Capitulo IV: La novia del demonio

Abrió lentamente la ventana, sintiendo inmediatamente como la brisa golpeaba suavemente su rostro, mientras hacía que sus largos cabellos azabaches se movieran suavemente al compás de ésta. Sin ser consciente de ello, bajo su mano hasta su abdomen, el cual era fácilmente palpable por el delgado camisón que llevaba, y sus ojos se cristalizaron sin saber exactamente por qué, mientras miraban hacia aquel lugar… a las caballerizas. Había pasado tanto tiempo, y a pesar de que no estaba segura exactamente cuánto, sabía que eran muchos años, pero aun así escuchaba aquel ruido, aun podía escucharlo, y a pesar de nunca había sido fuerte, ella siempre lo escuchaba… siempre escuchaba aquel suave llanto, que parecía llamarla, el cual, según decía su esposo, era solo parte de su imaginación.

-Me hace feliz que estés bien –dijo con una pequeña sonrisa, mientras la rodeaba con sus brazos. Le gustaba que ella estuviera así, y le dolía tanto ver aquella mirada perdida, que le recordaba que él, aunque había prometido protegerla, no había podido hacerlo –. Pero aun así, deberías estar en la cama

-No pasara nada, querido –dijo con una pequeña sonrisa, mientras se giraba. Él noto aquellas lagrimas que amenazaban con salir, y nuevamente temió perderla, por lo cual intento decir algo que la mantuviera allí, pero ella no lo dejo –. ¿Cuánto ha pasado?

-Casi seis meses –dijo de forma suave y la abrazo con fuerza, pero sin lastimarla, como temiendo que si la soltaba ella nuevamente se iría –. No quiero que te vayas… no vuelvas a dejarme, Izayoi –era casi un susurro suplicante, al cual ella no sabía que responder. Aunque le hubiese gustado decir que siempre estaría allí con él, eso era algo que no podía controlar mientras siguiera recordado esos ojos que a veces se le aparecían en sueños… esos ojos que a pesar del tiempo seguían persiguiéndola hasta arrastrarla nuevamente a la locura, o más específicamente aquel infierno del cual siempre quería escapar. Sin poder responder absolutamente nada, simplemente correspondió a aquel abrazo, mientras con una de sus manos acariciaba suavemente el cabello peliplata de su esposo.

-¿Donde esta Inuyasha?, quiero verlo –dijo sin romper el abrazo, mientras seguía acariciando el cabello de su esposo.

-El viajo hace casi un mes a la isla Sengoku… está arreglando todo. Él cree que vivir en la hacienda de tu padre te hará bien –dijo mientras se separaba suavemente y le daba un suave beso en la frente.

-Pero…

–Allá estarás mejor. Nunca debimos volver –dijo con cierto tono de enojo en la voz, pero su mirada era suave. Él odiaba ese lugar. Desde que había sucedido aquella desgracia le desagradaba estar allí. Si no lo había vendido y seguían regresando a ese lugar, era por ella. A pesar de todo, siempre cumpliría cualquier cosa que ella le pidiera, pero aunque ella volviera a suplicarle, jamás la volvería a llevar allí. Ella miro hacia un lado e intento apartarse –. Todo lo que he hecho y hago es por tu bien –ella no dijo nada, solo miro hacia la ventana. No hacía falta que se lo dijera, ella lo sabía, pero había algo que no la dejaba alejarse de ese lugar. Era como si conservara la esperanza de que alguien volviera, y ella quería asegurarse de que esa persona la encontrara allí cuando eso sucediera. Después de permanecer su mirada perdida por unos segundos en aquel lugar, nuevamente lo miro.

-Quiero ver a Kaede

-Ya hemos hablado de eso… -dijo mientras le daba la espalda –. Siempre que… vuelves me pides lo mismo, creo que ya sabes la respuesta

-Puedes… puedes buscarla, por favor –dijo mientras se le cristalizaban los ojos. No sabía por qué, pero siempre que recuperaba la conciencia quería verla, sentía que debía verla… sentía que ella tenía algo que le pertenecía, y tenía que ver con el hecho de que ella quisiera seguir allí. Pero por más que tratara de recordarlo, no podía.

Él la guió a la cama sin ni siquiera mirarla, y antes de salir de la habitación dijo lo que siempre le había dicho en todos esos años -. Debes descansar


Miro nuevamente el papel en su mano, y después al chico de coleta que le sonreía. Al principio le pareció un poco extraño que le enviaran una invitación, si Kagome, ya lo había invitado, pero después pensó que solo era por formalidad.

-Espero que asista –dijo con una pequeña sonrisa el otro chico.

-Eh… si, gracias… -se quedó observando al chico que parecía ser un poco menor que él, recordando que no le había dicho su nombre.

-Byakuya, es un placer –dijo para después hacer una reverencia e irse.

Inuyasha se quedó observándolo un rato, pero después cerró la puerta. Todavía le parecía extraño que Kagome no la hubiese llevado ella misma. Decidido a no darle importancia a ese hecho, camino hasta una pequeña mesa dispuesto a dejar la invitación allí, igual ya sabía el día y la hora, pero cuando iba a alejarse de la mesa, le dio curiosidad saber el nombre de la hermana de Kagome, y después de agarrar el sobre lo abrió. Sus ojos se abrieron totalmente, al leer lo que en el sobre estaba escrito, y que sabía era imposible. Volvió a mirar el papel con suma atención, tal vez se había equivocado, pero no… decía lo mismo.

-¿Qué sucede? –dijo después de observar como estaba su amigo, pero el otro no pareció reaccionar –. Inuyasha –llamo, pero obtuvo el mismo resultado. Inuyasha, parecía estar sumido en sus pensamientos mientras miraba un papel y lo arrugaba un poco con las manos, al darse cuenta de eso jalo un poco el papel y lo empezó a leer –. Es la invitación a la boda de la hermana de Kagome, ¿cierto? –dijo mientras observaba todavía el papel, tratando de ver que había sorprendido tanto a su amigo -. ¿Qué tiene de extraño? –pregunto, al no comprender por qué Inuyasha, estaba así.

-¡Acaso no lo ves! –dijo mientras agarraba el papel y lo colocaba frente a los ojos de su amigo, señalando los nombres de los novios. Miroku los miro detenidamente.

-Kagewaki e Higurashi –dijo en voz alta. Solo estaban los apellidos, pero igual no era extraño. Entrecerró los ojos, y después de unos segundos, inconscientemente, hecho la cabeza un poco hacia atrás, mientras sus ojos se abrían totalmente –. Es…

-El apellido de mi madre –dijo mientras volvía a ver el papel, como tratando de convencerse de lo que estaba escrito allí –. No lo entiendo… hasta donde tenía entendido mi madre no tenía parientes de rama paterna –y era así, su madre había sido hija única de un hacendado que había muerto antes de que el naciera. Coloco el papel en la mesa, tal vez tendría que hablar con el cuñado de Kagome, el día de la boda, exactamente en cuatro días.


Se miró nuevamente al espejo, sintiendo ganas de llorar, y romper el vestido que llevaba puesto. Una semana había pasado, y ese fin de semana se casaría con aquel demonio. En toda esa semana se había encontrado con Inuyasha, y en toda esa semana había sido incapaz de decirle la verdad. No es que fuese una cobarde, era solo que no quería que él la odiase, y pensara mal de ella, porque si le contaba sobre su boda, tendría que decirle lo que ella hacía con su primo. Suspiro, aunque no quisiera aceptarlo eso era ser cobarde. Tenía miedo a lo que pensara de ella, Inuyasha. Pero ya no importaba, tal vez era mejor así, no volver a verlo, y que ambos conservaran aquella imagen que tenían en sus recuerdos.

-Estas muy hermosa –dijo con una pequeña sonrisa, mientras se acercaba a su hermana. Ésta llevaba un vestido amarillo manga corta que dejaba ver un poco sus hombros y pecho, aunque no mucho, solo lo necesario, y unos guantes del mismo color, su cabello iba totalmente recogido –. Eres la novia más hermosa que he visto en mi vida… no miento –dijo al ver el casi imperceptible fruncimiento de ceño de su hermana, y una mirada que le decía "deja de exagerar, mentirosa". Pero era cierto. El vestido era de color blanco reluciente, de escote bandeja, y las mangas se ensanchaban debajo de sus codos, éstos tenían bordados dorados, al igual que la base del vestido. El velo, era adornado por pequeñas flores moradas, manteniéndolo sujeto a su cabello, y una fina tela transparente que cubría su rostro. Pero a pesar de verse hermosa, en sus ojos se apreciaba, casi imperceptiblemente, tristeza –. Si sonrieras, lo serias aún más –la otra chica solo la ignoro.

Sonreír, en ese momento era lo que menos deseaba hacer –. Y, ¿las flores?... dentro de poco nos iremos –tal vez acelerar las cosas, y dejar de pensar en ello, las haría más fáciles.

-Un amigo me prometió que las traería. Espero no te molestes por haberlo invitado –dijo un poco a penada y levemente ruborizada –. Es que quiero que lo conozcas –la otra chica ni siquiera la escucho, seguía mirándose al espejo como tratando de convencerse que eso era un sueño, o mejor dicho una horrible pesadilla.

Unos suaves toquidos se sintieron en la puerta, y después la empleada entro -. Señorita Kagome, unos jóvenes la solicitan –la aludida se ruborizo más, y se levantó.

-Vamos quiero que los conozcas –dijo para después agarrar a su hermana por la muñeca, y salir con ella hasta la pequeña sala. Al observarlos se detuvo, los tres estaban vestidos de forma elegante. Ellos llevaban trajes negros, y Sango, un vestido aguamarina que dejaba ver un poquito más que el de ella y su cabello estaba totalmente recogido –. Quiero presentarles a mi hermana gemela –dijo con una pequeña sonrisa llamando la atención de los tres. Inuyasha, inmediatamente estiro el ramo de flores moradas que llevaba, sin verle el rostro a la otra chica. Kikyo, ni siquiera los miraba, pero cuando levanto la vista, y se encontró con aquellos ojos dorados palideció, mientras el abrió totalmente los ojos, y sin poder evitarlo el ramo de flores resbalo entre sus dedos hasta caer al piso.

Contuvo la respiración por unos segundos. Eso tenía que ser una equivocación. Ella jamás le haría eso, Kikyo era incapaz de engañarlo de esa forma. Trato de decir algo, pero ninguna palabra salía de su boca.

Ninguna de las otras chicas se daba cuenta de lo estaba sucediendo verdaderamente, solamente el otro chico que sabía claramente quien era la novia. Miroku, se había percatado de todo. Sin decir nada, se agacho y recogió el ramo.

-Mucho gusto. Es una novia muy hermosa –dijo con una pequeña sonrisa, mientras le entregaba el ramo, pero ella parecía no darse cuenta de nada de lo que estaba pasando, solo lo miraba a él… a esos ojos que mostraban una gran decepción y tristeza, como quería hablarle, y aunque no significara nada, decir por lo menos, un lo siento. Sintió algo en su brazo, por lo cual bajo la mirada, agarrando el ramo que se le ofrecía.

-Gracias –dijo tratando de sonar normal, pero sentía un gran nudo en la garganta que amenazaba con deshacerse con su llanto. Como odiaba esa sensación.

-Ella es mi esposa Sango, él es mi amigo Inuyasha y yo soy Miroku –dijo nuevamente tratando de romper con ese ambiente pesado que se estaba formando.

Inuyasha solo la miraba, mientras sus manos se apretaban… ¿por qué ella?, ¿por qué justamente ella jugaba con él?.

Kagome se dio cuenta de que él no dejaba de mirar a su hermana -. ¿Ustedes se conocen? –Kikyo palideció más de lo que estaba, y Miroku con tuvo la respiración, conocía a Inuyasha, y sabía que cuando estaba enojada era muy impulsivo, intento hablar para evitar que sucediera una desgracia, pero el otro chico se le adelanto.

-No, es solo que… se parece mucho a ti –sin poder resistir más la situación, la chica se excusó, y se fue hacia su habitación, mientras él la seguía con la mirada –. Lo siento, creo que se me olvido algo en el carruaje –estaba muy enojado y decepcionado, pero estaba seguro de que todo tenía una explicación. Ella le debía una explicación. Él estaba seguro de que ella no era así, ella era diferente. No sabía si se estaba ilusionando en vano, pero tal vez su familia la quería casar por interés, lo cual era muy común en algunas familias. No sabía cómo, pero tenía que hablar con ella, lo haría antes de la boda. Antes de poder cruzar la puerta una mano lo detuvo.

-¿Qué vas a ser?, espero que no vayas a ser lo que pienso… no te das cuenta que sería una locura –dijo de forma baja, para que solamente lo escuchara él.

-Si lo sabes, entonces no preguntes –sin decir más se soltó, y salió antes de que su amigo pudiera decirle algo más. Sabía que había otra entrada, de eso se había dado cuenta el día que había llevado a Kagome. Rodeo lo más rápido que pudo la casa, y entro, caminando por el pequeño pasillo. Solo había cuatro habitaciones, dos a cada lado del pasillo. Reviso la primera de la derecha, y estaba vacía. Escucho unas voces en la habitación de al lado, por lo cual la descarto. Ninguna era la de Kikyo. Se dirigió a la primera puerta de la izquierda, y la abrió un poco. Allí estaba ella viéndose en el espejo. Sin tocar entro y cerró la puerta.

Ella lo vio a través del espejo y se giró, perdiendo nuevamente el poco color que había ganado.

-Inuyasha… yo… lo siento –dijo de forma suave. ¿Qué más podía decirle?.

Él la miraba de forma dolida. Sentía mucha rabia, pero tenía que primero escucharla. Para calmarse se repetía una y otra vez que ella no era así.

-¿Lo sientes?... eso es todo… lo sientes –trataba de no hablar fuerte, pero era casi imposible, por lo cual hacia un esfuerzo sobre humano para no dejarse llevar por sus impulsos.

-Creo que es lo único que tengo por decir… puedes retirarte

-Creí… creí que eras otra clase de mujer. ¿Esto era lo que no querías que creyera?… ¡acaso pretendías tenerme como tu amante! –dijo de forma alterada. No quería pensar esas cosas, pero ella no se lo estaba poniendo fácil. La miraba de forma suplicante, pidiendo de forma silenciosa una razón, por más estúpida que fuera, solo quería una simple razón para no odiarla.

-Las cosas no son así… y ahora no tengo porque explicártelas. Es mejor que marches –a pesar de que le dolió que Inuyasha pensara eso de ella, no lo demostró. Solo mostraba a aquella, tan acostumbrada, mascara de frialdad.

Él se enfureció un poco, y sin darse cuenta, la agarro por un brazo -. ¿Que no son así?… que quieres que piense…dime, porque realmente no tengo muchas opciones –ella no respondía. Solo lo miraba con esos ojos tan vacíos, que le demostraban que a ella no le importaba en lo más mínimo esa situación, pero él… no podía aceptarlo –. ¡Dime algo maldita sea!... quiero creer en ti… quiero creer que no eres una… - se calló, y respiro profundo. No, no podía… él de verdad estaba empezando a quererla. En ese momento se preguntó si todo lo que vivieron esos días, para ella no había significado absolutamente nada -. Por favor, dime algo

-Tú no lo entenderías… ¿por qué tenías que venir? –a pesar de que la expresión de su rostro era seria, al igual que su mirada, su voz se había quebrado un poco al decir lo último.

-Ayúdame a entenderte… no quiero odiarte… sé que no serias capaz… tú no. por favor… –se quedaron mirándose por unos segundos que parecieron eternos. Ella a veces parecía querer hablar, pero no sabía si decirle la verdad, o decirle una mentira. Si decía la verdad, tendría que contarle todo, y no quería, porque aunque no lo hacía por gusto, tenía miedo de que él mal interpretara todo -. Solo… solo respóndeme una cosa… ¿tú lo amas? –la miraba fijamente a los ojos, mientras deseaba que la respuesta fuera negativa.

-Eso no importa –dijo de forma seria, apartando sus ojos de él.

-¡Claro que importa! –ya no se había podido aguantar. Quería creer que ella en ese tiempo se había mostrado ante él cómo era. Quería creer que ella de verdad había llegado a sentir por lo menos cariño por él. Pero ella… le salía con eso. Ella se mantenía en su posición, había sentido un poco de miedo. Nunca se hubiese imaginado esa mirada de enojo en él. Él respiro profundo, y la miro –. Si importa, porque yo… te quiero, y creí que tú… quiero creer que eres aquella chica que me gusto, y que he llegado a querer. Quiero creer que esa eres tú, y no ésta que se va a casar –dijo de forma suave, mientras buscaba la mirada de ella.

-Entonces vete, y conserva ese recuerdo… así debió ser

Él se acercó a ella. Sabía que ella nunca demostraba sus sentimientos, pero estaba casi seguro que ella también sentía lo mismo que él. Acaricio suavemente su mejilla, y sin darle tiempo a que se apartara la beso, o mejor dicho, roso suavemente sus labios con los de ella.

-Sé que no lo quieres, y estoy seguro que este es otro más de los tantos matrimonios arreglados –dijo mientras pegaba sus frentes –. Vente conmigo… si quieres nos casamos hoy mismo –esa propuesta solo salió. No sabía por qué, pero algo le decía que debía protegerla, y si casarse con ella era la única forma lo haría.

-Tú no lo entiendes… yo…-él coloco un dedo en su boca, haciéndola callar.

-Sé que no será fácil, pero si no nos arriesgamos ahora, todo acabara, y no quiero. Sé que tú tampoco. Solo te lo propondré una vez… vámonos juntos –él la miraba fijamente. Sinceramente no sabía que decir. Quería salir de ese infierno, pero no quería meterlo en problemas a él, y mucho menos a su familia, o mejor dicho a su abuela y hermana –. Prometo que siempre te cuidare

-Si… -todo sería tan fácil. Se iría con él, y por fin sería feliz lejos de Bankotsu. Se casaría, y al fin sería feliz… al fin conocería el amor… con él, al hacer por primera vez en su vida lo que quería. Pero eso tan solo era una ilusión –. Si… sientes lo que dices por mí, vete… por favor –mentiría si dijera que no le había dolido decir eso. Su única oportunidad de escapar y ser feliz se había esfumado… se esfumaba lentamente en sus ojos.

Él no sabía que decir, pero tenía claro que sin importar lo que ella dijera tenía que sacarla de allí, sin importar si debía utilizar la fuerza.

-Kikyo… yo te quiero, y sé que tú también sientes algo por mí –él la miraba con una intensidad que casi la hacía temblar… por primera vez en su vida no sabía que responder, o mejor dicho si sabía, pero no debía responderlo. Él acerco su rostro al de ella, sintiendo su suave respiración –. Solo dime lo que sientes

-Yo creo que… -se quedó totalmente sin aliento cuando el roso nuevamente sus labios contra los de ella. Quería besarlo. Quería aceptar su propuesta. Quería tantas cosas, pero sobre todo quería por primera vez en su vida ser libre y poder elegir lo que quería hacer. Agarro suavemente el rostro de él con sus manos. Si él estaba allí era por algo, después de todo las cosas pasan por algo o ¿no?. Cerró los ojos esperando el contacto. Esperando el primer indicio de su libertad.

-Kikyo, ya estoy listo. Nos…- sus palabras murieron ante la escena. Miraba lo que estaba sucediendo sin poder creerlo. Ella estaba… besando a un hombre que no era él. Su expresión cambio a una de enojo, y sin pensarlo, de su chaqueta saco un arma. Lo mataría. Mataría a quien se atreviera a tocarla, sin importarle donde estaban, lo mataría. Ella se separó, y aunque no quiso demostrar el miedo que sintió en ese momento, su piel palideció más de lo que era, pero conservando su habitual inexpresión en el rostro –. Ven –su voz sonaba totalmente seria, como tratando de contener el enojo.

-Bankotsu, no…

-Ven aquí, Kikyo… no quiero manchar tu vestido –movió el gatillo, y ella en acto reflejo se colocó frente a Inuyasha. Sabía que su primo no bromeaba, y menos cuando alguien quisiera quitarle, o le quitara algo que ya hubiese decidido que era suyo. Lo buscaría y lo mataría.

-Ella se va conmigo –dijo mientras lo miraba de forma desafiante, y trataba de colocarla detrás de él, pero ella no se dejaba –. ¿Kikyo? –ella lo miro por sobre su hombro, para después caminar lentamente hasta su primo. No le quedaba más que obedecer. Inuyasha trato de retenerla, pero ella alcanzo a mover el brazo. Cuando llego donde Bankotsu, éste sonrió, y la giro bruscamente para que quedara frente al otro –. Kikyo…- se sentía tan impotente. Quería sacarla de allí, pero no sabía cómo.

-Él se ira… no tenemos por qué retrasarnos –dijo mientras él le besaba la mejilla.

-¿Estas segura?, porque él no parece querer hacerlo. Además, lo que hiciste me dolió tanto –dijo mientras la pegaba más a su cuerpo –. Si no lo convences de que se vaya, le diré quién eres realmente… y después lo matare –dijo en un susurro, cerca de su oído, para que solo ella escuchara, mientras le apuntaba a Inuyasha sin dejar de verlo.

-Sabes lo que sucederá si no te vas… si no quieres destruir mi vida, y la tuya vete –hablaba de forma seria, no quería suplicar, pero si las cosas seguían así, tendría que hacerlo. Él no se movió, solo la observaba -. Inuyasha…vete, y déjame en paz, entiéndelo… me voy a casar. Si no te vas ahora, no bogare por ti –aunque ni su voz y rostro parecían inmutables, su mirada por primera vez desde que era niña era de súplica y tristeza.

Él no quería irse, pero no tenía opción, sería tonto tratar de llevársela con ese tipo armado. No quería dañarla, pero al parecer eso era lo que estaba haciendo con su presencia

-Te liberare de esto… lo prometo –dijo para después girarse, y salir por la ventana, ya que cuando intento acercarse a la puerta el otro chico le hizo un movimiento negativo con el arma. No sabía cómo lo haría, pero él la ayudaría, sin importar sobre quien debiera pasar, él se la llevaría de ese lugar.

Cuando se quedaron solos, la agarro fuertemente, y después la apreso contra la pared sin ninguna delicadeza.

-¿Es tu amante?... ¿te ha tocado? –dijo mientras la agarraba fuertemente por los antebrazos –. ¡Respóndeme!... ¿te ha tocado? –nuevamente sintió su enojo crecer. Él estuvo dispuesto a matarlo, pero sabía que en su casa sería una estupidez.

-No... él no es nadie, ya no es nadie –dijo esto último en un susurro. Su única oportunidad para obtener su libertad se había esfumado por él. Lo odiaba… odiaba a Bankotsu. Él la agarro fuertemente por la barbilla, y la beso de forma posesiva, pero ella cerro fuertemente su boca, por lo cual la apretó más fuertemente para que ella la abriera. Quiso profundizar el beso, pero ella lo mordió -. No vuelvas a tocarme –dijo de forma seria, para después limpiar su boca. Él se tocó el labio con el pulgar, y después levanto la mano. Ella sintió un ardor en la mejilla, y su espalda volvió a caer nuevamente contra la pared, mientras lo miraba con incredibilidad. A pesar de todo, él nunca la había agredido de esa forma. Se sintió tan impotente en ese momento, y aunque le hubiese gustado devolverle el golpe, sabiendo obviamente que él la superba en fuerza, ninguna parte de su cuerpo se movió. Solo quería llorar.

Él se quedó observándola, y desordeno un poco su cabello con frustración. Había perdido el maldito control, por… celos. De solo imaginar que a aquel maldito idiota lo besaba gustosa, se arrepentía de no haberlo matado allí mismo.

-¡Ves lo que me haces hacer!. ¿Cuándo vas a entender que tú eres, y siempre serás mía? –dijo para después agarrarla por un ante brazo –. Espero que sea cierto lo que has dicho, porque si vuelves a acercarte a ese tipo… escúchame bien, lo matare frente a ti… nunca te compartiré con nadie –dijo para después disminuir el agarre, y acariciar suavemente con una de sus manos la mejilla que le había golpeado, y donde claramente sobresalía en su pálida piel una marca roja –Porque te amo. ¿Cuándo lo vas a entender?

-Si lo haces… ¿porque me obligas a hacer esto? –aunque no quería, su voz sonaba un poco quebrada, y sus ojos trataban de no dejar escapar ninguna de las lágrimas que se había acumulado. Ella no lloraba. Nunca lo volvería a hacer frente a alguien.

-Por nosotros… por eso lo hago, porque no tenemos opción –dijo con una pequeña sonrisa, para después besar la frente de la chica –. Vamos a ver como cubrimos este lamentable incidente –dijo mientras volvía a acariciar suavemente la mejilla que le había golpeado.


Se miró en el espejo e hizo una mueca de desagrado. Él… el gran Naraku, haría algo que jamás se le pasó por la cabeza, ni siquiera cuando estaba totalmente borracho… casarse, y menos con una mujer que le desagradaba totalmente. Sonrió un poco, ante aquella ironia… quien lo diría, una persona como él entraría a una iglesia, seguramente en el infierno debía haber fiesta. Sintió toques en la puerta, y después ésta se abrió. Él miro a través del espejo.

-Señor ya es hora –dijo mientras hacia una reverencia.

-Pásame mi arma –dijo mientras terminaba de arreglar su cabello. El otro solo obedeció, y agarro el arma que se encontraba en una de las mesitas de noche.

-Usted cree que Inuyasha… -dejo la frase en el aire, y como respuesta recibió una risa burlona.

-Él es un imbécil, jamás se atrevería –dijo para después agarrar el arma que el otro le ofrecía, y guardarla en su chaqueta –. Es por… ellos… -dijo con una mueca de desagrado –. Nunca se sabe cuándo puedan llegar, y estoy seguro que ya se enteraron de esta estupidez. Avísale a Hakudoshi, él ya sabe que hacer –el otro chico solo hizo una reverencia, y salió de la habitación. Se sirvió un vaso con whisky, y sonrió –"Espero que vayas Inuyasha… será tan divertido ver tu cara de imbécil después de tantos años"


Bajo con pesadez del carruaje. Cada paso que daba, agarrada del brazo de su primo, lo sentía como si la acercaran a una guillotina.

Antes de entrar vio a dos hombres albinos de cabello largo. Uno de ellos la miro con una sonrisa lasciva, y después volvió a mirar al frente. Cuando entro a la iglesia, pudo notar que esta ni siquiera estaba decorada, y además, de su familia, solo había algunos hombres con cara de rufianes. Miro hacia el frente, y sintió un gran impulso de detenerse. Él estaba allí. Quería huir, e inconscientemente, trato de sacar el brazo del agarre de Bankotsu, pero cuando éste se dio percato, lo tomo con más fuerza.

-Todo estará bien. No te preocupes –dijo de forma baja, para que solamente ella escuchara.

"Todo estará bien". La última vez que él le había dicho esa frase, había iniciado ese infierno. Sintió que su cuerpo era jalado suavemente, hasta que llegaron a donde él, quien sonreía. Una sonrisa que a la vista de cualquier persona era macabra. Observo sus ojos, y sintió un leve escalofrió. Parecía caminar hacia él mismísimo demonio.

En toda la ceremonia disimuladamente busco un solo rostro, pero nunca lo encontró. Él se había ido, y con él la última esperanza de escapar de esa vida, porque aunque se hubiese negado a acompañarlo tenía la tonta esperanza de que él llegara, y la obligara a irse con él… robarla, como en los cuentos de hadas que le contaba su padre cuando era pequeña. Pero ya ella no era una niña, y ese tampoco era un cuento de hadas… solo era su desgraciada vida. Escuchaba una voz lejana, nada que ella pudiera, o quisiera entender. No podía pensar en otra cosa que no fuera en que estaba condenada, lo cual era paradójico, porque a pesar de estar en una iglesia se sentía en el infierno. Sentía estar al lado del mismísimo demonio y ella… siendo casa con éste.

-Señorita Higurashi, ¿acepta al señor Kagewaki? –escucho la rasposa voz que sonaba un poco exasperada, al parecer no era la primera vez que lo preguntaba. Ella nuevamente miro disimuladamente hacia atrás, y después un carraspido de su casi esposo, por lo cual lo miro, percatándose de que estaba totalmente serio, pero solo con verlo a los ojos sabía lo que le decía sin palabras, o mejor dicho, que clase de amenaza le lanzaba –. ¿Señorita…?

-Acepto –dijo sin apartar la mirada de él. Le mostraba todo el desprecio que ella sentía, y siempre sentiría por él.

Todo después de eso fue totalmente rápido, o eso sintió ella. Por fin en su habitación respiro tranquila, mientras era ayudada por su hermana a empacar todas sus cosas. Escuchaba a su hermana parlotear como siempre, pero igual que siempre no le ponía ni la más mínima atención. Miro hacia su almohada, y la levanto –. Kagome…

La aludida giro hacia ella, y un pequeño grito murió en su garganta. Su hermana tenía en una mano una almohada, y en la otra una navaja de barbero, mientras se acercaba lentamente hacia ella.

-Her… hermana… que…- no pudo seguir cuando la otra chica levanto la navaja hacia ella, palideció. Su cuerpo no respondía y sus piernas parecían querer ceder a su peso, pero vio algo que hacía años no veía…una sonrisa de parte de su hermana.


-Eres muy tonta… ¿acaso creíste que te mataría?, sabes que sería incapaz… -miro a su hermana que ahora parecía avergonzada - .Aunque si sigues parloteando, ni siquiera lo pensare –dijo de forma fastidiosa restándole importancia –. Quiero que hagas lo que te pediré sin protestar, o preguntar, ¿de acuerdo? –aunque ella era la mayor por minutos, siempre le hacía caso a su hermana, por lo cual sin pensar asintió -. Prométeme que siempre mantendrás esto aquí, y a nadie se lo dirás –dijo mientras colocaba nuevamente todo en la cama –. Y, que siempre dormirás con la puerta cerrada desde adentro –sabía que Bankotsu, no tenía ningún interés sexual en Kagome, pero de vez en cuando este se emborracha, y si eso sucedía podría confundir a su hermana con ella… y ella si eso sucedía no podría ayudarla, por lo menos no ahora.

-Pero… -la otra chica la miro de forma seria, recordándole que no debía hacer preguntas –. Está bien

-Eres muy hermosa –dijo con una sonrisa la anciana, mientras la observaba –. Mi nombre es Kaede, soy… se puede decir que soy la nana de Hitomi –ella la miro como preguntándole quien era –. Ah… cierto. No pierdo la costumbre de llamarlo así, aunque a él no le guste –ella decidió no prestarle atención. Nada que tuviera que ver con ese hombre le interesaba. Por ella podía llamarse como le diera la real gana. Respiro cansinamente, ya estaba fastidiada de aquella "fiesta". Nadie de su familia, excepto Bankotsu, estaba allí. Estaba cansada. Había asistido a algunas fiestas, pero nunca a una de ese tipo. Había hombres que tenían caras de depravados, y mujeres que con solo mirar sus ropas, se sabía exactamente a que se dedicaban –. Él nunca trae a tantas personas aquí… pareciera que…

-"Quisiera fastidiarme" –pensó mientras miraba con fastidio, como él desde el otro lado de la habitación sonreía de lado, mientras le mostraba la copa que tenía en su mano, haciendo un gesto de brindis. La anciana, la agarro por una de sus muñecas para que se levantara.

-Ven, debes estar cansada –dijo mientras la guiaba por algunos pasillos, hasta que llegaron a una habitación, y después de abrir la puerta, la anciana se marchó.

Cuando entro a la habitación, se dio cuenta de que estaba en la misma de la vez anterior. Sintió repugnancia y rabia, esa era la habitación de aquel hombre. Donde él…cerró los ojos, y respiro profundo. Debía olvidar eso. Abrió lentamente los ojos, observando mejor la habitación, dándose cuenta de que no era así. Tenía los mismos colores y la decoración era similar, pero esta habitación era más grande, al igual que la cama. Había un gran guarda ropas, un gran ventanal, que también dejaba ver el jardín y más allá los arboles del bosque. También había cuadros, y cerca del gran ventanal también había flores, pero éstas eran negras, moradas y blancas. A pesar de que estaba casi decorada de la misma forma, esta habitación era menos tétrica, o eso pensó ella.

-"Al parecer todas las habitaciones están decoradas de la misma forma" –estaba tan concentrada en cada detalle, que no se percató cuando la puerta se abrió.

-¿Por qué no me dijiste que ya no querías estar en la reunión?

-¿Por qué tendría que decirte? –dijo en un tono que le restaba importancia, mientras retiraba los guantes blancos de sus manos.

Él se acercó, agarrándola por un brazo -. No sé qué educación te dio tu pri-mo… -dijo arrastrando la última palabra, mientras su expresión momentáneamente cambiaba a una de burla –. Pero a mí no volverás a dejarme en ridículo. Todo lo que hagas o vayas a hacer en público tienes que informármelo, del resto puedes hacer lo que quieras… me da lo mismo –dijo para después soltarla –. Además, creí que estabas a gusto. Hice la reunión pensando en tu comodidad… después de todo estabas entre mujerzuelas –dijo con marcada burla.

-¿Al igual que tú con esos hombres?. Al parecer somos más parecidos de lo que crees –dijo con una mueca de desagrado ante lo último, que no fue visible gracias a que estaba de espaldas.

-Tal vez… después de todo hacemos lo que sea por dinero y poder… aunque nunca me acostaría con nadie para conseguirlo. Las mujerzuelas utilizan su cuerpo y yo mi cerebro –dijo para después quitar la chaqueta negra que llevaba y posteriormente empezar a desabrochar el chaleco y la camisa blanca que llevaba debajo –Sabes… es gracioso verte vestida de blanco y cubierta por un velo… hasta donde se no cumples con los requisitos –dijo con marcada burla, y ella lo entendió. Solo le había regalado ese vestido para humillarla –. Estuve a punto de reír cuando te vi entrar a la iglesia… que diría tu pobre abuela si se enterara –dijo con "pesar"

Ella había girado para encararlo, pero tuvo que hacer un gran esfuerzo para no girar al ver lo que ese hombre, ahora llamado su esposo, hacia.

-No compartiré habitación contigo, ya que esto no es un matrimonio normal –dijo de forma seria, a pesar de que ya la había tocado, y ahora eran esposos, jamás permitiría que alguien y menos ese hombre le pusiera las manos encima. Escucho una risa burlona de parte de él. Se le hacía tan divertido ver cómo, a pesar de la situación en que estaba, todavía pretendía exigir cosas. Lastimosamente en esa ocasión, no la podía contradecir.

-No hace falta que lo aclares… no soportaría tu desagradable presencia por una noche entera y menos en la misma cama –dijo de forma aburrida. Iba a seguir con su tarea, pero ella se cruzó de brazos –. ¿Qué?... –frunció el ceño -. Es mi habitación. Sal y déjame en paz –dijo para después sentarse en la cama. Ella se sorprendió un poco. ¿Su habitación?, ¿acaso aquella donde estuvo aquella noche, no era su habitación?. ¿Cuantas habitaciones podía tener una persona? –. Sal, quiero descansar –tenía que aceptarlo, le molestaba que la sacaran como un animalito, pero al menos había quedado claro que él no la volvería a tocar, lo cual la alivio totalmente. Salió al pasillo, y cerró la puerta, para después recostarse en ésta, mientras se preguntaba qué haría.

-¿Qué haces aquí?... déjame adivinar, te saco de la habitación –dijo la anciana de forma divertida, pero después se quedó pensativa –. Creí que con su esposa sería diferente –le causo curiosidad esa frase, pero nuevamente decidió no darle importancia a nada que tuviera que ver con él.

-Esto no es un matrimonio… o por lo menos uno normal. Él no me soporta y yo menos

-No creo que sea así, si se casó contigo fue por algo… seguramente no te has dado cuenta de ello –no dijo nada. Esa señora parecía no conocer a ese hombre. Suspiro cuando sintió que era jalada hacia la habitación de enfrente –. Espero que descanses –dijo para después salir.

La habitación era un poco más pequeña y, estaba decorada en verde y blanco. Las sabanas al igual que las cortinas eran verdes, mientras los muebles eran blancos. Al igual que en las otras habitaciones, también habían flores.

-"Al menos aquí podré descansar"


Allí estaba, cocinando. O, eso era lo que trataba de hacer. Antes de que saliera el sol una chica albina había ido a despertarla, por pedido de su "señor". Tenía que admitirlo, la idea le desagradaba. Nunca había aprendido a cocinar, y al parecer no había nacido para ello. Todo, absolutamente todo, se le quemaba.

Se cortó un dedo, y disimuladamente se mordió un labio, creyendo que la anciana no se había percatado.

-No tienes por qué hacerlo –ella en puño su otra mano. A pesar de ser de clase media nunca había hecho esas cosas. Nunca había aprendido a hacer las cosas que normalmente aprendía una chica. Ella solo aprendió a hacerse fuerte para sobrevivir. Pero a ella nada la detenía, y ese hombre no se burlaría de ella. ¿Qué tan difícil podía ser cocinar?. Agarro nuevamente el cuchillo, sin escuchar a la anciana, pero un minuto después tuvo que reprimir un nuevo grito. Se había cortado nuevamente. Sentía dolor, pero sobre todo rabia. ¿Por qué no podía hacer algo tan simple?. Lanzo el cuchillo en la mesa, y un pequeño grito de rabia se escapó de su boca. Respiro profundo, y miro hacia la anciana que la miraba entre desconcertada y divertida. Se ruborizo. Por primera vez en su vida había hecho un berrinche frente a alguien.

-Lo… lo siento –dijo un poco apenada

–Deja eso… no le pongas atención –dijo mientras la jalaba hacia una silla y hacia que se sentara –. Solo te quiere molestar –dijo con una pequeña sonrisa –. Pero… él no es tan malo –dijo de forma suave. Ella miro hacia otra parte –. En realidad… creo que miento un poco -sonrió -. Nadie puede cambiar su naturaleza… Hitomi, creció con quien no debía, y tomo decisiones que no debía –ella miro a la anciana. ¿Tanto lo quería para no aceptar quien de verdad era ese hombre? –. Él…

-Sinceramente no me interesa saber nada de él… y creo que he visto lo suficiente para juzgarlo personalmente –la anciana la miro, pero después sonrió, antes de volver a realizar sus quehaceres.


Estaba muy preocupada por Inuyasha. Miroku le había dicho que su amigo se sentía un poco indispuesto y por eso se retiraría. A pesar de que le había dicho que no era nada grave, después él también desapareció, dejando sola a su esposa, la cual parecía un poco nerviosa. Sin pensarlo más termino de arreglarse y salió por la puerta trasera de su casa. Tenía que verlo y asegurarse de que estuviera bien. Camino directamente hasta la casa de Miroku, donde la esposa de éste la recibió con una gran sonrisa, y la hizo pasar. Adentro Miroku, jugaba con su pequeño hijo.

-Señorita Kagome, se ve tan radiante como siempre –se levantó con su hijo en brazos -, es un placer tenerla aquí, pero no debería caminar sola por el bosque

-Por favor, díganme solo Kagome y lo se… siempre me lo dicen –dijo lo último en tono de berrinche. Su abuela y madre siempre le repetían que una señorita decente no salía sola. Pero él lo ameritaba. Se ruborizo un poco ante ese pensamiento –. Es que… yo… quería saber… como esta Inuyasha… ayer no volvieron –Miroku miro a la chica, y después le entrego el niño a su esposa, que también había mirado a la chica de la misma forma que él… pena y pesar. Ellos sabían que ella sentía cosas por Inuyasha, cosa que el muy idiota no había notado. ¿Cómo decirle a esa niña que él quería a su hermana?, y si no fuera porque lo detuvo, incluso después de que se emborracho, hubiese ocurrido una desgracia, porque a la muy bestia se le ocurrió llevársela de la Iglesia. Incluso había buscado un arma por si tenía que llevársela a la fuerza, pero por fortuna él se dio cuenta… después de todo le conocía hacía muchos años –. ¿Qué sucede?... acaso e-está muy mal? –dijo de forma preocupada, mientras sus grandes ojos cafés lo miraban un poco cristalizados por algunas la grimas que se empezaban a formar.

¿Acaso ella se estaba enamorando de Inuyasha?. Negó mentalmente. Él no podía lastimar a esa chica, y su esposa le había dejado claro eso cuando le dio disimuladamente un codazo y le advirtió con la mirada.

-No, ya está bien… solo tiene que descansar –dijo con una pequeña sonrisa forzada –. Si quieres te acompañamos a tu casa, tenemos que ir al centro a comprar algunas cosas –dijo para después dirigirse a la puerta, y abrirla para que las mujeres salieran y posteriormente él.

Cuando escucho que la puerta se cerró, respiro profundo y salió a la pequeña estancia. Desde que ella había llegado escucho su voz, pero a pesar de que sabía que ella no tenía la culpa de lo que estaba pasando no quería verla. No quería ver nada que estuviera relacionado con ella. No quería acordarse de ella, porque dolía… pero casi inmediatamente negaba mentalmente y se decía que tenía que ir a buscarla, y eso haría, sin importar que lo mataran en el intento. Si ella aceptaba irse con él, no importaba a cuantos le tuviera que pagar, él la sacaría de allí, incluso si otra vez tenía que darse nuevos golpes con su tonto amigo. Acaricio suavemente su labio e hizo un gesto de dolor. Miroku había cambiado en los últimos años.

Se quedó observando por la pequeña ventana. Tenía que verla. Quería verla. Camino hasta la puerta. Tal vez ella podría estar allí. Sabía que era casi imposible, pero quería creer que ella lo quería, y buscaría la forma de verlo, así como él también buscaría la forma de entrar a donde ella vivía si era necesario.


Caminaba por los pasillos de la mansión después de "ayudar" a Kaede. A pesar de todo, tenía que reconocer que era grande y muy hermosa, pero al mismo tiempo sombría.

-Supongo que eres tu –giro y vio a una chica un poco mayor que ella sonriendo, sorprendiéndose un poco por la vestimenta tan reveladora que ésta llevaba. Tenía un vestido rosa sencillo en forma de camisón, que dejaba ver sus brazos y parte de sus hombros, al igual que de sus senos, y su cabello corto era adornado por un pequeño lazo rosa –. No eres tan… fea, como creí –dijo con una pequeña sonrisa, mientras la observaba de pies a cabeza.

Ella se incomodó un poco por ser observada de esa forma. ¿Acaso esa mujer no sabía que hacer eso era de muy mala educación?, aunque al parecer esa chica no sabía que era eso.

Ante la mirada que le daba la otra sonrió. Se había equivocado. Al parecer no era como ella, aunque tampoco podía imaginarse a un hombre como Naraku casado con una mujer como la chica que tenía enfrente. Pero todavía era demasiado pronto para sacar conclusiones -. Soy Yura Sakasagami, y soy una humilde samaritana que brinda a sus prójimos los grandes placeres de la vida –dijo con una pequeña sonrisa –. O, como prefieras llamarlo, me dalo mismo

-Soy Kikyo Higurashi…

-La esposa de Naraku, eso lo se cariño. Todos los que entramos en esta casa lo sabemos… aunque a algunos no les agrada la idea

-¿Tú vives aquí? –no era que tuviera interés en conocer la vida de aquella mujer, pero tampoco quería ahondar en el tema de ser la esposa de ese hombre.

- No. Pero de vez en cuando vengo porque… -se calló al darse cuenta lo que estaba a punto de decir. Tenía claro que a Naraku nadie, que no fuera él, le importaba, pero no sabía si le agradaría que revelara sus intimidades a su esposa –. ¿Por qué no damos un paseo por la casa?. Supongo que todavía no la conoces en su totalidad –dijo para después agarrarla por el brazo y jalarla con ella. No es que le interesara ser amiga de esa chica que se veía era tan aburrida… demasiado para su gusto, pero quería estar cerca cuando ella volviera, y conociera a la esposa de "su hombre". Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al imaginar la cara que pondría esa tonta.

En el recorrido, le mostró todas las habitaciones, excepto tres, la habitación de él, la biblioteca, y la habitación de juegos, a la cual, a pesar de que no quiso decirle de que se trataba, le dijo que nunca entrara, cosa que le había causada un poco de curiosidad –. ¿Por qué te casaste con él?. Sé que es muy apuesto, pero es la clase de persona con la cual no debes meterte –dijo sin rodeos, sacándola de sus pensamientos. No podía entender como alguien como ella, se había casado con alguien como él, y como él se había fijado en una chiquilla tan… insípida, que además, debía ser impúber. Solo había que ver como se vestía, ¿acaso era monja?.

Kikyo la miro por unos segundos antes de empezar a caminar nuevamente. No le gustaba que se metieran en su vida, y más le desagradaba cuando eran desconocidos.

–Vamos…no tienes nada que perder, además estoy segura de que ahora en adelante seré la única amiga que tendrás –dijo con una pequeña sonrisa. La otra chica solo levanto una ceja –. Nada de lo que digas me sorprenderá. Sé cómo es él

Kikyo lo pensó un poco, a pesar de lo que ella le decía, no se confiaba totalmente. Suspiro casi imperceptiblemente. No le había contado a nadie, y realmente quería desahogarse, así fuese por hoy… con una extraña.

-Estamos casados en apariencia, pero nunca nos hemos ni siquiera besado… él me obligo a casarme. Sé que lo hace por una razón que no soy yo… incluso dormimos en habitaciones separadas –dijo tratando de aclarar que él tampoco sentí nada por ella.

-¡Oh, por dios!… -miro a la mujer que la miraba de forma sorprendida, mientras se cubría la boca con una de sus manos. ¿Acaso no sabía que ese hombre era un maldito chantajista?, ¿qué le sorprendía tanto?, si a leguas se le veía –. ¿¡No te ha tocado!?… de verdad no le atraes nada… lastima, no sabes de lo que te pierdes –dijo con una pequeña sonrisa, mientras pasaba sin ningún descaro sus dedos desde su cuello hasta el inicio de sus senos, pero Kikyo no se percató, ya que aún seguía dándole la espalda.

-Eso me importa en lo más mínimo. Incluso, si sintiera cosas por él jamás dejaría que me tocara después de lo que me hizo –dijo mientras apretaba sus manos fuertemente. Siempre odiaría y le repugnaría su presencia por lo que le hizo.

-Y, ¿qué te hizo? –pregunto con interés, mientras caminaba hasta quedar nuevamente enfrente de la chica.

La miro por unos segundos. No le había contado a nadie, y esa chica era una extraña, ¿qué podía perder?. Por lo que le había entendido era una cortesana, y por ende no la juzgaría por haber perdido la virtud antes del matrimonio -. Él humillo, me drogo y… después… me…- apretó más fuerte sus manos, era más difícil hablar de eso, de lo que ella pensaba.

-¿Te Violo? –asintió sin mirarla, mientras sentía como sus ojos se aguaban, y después escucho una gran carcajada de burla. La miro de forma enojada. ¿Cómo se atrevía a burlarse de su desgracia?, iba a abrir la boca, pero ella se le adelanto –. No te enojes… es solo que… es tan chistoso. ¿Enserio lo creíste?…-hablaba sin poder evitar reír -, no dudo que te haya humillado, ya que es un experto en eso, incluso que te haya drogado, ¿pero violado? –otra risita se escapó de su boca –. No lo conoces. Él es tan… egocéntrico, siempre lo ha sido. Él es el "gran" Naraku, y jamás le rogaría amor a nadie –dijo con marcada burla a la chica que la miraba sin entender –. Cariño, él nunca violaría a ninguna mujer, porque eso sería como rogarle un poco de cariño a alguien, lo cual destruiría totalmente su ego. Todas las amantes que ha tenido vienen hacia él… él nunca ruega a nadie. Si no crees que no te hizo absolutamente nada, ve donde una partera, para que te revise, bueno, si eras virgen, o pregúntaselo a él… además si no tiene interés en ti, ¿porque tocarte? –camino hacia un gran ventanal que daba al jardín. Era cierto, él le había dicho que le repugnaba tocarla, y si esa mujer tenía razón, ella aún no había perdido… su virtud. Sonrió en sus adentros, ella aún era digna de…-. Vamos –dijo antes de empezar a jalarla por los pasillos, saliendo por una puerta que ella no había visto en el recorrido –. Te presentare a alguien –quiso decirle que no iría con ella a ninguna parte, pero después recordó que podía encontrarse con ese hombre, y termino dejándose llevar.

Por primera vez en su vida, estaba totalmente ruborizada. Si hubiese sabido que eso iba a pasar, se hubiese negado. Acomodo los pliegues de su vestido verde menta, mientras trataba de calmarse, pero nuevamente, escucho una risita burlona. Levanto el rostro todavía ruborizado, mirando con enojo a la chica que parecía divertirse con la situación.

-No pongas esa cara –dijo mientras trataba de evitar reír, cosa que parecía ser imposible –. Era necesario. Además, mira el lado positivo, ya saliste de dudas –mentalmente no pudo evitar darle la razón, aunque todavía estaba avergonzada, y si a última hora había aceptado fue para salir de dudas, pero igual no dejaba de ser vergonzoso. No todos los días una partera te miran… ahí. Otra risa más -. ¡Deberías de verte! –le dio la espalda a la chica, para después empezar a caminar, sin poderlo evitar una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

-"Inuyasha… ahora tengo una razón para irme contigo… ya no me odiaras"- tenía que buscarlo, y tenía que aceptar. Desde la noche anterior, sabía que Naraku, le había devuelto a su primo las escrituras. Ya no tenía por qué estar allí, y menos ahora que sabía que… era digna de él.


-¿Dónde estabas?, acaso se te olvida que tienes que trabajar. Si él se enterase de tus salidas sin su permiso –dijo con una pequeña sonrisa.

-Y, a ti se te olvida que… me importa un comino lo que digas. Si quieres ve y díselo, para ver si por lo menos así te pone atención

-Eres una…

-Somos querida –dijo sin darle importancia. Camino hacia su cama, y después sonrió –. Bueno… si quieres saber dónde estaba, te lo diré –dijo observando a la otra chica con una sonrisa más amplia, lo que estaba inervándola –. Estaba conociendo a la esposa de "tu hombre" –dijo con una sonrisa, pero inmediatamente termino de hablar, y vio la cara de la otra chica, coloco una expresión de "inocencia", y se cubrió la boca con una mano –. Ay, lo siento… se me olvido decirte que la reunión que hizo ayer con sus empleados era por eso –dijo para posteriormente empezar a reír.

-¡Eres una desgraciada!, ¿¡por qué no me lo dijiste!?

-¿Para qué darte una razón para ir?, yo no iba a estar allí, y me hubiese perdido esta cara, o una mejor – vio la cara de la otra chica, y salió de la habitación. Ciertamente sabía que el día anterior se iba a realizar el matrimonio, después de todo se las ingeniaba para conseguir la información que quería y cuando quería, y que ni la estúpida esa abriéndole las piernas a alguno de los subalternos de Naraku conseguía, pero a pesar de que se hubiese divertido viendo la escenita de celos de esa tonta, sabía que si iba tendría que acostarse con alguno de esos hombres que le producían repulsión, por eso no le había dicho absolutamente nada –. Procura no romper mucho –dijo con marcada burla al otro lado de la puerta, escuchando ruidos, y amenazas en gritos. Sonrió más –. "Sera tan divertido"

Dentro de la habitación ella tiraba todo cuanto veía. Maldecía a Yura, por no haberle dicho nada. Si lo hubiese sabido esa misma noche, antes de que se consumara ese maldito matrimonio, hubiese buscado la forma de deshacerse de la desgraciada que usurpaba su lugar, porque ella era la única que podía ser la mujer de Naraku. Desde el día que la tomo, ese era su lugar.

Flash back

Trataba de gritar, pero de su garganta no salía absolutamente nada. Por más que sus cuerdas bucales se desgarraran, no salía nada. A pesar de que ya había transcurrido algunos minutos el dolor y el asco no abandonaban su cuerpo. Hundió más la cabeza en la almohada, tratando de alejar su rostro de los gemidos que escapaban de los labios de él. Quería alejar a ese cuerpo que tanta repugnancia le producía. Cuando por fin escucho un fuerte gemido, y segundos después, él cayó como un muñeco de trapo sobre ella, con las pocas fuerzas que tenía quito al hombre, y salió corriendo de la habitación. Corrió por los pasillos hasta entrar a su habitación. A pesar de que aquel hombre, que se suponía era su tío, le causaba repugnancia y aunque al principio se rehusó, no tuvo otra opción, tenía que dejarse tocar cuando él quisiera, y aunque trataba de fingir que le agradaba, cada vez era más difícil hacerlo. Solo cerraba los ojos, y se lo imaginaba a él… trataba de creer que eran sus ojos y también sus caricias. Él también era un demonio, uno peor que su padre, pero a ella eso no le importo y su alma le vendió.

Él se había dado cuenta lo que hacía el bastardo de Onigumo con aquella chica de tan solo quince años, después de todo para nadie era un secreto. Era su prima, pero también la mujer de ese bastardo. Cuando se percató de como ella lo miraba, supo que era su mujer por obligación, pero era su mujer al fin al cabo, y por ende la deseo… y frente a la cara del desgraciado la tomo. Su sangre estaba tan podrida, que en la misma cama del miserable una vez más le robo a una de sus mujeres, y como en la primera vez que lo hizo los descubrió. Pero eso a él no le importo, de hecho se podría decir que hasta gracia le causo, hasta que lo había hecho premeditadamente.

-Solo la tomaste porque te recuerda a Izayoi… eres tan patético, que me das asco… mira cómo te pone una simple mujer –dijo para después pisar la pierna donde le había disparado, y un grito, casi reprimido de dolor se escuchó. Debía de agradecer que el malnacido le recomendara que durmiera con un arma bajo la almohada, ya que él también lo hacía. Según Onigumo, no confiaba ni en su sombra, pero cometió un gran error…confiar en él. La chica miraba todo con una sonrisa de lado, arrodillada en la cama, sin importarle que estuviera desnuda, al igual que él. Apunto nuevamente, pero esta vez le dio en el brazo –. Que irónica es la vida… con tu misma arma

El hombre lanzaba insultos que solo lo divertían, o eso pensó hasta que….

-Dispara ya… ¡maldito afeminado, eres igual que la puta de tu madre!… ¡eres tan débil y patético como ella, nunca serias capaz de hacerlo… eres igual a ella! -fue lo último que dijo, pues le dio un tiro en la garganta. Si había algo que odiaba, era su parecido físico con ella. Odiaba la mayoría de las cosas, que aquella decrepita mujer decía, tenía en común con Izayoi. Ella camino hacia él, y después de mirarlo le pidió el arma. Disparo, a pesar de que ya estaba muerto, descargando con esos disparos toda la rabia y repugnancia que sintió y sentía por haberse acostado con ese hombre.

-Al menos debo agradecer todo lo que me ayudo a conseguir el malnacido de Onigumo –dijo con una pequeña sonrisa, mientras observaba el cuerpo del hombre, que alguna vez fue su padre, totalmente ensangrentado en el piso. Y, después, de mirar aquel cuerpo con manchas de sangre en algunos lugares, nuevamente la tomo. La sangre…los unía de múltiples formas, y los tentaba de tantas otras. Y, ellos no podían negarse a tan excitante insinuación.

Fin flash back

Esa fue la primera, y última vez que la toco. Desde ese día la trataba como a una prima, considerándola si se podía decir, más que a cualquier otra mujer, pero ella no quería eso, ella quería ser su mujer. Ese era su derecho, pero él se lo negaba. No soportaba que él se revolcara con cuanta mujerzuela quisiera, pero ella quería seguir a su lado, siendo lo más cercano aquel burdel. Pero ya era hora de reclamar su lugar, y esta vez para siempre.


Había pasado el resto del día encerrada, ya que no le apetecía ver a su "querido" esposo. Después de haber hablado con aquella mujer, había decidido que tenía que hablar con Inuyasha, sin importar que, debía verlo. Saco una capa negra, que llevaba capucha, de su guardarropa, y se la coloco. No sabía exactamente qué hora era, solo que hacía mucho había anochecido. Saco de debajo de su almohada un papel, y se dirigió hacia la puerta, para después, de asegurarse que no había nadie en el pasillo, salir por donde había salido horas antes con Yura. Sabía que era peligroso salir sola, y corría el riesgo de que ese hombre se enterara, pero ya nada importaba, ella tenía una oportunidad de escapar y así lo haría. Camino con un poco de dificultad por el pequeño bosque, aunque debía de agradecer que gracias a la luna podía distinguir un poco el camino. Cuando llego al claro del bosque, camino hacia el lugar donde sabía que el la esperaría… debajo del gran árbol. Cerro los ojos, y pego el papel a su pecho.

-"Espero que no te hayas olvidado de mi… Inuyasha"

Dejo el papel en una de las raíces del árbol, y se fue de allí con la única esperanza de que él volvería a ese lugar y lo vería. Camino lo más rápido que pudo a la mansión, y nuevamente cruzo la puerta de atrás, pero inmediatamente cruzo el pasillo fue jalada hacia atrás.

-¿Dónde estabas? –su tono era de preocupación. Empezó a ser jalada hacia la cocina. Ella al percatarse de quien le hablaba no pudo evitar que le saliera un suspiro de alivio.

-Yo… quería dar una vuelta y ver a mi familia. No creo que tenga nada de malo, o ¿si, Kaede?

-Ya son casi las ocho de la noche, y una señora decente no sale sola. Pudiste decirle a Byakuya, que te acompañara… tuviste suerte de que él no fue quien te vio, porque estoy segura de que no le hubiese agradado –dijo de forma preocupada, y después la soltó –. Espero que tengas hambre –dijo con una pequeña sonrisa, antes de hacer que se sentara, y empezar a comer con ella.


-¿Y? –dijo al ver al hombre que entraba, y le hacía una reverencia.

-Tenía usted razón… fue a ese lugar, aunque no se encontró con el Taisho, solo dejo un recado. Dejo una carta donde le decía que aceptaba irse con él, y lo citaba mañana al anochecer

-Ya veo… -agarro la copa que se encontraba en el escritorio y la subió hasta sus ojos, como tratando de observar atreves del vino –. Supongo que no interviniste

-No, señor… estoy esperando sus órdenes

-Solo sigue vigilándola por ahora, estoy seguro de que no será la primera, ni la última vez que salga a encontrarse con él –dijo para después beber de la copa -. Puedes retirarte Byakuya –una pequeña sonrisa aprecio en su rostro. ¿Por qué ella seguía creyéndolo tan estúpido?, como para engañarlo. Sabía que por la personalidad que ella tenía, nunca renunciaría a algo que quería, y al parecer eso que quería era al imbécil de Inuyasha. Le daría por ahora la ilusión de que ella creyera que lo podía engañar tan fácilmente, y después la haría llorar literalmente… sangre.


Sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien, de hecho, estaba muy mal, pero ahora eso no debía importarle. Lo único que debía importarle era entrar a esa casa y sacarle de allí, y por ahora esa era la forma más segura de entrar sin levantar sospechas. Volvió a mirar, y pudo distinguir a la chica vestida de verde que venía hacia él.

-Hola… y-yo recibí el mensaje –dijo un poco nerviosa, sin ni siquiera mirarlo. Sabía que estar allí no estaba bien, pero cuando la señora, que se encarga de hacer los oficios en su casa, le había dicho que él quería verla, no pudo volver a pensar en nada coherente y allí estaba. Él respiro profundo. No quería contarle acerca de su "relación" con Kikyo, porque podría meterla en problemas, pero tampoco quería utilizarla a Kagome, para entrar en esa casa. Mentalmente se dio ánimos. Esa era la única forma, tenía que hacerlo –. ¿Sucedió… algo?

-Nada, solo quería verte, y pedirte disculpas por no quedarme hasta que finalizara la ceremonia –dijo con una pequeña sonrisa forzada, si su padre estuviese enterado de lo que estaba a punto de hacer, estaría decepcionado, ya que eso que estaba a punto de hacer, nada tenía que ver con la forma en que había sido educado. Pero no había otra forma, eso era lo que se repetía mientras seguía sonriéndole.

-No te preocupes, lo importante es que estas bien –dijo con una pequeña sonrisa mientras miraba esos ojos que tanto le encantaban.

-No… de verdad quería verte, yo pienso mucho… en ti –se dio un golpe mentalmente, ya no tenía muchos ánimos de seguir, las cosas estaban siendo más difíciles de lo que él creía. Decirle aquellas palabras sin ni siquiera sentirlas, le estaba costando demasiado, casi sentía que era imposible mentirle. Ella solo lo miraba, como tratando de entender algo. Él la miro, y una vocecita le dijo que todo lo que estaba haciendo estaba mal, pero él decidió ignorarla. Se agacho un poco, y agarro una flor amarrilla, se acercó un poco más a ella, mientras la miraba fijamente. Ella solo lo miraba acercarse y sin poder evitarlo, sus mejillas se tornaron levemente rojas –. Solo… en ti

–Inuyasha… -su voz sonó casi como un susurro, que él ni siquiera escucho.

Levanto una de sus manos, soltando su cabello, y le coloco la pequeña flor en su oreja, para después acariciar suavemente su mejilla. Su piel era muy suave… igual a la de ella. Sin darse cuenta cerro los ojos, mientras acariciaba lentamente la mejilla de la chica. Su mano subió lentamente hasta sus ojos, para después llegar a su cabello, el cual era igual de suave, y su olor… era similar al de ella. Sin consciente, se acercó lentamente al cuerpo de ella, aspirando su aroma, mientras seguía jugando con sus dedos dentro del cabello de la chica.

-¿Inu… yasha? –ni si quiera estaba segura de que hubiese salido alguna palabra de su boca. Su rostro por alguna razón, que no entendía, le empezaba a arder. Sabía que no era correcto, y tenía que apartarse, pero su cuerpo parecía no querer responder. Sintió como la mano de él salía suavemente de su cabello, por lo cual dio un suspiro de alivio, al mismo tiempo que su corazón se calmaba un poco. Él mantenía los ojos cerrados, mientras su mano estaba frente a su mejilla, pero sin tocarla. Aspiraba suavemente, como tratando de identificar un olor en el aire. Su mano se volvió a posar suavemente en la mejilla de la chica, para casi inmediatamente empezar a delinear lentamente el camino hasta su cuello. Un suave escalofrió recorrió su cuerpo, e inmediatamente su temblorosa manos subió hasta el pecho de él, debía detenerlo… eso no era correcto, pero su mano no parecía tener ninguna clase de fuerza, ya que simplemente se quedó posada suavemente sobre la camisa de él, y lo escucho… el corazón de él estaba igual al de ella. ¿Acaso ella también le gustaba?. Otro suave temblor recorrió su cuerpo, y sin poder evitarlo su mano cayo suavemente, mientras la de él se detenía en su clavícula.

-Eres… hermosa… –dijo de forma suave. Sin poderlo evitarlo, nuevamente sintió todas aquellas cosas extrañas en su pecho, y sus piernas empezaron a temblar, por lo cual se aferró a uno de los hombros de él. Era la primera vez que tenía a un hombre tan cerca, y también era la primera vez que alguien le decía que era hermosa. No pudo evitar preguntarse nuevamente si ella le gustaba. Recordó algo, sus corazones latían iguales y, el corazón no miente y a veces se da cuenta de cosas que la mente no. Intento decir algo, pero cuando vio como él acercaba lentamente su rostro al de ella, las palabras murieron en su boca. Él solo se concentraba en una cosa… besarla, pero no besar precisamente a quien tenía enfrente. Quería besarla a ella, mientras aun con sus ojos cerrados, su cerebro le engañaba –. "Kikyo" –abrió lentamente los ojos, y miro su boca. Deseaba tanto ser el único que pudiera besarla. Sintió el suave aliento de ella, y lo agitada que estaba su respiración. Ella había cerrado los ojos fuertemente, mientras sentía su cuerpo desfallecer, su corazón… se sorprendía de estar todavía viva ante los fuertes y acelerados latidos que este daba. ¿Desear un beso podía hacer sentir a alguien todas esas cosas?, acaso eso era… ¿amor?. Él acerco lentamente sus labios a los de ella. La sentía temblar bajo su tacto, lo cual aunque no se dio cuenta lo hizo sonreír, ya que ella lo deseaba tanto como él. Cuando ya estaba a punto de rosar los labios de la chica, levanto la mirada, y se apartó horrorizado -. "¿Q-Que iba a hacer?... ella no es Kikyo" –ella seguía con los ojos fuertemente cerrados, y su cara estaba totalmente roja. ¿Qué rayos iba a hacer ahora con esa chica?. ¿Sería posible que ella estuviera…?, negó mentalmente, eso era imposible, él hasta ahora no había tenido un acercamiento como éste con ella -. Yo… lo siento… no debí –dijo lo primero que paso por su cabeza. Querer acercarse a ella no iba a funcionar, si iba a confundirla con Kikyo, y lo menos que quería era hacerle daño a esa niña. Ella abrió lentamente los ojos. ¿Acaso ella no le agradaba?. Sintió un pequeño dolor en el pecho, y unas horribles ganas de llorar –. Es mejor que no nos volvamos a ver… "no quiero hacerte daño" –su voz había sonado tan seria, como si realmente le molestara que ella estuviera allí. De verdad no quería volver a verla y ella no quería eso.

-Y-Yo… -ni siquiera podía hablar. No entendía por qué no quería que ella se le acercara más, después de lo que había estado a punto de pasar. Ella no podría soportarlo –¿P-por qué? –su voz era un susurro.

Él se giró dándole la espalda. Era lo mejor, así no cometería estupideces con ella, para acercarse a Kikyo.

-¿Por qué?... porque no me agradas –sí, sonaba un poco duro, pero siempre funcionaba.

-Pero tú… -sus ojos cada vez estaban más vidriosos. No lo entendía, si eso era cierto, ¿por qué casi la besa?. ¿Acaso un corazón podía mentir?. Se suponía que solo las personas que se querían se besaban, y ellos casi lo hacen –. Tú… casi me…-no pudo seguir, y miro al piso avergonzada.

-¿Te beso? –sintió una pequeña carcajada, y levanto la mirada, encontrándose frente a frente con esos ojos. Él la miraba con burla. No pudo evitar que unas lágrimas salieran. ¿Por qué se burlaba de ella? –. Un beso no significa nada… ¿entiendes?... es solo eso, un beso, y pues realmente no quería besarte, solo quería ver si de cerca eras igual de fea, y tenía razón… sabes cuando vi a tu hermana dije que se parecían, pues mentí, porque realmente lo que me sorprendió es que ella si es hermosa… en cambio tú… eres tan poco agraciada –su voz sonaba con marcada burla. Sabía que no debía decir esas cosas, pero era lo mejor. Si por pensar en Kikyo hacia una estupidez con ella jamás se lo perdonaría. Levanto la mano y quito la flor que estaba en la oreja de la chica, para después estrujarla y tirarla al pasto -. Podrías irte –dijo para después girarse. No fue capaz de mirarla más, sintiendo unos pasos alejarse rápidamente –. "Lo siento… pero es lo mejor"-suspiro cansinamente, tal vez debía ir a descansar, pero antes de poder dar un paso, sus ojos miraron en dirección al gran árbol –. "Kikyo" –sin pensarlo camino hacia el. Allí, donde siempre se encontraba con ella, se sentó de forma cansada. Quería verla. Miro hacia donde ella se sentaba, tratando de rememorar su imagen y lo vio, después de leerlo una sonrisa apareció en su rostro –. Kikyo…


-Así que eres la zorra con la que se casó –dijo mientras la observaba de arriba hacia abajo –. Que mal gusto tiene –dijo con una pequeña sonrisa de burla. ¿Cómo una mujer, o mejor dicho una mocosa tan poca cosa y fea, se atrevía a intentar quitarle a SU hombre?. Bueno, al menos no sería difícil quitarla del medio.

La aludida frunció el ceño, y se quedó observándola. Con esa ropa que llevaba no le convenía decir esas palabras -. Supongo que hablas por ti –dijo de forma seria, mientras la miraba de forma despectiva, haciendo que la otra chica dejara de reír.

-Vaya, creí que eras tonta, y ni hablar sabias –dijo de forma seria. Kikyo, la miro, y sin querer seguir teniendo al frente a esa chica, que la miraba de forma seria, o mejor dicho muy enojada, trato de girarse, no perdería el tiempo con aquella mujer. Pero su brazo fue agarrado fuertemente –. Detesto que me dejen hablando sola

-Y, yo que me toquen –dijo de forma seria, mientras hacia un movimiento para soltarse, pero la otra chica apretó más, su agarre –. Te sugiero que me quites tus manos de encima, o no querrás que yo misma me las quite –dijo mirándola sin ninguna expresión, por lo cual la otra levanto una ceja, preguntándose si realmente esa tonta estaría enojada.

-Ah, ¿sí? –dijo apretando a un más, casi enterrando sus uñas en la piel de la chica.

Kikyo, respiro profundo. Realmente odiaba perder la compostura, pero si las cosas seguían así, literalmente la dejaría calva antes de retorcerle el cuello. Intento decir algo, pero unos pasos la interrumpieron.

-Basta, Tsubaki –la aludida relajo sus facciones, sonrió y después de soltarla, se giró –. ¿Qué necesitas?, no te he solicitado

-Solo hablar contigo… si deseas atenderme, claro está –dijo de forma melosa, mientras se acercaba a él.

Él pareció pensarlo por unos segundos, pero después asintió, antes de girarse -. Tu no deberías estar aquí… hablaremos después - dijo sin mirar a la otra chica.

Ella no dijo nada, solo se quedó observándolos un rato antes de que entraran una de las habitaciones que Yura, no le había mostrado… la biblioteca. Al parecer aquella mujer tan ordinaria y él mantenían una relación, cosa que no le sorprendió y mucho menos le importo. Se giró, y siguió los pasillos hasta su habitación.

-Al grano, ¿qué necesitas? –dijo visiblemente irritado mientras se sentaba detrás del escritorio. Odiaba tratar con mujeres. Ella camino hacia él, colocándose detrás de la silla donde él se encontraba sentado.

-Estuve pensándolo y… -rodeo con sus brazos el cuello de él –. Quiero que me permitas volver –dijo muy cerca de su oído, para después bajar a su cuello –. Te he extrañado tanto –empezó a besar el cuello del chico, pero él en un movimiento rápido la giro, y se quedó observándola unos segundos con molestia, antes de levantarse.

-Sabes cuál es la única razón por la cual te sigo soportando… así que no hagas que te agarre más fastidio –dijo de forma seria, para después apartarla.

-¿Por qué no me dejas hacerte feliz?… yo te amo, y… -empezó a acariciar el pecho de él por encima de la camisa blanca, mientras se acercaba nuevamente para besarle el cuello. Él era solo de ella. Ellos estaban destinados a estar juntos… si tan solo le permitiera demostrárselo. Mientras lo besaba en el cuello, bajaba suavemente su mano por sobre la camisa, hasta que pudo meter su juguetona mano por ésta, acariciando de forma suave, pero sensual aquel pecho lampiño, que tano ansiaba besar. Lo deseaba tanto, y aunque, él no lo aceptara, sabía que él también la deseaba a ella. Sintió un ligero escalofrió cuando él la jalo contra su cuerpo, agarrándola de forma suave pero firme por la cintura, mientras que con su otra mano agarraba de forma suave su rostro, mirándola de forma penetrante con aquellos ojos, mientras empezaba a acercar lentamente sus labios a los de ella. Un pequeño suspiro se escapó de sus labios. Él la besaría. Al fin la besaría. Sintió la mano de él, delinear el costado de su cuerpo, cosa que se sentía muy bien. Cuando sus narices se rozaron, a ella se le escapo, esta vez, un fuerte suspiro, y cerró los ojos, esperando ese contacto que siempre había deseado, pero que nunca él, le había dado. Se colocó de puntillas, y subió sus brazos hasta el cuello de él. La respiración le empezó a faltar, pero no le importo, solo esperaba y deseaba con ansias ese rose… que nunca llego, ya que su cuerpo fue apartado bruscamente, haciendo que ella abriera los ojos. Él la miraba de forma seria, pero manteniendo una sonrisa de lado.

-Ya deberías de saber que no soy como el bastardo de Onigumo, y con esas tonterías no vas a conseguir absolutamente nada de mi –dijo para después caminar nuevamente hasta la silla, y sentarse –. Además, por ahora me sirves más donde estas… me serás muy útil dentro de poco, y después… si quieres puedes regresar – dijo con una sonrisa que solo ella comprendía… sonrisa que a cualquiera que no fuera ella le helaría completamente la sangre. Ella asintió, y también sonrió. No importaba que él estuviera con esa estúpida, porque dentro de poco volvería y esta vez seria para siempre.

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Gabrielle Kravinoff

07/08/17