Capítulo IX: Lucha entre demonios. Primera parte
Miraba por la pequeña ventana del carruaje, tratando de olvidar todo lo que había sucedido, aproximadamente hacia menos de media hora, con Inuyasha, al cual no volvió a ver después de aquella extraña discusión. Agradeciendo también que los señores Taisho no se percataron de nada gracias a Kouga.
-Lo sabias –no fue una pregunta, más bien fue una afirmación.
Giro la cabeza hacia ella. Seguía observando por la pequeña ventana del carruaje, mientras pasaba suavemente un dedo por ésta.
Sabía que eso pasaría si decidía llevar a cabo su plan, pero sinceramente no le importo. Aunque ahora viéndola de esa forma, sentía remordimiento por ella. Pero no importaba, ella era fuerte, y enfrentarlo era la única forma de superarlo.
- No estaba seguro. Puede que alguien más tenga tan mal gusto de llevar ese nombre –dijo con una pequeña sonrisa, llamando la atención de ella. Sus ojos estaban vidriosos, pero aun así, su expresión era totalmente seria
-No sé si reír o enojarme por quedar en medio de una disputa infantil. No pienso prestarme para esto
-Te equivocas –acerco su mano hasta la mejilla de ella, y la acaricio, suave y lentamente –. No eres y nunca serás parte de esto. Sí, tengo que reconocer que fue muy gratificante ver la cara del chucho… de Inuyasha –dijo al ver la expresión de interrogante en el rostro de la chica –. Y si, una parte de mi quiere fastidiarlo y hacerlo sufrir por ser un imbécil, pero nuestro matrimonio será real… tan real como tú quieras que sea
Cuando percibió que él acercaba su rostro lentamente al de ella, se quedó quieta. No porque quisiera que él la besara, solo no sabía qué hacer. Cuando sintió sus labios sobre los de ella reacciono y quiso apartarlo, pero una pequeña voz le grito que eso era lo correcto… olvidar a Inuyasha, era lo correcto. Aunque sabía que su corazón no resistiría en el intento.
Cuando el profundizo el beso, no pudo evitar que algunas lágrimas escaparan de sus ojos, por lo cual los cerró. No solo lloraba por Kouga, también lo hacía por ella y sobre todo por… -"Inuyasha"-cerró los ojos con más fuerza, y subió sus manos hasta la chaqueta de Kouga, jalándolo más hacia ella. Olvidaría. Sería feliz y lo amaría, pero sobre todo quería convencerse, con ese beso, que todo lo que quería no sería un simple autoengaño.
Miro con desagrado el vestido que permanecía sobre la cama. No comprendía por qué tenía que acompañarlo a una fiesta, y por qué tenía que utilizar un vestido como ese, que le hacía recordar las ocasiones en que salía con Bankotsu.
-No entiendo cuál es el problema –dijo mientras agarraba el vestido. Esta vez llevaba un vestido negro con bordados rojos, que la cubría más de los que generalmente utilizaba.
-Dije que te fueras
-Ya dije que no fue mi culpa –dijo de forma "inocente", cruzándose de brazos –. No sabía que eran la misma persona. Además, algún día se iba a enterar –dijo con una pequeña sonrisa, mientras le tendió el vestido –. Esto ahora es lo importante
-"Para ella todo es un juego"-no debía confiar en ella, a pesar de que al parecer no tenía ninguna clase de interés en toda la situación, le parecía divertido todo lo que estaba sucediendo –. No lo usare, y tampoco saldré con él.
-Cariño, si no quieres que uno de esos albinos venga a colocártelo será mejor que te lo coloques tú misma, y ahora –dijo tendiéndole nuevamente el vestido.
No quería colocarse un vestido, que a su parecer, era un poco indecoroso, pero sabía que Yura no estaba bromeando, y sinceramente no le agradaba la idea de que otro hombre la viera desnuda –. "No será como con Bankotsu"
–¿Qué sucede? –dijo al ver que después de pensarlo unos segundos trato de agarrarlo, pero al final se arrepintió. A pesar de que su expresión era la misma de siempre, en sus mejillas se podía observar un suave color rosa.
–No es de mi agrado, llevare otro
-Él dijo que este, de hecho…-se calló y sonrió –. Olvídalo –coloco el vestido nuevamente en la cama –. Te ayudare
¿Cuánto tiempo había pasado?, realmente no lo sabía. Pero lo que si sabía era que nada de lo que Yura le había hecho, le había agradado, pero aun así, esta vez cedió, después de todo no tenía nada que perder. O, eso pensaba ella.
Cuando al fin pudo liberarse de lo que esa mujer le hacía, se dirigió con ella siguiéndole los talones hasta el carruaje que las esperaba. Lo vio observando un reloj de bolsillo, al mismo tiempo que una pequeña mueca de enojo se dibujaba en su rostro. Cuando estuvo a unos cuantos pasos del carruaje, él giro su mirada hacia ella, y por primera vez en su vida sintió que el aire le faltaba. No supo explicarse por qué, pero en cada paso que daba se sentía desfallecer, mientras esas dos llamas la envolvían, y daban la impresión de querer consumirla. Solo fueron escasamente dos segundos que duro ese contacto, antes de que él girara su vista al frente, pero ella los sintió como una eternidad.
-Deberías apresurarte –dijo en un susurro, Yura, al pasar a su lado. La mujer siguió su camino, hasta subir, y sentarse al lado de él.
-"Solo fue mi impresión" –suspiro aliviada ante ese pensamiento. Era más que obvio que a él le causaba indiferencia todo lo que tenía que ver con ella, cosa que agradecía enormemente. No le interesaba que ese hombre se fijara en ella, y no le agradaría que él sintiera algo por ella, además de la mutua repulsión.
Al sentarse había quedado frente a Yura, la cual parecía un poco aburrida ante el silencio que reinaba en todo el camino. Miro por la ventana del carruaje la forma perfecta en que se observaban algunas nubes, pero sin opacar a la luna que al igual que las estrellas brillaba en todo su esplendor. Una pequeña risita hizo que perdiera la concentración, que hasta ese momento, le había dado a aquel paisaje. Miro de reojo, y pudo percatarse como la mano de Yura se posaba con delicadeza sobre la pierna del chico, que por más maduro que se vistiera seguía aparentando su edad. Yura le había susurrado algo en el oído, antes de que su mano subiera sin ningún descaro por la pierna de él. Decidió olvidar quienes iban a su lado, y lo más importante, lo que estaban haciendo. Volvió a poner toda su atención en el paisaje, después de todo, Yura parecía ser un poco libertina y al parecer le agradaba ese tipo de juegos. O, mejor dicho, ella creía que todo era un juego.
Si había algo que él detestaba, además de la mayoría de las personas que estaban a su alrededor, por no decir que a todas, era esperar. Odiaba hacerlo, y aún más cuando a quien esperaba era a la desagradable niña esa. Porque eso era Kikyo, una estúpida niña cuyo cuerpo aún no se había desarrollado totalmente. Regaño mental. Él no tenía por qué seguir pensando en eso.
Miro el reloj de bolsillo que llevaba, y una mueca de enojo apareció en su rostro. ¿Quién demonios se creía esa repugnante chica para hacerlo esperar? –. "Malditas sea" –no sabía con exactitud a quien maldecía. A ella por creerse superior a él, haciéndolo esperar. O a él, por llevarla a esa fiesta sin ser necesario, con la simple intención de querer evitar, si por alguna razón se le ocurría, verse con Inuyasha. Apretó ante este pensamiento el reloj que tenía en la mano, antes de girar por inercia hacia un lado. Ella llevaba un vestido vino tinto, que aunque, él nunca lo aceptara, ni siquiera mentalmente, lo había escogido especialmente para ella. Y aunque no quisiera aceptarlo no se había equivocado, o, tal vez si lo había hecho. Le quedaba mejor de lo que había imaginado, casi podía jurar que había sido hecho especial y únicamente para ella. No quiso pensar nada, y mucho menos referente a ella, pero sin ser consiente su mirada había revelado lo que él estaba pensando y, lo que él no quería y no se había percatado, que sentía.
Observaba de reojo como la luz de la luna parecía reflejarse en la piel de ella… aquella suave y perfecta piel. Ésta parecía nuevamente hacerle una invitación, la cual descarto cuando sintió un suave peso en su pierna. Miro de reojo a Yura, y ésta soltó una pequeña risilla que no le agrado. De hecho, nada que esa mujer hiciera, fuera de la cama, le agradaba, aunque tenía que reconocer que era de las que más ingresos generaban. Había sentido cerca de su oreja el suave aliento de ella.
-Hagámoslo en este momento… –le había susurrado sensualmente al oído –, frente a ella –su mano había empezado a subir lenta y sensualmente por su muslo.
Por inercia miro a Kikyo, quien miraba por la ventana, y aunque sonara grotesco, esa idea lo excito. Tener sexo con una mujer, mientras veía el rostro de ella, eso…
Lo asqueo.
O, eso fue lo que creyó sentir al percatarse en lo que había pensado. Agarro la mano de la chica, y la aparto.
-Si no fuera tan repugnante la última parte, tal vez lo pensaría –dijo llamando la atención de Kikyo, quien dirigió su mirada hacia él, haciendo contacto entre ellas. Yura solo dejo escapar otra risita burlona antes de cambiarse de asiento.
¿Cuánto había pasado desde que llegaron a aquel lugar?. En realidad, no lo sabía, pero estaba muy aburrida. Solo escuchaba los murmullos de las mujeres más jóvenes de la fiesta, mientras caminaba al lado de él. No podía diferenciar palabras, solo podía escuchar los sonidos inentendibles que hacían esas mujeres. Pero a pesar de no entenderlos, sabía a quién iban dirigidos, a ellos, más específicamente a él.
-Tienes que tener cuidado con esa –dijo cerca de su oído llamando su atención –. Se ve muy distinguida, pero es peor que todas las chicas del burdel
Ella observo hacia el frente. Se acercaban entrelazados de brazos una mujer con un hombre. Ella de aproximadamente treinta años, tenía el cabello castaño oscuro en rizos que caían a los lados de su rostro y unos enormes ojos almendrados. Su vestido verde menta tenía un pequeño y discreto escote en forma de corazón. Podía decirse que no era fea, pero tampoco sobresalía entre las demás. Su esposo era claramente un poco mayor que ella.
-Cuanto tiempo, joven Kagewaki –dijo el hombre que la llevaba del brazo.
Una mueca de desagrado fue la que casi coloca al ver a la cara de ese imbécil, pero solo sonrió. Una sonrisa que Yura, él y la esposa del hombre, sabían que era de burla.
-Tenía algunos asuntos que atender. Pero su compañía y la de su esposa son… gratas –beso la mano de la mujer sin dejar de verla a los ojo.
-No lo creo, pues no nos enteramos de su boda hasta esta noche –dijo la mujer visiblemente ofendida, pero no por el hecho de no ser invitada.
-No fue mi intención ofenderlos, solo… fue algo de improviso –dijo "apenado" -. Pero eso no cambia absolutamente nada –dijo mirando fijamente a la mujer -. Ruego sus disculpas, señores Kirishima
-No se preocupe… la juventud está llena de cosas improvistas –dijo el hombre -. Con todo respeto, hizo una muy buena elección –dijo mirando hacia la chica más joven.
-Sí, Kikyo es perfecta… - internamente sentía ganas de reír, y nauseas por lo que diría -, es y siempre será mi mejor elección –la aludida, a parto la mano, que él le había levantado, antes de que él pudiera besarla.
El único que parecía sinceramente complacido con aquella declaración, era el señor Kirishama, a diferencia de su esposa que no disimulaba muy bien su desagrado. Yura, sonreía sabiendo el esfuerzo que tuvo que hacer él para poder decir aquellas palabras. Y Kikyo, las ignoraba sabiendo que no eran ciertas.
Después de algunos minutos de hablar, él dijo, –. Podemos retomar nuestros negocios… para mí sería un placer –dijo con una pequeña sonrisa, mirando nuevamente a la mujer.
-Hubiese sido provechoso hablar hoy de negocios, las tima que los Taisho se excusaron. Nos haría bien hacer negocios con ellos -el hombre pareció meditar algo durante unos segundos, y después sonrió –. Pero que memoria, si usted es familiar de la esposa del señor Taisho, la señora Izayoi, o ¿me equivoco?
Tenso la mandíbula. Como detestaba oír hablar de ellos, especialmente de ella y más cuando le recordaban los vínculos, que desgraciadamente, compartía con esa patética mujer. Sonrió –. Es una prima lejana
Kikyo estuvo atenta al escuchar la mención de la familia de Inuyasha. No entendía por qué si compartían vínculos sanguíneos, aunque fueran lejanos, Naraku lo detestaba –. "Tal vez por una herencia"-por lo poco que había concluido, hasta ese momento, esa era la opción más acertada, después de todo, no era tan raro que en esa época muchas personas de la misma familia quisieran matarse por una simple herencia.
-Los vestidos son estupendos, los mejores de la isla. He de suponer que el que lleva es el mejor, lástima que antes no lo vi yo –la mujer la miraba con una pequeña sonrisa, que claramente no iba dirigida hacia ella. Agarro un a copa de la bandeja que llevaba un mesero. Los hombres, al igual que Yura, agarraron un vaso de whisky.
Después de conversar durante algunos minutos, los hombres las dejaron solas -. Tienes mucha suerte –dijo la mujer al observar que los hombres se alejaban, mientras se abanicaba sin ningún pudor –. Es muy apuesto y… -tomo de su bebida como si la vida se le fuera en ello –. Creo que necesito un poco de aire fresco
-Si su esposo lo supiera –dijo con una pequeña sonrisa juguetona Yura, mientras llevaba nuevamente el vaso a su boca –. No sé tú, pero yo voy a buscar un poco de diversión
-¿Acaso no baila? –pregunto un anciano llamando su atención. La miraba con una pequeña sonrisa que a ella le asqueo –. Sabía que eras tú –intento acariciar su mejilla, pero ella aparto el rostro –. Creo que dejamos un asunto inconcluso
-Se ha equivocado –trato de moverse, pero el anciano no se lo permitió –. ¿Puede…? –miro el agarre que el anciano tenía en su brazo, antes de intentar zafarse, pero éste, no se lo permitió.
-Insisto –dijo de forma suave, pero sin quitar la sonrisa -. Ninguno de los dos quiere formar un escándalo aquí, o ¿me equivoco?, mi querida joya
Sabía que ese anciano no se había equivocado. Ella también lo recordaba. Él había sido su último "trabajo". Aunque nunca había hecho nada malo, o inmoral, su pasado jamás la dejaría en paz.
-Creo que me debes algo y quiero que me lo pagues ya. Tenía un trato con tu primo, pero tú además de hermosa, resultaste ser una ladrona
-Al igual que usted un cerdo. A quien en realidad no le convendría un escándalo por su posición seria a usted
-Por eso me encantas –dijo con una pequeña sonrisa, acariciando el brazo que le tenía agarrado, por lo cual ella evidentemente asqueada lo aparto –. Puedo darte lo que te mereces. Dinero, una propiedad… lo que tú quieras, solo lo tienes que pedir a cambio de hacerme feliz. Sé que eres inteligente, Kikyo
Ella se acercó más a él –. Preferiría morir torturada a complacer a un cerdo asqueroso
Claramente lo había enojado. Iba a decirle algo, en el momento que un hombre llego, y le dijo algo al oído. Miro alrededor, como si estuviera buscando a alguien, pero al parecer no lo encontró. Pareció pensárselo por unos segundos antes de hacer un asentimiento con la cabeza. El hombre que había llegado se marchó.
-Sé que lo pensaras, Kikyo. No eres más que una simple mujer a la cual han vendido. Si todos se enteraran de tú pequeño secreto, nadie te tomaría como esposa. Si no quieres terminar en un burdel mostrándote tal como eres, tendrás que complacer a este cerdo asqueroso –intento nuevamente agarrar su rostro, pero ella se parto, haciéndolo sonreír. Solo esperaba irse de la isla, antes de volvérselo a encontrar.
Se había sentado en un rincón, donde nadie más pudiera fastidiarla. Era un buen lugar. Casi nadie se percataba de su presencia, pero ella podía observar a todos.
Después de permanecer sentada unos minutos, lo vio. Sintió alivio y curiosidad. Alivio porque ese cerdo asqueroso se había marchado de la fiesta. Curiosidad, porque iba evidentemente como alma que lleva el diablo. Iba tan rápido que ni siquiera ponía atención a las personas que le hablaban cuando el pasaba a su lado, y tan blanco como un papel. Como si hubiera visto a la mismísima muerte. O, tal vez, había visto a los ojos aun demonio.
Vio una mano, y levanto la mirada. Era un hombre joven, y se podía decir que un poco apuesto –. ¿Me concede esta pieza?
Ni siquiera alcanzo a responder. Una aclaración de garganta llamo la atención de los dos.
-No creo que a su esposo le agrade –dijo con una pequeña sonrisa observando al hombre.
-Oh, lo siento –estaba claramente decepcionado –. Pero si fuera su esposo no la dejaría sola ante tantos hombres que hay en la fiesta
-No lo está, se lo aseguro. Pero lastimosamente yo si lo estoy –dijo con una pequeña sonrisa coqueta. El hombre sonrió, y le tendió la mano, pero ella se disculpó y se acercó hasta Kikyo –. La pasión también puede arrastrarte al infierno… si la despiertas en un demonio, no tendrás salvación –dijo en su oído antes de irse a la pista con el hombre.
¿Entender que quiso decir Yura?. A pesar de su inteligencia no lo hizo, y menos por qué evito que ella bailara con aquel hombre.
-"Tal vez le agrado"-sintió una mirada sobre ella. Era tan intensa que parecía haber levantado una pequeña atmósfera sobre ella. Miro hacia los lados buscando aquella mirada, pero no la encontró.
Miro nuevamente una mano, y allí encontró aquella mirada. No podía estar equivocada. Lo miro sin comprender, antes de que la jalara hacia él. En ese momento se preguntó cómo alguien como él podía desenvolverse también en sociedad.
¿Apuesto?, en esos momentos esa pregunta también llego a su cabeza al observarlo y recordar las palabras de aquella mujer. En realidad nunca se había percatado de ello. Desde el día que lo había conocido lo había odiado e ignorado su físico, a excepción de esas dos llamas infernales que él poseía. Miro su rostro detenidamente. Tenía rasgos finos, que en pocos hombres se observaban. Su nariz era perfecta, al igual que parecían ser todos los rasgos de su rostro. Pero lo que más llamativo lo hacía, eran sus ojos… esos ojos de demonio a los cuales sabias que debías temer, pero al mismo tiempo te hipnotizaban.
Tenía una apariencia un poco… ¿dulce?, no sabía si era la palabra adecuada, pero sin mirarlo a los ojos se podía decir que era una persona frágil y hasta débil de carácter. Pero al ver sus ojos, veías su alma. Y, aun demonio. Pero no importaba, sus ojos invitaban a pecar, y al parecer más de una no se había resistido a hacerlo.
Él la miraba con el ceño fruncido. Cuando ella se percató de eso, dejo de mirarlo.
-No eres a la única que le agrado –dijo con una pequeña sonrisa de lado. Al oír esas palabras, sin mostrar enojo, intento alejarse, pero él no se lo permitió. Sus ojos se encontraron, y mientras se miraban fijamente, inconscientemente, la pego más a él. Le encantaba su olor, aunque odiara aceptarlo.
La miraba de la misma forma que lo hacía en la mañana, cosa que no sabía explicar, pero no le agradaba. Ella rompió el contacto, tratando de ignorar cualquier sensación que esa mirada profunda le produjera. Podía sentir su espiración en su cuello, pudiendo jurar que cada vez iba en aumento. Sintió un suave cosquilleo, que inmediatamente ignoro.
Cuando la música término se quedaron allí observándose. Solo acariciándose con sus miradas. La de ella tan freía como el hielo. La de él, era totalmente fuego, tratando de derretir, inconscientemente, aquel tempano de hielo. Inconscientemente él levanto la mano. Nuevamente la piel de ella lo llamaba. No entendía la razón, y eso lo inervaba, pero en ese momento nada le importo, solo tocar su piel y volver a tocar sus labios. Su rostro al igual que su mano se acercaban lentamente, como si el tratara de resistirse, pero el poder atrayente que ella tenía en él era más fuerte que todo, incluso que su orgullo. Aunque él en ese momento no se percatara, o aceptara este hecho.
-Sabía que no me había equivocado –soltó una pequeña carcajada de burla, llamando la atención de los dos. Tenía que reconocer que al principio se había aburrido un poco, hasta que lo vio al otro lado de la sala. Estaba hablando con algunos hombres, pero no dejaba de mirarla, pero esas miradas se intensificaban aún más cuando un hombre se le acercaba a Kikyo. Especialmente aquel anciano. Aun se preguntaba que le había dicho, aunque conociéndolo y viendo la reacción del pobre hombre, ya podía imaginárselo. Nadie que se metiera con algo que él consideraba suyo salía bien librado.
Él se apartó de ella, y las miro. Yura sonreía, la muy desgraciada se había dado cuenta de que él poseía algunas debilidades, que estaban vinculadas a ese hecho repugnante. Ella, parecía desconcertada, pero después de unos segundos recupero su postura. Agarro un vaso de la bandeja de un mesero, que pasaba por allí, y se alejó. Tratando de ignorarla, lo que quedaba de la fiesta. Y si, había tratado, pero para su desgracia, no lo consiguió.
Un fuerte golpe con una espada rompió el suave y casi sepulcral silencio que reinaba en ese momento. Cerró los ojos cuando una suave ráfaga de viento acaricio con suavidad su rostro. No sabía que le sucedía, pero si sabía que le causaba rabia. Mucha rabia. Casi la misma que sentía al imaginarse a Kikyo al lado del desgraciado de su esposo.
Sabía que eran dos cosas que no podía comparar. A una la quería y a la otra… la odiaba. Kikyo, a pesar de no expresar sus sentimientos fácilmente, jamás lo engañaría de esa forma. Ella Jamás permitiría que otro hombre la tocase. En cambio Kagome… Otro fuerte golpe se escuchó, antes de que el cuerpo despedazado de un muñeco cayera sobre el pasto. Respiro con dificultad por la fuerza que había utilizado en los anteriores movimientos.
A Kagome la odiaba. Había pisoteado su ego… ¡por una simple confusión!. Se había regalado tan fácilmente a él, y él por culpa de sus delirios había caído como el gran idiota que ella había visto. Por esa maldita confusión, había acabado con lo único que hasta ese momento le había importado verdaderamente… estar con Kikyo.
-Agradezco no haber podido entrenar hoy contigo –dijo al observar todos los muñecos que estaban cortados en pedazos en el pasto. A pesar de que Inuyasha siempre se había destacado por ser un buen espadachín, sus movimientos eran un poco torpes, pero a la vez fuertes y violentos –. ¿Sucede algo?
Él no pareció escucharlo, solo siguió con su entrenamiento, o mejor dicho masacre, porque esa era la impresión que daban todas esas partes esparcidas en el pasto.
-Nada –respondió sin mirarlo, al mismo tiempo que una pierna y cabeza caían lentamente al pasto -. Solo estoy entrenando. Ya es hora de volver
-Todavía no se ha vencido el tiempo. Además, ¿qué vas a hacer con Kagome?
Un fuerte golpe se escuchó cuando la espada que había cortado al muñeco en dos quedo incrustada en la madera que sostenía la parte superior del muñeco. La jalo con la misma fuerza, y camino hacia otro muñeco.
-Nada –estaba más calmado de lo usual. O, eso era lo que su rostro quería reflejar, a pesar de que su tono de voz áspera y, sus movimientos aún más torpes y bruscos lo delataban –No tengo porque hacer nada por ella
-¿Estás hablando enserio? –su voz sonó un poco seria –. Sabes que ella no se merece…
-Nada, una mujer como ella no merece absolutamente nada –cortó la cabeza de un muñeco –. No necesita que alguien reivindique un honor que hace mucho ella perdió, y ha de saber con quién–su tono era ácido, y su expresión había dejado de ser apacible –. Además, ella no tiene problemas en encontrar a alguien que la ayude
Conocía perfectamente a Inuyasha, se podría decir que incluso más que el mismo. Sabía que éste, no media lo que decía, pero jamás se expresaría así de alguien, a menos que estuviese enojado. Allí no media su gran bocota. Respiro profundo, y miro la espalda del otro hombre.
-¿En qué te afecta? –tanteo como siempre, llamando la atención de su amigo. El cual se quedó de espaldas a él sin hacer, o decir nada por unos segundos, hasta que se escuchó una pequeña sonrisa irónica proveniente de él.
-¿En qué me afecta?. Es enserio, ¿¡en que me afecta?!. ¡Por ese maldito error no puedo estar con Kikyo!. ¡Ella me desprecia por una maldita bajeza que Kagome premedito! –un golpe con la espada –. ¡Me sentí como una basura! –otro golpe –. ¡Y, ella se casará con el imbécil de Kouga! –el muñeco cayo destrozado junto con una parte de la espada –. ¡Estuvo conmigo amándolo a él!
-Y, ¿eso en que te afecta? –pregunto nuevamente de forma calmada.
Se giró, y miro a Miroku como si no entendiera la magnitud del asunto. Un asunto que ni el mismo tenía claro.
-Deberías estar feliz. No te casaras con alguien a quien nunca querrás –él solo seguía ahí, mirando a Miroku de la misma forma. Frunciendo involuntariamente el ceño –. Deberías de olvidarlo. Kouga, ya debió habérselo hecho… olvidar –dijo con una pequeña sonrisa que el fácilmente sabia interpretar.
-¡Él no…! –se calló, no sabía exactamente qué decir, mientras apretaba su puño -. Ella... –bajo la mirada.
-Es su futura esposa, y eso le da ciertas libertades –levanto la mirada, acribillándola con ésta -. Si ella es feliz, ya no es tú problema
Él solo lo observaba fijamente. Su expresión se había vuelto nuevamente apacible. Después de todo Miroku tenía razón. En la mayoría de los casos tenía razón. Él debía estar feliz, y olvidarse de esa niña fea y tonta que ya no era su problema.
Quiero a Kouga
Cerró los ojos, mientras apretaba inconscientemente el mango de la espada que tenía en la mano derecha. Abrió los ojos, se giró y despedazo sin decir ninguna palabra el resto de muñecos con lo que quedaba de la espada.
Quería olvidarlo, pero ella lo había pisoteado y arruinado su vida. O, la parte de vida que quería tener al lado de Kikyo -."También contribuiste en eso" -sabía que esa vocecita en su cabeza tenía razón, pero en ese momento aunque no debería estarlo y lo sabía, estaba muy enojado con Kagome.
-¿Y?- dijo sin dejar de limpiar su arma. El hombre frente a él sirvió el contenido de una botella en un vaso, y se lo ofreció. Ante la evidente indiferencia de su jefe lo dejo en una pequeña mesa.
-Sigue mimetizándose con los de la clase alta
Sonrió. A diferencia de él, Naraku no era buscado por sus crímenes. Nadie conocía la verdadera identidad de ese maldito bastardo. Había sido lo suficientemente inteligente para mezclarse con las personas que repudiaban de ellos. Bueno, debía reconocer, el bastardo tenía carisma, no lo negaba, y con esa frágil apariencia, quien sospecharía quien en realidad era. Todos sus negocios los realizaba en las narices de esos pobres imbéciles, utilizando una que otra fachada. Tal vez a él le había faltado esa inteligencia, aunque no quisiera aceptarlo, pero después de todo, que importaba, nadie lo había atrapado.
-Aunque, aquí en la isla también tiene un burdel. Pero obviamente nadie sabe quién es el dueño
-Y ¿su esposa? –la paciencia no era una de sus virtudes. De hecho él era como decirlo… explosivo y destructivo. Muy destructivo.
-La observamos de lejos. Es más joven que él, casi una niña, pero muy hermosa
-Kikyo –decir ese nombre le producía cosquillas a su paladar. Una sensación tan agradable que solo era comparable a cuando mataba a una persona –. Quiero que se aseguren de que él no este cuando vayan por ella, además de que redecoren su casa –dijo antes de tomar todo el contenido del vaso.
Cerró los ojos después de extender los brazos en la gran roca en medio del lago donde estaba recostado. El agua se movía suavemente a su alrededor, cubriendo gran parte de su tórax. Todo estaba totalmente silencioso a su alrededor, siendo iluminado el paisaje por la luz lunar.
Se dejó llevar por unos segundos. Pero abrió los ojos casi inmediatamente. Nuevamente en su cabeza estaba ella, cosa que ya estaba empezando a desesperarlo. Si, él… el gran Naraku, estaba siendo torturado por la imagen de una maldita mujer. Pero la pregunta era ¿por qué?
Miro el pequeño paisaje a su alrededor, permitiéndose por esta vez que una pequeña sonrisa escapara de sus labios. El agua parecía brillar al reflejar la luz de la luna, al igual que las flores parecían tener pequeñas luces que las hacían sobre salir más. Soltó su cabello, el cual se empezó a mover suavemente al compás de la brisa, al igual que todos los árboles que había alrededor. Todo estaba silencioso, pero para ella era perfecto.
Metió de forma lenta un pie en el agua, percatándose de que la temperatura y profundidad fueran ideales. Kaede le había dicho que la parte menos profunda del lago era cerca a la parte delantera de la gran roca y, que a pesar de la belleza y tranquilidad, casi nadie iba al lugar. Se metió en el agua con el blusón blanco que llevaba, después de todo jamás se había bañado totalmente desnuda.
A pesar de lo que había dicho Kaede, caminaba de forma lenta y precavida, hacia la gran roca. Cuando le faltaban unos cuantos pasos para llegar, sintió que algo había chocado con ella. Trato de levantar la pierna, pero ese algo no la dejo, de hecho la hizo caer al agua. Como no era tan profundo, se levantó y se movió lo más rápido que pudo hacia la roca, mientras observaba a su alrededor.
-¿Quién..? –ahogo un pequeño grito cuando sintió que ese algo, ahora subía lentamente por sus piernas. Quiso retroceder, pero la gran roca a su espalda se lo impidió. Lo que estaba subiendo por sus piernas, que ahora estaba segura de que eran manos, se detenía en su cadera. Bajo sus manos hasta que toco las manos que la sostenían, para después recorrer las con sus manos hasta llegar a sus brazos. Tenía dos cosas claras: quien la estaba tocando era un hombre y esa broma no le agradaba. Quiso moverse, pero las manos no se lo permitieron. Siguió su camino con sus manos hasta tocar un cuello, y después un rostro. Los brazos estaban marcados para ser de mujer, pero la piel de su rostro no. Acaricio el piel, tratando de imaginar un rostro. Pero en ese momento las manos empezaron nuevamente a moverse por los lados de su cuerpo, emergiendo antes de que lo hiciera un rostro y por ultimo un cuerpo.
Sus ojos se encontraron. Rojo y café se observaron. Ella con las manos en el rostro de él. Él con las manos en la cintura de ella. Esa vez ella no pudo ver un alma podrida reflejándose, vio algo más que, aunque no quisiera admitirlo, la asusto. Como si la piel de él quemara, retiro sus manos, intentando alejarse de él, pero la roca nuevamente se lo impidió. Él no se apartaba, o dejaba de mirarla, solo seguía subiendo sus manos por los lados del cuerpo de ella.
No sabía que sucedía, pero no le agradaba y no le importaba sabiendo porque la había tocado la última vez. Demostrarle que era mejor que ella y podía doblegarla. Lo empujo con un poco más de fuerza, y lo observo con esa mirada que solo era superada en frialdad por la brisa que ahora soplaba, pero que a ninguno de los dos afectaba.
-Si vuelves a hacerlo no podré soportar las ganas de vomitar –intento caminar hacia el lado contrario, pero un fuerte agarre en su brazo, antes de su espalda se encontrara nuevamente, en contra de su voluntad, en la roca, se lo impidió. Antes de que pudiera reaccionar la agarro por el cuello.
Sus ojos esta vez mostraban a la muerte en su esplendor. Mostraban aquella mirada que siempre había visto y un alma que le daba repugnancia. Nuevamente podía observar los ojos del demonio.
-¿Qué sucede, Kikyo?. No me digas que cobras antes –sonreía, pero su mirada cada vez se volvía más oscura –. ¿Cuánto cobras? –la miraba de forma despectiva, mientras apretaba el agarre.
-M-Me das as…co –dijo con un poco de dificultad. El aire le faltaba, pero jamás se mostraría débil ante él. Intentaba soltarse en vano con sus manos, sin demostrar la desesperación que estaba empezando a sentir. Solo mostraba el asco que sentía porque él la tocaba –. Me re…ces la mue…er…te –una que ella estaba dispuesta a darle. Dejo de intentar apartar las manos de su cuello, y empezó a tantear en la roca para ver si contaba con la suerte de encontrar un pedazo suelto.
Acerco su rostro al de ella, sin soltarla, como si fuera a decirle algo al oído. Sin que ella se percatara, aspiro su aroma, y sonrió. Ese olor le encantaba y excitaba, más que cualquier otra cosa –. Algunos no tiene lo que merecen, pero si lo que desean… y ese es mi caso –la fuerza del agarre disminuyo, pero no la soltó. Con la mano que aún permanecía en su cadera la acerco de forma brusca hacia él.
Iba a decirle algo. A pronunciar palabras que salieran con todo el veneno que tenía y el asco que sentía al tenerlo tan cerca, ese asco que se expandía suavemente por la piel de ella que hacia contacto con las manos de él. Expandiéndose por todo su cuerpo en forma de escalofrió. O, esa fue la causa que creyó le había provocado aquel estremecimiento. Abrió la boca, pero sus palabras cayeron lentamente hasta disolviéndose en el agua, arrastrándola con ellas. O, eso fue lo que sintió cuando él la beso. Siguió tanteando con desespero, hasta que la encontró. Agarro la pequeña roca, apretándola con fuerza entre sus dedos, pero cuando su boca fue totalmente invadida, su mano flaqueo y como si la abrieran a la fuerza, la roca se deslizo suavemente hasta perderse en el agua. Era uno de esos besos que jamás le había recibido. Posesivo, no pudiéndolos comparar con los suaves que una vez le dio Inuyasha, o los bruscos y absorbentes de Bankotsu. Pero al mismo tiempo se mezclaban la brusquedad y pasión, de una forma, que aunque podía decirse, que era perfecta, le asqueaba. Éste era uno de esos besos que con un simple rose te deja sin aliento, cosa que apenas se había percatado hasta ese momento, cuando sintió sus piernas temblar.
-"Es… es… él…"- en su cabeza había una pequeña voz que le gritaba, pero no podía distinguir ninguno de esos sonidos que cada vez se convertían en inentendibles.
Cerro los ojos en contra de su voluntad cuando él bajo los labios hasta su cuello. Aferrándose a él con fuerza. Era una sensación que jamás había experimentado, pero que le agradaba. Era tan placentera que se sentía flotar, pero…-."Es… es… él…"-esa voz. Trato de concentrarse para escuchar mejor lo que su cabeza le gritaba. Pero por más que lo intento, con la poca lucidez que le quedaba, no lo logro.
–Aaah –sus ojos se abrieron totalmente, al mismo tiempo que ese grito, que más parecía un gemino, se había escapado de su boca, a pesar de que se había mordido los labios para no dejar escapar ningún sonido cuando él la mordió. Con cada mordida que daba sin ningún pudor al bajar por su cuello, provocaba que el aire escapara de sus pulmones sin que ella pudiera hacer absolutamente nada para evitarlo. No sabía lo que le pasaba, se suponía que debía sentir dolor, pero por alguna razón a su cuerpo le gustaba. Reaccionaba inconscientemente a cada mordida, que era dada sin ninguna delicadeza, pero inmediatamente la lengua de él pasaba lentamente, acariciando suavemente la zona, como si la temiera romper.
-"Es… es… él…es"-sintió cuando fue levantada con extrema facilidad, siendo cargada por él. Otro pequeño grito fue ahogado en un beso. No sabía que le pasaba, y tan poco tenía fuerzas para resistirse, pero lo que más la sorprendía, era que había una pequeña parte de ella que ni siquiera se quería resistir.
A pesar de que hacía frío, su temperatura, al igual que sus respiraciones, iba en aumento. Ni siquiera sintió, o se percató cuando sus manos fueron suavidad por arriba de su cabeza, aprisionándolas contra la roca con una de sus manos, mientras la otra subía desde su cadera, hasta su abdomen sin ningún pudor. Cuando llego a su pecho ella abrió los ojos, como si él se lo hubiese ordenado con su mirada. Sin dejar de mirarla, un dedo de él se coló suavemente en su blusón. Nuevamente quedo sin respiración, y un suave sonido se escuchó.
-"Es… es… él…es…Naraku"-los susurro en su cabeza se convirtieron en palabras que ella comprendió. Abrió los ojos. Eso no podía estar pasando. Intento moverse, pero fue sujetada con fuerza –. "¡No!" –eso fue lo que quiso gritar, pero de su boca no salió ni un solo sonido, a excepción de un pequeño y casi ahogado gemido, que se escapó cuando él empezó a bajar lentamente sus dedos por la abertura que le había hecho a la ropa de ella, que dejaba ver todo su pecho, parte de sus senos y abdomen, terminando la abertura unos centímetros arriba del ombligo. Se removió un poco incomoda, pero no consiguió liberarse, lo único que logro fue que aquella tortura que él parecía hacerle a su piel se volviera más lenta, dolorosa y placentera. Nuevamente sus labios fueron atrapados, arrastrándola lentamente y en contra de su voluntad, al placer. Se agarró a él con más fuerza al sentir como nuevamente la mano de él bajaba a su cadera, mano que parecía quemar a pesar de estar sumergidos en el agua.
Sabía que no debía. Pero su cuerpo ahora parecía tan débil ante él, y no comprendía por qué. Junto toda la fuerza que le quedaba, para apartarlo. Otra mordida sin compasión, pero que a su cuerpo le encanto. No supo si otro de los tantos sonidos indecorosos, que se escapaban en contra de su voluntad, se había escuchado, pero lo que si sintió fue la fuerza con que él la tomo. Otra rasgadura, pero esta vez proveniente de su ropa interior –. "Despierta!"-solo un empujón, y…
-¿¡Kikyo!?. ¿Estás bien?
Despertó totalmente de aquella ensoñación al caer en el agua. Se levantó lo más rápido que pudo tratando de respirar.
-Kikyo –se apartó el cabello del rostro, y giro hacia la voz. La anciana la miraba desde la orilla.
Se ruborizo. ¿Acaso la anciana había visto todo?. Miro de soslayo a su alrededor, pero no lo vio, por lo menos no en el agua. Caminaba del lado contrario hacia la casa, con los pantalones sin abrochar y la camisa en la mano.
Apretó las manos con fuerza. Sentía asco y rabia. Asco, por haber llegado hasta ese punto con un hombre, especialmente con él. Rabia con ella por permitirlo, y con él porque solo lo había hecho por humillarla, como en la ocasión en que la beso –. "Fuiste tan débil que lo permitiste"-pero ya no. Jamás volvería a dejarse humillar por él, y menos de esa forma. Humillación que le cobraría.
-Estabas tardando mucho, y me preocupe –dijo la anciana sacándola de sus pensamientos -. Creí que te había pasado algo cuando escuche unos ruidos extraños
Ella decidió ignorar los comentarios de la anciana, y decidió salir. Para su mala suerte, se le había olvidado un pequeño percance.
-¡Dios!, ¿qué sucedió?
Miro su cuerpo, y se hundió en el agua. Que el agua la disolviera, era lo que quería en esos momentos. Aunque contaba con suerte de que la anciana no se percató de cuál había sido la verdadera razón de su estado, y esos ruidos extraños.
-Intente subirme a la roca y caí –dijo mientras se levantaba tratando de ocultar su casi desnudes –. No sucedió nada a excepción de… esto
Un portazo. Sabía que con romper la puerta no ganaba nada. No lograría descargar la rabia y frustración que sentía. Una frustración que encada paso que dio de regreso se había vuelto muy dolorosa, y se reflejaba en su pantalón.
-"Maldita seas, Kikyo"-sí, aunque no lo quisiera reconocer, ella era la maldita culpable de ese gran problema. Porque si ella no hubiese estado en el lago, nada hubiese pasado. ¿Por qué demonios no pudo resistirse cuando la toco accidentalmente?. No, jamás podría resistirse a tocar esa maldita piel.
Cuando la toco, supo que era ella y quiso más. Trato de insultarla, mostrarle cuan le repugnaba, pero su actitud desafiante y su mirada fría, esa que seguramente tenía solo para él –. "Pero al malnacido de Inuyasha…"- hizo una mueca de molestia. No sabía que le pasaba, especialmente con ella.
Cerró los ojos y respiro profundo, tratando de liberar su mente. Pero en su cabeza solo aparecían imágenes de ella. Su nariz la olía, y sus oídos escuchaban aquellos gemidos que lo hicieron perder la cabeza –. ¡Maldición! –el problema no se iba, pero cada vez era más doloroso.
Miro hacia la puerta, y sus pies se movieron. Sabía a donde, y a que iría. Sabía que era patético, pero lo necesitaba.
-Sabía que volverías –se levantó totalmente desnuda hacia él. Enrollándose en el cuerpo de él, con sus piernas.
En ese momento se replanteo lo que haría. Él no era tan débil para dejarse llevar por sus instintos. Él siempre controlaba lo que sentía. Pero cuando vio, en la mujer que lo besaba, el rostro que aparecía sin cesar en su cabeza, se perdió en sus instintos. Nuevamente la tomo. Nuevamente tuvo sexo con Tsubaki, pero internamente sabía que no era así, él había tomado o, mejor dicho, él quiso tomar en ese momento a Kikyo.
Aunque le repugnara la idea, había algo que debía reconocer, especialmente después de haber cometido ese gran error con Tsubaki dos veces: él, Naraku, el demonio más temido del bajo mundo deseaba a una mujer… una mujer que le repugnaba tanto como la deseaba. Casi como cortarle la cabeza a los malnacidos de los Taisho.
O, ese casi fue lo que quiso creer él, para no sentirse totalmente patético.
Cuando acepto la propuesta de Kouga, tuvo miedo de que su madre no aceptara. Cuando le contaron la noticia pudo observar como ésta, lloraba de felicidad, mientras agradecía a Kouga. Lo cual la alivio y angustio. Alivio porque la mirada de tristeza y decepción había desaparecido de los ojos de su madre y abuela. Angustia, porque sería un hecho que de verdad se casaría con él. Pero esa angustia se apodero totalmente de su cuerpo desde la mañana de ese día.
Soltó un suspiro cuando sintió el último tirón y amarre del corsé. Abrió los ojos, y se miró en el espejo cuando sintió como la suave tela de color blanco subía por sus brazos.
Allí estaba, sin querer estarlo, eligiendo un vestido que no quería elegir y menos utilizar para una boda que no quería en lo más profundo que se realizará, pero lamentablemente, se llevaría a cabo en unos días. Pero al ver a su madre, sabía que ese era su deber.
Flash back
-¿Este domingo?, solo faltan tres días –de hecho eso no era lo que en realidad le preocupaba. Ella tenía miedo, de realizar una boda de la cual todavía no se había hecho la idea.
-No importa, todo estará listo. Mis empleados pueden preparar todo justo a tiempo
-Pero y ¿tú familia? –quería encontrar desesperadamente una excusa para posponer la boda, pero la suave sonrisa de Kouga le indicaba que ninguna de las excusas que encontrara retrasaría lo inminente.
-Envié una carta, llegara en tres semanas, y ellos en un mes y medio
-Pero… -no entendía porque Kouga quería casarse cuatro días después del compromiso, pero eso no le importaba tanto como tratar de aplazar la boda.
-No te preocupes –sabía que tenía que decirle la verdad a Kagome, pero si lo hacía antes del matrimonio, ella podría arrepentirse, de hecho estaba cien por ciento seguro de eso. Por eso la boda tenía que ser antes de que ellos llegaran. Sabía que tenía casi dos meses para casarse, pero para que esperar tanto, y más cuando estaba seguro de que su familia haría lo que fuera necesaria para que cumpliera una vieja promesa que él ni siquiera había realizado –. Nada tiene por qué salir mal –dijo con una pequeña sonrisa antes de besarla en la frente.
Fin flash back
-Se verá más hermosa de lo que ya es -escucho la voz de la encargada, mientras veía como su madre se limpiaba algunas lágrimas –. Ahora solo falta el velo
-No –dijo su madre, y la mujer giro hacia ella –. Su prometido ha vivido muchos años en España, por lo cual la boda será similar a las de allá. Las mujeres no utilizan velo, por lo cual llevara la mantilla y la peineta, las cuales son tradicionales de ese país
Aunque su madre no lo demostró, supo que estaba aliviada cuando la encargada asintió con una sonrisa. Sabía lo terrible que sería para ella que todos se enteraran de la verdadera razón por la cual su hija jamás podría utilizar un velo que cubriera su rostro como era debido. La representación de la pureza de la novia. Pero sobre todo la representación de la honra y buen nombre de su familia.
Abrió los ojos de golpe, volviéndolos a cerrar casi inmediatamente. Los abrió nuevamente de forma lenta, parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la luz. Miro a su alrededor, y dio un pequeño suspiro de alivio, lo más suavemente que su agitada respiración le permitió.
-"Solo fue una pesadilla"- subió la mano a su pecho y la otra a su mejilla, que estaba más caliente de lo normal. Sin poder creer por qué, o como había sucedido, estaba ruborizada y totalmente sudada –. "Nada fue real"-trataba de convencerse que ninguna de las imágenes que había visto y lo que había sentido era real.
Se levantó, y se dirigió hasta la ventana. Lo terrible no había sido tener una pesadilla como esa, si no quien y que le hacían en ella. La cual no mostraba nada más que la conclusión de lo que había sucedido la noche anterior con él.
Apretó con fuerza el borde del marco de la ventana. Lo que más le molestaba y que superaba lo terrible de ese sueño, no era tener una pesadilla que jamás había tenido, si no el hecho de que le había gustado. Igual que la noche anterior. Todo lo que él le había hecho la noche anterior, había derribado todas sus barrera, y si no hubiese sido por Kaede ella no sabe que hubiese podido suceder. Ella jamás había sentido nada parecido. Ni con los suaves e inocentes besos de Inuyasha, o con las posesivas caricias y absorbentes besos de Bankotsu. Ella nunca había podido sentir, desde niña se le fue prohibido, pero con él, no podía controlar en ocasiones sus emociones –."Tal vez nosotros…"-hizo un movimiento negativo. Eso jamás pasaría, ella no se dejaría tocar por nadie y menos por el ser que más odiaba.
Había pensado mil veces si salir o no de su habitación. No era que tuviera miedo de encontrárselo o que no pudiera evitar que apareciera un notable rubor en sus mejillas al recordar lo que él le había hecho no solo en el lago, también en su sueño No, nada de eso sucedería, porque ella sabía controlar esa clase de emociones.
Entonces si era así, ¿por qué su mano no giraba el pomo que mantenía aprisionado fuertemente?
-"No tuvo importancia, aunque fue muy vergonzoso"-respiro profundo, y abrió. Después de todo nada de lo que había sucedido tenía importancia. Él debía estar regocijándose por tal humillación, pero ella jamás se mostraría pisoteada y menos ante él.
Había desayunado ella sola, cosa que aunque no quisiera aceptarlo agradeció. No era como si en el tiempo que llevaban "casados", tuvieran conversaciones amenas mientras comían, de hecho ambos se ignoraban. Pero ese día no pudo evitar mirar incontinentemente algunas veces al lugar donde él se sentaba.
Cuando termino, decidió ir al jardín, y allí lo encontró. Llevaba el cabello suelto como solía llevarlo cuando se encontraba en casa. La camisa que llevaba era morada y el pantalón al igual que las botas eran negros. Estaba practicando puntería con un revolver. Sin poder evitarlo se quedó observándolo.
-"¿Por qué?"-no entendía porque su cuerpo había reaccionado de esa forma, inclusive ante un simple sueño. Inconscientemente subió su mano hasta su cuello, justo debajo de los mechones de cabello que había colocado para que nadie se percatara de que él la había marcado.
En ese momento él giro hacia ella. Observándose tan intensamente como la noche anterior. Nuevamente ese pequeño escalofrió, cuya razón se la atribuía al asco, recorrió lenta, pero intensamente su cuerpo. Haciendo que en reflejo apartara la mano de su cuello. Casi había sentido que él la tocaba nuevamente en ese lugar.
Trato de moverse, pero era como si sus pies estuvieran pegados al pasto. No sabía en ese momento como explicar lo que sentía, pero esa sensación, la odio y más cuando sintió sus ojos escocer. Él solo giro nuevamente, quedando de perfil. Ella sabía que la estaba ignorando, y seguramente regocijándose por su humillación.
Sus pies no se despegaron del pasto hasta que ella apareció. Aquella mujer que le había parecido tan corriente e insoportable. Había llevado una bandeja que dejo en una pequeña mesa, y después de acercarse a él lo acariciaba sin ningún pudor.
Tsubaki, había girado hacia ella sonriendo. Una sonrisa que parecía ser dedicada a algún triunfo sobre ella. Una sonrisa de burla que cualquiera hubiese podido identificar a pesar de la distancia.
-"Seguramente… le conto"-apretó fuertemente sus manos. Sus ojos se estaban cristalizando aún más, pero ella jamás lloraría, y menos por él –. "Eres una tonta"-se había dejado humillar por un hombre. Y no por cualquier hombre, si no, del que más odiaba. Después de observar la escena por unos segundos, se giró, y se marchó.
Había pasado todo el día encerrada en su habitación. No había querido ver a nadie, y menos a él. Apretó suavemente el libro que tenía en sus manos, mientras observaba por la ventana, perdida en sus pensamientos, hasta que un pequeño toquido llamo su atención, antes de que la puerta se abriera.
-¿Qué quieres? –su hermana estaba visiblemente apenada. Apretaba fuertemente la canasta que llevaba, mientras la miraba fijamente –. ¿Qué quieres? –volvió a preguntar ante el silencio de su hermana, aunque ya se imaginaba el por qué de su visita.
-Lo siento… -fue un pequeño susurro, pero ella lo escucho -., nada de lo que dije es cierto, sabes que soy muy… -se había callado, buscando las palabras adecuadas para expresarse. Pero antes de que pudiera seguir su hermana hablo.
-¿Impulsiva?, ¿cabezota?. Eso lo sé, pero… "no deja de doler". Ya no importa, las dos nos herimos verbalmente –respiro profundo, y la miro –. En ocasiones no puedo manejar mis emociones, y me parezco a ti
-¿Es eso malo? –la otra chica se quedó en silencio por unos segundos, ante su fija mirada.
-No, no lo es. Pero puede ser una debilidad
Kagome sonrió. A pesar de que indirectamente la había llamado débil, no había sido de forma despectiva como en las otras incontables ocasiones. Había utilizado un tono suave, al igual que su mirada. A pesar de que no le gustaba mostrar ninguna clase de sentimientos, Kikyo, los tenia.
Saco de la canasta que llevaba, un pequeño cofre –. Siento no habértelo entregado antes –pensó en si decirle, o no que había incluido algunas monedas que ella había ahorrado, pero al final decidió no hacerlo. Kikyo, no las aceptaría. Lo coloco en la cama. Miro el anillo que todavía permanecía en su dedo. Antes de entregárselo, quiso hacerle esa pequeña confesión, que aunque debía hacerla feliz, la estaba matando -. Me casare, y quiero que asistas…
Sintió una pequeña punzada. Miro por la ventana tratando de ignorarla. No tenía por qué doler, desde hace dos días sabía que Inuyasha cumpliría esa promesa.
-Se llama Kouga Ookami.
Giro hacia su hermana, y la miro –. ¿Por qué?
-Porque…-respiro profundo, y trato de formar una sonrisa, que más que eso, parecía una mueca indescifrable –. Lo quiero, y él acepto mi error. Perdóname, por una tonta confusión te aleje de él
-Siempre has sido terrible para mentir –miro nuevamente hacia la ventana –. Deja de querer arreglar cosas que ya no tienen arreglo
-Pero… ustedes se… quieren –decir eso había sido una de las cosas más horribles que había dicho en toda su vida. Había sentido un ligero dolor en el pecho, que subía lenta y dolorosamente hasta su garganta, formando un gran nudo que hacía que sus ojos se cristalizaran por el esfuerzo al hablar.
Se quitó el anillo, y se lo entrego. Ella pareció pensar en si colocárselo o no, pero al final lo hizo. Después de todo, esa marca podría ayudarla a salir de alguna forma de la isla.
-Aunque a veces no nos guste, o entendamos porque la vida se encapricha por llevarnos por caminos que odiamos, todo tiene su razón de ser. Inuyasha y yo no estábamos destinados a estar juntos –otra pequeña punzada de dolor que ignoro –. Lo que sucedió entre ustedes jamás se podrá cambiar, aunque tú decidas no casarte con él
-Kikyo...
-Me iré cuando pueda de la Isla. Solo… -pensó en no decirlo, después de todo no era su estilo. Pero tal vez esa sería la última vez en la vida que tendría la oportunidad de decirlo. Se giró nuevamente hacia ella, y con una expresión apacible la miro -. Espero que seas feliz
Era una despedida. Quiso en ese momento abrazar a su hermana, pero sabía que ya había sido difícil para ella decir algo que sentía y que quería sinceramente. Unas lágrimas salieron mientras una pequeña sonrisa se formaba en sus labios.
Te quiero.
Eso fue lo que quiso decir en ese momento, pero cuando sus labios se abrieron, un fuerte estruendo se escuchó, y una fuerza invisible la lanzó bruscamente hasta caer en la cama.
Oscuro… todo había quedado oscuro. No se escuchaba nada, todo parecía extremadamente calmado. Esa calma previa a la tempestad.
Trato de abrir los ojos, pero estos parecían más pesados que de costumbre. Respiro profundo, y sintió una pequeña punzada en su lado derecho, por lo cual llevo su mano hasta allí. Dolía un poco, tenía que reconocerlo. Se palpo el golpe para ver si la tela estaba húmeda por sangre, pero afortunadamente solo fue más dolor lo que sintió.
-"Kagome"-abrió los ojos de golpe. Miro alrededor. La parte de enfrente de su habitación estaba totalmente destruida. Ella estaba con la espalda recostada en la pared, y una silla le había dado en su lado derecho. Observo por todo el lugar buscando a su hermana, hasta que la encontró tendida en su cama –. Kagome –desde donde estaba no podía distinguir si respiraba o no, pero si las pequeñas gotas de sangre que caían al piso de madera. Eran pequeñas y oscuras. Tan oscuras como los ojos de él –. Kagome –no había respuesta. Solo las gotas de sangre. Ese rojo que no solo era un augurio de mala suerte, era un alma podrida y la mirada de la muerte –. ¡Kagome! – no hubo respuesta –. ¡Kagome! –se movió con un poco de dificultad, y se arrastró hasta ella –. ¡Despierta! –una pequeña lágrima se escapó –. Kagome… por favor…-solo fue un susurro que murió al tocar la sangre que corría suavemente por la sabana verde menta y caía en pequeñas gotas afiladas en el piso –. ¡Lo prometiste!... ¡cuando éramos niñas, lo prometiste! –ni siquiera escuchaba los gritos que retumbaban en el lugar, o la lluvia de disparos que parecía estar produciéndose a fuera. Solo miraba sus manos manchadas mientras lloraba –. Despierta... tú no rompes las promesas… ¡tú no! -si le sucedía algo, ¿qué haría sin ella?. ¿Qué haría sin la fastidiosa de su hermana?, en realidad no lo sabía y menos quería pensarlo -. ¡Despierta!... ¡prometiste no dejarme y eso harás!
Trato de levantarse, y subir a la cama, pero un grito la alerto –. ¡Aquí esta! –miro al hombre de parche que se acercaba con un arma en la mano, y al otro con un garfio por mano que entraba.
-¿Cuál de las dos es?
-Yo que diablos se. Las dos cumplen con la descripción –dijo de forma fastidiosa –. Revisa a la otra chica a ver si está viva
Trato de buscar algo para defenderse, pero no encontró nada más que una de las patas de la silla que la había golpeado. Se levantó con un poco de dificultad.
-No te atrevas a acercarse –dijo de forma amenazante, colocando frente a ella la pequeña estaca. El hombre solo sonrió. Pero la amenaza no iba para él.
-Ojala no seas a quien necesita el patrón
Trato de impedir que el otro hombre se acercara al cuerpo de su hermana, pero fue jalada bruscamente. Su cuerpo choco contra el del hombre. Una mueca de dolor. Otra de horror y sorpresa.
Nunca lo había hecho. Jamás había herido a alguien, pero sabía que por sobrevivir haría lo que fuera… eso hacían los más fuertes. Sus manos agarraban con fuerza la estaca, mientras la empujaba.
-También lo espero
El hombre cayó de rodillas agarrándose el abdomen, ante la atenta mirada del otro. Levanto nuevamente la estaca, y lo miro con determinación.
-Aléjate
-¡Mátala! –el hombre seguía de rodillas haciendo muecas de dolor, tratando de detener la sangre.
-Esas no fueron las órdenes. Si las cambias moriremos
-Puede ser la muerta
La muerta… esas palabras retumbaron en su cabeza. Su hermana no podía estar muerta. Miro en reflejo hacia ella, tratando de buscar en el cuerpo de su hermana una señal que desmintiera tal afirmación. Pero no vio ninguna señal. No alcanzo a ver nada, porque unos brazos se aferraron con fuerza a ella, y antes de que pudiera defenderse, un golpe en la mejilla la aturdió. Cayó al piso. Cuando vio que el otro hombre se acercaba al cuerpo de su hermana, estiro su brazo como queriendo apartarlo, pero fue en vano, nunca lo alcanzo.
Oscuridad… nuevamente todo era oscuro y silencioso. Nuevamente quería que su vida fuera así, como ese oscuro silencio, para no sentir nada. Ni siquiera ese dolor que ahora sentía por Kagome.
Escombros. Los malnacidos se atrevieron a dejarla casi totalmente en escombros su casa. Estuvieron paseándose en sus narices. Vigilándolo, y él no se había percatado, por estar concentrado en cosas sin importancia.
-Señor…- no miraba al hombre que le hablo, pero eso no impidió que le diera un tiro en la cabeza antes de que terminara la oración. El cuerpo cayó haciendo un sonido sordo. Odiaba que lo interrumpieran mientras estaba pensando.
-¿Cómo demonios entraron sin que alguno de esos ineptos se percatara?
-Fue una pequeña falla –dijo visiblemente nervioso –. Los hombres… -se calló cuando lo agarro por el cuello, ni siquiera se había percatado de que se había acercado –. Señor, no fue…
-Tráeme la cabeza del culpable de esa "pequeña" falla, o quien perderá la cabeza serás tú –lo soltó de forma brusca, y volvió a mirar lo que quedaba de la mansión. Se atrevieron a entrar a su territorio, cuando todos en los siete mares sabían que está prohibido. Era un desafío a su poder, que él no estaba dispuesto a dejar pasar -. Dile a Byakuya y a Hakudoshi que vengan –el hombre se levantó lo más rápido que pudo, asintió y se marchó.
Después de unos minutos llego Byakuya –. Hakudoshi, acabo el interrogatorio a los dos hombres que atrapamos. Pero no alcanzaron a decir nada relevante. Dijeron desde cuando estuvieron ocultos y que alguien, al cual no conocían, les había proporcionado información a sus jefes. Y… -no sabía si decirlo.
-¿Y?
-Se llevaron a Kikyo –giro hacia Byakuya –. Empezaremos a rastrearlos, y…
-No se irán lejos. Seguirán en mi territorio. Quiero que los encuentren –volvió a mirar los escombros –. Reduzcan el barco a cenizas, y traigan la cabeza de Hiten… no, tráiganlo con vida, de él me encargare personalmente
-Y ¿Kikyo?
-Que hagan lo que les venga en gana con ella – sí, tenía que reconocer que se había molestado. No, él no se había molestado, solo sorprendido un poco porque ellos se la llevaron. Sabía que no eran muy inteligentes, pero creyó que por lo menos tenían imaginación para tratar de destruirlo. De hecho había sido buena idea que se la llevaran, incluso si querían la podían matar, así él se liberaba de esa maldición que cada día crecía al verla –. Da la orden de que se deshagan de los cadáveres por si llega alguien
Veía todo a su alrededor borroso. No podía distinguir en qué lugar se encontraba, por lo cual cerró los ojos y se los froto un poco. Los abrió lentamente, y miro a su alrededor. Parecía ser una gran habitación, pero se encontraba totalmente vacía, a excepción de un pequeño bulto amarillo que se encontraba al otro lado en un rincón.
-"Kagome" –intento levantarse y caminar hasta ella, pero algo que sujetaba su pie contra el piso se lo impidió. Trato de soltarse, hasta que se percató de que lo que la sujetaba era una cadena –. Kagome –nada –. Kagome –tampoco parecía dar resultado su llamado –. ¡Kagome! –grito un poco más fuerte, pero tratando de que si había alguien afuera no se percatara de que había despertado, por ahora.
La figura se levantó con un poco de dificultad. Se tocó la cabeza después de que un pequeño grito escapo de sus labios. No recordaba que había sucedido, pero el dolor y la sangre a medio coagular en su cabello desordenado, le indicaba que se había golpeado.
-¿Estas bien? –abrió los ojos con un poco de dificultad y busco la voz. No podía distinguir nada.
-¿Kikyo?
-¿Estas bien?
Cerró los ojos fuertemente. El dolor era un poco insoportable. Los abrió nuevamente, y pudo distinguir a su hermana al otro lado de la habitación.
-Creo que si –intento levantarse, pero su cuerpo fue nuevamente jalado al piso. También estaba encadenada por el tobillo –. ¿Qué sucedió?
-También quisiera saberlo –dijo en un pequeño susurro –. Pero no te preocupes. Has todo lo que te diga, y saldremos de aquí –su hermana asintió. Sinceramente no tenía idea de cómo saldrían, pero una de las dos tenía que pensar y actuar de forma fría. Ella siempre se había encargado de proteger a Kagome cuando eran niñas, y esta vez al parecer no sería la excepción.
Después de unos minutos de estar ahí, observándose mutuamente, la puerta se abrió. Entraron dos hombres, y las soltaron. Las arrastraron, prácticamente, hasta la cubierta. Estaban en un barco. Había algunos hombres que las miraban con sonrisas lascivas e intentaban tocarlas. Cerca del timón, las tiraron al piso, haciendo que se arrodillaran, pero Kikyo se levantó, llevando con ella a su hermana, que hasta ahora se percataba, de que estaba pálida, tal vez por el golpe y la sangre que había perdido.
Escucho unos pasos acercarse a ellas, y giro. Un hombre las miraba. Era una mirada parecida a la de él, no pudo evitar pensarlo. Parecía ser un pirata, o eso era lo que su apariencia le indicaba.
-¿Cuál de ustedes es la mujer de Naraku? –su voz sonaba complacida e impaciente a la vez. En reflejo ellas se tomaron de las manos. Sabían que nada de lo que les esperaba sería bueno.
Camino alrededor de ellas, mientras las observaba de pies a cabeza. Se detuvo frente a Kagome, y se quedó observándola por unos segundos fijamente. Era una chica hermosa, no podía negarlo, pero él nunca tomaría a una mujer como ella. Se veía tan inocente y débil, que casi le causaba repulsión.
-Tú –miro hacia Kikyo –. Muéstrame tu mano –ella no obedeció, solo miro hacia un lado ignorándolo. Sabía que no estaba en posición de hacer enojar a ese hombre, pero ella jamás se doblegaría ante nadie, aun si se encontraba a las puertas de la muerte. Él sonrió antes de hacer un movimiento con la cabeza, no necesitaba la prueba, era ella. La agarro de forma fuerte por la barbilla obligándola a que lo mirara –. Todo lo que le pertenece tiene su marca, pero contigo no necesito verla –ella intento apartarse, pero el fuerte agarre no se lo permitió –. Tengo que reconocer que el desgraciado no tiene mal gusto. O ¿¡no lo creen muchachos!? –la jalo hacia él, con fuerza por un brazo, provocando que soltara a Kagome. Mostrándola a todos aquellos hombres como si fuera un trofeo. Los hombres empezaron a gritar cosas e intentaron nuevamente tocarla. Ella se removía, tratando de que no la tocaran, y que la soltara. Después de unos segundos la soltó con brusquedad, haciendo que cayera en el piso.
-Déjame quedarme con una de ellas, hermano –había pedido un hombre bajo, gordo y calvo, para nada agraciado. A diferencia de su hermano –. La que no necesites, por favor –se escuchó un murmullo inconforme por parte del resto de los hombres.
Se acercó a Kagome, la cual estaba siendo sostenida por un hombre. Acaricio suavemente su rostro, y sonrió. La agarro de forma fuerte por el cuello, besándola. Intento separarse de él, pero el agarre no se lo permitía, además de la poca fuerza que tenía. Sin pensar en las consecuencias, lo mordió, y segundos después un fuerte golpe se escuchó. Si no hubiese sido por el hombre que la agarraba, hubiese caído en el piso. Hizo que lo mirara, y cuando vio sus ojos brillosos sonrió suavemente –. Espero que te portes bien con Manten –se giró hacia el nombrado -. Haz lo que quieras con esta zorra
-¡No!. ¡Suéltame! –se movía de forma brusca e intentaba arañar al hombre gordo que la había cargado en el hombro, pero nada daba resultado –. ¡Hermana! –fue lo último que grito antes de que la puerta, de lo que parecía ser una habitación, se cerrara.
-Él no vendrá, pierdes tú tiempo con nosotras –dijo cuándo él se giró a hacia ella. Intuyendo que por eso la habían traído.
-Lo hará… él vendrá, y mientras eso sucede, tú y yo nos conoceremos –acariciaba lentamente su mejilla, pero ella no se apartó.
-O, puedo ayudarte a destruirlo, también lo deseo
Miro sus ojos tratando de ver miedo, o engaño. Las mujeres eran tan fáciles de leer, pero ella no. En su mirada solo pudo ver reflejado un gran vacío. Sonrió, y en un rápido movimiento la beso. No era estúpido, en la única persona que confiaba era en su hermano. Además, sabía que en una mujer, y menos en una que no mostrara ni el más mínimo atisbo de miedo ante la muerte, se podía confiar.
Era un beso como aquellos que le daba Bankotsu. Le dio asco, pero no lo aparto. No sabía que tendría que hacer para salir de allí, pero trataría de manejar la situación a su favor, y haría lo que fuera por sobrevivir.
.
.
.
¿Alguien quiso desaparecer a Kaede? jaj
Gabrielle Kravinoff
07/08/17
