. No sabía que pretendía ahora su primo, pero ni aunque eso le costara seguir atada a él, jamás aceptaría casarse con ese hombre que le causaba repugnancia… a alguien que odiaba incluso más que al propio Bankotsu –. Si no hay otro tema que tratar, les pido permiso –dijo haciendo una reverencia, y se marchó a su habitación, lo más rápido que su vestido le permitió.

–Lo siento, debió ser por la sorpresa… voy a hablar con ella. Después trataremos el tema –dijo él a manera de disculpa. Después que le explicara la situación ella tenía que aceptar. Pero no pudo dar un paso, porque una mano lo detuvo, se giró y vio que era el otro chico el que lo habia detenido.

-Hablare con ella. ¿Cuál es su habitación?

-No se preocupe… yo puedo….

-Insisto –dijo interrumpiéndolo. Su voz sonaba suave, pero su mirada… era como la de aquella noche, el día que lo había conocido. A pesar de que odiaba recibir órdenes, sabía que no le convenía negarle nada frente a su familia, podrían enterarse de cosas que nunca debían saber.

-La primera a la izquierda –dijo tratando de sonar de forma normal. Naraku, sin decir más camino hacia la dirección por donde se había ido la chica.

-¿Quién es ese joven y porque quiere estar a solas con Kikyo? –dijo la anciana, al salir del trance en que se encontraba.

-Ya lo dije... él quiere oficializar su relación con Kikyo –la anciana lo miro sin comprender –. Él y Kikyo tienen una relación hace meses, lo conocimos en uno de los bailes, y pidió mi permiso para pretenderla, eso es todo

-Pero… ella nunca…

-Abuela, tranquilízate… ella está de acuerdo, solo está nerviosa –la anciana no decía nada, solo lo miraba como si no lo comprendiera –. ¿A dónde vas? –dijo al ver que la más joven se había levantado.

-No creo que ella se quiera casar como dices, ella acabo de negarse –intento caminar, pero su primo la agarro por el brazo.

-Ellos necesitan hablar… solo esta confundida

-Ella no se quiere casar… no deberíamos dejarla a solas con un hombre, y mucho menos en su habitación –dijo de forma seria, mientras trataba de soltarse, pero su primo aunque no le hacía daño, la sostenía de forma fuerte.

-Kagome, no creo que debas meterte... eres solo una niña –dijo para después soltarla.

-Creo que quien no debería meterse deberías ser tú, es mi hermana, y todo lo que tenga que ver con ella…

-Kagome, deja de ser tan imprudente y respeta a tu primo –dijo a modo de reprimenda su madre interrumpiéndola. Ella solo bufo molesta, y se cruzó de brazos –. Pero ella tiene razón, ese joven debe hablar con nosotras primero, Kikyo, apenas tiene diecisiete años, y quien puede dar el permiso para que se lleve la ceremonia soy yo –dijo para después empezar a caminar en dirección a las habitaciones, seguida de su suegra y su hija.


Cerró la puerta tras de sí, y se colocó la mano en el pecho, mientras caminaba hasta la cama. No entendía que quería ese hombre, pero jamás aceptaría ser su esposa, incluso si eso significara su muerte.

-No sé cómo Bankotsu permite que te comportes así… -ella se giró e instintivamente dio unos pasos hacia atrás -. Yo jamás permitiría que una mujer me desautorizara y menos frente a extraños

-Ya dije todo lo que tenía que decir, así que retírese –dijo de forma seca. Sintió un poco de miedo al estar a solas con él, pero por nada del mundo lo demostraría. Él sonrió de lado, mientras caminaba hacia ella, por lo cual casi da un paso hacia atrás, pero se obligó a mantenerse estática en su lugar, nada y menos un hombre como ese lograría hacer que ella perdiera la compostura –. He dicho que se retire

-Sabes… tú te casaras conmigo… iras y, les dirás a todos que aceptas y solo estabas nerviosa –dijo de forma calmada, pero casi su paciencia se acababa. Como una prostituta barata se atrevía a rechazarlo a él, debería estar agradecida de que alguien que sabe quién es en realidad le pida matrimonio, cosa que lo hastiaba y, nunca imagino hacer, y menos con alguien como ella, pero era la primera forma de destruirlo.

-Dije que no… -ni siquiera supo en que momento él se acercó totalmente a ella, solo sintió un fuerte jalón, y su cuerpo fue aprisionado contra la pared, mientras su rostro permanecía pegado a ésta. Se revolvió un poco, pero le era totalmente imposible liberarse –. ¿Por qué? –a pesar de todo sentía curiosidad, ese hombre parecía ser de los que no daba un paso sin pensarlo, por lo cual debía haber un por qué, y sobre todo un por qué ella.

-¿Por qué?... ¿por qué quiero casarme contigo? –dijo con una pequeña sonrisa, y se pegó más al cuerpo de ella, bajo un poco su rostro hasta quedar su boca en su oreja –. No he podido dejar de pensar en ti. Creo que me he enamorado tontamente… por eso quiero que seas solo mía –dijo de la forma más seductora que encontró, logrando que ella empezara nuevamente a removerse, intentando alejarlo.

-Deja las estupideces… no te conozco, pero me atrevo a asegurar que no sabes que es ni siquiera eso. Una persona como tú jamás lo has sentido

Él empezó a reír de forma burlona -. Veo que eres muy perceptiva… muy inteligente, lástima que seas tan desagradable –dijo de forma fastidiosa, ¿por qué de tantas mujeres en esa maldita isla, el imbécil de Inuyasha tenía que ser amante de esa desagradable mujer? –. ¿Acaso Bankotsu no te lo ha contado?… están en la ruina, después de la tontería que intentaron hacer el trato se canceló, si quiero puedo sacarlos de esta propiedad… tantas mujeres en esta familia… –dijo con fingido pesar-, sabes que no les conviene perder lo único que les queda. Además, si aceptas no solo ganaran mi perdón

-Si mi sola presencia le desagrada, entonces ¿por qué lo hace?, ¿qué gana con esto? –dijo de forma suave, pero sería, no conocía a ese hombre, pero sabía que esa clase de personas no daban nada por caridad, además ¿por qué si tanto le desagradaba su presencia quería comprometerse con ella?

–Siempre me han gustado las mujeres con carácter, detesto a las sumisas… son tan aburridas –dijo con una pequeña sonrisa de lado, que aunque no lo demostró enojo mucho a la chica –. Pero tú te pasas, y eso me fastidia, tanto así que me repugna tu presencia, y pues… por ahora no responderé a tu pregunta, pero tranquila pronto lo haré –sin que ella pudiera impedirlo, empezó a levantarle el vestido –. Además, ¿qué hombre te tomara enserio con lo que haces?… eres una mujerzuela Kikyo. Vendes tu cuerpo por unas cuantas monedas… supongo que solo Bankotsu lo sabe, y para el resto es solo un secreto a voces, incluso me atrevo a asegurar que también te acuestas con él, me das tanto asco –ella apretó sus manos, no podía hacer nada, si su abuela se enteraba de lo que hacía por boca de ese hombre malinterpretaría todo, y aunque no lo hiciera igual la decepcionaría, pero ella no quería, prefería estar mil veces muerta a aceptar casarse con ese hombre despreciable. Nuevamente se removió de forma brusca, intentando evitar que el alzara su vestido, pero solo conseguía risas de burla. Él se pegó más a ella tratando de inmovilizarla, le parecía divertido intentar doblegarla. Nadie, absolutamente nadie se negaba a los deseos de él, y mucho menos una estúpida mujer. Ella giro un poco la cara, estaba un poco nerviosa, pero lo miraba con esos ojos tan vacíos, y eso le enojo. Esa maldita mujer nunca cambiaba de expresión, ¿acaso era una estúpida muñeca de porcelana?, a pesar de la posición en que estaban se resistía a doblegarse ante él.

Ella nunca se mostraría débil ante nadie, mucho menos un hombre la doblegaría.

Él acerco su rostro más al de ella, le dejaría claro quien mandaba, y quien obedecería de ahora en adelante. Pero antes de que pudiera decir algo se oyeron algunos gritos, por lo cual giro la cabeza hacia la entrada de la habitación, y mentalmente sonrió. La posición en que los encontraron no era muy decente, por lo cual solo era cuestión de tiempo para que la estúpida esa viniera hacia él.

-¿Q-Qué está sucediendo? –se atrevió a preguntar la anciana, mientras la otra mujer le tapaba los ojos a Kagome.

Él se apartó un poco de la chica, la cual permanecía de espaldas. No hacía falta que viera la cara de las mujeres, para saber que nada bueno pasaría a partir de ese momento.

-Lo siento… creo que nos dejamos llevar –dijo de forma "apenada", mientras arreglaba sus ropas –. No quiero que mal interpreten la situación, es solo que…

-Es mejor que se retire joven Kagewaki… le suplico que se retire, después le mandaremos a llamar –dijo interrumpiéndolo la anciana. Él bajo la mirada, como si la mirada de la anciana de verdad le afectara, e hizo una reverencia "apenado" y salió de la habitación, encontrándose a Bankotsu todavía en la pequeña estancia.

-¿Ves?. Te dije que ella terminaría aceptando, aunque tengo que reconocer que estar a solas ayudo... no creí que me tocaría realizar ese numerito tan patético, pero todo salió de acuerdo al plan. Solo tienes que seguir el plan, y ganaras mucho más de lo que crees –dijo antes de caminar hacia la salida.

Bankotsu, no pregunto que había hecho, porque ya lo suponía, y aunque no le agradaba, por ahora tenía que soportarlo, si no quería perderlo todo. Un trato era un trato, y más cuando era un trato con el demonio… era a un más peligroso.


Cuando Naraku salió, enviaron a Kagome a donde se encontraba su primo, y aunque ésta se negó, finalmente tuvo que obedecer a las dos mujeres mayores.

-¿Te has acostado con él?! – fue directa, tratando de que el enojo no le ganara. Pero la aludida no respondió, de nada serviría negarlo después de la situación tan comprometedora en que los encontraron. Al no obtener respuesta, su enojo incremento tanto, que la mujer la abofeteo –. Eres una cualquiera como… como esa mujer. ¡Siempre has sido igual a ella! –la chica la observaba con los ojos llorosos, y una mano en su mejilla, pero después la miro con ira. ¿Cómo se atrevía a compararla con aquella mujer?, que ni siquiera sentimientos tenia.

-Yo no soy como ella… no vuelvas a decirlo, y no vuelvas a tocarme, ¡no tienes ningún derecho! –la mujer se enojó más, y levanto nuevamente la mano, pero la anciana se interpuso.

-¡Déjala!, no ganas nada con golpearla –miro a la anciana, la cual la miraba de forma decepcionada. La única persona que la quería, por lo que era estaba decepcionada de ella.

-¿Acaso no te das cuenta de que ha mancillado nuestro apellido? –dijo de forma indignada la mujer.

-Ya lo sé… pero tienes que tranquilízate –dijo para después respirar profundo –. Ella se casara, nuestro apellido no va a hacer la comidilla de todos por ella

-Abuela, no pienso…

-¡Cállate! –grito la anciana, pero después sus ojos se aguaron –. Si no querías casarte debiste pensarlo antes de… antes de hacer eso. Piensa en los demás… ¿qué crees que pasara con nuestro apellido?, es lo único que nos queda. Piensa en tu hermana, nadie querrá comprometerse con la hermana de una… desvergonzada, mucho menos contigo –quería llorar, pero no debía, ella no era débil… ella no quería volver a ser débil. La anciana se agarró a la mujer que permanecía a su lado, mientras cerraba un poco sus ojos, por lo cual ella intento acercarse, pero la anciana no se lo permitió -. Si te queda un poco de la decencia que te había inculcado, te casaras con él, y será antes de que se note si ese acto tan desvergonzado dejo repercusiones… y si no lo haces por voluntad propia, lo harás por la nuestra –dijo la anciana, para después salir de la habitación ayudada por su yerna.

Inmediatamente las puertas se cerraron, se llenó de ira, y empezó a tirar todo lo que tenía a su paso, tratando de desahogarse, pero nada funcionaba.

-Lo odio… lo odio… odio a ese… desgraciado –dijo mientras su cuerpo se deslizaba lentamente hasta el piso –. ¿Por qué?... si ya me destruyo –no pudo evitarlo más, y algunas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. ¿Por qué la vida quería mantenerla en ese infierno y unirla a un demonio? -. "Porque la vida no es color de rosas. ¿Cuándo lo vas a comprender?"


Tres días pasaron desde que estaba oficialmente comprometida con aquel hombre, por lo cual no había salido ni un solo día de su habitación. Odiaba su vida… ahora su abuela y "madre" la estaban obligando a hacer algo que no quería, y que aunque quisiera no podía negarse. Solo tenía diecisiete años, ni siquiera huir de esa isla podía, o por lo menos sin ningún permiso, que obviamente su familia no le iba a dar. Lo único que podía ayudarla en esos momentos, era unos papeles que afirmaran que ella tenía veintiún años y su preciada libertad.

Respiro profundo, y abrió los ojos. Miro hacia el pequeño lago que se encontraba frente a ella, ahora si parecía que estaba en el infierno. Todo lo que había pasado en esos tres días le afirmaban esa teoría.

Unos brazos alrededor de su cuerpo, la sacaron de sus cavilaciones, provocando que se tensara.

-Me hizo mucha falta verte estos días –dijo de forma suave. Ella no dijo nada, solo se alejó un poco, y se giró para mirarlo, observándolo por unos segundos, para después, sin que él se lo esperara, abrazarlo –. ¿Qué sucede? –dijo un poco extrañado por la reacción de la chica.

Ella solo se hundió más en el pecho de él. Quería llorar, y pedirle que la sacara de ese lugar, que se fueran juntos, y tratar de ser felices, pero sabía que eso era imposible, sin un permiso, solo lo metería en problemas. Sonrió un poco, por lo menos sabía que existían hombres buenos... hombres que daban sin pedir nada a cambio, como él, como Inuyasha. Se apartó un poco y lo miro a los ojos. Él iba a hablar, pero ella cubrió la boca de él con su mano derecha.

-Prométeme que sin importar lo que escuches nunca lo vas a creer… prométeme que nunca me vas a odiar –dijo de forma suave. Sabía que no podía evitar lo que estaba a punto de suceder con su vida, pero quería que él siguiera viéndola como ahora la veía, que el recuerdo que mantuviera de ella fuese ese, no el de la mujer en la que se había convertido por obligación. Tal vez algún día, cuando ella fuera libre, sabría que era el amor y ojala si no era con él, fuera con un hombre que la mirara como él. Él asintió, y retiro lentamente la mano de su boca –. Promételo –él no entendía por qué, pero igual no le importo. Él siempre estaría a su lado, y la cuidaría, eso era lo que sentía que debía hacer. Si también podía amarla, y eso era lo que él quería, también lo haría.

-Sin importar que suceda siempre te creeré, y estaré a tu lado… siempre estaremos juntos –dijo antes de darle un pequeño beso en la frente, y volver a abrazarla.

Sin ella poder evitarlo una pequeña lágrima escapo de uno de sus ojos, mientras en sus labios se formaba una sonrisa amarga -. "Espero que cumplas esta promesa… nuestra promesa Inuyasha"


-Es un hermoso vestido, y muy fino. Cuando me case quiero uno que también sea así de hermoso, sin importar que sea sencillo –dijo con una pequeña sonrisa, mientras acariciaba la suave tela del vestido color blanco que permanecía en la cama, y que había sido entregado ese día. La otra chica solo se miraba en el espejo, tratando de no pensar en nada que tuviera que ver con esa estúpida boda, pero su tonta hermana parecía que ese día quería recordarle y restregarle que en poco tiempo se casaría –. Deberías verlo –levanto el rostro, pero la otra chica seguía sin prestarle atención –. Hermana, ¿estas segura que… quieres casarte?, porque no pareces interesada –a pesar de que a veces era un poco despistada, no era tonta, y sabía que algo pasaba con su hermana. Las mujeres mayores, no le dirigían la palabra a su hermano, y estaba segura de que eso tenía que ver con la boda y aquella escena… vergonzosa. Sin querer se ruborizo al recordar cómo había visto a su hermana y a su futuro esposo.

-Sabes que soy así –dijo de forma seca, mientras se levantaba. La otra chica sonrió. Su su hermana era tan… Kikyo. Tal vez solo exageraba.

-¿Sabes que quedaría bien con este vestido? –dijo llamando la atención de Kikyo –. Tus flores favoritas… deberías de llevar un ramo de esas flores, y yo las conseguiré –dijo para después salir de la habitación, sin esperar la confirmación de su hermana. Salió de la casa sin ninguna dificultad, ya que su abuela y madre no se encontraban en la casa. Se dirigió al claro en el bosque donde crecían aquellas flores, para asegurarse de conseguir unas que no estuvieran tan cerca del lago, y el día de la boda ir a buscarlas, sin peligro de caer al agua. Cuando llego al lugar empezó a caminar con paso lento, mientras observaba al suelo.

-¿Se te perdió algo niña fea? –dijo con marcada burla, mientras se levantaba de una de las raíces que sobresalían del gran árbol. Ella se giró, y lo miro de forma enojada –. No entiendo… -dijo mientras se acercaba, y ella lo miro sin entender –. ¿Por qué recoges tu cabello?… "a mí me gusta más que lo lleves suelto" –se había callado antes de decir eso, no quería que la chica lo malinterpretara, pero después negó mentalmente, se suponía que eran… ¿amigos?, bueno la "feita" le caía bien, y era la hermana de Kikyo, y se suponía que los amigos se hacían cumplidos o ¿no?–. ¿Que buscas? –dijo para cambiar de tema.

-Flores… las flores favoritas de mi hermana –dijo con una pequeña sonrisa mientras observaba a esos dos grandes y hermosos soles que tenía Inuyasha como ojos –. Es que quiero que las lleve el día de su boda –él se extrañó un poco, y estuvo tentado a preguntar, pero de inmediato desecho la idea, tal vez tenían otra hermana. Era imposible que ella lo engañara de esa forma… Kikyo no era así.

-¿Cuáles son?

-Pues… son las que crecen cerca a la orilla del lago. De hecho, era lo que intentaba agarrar el día que nos conocimos –dijo un poco avergonzada, recordando todo lo que había pasado ese día.

Él sonrió al recordarlo también, para después mirar en dirección al lago, y después mirarla nuevamente -. Las he visto a unos metros, se encuentran por el camino que sigo para llegar a la casa de mi amigo, si quieres podemos ir a buscarlas –ella solo asintió y lo siguió.

Caminaron aproximadamente cien metros, y encontraron una extensión, de casi tres metros, de aquellas flores moradas, por lo cual ella se sorprendió, nunca había visto tantas flores de esa especie tan rara, seguramente su hermana se pondría muy feliz de verlas… era simplemente hermoso –. No me digas que no las habías visto, ¿en que ibas tan concentrada que no te diste cuenta? –ella se ruborizo. Ese día estaba tan nerviosa por ir en la espalda de un hombre semi desnudo, que nada de lo que paso a su alrededor lo noto. Se giró un poco para que él no se percatara, y empezó a tocar los pétalos de algunas flores –. Y ¿cuál es tu flor favorita?

-En realidad no tengo ninguna preferencia, pero me gustan las orquídeas, aunque lastimosamente no son nativas de esta zona. De hecho, solo las he visto una sola vez, y desde lejos cuando era niña –dijo con una gran sonrisa, por lo cual él se quedó observándola. Tenía una sonrisa muy bonita, una que nunca había visto, ni siquiera en la mujer, que para él, tenía la sonrisa más hermosa en la tierra... su madre, y no lo decía porque fuera su hijo, simplemente así era, o bueno, hasta ahora. La chica frente a él se veía tan inocente, pero sobre todo hermosa, iba a decirle algo, pero sintieron unos pasos y se giraron.

-Ahora entiendo porque te desapareces tanto, y porque sus vestimentas estaban así… supongo que juegan demasiado –dijo con una pequeña sonrisa que la chica no supo interpretar, pero Inuyasha si, sobretodo sus palabras, por lo cual hizo un bufido de molestia, mientras lo miraba de forma asesina.

-Kagome, él es mi amigo Miroku –dijo con fastidio, para después agarrar a la chica de la mano, y empezar a caminar en sentido contrario.

-Esperen… ¿por qué no toma las onces con nosotros? –Inuyasha iba a responder, pero él no lo dejo –. A la señorita Kagome le agradara al igual que a ti –y sin que ninguno de los dos pudiera hacer nada, fueron prácticamente arrastrados hacia la pequeña cabaña –. Ella es mi esposa, Sango –dijo mientras señalaba a la chica que le sonreía. Era una castaña muy bonita, un poco mayor que ella, su cabello estaba recogido en una coleta baja, y su vestido era azul claro con algunos bordados… sencillo, pero muy hermoso –. Y ese es nuestro hijo Ryo –dijo señalando al niño de aproximadamente tres años que jugaba en el piso, y el cual era totalmente parecido a Miroku.

-A sí que es ella… es muy bonita –dijo con una pequeña sonrisa mientras se acercaba a la chica.

-El vestido… lo traeré la próxima vez, lo siento –dijo un poco apenada. La otra chica solo sonrió, y después la abrazo. Ella primero no sabía qué hacer, ya que esa clase de muestras de afecto no se veían muy a menudo en las personas que la rodeaban, y mucho menos hacia un extraño, pero después sonrió y correspondió al abrazo.

-Puedes que darte con el

Comieron, y después le empezaron a preguntar algunas cosas de su vida. Inuyasha, solo los miraba con fastidio por entrometidos.

-Inuyasha, ¿qui… quieres venir conmigo?… bueno no conmigo, como un invitado, al matrimonio de mi hermana... ustedes también están invitados, por supuesto –dijo de forma nerviosa con un pequeño rubor, mientras miraba al piso. La pareja asintió encantada.

-Sería un placer –dijo con una sonrisa, esa era la oportunidad que estaba esperando para "conocer" a Kikyo, y poder en un tiempo formalizar su relación con ella.

-Es el próximo fin de semana, el sábado –dijo mientras se ruborizaba totalmente. La pareja solo la veía con una pequeña sonrisa, mientras el otro chico ni siquiera se percataba, por pensar que al fin podría ver cuando quisiera a Kikyo.

-"Ese día será especial"-pensaron al mismo tiempo sin saber que ese día cambiaría sus vidas para siempre.


Agarro fuertemente las caderas de la mujer que tenía arriba, obligándola, a que el suave movimiento de serpiente que hacia aquel cuerpo, aumentara un poco la velocidad. Sentía como lentamente se acercaba al éxtasis, mientras ella bajaba lentamente las manos por el pecho de él. Lo único que rompía el silencio en la habitación, eran los gemidos de ella. Cuando uno de esos gemidos se escuchó más fuerte, se la quito de arriba bruscamente. Nunca le gustaba terminar en ellas. Ella se levantó un poco, y empezó a besarle el cuello, para después pasar a su mejilla e intentar besarle la boca, pero él se levantó de la cama.

-Ya puedes irte –dijo de forma aburrida, mientras se colocaba su ropa interior, y después el pantalón, para después sentarse en un pequeño sofá que estaba en la habitación, y agarro un vaso que estaba en una pequeña mesa y bebió. Ante la mirada de él, la chica también se levantó de la cama, y camino sin ningún pudor hasta agarrar un vestido sencillo blanco, que dejaba ver totalmente sus brazos y parte de sus senos. Ante los ojos de cualquier hombre era una mujer deseable, una mujer que cualquier hombre quisiera tener. Tenía un cuerpo voluptuoso y su cabello azabache corto, junto con su rostro le daban un toque de sensualidad. Pero para él era solamente una mujer más… una con la cual se divertía si sentía ganas de hacerlo.

-Si me sigues tratando así voy a aburrirme, cariño –dijo con una sonrisa coqueta, para después guiñarle un ojo y salir. Sabía quién y para que la quería ese hombre, pero eso a ella no le importaba, después de todo era muy apuesto y hacia él trabajo mejor que muchos con los que había estado.

Solamente había caminado unos metros fuera de la habitación de juegos, cuando fue jalada bruscamente por el brazo. Se giró completamente enojada hacia la persona que se había atrevido a tratarla así, pero inmediatamente sus facciones se relajaron, al parecer la diversión aun no terminaba -. Ah… eres tú –dijo de forma aburrida, mientras observaba de forma divertida a la otra mujer que también estaba vestida igual que ella. Era una chica de cabello azabache, que le llegaba un poco más abajo del final de la espalda y de ojos azules, que llevaba, donde iniciaba su cabello, un adorno en forma de ostra.

-¿Qué hacías en esa habitación? –dijo de forma enojada, mientras apretaba más el agarre.

-No hagas preguntas de las cuales no te va a gustar la respuesta –dijo con una pequeña sonrisa maliciosa, por lo cual la otra chica apretó más el agarre –. No me digas que vas a hacer otra escena de celos. Eso no te queda bien… te vez tan patética –dijo con una sonrisa burlona, por lo cual la otra chica la abofeteo.

-Yura, te lo advertiré una última vez, no te acerques a él… él es mío –dijo de forma enojada, para después soltarla. La otra chica solo la miraba, y después de tocar suavemente el lugar donde había recibido el golpe, sonrió maliciosamente, y después también la abofeteo.

-Ya te lo dije… deja de ser tan patética. Sabes que él solo utiliza a las mujeres, deberías conformarte con lo que te da, porque tu no volverás a estar en la cama de Naraku nunca más –la aludida intento agarrarla por el cuello, por lo cual terminaron forcejeando –. Él no es de nadie, y menos ahora que se va a casar

La otra chica se detuvo y la miro totalmente sorprendida, negándose a creer en aquellas palabras. Él jamás haría eso… él nunca estaría de esa forma tan formal con una mujer, y ella jamás lo permitiría.

-Eso… ¡eso no es cierto, mientes! –dijo mientras sus ojos se aguaban por la rabia.

-Si no me crees deberías preguntárselo a él –dijo con marcada burla, antes de irse. Detestaba a esa mujer, ¿cuándo entendería que un hombre como ese nunca se enamoraría, o tomaría enserio a una mujer?. Ese hombre no tenía ninguna clase de sentimientos, o por lo menos no de los buenos. Ese hombre era un demonio, aunque físicamente no lo pareciera. A una mujer podía hacerla tocar el cielo, pero de un solo golpe podía arrastrarla al fondo del infierno.

-"Él es solo mío… siempre ha sido así y así será" - apretó fuertemente sus manos, haciendo que sus propias uñas le hicieran daño. Ninguna mujer ocuparía su lugar, solo ella podía ostentar el título de ser la mujer de él, y cualquier mujer que intentara cruzarse en su camino la mataría con sus propias manos, si era necesario.

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Gabrielle Kravinoff

07/08/17