Capítulo V: Encuentro con el pasado

Levanto lo más que pudo su vestido mientras corría por el bosque. Sentía su pecho doler, y a pesar de que la respiración le faltaba no se detuvo, solo quería alejarse de él. Ni siquiera se percató en que momento entro en su casa, simplemente camino por el pequeño pasillo hasta su habitación. Inmediatamente cerró la puerta, su cuerpo cayo lentamente al piso, mientras llevaba su mano derecha a su boca para no gritar y la izquierda a su pecho, preguntándose por qué le dolía tanto. Si otra persona le hubiese dicho todas esas cosas, sinceramente no le hubiese importado, pero él… ¿por qué le había hecho eso?, ¿por qué había jugado de esa forma tan cruel con ella?.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, en el piso llorando, pero sabía que había sido mucho, por lo cual se preguntaba por qué su pecho aun dolía y sus lágrimas no cedían.

-¿Kag, donde estás? –escucho la voz de su madre y, aunque quiso levantarse, o por lo menos contestarle, no pudo hacer ninguna de las dos cosas. Escucho los pasos de su madre acercarse, y después la puerta se abrió –. Kagome, cuantas veces te he dicho que una señorita no se sienta en el piso –dijo de forma seria, para después ayudarla a levantarse –. ¿Estabas llorando? –dijo levantándole el rostro a la chica –. ¿Qué te sucede?

Aunque quiso abrazar a su madre y seguir llorando, sabía que no era debido, nada de lo que había hecho con Inuyasha era debido –. Me duele un poco la cabeza –la mujer frunció el ceño, pero después de ver que la chica llevaba el cabello suelto le creyó.

-Deberías dormir. Le pediré a Akira, que te traiga un té para que te relajes –dijo mientras caminaba hacia el armario –. Hoy iremos a una fiesta –dijo mientras buscaba entre los vestidos de la chica.

-Madre, no creo…

-Cariño, si no vas sería un desaire –dijo interrumpiendo a la chica, la cual miro hacia el piso para ocultar todo el dolor y frustración que sentía en ese momento -. Además, siempre me pedias ir a las fiestas de tus amigas –dijo mientras se giraba con un vestido azul –. Incluso tu abuela ira a la fiesta del señor Ookami, así que descansa un poco, y después de la cena te alistas –dijo después de colocar el vestido a un lado de la cama y posteriormente salir de la habitación.

-Inuyasha –dijo en un pequeño susurro, antes de quitar unas lágrimas que salían sin su permiso. Tal vez eso fue lo mejor, así no seguiría ilusionándose con alguien para quien ni siquiera existía, y que le había demostrado ser nada más que un completo idiota.


-"Espero estés allí, Inuyasha"- miraba por la ventana de su habitación, solo tenía que esperar el anochecer para ir a su encuentro. Por fin podría hablar con él y decir lo que de verdad sentía, y todo se arreglaría. Sonrió levemente antes de recargarse en la ventana, pero un pequeño ruido llamo su atención y posteriormente sintió la puerta abrirse, pero antes de que pudiera girarse, sintió unos brazos rodeándola por la cintura, y un suave beso en su cuello. Ella hizo una pequeña mueca de molestia. No tenía que ser adivina para saber quién era, y todavía estaba muy enojada por la "caricia" que él le había dado.

-¿Qué haces aquí, Bankotsu? –dijo mientras trataba de alejarse, pero él la pego más a su cuerpo.

-Quería verte, me haces mucha falta –dijo mientras besaba nuevamente el cuello de la chica, y acariciaba lentamente su abdomen sobre el vestido –. No resisto estar alejado de ti… te necesito –dijo sin dejar de besarla en el cuello. Empezó a soltar la cinta que mantenía cerrado el vestido de ella, por lo cual intento apartarse nuevamente, pero él nuevamente se lo impidió –. Me hizo feliz saber que seré el primero y único –dijo para después girarla, y empezar a besarla. Besos que ella no respondía, solo mantenía la boca cerrada, por lo cual él se detuvo, mirándola de forma enojada, pero mezclada con decepción –. Odio que te comportes así, ¿acaso no te gustan mis caricias? –ella lo miro por unos segundos, antes de intentar apartarse nuevamente, pero él la agarro fuertemente por la cintura –. ¿Las de ese desgraciado si te gustan?… a él si lo besas a complacencia –dijo para después besarla, forzando esta vez a que ella abriera la boca, y aunque ella no respondía él seguía besándola, mientras trataba de acariciar el contorno de su cuerpo, pero ella no se lo permitía. Él sonrió sobre los labios de ella, aunque le molestara la actitud de la chica, tenía que reconocer que también le excitaba -. Pronto serás solo mía –dijo mientras pegaba sus frentes, sabía que ella no lo quería y no lo deseaba como él lo hacía con ella, pero pronto eso cambiaría -. Sabes… ya encontré la forma de sacarte de aquí, pero todavía tengo que arreglar algunas asuntos… "ellos nos ayudaran a salir de aquí" –ella no dijo nada solo cerro los ojos y se dejó abrazar. No sabía que planeaba ahora su primo, pero tenía claro que antes de que éste llevara a cabo sus planes, tenía que irse con Inuyasha, o todo se arruinaría.


Diviso desde lejos la pequeña luz que se encontraba cerca al gran árbol, y sonrió levemente al reconocer su figura… era él y había ido por ella.

-Creí que no vendrías –dijo mientras la abrazaba –. ¿Por qué no aceptaste antes?

-Ya no importa, lo único importante es que estaremos juntos –dijo separándose un poco, mientras él acariciaba suavemente su mejilla –. Tenemos que irnos, pero no puedo salir de la isla sin el permiso de ese hombre, legalmente ahora le pertenezco –dijo con un poco de molestia.

-Un amigo de mi padre puede ayudarnos con eso, nos iremos dentro de poco –dijo con una pequeña sonrisa, pero después su expresión se volvió totalmente seria, y volteo a un lado –. Kikyo… -necesitaba saberlo, pero además de temer que ella se ofendiera, creía que no tenía ningún derecho, pero él necesitaba saberlo –. ¿Tú y él…?ustedes… no es que me importe mucho, pero… olvídalo –dijo finalmente apenado por la estupidez que estuvo a punto de preguntar, y la forma tonta en que había hablado.

-¿Quieres saber si consumamos? –ella hizo que él volviera a mirarla –. Jamás permitiría que un hombre que no quiero me toque, y menos uno como él. Además, él tampoco tiene ningún interés en mí

A pesar de que le causo curiosidad lo último que ella dijo, decidió dejarlo pasar, lo que de verdad le importaba era que no la había tocado. Eso, y que pronto se irían de esa isla.

Aproximadamente por una hora estuvieron juntos, él sentado en el pasto abrazándola a ella, que permanecía sentada de espaldas a él, entre sus piernas.

-No quiero que salgas de noche, es peligroso –dijo mientras la abrazaba protectoramente.

-Se cuidarme. Además, si nos vemos a otra hora nos descubrirán –dijo para después levantarse con un poco de dificultad –. Ya es hora

Él suspiro de forma cansina, antes de levantarse -. Dame una semana, y te prometo que tendré todo lo necesario para irnos –dijo para después besarla en la frente, y posteriormente abrazarla. No sabía en realidad que sentía por ella. Sabía que ella le gustaba, después de todo era muy hermosa, pero también sabía que sentía algo muy fuerte por ella, y a pesar de que no sabía cuál era la razón, él sabía que debía protegerla, y así lo haría.


No quería estar en ese lugar. A pesar de que trataba de sonreír, no podía, tanto así, que le costaba mirar a alguien sin que se le cristalizaran los ojo. Por lo cual miraba al piso, como si fuera lo más interesante del mundo, mientras seguía las pisadas de su madre.

-Quita esa cara, querida –dijo de forma seria, pero baja su madre para que solo escuchara ella, antes de agarrarla por la muñeca y arrastrarla hasta donde se encontraba un pequeño grupo de mujeres. Al ser presentada solo hizo una pequeña reverencia, para después nuevamente perderse en su pequeño mundo. Sentía de vez en cuando unos pequeños codazos de su madre que la hacían volver a la realidad, cosa que duraba escasamente unos cuantos segundos.

Se sintió un poco incomoda, como si alguien la observara. Trato de ignorar la sensación, pero era tan intensa que se le hacía casi imposible. Observo a su alrededor, hasta que sus ojos chocaron con otros que se encontraban al otro lado de la habitación, desde allí un hombre la observaba con una pequeña sonrisa, sonrisa que le erizo los vellos de la piel sin saber por qué, y justo unos segundos antes de que ella apartara la mirada, él levanto la copa en un ademan de hacer un brindis. Miro nuevamente al pequeño grupo de mujeres tratando de concentrarse, pero esa rara sensación no se iba, por lo cual sin poder evitarlo miro de reojo nuevamente hacia ese lugar, pero ese hombre ya no estaba, por lo cual suspiro aliviada.

-Señoras Higurashi, siguen igual de radiantes –escucho una voz de hombre, y en reflejo giro un poco su cabeza. Abrió un poco los ojos al reconocerlo… era el hombre que la había estado observando. Éste, besaba la mano de su abuela, para después hacer lo mismo con la de su madre –. Supongo que ella es la pequeña Kikyo –dijo con una sonrisa que nuevamente la estremeció, mientras la observaba fijamente.

Realmente no estaba segura, pero era como si quisiera traspasarla con la mirada, o desnudarla, ante este pensamiento ella miro hacia un lado, mientras en sus mejillas aparecía un tenue rubor.

-No, ella es su hermana gemela Kagome –dijo la mujer mayor. Él agarro suavemente la mano de ella, por lo cual ella lo miro.

-Kouga Ookami, a sus pies –dijo antes de besar suave y lentamente la mano de la chica, pero antes de apartarse levanto la mirada hacia los ojos de ella, y disimuladamente paso la punta de su lengua en toda la piel del dorso de su mano, haciendo que en acto reflejo ella la apartara, mientras se ruborizaba totalmente. Él sonrió antes de hacer una reverencia, y alejarse. Pero a pesar de que en toda la noche no volvió a acercarse, ella podía sentir que alguien la miraba. Podía sentir una mirada que jamás alguien le había dedicado, una mirada tan intensa que hacía que ella sin querer se erizara y ruborizara.


Observo con una pequeña sonrisa al lugar donde el otro hombre miraba desde hacía mucho tiempo -. Así que te gusta mi prima… lamentablemente ella aun es una niña –dijo con "pesar", para después mirar nuevamente al hombre frente a él, y sonrió en sus adentros, al fin esa tonta le serviría para algo –, y, tú un hombre hecho y derecho que no merece a una pequeña tan delicada como ella –el aludido se giró hacia él, y agarro el pequeño vaso que se encontraba en la mesa junto a ellos.

-Vamos Bankotsu, me conoces –dijo con una pequeña sonrisa, mientras daba un pequeño sorbo a su bebida.

-Porque te conozco es que lo digo –dijo con una pequeña sonrisa de lado –. A pesar de que han pasado algunos años, estoy seguro de que no has cambiado y sigues siendo el mismo chico enamoradizo de antaño

-Pues… ¿qué te puedo decir?, solo complazco a las mujeres que necesitan ser complacidas, y desafortunadamente en esta vida hay muchas de ellas –dijo con una pequeña sonrisa –. Pero tu prima me gusta mucho

-Creo que perdí la cuenta de las veces que te escuche decir eso –dijo con una pequeña sonrisa, haciendo que el otro hombre entrecerrara los ojos, y después de sonreír levemente suspirara de forma cansada -. Kagome no es para ti, es solo una niña, y no es solo para pasar el rato

-No he dicho que lo sea –se reclino un poco en la silla, dejando que su cabello tocara casi el piso -. ¿Ni siquiera harías eso por tu amigo?

-Sé que estas comprometido, Kouga –suspiro de forma cansada, y se enderezo nuevamente, para después tomarse todo el contenido de su vaso de un solo trago.

-Es un compromiso que arreglaron mis padres… con una chica que no veo hace muchos años, por lo cual es algo sin importancia. Tu prima me gusta mucho, y todo en esta vida tiene solución –dijo para después servirse nuevamente, y tomar un poco -. Además, no te estoy pidiendo nada del otro mundo, y todos saldremos ganando, o ya te olvidaste de los viejos tiempos – el otro hombre pareció pensárselo por unos segundos, y después sonrió.

-Solo porque eres tú… –dijo para después levantar la copa, y hacer un brindis con el otro hombre -. Está bien, déjame todo a mí


Exactamente una semana había pasado, y todas las noches sin excepción se encontraba con Inuyasha. Esa noche según lo acordado sería la última en que se verían a escondidas. Sería la última en aquella isla, y la ultima en aquel infierno.

-No te preocupes, encontrare la forma de salir –dijo antes de que el rosara suavemente sus labios contra los de ella, la tomo suavemente de la cintura mientras trataba de profundizar el beso. Era un beso suave y sumamente cálido… era la primera muestra de su libertad -. Nos encontraremos aquí antes del amanecer

-Tienes que tener cuidado –ella asintió, y cerró los ojos.

-Al amanecer seré libre… inmediatamente subamos al barco estaremos juntos por siempre, seremos "esposos" hasta la muerte –dijo para después pegar su frente a la de él.

Él solo sonrió antes de abrazarla más fuerte -. Juntos por siempre


Miro de forma enojada a aquel hombre mientras llevaba el tenedor a su boca. No entendía por qué la tenía que mirarla tanto, y con esa sonrisa que le fastidiaba mucho. O, mejor dicho, la ruborizaba en demasía.

-Gracias por aceptar nuestra invitación, joven Ookami –dijo la mujer más joven de las dos mayores.

-Es un placer –dijo sin quitarle la mirada a la chica, pero después dirigió su mirada a la mujer –. Por favor, dígame Kouga –la mujer asintió con una pequeña sonrisa.

Ella solo escuchaba la conversación que mantenían los mayores, y de vez en cuando respondía con monosílabos, y de forma seria a las preguntas que Kouga le realizaba. No supo cuánto tiempo duro la cena, y la charla que posteriormente siguieron, solo sabía que había sido eterno aquel momento. Había pensado retirarse, pero prácticamente fue obligada por su madre a quedarse. Después de lo que para ella fue una tortuosa eternidad, y él decidió retirarse, misteriosamente, en ese momento nadie más que ella pudo acompañarlo a la salida.

-Pedí a tu primo hablar contigo –dijo rompiendo el incómodo silencio que se había formado, haciendo que ella lo mirara con sorpresa, pero casi inmediatamente frunció el ceño –. Creo que a tu madre y abuela si les incomodo

-Obviamente, ya que no es correcto –dijo de forma seria, para después intentar cerrar la puerta, pero él no se lo permitió –. ¿Podría…? –dijo mirándolo de forma seria, mientras intentaba cerrar nuevamente la puerta.

-No comprendo por qué me miras y hablas de esa forma, Kagome

-No le he permitido llamarme así –dijo de forma seria sin mirarlo, sin dejar de tratar de cerrar la puerta, pero él por más que intentara no la dejaba. ¡Ese hombre la exasperaba!.

-Tienes razón, lo siento Kag –dijo con una pequeña sonrisa, por lo cual ella lo miro de forma asesina –. Es broma, aunque confieso que me gustaría llamarte así. Entonces, vas a decirme por qué me miras así, ¿acaso te caigo mal?, es una simple pregunta y no pierdes nada con responderla. Prometo no enojarme sea cual sea la respuesta

Ella se ruborizo un poco, y desvió la mirada –. E-El otro día… ¡usted es un irrespetuoso que no tiene ningún pudor! –dijo para después mirarlo con molestia, pero sin dejar de estar ruborizada.

- ¡Ah! es por eso –dijo con una pequeña sonrisa, pero después se puso serio –. Solo fue otra broma, o bueno no, lo que sucede es que me gustó mucho tu olor, tanto así, que no pude resistir comprobar si tu piel sabia igual de exquisito, y no me equivoque –dijo mientras la miraba de forma fija, haciendo que ella se colocara totalmente roja hasta la raíz del cabello, si así era posible –. Aunque también me encanto tu reacción, fue tan encantadora. Pero si te molesta prometo no volver a hacerlo, y a modo de disculpa, podrías aceptar una invitación a pasear mañana por la isla

-Y-Yo no puedo, no es correcto –dijo de forma nerviosa.

-Si lo dices por lo de salir solos, no te preocupes tu madre o abuela pueden acompañarnos –ella sinceramente no sabía que contestar, nunca había recibido una invitado a salir, y además, su mirada la ponía nerviosa, aunque por otro lado casi nunca salía a pasear por la isla –. Prometo portarme bien –dijo con una pequeña sonrisa, muy diferente a las que hasta ahora le había dedicado, pero igual de encantadora.

-Está bien –dijo en un pequeño susurro, no muy segura.

-Bueno, mañana vengo por ustedes –dijo para después acercarse a ella, y darle un beso en la mejilla –. Espero que seamos amigo… Kag –dijo con una sonrisa, antes de caminar hasta su carruaje.

Ella solo lo observo por unos segundos antes de que su mano subiera sin darse cuenta hasta su rostro, más precisamente hasta la mejilla que él le había besado, y un pequeño grito de vergüenza escapo de sus labios.


Miro por los pasillos, y al no ver a nadie entro. Levanto un poco su vestido, y camino lo más rápido que pudo hasta su habitación. Abrió la puerta y retiro la capucha de su cabeza, mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.

-"Pronto obtendré mi libertad"

-Supongo que te fue bien con él –dio un pequeño respingón al escuchar esa voz. Intento enfocarlo, pero la habitación estaba totalmente a oscuras. Sintió unos paso, y antes de poder girar, fue girada de forma brusca. Ella de cerca pudo observarlo perfectamente, o mejor dicho, a esos ojos que parecían dos llamas infernales. Sus ojos se abrieron por la sorpresa al comprender lo que él había dicho. Eso era imposible, él no podía saber nada sobre…

–Otra vez te revolcaste con… Inuyasha -al pronunciar esto último sus ojos parecieron oscurecer, y aunque nunca lo aceptaría, se sintió pequeña ante esa mirada.

-Eso a ti no te importa. Tú no eres mi dueño, y por ende no tengo porque darte explicaciones –dijo empezando a enojarse, a pesar de que su expresión demostraba todo lo contrario –. Así que suéltame –intento jalar el brazo para que él la soltara, pero él apretó más el agarre.

-No eres más que una mujerzuela que se revuelca con quien puede pagar su precio… uno que cualquiera puede pagar… me das asco –dijo sin cambiar el tono de su voz, mientras la empujaba bruscamente hasta la pared, sin soltarle.

-No tengo ninguno precio, y si lo tuviera jamás podrías pagarlo

Él acercó lentamente su rostro al de ella, hasta que sus narices casi se tocaron y después sonrió.

-Y, ¿él sí pudo?

-Él no necesitaría pagar nada, porque a él si lo quiero

Una risa de burla salió de sus labios antes de soltarla bruscamente

-Un privilegio que solo él consigue gratis –dijo con marcada burla, mientras la observaba de forma despectiva –. Eres como todas las de tu tipo

-Eso a ti no te importa –dijo mientras se tocaba disimuladamente el brazo por donde él la había agarrado –, e igualmente, ¿en qué te afecta?, ninguno de los dos nos soportamos, y yo… yo a él lo quiero, ¿entiendes? – ¿lo quería?, sinceramente no estaba segura de eso, de hecho no entendía por qué había dicho aquello. Tal vez era por el hecho de que ese hombre era el único que, aunque no pareciera, la había sacado de sus casillas, por lo cual había terminado diciendo cosas que en realidad no sabía si tenían algún sentido.

-Lamentablemente para ti, eres Mi esposa, y me debes respeto… tendrás que aprender a mostrármelo, porque hasta que me aburra tú estarás conmigo

-Respeto, ni lealtad te debo, porque a pesar de que estamos casados yo no te quiero y tú tampoco me quieres, lo sabes… ¡yo le debo lealtad a él! –ni si quiera se dio cuenta en que momento él se acercó nuevamente a ella, por lo cual en reflejo casi da unos pasos hacia atrás, pero prácticamente se obligó a permanecer de frente a ese hombre, al cual nunca le mostraría ningún signo de debilidad.

-Eres tan patética y débil. Llegue a creer que eras diferente a las otras mujeres, pero veo que me equivoque –la agarro de forma fuerte por la barbilla, mientras la miraba con burla –. Con lo poco agraciada que eres, no deberías de darte el lujo de ser tonta. Enamorarse de un imbécil como ese… sinceramente no se quien meda más lastima él o tú –ella intento soltarse, pero él la agarro con más fuerza.

-Tal vez tengas razón, pero él es mil veces mejor y más hombre que tú –dijo de forma calmada, sabía que con eso heriría su orgullo, después de todo con los hombres era así, o eso había aprendido.

Él solo la observaba. Decir que no tenía ganas de golpearla seria mentirse, pero él sabía que si la tocaba solo le causaría dolor físico, y él no solo quería eso… él quería verla destruida. Quería que esa mirada tan vacía reflejara odio y dolor, pero sobre todo dolor al darse cuenta de que había caído doblegada por y ante él. Sabía que había formas más inteligentes de vengarse, y más cuando se trataba de una mujer. Sin pensarlo, solo dejándose llevar por la rabia que sentía en ese momento, acerco lentamente su rostro al de ella, mientras la miraba directamente a los ojos, apretando lentamente el agarre. Ella a pesar de que sentía dolor por el agarre, y repulsión por la cercanía de ese hombre, no quitaba su inexpresión, esa que siempre utilizaba para ocultar lo que sentía y sus debilidades.

-Eres tan adorable… -dijo con marcada burla, mientras las narices de ambos se tocaban –, y estúpida. Pero no te culpo, después de revolcarte con tantos viejos decrépitos, te conformas con cualquier cosa –la pego de forma brusca a su cuerpo, por lo cual ella coloco sus manos en el pecho de él para apartarlo, pero le era casi imposible. Sin dejar de mirarla a los ojos, roso suavemente sus labios contra los de ella. El contacto era tibio, pero a los dos les causo repulsión. A ella por quien lo hacía, y a él porque estaba probando las sobras del maldito de Inuyasha. Ella intento nuevamente empujarlo, pero lo único que logro fue una risa de burla de parte de él. Parecía divertirle la situación en que se encontraban. Ella intento decir algo, pero él atrapo su labio inferior, provocando que ella aumentara sus intentos por liberarse. Él quería demostrarle que él era mejor que ese imbécil… que él era mejor que todos los hombres con los cuales ella había estado. Le demostraría que él era el mejor de todos, y ella ahora le pertenecía, y le pertenecería hasta que a él le diera la condenada gana. Con su mano libre la pego totalmente a su cuerpo, causándole gracia al sentirla removerse en sus brazos. Le agradaba tanto sentirla así, tan débil ante su presencia, y seguramente asqueada, pero eso a él no le importaba, eso lo complacía y mucho. Miro la cama detrás de ella, y sin pensarlo la obligo a caminar, mientras trataba de profundizar el beso, pero ella no lo dejaba, mientras trataba de apartarlo inútilmente. La empujo bruscamente, haciendo que ella perdiera el equilibrio y cayera en la cama. Pudo ver por una fracción de segundo terror en sus ojos, cosa que lo hizo sonreír complacido, mientras desabrochaba el chaleco rojo que llevaba, pero cuando empezaba a desabrochar el segundo botón, dio un paso hacia atrás, y la miro con molestia. Molestia que no iba hacia ella, si no a él. ¿¡Qué demonios le estaba sucediendo!?, jamás en su vida había besado a una mujer, o por lo menos a una de esas, ya que le asqueaba tocar la boca de una mujerzuela. Él jamás se dejaba llevar por estúpidos sentimientos, siempre pensaba y después actuaba, pero ahora se había dejado llevar por la rabia que sintió por un simple comentario. Ella se limpió la boca con el dorso de su mano, cosa que aunque no lo demostró, a él le enojo mucho más. Era como si esa maldita mujer le estuviera dejando claro que Inuyasha era mejor que él.

-Ahora te repugna mi contacto, pero… pronto rogaras por él - sonrió de lado antes de salir de la habitación, y dar un portazo. Maldita mujer, lo había sacado tanto de quicio que había dicho aquellas tonterías. A él le importaba en lo más mínimo lo que esa estúpida pensara y menos le importaba si prefería o no al imbécil de Inuyasha. Pero a pesar de repetirse aquello, no dejaba de sentir rabia. Esa mujerzuela lograba sacarlo de sus casillas, una simple mujer por poco hace que perdiera la calma con que manejaba todo a su alrededor. ¿¡Qué demonios le estaba pasando!?. Él no era así, tenía que calmarse, ya después pensaría como hacerle tragar sus palabras, y después haría su vida un verdadero infierno, pero ahora se le ocurría algo, que aunque no estaba por ahora en sus planes, si lo disfrutaría y mucho.

-Ya preparamos todo, solo hace falta que des la orden

-No seas impaciente Hakudoshi… la agonía lenta es más divertida –dijo con una pequeña sonrisa mientras seguía caminando, pero después se detuvo, y sonrió a un más –. Tráela, la llevaremos con nosotros


Sintió la puerta abrirse antes de recibir nuevamente una patada en las costillas. Trato de levantar la cabeza para poder observar a la persona que había entrado, pero una nueva patada hizo que cayera al piso, mientras trataba de cubrirse para no recibir nuevos golpes de aquellos hombres, que no le pegaban con la suficiente fuerza para romper alguna parte de su cuerpo, pero si la suficiente para causar mucho dolor. Entre el sonido que causaban los golpes que le daban, pudo distinguir perfectamente una risa burlona.

-Por ahora es suficiente –inmediatamente dijo eso, los hombres se apartaron dejando de golpearlo –. Inuyasha… - él aludido levanto la mirada en dirección a la voz, distinguiendo a una figura que se encontraba sentada a unos metros frente a él.

-¿Quién eres y que rayos quieres? –dijo con un poco de dificultad, pero en respuesta solo escucho otra risa de burla –. ¡Contesta bastardo, o si no…!

- ¿Si no qué, Inuyasha? –dijo con marcada burla, mientras se levantaba, y caminaba hacia él –. Te vez tan patético tratando de amenazarme en la condición en que estas –cuando estuvo frente a él, se agacho un poco, y lo agarro por la barbilla, obligándolo a que levantara el rostro –. Tienes la misma cara de imbécil que el bastardo de Inu no –ante ese comentario, Inuyasha no pudo evitar abrir los ojos por la sorpresa, mientras se preguntaba quién era ese hombre, y de donde conocía a su padre –. ¿No me digas que no me recuerdas? –dijo para después acercas más sus rostros, apretando en el proceso más el agarre, hasta causarle dolor. Inuyasha lo observo, dándose cuenta que en realidad era… ¿un chico?. Era más joven que él, pero lo que más le llamo la atención fueron sus ojos, los cuales se quedó observando fijamente mientras trataba de recordar. Sabía que esos ojo, y ese rostro los había visto antes, pero no recordaba donde. Esos ojos, sabía que los había visto dos veces en su vida, cuando era muy pequeño los veía en sus pesadillas, y cuando tenía diez años los vio por última vez… nunca los olvidaría, porque esos ojos le hacían daño a su madre.

Flash back

Miro desde la ventana a su madre en el jardín, y sonrió. Hacía mucho que no la veía, por lo cual sin pensarlo corrió hacia ella. A pesar de que no entendía cuál era la razón por la cual ella sufría, lo odiaba… odiaba escucharla gritar en las noches, y que en la mañana ya no fuera ella.

-Ma…-intento llamarla, pero se extrañó por la presencia de la pequeña figura que se encontraba frente a su madre, mientras ésta permanecía sentada en el piso cubriéndose el rostro. El niño frente a ella la miraba con curiosidad e intento tocar el cabello de la mujer, pero pareció arrepentirse, ya que la aparto antes de tocar uno de sus mechones, y su mirada cambio a una de total desprecio –. ¡Madre! –corrió hasta donde estaban e intento abrazarla, pero la mujer empezó a gritar, mientras pedía que la soltaran, y lo supo… la había perdido de nuevo. Se giró hacia el niño, y sin pensarlo, se lanzó hacia él –. ¿¡Que le hiciste!?... ¡por tu culpa…!,¡todo es tu culpa! –sus ojos se cristalizaron, por ver el sufrimiento de su madre, pero aun así, lo miraba con rencor, el cual aumento más, al notar el color de los ojos de aquel pequeño niño.

-Ella es… tonta –dijo con una vocecita muy fina, mientras lo miraba como si realmente no le importara lo que sucedía a su alrededor –. Y tú eres igual a ella

-¡No te refieras a ella de ese modo! –sin poder evitarlo su mano se levantó y le pego al otro niño en el rostro. Él más pequeño, lo miro con odio, mientras un pequeño hilo de sangre, procedente de su labio, bajaba por su barbilla. Intento soltarse, pero era mucho más pequeño que él. Intento pegarle de nuevo, pero alguien lo detuvo, y después lo levanto –. ¡Kaede, suéltame! –miraba de forma enojada a aquel niño, que a pesar de tener, parte de una de sus mejillas, totalmente roja y un hilo de sangre sobre su barbilla, por el golpe no lloraba, solo lo miraba con unos ojos que parecían ser los del mismo demonio.

-No debes volver a hacerlo… no debes lastimarlo –no le importaba lo que decía su nana, seguía luchando por soltarse.

Después de eso llego su padre, y le dijo algo a su nana que él ni siquiera entendió, él solo quería abrazar a su madre, y que ella nuevamente volviera a estar con él.

Fin flash back

-¿Quién eres? – no estaba seguro si era la misma persona, pero sus ojos… esa mirada, podía jurar que era la misma.

-Eso ahora no importa –dijo para después soltarlo, y darle la espalda. Si ese idiota no lo recordaba, él no perdería el tiempo recordándoselo, tenía cosas más placenteras que hacer -. Tráiganla

Inuyasha, no entendió a qué se refería, pero cuando la puerta nuevamente se abrió, lo comprendio. Uno de los hombres albinos la llevaba agarrada por un brazo.

-¡K-Kikyo! –intento levantarse, pero un golpe en su pierna lo hizo caer de rodillas.

-No tengo porque presentártela, ya que la conoces a la perfección –dijo mientras agarraba a la chica por la barbilla fuertemente, para que viera el estado de Inuyasha –. Quiero que te diviertas igual que nosotros… querida –dijo para después jalarla bruscamente hacia él -. Sabes Inuyasha, tengo una duda, ¿qué le viste a esta mujer? –la coloco de espaldas a él, mientras mantenía sujetada la mandíbula de ella para que siguiera mirando a Inuyasha. Ella cerraba los ojos de vez en cuando, tratando de borrar esa imagen, y tranquilizarse, pero eso no parecía funcionar –. Están repugnante… –dijo mientras apretaba el agarre, provocando que una mueca de dolor apareciera en el rostro de ella.

-¡Suéltala!. ¡Si te atreves a dañarla lo pagaras!

Naraku sonrió, y después de mirarlo fijamente la soltó, con tanta fuerza que ella no pudo evitar caer en el piso. Saco un arma de su chaqueta, y le apunto a la chica.

Sentía miedo, no podía negarlo. Pero no por ella, ya que su vida hacia mucho se había acabado, pero Inuyasha, él era un buen hombre que no se merecía eso, y menos por su culpa.

–Ni siquiera muestra el miedo que tú destilas, eres patético -Inuyasha apretó los puños e intento levantarse nuevamente, pero esta vez uno de los hombres albinos le apretó el cuello con una varilla, haciendo que nuevamente cayera de rodillas -. No sé por qué quieres adelantar tu muerte por ella… ella ni siquiera vale la pena –dijo para después mover el gatillo del arma –. No es más que una mujerzuela que se acuesta con ancianos por unas cuantas monedas, o ¿aún no te lo había dicho?, su primo, o mejor dicho su amante, era quien la vendía, o ¿cómo crees que llego a mí?

Inuyasha intento mirarla, pero el albino apretó con más fuerza la varilla en su cuello, haciéndolo jadear en busca de aire. Naraku volvió a mirarlo y sonrió, antes de volver a mirarla a ella, y disparar.

-¡NO! –intento levantarse, pero un fuerte golpe en la cabeza hizo que cayera en el piso.

-No te matare ahora –dijo para después bajar un poco a su altura, y levantarle el rostro –. Lo haré frente al bastardo de Inu no, quiero verlo a los ojos cuando tu vida se apague lentamente, y después lo matare a él

Ni siquiera pudo responder, todo se empezó a volver oscuro a su alrededor. Intento girar hacia donde estaba ella, pero su cabeza cayó al piso, y sin poder evitarlo, sus ojos se cerraron.

-Llévenla a una de las habitaciones –dijo antes de salir del lugar.

Ella seguía en el piso, mirando todavía en la dirección en donde antes Naraku estaba. Su piel estaba un poco más pálida de lo que en realidad era. La bala ni siquiera la había tocado, pero si había disparado lo suficientemente cerca para que ella viera a través de los ojos de él a la muerte.


-Supongo que estará aquí hasta el día en que te aburras –dijo mientras le entregaba una copa, y después se recargaba en el escritorio. Él no respondió, solo sonrió levemente, antes de llevar la copa a su boca –. ¿Qué quieres que haga con ella?

-Te la estoy entregando, has lo que se te antoje –dijo de forma aburrida. Ella sonrió complacida, pero todavía le quedaba una duda.

-¿Por qué lo dejaste ir?, tú nunca has perdonado a nadie

-Sigues siendo igual de curiosa, Tsubaki –dijo de forma fastidiosa, para después levantarse –. Lo único que debes saber, es que ella tiene que permanecer con vida… por ahora

Él sabía cómo eran los malnacidos de los Taisho, gracias a lo que la insoportable anciana le había contado cuando era pequeño, y a la repugnante obsesión que tenía Onigumo por aquella patética mujer. Sabía que, aunque la vida se le acabara en ello, Inuyasha volvería a buscar a esa desagradable mujer, y allí si disfrutaría matarlo.


-Hija, ya Kouga está aquí –dijo desde la puerta la anciana. Ella ni siquiera se giró, solo volteo hacia la ventana, mientras permanecía sentada en la cama –. ¿Qué sucede pequeña?

-No… no quiero ir

-¿Por qué?, Bankotsu dijo que habías aceptado, además me pidió que los acompañara

-Yo… -suspiro. Ella jamás había salido con un hombre, y mucho menos le había escuchado ese tipo de cosas que al solo recordarlas, provocaban que se ruborizara y se asustara. Ella no sabía si esa forma de dirigirse a una persona era normal, aunque para ella era inapropiado. En realidad, gracias a las monjas y a su madre, había aprendido que la mayoría de las cosas eran inapropiadas. Tal vez si le decía como se sentía, su abuela le ayudaría a aclarar sus dudas –. Él me dice cosas que me asustan, aunque prometió comportarse –al decir eso apareció un leve rubor en sus mejillas.

-¿Cosas que te asustan?, te ha dicho algo indecoroso –dijo la anciana de forma seria.

-¡N-No!… o bueno no lo sé. Él me dice cosas que me… ruborizan y me mira extraño –dijo totalmente ruborizada, al recordar todo lo que él le había dicho la noche anterior. La anciana solo sonrió antes de darle un beso en la frente, y agarrarla de la mano para que se levantara. De sus dos nietas, la que más inocencia tenía e irradiaba era Kagome, ella a diferencia de Kikyo, demostraba sus emociones, por lo cual era más fácil de entender en algunas ocasiones.

-Es normal, después de todo eres una jovencita muy hermosa, pero no te preocupes, si te incomoda mucho sus comentarios yo le haré saber que no son apropiados

En la entrada él las esperaba, llevaba una chaqueta amarilla igual que el chaleco que llevaba sobre una camisa blanca, y pantalón negro, con botas cafés, mientras su largo cabello era atado a una coleta baja.

–Lo reitero, las mujeres de esta familia son las más hermosas de la isla

Hicieron una caminata por algunos lugares de la isla, llevando él a cada una de un brazo. Ella tenía que aceptar que al principio no quería ir, y que él le había empezado a caer mal, pero se dio cuenta que él era diferente, era como… Inuyasha. Negó mentalmente, no, no, Kouga le estaba demostrando que era un caballero e Inuyasha era un tonto que no quería volver a ver en su vida, era un… suspiro, ¿a quién quería engañar?, ella a pesar del poco tiempo en que lo conocía lo extrañaba, ella lo…

-¡Kagome!

-¿Eh?

-He tratado de conversar contigo, pero al parecer no te es grata mi compañía –dijo mientras miraba al frente –. Creí que te gustaría el lugar… –ella miro por unos segundos el perfil del hombre, para después también mirar al frente -. Pero al parecer me equivoque

-Lo siento, solo pensaba en tonterías, pero ya no pasara –dijo con una pequeña sonrisa –. Y, sí, me gusta el mar –él se giró hacia ella, y se quedó observándola por unos segundos, antes de que sus pies se movieran voluntariamente, quedando de pie frente a ella, observándola fijamente, lo cual hizo que ella lo mirara también –. ¿Sucede algo señor Ooka…?-las palabras murieron en su boca, cuando él tomo su rostro con las dos manos.

-Tienes una sonrisa muy hermosa, Kagome –dijo de forma suave, mientras inconscientemente acercaba su rostro al de ella, sin dejar de observarla fijamente. Ella trato de retroceder, pero él no se lo permitió.

-"Son tan profundos como el mar, pero su color están puro como el del cielo" –por primera vez desde que lo había conocido se sintió segura al lado de él. Al mirar sus ojos no sentía lo mismo que cuando veía los de Inuyasha, aquellos soles provocaban que el aire de sus pulmones faltara y que su corazón quisiera salir. Con estos ojos solo sentía una profunda paz, una que le agradaba, sobretodo en esos momentos.

Cuando sus rostros estaban a unos pocos centímetros, se separó rápidamente al escuchar a lo lejos la voz de la anciana –. Me gustaría que me dijeras Kouga, después de todo seremos amigos, Kag –dijo con una pequeña sonrisa antes de ofrecerle su brazo, el cual ella observo por unos segundos antes de tomarlo, y mirar hacia otra parte levemente ruborizada. No solo tenía unos hermosos ojos, que al solo mirarlos hacían sentir una agradable sensación de paz, también tenía esas hermosas sonrisas que la ruborizaban sin saber por qué.


Hacia una semana que no iba a aquel lugar para evitar encontrárselo, pero ese día como si algo la llamara, después de terminar su salida con Kouga, no pudo evitar ir allí. Sonrió involuntariamente al ver el lugar donde se había conocido con Inuyasha. Se acercó un poco al lago, y allí las vio, eran aquellas pequeñas flores amarillas que Inuyasha le había colocado en el cabello, mientras la miraba de una forma "rara" que le había gustado. Se agacho a agarrar una, mientras sin darse cuenta una lágrima bajaba por su mejilla, le extrañaba tanto, cosa que aún le sorprendía.

-"¿Por qué, Inuyasha?" –observo la pequeña flor por unos segundos antes de cubrirla con sus dos manos contra su pecho –. Yo… yo creo que "te quiero… no, estoy segura de que te quiero"-pensó al sentir como su corazón quería salir con solo recordarlo, pero no fue capaz de decir esto último en voz alta, al recordar todo lo que él le había dicho. Todavía le dolía… aquellas palabras y la mirada, le dolían.

Sintió un pequeño ruido detrás de ella, por lo cual se giró. Allí recargado en el gran árbol estaba él. Al verlo frente a ella, en reflejo dio dos pasos hacia atrás. A pesar de extrañarlo no quería verlo, no estaba preparada para verlo, por lo cual se giró para irse, pero escucho un ruido y un gemido de dolor.

-¡Inuyasha! –levanto su vestido, y corrió lo más rápido que pudo hacia él. Él intentaba levantarse, pero no podía –. ¿Qué te sucedió? –dijo de forma preocupada, mientras lo ayudaba a levantarse, pero sus movimientos eran tan torpes que volvía a caer. Lo observo detenidamente y se asustó, su rostro estaba un poco hinchado, y alrededor de su boca había sangre seca, al igual que en su camisa gris.

-Tengo que ir… –trato de levantarse nuevamente, pero un gemido de dolor salió de su boca.

-No hagas movimientos bruscos, por favor… te ayudare a llegar a la casa de Miroku –intento ayudarlo a levantarse nuevamente, pero él no parecía poder con su cuerpo, por lo cual tuvo que utilizar la fuerza que hasta ahora no sabía que tenía.

-No… –dijo mientras trataba de soltarse, y mantenerse en pie con dificultad. Él tenía que ir a buscarla, y sacarla de donde ese desgraciado la tuviera, pero su cuerpo le dolía tanto, que mantenerse en pie era casi un martirio –. Tengo que ir a bus…- un gemido de dolor escapo de sus labios al intentar mantenerse él solo en pie, pero igual trataba de caminar. Ella se enojó y lo soltó, haciendo que él cayera al pasto.

-Hazlo que quieras…-se giró dispuesta a irse, pero a un metro de él se detuvo, girándose nuevamente. Sabía que debía irse, pero no podía -. ¡Eres un idiota sin cerebro, Inuyasha! – él subió la mirada y la observo, ella parecía estar… ¿enojada? -. Si no vas a la casa de Miroku, ¿a dónde piensas ir en ese estado?, ¡deja de ser terco e idiota! -sin querer aceptarlo, tuvo que desistir, esa pequeña chica, aunque no lo demostrara, tenía carácter y estaba seguro de que si seguía intentando irse ella lo dejaría peor que esos hombres -. ¡Iremos a casa de Miroku, y descansaras!

-"Aunque es más impulsiva, se parece a ella"

No quiso ir a la casa de Miroku, porque sabía que no saldría bien librado, por lo cual, ella después de que él le dijo que sé que daría allí a pasar la noche, lo llevo casi arrastras hasta su casa.

Después de entrar a escondidas y con dificultad a su habitación, limpio la sangre de su rostro, brazos y la herida en su pierna, antes de ayudarlo, con un muy notorio rubor y temblor, a vestirse con ropa que había tomado "prestada" de su primo. Al él estar en esas condiciones, decidió dejarlo dormir en su cama, y ella busco algunas mantas para poder dormir en el piso.

No podía dormir, por más que lo intentara no podía, no solo por el hecho de que estaba acostada prácticamente en el piso, y éste le estaba lastimando la espalda, además no podía sacar de su cabeza el hecho de que estaba durmiendo con ¡un hombre!. Ni siquiera sabía cómo lo sacaría al día siguiente sin que su familia se diera cuenta, porque si eso sucedía los dos estarían en graves problemas… problemas que a ella no se le pasaron por la cabeza al verlo en ese estado. Pero había una cosa que le preocupaba más, pero no se atrevería a preguntarlo nuevamente.

-"¿Quién te hizo esto, y por qué?" –suspiro de forma frustrada, antes de acostarse de perfil. Cerró los ojos intentando dormir nuevamente, pero algo cayo suavemente enredándose en sus cabellos, se acostó boca arriba, y vio la mano de Inuyasha -. ¿Qué sucede, Inuyasha? –dijo de forma baja para que nadie que no fuera él escuchara, pero no obtuvo respuesta, intento cerrar los ojos creyendo que él estaba dormido, pero la mano empezó a moverse suavemente entre su cabello –. ¿Inuyasha? – él no respondió, pero su mano seguía moviéndose, por lo cual levanto su mano y temblorosamente agarro la de Inuyasha, pero inmediatamente la toco se levantó, él estaba ardiendo. Encendió una lámpara, y sin colocarse calzado salió de la habitación hacia la cocina, tratando de no hacer ninguna clase de ruido. Al volver nuevamente, trajo consigo un recipiente con agua y un paño, el cual coloco, después de humedecerlo, sobre la frente de él.

Él sintió algo frio en su frente, y después una pequeña mano que tocaba su rostro. Abrió lentamente los ojos tratando de enfocar a aquella figura frente a él, pero por la acumulación de lágrimas en sus ojos, por consecuencia de la fiebre, no podía distinguirla bien, por lo cual cerro nuevamente los ojos, apretando sus parpados y después relajándolos. Los abrió lentamente, y a pesar de que todavía no podía ver claramente, la reconoció… a ella siempre la reconocería.

-"Kikyo" –intento decirlo en voz alta, pero de su boca no salía ningún sonido. Levanto un poco su mano hasta tocar su rostro, mientras movía sus labios sin ningún resultado, y algunas lágrimas salían de sus ojos.

Ella se estremeció un poco al sentir el contacto y por el calor que desprendía la piel de él.

-Tranquilo, todo estará bien –dijo de forma suave, como si le estuviera hablando a un niño, mientras él seguía acariciando su mejilla, y con su otra mano, mantenía la de ella en su propia mejilla.

-L-Lo siento… –dijo con un poco de dificultad cuando al fin pudo hablar. Ella se quedó observándolo por unos segundos antes de sonreír.

-Ya no importa –dijo creyendo que él se refería a todo lo que le había dicho.

-Lo siento… debía protegerte… te lo había prometido…

-"Tengo que bajarle la fiebre, ha empezado a delirar"-pensó en llevarlo hasta la pequeña tina de baño, pero ella sola no podría con Inuyasha, y él en ese estado no podría caminar. Mordió su labio por la impotencia, antes de quitar el pañuelo para humedecerlo, y posteriormente volverlo a colocar en la frente de él.

-Perdóname… por favor, perdóname

-No tengo porque hacerlo, es suficiente con que ahora estés conmigo –dijo siguiéndole el "juego" para que él se calmara, cosa que pareció funcionar, ya que empezó a relajarse, pero sin soltar la mano de ella -. Siempre lo será

Después de algunos minutos cuando creyó que él se había dormido, volvió a humedecerle el paño y después intento levantarse, pero el agarre en su mano se volvió un poco fuerte, sin llegar a lastimarla.

-Q-Quédate aquí, por favor –dijo de forma suplicante, mientras se aferraba totalmente a la pequeña mano que aún mantenía entre la suya sobre su mejilla. Ella estaba completamente ruborizada y su corazón parecía querer salir de su pecho, si es que antes no se paraba definitivamente –. Duerme conmigo, por favor… –sabía que eso si estaba muy mal y no debía hacerlo, pero antes de que pudiera decir, o hacer algo, su cuerpo fue jalado suavemente hacia la cama, sin que ella pudiera, o tal vez quisiera resistirse. Él la pego a su cuerpo, abrazándola por la cintura, haciendo que ella sintiera todo el calor que él emanaba y él sintiera el cálido tacto que ella poseía. Decir que no sentía miedo en ese momento sería una completa mentira, a pesar de que la respiración de él se había calmado un poco, dándole a entender que se había dormido, ella seguía temblando en sus brazos, temblores que se intensificaban cuando él inconscientemente y suavemente apretaba el agarre que mantenía en su cintura. Cerró los ojos tratando de dormir, pero aquellos temblores al igual que su desbocado corazón le impedían conciliar el sueño.

Cuando la fiebre le bajo un poco, pudo distinguir el suave olor que ella desprendía, era una exquisita mezcla de violetas negras, con un leve y casi imperceptible olor a… naranja dulce. Tal vez si todavía no estuviera indispuesto, se hubiese dado cuenta de esa pequeña diferencia. O, tal vez si la noto, pero a su cerebro no le importo. Aspiro suavemente ese olor que le encantaba, sintiendo la necesidad de tocar el cabello de ella, el cual era la parte donde más se concentraba aquel olor, y así lo hizo, antes de aspirar fuertemente ese olor que le nublaba los sentidos. Acariciaba lentamente el cabello de ella, hasta que sus temblorosos dedos llegaban hasta el final de éste. Sin poderlo evitarlo, acorto la poca distancia que se encontraba entre sus cuerpos, mientras seguía aspirando aquel olor. Sus dedos no solo tocaron su cabello, sin darse cuenta estos tocaron levemente la piel de su cuello. Cerró los ojos, y por primera vez desde que la conocía, sintió deseos de acariciar no solo la piel del rostro de la chica. Tal vez era porque todavía sus sentidos estaban nublados por la fiebre, pero él quería más… quería acariciar y besar esa piel, que tan delicadamente parecía llamarlo. Sin ni siquiera pensarlo, solo dejándose llevar por sus impulsos, se levantó un poco y la beso. La sensación de los fríos labios de ella se sentían extraordinariamente bien, ante los de él que todavía parecían arder por la fiebre, quiso más y así lo hizo. Trato de profundizar el beso torpemente, lo cual hizo que ella abriera los ojos asustada, y por reflejo tratara de apartarlo, mientras su cerebro trataba de entender por qué Inuyasha estaba prácticamente arriba de su cuerpo. Por la intensidad del beso se sintió ahogar, por lo cual coloco sus manos en el pecho de Inuyasha para apartarlo, pero por alguna razón que no entendió, sus manos temblaron al tocar ese lugar y como si se sintiera caer, apretó la camisa de él entre sus manos, mientras un suave temblor recorría todo su cuerpo. Él se separó un poco, y ella dio una gran bocada de aire.

-Inuyasha, no…-no pudo seguir, ya que él nuevamente la volvió a besar, y aprovechando que ella tenía la boca abierta entro en su cavidad, como si quisiera explorarla hasta el final.

-"Manzanas verdes" –eso fue lo primero que se le vino a la cabeza al concentrarse solo en disfrutar aquella pequeña y provocadora boca. Sus labios eran suaves, dulces y jugosos, justo como le encantaba aquella fruta a él. Paso lentamente la lengua por los labios de ella, haciendo que ella soltara un pequeño gemido antes de nuevamente besarla, y al sentirla nuevamente supo que estaba equivocado, aquella boca no tenía comparación, hasta el sabor de esa fruta que le encantaba se quedaba corto al tratar de describir aquel sabor y sensación, y de lo cual no se había percatado en las otras ocasiones que la había besado. Aun en su leve inconciencia, no entendía por qué sentía esa necesidad de tenerla, ya que muchas veces la había tenido en sus brazos y nunca su cuerpo había reaccionado de esa manera.

Ella se movió un poco incomoda cuando él poso totalmente su cuerpo sobre el de ella, pero él no parecía querer ceder con el beso. Abrió totalmente los ojos, y se aferró con más fuerza a la camisa que él llevaba, cuando sintió que la mano derecha de él bajaba lentamente por todo su costado, como tratando de memorizar todo su recorrido, deteniéndose cuando llego a su cadera, la cual acaricio lentamente.

No sabía si la fiebre estaba volviendo, o solo era una reacción secundaria de su cuerpo, pero él sentía que con cada caricia que le daba a aquella piel, y beso que le daba a esa boca, que desde ahora y para siempre le pertenecía, su piel parecía arder.

-"¡No!... ¡detente Inuyasha, esto está mal!"-trataba de gritarlo, pero él ahogaba con sus besos cualquier palabra que intentara salir de su boca.

Él podía sentir los pequeños movimientos que ella hacia debajo de él para apartarlo, pero provocaron todo lo contrario, ya que él agarro de forma suave, pero al mismo tiempo firme su cadera, pegándola a la de él. Alcanzo a escuchar un grito ahogado, y sentir unos brazos y movimientos que trataban de apartarlo aunque nuevamente no daba resultado, por lo cual se apartó levemente, pero sin dejar de rosar sus labios contra los de ella.

-Ámame… déjame amarte, por favor… déjame hacerte el amor –sintió otro leve escalofrió al escuchar una voz ronca que no parecía ser la de él, y con aquel susurro se ruborizo totalmente. Nuevamente la beso, reanudando con ese beso el movimiento de su mano. Ella sabía que estaba mal y su cerebro no hacía más que repetirle que eso que él quería hacer era un pecado, pero su cuerpo sin que ella quisiera estaba respondiendo a cada caricia, haciendo que lentamente y con cada rose su conciencia se perdiera cada vez más –. Quiero hacerte el amor, quiero que seas mía… por siempre - ella apretó más fuerte la camisa, logrando que algunos botones cedieran por este hecho. Con sus nudillos tocando levemente su piel lo sintió… al sentir su corazón, su cuerpo tembló, y sus brazos cayeron suavemente en la cama. Su camisón, sin saber exactamente como, era bajado lentamente por su cuerpo.

Abrió los ojos totalmente, y en ese momento mientras miraba hacia el techo repitiéndose que aquello estaba mal, no pudo evitar recordar unas palabras que hacia algunos años había escuchado.

Flash back

Trataba de concentrarse mientras miraba a la monja que se encontraba al frente. A pesar de que, según su madre, lo correcto era estar allí, ella sinceramente prefería hacer otra cosa, a escuchar una clase sobre amor. A sus doce años eso era lo que menos le interesaba, el único amor que conocía era el de su familia y por su otra mitad… Kikyo. Hubiese preferido mil veces ir a escribirle a Kikyo, a pesar de que casi nunca, o mejor dicho nunca recibiera una respuesta. Ella extrañaba a su hermana, y aunque Kikyo nunca lo dijera, ella sabía que también le hacía falta.

-Con solo mirar a los ojos de la persona que amaran el resto de sus vidas lo reconocerán –dijo la joven monja llamando su atención y despertando su curiosidad -. Pero si no puedes ver por esas ventanas del alma, a veces el corazón puede mostrarnos cosas que el cerebro no… el corazón no miente –sin ser consiente llevo su pequeña mano a su pecho, pero después de hacer un movimiento negativo con la cabeza la retiro, después de todo esas eran tonterías que a ella todavía no le importaban, y que tal vez, por ser mujer, jamás sentiría.

Fin flash back

Esas palabras llegaron nuevamente a su cabeza, y esta vez las creyó. Tal vez había aprendido desde pequeña que fornicar era malo y un pecado, pero cuando había amor nada podía ser malo… con amor, no podía ser pecado, y su corazón al igual que el de ella no podían estar mintiéndole.

Él deslizaba el camisón blanco por el cuerpo de la chica, la cual permanecía con los ojos fuertemente cerrados. Sonrió levemente antes de bajar su mano, y delinear con ésta el rostro de ella. Su piel, podía jurar que era lo más suave que había tocado y tocaría en toda su vida… era como tocar algodón. Sus labios, eran mucho más suaves y con ellos no podía hacer ninguna comparación, solo sabía que lo llamaban silenciosamente para que los besara, por lo cual sin pensarlo bajo lentamente su rostro, hasta sentir su agitada, pero embriagadora respiración. En ese momento pensó que ella era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida… al verla allí estuvo seguro de que Kikyo era su otra mitad, su perfecta mitad.

Sus pieles contrastaban perfectamente, ella estaba un poco helada por la suave brisa que entraba a la habitación y él solo desprendía calor, no solo por la fiebre que todavía sentía, ahora estaba seguro de que también era por la situación. Sin poder soportar más aquella sensación de ahogo, se levantó un poco, retirando rápida y torpemente las prendas que él llevaba.

Le sorprendió lo perfectamente que encajaban, como si ese pequeño y perfecto cuerpo hubiese sido creado justamente para él. Beso levemente la boca de ella, para después dar pequeños besos en todo su rostro, en el cual nuevamente aspiro suavemente y sonrió… su olor y su sabor eran exquisitos, y no tenían comparación. Ella era perfecta y ahora era solo de él. Sintió que ella se tensó, cuando empezó a bajar suavemente por su cuello, dando suaves besos en el. Bajo entre besos lentamente el cuerpo de ella, sintiendo los suaves temblores que ella daba en cada rose que sus labios daban en su piel, deteniéndose justo en su abdomen y concentrándose solo en los suaves e inocentes, pero excitantes gemidos que ella le regalaba, los cuales eran la melodía más hermosa que escucharon y escucharían sus oídos a partir de ese día. Beso y paso suavemente la lengua por ese lugar… subió lentamente su mano derecha, cerrando sus ojos para percibir mejor cada sensación que le causaba acariciar la piel de ella, rozando suavemente toda la piel desde el abdomen de la chica hasta su rostro, y aunque su piel ya no estaba helada, seguía siendo más fría que la de él.

Acaricio y delineo todo su rostro, pasando suavemente la yema de sus dedos por sus ojos y boca, como si tuviera miedo de hacerle daño. Bajo nuevamente lenta y tortuosamente por la piel de ella, deleitándose con sus pequeños temblores, gemidos y la suavidad de su piel, dándose cuenta que jamás se cansaría de ese excitante proceso. Cuando llego nuevamente hasta su abdomen ella dio un fuerte suspiro, y él siguió nuevamente su camino entre besos, mientras sus manos delineaban el contorno e interior de sus piernas.

Al llegar a la zona entre su ombligo y pelvis, recorrió de forma suave, pero intensamente con su lengua hasta nuevamente llegar a su ombligo, haciendo que el cuerpo de ella temblara suavemente ante este acto y ella agarrara el cabello de él entre sus manos, antes de que un fuerte gemido se escapara de sus labios, sonido que hizo que el cuerpo de él sintiera un fuerte escalofrió, y una fuerte punción en sus partes, por lo cual sin querer, o poder esperar más retiro su ropa interior. Se levantó un poco y la miro, su cuerpo aún tenía pequeñas señales de la niña que aún no dejaba de ser, pero eso a él no le importo, para él era perfecto y, ese cuerpo sería el único que desde ese día amaría, desearía y enloquecería.

Con una gran paciencia beso nueva y lentamente su cuerpo, desde sus pies que al igual que el resto de ella le parecían perfectos, hasta nuevamente su rostro, mientras ella por cada beso y pequeño gemido que salía sin su permiso enredaba sus dedos en los mechones peli-plata de él. Beso nuevamente su boca antes de levantarse un poco haciendo que las manos de ella volvieran a caer en la cama como si no tuviera fuerza para sostenerlas.

-Mírame –como si aquella ronca voz la dominara, inmediatamente lo escucho lo hizo. Gracias a la tenue lámpara, ella podía distinguir perfectamente esos ojos, que la miraban tan intensamente que no podía evitar temblar ante aquella mirada. Sintió como la mano que él había posado en su cadera del lado izquierdo bajaba lentamente hasta su pierna, para después posarla en la cintura de él y soltarla, la otra mano subía suavemente por su cuerpo hasta alcanzar una de sus manos, en la cual se enlazo –. Eres hermosa… - fue lo último que escucho antes de ver nuevamente esos ojos que la hipnotizaron totalmente, y sentir un fuerte dolor que amenazaba con partirla en dos. Un grito de dolor fue ahogado en sus labios por un beso. Sus ojos se cristalizaron, y por reflejo su mano libre apretó fuertemente las sabanas, mientras que con la mano que tenía enlazada con la de Inuyasha, enterraba sus uñas en la piel de él. Una lagrima resbalo lentamente por su mejilla, para después ser quitada suavemente por un dedo de él, convirtiendo ese hecho en una suave caricia que se prolongó a todo su rostro. Él sonrió mientras pegaba sus frentes -. Desde hoy eres solo mía –dijo antes de besarla nuevamente, para posteriormente empezar un suave vaivén, uno que era como las suaves olas del océano… perdiéndose con cada movimiento en aquel océano de sensaciones, sin dejar de mirar en ningún momento aquellos ojos, que por alguna razón, le parecían más atrayentes que siempre.

Sentía que cada vez quería más, quería llegar si era posible hasta su alma y marcarla. Esas pequeñas corrientes y cosquilleos que nacían en su pelvis y cada vez eran más placenteros. Sus cuerpos no eran más que océanos de placer… placer que aumentaba en cada oleada, y que amenazaba con hacerlos explotar.

-T-Te amo – dijo sin ser consiente, con un poco de dificultad, antes de nuevamente mirar aquellos soles, en los cuales se perdió y se perdería por siempre.

Él sonrió ante aquella angelical y excitante imagen.


Nuevamente había anochecido, y aun no sabía nada sobre Inuyasha. A pesar de que Byakuya le había dicho que ese hombre había dejado que se fuera, le preocupaba mucho el estado en que se encontraba.

Suspiro de forma cansina. A la única persona que había visto en esas horas había sido a Yura, quien le corroboro lo que Byakuya le había dicho, pero igualmente le seguía preocupando.

-"Tengo que hablar con él… pero ¿cómo?"-no sabía cuánto tiempo permanecería allí, pero tenía que comunicarse con él, y la única persona que podía ayudarla era…

-En verdad eres muy hermosa –giro un poco la cabeza, y vio en el marco de la puerta a un hombre de baja estatura y un poco grueso –. Valdrá la pena el dinero que pague por ti –el hombre entro en la habitación, cerrando la puerta tras él, mientras la miraba de forma lasciva.

Ella se levantó de la cama, observando a su alrededor.

-Le recomiendo por su bien que salga de esta habitación

-Vamos, dame un poco de cariño, prometo que te gustara –dijo mientras se quitaba la chaqueta y empezaba a desabrochar el chaleco que llevaba debajo. Ella se lanzó nuevamente en la cama e intento agarrar un candelabro que se encontraba al otro lado de ésta, pero el hombre se le lanzo arriba –. No seas tan arrisca –dijo mientras trataba de tocarla –. Igual ya pague por ti –dijo girándola, para después intentar besarla, cosa que ella aprovecho para agarrar el candelabro y pegarle en el rostro, provocando que el hombre cayera al piso. Aprovecho el aturdimiento del hombre para levantarse e intentar salir, pero antes de girar el pomo de la puerta el hombre la jalo por una pierna haciéndola, caer.

-¡No! –a pesar de que se movía bruscamente, el hombre logro sujetarla, y se levantó sosteniéndola de espaldas hacia él.

-Pensaba ser amable contigo, pero esto que me has hecho lo pagaras –dijo de forma enojada, mientras la obligaba a caminar hacia la cama a pesar de que ella trataba de resistirse –. No sabes cuánto lo disfrutare –dijo para después pasar su lengua por el lóbulo de la oreja de la chica, provocando que esta gritara por el asco, y tratara de soltarse removiéndose bruscamente, pero el hombre la superaba en fuerza.

-¿Qué sucede? –pregunto de forma calmada, mientras observaba la escena.

-Esta maldita es una agresiva, mira lo que me hizo –dijo de forma enojada, mientras apretaba más el agarre, haciendo que ella involuntariamente soltara un pequeño quejido de dolor –. Tendrán que dármela gratis, y dejar que le haga lo que quiera

-Cariño por mí no hay problema, si quieres puedes quedarte toda la noche encerrado con ella, y hacerle lo que gustes –dijo con una pequeña sonrisa, haciendo que el hombre sonriera complacido –. Pero no sé si a Naraku le agrade que otro hombre toque a su mujer –como si fuera fuego lo que tuviera en las manos, el hombre la soltó bruscamente haciendo que ella casi perdiera el equilibrio.

-P-Perdone señora Kagewaki, no lo sabía –dijo de forma nerviosa mientras hacia una reverencia –. Por favor no se lo digan al señor Naraku

-Tranquilo seguramente fue un pequeño "error" de Tsubaki. Ve al primer piso a la habitación cinco, allí con gusto te atenderán

-N-No se preocupe, tengo cosas que hacer -dijo antes de volver a hacer una reverencia a Kikyo, y salir prácticamente corriendo de la habitación.

Yura, hizo un movimiento negativo con la cabeza, antes de mirar a la chica que todavía permanecía de pie frente a la cama.

–¿Estas bien?

-Sí, solo me golpee un poco al caer –dijo mientras se tocaba el brazo izquierdo. Yura camino hacia la cama, y se sentó.

-¿Por qué te trajo aquí?, ¿es cierto que lo engañas con aquel hombre que trajeron anoche? –ella no respondió, solo miro hacia un lado –. No está mal físicamente, pero creo que prefiero a…-sonrió coquetamente antes de acostarse en la cama.

-Ayúdame a salir de aquí –la otra chica solo se quedó observando un rato, sin decir nada, al techo.

-¿Por qué tendría que ayudarte? –dijo para después colocarse de perfil, y así poder mirarla -. No ganaría nada con ello, además si él se entera literalmente me mataría por desobedecerlo –dijo con una pequeña sonrisa al mencionar esto último. En realidad ella hacia lo que quería, y poco le importaba seguir las "reglas" que él había impuesto y que hasta ahora no necesitaba seguir, siempre y cuando a él no le afectara.

-Puedes venir conmigo –dijo haciendo que la otra chica la mirara con mayor atención. Ella estaba segura de que a nadie le gustaba aquella vida, y por lo poco que sabía de Yura, ésta no era la excepción –. Puedes dejar esta vida

La aludida sonrió, antes de sentarse -. ¿Estas enamorada de ese hombre?, ¿Crees que vale la pena arriesgarse así por amor?

-Yo…- ¿enamorada?, ella en realidad no sabía qué era eso, jamás lo había sentido. Tenía que reconocer que Inuyasha le agradaba físicamente, después de todo era muy apuesto, pero en realidad eso no era lo que le hacía querer estar con él, lo que le hacía querer estar a su lado era el hecho de que con él se sentía respetada, él no la miraba como todos esos ancianos que le pagaban a Bankotsu creyendo que obtendrían una noche de placer con ella. Él la trataba como a una mujer normal, y no como a una simple mercancía que cualquiera podía pagar. Él le hacía sentir que no debía darse por vencido, que ella podía ser feliz… él representaba de algún modo su libertad, o parte de ella. Pero ¿amarlo? –. "No, lo sé" –no se atrevió a decirlo, porque pensó que sonaban tonto –. Él, es la primera persona en que he confiado en años y la que me demostró que no todos los hombres piden cosas indebidas a cambio de algo, que todavía en este mundo existen personas buenas como él. Por mi libertad estoy dispuesta hacer lo que sea, si… si el amor viene incluida en ella, ¿por qué rechazarlo?

Yura bajo la mirada, mientras sonreía tristemente. Ella se quedó observándola por unos segundos, antes de que la otra chica se levantara.

-Espero que no lo estés y nunca lo hagas… a veces el amor puede ser tu cruz y también tu tumba. Hay hombres que te pueden llevar al cielo, pero de la misma forma te pueden arrastrar al fondo del infierno, y el amor es una de las puertas que conduce a hacia el. Si te enamoras de un demonio, se abren todas las puertas –dijo para después empezar a caminar hacia la salida.

–Es por eso… –dijo haciendo que la otra chica se detuviera dándole la espalda -, por eso no te has ido, tú quieres a alguien que se encuentra aquí – Yura se giró hacia ella, recargando su hombro en la pared -. ¿Por qué no se han ido juntos? –ni siquiera sabía porque lo había preguntado, a ella no le gustaba inmiscuirse, o que la inmiscuyeran en la vida de los demás. A ella le daba lo mismo lo que sucediera a su alrededor, siempre y cuando no la afectara, así no creaba lazos con nadie que hicieran que se volviera débil.

-A pesar de que nunca me lo ha dicho, sé que él me quiere –miro hacia el techo, y después sonrió débilmente -. Pero a pesar de eso, él nunca se iría conmigo y ya no estoy segura de seguir aquí por él -dijo antes de salir.


-Así que se casó… –dijo mientras limpiaba el arma que tenía en sus manos, sin observar al hombre que tenía enfrente –, y ¿quién fue la afortunada? –dijo con marcada burla.

-Kikyo Higurashi

-Kikyo… es un hermoso nombre –dijo mientras una sonrisa de lado aparecía en su rostro, para después levantar su mirada hacia el hombre que tenía enfrente –. Sabes… creo que ya es hora de arreglar cuentas con Naraku

-¿Estás seguro hermano?… sabes que entrar a esa isla es casi imposible, apenas pongamos un pie en tierra él lo sabrá

-Lo has dicho, casi imposible –dijo levantándose de la silla, mientras echaba su larga trenza hacia atrás, para después guardar el arma entre el pantalón y el cinturón –. Igual… ¿cuándo algo ha sido imposible para mí? –dijo con una pequeña sonrisa de lado -. Dile a todos que agilicen todo y se preparen, pronto partiremos al Sengoku

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Gabrielle Kravinoff

07/08/17