Capítulo VI: La Marca del Demonio. Primera parte
Se removió un poco en la cama, llevando inmediatamente su mano derecha al costado de su abdomen. Se sentía húmedo y adolorido en aquella parte, al parecer se había lastimado la herida mientras dormía. Abrió los ojos y miro hacia el techo, mientras trataba de recordar todo lo que había sucedido el día anterior, incluyendo las palabras de aquel hombre.
Flash back
Abrió los ojos perezosamente y a pesar de que sintió un poco de dolor al moverse no le importo. Se intentó levantar, pero el cuerpo le dolió un poco más. Se agarró a la pared intentado levantase sin sentir mucho dolor, pero le era muy difícil. Intento dar un paso pero sus piernas temblaron un poco haciéndolo caer de rodillas.
-"¡Maldición!" –golpeo el piso con su puño debido a la frustración. Tenía que salir de allí y buscarla, a ella no podía haberle pasado nada malo. Él había prometido estar junto a ella y cuidarla, tenía que cumplir su promesa.
Sintió la puerta abrirse, por lo cual levanto la mirada hasta ésta. Allí, sonriéndole "amigablemente" estaba uno de los chicos albinos que lo había golpeado hacia algunas… ¿horas?, sinceramente no estaba seguro de cuanto había pasado.
-Al fin has despertado –dijo con esa misma sonrisa, mientras caminaba hacia él. Cuando llego frente a él se agacho hasta su altura, y sin dejar de sonreír le agarro fuertemente del cabello, obligándolo de esta forma a levantarse. En el rostro de Inuyasha apareció una expresión de dolor, antes de recibir un golpe en el estómago que hizo que todo el aire en sus pulmones se escapara, y cayera nuevamente de rodillas en el piso, mientras trataba de respirar.
-¡M-Maldito! –intento levantarse para encararlo, a pesar del dolor que sentía, pero una patada en su pierna derecha lo hizo caer nuevamente.
-Al fin podemos "jugar" a solas nosotros dos –dijo con una sonrisa sádica, mientras de su bota sacaba una daga -. Lástima que no puedo matarte –dijo de forma enojada, pero después volvió a sonreír -. Pero no te preocupes, igual tratare de que nos divirtamos un poco –dijo mientras pasaba, sin dejar de mirarlo, uno de sus dedos por el filo de la daga.
No supo cuánto tiempo duro aquella tortura… no sabía si había sido solo minutos, o incluso horas, aquel hombre lo golpeaba tratando de infligir incluso más dolor que la vez anterior. Escupió sangre ante la complacencia de aquel hombre, antes de que este volviera a agarrarlo por el cabello, y pegara su rostro al de él.
-Tienes una linda cara, igual a la de ella… lástima que ella no tenga expresiones tan placenteras como las tuyas –dijo con marcada burla.
-V-Vete… a la mierda –dijo con un poco de dificultad, provocando una pequeña carcajada de burla de parte del albino. Pero después analizo sus palabras, había hablado de ella, ¿acaso se refería a Kikyo?… se refería a ella en presente, eso quería decir que no le había hecho daño. Estuvo tentado a preguntar, pero en ese momento él se acercó más a su rostro hasta lamer su mejilla, provocando una mueca de repulsión en el rostro de Inuyasha.
–Y la sangre te sienta bien, sería una lástima que… -coloco la daga en la garganta de Inuyasha, y la empezó a subir lentamente, hasta detenerse en su mejilla.
-Hakudoshi, deja de jugar con él, las órdenes fueron claras –dijo de forma serena desde el marco de la puerta, un hombre de coleta –. Ya es hora –el albino rodo los ojos con molestia, y después lo levanto de forma brusca, haciendo que su espalda golpear con una pared.
Inuyasha, se quejó de forma baja por el golpe. Aunque quisiera hacer algo más su cuerpo parecía no querer responderle.
-Creo que por ahora tendré que conformarme con dejarte un recuerdito –dijo antes de mover la daga hasta tocar el abdomen de Inuyasha, teniendo cuidado de que no fuera una herida mortal, pero sí muy dolorosa. Inuyasha no pudo evitar gritar por el dolor, antes de ser golpeado en la cabeza
Fin flash back
En realidad esa herida si sería un recuerdo que le quedaría para toda la vida, pero no le importaba, mientras todo fuera por ayudarla a ella, nada le importaba.
Respiro profundo, y retiro su mano de la herida. A pesar de que sus recuerdos después de allí eran un poco confusos, unos segundos después de recuperar la conciencia se percató de que estaba en el bosque, debajo del gran árbol donde solía sentarse a esperarla a ella. Sin importarle lo que había sucedido en aquel lugar, quiso ir a buscarla, a pesar del dolor que sentía en esos momentos, él debía cumplir su promesa. Pero a pesar de que trato varias veces mantenerse en pie, volvía a caer.
Después de eso recuerda haber visto a… giro la cabeza a su lado derecho al sentir un pequeño movimiento. Lo primero que vio fue la blanca piel de la espalda de la chica que se encontraba de perfil, cuyo cuerpo era cubierto de la cadera hasta sus rodillas por una sabana color azul claro, y su largo cabello azabache se esparcía con gracia por toda la almohada y parte de la cama. Sintió un ligero escalofrió, y por inercia miro su cuerpo, para después levantar las sabanas que cubrían su parte inferior. Abrió los ojos por la sorpresa… él también estaba desnudo. Y, como si fuese un balde de agua fría, los recuerdos de aquella noche llegaron a su mente.
-"No… cualquier otra menos ella, ¡ella no!"-tuvo la tentación de levantarse un poco para ver el rostro de la chica, pero tenía miedo de confirmar sus sospechas. Sin ser consciente de sus actos se levantó de la cama, mientras pensaba en qué demonios le diría a ella, y sobre todo a Kikyo. ¿¡Cómo demonios le diría que la había traicionado con nada más y nada menos que con su hermana!?. Sintió que todo daba vueltas a su alrededor al pensar en eso, pero no le importo, sabía que no debía y estaba mal, pero su cerebro le gritaba que saliera de ese lugar.
Por todo el movimiento que había provocado al levantarse, ella se empezó a moverse hasta que sus ojos se abrieron lentamente. Lo primero que vio fue la puerta de su habitación e inmediatamente lo recordó… Inuyasha tenía fiebre. Se giró rápidamente hacia él, haciendo que la parte de la sabana que le cubría el pecho se deslizara hasta la cama, sin que ella se percatara. Una gran sonrisa apareció en su rostro al verlo de pie frente a ella.
-Ya estás bien –dijo sin quitar esa gran sonrisa, a pesar de que le pareció extraña la forma en que él la miraba.
Él la miraba fijamente, y después de ruborizarse giro su rostro a un lado, al tiempo que le tendía una almohada para que se cubriera.
Lo miro de forma curiosa, queriendo preguntar por qué lo hacía, pero se percató de algo… Inuyasha estaba semidesnudo, cubriéndose solo su parte inferior. Bajo su mirada, y se ruborizo, antes de cubrirse totalmente con la sabana y apretar fuertemente sus labios para que ningún grito escapara de ellos.
¿Ahora qué demonios hacia?, esa era la pregunta que pasaba en esos momentos por su cabeza, y a la cual no le tenía respuesta alguna. Respiro profundo. Sabía que a pesar de que no fuese nada fácil hacerlo, tenía que aclarar la situación con Kagome, y después tal vez encontraría una solución que les conviniera a los dos.
-K-Kagome, yo… -trataba de pensar en algo coherente, y que sonara delicado para no herirla, pero por más que pensara no encontraba las palabras adecuadas –. Esto n-no… "¡demonios, deja de tartamudear!"
Ella abrió un poco las sabanas para mirarlo. Sabía que había hecho algo indebido, pero no le importaba, porque había sido con él. Al mirarlo se percató de que él miraba al piso, mientras apretaba de forma fuerte la sabana con que se cubría desde su cintura para abajo. Pensó que tal vez se sentía mal por haber hecho eso sin estar casados.
-Inuyasha –dijo en un pequeño susurro que él apenas alcanzo a escuchar, haciendo que levantara el rostro para mirarla. Nuevamente se había intentado cubrir, pero al percatarse de que él ahora la miraba, dejo sus ojos descubiertos. Sabía que él quería hablar por las pequeñas muecas que hacía con su boca, pero por alguna razón no se atrevía. Tal vez se sentía culpable por lo que había sucedido, pero a ella no le importaba, si se querían no importaba, y eso tenía que aclarárselo. Respiro profundo, y descubrió su rostro hasta su nariz –. Y-Yo…
-Kagome, lo siento –dijo interrumpiéndola. Sabía que había cometido una falta, y a pesar de que una simple disculpa ahora, no enmendaría ese error, era lo menos que ella se merecía hasta que tomara una decisión respecto a ella y sobre todo a Kikyo.
Esas palabras… esas simples palabras hicieron que todo a su alrededor se derrumbase. ¿Él estaba arrepentido?, ¿acaso él no se había entregado también con amor?... esas cosas solo se hacían con y por amor, ¿entonces por qué se disculpaba?.
- Esto no debió pasar, fue un error. Yo… n-no te quiero de esa forma… –eso fue lo último que escucho, ya que se concentró en ese dolor que provenía de su pecho y que podía jurar provenía de su corazón… su corazón quebrándose lenta y dolorosamente. Subió su mano hasta allí e inmediatamente sus ojos se cristalizaron, pero su expresión ida no cambio -. Sé que no tengo derecho a pedir tu perdón, pero…
-No sigas –fue un pequeño susurro que él ni siquiera alcanzo a escuchar. Trato de hablar nuevamente, pero por alguna razón que no comprendía no podía.
-Kagome, no fue mi intención, creo que te confundí, yo… –al encontrarse sus ojos con los de ella, se dio cuenta muy tarde de que había hablado de más, por lo cual las palabras murieron en su boca. Ella lloraba, Kagome lloraba por su culpa –. Yo… por favor no… -sin ser consciente, su cuerpo se movió hacia ella, pero ella en reflejo se apartó –. Kagome, yo…
-Vete… si estás bien ya puedes irte -no quería escucharlo y menos quería que él sintiera lastima, esa que ahora veía reflejada en aquellos ojos que tanto amaba -. No tienes por qué seguir aquí, si lo que quieres es disculparte, ya lo hiciste –trataba de dejar de llorar, pero sus lágrimas no se detenían por más que tratara de hacer que se detuvieran. Al no poder dejar de llorar, le dio la espalda para que él no siguiera observándola de esa forma que tanto la lastimaba.
-Kagome…
-Vete, por favor…
Seguía allí mirándola, sin saber qué hacer más hacer. No deseaba dañarla, pero tampoco podía mentirle, él no la quería de esa forma y jamás lo haría.
-Lo siento… -fue el susurro que se llevó el viento cuando salió por la ventana.
Miro nuevamente hacia el techo. Había amanecido hace algunas horas. La noche anterior no había podido dormir absolutamente nada. Primero, porque seguía sin tener noticias sobre Inuyasha, y segundo porque no quería que si otro hombre volvía a entrar a su habitación por "error", la tomara por sorpresa.
Miro hacia la puerta esperando la entrada de ella. A pesar de que esa mujer parloteaba como su hermana, era la única que entraba a aquella habitación y por consiguiente, era la única que podía mantenerla informada… a su manera, pero la mantenía informada sobre todo lo que estaba sucediendo.
Sintió la puerta abrirse, por lo cual se incorporó, mientras agarraba el candelabro que se encontraba en la pequeña mesa al lado de la cama.
-Me ha costado encontrarlo –dijo mientras estiraba la mano para entregarle algo. Ella miro el objeto, y después giro su rostro hacia un lado. Jamás utilizaría eso –. Deja de ser testaruda, esto te protegerá. Todos le temen, nadie te tocara en esta isla mientras lleves su marca
–"¿Su marca?- ella la miro por unos segundos antes de ver el objeto que Yura le ofrecía -. "¿Una araña?" -era su anillo de bodas, ese día ni siquiera lo había detallado bien y apenas había salido de la iglesia se lo había quitado, colocándolo en una de las gavetas de la cómoda de la habitación que ocupaba, o bueno eso creía, la verdad era que no estaba realmente segura que había hecho con el.
A pesar de todo el anillo era hermoso, no podía negarlo. Era de oro blanco, tenía forma de araña, el pigidio era un diamante y los ocelos eran pequeñas piedras de color rojo -."Como sus ojos"
-Si no quieres que nadie te toque en este lugar debes utilizarlo. Esta es la marca que lo representa, y esto… –dijo agarrando el anillo y colocándolo frente a sus ojos –, te identifica como de su propiedad… como su mujer –ante esas palabras se giró antes de hacer una mueca de desagrado. Ella no le pertenecía a nadie, y mucho menos a un hombre como ese, pero si Yura tenía razón y eso evitaría que un episodio como el de la noche anterior se repitiera, aunque fuese desagradable, tenía que ceder.
-¿Quien se su pone que es él? –dijo sin ser consciente de que lo había dicho en voz alta.
-Lo único que te puedo decir es que es un demonio –dijo de forma seria, pero después sonrió –. Uno muy sexy, por cierto
Morir… esa era la única palabra que pasaba por su cabeza mientras sus mejillas eran bañadas por sus lágrimas, esas que por más que salían no parecían minimizar su dolor. Todavía podía escuchar las palabras de Inuyasha, y podía sentir como todo en su interior se rescabrajaba con aquellas simples palabras… palabras que fueron como dagas en su pecho, y con cada una de ellas que él pronuncio se hundió más y más.
Esto no debió pasar, fue un error. Yo… n-no te quiero de esa forma
Cerraba los ojos tratando de dejar de llorar, pero además, de escuchar su voz también veía su rostro. Podía incluso imaginarlo frente a ella pisando lo que había quedado de su corazón.
Yo… no te quiero
Un nuevo sollozo escapo. ¿Qué iba a hacer ahora?, había perdido todo… hasta las ganas de vivir. Porque además de su virtud, él se había quedado con su vida y todas sus ilusiones. Él la había convertido en alguien sin valor.
-"Si no fueras una tonta, esto no hubiese sucedido"- se abrazó así misma tratando de calmarse, pero por más que lo intentaba no lo conseguía.
Escucho un pequeño toquido en la puerta, antes de que esta fuese abierta.
-Kag, ¿te sucede algo?. Hoy no has salido ni siquiera a desayunar –dijo la mujer mientras se sentaba en la cama, para después empezar a acariciar el cabello de la chica –. ¿Qué te sucede, cariño?
Ante ese gesto de su madre apretó más la sabana contra su boca, ahogando de esta forma un pequeño sollozo. Se sentía mal por haber sido una estúpida, y por ende haber manchado la honra de su familia, cosa que su madre, por más que la quisiera, jamás le perdonaría.
-Nada… creo que es un simple resfriado –dijo con la voz un poco ronca por haber llorar -. C-Creo que descansando un poco se me pasara –cerro los ojos fuertemente, mientras se mordía el labio inferior para no llorar -."El corazón no miente… pero el de él sí"
-¿Estas segura? –ella solo hizo un movimiento afirmativo con la cabeza –. Está bien, más tarde te traeré algo de comer –la mujer se levantó de la cama dispuesta a salir de la habitación, pero cuando estaba por girar el pomo de la puerta la voz de Kagome la detuvo.
-Madre, quiero ver a Kikyo –dijo sin girarse. No entendía por qué, pero desde niñas había sido así, siempre que se sentía triste, algo la obligaba a buscar a quien creía era su otra mitad.
-Kag, tu hermana es una mal agradecida que no sea dignado a visitarnos en todo este tiempo. Si ella no quiere vernos no debemos obligarla, y menos rebajarnos a buscarla –dijo de forma seria, mientras abría la puerta.
-No me importa, quiero verla –dijo limpiándose las lágrimas, para que su madre no se diera cuenta de que estaba llorando, antes de girarse –. Sabes cómo es ella, pero eso no significa que no nos desee ver
La mujer al ver que la chica tenía los ojos rojos e hinchados se acercó nuevamente a la cama, y después de sentarse, empezó a tocar el rostro de la chica –. No tienes fiebre, ¿te duele algo?
-No, solo me siento un poco indispuesta, pero más tarde quiero ver a Kikyo
-Dije lo que pienso al respecto –dijo empezando a acomodar el cabello enmarañado de la chica –. Si ella no quiere vernos, nosotras no tenemos por qué buscarla. No aumentemos sus ínfulas de superioridad
-A veces das la impresión de odiar a mi hermana –la mujer dejo de arreglarle los cabellos a la chica, y se levantó –. Pareciera que no la quisieras cerca de nosotras
-Son mis hijas y a las dos las amo por igual, pero sabes cómo es tu hermana –Dios era testigo de que no le gustaba mentirle a su hija, y que desde que su esposo la llevo aquella noche a su casa, intento quererlas de la misma forma. Pero allí estaba Kikyo, recordándole con su mirada, con cada gesto a la mujerzuela con la que su esposo había cometido el pecado de la carne. A esa mujer tan insignificante que la miro con prepotencia, como si la que no valiera nada hubiese sido ella. Había intentado olvidar, pero la vida desde hace diecisiete años no se lo permitía a través de Kikyo –. Descansa, realmente no te vez bien –dijo para después salir de la habitación.
-Creo que ya es el momento de que me digas que fue lo que sucedió –dijo de forma seria desde el marco de la puerta. Hacían ya dos días que Inuyasha había llegado en la mañana todo golpeado, y si no fuera porque él lo había encerrado, estaba seguro de que así como había llegado, se hubiese marchado.
Respiro profundo. Necesitaba desahogarse, pero no era nada fácil -. Soy un idiota
-No te estoy preguntando cosas obvias –dijo con marcada burla, tratando de enojar a Inuyasha, pero éste solo suspiro de forma cansada y miro hacia un lado –. "La situación es seria" –camino hasta la cama y se acostó al lado de el otro hombre -. ¿Qué sucedió?
-Los golpes me los dieron unos hombres que al parecer trabajan para el esposo de Kikyo, después de que nos descubrieron en el bosque. Ella se había ido, y cuando me dirigía para aquí, aparecieron tres hombres y después desperté en una habitación… el resto te lo puedes imaginar –el otro hombre lo iba a interrumpir, pero él levanto una mano para indicarle que no hablara –. Eso no es lo más grave
-¿Lo más grave? –dijo de forma seria con el ceño fruncido –. Casi te matan, y eso no es lo más grave –dijo con sarcasmo.
-T-Tuve relaciones con alguien –dijo mirando para un lado, para que Miroku no se percatara de que estaba sonrojado.
-¿Enserio?, todavía te trauma eso. Creí que solo te pasaría la primera vez –dijo con marcada burla al recordar aquella noche después de tantos años.
-¡Cállate, maldito depravado! –dijo totalmente ruborizado - . Nunca debí haberte hecho caso e ir con ella
-Vamos acepta que ella no estaba nada mal… nos llevaba algunos años, pero seguía siendo hermosa. Además, si no hubiese sido por mí, estoy seguro de que todavía fueses virgen –dijo con una pequeña sonrisa, pero después abrió los ojos por la sorpresa –. No me digas que tú en estos seis años no has estado con nadie más –dijo haciendo que Inuyasha se ruborizara más.
-¡Eso no te importa! –dijo ganándose una sonrisa de burla. Había entrado a la milicia, y lo único que le importo fue enorgullecer a su padre, todo, incluso las mujeres, quedaron relegadas, y gracias a eso, era cabo mayor a pesar de su edad -. Lo importante aquí fue lo que hice hace tres días –Miroku, respiro profundo para dejar de reírse, y después de mirar al techo, lo miro nuevamente, indicándole que podía seguir –. E-Estuve con… K-Kagome, te juro que no recuerdo porque lo hice –se cubrió la cara con una almohada –. Después yo… me disculpe con ella, y le dije que… creí que la había confundido, y no la quería de esa forma –sintió un gran peso sobre la almohada, por lo cual empezó a moverse bruscamente hasta que consiguió liberarse –. ¿Querías matarme?, ¡acaso enloqueciste idiota!
-Debería –dijo de forma suave, para después acostarse nuevamente al lado de Inuyasha. Aunque tuviese ganas de golpearlo, lo que ahora necesitaba Inuyasha era aclarar sus dudad, porque conociéndolo como lo conocía, estaba seguro de que no sabía que iba a hacer para arreglar ese problema -. ¿Qué piensas hacer?
-Sé que debería casarme con ella, pero… -miro hacia el techo, y respiro profundo -. No la quiero de esa forma y no quiero hacerla sufrir
-Creo que ya lo estás haciendo –Inuyasha lo miro sin entender –. "Sigue siendo el mismo tonto despistado". Lo que le dijiste, nunca debiste haberlo dicho
-Ahora lo sé, pero creí en ese momento que lo correcto era ser sincero. Le había hecho una promesa a Kikyo
-No quieres casarte con ella, pero aun así no creo que Kikyo te perdone
-Lo sé –respiro profundo y miro hacia la pequeña ventana –. Pero prometí ayudarla a salir de la isla, y eso haré, después solucionare este problema con la familia de Kagome… tal vez pagando la dote…
- Eso le haría más daño del que ya le has hecho –dijo de forma seria, para después levantarse –. Creo que necesitas pensar bien que vas a hacer, porque si cometes un error por más pequeño que sea, puedes arrepentirte por siempre… además, todavía no sabes si su "incidente" tendrá repercusiones –dijo para después salir de la habitación, dejando a un totalmente pálido Inuyasha.
-"No había pensado en esa posibilidad"
-Quiero salir con Kagome –dijo para después tomar de su vaso mientras observaba a las mujeres que bailaban en la tarima –. A solas –aclaro cuando se percató de que el otro hombre lo miraba sin comprender.
-Sabes que eso es "indebido". Tendrás que conformarte con tus salidas de tres –dijo para después fijar su vista en las mujeres que estaban sobre la tarima.
-Vamos, Bankotsu, sé que puedes arreglar ese pequeño problema –dijo observándolo con una pequeña sonrisa.
-Tal vez si, o tal vez no –dijo mientras jugaba con su vaso -. El problema aquí no es si puedes o no salir a solas con ella, si no lo que estás dispuesto a hacer
-Se lo que quieres y tú sabes lo que quiero, arregla todo y después hablamos al respecto
-Sabes que ante los demás te puede costar un compromiso
-Tú solo has tu parte, después veré como hago la mía. Ahora tengo asuntos que atender, pero esta noche espero tu respuesta –dijo con una pequeña sonrisa antes de beber todo el contenido de su vaso, para después levantarse –. Escoge a la que quieras, yo invito –dijo para después salir del lugar.
Caminaba por la isla tratando de encontrar una solución al caos en que había convertido su vida por ser un gran idiota. Por un lado sabía que tenía que responderle a Kagome, tal como sabía que tendría que hacerlo y como su padre le obligaría a hacerlo cuando se enterase. Pero por otro lado, él consideraba que a pesar de que se casara con ella solo lograría que fuesen infelices, especialmente ella, ya que él no la veía de la forma en que ella se lo merecía. Estaba seguro de que jamás podría enamorarse de ella, pero si no se casaba con ella dañaría la reputación de toda la familia, pero principalmente la dañaría a ella.
-"Kagome" –¿por qué le estaba sucediendo eso?, ¿por qué ella tuvo que ir ese día al bosque?…¿¡por qué demonios no lo había dejado solo!?.
Cerró los ojos, y suspiro cansinamente. En realidad ella no tenía la culpa de nada, él había sido el imbécil que había arruinado todo.
-"Elija la opción que elija, solo lograre hacerla infeliz"- suspiro cansinamente. No se había atrevido a ir a hablar con ella porque no sabía que decirle, pero sobre todo no soportaría verla de esa forma –. "Su mirada y sonrisa, no eran la misma"-la primera vez que vio sus ojos supo que eran diferentes a los de Kikyo, a pesar de que en apariencia eran parecidos. Su sonrisa... la primera vez que la vio creyó que era la más hermosa que había visto hasta ese momento, y también la diferenciaba de Kikyo, ya que jamás la había visto sonreír. Pero ese día todo eso había cambiado y sabía que era por su maldita culpa –. "Tal vez… debería hablar con ella y pedirle que nos ca…"
-Creí que habías muerto hace años –ese comentario, con marcada burla, hizo que saliera de sus cavilaciones.
¿Cuantos años transcurrieron?, ¿ocho?, ¿diez?... no estaba seguro, pero por más años que pasaran siempre habría algo en esa maldita voz que la distinguiría como la de él.
–"¡Maldita sea!, ¿qué hace aquí?" -hizo una mueca de desagrado, y se giró a mirarlo -. También creí que no contaría con tan mala suerte de volverte a ver, sarnoso –dijo de forma seria, mientras lo observaba de la misma forma. ¿Por qué de tantos lugares en el mundo y de tantos años que transcurridos, el maldito sarnoso tenía que volver al Sengoku justo cuando él lo había hecho?.
El otro hombre cuando se percató de algunos moretones que todavía se observaban en el rostro de Inuyasha, se sorprendió un poco, pero no dejo de míralo de forma seria, mientras sonreía de lado.
Jamás se llevaron bien, y estaban seguros de que jamás de los jamás lo harían. Los dos eran hijos únicos, y por ende herederos de sus familias. Éstas eran rivales en la producción de algodón y café, y al ser herederos ambos también lo eran y seguirían siéndolo.
Debían agradecer que ambos hubiesen nacido varones, porque si no hubiese sido así, sus familias se hubiesen unido por un matrimonio entre sus herederos.
Pero su rivalidad iba más allá de los negocios, desde su nacimiento ellos eran enemigos naturales. Nacieron el mismo día, y desde ese día sus destinos fueron pactados… ser rivales. Desde pequeños competían en todo, y sabían que cuando crecieran seguiría siendo igual. En lo único que no compitieron, y al parecer nunca lo harían, o eso creían ellos, era en el amor, ya que sus gustos en las féminas eran totalmente diferentes.
Ninguno de los dos había cambiado mucho en esos casi nueve años. Kouga, seguía manteniendo el cabello largo y había crecido igual que Inuyasha, pero éste último, ahora utilizaba el cabello un poco más arriba de los hombros.
-Pero a veces la vida puede llegar a ser caprichosa, colocándonos una y otra vez frente a nuestros desagrados
-Por esta vez tengo que reconocer que tienes razón, Inuyasha –dijo de forma seria empezando a caminar –. Al parecer los años no te van comiendo el cerebro como pensé
-Aunque por lo visto, a ti si –dijo haciendo que el otro hombre se detuviera, pero sin girarse.
-Tal vez tengas razón… después de lo que hice, tal vez la tengas –dijo para después seguir su camino dejando confundido a Inuyasha.
Ese no era el sarnoso que él conocía. El Kouga, que conocía se hubiese enfrascado en una discusión con él, llegando probablemente a los golpes, como siempre había sucedido. O, tal vez si había cambiado con los años y él no.
–."Quiero ver tu cara, y el berrinche que vas a hacer cuando te enteres de todo chucho… aunque a mí tampoco me agrado la idea, sé que te fastidiara más"-pensó con una pequeña sonrisa mientras seguía su camino.
-Kouga, pidió mi permiso para comprometerse con Kagome, y por supuesto desea el de usted también, tía
-Pero Kagome es casi una niña, todavía no es el momento de que se case
-Tía, ya Kikyo esta casa, y no ha sucedido absolutamente nada. Creo que es mejor aprovechar que alguien se interesa en ella, los años pasan y algunas cosas no son para siempre
-Sabes que ese fue un caso especial –dijo de forma seria la mujer –. Si no hubiese sido por… esa situación, tampoco hubiese estado de acuerdo en que Kikyo se casara tan joven
-No debería de preocuparse por tonterías. Kouga, es un excelente partido, además está soltero. Si le preocupa la edad de Kagome podemos esperar dos años como mínimo para que se lleve a cabo la ceremonia, lo importante aquí es el futuro de Kagome
-Pero… -la mujer observo a su suegra que hasta ahora se había mantenido al margen de la conversación. La anciana pareció pensarlo por unos segundos, y después asintió.
-Kouga es un buen muchacho, y estoy segura de que en estos dos años ella se enamorara de él. Tampoco me agrada la idea de comprometerla tan joven, pero debemos asegurar su futuro por si llegamos a faltar
-Está bien –dijo con resignación la mujer. Ella nunca había obligado a hacer nada a Kagome, y no quería empezar a hacerlo. Sabía como era la chica, y no aceptaría nada por imposición, pero Bankotsu tenía razón, tenía que asegurarle un buen futuro a su hija –. Pero se lo diré mañana
Cuatro días… ese era el tiempo que llevaba encerrada en ese lugar. Los primeros dos días algunos hombres trataron de entrar a la habitación en donde se encontraba, pero para su sorpresa y desagrado, Yura había tenido razón, y cuando veían la "marca" salían asustados de la habitación. Pero estar "tranquila", para ella no era suficiente, necesitaba salir y verlo, necesitaba saber si de verdad él estaba bien.
-"Todo fue mi culpa"
Ella sabía que quien se acercara con intenciones amorosas hacia ella terminaría mal, pero fue muy egoísta con sus ilusiones infantiles, y no se alejó. Permitió que él siguiera haciéndole promesas de que algún día estarían juntos, y sobre todo de que tendría su ansiada libertad. Había sido egoísta al arrastrarlo con ella, pero ¿qué tenía eso de malo?, si lo único que ella codiciaba era su libertad y felicidad. Había llegado a pensar ilusamente que ellos podrían estar juntos por siempre, ya que al creerse manchada por ese demonio y que su oportunidad de escapar se había perdido, él apareció, demostrándole que ella podía ser quería y respetada, y que ella también podía llegar a querer, pero al parecer la vida no quería que eso sucediera, o por lo menos no gracias a él. Pero si su destino no era ser libre, ella lo cambiaria, y si era posible estaría con él.
-"Pronto saldré de aquí y estaré con él"
Era a lo único a lo que se aferraba para no desfallecer. A pesar de que no sabía si al final estaría con él, Inuyasha representaría siempre su promesa de libertad.
Al quinto día Yura la ayudo a salir en la noche. No sabía dónde vivía con exactitud Inuyasha, pero gracias a las indicaciones que él le había dado llego a aquel lugar.
Toco la puerta, sintiendo como una pequeña felicidad aumentaba en su interior con cada toquido. Vio como la puerta se abría lentamente, y una pequeña sonrisa se formó en sus labios sin que ella se diera cuenta, pero ésta se borró al ver que quien le abría no era él.
-Inuyasha… –dijo no muy segura, temiendo haberse equivocado-, necesito hablar con él
La mujer que había abierto la puerta se quedó observándola. A pesar de que llevaba una capa que no le dejaba ver mucho el rostro la reconoció.
-Él no se encuentra, y usted no debería estar aquí –dijo de forma seria –. Así que váyase y no vuelva
-Lo que haga, o deje de hacer no es de su incumbencia –dijo observando de forma despectiva a la mujer que la miraba de forma enojada –. Solo dígale que estoy aquí y que sea él quien decida si debo irme o no –dijo mientras descubría su cabeza.
-Mire "señora" será mejor que se vaya –dijo tratando de contenerse frente a la chica, que aunque se parecía mucho a Kagome era supremamente insoportable -. O, yo misma haré que encuentre rápido y fácil el camino a la casa de donde no debió salir
-Mi intención no es medirme con usted, pero no me iré hasta que no hable con él
-¡Esto es el colmo! –dijo exasperada -. ¿Acaso no le da vergüenza engañar a su esposo?. Usted no tiene moral y menos sentimientos, porque si quisiera un poquito a Inuyasha lo dejaría en paz, ¿acaso no le remuerde la conciencia de como quedo por usted?
-No me conoce, así que no veo porque tiene que opinar en algo que ni siquiera le incumbe –dijo sin ni siquiera aparentemente molestarse, ya que seguía con su misma inexpresión, pero a pesar de no demostrarlo le había dolido escuchar que todo había sido por su culpa. Por supuesto que lo sabía, y por eso había pensado en alejarse de él. Pero aunque fuese egoísta, ella no podía y tampoco quería alejarse de él, ella por primera vez en su vida quería hacer lo que sentía y quería, y eso era estar con él –. "¿Aunque él pague las consecuencias?"-claro que no, ella no quería eso. Ella no quería que le hicieran daño a Inuyasha, y no lo volvería a permitir, aunque tuviera que sacrificarse para ello, después de todo él lo estaba haciendo por ella.
Sango estaba evidentemente enojada, y si en ese momento no hubiese aparecido Miroku, tal vez hubiese tratado de descargar su mal humor con aquella chica que tenía frente a ella.
Después de unos minutos de espera, apareció él. A pesar de los cinco días transcurridos, todavía se observaban algunos moretones en su rostro.
Él estaba de pie frente a ella, pero no la miraba, no se atrevía a mirarla.
-"Inuyasha"-se quedó observándolo por unos segundos hasta que lo abrazo. Sus ojos se cristalizaron ante tal imagen –."Todo es mi culpa". Lo siento, Inuyasha
Él solo miraba al frente sin atreverse a mirarla, o abrazarla, dejando salir algunas lágrimas silenciosas. Cuando Miroku le dijo que ella estaba allí, pensó en no verla, todavía no se sentía preparado para estar frente a ella y contarle sobre el error que había cometido por idiota con nada más que con su hermana. Reconocía que sentía miedo por ver su reacción cuando supiera que él, la única persona en que, ella le había contado, había confiado en muchos años, la defraudara. Pero él no era un cobarde, además, había prometido ayudarla, y eso haría.
Con manos temblores trato de responderle el abrazo, pero cuando casi la rodeo se arrepintió. Decir que se sentía como una basura sería poco, sabía que era un desgraciado que ya se había condenado, pero eso no le importaba, lo único importante era sacarla de la isla, y después le explicaría todo, porque estaba seguro de que si lo hacía en ese momento ella no se lo perdonaría y se negaría a cualquier ayuda que él tratara de ofrecerle.
-No tengo porque hacerlo. "Quien debe pedir disculpas soy yo" –pensó mientras se limpiaba las lágrimas –. "Los Taisho no lloran, idiota". Prometí ayudarte, y eso haré
Ella se apartó un poco, y se quedaron observando por unos segundos. Ella no lloraba, pero tenía los ojos brillosos, rehusándose, como en tantas ocasiones, a llorar.
Subió su mano temblorosa hasta la mejilla de ella. Sabía que no merecía tocarla, pero lo deseaba… lo deseaba más que cualquier cosa, a pesar de sentirse un maldito.
-Fue mi decisión liberarte, y siempre cumplo mis promesas, Kikyo –dijo mientras acariciaba lentamente la mejilla de la chica.
Ella retuvo la mano de él entre las suyas y se hinco un poco para besarlo. Deseaba borrar el asqueroso recuerdo de ese hombre besándola. Necesitaba borrar el sabor de esa boca que, aunque transcurrieron varios días, parecía no querer desaparecer.
Sintió el suave rose en sus labios, y a pesar de que deseaba profundizar el contacto, no se lo permitió. Se apartó un poco y la beso en la frente, para después abrazarla como si la vida se le fuese en ello.
-Tengo todo listo, pronto nos iremos "y tú serás feliz"
Ella respondió al abrazo con una pequeña sonrisa, esperando que cuando llegara el momento de escapar no estuviera encerrada en ese lugar, ya que intentar escapar una segunda vez no sería tan fácil como en esa ocasión.
Paso suavemente su mano desde el cuello de él, bajando lentamente por su pecho, hasta llegar a su abdomen. Se sentó a horcadas sobre él, y mientras seguía descendiendo con su mano, empezó a pasar lentamente su lengua sobre el pecho de él. Cuando su mano llego hasta el pantalón, lo desabrocho lentamente, para después perder su mano entre éstos, bajando, al mismo tiempo, con su boca por su abdomen.
Lo conocía, y sabía que a pesar de ser un hombre que no se dejaba llevar por las pasiones, no era de palo.
En un rápido movimiento la espalda de ella quedo en la cama, lo cual hizo que ella sonriera pícaramente. Ante la fija mirada de él, empezó a bajar lentamente su pantalón, sin dejar de mirarlo a los ojos. Levanto un poco su cadera para provocarlo, lo cual hizo que inconscientemente él cerrara los ojos por unos segundos antes de morderla sin ninguna delicadeza en el cuello, provocando con esto más placer que dolor. Ella sabía lo que vendría ahora, por lo cual coloco sus piernas en la cadera de él, tratando de profundizar el contacto.
-Vete –dijo mientras se levantaba. Ella frunció el ceño sin entender, se suponía que estaban en la habitación de juegos para eso… solo iban allí para jugar cuando él necesitaba desesterarse. Pero ese día había actuado de forma extraña. No había respondido a ninguna de sus caricias, y cuando parecía estarlo haciendo pasaba eso.
Ella se incorporó un poco, y paso nuevamente su mano por el pecho de él, acariciándolo suavemente con sus dedos.
–He dicho que te vayas, o ¿acaso eres sorda, Yura? –dijo después de agarrar la muñeca de ella con una de sus manos, apartándola bruscamente.
-Hoy estas muy estresado cariño –quería jugar con él, y a pesar de saber que insistir era peligroso, no quería quedarse con las ganas -. Tú solo relájate y déjame hacer completamente el trabajo –se sentó en las piernas de él, y aunque el trato de apartarla, se movió un poco para impedírselo.
En realidad no sabía que le pasaba. Él no era un hombre que se dejara llevar por el deseo carnal, pero reconocía que utilizaba únicamente el cuerpo de una mujer para desestresarse cuando lo necesitaba. Yura era una de las tantas que había compartido cama con él, y una de las pocas que había repetido este hecho con él.
Cerró los ojos cuando sintió que ella se levantaba un poco, soltando un pequeño gemido mientras descendía nuevamente, para después empezar a moverse sobre él. No sabía por qué razón no podía concentrarse, al igual que le habia pasado en los últimos días, su cabeza no dejaba de rememorar ese día…
No dejaba de maldecir y odiar a esa desagradable mujer.
-"Kikyo"-con tan solo pensar en el nombre de esa maldita mujer sentía su enojo crecer. Esa desgraciada siempre tenía aquella inexpresión que le inervaba y esa mirada tan vacía que al mismo tiempo lo miraba con desafío y superioridad. Ese desafío y superioridad que nadie, y mucho menos una insignificante mujer le había mostrado jamás.
Ese día le había dicho con esa maldita expresión que el malnacido de Inuyasha era superior a él… que el imbécil de Inuyasha era mil veces mejor que él. ¿Cómo se habia atrevido a hacer tal comparación?. Inuyasha no era más que un imbécil patético al igual que sus padres, él en cambio, era y siempre sería superior.
-Aahh –ella gimió bajito cerrando los ojos, cuando él la agarro con fuerza para aumentar la velocidad de los movimientos que ella estaba haciendo. Quito sus manos del cuello de él, y se inclinó un poco hacia atrás, mientras mordía su labio inferior.
-"Kikyo"
La odiaba. Quería que esa expresión inmutable desapareciera de su rostro. Quería ver una expresión de pánico y dolor en su rostro… quería que ella se doblegara ante él.
–"Kikyo"
Abrió los ojos, y en un rápido movimiento se giró dejándola a ella de espaldas en la cama, tomando así el control. Escuchaba sus gemidos, y sentía el cuerpo de ella temblar, mientras se agarraba a la cabecera de la cama para no caer. Sentía como un pequeño cosquilleo aumentaba progresivamente en todo su cuerpo, cada vez que inconscientemente el nombre e imagen de ella aparecía en su cabeza.
Giro un poco la cabeza, tratando de buscar más oxígeno, y a pesar de que estaba sumergida totalmente en una laguna de placer, pudo verlo… sus ojos, estaban más rojos que normalmente. Mostraban ese brillo que solo había visto cuando presenciaba, por casualidad, una tortura que él con sus propias manos impartía…no, estaba equivocada. Su mirada era diferente y más intensa. Estaba segura de nunca haberla visto, y seguramente ese brillo solo lo mostraba cuando sentía la cumbre del placer. Cerró los ojos antes de aferrarse con más fuerza a la cama, y un fuerte gemido salió de su boca.
-"Maldita seas, Kikyo"
Fue lo último que pensó antes de que un fuerte gemido se escapara de su boca y, se dejara arrastrar por ese fuerte calor y cosquilleo que nacía en su pelvis, y se expandía rápida e intensamente por todo su ser.
Una semana exactamente había pasado desde que estaba en ese lugar. Desde el día que se vio con Inuyasha no pudo volver a salir más, y estuvo totalmente incomunicada. Esa noche la mujer llamada Tsubaki se percató de su salida, cosa que ella sabía que pasaría, pero no le importo, pero a ella no le convenía que Naraku se enterara que la había "dejado" escapar, por lo cual no dijo nada al respecto, pero desde allí solo ella podía abrir y cerrar la habitación. Solo veía a Yura, con la supervisión de Tsubaki, cuando iba a comer.
Flash back
-Si vuelves a hacer una estupidez como esta, te arrepentirás
-Aquí la esposa de Naraku soy yo, así que no tienes por qué prohibirme absolutamente nada, y menos amenazarme
Tsubaki empezó a reír de forma burlona ante ese comentario, pero después se quedó observándola seriamente de pies a cabeza, antes de acercarse hasta ella. Sin dejar de mirarla fijamente, acerco lentamente su rostro hasta que sus narices se tocaron, y después subió su mano hasta acariciar la mejilla de la chica que también la miraba fijamente, sin ni siquiera inmutarse por lo que estaba haciendo la mujer –. Al igual que yo, sabes que él ni siquiera te desea… tú le repugnas, así que deja de decir estupideces, que esas no funcionan conmigo
Kikyo le agarro la mano, y se la retiro con brusquedad, sin cambiar en ningún momento su inexpresión.
-Tal vez tengas razón, pero a ti tampoco te conviene que él se entere de lo incompetente que eres
Fin flash back
Ese día en la mañana Byakuya fue a buscarla y sin darle ningún tipo de explicación la saco de ese lugar. Cuando llego a aquella mansión, a la primera persona que vio fue a la anciana Kaede, la cual, aunque ella no hubiese deseado que lo hiciera, la abrazo.
-Estaba preocupada por ti. No sé qué le hiciste, pero espero que no lo vuelvas a hacer –dijo de forma preocupada, mientras la ayudaba a desvestirse –. Sé que es una persona un poco "especial", pero con el tiempo te acostumbraras a…
-Lo dudo, nos despreciamos y eso no cambiara –dijo sin observar a la anciana, mientras se retiraba la parte inferior del vestido, quedando únicamente en ropa interior. La anciana iba a decir algo, pero se vio interrumpida cuando la puerta se abrió.
–Retírate -al escuchar la voz ella agarro la sabana, y se cubrió.
-¿Cómo te atreves? –apretaba la sabana a su cuerpo, luchando internamente para que en su rostro no se reflejara la vergüenza que sentía en esos momentos.
-Eres mi esposa y está mi casa –dijo como si fuera lo más obvio, mientras cerraba la puerta detrás de sí. La observo por unos segundos antes de caminar hacia el pequeño sofá que se encontraba cerca de la ventana –. ¿Acaso tu cuerpo esta tan desgastado que tienes temor a que lo vea? –dijo con marcada burla, para después sentarse, y mirar hacia el jardín por la ventana –. Cierto… se me olvidaba que hay que pagarte, aunque sinceramente no me interesa
-¿Qué quieres? –ahora no luchaba por no ruborizarse, si no por no perder los estribos.
¿Qué quería? esa era una buena pregunta de la cual no estaba seguro de cuál era la respuesta. Todos esos días, aunque no lo quisiera reconocer, las palabras de esa estúpida mujer no las había podido olvidar. No entendía como alguien podía preferir al imbécil de Inuyasha por encima de él, hecho que realmente lo molestaba.
Si la había mandado a buscar era porque él personalmente quería hacerle tragar su orgullo y todas las palabras de desprecio que tuviera hacia él. Le parecía muy divertido y placentero torturarla el mismo. Pero la razón por la cual había ido a verla cuando Byakuya le informo que ya había cumplido su orden, no la tenía totalmente clara.
–Habla y vete
Otra vez utilizaba ese tono demandante con él. Sinceramente no sabía si enojarse o reírse. Ella era la primera persona que le hablaba de esa forma y en cierto grado debía admitir que le agradaba, después de todo conocía a pocas personas que tenían las agallas de desafiarlo, aparte de ellos.
Se levantó y camino hasta quedar a escasos centímetros de ella. La miraba fijamente sin ninguna expresión, mientras aceraba su rostro al de ella. A pesar de que sus cuerpos quedaron completamente pegados ella no se apartó, solo lo miraba de la misma forma que él lo hacía. Sus respiraciones chocaban lentamente, mientras se seguían mirando fijamente.
Sin saber porque, ella se estremeció un poco cuando sus bocas casi se rosaron, por lo cual en reflejo subió sus manos para apartarlo, provocando que la sabana que la cubría cayera al piso, pero en ese momento no le importo. Solo quería alejarlo. Esa mirada, a pesar de que no era la misma amenazante que siempre le mostraba, le indicaba que algo estaba mal.
-Por ahora te necesito con vida, así que no vuelvas a darme una razón más para matarte con mis propias manos, Kikyo
-Lamentablemente esas son las que sobran entre nosotros –dijo para después apartarse.
Él solo sonrió, ella era una mujer muy inteligente, eso lo sabía desde el mismo día en que la había conocido, pero también era igual de estúpida. Todavía no se percataba a quien estaba desafiando.
-Entonces… veremos quien logra hacerlo primero –dijo con marcada burla, antes de alejarse de ella y salir de la habitación.
Miraba a su madre sin saber exactamente qué decir. Eso no podía estarle ocurriendo a ella. Ella no podía estar comprometida, y menos con Kouga.
-Desde esta noche su compromiso será oficial –dijo con una pequeña sonrisa la mujer –. No pudiste encontrar mejor partido que Kouga
-N-No –dijo en un pequeño susurro. Ella no podía casarse con nadie, si no quería avergonzar a su familia. Tenía que hacer que su madre se retractase antes de que fuese demasiado tarde.
-¿Dijiste algo, querida?
-No me casare –dijo con seguridad-. Habías prometido que las cosas no serían así
-Estuve pensándolo, y estoy segura de que no encontraras mejor esposo que Kouga. Además de ser un joven muy apuesto, tiene una buena posición social
-Nada de eso me interesa. No pienso casarme con él
-Kagome, no me gusta obligarte a hacer algo que no quieres, pero esto es por tu bien. Nosotros no tenemos dinero, y si alguien se entera antes de que te cases, ningún joven de buena familia querrá contraer matrimonio contigo
-Madre, yo… no puedo –dijo sin mirar a su madre –. Nunca me casare
-Pero…
-Quiero entrar al convento –si esa era la única forma de evitar que la casaran con Kouga, lo haría. Allí cambiaria ese dolor que Inuyasha le había provocado por amor hacia Dios –. Quiero servirle a nuestro señor
-Kagome, estoy pensando en tu futuro. Soy tu madre, y sé que en un convento no serás feliz, además hay otras formas de servir a nuestro señor –dijo de forma seria, haciendo que la chica la mirara –. Tú compromiso ya está concertado y no hay discusión, solo quería que lo supieras antes de formalizarlo
-No, no me voy a casar, sin importar que lo hayan acordado –la mujer se sorprendió, Kagome jamás le había hablado de esa forma, parecía estar hablando con… Kikyo –. No puedes obligarme a hacer algo que no quiero. No me casare con Kouga, ni con nadie. Estés o no de acuerdo ingresare al convento
-Está bien, puedes hacer lo que quieras, mientras tengas mi permiso –dijo de forma seria -. Y para entrar a un convento no pienso dártelo –no entendía porque a su hija se le había metido ahora en la cabeza que quería ser monja, si nunca lo había manifestado. Pero sin importar cual fuese la razón, ella conocía lo suficiente a su hija para saber que esa no era la vida que la haría feliz –. Prepárate para esta noche. Solo dale una oportunidad, es un buen chico –dijo para después dirigirse hacia la salida de la habitación.
No sabía exactamente qué haría, pero tenía que evitar que se formalizara. No quería decepcionar a su madre, pero si esa era la única forma para que no la comprometieran lo haría, aunque le doliera tenía que decirle la verdad.
-No puedo casarme con él, porque… ¡porque no soy digna! –la mujer se giró a observarla.
-¿A-A que te refieres? –pregunto de forma nerviosa sin estar segura de querer escuchar la respuesta –.Tú, no… -sus ojos se cristalizaron, mientras con su cabeza y manos hacia movimientos negativos. Kagome solo miro al piso, tratando de no llorar.
-Lo siento… sé que no debí hacerlo, pero yo… lo am-maba
-No, tú estás equivocada –respiro profundo antes de sonreír –.Tú eres incapaz de hacer algo como eso, tú…-las lágrimas salían de sus ojos, mientras su voz cada vez se quebraba más, pero la sonrisa no desaparecía de sus labios –.Tú, no…-se acercó a ella, y agarro con sus manos el rostro de la chica –. Mi pequeña no. Tú eres tan pura, que serias incapaz de hacer algo como eso… tú no…
Al ver a su madre así, también empezó a llorar. Si antes no se había arrepentido de lo que había hecho, en ese momento si lo hacía. Había perdido tanto, por nada.
-Yo… perdí mí…
-¡No!, tú no… ¡tú eres mi niña! –se cubrió los oídos para no seguir escuchando a Kagome. Se rehusaba a escuchar y creer en esas palabras, su pequeña nunca le haría eso, ella no… ella no era como Kikyo –. Tú no… tú no eres capaz –seguía cubriendo sus oído, mientras lloraba y hacia movimientos negativos con la cabeza.
-Madre, por favor… lo siento… yo perdí…
-¡Cállate! –escuchó un fuerte golpe, antes de que el silencio reinara en la habitación.
Kagome, se giró a observar a su madre con la mano en la mejilla mientras lloraba. Su madre jamás le había levantado la mano en sus diecisiete años de existencia.
La mujer la observo, y sin poder evitarlo nuevas lagrimas salieron. Trato de acercar su mano al rostro de la chica, pero se arrepintió y coloco una expresión seria -. ¿Por qué?... tú eras mi niña, yo te crie para que fueses una buena mujer… ¿¡por qué tenías que ser como ella!? –sin poder evitarlo empezó a llorar nuevamente –. Esto es un castigo, tú al igual que Kikyo solo han traído deshora a nuestro apellido. ¿¡Qué haremos ahora?!
-Perdóname, yo… lo siento –sin dejar de tocarse el golpe en su mejilla seguía llorando.
-Con eso no arreglaras nada –dijo esta vez de forma cansada -. ¿Acaso no te das cuenta de la magnitud del problema?, ni en un convento te aceptarían. Solo hay una solución a este problema… –la miro fijamente -, ¿quién fue?
Ella empezó a hacer movimientos negativos con la cabeza –. N-No puedo
La mujer la agarro por los ante brazos, y la miro de una forma en que jamás lo había hecho… con ira.
-No puedo –de nada servía decirla el nombre a su madre, él no la quería y ella no quería obligar a nadie a estar a su lado, aunque eso le costara estar sola por el resto de su vida. La mujer apretó inconscientemente el agarre, haciendo que la chica hiciera una mueca de dolor.
-Me dirás quién es y te casaras. Tú no arruinaras a nuestra familia –dijo para después soltarla de forma brusca y salir de la habitación.
-Kikyo, te solicitan –dijo la anciana al entrar a la habitación. Naraku había prohibido que la chica tuviera contacto con alguien diferente a las personas que estaban en la casa mientras él no estuviera, pero esta vez no puedo evitar desobedecerlo –. Es una chica muy parecida a ti, y creo…
-No quiero verla, dile a Kagome que se vaya
-Pero ella…–la anciana se vio interrumpida cuando la chica se giró a observarla fijamente, dándole, segundos después, la espalda nuevamente, dando por terminada la conversación –"No comprendo por qué dice que jamás podrán llevarse bien, si son más parecidos de lo que creen". Como desees –dijo la anciana antes de salir de la habitación.
Suspiro de forma fastidia, mientras veía por la ventana. Sinceramente no quería ver a nadie, y mucho menos a la fastidiosa de su hermana, que lo único que buscaba, seguramente con esa visita, era tratar de convencerla para que fuese a aquella casa, donde solo se fastidiaría por la presencia de aquella mujer y sobre todo por la de Bankotsu, que afortunadamente no había intentado nada raro con ella en los días en que lo había visto.
-"Al parecer esa es la única ventaja de estar atada a ese hombre"
Salió de sus cavilaciones al escuchar la puerta abrirse de forma brusca, pero antes de que pudiera girarse, alguien la abrazo por la espalda. Intento soltarse, pero al escuchar unos sollozos se detuvo. Hacía muchos años que no la escuchaba llorar, pero jamás olvidaría esos lamentos que identificaban a su hermana… unos lamentos que ella siempre odio escuchar y los critico, porque la hacían parecer débil ante sus ojos. Una persona débil que no se merecía nada y menos de parte de ella. Pero en realidad esa nunca fue la verdadera razón para odiar cuando veía llorar a su hermana.
-¿Kagome? –no había necesidad de preguntar, pero fue lo primero que se le ocurrió en ese momento. Kikyo intento girarse, pero los brazos de su hermana se lo impedían.
-Lo siento, no pude detenerla –dijo la anciana antes de cerrar la puerta delante de ella.
–Deja de llorar, sabes que detesto escucharte hacerlo –dijo de forma seria intentando obtener el mismo resultado que cuando eran niñas, pero los sollozos no se detenían -. ¿Qué sucede? –ella no respondía, solo abrazaba con más fuerza a su hermana mientras lloraba –. ¿Kagome?
No escuchaba nada de lo que decía su hermana, solo quería seguir allí… desahogándose, mientras la abrazaba. Sentía los pequeños movimientos que Kikyo hacía para girarse, pero ella solo la abrazaba más fuerte intentando que ese momento siguiera.
Sin poder evitarlo su cuerpo empezó a deslizarse suavemente hasta el piso, sin dejar de abrazar a Kikyo. En ese momento la otra chica se giró como pudo, y por inercia su cuerpo también se deslizo suavemente hasta el piso, donde Kagome volvió a abrazarse a ella. Con manos temblorosas respondió un poco al abrazo, uno de los tantos que su hermana le había dado, pero el primero que respondía sin necesidad de ella misma necesitarlo, como en aquella ocasión que creyó que Naraku había destruido su vida.
Después de permanecer por unos minutos abrazadas, mientras Kagome seguía llorando, ella la aparto un poco, y vio el moretón rojo que le cubría gran parte de la mejilla derecha –. ¿Quién te hizo esto?
-N-Nuestra madre –Kikyo se sorprendió un poco. Aquella mujer jamás le había pegado a Kagome, a pesar de todo, ella era su adoración.
-¿Por qué lo hizo? –giro su rostro, no quería contarle ese hecho vergonzoso a su hermana -. ¿Kagome?, sino me respondes tú, tendré que preguntarle a ella –miro nuevamente a su hermana, sabía que si no le contaba la verdad, ella haría lo que dijo y eso solo traería más problemas entre su hermana y madre.
-H-Hice algo indebido con un hombre… que no es el hombre a quien me prometieron –la inexpresión de su hermana, cambio a una de total enojo, antes de agarrarla fuertemente por los antebrazos.
-¡Eres idiota!, ¿acaso no sabes lo que sucederá si te casas con un hombre después de perder la virtud con otro?
-Lo se… por eso le dije la verdad a nuestra madre – algunas lágrimas volvieron a salir de sus ojos.
Kikyo suspiro de forma cansina, Kagome seguía siendo tan inocente y sobre todo tonta. Se soltó totalmente de ella y se levantó. El hombre que se había aprovechado de ella lo pagaría, si se atrevía a rehusarse a responder.
-Y-Yo entrare al convento
-Si tratas de convertirte en novicia será peor, ellos te expondrán ante la sociedad – dijo de forma seria, con las facciones nuevamente relajadas -. ¿Quién fue?, él es el único que puede arreglar esto
-No puedo –la volvió a agarro por los antebrazos haciendo que se levantara, y aunque en su rostro no presentaba ningún signo de molestia, en sus ojos había aquella mirada que le indicaba que estaba verdaderamente enojada –. Por favor, no…
-Me lo vas a decir, o ¿acaso quieres que te obligue a hacerlo?
-Hermana… por favor… -hizo un gesto de dolor cuando la otra la apretó más fuerte –. No puedo…
-Ese hombre se aprovechó de ti, y aun así lo encubres… – ella bajo la mirada. Sabía que si decía su nombre lo obligarían a que se casara con ella, y ella no quería eso…-. ¡Dímelo! –levanto un poco la voz -, ese cobarde tiene que responder por lo que te hizo
-¡No! –dijo soltándose –. No lo entiendes, yo no quiero…
-Tú y ese cobarde avergüenzan a nuestra familia y a nuestro padre... sobre todo a él –dijo para después darle la espalda. Sabía que a pesar del tiempo eso siempre funcionaria con su hermana.
-Inuyasha –su boca se abrió sin que pudiera evitarlo al escuchar la mención de su padre. Kikyo escucho a penas un susurro y se giró. La otra chica estaba llorando mientras se cubría la boca con una mano –. ¡Fue Inuyasha!
Sus ojos se abrieron un poco más. Eso no podía estar pasando. Tenía que haber sido un error de su cerebro.
-¿Qué?... eso no…- sus ojos se cristalizaron sin que pudiera evitarlo. ¡Él no!. Él no podía haberla engañado. Inuyasha no era así… él la quería… le había hecho una promesa, y ella… una pequeña lagrima resbalo suavemente por su mejilla, mientras miraba al vacío y trataba de convencerse que eso no era cierto. Él jamás le haría eso… Inuyasha no –. Él no… -dijo inconscientemente sin que la otra chica llegara a escucharla.
Después de lo que pareció una eternidad, miro a Kagome. Ella seguía llorando en el piso, sin poderlo evitar su mano se levantó… todo lo que ella quería Kagome se lo quitaba, todo desde que tenía memoria lo había tenido que con partir con ella, incluso el amor de la única persona que siempre estuvo para ella… su padre, y ahora le quitaba su única oportunidad de ser feliz.
-No le digas a nadie… por favor, yo entrare al convento –al escuchar esas palabras se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer… igual que ellos, su madre e Inuyasha, también estuvo a punto de dañarla. Retrocedió un poco, y después entro al baño.
No sabía qué hacer. Si odiar a su hermana, o comprenderla. Su felicidad, o la de ella. Empuño sus manos mientras se miraba en el espejo. ¿Por qué todos podían ser felices y ella no?, ¿por qué ella siempre era la sacrificada?
Se suponía que esa tarde al fin obtendría su libertad. Esa tarde Inuyasha y ella al fin se irían juntos de esa isla, pero… Kagome lo había arruinado todo. Ella le había quitado todo.
-"No, esta vez no será así" –ya estaba cansada de tener que hacer cosas que odiaba para que los demás estuviesen bien. Cada quien debía ser responsable de las decisiones que tomaba. Kagome había tomado las suyas, y ella las propias –."Ella es tu hermana"-hizo un movimiento negativo. Sin importar qué, ella sería feliz. Se limpió las pequeñas lágrimas, las cuales ni siquiera se había dado cuenta que salían de sus ojos, y salió.
-¿Dijiste que entrarías a un convento? –la aludida solo hizo un movimiento afirmativo, mientras se limpiaba las lágrimas.
-Si logro conseguir el permiso, podría ingresar hoy mismo
-¿Acaso nunca escuchas nada de lo que digo?. Si entras será peor… ellos te expondrán ante todos, y… "mi libertad no depende de su felicidad" -hizo un movimiento negativo con la cabeza, eso jamás le pasaría a su hermana. Agarro el rostro de Kagome entre sus manos -. Escúchame, él se casara contigo. Estoy segura de que él no es un cobarde
-Pero él no me quiere –se le quebró la voz al decirlo -. No quiero que se vea obli…
-Deja de ser estúpida, él tiene que responder por lo que hizo, y si no lo hace tú… -que opción tendría, si nada salía según lo que acababa de planear -. Vendrás conmigo. Nos iremos de la isla… solo nosotras dos
-Pero no podemos salir sin unos permisos
-Llegado el caso, yo me encargare de eso. Ahora tengo unos asuntos que atender –dijo para después caminar hasta su cama, y debajo de ésta, sacar un pequeño cofre –. Tenemos que irnos –si no quería que sus planes se vieran arruinados, tenían que salir antes de que él llegara. Al salir de la habitación se percató de la puerta que se encontraba frente a ella –. "Él no está… espero que Yura tenga razón" –le hizo una seña para que la esperara por unos segundos, y entro a la habitación de él, donde estuvo solo unos segundos.
Caminaron por el gran pasillo, tratando de hacer el menor ruido posible. Salieron por la puerta que una vez utilizo con Yura.
-Iras al burdel –no sabía si confiar totalmente en Yura, pero en ese momento no tenía otra opción. A pesar de que ésta la había ayudado en algunas ocasiones, no sabía que intereses tendría para hacerlo, pero lo que si tenía claro era que no la ayudaba por una simple amistad.
-¿Por qué tengo que ir a un lugar como ese?
-¿Confías en mí?- la otra chica asintió sin pensarlo –. Entonces no hagas preguntas –dijo de forma seria mientras se quitaba el anillo –. Pregunta por Yura Sakasagami y a todos, incluyendo a ella muéstrales esto –dijo para después colocarle, en el dedo corazón, su anillo de bodas, y después entregarle el pequeño cofre –. Si no vuelvo esta noche, mañana al anochecer vas al puerto. Mañana sale el segundo y último barco de este mes. "Si ese es el caso, tendré que pensar como saldremos sin los permisos"
-¿Sucede algo con ella? –dijo sin observar al hombre que le hacía una reverencia.
-Ha escapado –Naraku se giró a observarlo. Su expresión era de completa tranquilidad, pero sus ojos…-. No sabemos cómo lo hizo se supone que…
-Sabía que aprovecharía mi ausencia para verse con Inuyasha –sonrió de lado. Esa era la oportunidad que estaba esperando. Agarro la copa que se encontraba en el escritorio y volvió a darle la espalda al otro hombre, antes de beber todo el contenido –. Reúne a todos, iremos de cacería, y quien traiga la cabeza como trofeo será el ganador –dijo con una pequeña sonrisa sádica, mientras miraba por la ventana.
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Gabrielle Kravinoff
07/08/17
